viernes, 26 de enero de 2024

CRIATURAS

 

¡Pobres criaturas desvalidas y fuertes, pobres criaturas en un mundo de reglas que no comparten! Claro que su respuesta en muy distinta, una se impone, la otra…

Pobres Criaturas, de Yorgos Lanthimos

Yorgos Lanthimos me tiene acostumbrada a películas muy poco convencionales, Canino fue una revulsión narrativa, ideológica y cinematográfica que se confirmó con Alps, La langosta y sobre todo El sacrificio de un ciervo sagrado. La favorita en el 2018 me desconcertó un poco, era (aparentemente) más convencional, aunque encerraba una carga de profundidad sobre el poder y la manipulación. Casi seis años ha tardado el griego en volver a hacer un largo. Entre tanto ha realizado tres cortometrajes, uno de ellos protagonizado por Emma Stone a la que conoció en La Favorita y que ha convertido en su imagen femenina preferida. Emma Stone es Bella Baxter, la pobre criatura de este cuento victoriano, perverso y malvado, lleno de humor y de múltiples capas. Por segunda vez en su filmografía, Lanthimos no participa en la escritura del guion que ha confiado a Tony McNamara sobre una novela de Alasdair Gray, un escritor escocés que desconozco pero que no tardaré en leer. La historia de Bella Baxter enlaza con Frankenstein, aunque la criatura apedazada en este caso sea el Godwin, (Willem Dafoe, el mejor rostro para ser deconstruido), el creador de la hermosa y desinhibida Bella, (Emma Stone con sus grandes ojos azules, herencia directa de Bette Davis). El film se divide en varios capítulos en los que conocemos a Bella a God y a Max McCandles, ayudante del médico, perdidamente enamorado de Bella. A medida que Bella crece mentalmente sin cambiar nunca de aspecto, crecen sus deseos de libertad y sus apetitos sexuales. Cuando conoce a Duncan Wedderburn, no duda en fugarse con él. Vale ya no cuento más. Con esto hay suficiente para estimular el deseo de ver un film visualmente provocador, con imágenes de gran belleza, (aunque he de reconocer que me cansó un poco el uso reiterativo del ojo de pez), un vestuario espectacular y una figura femenina impresionante en su complejidad y riesgo. He leído en La Vanguardia una entrevista de Gabriel Lerman con Emma Stone. Con su permiso, reproduzco una de sus respuestas que me parece perfecta: “Simplemente traté de liberarme de la vergüenza y de todos los prejuicios tanto como me fuese posible, porque todo pasó por no hacer, en lugar de por hacer. Obviamente tuvimos que trabajar mucho en cómo ella se iba a mover y en su forma de hablar. También era esencial entender cómo evoluciona a medida que avanza la historia. Pero la clave para interpretarla fue liberarme de muchas cosas porque Bella se mueve por el disfrute y la curiosidad, y no tiene ni vergüenza ni traumas de ninguna clase. Es difícil encontrar un adulto que no haya tenido que lidiar con algún conflicto en su vida y que no haya incorporado alguna respuesta pavloviana a ciertas situaciones, o que no tenga algún prejuicio. Ese fue el mayor regalo de interpretarla, porque Bella no tiene ni traumas ni prejuicios. Simplemente se dedica a descubrir todo lo que le rodea.” Después de conocer a esta memorable mujer/niña, uno se pregunta quiénes son las pobres criaturas en esta película. Sinceramente creo que Bella no lo es. ¿Serán los hombres que la acompañan?

 

Rodeo, de Lola Quivorón

Detrás de este potente nombre se esconde una joven directora francesa que debuta en la ficción con una película inclasificable. Al menos en apariencia. Se la define en la publicidad como una pelicula motomami, y en cierto modo lo es, más allá del fenómeno provocado por el disco de Rosalía. Motomami es una palabra compuesta de Moto, que viene del japonés y significa duro o fuerte y Mami, palabra clave que representa a la mujer. Por lo tanto una motomami es una mujer fuerte. Y no hay duda de que Julie, la Desconocida, es una mujer y es fuerte y además es una enloquecida de las motos Con lo que lo de motomami adquiere un nuevo sentido. Este primer film de Lola Quiviron tiene una solidez inesperada en una mujer tan joven. Retrata un mundo marginal, desconocido, oculto y muy peligroso, el de las carreras de motocros sobre asfalto, auténticos rodeos motorizados, donde los participantes se juegan la vida constantemente. Julie se sumerge en este mundo masculino y brutal en el que tendrá que pelear para conseguir imponer sus reglas y ser respetada Tan solo cuenta con un apoyo, Ophelia, la joven esposa del jefe de la banda de moteros con la que establece una relación de ayuda mutua. Lo mejor de este film que pervierte o utiliza lo mejor del cine de acción contemporáneo, (Fast & Fourious, Mad Max, Furia en la carretera) es que prescinde de la narración convencional. No sabemos nada de Julie, no nos importa, solo queremos seguirla en su locura motorizada y en su malestar con el mundo. Nada es previsible en este film del que siempre estás esperando que pase algo que no pasa. Hasta que pasa. Un debut estupendo tanto de la directora como de la actriz Julie Ledru, un rostro duro de ojos tristes y gran presencia física. 

