sábado, 26 de octubre de 2019

PARÁSITOS Y CLEPTÓCRATAS



(unos bonitos parásitos de Ramon)
La definición que da el diccionario de la RAE es muy sencilla: “Parásito. Organismo que se alimenta de las sustancias que elabora un ser vivo de distinta especie, viviendo en su interior o sobre su superficie, con lo que suele causarle algún daño o enfermedad.” Solo esta frase ya justifica el título de la que es sin duda una de las mejores películas del año, Parásitos del director coreano  Bong Joon-ho. El propio director ha pedido que no se explique demasiado del argumento de esta comedia negra que habría hecho feliz a Azcona, que no se cuente lo que pasa aunque si se pueda contar que la risa abierta y la sonrisa congelada del horror se mezclan a lo largo de su argumento. Todos los que aparecen en esta historia de lucha de clases son parásitos unos de otros, todos viven a expensas de los demás. Pero lo mejor no es eso, lo mejor es la manera como Bong Joon-ho construye su historia. Se podría explicar el argumento, pero nunca se podrá explicar los giros de guión, la planificación de las secuencias, la composición de los personajes, la elección de los espacios, las casas donde viven, la ciudad con sus escaleras, la lluvia. Es eso lo que la hace singular y única. Aunque quizás no tenga nada que ver, (no la he revisado desde hace muchos años) viendo Parásitos me ha venido a la cabeza una película de Paco Betriu del año 1980 que se llamaba Los fieles sirvientes. Copio aquí el argumento que aparece en Filmaffinity: “En una lujosa masía catalana, el personal de servicio ha preparado un gran banquete y se espera la llegada de los invitados. Todo está dispuesto pero nadie llega. El ama de llaves y los demás criados ocuparán por unos momentos el lugar de sus señores y, al igual que ellos, se comportarán despóticamente. Una sátira sobre las miserias humanas.” Los parásitos están por todas partes, por ejemplo, los políticos, personajes que viven a costa de la gente que supuestamente deben servir desde las instituciones que parasitan en su único favor. Son organismos perniciosos que destruyen el cuerpo que habitan pudriendo su esencia ultima mientras chupan (literalmente con sus sueldos enormes y su incapacidad infinita) la sangre de los que deberían atender en lugar de explotar. Pero los parásitos muchas veces no saben que lo son  e incluso intentan demostrar que los parásitos son otros. El resultado es una situación que tiene mas de tragedia que de comedia. Pero eso es otra historia.

CLEPTÓCRATAS
Justo la semana que vi Parásitos, Filmin estrenó un documental muy interesante que se llama Los cleptócratas. Es un trabajo de investigación que analiza el fraude de 3.500 millones de dólares del gobierno malayo por parte de un grupo de inversores ligados al presidente del gobierno con múltiples tentáculos que llegaron incluso hasta Hollywood y  El lobo de Wall Street de Martin Scorsese. Al margen de que el documental es estupendo, me ha permitido conocer a fondo lo que es la cleptocracia. Según la RAE la cleptocracia es “un sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos.” Según otras definiciones “Cleptocracia (del griego clepto, 'robo'; y cracia, 'poder' = dominio de los ladrones) es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores implicados  están corruptos”. Más claro el agua. Leyendo estas líneas (y viendo el documental) me di cuenta de que tenemos ejemplos muy cercanos de cleptocracia a gran escala muy cerca de casa, aquí mismo, vaya. Y me preguntaba quién se atrevería en Catalunya a hacer un trabajo parecido sobre nuestros queridos cleptócratas de cabecera: la familia Pujol al completo con su patriarca y su matriarca, cabezas  de una hidra de múltiples tentáculos ladrones, que han depredado el país a su antojo y beneficio, con ramificaciones corruptas en todos los ámbitos de la información, la cultura, la educación y la economía. Sería apasionante hacer un Lobo ( o mejor jauría) de Mitre Street junto a un documental donde se destapara todo lo que robaron mientras construían un muro de protección a base de inventarse un país ficticio, una historia falsificada, unos agravios inexistentes y sobre todo y eso los hace aun mas despreciables que todo el entramado malayo, un odio visceral y emocional contra los otros al mismo tiempo que utilizaban todos los mecanismos de esos otros para llenar sus arcas de dinero robado. No es mala fórmula, llenar la cabeza de mentiras mientras me llena el bolsillo de dinero.  ¿Alguien se atreverá?


(la foto es de Elena Posa, tomada en Senegal)
AFRICA(S)
Junto a Parásitos se estrena una película mucho mas pequeña, mas cercana, mas sencilla que vale la pena que no pase desapercibida. Se llamaba hasta hace poco Staff only y ahora se estrena como El viaje de Marta. Es la segunda película de Neus Ballus, la directora de La plaga y esta rodada en Senegal, en un resort para turistas occidentales, donde Marta pasa unas vacaciones obligadas con su padre y su hermano. El aburrimiento y el desprecio a lo que simboliza su padre, llevan a Marta a conocer el mundo que está en las dependencias detrás del cartel Staff Only, solo para trabajadores.  Marta entra en contacto con otra gente, otra vida, otra realidad y despierta y comete un error y aprende que los actos tienen consecuencias para terceras personas y descubre un camino de reconciliación con su padre. Es una historia que permite a la realidad colarse en la ficción y deja ver, detrás de su aparente sencillez, una sociedad muy alejada de los tópicos que estamos habituados a tener de África, ya sea por la influencia del cine de Hollywood, ya sea por la presencia obsesiva de malas noticias que nos llegan desde un continente olvidado y explotado. Vale la pena verla y vale la pena, al volver a casa, buscar tres de los films africanos mas interesantes e importantes de la historia del cine: Tres joyas clásicas indiscutibles: Hatari¡ de Howard Hawks, Mogambo, de John Ford y La reina de África, de John Huston.

