jueves, 27 de junio de 2013

BEATRICE




Nada más de penas, ¿nos seguimos escribiendo? Me encantaría.
 
Miles de besos y para Ramón
 
Beatrice Rosa roja

Estas son las últimas palabras que recibí de Beatrice Sartori. Hace poco más de un año. La complicada vida que tenemos todos hicieron que el deseo de seguir escribiéndonos se fuera alargando y ahora ya no hay tiempo para recuperarla.
Nos hicimos amigas enseguida. En el año 85, yo empezaba en esto del periodismo de cine y ella era documentalista en El País. Nos encontramos en Valladolid. Y empezamos a escribirnos y a llamarnos. Cada vez que iba a Madrid, la veía y cuando ella venía a Barcelona lo mismo. Cuando Beatrice empezó a viajar por festivales y para hacer entrevistas, me mandaba una postal de cada lugar. Tengo una colección entera de postales suyas de los sitios mas raros. Siempre acababan igual, “Besos para Ramón y La Negrita” (mi gata).
Viví con ella momentos muy duros de su vida personal. Compartí ratos muy dolorosos, pero también muy divertidos. La última vez que la vi fue en Berlín. Nos comimos un bocata mano a mano en un banco de las galerías, enfrente del festival. Luego fueron mails cada vez mas espaciados. Hasta hoy en que me he enterado que murió en su casa de Holanda hace unos días.
Me ha dolido saberlo y darme cuenta que no tuve tiempo de volver a encontrarme con ella.  Aunque si pensaba mucho en Beatrice. La foto que ilustra esta entrada, tomada en un festival de San Sebastián, ha estado delante de mí en un corcho de fotos desde entonces.

Ahí seguirá, porque para mi Beatrice no se ha ido. Solo se ha retirado a un lugar mas lejano que Holanda desde donde seguro seguirá escribiendo brillantes crónicas y entrevistas.
(Esta entrada está escrita con la letra que ella usaba en sus mails. Es una forma mas de recordarla)

