sábado, 15 de junio de 2019

CHINOS Y LIBROS


Largo viaje hacia la noche
Se estrena el cuarto film chino del año, Largo viaje hacia la noche del director Bi Gan. Esta barroca experiencia visual que tiene sus referentes en David Lynch y Wong Kar Way, es la prueba de que China ha entrado definitivamente en una nueva etapa donde una buena parte de la sociedad ya no quiere recuperar el pasado (Yimou), ni revisar la historia reciente (Zhangke), ni ser testigo de la decadencia moral y social de una sociedad en crisis (Hu Bo) y se entrega a lo que podríamos considerar un cine más propio de sociedades ricas. Largo viaje hacia la noche es cine negro, romántico, ciencia ficción. Los tres géneros se mezclan en esta historia inclasificable que peca, quizás, de un exceso de estilo, de una cierta grandilocuencia estética. Bi Gan se centra en la forma de contar y nos arrastra en su sueño imaginario, pero al final uno se  pregunta: ¿para ir donde? En todo caso, lo que es evidente es que estamos ante un cineasta con un universo propio, alguien que propone nuevos retos estéticos que vale la pena disfrutar sin intentar analizarlos muy a fondo. Largo viaje hacia la noche es, antes que nada, una experiencia visual.



(libros quizás rechazados en un cuadro de Ramon)

La biblioteca de los libros rechazados
La película que mas me gusta de los estrenos de esta semana es otra. No sé si es una gran película, pero no me importa. Me gusta la idea, me gusta el tono, me gusta cómo se resuelve y además, cualquier película con Fabrice Luchini dentro, me gusta más. Se titula La biblioteca de los libros rechazados, la dirige el francés Rémi Bezançon y pasa en un idílico pueblo de la Francia rural donde vive el padre de una joven editora, casada con un escritor de libros no rechazados, pero sí de escaso éxito. En una visita a su padre, la editora descubre en la curiosa biblioteca, el manuscrito de una novela que se llama Les Dernières Heures d’une Histoire d’Amour, escrita por un tal Henri Pick que resulta ser un oscuro cocinero en una pizzería, muerto dos años antes, que según su mujer, jamás leyó un libro ni escribió tres líneas seguidas. El libro se publica, se convierte en un best seller y ahí entra en el juego el personaje de Luchini, un crítico literario pedante, prepotente, odiosamente seguro de su poder, que no lo ve claro y sospecha que hay un fraude. Con la ayuda de la hija del pizzero, que tampoco acaba de creerse que su padre sea el autor, se embarcan en una investigación para descubrir al asesino, perdón, al escritor, sin tener la más remota idea de cómo hacerlo. Y ya no cuento mas de esta divertida y curiosa historia en la que se cruzan los tres personajes fundamentales para que exista un libro: el escritor, el editor y aunque sea un tanto innecesario, el crítico de libros. Creo que todos los que en algún momento de su vida hayan sufrido la miopía de editores con menos olfato que un ratón ciego, o que hayan visto como sus obras eran maltratadas y relegadas al olvido por críticos que se creen con derecho a todo, se sentirán reconfortados con este film ligero y sencillo que solo puede ser francés, un país donde la lectura de los clásicos y la enseñanza de la literatura no se consideran algo prescindible, inútil o superfluo. (Quién quiera que haga la extrapolación del crítico al arte que prefiera, cine, teatro, música, pintura… en todos los ámbitos de la cultura hay personajes muy parecidos a Jean-Michel Rouche).


La luz del 14
Y aprovecho esta entrada para hablar de un libro que fue rechazado, pero que gracias a la tenacidad de su autor, ha conseguido salir a la luz. Y de luz habla La luz del 14, de escritor sevillano Emilio G. Romero. Luz que iluminaba la ciudad de Barcelona en el primer año de la primera guerra mundial cuando la ciudad se convirtió en un nido de espías alemanes, ingleses y franceses, de burgueses sin escrúpulos dispuestos a hacerse ricos con la guerra, de mujeres que empezaban a sacar la cabeza y hacer valer sus derechos y de asesinos. Porque de eso va también esta estupenda novela de intriga. Un asesino en serie que mata mujeres imitando cuadros famosos, perseguido por una pareja de policías tenaces que acaban por desentrañar el misterio. Siempre con el telón de fondo de esa Barcelona que empieza a ser cosmopolita y burguesa.
Conocí a Emilio G. Romero hace cinco años, en un curso sobre La Gran Guerra en el cine  en la Universidad de Verano del Escorial que dirigía Fernando Lara. Él estaba allí por su libro La primera Guerra Mundial en el cine, yo acudía para hablar de Johnny cogió su fusil. Nos hicimos amigos enseguida. Es fácil hacerse amigo de Emilio. Es inteligente y como buen sevillano es divertido y muy tranquilo, dos cosas que deben ser muy útiles en su trabajo como abogado. En aquel verano de 2014 Emilio me contó que estaba escribiendo una novela ambientada durante la primera guerra mundial en Barcelona. En seguida le pregunté ¿por qué Barcelona, qué había de interesante en la ciudad en 1914 como para convertirla en escenario de una intriga entre política, amorosa y de espías?. La respuesta la tuve cuando me dejó leer un primer borrador de la novela donde de pronto me enteré de un montón de cosas que no sabía. Pero lo mejor de la novela era el ambiente que describía. No sé cómo se las ingenió Emilio para captar el aroma de esa Barcelona, desde sus barrios más ricos en Pedralbes hasta los más tirados de los alrededores del puerto. La novela está llena de personajes que dan color y sabor a su narración  y aunque poco a poco se centra en la historia de la protagonista, nunca pierde de vista el contexto donde está pasando: las películas porno que rodaron los hermanos Baños por encargo del rey; las primeras mujeres periodistas, Tórtola Valencia y el Paralelo… La luz del 14 no es exactamente una novela histórica aunque pase hace cien años. Tampoco es una novela de amor, aunque sea casi un melodrama. No es novela negra pero está llena de crímenes espeluznantes y tampoco es una novela de espías. Es todo eso junto, pero no revuelto, cada trama está colocada en su sitio para hacer avanzar el relato y eso es algo muy difícil de conseguir. Un placer leerla sin duda.
(el libro, editado por Caligrama, se puede comprar bajo demanda a través de Internet o pedirlo en las librerías para que lo traigan)

