sábado, 9 de noviembre de 2019

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN



(una estación de tren siempre es promesa de una aventura)

Este es el  título de una excelente novela de Antonio Orejudo publicada el año 2000. También es el título de una película que se estrena esta semana, opera prima de Aritz Moreno. Ventajas de viajar en tren es un film inesperado, sorprendente, absurdo y divertido. Y muy crítico. Todo empieza con una inocente pregunta, la que le hace un pasajero a la mujer que se sienta delante de él “¿Le apetece que le cuente mi vida?” La mujer dice que sí y así empieza un laberinto de historias que se abren a otras historias, se pierden en otras historias y acaban por volver a la historia del principio, la de la mujer que responde que sí a la inocente pregunta. Mientras tanto, hemos asistido a un desfile de situaciones, personajes y espacios que abarcan un catálogo completo de perversiones y manías en una espiral delirante que escritor y director cierran porque en algún sitio hay que cerrar. Creo que solo alguien muy atrevido podía adentrarse en este mundo de mundos sin miedo a caer en el ridículo. Seguramente la inconsciencia y el valor de hacer una primera película han sido las mejores bazas para que Aritz Moreno se propusiera adaptar esta novela con guión de Javier Gullón y hacerlo con gran éxito. Y con la colaboración de un grupo de actores estupendos. Ernesto Alterio como un psiquiatra que necesita otro psiquiatra; Luis Tosar como soldado/basurero (en ambos caso recoge basuras); Quim Gutiérrez como amante de los perros y sobre todo de las perras; Belén Cuesta como hermana imaginada; Pilar Castro como pasajera del tren y centro indiscutible de una de las historias. Y hay mas. Pero ya los descubrirán. Ventajas de viajar en tren no deja indiferente. Te gusta o no te gusta. A mí si me gusta.

De hecho, hay muchas ventajas de viajar en tren.



Ventaja 1: mirar el paisaje, por ejemplo el de Vilafranca del Penedès, con sus viñas otoñales y tranquilas donde esta semana ha comenzado un festival muy peculiar. Se llama Most Festival Internacional de Cinema del Vi i el Cava. Ya lo conocía, pero este año he tenido ocasión de vivirlo al ser miembro del jurado que otorga los premios. Cuando accedí a formar parte de este jurado no podía esperar que me iba a interesar y a divertir tanto. Las ficciones eran ingeniosas, los spots bonitos, pero sobre todo los documentales me han descubierto un montón de cosas que no sabía del mundo del vino. Nunca habría imaginado que hubiera viñas que vienen de las viñas salvajes de Estados Unidos prohibidas en Europa y que los que las cultivan clandestinamente fueran auténticos rebeldes contra el sistema. Tampoco sabía que había uvas que se sumergen en el mar antes de convertirlas en un vino súper especial. Ni todo lo que se esconde detrás de algunas DO, una especie de mafia de las denominaciones de origen contra la que muchos viticultores se rebelan o quieren cambiar. Desconocía por completo la historia de la industria del vino de Jerez, con su ascensión, éxito y fracaso a lo largo del siglo XX. Y no podía pensar que en las Islas Azores se cultiva una viña y se hace un vino que escapa a cualquier definición y control, un vino libre hecho de una manera, no solo artesanal, sino ancestral. He aprendido muchas cosas que me han hecho mirar las viñas de otra manera y apreciar mejor un buen vino después de conocer el inmenso trabajo que hay detrás para hacerlo. Ha sido una gran lección.



Ventaja 2: leer un libro, por ejemplo ¡Me cago en Godard! de Pedro Vallín. Confieso que el libro me atrajo por dos cosas. El autor, al que leo en sus crónicas políticas en La Vanguardia, y el título con el que me sentí identificada aunque nunca lo he expresado con tanta contundencia. La tesis de Vallín es muy sencilla: el cine americano es de izquierdas, el cine europeo es de derechas, (con excepciones, claro). Es una tesis provocadora y muy estimulante que el autor desarrolla, expone y razona en la primera parte del libro, brillante y cargada de verdades con las que desnuda el pensamiento único dominante. Leyéndolo, vemos que mas que cagarse en Godard, lo que hace es explicar porque cree (y fundamenta) que el cine de Hollywood es mucho mas progresista que el europeo. Las reflexiones de Vallín van mas allá del cine y se adentran en el arte en general cuando afirma que “El Arte hoy es un enigma en el que el plebeyo a menudo se pierde pues todos sus signos son un arcano indescifrable para el común de los mortales. Está lleno de mensajes en código, de modo que solo un miembro del endógamo mercado en que opera puede desencriptarlo”. O cuando explica el nacimiento de las vanguardias desde un punto de vista de clase. O cuando encuentra en la historia y en la geografía las razones que justifican la lejanía de uno y otro cine. O por qué las películas de Hollywood son “productos” mientras que las europeas son “creaciones”. Es un placer leerlo asintiendo muchas veces, preguntándose si es cierto lo que cuenta o discutiendo con él en silencio. La segunda parte del libro es menos brillante, se centra mas en ejemplos que ilustren sus tesis y eso siempre es menos divertido. Pero sigue siendo provocador y te genera las ganas de hacer tus propias listas que corroboren (o destruyan) sus criterios. Solo hay una cosa que echo en falta. Vallín utiliza para sustentar sus tesis dos elementos: los argumentos, es decir lo que se cuenta, y la producción, es decir cómo se hace. Pero deja de lado el lenguaje cinematográfico propiamente dicho, la capacidad de crear imágenes visuales potentes que también es algo importante y sustancial del cine. Pero eso es posiblemente tema de otro libro. Lo mejor es leer ¡Me cago en Godard! ya sea para enfadarse con él, ya sea para compartir sus ideas.



Ventaja 3: nunca te encontraras con Las niñas bien de la directora mexicana Alejandra Márquez que, por supuesto, jamás pondrían los pies en esa cosa tan poco elegante como es un tren (sobre todo en México). Pero que no las encuentres en el tren no es motivo para no ir a verlas en el cine y disfrutar con sus desgracias de niñas ricas que no saben vivir de otro modo. Son las niñas popof de la alta sociedad mexicana, burguesas acomodadas e inútiles, clasistas y racistas condenadas a desaparecer, que la directora observa sin crueldad, como personajes de un pasado lejano que ya no existe arrollado por la crisis y la modernidad. Las niñas bien es un film  impecable visualmente, con unas localizaciones y una ambientación perfectas, que se ve con la sonrisa congelada al observar la decadencia moral y material de estas mujeres que creyeron tenerlo todo. Y que, por supuesto, nunca viajarán en ningún tren.