EL RINCÓN DE LAS SERIES


Recupero esta sección para recomendar una serie que es un spin off de otra, pero es sin ninguna duda, mucho mejor. Se trata de The Good Fight que se puede ver en Movistar. The Good Fight nace de una serie bastante popular hace unos años, The Good Wife emitida entre 2009 y 2016. En este spin off, la protagonista es la abogada Diane Lockhart que, arruinada por un escándalo financiero monumental, debe volver a trabajar y esta vez lo hace en un bufete de abogados de color, especializados en la defensa de los derechos civiles, donde trabaja otro de los personajes que vienen de The Good Wife, Luca Quinn. Esta dedicación a temas sociales y políticos no impide que sea un grande y caro bufete donde Diane es una de las pocas personas blancas que trabajan y sobre todo mandan. Escrita por Michelle y Robert King, la serie tiene tres temporadas y lo mas interesante, aparte de sus tramas muy bien escritas, es el trasfondo político del momento, con Trump en el poder y los demócratas intentando plantarle cara. The Good Fight es una excelente serie política con unos títulos de crédito espectaculares. La primera temporada del 2017 es muy buena, la segunda y la tercera no la superan pero están muy bien. Habrá que esperar a la cuarta temporada que se anuncia para el año que viene para saber en que punto están estos “buenos luchadores”.
(si ven los títulos de crédito de la serie entenderán porque he escogido este jarrón de Ramon)



sábado, 19 de octubre de 2019

RETRATO Y MADRID



(una mujer en llamas de Ramon)
RETRATO
Esta semana se estrena una película magnifica, una de las mejores del año. Al menos para mi. Se titula Retrato de una mujer en llamas, está dirigida por Céline Sciamma y protagonizada por dos actrices que funcionan como dos piedras preciosas engarzadas en una joya: Adèle Haenel y Noémie Merlant. La historia pasa en 1770 en una isla lejana. En la gran mansión de la isla vive Héloise, una joven obligada a casarse con un rico milanés que ha pedido un retrato para conocerla. Pero Héloise se resiste a dejarse retratar porque no quiere casarse. Su madre contrata entonces a Marianne, una pintora que llega a la isla con el objeto de hacer el retrato de Héloise solo observándola, sin que ella lo sepa. Esta es la premisa. A partir de aquí se abren infinitos caminos para la historia, caminos que llevan a la reflexión sobre la representación, la realidad, el poder del retrato para capturar el alma, robarla de alguna manera, la presencia y la ausencia. Y el amor que surge en esos paisajes románticos y salvajes de mujer joven en llamas dignos de un cuadro de Caspar D. Friedrich. La película tiene una gran belleza, pero eso no sería suficiente para convertirla en una gran película. Este retrato tiene un corazón ardiente bajo una luz fría, es puro romanticismo en imágenes. Es un auténtico regalo.
***********************************************************************
MADRID

(el encuentro con Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego en Cineteca 
la foto es de Alcides Taleb)
1
He estado en Madrid invitada por el Festival de Cine de Madrid que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores, para presentar y acompañar a Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, Premio Mirada Internacional de este año, y a Paco Betriu, Premio Mirada Nacional. Escuchar a Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, es casi un show, un espectáculo. Nunca se atropellan ni se pisan uno al otro, pero no tienen reparo en contradecirse o replicarse, sobre todo Ripstein a Paz. En Madrid asistí a dos encuentros con ellos. En uno como espectadora, en otro, como interlocutora. Los dos fueron interesantes y sobre todo divertidos. El primero tuvo lugar en la Casa de América y era una conversación con el periodista Santiago Tabernero. Santi es muy cuidadoso y detallista y avanzó poco a poco en la historia de esta pareja de creadores mexicanos. Quizás por eso, como cuando estudiábamos historia y nunca llegábamos al siglo XX, en el caso de esta charla nunca pasamos de los principios de uno y de su encuentro en 1985, hace ya 35 años y quince películas. No está mal, toda una vida y toda una carrera en común. Pero no importó porque las preguntas de Santi eran inteligentes y ellos tenían cosas que contar y las contaron provocando la sonrisa o directamente la risa entre el público. El segundo encuentro con ellos fue en Cineteca Matadero después de la proyección de La calle de la amargura, su penúltimo film del 2015. (Han terminado otro, El diablo entre las piernas, que se estrenó en Toronto y llegará a los cines en el 2020). Yo estaba de moderadora, en lo que fue mas un coloquio que una charla, gracias a que el público intervino mucho, (cosa rara) porque la película lo permitía y también permitía hablar de su carrera. Hablar de Patricia Reyes Spínola, que aparece en trece o catorce de sus películas; hablar de México, la ciudad, sus calles y barrios, lugares especiales donde ellos ruedan sus especiales historias; hablar de momentos o secuencias o películas; hablar de la huella que han dejado en el cine mexicano, por ejemplo en Amat Escalante que se considera su seguidor. Hablar de cómo trabajan juntos, cada uno en su terreno, pero con una idea común; del origen de sus historias, de antropología y de memoria. Hablar de cine y de vida o de una vida en el cine o del cine como vida. Estuvo muy bien. Fue una lección y fue divertida.
Con Paco Betriu compartí un coloquio después de ver Furia Española en una copia inédita y única con alguno de los 22 cortes de censura incorporados. Fue muy ameno y entretenido y sobre todo fue interesante comprobar que la salvaje furia de esta película tan española tiene una carga de transgresión que muchos directores de ahora mismo no se atreverían ni a imaginar. Fue una estupenda ocasión de recordar que Paco merece un lugar en la historia del cine de nuestro país.


