sábado, 26 de marzo de 2022

AL MARGEN


Antes de empezar debo aclarar el título de esta entrada. Estamos en el día 30 de la guerra de Ucrania. No creo que nadie pudiera imaginar, Putin el primero, que iba a durar tanto. La resistencia ucraniana y la respuesta internacional están siendo ejemplares. Los ucranianos, especialmente los del este y el sur, la están sufriendo en primera persona y de una manera cruel y salvaje, pero las consecuencias las estamos padeciendo todos. Por primera vez en mi vida, siento que una guerra me incumbe personalmente, formo parte del bando agredido. Porque Putin no solo ataca a Ucrania, nos ataca a todos. Pero en este todos caben personas que por una u otra razón están al margen de lo que sucede. Es el caso de los protagonistas de dos películas que se estrenan esta semana y me han gustado mucho. A tiempo completo  y La cima

 


A tiempo completo, de Éric Gravel

Una de las consecuencias de esta guerra es la crisis energética y esa crisis ha traído el paro de los transportistas que ha roto la cadena de suministros para la producción y distribución. Estamos ante una huelga, no por justificada menos perjudicial para la población, que coincide con el estreno de una película francesa en la que se plantea como una huelga afecta la vida cotidiana de la gente. Lo que hace de A tiempo completo un film tan oportuno justo ahora, son las circunstancias que rodean a su protagonista Julie, una mujer que vive al margen de la realidad, no por indiferencia, simplemente porque no tiene tiempo de pensar en nada más que sobrevivir lo mejor posible. Julie es madre de dos niños a los que cría ella sola, vive en las afueras de Paris, bastante lejos. Cada mañana, antes de que amanezca, Julie se despierta siempre a la misma hora, organiza la vida de sus hijos y los deja con una vecina que se encarga de llevarlos al colegio y recogerlos por la tarde hasta que ella vuelva, ya entrada la noche. Porque Julie trabaja en el centro de Paris como responsable de las camareras de un hotel de lujo. Para ir a su trabajo, Julie coge un tren abarrotado cada mañana. Pero el día que la conocemos y en el que tiene una importante entrevista de trabajo para ascender un poco, tanto en escala social como en el sueldo, Julie se enfrenta a un obstáculo casi insuperable: una huelga general de transporte público. Desde ese momento, su vida se convierte en un infierno, primero para llegar al trabajo y una vez allí, para poder ir a la entrevista, lejos del hotel. Y no hay metro y no hay trenes. Julie corre y corre y llega tarde a casi todo. La huelga se prolonga varios días y las cosas se complican cada vez más. Gravel con la inmensa colaboración y entrega de Laure Calamy, consigue transmitir la ansiedad pero también los pequeños momentos de felicidad, de esta mujer capaz de soportar una huelga de transportes que literalmente la está matando. Todo esto está contado con una cierta ligereza, sin cargar las tintas, con apuntes de solidaridad y de esperanza. Porque A tiempo completo no es una película pesimista. A tiempo completo nos cuenta la historia de una mujer que superará los obstáculos uno detrás de otro. De eso se trata, de ganar la carrera. Ver este film frío en sus colores y gris en la atmosfera invernal de un París caótico, es un ejercicio muy interesante cuando estamos viviendo en directo la pesadilla de una huelga de transportes que nos afecta a todos. En la película de Gravel nunca se explica que quieren los que hacen huelga; en los paros de esta semana si se ha explicado. Pero la solución no es fácil, ni sencilla, ni se puede improvisar. En un mundo global la solución tiene que ser consensuada y muy pensada. Paralizar el país, no ayuda mucho.

 

La cima de Ibón Cormezana

Los dos protagonistas de esta película de montaña están al margen por otras razones. Él, Mateo, debe cumplir una promesa: subir al Annapurna solo y sin oxígeno. Para Mateo, llegar arriba es la manera de reencontrar la paz y el equilibrio que ha perdido. Ella, Ione, está sumergida en una honda depresión, ha culminado los 14 8 miles, las 14 montañas más altas del mundo y ahora está vacía, no le encuentra un sentido a su vida. La montaña, no tiene misterios para ella y eso la atormenta: ya no es un reto. Mateo se adentra en su aventura creyéndose preparado únicamente con su voluntad, pero en realidad no lo está y acaba sufriendo un accidente. Ione vive aislada en una cabaña al pie del Annapurna, sin otra compañía que una perra cariñosa y tranquila. Será ella, Lurra, la perra, la que la lleve hasta Mateo. Y poco a poco, en la soledad y el silencio de la montaña, los dos irán encontrando la manera de ayudarse mutuamente, de llegar a la cima, tanto la auténtica del pico más alto de la cordillera del Himalaya, como de sus propios sentimientos y emociones. La intención de Cormezana era la de rodar en el Annapurna, pero la pandemia lo hizo imposible. Así que buscó en el Pirineo aragonés la nieve, el frío y la soledad que necesitaba la historia. La cima es una película muy física que exigía una auténtica entrega y entrenamiento de los dos protagonistas, Javier Rey y Patricia López Arnáiz. Junto a ellos sentimos el frío, el entumecimiento de los dedos, la falta de oxigeno. No rodaron a 8000 metros, pero si a mas de 3000 y eso no es nada fácil. Dos elementos contribuyen a hacer de esta película, además, un espectáculo: la brillante fotografía de Albert Pascual y la música de Paula Olaz que acompaña y arropa esta aventura vital al margen de la realidad.

Solo un último apunte, La cima me hizo pensar en Grito de piedra, de Werner Herzog, para mí la mejor película sobre una montaña que he visto nunca. También en Grito de piedra hay dos personajes que entienden la vida de distinta manera. Para Martin, la montaña es un espectáculo, para Roccia es la pureza; para Mateo es la redención, para Ione es la recuperación.

Lo mejor que puedo decir de La cima es que creo que a Herzog le gustaría mucho.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES



La Unidad Movistar+

Recupero este Rincón de las Series porque después de un Ramadán seriéfilo he vuelto a ellas. Una de las que he visto esta semana es La Unidad en sus dos temporadas. No sé porque no vi la primera cuando se estrenó en el 2020. Pero eso me ha permitido disponer ahora de sus doce capítulos seguidos. La unidad es una serie española centrada en el trabajo de una unidad de la policía dedicada a la lucha antiterrorista. Como tantas otras series de policías, La unidad mezcla la vida cotidiana de algunos de sus miembros con el trabajo contra el terrorismo yihadista. Hay que agradecerle a la serie creada por Dani de la Tore con la colaboración de Alberto Marini, que no caiga en los tópicos más manidos de este tipo de productos, que las situaciones estén bien planteadas y resueltas y los personajes sean de carne y hueso hasta el punto de permitirse el lujo de prescindir de alguno de ellos si la historia lo necesita. Pero lo que más me ha sorprendido es la extraña sensación que me produjo. Me parecía estar viendo el relato de algo muy antiguo, muy superado. Primero la pandemia y ahora la guerra de Putin, han provocado inmensos cambios en el mundo. Incluso en sus amenazas. El fundamentalismo islámico, el ISIS, los atentados suicidas, eran algo que desgraciadamente formaba parte de nuestro paisaje diario. Y de repente, ha desaparecido. Mejor dicho, se ha adormecido, ha entrado en hibernación a la espera de tiempos mejores. Competir en destrucción con un virus pandémico y un tirano asesino global, les ha hecho replegarse. Por eso, ver a esta unidad enfrentada a los fundamentalistas me ha producido el mismo efecto de estar viendo una película histórica aunque todo suceda solo dos años atrás. Hay un antes y un después del maldito año 2020 y hay un antes y un después del maldito año 2022.