(lo que queda del muro, memoria en piedra)

Ventaja 4: cerrar los ojos y recordar un hecho importantísimo que sucedió hace treinta años: la caída del muro de Berlín. Yo estuve allí. Casi en directo. Menos de un mes antes, estaba en Berlín como jurado de lo que entonces se llamaban Premios Félix, que la recién fundada Academia de Cine Europeo otorgaba por segunda vez. La experiencia fue extraordinaria, pero una de las mejores cosas fue darnos cuenta de que el mundo estaba cambiando. Escribí de esto en el libro La vuelta al mundo en 20 festivales. Lo copio aquí porque me sirve para recordar ese hecho extraordinario: “La ciudad vivía uno de sus momentos más importantes históricamente. La caída del muro parecía inminente, todo el mundo estaba excitado. Una noche Aina Bellis, secretaria y alma de los Félix, me llevó a pasear por Kreuzberg. Caminamos mucho rato junto al muro, contemplando los grafittis y entramos en la famosa iglesia de Marianemplatz cuyos muros formaban parte del Muro. Fue un paseo magnífico que acabó en una pequeña taberna bebiendo vino. Ni una ni otra podíamos imaginar que esa iba a ser una de las últimas oportunidades de ver el muro. Poco menos de un mes más tarde, el símbolo de la Guerra Fría desaparecería para siempre. Pero aún tuvimos tiempo de vivir una jornada histórica. Impulsados por Donner, fuimos a Berlín Oriental el día que Gorbachov presidía un gran desfile patriótico junto con Honecker. Pasamos por Checkpoint Charlie con cierto temor (Jörn Donner era miembro del parlamento finlandés y podía tener problemas diplomáticos), pero una vez en la zona oriental nos dimos cuenta de que habíamos llegado a una gran fiesta. La contradicción entre el desfile oficial con las banderitas y los niños uniformados y los grandes grupos de jóvenes que se manifestaban por su lado exigiendo cambios radicales, producía un cierto vértigo. Llegamos hasta la famosa avenida Unter den Linden donde se congregaban las fuerzas de seguridad y alcanzamos a ver y oír a Gorbachov en un discurso que iba a hacer historia. Fue la última vez que Honecker apareció en público. El mundo estaba a punto de dar un giro radical. Tras casi cuarenta y cinco años de guerra fría, de política de bloques, de espías y de ideologías opuestas, la caída del muro de Berlín se iba a llevar por delante, no sólo las piedras que lo sustentaban, sino una manera de entender la sociedad.” Hoy, 9 de noviembre, se cumplen 30 años de ese día especial en que Europa empezó a unirse. No por mucho tiempo, como vemos con temor y tristeza a la vista de los pujantes nacionalismos populistas que nos acechan. Pero no nos dejemos abatir. La ventaja de viajar en tren es que puedes abrir los ojos y ver que el mundo sigue adelante. Con sus gentes que van a trabajar y que quieren vivir. En paz si es posible.
Una última ventaja de viajar en tren. Si estás de viaje no tienes que pensar a quien votarás: ¡felices votaciones a todos!







sábado, 2 de noviembre de 2019

OCULTOS



(¿un hombre oculto de Ramon?)
Esta semana solo destaco una película: La trinchera infinita, de Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, con guión de Luiso Berdejo y Goenaga. Para los que no se acuerden, los directores vascos son los autores de la estupenda Loreak y de la extraña Handía, dos películas profundamente arraigadas en Euskadi. Esta es la primera sorpresa de este film: tres vascos rodando una historia que pasa en Andalucía. Sorpresa relativa, porque aunque esté ambientada en un pueblo malagueño, la historia de La trinchera infinita podía suceder en cualquier sitio. De hecho sucedió en muchos lugares de España donde las rencillas y envidias ancestrales, que tantas muertes terribles produjeron en los pueblos y ciudades más pequeñas, tuvo como consecuencia la aparición de los topos: personas que al acabar la guerra civil se escondieron en sus casas en zulos, o habitaciones cerradas, ocultos de sus vecinos por miedo a las represalias. Los topos salieron a la luz en 1969 cuando se ofreció una amnistía general de los delitos cometidos antes de 1939 y fueron estudiados y nombrados por primera vez en 1977 en un libro de los periodistas Manuel Leguineche y Jesús Torbado. Pero antes de este libro, el cine ya se había interesado en estas historias en una película inclasificable, tan oculta como el hombre oculto que retrata. Este fue el titulo que Alfonso Ungria le puso a un film que descubría la realidad de estos topos invisibles, no solo en el cine, también en la sociedad. Blanco y negro, cine abstracto, un poco casposo en palabras de su director, El hombre oculto tenía mucho sentido del humor y una fina ironía que es lo que permite hoy revisarla. No sé si el trío de directores vascos la han visto, supongo que si, porque hay situaciones parecidas. Pero en su caso, sin humor. Quince años más tarde, en 1986, Fernando Fernán Gómez dio su particular visión de los hombres ocultos en una de sus películas más inverosímiles y descabelladas, Mambrú se fue a la guerra. Tendrían que pasar más de veinte años, para que en 2008, José Luis Cuerda volviera al tema adaptando la novela de Alberto Méndez, Los girasoles ciegos, con Maribel Verdú y Javier Cámara como el topo escondido. La novela es una pequeña joya (Joaquín Jordá era uno de sus máximo defensores, incluso volvió a leer tras el ictus solo para poder disfrutarla). Los girasoles ciegos es un melodrama en el que el punto de vista es el de la mujer, obligada a vivir una doble vida. Diez años más tarde, los vascos vuelven a los topos con la historia de Higinio y Rosa, es decir Antonio de la Torre y Belén Cuesta. Felicidades a los directores por la apuesta que hacen con Belén Cuesta, ofreciéndole la posibilidad de demostrar que es una actriz con mucho mas recorrido del que hasta ahora había tenido. Al margen de lo que el maquillaje, el vestuario, y la peluquería hace por su personaje, Belén le da a su Rosa una serie de matices, a veces muy sutiles, para mostrar como la situación claustrofóbica y agónica en la que viven condiciona toda su vida. La trinchera infinita toma partido por el punto de vista de Higinio, el hombre oculto, por eso vemos la vida a través de las rendijas de su escondite, los agujeros que le conectan con un mundo que solo puede imaginar. El apostar por esta mirada hace que la película prácticamente nunca salga de la casa en la que vive escondido Higinio durante 33 años. Hay una dilatación del tiempo narrativo que quizás necesita las dos horas y media que dura la película. A veces es un tanto reiterativa en sus situaciones, pero la vida está hecha de repeticiones y rutinas. Usar como banda sonora las músicas populares de cada época, es una manera de situar la historia en el tiempo sin necesidad de insistir en fechas. Yo tan solo le pediría que hubieran tenido un poco mas de sentido del humor, no el humor salvaje de El hombre oculto o el surrealista de Mambrú, pero si algún resquicio de aire para respirar en ese cuarto emparedado que es metáfora de un país emparedado por el miedo y la cobardía.