EL RINCÓN DE LAS SERIES

Press
La serie de esta semana no tiene que ver con un libro pero si con escritores, concretamente, con periodistas. Se trata de Press, serie inglesa que se puede ver en Filmin. Está ambientada en dos periódicos, el progresista Herald y el tabloide sensacionalista Post, inspirados más o menos directamente en el tabloide The Sun, que en la ficción es el Post y en el progresista The Guardian, convertido en el Herald. La serie consta de seis capítulos en los que seguimos en paralelo a las dos redacciones, viendo como enfocan las noticias desde sus puntos de vista empresariales e ideológicos, y como se cruzan sus relaciones personales en encuentros más o menos fortuitos, zancadillas, robos de noticias, amistades. El contexto es el de la gran crisis de la prensa escrita, enfrentada al reto digital, a las fake news, al auge de la información paralela sin contrastar. Contra eso han de luchar y lo hacen con armas distintas, pero un objetivo común: sobrevivir como medios de comunicación. El macguffin de la historia es un tenebroso programa del gobierno que ambos investigan y que va apareciendo en todos los capítulos. Espléndidamente interpretada por Charlotte Riley como la integra y progresista directora adjunta del Herald y Ben Chaplin, como el cínico director y editor del Post, la serie cuenta con una colaboración especial, la de David Suchet, inolvidable Poirot, que aquí asume un personaje secundario pero fundamental en la trama. Press es voluntariamente atemporal, no hay nada que nos diga cuando está pasando, aunque es obvio que sucede ahora mismo. No hay una voluntad de realismo, el Brexit, por ejemplo, no existe y nunca se identifica a nadie como laborista o conservador. Esto le ha valido algunas críticas en Gran Bretaña que le reprochaban una falta de vinculación con la realidad. Pero el creador de la serie lo justificaba diciendo que el mundo de la prensa es siempre igual y siempre diferente: hay apasionados y honestos, hay arribistas y puros, hay corrupción, hay miedo y hay dependencia de los que controlan el soporte político y económico de la publicación. Press tiene todos los ingredientes para enganchar a cualquier espectador, pero seguro que los periodistas que viven el día a día de una redacción se sentirán profundamente identificados con las situaciones que se muestran. Una serie estupenda.



viernes, 7 de junio de 2019

LA CIUDAD OCULTA



Esta semana de estrenos poco estimulantes (no digo malos, solo poco estimulantes, al menos para mí) voy a recuperar una película de la semana pasada que espero siga en cartel y si no, al menos que quede para cuando aparezca en cualquier plataforma. Se trata de La ciudad oculta de Víctor Moreno. Se presenta como un documental, pero en realidad es otra cosa. Es un experimento de ciencia ficción cotidiana, que convierte la realidad de la ciudad que existe bajo nuestros pies en un universo paralelo e infinito heredero del 2001 de Kubrick. Es cine abstracto como lo podía ser el de Stan Brakhage pero hecho con elementos reales, existenciales, mas que existente. Es un viaje alucinado al fondo de la ciudad, a la conciencia infinita de lo que no vemos. Vaya, para que sepan de que va después de todo esto: es una película rodada íntegramente en el subsuelo de la ciudad de Madrid, en los túneles que la atraviesan, la cruzan, la horadan como las venas por donde corre la sangre de la ciudad. De lo más grande, el infinito sugerido en algunas de sus imágenes que evocan el universo, hasta lo más pequeño, los aliens microscópicos que viven en el agua de ese subsuelo: de la nave espacial de Alien a la nave espacial de Solaris donde viven los fantasmas. Aquí no hay fantasmas, hay seres que se mueven en la sombra siempre a oscuras iluminando pequeños espacios, hay escaleras que suben o bajan a la nada, hay paredes que parecen cuadros de Rothko o imágenes futuristas de Metrópolis. Pero todo esto es real, algo que existe y está ahí, debajo de nosotros, algo que no queremos ver, El director habla del inconsciente colectivo de la ciudad. Sí, es eso, es lo escondido, lo oculto, lo oscuro. El reino de las sombras. Ciencia ficción en estado puro.  Con sus imágenes y también y es muy importante, con el sonido y la música, Moreno y su reducido equipo de espeleólogos suburbanos, ha construido una sinfonía de la gran ciudad subterránea. Un viaje fascinante absolutamente recomendable.

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EL RINCÓN DE LAS SERIES



Vanity Fair
Esta semana toca una serie de Movistar: Vanity Fair. Es quizás una de las más bonitas que he visto en mucho tiempo, y de las más ácidas y las más criticas con la sociedad sin despeinar un solo rizo de la linda cabecita de Becky Sharp, su protagonista. Ambición, crimen, lujo, pasión, sexo, despecho, luchas vitales y humor son los ingredientes de este drama que adapta en siete capítulos una de las novelas más importantes de la literatura inglesa, La feria de las vanidades de William M. Thackeray.
Hay libros clásicos que periódicamente se llevan a la pantalla en nuevas versiones que los asimilan al tiempo en que se realizan. Vanity Fair, o La feria de las vanidades, es un texto recurrente en el cine. En el periodo del cine mudo se hicieron cuatro adaptaciones, en la década de los treinta hubo dos. La televisión volvió al clásico en tres ocasiones con series en 1967, 1987 y 1998. Una nueva película en 2003,  dirigida por Mira Nair y con Reese Witherspoon era hasta ahora la última aproximación al hilarantes, transgresor y crítico libro de Thackeray publicado en 1848.
Vanity Fair es una tragicomedia con el trasfondo de las guerras napoleónicas en la que seguimos las vidas paralelas de la descarada y amoral Becky Sharp y la dulce y tímida Amelia Sedley, en un carrusel de triunfos y desgracias, de herencias y desheredados, de humor y de amor y sobre todo, de cinismo y critica de una sociedad puritana y muy hipócrita. Thackeray nunca confesó quien le había inspirado el personaje de Becky, pero se sabe que había en su tiempo bastantes candidatas para el papel. Tampoco la Becky que hace Olivia Cooke ha confesado nunca sus influencias, pero para los que recuerden a Miriam Hopkins en el espléndido film de Rouben Mamoulian, no hay muchas dudas de cuál ha sido su modelo.
No es la única relación entre ambos films. Becky Sharp de Mamoulian fue el primer gran film rodado en Tecnicolor en 1935. Las transgresiones morales de Becky se convertían en el film de Mamoulian en transgresiones formales gracias al uso del color. Como lo son también en esta nueva adaptación que tiene en la imagen y la música dos de sus principales atractivos.
Filmada en escenarios naturales de Londres y Budapest, su estilo visual es espectacular. Inspirado en los grabados de la época y en los cuadros de la pintura inglesa del XVIII, la luz, los angulares y la fotografía nos remiten a un mundo de una enorme belleza contemporánea, al tiempo que retrata nuestro propio mundo.
Si la imagen es espectacular, el contaste lo pone a música que utiliza. Desde el All Along the Watchtower de Bob Dylan, que abre los capítulos y nos da una clave para el personaje de Becky en el verso “there must be some way out of here , debe haber alguna manera para escapar de aquí, hasta las canciones que cierran los capítulos como pequeños resúmenes de lo que hemos visto Material Girl, de Madonna; Never Tear Us Apart, de InXS; Running Up That Hill, de Kate Bush; Don’t Stop, de Fleetwood Ma c o Love Will Tear Us Apart, de Joy Division. Vanity Fair escapa por todas partes a lo que podemos esperar de un clásico inglés en la televisión. Una sorpresa que se agradece.







sábado, 1 de junio de 2019

¡COMO ESTÁN LOS CHINOS!



