sábado, 7 de noviembre de 2020

EL LABERINTO DE ETA

 


El jueves cogí un taxi en Barcelona. Llevaba una mascarilla de Sentimental, la película de Cesc Gay que no podemos ver en Barcelona, pero está funcionando muy bien en el resto de España. El taxista al verla me comentó lo enfadado que estaba con el cierre de los cines, y de paso de los bares y los restaurantes. No solo por el perjuicio de daño colateral a su propio trabajo, sino porque a él le gustaba mucho el cine y no se resignaba a verlo únicamente en las plataformas. Esa conversación me animó y desanimó al mismo tiempo. Me animó ver con que vehemencia defendía ese taxista el cine en el cine; me desanimó constatar que la medida que ha apagado las pantallas grandes en Catalunya me temo que se extienda más allá del Ebro. En fin.

Visto lo que hay, y con la resaca de unas elecciones americanas agónicas que parecen una serie de HBO de las que te dan un capítulo cada semana dejándote con el ¡ay! en el cuerpo de que pasará, me refugio en las plataformas. No es mal refugio, hay que decirlo. Más si como esta semana he visto dos series estupendas, una documental y una de ficción, que tratan el mismo tema (curioso, la semana pasada también había dos series documental y ficción sobre los mismos hechos). El tema de estas no es otro que ETA y las series son El desafío: ETA en Amazon y Patria en HBO, que vienen a sumarse a otras dos sobre el mismo asunto que ya he comentado en este blog. La serie documental de Jon Sistiaga, ETA, el final del silencio, en el blog del 14 de diciembre del 2019 y la ficción de Mariano Barroso, La línea invisible, el 25 de abril de este mismo año. Las dos se pueden ver en Movistar+. Las cuatro forman una especie de mosaico sobre la historia terrible de ETA desde distintas perspectivas. Las cuatro son muy interesantes y vale la pena verlas, discutirlas, estudiarlas.

 

Los desafíos de ETA

Hugo Stuven aparece como director de los ocho capítulos de El desafío: ETA. Pero el auténtico editor, en el sentido periodístico del término, es el comentarista político José Antonio Zarzalejos. El desafío: ETA no pretende ser la serie definitiva sobre ETA, como no lo pretendía la de Sistiaga. Pero si quiere aportar un punto de vista diferente sobre un movimiento que a lo largo de 50 años fue cambiando en su aceptación en la sociedad y en su propia justificación. La principal fuente de información de la serie ha sido el libro Historia de un desafío: cinco décadas de lucha sin cuartel de la Guardia Civil contra ETA del coronel Manuel Sánchez Corbí y la cabo primero Manuela Simón. Pero a partir de ahí, los más de 80 entrevistados que aparecen van contando de forma cronológica, rigurosa y muy clara, la historia de la banda desde sus inicios (lo que se explicaba en La línea invisible) hasta su no final, en octubre del 2011, (punto de partida de Patria) cuando la organización anunció su abandono de las armas. Cincuenta años de la historia de España contada en primera persona por los que la vivieron ya fuera como fuerzas de seguridad, como políticos, como periodistas, como militantes o como víctimas. La fuerza de las palabras se enriquece en este caso con un valioso material documental inédito y a veces muy sorprendente. Hasta aquí los datos objetivos de una serie imprescindible para entender la reciente historia de España.

La mirada subjetiva del espectador (en este caso yo) es la de la rabia por lo que soportamos a veces de manera cómplice o indiferente. Pero también la sensación de asistir a un proceso anquilosado. A lo largo de la serie se ve como en el primer momento, el asesinato el 7 de junio de 1968 del joven cabo de la guardia civil José Pardines y la muerte del etarra Txabi Etxebarrieta que marca el inicio de la carrera asesina de ETA, la lucha se integraba dentro de las corrientes de movimientos de liberación que se extendían por todo el mundo. En esos años, la Guardia Civil era un cuerpo antiguo, anclado en el pasado y condicionado por el franquismo, sin los argumentos ideológicos ni la capacidad técnica de enfrentarse a un reto como el que planteaba ETA. Pero a medida que pasa el tiempo y que la situación política en España y en el mundo cambia, la Guardia Civil fue modernizándose no solo a nivel técnico, también ideológico, mientras que ETA permanecía fijada en una imagen cada vez más antigua, cada vez mas desgastada, cada vez menos comprensible. ETA se quedó en los años setenta, España y la Guardia Civil avanzaron al siglo XXI. Esto explica en parte el final de la banda que oponía métodos de lucha, (asesinatos, bombas, secuestros) del pasado a una sociedad que vivía en otro tiempo.

Pero la serie ha tenido otro efecto en mí. Un efecto que no tuvo la de Sistiaga, ni la ficción de Barroso, y si, en parte Patria tanto el libro como la serie. Ese efecto es el de sentirme parte del asunto. Empecé a ir al Festival de San Sebastián como crítica de cine en el año 1985 y viví en directo, refugiada la mayor parte de las veces en los bares de lo viejo, las manifestaciones del bulevar, la quema de autobuses que están en las primeras páginas de Patria y que he vuelto a ver en el Desafío. Más tarde, cuando ya trabajaba en el festival, me tocó vivir momentos muy duros y violentos. Recuerdo estar cenando en un restaurante y escuchar dos tiros en la calle. Era un atentado. Recuerdo una manifestación pasando por debajo del balcón de la casa donde vivía en la que se gritaba ETA Mátala, con carteles de María San Gil, concejal de PP en el Ayuntamiento de San Sebastián. Recuerdo tener que esconder el diario El país al entrar en las calles de lo viejo porque era territorio etarra y el periódico madrileño no estaba bien visto. Recuerdo hablar con Fernando Savater y su mujer Sara, teniendo a los escoltas a pocos metros. Recuerdo llegar a San Sebastián para una reunión completamente destrozada el día que mataron a Ernest Lluch, una muerte que me tocó mucho personalmente. Y recuerdo el silencio opaco de la gente que nunca se pronunciaba ante los atentados, como si no existieran. Un silencio que el libro y la serie de Patria, pone en primer plano de una forma dolorosa. San Sebastián era y es una ciudad preciosa, San Sebastián tiene gente magnífica. Pero en esos años era plomiza y dura. Todo esto me ha hecho revivir El desafío: ETA. Me ha obligado a recordar y solo por eso ya creo que es una gran serie histórica. La verdad es que los cuatro episodios de la historia de ETA: su fundación en La línea invisible; su consolidación y desmoronamiento en El desafío: ETA; sus consecuencias humanas en todos los implicados (víctimas y verdugos) en Patria; y la necesidad de conocerla, asumirla, y mirar adelante que plantea ETA: el final del silencio, son cuatro patas de la historia reciente de España que debían ser de visión obligatoria en escuelas, colegios, universidades. No podemos permitir que se olvide, como tampoco podemos permitir que se viva de su añoranza en ningún sentido. El futuro se construye entendiendo el pasado.

