sábado, 26 de febrero de 2022

RUSOS

 

Esta semana ha empezado la guerra. Si será mundial y catastrófica para la humanidad o si se quedará circunscrita a la pobre Ucrania, lo sabremos dentro de poco. Pero pase lo que pase, el mundo ya no será igual. El siglo XXI está sometiendo a la humanidad (toda) a unas presiones cada vez más insostenibles: los atentado del 11 de septiembre del 2001, el reguero de atentados y guerras en nombre de la yihad, la crisis terrible del 2008, el auge de los nacionalismos excluyentes y xenófobos en toda Europa, la pandemia del Covid 19 y ahora Putin y sus ansias de gloria zaristo/stalinista. No nos dejan vivir en paz. No nos queda más que el refugio de lo cercano, de lo cotidiano. Lo demás, todas las certezas que pudiéramos tener sobre el mundo y el futuro, han saltado por los aires.

En este contexto me ha parecido interesante recuperar una película premonitoria Donbass de Sergei Loznitsa, estrenada en el 2019 y que ahora se puede ver en Filmin. Estremece verla en este nuevo escenario.

 

DONBASS Sergei Loznitsa Filmin

En abril del 2019, cuando se estrenó esta película en los cines, escribí:

El otro estreno grande de la semana es Donbass, película ucraniana necesaria, imprescindible, útil para recordarnos que ahí mismo, en una esquina de Europa, hay un país que vive en una guerra civil latente y de la que no se habla, un país ocupado por un ejército  extranjero del que nadie dice nada. Ucrania está sufriendo una guerra de independencia de la región de Donbass, que los pro rusos quieren separar de un estado europeo para ser parte de la Rusia de Putin. Una guerra de intolerancia, crueldad, barbarie y mentiras, de la que sabemos poco o nada. El film de Sergei Loznitsa es un pequeño grano de arena para empezar a pensar en lo que está pasando allí. Ya desde su titulo Donbass, el director hace una declaración de intenciones. Para los independentistas Donbass es un nombre prohibido, ellos se llaman Nueva Rusia. Pero no es la única prueba del compromiso de este director con una realidad terrible. Construido como una ronda de trece episodios en los que un personaje de uno sirve de enlace con el siguiente, Donbass es un viaje circular al infierno de la barbarie, la crueldad, la intolerancia y la manipulación de una sociedad violenta y corrupta. Desagradable, incómoda y caótica, como la propia sociedad que refleja, Donbass dibuja un panorama de políticos corruptos, soldados desmotivados, periodistas que no entienden nada, hasta llegar a una escena casi insoportable, no tanto por su propia violencia, sino porque la podemos reconocer como propia: un hombre ucraniano, acusado de luchar contra la independencia, es insultado, maltratado cruelmente por una muchedumbre enloquecida ante la mirada cómplice de los policías que le debían custodiar. Donbass es una lección de historia, es cine militante, es cine político. Pero sobre todo es cine que nos hace reflexionar como un espejo donde nos vemos reflejados sin que nos guste nada lo que vemos.”

Recupero este texto en esta semana en la que Donbass se ha convertido en el centro vital de la más grande amenaza que ha vivido Europa desde el final de la segunda guerra mundial. Putin se ha crecido en sus ansias desmesuradas de recuperar la grandeza de la Rusia zarista y para eso debe acabar con Ucrania como sea, aun a riesgo de provocar una guerra de dimensiones insospechadas. A Putin ya no le basta con desestabilizar Europa con sus peones de extrema derecha, de extrema izquierda o nacionalistas. Ahora quiere humillar a ese Occidente que considera el enemigo número uno por sus valores, por su cultura, por su democracia, todo lo imperfecta que queramos, pero democracia. Por la libertad en definitiva de pensar y actuar. Ver esta magnífica película de Sergei Loznitsa ahora, es toda una revelación. Cosas que en su estreno del 2019 se nos escapaban ahora son meridianamente claras. Como esa matanza final que cierra la ronda infernal de corrupciones y violaciones de los derechos. Una matanza que alcanza todo su sentido cuando la enlazamos con la serie noruega Furia de la que hablo en esta misma entrada. La escenificación de un atentado a un autobús, es decir la fabricación de una fake news como excusa perfecta para desencadenar una reacción, no puede tener testigos., por eso se mata impunemente a todo el equipo que ha colaborado en esa falsa noticia. Tampoco pueden quedar testigos de los atentados a la dignidad que se están produciendo en esa pequeña región de Europa que ya no forma parte de Ucrania, si es que Ucrania sigue existiendo tras la invasión masiva de estos últimos días.

 


 FURIA Filmin

Empecé a ver esta serie noruega pensando que era una más del noir nórdico que me gusta mucho. Policía con un pasado complicado recién llegado a un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce, un asesinato, contexto racista con conflicto permanente con los refugiados. Nada demasiado nuevo, aunque enmarcado en unos paisajes de ensueño. Pero poco a poco, Furia va dando giros inesperados. De noir convencional, pasa a noir de terrorismo, de noir de terrorismo islámico, pasa a noir de terrorismo de extrema derecha, y de noir de extrema derecha pasa a ser abiertamente un noir político. No es una gran serie, y su guion está lleno de agujeros, pero te engancha por lo que cuenta y lo que desvela de una realidad que pone los pelos de punta. La trama lleva del norte de Noruega a Berlín donde una célula de ultraderecha financiada por dinero ruso se dispone a orquestar un gran atentado bajo la apariencia de ser un atentado del yihadismo islámico. Como van creando las pruebas para acusar a los musulmanes, como fomentan el miedo a los refugiados y a todo el mundo árabe, como organizan las pistas y conducen a la policía de dos países por donde quieren, siempre guiados en la sombra por la larga sombra de la Rusia de Putin empeñada en desestabilizar Europa para romper la unidad europea al precio que sea. Furia es ejemplar en ese sentido, toda una lección de historia contemporánea y una iluminación sobre los discursos racistas y xenófobos de, por ejemplo, VOX y otros nacionalismos excluyentes.

 

Pequeñas notas de una semana plagada de buenos estrenos

Competencia oficial, de Gastón Duprat y Mariano Cohn, o como los actores, cuando son buenos, son capaces de reírse de si mismos en una comedia de tres personajes estupendos: Penélope Cruz desmelenada, Antonio Banderas egocéntrico, Oscar Martínez detestable.

Great Freedom, de Sebastian Meise o como una sórdida historia carcelaria de homosexuales, se convierte en una historia de amor de una  enorme. luminosidad y de una honda carga de denuncia de una sociedad intolerante.

Las ilusiones perdidas, de Xavier Giannoli o como se puede convertir un clásico de la literatura como es Balzac en un film de una absoluta modernidad sin necesidad de cambiar los decorados de la época. El pasado como espejo del presente.