EL RINCÓN DE LAS SERIES



En la sombra
Otra clase de hombres ocultos son los que retrata la serie francesa En la sombra que se puede ver en Filmin. Tiene tres temporadas, la primera del año 2012 y la ultima del 2016. Es una serie política de absoluta actualidad en estos días de plena campaña electoral. Porque de eso habla la primera temporada de la serie, sin ninguna duda la mejor y la que yo recomiendo ver en estos momentos. Las otras dos son menos interesantes y sobre todo menos “actuales”. Pero vamos por partes, ¿Quiénes son los hombres ocultos en la sombra que protagonizan esta serie? Ni mas ni menos que los asesores de imagen de los políticos. Para que se entienda, los ivanes redondos del mundo. Bueno, no del mundo sino de Francia. El protagonista es Simon Kapita, un publicista especializado en temas políticos, que se ve catapultado a jefe de campaña y asesor de la candidata a la presidencia del país casi sin darse cuenta. Kapita va ganando poder de convicción con sus métodos de aplicar el marketing a la política sin que se le caigan los anillos por trabajar para una ideología que no es la suya. En eso, la serie es absolutamente verosímil y real como la vida misma: lo que cuenta son los resultados de quien te contrata. El capitulo cuatro de la primera temporada es especialmente interesante y pertinente estos días de debates en la tele. Kapita y sus oponentes, los asesores de los otros, saben muy bien la importancia de los pequeños detalles en estos debates. Los de aquí, también. Pasan mas cosas En la sombra, hay un par de líneas narrativas paralelas que sirven para completar el eje central sin molestar demasiado. Es importante fijarse en la fecha de la primera temporada, 2012, cuatro años antes de que Emmanuel Macron ganara las elecciones con el lema En marche. Del Ensemble de la candidata ficticia al En marche de Macron hay un trecho  muy pequeño. Seguro que los Kapita del presidente se miraron la serie muy atentamente. También la han debido ver los ivanes de todo tipo que pululan por los partidos españoles y que estos días están haciendo horas extras. Una pequeña lección de historia.






sábado, 26 de octubre de 2019

PARÁSITOS Y CLEPTÓCRATAS



(unos bonitos parásitos de Ramon)
La definición que da el diccionario de la RAE es muy sencilla: “Parásito. Organismo que se alimenta de las sustancias que elabora un ser vivo de distinta especie, viviendo en su interior o sobre su superficie, con lo que suele causarle algún daño o enfermedad.” Solo esta frase ya justifica el título de la que es sin duda una de las mejores películas del año, Parásitos del director coreano  Bong Joon-ho. El propio director ha pedido que no se explique demasiado del argumento de esta comedia negra que habría hecho feliz a Azcona, que no se cuente lo que pasa aunque si se pueda contar que la risa abierta y la sonrisa congelada del horror se mezclan a lo largo de su argumento. Todos los que aparecen en esta historia de lucha de clases son parásitos unos de otros, todos viven a expensas de los demás. Pero lo mejor no es eso, lo mejor es la manera como Bong Joon-ho construye su historia. Se podría explicar el argumento, pero nunca se podrá explicar los giros de guión, la planificación de las secuencias, la composición de los personajes, la elección de los espacios, las casas donde viven, la ciudad con sus escaleras, la lluvia. Es eso lo que la hace singular y única. Aunque quizás no tenga nada que ver, (no la he revisado desde hace muchos años) viendo Parásitos me ha venido a la cabeza una película de Paco Betriu del año 1980 que se llamaba Los fieles sirvientes. Copio aquí el argumento que aparece en Filmaffinity: “En una lujosa masía catalana, el personal de servicio ha preparado un gran banquete y se espera la llegada de los invitados. Todo está dispuesto pero nadie llega. El ama de llaves y los demás criados ocuparán por unos momentos el lugar de sus señores y, al igual que ellos, se comportarán despóticamente. Una sátira sobre las miserias humanas.” Los parásitos están por todas partes, por ejemplo, los políticos, personajes que viven a costa de la gente que supuestamente deben servir desde las instituciones que parasitan en su único favor. Son organismos perniciosos que destruyen el cuerpo que habitan pudriendo su esencia ultima mientras chupan (literalmente con sus sueldos enormes y su incapacidad infinita) la sangre de los que deberían atender en lugar de explotar. Pero los parásitos muchas veces no saben que lo son  e incluso intentan demostrar que los parásitos son otros. El resultado es una situación que tiene mas de tragedia que de comedia. Pero eso es otra historia.

CLEPTÓCRATAS
Justo la semana que vi Parásitos, Filmin estrenó un documental muy interesante que se llama Los cleptócratas. Es un trabajo de investigación que analiza el fraude de 3.500 millones de dólares del gobierno malayo por parte de un grupo de inversores ligados al presidente del gobierno con múltiples tentáculos que llegaron incluso hasta Hollywood y  El lobo de Wall Street de Martin Scorsese. Al margen de que el documental es estupendo, me ha permitido conocer a fondo lo que es la cleptocracia. Según la RAE la cleptocracia es “un sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos.” Según otras definiciones “Cleptocracia (del griego clepto, 'robo'; y cracia, 'poder' = dominio de los ladrones) es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores implicados  están corruptos”. Más claro el agua. Leyendo estas líneas (y viendo el documental) me di cuenta de que tenemos ejemplos muy cercanos de cleptocracia a gran escala muy cerca de casa, aquí mismo, vaya. Y me preguntaba quién se atrevería en Catalunya a hacer un trabajo parecido sobre nuestros queridos cleptócratas de cabecera: la familia Pujol al completo con su patriarca y su matriarca, cabezas  de una hidra de múltiples tentáculos ladrones, que han depredado el país a su antojo y beneficio, con ramificaciones corruptas en todos los ámbitos de la información, la cultura, la educación y la economía. Sería apasionante hacer un Lobo ( o mejor jauría) de Mitre Street junto a un documental donde se destapara todo lo que robaron mientras construían un muro de protección a base de inventarse un país ficticio, una historia falsificada, unos agravios inexistentes y sobre todo y eso los hace aun mas despreciables que todo el entramado malayo, un odio visceral y emocional contra los otros al mismo tiempo que utilizaban todos los mecanismos de esos otros para llenar sus arcas de dinero robado. No es mala fórmula, llenar la cabeza de mentiras mientras me llena el bolsillo de dinero.  ¿Alguien se atreverá?