(Madrid desde una ventana)

2
El día que Ripstein y Paz Alicia estuvieron en Casa de América, vino a verlos Gerardo Herrero. Aproveché para charlar con él de la película que se ha estrenado este viernes, El asesino de los caprichos. Comentamos el pase en el Festival de Sitges, donde se presentó para acompañar la entrega de la Máquina del Tiempo a Maribel Verdú, una de sus protagonistas. Gerardo estaba muy contento, entre otras cosas, porque al acabar la proyección se le acercaron varios espectadores a agradecerle haber hecho una película Normal. Es un elogio enorme, no solo respecto al tipo de cine que se ve en el Festival de Sitges, sino en relación al cine que se ve en general. Es cierto, El asesino de los caprichos es una película normal. Cuenta una historia mas o menos negra, la de un asesino en serie que tiene como sello poner en escena los caprichos de Goya en cada uno de sus asesinatos. Dos inspectoras de policía muy diferentes, Carmen, una mujer cínica y muy desagradable y Eva, sensata y tranquila, investigan los crímenes. No hay mas y no hay menos. Una película normal que entretiene sin pretender salvar el mundo ni el cine, con dos actrices que funcionan en su contraste Maribel Verdú como la malhumorada Carmen y Aura Garrido como la dulce Eva. Un film de género destinado al gran público, en el que sin embargo hay algunas decisiones difíciles o arriesgadas que Gerardo tuvo que tomar para conservar algo de lo que han hablado mucho los Ripstein estos días: la verosimilitud del relato. No la verdad, no la realidad, la verosimilitud. Y en aras de esa verosimilitud en El asesino de los caprichos hay algún giro de guión arriesgado. 


(un oso simpático en el Zoo)
3
Aprovechando que estaba en Madrid, hice una cosa que hacía mucho tiempo quería hacer: ir al Zoológico. Me sorprendió como sorprendió a todos los que estaban conmigo que quisiera ir al Zoológico. Parece que nadie va al Zoo en estos tiempos. Nadie adulto, quiero decir, porque niños había montones y era extraordinario verlos descubrir que el ¡Rey León está vivo! No entiendo la manía que les ha entrado a los progres en contra de los Zoos. Si entiendo que se quiera acabar con Zoos insalubres para los animales, con espacios pequeños y descuidados, pero si el Zoo está bien y los animales tienen espacio y pueden vivir en buenas condiciones, es una fuente de placer, de alegría  y sobre todo, para los niños, de contacto con la naturaleza que esta tan lejos de su vida cotidiana. Tuve la suerte de coincidir con tres de los espectáculos educativos que ofrece el Zoo: el de los delfines, animales maravillosos e inteligentes, divertidos y muy cariñosos. Hay nueve delfines en el delfinario y parece que son muy felices. Luego vi un espectáculo de aves tropicales que volaban por encima de los espectadores. Era muy bonito. Y el tercero era con dos leones marinos que parecían divertirse mas que los espectadores. Supongo que los animalistas pensaran que es una explotación de los pobres bichos y que soy una inhumana por haber disfrutado viendo a elefantes, jirafas, osos y lémures en “cautividad”. Quizás, pero me parece que acercar a los niños (y a mas de un adulto) a los animales es casi tan importante como salvarlos (¿de quién?) Lo único que se tiene que exigir es que estén bien cuidados, en buenas condiciones ambientales y respetados. Lo mínimo que se puede pedir para cualquier ser vivo, sea humano o animal.


4
Otra de las cosas que hice fue ir a ver una de las muchas y excelentes exposiciones que hay en Madrid. Solo una, no tuve tiempo de mas, pero valió la pena. Es una exposición en el Palacio de Gaviria que se llama Brueghel. Maravillas del arte flamenco. Es una gran exposición, con cuadros de todos los Brueghel que son muchos mas que el que todos tenemos en la cabeza. Me gustó mucho, pero no solo por los cuadros, preciosos casi todos. Me gustó constatar que los cuadros flamencos de los Brueghel eran en realidad el cine del siglo XVI. Mientras en la Europa Católica la pintura y el arte estaba controlada por la nobleza y la iglesia y se dedicaba casi exclusivamente a servirles en forma de retratos imperiales o historia sagrada (lo que no quiere decir que no haya obras maestras) en los Países Bajos, dominados por el protestantismo y el calvinismo, tenían como objeto de la pintura a la gente común, eso que se suele llamar, el pueblo. Un pueblo que seguramente los burgueses que compraban esos cuadros no veían mas que de lejos y tapándose la nariz, pero que han quedado como representación de la vida y las costumbres de su tiempo. Son cuadros narrativos en los que se cuenta una historia. Hay que verlos con calma buscando todos sus rincones. Son cuadros llenos de cosas y de detalles que de repente te llaman, como en una película cuando de repente ves un objeto, un árbol, un vestido. Es un placer seguir esta magnífica muestra que no apabulla a pesar de tener muchas y muy importantes obras. Hay comedias, melodramas, tragedias, terror, crímenes y hasta algunas cosa que podíamos definir como “experimentales”. Son cuadros “normales” que dejan memoria de su tiempo desde la excelencia de su realización. Como el buen cine
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
La semana que viene volveré a hablar de series, lo prometo.




sábado, 5 de octubre de 2019

INADAPTADOS



(Phoenix da más miedo sin máscara que con máscara, es más cercano y reconocible)

Joker
“La podredumbre moral que lleva a Joker, un demente diagnosticado, a ser visto como un héroe habita también en la masa embriagada de furia. Los mismos que en una de las primeras secuencias dan una paliza simplemente porque sí al enfermo mental Arthur Fleck, antes de convertirse en el Joker, podrían ser los que lo adoran como mito en los últimos momentos. Es la conjura de la ira, desembocando en la irracionalidad de la masa. Es la complicación moral de una película formidable y retorcida.” Este párrafo de la crítica de Javier Ocaña en El País del 4 de octubre, me parece ejemplar para explicar esta película importante, imprescindible, insoportable. Cada época tiene los héroes que se merece y también los villanos que se merece. El Joker de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton del año 1989, era un histrión sin razones, un malvado porque si, producto de una sociedad amoral y sin escrúpulos abocada al triunfo de la banalidad y la estupidez que dominaron los años en los que mandaba esa gente tan antigua y olvidada que eran los yuppies. El Joker de Heather Lodger en El caballero oscuro de Christopher Nolan en el 2008, era mucho mas sombrío, peligroso, complejo, un anuncio de la crisis galopante que se nos venía encima y que sin duda él representaba. El Joker de Joaquín Phoenix en esta extraordinaria película de Todd Phillips es un producto de este tiempo de ruina moral y de ruina mental en el que la violencia es el caldo de cultivo para crear monstruos entre todos los que, manipulados de una u otra manera, son capaces de ponerse la máscara de un horrible payaso para aterrorizar a los que tienen al lado. Pero el Joker de Phoenix no sería una gran película solo por esta lectura político social. Lo es porque hace del realismo un instrumento del fantástico, todo es verosímil en la transformación en monstruo del hombre que ríe. Todo pasa en su rostro, en su cuerpo, en su mirada, mas que en su disfraz al que no recurre hasta el final, cuando llega el apoteósico encuentro con un Robert de Niro mayúsculo, capaz de sostenerle el tipo a un Phoenix en estado puro. Joker no es una película de superhéroes, no es una película de comic, no es un film para adolescentes. Gotham se parece demasiado a Nueva York o a Barcelona, o a cualquier otra ciudad de ahora mismo llena de ratas animales y humanas, el mundo que retrata y las gentes que pululan por sus calles y metros las encontramos cada día a nuestro alrededor y los manipuladores del pensamiento y las conductas los tenemos metidos en casa. Joker es una película para los tiempos de Trump, de Johnson, de Torra. No se la pierdan, aunque les duela, aunque les incomode, aunque les moleste.