Un pequeño mundo, de Laura Wandel o como se puede hacer un film con niños sin tratarlos de subnormales y reflejando no solo su punto de vista, sino sus dudas y sus frustraciones, sus crueldades y solidaridades.

El triunfo, de Emmanuel Courcol, o como el teatro puede salvar a los delincuentes cuando encuentra una obra en la que se sienten reflejados. Esperando a Godot de Samuek Becket es perfecta para que la interpreten un grupo de reclusos que se pasan la vida esperando algo. Divertida, con unos actores perfectos, se inspira libremente en un hecho real sucedido en 1986 en Suecia.

 El regalo de esta semana es un girasol que Ramon ha dibujado expresamente en honor de Ucrania. El girasol es la flor nacional de ese atacado país.



 

 

sábado, 19 de febrero de 2022

 

Antes de empezar la entrada de hoy tengo que comentar una noticia lamentable.

BTV, la Televisión Pública de Barcelona, ha decidió despedir a 12 personas (en junio ya despidió a 9). Los equipos completos de tres programas culturales Ártic, La Familia Barris y La Cartellera, incluidos los colaboradores externos como yo misma que llevaba trabajando en el programa La Cartellera cinco años, nos hemos quedado en la calle. La Televisión Pública de Barcelona, la televisión del Ayuntamiento, la televisión de Ada Colau, ha decidido que estos programas culturales no eran necesarios. Una prueba más de lo que les interesa la cultura, el cine y la gente. Una tristeza.

 

ACTORES

Utilizo el genérico “actores” que engloba a hombres, mujeres y todos los grados intermedios que puedan existir, para encabezar esta entrada que va de actores/directores. La razón es la coincidencia en el tiempo de tres nombres Uno, José Sacristán, protagonista indiscutible de la semana por su Goya de Honor y por ser él, simplemente. Dos, una película que descubrí por casualidad en Amazon dirigida por un actor inclasificable, Christoph Waltz. Tres, el estreno en salas de una película dirigida por una actriz también inclasificable, Maggie Gyllenhaal. Empiezo en orden inverso.

 

(si ven la película entenderán la imagen)

El estreno en salas. La hija oscura, Maggie Gyllenhaal

En realidad esta película debería llamarse La muñeca robada, titulo más inquietante y sugeridor que el de La hija oscura que nos remite casi al cine de terror, cuando en realidad esta historia es un mono/melodrama centrado en un personaje principal, esa Leda que le ha valido a Olvia Colman una nominación al Oscar como Mejor Actriz por su Leda adulta y a Jessie Buckley otra nominación a la Mejor Actriz de Reparto por su Leda joven. La hija oscura es un guión, otra nominación de este año, en este caso para Maggie Gyllenhaal, que adapta una novela de la italiana Elena Ferrante. No conozco la novela así que no puedo juzgar si es fiel o no. Pero la película me ha gustado más de lo que me imaginaba a priori. Maggie Gyllenhaal, hermana de Jake Gyllenhaal con el que coincidió en la inquietante Donny Darko en el 2001, un año antes de convertirse en la Secretary de Steven Soderberg, es una actriz que se prodiga poco. Su aproximación a este melodrama silencioso ambientado en una playa idílica de una isla de Grecia, donde una mujer adulta, solitaria y cansada busca refugio en sus vacaciones y lo que encuentra es una ruidosa y muy invasiva familia con una madre joven y su hija, es de una sutileza y feminidad apabullante. Y digo lo de feminidad con todo sentido, porque esta película no la habría podido hacer un hombre. Las complicidades entre las mujeres, los matices de sus esporádicas relaciones, la doble historia personal de Leda ahora y Leda joven, sus conflictos personales con la maternidad y la culpa y la responsabilidad, solo los podía tratar de esta manera una mujer. Las dos Ledas dominan el relato, Olivia Colman es antipática y arisca, pero tiene sus razones, Jessie Buckley es antipática y muy insegura, pero también tiene sus razones. Las dos se hacen querer en sus contradicciones y en sus comportamientos tan poco convencionales a los 25 años como a los 48. Cine de actrices en todos los sentidos de la palabra, esta hija oscura creo que anuncia mas Gyllenhaal directora y menos Gyllenhaal actriz.

 

(el selecto barrio de Georgetown en Washington)

 El estreno en plataforma: El crimen de Georgetown, Christoph Waltz, Amazon

Christoph Waltz ejerce aquí una doble función, es el director y es el protagonista de una historia inspirada en un hecho real recogido en un artículo, publicado en The New York Times Magazine, donde se explicaba el asesinato de la veterana periodista de 90 años Viola Herms Drath el año 2011 a manos de su segundo marido. En la película, Viola se ha convertido en Elsa Breht con el rostro, el cuerpo y el cabello de una Vanessa Redgrave espectacular, mientras que Waltz se mete en la piel de Ulrich Mott, un estafador alemán de poca monta empeñado en llegar a lo más alto de la selecta sociedad de la muy selecta ciudad de Georgetown. Como si se tratara de un Pequeño Nicolás (por cierto, ¿qué se  ha hecho de este siniestro personaje?) Mott consigue engañar a media ciudad, incluida la veterana periodista que cae rendida ante sus dotes de seducción, convenciendo a todo el mundo con sus extravagantes historias sobre una supuesta intermediación en la guerra de Irak. Verborreíco, exagerado, autocomplaciente, cínico y oportunista, Mott/Waltz se convierte en el criado para todo de su rica esposa, ante el disgusto de su hija Amanda, interpretada con dureza por Annette Bening, la única que parece darse cuenta de la catadura moral de este Pequeño Ulrich norteamericano. Como su título indica, hay un crimen en la película, y la historia de cómo se llega a ese crimen y lo que pasó después es lo que se va contando en un film segmentado en capítulos. Divertida y mordaz, Waltz se ríe de sí mismo, de los políticos y de la sociedad de Georgetown sin ninguna piedad. Presentada en el festival de Tribeca del 2019, El crimen de Georgetown nunca se llegó a estrenar y solo se puede ver en plataformas. Es una lástima porque el protagonista de Malditos bastardos y Un dios salvaje, por citar solo dos de sus muchas películas, demuestra tener un don para la comedia negra con toques centroeuropeos. Creo que Billy Wilder se habría reído mucho de y con Ulrich.

