sábado, 28 de mayo de 2022

BOM BOM BOM

 

Buenos pues ya he pillado el bicho o mejor, me ha pillado el bicho. Tras dos años esquivándolo, al final se ha instalado en mi cabeza, mi garganta y mi cuerpo entero. No es muy grave, pero desde luego es muy pesado. Recuerdo que cuando leía La montaña mágica de Thomas Mann pensaba que una de las pocas cosas buenas de estar enfermo era no tener que hacer nada, poder leer, mirar el paisaje y dormitar. Pero no es verdad, cuando estás enfermo tienes ganas de tener ganas de hacer cosas, no tienes ganas de leer y el paisaje, ya sea el que se ve a través de las ventanas o el que se ve en las pantallas, no tiene suficiente atractivo para sacarte del espesor y la bruma. En medio de este estado semifebril (no mucho, no piensen que me he puesto a delirar) el recuerdo de la ultima película que vi antes de que me atacara el bicho no ha hecho más que crecer y crecer. 



Memoria de Apichatpong Weerasethakul

Al cine del tailandés Apichatpong Weerasethakul le sienta muy bien la enfermedad. Memoria es el título de su último trabajo. Y memoria es lo que he estado rememorando estos días entre test y test, entre paracetamol y paracetamol. Una memoria fértil, mágica, misteriosa, mística, salvaje, acústica, interplanetaria. Memoria es un film envolvente, hipnótico. El más accesible de un director críptico que no siempre consigue romper la barrera de la comunicación con el público, Pero esta vez sí. Utilizando la antena maravillosa que es Tilda Swinton, nos conecta a través de ella con un sonido, BOM, BOM, BOM, que solo escucha ella (y nosotros). Un sonido que viene de más allá de la realidad de este mundo, viene del núcleo de la tierra, nace del círculo de la luz. Un sonido que viene de otros mundos. Tilda/Jessica, hablando un castellano especial, es una botánica de visita en Bogotá. Ella vive en Medellín, pero la extraña enfermedad de su hermana la ha traído a la capital de Colombia. Y es allí, en la soledad nocturna de casa de su hermana, donde oye por primera vez el BOM, BOM, BOM. Obsesionada por saber que es y de donde viene, Jessica, la antena, conecta con dos hombres que se llaman igual, Hernán. Uno es el cable tecnológico que la ayuda a encontrar un sonido parecido en un ordenador; el otro es un cable humano que la conecta con otros mundos a través de la muerte, a través del sueño y las piedras que guardan los secretos más escondidos. Y todo esto en un ambiente húmedo, de lluvias, de orquídeas, de plantas tropicales, de insomnios, de perros vagabundos, de esqueletos de hace seis mil años. Memoria es un viaje sonoro (hay que verla en versión original y con un buen sistema de sonido en el cine) Memoria es un viaje al otro lado. La película me hizo pensar en las personas que tienen acufenos, esa maldición terrible de oír ruidos permanentes, siseos, silbidos, bom bomes, siempre, continuamente. Es insoportable para ellos, algo que los que no tenemos acufenos no podemos ni llegar a imaginar. Memoria me hizo pensar en ellos porque de alguna manera intenta dar una explicación nada lógica, muy mágica, muy misteriosa a esos ruidos que no se saben de dónde vienen. BOM, BOM, BOM. Jessica/Tilda, la antena, se sumerge en ellos y en las historias de las piedras que recuerdan, en los sueños que son puentes al otro lado. Los espectadores que se dejen arrebatar por sus imágenes, su cadencia, su ritmo, su humedad, que se sientan fascinados por el BOM, BOM, BOM del latido de la tierra, podrán sentirlo como ella. Solo una cosa es necesaria para conseguirlo: ser capaces de convertirnos en antenas hacia otras maneras de ver, de escuchar, de sentir.

(Escribí este texto cuando el bicho me dominaba. Hoy sábado, el bicho ha empezado a dejarme en paz y estoy mucho mejor, pero sigo pensando que Memoria es uno de los films más mágicos, reveladores, únicos que he visto desde hace mucho tiempo).

El regalo de esta semana es evidentemente una oreja misteriosa y fantástica, hermosa y laberíntica. Forma parte de un cuaderno de dibujos de orejas, uno de los proyectos más originales y personales de Ramon.



 

sábado, 21 de mayo de 2022

DE AVIADORES Y LOBITOS

 

La Guerra en Ucrania produce a veces la extraña sensación de un paralelismo con la Guerra Civil Española. No por las circunstancias que provocaron una y otra, muy diferentes en ambos casos, pero sí porque la guerra española fue en cierto modo un prólogo de la Segunda Guerra Mundial y un campo de pruebas para que unos y otros ensayaran las armas y los argumentos ideológicos que alimentarían la contienda que se avecinaba. No quiero decir que Ucrania juegue el mismo papel, pero tampoco puedo dejar de pensarlo y estremecerme. Uno de esos días en los que estás perturbado por la realidad, me llegó un regalo. Era un DVD con la última película de Paco Betriu que me mandaba su mujer Nieves. Me hizo ilusión recibirla y me hizo ilusión verla. El último aviador me devolvía a una mañana de diciembre en Sant Pol en el ya lejano 2015, cuando le hice a Paco una larguísima entrevista de casi tres horas para la SGAE y la Academia de Cine de España donde me explicaba que estaba sumergido en este nuevo proyecto. Poco después descubrí que la película estaba en Filmin lo que quiere decir que quien quiera verla, la tiene a su disposición.

 


El último aviador, Paco Betriu Filmin

En la entrevista del 2015, Paco me habló mucho del documental en el que estaba trabajando. “El ultimo aviador es una historia muy poco conocida que llegó a mis manos por casualidad. Durante la guerra, la aviación republicana tenía pocos aviones y menos aviadores, por eso el ejército republicano tenía un acuerdo para formar pilotos en Rusia. Hubo un grupo de gente muy joven, tenían poco más de 20 años, que salió de España en enero del 39. Cuando estaban a mitad de curso, se acabó la Guerra Civil. La vida de esta gente fue muy difícil porque no podían volver a España, ni podían ir a México, porque México no tenía relaciones con la Unión Soviética en aquel momento. Así que se tuvieron que quedar en Rusia. Al principio fueron muy bien tratados por ser republicanos. Pero cuando empezó la Segunda Guerra Mundial y les propusieron incorporarse al ejército ruso, hubo un grupo que no quiso. Ellos, lo que querían era volver a España o irse a Sudamérica. Estuvieron un par de años semi abandonados hasta que les volvieron a plantear su incorporación al ejército ruso cuando Rusia entró en guerra después de romper el pacto con Alemania. Unos 30 o 40 pilotos españoles dijeron que no y acabaron confinados en un Gulag. Desde 1942 hasta 1954, estuvieron en Siberia en campos de concentración, donde, a partir del 44 o 45, coincidieron con los prisioneros españoles de la División Azul. A todos los trataron igual. Allí se olvidaron los enfrentamientos entre ellos porque todos eran víctimas de la terrible represión del Gulag. El problema para hacer este documental es la edad de estos aviadores, son muy mayores. Solo he encontrado uno que pudiera participar y con cierta dificultad. Era muy joven cuando fue a Rusia y trabajando en el Gulag, perdió cuatro dedos de una mano. Hemos podido entrevistarle gracias a su hijo. Los aviadores volvieron a España en El Semiramis, el barco de la División Azul. Volvieron 229 divisionarios y 34 civiles que eran ellos y algunos marinos, porque hubo un barco de guerra republicano al que le pasó lo mismo. Se quedó en Odesa y los marinos fueron a parar al Gulag. Aquí no hay ficción, es su testimonio junto con otros entrevistados, especialistas, historiadores, supervivientes. He rodado con algunos niños de la guerra que son más jóvenes y he podido entrevistar a Alejandra Soler que estuvo 30 años en Rusia y ahora tiene 102 años.”