domingo, 23 de junio de 2013

LA LAPIDACIÓN DEL CINE


Esta semana se estrenan tres películas francesas, bueno dos y media, porque una es de un director catalán, Pere Vilà, aunque este rodada en francés y en Francia.
Es esta precisamente la que da titulo a esta entrada. Se llama La lapidation de Saint Étienne y la protagoniza Lou Castel. Frente a este film tengo una enorme contradicción.
Vilà sabe crear una atmósfera claustrofóbica y enfermiza a la altura de Repulsión de Polanski.  Ese hombre solitario, viejo, enfermo, perdido en el laberinto de un piso lleno de objetos extraños, con radiografías en las ventanas y un mural que reproduce un electrocardiograma, rodeado de fantasmas visibles e invisibles, produce una fascinación morbosa. Se puede decir sin ningún reparo que esta película, de una dureza extrema, es cine en estado puro. Sus imágenes, su ritmo, el montaje medido. No tengo ninguna duda. La duda, o la contradicción, surge cuando me pregunto porque esta capacidad de hacer cine y de crear imágenes potentes no se aplica a una historia que no sea tan horrible y desagradable.
El cine tiene que reflejar el mundo en el que vive, de acuerdo. Pero ¿es necesario que una buena película cinematográficamente hablando, sea también una casi insoportable película, argumental y visualmente? No creo que el  buen cine tenga que ir asociado a historias terribles.  Por eso me pregunto también quien pagará 9 euros por ver este film del que sales con el corazón encogido y deseando esconderte en un rincón. 
La segunda película es Después de mayo, de Olivier Assayas. Esta también me produce una contradicción, pero diferente. En realidad lo que me produce es vergüenza  ajena, o mas bien propia, ya que me reconozco en las estupideces políticas que dicen alegremente estos chicos post sesentayocho (con una diferencia: ellos no arriesgaban nada mas que un palo en una manifestación, nosotros podíamos ir a la cárcel por mucho tiempo), que  aun creían que se podría hacer la revolución y que cayeron rápidamente en el desengaño de las ideologías establecidas para ir a parar a los dos extremos: los hippies dorados que se iban a Katmandú, o los situacionistas de corte prochino que se empeñaban en hacer un cine militante completamente inútil. Entre ambos extremos se mueve Giles, alter ego de Assayas, que acaba por encontrar un camino simplemente en vivir y trabajar en algo que le guste. La gracia del film, es que está contado con una ligereza y una capacidad de autocrítica que la hace muy agradable.
En cuanto a la tercera película, Mi encuentro con Marilou, solo decir que es una enorme decepción. Jean Becker suele tener una sensibilidad especial para contar historias simples, pero aquí cae en un tópico detrás de otro al acercarse a un pintor acabado y una jovencita con problemas. Olvídense de ella.
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Ya tenía escrita esta entrada cuando asistí a una reunión en la sede del Parlament Europeo en Catalunya para hablar del tema de la excepción cultural. Todos estábamos de acuerdo que el audiovisual (no debemos limitarnos al cine) debe ser considerado una excepción en las negociaciones con Estados Unidos. Donde surgió la discusión fue en otro sitio. Como siempre se puso el ejemplo de Francia para demostrar como los franceses apoyan al cine y los españoles no. Los franceses no solo apoyan al cine, apoyan la cultura en general, cuidan sus pueblos, su paisaje, están orgullosos de su historia y su geografía, de su literatura y su cine. Los niños aprenden a apreciar la cultura en todos sus aspectos de una forma natural. Forma parte de una cultura de la cultura que en España nunca hemos tenido. Aquí no solo se desprecia y maltrata el cine, se desprecia y maltrata todo, sin ninguna excepción.
Pero la discusión fue un poco mas allá y entramos en un terreno peligroso porque en gran parte es subjetivo: la calidad del cine español. Hay en nuestro país un nivel muy bueno de cine, hay directores espléndidos que cuentan historias estupendas con presupuestos muy variables. Unas películas son claramente comerciales, otras se enmarcan en el cine de autor. Unas buscan un público y otras, otro. Pero también hay en nuestro país mucho cine que se hace sin criterio, sin sentido, al amparo de una legislación proteccionista, necesaria sin ninguna duda, pero que debería ser mas exigente en los resultados de los productos que apoya.
Este es un tema largo y complicado que no se puede analizar ni en una reunión ni en una entrada de blog. Lo dejo enunciado para seguir en otro momento.


domingo, 16 de junio de 2013

AUSTERICIDIOS

Me encanta esta palabra. La dijo Miquel Roca en la conversación que mantuvo con Felipe González en 8TV. Austericidios. Es lo que están haciendo con nosotros. Un suicidio colectivo por inanición: cultural, moral, política, económica. La austeridad  luterana llevada a las últimas consecuencias es la destrucción de la creación. O no, porque, cuando la gente se ve abocada a la nada, busca recursos dentro de su propia persona o de su entorno mas cercano. Gracias a eso, se están creando nuevas maneras de relacionarse. Dejemos de lado a los políticos, los banqueros, los comisarios culturales,  !!!hagamos cosas¡¡¡



(me pregunto que haría la chef Mar Vidal con estas granadas de Ramón)

En fin. Yo lo que puedo hacer, de momento es hablar de cine. De ese cine que se estrena cada semana a pesar de los pesares. De ese cine que no despierta pasiones ni entusiasmos entre los que de vez en cuando se cuela alguna sorpresa. Como la de Menú degustación, de Roger Gual. Un film que parece concebido en épocas de bonanzas y de burbujas culinarias (cualquier día esa burbuja estalla y nos llena la cocina de porquerías), pero que consigue entroncar con la austeridad reinante gracias a un optimismo y una ligereza dignas de un gran soufflé. Esta es una película que se ve con placer y se recuerda con agrado. Ya es mucho.

La otra película de esta semana es menos graciosa, menos nuestra, menos austera o en crisis. Aunque se hable de crisis, varias y diversas. Se trata de Un invierno en la playa, horrible título para un film que en su versión original se llama Stuck in Love/Atrapados por el amor. Atrapados en el amor están todos los miembros de esta familia de escritores de distinto pelaje y éxito. Comedia ligeramente conservadora, de factura Indie 100% , el film depara una agradable sorpresa: el cameo telefónico de Stephen King. Yo al menos debo agradecerle a esta película el haber vuelto a leer IT, uno de los libros fundamentales de King con el que estoy volviendo a disfrutar tanto como a pasar miedo.