 


José Sacristán

El Goya de honor de este año ha puesto a Sacristán en el ojo del huracán de las noticias. A sus 85 años muy bien llevados, Sacristán ya no tiene nada que perder y todo por ganar. Por eso no calla sus opiniones políticas aunque a veces no coincidan con lo que se espera de un actor de izquierdas. Porque Sacristán es un actor y un director de izquierdas sin duda, Pero no de esa izquierda sumisa y borreguil que sigue las consignas de lo políticamente correcto sin cuestionar nada y con una, a veces, terrible amnesia y analfabetismo histórico. Sacristán es un señor de izquierdas en todo el sentido real de la palabra. Y por eso no solo no reniega ni habla mal de sus principios en el cine español formando parte de aquello que despectivamente se llamaba “comedia española”, sino que lo reivindica como terreno de aprendizaje y como representación social de una España que él conoció desde la posguerra más dura, hasta la transición y de la transición a esto que tenemos ahora que es difícil de calificar. Su voz se ha ido haciendo grave con los años, su nariz y su cara de acelga, han ido ganando en personalidad con las canas, su manera de estar ante la cámara se ha ido serenando. Pero su compromiso con la profesión y con la realidad no ha cambiado nunca. Sacristán es un actor que siendo siempre él mismo consigue ser siempre diferente. Y para prueba una película olvidada de su filmografía que vi casi por casualidad en Flixolé, (donde por cierto, hay muchas películas suyas como actor). Yo me bajo en la próxima ¿y usted? con Concha Velasco de compañera en un tour de forcé que les lleva a recorrer casi cincuenta años de historia de nuestro país a través de la relación de Concha y Pepe. Esta fue su tercera y  última película como director. Y es una lástima, porque Sacristán podía haber hecho muchas más. Por suerte, nunca dejó de trabajar como actor y desde que en el 2011 hizo con David Trueba Madrid 1987, se ha convertido en el actor fetiche de casi todo el cine español más contemporáneo: El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta, Magical Girl, de Carlos Vermut, Quatretondeta, de Pol Rodríguez, Formentera Lady, de Pol Dura… sin dejar nunca de hacer ese cine llamado comercial al que le tiene un enorme respeto. Y por supuesto, sin dejar nunca el teatro. Con Berlanga se fue a la cárcel y a buscar una vaquilla; Fernán Gómez le bautizó cara de acelga y se lo llevó a un viaje a ninguna parte; los dos Pedros, Maso y Lazaga, hicieron de él, junto con Landa, el españolito medio; Regueiro le metió en la posguerra de Madregilda, estuvo en el Epilogo de Suárez y en La colmena de Camus… Su carrera es interminable. No sé quién escribió la presentación que hizo Nora Navas en los Goya de este año, pero clavó su retrato enlazando únicamente títulos de sus 198 películas. Contar con alguien como él en nuestro cine, es un regalo que hay que aprovechar.

Aprovecho para recomendar dos programas recientes de TVE que se han acercado a Sacristán con motivo de su Goya. Son muy diferentes entre sí y los dos dejan ver la calidad humana del hijo del Venancio. 

https://www.rtve.es/play/videos/imprescindibles/jose-sacristan-yo-queria-ser-tyrone-power/5747005/

Imprescindibles: Yo quería ser Tyrone Power

 https://www.rtve.es/play/videos/la-matematica-del-espejo/jose-sacristan/6237815/

La matemática del espejo  

El regalo de esta semana está dedicado a José Sacristán. Es una cabeza de ajos que Ramon ha dibujado expresamente para él. Los que le conocen entenderán porqué y los que no le conocen, lo podrán descubrir viendo los dos programas de RTVE.

 


 

 

 

 

sábado, 12 de febrero de 2022

CLÁSICOS

 


Licorice Pizza de Paul Thomas Anderson

Esta semana no puedo empezar diciendo “esta semana se estrena” porque la película que me parece más interesante, Licorice Pizza, lleva ya dos semanas en los cines. Lo que ha pasado con el último film de Paul Thomas Anderson es muy extraño. Se tenía que estrenar a principios de enero, se retrasó, no pasa nada y se anunció su estreno para el 11 de febrero, bien. Pero, de repente, el 28 de enero apareció, casi clandestinamente, en tres cines de Barcelona (ignoro si también se estrenó en otras ciudades). Así que, no, no se estrena esta semana. Aunque la verdad es que este culebrón que demuestra el enorme desconcierto de la industria en el terreno de la exhibición postpandémica, es lo de menos, Porque lo que cuenta es la película. Y tengo que reconocer que en la polémica que ha suscitado su estreno yo me sitúo entre los que la disfrutaron mucho. El titulo Licorice Pizza no nos dice casi nada a nosotros, pero para Paul Thomas Anderson tiene una honda resonanci: es el nombre de una cadena de tiendas de discos de los setenta y contiene la palabra pizza que le transporta a su niñez y adolescencia. Licorice Pizza es la película más feliz del director de melodramas tan potentes como Magnolia, The Master o Pozos de ambición. Aquí Anderson pone su saber dirigir al servicio de una historia ambientada en 1973, en plena crisis del petróleo, en una pequeña ciudad californiana. La primera secuencia, donde conocemos a los dos protagonistas, Alana y Gary es de aquellas que te meten en el film o te sacan para siempre. A mi me metió de lleno. Ver a Alana, una de las tres hermanas del gripo musical Haim, caminando indolentemente al lado de una fila de chicos y chicas diciendo, “Espejo, peine”, me dio la clave de cómo tenía que tomarme la película. Como un divertimento. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que en realidad aquello era un cuento. Anderson habla de Peter Pan y Wendy, con los niños perdidos como acopañamiento para definir a sus personajes. Algo de eso tienen, pero  a mí me gusta pensar también en una especie de Blanca Nieves y los siete enanitos correteando por las calles del Valle de San Fernando. El hecho de que Alana tenga 25 años y Gary tenga 15, no impide primero que se hagan amigos, segundo que se hagan socios y tercero que se enamoren en un devenir lógico del relato. Tampoco me sorprende que alguien que tiene 15 años sea capaz de montar un negocio de camas de agua y un salón de máquinas del millón. En un país como Estados Unidos un niño actor (y este lo es como miembro de la obra Tuyos, míos nuestros con Lucille Ball como madre) dispone de dinero y libertad suficiente para hacerlo. En realidad, el director cuenta que Gary está inspirado en un amigo suyo que hizo de verdad esas cosas cuando tenía 15 años. Pero aunque todo fuera una invención suya, daría igual. Porque la película es de una felicidad y alegría y complicidad contagiosa gracias en gran parte a los dos actores protagonistas. Gary, es Cooper Hoffman, hijo (y semi clon) de Philip Seymour Hoffman; Alana es Alana Haim, una de las tres hermanas del grupo musical Haim que, junto con sus padres aparecen en el film. Sin olvidarnos de los niños perdidos o los enanitos que los acompañan en todas sus aventuras y los cameos deliciosos de Sean Penn, Bradley Cooper o Tom Waits. Ambientada en el año 1973, en plena crisis del petróleo, Licorice Pizza es una película de las que te dejan un buen recuerdo, tarareando canciones y evocando tu propia adolescencia, tan alejada, seguro, de la de estos chicos, pero a la vez posiblemente con tantas historias como la de ellos si de verdad quisieras recordarla.