(De la serie Patria se ha escrito mucho, yo solo quiero añadir que los dos primeros capítulos me emocionaron hasta casi hacerme llorar. Luego, aun siendo una serie excelente, al alejarse del protagonismo de las dos madres, Bitori y Miren, se diluye un poco su carga emocional. Lo que no significa que no siga siendo excelente. Aprovecho para recordar que en la entrada del 10 de marzo del 2017 hablé del libro de Fernando Aramburu. Lo que decía allí sobre el libro sirve aquí para la serie.)

La línea invisible se puede ver en Movistar

Patria se puede ver en HBO

El desafío: ETA se puede ver en Amazon Prime

ETA, el final del silencio, se puede ver en Movistar

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Una anotación distinta. El viernes 6 comenzó el Festival de Sevilla. Su director José Luís Cienfuegos ha apostado por hacerlo presencial pese a las dificultades del bicho. Pero por suerte para todos los que no podemos ir al festival, en Filmin se puede ver una excelente selección de los títulos que allí se estrenan. Vale la pena que la vean, la exploren y se arriesguen a buscar tesoros escondidos. Seguro que los hay. 

El regalo de esta semana es un dibujo de Ramon cargado de la serenidad que tanto necesitamos.



sábado, 31 de octubre de 2020

DE LA LUNA A LAS ELECCIONES USA

 

(Esta semana sin estrenos en Barcelona, con cines cerrados, con la Cultura enviada a las mazmorras de la indiferencia, he encontrado en la Luna y en unas elecciones lejanas un tema para la entrada. Espero volver a las películas muy pronto, pero he de reconocer que no soy nada optimista.)


Luna

“Clavius, de 240 km de diámetro, es el segundo cráter por su tamaño, de la cara visible de la Luna y se encuentra en el centro de las cordilleras del Sur. Es muy viejo; eras de vulcanismo y de bombardeo del espacio han cubierto de cicatrices sus paredes y marcado de viruela su suelo. Pero desde la última era de formación del cráter, cuando los restos del cinturón de asteroides estaban aun cañoneando los planetas interiores, había conocido la paz durante quinientos mil años.” (2001, Arthur Clarke)

2001 de Clarke/Kubrick nunca deja de sorprenderme. Su anticipación de casi todo es infinita. Una nueva prueba la hemos tenido esta misma semana en que se ha confirmado la existencia de agua (es decir, posible vida) en el cráter Clavius al sur de la cara iluminada de la Luna. Clavius, precisamente el que eligieron los autores de la odisea del espacio para situar la Base Clavius desde la que parte la expedición que descubrirá el monolito en la Luna. Una buena noticia en medio de esta horrible semana en la que más que nunca desearía que apareciera un monolito capaz de iluminar un poco el vacío provocado por el bicho espantoso y por los más espantosos políticos (mundiales, nacionales y locales) que se suponen deberían combatirlo.

Y hablando de bichos espantosos, la amenaza la próxima semana no es solo la de la COVID 19, la amenaza se llama Donald Trump que puede salir reelegido para los próximos cuatro años. Estados Unidos reúne lo mejor y lo peor de las democracias modernas. Su enorme capacidad de autocritica y de denuncia de las inmoralidades políticas, con un saludable ejercicio de contrapoderes que van desde la prensa y los medios de comunicación hasta el senado y el poder judicial, convive con una sociedad reaccionaria, regresiva, analfabeta, violenta, insolidaria y devota de las mayores estupideces, representada para desgracia del mundo en su actual y, ojala no, futuro presidente. En Movistar se pueden ver estos días dos series que ilustran muy bien esta ambivalencia que tiene a Donald Trump en el centro. Las dos tratan un mismo tema, un mismo momento histórico: el enfrentamiento de Donald Trump con el Director del FBI James Comey en el año 2017 con el asunto de la injerencia rusa en el resultado de las elecciones del 2016 como fondo. Una en clave documental, la otra en clave de ficción.

 


El efecto Trump,

Esta miniserie documental de dos capítulos forma parte del programa de televisión Frontline que desde 1983 se dedica a analizar la realidad política norteamericana. El efecto Trump se centra en el primer año de su presidencia. Comienza su recorrido en enero del 2017 cuando Trump se reunió en Nueva York con cuatro de los hombres más poderosos del gobierno entre los que se encontraban el director de Inteligencia Nacional James Clapper y el director de la CIA, John Brennan. En esta tensa reunión, el entonces director del FBI James Comey le mostró un dossier con información comprometida para él, donde se afirmaba que el presidente había estado recibiendo apoyo por parte del gobierno ruso durante los últimos cinco años. También revelaba que el gobierno ruso conocía  ciertos escándalos sexuales del presidente y amenazaba con hacerlos públicos. Desde ese momento el incontrolable, egocéntrico e imprevisible presidente elegido de forma inesperada, lanzó una furiosa guerra contra los servicios de inteligencia de su propia administración, el Departamento de Justicia y en concreto contra James Comey al que acabó por destituir del cargo de director del FBI. Clásico documental de televisión, lo que cuenta El efecto Trump es tan apasionante, sobre todo en su primer capítulo, que te hace olvidar la sencilla forma como está narrado. Las declaraciones de altos cargos del gobierno, abogados y periodistas junto con el exclusivo y abundante material de archivo que maneja, hacen que El efecto Trump sea absolutamente fascinante. Una provocación en toda regla para el twitero maniaco y sus amigos de la embajada rusa. Es interesante verlo justo ahora, cuando el superbicho está a punto de ganar unas nuevas elecciones.

 


La ley de Comey

Esta miniserie de cuatro capítulos forma con El efecto Trump un díptico imprescindible para entender lo que sucedió en ese país hace cuatro años. La ley de Comey cuenta prácticamente los mismos hechos que el documental, pero ficcionados con gran inteligencia. Es muy interesante ver los mismos actos, por ejemplo la encerrona de Trump a Comey en el despacho oval, o la cena privada entre los dos, para darnos cuenta de cómo la realidad no solo supera la ficción sino que la enriquece muchísimo. James Comey registró en memorándums todas las conversaciones que mantuvo con Trump durante los primeros meses de su mandato y en base a ellos pudo redactar el libro A Higher Loyalty publicado en el 2018, después de ser cesado fulminantemente por Trump. La serie se basa sobre todo en ese texto, pero ha utilizado más fuentes de información para su desarrollo. Los dos primeros capítulos recuerdan la investigación del FBI a los correos electrónicos de Hilary Clinton que supuestamente le costaron la elección de noviembre del 2016. Los dos segundos, en cambio se centran en narrar las tensas relaciones de Comey con Trump y las vinculaciones de su gabinete y su entorno con el gobierno de Putin. La sola existencia del libro de Comey, del documental y de la serie de ficción, son la prueba de la contradicción de ese país capaz de albergar lo peor Trump y todo lo que significa) y lo mejor: los contrapoderes, la libertad de crítica y la capacidad creativa para hacer de la realidad histórica un instrumento útil y necesario de educación política. Ver las dos miniseries seguidas es una lección ideológica, pero también cinematográfica. En ese sentido cabe destacar el inmenso papel de Jeff Daniels como James Comey y de Brendan Gleeson como Donald Trump. No es que se parezcan físicamente (que también) es que reflejan en su interpretación el espíritu de uno y otro. Y no dejan dudas de a quién creer.