No supe nada más del documental hasta que me lo envió Nieves. Cuando acabe de verlo le escribí un mail. “Es muy emocionante y descubre un mundo muy desconocido. Antes de hablar con Paco hace unos años, cuando le hice la entrevista para la Academia, yo no tenía ni idea de esta historia, pero no ha sido hasta ver el documental cuando me he dado cuenta de su valor. !Qué suerte haber podido hablar con los supervivientes y que estuvieran tan lúcidos! Y que terrible su historia. Perdieron los mejores años de su juventud en los campos por culpa de una ideología malvada o mejor dicho, como dice la viejecita del PC, una ideología mal entendida. Me gustó que se hablara también de los prisioneros de la División, Azul, víctimas de una instrumentalización política terrible. Hay en el documental el germen de varias novelas o ficciones apasionantes. Pero sobre todo tiene el valor de la memoria en primera persona de los que vivieron y sufrieron esos hechos. y me encantó la desfachatez de Santiago Carrillo afirmando que no había aviadores de la República en los campos de Siberia. Las mentiras de Putin las ejercían los aparatchik desde siempre. Para mí es un film imprescindible.”

El último aviador es un documental, pero también es una película de aventuras, y una denuncia de la hipocresía y la cobardía del PCE que dejó abandonados a estos hombres. Es una muestra de la intolerancia y la brutalidad de un régimen que la emparenta con la actualidad. El estalinismo que tantos añoran en Rusia y algunos fuera de Rusia, fue un régimen salvaje y brutal. Pero sobre todo, El último aviador es una emoción, la del hijo de Vicente Montejano, el último aviador, preguntándole a su padre por su vida; la de Alejandra Soler, la militante comunista de toda la vida, crítica con la historia y con una capacidad de entender lo que debe ser el comunismo en el siglo XXI; la de las imágenes de la llegada del Semiramis a Barcelona y las lágrimas que le asaltan a Vicente Montejano recordando ese momento. Es un fragmento de historia muy desconocida que merece ser divulgada y sobre todo merece ser vista en estos momentos. La última película de Paco Betriu, es un broche perfecto a su vida.

 


Cinco Lobitos de Alauda Ruiz de Azúa

Entre los muchos estrenos de esta semana merece destacarse Cinco Lobitos. No solo por los muchos premios en Málaga o por haber cosechado éxitos en sus proyecciones en Berlín, Málaga o el D’A Film Festival. Cinco Lobitos vale la pena porque la opera prima de Alauda Ruiz de Azúa es un fragmento de vida. Cinco lobitos es una canción de cuna muy conocida que las madres llevan cantando a sus hijos desde tiempo inmemorial. Como eterno es el dilema al que se enfrenta la protagonista del film, Amaia, una mujer que acaba de ser madre y siente que no está preparada para asumir ese nuevo rol que la vida le ha puesto delante. Porque de eso va esta emocionante y al mismo tiempo seca película (difícil combinación que la novel directora consigue), cómo el hecho de ser madre transforma radicalmente a Amaia. Los cinco lobitos de Amaia que se esconden detrás de la escoba de la realidad a la que se enfrenta, se pueden cantar: Primer lobito, el bebé. De repente Amaia es consciente de que es responsable de otra persona, su hija Ione, y de que eso significa que ya nunca será Amaia sola sino Amaia madre; Segundo lobito la madre. En ese trance traumático para Amaia, se da cuenta también de que nunca dejará de ser hija, que la relación con su madre es para toda la vida y que a partir de ese momento ella siempre estará en medio de esos dos lobitos dominantes, hija y madre. Tercer lobito, el trabajo. El nacimiento de su hija la obligará a enfrentarse con la decisión, al menos en un primer momento, de dejar de ser una profesional, los primeros mese después del nacimiento de un hijo, ser madre se convierte en un trabajo a tiempo completo, lo demás pasa a segundo plan. Cuarto lobito, la pareja. La vida a dos que se había podido establecer, con sus rutinas y sus concesiones, deja de existir: nunca más volverán a ser dos, a partir del nacimiento de su hija, siempre serán tres (cuando sean cuatro o cinco, la cosa cambiará, los problemas serán otros). El quinto y último lobito es el más complicado, porque ese lobito es ella misma. Si Amaia no acepta sus nuevos papeles, estará en lucha permanente con el mundo, con su entorno, con su familia, con todo. Ese es el lobito mas difícil de domesticar y sacar de detrás de la escoba. Todo esto, lo cuenta la joven directora con una sencillez exquisita, sin pasarse nunca de la ralla en sensibilidad y emoción. Dejando espacio para que Amaia descubra que su madre, la autoritaria y dominante Begoña, tuvo una vida al margen de la ella y de la familia, para entender el dolor escondido de un padre que siempre se ha mantenido al margen. Sin tomar partido por ningún personaje, sin juzgar a nadie. El pueblo, el mar, la casa, todo forma parte de el cuadro que Amaia empieza a pintar con los lobitos que le ha tocado jugar. Para que todo fluya casi sin darnos cuenta es fundamental el trabajo de los actores. Amaia es una Laia Costa enfadada, llena de dudas, asustada. Begoña es la excelente Susi Sánchez, con rasgos de humor casi negros y con un papel duro lleno de matices. Ramón Barea le da a Koldo, el padre, una ternura y un desvalimiento que solo un gran actor puede alcanzar. Mikel Bustamante tiene el personaje más desagradecido, el de pareja de Amaia, padre de Ione, un hombre ausente superado por los acontecimientos. Cinco lobitos es un film que provoca identificaciones inmediatas porque aunque no todo el mundo ha sido madre o padre, todos hemos sido hijos y todos, en un momento u otro nos hemos visto obligados a entender que en definitiva nuestras vidas se parecen a las de nuestros padres. Cinco lobitos la cantaban las abuelas, la cantaban las madres y la cantarán las hijas. Esa es una de las grandes y bonitas lecciones de esta película estupenda: la vida no se inventa, sigue.