Acabo de darme cuenta que leer a Stephen King es una buena cosa para combatir el austericidio.

sábado, 8 de junio de 2013

MUJERES Y MALDAD





La 21 Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona ha presentado una película dirigida por Margarethe von Trotta sobre la figura de la pensadora alemana Hannah Arendt; en los cines se estrena Inch'Allah, una película de Anaïs Barbeau-Lavalette,  sobre la figura de Chloé, una enfermera canadiense en Cisjordania. Mujeres, todo mujeres. Mujeres del pasado, mujeres del presente. Mujeres que hablan del mal, ese mal tan arraigado en la especia humana que la lleva a destruir a sus semejantes.
Ver las dos películas juntas es muy interesante (y dejo de lado los valores cinematográficos de ambas que son mas bien pocos en los dos casos). Lo que las hace interesantes es comprobar como se enfrentan estos personajes, uno real y otro de ficción, a una situación de violencia insoportable.
Hannah Arendt fue una filosofa judía alemana, exiliada en Estados Unidos desde 1941, que provocó una gran controversia a mediados de los años sesenta con su libro Eichmann en Jerusalén, Un informe sobre la banalidad del mal, donde ponía de manifiesto un hecho terrible: la maldad que ejercen los mediocres, los don nadie que se escudan en “cumplía órdenes", los hombres que son incapaces de pensar por si mismos, es mucho mas horrible que la que se ejerce por pasión, por convicción o por necesidad.  En sus crónicas sobre el juicio al jefe de las SS Adolf Eichmann, uno de los mayores criminales de guerra, Arendt destacó la banalidad de la maldad de los asesinos nazis y acusó al mismo tiempo a líderes judíos de un fatalismo histórico que contribuyó al éxito del exterminio. Ni una idea ni otra fueron bien recibidas en ese momento. Ni creo que lo fueran ahora, en que la ideología progresista dominante impone también su pensamiento único en el conflicto judío/palestino que dura desde hace casi setenta años.
Y en ese conflicto se inscribe el film de la directora canadiense, que, a diferencia de Arendt, no se plantea coger el toro por los cuernos y comprobar la banalidad del mal en ambas partes, una banalidad de seres que no se preguntan que están haciendo y en nombre de quién, -el poder, el dinero, la corrupción, la religión, la exclusión del otro, la intolerancia- sino que acatan órdenes de los que han decidido quienes son los buenos y quienes son los malos sin plantearse nada mas. Como no se lo plantea la protagonista  de Inch’Allah, que, llevada por lo que ve y no por lo que debería pensar, interviene en el conflicto de una forma trágica.

A la salida del film de von Trotta en el pase de prensa, se generó un debate entorno a su figura (aun ahora controvertida). Yo escuchaba y pensaba que lo mejor de esta película, o mejor dicho de lo que defiende Hannah Arendt, es que es extrapolable a nuestra propia actualidad, cuando tantos mediocres se escudan en una legalidad sin interpretaciones ni matices o en una visión sesgada de la historia para defender posturas de pensamiento único. Los mediocres no se limitaron a estar al servicio del III Reich. Los mediocres y su banal maldad  siguen estando en el poder imponiendo su obediencia debida al ordeno y mando del líder de turno. Y no hace falta remontarse a la esfera política, ¿quién no ha padecido un jefecillo malvado y absolutamente inútil, pero con poder para hacer la vida imposible a sus subordinados y eliminar como sea a todo aquel que considere que le hace sombra? Banalidad y maldad se conjugan juntas muchas veces.
La discrepancia, el pensar por uno mismo, el intentar entender lo que sucede, como quería Arendt, no son posturas bien vistas por los don nadies que dominan el mundo.