(fotos de Daniel Sánchez Arévalo en el set de entrevistas en el Festival de San Sebastián)

Diecisiete
Para compensar del dolor y la furia de Joker, es muy saludable el contrapunto de esta comedia, o drama, o dramedia, pequeña, sencilla, hermosa e inesperada de Daniel Sánchez Arévalo. Estamos en las antípodas del Joker, aunque su protagonista también es un joven, el Héctor de diecisiete años, marginado de la sociedad, distinto, incapaz de comprender y asumir las injustas y absurdas leyes de una sociedad enferma. Pero la reacción de Héctor y sobre todo la de la película entera es muy diferente. Joker cae en el lado oscuro de un mundo sombrío, Héctor cae en el lado luminoso de un mundo limpio, en un paisaje lleno de belleza, donde la extraña comunidad de la caravana se lanza a la búsqueda de un tesoro: un perro llamado Oveja. Diecisiete reúne un cuarteto protagonista realmente insólito: Héctor, el adolescente que no entiende el mundo y es incapaz de relacionarse con nadie; su hermano mayor Isma, que intenta salvarle, ayudarle, enseñarle a querer y a entender; su abuela una mujer que no habla y solo utiliza una palabra para comunicarse, con la que es capaz de expresar todos los sentimientos posibles, y un perro de tres patas que se llama precisamente Taraparo, la única palabra que pronuncia la abuela. Esta extraña familia se embarca en una vieja caravana en busca del perro Oveja y en esos pocos días que pasan juntos, rozando situaciones absurdas con vacas amistosas, en espacios abiertos y luminosos, la comunidad logra transmitir una sensación de paz, de armonía en la que la sonrisa nunca te abandona a pesar de que lo que está contando (no quiero ni pensar lo que habría hecho Ken Loach con este argumento) es muy duro y complicado. En los seis años que lleva sin hacer una película larga, en los que ha explorado la literatura, el mundo del corto, la publicidad, Sánchez Arévalo ha depurado su estilo lo ha limpiado de barroquismos, lo ha hecho más sencillo y con ello ha ganado en todos los sentidos. Una película feliz para contrarrestar los tiempos de cólera en los que vivimos.



(árboles de Ramon en llamas)
Lo que arde
Esta semana no hay Rincón de las series porque quiero hablar de una película que se estrena la semana que viene, el viernes dia11 que no estaré en Barcelona. Me parece tan importante, al menos para mí, como para no dejarla pasar. Así que, contra mi costumbre, me adelanto al estreno y hablo de Lo que arde, de Oliver Laxe.
A veces te encuentras con películas que son como ocnis, objetos cinematográficos no identificados. Lo que arde es uno de ellos. Aparentemente es un film realista, casi un documental, sobre la vida de un hombre, Amador, un pirómano que al salir de la cárcel vuelve a su pueblo. Aparentemente es un relato sencillo sobre la dificultad de Amador de relacionarse con los demás, su deseo de soledad, su incomodidad en ese monte gallego y en esa aldea perdida del Lugo profundo, moviéndose entre sus tres vacas, su perra Luna y su madre Benedicta, una mujer arraigada en la tierra, que no hace preguntas. Eso es aparentemente, pero ya desde el inicio, con ese magnífico plano de árboles mecidos por el viento en un bosque que no parece real, jugando con el sonido y la luz, Laxe nos sitúa en un mundo fuera del mundo. Amador es casi un extraterrestre llegado de otro planeta; su madre Benedicta es una mujer que encierra toda la sabiduría del pasado y del futuro y el bosque, el bosque es el refugio donde los dos esconden su incapacidad de entender este mundo. Todo es de una gran armonía en este film sencillo y hermoso. Todo encaja, todo progresa como ese impresionante incendio en el que el director y su equipo se mete hasta lo mas profundo para filmar la belleza de la destrucción, las llamas hipnóticas que lo devoran todo en un final que si evoca algún recuerdo es el de las palmeras ardiendo en Apocalipsis Now. Si, Lo que arde es un ocni. Sin duda. Para unos un relato etnográfico de corte documental; para otros una denuncia de la especulación del suelo provocada con los incendios; para mí, una onírica experiencia sensorial a través de la imagen y el sonido que debería verse en pantalla grande, muy grande, para apreciar todos los matices de la belleza que muestra.
 ----
Buscando un titulo para esta entrada acabo de darme cuenta de que las tres películas hablan de seres inadaptados, incapaces de vivir en la sociedad ante la que reaccionan de distintas maneras. Hay algo en común entre Arthur, el Joker, Héctor el adolescente y Amador el pirómano. Ninguno de los tres soporta el mundo en el que les ha tocado vivir.

domingo, 29 de septiembre de 2019

DONOSTIA/SAN SEBASTIAN



(la de la coleta soy yo; la entrevistada es Belén Funes, la foto es de Marta Armengou)