El regalo de esta semana es una mujer que podría ser una madre con los cinco lobitos en su mano abierta.



sábado, 14 de mayo de 2022

AGUJERO NEGRO

 


En esta semana que hemos vivido un episodio de espionaje digno de Mortadelo y Filemón; que hemos sabido más cosas del camarote de los hermanos Marx de la  conexión rusa del independentismo; esta semana en la que Putin se ha dado un baño de multitudes patrióticas y banderiles de corte coreanos y el horror de la guerra llega a su doceava semana; esta semana los astrónomos han logrado fotografiar un inmenso agujero negro en el centro de nuestra galaxia llamado Sagitario A*. Un agujero negro que parece el Ojo de de Saurón (¿o será el de Dios como sugirió Ramon al verlo?) alrededor del cual orbita nuestra galaxia. Esta es la noticia de la semana más importante para mí. Siento como si el universo quisiera recordarnos nuestra pequeñez y nuestra estupidez y no puedo dejar de pensar que ojala se tragara a tantos indeseables que hay en el mundo que nos rodea.

Pero este es un blog de cine. Y de cine quiero hablar en esta semana en la que se estrenan diecisiete películas. Nada más y nada menos que diecisiete películas. Como en los peores tiempos prepandémicos. Es una barbaridad. Muchas no las he visto (¡y si no las he visto yo que veo tantas, me imagino el público normal!). Otras me sabe mal que se estrenen entre el barullo de la acumulación que las condena a pasar desapercibida (por ejemplo Hit the Road de Panah Panahi de la que hablé la semana pasada). Algunas conseguirán singularizarse por algo y sobrevivirán a la avalancha de la semana que viene. En fin, volvamos a la tierra y al cine para constatar que la ley de la selva en la exhibición se ha vuelto a imponer.

De las diecisiete películas que se estrenan este fin de semana, hay tres que quiero destacar para que, a ser posible, no se pierdan en el marasmo cinematográfico.

 


La conferencia, de Matti Geschonneck, 

Premio a la Mejor Película en el último BCN Film Fest La conferencia es un duro film sobre la maldad de los que tienen el poder de matar o no matar. El film recrea la reunión que tuvo lugar el 20 de enero de 1942 en una villa de las afueras de Berlín donde un grupo de destacados representantes del régimen nazi tomaron, en tan solo una hora y media, la decisión de llevar a cabo la llamada “solución final”, es decir, el exterminio sistemático de millones de judíos en toda Europa. Contada en tiempo real con una frialdad y falta de sentimientos que estremece, sin salir prácticamente nunca del claustrofóbico salón de reuniones, el film es un depurado y riguroso trabajo de teatro de cámara, o mejor de cine de terror puro y duro.

 



Un mundo nuevo, de Stéphane Brizé

Es raro ver películas políticas como esta. La historia es muy simple. El director de una fábrica filial de una gran multinacional norteamericana en una ciudad de provincia francesa, debe enfrentarse a la terrible decisión de un recorte de personal que le obligará a despedir a 50 trabajadores. El hombre sabe que la empresa le va a exigir esos despidos, pero intenta por todos los medios que no se lleguen a producir. No es que sea un “buen patrón”, simplemente sabe que los recortes repercutirán en la calidad de la producción, pero sobre todo, repercutirán en la calidad humana de su vida. En realidad lo que plantea este film francés es la diferente manera de entender el capitalismo: por un lado los americanos que solo buscan el máximo beneficio; por otro lado los europeos que aunque también quieren el máximo beneficio, no pueden quitarse de encima el peso de una concepción más humanista que mercantilista de las relaciones laborales. Vincent Lindon le da a este personaje la ambigüedad necesaria para que no acabe de caerte bien pero quieras que consiga alcanzar un equilibrio. Quizás un tanto convencional en su puesta en escena y rozando en algunos momentos el buenismo (por suerte sin caer en él), Un mundo nuevo es un film profundamente contemporáneo, de una actualidad aplastante. Viéndolo no pude menos que sentir que estaban hablando de algo muy cercano a mí. Las razones dadas para el despido de 21 trabajadores en el reciente conflicto de BTV, la televisión pública de Barcelona, se parecen como dos gotas de agua sucia a las que se esgrimen en el film. Pero aquí no había un Philippe que defendiera a los trabajadores y si había muchos burócratas y accionistas dispuestos a plegarse a las órdenes del amo/ayuntamiento. Reconozco que sentirme parte del conflicto puede haber influido en mi apreciación del film.

 


Ennio: el maestro de Giuseppe Tornatore

Ennio: el maestro fue uno de los grandes éxitos del pasado BCN Film Fest. Si solo pueden ver una película a la semana, les recomiendo que sea ésta. Ennio es Ennio Morricone y el documental de Giuseppe Tornatore son muchas películas en una. Porque Morricone le ha puesto música a más de quinientas historias desde que firmó su primera partitura para el cine en 1961. Tornatore utiliza como columna vertebral del documental una larga, divertida, musical y muy exhaustiva entrevista con Morricone que realizó él mismo cuando el compositor ya tenía 90 años y conservaba una mente lúcida y clara.. Como contrapunto, muestra testimonios recogidos en todo el mundo con directores de cine, actores, amigos, compañeros, compositores. Y lo ilustra con fragmentos de films inolvidables que están en la memoria de todos, músicas evocadoras de imágenes unidas para siempre, gracias a Morricone, al imaginario colectivo de varias generaciones. El documental de Tornatore transcurre como una sinfonía, con sus distintos movimientos ( infancia, juventud, la música melódica de la canción italiana, los primeros trabajos, Estados Unidos…) y los distintos instrumentos (las entrevistas y los fragmentos de cine). Es una pura delicia escuchar a Morricone tararear las músicas escritas cincuenta o cuarenta años atrás. Es divertido y para mí un descubrimiento, saber que estaba detrás de tantas canciones famosas de los años sesenta. Es impresionante escuchar como directores tan distintos como Bertolucci o Tarantino, hablan de él. Pero lo mejor es que, a pesar de tanto halago y alabanza, el film nunca cae en la hagiografía. Tornatore deja ver algunos de los defectos de carácter del músico intransigente, nos muestra un hombre un tanto intolerante, riguroso y con una mente matemática y científica, tanto como musical. Víctima de una cierta cultura que durante años despreció la música del cine, Tornatore apuesta abiertamente por reivindicarlo como uno de los grandes compositores del siglo XX y XXI. Ennio: el maestro es una lección de cine con música, un auténtico regalo.