Esta  semana se estrena la tercera película china (y aun queda otra) en poco menos de un mes. Tres películas estupendas, de lo mejor que hemos visto en mucho tiempo. Ya hablé de An Elephant Sitting Still, de Hu Bo en la entrada del 3 de mayo y de Sombra en la del 17 de mayo. Hoy toca hablar de La ceniza es el blanco más puro, de Jia Zhangké. Tres films muy distintos, realizados por directores de tres generaciones diferentes, Yimou nació en 1951, Zhangké en 1970 y Hu Bo en 1988. Podrían ser padre hijo y nieto (si fueran ,muy precoces, claro). Las tres demuestran la fuerza de esta cinematografía, y como reflejo, la fuerza de este tigre que ya no está dormido y que empieza a sacar sus garras, aunque sean hermosas garras como las de estos tres films.



Jia Zhangké se coloca en el centro de estas generaciones. Nació en 1970, antes de que la Revolución Cultural y el Libro Rojo hicieran estragos en la sociedad y la cultura china; su adolescencia transcurre bajo el periodo más oscurantista del país, el de la dura transición entre el comunismo puro y duro y el comunismo de estado que ha acabado triunfando. Si Yimou es el cineasta de referencia de la quinta generación que descubrió el cine chino en el mundo y Hu Bo, con su trágico final, es el mejor ejemplo de la falta de horizonte y la angustia de las nuevas generaciones, Zhangké en cambio se erige en el cronista, en el mejor sentido de la palabra, de la evolución del país. 



En su filmografía que abarca casi 25 años, destacan dos títulos que con este film  integran lo que podíamos llamar la Trilogía de las Tres Gragantas: Naturaleza muerta, del 2006, Más allá de las montañas, del 2015 y estas cenizas blancas y puras del 2018. Las tres están protagonizadas, como casi todo su cine, por Tao Zao, actriz a la que conoce desde el año 2000, y con la que está casado desde el 2012. Si miramos las tres películas seguidas podremos establecer un hilo conductor entre sus personajes femeninos, pero sobre todo, en su paisaje. La verdad es que es muy interesante revisarlas antes de ir a ver Las cenizas, (están en Filmin junto con Un toque de violencia que también tiene mucho que ver). Es interesante, porque de algún modo, este último film es una especie de recapitulación de su cine anterior. 



El film transita por varios géneros sin olvidar nunca el hilo conductor de la historia de amor. La primera parte en el año 2001 es puro cine negro ambientado en el mundo de las mafias locales donde Qiao y Bin viven su amor casi adolescente. En su parte central, la que sucede en la terrible y fascinante zona de las Tres Gargantas en el año 2006, la historia se vuelve más fantasmagórica, mostrando la enorme transformación que la inmensa presa sobre el río Yangtsé está produciendo en el paisaje, como metáfora de la que se produce en los personajes. Tras un intermedio casi de ciencia ficción, el film termina con una vuelta a un naturalismo abstracto en la China moderna y fría de ahora mismo donde los dos amantes ya no tienen un lugar. 
Estas tres películas son la prueba de que el cine chino es cada vez más potente. Pero también son la prueba de que el país vive un proceso de degradación imparable. China está destruyendo su paisaje, sus ciudades, su tradición, su cultura y su historia y lo hace con total impunidad, sin que nadie ni nada sea capaz de controlarlo. 



La construcción de la presa más grande del mundo sobre el río Yangtsé ha provocado daños irreparables en la naturaleza que afectan a todo el planeta (se especula de que incluso haya provocado un cambio en el eje de rotación de la Tierra), al margen de destruir ciudades enteras y desplazar a millones de personas que lo han perdido todo. Yo no estoy en contra del progreso y soy una defensora de las presas como generadoras de energía. Pero lo que si me gustaría es que tanto en China como aquí o en cualquier otro sitio, la explotación de la naturaleza se hiciera de una manera equilibrada, controlada, regulada y no a destajo y sin pensar en las consecuencias a largo plazo en beneficio de un cortoplacismo destructor y peligroso que acabará siendo la ruina de todos. Jia Zhangké lo empezó a explicar en Naturaleza muerta y sigue contándolo en estas cenizas que bajo la apariencia de una historia de amor, nos deja claro que el futuro no existe en la China de ahora mismo. La desesperanza que condujo a Hu Bo al suicidio se entiende mejor después de verla. El tigre se ha despertado y no sé si nos hemos dado cuenta de que no solo está depredando su territorio, también está destruyendo el nuestro. 

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EL RINCÓN DE LAS SERIES


State of the Union
HBO estrenó hace unas semanas una serie estupenda dirigida por Stephen Frears. Se llama State of the Union, pero no es política, la Union no es la de un State, sino el estado en que se encuentra la unión de una pareja en crisis matrimonial. Frears es  un maestro en la comedia ligera. Su filmografía está llena de películas que hablan de cosas muy serias en un tono muy poco serio. En esta deliciosa serie de diez capítulos de diez minutos, sigue en la línea de indagar en las relaciones personales a través de una comedia divertida e inteligente. Los protagonistas son una pareja inglesa en proceso de separación. Llevan quince años casados y atraviesan un momento difícil debido a una infidelidad de ella. En sus conversaciones en el pub, siempre con una copa en la mano, mientras esperan para ver a su terapeuta, vamos descubriendo su matrimonio, sus problemas, sus dependencias. La serie tiene algo adictivo. Cuando empiezas a verla no puedes parar. La duración de cada capítulo hace que te quedes con ganas de saber que pasará en la siguiente semana y nunca te defrauda. Se puede pensar en Woody Allen por el tipo de personajes, pero Frears no es Allen y hace una lectura mucho más sencilla, limpia y optimista de las relaciones de pareja. Sarcástica, irónica desde los mismos títulos de los capítulos, es un reto para los actores que no paran de hablar en los diez minutos que dura cada encuentro, pasando de la banalidad a lo más profundo en cuestión de segundos y dejando ver la evolución de su relación en cada nueva reunión.
El formato de capítulos cortos que nació en las webseries poco a poco está dando excelentes resultados en las plataformas que saben lo importante que es enganchar al espectador en una narración que fluye como el agua y se ve muy fácilmente. Aunque lo que cuenta no sea tan sencillo como parece. Seguro que a Bergman le habrían encantado estas mini conversaciones que desvelan los secretos de un matrimonio.