He vuelto a San Sebastián, al festival. Ha sido estupendo. Hacía dos años que no venía y son ya doce los que han pasado desde que dejé de trabajar aquí. Tenía ganas de volver, aunque confieso, que también me daba un poco de miedo. Ni yo, ni el festival, ni la ciudad somos los mismos. Pero ha salido todo bien. Me he reconciliado con la ciudad, he recuperado el festival y también he descubierto que yo misma puedo ser muchas cosas. Donostia ha cambiado mucho, no solo desde los años de plomo en los que yo trabajaba aquí, también en estos dos últimos años en los que por distintas razones no he venido. Tengo la sensación de que han abierto las ventanas. Entra aire fresco, hay luz por todas partes. Claro que eso tiene sus inconvenientes, hay muchas más moscas y mosquitos (turismo) que nunca. Pero de verdad, prefiero los mosquitos a las arañas que pululaban por aquí en medio de la oscuridad. Sanse está bonita, más que nunca y espero que siga así. Aunque hay algunos nubarrones que amenazan con volver a cerrar las ventanas y que regresen las arañas, confío que la vitalidad de la ciudad sea capaz de evitarlo. En cuanto al festival, ha crecido tanto que casi no lo reconozco. Bueno si, porque su esencia es la misma: películas para el público y películas para los cinéfilos. Fiesta, una fiesta con todo: estrellas, alfombra roja, retrospectivas, este año el mexicano Roberto Gavaldón, películas arriesgadas en Tabakalera, un gran centro cultural para la ciudad, películas bonitas, también feas, hay que decirlo. En una programación de tantas secciones y tantos títulos, hay de todo. Tal como es ahora mismo San Sebastián, es imposible abarcarlo en su conjunto. Hay que seleccionar, hay que escoger. Yo, como todos, he tenido que hacerlo y en los cinco días que he estado aquí he visto 22 películas. No está mal. Ya iré hablando de ellas a medida que se estrenen. Me ha gustado mucho reencontrarme con gente con la que estive trabajando diez años y que a pesar del tiempo pasado, siguen recibiéndome con los brazos abiertos. Es una gran sensación, la de haber dejado atrás una cierta huella, al menos en algunas personas. Esto ya es personal, pero me ha gustado mucho ver que la hija de una de mis compañeras, a la que yo conocí cuando precisamente estaba embarazada de ella, ya está trabajando en el festival. De pronto, la vida se materializa, el tiempo toma sentido. Han pasado más de veinte años, pero aquí estamos todos, en nuestro sitio. Y yo en uno que me ha divertido mucho y que me ha hecho sentirme muy bien. Porque este año he vuelto al festival como crítico de cine, como periodistas, haciendo entrevistas para un programa de televisión. La primera vez que vine a San Sebastián en el lejanísimo año 1985, fue como parte de Cinema 3, con Jaume Figueras. Y ahora, 35 años después, vuelvo con otro programa de televisión, La Cartellera de BTV, con Marta Armengou. Cerrar un circulo, no sé si para siempre o aun dará otro giro la espiral de mi relación con San Sebastián, ha sido muy bonito. Sentirme otra vez periodista, vivir los pases de prensa desde el lado del que mira y no del que hace mirar, me ha hecho mucho bien. Escribo estas líneas poco antes de coger el tren de vuelta a casa. Por eso no me voy a extender en las películas que he visto, ya lo haré en su momento, pero era importante  para mi reconocer estos cambios. Gracias Festival (y por festival ellos saben a quién me refiero).


(Wang Xiaoshuai entrevistado en Donostia por Marta Armengou, la foto es mía)

Hasta siempre, hijo mio
Solo voy a hablar de una película de las que se han visto aquí, porque se estrena esta misma semana. Es el film chino Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai. Llevo varias semanas hablando de los chinos. Pero es necesario, porque en el gran gigante asiático están haciendo un cine muy bueno. Después de la belleza sin par de ZhangYimou, de la fuerza  impresionante de Jia Zangkhe, del experimentalismo formal de Bi Gan y de la desesperanza de Hu Bo, Hasta siempre hijo mio se presenta como un espléndido ejemplo de melodrama lleno de humanismo. La historia abarca treinta años de la vida de dos familias. Empieza en 1986 y dura hasta ahora mismo. Es una película rio, no como nuestros ríos, esta es como el Rio Amarillo: largo, inmenso, avanza con lentitud pero de forma segura, hermosa en su grandeza. A través del drama que viven los protagonistas, Wang Xiaoshuai nos deja ver el drama de los grandes cambios que ha sufrido esa sociedad. La estructura es muy interesante, porque no es un film lineal, es un puzle de épocas y situaciones que se mueve a partir de un punto central, la muerte del hijo, para ir hacia delante y hacia atrás. Empieza con unos niños jugando en la orilla de un lago. Los efectos frustrantes y destructivos de la Revolución cultural de los años 60 condicionan la juventud de los personajes a los que encontramos en 1986, sufriendo la intransigente política del hijo único y la adhesión incuestionable al partido de los duros años de la dictadura de Deng Xiaoping y poco a poco vamos viendo la transformación de la sociedad hacia un capitalismo comunista y deshumanizado. Este melodrama es un retrato triste y emocionante de una sociedad que evoluciona, pero nunca cambia en su absoluto desprecio de la vida de los seres pequeños que son las personas. Historia de una pérdida, de una mentira, de una culpa que corroe y que debe ser expiada, de perdón y de humanidad. Lo mejor del trabajo del director es haber sido capaz de mostrar todos estos cambios en el paisaje, la ciudad, y el rostro de sus personajes, sin recurrir al maquillaje, las pelucas, el decorado. La luz conforma los tiempos y las actitudes y movimiento de los actores, informan del envejecimiento de los personajes, trabajo espléndido que les valió a Yong Mei y Wang Jingchun los Osos de Plata de interpretación en el Festival de Berlín. Hasta siempre, hijo mío, como todas las películas de Wang Xiaoshuai, está construida para combatir un proverbio chino que se ha convertido en dogma en la China contemporánea: “Mira hacia delante y olvida el pasado”. Para el director es muy importante no olvidar nada, hay que saber enfrentarse a los errores cometidos (como persones, como países, como sociedades) para intentar no repetirlos. Negarlos no es una solución, esconderlos no es una solución, olvidarlos no es una solución. Quizás por eso su cine es tan clásico en sus formes y tan potente en su discurso.