 El regalo de esta semana es una jarra llena de lo que cada uno prefiera: agua, vino, aceite….



sábado, 19 de marzo de 2022

TRES ESTRENOS

 

Utilizo los colores de la película Del revés para dar pistas de por dónde van estos tres estrenos.

 

(verde del asco a las cloacas del estado)

Código Emperador, Jorge Coira

Esta es la cuarta vez que hablo de Jorge Coira en este blog. Y eso me hace muy feliz, porque significa que sigue trabajando y haciendo cosas interesantes. La primera vez que su nombre apareció aquí fue en noviembre del 2010, cuando se estrenó 18 comidas. Pero yo ya conocía a Jorge antes de eso. No solo lo conocía, Coira se había convertido en un amigo, un gran amigo, ese mismo año en el Festival de Taormina. Deborah Young, directora del festival, me había pedido ayuda para encontrar películas españolas “distintas” y ese verano en el que España iba a ganar el Mundial, que vimos en grandes pantallas en Taormina, le ofrecí llevar 18 comidas, una película gallega de un joven director que hasta entonces había hecho sobre todo televisión. La película gustó mucho y sorprendió en su frescura coral donde Luís Tosar, amigo de Jorge desde los 15 años, cantaba y hacía de enlace entre las historias. Los días en Taormina forjaron una amistad con Jorge, con su mujer Ara y con Fernanda del Nido su productora. Mi apuesta por este gallego tranquilo se demostró acertada. Jorge Coira ha realizado en estos diez años las dos temporadas de Hierro, una de las series más importantes del audiovisual español y ha seguido con su trabajo como montador y como realizador de televisión. El año pasado, Jorge me contó que empezaba a rodar una película. Le hacía mucha ilusión hacer cine después de la experiencia de Hierro. La peli era un thriller político escrito en colaboración con Jorge Guerricaechevarría. Y la iba a interpretar Luís Tosar que volvía a trabajar con él. Seguí de lejos el rodaje, pero con todo lo que está pasando, la verdad es que no me enteré que se acabara. Por eso tuve una agradable sorpresa cuando vi que Código Emperador inauguraba el Festival de Málaga y se estrenaba al mismo tiempo en toda España. Entre las comidas y este emperador, hay todo un mundo. Son diez años en los que Jorge, y sobre todo la realidad, han cambiado tanto que se hace difícil pensar que son obra del mismo director. Y sin embargo, se reconoce en este thriller el gusto por las historias cruzadas de 18 comidas y el interés por los entresijos del poder de la serie Hierro. Tosar es el protagonista absoluto, un agente del CNI adscrito a uno de esos departamentos sin nombre que en teoría no existen, encargados de vigilar la seguridad de todos, -y a veces, la seguridad de algunos-, bajo las órdenes de un elegante, y calculador comisario, encarnado con una frialdad que da miedo por un recuperado Miguel Rellán. Juan/Alex es un hombre solitario, toda su vida cabe en una maleta y siempre está dispuesto a ir donde le manden. Pero el encuentro con Wendy, una joven filipina que trabaja en casa de unos traficantes de armas internacionales, será el principio de un cambio profundo en él. Espías muy lejos de James Bond, intrigas muy cotidianas, cloacas del estado reconocibles y malolientes, todo esto es Código Emperador, un thriller político con una hermosa historia de amor. Y un futuro difícil para sus protagonistas. Los personajes de Código Emperador darían para una serie tipo Oficina de Infiltrados. Jorge Coira la haría muy bien, Tosar sería un protagonista estupendo y la realidad política, tanto la cercana como la lejana, pondría el escenario ideal. De momento, podemos agradecerle a Coira/Tosar que nos permitan escapar un par de horas con una aventura de espías muy caseros donde nadie se puede fiar de nadie. Es una buena manera de olvidar un poco el horror cotidiano y menos lejano de lo que creemos, con el que nos acechan los telediarios y los programas de actualidad política. Un refugio.

 


(naranja de la alegría de vivir de Julie)

La peor persona del mundo, Joachim Trier

Recupero esta semana un estreno del viernes pasado que he visto con retraso y lo hago haciéndome una pregunta. ¿Por qué Julie cree que es la peor persona del mundo? No tengo respuesta. Para mí, Julie es una mujer que busca su lugar en el mundo, y se equivoca y duda y cree que ha encontrado algo o alguien, pero no y sigue buscando. Estructurada en doce capítulos, un prólogo y un epílogo, la vida de Julie recorre su encuentro con Axel, un hombre un poco mayor que ella con el que siente que ha encontrado el equilibrio. Pero no, porque cuando conoce a Elvind se da cuenta que quiere otra cosa. Pero tampoco. Julie no sabe exactamente que quiere, pero si sabe que quiere a Axel y estará a su lado cuando haga falta y que quiere a Elvind y por eso no estará a su lado cuando no hace falta. Comedia romántica clásica, con un humor muy sutil, y unos toques de melancolía y tristeza, todo el film se apoya en la estupenda Renate Reinsve, una actriz que transmite calor y empatía y provoca una sensación de identificación. Porque ¿Quién no ha pensado alguna vez que es la peor persona del mundo? Se me olvidaba decir que es una película noruega.