 

EL RINCON DE LAS SERIES


The Americans 

Hablar del FBI, de rusos y de política me ha hecho pensar inmediatamente en The Americans, una de las mejores series de la década que se puede ver entera en sus seis temporadas en Amazon Prime. The Americans empezó a emitirse en septiembre del 2013 y se convirtió muy rápidamente en una serie adictiva para cualquiera que veía su primer capítulo. La sexta y última temporada se emitió en mayo del 2018. Cinco años en los que seguimos a Philip y a Elizabeth Jennings en su doble y peligrosa vida. Este modélico matrimonio con dos hijos adolescentes, que viven en un barrio residencial de clase media en Washington, son en realidad dos peligrosos y letales agentes del KGB infiltrados como espías encubiertos en Estados Unidos. Philip y Elizabeth llevan quince años ejerciendo con gran eficacia su trabajo sin que hasta el momento nadie les haya podido descubrir. Pero la serie se encargará de ponerlos en los más difíciles aprietos mientras intentan mantener una amistad con su nuevo vecino, un agente del FBI especializado en espionaje soviético. Estamos en los años 80, Reagan empieza su mandato presidencial y en la URSS hay una nueva generación de políticos que ansían algunos cambios que la vieja nomenclatura del Partido se resiste a aceptar. Excelentemente ambientada en todos sus detalles, en paralelo a los Jennings conocemos una serie de personajes muy interesantes, sobre todo los funcionarios de la embajada soviética, auténtico centro del espionaje ruso. Lo mejor de The Americans es la estupenda combinación de lo inverosímil que resultan sus tramas, –Elizabeth y Philip son maestros en los disfraces de todo tipo– con el hecho de reflejar un tipo de espionaje que efectivamente existió en esos años recogido ampliamente en lo que se denomina Los Archivos Mitrojin, miles y miles de páginas recopiladas por el ex agente del KGB Vasili Mitrojin sobre operaciones encubiertas soviéticas en Occidente. Para completar el retrato de la época, el creador de la serie Joseph Weisberg, contó también con la colaboración y ayuda de agentes del FBI que le contaron experiencias vividas con el espionaje ruso. La serie es buena del primero al último episodio, prácticamente no baja nunca de tono. Sus personajes crecen, cambian, evolucionan. Tienen dudas, más Philip que Elizabeth, ella es dogmáticamente estalinista y tiene las ideas muy claras sobre el mundo y sobre quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Los actores que los encarnan, Matthew Rhys como Philip y Keri Russell como Elizabeth, consiguen una química absoluta. Tanto que acabaron formando una pareja en la vida real. Junto a ellos, el agente Beeman que interpreta Noah Emmerich, es el contrapunto perfecto: representa un peligro constante, pero es prácticamente su único amigo. Y no podemos olvidarnos de Paige, la hija adolescente de los Jennings con un personaje complejo y muy difícil interpretado por Holly Taylor. No sé si sería posible hacer un The Americans ambientado ahora mismo, en los tiempos de los móviles y los hackers. Sería muy diferente. Seguramente sigue habiendo espías como los Jennings infiltrados en todos los países occidentales, trabajando por socavar la cultura occidental y todo lo que representa. Tenemos pruebas de sus acciones y sus intenciones en toda Europa, España y Catalunya incluida, donde esta misma semana hemos sabido la más que probable conexión ruso/putinesca con el entramado independentista y el entorno corrupto de Puigdemont. Si los 10.000 soldados de Putin suenan a delirio de una mente alienada, la intervención directa a través de hackers y la financiación indirecta del tinglado mafioso, es mucho menos tintinesca pero bastante más real de lo que podríamos imaginar. No creo que estos nuevos espías desalmados y ocultos tengan el romanticismo que desprenden los dos rusos en Estados Unidos. Atractivos y odiosos a partes iguales, letales y entrañables. Una gran serie.

 El regalo de esta semana son muchos regalos. Ramon ha abierto un canal en Instagram donde se puede ver su obra y donde ira poniendo cuadros y dibujos. Se puede encontrar buscando herrerosramon o en la dirección

https://www.instagram.com/herrerosramon/?hl=es



sábado, 24 de octubre de 2020

VOCES


En esta semana extraña, de calor y bares cerrados (al menos en Barcelona), con el bicho extendiéndose como una mancha de aceite, acercándose cada vez más a cada uno de nosotros y con un estado de alarma muy próximo. Esta semana absurda en la que hemos visto una moción de censura que convirtió el Congreso en una nave marciana, completamente aislada de la realidad (aunque hay que reconocer que algún marciano nos sorprendió con un discurso bien construido y coherente, cosa poco habitual entre los marcianos que se mueven habitualmente por ese edificio). Esta semana en la que hemos visto al Papa advertir a Todos, de los peligros de una involución. Esta semana rara entre las raras, me apetece hablar de una película hermosa, libre, diferente. La voz humana de Pedro Almodóvar. 

29 minutos le bastan y sobran a Almodóvar para hacer una de sus mejores películas. La voz humana tiene la virtud de no perderse en esas historias paralelas que a veces entorpecen sus relatos, Aquí todo es claro, directo, afilado y brillante como un puñal pulido. Siempre he dicho que desde mi punto de vista, La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios son las dos mejores películas de Almodóvar. A ellas habrá que sumar esta voz humana que en realidad es una especie de spin off de las otras dos, o mejor aún, una revisión de ambas treinta años después. 

La obra de Jean Cocteau aparecía en La ley del deseo, donde Tina, el personaje de Carmen Maura, la representaba en un teatro dirigida por Pablo Quintero, su hermano. En el libro que hice con Almodóvar en el lejano 1988, el director me explicaba por qué había escogido esa obra de teatro:

La voz humana tiene la misma función que las canciones. No es solo porque me gusta y es un texto muy apropiado. La voz humana forma parte del diálogo de la película. He robado diálogos y los he puesto ahí, formando parte del guión. La voz humana es el grito desesperado de una mujer abandonada. Eso describe a Tina, que no es solo una mujer abandonada, sino que va de mujer abandonada. Si tuviera que poner su nombre y apellidos en el carnet diría: mujer abandonada por todos. Es algo que ella ha convertido en sus señas de identidad, y lejos de querer olvidarlas, quiere que la identifiquen. La obra también me sirve para explicar el personaje de la niña que es otra mujer abandonada por su madre. Además, a mí como narrador me sirve para que esas dos mujeres digan ¡no me dejes! en el momento en que aparece la que las ha abandonado.”


