sábado, 30 de abril de 2022

AYER

 

“Solo aquello que yo quiero conservar tiene derecho a ser conservado para los demás.” (Stefan Zweig. El mundo de ayer)

Esta frase del final del prefacio del libro autobiográfico de Stefan Zweig me sirve como introducción a la entrada de hoy donde tres películas estrenadas esta semana responden justamente a esa idea: El mundo de ayer, del francés Diastème, Alcarrás, de la catalana Carla Simón y Downton Abbey, Una nueva era del inglés Simon Curtis.

 


Alcarràs, de Carla Simón

Empiezo por la más cercana a nosotros. Alcarràs, segunda película de Carla Simón. Cuando escribí de Verano del 93 dije algo muy parecido a la frase de Zweig: “Hablar de uno mismo, de  tus propias experiencias, contarlas para los demás, es una tentación que no siempre se resuelve bien. Puedes escribirlo o filmarlo para ti, pero si quieres que esa memoria sea compartida, tienes que utilizar bien el lenguaje, ya sea la escritura, ya sea el cine. Y Carla Simón lo hace muy bien. No sé qué hará Carla Simón en su segunda película, pero espero que no pierda esta capacidad de captar la luz del sol en medio de una borrasca de emociones.”. Pues bien, Carla ha hecho una segunda película donde el sol sigue brillando en medio de la tormenta de las emociones. La directora ha vuelto a mirar lo más cercano, su familia, su memoria, para contar una historia universal: el fin de una era, el final de una manera de entender la tierra, el campo, la familia. Alcarràs, como Las uvas de la ira de John Ford (más que de Steinbeck), es el retrato de cómo desparece un mundo para alumbrar otro que no sabemos si será malo o bueno, no es eso lo que importa, pero seguro que será distinto. Lo que importa es el ritmo de las horas entre los árboles de melocotón, lo que importa son las comidas familiares, lo que importa son los instantes compartidos en un empeño colectivo. El gran acierto de Carla es haber conseguido que sus no actores se metan en la piel de una familia para la que ella ha escrito una historia que dibuja, desde el abuelo hasta los niños, figuras en un paisaje de árboles, sol, nubes… A mí me habría gustado que acabará un plano antes del último. Pero luego, cuando pienso en la película, me digo que quién soy yo para opinar sobre lo que ella ha “escogido” contar. Lo que ella ha querido conservar. Y me contesto que Carla ha hecho una película luminosa en su nostalgia, con aroma de frutal y aires de final de un tiempo. Un ayer que está desapareciendo mientras se alumbra un mañana que aun no ha nacido. Alcarràs es un viaje a un mundo, el mundo de ayer.

 


El mundo de ayer, Diastème

Esta película que toma el título del libro de Stefan Zweig, es otra cosa. Es un film, político cien por cien. Creo que estaba previsto estrenarse la semana pasada, pero la coincidencia con la segunda vuelta de las elecciones en Francia desaconsejó sacarla en vísperas de tan decisiva votación. Porque El mundo de ayer se centra en los tres días anteriores a las elecciones presidenciales en Francia, donde la presidenta que está a punto de dejar el cargo se enfrenta al reto de un escándalo de corrupción que afecta al candidato de su partido y por tanto al peligro más que real de que triunfe el candidato de la extrema derecha que le pisa los talones. Mientras en el ala oeste del Eliseo se cruzan conspiraciones y arreglos, miedos, y peligros, ella, magnifica Léa Drucker, se enfrenta a una delicada situación personal, un atentado terrible y la amenaza posible de una involución política de consecuencias imprevisibles. Real como la vida misma salvando las distancias. Un film político, ambiguo y con un final abierto que nos deja con la duda: ¿Y si….?


 Downton Abbey: Una nueva era, de Simon Curtis

Este sí que es un mundo de ayer, tan lejano como el de los cuentos de hadas. La tercera entrega de la serie creada por Julian Fellowes ha llegado a su final. Supongo, aunque no deseo. Porque yo soy fiel seguidora de esta familia de nobles ingleses a los que conocimos en 1912 (en el 2010 de nuestra era) y a los que hemos seguido hasta 1929 (en el 2022  de nuestra era). En esos 17 años de ficción la familia Crawley ha pasado de ser un ejemplo de tradición ancestral victoriana a ser una familia que asume que el mundo ya no es lo que era. Es un mundo de ayer en toda regla. Se ha acusado a Fellowes y Curtis de estirar el producto como un chicle. Yo no estoy de acuerdo. En esta tercera entrega los conflictos se han dulcificado, las lealtades se han consolidado y la curiosa y entrañable familia que integran los señores y los servidores, ha logrado una estabilidad a las puertas de una década que acabará por volver a ponerlos a prueba: los años 30. Pero eso ya se verá si hay cuarta y quinta entrega. De momento estamos con ellos compartiendo el paso del cine mudo al sonoro mientras se cierran historias que acaban bien y quién sabe, se abren otras nuevas. Reconozco y lo digo sin miedo, si no eres fan de la casa de Yorkshire, no la veas. Pero si lo eres o quieres serlo, disfrutarás mucho con la inocencia de estos personajes a los que la Historia ya arrolló una vez y seguramente volverá a arrollar en la próxima década. La nueva era de Downton Abbey es en realidad el mundo de ayer que evocaba Stefan Zweig en su magnífica autobiografía.

“Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quién ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo éste ha vivido de verdad”. Stefan Zweig.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES

La edad dorada HBO Max

Me ha parecido que en una entrada que hablaba del mundo de ayer y una semana en la que se estrenaba la última entrega  de Downton Abbey, tocaba recuperar una serie de la que aún no había hablado: La edad dorada. Creada por Julian Fellowes, lo mejor que se puede decir de ella es que no pretende ser un Downton americano. Para nada. La edad dorada evoca la década prodigiosa de 1882, cuando Nueva York era el centro de una revolución urbanística, cultural y social muy lejos del salvaje oeste y la culta europea. En este contexto acompañamos a Marian Brook, una joven que llega a Nueva York para vivir con sus dos ricas tías, en su viaje de integración en un mundo que se mueve entre su propio ayer, el de la excelente Christine Baranski y la dulce Cynthia Nixon representantes de la vieja tradición de americanos descendientes de los primeros colonos, auténtica aristocracia neoyorquina, y la del mañana de los grandes magnates del petróleo y los transportes, encarnados en la poderosa familia de nuevos ricos, los Russell que representan Carrie Coon y Morgan Spector. Con la complicidad de Peggy Scott, una mujer negra solo creíble en ese contexto, la hija de Meryl Streep, Louisa Jacobson, se mete en la piel de Marian para intentar forjar su propio camino entre las dos casas que una frente a la otra, la de sus tradicionales tías, la de los nuevos ricos, la ponen en el camino de la modernidad que llama a las puertas de una ciudad en pleno cambio y crecimiento. Más cruda y seca que Downton, más americana que británica, la nueva criatura de Fellowes está llamada a convertirse en un juguete estupendo para los que nos gustan este tipo de dramas, para los que disfrutamos con Louis May Alcott y con La edad de la inocencia de Martin Scorsese. La edad dorada es el contra plano perfecto de una película como Horizontes de grandeza. Ver la serie y la película de William Wyler es casi una lección de historia americana que permite entender como ese mundo de ayer sigue siendo el mundo de hoy mismo.