sábado, 21 de septiembre de 2019

DOWNTON ABBEY



Hay semanas que resulta muy fácil escribir en el blog, otras es mas complicado, hay que buscar un tema. Esta es de las fáciles, y de las bonitas y de las que alegran la vida. Porque con la que está cayendo en Barcelona (y no la lluvia), en España (y no las inundaciones) y en el mundo (y no los huracanes) es muy importante encontrarte con una película feliz, hermosa, serena, llena de dignidad, de respeto, de humor y de belleza. Vaya me ha salido una frase larga y un poco cursi. Pero la verdad es que Downton Abbey es un remanso de paz en el panorama de los estrenos semanales. Soy consciente de que hay muchos fans de la serie, como también sé que hay mucha gente que nunca la ha visto. Pero tranquilos. Los fans (o al menos yo) sentirán que han vuelto a casa (la casa) a reencontrarse con viejos amigos a los que tenias ganas de volver a ver. Los que no la han visto descubrirán un mundo, unos personajes, un paisaje, una casa, donde cada habitante funciona gracias a que todos se engarzan unos a otros y todos encajan en su pequeño espacio como una de las preciosas joyas que luce cualquiera de las ladys de Downton Abbey. Preciosa, esa es la palabra que mejor le pega a la serie y a la película que se acaba de estrenar. Pero hay mucho mas en esta historia de amos y criados. Hay una reivindicación de un mundo que ha desaparecido del todo, especialmente en Inglaterra sumida en la estupidez y la miseria del Brexit. En Downton Abbey, en cambio, hay una conciencia de casa, no de clase. Y esta conciencia de casa es solidaria y transversal, es universal antes que segregadora. Todo sucede durante la visita real a Downton Abbey. Estamos en 1927, la familia Crawley, en el amplio sentido de la palabra familia, ha seguido su vida desde donde los dejamos. Pero el anuncio de que el Rey Jorge V y la Reina Mary se alojaran en la casa produce una auténtica conmoción. Todos a una se conjuran (nunca mejor dicho) para que la visita sea un éxito. Y en esa conjura encuentran una solidaridad que no imaginaban: de repente, los Crawley dejan de ser la cima de la pirámide y se dan cuenta de que hay alguien por encima de ellos. Y eso les hace entender mucho mejor el mundo nuevo que comienza a forjarse en la agradable campiña inglesa que rodea la mansión. En el fondo este súper episodio de dos horas, es una especie de regalo para todos. Los creadores que querían volver a su universo, los actores que añoraban un reencuentro y los espectadores que a pesar de que la sexta temporada de la serie se cerraba muy bien, sentían que faltaba algo: un baile final como de cuento de hadas y un tranquilo paseo final que nos deja con el gusto de haber dicho adiós (o hasta luego) a Downton Abbey. (si no han visto la serie, está disponible en Amazon).


Plous o fas sol
Downton Abbey es una serie y una película que hace sol. Me explico. En catalán hay una canción infantil muy popular que dice Plou i fa sol i els nuvols es pentinen. Llueve y hace sol y las nubes se peinan. Pero Plous o fas sol, es otra cosa, se puede traducir por Llueves o haces sol, y es el título de un precioso libro infantil de mi hermana Mireia Vidal con ilustraciones de Anna Font. Llueves o haces sol, la verdad es que es una idea estupenda que va mucho mas allá del cuento. La vida está hecha de momentos en los que llueves y momentos en los que haces sol. Hay personas que llueven de una forma tenaz, y provocan nubarrones a su alrededor, hay otras que, en cambio, hacen sol y transmiten luz. Pero casi todos somos las dos cosas incluso en un mismo día. Lo que cuenta este bonito cuento, lo explica muy bien. Todo lo que haces, todo lo que dices, tiene consecuencias en los demás. No vivimos aislados y si cuando llueve se mojan los zapatos de la zapatería del señor Wang, puede ser que su malhumor vaya encadenando una serie de “lluvias” que molestan a unos y a otros sin darse ni cuenta, hasta que de pronto, alguien hace sol y empiezan a pasar cosas buenas. Plous o fas sol? Está bien preguntárselo y no solo respecto a uno mismo, también respecto a todo, la política, el trabajo, los amigos y, desde luego, el cine. Downton Abbey, sin ninguna duda, es una película que hace sol. El libro de Mireia y Anna, también. ¡Felicidades a las dos!

Una buena amiga mía me ha mandado un mail diciéndome que la letra de la canción infantil que cito está mal. En realidad dice Plou i fa sol i les bruixes es pentien. Es decir las brujas, no las nubes. Gracias por avisarme, aunque la verdad es que me gusta mucho lo de las nubes peinándose¡¡