En ese mismo texto, Almodóvar definía a Tina como una mujer que está desesperada de los nervios. En la mezcla explosiva de La voz humana y los nervios desesperados, está el origen de Mujeres al borde de un ataque de nervios que no deja de ser una versión manchega de la obra de Cocteau:

 “Un monólogo femenino en una situación única y límite resuelta a base de imaginación. Pensaba en una mujer sola, en una situación límite y en un decorado único llevándolo todo al punto más experimental posible, como un reto. El origen era La voz humana de Cocteau tal como la hacía Carmen Maura en La ley del deseo que me gusta mucho. Adaptando el texto me salían casi treinta minutos, por tanto tenía que hacer algo para ampliarlo. Creo que es realmente una versión de La voz humana, sin que se parezca y sin ser tributaria, porque no hay ni una sola frase de la obra. Sin embargo, estoy convencido de que si Cocteau la hubiera podido ver o leer el guión, habría pensado que era absolutamente fiel a su idea de la obra y de la soledad de esta mujer abandonada… Es curioso el proceso. Partiendo de La voz humana, ya no hay ni voz humana, ni monólogo,  ni nada. Eso sí, hay una larga espera llena de cosas y el teléfono como elemento determinante… Tiene que quedar muy claro esa angustia de estar esperando que te llamen y que no suene el teléfono, estar esperando en vano, eso es horroroso.”


Todo lo que es La voz humana que se acaba de estrenar, está ya en estas líneas de 1988. En ese sentido el tiempo ha jugado a favor de Pedro y ahora se atreve a hacer una película experimental de 30 minutos, hablada en inglés, con una única protagonista tan abandonada como Tina y como Pepa, encerrada en un decorado que recuerda el de la obra en La ley del deseo, pero en realidad es una evocación del de Mujeres, con su terraza y sus plantas. Una puesta al día valiente y de una belleza deslumbrante en la que el papel de la niña de La ley lo asume un perro fiel y tan abandonado como la mujer de rojo, la mujer de azul, la mujer multicolor a la que da cuerpo élfico una hermosa Tilda Swinton que al final, como hacia Tina, destroza con un hacha el recuerdo de ese hombre que nunca vendrá y como hacia Pepa, le prende fuego al pasado del que resurge liberada. Un regalo que nos demuestra que Pedro Almodóvar es, cuando está en estado de gracia, un gran creador. 


La semana que viene, hablaré de estrenos on line o estrenos normales o series. Esta, prefiero centrarme en esta pieza única y absolutamente recomendable y rescatar una película que tenía que estrenarse el 13 de marzo y que, por razones que todos recordamos, no llegó a las salas. Se trata de Antología de un pueblo fantasma. Recupero el texto que escribí en el blog el 14 de marzo:

“Antología de un pueblo fantasma, de Denis Coté, pasa en un pueblo de 215 habitantes perdido en los paisajes nevados y helados de los bosques de Quebec, un ejemplo del Canadá vaciado y olvidado, como lo es la España vaciada y olvidada, donde seguro que el bicho no hará estragos a no ser que la invadan los urbanitas insolidarios que llevarán hasta allí el contagio. En este lugar escondido, se produce una tragedia inesperada que conmociona al pueblo entero. Un joven de 20 años, se mata en un accidente de coche. Todo apunta a un suicidio. Nadie, ni sus padres, ni su hermano, ni sus amigos o la alcaldesa, saben cómo enfrentarse a esa pérdida. El duelo colectivo se extiende como un manto de dolor sobre el manto de la nieve y el silencio se impone en esa comunidad callada. El tiempo se detiene, la gente intenta seguir con su vida, pero algo se lo impide. Empiezan a pasar cosas extrañas, unos niños enmascarados juegan en los campos, se produce un milagro, aparecen seres fantasmales, siluetas recortadas en el horizonte que no hacen nada, no dicen nada, solo miran, observan. Nadie sabe quiénes son, nadie se extraña de verlos, nadie reacciona. Están paralizados. La película roza la ciencia ficción, pero tiene muchas más lecturas interesantes. Se puede ver como una muestra del miedo a los extranjeros, los distintos, los otros; se puede entender como la muerte de una forma de cultura, de vida, propia del mundo rural; se puede pensar como la aceptación de lo extraño incorporado a nuestra cotidianidad. Como si el virus se hubiera instalado entre ellos y ellos estuvieran aprendiendo a vivir con él. Todas son válidas, todas funcionan en este film irregular que en su título original se llama Antología de las ciudades desaparecidas, lo que la hace más globalizadora. Porque el fenómeno de la despoblación ocurre en todos los países, donde las grandes concentraciones urbanas están dejando deshabitados muchos pueblos y ciudades pequeñas. Pero también se puede ver simplemente como un film fantástico, de ciencia ficción cotidiana. Seguramente esa será la mejor manera de disfrutarla." 

El regalo de la semana es una mujer que espera, aunque quizás no haya sido abandonada.

 


sábado, 17 de octubre de 2020

ENGAÑOS


 Entre los estrenos de esta semana hay tres que son interesantes por distintas razones. El denominador común que los une es el Engaño. En las tres historias el engaño, la mentira respecto a uno mismo y los demás, juega un papel importante. Aunque entre sí las pelis no se parecen en nada. 


Corpus Christi

El engaño en esta película polaca es evidente. En un país tan profundamente hipócrita y católico, pero al mismo tiempo tan profundamente falso y comunista, aunque las dos cosas parezcan contradictorias, que Daniel engañe a todo un pueblo haciéndose pasar por un joven sacerdote, cuando en realidad es un delincuente cumpliendo condena, no parece tan fuera de lugar, No sé si se puede decir “los polacos”, pero si “ciertos polacos”, están dispuestos a dejarse engañar por alguien que les de seguridades y les solucione problemas. Y Daniel, con su energía, su fe, su voluntad, consigue incluso que se puedan  cerrar las heridas del alma que no dejan vivir a las gentes de ese pueblo tras una terrible tragedia que costó la vida a siete jóvenes. Bajo la apariencia del Padre Tomasz, un sacerdote poco ortodoxo y muy cercano, Daniel vive un engaño que le sirve tanto a él como a los demás. El film de Jan Komasa se suma a una tradición de cine polaco muy interesante que comienza en los lejanos sesenta con Polanski y llega hasta ahora, un cine que podemos definir como de un clasicismo radical en el que el clasicismo le viene de la perfecta linealidad de la narrativa, y la radicalidad la aporta la interpretación de Bartosz Bielenia, un actor capaz de transmitir poder y fuerza solo con su mirada alucinada. Corpus Christi es una película que no engaña, al contrario: permite conocer la realidad de un país que se ha incorporado a la Unión Europea sin dejar atrás sus viejas costumbres heredadas de tradiciones políticas y sociales muy autoritarias y de obligado seguimiento. Una Polonia que si intenta engañar.