 (azul de la tristeza que envuelve a Anne)

El acontecimiento Audrey Diwan

Hay cosas que damos por hechas sin recordar lo que costó conseguirlas. Por ejemplo el poder abortar, un derecho asumido con normalidad en una sociedad adulta que reconoce a las mujeres su capacidad a decidir sobre su cuerpo. El derecho al aborto es una de las grandes conquistas del feminismo del siglo XX y el siglo XXI. Pero no fue fácil ni sencillo lograrlo. Por eso está bien recordar de vez en cuando que hubo un tiempo, relativamente cercano, en el que abortar estaba penado con la cárcel y hacerlo podía significar la muerte por las lamentables condiciones en que se practicaba muchas veces. Basta pensar la tremenda 4 meses, 3 semanas, 2 días de Cristian Mungiu. El acontecimiento se sitúa a principios de los años sesenta en una ciudad de provincias de Francia donde vive Anne, una joven estudiante de filosofía con muchas ganas de llegar a hacer algo con su vida. Basada en una novela de Annie Emaux escrita en primera persona, no sé si autobiográfica en lo personal, pero seguro que autobiográfica generacionalmente, la película nos presenta a Anne como una chica feliz y estudiosa, disfrutando de su juventud con sus amigas y compañeros de curso. Pero Anne tiene un problema, hace tres semanas que no le viene la regla. Cuando va al médico y le confirman que está embarazada, toda su vida se derrumba ante ella, A partir de este momento, la cámara no se separa nunca de Anne, la seguimos en su angustiosa búsqueda de una solución, la acompañamos en sus momentos más solitarios y dolorosos, sentimos con ella la presión de un castigo y una condena. Anne encuentra ayuda en un compañero, pero no será nada fácil conseguir librarse de esa enfermedad “que solo ataca a las mujeres y las convierte de la noche a la mañana en amas de casa”. Reducir El acontecimiento a un film sobre el aborto no es justo. Porque lo que plantea va mucho más allá de abortar o no, o como hacerlo sin peligro. Se habla del deseo reprimido, se habla de la libertad de escoger, se habla de cobardía y complicidad. Y se hace todo esto con una fisicidad casi dolorosa, (nunca un “plop” fue tan liberador al mismo tiempo que emocionalmente traumático). Anne, interpretada por Anamaria Vartolomei con una dulzura y una timidez que su desinhibición ante la cámara no consigue ocultar, crece ante nuestros ojos, se hace adulta y acepta los retos a los que se enfrenta. Audrey Diwan filma su rostro de grandes ojos y su cuerpo frágil con una delicadeza y una emoción enorme. El acontecimiento nos recuerda que no siempre la mujer tuvo la libertad que ahora disfruta. Una buena lección que podemos aplicar a todos los aspectos de nuestra vida, probablemente imperfecta y con carencias, pero fruto de unas conquistas de años que no podemos permitir nos arrebate un tirano enloquecido. 

El regalo de esta semana está dedicado a las Wendys, Julies y Annes de todo el mundo



sábado, 12 de marzo de 2022

EL ÁRBOL Y LAS HOJAS

 


 Jane por Charlotte, estreno en salas y en Filmin a partir del 6 de mayo

En el Festival de Berlín de 1988 tuve ocasión de entrevistar a Agnès Varda y a Jane Birkin, Fue una entrevista divertida, desenfadada y alegre como lo era el díptico que presentaban juntas, Jane B por Agnès V y Kung-Fu Master. Agnès Varda decía “En realidad esta es una experiencia de trabajo en común, la idea de una colaboración nueva entre una actriz y una directora. Yo he tomado de Jane todo lo que ella me ha querido dar, usándolo en beneficio de mi propio deseo”. En cuanto al segundo film, un divertimento políticamente incorrecto en el que una mujer de 40 años se enamora de un chico de 15, estaba escrito y protagonizado por Jane Birkin y contaba con la  colaboración de Mathieu Demy, hijo de Agnès y de Charlotte Gainsbourg hija de Jane. Treinta y dos años después, la misma Charlotte, ahora una mujer de cerca de cincuenta años, le propone a su madre Jane Birkin hacer algo muy parecido al retrato de Agnès Varda, de ahí el título claramente referencial de aquel film. Pero lo que allí era ligereza, en este caso es melancolía. Jane Birkin tiene 74 años, sigue siendo una mujer de una belleza andrógina y una voz susurrante y sensual, pero ha perdido algo de esa alegría de vivir que siempre la caracterizó. Madre e hija han tenido una relación conflictiva, extraña más bien. Birkin tuvo tres hijas; la primera, Kate, a los 20 años, hija de John Barry, la segunda, Charlotte, a los 24 años, hija de  Serge Gainsbourg, la tercera, Lou, a los 35 años, hija de Jacques Doillon. Con las tres ha tenido vínculos muy poco convencionales. Cuando Charlotte tenía 19 años, murió Serge Gainsbourg, su padre, pocos días antes de que muriera su abuelo, David, el padre de Jane Birkin. Este fue un momento difícil para las dos. Pero aun fue más difícil asumir y entender la muerte de su hermana Kate, un suicidio nunca bien aclarado, que acabo por separarlas. Era el año 2013. Seis años después, Charlotte, madre de tres hijos, siente la necesidad de acercarse a Jane, de conocerla. Y le propone seguirla en una gira de Tokio a Nueva York grabándola con una cámara y haciéndole fotos. El primer planteamiento del documental, quedó truncado con la pandemia. La gira que debía seguir por otras ciudades, se suspendió. Jane se refugió en su casa de Bretaña y allí fue a verla Charlotte acompañada de su hija pequeña Jo. Sin equipo profesional y sin apoyo de ningún tipo, Charlotte filma a su madre y a su hija, sus conversaciones, sus deseos, sus frustraciones, sus miedos, también sus alegrías y momentos buenos. Y poco a poco se va tejiendo entre las dos una especie de hilo envolvente de sus pensamientos. Ambas se abren y se exponen, ambas se entregan. Como en el film de Varda, Charlotte toma de Jane todo lo que ella le quiere dar y a su vez le regala a Jane su comprensión, su amor finalmente asumido. Creo que Jane por Charlotte debería servir de ejemplo para muchas madres e hijas. Pasar unos días juntas, hablar, pasear, contarse cosas. Vale la pena intentarlo, aunque no se convierta en una película.

De alguna manera debo justificar el titulo de esta entrada y una de ellas es ver a Jane Birkin como un árbol poderoso con tres hojas de distinto verde, sus tres hijas. Una de ellas, Kate, ha caído, las otras dos siguen firmemente aferradas a sus ramas.

Pero en realidad el título nace de un libro


 El árbol del Señor Shaun/L'Arbre del Senyor Shaun, de Mireia Vidal

Mireia es mi hermana. Es guionista, pero sobre todo, es escritora de cuentos para niños. Mejor dicho, de álbumes ilustrados para niños, adolescentes, adultos y gente mayor. Este nuevo trabajo está ilustrado con unos preciosos y delicados dibujos de Neus Caamaño. El protagonista es el Señor Shaun, un hombre mayor con un bonito árbol en el centro de su jardín. Al Señor Shaun le gusta mucho su árbol, pero le gusta muy poco recoger las hojas que caen sin parar al suelo. Un día, cansado de recogerlas, decide cortar el árbol. Al principio siente liberación, pero poco a poco va perdiendo luz y alegría. El día que descubre una tierna plantita en el lugar donde estaba el árbol, la vida vuelve a tener sentido para él. Esta historia tan bonita, tiene muchas lecturas que cada uno puede hacer según su estado de ánimo y sus sentimientos. Pero lo que más me ha interesado es la que yo me he hecho al leer la historia del Señor Shaun estos días de barbarie y de violencia. De pronto me he dado cuenta de lo poco que valoramos nuestro árbol y lo mucho que nos quejamos de las hojas que caen sin parar, sin darnos cuenta de lo valioso que es lo que tenemos y lo mucho que vale la pena esforzarse para conservarlo. En estos momentos en los que el Señor Oscuro de las Tierras de Mordor nos amenaza con sus huestes de orcos/mercenarios y su fuego destructor, tenemos que ser más conscientes que nunca de nuestro árbol/libertad y cuidarlo aunque sus hojas a veces nos parezcan molestas. ¡Gracias Mireia!