 El regalo de esta semana son unos melocotones que Ramon ha dibujado y que le dedico especialmente a Carla Simón.



sábado, 23 de abril de 2022

FRANCESES

 

Francia vota este domingo. Francia tiene que elegir entre Macron y Le Pen. Muchos franceses lo tienen claro, mejor un Macron conocido que una Le Pen con piel de cordero. Pero hay otros muchos que aun dudan. Sobre todo entre la izquierda melenchoniana. Lo que se juega no es solo su presidencia, es la consolidación de una idea de Europa que Macron defiende y Marine Le Pen ataca. Una aliada de Putin en Francia puede ser mortal para todos. Pero ¿lo entenderán así los chicos que estos días tomaban la Sorbona al grito de “Ni Macron, ni Le Pen”? Suenan ecos de un nuevo mayo del 68. Parece mentira que hayan pasado casi sesenta años y vuelva a oírse el mismo mensaje. Solo que ahora es mucho más peligroso que entonces. “Ni Macron, ni Le Pen” significa en realidad ni Unión Europea, ni OTAN. La indignación estudiantil se entiende después de dos crisis, una pandemia, una guerra y un porvenir más negro que el carbón al que habrá que volver para calentarse. Pero la solución no es el aislacionismo. En la encrucijada entre Macron y Le Pen yo no tendría dudas. Votar a Le Pen es muy peligroso, pero ¿cómo se lo hacemos entender a los jóvenes? De ninguna manera. Lo aprenderán solos si es que tienen tiempo de hacerlo.

Bueno, ya me he desahogado. Ahora puedo hablar de tres películas francesas muy distintas entre sí. Las tres importantes.

 


Arthur Rambo, de Laurent Cantet

En la cónica de San Sebastián del año pasado escribí: “Laurent Cantet nació cinematográficamente en San Sebastián cuando ganó el Premio Nuevos Directores en 1999 con Recursos humanos. Ahora, más de veinte años después, ha vuelto a la competición con un film que se llama Arthur Rambo, una mezcla de la provocación intelectual del poeta francés Rimbaud y la violencia del personaje de Hollywood. Arthur Rambo es el pseudónimo de un escritor magrebí que está triunfando con una novela basada en la historia de su madre. Pero Karim D, tiene un Mr Hyde en forma de Arthur Rambo, un twitero compulsivo capaz de decir las más espantosas vilezas. Xenófobo, racista, machista, antisemita, Arthur Rambo lo tiene todo. Cuando se descubre que Rambo es Karim, se desata sobre él una tormenta perfecta de contradicciones que van desde la hipócrita actitud de sus editores y amigos, hasta la toma de conciencia de lo que sus twits han provocado entre la gente que se los ha creído de verdad. Una película imprescindible por muchos motivos.” Poco me queda por añadir. Arthur Rambo es además de todo esto una denuncia clara de las redes sociales, de las fake news, de los perfiles inventados. Todos los peligros que nos acechan en la moderna cultura de la (in)comunicación. Pero con el toque Cantet, un autor que demuestra que sin estridencias se consigue micho más que gritando.

 


La Croisade/Un pequeño plan… como salvar el planeta,  Louis Garrel

También viene de San Sebastián el último film de LouisGarrel como director y como actor. Entonces escribí: “La cruzada de los niños es la excusa que encuentra Louis Garrel para hacer esta segunda entrega de las aventuras de Abel y Marianne con su hijo Joseph. En este caso, Joseph y sus amigos están dispuestos a salvar el planeta en una nueva cruzada de los niños. Y para hacerlo no dudan en tomar medidas muy drásticas. Fábula moral más que otra cosa, Un pequeño plan… como salvar el planeta es un cuento lleno de encanto, un recordatorio de las muchas cosas que aún nos quedan por hacer.” Es curioso lo que me ha pasado con esta peliculita que diría José Luís Guarner. Vista en septiembre del 2021 tenía un sentido, una razón de ser: el cambio climático, la defensa de la Tierra, la preocupación de qué planeta les dejaremos a nuestros hijos, no solo eran temas importantes, ERAN, los temas importantes en un mundo donde las certezas estaban establecidas a pesar de que la pandemia del dichoso bicho había hecho saltar algunas de ellas. Ahora, cuando se cumplen dos meses de la guerra en Ucrania, la preocupación por el clima, por el planeta no es que haya dejado de ser importante (lo sigue siendo) pero ha pasado a un segundo plano bajo la presión de una invasión injustificada y brutal a la que el clima y la tierra parece no importarle nada. Por eso este divertimento en forma de cuento de niños y de adultos, adquiere una relevancia especial. Nos recuerda que los putines de este mundo no deben triunfar bajo ninguna circunstancia o, además de acabar con un país y una manera de entender el mundo, acabarán también con el mundo. Un pequeño plan… es un remanso de paz.

 