(una reciente protesta contra el AVE en Euskadi, la foto es de los periódicos)

Ane

Esta es una película española hablada en euskera y ambientada en Vitoria. Estamos en el año 2009. Lide trabaja como vigilante de seguridad en las obras del AVE que deben unir las tres capitales vascas. Está separada de Fernando y vive con su hija Ane de 17 años a la que cree conocer. El engaño aquí lo provoca el personaje de Ane, la adolescente eco-euskalduna que forma parte de un colectivo empeñado en que las obras del tren no se lleven a cabo, provocando accidentes, atrasos y acusaciones de traidores, entre otros a su propia madre. Como ya pasó con la autopista de Lizarán objetivo prioritario de ETA durante toda su construcción, la llamada Y vasca que conectará las tres capitales entre sí y con Francia y Madrid, no debe existir: mejor aislados que unidos a la chusma extranjera (ese era el concepto que presidía los atentados a la autopista). De hecho el AVE aun está en construcción trece años después del inicio de las obras y siguen las protestas en contra de su llegada a Euskadi. En la película, Ane engaña a su madre y a su padre bajo una apariencia de joven rebelde ecologista, cuando en realidad no es más que un peón en un juego mucho más grande. La gracia y el principal interés de esta prometedora y estimulante opera prima es que Sañudo, el director, enfoca el problema desde la perspectiva de un conflicto personal: el de una madre que se da cuenta que no conoce a su hija. Lide está convencida y así intenta hacérselo a entender a su intolerante hija, que el tren será bueno para todos, incluso para las personas que ahora van a sufrir las consecuencias de las expropiaciones. Ane no lo entiende, para ella, las obras del AVE y el propio tren son un atentado contra la sociedad y contra el país. Rodada con gran austeridad y rigor, Ane cuenta entre sus alicientes la presencia de una actriz estupenda, Patricia López Arnaiz que encarna a Lide, la madre. Ane es una película arriesgada y valiente en todos los sentidos. Ayuda a reflexionar sobre las difíciles relaciones tanto las familiares como las nacionales. Una grata sorpresa.


 Vitalina Varela

El nuevo film del portugués Pedro Costa es una película fascinante, pero de una gran dureza. Formal sobre todo, pero también argumental, si es que podemos hablar de argumentos en el cine de este director tan poco dado a las narraciones. Vitalina Varela es una mujer de 55 años, campesina de Cabo Verde, que llega a Lisboa tras la muerte de su marido al que no ha visto en 25 años. El engaño en esta película es el que vive Vitalina creyendo en un sueño imposible. Cuando llega  a Lisboa, la mujer se encuentra sola en un mundo de hombres, un barrio donde nadie la conoce, nadie la ayuda, mujer e inmigrante perdida en su desolación. Todo el film está rodado en el barrio lisboeta de Fontainhas que se ha convertido en el núcleo central de la obra de Pedro Costa. La historia transcurre siempre de noche, en espacios cerrados, laberintos de pesadilla, rincones de miseria. Y sin embargo, quizás eso explique porque Costa gusta tanto a determinada critica, es de una belleza deslumbrante hecha de claro oscuros de Caravaggio y de Rembrandt, con una luz nocturna enfocada a lo que quiere iluminar, creando imágenes y atmósferas fascinantes. Este es su principal atractivo, ver Vitalina como una experiencia estética más que como un documento de cine social. Toda esta creación de imágenes poderosas parte de la vida  de la auténtica Vitalina, una mujer que llena con su presencia los espacios de luces y sombras por donde deambula como una sonámbula. Pero yo no quiero engañar a nadie. Vitalina Varela es una película que exige del espectador una entrega absoluta, un dejarse llevar. No es una película que recomendaría a todo el mundo. Aunque, ¿por qué no? En definitiva, la vida está hecha para descubrir cosas y decidir por uno mismo si nos gustan o no nos gustan, nos interesan o no nos interesan. A mi me gusta y me interesa, Con eso no engaño a nadie.

 

EL RINCON DE LAS SERIES


 (este cartel de la serie me parece uno de los que mejor representa lo que se cuenta)

Antidisturbios (Movistar)

La serie de esta semana tampoco engaña a nadie. Antidisturbios  es sin duda la mejor serie española del año y probablemente una de las mejores entre todas las estrenadas en este maldito año del bicho. Me sabe un poco mal decir esto. No porque Antidisturbios de Rodrigo Sorogoyen no se lo merezca, sino porque la experiencia me ha demostrado que crear demasiadas expectativas sobre algo, produce luego alguna decepción. Y no querría que eso pasara. Antidisturbios nace como un cruce entre Que Dios nos perdone y El reino. Tiene algo de las dos, pero sobre todo tiene tiempo para desarrollar en seis capítulos una trama que abarca mucho más que la vida de este grupo de hombres de un cuerpo de policía particularmente odiado y en muchos casos desconocido. Sorogoyen y su coguionista Isabel Peña son conscientes de que el titulo es provocador: ¿será una apología de los antidisturbios?, se pregunta una cierta izquierda; ¿será un ataque a la policía?, piensa una cierta derecha. Pues no, ni una cosa ni otra, Porque el tema central de esta serie imprescindible vuelve a ser la corrupción que como una tela de araña se extiende en todos los estamentos de la vida política. Una corrupción que escoge como chivos expiatorios a este grupo de antidisturbios sobre los que recae la acusación de una mala praxis con resultado de un muerto. Un hecho fortuito y desafortunado que desencadena una cadena de represalias y complicaciones en las que poco a poco el foco se va centrando en el personaje de Laia, la investigadora de Asuntos Internos dispuesta a llegar hasta el fondo de la historia. Si la serie solo fuera el argumento ya sería importante, pero no la gran serie que es, Lo que la hace grande es la forma como está rodado cada capítulo, cambiando el ritmo, los angulares, la luz. Una de las cosas más sorprendentes de Antidisturbios es que no empatizas con nadie, bueno casi nadie. Los personajes de Diego y Salva, son los únicos que despiertan cierta comprensión, pero los demás y sobre todo el personaje de Laia, son decididamente desagradables. Y sin embargo, no puedes dejar de querer ver hacia donde los conducen sus errores, y sus intuiciones. Retrato de una época que sigue estando ahí, la historia se sitúa en Madrid entre el verano del 2016 y el verano del 2017, unas fechas nada fortuitas ni elegidas al azar, sino plenamente justificadas. Antidisturbios es un regalo que vale la pena ver. Si los Goya dieran cabida a las series, ésta sin duda lo ganaría todo. Creo que no les engaño. 

El regalo de la semana son unas hojas que creo le gustarían a Pedro Costa



 

 

 

 

 

 

 

viernes, 9 de octubre de 2020

ADIOS A UN GRAN AMIGO

Paco Betriu rodeado de amigos de la Plataforma de Nuevos Realizadores.