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Rusofilias

Y en este contexto mundial, me atrevo a decir que entre las hojas que quiero recoger y el árbol que quiero cuidar hay muchos autores, escritores, cineastas rusos que respeto y admiro. Detesto a Putin. Detesto todo lo que significa. Detesto ese tipo de rusos serviles que buscan y necesitan un amo que les mande y les diga lo que tienen que hacer: llámese Iván el Terrible, Iosef Stalin, Vladimir Putin. Detesto lo que está haciendo en Ucrania y lo que ha hecho y sigue haciendo en su país. Detesto lo que lleva años intentando hacer en Europa desestabilizando las democracias, combatiendo la Unión Europea con su apoyo a todos los movimientos que crean descontento. Brexit, Procés en Cataluya, Chalecos Amarillos en Francia. Le detesto. Pero eso no significa que deteste a Rusia y a los rusos. No a todos, al menos. Me parece importante separar lo que Putin hace de la gente de Rusia y sobre todo de lo que los rusos han aportado a la historia y la cultura del mundo. Me gustan Dostoievski y Tolstoi, con ellos he aprendido a comprender el alma atormentada de los rusos; me gustan Chejov y Turghénev, con ellos he conocido el alma sensible de los rusos; me gustan Grossman y Bulgákov, los dos demostraron el poder de la resistencia ante la tiranía; me gustan Tchaikosky y Stravinski, con ellos he disfrutado del romanticismo y el vanguardismo; me gustan Tarkovski por su trascendencia y Sokúrov por su inteligencia y Klimov o Larisa Shepitko por saber moverse en la sombra del poder para hacer una obra personal. Sí, hay muchas cosas que me gustan de Rusia y por eso creo que hay que ser muy cuidadoso para no caer en la fácil descalificación de lo ruso. Y también hay que aceptar que para los creadores rusos contemporáneos no es nada fácil posicionarse en contra del régimen tiránico y despótico de Putin. Entiendo que tengan miedo y que no digan nada, nadie quiere acabar envenenado o en Siberia, como en los buenos tiempos del camarada Stalin. No entiendo, en cambio, los que se posicionan a favor. Callar me parece humano, elogiar me parece indigno. Por eso la postura del Festival de Cannes y el de San Sebastián me parece bien: no habrá delegación oficial rusa, pero se aceptará a los directores rusos que se presenten de forma individual. Cerrarles las puertas a todos no es bueno para nadie. La rusofobia es tan mala como cualquier otra fobia racial o religiosa. No me gustaría caer en ella, por más que Putin este dándome cada día mas y mas motivos. (Por cierto, y esto es una acotación personal, hay otra clase de rusofilia, la de los que consideran que Putin tiene razón y ya era hora de que alguien parara los pies a las democracias europeas. Son más de los que nos pensamos y no todos están en la ultraderecha).

 El regalo de esta semana son unas hojas que le gustarían al Señor Shaun.




sábado, 5 de marzo de 2022

MIEL

Seguimos sumergidos en una guerra absurda, terrible, inútil. O no tan inútil. Porque está agresión intolerable está teniendo un efecto colateral no deseado por Putin. Esta espantosa actitud de matón sin escrúpulos está sirviendo para unir a Europa y está sirviendo para que la Unión Europea de un salto cualitativo como unidad geopolítica. Josep Borrell lo explicó muy bien en su discurso del 1 de marzo en el Parlamento Europeo: “Esta es la partida de nacimiento de la Europa geopolítica. El momento en el que tomamos conciencia del reto al que nos enfrentamos. El momento en que Europa debe hacer frente a sus responsabilidades... El retorno de la tragedia, lejos de asustarnos, debería galvanizarnos…. Cuando un potente agresor agrede sin justificación alguna a un vecino mucho más débil, nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos. Nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado… Las fuerzas del mal, las fuerzas que pugnan por seguir utilizando la violencia física como una forma de resolver los conflictos, siguen vivos y frente a ellos tenemos que demostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora.”

Es esta última frase la que me sirve para vincular este impresionante discurso de Borrell con uno de los estrenos más interesantes de esta semana. Hive (Colmena) de la joven directora kosovar Blerta Basholli.

 


Hive (Colmena) de Blerta Basholli.

Blerta Basholli por su edad, nació en 1983, vivió la terrible guerra de los Balcanes desde la perspectiva de una adolescente, Pero en su primera película no ha querido hablar de si misma en primera persona, sino recordar esa tragedia en la que Europa miró a otro lado desde la historia real, casi documental, de una mujer kosovar que se enfrentó a la realidad y sacó adelante no solo a ella y su familia sino a todo un pueblo. La historia de Fahrije sucede en el año 2006. Han pasado siete años desde que en 1999 los serbios arrasaran el pueblo matando y haciendo prisioneros a todos los hombres, desaparecidos desde entonces. En ese mundo patriarcal, de ancestrales tradiciones arraigadas en el comportamiento de la comunidad, Fahrije se atreve a levantar la voz y demostrar que ella, y las mujeres del pueblo, son plenamente capaces de crear una nueva sociedad. El primer nivel del título viene de las colmenas de Fahrije y su suegro de las que obtienen miel para vender en el mercado. Pero con eso no tienen suficiente dinero para vivir. Por eso, Fahrije y una de sus mejores amigas, deciden emprender un negocio: vender ajvar, una conserva casera de pimientos, en un supermercado de la cercana ciudad. Lo primero es sacarse el carnet de conducir lo que convierte a Fahrije casi en una puta atacada por los zánganos instalados en la taberna del pueblo. El siguiente paso es convencer a las mujeres de que se enfrenten a sus padres, suegros, hermanos (no hay maridos, la mayoría están desaparecidos) para que la ayuden. Y así, poco a poco, Fahrije construye su propia colmena de abejas trabajadoras y todas juntas acaban por triunfar en un mundo que las condenaba al ostracismo. La colmena no es solo la de las abejas que producen miel, la colmena más interesante de este luminoso film oscuro es la que forman estas mujeres, reservando el papel de zánganos inútiles a los hombres que se escudan tras un patriarcado arcaico y erigiendo a Fahrije como una reina laboriosa y constructiva. Hive es una película pequeña que adquiere valor en este contexto de destrucción en el que las mujeres ucranianas que escapan ahora de la guerra con sus hijos, serán las Fahrije del futuro. Sobre todo si las ayudamos desde nuestro pequeño espacio en todo lo que podamos.