 

(me encanta hacer puzles)

La huella Joseph L. Mankiewicz Filmin

Ya avisé hace unos días que estaba un poco cansada de series. Y ese cansancio me ha llevado a explorar las plataformas en busca de otras cosas (que las hay). Fue el recuerdo del puzle blanco (aprovecho para decir que soy una fan total de los rompecabezas) el que me llevó a buscar La huella, la última película de Joseph Leo Mankiewicz rodada en 1972 con dos actores excepcionales, Laurence Olivier y Michael Caine. La empecé a ver con cierta prevención, ¿y si no se aguantaba? Menuda tontería, La huella no solo se aguanta, es que además, ha ganado con los años. Los juegos de engaño, maldad y manipulación que se establecen entre el escritor de novelas policiacas y el joven peluquero amante de su mujer, siguen siendo crueles y envolventes y siguen creando una sensación de impotencia en el espectador incluso cuando sabes todo lo que va a pasar. Fue una delicia volver a disfrutar del duelo interpretativo de sus actores completamente distintos en su registro y en su manera de estar ante la cámara, histriónico Olivier, flemático Caine, que sin salir nunca de la casa y casi del salón, consiguen que nos sintamos inmersos en esa enorme charada malvada. En estos tiempos en los que todo va tan rápido, en los que no se aguanta más de un minuto en pantalla sin que pase algo, ver esta tranquila pero no lenta historia ha sido un bálsamo de inteligencia. Con un efecto colateral: invita a revisar y disfrutar del cine de Mankiewicz. Esta es la huella que yo dejo aquí para que la sigan o no los que quieran.


 (en este Berlín destruido se levanta ahora el modernísimo complejo de Potsdamer Platz)

Se interpone un hombre, Carol Reed Filmin y Netflix

Este clásico que nunca había visto, lo encontró Ramon escondido en Neflix donde aparece como The Man Between gracias a descubrir antes que en esta plataforma tan guay y moderna hay un montón, si un montón, de películas inglesas en blanco y negro de los años 40, 50 y 60. Un tesoro en el que sumergirse para encontrar joyitas, como esta, o pedruscos infumables, (también los hay). En todo caso, este thriller negro de Carol Reed, realizado en 1953, cuatro años después de El tercer hombre  y ambientado en un Berlín devastado por los bombardeos y dividido por la partición de la ciudad, fue una auténtica pequeña sorpresa. Es una historia de espionaje muy poco Le Carré. Yo diría que en realidad no es una historia de espías es más bien una historia de perdedores o perdedor, James Mason en hombre que se interpone mientras intenta escapar de una red de mentiras, delitos menores y engaños que le tiene atrapado en la zona rusa de la ciudad. Una fascinante Claire Bloom recién salida de Candilejas, es la joven inglesa que se enamora de ese hombre interpuesto y paga las consecuencias de quererle. Pero para mí, la auténtica estrella del film es la ciudad de Berlín que Reed retrata con la misma frialdad objetiva que aplicó en la Viena del tercer hombre. Un Berlín irreconocible en sus ruinas, un Berlín que ha dejado una huella incluso en el super moderno Berlín de ahora mismo.



Y hablando de Berlín, justamente esta semana comienza la segunda Berlinale en pandemia (casi la tercera porque el del 2020 se celebró por los pelos y ya con problemas). Pero si este Berlín es importante, al menos para mí, es porque POR FIN, hay dos películas españolas en la competición oficial. Diez años después de intentar inútilmente que aceptaran Los pasos dobles, al final se han dado cuenta de que Isaki Lacuesta y su mujer y guionista Isa Campo, están entre las figuras más solidas del cine español y europeo. No he visto aun Un año, una noche, pero estoy segura que no dejará indiferentes a nadie en ese Berlín de la modernidad. Pero Isaki no está solo. También estoy contenta de que Carla Simon vuelva a Berlín donde triunfó hace unos años en Generation con Verano 1993. Esta vez Carla llega con un film ambientado en el pueblo de Alcarrás que da título a la película. Es una noticia estupenda y estoy segura que ambos dejaran una huella en ese Berlín que nada tiene que ver con el de The Man Between.

El regalo de esta semana es una flor para Isaki, Isa y Carla.


 

 


sábado, 5 de febrero de 2022

VOCES


 


Drive my Car de Ryûsuke Hamaguchi,

Drive my car es un film de tres horas que se pasan volando. La historia necesita ese tiempo para desplegarse en toda su grandeza, en toda su poesía. El protagonista es un actor y director de teatro que tras perder a su mujer ensaya la obra de teatro Tío Vania de Chejov, con la particularidad de que los actores hablan cada uno en un idioma, incluso hay un personaje que habla en la lengua de los sordomudos. Y se entienden y se comunican y la obra fluye y funciona como fluye y funciona el dolor de Yusuke Kafuku y como fluye y funciona la relación con la conductora del coche rojo y con uno de los actores dentro y fuera de la escena. Drive My car, basado en un relato corto de Murakami, es uno de esos extraños films que te invitan a caminar a su lado. Una prueba de que un cuento puede dar para una película de tres horas y de que el tiempo es algo profundamente elástico. Escribí estas palabras al volver de San Sebastián donde vi la película a las 10.00 de la noche con el miedo en el cuerpo de dormirme por el cansancio acumulado del día. Pero no. No solo no me dormí, al contrario. La dulce cadencia de las conversaciones que jalonan el film, con los interludios de los ensayos de Tio Vania y la voz acariciadora de la mujer muerta en las cintas en las que recita los diálogos de la obra, despertaron no solo mi conciencia, sino mis propias voces. Dice el director Ryûsuke Hamaguchi que las razones que le llevaron a adaptar este cuento breve de Murakami, publicado en la antología Hombres sin mujeres, fueron tres: la intimidad de las conversaciones que establece Kafuku, el director de la obra, con su silenciosa conductora Misaki compartiendo su dolor, con el fondo de la voz de Oto, la mujer muerta; las múltiples capas que tiene la interpretación y más en esta obra donde todos conocen el texto, pero cada uno lo recita en su idioma y todos se entiendes sin necesidad de comprender la palabra; la tercera razón es “la voz” que oye Kafuku en el actor Takatsuki: “Si uno desea ver en serio a los demás, no le queda más remedio que observarse en profundidad, de frente, a sí mismo”. Es este último punto el que me dejó impresionada y me llevó a dar un largo paseo nocturno por el puerto de Donostia antes de decidirme a volver a mi hotel. La película despertó en mi las voces que oyes dentro de ti y te van avisando de las cosas, te van indicando los caminos, voces que tantas veces no sabemos escuchar agobiados por el ruido ambiente que nos condiciona en nuestra vida y en nuestras decisiones. Drive my car es una película para dejarse llevar, para mirarla y acompañarla como un amigo al que vale la pena prestar atención. Eso es lo que yo sentí en San Sebastián. No sé si en Barcelona o Madrid o donde sea que la puedan ver, se sentirá lo mismo. Las películas son siempre iguales, pero nosotros cambiamos continuamente. En todo caso, no he querido hacer la prueba de volverla a ver. De momento prefiero quedarme con las sensaciones de esa noche en Donostia.