* la película de Von Trotta Hannah Arendt se proyecta en Barcelona el domingo 9 de junio en la Filmoteca. Espero que se pueda estrenar en algún momento para que la vea y discuta todo el mundo


viernes, 31 de mayo de 2013

DESPILFARRO Y BASURA



Esta semana he leído el libro de Antonio Muñoz Molina Todo lo que era sólido. Es un libro estupendo donde se puede encontrar escrito con una prosa sencilla y muy clara lo que la mayoría de la gente con sentido común pensamos sobre lo que ha pasado y está pasando en España en estos momentos. En estos y en los inmediatamente anteriores cuando España iba bien, cuando éramos los reyes del mambo y tirábamos la casa por la ventana alegremente. Algunas de las cosas que cuenta Muñoz Molina de su etapa como director del Instituto Cervantes en Nueva York, hacen enrojecer de vergüenza y los datos que da sobre la especulación y su análisis de la evolución del deterioro social y político de los últimos años, es de una lucidez absoluta que se resume en una palabra: despilfarro.
Despilfarro, esa es la palabra justa. Despilfarro de dinero publico en gastos inútiles, edificios que no hacen falta, viajes desorbitados, infraestructuras innecesarias; despilfarro del legado histórico de un país que olvida continuamente su historia como si todo empezara de nuevo cuando llega un nuevo gobernante; despilfarro de un paisaje degradado, destruido en aras de una codicia desmesurada y una corrupción generalizada; despilfarro de una cultura a la que nunca se ha cuidado ni se ha respetado, únicamente utilizado. Despilfarro que ha hecho de España un espacio de espejismos.
De aquellos polvos vienen estos lodos, mas que lodos pantanos de inmundicia, que se suelen englobar bajo la crisis. Una crisis que sirve para justificar toda clase de recortes en las conquistas sociales colectivas, o para espolear toda clase de reivindicaciones nacionales absurdas que nos remiten a tiempos que ya creíamos superados.
Acabé de leer el libro el día que salía en La Vanguardia un reportaje sobre la Bienal de Venecia donde se daba cuenta de la representación española y catalana. Me sentí profundamente insultada cuando me enteré que el pabellón español, que ha costado nada mas y nada menos que 400.000 euros (¡la mitad que el de la anterior bienal! lo dicho, el despilfarro que había y que por visto continua) era una montaña de escombros llenando una habitación firmada por una artista que se llama Lara Almarcegui. ¡Pero que es ésto!, hasta donde hemos llegado en este retablo de las maravillas que nos impide reconocer la desnudez, por no decir la estupidez, de los que se escudan en la basura como pretendida arte. Ya está bien de tanta tomadura de pelo. Ya está bien de pensar que la gente es idiota. No lo somos. Pero mi enfado no solo no se apaciguó sino que creció cuando, en la misma página leí un artículo referente al pabellón catalán que ha costado la friolera de 480.000 euros y que es, ni mas ni menos, que una reivindicación de los parados de este mundo.  No sé si los que han impulsado esa idea son muy conscientes que con el gasto que ha supuesto su obra de arte han contribuido notablemente a que haya mas parados en esta ciudad. Quizás el próximo año puedan buscar entre los despedidos del TNC o las victimas del ERE de diarios y revistas o quizás entre los farmacéuticos que no cobran, nuevos parados para una edición renovada de su pabellón.

Cuanta razón tiene Muñoz Molina y que poco hacemos por impedirles que sigan con el despilfarro y la basura. Yo ya me he cansado y este post es prueba de ello.

sábado, 25 de mayo de 2013

DOS ESTRENOS



1. La Estrella
Curiosidades de la vida. El mismo día que vi en un pase de prensa la película La Estrella, de Alberto Aranda, basado en la novela de Belén Carmona, encontré por casualidad un librito de poemas de Luis Buñuel. Lo abrí al azar y me salió este poema:

Los restos de estrella que quedaron entre tus cabellos
Crujían como cáscaras de cacahuete
La estrella cuya luz descubriste
Hace ya un millón de años
En el instante mismo que nacía
Un diminuto niño chino.