Arde Notre Dame, Jean-Jacques Annaud

Hace justo dos años se produjo el pavoroso incendio de la catedral de París, Notre Dame. Vuelvo a recordar lo que escribí en el blog del 20 de abril de 2019. “La tristeza enorme de ver caer la aguja gótica, de ver las llamas naranjas y azules saliendo del corazón de la iglesia, es infinita. No se sabe aun que lo ha provocado. ¿Un error humano? ¿Una imprudencia en las obras de reconstrucción? ¿O un sutil y muy sofisticado atentado a uno de los símbolos de la cultura y la civilización democrática europea? Mi vena conspiranoica vuelve a aparecer, pero  no puedo dejar de pensar que justo ahora, en vísperas de unas elecciones europeas decisivas, quemar esta obra que es de todos y que representa una historia común, es un golpe perfecto. Espero equivocarme, bueno, seguro que me equivoco y que todo fue fruto de un accidente por el estado en que estaba la catedral. Por suerte, pasados unos días, podemos ver que los daños no son tan graves como se pensó, aunque siempre quedará la imagen de la aguja cayendo como un icono del final de una manera de entender la cultura. Y otra cosa. Yo no la reconstruiría. Al menos no igual que era. Eso sería falsear la historia, convertir Notre Dame en una Sagrada Familia en París. No, yo haría lo que se hacía en otros tiempos, pensar en ella desde el presente. Y eso significa dos cosas: dejar la herida, pero garantizando la seguridad. O hacer un sincretismo entre el pasado y el presente (¿qué era el gótico respecto al románico o el barroco respecto al gótico?). Pero claro, lo que yo piense seguramente no le interesara a nadie. Conservar la ruina es un recuerdo vivo de lo que estamos haciendo con nuestra cultura. Rehacerla como era, es falsear esa memoria. Reconstruirla desde el presente, es mirar al futuro.” Arde Notre Dame, el film de Annaud ha venido a darme respuestas a algunas de las preguntas que me hacía en este texto. Annaud ha hecho un film difícil de clasificar: a medias documental (hay mucho material filmado en el momento) a medias ficción (los personajes son tanto reales como inventados) a medias cine de catástrofes, a medias cine de denuncia social. Arde Notre Dame es una crónica detallada y documentada, hasta donde se puede documentar, de los errores humanos y las coincidencias fatales que permitieron que una de las joyas del arte europeo, un símbolo en sí misma, sufriera uno de los más terribles incendios que se recuerdan. Annaud se coloca al lado de los bomberos que se arriesgaron para apagarlo sin olvidar el aspecto casi grotesco de la gran preocupación de los responsables de la iglesia: salvar la auténtica corona de Cristo y algunas otras reliquias famosas. Entre el suspense por llegar a salvar estos objetos y la lucha de los bomberos porque el fuego no se extendiera a toda la iglesia, la ciudad entera asiste al espectáculo destructor de la catedral de Quasimodo en medio de un caos circulatorio que hace difícil llegar a a tiempo a los equipos de salvamento. El gran acierto de Annaud es el de hacer con este material un film entretenido que te engancha en su acción, que potencia la identificación con los bomberos y deja en el aire no las razones del incendio, bastante fortuitas si hemos de creer lo que nos cuenta, sino qué se deberá hacer después. Un después que es ya nuestro ahora en el que los trabajos de reconstrucción avanzan rápidamente. Para rehacerla “exactamente como era antes”. Vuelvo a decir lo que ya decía en 2019, yo no la habría reconstruido. Pero qué más da. 

El regalo de esta semana es un bodegón. No tiene nada que ver con ninguna película, pero me gusta mucho.



sábado, 16 de abril de 2022

FINLANDIA

 

Justo la semana en la que Finlandia ha tomado protagonismo en la guerra en Europa con el anuncio de su intención de entrar en la OTAN, rompiendo una neutralidad asumida desde el final de la segunda guerra mundial, para desespero y enfado mayúsculo de Putin quién ha amenazado con el armamento nuclear si esto sucede, justo esta semana, Finlandia se ha cruzado en mi camino en forma de una película extrañamente romántica y la segunda temporada de una de las series de espionaje más interesantes de los últimos años.


(los petroglifos de Murmansk)

El estreno: Compartimento Nº6 de Juho Kuosmanen

Esta película del para mi desconocido director Juho Kuosmanen, es una de las sorpresas del año. Pasa prácticamente toda en un tren durante el largo viaje de casi 1500 km entre Moscú y Múrmansk. Cuenta el extraño encuentro entre dos seres tan antagónicos como atrayentes entre sí. Laura es una estudiante de arqueología finlandesa que, tras una estancia en Moscú, decide viajar a Múrmansk, una de las ciudades rusas más septentrionales situada en la península de Kola en el Mar de Barents, muy cerca de la frontera con Finlandia y Noruega. Laura quiere ver los famosos petroglifos de Kanozero, únicos en el mundo. En su compartimento viaja otra persona. Un joven ruso, maleducado y muy intrusivo que le produce entre rechazo y miedo. Laura intenta cambiar de compartimento, pero es imposible. Los dos van al mismo sitio, Ljoha es minero y vuelve a Murmansk para reincorporarse al trabajo. Aunque empiezan con mal pie, estos dos seres tan distintos, y tan solitarios, acabarán por entenderse y establecer una curiosa relación de amistad o de amor o de algo intangible entre ellos. Las películas de trenes tienen algo muy especial, sus personajes no están en ningún sitio y los pasajeros pueden olvidar por un tiempo quiénes son. Hitchcock lo sabía muy bien como demostró en dos grandes films. Alarma en el expreso y Extraños en un tren. Pero no es el único. Si recuerda a alguien esta extraña pareja es a la que retrató Linklater en Antes del amanecer, un film tan cercano en su esencia como lejano en su tono. Nunca sabemos en qué momento pasa. Lo único cierto es que no es ahora. La URSS ya no existe porque hablan de San Petersburgo, pero no hay teléfonos móviles, los coches son muy antiguos y el tren y su implacable revisora más parecen sacados de una película española de los años 50 que de un tren moderno. Todo es oscuro y sucio, pero no sucio moralmente y esa es su grandeza. Mientras que la suciedad en la ropa y el ambiente de un compartimento en el que se han pasado varios días antes de llegar a destino va aumentando, los personajes, en cambio, van ganando en luminosidad y en calidez a medida que se acercan a las nieves y el frio del círculo polar ártico. Y de fondo, sin siquiera mencionarlo, las fronteras. La frontera de Rusia y Finlandia, la frontera entre dos personas de orígenes muy distintos, la frontera del misterio de los petroglifos escondidos en una isla perdida. ¿Es una historia de amor? Yo creo que sí.

 


Shadow Lines/Espías en la sombra Segunda Temporada Filmin

Hace justo un año, el 10 de abril del 2021, cuando nadie pensaba que el mundo iba a saltar por los aires con una guerra terrible, escribí en el blog sobre la primera temporada de Shadow Lines/Espías en la sombra. “Estamos acostumbrados a ver el cine finlandés a través de la óptica de Aki Kaurismaki. Pero en ese pequeño y lejano país tan cercano a la Rusia del zar, de Stalin y de Putin, hay muchas más historias. Una de ellas es la que cuenta esta serie de 10 capítulos ambientada en 1955, en plena guerra fría. Las luchas entre Moscú y Washington tuvieron en la helada Helsinki un escenario de primer orden. Americanos y rusos querían controlar Finlandia, un país de enorme importancia estratégica. Juguetes en manos de las dos potencias, Nyrkki, (El Puño) una organización de espías finlandesa, intenta mantener la independencia de su país sin dejarse avasallar ni por el KGB ni por la CIA, ambos dispuestos a conseguir el poder de la neutral Finlandia manipulando los candidatos a la presidencia favorables a uno y otro bando. En medio de esta batalla, en una ciudad entre el dorado y el azul oscuro, la joven Helena se verá arrastrada en el conflicto mientras descubre un secreto de su pasado que pondrá en peligro toda la operación emprendida por la organización. Lejos del cine de espías norteamericano, más cerca del Smiley de Le Carré, pero en un ambiente elegante, estilizado, de humo y de vestidos de satén verde, en la serie se hacen cada vez más evidentes las delgadas líneas de sombra que separan dos mundos, dos realidades, el pasado y el presente. Shadow Lines es diferente en su ritmo, en sus personajes, en su propio relato. Es una oportunidad de descubrir otra manera de acercarse a las historias de siempre.” Filmin ha estrenado la segunda temporada de Espías en la sombra y tengo que reconocer que casi es mejor que la primera. Comienza donde se acababa la otra, con la elección de Urho Kekkonen como presidente, la muerte de Julius, uno de los espías de Nyrkki , y Helena avanzando en el secreto que la atormenta. A partir de ahí, la Historia con mayúscula se introduce en la historia de sus personajes en una trama que nos cuenta uno de los momentos más peligrosos para el equilibrio mundial entre la URSS y Occidente. No he podido encontrar ni un solo dato que corrobore el incidente que estuvo a punto de desencadenar la tercera guerra mundial. En todo caso, si sucedió o no, deja de ser interesante justo ahora cuando sí se ha desencadenado una guerra que esperemos no sea el prólogo de algo más gordo.  La serie se mueve entre espías, engaños, secretos personales, secretos políticos. Un grupo ultranacionalista, La Hermandad del Odio, fundada en 1922 tras las guerras de Karelia, cuando Finlandia perdió una parte de su territorio anexionado por la fuerza a la nueva URSS (¿les suena? ) vuelve a estar activa y dispuesta a hacer lo que sea para acabar con “los demonios y los rusos”. Desde el punto de vista del cine, la serie prolonga el estilo de la primera temporada, tan alejado del habitual tono y ritmo del cine americano e incluso del cine europeo más clásico. Fría por fuera pero volcánica en sus relaciones, estos espías consiguen mostrarnos una realidad que sin quererlo, ilumina lo que está sucediendo hoy en Ucrania.