(la foto es de Elena Posa, tomada en Senegal)
AFRICA(S)
Junto a Parásitos se estrena una película mucho mas pequeña, mas cercana, mas sencilla que vale la pena que no pase desapercibida. Se llamaba hasta hace poco Staff only y ahora se estrena como El viaje de Marta. Es la segunda película de Neus Ballus, la directora de La plaga y esta rodada en Senegal, en un resort para turistas occidentales, donde Marta pasa unas vacaciones obligadas con su padre y su hermano. El aburrimiento y el desprecio a lo que simboliza su padre, llevan a Marta a conocer el mundo que está en las dependencias detrás del cartel Staff Only, solo para trabajadores.  Marta entra en contacto con otra gente, otra vida, otra realidad y despierta y comete un error y aprende que los actos tienen consecuencias para terceras personas y descubre un camino de reconciliación con su padre. Es una historia que permite a la realidad colarse en la ficción y deja ver, detrás de su aparente sencillez, una sociedad muy alejada de los tópicos que estamos habituados a tener de África, ya sea por la influencia del cine de Hollywood, ya sea por la presencia obsesiva de malas noticias que nos llegan desde un continente olvidado y explotado. Vale la pena verla y vale la pena, al volver a casa, buscar tres de los films africanos mas interesantes e importantes de la historia del cine: Tres joyas clásicas indiscutibles: Hatari¡ de Howard Hawks, Mogambo, de John Ford y La reina de África, de John Huston.

EL RINCÓN DE LAS SERIES


Recupero esta sección para recomendar una serie que es un spin off de otra, pero es sin ninguna duda, mucho mejor. Se trata de The Good Fight que se puede ver en Movistar. The Good Fight nace de una serie bastante popular hace unos años, The Good Wife emitida entre 2009 y 2016. En este spin off, la protagonista es la abogada Diane Lockhart que, arruinada por un escándalo financiero monumental, debe volver a trabajar y esta vez lo hace en un bufete de abogados de color, especializados en la defensa de los derechos civiles, donde trabaja otro de los personajes que vienen de The Good Wife, Luca Quinn. Esta dedicación a temas sociales y políticos no impide que sea un grande y caro bufete donde Diane es una de las pocas personas blancas que trabajan y sobre todo mandan. Escrita por Michelle y Robert King, la serie tiene tres temporadas y lo mas interesante, aparte de sus tramas muy bien escritas, es el trasfondo político del momento, con Trump en el poder y los demócratas intentando plantarle cara. The Good Fight es una excelente serie política con unos títulos de crédito espectaculares. La primera temporada del 2017 es muy buena, la segunda y la tercera no la superan pero están muy bien. Habrá que esperar a la cuarta temporada que se anuncia para el año que viene para saber en que punto están estos “buenos luchadores”.
(si ven los títulos de crédito de la serie entenderán porque he escogido este jarrón de Ramon)



sábado, 19 de octubre de 2019

RETRATO Y MADRID



(una mujer en llamas de Ramon)
RETRATO
Esta semana se estrena una película magnifica, una de las mejores del año. Al menos para mi. Se titula Retrato de una mujer en llamas, está dirigida por Céline Sciamma y protagonizada por dos actrices que funcionan como dos piedras preciosas engarzadas en una joya: Adèle Haenel y Noémie Merlant. La historia pasa en 1770 en una isla lejana. En la gran mansión de la isla vive Héloise, una joven obligada a casarse con un rico milanés que ha pedido un retrato para conocerla. Pero Héloise se resiste a dejarse retratar porque no quiere casarse. Su madre contrata entonces a Marianne, una pintora que llega a la isla con el objeto de hacer el retrato de Héloise solo observándola, sin que ella lo sepa. Esta es la premisa. A partir de aquí se abren infinitos caminos para la historia, caminos que llevan a la reflexión sobre la representación, la realidad, el poder del retrato para capturar el alma, robarla de alguna manera, la presencia y la ausencia. Y el amor que surge en esos paisajes románticos y salvajes de mujer joven en llamas dignos de un cuadro de Caspar D. Friedrich. La película tiene una gran belleza, pero eso no sería suficiente para convertirla en una gran película. Este retrato tiene un corazón ardiente bajo una luz fría, es puro romanticismo en imágenes. Es un auténtico regalo.
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MADRID