sábado, 25 de mayo de 2019

ALUMNOS



(Aina Clotet, en un retrato de Ramon Herreros)
La filla d’algú
Hace ocho años (¡ya ocho años, qué barbaridad!), la ESCAC sorprendió con una película realizada por los alumnos de cuarto curso. Un film que iba más allá de una práctica de fin de carrera para convertirse en un proyecto colectivo en el que participaba toda la promoción numero XIII de la Escuela. La película se llamó Puzzled Love, y de ella escribí en una entrada en este blog el 29 de junio del 2011. Entre otras cosas decía “La historia es una: dos estudiantes de Erasmus, ella americana, él mallorquín, coinciden en un piso compartido en Barcelona. A lo largo de trece mese seguiremos el previsible proceso de rechazo, enamoramiento, amor, pasión, dolor y separación. Pero si el proceso es previsible, los resultados son absolutamente sorprendentes. Cada mes de ese año que pasan juntos, de agosto a agosto, está escrito, dirigido, montado y fotografiado por un equipo diferente. Pero todos juntos consiguen que el film tenga armonía y coherencia, que te cuente una historia de amor sencilla y fresca, que los episodios mensuales tengan, además de una línea narrativa que viene del anterior y conduce al siguiente, una relación directa con el mes que están representando.” Un año después, la promoción XIV hizo otro film parecido pero enmarcado en el terror, Los inocentes.
Desde entonces no habíamos vuelto a saber de un proyecto común que saltara del ámbito puramente escolar. Hasta ahora. La XX promoción de la escuela ha conseguido volver a salirse del terreno acotado de lo académico con La filla d’algú, un film colectivo a todos los niveles, pero con prácticamente una única protagonista y una secuencia temporal acotada a un día. Un día en el que Eli, es decir Aina Clotet a la que podemos definir como “la mujer sin piernas”, abogada, casada, embarazada y de buena familia en la Barcelona de ahora mismo, se ve arrastrada a un torbellino de emociones y descubrimientos sobre su padre y la propia sociedad en la que vive. Si no se sabe que este film está dirigido por once directores, escrito por otros tantos guionistas, fotografiado, sonorizado y montado por varias manos, se podría creer, y ese su principal atractivo, que es una obra personal. Y lo es sin duda, pero de un colectivo que ha sabido dejar de lado sus diferencias para encontrar las afinidades. Y lo que es más difícil, haciendo que cada secuencia funcione con la anterior y la posterior, pero al mismo tiempo sea única. Felicidades a todos, incluida Aina Clotet que está en pantalla los 70 minutos que dura la película, siempre con la cámara casi rozándole las mejillas.



(la foto es de Joan Carles Ribas, uno de los localizadores con los que trabajé en el libro Scouting in Catalonia)
La última lección
Aquí nos encontramos con otra clase de alumnos. Unos alumnos que dan mucho miedo, aunque no estemos en una película de terror. De entrada este film dirigido por Sebastièn Marnier, puede parecer uno más de los muchos que el cine francés ha dedicado a contar las conflictivas (y ricas) relaciones profesor/alumno desde distintos puntos de vista. Pero no. Esta última lección pasa en un colegio, hay alumnos, hay un profesor, pero hay algo mas, extraño, misterioso, malvado. La premisa es inquietante y le da una vuelta de tuerca al típico cine enfrentamiento profesor /alumnos. Ya desde su primera secuencia, la del suicidio del profesor, sabemos que no estamos ante una convencional historia de “lucha de clase”, sino ante una narración mucho más perturbadora. Poco a poco iremos descubriendo que estos alumnos superdotados parecen tener una agenda oculta en la que el nuevo profesor se verá inmerso entre la paranoia, la manipulación y el miedo. La enorme falta de empatía de los alumnos, en especial los seis protagonistas y la inseguridad del sustituto, son el centro de una historia que está muy cerca de la amenazante El pueblo de los malditos, la inquietante Take Shelter o la malvada La cinta blanca.

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EL RINCÓN DE LAS SERIES 



Algunos de los lectores de este blog me han pedido que hable de series. Entiendo su petición. Todos estamos un poco perdidos en el marasmo de la oferta que se nos brinda. Es imposible abarcarlo todo y mucho menos saber que vale la pena y que no. Pero como comparto este desconcierto, pienso que también puedo compartir los pequeños descubrimientos que pueda hacer en la multitud de plataformas que tengo a mi alcance.
 Y empiezo con Delhi Crime, una imprescindible serie india producida por Netflix que se puede ver desde mediados de abril. Delhi Crime está basada en la investigación de un caso real de violación múltiple ocurrido en el sur de la ciudad de Delhi el 16 de diciembre del 2012. Delhi Crime es un proyecto personal de Richie Mehta. Mehta sabía del caso de la violación múltiple y asesinato, y tenía en la cabeza hacer un documental de investigación. En este proceso conoció a Neeraj Kumar, Comisario Jefe de la Policía de Delhi que le dio acceso a toda la documentación. Fue él el que le pidió que hiciera una película o una serie de ficción más que un documental, consciente de que así llegaría a mucha más gente. Leyendo todo el material que le facilitó Kumar, Mehta se dio cuenta de la cuidadosa investigación que se hizo, de la rapidez con que se resolvió el caso y de las consecuencias que tuvo en el cambio de legislación sobre los casos de violación en la India que a partir de ahí endurecieron las penas para los violadores. Mehta se entrevistó con los policías del caso, en especial con Chhaya Sharma, la auténtica comisaria en la que se basa el personaje de Vartika Chaturvedi, pero no puso en marcha el guión hasta conseguir la autorización de la familia de la auténtica mujer violada y asesinada. Los protagonistas son el grupo de policías que durante cinco días se dedica en cuerpo y alma a buscar a los seis violadores. Pero lo que hace de Delhi Crime algo especial es su carácter documental con personajes basados en los auténticos policías que investigaron el crimen, personas normales, de vida familiar sencilla, muy alejados del glamur, la heroicidad o la brutalidad habituales en este tipo de historias, gente que trabaja con pocos medios en una ciudad que tiene 17 millones de habitantes. Delhi Crime, , es sin duda una de las mejores series que se pueden ver en estos momentos en las plataformas on line.










viernes, 17 de mayo de 2019

TRES INFUSIONES



Esta semana hay tres películas que merecen ser destacadas. De una ya hablé un poco en la entrada de los festivales: Un hombre fiel, de Louis Garrel. Las otras dos son Sombra, de Zhang Yimou y La carga, de un director de nombre impronunciable, Ognjen Glavonicse.  Las tres son especiales por distintas razones.