Me parece el mejor comentario para una película que tiene la gracia de hablar de cosas serias sin darle una gran trascendencia, que muestra como la violencia no se ejerce solo con los puños, también con las palabras y que reivindica la vida de barrio, Santa Coloma de Gramanet, y el flamenco como vehículo dramático. La Estrella de Ingrid Rubio bailaría unas bulerías con la letra de Luis Buñuel.


(nunca he estado en Corea, pero Anne se podría pasear por esta playa del Delta del Ebro)
2. En otro país
Por fin se ha estrenado esta película de Hong Sangsoo, una de las mas sencillas y surrealistas de los últimos tiempos. Rohmer en Corea paseando al lado del mar; tres Annes que son una sola (Isabelle Huppert de azul, rojo y verde); personajes escapados de Jacques Tati; diálogos entre gentes que hablan distintos idiomas; una belleza tranquila y envolvente. Esta es una de esas películas que hay que ver como si te fueras de vacaciones. Hay que dejarse llevar por esas tres Annes, por el encantador socorrista, por la chica que cuida el hotel, el monje budista, la mujer embarazada… Y buscar el faro al que nunca se llega porque no hace falta llegar. Disfrútenla. 

23 DE MAYO



El jueves pasado en el estudio de Ramon Herreros se reunió un grupo de amigos y de gente interesada alrededor de los cuadros seleccionados por Jordi Ibáñez para la exposición 30 años de pintura y para ver las primeras imágenes del documental de Hilari M. Pellicé Stupor Mundi en torno a su obra.
Fue una tarde llena de serenidad y de felicidad. Todo el mundo estaba relajado, tranquilo, disfrutando del momento, de la belleza de los cuadros, del interés del documental, de la conversación con amigos, de las cerezas de la primavera. Una tarde que los que estuvieron recordarán seguramente mucho tiempo.
Para nosotros fue un auténtico placer tener a tanta gente cerca.
Pongo dos imágenes de ese día. Ramón en su blog ha puesto alguna mas.
Y añado a continuación el precioso texto que Jordi Ibáñez escribió para presentar la exposición. Está en catalán, pero dentro de unos días tendremos la traducción al castellano.



EL SOROLL DEL SECRET. PER AL JOVE RAMON HERREROS
ALS SEUS TRENTA ANYS I ESCAIG DE PINTOR.
Ja fa temps que li havia demanat al Ramon que obrís—¿com dir-ne? ¿El “quarto fosc”? ¿El dispensari dels quadres no venuts, dels quadres retinguts, dels quadres inconfessables? ¿O simplement el magatzem dels quadres acumulats pel pas del temps? O una col·lecció personal sorgida mig per les circumstàncies, mig pel desig de no desprendre’s de determinades obres—com si realment les haguessin pintat per a ells mateixos, en el seu món, però no pas per al món. O com fragments d’un passat conservable però inconfessable.
En tot cas, crec que molts dels amics que freqüentem el seu taller ens miràvem aquesta porta blanca—ara flanquejada per uns gats guardians, uns gats cerbers—amb una barreja de curiositat i de ganes d’obrir-la i tafanejar. Jo, almenys, pensava que allà hi havia d’haver grans coses, sobretot des que en una ocasió vaig poder entrar-hi i remenar una mica, sota la mirada entre atenta i neguitosa de l’artista, entre els quadres que s’hi guardaven.

Des d’aleshores no sé quantes vegades li he donat la llauna al Ramon perquè fes una exposició al taller a partir d’aquest fons, com una mena d’assaig general d’alguna gran retrospectiva, que no dubto que aviat vindrà, i que unís, sota un mateix concepte, sota un mateix gest expositiu, les coses “d’abans” i les “d’ara”. És a dir: les coses abstractes i les figuratives. Però també, i sobretot, que fos una exposició que funcionés com un exercici de reconsideració, com un exercici de balanç discret, perquè es fa aquí, però a la vegada molt emfàtic, per la manera com es fa, em sembla—de reconsideració i balanç sobre la seva trajectòria com a pintor, sobre el volum consistent i coherent de la seva obra pictòrica. Aquesta exposició s’ha fet, queda clar, recorrent a unes obres que, malgrat sortir totes d’aquest “quarto fosc” i del taller—menys una que ve de casa meva, i que jo volia portar perquè es retrobés amb les seves companyes—són plenament representatives, ho diré així, de la importància, la coherència, l’evolució perfectament identificable i carregada de sentit de la pintura de Ramon Herreros. Totes aquestes obres han estat triades a partir del que teníem a mà, a partir, doncs, de la relativa poca quantitat de quadres disponibles—molts si es pensa en el patiment que he sentit per les limitacions d’espai, pocs per la representació de la importància de l’obra de Ramon Herreros.