(el encuentro con Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego en Cineteca 
la foto es de Alcides Taleb)
1
He estado en Madrid invitada por el Festival de Cine de Madrid que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores, para presentar y acompañar a Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, Premio Mirada Internacional de este año, y a Paco Betriu, Premio Mirada Nacional. Escuchar a Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, es casi un show, un espectáculo. Nunca se atropellan ni se pisan uno al otro, pero no tienen reparo en contradecirse o replicarse, sobre todo Ripstein a Paz. En Madrid asistí a dos encuentros con ellos. En uno como espectadora, en otro, como interlocutora. Los dos fueron interesantes y sobre todo divertidos. El primero tuvo lugar en la Casa de América y era una conversación con el periodista Santiago Tabernero. Santi es muy cuidadoso y detallista y avanzó poco a poco en la historia de esta pareja de creadores mexicanos. Quizás por eso, como cuando estudiábamos historia y nunca llegábamos al siglo XX, en el caso de esta charla nunca pasamos de los principios de uno y de su encuentro en 1985, hace ya 35 años y quince películas. No está mal, toda una vida y toda una carrera en común. Pero no importó porque las preguntas de Santi eran inteligentes y ellos tenían cosas que contar y las contaron provocando la sonrisa o directamente la risa entre el público. El segundo encuentro con ellos fue en Cineteca Matadero después de la proyección de La calle de la amargura, su penúltimo film del 2015. (Han terminado otro, El diablo entre las piernas, que se estrenó en Toronto y llegará a los cines en el 2020). Yo estaba de moderadora, en lo que fue mas un coloquio que una charla, gracias a que el público intervino mucho, (cosa rara) porque la película lo permitía y también permitía hablar de su carrera. Hablar de Patricia Reyes Spínola, que aparece en trece o catorce de sus películas; hablar de México, la ciudad, sus calles y barrios, lugares especiales donde ellos ruedan sus especiales historias; hablar de momentos o secuencias o películas; hablar de la huella que han dejado en el cine mexicano, por ejemplo en Amat Escalante que se considera su seguidor. Hablar de cómo trabajan juntos, cada uno en su terreno, pero con una idea común; del origen de sus historias, de antropología y de memoria. Hablar de cine y de vida o de una vida en el cine o del cine como vida. Estuvo muy bien. Fue una lección y fue divertida.
Con Paco Betriu compartí un coloquio después de ver Furia Española en una copia inédita y única con alguno de los 22 cortes de censura incorporados. Fue muy ameno y entretenido y sobre todo fue interesante comprobar que la salvaje furia de esta película tan española tiene una carga de transgresión que muchos directores de ahora mismo no se atreverían ni a imaginar. Fue una estupenda ocasión de recordar que Paco merece un lugar en la historia del cine de nuestro país.


(Madrid desde una ventana)

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El día que Ripstein y Paz Alicia estuvieron en Casa de América, vino a verlos Gerardo Herrero. Aproveché para charlar con él de la película que se ha estrenado este viernes, El asesino de los caprichos. Comentamos el pase en el Festival de Sitges, donde se presentó para acompañar la entrega de la Máquina del Tiempo a Maribel Verdú, una de sus protagonistas. Gerardo estaba muy contento, entre otras cosas, porque al acabar la proyección se le acercaron varios espectadores a agradecerle haber hecho una película Normal. Es un elogio enorme, no solo respecto al tipo de cine que se ve en el Festival de Sitges, sino en relación al cine que se ve en general. Es cierto, El asesino de los caprichos es una película normal. Cuenta una historia mas o menos negra, la de un asesino en serie que tiene como sello poner en escena los caprichos de Goya en cada uno de sus asesinatos. Dos inspectoras de policía muy diferentes, Carmen, una mujer cínica y muy desagradable y Eva, sensata y tranquila, investigan los crímenes. No hay mas y no hay menos. Una película normal que entretiene sin pretender salvar el mundo ni el cine, con dos actrices que funcionan en su contraste Maribel Verdú como la malhumorada Carmen y Aura Garrido como la dulce Eva. Un film de género destinado al gran público, en el que sin embargo hay algunas decisiones difíciles o arriesgadas que Gerardo tuvo que tomar para conservar algo de lo que han hablado mucho los Ripstein estos días: la verosimilitud del relato. No la verdad, no la realidad, la verosimilitud. Y en aras de esa verosimilitud en El asesino de los caprichos hay algún giro de guión arriesgado. 


(un oso simpático en el Zoo)
3
Aprovechando que estaba en Madrid, hice una cosa que hacía mucho tiempo quería hacer: ir al Zoológico. Me sorprendió como sorprendió a todos los que estaban conmigo que quisiera ir al Zoológico. Parece que nadie va al Zoo en estos tiempos. Nadie adulto, quiero decir, porque niños había montones y era extraordinario verlos descubrir que el ¡Rey León está vivo! No entiendo la manía que les ha entrado a los progres en contra de los Zoos. Si entiendo que se quiera acabar con Zoos insalubres para los animales, con espacios pequeños y descuidados, pero si el Zoo está bien y los animales tienen espacio y pueden vivir en buenas condiciones, es una fuente de placer, de alegría  y sobre todo, para los niños, de contacto con la naturaleza que esta tan lejos de su vida cotidiana. Tuve la suerte de coincidir con tres de los espectáculos educativos que ofrece el Zoo: el de los delfines, animales maravillosos e inteligentes, divertidos y muy cariñosos. Hay nueve delfines en el delfinario y parece que son muy felices. Luego vi un espectáculo de aves tropicales que volaban por encima de los espectadores. Era muy bonito. Y el tercero era con dos leones marinos que parecían divertirse mas que los espectadores. Supongo que los animalistas pensaran que es una explotación de los pobres bichos y que soy una inhumana por haber disfrutado viendo a elefantes, jirafas, osos y lémures en “cautividad”. Quizás, pero me parece que acercar a los niños (y a mas de un adulto) a los animales es casi tan importante como salvarlos (¿de quién?) Lo único que se tiene que exigir es que estén bien cuidados, en buenas condiciones ambientales y respetados. Lo mínimo que se puede pedir para cualquier ser vivo, sea humano o animal.


4
Otra de las cosas que hice fue ir a ver una de las muchas y excelentes exposiciones que hay en Madrid. Solo una, no tuve tiempo de mas, pero valió la pena. Es una exposición en el Palacio de Gaviria que se llama Brueghel. Maravillas del arte flamenco. Es una gran exposición, con cuadros de todos los Brueghel que son muchos mas que el que todos tenemos en la cabeza. Me gustó mucho, pero no solo por los cuadros, preciosos casi todos. Me gustó constatar que los cuadros flamencos de los Brueghel eran en realidad el cine del siglo XVI. Mientras en la Europa Católica la pintura y el arte estaba controlada por la nobleza y la iglesia y se dedicaba casi exclusivamente a servirles en forma de retratos imperiales o historia sagrada (lo que no quiere decir que no haya obras maestras) en los Países Bajos, dominados por el protestantismo y el calvinismo, tenían como objeto de la pintura a la gente común, eso que se suele llamar, el pueblo. Un pueblo que seguramente los burgueses que compraban esos cuadros no veían mas que de lejos y tapándose la nariz, pero que han quedado como representación de la vida y las costumbres de su tiempo. Son cuadros narrativos en los que se cuenta una historia. Hay que verlos con calma buscando todos sus rincones. Son cuadros llenos de cosas y de detalles que de repente te llaman, como en una película cuando de repente ves un objeto, un árbol, un vestido. Es un placer seguir esta magnífica muestra que no apabulla a pesar de tener muchas y muy importantes obras. Hay comedias, melodramas, tragedias, terror, crímenes y hasta algunas cosa que podíamos definir como “experimentales”. Son cuadros “normales” que dejan memoria de su tiempo desde la excelencia de su realización. Como el buen cine
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La semana que viene volveré a hablar de series, lo prometo.