*******
No he visto Ad Astra todavía. En cuanto la vea,escribiré de ella.

sábado, 14 de septiembre de 2019

ADULTERIOS



(este cuadro abstracto de Ramon de alguna manera me hace pensar en los adulterios y sus complicaciones)
Esta semana estreno y serie van de la mano. Las dos tratan de adulterios; las dos son muy interesantes; las dos son muy distintas. No solo por el lugar donde pasan, también por el tipo de personajes que retratan y las muy distintas consecuencias que tienen sus respectivas infidelidades, en ellos y en los que les rodean.
La película: Los informes sobre Sarah y Saleem
El hecho de que esta película sea palestina ya la hace distinta. El que trate de un adulterio en un lugar donde normalmente se habla de guerra y de resistencia, aun la hace más distinta. Sobre todo porque, a pesar de no ser un film abiertamente político, Los informes sobre Sarah y Saleem dan más información y hacen un retrato más fiel de lo que pasa en ese espacio no privilegiado del mundo: la ciudad dividida de Jerusalén. El film lo dirige un palestino que ha decidido volver a su país para hacer cine con y para los palestinos. Eso no significa hacer cine en el que los malos son los judíos y los buenos somos nosotros. No. Para Muayada Alayan y su hermano Rami que firma el guión, las cosas no son tan simples. Los dos Alayanes han contado con la colaboración de actores palestinos y judíos que se han metido de lleno en esta historia que no es exactamente de amor, pero tampoco cabe entenderla como una metáfora, es un melodrama, pero también un thriller y cine de espías: todo junto. Sarah es una mujer judía, vive en Jerusalén Oeste, tiene un café, está casada con David, coronel del ejército y tiene una hija. Saleem es palestino, es repartidor de una panadería, está casado con Bisan una joven embarazada, vive en Jerusalén Este en una casa de la familia de Bisan. Cuando los conocemos, Sarah y Saleem ya están metidos en su historia, un adulterio mucho más complicado de lo normal al ser una judía y un palestino y tener lugar en una ciudad dividida, con controles policiales constantes. Ellos lo viven con cierta alegría, aunque son conscientes de lo que arriesgan. Hasta una fatídica noche en que intentan ir un poco más allá  y se dejan ver en un bar de Belén. Y ahí empieza todo el lio. Todo sucede por un cúmulo de errores: una estúpida pelea da lugar a una denuncia que se resuelve con una mentira que a su vez da origen a una detención y acusación en una espiral de destrucción kafkiana que encadena las situaciones en una estructura de tres partes: el incidente, dominado por la pareja protagonista; el contexto familiar, donde crecen las figuras de David y Bisan; las consecuencias en todos los implicados, en la que son importantes la abogada de Saleem y el hermano de Bisan. Lo mejor de todo es que la película nunca juzga a sus personajes ni toma partido por ninguno de ellos. Deja que el espectador los siga en sus reacciones  y comprenda porque mienten, traicionan, o engañan, mientras nos descubre y acerca a una realidad que estamos acostumbrados a ver en los telediarios sin pensar mucho que la gente que vive en esos territorios ocupados y divididos, son personas absolutamente normales que sobreviven en un mundo asfixiante que los tiene prisioneros del miedo, y lo que se considera políticamente correcto. Los informes de Sarah y Saleem ayuda más que muchas informaciones y análisis a entender ese extraño lugar que forman en un adulterio permanente Israel y Palestina. Y deja un rayo de esperanza en los rostros de las dos mujeres protagonistas,  Sarah y Bisan.

EL RINCÓN DE LAS SERIES

The Affair
El mismo título de esta serie ya justifica porque está en esta entrada. El affaire, el asunto, el adulterio, la infidelidad. Pero solo por esto no la habría traído aquí. The Affair es una serie que se puede ver en Movistar. Empezó a emitirse en 2014 y lleva cinco temporadas. Confieso que solo he visto dos, no por falta de ganas, por falta de tiempo (¡ver series es un trabajo que requiere muchas horas!). Pero la primera sobre todo, la segunde un poco menos, me gustó mucho. The Affair pasa en Montauk, un pueblo costero del estado de Nueva York donde acuden a veranear muchos intelectuales neoyorquinos. Algo debe tener este lugar que hace que afloren las pasiones. Volker Schlondorf situó allí su película Regreso a Montauk, que también habla de un adulterio, y es en sus hermosas calles y playas donde Noah y Alison viven su historia de amor adúltero. Noah es escritor, está casado,  tiene cuatro hijos, adora a su familia pero detesta a su suegro, un escritor mucho mas famosos y rico que él. Alison es camarera en uno de los restaurantes del puerto, está casada con Cole, ambos tenían un hijo que murió trágicamente y detesta a la familia de su marido con los que vive. Ambos encuentran uno en el otro algo que ni siquiera sabían que estaban buscando y se adentran en esa relación sin calcular las consecuencias. Pero lo más interesante de la serie, al menos de la primera temporada, es como está contada. El relato se narra desde el presente, cuando la historia de Noah y Alison ha sucedido hace mucho. Desde ahí, uno y otro hablan de lo que pasó, tomando el punto de vista de Noah en la primera parte de cada capítulo y el de Alison en la segunda parte del capítulo. Los dos recuerdan las  mismas situaciones, pero lo hacen de manera muy diferente, como supongo hacemos todos cuando recordamos siempre desde nuestra perspectiva y esa perspectiva no tiene porque ser la del otro. Si el artefacto funciona es en gran parte por los actores que le dan vida. Noah es Dominic West, el protagonista de The Wire; Alison es Ruth Wilson, una joven actriz inglesa a la que hemos visto hace poco en Mrs Wilson. Sus personajes son el mismo y son otro cuando cada uno recuerda lo que pasó. Cambian sutilmente, casi sin darte cuenta, gracias a una interpretación llena de matices distintos. También hay crimen sin resolver que los involucra, pero es más un pequeño hilo argumental para enlazar los episodios y justificar la investigación que los hace hablar de su historia de infidelidad. The Affair es una serie que vale la pena. Prometo ver las tres temporadas que me faltan. Me han entrado ganas escribiendo de ella.







sábado, 7 de septiembre de 2019

HORRORES


Tres películas de esta semana se pueden encuadrar en el marco del horror. Una es de horror cotidiano y familiar; otra es de horror como género y la tercera es un horror encarnado en un personaje odiado.