I no em puc estar de dir-vos-ho: Imagineu-vos una gran exposició feta a partir de quadres actualment en mans de col·leccionistes. Imagineu-vos el doble de quadres, el doble d’espai, a partir de possibilitats d’elecció molt més àmplies, quatre o cinc vegades més àmplies. Això no treu, em sembla, gens de valor o d’interès al que veiem avui aquí. Però a mi em permet dir que la potència i esplendor d’aquesta altra gran retrospectiva pública no té uns límits fàcils d’imaginar. Aquesta mateixa exposició, semiprivada, per entendre’ns, em fa tenir una consciència molt clara de com n’és de difícil imaginar avui a Barcelona (i no sé a quants llocs més) una exposició de pintura d’un pintor viu tan sòlida, tan consistent i tan emocionant. Que una exposició d’aquesta importància, d’aquesta intensitat, es faci a l’estudi del pintor i no tingui al darrere les institucions del país, és, encara que produeixi estranyesa, una qüestió que a nosaltres no ens ha d’importar, als afortunats d’estar avui aquí, perquè ni l’artista ni nosaltres no som responsables de les misèries de la nostra època. De tota manera, i com solia dir un filòsof alemany mentre s’esperava tranquil·lament assegut que els seus llibres fossin llegits (cosa que, naturalment, va succeir): el Nil sempre acaba arribant al Caire. És a dir: les coses que és lògic i natural que passin, sempre acaben passant. Per tant, jo no dubto gens que aquesta gran exposició es farà. I crec que dit això també puc afegir: Com més aviat millor.   

Deixeu-me dir ara dues paraules sobre el criteri amb què hem organitzat aquesta exposició. Ho hem fet prescindint de qualsevol lògica històrica, cronològica o formal. No era el lloc per “explicar” l’obra de Ramon Herreros. És el seu estudi. L’espai ens ofereix un requisit de coherència que faria redundant qualsevol altre criteri. Si hi hagut un argument, ha estat aquest: la pintura de Ramon Herreros s’acompanya molt bé a si mateixa, se la disposi com se la disposi. Aquestes obres no solament s’acompanyen bé posades juntes, sinó que es reforcen amb una mena de mutualitat i reciprocitat que les fa aparèixer totalment renovades, o rejovenides. Les pintures que ara feia temps que no vèiem, si les havíem vist mai, estableixen una relació molt poderosa, de coherència i de persistència del que és valuós i important, amb les que, als assidus a l’estudi, ens podien semblar darrerament les més familiars, que ara de sobte veiem amb ulls nous. En aquest sentit, i tot i que l’exposició reflecteix exactament el que jo pensava que era possible mostrar, us he de dir que estic molt gratament sorprès de fins a quin punt allò que jo esperava, que era molt, ha estat superat amb escreix amb el que aquests quadres ens ofereixen, ara que se’ls deixa respirar junts.