sábado, 5 de octubre de 2019

INADAPTADOS



(Phoenix da más miedo sin máscara que con máscara, es más cercano y reconocible)

Joker
“La podredumbre moral que lleva a Joker, un demente diagnosticado, a ser visto como un héroe habita también en la masa embriagada de furia. Los mismos que en una de las primeras secuencias dan una paliza simplemente porque sí al enfermo mental Arthur Fleck, antes de convertirse en el Joker, podrían ser los que lo adoran como mito en los últimos momentos. Es la conjura de la ira, desembocando en la irracionalidad de la masa. Es la complicación moral de una película formidable y retorcida.” Este párrafo de la crítica de Javier Ocaña en El País del 4 de octubre, me parece ejemplar para explicar esta película importante, imprescindible, insoportable. Cada época tiene los héroes que se merece y también los villanos que se merece. El Joker de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton del año 1989, era un histrión sin razones, un malvado porque si, producto de una sociedad amoral y sin escrúpulos abocada al triunfo de la banalidad y la estupidez que dominaron los años en los que mandaba esa gente tan antigua y olvidada que eran los yuppies. El Joker de Heather Lodger en El caballero oscuro de Christopher Nolan en el 2008, era mucho mas sombrío, peligroso, complejo, un anuncio de la crisis galopante que se nos venía encima y que sin duda él representaba. El Joker de Joaquín Phoenix en esta extraordinaria película de Todd Phillips es un producto de este tiempo de ruina moral y de ruina mental en el que la violencia es el caldo de cultivo para crear monstruos entre todos los que, manipulados de una u otra manera, son capaces de ponerse la máscara de un horrible payaso para aterrorizar a los que tienen al lado. Pero el Joker de Phoenix no sería una gran película solo por esta lectura político social. Lo es porque hace del realismo un instrumento del fantástico, todo es verosímil en la transformación en monstruo del hombre que ríe. Todo pasa en su rostro, en su cuerpo, en su mirada, mas que en su disfraz al que no recurre hasta el final, cuando llega el apoteósico encuentro con un Robert de Niro mayúsculo, capaz de sostenerle el tipo a un Phoenix en estado puro. Joker no es una película de superhéroes, no es una película de comic, no es un film para adolescentes. Gotham se parece demasiado a Nueva York o a Barcelona, o a cualquier otra ciudad de ahora mismo llena de ratas animales y humanas, el mundo que retrata y las gentes que pululan por sus calles y metros las encontramos cada día a nuestro alrededor y los manipuladores del pensamiento y las conductas los tenemos metidos en casa. Joker es una película para los tiempos de Trump, de Johnson, de Torra. No se la pierdan, aunque les duela, aunque les incomode, aunque les moleste.



(fotos de Daniel Sánchez Arévalo en el set de entrevistas en el Festival de San Sebastián)

Diecisiete
Para compensar del dolor y la furia de Joker, es muy saludable el contrapunto de esta comedia, o drama, o dramedia, pequeña, sencilla, hermosa e inesperada de Daniel Sánchez Arévalo. Estamos en las antípodas del Joker, aunque su protagonista también es un joven, el Héctor de diecisiete años, marginado de la sociedad, distinto, incapaz de comprender y asumir las injustas y absurdas leyes de una sociedad enferma. Pero la reacción de Héctor y sobre todo la de la película entera es muy diferente. Joker cae en el lado oscuro de un mundo sombrío, Héctor cae en el lado luminoso de un mundo limpio, en un paisaje lleno de belleza, donde la extraña comunidad de la caravana se lanza a la búsqueda de un tesoro: un perro llamado Oveja. Diecisiete reúne un cuarteto protagonista realmente insólito: Héctor, el adolescente que no entiende el mundo y es incapaz de relacionarse con nadie; su hermano mayor Isma, que intenta salvarle, ayudarle, enseñarle a querer y a entender; su abuela una mujer que no habla y solo utiliza una palabra para comunicarse, con la que es capaz de expresar todos los sentimientos posibles, y un perro de tres patas que se llama precisamente Taraparo, la única palabra que pronuncia la abuela. Esta extraña familia se embarca en una vieja caravana en busca del perro Oveja y en esos pocos días que pasan juntos, rozando situaciones absurdas con vacas amistosas, en espacios abiertos y luminosos, la comunidad logra transmitir una sensación de paz, de armonía en la que la sonrisa nunca te abandona a pesar de que lo que está contando (no quiero ni pensar lo que habría hecho Ken Loach con este argumento) es muy duro y complicado. En los seis años que lleva sin hacer una película larga, en los que ha explorado la literatura, el mundo del corto, la publicidad, Sánchez Arévalo ha depurado su estilo lo ha limpiado de barroquismos, lo ha hecho más sencillo y con ello ha ganado en todos los sentidos. Una película feliz para contrarrestar los tiempos de cólera en los que vivimos.