 Y hablando de regalos, esta semana he escogido, y no me pregunten por qué, este precioso bodegón de Ramon.



sábado, 7 de mayo de 2022

FESTIVALES Y ESTRENOS

 

Me van a disculpar pero esta entrada va a ser larga. Barcelona ha vivido, como cada primavera desde hace seis años, un empacho de cine con dos festivales enlazados uno detrás del otro. Primero en BCN Film Festival, después el D’A Film Festival. Dos festivales de cine muy diferentes uno del otro,  con objetivos y públicos distintos. Del BCN iré hablando a medida que se estrenen los films que se han visto en sus pantallas. Tres esta semana.  

 

(este cuadro de Ramon es una buena imagen de las sensaciones que provoca la película)

CULPA Ibón Cormenzana

Segunda película de Ibón Cormenzana que se estrena en pocas semanas, co-escrita con Manuela Vellés. En este caso se trata de una historia en la que está implicada la actriz en primera y casi única persona. Culpa debería llamarse Miedo. Porque es más el miedo que la culpa el sentimiento que atenaza a Ana y la obliga a exiliarse voluntariamente en la soledad de una cabaña perdida en las montañas (curioso paralelismo con La cima, el anterior trabajo de Cormenzana). Ana sufre una violación en la primera secuencia de la película y como consecuencia de esta violación se queda embarazada. El miedo a contárselo a su pareja, a asumir su vergüenza, a las consecuencias que esta violación tiene en su vida, la lleva a escapar y buscar el aislamiento absoluto donde sufrir este embarazo no asumido. El film sigue a esta mujer a lo largo de los nueve meses viendo cómo crece su vientre en paralelo al crecimiento de su angustia. El silencio, la nieve, el frio, el agua, un ligero contacto humano, no son suficientes para compensar sus sentimientos de culpa, su miedo y su pérdida de contacto con la realidad. La película vale por si misma y se cuenta por su propia historia, pero en este caso, conocer los avatares de sus puesta en escena contribuyen a hacerla más interesante. En cierto modo transmutan el film de una simple película en un experimento casi documental. Me explico. Ibón Cormenzana y Manuela Vellés querían hacer una película sobre el embarazo a partir de su propia experiencia. Se lo plantearon con su primer hijo, pero no se sintieron con fuerza para enfrentarse a una nueva situación  y además filmarla. Por eso han esperado al segundo embarazo de Manuela para llevar a cabo su idea. Cada mes, subían unos días a una cabaña en La Molina y filmaban un momento vital y emocional del personaje de Ana. Así, asistimos en tiempo real a su embarazo, a sus dudas, a sus miedos. Y la acompañamos en un camino nada sencillo para una actriz embarazada que comparte no solo su desnudez física sino su desnudez emocional. Es aquí donde Vellés demuestra ser una gran actriz, porque ¿cómo desligar lo que sientes por tu hija en gestación de lo que siente Ana por ese hijo no deseado? Normalmente no me gusta saber cosas de las películas. Siempre he pensado que se tenían que defender solas, sin informaciones añadidas. Pero en este caso, es importante y determinante el contexto. En Culpa la vida real está tan presente como la vida ficticia. (La película se estrena esta semana en salas y en Filmin a partir del 13 de mayo).

 


(Jeremy Thomas con Chema Prado. Foto: Chema Prado)

JEREMY THOMAS, UNA VIDA DE CINE, Mark Cousins

Los documentales de cine de Mark Cousins son siempre interesantes y bonitos y sorprendentes. Cousins encuentra un camino diferente en cada caso para acercarse al objeto de su estudio. Para hacer Jeremy Thomas, una vida de cine, Cousins decide emprender un viaje en coche con el productor que les llevará de Inglaterra a Cannes a través de Francia. En los días que pasan juntos asistimos a sus charlas en el coche gracias a una cámara fija en el interior, a sus paradas en los distintos hoteles, a su llegada al Festival de Cannes donde Thomas estrena como productor First Love, su última colaboración con Takashi Miike. Distendida, alegre, muy cinéfila sin rayar en la mitomanía, el film, no me atrevo a llamarlo documental, recorre la vida y la obra de uno de los productores más importantes de los últimos cincuenta años, el hombre que está detrás de buena parte del cine de Bertolucci, de las más radicales apuestas de Cronenberg, algunas locuras de Terry Gilliam, los últimos experimentos de Wim Wenders...Thomas se rebela un hombre encantador y divertido, sin pelos en la lengua a la hora de mirar a su pasado, sin remordimientos. Y a su lado, Cousins aparece como el perfecto acompañante, guía y conductor de un relato que es historia del cine.

 


RED ROCKET, Sean Baker

Tangerine en el 2015, The Florida Project en el 2017, Red Rocket en el 2021, aunque Sean Baker no hubiera hecho nada mas, y lo ha hecho, su nombre ya merecería estar entre los directores independientes mas corrosivos, divertidos y mordaces del nuevo cine americano. Baker se fija siempre en personajes marginales no por elección propia. No son outsiders, son simples y lucidos perdedores de la basura blanca de la América profunda, la que vota a Trump y se cree que puede tomar el congreso vestido de búfalo. Pero la gracia y el valor del cine de Baker es que se acerca a esta gente sin superioridad moral, sin crítica social, y sobre todo sin intentar ni comprenderlos ni compadecerlos. Sus personajes son seres libres, como libre es Mikey Saber, estupendo Simon Rex, un actor de cine porno caído en múltiples desgracias que vuelve a su pequeño pueblo tejano con la intención de recuperar un poco de dignidad y si es posible rehacer su economía y la relación con su ex mujer. Los colores brillantes, la alegría de los cuerpos, el humor de las situaciones, se mueven en un paisaje de ruinas industriales ideal para enmarcar la ruina que representa Mikey. Todo es feo y hermoso como el propio Mikey, un tramposo y un manipulador que encuentra en la insinuante Strawberry un sueño hecho realidad, una fantasía imaginada en una tienda de Donuts. Recuerdo que cuando les hice una entrevista al director y al actor en el Festival de San Sebastián acabé la divertida charla en un spanglish delirante diciéndoles la mejor definición de la película que se me ocurría: Red Rocket era como un inmenso donut: dulce y lleno de confites de colores, pero con un gran agujero negro en el centro. Los dos se rieron y me pidieron permiso para usar mi definición. Me pareció estupendo. Me encantan los donuts, y me encanta y divierte este donut de cine que se pega al paladar.

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OCHO PELICULAS DEL D’A FILM FESTIVAL

Como cada primavera desde hace doce años y desde hace seis en coincidencia y prolongación con el BCN Film Fest, llega a Barcelona la cita con el D’A Film Festival, un certamen especial donde se recoge lo más arriesgado del cine español, Un impulso colectivo, con los Emergentes del cine internacional, junto con las apuesta por un cine de autor casi clásico en estos momentos en que el cine está difuminando sus fronteras. De todo lo que he visto estos días me quedo con estas ocho películas.