Per tal que aquesta respiració nova i rejovenida es produís, hem prescindit, com us deia, de tot criteri expositiu que no fos alguna cosa així com la recerca d’una seqüència emocionant, o la disposició d’una seqüència d’emocions pictòriques. I ho dic sabent molt bé que si en alguns dels grans museus de l’art anomenat contemporani les pràctiques decoratives es revesteixen sovint o es disfressen de pràctiques discursives històrico-conceptuals, aquí ho hem fet realment a l’inrevés. Jo almenys he pensat molt conscientment que anàvem en la direcció contrària. Hem despullat la pràctica del gust dels puritanismes de la neoavantguarda. Hem anat directament a la recerca de la felicitat visual, de les seqüències que sorgeixen de la troballa i del sentiment de la importància, sabent que només així es fa de debò història—història de moment semisecreta, d’acord; història sense grans conceptes avançant, i per tant sense redoblament de tambors, sense música estrident i sense grans gestos teatrals, cap a un horitzó indefectiblement ple de pols—però història, al capdavall, que és el que sorgeix de la vida dels homes i les dones, no només dels llibres que ens diuen com han de ser aquestes vides. Per mi aquesta exposició és una simple demostració de com amb el bon gust—que és una cosa que existeix—i el gran art—que també existeix—es fa tanta història, o més, que amb l’aparell conceptual més exigent davant els reptes d’una consciència política que per sort—per ella i per nosaltres—mai haurà d’intervenir més enllà dels despatxos i les sales del museu. És una demostració simple d’una idea senzilla que ni tan sols vol combatre res, no li cal barallar-se amb ningú. Li basta afirmar la felicitat que associem amb la pintura. Aquesta felicitat, d’altra banda, no és ni històrica ni susceptible de decorats historicistes. Però sí que és susceptible de fer història ella mateixa—d’explicar no per què desitgem el que desitgem, sinó d’oferir formes noves als nostres desitjos, i per tant d’eixamplar la nostra imaginació, o més exactament, si m’ho deixeu dir així, la nostra imaginació moral vers els camps del que no només és diferent, sinó també complex, profund i desconegut. L’impensable unit a l’enigma dels nostres desitjos.   

En aquesta exposició relativament petita, i semisecreta, com he dit, tanmateix, hi passen moltes més coses de les que es podrien reduir a un mer encadenament de quadres importants i emocionants segons uns criteris generals de què és la importància i com es produeix l’emoció. Hi tenim, inscrites o latents, dues coses que vull destacar. Una és una experiència, l’altra és una troballa.

L’experiència: hi ha punts finals que ara apareixen clarament convertits en punts i seguit, en seqüències d’una aventura plena de coherència que, si en alguns moments ha hagut d’experimentar el trencament, ara pot veure’s plenament confirmada en la reconciliació amb allò que calia, circumstancialment, deixar enrere. I realment aquesta mena de reconciliacions només poden plantejar-se si allò que va ser viscut com un acabament, conclusivament, mostra la força i la qualitat suficients per reclamar la seva presència entre el que va venir després, de vegades—i espero que el Ramon entengui que jo ho digui—quasi com negant els camins transitats abans, o distanciant-se’n. El que pensa o necessita pensar el pintor no té perquè ser el que pensen o senten els admiradors de la seva pintura. Jo comprenc que Ramon Herreros sentís que havia arribat a un límit, i va tenir el coratge d’assumir-ne les conseqüències, d’emprendre un nou camí en una altra direcció, de trencar amb un passat, si voleu dir-ho així. Aquell límit tenia en aquell moment alguna cosa d’abisme. Un dels quadres que van marcar la consciència d’aquest límit és aquí. Em refereixo al número XX del Cuadrado del hombre. I ara apareix com una peça esplèndida, eloqüent, com una articulació àgil per a un pas ple de gràcia, generositat i despreniment. Us diré que és un dels quadres més emocionants per mi de l’exposició. I per mi és emocionant perquè demostra que encara que es trenqui amb el passat, el que dóna coherència i sentit a una vida són les reconciliacions.