(árboles de Ramon en llamas)
Lo que arde
Esta semana no hay Rincón de las series porque quiero hablar de una película que se estrena la semana que viene, el viernes dia11 que no estaré en Barcelona. Me parece tan importante, al menos para mí, como para no dejarla pasar. Así que, contra mi costumbre, me adelanto al estreno y hablo de Lo que arde, de Oliver Laxe.
A veces te encuentras con películas que son como ocnis, objetos cinematográficos no identificados. Lo que arde es uno de ellos. Aparentemente es un film realista, casi un documental, sobre la vida de un hombre, Amador, un pirómano que al salir de la cárcel vuelve a su pueblo. Aparentemente es un relato sencillo sobre la dificultad de Amador de relacionarse con los demás, su deseo de soledad, su incomodidad en ese monte gallego y en esa aldea perdida del Lugo profundo, moviéndose entre sus tres vacas, su perra Luna y su madre Benedicta, una mujer arraigada en la tierra, que no hace preguntas. Eso es aparentemente, pero ya desde el inicio, con ese magnífico plano de árboles mecidos por el viento en un bosque que no parece real, jugando con el sonido y la luz, Laxe nos sitúa en un mundo fuera del mundo. Amador es casi un extraterrestre llegado de otro planeta; su madre Benedicta es una mujer que encierra toda la sabiduría del pasado y del futuro y el bosque, el bosque es el refugio donde los dos esconden su incapacidad de entender este mundo. Todo es de una gran armonía en este film sencillo y hermoso. Todo encaja, todo progresa como ese impresionante incendio en el que el director y su equipo se mete hasta lo mas profundo para filmar la belleza de la destrucción, las llamas hipnóticas que lo devoran todo en un final que si evoca algún recuerdo es el de las palmeras ardiendo en Apocalipsis Now. Si, Lo que arde es un ocni. Sin duda. Para unos un relato etnográfico de corte documental; para otros una denuncia de la especulación del suelo provocada con los incendios; para mí, una onírica experiencia sensorial a través de la imagen y el sonido que debería verse en pantalla grande, muy grande, para apreciar todos los matices de la belleza que muestra.
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Buscando un titulo para esta entrada acabo de darme cuenta de que las tres películas hablan de seres inadaptados, incapaces de vivir en la sociedad ante la que reaccionan de distintas maneras. Hay algo en común entre Arthur, el Joker, Héctor el adolescente y Amador el pirómano. Ninguno de los tres soporta el mundo en el que les ha tocado vivir.

domingo, 29 de septiembre de 2019

DONOSTIA/SAN SEBASTIAN



(la de la coleta soy yo; la entrevistada es Belén Funes, la foto es de Marta Armengou)

He vuelto a San Sebastián, al festival. Ha sido estupendo. Hacía dos años que no venía y son ya doce los que han pasado desde que dejé de trabajar aquí. Tenía ganas de volver, aunque confieso, que también me daba un poco de miedo. Ni yo, ni el festival, ni la ciudad somos los mismos. Pero ha salido todo bien. Me he reconciliado con la ciudad, he recuperado el festival y también he descubierto que yo misma puedo ser muchas cosas. Donostia ha cambiado mucho, no solo desde los años de plomo en los que yo trabajaba aquí, también en estos dos últimos años en los que por distintas razones no he venido. Tengo la sensación de que han abierto las ventanas. Entra aire fresco, hay luz por todas partes. Claro que eso tiene sus inconvenientes, hay muchas más moscas y mosquitos (turismo) que nunca. Pero de verdad, prefiero los mosquitos a las arañas que pululaban por aquí en medio de la oscuridad. Sanse está bonita, más que nunca y espero que siga así. Aunque hay algunos nubarrones que amenazan con volver a cerrar las ventanas y que regresen las arañas, confío que la vitalidad de la ciudad sea capaz de evitarlo. En cuanto al festival, ha crecido tanto que casi no lo reconozco. Bueno si, porque su esencia es la misma: películas para el público y películas para los cinéfilos. Fiesta, una fiesta con todo: estrellas, alfombra roja, retrospectivas, este año el mexicano Roberto Gavaldón, películas arriesgadas en Tabakalera, un gran centro cultural para la ciudad, películas bonitas, también feas, hay que decirlo. En una programación de tantas secciones y tantos títulos, hay de todo. Tal como es ahora mismo San Sebastián, es imposible abarcarlo en su conjunto. Hay que seleccionar, hay que escoger. Yo, como todos, he tenido que hacerlo y en los cinco días que he estado aquí he visto 22 películas. No está mal. Ya iré hablando de ellas a medida que se estrenen. Me ha gustado mucho reencontrarme con gente con la que estive trabajando diez años y que a pesar del tiempo pasado, siguen recibiéndome con los brazos abiertos. Es una gran sensación, la de haber dejado atrás una cierta huella, al menos en algunas personas. Esto ya es personal, pero me ha gustado mucho ver que la hija de una de mis compañeras, a la que yo conocí cuando precisamente estaba embarazada de ella, ya está trabajando en el festival. De pronto, la vida se materializa, el tiempo toma sentido. Han pasado más de veinte años, pero aquí estamos todos, en nuestro sitio. Y yo en uno que me ha divertido mucho y que me ha hecho sentirme muy bien. Porque este año he vuelto al festival como crítico de cine, como periodistas, haciendo entrevistas para un programa de televisión. La primera vez que vine a San Sebastián en el lejanísimo año 1985, fue como parte de Cinema 3, con Jaume Figueras. Y ahora, 35 años después, vuelvo con otro programa de televisión, La Cartellera de BTV, con Marta Armengou. Cerrar un circulo, no sé si para siempre o aun dará otro giro la espiral de mi relación con San Sebastián, ha sido muy bonito. Sentirme otra vez periodista, vivir los pases de prensa desde el lado del que mira y no del que hace mirar, me ha hecho mucho bien. Escribo estas líneas poco antes de coger el tren de vuelta a casa. Por eso no me voy a extender en las películas que he visto, ya lo haré en su momento, pero era importante  para mi reconocer estos cambios. Gracias Festival (y por festival ellos saben a quién me refiero).


(Wang Xiaoshuai entrevistado en Donostia por Marta Armengou, la foto es mía)