A LOVE SONG Max Walker-Silverman

Creo que esta es la película más bonita que he visto en el D’A Film Festival. En todo caso, la que más me ha emocionado y me ha hecho pensar que no todo está perdido. En casi todas las reseñas que se han escrito sobre la opera prima de Max Walker-Silverman se hace referencia a su parecido con Nomadland. Es cierto que existe una cierta semejanza: una mujer mayor que ha decidido instalarse junto a un lago viviendo en una roulotte. Pero los parecidos se acaban ahí. Porque Faye no está ahí como forma de vida. Faye está ahí porque espera una visita, la de un viejo amigo del instituto con el que pasará un día y una noche de reconciliación. Faye es una mujer de 60 años, encarnada en una grandísima Dale Dickey quién con sus arrugas en el rostro, se convierte en el auténtico paisaje del film. Faye es viuda y se ha instalado en ese punto esperando la llegada de Lito. Y mientras llega, Faye pesca cangrejos en el lago, entabla una curiosa relación con un grupo de indios y comienza una nueva amistad con dos mujeres negras. Cuando Lito finalmente aparece, lo que sucede entre los dos está lleno de complicidades y silencios. Y está lleno de emoción. A love song es eso más que otra cosa; una canción de amor como las que suenan en el viejo transistor de Faye puntuando su viaje emocional al la orilla del lago, al pie de una montaña mágica poblada de árboles dorados. En A love song no hay trasfondo social, no hay crítica política, no hay una toma de decisiones vital por una forma de vida nómada. Por eso es diferente de Nomadland. Por eso, también, es tan hermosa, tan sincera, tan cercana. Casi iraní en su contemplación del paisaje, casi busterketiana en ese grupo de indios en fila que se presentan ante ella, casi tatiniana en ese cartero que llega puntualmente al Campamento número 17. Una delicia que volveré a ver en cuanto se estrene.

 


ABRÁZAME FUERTE, Mathieu Amalric

¿Puede una película sobre el duelo convertirse en un misterio y al mismo tiempo ser una crónica familiar? ¿Puede una mujer ser protagonista de una huida y al mismo tiempo protagonista de una pérdida? El puzle emocional que construye Mathieu Amalric con la complicidad de Vicky Krieps (a la que hemos visto también en La isla de Bergman) nos obliga a un ejercicio de atención para discernir lo que puede ser real de lo que es proyección hacia el pasado y el futuro de esta mujer, esposa y madre que busca en una huida hacia adelante el camino para reencontrarse con sus seres más queridos. Abrázame fuerte es un film envolvente, de entrada te produce una sensación de desasosiego ¿a dónde va y por qué se va Clarisse? Pero poco a poco, siempre con el acompañamiento de un piano obsesivamente presente en el relato, vamos encontrando una respuesta a esas dos preguntas. Preciosa historia de amor a una familia contada de una manera fragmentada pero que al final compone un cuadro perfectamente comprensible.

 


ALBUM PARA LA JUVENTUD, Malena Solarz

Me encanta ver que la escuela Jonás Trueba se extiende por otros territorios. ¿Qué es la escuela Jonás Trueba? Podríamos decir que es una mirada fresca y tranquila a un grupo de amigos en un momento de transición personal entre una etapa y la siguiente de sus vidas. Un momento detenido, generalmente veraniego, en el que el tiempo se dilata, los personajes se dejan mecer por el calor y las horas sin hacer nada en concreto, mientras le dan vueltas a cuál puede ser su futuro. Son seres en formación hechos de libros y de cine, de teatro y de encuentros festivos, Con muchas comidas, con muchas conversaciones, paseos y miradas, sin que el sexo y sus turbulencias intervengan en sus relaciones. El mundo de los Exiliados románticos, La virgen de agosto, Quién lo impide., el mundo de esta primera película de Malena Solarz. En el diciembre navideño y caluroso de Buenos Aires, Sol y Pedro disfrutan de esos dulces tiempos de intervalo antes de verse obligados a tomar decisiones. Un álbum para cualquier juventud.

 


CANCIÓN DE UNA DAMA EN LA SOMBRA, Carolina Astudillo

En el 2014 descubrí a Carolina Astudillo en una película documental muy especial y hermosa. Especial porque El gran vuelo contaba la historia real de Clara Pueyo Jornet, una mujer comunista que en los primeros años 40 escapó de la Cárcel Modelo de Barcelona y se perdió en el anonimato para siempre en una doble huida: del franquismo y de la dictadura insoportable de su propio partido. Carolina se acercaba a aquella historia de una manera dulce y tranquila utilizando materiales de archivos personales de la época. Siete años después, la directora vuelve a fijarse en la familia Pueyo, esta vez para contar, a través de las cartas que le manda Armand Pueyo a su mujer Soledad, la historia de una ausencia, de una pérdida. Armand se exilió en enero de 1939 al perder la guerra civil. Durante dos años, 1939 y 1940, fue mandando cartas a su mujer primero desde los campos de concentración del sur de Francia, luego desde los campos de trabajo. Su rastro se pierde cuando Francia es invadida por Alemania y los españoles republicanos son enviados a Mauthausen donde morirán prácticamente todos. Con este material, Astudillo fabrica un artefacto emocionante y tierno en el que la ficción de la lectura de las cartas se entreteje con imágenes de archivo mientras nos va contando la historia de una ausencia. Pero lo más interesante del resultado final es que acabamos sabiendo más del ausente Armand, perdido en los paisajes de Francia, que de la propia Soledad/Penélope. Es la voz de él la que escuchamos en sus cartas conservadas con amor durante toda la vida, nunca la de ella, perdida como se han perdido las cartas y las fotos que ella le enviaba a su remoto destino. La emoción que se desprende de estas cartas es el cuerpo central de Canción a una dama en la sombra. Un prólogo presidido por estatuas de mujeres solas, abandonadas, que esperan acompañadas de la voz y el relato del Dolor de Marguerite Duras y un epílogo filmado en la soledad y el silencio de las ruinas del campo de Mauthausen, enmarcan estas cartas que son una lección de historia, de pensamiento, de emoción y de vida.