 


(un paisaje grandioso oculta una realidad muy oscura)

Noche de fuego de Tatiana Huezo Netflix

Las voces de esta película mexicana son muy diferentes. Son voces calladas, escondidas, asustadas. Son las voces de tres niñas en un pueblo de la sierra de Jalisco en México, obligadas a esconderse para evitar ser secuestradas y vendidas por los narcotraficantes de los carteles que controlan la zona. Todo el pueblo vive del cultivo de la amapola que es la base del narco. Pero todo el pueblo vive atemorizado por la llegada inesperada de los grandes todoterrenos que se llevan a las niñas y las adolescentes. En ese pueblo, Ana y sus dos amigas, viven una doble vida. Con el pelo corto y pantalones pasan por niños, con los vestidos de sus madres y los pintalabios, intentan recuperar su feminidad a escondidas. Con estas premisas se podría pensar que estamos ante uno más de los films latinoamericanos tremendistas y miserabilistas a los que nos tiene acostumbrado. Pero por suerte no es así. Las voces cristalinas de estas niñas construyendo un mundo de solidaridad, amistad y frescura, resuenan mucho más fuertes que las de la denuncia social. Por eso Noche de fuego es un film positivo, por eso Noche de fuego es un film hermoso. Y por eso defiendo y alabo a Tatiana Huezo que ha entendido que para denunciar una injusticia y un crimen, es mucho más eficaz la alegría que el dolor. 

 


Arrebato, Iván Zulueta, FlixOlé

Para todos los que recuerden la icónica y legendaria película de Iván Zulueta, no será un misterio saber que voces se oyen aquí. Mejor dicho que voz. La voz que domina el relato, que lo recorre, lo estructura, lo deviene en misterio, es la de Pedro, el adolescente extraño surgido de un film expresionista que desde una vieja casete va desgranando su historia de vampirismo con la cámara y su confianza en que José Sirgado, el director de cine al que le manda las cintas en súper 8 y la casete, sea capaz de entenderlo e incluso de salvarlo, si es posible. Arrebato es una historia de arrebatos producidos por la droga como elemento creativo, del sexo como elemento destructivo y de la amistad como elemento cohesionador. Y además está el cine, esa imagen vampirizada por un fotograma en rojo que poco a poco se va apoderando de todo. Zulueta rodó Arrebato hace 42 años y se convirtió inmediatamente en uno de los pilares fundacionales y referenciales del cine español de la transición (y de mucho mas, su influencia no ha dejado de crecer). Ahora, gracias a una copia restaurada y remasterizada, la plataforma de cine español FlixOlé nos permite recuperarla. Tengo que reconocer que me daba un poco de miedo volver a verla ¿Y si no aguantaba el paso del tiempo? ¿Y si había envejecido como tantas películas míticas de mi juventud que vistas ahora producen una cierta vergüenza ajena? Me armé de valor y la volví a ver. Y volví a quedarme enganchada con Wil More, su abrigo imposible y sus ojos desorbitados; con Eusebio Poncela, encarnando ese director de serie B, que sabe que el cine le quiere pero no sabe qué hacer con ese amor; con Cecilia Roth vestida de Betty Boop intentando recuperar algo perdido para siempre. Volví a sentir el arrebato de esos súper ochos tan lejanos, tan primitivos, tan ajenos a la inmediatez de los videos del móvil, y por eso mismo tan fascinantes. No quiero extrapolar estos sentimientos a los demás. Los que la recuerden pueden sentirse decepcionados con ella, no lo sé. Los que nunca la han visto pueden reaccionar de muchas maneras que me resultan difíciles de saber. En todo caso, me quedo con la sensación de haber vuelto a oír a Iván Zulueta y con él a las voces de unos años en los que todo parecía posible. 

El regalo de esta semana parece un cuadro abstracto, pero es una oreja, elemento indispensable para “escuchar las voces”, que forma `parte de un proyecto de Ramon sobre Las Orejas.



 

sábado, 29 de enero de 2022

PARALELISMOS

 


Belfast, Kenneth Branagh

Esta semana se ha estrenado una película magnifica. Al menos para mí. Se trata de Belfast, el homenaje que Kanneth Branagh hace a su infancia pasada en un barrio obrero de la capital de Irlanda del Norte. Tras unas impresionantes vistas aéreas de la Belfast actual, el film se adentra en blanco y negro en la calle donde el 15 de agosto de 1969 tuvo lugar una violenta agresión a los católicos por parte de milicias protestantes. En esa calle vive Buddy, un niño de familia protestante, con su hermano su madre y un padre que trabaja en Inglaterra y viene algunos fines de semana. Para Buddy, esa calle, sus amigos del colegio, la niña que le gusta y sobre todo sus maravillosos abuelos, son todo el mundo. Pero ese paraíso se ve de pronto trastocado. ¿Por qué nuestros vecinos católicos son ahora enemigo a los que hay que expulsar de nuestro barrio? Buddy no lo entiende. Su madre y su hermano sí, pero no lo aceptan y su padre se posiciona decididamente en contra de esa actitud sectaria, excluyente y supremacista de las milicias protestantes. Esto ha sido para mí lo más sorprendente de toda la película. En la larga, larguísima filmografía que existe sobre el conflicto de Irlanda, nunca había visto que se hablara de un enfrentamiento tan violento y coercitivo, que acaba obligando a Buddy y su familia a abandonar Belfast, entre protestantes “buenos patriotas” y protestantes “malos patriotas”, es decir entre los protestantes que quieren echar del país a los irlandeses católicos y los protestantes que quieren convivir con ellos como han hecho siempre. El paralelismo con lo que pasa en muchos pueblos y pequeñas ciudades de Catalunya ahora mismo me pareció tan evidente que casi me hizo daño. Pero Belfast no es una gran película solo por esta lectura política. Belfast es muy buena por muchas otras razones. La narración nunca pierde de vista el punto de vista del niño, el pequeño Jude Hill, todo un descubrimiento. Los actores que interpretan a sus padres y abuelos son sencillamente espléndidos, de la deslumbrante Caitriona Balfe, protagonista de Outlander, a la impresionante Judi Dench con un rostro que llena la pantalla de emoción; del clásico Jamie Dornan al imponente Ciarán Hinds. El blanco y negro evoca el Free Cinema y la inteligente y muy bien pensada utilización del color y la música funcionan perfectamente. Belfast no deja de ser la historia de iniciación y de crecimiento en un contexto muy complicado de un hombre de cine. Por eso las películas que aparecen tienen un significado especial: el humanismo de El hombre que mató a Liberty Valance o Solo ante el peligro, el divertimento de los dinosaurios y Rachel Welch en Hace un millón de años, no están puesto porque sí. Con Belfast, Branagh ha realizado su mejor película en mucho, mucho tiempo.