 

EL RINCÓN DE LA SORPRESA



Apolo 10½: Una infancia espacial, Richard Linklater Netflix

La referencia a Antes del amanecer de Richard Linklater me ha hecho pensar en una película estrenada hace muy poco en Netflix. Que la deliciosa miniatura que es Apolo 10½: Una infancia espacial se haya estrenado directamente en una plataforma y casi sin anunciarla, es uno de esos misterios absurdos de la comunicación. Linklater en estado puro, esta aventura espacial es un film de animación que nos devuelve a 1969. Stanley es un niño de 10 años. Vive en Texas cerca de las instalaciones de la NASA donde se está preparando el viaje del Apolo 11 que llevará al hombre a la Luna. Stanley sueña con ser astronauta y vive una aventura que pudo ser, al menos para él. Pero antes de llegar al punto en el que conocemos a Stanley, Linklater aprovecha para recordar en una precioso ejercicio de la memoria, como era la infancia de un niño en los años sesenta. Música, series de televisión, comidas, riñas familiares, estrenos de cine, amigos, peleas, la escuela, todo desfila ante nuestros ojos contado por un Stanley adulto, un Linklater adulto, que comparte sus recuerdos y sus sueños. Este ejercicio de la memoria enlaza con la esencia del cine de Linklater donde el tiempo siempre es un elemento dominante de reflexión. No es la primera vez que vuelve a esos recuerdos, el Jake de Todos queremos algo bien podría ser Stanley en su primer año de universidad, o el Pink de Movida del 76. Linklater nunca deja de explicar su historia, la de una generación con la que se pueden sentir identificados muchos espectadores. Pero a veces, como en este caso, además consigue una pequeña joya animada, una aventura (im)posible, divertida, tierna, sincera. Linklater nos lleva a la Luna y nos lo creemos.

El regalo de esta semana es una foto primaveral. El mandarino del jardín está esplendoroso. Tanta vida y tanta energía me alegran el día.



 

sábado, 9 de abril de 2022

PARÍS

 

Hoy se cumplen 45 días de  Guerra en Ucrania, de Guerra en Europa, de Guerra entre dos maneras de entender el mundo. El ser humano es muy especial, nos acostumbramos a todo. Incluso al horror de un conflicto que está lejos y cerca. A todo, hasta un límite. Las imágenes que esta semana han llegado de Bucha y otras ciudades abandonadas por los rusos, traspasan el límite del horror aceptable. Son insoportables visualmente, pero sobre todo, son insoportables conceptualmente. Lo que dejan ver esas imágenes es un trasfondo de bestialidad, de deshumanización, de crueldad. Verlas me ha hecho pensar en Andrei Rublev de Tarkovski: la brutalidad medieval en pleno siglo XXI. No sé quien acabará ganando esta guerra injusta, pero si sé que el Stalinzar del Kremlin y sus ejércitos han traspasado todos las líneas rojas posibles. Frente a eso nos queda poco que hacer. Refugiarnos en los amigos, en los compañeros, en los libros, en el cine. Y en París, porque, como decía Humphrey Bogart en Casablanca. “Siempre nos quedará París”

 Esta referencia a París viene porque esta semana se han estrenado dos preciosas películas francesas que pasan en París.

 

                                        (La casa del escultor Rodin, en París)

París, Distrito 13, de Jacques 

Fue Alex Gorina el que dijo al salir del pase de prensa de esta película: “Los franceses vuelven una y otra vez a la Nouvelle Vague”. Tenía razón. Hay un cierto cine francés que tiene una querencia a contar historias en sus calles, en sus cafés. Historias de amor felices o historias de amor tristes. La que cuenta en un luminoso blanco y negro (con un significativo inserto en color) París, Distrito 13 es feliz y tiene su antecedentes en Bande a part de Godard y si me apuran en La maman et la putain de Eustache. Me ha hecho gracias leer en algunas críticas, seguro que de gente muy joven, que este film relata las aventuras amorosas de los milennials. Quizás sea que las historias de Godard con Ann Karina o de Eustache, o de Rohmer, no dejan de ser historias de milennials cuando aun no existía este término. Audiard lo único que ha hecho es mirar a su alrededor y mostrarnos cuatro personajes enlazados por el amor. Todo sucede en el barrio de Les Olympiades, título original del film. Emille, una chica de origen chino, alquila una habitación a Camille pensando que es una mujer, pero se encuentra con un alto y guapo joven negro. Emille se enamora de Camille, pero él no está seguro de quererla. Camille se va y conoce a Nora. Nora acaba de llegar a París para estudiar. Un equívoco desafortunado lleva a que en la Universidad la confundan con Amber, estrella del porno en Internet. Nora, decide averiguar quién es Amber. El conflicto está servido. Estos cuatro personajes se cruzan y descruzan en las calles del Distrito 13 en un baile de sentimientos lleno de ligereza y de sensibilidad. Que el duro Audiard, autor de El profeta, De óxido y hueso o Los hermanos Sister, haya sido capaz de hacer este film suave y tranquilo, es la mejor prueba de su calidad como director. Beber en la Nouvelle Vague no es un problema, si se hace bien. Audiard lo ha hecho muy bien. 