 


DUO de Meritxell Colell

La película empieza mal, al menos desde mi punto de vista. Una cámara en movimiento sigue a dos actores en un escenario representando una historia que no consigo abarcar. Pero por suerte, el film de Colell no sigue por ahí. Y pronto se abre a una road movie en los Andes del norte de Argentina donde una pareja de actores en gira con un espectáculo de danza se adentra entre pueblos perdidos conviviendo con los indios de esas tierras. Los fragmentos casi documentales de esta convivencia son lo mejor de una película que va de menos a más, que poco a poco nos va envolviendo en la atmosfera fuera de la realidad de esas montañas donde la Pachabamba preside el ritmo de la vida y en las que Mónica acabará por darse cuenta de la inutilidad de la vida con su pareja. Con evocaciones de Con el viento, protagonizada por la misma actriz Mónica García, este Duo acaba desdoblándose en dos monólogos independientes. El de él, sumido en la incomprensión del mundo que le rodea, el de ella, integrándose plenamente en ese mundo que la rodea. Con preciosos fragmentos rodados en 8 mm y en digital, la alternancia de los dos tipos de imágenes puntúa el relato de este cuento andino.

 


HIT THE ROAD, Panah Panahi

De tal palo tal astilla. Los hijos de los directores iraníes son tan buenos como sus padres. Hijo de Jafar Panahi, Panah no se limita a seguir sus pasos. Con esta road movie de honda raíz sufí, el nuevo director nos demuestra tener un mundo propio cercano a Kiarostami en el uso del paisaje y las carreteras, pero alejado de su padre y del propio Kiarostami en la historia de esta familia que emprende un viaje de despedida a través del desierto y las montañas. La referencia a 2001 una odisea del espacio no es fortuita. Ellos mismos están protagonizando una odisea en su paisaje, un viaje que les llevará a la separación. La verborrea incontenible del hijo pequeño contrasta con el silencio melancólico del hijo mayor; la quietud del padre con su pierna escayolada complementa la vitalidad incansable de la madre. Juntos, estos cuatro personajes metidos en la cabina de un coche que es casi como una nave espacial, se adentran en un territorio de nostalgia (la música) de humor (el hijo pequeño) de presente (la necesidad de escapar de un país que no les deja respirar) y de futuro (el viaje astral del padre y el hijo pequeño). Preciosa y  entretenida, Hit the Road es el descubrimiento de un director distinto al que vale la pena no perder de vista. La película se estrena el próximo 13 de mayo.

 


LA ISLA DE BERGMAN, Mia Hansen-Love

La directora francesa Mia Hansen-Love es una veterana de este festival en el que siempre ha tenido una gran acogida. Su séptimo largometraje, La isla de Bergman, es un film de círculos concéntricos entorno a la isla de Faro, el espacio escogido por Bergman para vivir, escribir y rodar algunas de sus más emblemáticas películas. En el centro de este mandala de rupturas y reconciliaciones está el díptico sobre el matrimonio: Secretos de un matrimonio y Sarabande; el segundo círculo es el del propio Bergman y sus mujeres con las que rompía sin romper nunca del todo. El tercer círculo es el de Cris y Toni, la pareja de cineastas que llega a la isla de Bergman con la intención de escribir sus próximos proyectos mientras viven un momento de separación más intelectual que emocional. A partir de ellos, mejor dicho de ella, se construye el cuarto círculo, el de Amy y Joseph, los protagonistas de la ficción que escribe Cris y ante la que se encuentra atascada sin saber qué final es el que le conviene a esa historia de amor interrumpida siempre de una u otra manera. Y como colofón de todos los círculos el de la propia Mia Hansen-Love y su compañero el director de cine Olivier Assayas viviendo una separación que tiene ecos en todas las anteriores. El fondo de arena de colores de este mandala de emociones es la preciosa isla de Faro, convertida en un parque temático bergmaniano que habría puesto los pelos de punta al director sueco. Un lugar idílico para crear a su sombra y para evocar sus fantasmas.

 


THE SLEEPING NEGRO, Skinner Myers

¿Puede el racismo ejercerse en sentido inverso? Si, puede. Racismo es lo que siente y provoca a su alrededor este negro dormido respecto a los blancos, ya sea su novia, ya sea su jefe. No estamos ante un personaje marginal, ni pobre, ni producto del gueto. El negro sin nombre que interpreta el propio Myers se enfrenta a una sociedad llena de contradicciones en la que se ve obligado a desahuciar una familia por que el sobrino, republicano y votante de Trump a pesar de ser negro, no ha pagado las cuotas de la hipoteca de su anciana tía. Pero el Hombre que duerme suspendido en el aire, también debe enfrentarse a la contradicción de estar comprometido con una chica blanca a la que en el fondo desprecia y envidia a partes iguales. Un film enfadado dicen en su promoción, Yo añadiría, un film sobre la confusión de un personaje que quiere comportarse como un modelo mental de lo que debe ser un negro y que es incapaz de despertar a una realidad que no se ajusta a ese modelo. Un film político en toda regla.

 El regalo de esta semana es el dibujo de donde he extraído la florecita primaveral que acompaña esta entrada.



 

 

 

 

 

 

sábado, 30 de abril de 2022

AYER

 

“Solo aquello que yo quiero conservar tiene derecho a ser conservado para los demás.” (Stefan Zweig. El mundo de ayer)

Esta frase del final del prefacio del libro autobiográfico de Stefan Zweig me sirve como introducción a la entrada de hoy donde tres películas estrenadas esta semana responden justamente a esa idea: El mundo de ayer, del francés Diastème, Alcarrás, de la catalana Carla Simón y Downton Abbey, Una nueva era del inglés Simon Curtis.

 


Alcarràs, de Carla Simón

Empiezo por la más cercana a nosotros. Alcarràs, segunda película de Carla Simón. Cuando escribí de Verano del 93 dije algo muy parecido a la frase de Zweig: “Hablar de uno mismo, de  tus propias experiencias, contarlas para los demás, es una tentación que no siempre se resuelve bien. Puedes escribirlo o filmarlo para ti, pero si quieres que esa memoria sea compartida, tienes que utilizar bien el lenguaje, ya sea la escritura, ya sea el cine. Y Carla Simón lo hace muy bien. No sé qué hará Carla Simón en su segunda película, pero espero que no pierda esta capacidad de captar la luz del sol en medio de una borrasca de emociones.”. Pues bien, Carla ha hecho una segunda película donde el sol sigue brillando en medio de la tormenta de las emociones. La directora ha vuelto a mirar lo más cercano, su familia, su memoria, para contar una historia universal: el fin de una era, el final de una manera de entender la tierra, el campo, la familia. Alcarràs, como Las uvas de la ira de John Ford (más que de Steinbeck), es el retrato de cómo desparece un mundo para alumbrar otro que no sabemos si será malo o bueno, no es eso lo que importa, pero seguro que será distinto. Lo que importa es el ritmo de las horas entre los árboles de melocotón, lo que importa son las comidas familiares, lo que importa son los instantes compartidos en un empeño colectivo. El gran acierto de Carla es haber conseguido que sus no actores se metan en la piel de una familia para la que ella ha escrito una historia que dibuja, desde el abuelo hasta los niños, figuras en un paisaje de árboles, sol, nubes… A mí me habría gustado que acabará un plano antes del último. Pero luego, cuando pienso en la película, me digo que quién soy yo para opinar sobre lo que ella ha “escogido” contar. Lo que ella ha querido conservar. Y me contesto que Carla ha hecho una película luminosa en su nostalgia, con aroma de frutal y aires de final de un tiempo. Un ayer que está desapareciendo mientras se alumbra un mañana que aun no ha nacido. Alcarràs es un viaje a un mundo, el mundo de ayer.