Paco Betriu

El miércoles por la noche me enteré de la muerte de Paco Betriu. Fue un choque. No me lo esperaba. Hace ahora justo un año, en octubre del 2019, coincidí con él en Madrid, en el homenaje que le dedicó La Plataforma de Nuevos Realizadores en el marco del Festival de Madrid. De ese encuentro escribí en el blog el 19 de octubre: “Con Paco compartí un coloquio después de ver Furia Española en una copia inédita y única con alguno de los 22 cortes de censura incorporados. Fue muy ameno y entretenido y sobre todo fue interesante comprobar que la salvaje furia de esta película tan española tiene una carga de transgresión que muchos directores de ahora mismo no se atreverían ni a imaginar. Fue una estupenda ocasión de recordar que Paco merece un lugar en la historia del cine de nuestro país.” Entonces estaba muy bien, lleno de energía. Poco después se le concedió un Gaudí de Honor. Se lo merecía. Pero Paco era para mí, para nosotros, algo más que un director de cine. Paco era un amigo, y una buena persona, y alguien que se hacía querer. A veces me da un poco de vértigo pensar el tiempo que hace de todo. También de nuestra amistad con Paco que comenzó en los primeros años 70 aún en pleno franquismo, se consolidó en los años de la transición en Comisiones Obreras donde todos militamos intentando conseguir que el sector del cine no se quedará atrás y luego, ya como periodista, en rodajes y estrenos y festivales… Tengo muchos recuerdos de Paco y con Paco: el pase de Réquiem por un campesino español en Venecia; el rodaje de Sinatra; una figuración sin frase en La Plaça del Diamant… Muchas cenas y risas. Pero sobre todo, conservo algo que ahora, en el momento de su muerte, me parece casi un regalo. Una entrevista de dos horas y media que le hice en su casa de Sant Pol de Mar el 18 de diciembre del 2015, para el programa de la SGAE Memoria del Cine Español. Hacía tiempo que no le veía, pero ese encuentro fue delicioso, se nos pasaron las dos horas y pico sin darnos cuenta y creo que el resultado es un fragmento vivo de la historia del cine de nuestro país en los últimos 50 años. Porque Paco empezó a hacer cine en 1970 y nunca dejó de hacerlo, hasta ahora mismo en que estaba preparando una nueva película. Siempre le recordaré con su ironía, su paciencia, sus ganas de vivir y de aprender. Tenía 80 años muy bien aprovechados, muy bien vividos. Muy bien compartidos. Adiós amigo.

 


Enola Holmes

Fue la curiosidad, algo muy importante para Paco Betriu, la que me llevó a ver un estreno en Netflix que se llama Enola Holmes. No sabía nada de ella (tampoco leí el resumen que ofrece la plataforma) por eso fue una sorpresa. Esta manera de descubrir pequeños regalos ocultos en la maraña de las plataformas, es una de las mejores cosas que tiene el cine On Line. La ves sin saber nada. Claro que si siguen leyendo esta entrada, sabrán algo más. En fin, no se puede tener todo. Enola Holmes es la hermana pequeña del famoso Sherlock y del estirado Mycroft. Vive en una casa en el campo con su poco convencional madre que se ha encargado de su educación, preparándola para enfrentarse al mundo. Cuando la madre desaparece misteriosamente, Enola se lanza a buscarla en una serie de aventuras que la llevarán a Londres y a una enorme mansión de la que ha huído un joven Lord. La película está basada en la serie de libros juveniles Las aventuras de Enola Holmes de Nancy Springer, pero la realización y sobre todo el humor y la ironía que desprende el film hace que Enola sea atractiva para todas las edades. Parte fundamental de este atractivo está en la estupenda Millie Bobby Brown, a la que recordamos como la misteriosa Eleven de Stranger Things, que aquí, con quince años, encarna toda la frescura y libertad de esta adolescente que interpela directamente al espectador, le involucra en la acción, le hace participar de su juego y sobre todo, reivindica su libertad para encontrar a su madre y resolver los misterios que se cruzan en su camino. No se si es una gran película, pero es absolutamente deliciosa en la inteligente combinación de reivindicación feminista y sentido del humor, de realismo en decorados y ambientes y antinaturalismo en la puesta en escena. Me ha encantado.

 

ELRINCON DE LAS SERIES


Caza de brujas

El título de esta serie noruega que se puede ver en Filmin es muy sugerente y muy apropiado a lo que la trama cuenta. Una auténtica caza de brujas organizada en una gran firma de abogados cuando la directora financiera descubre una oscura y muy bien construida trama de blanqueo de capitales y una estafa en toda regla orquestada desde los órganos de poder del gobierno. Caza de brujas es la prueba de que la corrupción a gran escala no es patrimonio nacional, existe en todas partes, es, por asi decirlo, multinacional. Y la prueba también de que los mecanismos de defensa de una sociedad bien constituida, pueden acabar derribando los castillos de naipes de los entramados mafiosos. Aunque, no siempre ganan los buenos y no hay nada mejor que esconderse unos meses esperando que llegue la primavera para volver con nuevos castillos de robo organizado. La serie está centrada en tres personajes principales que representan tres estamentos de la sociedad. Ida Waage es directora financiera en uno de los mas famosos y poderosos bufetes de abogados de Oslo; Aida Salim, es una joven periodista con mucho olfato y tenacidad, empeñada en sacar a la luz la trama de corrupción de un poderoso hombre de negocios; Eirik Brathen es un policía de la unidad de Delitos Económicos, bastante poco ortodoxo en sus métodos. Los tres cruzan sus vidas y unen sus fuerzas contra la caza de brujas desencadenada no solo en la firma de abogados, también en la sociedad. Ambientada en el Oslo de los ricos y poderosos, vale la pena verla atentamente para comprobar cómo una simple irregularidad contable, puede desencadenar una auténtica catástrofe nacional política y económica. Muchos de nuestros corruptos conocidos y por conocer, se sentirán retratados en los abusivos comportamientos de esta gente que cree tener derecho a hacer todo lo que quiera. Son los putos amos. Hasta que llega alguna hormiguita, en este caso tres hormiguitas, que sacuden el nido y les provocan un acceso de pánico. Pero que no tiemblen nuestros cazadores locales, como decía antes, basta esperar a que llegue la primavera. Aunque ahora, con el bicho desbocado y feliz, no sé si la primavera será un buen momento para nada. Ni siquiera para corrupciones.

 El regalo de la semana está dedicado a Paco.



 El 5 de octubre di una conferencia en el CCCB dentro de un curso sobre Eugeni Trías y el cine, organizado por Jordi Ibáñez para el Institut d'Humanitats. Mi conferencia era sobre Tarkovski y Trías. La he colgado en el Blog de Textos por si alguien tiene curiosidad de leerla. 

http://nuriavidaltextos.blogspot.com






 

 

 