 


Las cartas de amor no existen, de Jéróme Bonnell

Si París, Distrito 13 se sumergía en el mundo de Godard, Rohmer y Eustache, Jéróme Bonnell busca en Truffaut y en Rivette el alma  donde refugiarse. En este caso, toda la película, o casi toda, pasa en uno de esos cafés de barrio franceses que solo se encuentran allí. Tras un principio desconcertante, Jonás, su protagonista, llega a la puerta del piso de Lea, su ex amante. Ex porque, él, casado y con un hijo, nunca ha querido dejar a su mujer. Hasta ahora. Aunque, quizás sea ya demasiado tarde porque Lea aun le quiere, pero no le cree. Y Jonás se encuentra sin saber como refugiado en un café debajo de su casa del que no consigue salir por más que lo intenta, como si un ángel exterminador buñueliano y romántico le impidiera alejarse de ese lugar. En ese café encuentra un alma gemela, o mejor, un alma tutelar, Mathieu, un camarero que sabe escuchar. Es entonces cuando Jonás toma una decisión, le escribirá una carta de amor a Lea. Durante toda la jornada que pasa en el café, entre llamadas a su trabajo, a su ex mujer, a sus amigos, Jonás escribe una larga carta de amor de 14 páginas que Mathieu será el único en conocer. Al final de ese día tan especial, Jonás tendrá que decidir si le manda la carta a Lea o no. Y nosotros tendremos que decidir si queremos que lo haga o no.

Las dos películas me han gustado mucho. Han despertado muchos deseos escondidos tras dos años de aislamiento. El deseo de volver a París, de pasear por sus calles,  de comer en sus bistrots, escribir en sus cafés. Y el deseo de volver a ver las películas de la Nouvelle Vague. Un buen escudo para protegerse de la realidad.

(Nota: este domingo hay elecciones en Francia. Espero que los franceses estén a la altura del momento histórico y no den su apoyo ni a Marine Le Pen, ni a Éric Zemmour, ni a Jean-Luc Mélenchon. Estoy segura que los protagonistas de estas dos películas no se lo perdonarían. Yo tampoco.) 

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


Emily en París, Netflix

Ya que estoy en París, me he acordado de una serie de Netflix que vi hace tiempo. Tiene dos temporadas pero yo solo conozco la primera. En cierto modo, Emily en Paris es una puesta al día de Una cara con ángel en el siglo XXI. Al menos en su premisa. Una joven americana de veinte y pocos años, aterriza en París para trabajar en una gran empresa de marketing y publicidad. El choque cultural de esta no neoyorquina (Emily nació en el Medio Oeste) con la elegancia y sofisticación de la capital de Francia, produce los mejores momentos de la serie. Emily es una influencer con miles de seguidores de sus andanzas por París, se equivoca constantemente, se viste de una manera extravagante y colorida y consigue liarse amorosamente con quién no debe. La verdad es que no es fácil recomendar esta serie a todo el mundo. Es irritante, especialmente para los franceses a los que dibuja con todos los estereotipos posibles, es modernilla, es ingenua y romántica. Pero gracias a su encantadora protagonista Lily Collins, a las calles de postal de París, al glamour más chic de la ciudad, a las curiosas amigas y enemigas de Emily, gracias a sus meteduras de pata y su amor por un guapo chef, la serie acaba por enganchar a pesar de su indiscutible irrelevancia. Pero que importa. No todo ha de ser serio y trascendental, ni tener un mensaje importante. A veces simplemente una serie tontorrona y feliz, bonita y alegre, te ayuda a terminar el día con una sonrisa. Una advertencia, no sé si la segunda temporada o la tercera y cuarta que anuncia Netflix tendrán el mismo encanto. Yo solo hablo de la primera.

 El regalo de esta semana es como no un dibujo de Paris, la versión de Ramon de la foto que ilustra el Rincón.



 

viernes, 1 de abril de 2022

TRILOGÍA

A veces una película de estreno se convierte en el cabo de un hilo del que tirar para descubrir un mundo, o en este caso, un director, que por las razones que sean ¡hay tantas! se me había escapado. El estreno es el de un film italiano que se titula Para Chiara y el director es Jonas Carpignano, un italiano nacido en Nueva York que vive en la pequeña ciudad calabresa de Gioia Tauro. El hilo de Chiara me llevó a descubrir que este interesante film era la tercera parte de una Trilogía Calabresa que Carpignano comenzó en 2015 con Mediterranea, siguió en 2017 con A Ciambra y culmina ahora con Para Chiara. Un retrato a tres bandas de una ciudad del sur de Italia a través de los inmigrantes africanos, la comunidad gitana y las familias mafiosas de la Ndrangueta. Buscando un poco tuve la grata sorpresa de encontrarme con las dos primeras entregas de esta Trilogía en Filmin, lo que me ha permitido sumergirme en el universo de Gioia Tauro de la mano de Carpignano.

 


(Koudous Seihon, Ayiva en el film)

Primera entrega Mediterranea, 2015 Filmin

Conocemos a Ayiva y su amigo Abas mucho antes de llegar a Calabria. Los vemos en su peligroso viaje desde Burkina Faso a través del desierto de Argelia; el paso a Libia donde tienen que enfrentarse a nuevas dificultades; la precaria embarcación en la que intentan llegar a Italia; el rescate en el mar; el primer contacto con los italianos. Todo esto está contado con un tono documental, sin tremendismo. Ayiva y Abas acaban viviendo en Rosarno, en Calabria. Tienen tres meses para conseguir un contrato que les permita quedarse en Italia. A partir de aquí, el film nunca se separa de Ayiva, le sigue en su trabajo como recogedor de naranjas, le acompaña en sus llamadas a Burkina Faso para hablar con su hija, convive con él en la comunidad africana, cuenta su amistad con Rocco y su relación con Pio, un niño gitano de 12 años con el que establece un vínculo muy especial. El film no cae nunca en la violencia gratuita, tampoco abusa del miserabilismo habitual en este tipo de historias, el racismo está presente en los grupos de extrema derecha, pero no es el tema de la historia. Lo que le interesa a Carpignano es ver cómo este africano inteligente se integra poco a poco en la sociedad sin dejar nunca de ser él mismo. Rodada con actores no profesionales, en los espacios y lugares donde vive la comunidad africana, el film va dibujando poco a poco el mundo de esos inmigrantes a los que el director respeta y escucha en todo momento.

 


(Pio Amato, Pio en el film)

Segunda entrega A Ciambra, 2017 Filmin

Jonás Carpignano descubrió a Pio Amato, el adolescente gitano, en el rodaje de su primer film. A través de su amistad con él llegó a conocer a toda la familia Amato y empezó a pensar en hacer una nueva película con ellos como tema central. El resultado es A Ciambra, en la que participa todo el clan, desde el abuelo hasta el más pequeño, rodado en el barrio gitano de Giogia Tauro. El estilo de Carpignano se hace sentir plenamente en esta ficción documental. Ficción, porque lo que se cuenta es una historia escrita, documental porque quien la interpreta y como la interpreta son auténticos y verdaderos. A Ciambra cuenta la aventura de crecimiento de Pio, su paso no de niño a hombre, sino de adolescente a adulto. Cuando su hermano mayor y su padre son detenidos y encarcelados, Pio decide demostrar que puede hacerse cargo de la familia. Y se arriesga y se pone en peligro y encuentra ayuda en Ayiva, que sigue viviendo en el pueblo. Esta amistad entre el niño gitano y el africano junto con el fantasma de su abuelo, el jefe del clan al que Pio ve en sus ensoñaciones, son los puntos de apoyo del chico. Nada complaciente ni condescendiente, el film nos muestra a Pio en toda su crudeza, roba, fuma, bebe, pero no puedes dejar de quererlo, de compartir la empatía que el director siente por él desde que lo conoció en el rodaje de Meditarranea.