 


 Munich en vísperas de una guerra, Christian Schwochow Netflix

Los paralelismos aquí se imponen desde el primer momento. Con una puesta en escena clásica y sobria y con actores que funcionan muy bien, la importancia de la película se me hizo evidente mientras la veía y me dejó realmente muy preocupada. A ver si me explico. El resumen argumental de Munich en vísperas de una guerra dice. “Otoño de 1938. Europa se encuentra al borde de la guerra. Mientras Hilter se prepara para invadir Checoslovaquia, el primer ministro británico Neville Chamberlain busca desesperadamente una solución pacífica reuniéndose con Hitler en Munich en  una conferencia de emergencia destinada a conseguir parar la invasión a los Sudetes y firmar un compromiso de paz con Hitler.” La historia está contada desde el punto de vista de dos amigos, un diplomático inglés y otro alemán, que intentan hacer llegar a Chamberlain un documento donde se demuestra claramente las intenciones de Hitler para Europa, intenciones muy alejadas de cualquier tratado de paz que pueda firmar el Fürher. Lo que sucedió un año después todos lo sabemos. La reunión no sirvió para detener a Hitler en su ansia expansionista pero si para que los aliados ganaran algo de tiempo y pudieran prepararse mejor para la guerra. Los paralelismos con la situación que está viviendo el mundo en estos días, son tan evidentes que da miedo. Si cambiamos Hitler por Putin, Chamberlain por Biden, Munich por Ginebra, los sudetes checos por el Donbás ucraniano, tenemos un paisaje muy parecido al que estamos viendo esta semana. Incluso todos los discursos estériles a favor de la paz por parte de distintas fuerzas pacifistas, se parecen en sus argumentos a los que hay ahora. No me gusta nada la idea de una guerra, creo que sería una catástrofe para todos incluso aunque fuera una guerra híbrida. Tampoco creo que la situación internacional ahora mismo sea la de los años 30, China juega un papel que aun no se ha acabado de definir. Pero el peligro está ahí, muy presente y aquí estamos, en vísperas de no se sabe bien el qué. Mientras tanto vale la pena ver Munich en vísperas de una guerra, un estupendo film de Christian Schwochow con Jeremy Irons y dos espléndidos actores, uno inglés, George MacKay y otro alemán, Jannis Niewöhner.

Dos frases como complemento: En un momento del film, Paul, el diplomático alemán le dice a Chamberlain: “No puede creer en la palabra de alguien que detesta y odia todo lo que usted representa”. Ese es otro paralelismo, Putin no está enfrentado a Europa solo políticamente,  Putin combate a Europa por sus libertades y por sus hábitos democráticos, por muy imperfectos que éstos sean. 

Otra frase, ésta atribuida a Franklin D. Roosevelt en Atlantic Crossing, una interesante serie que se puede ver en Movistar ambientada en Washington  entre 1940 y 1945. En un momento del año 1940, el presidente, consciente de que no podrá mantener la neutralidad de Estados Unidos, reflexiona: “Como tanta gente de mi edad, había hecho planes para mi, planes para una vida privada escogida por mí. Estos planes, como tantos otros, tenían que pasar en un mundo que ahora queda tan lejos como otro planeta.” Entre el bicho y Putin, todos podemos pensar algo parecido. 

 El regalo de esta semana es un deseo de que la situación no se complique



sábado, 22 de enero de 2022

FAMILIAS

 

No cabe duda que las familias son una base de la sociedad. Las familias de toda la vida o las que se construyen con amigos. La familia es algo que te condiciona para bien y para mal. Esta semana se han estrenado dos películas on line que hablan de familias. Una buena y una mala, familias, se entiende, las películas a mí me gustan las dos por distintas razones.

 


(la Lizzie verdadera)

La familia mala: Lizzie de Craig William Macneill. Filmin

Del encuentro entre Ruth Rendell y Claude Chabrol, nació La ceremonia; del encuentro entre el pintor danés Vilhelm Hammershøi y Carl Th. Dreyer surgió la iconografía dreyerana. Del cruce entre Chabrol y Hammershøi nace esta Lizzie siniestra, terrible, hermosa y deslumbrante en su melancolía. Lizzie es Lizzie Borden, la conocida como “la asesina del hacha”, una mujer acusada del asesinato de su padre y su madrasta, absuelta por la justicia pero condenada por la sociedad que la convirtió en un icono del folklore norteamericano. Hay canciones sobre ella, hay cuentos, libros, alguna película y muchas leyendas. Volver a Lizzie era algo cantado. Pero los tiempos cambian y si en el imaginario colectivo esta mujer de 32 años mató a su padre por un problema mental y un desequilibrio, ahora el director, Craig William Macneill con la ayuda y colaboración imprescindible de Chloë Sevigny y Kristen Stewart, plantea un nuevo enfoque. La nueva Lizzie es una mujer atrapada por las convenciones victorianas en una pequeña ciudad, con un padre autoritario y una madrastra malvada. Lizzie en el rostro y sobre todo el cuerpo de Chloë Sevigny, se convierte en una víctima con derecho a venganza. La fuerza para ejecutar esa venganza la obtiene Lizzie de la joven criada irlandesa que llega a trabajar a la casa a principios del año 1892, interpretada como un pajarito herido por Kristen Stewart. Entre la hija acorralada y la criada Bridget o Maggie como decide llamarla la madrastra para igualarla con el resto de criadas que han pasado por la casa en un intento de invisibilizarla, se establece primero una corriente de simpatía, luego una amistad y finalmente una relación lésbica que ninguna de ellas acaban de entender. Las dos, pero no juntas, planean los asesinatos. Y así llegamos al 4 de agosto de 1892 momento en que Lizzie da la voz de alarma: han matado a su padre y a su madrastra. Ahí empieza la película. Chabrol flota en el ambiente casi como un fantasma protector y Hammershøi brilla en la fotografía de momentos sublimes en un film que no es en absoluto complaciente.

