sábado, 8 de agosto de 2026

EXTRAÑAS, IMPREVISIBLES, FASCINANTES

 

Lo que más me gusta de una película es no saber que me va a contar a los pocos minutos de verla. Esa expectación sobre por dónde irá, es algo que agradezco mucho. Casi es lo que más agradezco. Si, además, la película tiene una buena historia y está bien contada, miel sobre hojuelas. Si la historia es banal, pero cargada de emociones, miel sobre hojuelas. La frase “miel sobre hojuelas” es estupenda para definir esta sensación de estar ante algo bueno que se convierte en muy bueno. Esta semana he encontrados films que son hojuelas con una gran cucharada de miel. Pero, ojo, no son en absoluto azucaradas o empalagosas. Al contrario, son dos películas extrañas que te estimulan a pensar. Y son muy distintas.

 


El síndrome Rembrandt, Pierre Schoeller

A ver como lo explico. Esta película no va de Rembrandt (o sí); no trata un síndrome psicológico como el de Stendhal (pero el síndrome Rembrandt produce un trastorno emocional, eso seguro); no va de misterios tipo dan Brown (pero hay un misterio); no es un film ecologista (aunque es evidente que la naturaleza es importante). Si han leído hasta aquí, se estarán preguntando de qué va esta película. Pues va de ciencia y de arte, va de belleza y de destrucción de la belleza, va de mutaciones, cambios. Va, sobre todo, de humildad y de clarividencia. Su protagonista es Claire. Claire es francesa, es física nuclear, está casada con otro científico, tiene una hija adolescente y la certeza de que está donde debe estar, trabajando porque la energía nuclear no solo sea segura y limpia, sea también mejor que lo que es ahora mismo. Hasta que Claire se tropieza con Rembrandt, concretamente con dos cuadros de la National Gallery de Londres: el Retrato de Hendricke Stoffels y Un viejo en un sillón. Algo le pasa, mejor dicho la traspasa, mientras los mira. Siente una enorme necesidad de tocarlos, de acercar su rostro a ellos. Nadie, ni ella misma, entienden lo que le pasa ni porqué. Pero todo cambia. Claire descubre una sensación que desconocía: la de sentir más allá. Es científica, física, así que busca una explicación para lo que empieza intuir. Al conocer a una experta en clima descubre lo que se llama fenómenos del cisne negro. (1) Cuando decide unir su conocimiento con ella, Claire traza una curva de probabilidad que lleva directamente a la catástrofe nuclear por falta de agua. Es un descubrimiento importante porque esa proyección de futuro les puede permitir prevenirla. Pero, como es de suponer, nadie la cree, ni su marido, ni sus superiores, ni mucho menos los políticos. ¿Y Rembrandt? Rembrandt ha sido quien le ha dado a Claire la punta para tirar del hilo de su investigación: los cuadros de Rembradt sufren una extraña y nueva enfermedad. Pasan más cosas y sigo sin saber cómo acabará este film de ciencia y de arte, de futuro y de pasado. Sin duda una película extraña que despierta las ganas de saber más, aunque solo sea para estar preparados.

Casualidad o no, el hecho es que al día siguiente de ver esta película salió en La Vanguardia un artículo de Sara Cariñana que se titulaba: El bajo caudal de los ríos de Europa compromete a las nucleares. “En Francia, donde la energía nuclear genera aproximadamente dos tercios de la electricidad del país, también ha sido necesario recortar la producción, ya que los ríos no pueden suministrar suficiente agua para la refrigeración. La combinación de las altas temperaturas y la escasez de precipitaciones han incrementado la evaporación, reducido la humedad del suelo y limitado el agua que alimenta los ríos, según un análisis de World Weather Attribution, que destaca que el cambio climático ha intensificado este proceso.”

(1)  Según la definición de la IA, un fenómeno cisne negro es un suceso sorpresivo, de alto impacto y difícil de prever que, una vez ocurrido, se intenta racionalizar y explicar como si fuera previsible. El concepto fue popularizado por el autor Nassim Nicholas Taleb y toma su nombre de la creencia histórica europea de que todos los cisnes eran blancos hasta que se descubrieron ejemplares negros en Australia. (Estos días vivimos los efectos de un cisne negro: el asalto de 70.000 jóvenes marroquíes a Ceuta, no lo vio venir nadie (¿?) o al menos eso dicen.


El amor que permanece, Hlynur Pálmason

Esta es otro tipo de historia, de película, de cine. Pero como El síndrome de Rembradt, es imprevisible. Nada en sus primeros minutos permite pensar por donde irá esta historia de (des)amor, de familia, de arte, de paisajes. Pasa en Islandia, a lo largo de las cuatro estaciones. Sus protagonistas son una familia, pero no una familia cualquiera. Los padres están separados aunque mantienen una buena relación. La madre es pintora, artista, utiliza el paisaje y la naturaleza para crear obras de arte llenas de texturas y sugerencias, usando la oxidación de la tierra y del aire. El padre es pescador en un barco de los que se pasan meses en alta mar (si no fuera por ellos no tendríamos pescados en nuestra mesa). Tienen tres hijos, una chica adolescente y dos gemelos que construyen en un acantilado una especie de guerrero vikingo. No hay mucho más, pero esto es más que suficiente para tenerte atrapada todo su metraje. La primera secuencia no se olvida fácilmente: una grúa arranca el techo de un edificio y se lo lleva por el aire. Una mujer lo ve con el rostro entristecido. A partir de aquí, hay que dejarse llevar por el ritmo de las comidas, los encuentros,  os trabajos en la granja, la creación de las obras de arte, la pesca en el mar. Hay un componente documental en la descripción de estos procesos que fascina al espectador. También hay comedia, drama, un toque fantástico (¿el final?) una perra que roba escenas y la naturaleza en todo su esplendor. Islandia es un lugar donde se puede imaginar cualquier cosa, cualquier historia. Incluso la de un amor que permanece a pesar de la ruptura.

El regalo de esta semana es un cuadro lleno de belleza.



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