sábado, 3 de octubre de 2020

WOODY Y VIGGO

Woody Allen

Esta semana se estrena la última película de Woody Allen. No voy a hablar de ella, no me gusta demasiado. Pero si me apetece hablar de Woody Allen, de él, de la persona más que del director. No he sido nunca fan de Allen, en general no me gusta su cine, –hay muy pocas pelis suyas que me gustaría volver a ver y la verdad, prefiero no hacerlo por si acaso me decepcionan. En su larga filmografía de casi 50 películas, hay una etapa que detesto particularmente. La que protagoniza Mia Farrow, una mujer que siempre me pareció horrible. Mucho antes de todo su affaire con Allen. Su afán de acaparar niños como si fueran muñecas, decidiendo ella cuáles eran las preferidas en cada momento (generalmente los propios más que los ajenos), me producía un cierto repelús. Como no me gustaba su cine, nunca me preocupé de averiguar nada más de Allen, al que, sin embargo, nunca creí sospechoso de las acusaciones de Mia. Bueno, todo esto para decir que me enfrenté a su autobiografía A propósito de nada, con muy pocas ganas. Quizás por eso me enganchó desde el principio, la leí de un tirón y reconocí que me había descubierto una persona completamente desconocida para mí. Los personajes que ha hecho en sus películas han ocultado al otro Allen, el de carne y hueso, durante mucho tiempo. Este libro escrito con la lucidez de los 84 años (y una memoria prodigiosa) descorre el telón para dejarnos ver quién está detrás de su neurótico, agobiado y siempre frustrado judío neoyorquino. Allen desmonta los muchos tópicos que se han construido a su alrededor, recuerda su infancia, sus primeros pasos en una Nueva York de pequeños teatros. La gente que conoció. Habla de sus mujeres con mucho cariño, la prueba es que, menos con Mia Farrow, sigue teniendo muy buena relación con ellas, especialmente con Louise Lassiter y Diane Keaton, que se han mantenido a su lado durante estos últimos años en los que Farrow se ha dedicado a sembrar la sospecha sobre él amparada en el movimiento Mee Too (Abro un paréntesis que me parece importante. Hay movimientos reivindicativos necesarios, útiles, imprescindibles. El mundo está bastante mal y hay muchas cosas en la sociedad que hay que denunciar y sobre todo cambiar. El movimiento Mee Too me parece importante y creo que era necesario plantar cara a muchos comportamientos abusivos. Pero como en todos los movimientos, hay veces que se usan mal, o mejor dicho se instrumentalizan a favor de causas no siempre tan defendibles como el espíritu que lo impulsa. Bajo el Mee Too se ha agazapado mucha venganza personal, muchas pequeñas rencillas, muchas historias siniestras. Una de ellas es la de Mia Farrow y la manipulación de su hija Dylan contra Allen, una inquina que se demostró falsa en su momento y que ha resucitado gracias al Mee Too. Estoy a favor de denunciar los abusos de todo tipo .Pero no de usar la sociedad, las redes sociales, la opinión pública para satisfacer venganzas. Cierro paréntesis). 

Está claro que Allen escribe este libro para dar su versión de los hechos, Por eso dedica una buena parte, 120 páginas de libro, a contar su tormentosa relación con Mia Farrow y las terribles acusaciones de haber abusado de su hija Dylan cuando tenía 7 años. Mia nunca le perdonó a Allen que se fuera a vivir con Soon-Yi, una de sus hijas adoptivas. Soon-Yi tenía 22 años cuando decidió que quería vivir con Woody Allen. Mia Farrow no pudo soportarlo. La denuncia de los supuestos abusos a su hija Dylan fueron la excusa para vengarse de él. Allen fue absuelto de todas las acusaciones, pero el mal ya estaba hecho. En el año 1997 Allen se casó con Soon-Yi, llevan veintitrés años juntos y han adoptado dos hijas sin ningún problema. Esa es la mejor prueba de que las acusaciones de Mia eran completamente falsas. La respuesta de Allen a la histeria colectiva desatada de nuevo veinte años después por el tándem Mia/Dylan es contar su propia vida en este libro escrito de una manera muy espontánea y poco trabajada, en forma casi de monólogo, sin capítulos que lo fragmenten. Los que busquen anécdotas de sus películas o un análisis de su cine, se sentirán defraudados. No descubrirán nada nuevo pero se encontrarán con una persona inesperada. Después de leer esta autobiografía, sigue sin gustarme su cine, pero he descubierto que me gusta él.

 

(coincidí con Viggo Mortensen hace unos años en Casa de América para hablar de Jauja. Fue una charla estupenda)

Falling

Otro estreno destcabale de esta semana es Falling, debut como director de Viggo Mortensen. No creo que a estas alturas tenga que presentar a Viggo Mortensen. Su nombre, su rostro, está en muchas películas memorables de los últimos treinta años. Pero sí voy a hablar un poco de Falling. Lo primero que me sorprende es su clasicismo (no confundir con conservadurismo). Falling es una película clásica en el mejor sentido de la palabra. Cuenta la difícil relación entre un padre que está perdiendo la memoria y un hijo que intenta olvidar todo el mal que le hizo para apoyarle en esos duros momentos. El recurso de los flashbacks es quizás lo menos interesante del film, aunque era necesario para entender porque el padre es como es que supiéramos cuál fue su pasado. Mortensen en su doble calidad de director y protagonista, asume el riesgo de caer en los tópicos de este tipo de situaciones, pero lo soslaya con pequeños apuntes laterales. Por ejemplo, la presencia de la hija adoptiva, nieta de ese viejo irascible, que es la única que le planta cara con todo cariño y respeto. Pero para mí, lo mejor de Falling es algo muy difícil: conseguir despertar en el espectador la empatía, incluso la simpatía por ese viejo cascarrabias, homófobo, reaccionario y detestable. Mortensen hace que el público, o al menos yo, se sienta como se siente el personaje del hijo, sumido en la contradicción de querer ayudar y entender a este anciano perdido y confuso y las ganas de darle un par de bofetadas y dejarle a su aire. Falling es la historia de una caída al vacío de la mente, un estudio de la decadencia de alguien que nunca fue ejemplar y por eso mismo, es tan cercano y tan reconocible. Auténtico duelo entre Lance Henriksen y Viggo Mortensen, Falling es una nueva aproximación a la difícil convivencia entre los padres que viven cada vez más años y los hijos que los cuidan, cada vez más viejos

No sé cómo, pero el tema de la vejez se ha vuelto a colar en el blog.. Allen tiene 85 años, y Falling es la historia de un hombre de 80. ¡Espero que la semana que viene no tenga que volver a hablar de gente mayor!

Retales en una frase

-Explota, explota, es una película feliz, absurda, divertida, llena de añoranza y de colores pop, como una vieja película de Marisol pero con las canciones de Raffaella Carrà.

-Emma Suárez está muy bien en Una ventana al mar, una película, pequeña, previsible, vista mil veces, pero que se crece gracias a ese amor crepuscular en una isla griega. 

 El regalo de la semana es un cuadro otoñal que me gusta mucho





 

sábado, 26 de septiembre de 2020

DE FESTIVALES, SELVAS, VIEJOS Y PASTELES

 

Semana extraña (y van…) En San Sebastián sigue el festival más raro, pero también el más valiente, con sus proyecciones enmascaradas y sus ruedas de prensa a distancia. Este año se recordará por ser el Año del Bicho, pero también por ser el año en el que se rompieron definitivamente las barreras entre cine y televisión, entre películas y series. El festival ha sabido reconocer que la ficción audiovisual está en distintos lugares y ha ofrecido a las series la posibilidad de estrenarse “a lo grande” en el marco de su programación. No es el momento de hablar de Patria, que se comienza en HBO el domingo 27 de septiembre, fecha emblemática y cargada de significado emocional; ni de Antidisturbios, que llegará a Movistar el 16 de octubre con su potente denuncia política; ni de El estado contra Pablo Ibar, documento estremecedor sobre la justicia norteamericana o de la serie del presidente del jurado Luca Guadagnino, We Are Who We Are. Tiempo habrá de analizarlas. Aquí y ahora, lo que es importante es que el Festival les ha dado status de igualdad de condiciones con el Cine con mayúscula y eso es algo estupendo. Ha habido en Donosti muchas películas importantes, apetecibles, que estoy deseando ver. Tendré que esperar a que se estrenen. Pero he tenido la suerte de ver dos de las escasas propuestas latinoamericanas que se han presentado este año de penurias en la producción de América Latina. Se trata de una película mexicana y una chilena. La mexicana no tengo claro que se vaya a estrenar, la chilena sí que tiene fecha para llegar a las pantallas. Las dos son muy interesantes por distintos motivos