Hasta siempre, hijo mio
Solo voy a hablar de una película de las que se han visto aquí, porque se estrena esta misma semana. Es el film chino Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai. Llevo varias semanas hablando de los chinos. Pero es necesario, porque en el gran gigante asiático están haciendo un cine muy bueno. Después de la belleza sin par de ZhangYimou, de la fuerza  impresionante de Jia Zangkhe, del experimentalismo formal de Bi Gan y de la desesperanza de Hu Bo, Hasta siempre hijo mio se presenta como un espléndido ejemplo de melodrama lleno de humanismo. La historia abarca treinta años de la vida de dos familias. Empieza en 1986 y dura hasta ahora mismo. Es una película rio, no como nuestros ríos, esta es como el Rio Amarillo: largo, inmenso, avanza con lentitud pero de forma segura, hermosa en su grandeza. A través del drama que viven los protagonistas, Wang Xiaoshuai nos deja ver el drama de los grandes cambios que ha sufrido esa sociedad. La estructura es muy interesante, porque no es un film lineal, es un puzle de épocas y situaciones que se mueve a partir de un punto central, la muerte del hijo, para ir hacia delante y hacia atrás. Empieza con unos niños jugando en la orilla de un lago. Los efectos frustrantes y destructivos de la Revolución cultural de los años 60 condicionan la juventud de los personajes a los que encontramos en 1986, sufriendo la intransigente política del hijo único y la adhesión incuestionable al partido de los duros años de la dictadura de Deng Xiaoping y poco a poco vamos viendo la transformación de la sociedad hacia un capitalismo comunista y deshumanizado. Este melodrama es un retrato triste y emocionante de una sociedad que evoluciona, pero nunca cambia en su absoluto desprecio de la vida de los seres pequeños que son las personas. Historia de una pérdida, de una mentira, de una culpa que corroe y que debe ser expiada, de perdón y de humanidad. Lo mejor del trabajo del director es haber sido capaz de mostrar todos estos cambios en el paisaje, la ciudad, y el rostro de sus personajes, sin recurrir al maquillaje, las pelucas, el decorado. La luz conforma los tiempos y las actitudes y movimiento de los actores, informan del envejecimiento de los personajes, trabajo espléndido que les valió a Yong Mei y Wang Jingchun los Osos de Plata de interpretación en el Festival de Berlín. Hasta siempre, hijo mío, como todas las películas de Wang Xiaoshuai, está construida para combatir un proverbio chino que se ha convertido en dogma en la China contemporánea: “Mira hacia delante y olvida el pasado”. Para el director es muy importante no olvidar nada, hay que saber enfrentarse a los errores cometidos (como persones, como países, como sociedades) para intentar no repetirlos. Negarlos no es una solución, esconderlos no es una solución, olvidarlos no es una solución. Quizás por eso su cine es tan clásico en sus formes y tan potente en su discurso.





sábado, 21 de septiembre de 2019

DOWNTON ABBEY



Hay semanas que resulta muy fácil escribir en el blog, otras es mas complicado, hay que buscar un tema. Esta es de las fáciles, y de las bonitas y de las que alegran la vida. Porque con la que está cayendo en Barcelona (y no la lluvia), en España (y no las inundaciones) y en el mundo (y no los huracanes) es muy importante encontrarte con una película feliz, hermosa, serena, llena de dignidad, de respeto, de humor y de belleza. Vaya me ha salido una frase larga y un poco cursi. Pero la verdad es que Downton Abbey es un remanso de paz en el panorama de los estrenos semanales. Soy consciente de que hay muchos fans de la serie, como también sé que hay mucha gente que nunca la ha visto. Pero tranquilos. Los fans (o al menos yo) sentirán que han vuelto a casa (la casa) a reencontrarse con viejos amigos a los que tenias ganas de volver a ver. Los que no la han visto descubrirán un mundo, unos personajes, un paisaje, una casa, donde cada habitante funciona gracias a que todos se engarzan unos a otros y todos encajan en su pequeño espacio como una de las preciosas joyas que luce cualquiera de las ladys de Downton Abbey. Preciosa, esa es la palabra que mejor le pega a la serie y a la película que se acaba de estrenar. Pero hay mucho mas en esta historia de amos y criados. Hay una reivindicación de un mundo que ha desaparecido del todo, especialmente en Inglaterra sumida en la estupidez y la miseria del Brexit. En Downton Abbey, en cambio, hay una conciencia de casa, no de clase. Y esta conciencia de casa es solidaria y transversal, es universal antes que segregadora. Todo sucede durante la visita real a Downton Abbey. Estamos en 1927, la familia Crawley, en el amplio sentido de la palabra familia, ha seguido su vida desde donde los dejamos. Pero el anuncio de que el Rey Jorge V y la Reina Mary se alojaran en la casa produce una auténtica conmoción. Todos a una se conjuran (nunca mejor dicho) para que la visita sea un éxito. Y en esa conjura encuentran una solidaridad que no imaginaban: de repente, los Crawley dejan de ser la cima de la pirámide y se dan cuenta de que hay alguien por encima de ellos. Y eso les hace entender mucho mejor el mundo nuevo que comienza a forjarse en la agradable campiña inglesa que rodea la mansión. En el fondo este súper episodio de dos horas, es una especie de regalo para todos. Los creadores que querían volver a su universo, los actores que añoraban un reencuentro y los espectadores que a pesar de que la sexta temporada de la serie se cerraba muy bien, sentían que faltaba algo: un baile final como de cuento de hadas y un tranquilo paseo final que nos deja con el gusto de haber dicho adiós (o hasta luego) a Downton Abbey. (si no han visto la serie, está disponible en Amazon).


Plous o fas sol
Downton Abbey es una serie y una película que hace sol. Me explico. En catalán hay una canción infantil muy popular que dice Plou i fa sol i els nuvols es pentinen. Llueve y hace sol y las nubes se peinan. Pero Plous o fas sol, es otra cosa, se puede traducir por Llueves o haces sol, y es el título de un precioso libro infantil de mi hermana Mireia Vidal con ilustraciones de Anna Font. Llueves o haces sol, la verdad es que es una idea estupenda que va mucho mas allá del cuento. La vida está hecha de momentos en los que llueves y momentos en los que haces sol. Hay personas que llueven de una forma tenaz, y provocan nubarrones a su alrededor, hay otras que, en cambio, hacen sol y transmiten luz. Pero casi todos somos las dos cosas incluso en un mismo día. Lo que cuenta este bonito cuento, lo explica muy bien. Todo lo que haces, todo lo que dices, tiene consecuencias en los demás. No vivimos aislados y si cuando llueve se mojan los zapatos de la zapatería del señor Wang, puede ser que su malhumor vaya encadenando una serie de “lluvias” que molestan a unos y a otros sin darse ni cuenta, hasta que de pronto, alguien hace sol y empiezan a pasar cosas buenas. Plous o fas sol? Está bien preguntárselo y no solo respecto a uno mismo, también respecto a todo, la política, el trabajo, los amigos y, desde luego, el cine. Downton Abbey, sin ninguna duda, es una película que hace sol. El libro de Mireia y Anna, también. ¡Felicidades a las dos!

Una buena amiga mía me ha mandado un mail diciéndome que la letra de la canción infantil que cito está mal. En realidad dice Plou i fa sol i les bruixes es pentien. Es decir las brujas, no las nubes. Gracias por avisarme, aunque la verdad es que me gusta mucho lo de las nubes peinándose¡¡

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No he visto Ad Astra todavía. En cuanto la vea,escribiré de ella.