Un hombre fiel,
Segundo largometraje de Louis Garrel, actor fetiche de la nueva, nueva ola francesa, que ha dejado atrás ya la etiqueta de “hijo de Philip Garrel”.  Un hombre fiel es una deliciosa comedia de enredos, un trío amoroso entre un hombre y dos mujeres en el París de ahora mismo. Un cuento moral rohmeriano que bebe en el viejo director y en Jean Eustache, más que en  el cine de su padre o en el de la nouvelle vague. De Rohmer tiene la ligereza de los diálogos, los paseos, las miradas de personajes que siguen a otros sin ser vistos. De Eustache, toma la idea del trío posible. Con la diferencia de que lo que en La mama et la putain era un larguísimo drama de lágrimas y palabras, en el caso del hombre fiel es una corta comedia de sonrisas y palabras. Quizás por eso Jean Claude Carrière, coguionista con Louis, afirma que Un hombre fiel está más cerca de Mirabeau que de Truffaut. Preciosa y tan estimulante como una infusión de ginseng y limón. Indispensable en estos tiempos de correcciones políticas represoras.

Sombra
Me he alegrado mucho de reencontrarme con el mejor Yimou, el de Sorgo rojo, el de La linterna roja o La  casa de las dagas voladoras. No es que el otro Yimou no me guste, el de las películas intimistas, pequeñas, de historias cotidianas. Pero este me encanta. Me gusta el sentido del espectáculo visual,  de la coreografía, del uso del vestuario y la concepción de los espacio. Para  situar estas sombras ambientadas en una corte que parece sacada de una obra de Shakespeare donde como se decía hace mucho tiempo “muere hasta el apuntador”,  Yimou se ha inspirado en una antigua técnica china de pintura con lavado de tinta, que le permite usar una paleta de grises, negros y blancos absolutamente bella. Sombra es una especie de Kagemusha. El clásico film de Kurosawa mostraba como los poderosos utilizan sombras, dobles, para escapar de atentados, o para multiplicarse en distintos sitios a la vez o simplemente para engañar y manipular a todos. Sombra es la sombra de un hombre poderoso, pero es mucho más. Es un juego de tronos en dos horas  que de repente adquiere una actualidad inesperada. Sombra nos hace pensar que quizás estemos viviendo bajo el mando de las sombras de otros: ¿O no son algunos políticos más que sombras y fakes de otros que les manejan a su antojo? Hermosa, fascinante, un poco larga para algunos (a mi no me lo parece), Sombra es como un té negro especiado con unas gotas de vainilla. Vale la pena verla, hace pensar.

La carga
Este film es otra cosa. Esta película no es hermosa, no es ligera, no es fácil. Pero si es importante. Lo es porque la guerra de los Balcanes que tiñó de sangre la antigua Yugoeslavia a finales del siglo XX, sigue siendo una asignatura pendiente, en el cine y en la historia. Ognjen Glavonicse se acerca a ese tiempo oscuro, violento, y sobre todo incomprensible en su crueldad, sin mostrar nada. Nunca vemos la guerra, nunca vemos la violencia directa, pero sentimos la opresión que no deja respirar y obliga al protagonista a refugiarse una y otra vez en su camión, el único lugar donde se siente más o menos seguro. La cámara prácticamente nunca sale de la cabina del camión y cuando lo hace, es para mostrar pequeños fragmentos de una sociedad desgarrada y sin futuro. El director habla de aislamiento y ocupación: el aislamiento del personaje en su camión, la ocupación del espacio exterior por la guerra que sentimos pero no vemos. Se ha comparado este film con El salario del miedo, que Georges Clouzot dirigió en 1953. Pero en realidad solo tienen en común la idea del camión y lo que transporta. En el caso del film francés, la carga y el miedo están provocados por algo físico, la dinamita que puede explotar. En el caso de de La carga de Glavonić, la carga es metafísica, la lleva el personaje dentro de sí mismo y el miedo no es al exterior sino a lo que él mismo arrastra.  La carga es más un café muy cargado, amargo y sin azúcar,  un film necesario, sobre todo para las nuevas generaciones que corren el peligro de olvidar lo que pasó hace apenas veinte años.








viernes, 10 de mayo de 2019

EUROPA


Aprendiendo la lección en cuenta ajena, los populistas han cambiado sus planteamientos iniciales de dejar la UE por los de infiltrarse dentro para, desde su núcleo, proceder a su desintegración. Ya no preconizan la salida, sino que centran sus esfuerzos en desacreditar las políticas comunitarias que afectan al sentido de identidad de la gente, con especial incidencia en la migración.
(Jaume Masdeu. La Vanguardia, 10 de mayo)

(Steve Bannon y Marine Le Pen)

Nos jugamos mucho en las próximas elecciones europeas. Mucho, muchísimo. Hay que estar muy atento para que no ganen en peso, si no en mayoría, las tendencias que tienen como único objetivo destruir la idea de Europa. Porque esas fuerzas existen. Están ahí, amenazantes y tienen un hombre en la sombra que las impulsa de una manera descarada: Steve Bannon. Si personalizo en el ex asesor de Trump, es porque esta semana se estrena un imprescindible documental titulado Steve Bannon, el gran manipulador que Filmin presentará en su plataforma a finales de mes. A tan solo dos semanas para las elecciones europeas, esta es una excelente oportunidad de dejar al descubierto las auténticas intenciones del movimiento populista mundial.
El nombre de Steve Bannon aparece regularmente en los diarios como principal impulsor de una campaña populista de extrema derecha internacional. Pero se sabe poco de él y sobre todo, se conoce poco la manera en que ejerce su fascinación para imponer sus ideas en los medios de comunicación. Este documental le sigue de cerca y de una manera bastante intima durante el año 2018 en el que Bannon intervino decisivamente en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos y sobre todo, en la construcción de una estrategia común de los partidos de extrema derecha europea para acabar con la Unión Europea en las elecciones que se celebran dentro de quince días. El documental tiene un valor político indiscutible en clave interna estadounidense. Pero también y mucho para los europeos, sobre todo las dos importantes reuniones en las que Bannon traza su estrategia conjunta con los principales líderes de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Suecia, Italia, o Hungría. Se echa en falta la presencia española en cualquiera de sus manifestaciones, pero hay que tener en cuenta que en el año 2018 Vox todavía no tenía el peso que puede tener ahora mismo en este contexto y la Crida de Puigdemont ya está bien representado por Mischaël Modrikamen, del Partido Popular de Bélgica y Filip Dewinter, de Vlaams Belang, el partido nacionalista flamenco de Bélgica, ambos anfitriones y defensores del ex president en Waterloo. Si alguien tiene dudas de quién está detrás de los movimientos desestabilizadores de Europa, (por ejemplo los Chalecos Amarillos en Francia, cuyo germen se planeó en una reunión de los líderes populistas que quieren acabar con lo que Macron significa), basta con ver este documental.
Al acabar de verlo, tomé una serie de notas que me parece interesante recuperar ahora.
Steve Bannon se reúne dos veces con líderes europeos de extrema derecha
-La Agrupación Nacional Francesa de Marine Le Pen: Los jóvenes nos votan a nosotros; La crisis de la gasolina nos servirá; La clave es combatir la inmigración.
-Mischel Modchitaker de Bélgica: La verdadera batalla está en Bruselas.
-Filip Dewinter partido nacionalista flamenco: Lo más necesario es vencer la idea de una identidad europea. Hay que unificar nuestros partidos.
-Kent Eketow, Suecia: Un grupo común sin dejar de preservar nuestras identidades; Hay que destruir la UE; Usar los medios de comunicación.
Matteo Salvini, Marine Le Pen, Nigel Farage, Orban en Hungría, Chequia, Polonia, Austria, España. Están en todas partes y tienen un objetivo: crear una agenda  unificada de los partidos populistas con diferentes ataques para ganar las elecciones europeas del 2019, apoyando a todo partido populista o nacionalista que parezca viable. La conclusión de las reuniones fue: “Espero que el año que viene hayamos provocado suficiente entusiasmo para que todo el mundo hable de nosotros”.
Aun a riesgo de hacerles el juego, creo que vale la pena hablar de esto y sobre todo, vale la pena ver el documental. Se entienden muchas cosas de lo que está pasando.