 


(Swamy Rotolo, Chiara en el film)

Tercera entrega Para Chiara. Estreno en salas

En la historia de Pio y su familia juega un papel muy importante la mafia calabresa, la Ndrangueta. Después de hacer dos films sobre comunidades marginales de la ciudad, Carpignano pensó en adentrarse en el mundo de la Malavita y empezó a escribir el primer guión de lo que iba a ser Para Chiara. Conocer a Swamy Rotolo, una adolescente de trece años, fue el detonante para construir el film a partir de ella y su familia. Igual que hizo con los Amato, el director convenció a toda la familia Rotolo para que trabajaran en la película siendo y no siendo ellos mismos. Más que hacer un film sobre la mafia, lo que le importaba era investigar las relaciones familiares de un colectivo que vive de la economía sumergida y no es consciente de estar delinquiendo con lo que hacen. En los cinco años que separan Medierranea de Para Chiara Carpignano se ha convertido en un director sólido y seguro. La secuencia de la fiesta del 18 cumpleaños de Giulia, la hermana mayor de Chiara con la que empieza la película, es perfecta en su puesta en escena y funciona como un espejo con la última en la que es Chiara la que celebra sus 18 años en un contexto completamente diferente. Entre una y otra Chiara descubrirá quién es su padre, qué hace su familia para vivir y como una Alicia perdida en la madriguera, transitara por el mundo más oscuro de la realidad. En su viaje se cruza con Ayiva, y tiene un encuentro complicado con Pio y su familia gitana. Igual que Ayiva, o Pio, Chiara empieza el film en un punto y lo acaba en otro. Chiara empieza como una adolescente y acaba como una mujer que ha escogido el camino que quiere seguir en la vida. 

La Trilogía Calabresa de Jonás Carpignano me despierta un eco que reconozco, el de La leyenda del tiempo y Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta con la que comparte el tono documental con personajes reales interpretando una historia de ficción. En algunas críticas al cine de Isaki y de Jonas se habla de neorrealismo. Pero yo no creo que su cine sea neorrealista en el sentido clásico del término. Más bien lo llamaría docurrealismo. En todo caso, tanto el díptico gaditano de Lacuesta, (que por cierto quedará para la historia ya que la Junta de Andalucía ha decretado el derribo de las Casetas de San Fernando donde se rodaron ambas películas, una vergüenza y una pérdida lamentable de uno de los lugares más emblemáticos de la Bahía de Cádiz), como las tres películas de Carpignano, son una muestra de una nueva manera de mirar la realidad desde el cine.

 

EL RINCÓN DE LA EXPOSICIÓN


Hace mucho tiempo que no iba a una exposición. Desde antes del confinamiento me parece, aunque ya no lo sé porque el tiempo ha perdido un poco el sentido. La exposición que me ha hecho salir de casa es una que se puede ver en Cosmocaixa en Barcelona. Se titula El Sol, viviendo con nuestra estrella. Es una muestra no demasiado grande, lo justo para no cansar, con muchos instrumentos con los que se puede jugar y explicaciones sencillas y muy claras. No se trata solo de entender el Sol como la estrella central de nuestra vida, sino de hacer una especia de giro de 360 grados en torno a todas las variantes del sol, desde su adoración hasta su capacidad curativa, desde la exploración de su estructura hasta sus muchas utilidades, de lo inmenso del espacio a lo cotidiano de los relojes. Es una exposición preciosa, didáctica con mucha información y con imágenes espectaculares. Pero quizás lo que más me gustó de la expo fueron dos cosas que tienen que ver con la gente. Por un lado, ver a grupos de niños descubriendo el Sol en su grandeza, disfrutando con los experimentos, escuchando las explicaciones. Que estos niños aprendan que el mundo es mucho más grande que su pequeño entorno me parece una gran lección de vida en estos momentos en los que todo es tan desolador. La otra cosa fue comprobar la entrega de los chicos que acompañan y vigilan la exposición. No solo su amabilidad, también su preparación y entusiasmo al explicar la estructura del Sol o el futuro de la estrella. Fue una mañana estupenda en la que el Sol no lucía en Barcelona pero si brillaba en todos su esplendor en Cosmocaixa.

 El regalo de esta semana es un sol de Ramon



sábado, 26 de marzo de 2022

AL MARGEN


Antes de empezar debo aclarar el título de esta entrada. Estamos en el día 30 de la guerra de Ucrania. No creo que nadie pudiera imaginar, Putin el primero, que iba a durar tanto. La resistencia ucraniana y la respuesta internacional están siendo ejemplares. Los ucranianos, especialmente los del este y el sur, la están sufriendo en primera persona y de una manera cruel y salvaje, pero las consecuencias las estamos padeciendo todos. Por primera vez en mi vida, siento que una guerra me incumbe personalmente, formo parte del bando agredido. Porque Putin no solo ataca a Ucrania, nos ataca a todos. Pero en este todos caben personas que por una u otra razón están al margen de lo que sucede. Es el caso de los protagonistas de dos películas que se estrenan esta semana y me han gustado mucho. A tiempo completo  y La cima

 