 


(The Dickens, el tender bar)

La buena. The Tender Bar, El bar de las grandes esperanzas. Amazon

Esta familia que George Clooney pone en imágenes, es buena sin duda, o al menos parte de ella. George Clooney en su faceta de director ha demostrado ser un digno heredero de la corriente más humanista del cine americano. Salvando distancias y sin pensar en los argumentos, su cine está en la estela de Frank Capra o de John Ford. En este tierno bar, Clooney adapta el libro de memorias de J.R. Moehringer en el que el escritor recuerda su vida en casa de su abuelo, su intensa e imprescindible amistad con su tío Charlie, su conflictiva relación con un padre ausente y con una madre a la que siempre intenta comprender y ayudar. Tender Bar no es una gran película, quizás no es  la mejor de Clooney como director, pero tiene algo especial que la hace particularmente agradable y casi necesaria de ver en estos tiempos de desencuentros, aislamientos, miedos e incertidumbres. Es un canto a algo sólido a lo que el protagonista se puede agarrar como ancla para construir su vida. La historia se divide en dos pates muy claras, la de J.R. niño y la de J.R. joven estudiante y promesa de escritor. Las dos son suaves relatos sin estridencias, sin violencia, sin dramas. La vida no está hecha de dramas, está hecha de momentos felices, momentos menos felices y momentos tristes. Pero eso es la vida y Clooney, con un ritmo tranquilo, la deja discurrir y nos invita a compartirla con él y con J.R. La historia está ambientada en los años setenta y ochenta en Manhasset, una pequeña localidad de la costa de Long Island, con centro vital en el Bar Dickens donde reina el tío Charlie y los clientes habituales son el modelo que encuentra J.R. en su vocación de escritor, El título castellano, El bar de las grandes esperanzas, es un juego de palabras dickensiano que funciona muy bien. Pero si este bar es lo que es en la vida de J.R. es gracias a su tío y su tío es como es gracias a un Ben Affleck espléndido que llena de humanidad y humor al personaje. Su actuación ha sido reconocida por todos los críticos americanos como una de las mejores de su carrera. Yo me sumo a esa valoración y aprovecho para reivindicar a Ben Affleck como actor y director con una trayectoria impecable desde que se dio a conocer como guionista en El indomable Will Hunting de Gus Van Sant en 1997. Ty Sheridan actor de moda después de su aparición en El contador de cartas, encarna a J.R. adolescente y adulto, pero queda relativamente apagado por el descubrimiento de Daniel Ranieri. Viendo a Daniel en el film me volví a preguntar cómo consiguen los americanos (y los ingleses) que los niños que salen en las películas sean tan buenos. En el cine español esa es una asignatura pendiente que algún agente o coach de actores debería plantearse afrontar para conseguir niños creíbles. Ranieri lo es.

 

EL RINCÓN DEL LIBRO



Infierno, Purgatorio Paraíso, Jordi Ibáñez Fanés

Esta semana he terminado uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo. Se llama Infierno, Purgatorio, Paraíso y su autor es Jordi Ibáñez Fanés. Por un momento he pensado que no ligaba hablar de este libro en una entrada de familias, pero luego he pensado que sí, que liga. Por un lado porque Jordi Ibáñez forma parte de nuestra familia, no la natural, la otra, la que se construye con los amigos. Pero, además, el libro habla de una extraña familia, aunque en realidad, esta novela inclasificable es una historia de amor bajo la apariencia de ser un libro político. Una definición rápida y reduccionista de la novela seria decir que es La Novela Del Procés (el catalán se entiende), con figuras fundamentales y reconocibles como Capgràs, alter ego nada disimulado del viejo Pujol, auténtico demiurgo de la bajada a los infiernos que ha llevado a Catalunya a la  práctica desaparición. Pero si solo fuera esto, quizás no estaría hablando de la novela. En realidad su vertiente política es lo que menos me interesa, no solo porque estoy cansada y harta de esta realidad mediocre que nos rodea, sobre todo porque creo que si solo fuera eso, el libro tendría una duración muy corta. Y estoy convencida que esta novela quedará como una de las mejores que se han publicado en castellano y en catalán (las dos versiones escritas por Jordi) al margen de que el contexto y los personajes pasen al basurero de la historia sin dejar huella. El libro se divide en tres partes. La primera, El Infierno que tiene como título El futuro anterior, es un viaje de pesadilla entre Murakami y Kafka a un país del futuro que ha caído en la inoperancia y la indigencia moral y económica. Con cambios de narrador, con roturas de ritmo, con alucinaciones y ensueños, nos sumergimos en esta Catatonia de la mano de Jordi, el conductor (y solo a veces el narrador) en su vuelta a Bellesguard, el refugio perdido, su particular Camelot. La segunda parte, El Purgatorio, se llama Un cuento navideño y está contada de forma muy distinta. Aquí lo que domina es la novela negra con un subinspector de policía que investiga el suicidio del periodista Alfons Quintà en diciembre del 2016 después de asesinar a su mujer. Estamos en una Barcelona reconocible y oscura, sumergida ya en la turbulencia que la llevaría a los desmanes del 2017 con todas sus consecuencias. La riqueza literaria del primer tramo, en este se transforma en un lenguaje más cotidiano, hasta que se produce uno de los momentos claves de la historia: el encuentro entre el policía y el propio Capgràs, encuentro que constituye el centro vital de la novela, su corazón por así decirlo. La tercera parte El Paraíso, es decir Viaje a Citera, sucede toda en un solo día, el 25 de julio del 2014 cuando Jordi Pujol publicó su famosa carta de confesión donde reconocía haber defraudado a Hacienda y hablaba sobre el dinero que tenía en Andorra. Ese día, todos los personajes viven una experiencia nueva que los transforma en paralelo a la confesión de Capgràs que transformó el país. Aquí los narradores cambian de persona sin previo aviso, pero eso no significa que se pierda el hilo, al contrario. También cambia el tono y los elementos narrativos enriqueciendo una prosa que ya era apasionante antes de llegar a esta tercera parte. Todo aquí es fluido, discurre con armonía. Pero para mí lo más importante es que en este tercer capítulo donde nos damos cuenta de que  la novela nos está contando una historia de amor. 

Han salido pocas críticas del libro. Lo entiendo. Es un libro, un “artefacto literario” lo definía una de las pocas que se han publicado, muy complejo, incluso incómodo. Pero esa es la prueba de su enorme capacidad de provocación en los dos niveles, el de la política y el del lenguaje. A mí me enganchó desde la primera página y ya no pude parar. Hay que dejarse arrastrar en la corriente de la narración, aceptar las no convenciones narrativas, dejar de lado cualquier apriorismo (tanto literario como político). Hay que disfrutarlo porque, además, esta es una historia con mucho humor. Un humor extraño sí, pero humor. Pocas veces se tiene la sensación de estar leyendo un libro “que quedará”. Y esto me lleva a tres conclusiones:

Infierno, Purgatorio Paraíso se puede leer y disfrutar sin saber nada del contexto histórico.

Infierno, Purgatorio Paraíso se puede leer hoy pero se podrá seguir leyendo dentro de diez años, treinta años….

Infierno, Purgatorio Paraíso puede interesar, gustar o entusiasmar o puede no interesar, no gustar o no entusiasmar, pero sin duda no se olvidará. 

 (Infierno, Purgatorio, Paraíso  está publicado por Tusquets y se puede leer en castellano y en catalán, las dos versiones son originales, escritas ambas por el propio Jordi con todo lo que eso implica de riqueza de lenguaje).