(este árbol doble de Ramon representa muy bien a los dos hermanos Sisters)

LOS HERMANOS SISTERS
Para compensar la desazón que deja el documental de Bannon lo mejor es ir a ver este estupendo western de Jacques Audiard. Los Hermanos Sisters es una película ejemplar. No solo en su historia, ya hablaré de ella. Es ejemplar como ejemplo (valga la redundancia) de todo lo que Bannon y sus secuaces combaten con uñas y dientes. Los Hermanos Sisters es un western profundamente americano, dirigido por un francés, Audiard, producido por los hermanos Dardenne, belgas, Enrique López Lavigne, español, y Christian Mungiu, rumano. Una excelente combinación que, junto con las interpretaciones de tres grandes actores americanos y uno anglo pakistaní, y el rodaje en paisajes de España y Rumania, nos demuestra que Europa es un todo y que no hay historias locales. Mas si, como ésta, pone en imágenes no solo un conflicto entre dos hermanos, sino un conflicto entre el pasado y el futuro, con un presente atrapado en medio sin saber muy bien hacia dónde mirar; al pasado (Bannon y compañía) o al futuro (una Unión Europea que trabaje por la superación de los nacionalismos, ya sean locales, americanos, rusos o chinos).
Pero me he ido un poco lejos del film y su historia. Todo sucede en el lejano año 1851 en el más lejano oeste. Charlie y Eli Sisters son dos hermanos que viven alquilando su pistola al mejor postor. Charlie, el pequeño, nació para matar, Eli, el mayor, sueña con tener una vida mejor. Ambos reciben el encargo de uno de los hombres más poderosos de Oregón para encontrar y matar a Hermann Warm, un inglés que ha inventado un sistema infalible de encontrar oro, al que también busca el detective John Morris. La vida de estos cuatro hombres se entrecruza en un destino inesperado que le permite al director plantear el conflicto del que hablaba al principio: Charlie representa el pasado salvaje y sin ley; Warm representa el futuro de ciencia y democrático; Eli y Morris, asumen en esta ecuación el presente que quiere dejar atrás la violencia, pero aun no está preparado para la democracia.
Los Hermanos Sisters no es un western clásico, aunque John Ford no está lejos de ese último plano que nos hace pensar en Centauros del desierto; tampoco es un western crepuscular a la manera de los Hermanos Coen; y mucho menos es un western posmoderno del estilo de Tarantino. No, Los Hermanos Sisters es un western europeo profundamente americano, lleno de ideas y con un mensaje (sí, hay un mensaje) que me parece importante en este momento: creamos en las utopías y en la posibilidad de dejar atrás el presente para vivir un futuro mejor. A Bannon seguro que no le gusta.


CLAM, Festival Internacional de Cinema Social de Catalunya
Por distintas circunstancias he tenido ocasión de conocer de cerca un festival de los “pequeños”. Un proyecto de los muchos que se llevan a cabo en distintos lugares de España (Catalunya incluida). Se trata de un Festival que se celebra en Manresa y Navarcles, dos poblaciones de la provincia de Barcelona. Llevan ya 16 años y siguen creciendo poco a poco, buscando un público que pueda disfrutar de un cine que nunca llega a sus pantallas, entre otras cosas, porque ya no hay pantallas. Clam es un buen ejemplo para hablar de esos otros festivales, tantas veces ignorados desde el centralismo barcelonés (o madrileño) que sin embargo cumplen una función importante. No es tanto llenar las salas, labor siempre difícil incluso en las grandes ciudades, sino el esfuerzo por conseguir que la vida social y cultural de esas poblaciones medianas o pequeñas, no se vaya empobreciendo cada vez más, no se vaya limitando a ver la televisión (plataformas incluidas) sino que exista un factor de socialización que haga salir a la gente para compartir. Películas en primer lugar, pero también actos, mesas redondas, presentaciones, premios. Este tipo de iniciativas me parecen muy interesantes y desde las administraciones deberían apoyarse mas. Las grandes urbes son fundamentales para que la cultura de un país exista; pero dinamizar la red de pequeñas ciudades y pueblos es también importante si queremos que esa cultura llegue a todas partes. No podemos dejar ese espacio a las televisiones (TV3, TVE o la que sea).