(los auténticos Ray y Liz  fotografiados por su hijo en 1996)
Ray & Liz
Ray & Liz es la película más importante de esta semana. No la mas alegre desde luego. Esta sórdida historia tiene dos alicientes, uno extra cinematográfico: se trata del relato autobiográfico del director y fotógrafo Richard Billingham que adapta sus propias memorias de infancia, cuando vivía en las afueras de Birmingham con sus padres y su hermano pequeño Jason. Otro cinematográfica: la manera que ha escogido el autor para mostrar este submundo de miseria moral y económica en lo que se conocía como Black Country, la zona industrial de los Midlands en la Inglaterra thatcheriana de los años 80.  Planos largos, casi estáticos, ambientes y colores que podemos reconocer de sus fotografías, diálogos concisos, imágenes que se quedan en la memoria  por su sordidez pero también por su realismo y, porque no, por una cierta ternura. El film se estructura en tres partes, una, la que sirve de enlace del conjunto, es la historia del viejo Ray, el padre alcohólico de Richard y Jason, encerrado en una habitación de la que nunca sale. La otra, la de su tío Laurence, es la más patética, la más triste, la que tiene mayor desesperanza, La tercera se centra en su hermano pequeño Jason. En ese lóbrego piso lleno de animales absurdos, con una madre gorda adicta al tabaco y a los puzles y un padre alcohólico al que nada le importan sus hijos, sobreviven como pueden Richard y su hermano Jason que conseguirá salir de allí cuando lo manden a vivir con una familia de acogida dejando solo a Richard. Es terrible la imagen del adolescente Richard diciendo: “¿no me puedo ir yo también a vivir a otra casa?”. Richard se quedó y consiguió superar ese entorno gracias a la pintura y sobre todo a la fotografía. Heredera del cine de Terence Davies, Ray & Liz nada tiene que ver con Ken Loach o Mike Leigh. Probablemente porque Richard Billingham sí conoció en primera persona el mundo que describe mientras que los otros lo han mirado siempre desde fuera, desde ambientes muy alejados de los barrios obreros y degradados que han retratado. Ray & Liz es un film que vale la pena ver con la mirada abierta para no caer en los simplismos de buenos y malos, hay mucho mas en ella que la  denuncia de una sociedad injusta.


(no puedo negar que me gusta Stephen King)
It Capitulo 2,

Adaptación de la segunda parte del magnífico libro de Stephen King, esta no es, desde luego, una magnífica película. Al contrario. Sus casi tres horas de duración se hacen interminables después del tercer susto del payaso saliendo de la caja. Me parece mucho más recomendable dedicar tres horas a leer It que a perderlas viendo esta película que nada aporta a la obra de King ni al cine de terror. Cuando se estrenó el primer It en 2017 escribí en el blog:
“… It, al contrario de La torre oscura, intenta ser fiel a la historia aunque lo haga limitándola a la infancia de los protagonistas. Como cine de terror funciona bastante bien, con su alternancia de sustos, gore, secuencias de enlace pausadas, quizás las mejores gracias al grupo de niños que, como los de Cuenta conmigo, seguro que tendrán futuro en la pantalla. El problema para los que hayan leído la novela, es que deja de lado todo el trasfondo histórico y político de la ciudad de Derry, epicentro del mundo de King, con lo que se pierde buena parte de su interés. Pero en cambio consigue que el payaso asesino, Pennywise, sea realmente terrorífico y que el uso de los terrores particulares de cada niño funcionen como condensadores del miedo colectivo. Payasos y miedo, son dos de los elementos que conectan It con la realidad. Payasos malvados que utilizan el miedo de los ciudadanos para pasar por encima de los derechos más elementales, dejando de lado cualquier respeto por lo que piensan los demás y, lo que es peor, hacerlo en nombre de todos. El Pennywise de King no sale de la nada. Tampoco los Pennywise de un mundo que es caldo de cultivo de  estos payasos malvados.(Cada uno que busque sus personales Pennywise: hay para todos).”
Dos años después sigue habiendo payasos malvados con pelambreras rubias y adictos a productos de la tierra, pero la verdad es que en esta segunda parte se ha perdido incluso la capacidad de asustar de Pennywise. No hay momentos de pausa, los sustos, gritos y escenas de gore, se encadenan sin dejar espacio a la reflexión y desde luego, se ha evaporado cualquier sentido crítico o evocación de los miedos que están en el origen de la apaición de It/Eso. Eso que nos da miedo decir, pensar, hacer. Una lástima desde luego y solo hablo de ella para recomendar que lean el libro de Stephen King, que como ya saben los que me siguen, es uno de mis escritores de cabecera.


Intocable
Se trata de un documental sobre la figura de Harvey Weisntein. No lo he visto, así que me limito a citarlo entre los horrores de la semana por lo que se sabe del personaje que dio origen al movimiento MeeToo. Una historia de horror real.

EL RINCON DE LAS SERIES


Mindhunter
Es quizás la mejor serie criminal de la televisión en este momento. Bueno, a lo mejor no, hay tantas que es imposible saberlo. En todo caso es una de las mejores. Se puede ver en Netflix y de momento hay dos temporadas. Si nos fijamos en sus directores entendemos porque es tan interesante: David Fincher (Zodiac y Seven con las que tiene mucho que ver), Carl Franklin (House of cards o The Newsroom), Asif Kapadia (los documentales sobre Senna o Amy Winehouse). Está ambientada en el año 1977 y se basa en el libro Mind Hunter: Inside FBI's Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas que cuenta cómo y porque se creó esta división del FBI dedicada al estudio y análisis de la mente de los más grandes asesinos en serie de Estados Unidos. Los protagonistas son dos agentes especiales antagónicos, el práctico Bill Tench, hombre sólido y con los pies en el suelo y el solitario y muy intuitivo Holden Ford. Junto a ellos la psicóloga Wendy Carr completa el pequeño equipo investigador. La primera temporada tiene 10 capítulos en los que los agentes se entrevistan con algunos asesinos encarcelados con una especial atención al temible Ed Kemper. La segunda temporada, de 9 capitulos, es ligeramente distinta. Los agentes se centran más en un  único caso, el asesinato de una veintena de niños de color en la ciudad de Atlanta que obsesiona a Holden hasta hacerle dejar todo lo demás. Mindhunter supera con  creces el síndrome de la segunda temporada al plantear mismos personajes, mismo punto de partida, pero un desarrollo completamente distinto con mayor atención a la vida privada de Tech y Wendy y menos a los asesinos, aunque se permite una curiosa aparición de Charles Mason, quizás recordando que hace ahora 50 años de los asesinatos de Sharon Tate por parte de la familia Mason. Mindhunter es una de esas series muy recomendables para todos: los que les gusta el cine negro, los que les gusta el cine retro y los que, simplemente, les gusta el cine. Espero que pronto llegue una tercera temporada. (¿para cuando una Mindhunter en la mente de los políticos locales y del mundo exterior?).