 


El mundo de ayer, Diastème

Esta película que toma el título del libro de Stefan Zweig, es otra cosa. Es un film, político cien por cien. Creo que estaba previsto estrenarse la semana pasada, pero la coincidencia con la segunda vuelta de las elecciones en Francia desaconsejó sacarla en vísperas de tan decisiva votación. Porque El mundo de ayer se centra en los tres días anteriores a las elecciones presidenciales en Francia, donde la presidenta que está a punto de dejar el cargo se enfrenta al reto de un escándalo de corrupción que afecta al candidato de su partido y por tanto al peligro más que real de que triunfe el candidato de la extrema derecha que le pisa los talones. Mientras en el ala oeste del Eliseo se cruzan conspiraciones y arreglos, miedos, y peligros, ella, magnifica Léa Drucker, se enfrenta a una delicada situación personal, un atentado terrible y la amenaza posible de una involución política de consecuencias imprevisibles. Real como la vida misma salvando las distancias. Un film político, ambiguo y con un final abierto que nos deja con la duda: ¿Y si….?


 Downton Abbey: Una nueva era, de Simon Curtis

Este sí que es un mundo de ayer, tan lejano como el de los cuentos de hadas. La tercera entrega de la serie creada por Julian Fellowes ha llegado a su final. Supongo, aunque no deseo. Porque yo soy fiel seguidora de esta familia de nobles ingleses a los que conocimos en 1912 (en el 2010 de nuestra era) y a los que hemos seguido hasta 1929 (en el 2022  de nuestra era). En esos 17 años de ficción la familia Crawley ha pasado de ser un ejemplo de tradición ancestral victoriana a ser una familia que asume que el mundo ya no es lo que era. Es un mundo de ayer en toda regla. Se ha acusado a Fellowes y Curtis de estirar el producto como un chicle. Yo no estoy de acuerdo. En esta tercera entrega los conflictos se han dulcificado, las lealtades se han consolidado y la curiosa y entrañable familia que integran los señores y los servidores, ha logrado una estabilidad a las puertas de una década que acabará por volver a ponerlos a prueba: los años 30. Pero eso ya se verá si hay cuarta y quinta entrega. De momento estamos con ellos compartiendo el paso del cine mudo al sonoro mientras se cierran historias que acaban bien y quién sabe, se abren otras nuevas. Reconozco y lo digo sin miedo, si no eres fan de la casa de Yorkshire, no la veas. Pero si lo eres o quieres serlo, disfrutarás mucho con la inocencia de estos personajes a los que la Historia ya arrolló una vez y seguramente volverá a arrollar en la próxima década. La nueva era de Downton Abbey es en realidad el mundo de ayer que evocaba Stefan Zweig en su magnífica autobiografía.

“Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quién ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo éste ha vivido de verdad”. Stefan Zweig.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES

La edad dorada HBO Max

Me ha parecido que en una entrada que hablaba del mundo de ayer y una semana en la que se estrenaba la última entrega  de Downton Abbey, tocaba recuperar una serie de la que aún no había hablado: La edad dorada. Creada por Julian Fellowes, lo mejor que se puede decir de ella es que no pretende ser un Downton americano. Para nada. La edad dorada evoca la década prodigiosa de 1882, cuando Nueva York era el centro de una revolución urbanística, cultural y social muy lejos del salvaje oeste y la culta europea. En este contexto acompañamos a Marian Brook, una joven que llega a Nueva York para vivir con sus dos ricas tías, en su viaje de integración en un mundo que se mueve entre su propio ayer, el de la excelente Christine Baranski y la dulce Cynthia Nixon representantes de la vieja tradición de americanos descendientes de los primeros colonos, auténtica aristocracia neoyorquina, y la del mañana de los grandes magnates del petróleo y los transportes, encarnados en la poderosa familia de nuevos ricos, los Russell que representan Carrie Coon y Morgan Spector. Con la complicidad de Peggy Scott, una mujer negra solo creíble en ese contexto, la hija de Meryl Streep, Louisa Jacobson, se mete en la piel de Marian para intentar forjar su propio camino entre las dos casas que una frente a la otra, la de sus tradicionales tías, la de los nuevos ricos, la ponen en el camino de la modernidad que llama a las puertas de una ciudad en pleno cambio y crecimiento. Más cruda y seca que Downton, más americana que británica, la nueva criatura de Fellowes está llamada a convertirse en un juguete estupendo para los que nos gustan este tipo de dramas, para los que disfrutamos con Louis May Alcott y con La edad de la inocencia de Martin Scorsese. La edad dorada es el contra plano perfecto de una película como Horizontes de grandeza. Ver la serie y la película de William Wyler es casi una lección de historia americana que permite entender como ese mundo de ayer sigue siendo el mundo de hoy mismo.

 El regalo de esta semana son unos melocotones que Ramon ha dibujado y que le dedico especialmente a Carla Simón.



sábado, 23 de abril de 2022

FRANCESES

 

Francia vota este domingo. Francia tiene que elegir entre Macron y Le Pen. Muchos franceses lo tienen claro, mejor un Macron conocido que una Le Pen con piel de cordero. Pero hay otros muchos que aun dudan. Sobre todo entre la izquierda melenchoniana. Lo que se juega no es solo su presidencia, es la consolidación de una idea de Europa que Macron defiende y Marine Le Pen ataca. Una aliada de Putin en Francia puede ser mortal para todos. Pero ¿lo entenderán así los chicos que estos días tomaban la Sorbona al grito de “Ni Macron, ni Le Pen”? Suenan ecos de un nuevo mayo del 68. Parece mentira que hayan pasado casi sesenta años y vuelva a oírse el mismo mensaje. Solo que ahora es mucho más peligroso que entonces. “Ni Macron, ni Le Pen” significa en realidad ni Unión Europea, ni OTAN. La indignación estudiantil se entiende después de dos crisis, una pandemia, una guerra y un porvenir más negro que el carbón al que habrá que volver para calentarse. Pero la solución no es el aislacionismo. En la encrucijada entre Macron y Le Pen yo no tendría dudas. Votar a Le Pen es muy peligroso, pero ¿cómo se lo hacemos entender a los jóvenes? De ninguna manera. Lo aprenderán solos si es que tienen tiempo de hacerlo.

Bueno, ya me he desahogado. Ahora puedo hablar de tres películas francesas muy distintas entre sí. Las tres importantes.