 



(Clara Aldana en Los gozos y las sombras)

CHARO, la de los ojos color miel

Charo es Charo López. Esta semana se ha estrenado en algunos cines de España un documental sobre la actriz. Me cuesta hablar de mí,  que también se podrá ver en la 2 de TVE en una versión un poco más corta, está dirigido por Chema de la Peña. Me cuesta hablar de mí es un retrato personal y muy cercano de una de las mujeres más guapas del cine español (aunque a ella no le guste que se la recuerde solo por eso) y una de las mejores actrices de un cine en el que empezó con 26 años y casi por casualidad de la mano de Ditirambo/Gonzalo Suárez y en donde sigue a sus 78 años muy bien llevados con la misma mirada desafiante y libre que ha tenido siempre. Como a ella le cuesta hablar de ella, el documental pregunta a amigos, compañeros, directores; busca en los archivos de la televisión entrevistas y programas, series y obras de teatro y con todo ese material va componiendo un puzle vital al que ella pone la última pieza en una entrevista cara a cara con el director. A lo largo de su poco más de una hora de duración, repasamos la historia del cine español desde 1969 hasta ahora mismo: los Estudios 1 de TVE, el destape, el cine comprometido, el cine comercial, el cine de autor, las series, Los gozos y las sombras, las películas con Gonzalo, con Camus. Entrevistas a lo largo del tiempo nos la devuelven en distintas edades, con distintos peinados y vestidos, pero con las ideas claras de alguien que ha sabido dirigir su propia vida. Este trabajo tiene un efecto secundario muy estimulante: te apetece volver a ver las películas de Charo, las buenas y las malas. A mí lo que me despertó fue el deseo de volver a ver Los gozos y las sombras, la serie de 1982, ¡hace 40 años! La he encontrado en Flixolé, la he empezado a revisar y me he vuelto a enganchar a ese mundo de Pueblanueva y a su Clara Aldana. 

El regalo de esta semana son flores que le gustarían a las abejas de la colmena y creo que también a Charo López.



 

 

sábado, 26 de febrero de 2022

RUSOS

 

Esta semana ha empezado la guerra. Si será mundial y catastrófica para la humanidad o si se quedará circunscrita a la pobre Ucrania, lo sabremos dentro de poco. Pero pase lo que pase, el mundo ya no será igual. El siglo XXI está sometiendo a la humanidad (toda) a unas presiones cada vez más insostenibles: los atentado del 11 de septiembre del 2001, el reguero de atentados y guerras en nombre de la yihad, la crisis terrible del 2008, el auge de los nacionalismos excluyentes y xenófobos en toda Europa, la pandemia del Covid 19 y ahora Putin y sus ansias de gloria zaristo/stalinista. No nos dejan vivir en paz. No nos queda más que el refugio de lo cercano, de lo cotidiano. Lo demás, todas las certezas que pudiéramos tener sobre el mundo y el futuro, han saltado por los aires.

En este contexto me ha parecido interesante recuperar una película premonitoria Donbass de Sergei Loznitsa, estrenada en el 2019 y que ahora se puede ver en Filmin. Estremece verla en este nuevo escenario.

 

DONBASS Sergei Loznitsa Filmin

En abril del 2019, cuando se estrenó esta película en los cines, escribí:

El otro estreno grande de la semana es Donbass, película ucraniana necesaria, imprescindible, útil para recordarnos que ahí mismo, en una esquina de Europa, hay un país que vive en una guerra civil latente y de la que no se habla, un país ocupado por un ejército  extranjero del que nadie dice nada. Ucrania está sufriendo una guerra de independencia de la región de Donbass, que los pro rusos quieren separar de un estado europeo para ser parte de la Rusia de Putin. Una guerra de intolerancia, crueldad, barbarie y mentiras, de la que sabemos poco o nada. El film de Sergei Loznitsa es un pequeño grano de arena para empezar a pensar en lo que está pasando allí. Ya desde su titulo Donbass, el director hace una declaración de intenciones. Para los independentistas Donbass es un nombre prohibido, ellos se llaman Nueva Rusia. Pero no es la única prueba del compromiso de este director con una realidad terrible. Construido como una ronda de trece episodios en los que un personaje de uno sirve de enlace con el siguiente, Donbass es un viaje circular al infierno de la barbarie, la crueldad, la intolerancia y la manipulación de una sociedad violenta y corrupta. Desagradable, incómoda y caótica, como la propia sociedad que refleja, Donbass dibuja un panorama de políticos corruptos, soldados desmotivados, periodistas que no entienden nada, hasta llegar a una escena casi insoportable, no tanto por su propia violencia, sino porque la podemos reconocer como propia: un hombre ucraniano, acusado de luchar contra la independencia, es insultado, maltratado cruelmente por una muchedumbre enloquecida ante la mirada cómplice de los policías que le debían custodiar. Donbass es una lección de historia, es cine militante, es cine político. Pero sobre todo es cine que nos hace reflexionar como un espejo donde nos vemos reflejados sin que nos guste nada lo que vemos.”

Recupero este texto en esta semana en la que Donbass se ha convertido en el centro vital de la más grande amenaza que ha vivido Europa desde el final de la segunda guerra mundial. Putin se ha crecido en sus ansias desmesuradas de recuperar la grandeza de la Rusia zarista y para eso debe acabar con Ucrania como sea, aun a riesgo de provocar una guerra de dimensiones insospechadas. A Putin ya no le basta con desestabilizar Europa con sus peones de extrema derecha, de extrema izquierda o nacionalistas. Ahora quiere humillar a ese Occidente que considera el enemigo número uno por sus valores, por su cultura, por su democracia, todo lo imperfecta que queramos, pero democracia. Por la libertad en definitiva de pensar y actuar. Ver esta magnífica película de Sergei Loznitsa ahora, es toda una revelación. Cosas que en su estreno del 2019 se nos escapaban ahora son meridianamente claras. Como esa matanza final que cierra la ronda infernal de corrupciones y violaciones de los derechos. Una matanza que alcanza todo su sentido cuando la enlazamos con la serie noruega Furia de la que hablo en esta misma entrada. La escenificación de un atentado a un autobús, es decir la fabricación de una fake news como excusa perfecta para desencadenar una reacción, no puede tener testigos., por eso se mata impunemente a todo el equipo que ha colaborado en esa falsa noticia. Tampoco pueden quedar testigos de los atentados a la dignidad que se están produciendo en esa pequeña región de Europa que ya no forma parte de Ucrania, si es que Ucrania sigue existiendo tras la invasión masiva de estos últimos días.