 

Selva trágica, de Yulene Olaizola

Selva trágica, es la quinta película de una directora de origen vasco nacida en México. Sucede en el año 1920 en la frontera entre Belice y Campeche, zona cauchera, salvaje y bastante inexplorada. En lo más profundo de la selva perviven los mitos y rituales mayas, preservados en la memoria de los indígenas que recogen el chicle para las grandes corporaciones internacionales. En ese espacio de sueño y pesadilla, una mujer, la hermosa Agnes, escapa de su posesivo amo británico y se adentra en la selva donde la encuentran un grupo de caucheros mexicanos. Jacinto, uno de los indígenas, reconoce en ella la figura de Xtabay, una diosa que desde lo más profundo de la selva controla el destino de los hombres. Rodada en planos largos y pausados, la belleza del lugar acaba por ser tan tóxica como la mujer que poco a poco destruye todo lo que la rodea. Es una película “exótica” que sin embargo me ha producido una sensación extraña de reconocimiento. De una manera inmediata, con Blanca Nieves y los siete caucheros; pero de una forma más profunda con una película que está muy enraizado en mi propia memoria: Canaima, dirigida por Juan Bustillo Oro en 1945 sobre una novela de Rómulo Gallegos y protagonizada por Jorge Negrete, Gloria Marín y Charito Granados. Canaima pasa en los mismos años, aunque en otra selva un poco más lejana, la del sur de Venezuela con el río Orinoco dominando el paisaje entre caciques, caucheros y viejos mitos indígenas. El film de Yulene Olaizola no se parece en nada al de Bustillo Oro, pero me lo ha recordado y me han entrado ganas de volver a verlo para comprobar si el poder evocador de misterios, aventuras y amores perdidos es algo fabricado por mi recuerdo o de verdad está en Canaima.

 

El Agente Topo, de Maite Alberdi.

De esta directora chilena recuerdo con gran cariño una película sobre las amigas de su abuela que se llamaba La once (hablé de ella en una entrada del 9 de julio del 2016). En La once ya se podía ver que Maite Alberdi no hacía documentales muy convencionales hecho que viene a confirmar este Agente Topo en el que prosigue su aproximación a las personas mayores, muy mayores, a través de una historia entre divertida, inverosímil y sobre todo inesperada. El resumen del Festival de San Sebastián dice: “Rómulo es un detective privado. Cuando una clienta le encarga investigar la residencia de ancianos donde vive su madre, Rómulo decide entrenar a Sergio, un hombre de 83 años que jamás ha trabajado como detective, para vivir una temporada como agente encubierto en el hogar. Ya infiltrado, con serias dificultades para asumir su rol de topo y ocultar su adorable y cariñosa personalidad, se acaba convirtiendo, más que en un espía, en un aliado de sus entrañables compañeras.”. No tengo muy claro que este trabajo sea un documental, tampoco es una ficción preparada. Más bien creo que la idea es provocar una situación, Sergio infiltrado en una residencia de ancianas (hay cuarenta mujeres por cuatro hombres) y ver que pasa. Con la complicidad de la dirección del centro y sobre todo del entrañable Sergio, la cámara de Alberdi se adentra en esa residencia de provincias y mira a sus habitantes con cariño y sin condescendencia. El Macguffin de la trama, encontrar las cosas malas que hacen contra los pobres ancianos, funciona solo como punto de partida. Es evidente que si la película se hizo con la colaboración de la institución, no iban a mostrar nada malo. Pero lo importante no es lo que hagan bien o mal las residencias para ancianos en todo el mundo, pasto de muerte y desolación de esta maldita pandemia, sino el poner en evidencia el abandono emocional por parte de sus familiares que padecen los viejitos recluidos en ellas, obligados a tejer complicidades entre ellos mismos y con sus cuidadores como refugio para su soledad. Como ejemplo, la clienta tan preocupada por su madre, no la ha visitado nunca ni ha puesto los pies en la residencia más que para dejarla allí. El agente topo llega en un momento especialmente delicado en el que la sensibilidad sobre qué hacer con los mayores se ha visto potenciada por la mortalidad provocada por el bicho de nombre de mascota. Hace pocos días leí en LaVanguardia un artículo que hablaba de “la campaña Old lives matter, Las Vidas Viejas Importan, impulsada por más de 40 organizaciones científicas, sanitarias y sociales de todo el mundo para sensibilizar a la población y luchar contra el edadismo, la discriminación contra la gente mayor basada en falsos prejuicios instalada en todas las sociedades.” Esta película se inscribe en este camino, con humor, elegancia, respeto y sensibilidad. Cuando se estrene volveré sobre ella. Para acabar con este tema me gustaría recordar una frase de Ingmar Bergman, que he leído en alguna parte: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada se hace más libre y la vista se vuelve más amplia y serena”.

¿Y de los estrenos? Solo unas líneas para dos estrenos de esta semana.

Una pastelería en Notting Hill, de Eliza Schroeder

Love Sarah, título de la película y nombre de la pastelería en Notting Hill, es una película pequeña y sin pretensiones ambientada en el Londres de ahora mismo. A pesar de partir de la pérdida de una persona muy querida, se trata de una historia muy feliz, optimista, con una gran carga de energía positiva. La Sarah del título original muere en un accidente nada más empezar la película y eso provoca que su hija, su mejor amiga y su madre se reúnan para realizar el sueño de Sarah: montar una pastelería. Sencilla y muy ligera, lo mejor de Love Sarah es que casi sin quererlo, se convierte en una especie de alegato en forma de pasteles contra el Brexit y a favor de la integración y la diferencia como algo enriquecedor. De este delicioso film se puede decir que es dulce, pero en ningún momento empalagoso. 

Tommaso, de Abel Ferrara

En realidad esta película debería llamarse Willem. Dafoe naturalmente. Willem Dafoe, imagen del Festival de San Sebastián este año, es el auténtico y casi único protagonista de un film irregular y autobiográfico del propio Ferrara. Tommaso es director de cine, vive en Roma, tiene una hija pequeña y un pasado turbulento de drogas y alcohol. Tommaso/Abel con el rostro y el cuerpo de Willem, recorren una historia que empieza de una forma naturalista y cotidiana, para poco a poco sumergirse en una pesadilla de delirios y memorias. Es sin duda la película más personal de Ferrara, la más desnuda. Solo un actor como Dafoe, con el rostro esculpido por el tiempo y buen conocedor de la violenta vida del director con el que ha trabajado en siete ocasiones desde 1998, podía encarnarle siendo fiel tanto a Ferrara como a sí mismo. Por cierto, para cerrar el círculo, Abel Ferrara ha estado en San Sebastián presentando un nuevo trabajo, Sportin Life, en el que vuelve a contar con Dafoe, imagen icónica del festival de este año en el que las flores han querido plantarle cara al bicho. 

El regalo de esta semana es el único retrato masculino que ha hecho Ramon. Es el retrato del Dr. Ignasi Ponseti, un gran amigo y un hombre sabio que hacía honor a la frase de Bergman.