A tiempo completo, de Éric Gravel

Una de las consecuencias de esta guerra es la crisis energética y esa crisis ha traído el paro de los transportistas que ha roto la cadena de suministros para la producción y distribución. Estamos ante una huelga, no por justificada menos perjudicial para la población, que coincide con el estreno de una película francesa en la que se plantea como una huelga afecta la vida cotidiana de la gente. Lo que hace de A tiempo completo un film tan oportuno justo ahora, son las circunstancias que rodean a su protagonista Julie, una mujer que vive al margen de la realidad, no por indiferencia, simplemente porque no tiene tiempo de pensar en nada más que sobrevivir lo mejor posible. Julie es madre de dos niños a los que cría ella sola, vive en las afueras de Paris, bastante lejos. Cada mañana, antes de que amanezca, Julie se despierta siempre a la misma hora, organiza la vida de sus hijos y los deja con una vecina que se encarga de llevarlos al colegio y recogerlos por la tarde hasta que ella vuelva, ya entrada la noche. Porque Julie trabaja en el centro de Paris como responsable de las camareras de un hotel de lujo. Para ir a su trabajo, Julie coge un tren abarrotado cada mañana. Pero el día que la conocemos y en el que tiene una importante entrevista de trabajo para ascender un poco, tanto en escala social como en el sueldo, Julie se enfrenta a un obstáculo casi insuperable: una huelga general de transporte público. Desde ese momento, su vida se convierte en un infierno, primero para llegar al trabajo y una vez allí, para poder ir a la entrevista, lejos del hotel. Y no hay metro y no hay trenes. Julie corre y corre y llega tarde a casi todo. La huelga se prolonga varios días y las cosas se complican cada vez más. Gravel con la inmensa colaboración y entrega de Laure Calamy, consigue transmitir la ansiedad pero también los pequeños momentos de felicidad, de esta mujer capaz de soportar una huelga de transportes que literalmente la está matando. Todo esto está contado con una cierta ligereza, sin cargar las tintas, con apuntes de solidaridad y de esperanza. Porque A tiempo completo no es una película pesimista. A tiempo completo nos cuenta la historia de una mujer que superará los obstáculos uno detrás de otro. De eso se trata, de ganar la carrera. Ver este film frío en sus colores y gris en la atmosfera invernal de un París caótico, es un ejercicio muy interesante cuando estamos viviendo en directo la pesadilla de una huelga de transportes que nos afecta a todos. En la película de Gravel nunca se explica que quieren los que hacen huelga; en los paros de esta semana si se ha explicado. Pero la solución no es fácil, ni sencilla, ni se puede improvisar. En un mundo global la solución tiene que ser consensuada y muy pensada. Paralizar el país, no ayuda mucho.

 

La cima de Ibón Cormezana

Los dos protagonistas de esta película de montaña están al margen por otras razones. Él, Mateo, debe cumplir una promesa: subir al Annapurna solo y sin oxígeno. Para Mateo, llegar arriba es la manera de reencontrar la paz y el equilibrio que ha perdido. Ella, Ione, está sumergida en una honda depresión, ha culminado los 14 8 miles, las 14 montañas más altas del mundo y ahora está vacía, no le encuentra un sentido a su vida. La montaña, no tiene misterios para ella y eso la atormenta: ya no es un reto. Mateo se adentra en su aventura creyéndose preparado únicamente con su voluntad, pero en realidad no lo está y acaba sufriendo un accidente. Ione vive aislada en una cabaña al pie del Annapurna, sin otra compañía que una perra cariñosa y tranquila. Será ella, Lurra, la perra, la que la lleve hasta Mateo. Y poco a poco, en la soledad y el silencio de la montaña, los dos irán encontrando la manera de ayudarse mutuamente, de llegar a la cima, tanto la auténtica del pico más alto de la cordillera del Himalaya, como de sus propios sentimientos y emociones. La intención de Cormezana era la de rodar en el Annapurna, pero la pandemia lo hizo imposible. Así que buscó en el Pirineo aragonés la nieve, el frío y la soledad que necesitaba la historia. La cima es una película muy física que exigía una auténtica entrega y entrenamiento de los dos protagonistas, Javier Rey y Patricia López Arnáiz. Junto a ellos sentimos el frío, el entumecimiento de los dedos, la falta de oxigeno. No rodaron a 8000 metros, pero si a mas de 3000 y eso no es nada fácil. Dos elementos contribuyen a hacer de esta película, además, un espectáculo: la brillante fotografía de Albert Pascual y la música de Paula Olaz que acompaña y arropa esta aventura vital al margen de la realidad.

Solo un último apunte, La cima me hizo pensar en Grito de piedra, de Werner Herzog, para mí la mejor película sobre una montaña que he visto nunca. También en Grito de piedra hay dos personajes que entienden la vida de distinta manera. Para Martin, la montaña es un espectáculo, para Roccia es la pureza; para Mateo es la redención, para Ione es la recuperación.

Lo mejor que puedo decir de La cima es que creo que a Herzog le gustaría mucho.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES



La Unidad Movistar+

Recupero este Rincón de las Series porque después de un Ramadán seriéfilo he vuelto a ellas. Una de las que he visto esta semana es La Unidad en sus dos temporadas. No sé porque no vi la primera cuando se estrenó en el 2020. Pero eso me ha permitido disponer ahora de sus doce capítulos seguidos. La unidad es una serie española centrada en el trabajo de una unidad de la policía dedicada a la lucha antiterrorista. Como tantas otras series de policías, La unidad mezcla la vida cotidiana de algunos de sus miembros con el trabajo contra el terrorismo yihadista. Hay que agradecerle a la serie creada por Dani de la Tore con la colaboración de Alberto Marini, que no caiga en los tópicos más manidos de este tipo de productos, que las situaciones estén bien planteadas y resueltas y los personajes sean de carne y hueso hasta el punto de permitirse el lujo de prescindir de alguno de ellos si la historia lo necesita. Pero lo que más me ha sorprendido es la extraña sensación que me produjo. Me parecía estar viendo el relato de algo muy antiguo, muy superado. Primero la pandemia y ahora la guerra de Putin, han provocado inmensos cambios en el mundo. Incluso en sus amenazas. El fundamentalismo islámico, el ISIS, los atentados suicidas, eran algo que desgraciadamente formaba parte de nuestro paisaje diario. Y de repente, ha desaparecido. Mejor dicho, se ha adormecido, ha entrado en hibernación a la espera de tiempos mejores. Competir en destrucción con un virus pandémico y un tirano asesino global, les ha hecho replegarse. Por eso, ver a esta unidad enfrentada a los fundamentalistas me ha producido el mismo efecto de estar viendo una película histórica aunque todo suceda solo dos años atrás. Hay un antes y un después del maldito año 2020 y hay un antes y un después del maldito año 2022.

 El regalo de esta semana es una jarra llena de lo que cada uno prefiera: agua, vino, aceite….



sábado, 19 de marzo de 2022

TRES ESTRENOS

 

Utilizo los colores de la película Del revés para dar pistas de por dónde van estos tres estrenos.