 


 FURIA Filmin

Empecé a ver esta serie noruega pensando que era una más del noir nórdico que me gusta mucho. Policía con un pasado complicado recién llegado a un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce, un asesinato, contexto racista con conflicto permanente con los refugiados. Nada demasiado nuevo, aunque enmarcado en unos paisajes de ensueño. Pero poco a poco, Furia va dando giros inesperados. De noir convencional, pasa a noir de terrorismo, de noir de terrorismo islámico, pasa a noir de terrorismo de extrema derecha, y de noir de extrema derecha pasa a ser abiertamente un noir político. No es una gran serie, y su guion está lleno de agujeros, pero te engancha por lo que cuenta y lo que desvela de una realidad que pone los pelos de punta. La trama lleva del norte de Noruega a Berlín donde una célula de ultraderecha financiada por dinero ruso se dispone a orquestar un gran atentado bajo la apariencia de ser un atentado del yihadismo islámico. Como van creando las pruebas para acusar a los musulmanes, como fomentan el miedo a los refugiados y a todo el mundo árabe, como organizan las pistas y conducen a la policía de dos países por donde quieren, siempre guiados en la sombra por la larga sombra de la Rusia de Putin empeñada en desestabilizar Europa para romper la unidad europea al precio que sea. Furia es ejemplar en ese sentido, toda una lección de historia contemporánea y una iluminación sobre los discursos racistas y xenófobos de, por ejemplo, VOX y otros nacionalismos excluyentes.

 

Pequeñas notas de una semana plagada de buenos estrenos

Competencia oficial, de Gastón Duprat y Mariano Cohn, o como los actores, cuando son buenos, son capaces de reírse de si mismos en una comedia de tres personajes estupendos: Penélope Cruz desmelenada, Antonio Banderas egocéntrico, Oscar Martínez detestable.

Great Freedom, de Sebastian Meise o como una sórdida historia carcelaria de homosexuales, se convierte en una historia de amor de una  enorme. luminosidad y de una honda carga de denuncia de una sociedad intolerante.

Las ilusiones perdidas, de Xavier Giannoli o como se puede convertir un clásico de la literatura como es Balzac en un film de una absoluta modernidad sin necesidad de cambiar los decorados de la época. El pasado como espejo del presente.

Un pequeño mundo, de Laura Wandel o como se puede hacer un film con niños sin tratarlos de subnormales y reflejando no solo su punto de vista, sino sus dudas y sus frustraciones, sus crueldades y solidaridades.

El triunfo, de Emmanuel Courcol, o como el teatro puede salvar a los delincuentes cuando encuentra una obra en la que se sienten reflejados. Esperando a Godot de Samuek Becket es perfecta para que la interpreten un grupo de reclusos que se pasan la vida esperando algo. Divertida, con unos actores perfectos, se inspira libremente en un hecho real sucedido en 1986 en Suecia.

 El regalo de esta semana es un girasol que Ramon ha dibujado expresamente en honor de Ucrania. El girasol es la flor nacional de ese atacado país.



 

 

sábado, 19 de febrero de 2022

 

Antes de empezar la entrada de hoy tengo que comentar una noticia lamentable.

BTV, la Televisión Pública de Barcelona, ha decidió despedir a 12 personas (en junio ya despidió a 9). Los equipos completos de tres programas culturales Ártic, La Familia Barris y La Cartellera, incluidos los colaboradores externos como yo misma que llevaba trabajando en el programa La Cartellera cinco años, nos hemos quedado en la calle. La Televisión Pública de Barcelona, la televisión del Ayuntamiento, la televisión de Ada Colau, ha decidido que estos programas culturales no eran necesarios. Una prueba más de lo que les interesa la cultura, el cine y la gente. Una tristeza.

 

ACTORES

Utilizo el genérico “actores” que engloba a hombres, mujeres y todos los grados intermedios que puedan existir, para encabezar esta entrada que va de actores/directores. La razón es la coincidencia en el tiempo de tres nombres Uno, José Sacristán, protagonista indiscutible de la semana por su Goya de Honor y por ser él, simplemente. Dos, una película que descubrí por casualidad en Amazon dirigida por un actor inclasificable, Christoph Waltz. Tres, el estreno en salas de una película dirigida por una actriz también inclasificable, Maggie Gyllenhaal. Empiezo en orden inverso.

 

(si ven la película entenderán la imagen)

El estreno en salas. La hija oscura, Maggie Gyllenhaal

En realidad esta película debería llamarse La muñeca robada, titulo más inquietante y sugeridor que el de La hija oscura que nos remite casi al cine de terror, cuando en realidad esta historia es un mono/melodrama centrado en un personaje principal, esa Leda que le ha valido a Olvia Colman una nominación al Oscar como Mejor Actriz por su Leda adulta y a Jessie Buckley otra nominación a la Mejor Actriz de Reparto por su Leda joven. La hija oscura es un guión, otra nominación de este año, en este caso para Maggie Gyllenhaal, que adapta una novela de la italiana Elena Ferrante. No conozco la novela así que no puedo juzgar si es fiel o no. Pero la película me ha gustado más de lo que me imaginaba a priori. Maggie Gyllenhaal, hermana de Jake Gyllenhaal con el que coincidió en la inquietante Donny Darko en el 2001, un año antes de convertirse en la Secretary de Steven Soderberg, es una actriz que se prodiga poco. Su aproximación a este melodrama silencioso ambientado en una playa idílica de una isla de Grecia, donde una mujer adulta, solitaria y cansada busca refugio en sus vacaciones y lo que encuentra es una ruidosa y muy invasiva familia con una madre joven y su hija, es de una sutileza y feminidad apabullante. Y digo lo de feminidad con todo sentido, porque esta película no la habría podido hacer un hombre. Las complicidades entre las mujeres, los matices de sus esporádicas relaciones, la doble historia personal de Leda ahora y Leda joven, sus conflictos personales con la maternidad y la culpa y la responsabilidad, solo los podía tratar de esta manera una mujer. Las dos Ledas dominan el relato, Olivia Colman es antipática y arisca, pero tiene sus razones, Jessie Buckley es antipática y muy insegura, pero también tiene sus razones. Las dos se hacen querer en sus contradicciones y en sus comportamientos tan poco convencionales a los 25 años como a los 48. Cine de actrices en todos los sentidos de la palabra, esta hija oscura creo que anuncia mas Gyllenhaal directora y menos Gyllenhaal actriz.