Acabo con una cita de una entrevista con Alain Touraine que he leído hoy en La Vanguardia y que me sirve para cerrar englobándolas las dos películas y el festival:
 Hoy, está aumentando el número de países que dan prioridad al estado desarrollista, es decir, capaz de asegurar la defensa nacional e ideológica contra los otros centros de poder mundiales. Este triunfo del estado defensor de una identidad y de una comunidad, por tanto xenófobo y finalmente racista, es una amenaza portadora de guerra. La fuerza de la Unión Europea no está en sus armas ni en las disciplinas que impone a sus ciudadanos, sino en su pluralismo interior. Es la única región del mundo que se ha dado como lema: Vivamos juntos con nuestras diferencias. (Alain Touraine. La Vanguardia, 10 de mayo)


viernes, 3 de mayo de 2019

FESTIVAL(ES)


¿Necesita Barcelona un Festival de Cine Internacional? ¿Necesita Barcelona dos festivales de cine internacionales? ¿Necesita Barcelona que ambos se hagan simultáneamente? A la primera pregunta podría contestar que sí; a la segunda pregunta podría contestar también que sí. A la tercera, definitivamente contesto que no. Un NO rotundo. Lo que ha sucedido estas dos últimas semanas en Barcelona con la simultaneidad y la competencia de dos propuestas de festival que se solapaban en cinco días, es imposible de asumir, de justificar y de entender. El D’A Film Festival llega a su novena edición con una trayectoria consolidada, un prestigio ganado a pulso con su programación y unas fechas que se mantienen desde hace nueve años, siempre a finales de abril y coincidiendo con el 1 de mayo. El BCN Film Fest, llega a su tercera edición con ganas de comerse el mundo (bueno a Barcelona), pero la urgencia de posicionarse en el mapa y la obligación auto impuesta de coincidir con el día del libro (23 de abril) lo obliga a coincidir con el D’A. El resultado es que uno, el BCN Film Fest comenzó el 22 de abril y acabó el 30 de abril, y el D’A Film Festival comenzó el 25 de abril y se acabará el 5 de mayo: dos semanas de festival(es) seguidas que han perjudicado a los dos certámenes. No hay prensa que pueda cubrirlos como es debido, creo que no hay público para los dos festivales y, sobre todo, no hay necesidad de esta competencia absurda. Creo que los que dirigen el BCN Film Fest tienen que hacer una reflexión de qué es lo que quieren hacer, no porque su propuesta no sea buena o digna o que valga la pena, sino por cómo la están haciendo.
Dicho esto, tengo que dejar claro que ambos festivales son muy distintos y esto no quiere decir que uno sea mejor que el otro. El BCN es un festival clásico, de cine comercial de calidad (casi todas o todas las películas que ahí se han visto se estrenan más o menos pronto), cine convencional en el buen sentido de la palabra; el D’A es un festival de riesgo, de apuestas, de films que no tienen otra ventana para verse. Quizás podrían convivir, como lo hace la sección oficial de un festival, más conservadora con sus secciones más alternativas (Zabaltegi, Panorama, La Quincena) pero eso es muy difícil. Sobre todo porque en este caso el D’A tiene una fuerza que le da la calidad consolidada y el BCN aun esta en formación. En fin. Mientras tanto, la prensa hemos hecho lo que hemos podido, teniendo en cuenta que un festival en la ciudad donde vives y trabajas siempre es mucho más difícil de cubrir que uno al que te desplazas solo para asistir a sus sesiones. Las lavadoras se han de poner y hay que ir a comprar al súper, los niños tienen que ir al colegio y hay que trabajar. Si ya es difícil seguir uno, ¡imagínense dos!
Yo, como todos, he hecho lo que he podido. Así que aquí voy a enunciar muy brevemente las películas que he visto, reservándome para su estreno comentarios mas amplios en algunos casos.


Empezando cronológicamente, en el BCN Film Fest he visto:
El bailarín, de Ralph Fiennes, biopic de Rudolf Nureyev que se estrena la semana que viene y de la que solo puedo decir: si te gusta el ballet, es interesante, sino, tú mismo.
La biblioteca de los libros rechazados, de Rèmy Bezançon. La idea central de este ligero y agradable film es brillante: crear una biblioteca donde se conserven todos los manuscritos rechazados por las editoriales, desde libros absurdos hasta posibles joyas ocultas. Fabrice Luchini hace una composición perfecta de un crítico literario pedante y engreído al que no te queda otro remedio que querer. Bonita.
Cartas a Roxane, de Alexis Michalik. El nacimiento del clásico de la literatura francesa Cyrano de Bergerac. Me gusta mucho y en su estreno me extenderé.
De la India a París en un armario de Ikea, de Ken Scott. Divertida mezcla de Tati, Bollywood musical, comedia romántica y cuento fantástico. Se habla en ella de muchos temas importantes sin darles importancia. Me gusta. Se estrena la semana que viene.
Nacido rey, de Agustí Villaronga. Una rareza, un disparate, un film hagiográfico sobre la infancia del rey Faisal, fundador de la dinastía Saudi de Arabia Saudita. Tiene la ventaja de contarnos una historia desconocida, pero la desventaja de que, probablemente, no nos interese nada conocerla. Se estrena en otoño.
El secreto de las abejas, de Annabel Jankel. Adaptación de una novela romántica, de esas que se llaman literatura femenina, que cuenta una historia de amor lésbica en un contexto muy complicado. Bonita.
Sir, de Rohena Gera. Quizás la película que más me ha sorprendido en el BCN Film Fest. Este film indio cuenta una historia de amor y de clase, de dependencia y dedicación, en el ambiente moderno y rico de la Mumbai contemporánea. Volveré a ella cuando se estrene.
Una intima convicción, de Antoine Raimbault. Basada en un hecho real, el film es una clásica película de juicios que sin embargo engancha por el personaje de Nora, la mujer empeñada en demostrar la inocencia de un acusado.