La segona cosa que vull senyalar, la segona inscripció, i aquesta vegada és una inscripció literal, és la troballa que us deia: un peu molt delicat dibuixat en una de les parets de l’estudi. Naturalment és un dibuix del propi Ramon, i que va aparèixer movent quadres, ell ja devia saber que hi era, clar, però jo no. Ràpidament vaig pensar en el peu que apareix, com un últim residu del visible, a la novel·leta de Balzac, L’obra mestra desconeguda. Frenhofer mostra el seu famós i enigmàtic quadre als seus joves admiradors Poussin i Porbus, que es queden de pedra davant una cosa que nosaltres ara diríem que és un Pollock (un Turner en el millor dels casos), però que per Balzac, i encara més per al moment que passa la seva història, al segle XVII, no podia ser més que una embogida acumulació de gargots. Però bé, d’aquests gargots en sobresurt, o se n’ha salvat, un peu. Un turmell i un peu. Una peça visual molt preuada per l’erotisme escòpic de fa un parell de segles, per cert. Doncs bé, així com el personatge de la novel·leta de Balzac s’endinsa en un garbuix de pintura i deliri de la qual només en queda al final, com un supervivent, o com un indicador de l’irreductible acte d’amor i d’erotisme latent en tota pintura, un peu, aquest altre peu que va aparèixer inesperadament, dibuixat a la paret, a l’estudi del Ramon, és un peu que sorgeix de la claredat, de l’ànsia de presència que va fer que Ramon Herreros abandonés els signes supervivents dels somnis i de la vida onírica per gosar representar els somnis directament, és a dir, per representar els desitjos directament, no com enigmes, sinó com presències; no com les ombres dels arquetips, sinó com cossos, de vegades arcaics o arcàdics, de vegades amb un tectonisme terrós obvi i subtil—com si la terra esdevingués aèria—, d’altres com a il·lustracions simbòliques de la immediatesa, però sempre insistint en el reconeixement, en la presència, en el vestigi del temps concret de l’experiència traslladat al quadre. És un camí a l’inrevés de Frenhofer. Però això fa que en molts aspectes sigui un camí que acompanyi i a la vegada qüestioni aquella pulsió escòpica que el personatge de la novel·leta de Balzac ja posava en qüestió sota l’experiència del seu propi col·lapse. Ramon Herreros va sentir fins a quin punt era irrespirable l’aire en els límits de la pintura abocada al seu propi col·lapse, i es va girar cap al món de les presències. El peu de Frenhofer, que era un residu, com una resta arqueològica d’un món soterrat per la confusió entre la visió i el gest, entre la percepció i el concepte (o l’ideal, o la veritat en pintura—la vella promesa de Cézanne), és aquí un peu nítid, clar, net, un peu que senyala la possibilitat de la petjada, no pas l’evanescència de l’elevació. Un peu que avança cap a nosaltres per recordar-nos que aquí, signes i presències, formes i colors, celebren la pintura. Je ne vous dirai pas la vérité en peinture. Mais je vous annonce que la peinture est toujours vivante. De la famosa promesa incomplerta de Cézanne a la no menys famosa, i lacònica, postal de Bonnard a Matisse. Visca la pintura, doncs, sigui quina sigui la seva veritat.

No cal que us digui com n’estic de content i d’orgullós per haver tingut la sort d’acompanyar el nostre amic i ajudar-lo a obrir aquesta porta i triar quines coses es podien (o calia) ensenyar, i com es podien disposar. Jo, que vaig viure bastant de la vora el seu abandonament de l’abstracció i el pas a la figuració, pels volts dels anys 1994-1995, i que vaig comprendre, per no dir que en moltes converses vaig compartir la intensitat i els riscos de l’aventura d’aquell moment, he de dir que aquests dies, durant el procés de selecció i d’accrochage, l’he tornada a sentir, aquella intensitat. Però ja no era la intensa emoció d’una aventura que tenia molt de camí interior i de redescobriment de les raons de ser de la pintura. Per mi aquesta vegada ha estat l’aventura del reconeixement, del retrobament. No sé què significarà per l’artista aquest desplegament de la seva obra, aquesta emergència del “quarto fosc”, aquesta respiració de les obres. Però per mi, i per tots nosaltres, els amics, els que estimem la seva obra, és un motiu de felicitat i la confirmació del millor dels pressentiments, del millors auguris. El Ramon ens recordava a la invitació per a aquesta trobada al seu estudi que l’any passat va fer 30 anys de la seva exposició a la Galería Ciento, i que en certa manera es pot dir que feia poc més de 30 anys de la seva decisió de dedicar-se en cos i ànima a la pintura. Davant del que tenim avui aquí, davant nostre, i del que segur que vindrà, crec que tots nosaltres només podem dir-li: I per molts anys!
 Jordi Ibáñez Fanés