 


Arthur Rambo, de Laurent Cantet

En la cónica de San Sebastián del año pasado escribí: “Laurent Cantet nació cinematográficamente en San Sebastián cuando ganó el Premio Nuevos Directores en 1999 con Recursos humanos. Ahora, más de veinte años después, ha vuelto a la competición con un film que se llama Arthur Rambo, una mezcla de la provocación intelectual del poeta francés Rimbaud y la violencia del personaje de Hollywood. Arthur Rambo es el pseudónimo de un escritor magrebí que está triunfando con una novela basada en la historia de su madre. Pero Karim D, tiene un Mr Hyde en forma de Arthur Rambo, un twitero compulsivo capaz de decir las más espantosas vilezas. Xenófobo, racista, machista, antisemita, Arthur Rambo lo tiene todo. Cuando se descubre que Rambo es Karim, se desata sobre él una tormenta perfecta de contradicciones que van desde la hipócrita actitud de sus editores y amigos, hasta la toma de conciencia de lo que sus twits han provocado entre la gente que se los ha creído de verdad. Una película imprescindible por muchos motivos.” Poco me queda por añadir. Arthur Rambo es además de todo esto una denuncia clara de las redes sociales, de las fake news, de los perfiles inventados. Todos los peligros que nos acechan en la moderna cultura de la (in)comunicación. Pero con el toque Cantet, un autor que demuestra que sin estridencias se consigue micho más que gritando.

 


La Croisade/Un pequeño plan… como salvar el planeta,  Louis Garrel

También viene de San Sebastián el último film de LouisGarrel como director y como actor. Entonces escribí: “La cruzada de los niños es la excusa que encuentra Louis Garrel para hacer esta segunda entrega de las aventuras de Abel y Marianne con su hijo Joseph. En este caso, Joseph y sus amigos están dispuestos a salvar el planeta en una nueva cruzada de los niños. Y para hacerlo no dudan en tomar medidas muy drásticas. Fábula moral más que otra cosa, Un pequeño plan… como salvar el planeta es un cuento lleno de encanto, un recordatorio de las muchas cosas que aún nos quedan por hacer.” Es curioso lo que me ha pasado con esta peliculita que diría José Luís Guarner. Vista en septiembre del 2021 tenía un sentido, una razón de ser: el cambio climático, la defensa de la Tierra, la preocupación de qué planeta les dejaremos a nuestros hijos, no solo eran temas importantes, ERAN, los temas importantes en un mundo donde las certezas estaban establecidas a pesar de que la pandemia del dichoso bicho había hecho saltar algunas de ellas. Ahora, cuando se cumplen dos meses de la guerra en Ucrania, la preocupación por el clima, por el planeta no es que haya dejado de ser importante (lo sigue siendo) pero ha pasado a un segundo plano bajo la presión de una invasión injustificada y brutal a la que el clima y la tierra parece no importarle nada. Por eso este divertimento en forma de cuento de niños y de adultos, adquiere una relevancia especial. Nos recuerda que los putines de este mundo no deben triunfar bajo ninguna circunstancia o, además de acabar con un país y una manera de entender el mundo, acabarán también con el mundo. Un pequeño plan… es un remanso de paz.

 


Arde Notre Dame, Jean-Jacques Annaud

Hace justo dos años se produjo el pavoroso incendio de la catedral de París, Notre Dame. Vuelvo a recordar lo que escribí en el blog del 20 de abril de 2019. “La tristeza enorme de ver caer la aguja gótica, de ver las llamas naranjas y azules saliendo del corazón de la iglesia, es infinita. No se sabe aun que lo ha provocado. ¿Un error humano? ¿Una imprudencia en las obras de reconstrucción? ¿O un sutil y muy sofisticado atentado a uno de los símbolos de la cultura y la civilización democrática europea? Mi vena conspiranoica vuelve a aparecer, pero  no puedo dejar de pensar que justo ahora, en vísperas de unas elecciones europeas decisivas, quemar esta obra que es de todos y que representa una historia común, es un golpe perfecto. Espero equivocarme, bueno, seguro que me equivoco y que todo fue fruto de un accidente por el estado en que estaba la catedral. Por suerte, pasados unos días, podemos ver que los daños no son tan graves como se pensó, aunque siempre quedará la imagen de la aguja cayendo como un icono del final de una manera de entender la cultura. Y otra cosa. Yo no la reconstruiría. Al menos no igual que era. Eso sería falsear la historia, convertir Notre Dame en una Sagrada Familia en París. No, yo haría lo que se hacía en otros tiempos, pensar en ella desde el presente. Y eso significa dos cosas: dejar la herida, pero garantizando la seguridad. O hacer un sincretismo entre el pasado y el presente (¿qué era el gótico respecto al románico o el barroco respecto al gótico?). Pero claro, lo que yo piense seguramente no le interesara a nadie. Conservar la ruina es un recuerdo vivo de lo que estamos haciendo con nuestra cultura. Rehacerla como era, es falsear esa memoria. Reconstruirla desde el presente, es mirar al futuro.” Arde Notre Dame, el film de Annaud ha venido a darme respuestas a algunas de las preguntas que me hacía en este texto. Annaud ha hecho un film difícil de clasificar: a medias documental (hay mucho material filmado en el momento) a medias ficción (los personajes son tanto reales como inventados) a medias cine de catástrofes, a medias cine de denuncia social. Arde Notre Dame es una crónica detallada y documentada, hasta donde se puede documentar, de los errores humanos y las coincidencias fatales que permitieron que una de las joyas del arte europeo, un símbolo en sí misma, sufriera uno de los más terribles incendios que se recuerdan. Annaud se coloca al lado de los bomberos que se arriesgaron para apagarlo sin olvidar el aspecto casi grotesco de la gran preocupación de los responsables de la iglesia: salvar la auténtica corona de Cristo y algunas otras reliquias famosas. Entre el suspense por llegar a salvar estos objetos y la lucha de los bomberos porque el fuego no se extendiera a toda la iglesia, la ciudad entera asiste al espectáculo destructor de la catedral de Quasimodo en medio de un caos circulatorio que hace difícil llegar a a tiempo a los equipos de salvamento. El gran acierto de Annaud es el de hacer con este material un film entretenido que te engancha en su acción, que potencia la identificación con los bomberos y deja en el aire no las razones del incendio, bastante fortuitas si hemos de creer lo que nos cuenta, sino qué se deberá hacer después. Un después que es ya nuestro ahora en el que los trabajos de reconstrucción avanzan rápidamente. Para rehacerla “exactamente como era antes”. Vuelvo a decir lo que ya decía en 2019, yo no la habría reconstruido. Pero qué más da. 

El regalo de esta semana es un bodegón. No tiene nada que ver con ninguna película, pero me gusta mucho.