A partir del 25 de abril compaginé como pude con el D’A Film Festival donde he visto:
Anthropocene: The Human Epoch, Jennifer Baichwal. Extraño y fascinante documental sobre la idea, cada vez más extendida, de que la era glaciar del Holoceno, en la que la vida humana se ha desarrollado en el mundo, está dando paso a una nueva era glaciar, el Antropoceno, es decir le edad del hombre (destructor). Nada más acabar la proyección escribí algunas de las sensaciones que me produjo: Dolor en la visión de la destrucción de la naturaleza; belleza de esa naturaleza destruida; enormes máquinas destructoras que parecen salidas de la mente de Miyazaki como inmensos animales articulados; ecos de películas, el túnel de San Gottardo como el viaje interestelar de 2001, la refinería rusa como Blade Runner; descubrir que la gente está orgullosa con sus trabajos destructores; constatar la enorme hipocresía del mundo moderno que quiere ser ecologista pero no renuncia a nada de las ventajas de la civilización; y un hecho que llama la atención. En este retrato de apocalipsis humano, no hay casi presencia china, cuando todo el mundo sabe que son los chinos los que están causando la mayor destrucción del planeta con su desarrollo incontrolado y depredador. Curioso.
Carelia, Internacional con monumento, de Andrés Duque. Después de la inclasificable y hermosa Oleg y las raras artes, Andrés Duque vuelve a Rusia, mejor dicho, sigue en Rusia. Esta vez en una zona fronteriza entre Rusia y Finlandia llamada Carelia, donde viven los carelios, un pueblo antiguo de raíces ancestrales que se hunden en el bosque de los mitos que poco a poco están desapareciendo. Duque busca lo que pervive de esa antigua cultura y lo encuentra en una familia de elfos rubios que habitan los bosques y en sus juegos y lecturas mantienen viva la historia de los dioses paganos. Pero en ese bosque luminoso y feliz, hay una zona oscura. Ahí hubo orcos al servicio de un Sauron contemporáneo que masacró a su propia gente. En esos bosques se esconden en fosas ocultas y desconocidas, los miles de muertos de las purgas de Stalin. Un hombre lleva veinte años intentando sacarlos a la luz, pero el nuevo Sauron (Putin) no perdona esta intromisión en la herencia de su héroe. Carelia es un film, como dice su director, disonante. Entre la luz de los carelios y la oscuridad del nuevo señor de Mordor, Carelia nos deja la sensación de haber visto un film impresionante.
CoinCoin et les z’inhumains, de Bruno Dumont. Segunda entrega de las aventuras de Quinquin, que ahora, tres años después se hace llamar CoinCoin y es seguidor del fascista partido nacionalista. Le acompañan, Tonel, Eva, Jenny, y desde luego la imprescindible pareja de policías Carpentier y el comandante Van del Weiden. Todos ellos ven con estupor y mucho humor como la tierra es invadida por los extraterrestres que han decidido colonizarla con una lluvia de pringue negro y viscoso. La delirante y absurda historia le sirve a Dumont para hacer un retrato de la sociedad contemporánea sin ninguna concesión más que al humor.
Continuer, de Joachim Lafosse. Este director belga consigue transmitir estados de ánimos con casi nada. Bueno casi nada, no. Aquí hay un paisaje que domina el cuadro, el del desierto y las montañas de Kirguizistan donde coloca a sus dos personajes, una madre joven y su hijo adolescente, en un western minimalista que es tanto un viaje en el espacio, como un viaje en los sentimientos. Me gusta mucho.
Hotel By the River, de Hong San-soo. Cualquier película de Hong Sang-soo me gusta. Lo dejo claro. Y ésta también. Rodada en blanco y negro en un paisaje nevado, con poquísimos escenarios, cafés, restaurantes y habitaciones de hotel, donde sus personajes no dejan de hablar, como siempre, y de cruzarse entre si, como siempre. El coreano tiene la capacidad de hacer siempre la misma película y ser siempre diferente. Me gusta mucho,
L’ île au tresor, de Guillaume Brac. Una auténtica sorpresa. La isla del tesoro es un parque acuático cerca de Paris. Durante varios días del verano seguimos a distintas personas que vienen aquí a divertirse. ¿Es un documental? Si y no, es una ficción sobre la realidad. Sin necesidad de insistir, afloran en este parque todas las contradicciones, dudas, problemas, que dominan la sociedad contemporánea. Me ha recordado mucho un film de 1930 de Robert Siodmak, Los hombres del domingo, rodada en el Wansee, el lago de las afueras de Berlín un día de verano. Espero que este sea el único paralelismo entre dos films preciosos y necesarios (todos recordamos lo que pasó en Alemania tres años después, esperemos que no suceda lo mismo en la Europa de ahora mismo).
Largo viaje hacia la noche, de Bi Gan. Los chinos están que se salen. Económicamente, como las hormigas, están colonizando el planeta; culturalmente están dando saltos tremendos. Este film esteticista, efectista, donde se mezcla Wong Kar Wai con David Lynch, es uno de los más interesantes del año. Se estrena a fin de mes, volveré a hablar de él.
Las niñas bien de Alejandra Márquez. Una película mexicana, ambientada entre las clases más acomodadas de ciudad de México en los años setenta, a medio camino del culebrón y la Casa de las Flores. Hipocresía, niñas Popof. Me ha encantado oírlas hablar en defeño.
Un hombre fiel, de Louis Garrel. Deliciosa comedia de enredos, trío amoroso entre un hombre y dos mujeres que podrían ser los hijos (de hecho lo son) de La mama et la putain de Eustache, pero con mucho mas humor, ligereza, y libertad. Mirabeau está mucho más cerca que la Nouvelle Vague. Preciosa.
Vivir deprisa, amar despacio, de Christophe Honoré. Ultima película del director al que el D’A dedica su retrospectiva. Se estrena la semana que viene, hablaré de él de forma más extensa. Ahora y aquí, solo decir que es un film importante sobre un tema del que (¿por suerte?) se habla poco: el sida y su terrible huella mortal en los años ochenta y noventa. Emocionante.


Lo siento, pero aún hay mas en esta larga entrada
Un estreno indispensable
An Elephant Sitting Still, de Hu Bo.
Vista en el D’A, este film chino se estrena esta semana, por eso quiero llamar la atención sobre él. Para mí, ha sido la mejor película del D’A y sin duda una de las mejores del año. Es un film impresionante. En todos los sentidos.
Por su duración, casi cuatro horas (no se espanten ¿no ven a veces cuatro capítulos seguidos de una serie? pues es lo mismo pero sin pausas).
Por su planificación y fotografía en un blanco y negro sombrío pero no oscuro y largos y envolventes planos secuencia con los personajes en primer plano y el fuera de campo muy presente.
Por sus localizaciones, esa ciudad minera sin nombre del norte de China, llena de ruinas de edificios siniestros, escuelas que se caen, estaciones sin futuro. Un espacio de líneas rectas y frías en donde se mueven los personajes mimetizados en esa derrota.
Por los personajes. Esta es la historia de cuatro personas solitarias, desplazadas, marginadas por un mundo en el que no caben a lo largo de un día que cambiará sus vidas. Su relación es espacial, viven en el mismo edificio, van a la misma escuela, comparten un mismo conflicto, pero su trayectoria es individual. Un adolescente maltratado por su padre mata a un compañero de clase en un accidente estúpido; una chica acosada por un video comprometido y una madre que no le hace caso; un hombre mayor al que sus hijos quieren obligar a entrar en una residencia de ancianos: un joven perdido, hermano del muerto en el accidente y testigo y causa del suicidio de su mejor amigo. Los cuatro se cruzan, se encuentran, se relacionan. Viven ese día larguísimo.
No se espanten con todo esto, porque el elefante que da título y les espera sentado, es una película que no se puede dejar de mirar, te envuelve en sus historias y te hace sentir parte de su propia ruina (nunca moral, todos son personajes de una gran dignidad). Pero deja una salida, un baile en la noche que no sabremos nunca si es el baile de la muerte como el de El séptimo sello. En todo caso lo fue para su director, Hu Bo. A los 29 años y al acabar este film imprescindible, Hu Bo se suicidó. China no parece el mejor país para vivir.