(Jordi Ibáñez entre dos cuadros de Ramon)

 El regalo de esta semana es uno de esos dos cuadros



 

 

sábado, 15 de enero de 2022

UN CLÁSICO, UN AMIGO, UNA SORPRESA

 


Un clásico: Macbeth de Joel Coen

Semana un poco tonta de estrenos. En realidad, lo más importante es el Macbeth de Joel Coen que se estrena en algunos cines, muy pocos, y el día 14 en la plataforma AppleTV. No deja de ser curioso y muy interesante, comprobar que una película tan radical, tan abstracta, tan clásica como esta nueva y rigurosa adaptación de Macbeth tenga su máxima difusión en una plataforma. Los cines convencionales, donde brillaría en su espectacular blanco y negro, no están para experimentos. O si, a lo mejor los experimentos es lo que mejor funciona en estos tiempos de desconcierto. Este Macbeth coeniano tiene varias cosas que lo distinguen. Es la primera vez que los hermanos más famosos del cine, con perdón de otras parejas fraternales, no trabajan juntos. Ethan prefiere dedicarse a la literatura y Joel quiere seguir haciendo cine, pero no el mismo cine que hacía con Ethan. Macbeth es una declaración de intenciones: “yo solo, voy a hacer otra cosa”. Aunque en realidad Joel no está solo. Este Macbeth más que adulto, le debe mucho a Frances MacDormand, una lady Macbeth implacable y una lady Coen muy inteligente. Juntos han construido un film que es vanguardia y es poesía, que es teatro y es cine, el de Welles, el de Kurosawa. Pero sobre todo, el matrimonio Coen, con la impagable aportación de un cansado y envejecido Denzel Washington, empujado por las brujas en su ambición  de poder, han hecho un film poderoso, de una belleza abstracta y minimalista en la que se mantiene con toda su crudeza la corrupción de los políticos, (no solo en el siglo XVII) con su reguero de asesinatos, culpa, remordimientos, expiación y finalmente destrucción. Un espectáculo impresionante en el cine, que gracias a AppleTV se podrá ver en muchos más lugares.

 


(Chema Prado hizo esta foto “histórica” del comité de dirección del Festival de San Sebastián en el año 2000. Tres de los que salimos en esta foto ya no están: Diego Galán, José María Riba y ahora Notario.)

Un amigo: El “Notario”

Hay personas que son como los árboles. Están ahí, en tu paisaje. A veces los ves, otras no te das cuenta que siguen en el horizonte. Hay personas que son arboles de hoja perenne, siempre acogedores y dispuestos a darte cobijo de sombra, protegerte de la lluvia o acompañarte una tarde de primavera. Hay otras que son árboles que cambian. Hay temporadas que tienen las ramas desnudas, secas y no invitan a acercarse mucho, pero cuando empiezan a brotar son una alegría para todos y en pleno verano y otoño unas fiesta de colores. José Ángel Herrero Velarde, “El Notario” era de este tipo de árboles. Conocí a Notario en 1985, la primera vez que fui al Festival de San Sebastián. Era un señor muy serio que hacia unas presentaciones en Zabaltegi llenas de un extraño humor. A diferencia de Diego Galán o José María Riba, nunca fui amiga del Notario. Hasta que empecé a trabajar en el festival. Entonces sí, entonces descubrí que detrás de sus ramas más bien secas había un árbol frondoso. No creo que a Notario le gustara mucho esta comparación. Es conocido su desprecio hacia lo verde, “forraje” lo llamaba cuando nos veía comer ensaladas o verduras. Notario era una institución en el festival, no se puede entender Zabaltegi sin él, (ni sin Riba). Durante los diez años que estuve en el comité de dirección de San Sebastián compartimos de todo. Comidas y cenas, festivales y reuniones, un viaje muy especial a Nueva York, discusiones sobre cine, enfrentamientos y aceptaciones. Respeto mutuo y cariño. Desde que dejé el festival le veía poco, pero cada vez que volvía a San Sebastián tomábamos un vino juntos y hablábamos de cine, casi siempre acompañados de su mujer, Carmen. La última vez que le vi fue en el 2019, Carmen había muerto y él estaba muy apagado. Ya no le vi más. El 2020, año borrado, no fui al festival y este 2021, él ya estaba mal y no salía de casa. Gracias a eso mi recuerdo puede ser el del árbol verde o sin hojas, pero un árbol que siempre estaba ahí.

 


Una sorpresa: Los tres caballeros

Empiezo a estar un poco cansada de las series, por lo que he decidió dejar de verlas durante unos días, hay que poner un poco de distancia para que vuelvan a tener sentido e interés. Pero en las plataformas hay muchas cosas por descubrir. Ramon es especialista en encontrar rarezas escondidas. Y fue él el que dio en Disney con Los tres caballeros. Calificar de rareza a una película de Disney puede parecer un contrasentido. Mejor decir que fue una sorpresa. Estos pájaros caballeros son realmente un prodigio de imaginación, vanguardia, surrealismo y canto hacia América Latina. Tres pájaros humanos: el yanqui Pato Donald, José Carioca el loro brasileño y el mexicano gallito Panchito, recorren América Latina y hacen un auténtico spot publicitario de lo mejor de cada país. Todo empieza con un regalo de cumpleaños para Donald. El primer regalo es un proyector de cine con una película en la que Donald ve la historia del Pingüino Pinguie, que sueña con vivir en los trópicos. Después disfruta de la aventura del gauchito argentino y su burrito volador y descubre la enorme variedad de pájaros que hay en la selva amazónica. El segundo regalo es un libro sobre Brasil en el que, de la mano de José Carioca y su eterno puro encendido, Donald viaja a la ciudad de Bahía. Allí convive con Aurora Miranda en un prodigio de combinación de animación y seres humanos. El tercer regalo es una piñata de la que sale todo el color, la alegría y la belleza de un México que recorren siempre guiados por Panchito y acompañados por una gran bailarina. Esto es a groso modo el resumen argumental, pero la capacidad de sorprender de estos caballeros nace de la imaginación, la exuberancia, el atreverse a todo sin límites, en una animación vanguardista y fantástica que recuerda a los títulos de crédito de Mullholland Drive de Lynch (¿o será al revés, que los créditos de Lynch recuerdan a los tres caballeros?). Realizada en 1945, en plena guerra mundial, Los tres caballeros no disimula su objetivo propagandístico, conseguir que los públicos de América Latina se sintieran representados en el cine al mismo tiempo que hacer que el público norteamericano mirara con menos prejuicios a sus vecinos de sur. En este sentido, Los tres caballeros es ahora mismo casi transgresora. No creo que a los trumpistas irredentos les gustara mucho ver como en Latinoamérica se disfruta de la vida. Si tienen Disney, les recomiendo verla, si no tienen Disney, les recomiendo imaginarla a partir del tráiler.

https://www.youtube.com/watch?v=BD0AX97HNx8

 El regalo de esta semana es un árbol para Notario