 

(el selecto barrio de Georgetown en Washington)

 El estreno en plataforma: El crimen de Georgetown, Christoph Waltz, Amazon

Christoph Waltz ejerce aquí una doble función, es el director y es el protagonista de una historia inspirada en un hecho real recogido en un artículo, publicado en The New York Times Magazine, donde se explicaba el asesinato de la veterana periodista de 90 años Viola Herms Drath el año 2011 a manos de su segundo marido. En la película, Viola se ha convertido en Elsa Breht con el rostro, el cuerpo y el cabello de una Vanessa Redgrave espectacular, mientras que Waltz se mete en la piel de Ulrich Mott, un estafador alemán de poca monta empeñado en llegar a lo más alto de la selecta sociedad de la muy selecta ciudad de Georgetown. Como si se tratara de un Pequeño Nicolás (por cierto, ¿qué se  ha hecho de este siniestro personaje?) Mott consigue engañar a media ciudad, incluida la veterana periodista que cae rendida ante sus dotes de seducción, convenciendo a todo el mundo con sus extravagantes historias sobre una supuesta intermediación en la guerra de Irak. Verborreíco, exagerado, autocomplaciente, cínico y oportunista, Mott/Waltz se convierte en el criado para todo de su rica esposa, ante el disgusto de su hija Amanda, interpretada con dureza por Annette Bening, la única que parece darse cuenta de la catadura moral de este Pequeño Ulrich norteamericano. Como su título indica, hay un crimen en la película, y la historia de cómo se llega a ese crimen y lo que pasó después es lo que se va contando en un film segmentado en capítulos. Divertida y mordaz, Waltz se ríe de sí mismo, de los políticos y de la sociedad de Georgetown sin ninguna piedad. Presentada en el festival de Tribeca del 2019, El crimen de Georgetown nunca se llegó a estrenar y solo se puede ver en plataformas. Es una lástima porque el protagonista de Malditos bastardos y Un dios salvaje, por citar solo dos de sus muchas películas, demuestra tener un don para la comedia negra con toques centroeuropeos. Creo que Billy Wilder se habría reído mucho de y con Ulrich.

 


José Sacristán

El Goya de honor de este año ha puesto a Sacristán en el ojo del huracán de las noticias. A sus 85 años muy bien llevados, Sacristán ya no tiene nada que perder y todo por ganar. Por eso no calla sus opiniones políticas aunque a veces no coincidan con lo que se espera de un actor de izquierdas. Porque Sacristán es un actor y un director de izquierdas sin duda, Pero no de esa izquierda sumisa y borreguil que sigue las consignas de lo políticamente correcto sin cuestionar nada y con una, a veces, terrible amnesia y analfabetismo histórico. Sacristán es un señor de izquierdas en todo el sentido real de la palabra. Y por eso no solo no reniega ni habla mal de sus principios en el cine español formando parte de aquello que despectivamente se llamaba “comedia española”, sino que lo reivindica como terreno de aprendizaje y como representación social de una España que él conoció desde la posguerra más dura, hasta la transición y de la transición a esto que tenemos ahora que es difícil de calificar. Su voz se ha ido haciendo grave con los años, su nariz y su cara de acelga, han ido ganando en personalidad con las canas, su manera de estar ante la cámara se ha ido serenando. Pero su compromiso con la profesión y con la realidad no ha cambiado nunca. Sacristán es un actor que siendo siempre él mismo consigue ser siempre diferente. Y para prueba una película olvidada de su filmografía que vi casi por casualidad en Flixolé, (donde por cierto, hay muchas películas suyas como actor). Yo me bajo en la próxima ¿y usted? con Concha Velasco de compañera en un tour de forcé que les lleva a recorrer casi cincuenta años de historia de nuestro país a través de la relación de Concha y Pepe. Esta fue su tercera y  última película como director. Y es una lástima, porque Sacristán podía haber hecho muchas más. Por suerte, nunca dejó de trabajar como actor y desde que en el 2011 hizo con David Trueba Madrid 1987, se ha convertido en el actor fetiche de casi todo el cine español más contemporáneo: El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta, Magical Girl, de Carlos Vermut, Quatretondeta, de Pol Rodríguez, Formentera Lady, de Pol Dura… sin dejar nunca de hacer ese cine llamado comercial al que le tiene un enorme respeto. Y por supuesto, sin dejar nunca el teatro. Con Berlanga se fue a la cárcel y a buscar una vaquilla; Fernán Gómez le bautizó cara de acelga y se lo llevó a un viaje a ninguna parte; los dos Pedros, Maso y Lazaga, hicieron de él, junto con Landa, el españolito medio; Regueiro le metió en la posguerra de Madregilda, estuvo en el Epilogo de Suárez y en La colmena de Camus… Su carrera es interminable. No sé quién escribió la presentación que hizo Nora Navas en los Goya de este año, pero clavó su retrato enlazando únicamente títulos de sus 198 películas. Contar con alguien como él en nuestro cine, es un regalo que hay que aprovechar.

Aprovecho para recomendar dos programas recientes de TVE que se han acercado a Sacristán con motivo de su Goya. Son muy diferentes entre sí y los dos dejan ver la calidad humana del hijo del Venancio. 

https://www.rtve.es/play/videos/imprescindibles/jose-sacristan-yo-queria-ser-tyrone-power/5747005/

Imprescindibles: Yo quería ser Tyrone Power

 https://www.rtve.es/play/videos/la-matematica-del-espejo/jose-sacristan/6237815/

La matemática del espejo  

El regalo de esta semana está dedicado a José Sacristán. Es una cabeza de ajos que Ramon ha dibujado expresamente para él. Los que le conocen entenderán porqué y los que no le conocen, lo podrán descubrir viendo los dos programas de RTVE.

 


 

 

 

 

sábado, 12 de febrero de 2022

CLÁSICOS

 