 

(verde del asco a las cloacas del estado)

Código Emperador, Jorge Coira

Esta es la cuarta vez que hablo de Jorge Coira en este blog. Y eso me hace muy feliz, porque significa que sigue trabajando y haciendo cosas interesantes. La primera vez que su nombre apareció aquí fue en noviembre del 2010, cuando se estrenó 18 comidas. Pero yo ya conocía a Jorge antes de eso. No solo lo conocía, Coira se había convertido en un amigo, un gran amigo, ese mismo año en el Festival de Taormina. Deborah Young, directora del festival, me había pedido ayuda para encontrar películas españolas “distintas” y ese verano en el que España iba a ganar el Mundial, que vimos en grandes pantallas en Taormina, le ofrecí llevar 18 comidas, una película gallega de un joven director que hasta entonces había hecho sobre todo televisión. La película gustó mucho y sorprendió en su frescura coral donde Luís Tosar, amigo de Jorge desde los 15 años, cantaba y hacía de enlace entre las historias. Los días en Taormina forjaron una amistad con Jorge, con su mujer Ara y con Fernanda del Nido su productora. Mi apuesta por este gallego tranquilo se demostró acertada. Jorge Coira ha realizado en estos diez años las dos temporadas de Hierro, una de las series más importantes del audiovisual español y ha seguido con su trabajo como montador y como realizador de televisión. El año pasado, Jorge me contó que empezaba a rodar una película. Le hacía mucha ilusión hacer cine después de la experiencia de Hierro. La peli era un thriller político escrito en colaboración con Jorge Guerricaechevarría. Y la iba a interpretar Luís Tosar que volvía a trabajar con él. Seguí de lejos el rodaje, pero con todo lo que está pasando, la verdad es que no me enteré que se acabara. Por eso tuve una agradable sorpresa cuando vi que Código Emperador inauguraba el Festival de Málaga y se estrenaba al mismo tiempo en toda España. Entre las comidas y este emperador, hay todo un mundo. Son diez años en los que Jorge, y sobre todo la realidad, han cambiado tanto que se hace difícil pensar que son obra del mismo director. Y sin embargo, se reconoce en este thriller el gusto por las historias cruzadas de 18 comidas y el interés por los entresijos del poder de la serie Hierro. Tosar es el protagonista absoluto, un agente del CNI adscrito a uno de esos departamentos sin nombre que en teoría no existen, encargados de vigilar la seguridad de todos, -y a veces, la seguridad de algunos-, bajo las órdenes de un elegante, y calculador comisario, encarnado con una frialdad que da miedo por un recuperado Miguel Rellán. Juan/Alex es un hombre solitario, toda su vida cabe en una maleta y siempre está dispuesto a ir donde le manden. Pero el encuentro con Wendy, una joven filipina que trabaja en casa de unos traficantes de armas internacionales, será el principio de un cambio profundo en él. Espías muy lejos de James Bond, intrigas muy cotidianas, cloacas del estado reconocibles y malolientes, todo esto es Código Emperador, un thriller político con una hermosa historia de amor. Y un futuro difícil para sus protagonistas. Los personajes de Código Emperador darían para una serie tipo Oficina de Infiltrados. Jorge Coira la haría muy bien, Tosar sería un protagonista estupendo y la realidad política, tanto la cercana como la lejana, pondría el escenario ideal. De momento, podemos agradecerle a Coira/Tosar que nos permitan escapar un par de horas con una aventura de espías muy caseros donde nadie se puede fiar de nadie. Es una buena manera de olvidar un poco el horror cotidiano y menos lejano de lo que creemos, con el que nos acechan los telediarios y los programas de actualidad política. Un refugio.

 


(naranja de la alegría de vivir de Julie)

La peor persona del mundo, Joachim Trier

Recupero esta semana un estreno del viernes pasado que he visto con retraso y lo hago haciéndome una pregunta. ¿Por qué Julie cree que es la peor persona del mundo? No tengo respuesta. Para mí, Julie es una mujer que busca su lugar en el mundo, y se equivoca y duda y cree que ha encontrado algo o alguien, pero no y sigue buscando. Estructurada en doce capítulos, un prólogo y un epílogo, la vida de Julie recorre su encuentro con Axel, un hombre un poco mayor que ella con el que siente que ha encontrado el equilibrio. Pero no, porque cuando conoce a Elvind se da cuenta que quiere otra cosa. Pero tampoco. Julie no sabe exactamente que quiere, pero si sabe que quiere a Axel y estará a su lado cuando haga falta y que quiere a Elvind y por eso no estará a su lado cuando no hace falta. Comedia romántica clásica, con un humor muy sutil, y unos toques de melancolía y tristeza, todo el film se apoya en la estupenda Renate Reinsve, una actriz que transmite calor y empatía y provoca una sensación de identificación. Porque ¿Quién no ha pensado alguna vez que es la peor persona del mundo? Se me olvidaba decir que es una película noruega.



 (azul de la tristeza que envuelve a Anne)

El acontecimiento Audrey Diwan

Hay cosas que damos por hechas sin recordar lo que costó conseguirlas. Por ejemplo el poder abortar, un derecho asumido con normalidad en una sociedad adulta que reconoce a las mujeres su capacidad a decidir sobre su cuerpo. El derecho al aborto es una de las grandes conquistas del feminismo del siglo XX y el siglo XXI. Pero no fue fácil ni sencillo lograrlo. Por eso está bien recordar de vez en cuando que hubo un tiempo, relativamente cercano, en el que abortar estaba penado con la cárcel y hacerlo podía significar la muerte por las lamentables condiciones en que se practicaba muchas veces. Basta pensar la tremenda 4 meses, 3 semanas, 2 días de Cristian Mungiu. El acontecimiento se sitúa a principios de los años sesenta en una ciudad de provincias de Francia donde vive Anne, una joven estudiante de filosofía con muchas ganas de llegar a hacer algo con su vida. Basada en una novela de Annie Emaux escrita en primera persona, no sé si autobiográfica en lo personal, pero seguro que autobiográfica generacionalmente, la película nos presenta a Anne como una chica feliz y estudiosa, disfrutando de su juventud con sus amigas y compañeros de curso. Pero Anne tiene un problema, hace tres semanas que no le viene la regla. Cuando va al médico y le confirman que está embarazada, toda su vida se derrumba ante ella, A partir de este momento, la cámara no se separa nunca de Anne, la seguimos en su angustiosa búsqueda de una solución, la acompañamos en sus momentos más solitarios y dolorosos, sentimos con ella la presión de un castigo y una condena. Anne encuentra ayuda en un compañero, pero no será nada fácil conseguir librarse de esa enfermedad “que solo ataca a las mujeres y las convierte de la noche a la mañana en amas de casa”. Reducir El acontecimiento a un film sobre el aborto no es justo. Porque lo que plantea va mucho más allá de abortar o no, o como hacerlo sin peligro. Se habla del deseo reprimido, se habla de la libertad de escoger, se habla de cobardía y complicidad. Y se hace todo esto con una fisicidad casi dolorosa, (nunca un “plop” fue tan liberador al mismo tiempo que emocionalmente traumático). Anne, interpretada por Anamaria Vartolomei con una dulzura y una timidez que su desinhibición ante la cámara no consigue ocultar, crece ante nuestros ojos, se hace adulta y acepta los retos a los que se enfrenta. Audrey Diwan filma su rostro de grandes ojos y su cuerpo frágil con una delicadeza y una emoción enorme. El acontecimiento nos recuerda que no siempre la mujer tuvo la libertad que ahora disfruta. Una buena lección que podemos aplicar a todos los aspectos de nuestra vida, probablemente imperfecta y con carencias, pero fruto de unas conquistas de años que no podemos permitir nos arrebate un tirano enloquecido. 

El regalo de esta semana está dedicado a las Wendys, Julies y Annes de todo el mundo