Licorice Pizza de Paul Thomas Anderson

Esta semana no puedo empezar diciendo “esta semana se estrena” porque la película que me parece más interesante, Licorice Pizza, lleva ya dos semanas en los cines. Lo que ha pasado con el último film de Paul Thomas Anderson es muy extraño. Se tenía que estrenar a principios de enero, se retrasó, no pasa nada y se anunció su estreno para el 11 de febrero, bien. Pero, de repente, el 28 de enero apareció, casi clandestinamente, en tres cines de Barcelona (ignoro si también se estrenó en otras ciudades). Así que, no, no se estrena esta semana. Aunque la verdad es que este culebrón que demuestra el enorme desconcierto de la industria en el terreno de la exhibición postpandémica, es lo de menos, Porque lo que cuenta es la película. Y tengo que reconocer que en la polémica que ha suscitado su estreno yo me sitúo entre los que la disfrutaron mucho. El titulo Licorice Pizza no nos dice casi nada a nosotros, pero para Paul Thomas Anderson tiene una honda resonanci: es el nombre de una cadena de tiendas de discos de los setenta y contiene la palabra pizza que le transporta a su niñez y adolescencia. Licorice Pizza es la película más feliz del director de melodramas tan potentes como Magnolia, The Master o Pozos de ambición. Aquí Anderson pone su saber dirigir al servicio de una historia ambientada en 1973, en plena crisis del petróleo, en una pequeña ciudad californiana. La primera secuencia, donde conocemos a los dos protagonistas, Alana y Gary es de aquellas que te meten en el film o te sacan para siempre. A mi me metió de lleno. Ver a Alana, una de las tres hermanas del gripo musical Haim, caminando indolentemente al lado de una fila de chicos y chicas diciendo, “Espejo, peine”, me dio la clave de cómo tenía que tomarme la película. Como un divertimento. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que en realidad aquello era un cuento. Anderson habla de Peter Pan y Wendy, con los niños perdidos como acopañamiento para definir a sus personajes. Algo de eso tienen, pero  a mí me gusta pensar también en una especie de Blanca Nieves y los siete enanitos correteando por las calles del Valle de San Fernando. El hecho de que Alana tenga 25 años y Gary tenga 15, no impide primero que se hagan amigos, segundo que se hagan socios y tercero que se enamoren en un devenir lógico del relato. Tampoco me sorprende que alguien que tiene 15 años sea capaz de montar un negocio de camas de agua y un salón de máquinas del millón. En un país como Estados Unidos un niño actor (y este lo es como miembro de la obra Tuyos, míos nuestros con Lucille Ball como madre) dispone de dinero y libertad suficiente para hacerlo. En realidad, el director cuenta que Gary está inspirado en un amigo suyo que hizo de verdad esas cosas cuando tenía 15 años. Pero aunque todo fuera una invención suya, daría igual. Porque la película es de una felicidad y alegría y complicidad contagiosa gracias en gran parte a los dos actores protagonistas. Gary, es Cooper Hoffman, hijo (y semi clon) de Philip Seymour Hoffman; Alana es Alana Haim, una de las tres hermanas del grupo musical Haim que, junto con sus padres aparecen en el film. Sin olvidarnos de los niños perdidos o los enanitos que los acompañan en todas sus aventuras y los cameos deliciosos de Sean Penn, Bradley Cooper o Tom Waits. Ambientada en el año 1973, en plena crisis del petróleo, Licorice Pizza es una película de las que te dejan un buen recuerdo, tarareando canciones y evocando tu propia adolescencia, tan alejada, seguro, de la de estos chicos, pero a la vez posiblemente con tantas historias como la de ellos si de verdad quisieras recordarla.

 

(me encanta hacer puzles)

La huella Joseph L. Mankiewicz Filmin

Ya avisé hace unos días que estaba un poco cansada de series. Y ese cansancio me ha llevado a explorar las plataformas en busca de otras cosas (que las hay). Fue el recuerdo del puzle blanco (aprovecho para decir que soy una fan total de los rompecabezas) el que me llevó a buscar La huella, la última película de Joseph Leo Mankiewicz rodada en 1972 con dos actores excepcionales, Laurence Olivier y Michael Caine. La empecé a ver con cierta prevención, ¿y si no se aguantaba? Menuda tontería, La huella no solo se aguanta, es que además, ha ganado con los años. Los juegos de engaño, maldad y manipulación que se establecen entre el escritor de novelas policiacas y el joven peluquero amante de su mujer, siguen siendo crueles y envolventes y siguen creando una sensación de impotencia en el espectador incluso cuando sabes todo lo que va a pasar. Fue una delicia volver a disfrutar del duelo interpretativo de sus actores completamente distintos en su registro y en su manera de estar ante la cámara, histriónico Olivier, flemático Caine, que sin salir nunca de la casa y casi del salón, consiguen que nos sintamos inmersos en esa enorme charada malvada. En estos tiempos en los que todo va tan rápido, en los que no se aguanta más de un minuto en pantalla sin que pase algo, ver esta tranquila pero no lenta historia ha sido un bálsamo de inteligencia. Con un efecto colateral: invita a revisar y disfrutar del cine de Mankiewicz. Esta es la huella que yo dejo aquí para que la sigan o no los que quieran.


 (en este Berlín destruido se levanta ahora el modernísimo complejo de Potsdamer Platz)

Se interpone un hombre, Carol Reed Filmin y Netflix

Este clásico que nunca había visto, lo encontró Ramon escondido en Neflix donde aparece como The Man Between gracias a descubrir antes que en esta plataforma tan guay y moderna hay un montón, si un montón, de películas inglesas en blanco y negro de los años 40, 50 y 60. Un tesoro en el que sumergirse para encontrar joyitas, como esta, o pedruscos infumables, (también los hay). En todo caso, este thriller negro de Carol Reed, realizado en 1953, cuatro años después de El tercer hombre  y ambientado en un Berlín devastado por los bombardeos y dividido por la partición de la ciudad, fue una auténtica pequeña sorpresa. Es una historia de espionaje muy poco Le Carré. Yo diría que en realidad no es una historia de espías es más bien una historia de perdedores o perdedor, James Mason en hombre que se interpone mientras intenta escapar de una red de mentiras, delitos menores y engaños que le tiene atrapado en la zona rusa de la ciudad. Una fascinante Claire Bloom recién salida de Candilejas, es la joven inglesa que se enamora de ese hombre interpuesto y paga las consecuencias de quererle. Pero para mí, la auténtica estrella del film es la ciudad de Berlín que Reed retrata con la misma frialdad objetiva que aplicó en la Viena del tercer hombre. Un Berlín irreconocible en sus ruinas, un Berlín que ha dejado una huella incluso en el super moderno Berlín de ahora mismo.



Y hablando de Berlín, justamente esta semana comienza la segunda Berlinale en pandemia (casi la tercera porque el del 2020 se celebró por los pelos y ya con problemas). Pero si este Berlín es importante, al menos para mí, es porque POR FIN, hay dos películas españolas en la competición oficial. Diez años después de intentar inútilmente que aceptaran Los pasos dobles, al final se han dado cuenta de que Isaki Lacuesta y su mujer y guionista Isa Campo, están entre las figuras más solidas del cine español y europeo. No he visto aun Un año, una noche, pero estoy segura que no dejará indiferentes a nadie en ese Berlín de la modernidad. Pero Isaki no está solo. También estoy contenta de que Carla Simon vuelva a Berlín donde triunfó hace unos años en Generation con Verano 1993. Esta vez Carla llega con un film ambientado en el pueblo de Alcarrás que da título a la película. Es una noticia estupenda y estoy segura que ambos dejaran una huella en ese Berlín que nada tiene que ver con el de The Man Between.

El regalo de esta semana es una flor para Isaki, Isa y Carla.