El regalo de esta semana no sé si es una motomami, pero desde luego no es una pobre criatura.



viernes, 19 de enero de 2024

FLORES

 

La zona de interés, de Jonathan Glazer

¿Pueden las flores ser símbolo del horror? Normalmente asociamos las flores a felicidad, regalo, alegría, recuerdo, despedida o saludo. Pero a veces, solo a veces, también acompañan el horror innombrable. Es ese horror innombrable el que tiñe toda la película de Jonathan Glazer. Su zona de interés es en parte un precioso jardín lleno de flores maravillosas, cuidadas con esmero por una atenta mujer ayudada por silenciosos jardineros. Ese jardín es el orgullo de Hedwig Höss, la aparentemente dulce madre de unos rubios niños que juegan en la piscina y se bañan en el lago, vigilados por unos padres atentos que los cuidan y los quieren. Todo muy banal (es imposible no hacer referencia a Hanna Arendt), todo muy cotidiano, casi un documental, en el que el horror del campo de al lado apenas se intuye, se huele, al otro lado del muro de esa linda casita de familia alemana aria, vulgar y poderosa: la zona de interés. Jonathan Glazer se inspira en una polémica novela de Martin Amis, pero en ningún momento la adapta. A Glazer no le interesa contar una historia, no quiere adentrarse en un melodrama, le interesa por encima de todo observar. Observar esa cotidianidad terrible de los que miran para otro lado, los que saben pero no actúan, o lo que es peor, los que saben pero no les importa mientras ellos tengan su vida confortablemente resuelta. Es ese el horror más terrible de esta película. Ver a Hedwig, encarnada por la magnífica Sandra Hüller, probándose un abrigo de visón al que en su vida anterior jamás habría tenido acceso, o repartiendo prendas de ropa entre sus criadas con total indiferencia, es más hiriente que muchas imágenes del holocausto a las que casi (es espantoso) nos hemos acostumbrado. Glazer observa y para ello plantea su película de una manera inesperada, incómoda. Con la colaboración del director de fotografía Lukas Szal filma esta familia sin que ellos lo sepan. Szal colocó una serie de microcámaras en distintos lugares de la casa con las que registró todo lo que pasaba sin que los actores en ningún momento supieran si estaban siendo filmados o no. Este método, absolutamente innovador que incorpora modos de hacer propios de los realitys, se completa con una música de la compositora británica Mica Levi que nos introduce en el agujero negro (literal, la película empieza con la pantalla en negro y vuelve a apagarse en varias ocasiones) que es esta zona de interés. Solo hay un momento en el que salimos de ese entorno de falsa felicidad: cuando el comandante Rudolf Höss, en la piel del actor Christian Friedel, mira una puerta cerrada y al abrirse esa puerta descubrimos un museos del holocausto con su siniestra memoria de muerte y destrucción. Una memoria que no podemos olvidar, una memoria que hace que Höss acabe vomitando. El vómito del director, del actor, del escritor, de la compositora, de nosotros mismos antes esa banalidad del mal que sigue tan presente en nuestro mundo contemporáneo.

 


Shoa de Claude Lanzmann, Filmin

Esos planos finales de La zona de interés me recordaron de manera inmediata la espléndida serie de Claude Lanzmann Shoa que se puede ver en Filmin. Son cuatro horas de filmación rodadas entre 1970 y 1980 en las que el director hace una auténtica disección del holocausto sin mostrar nunca una sola imagen documental del horror. El césped verde y cuidado que crece en los campos de concentración actuales, los hermosos bosques que escondían el genocidio, los testimonios de los que recuerdan de primera mano esa época, son mucho más evocadores que muchas imágenes. Lanzmann se adentra en la presencia del genocidio judío a través de la memoria de mucha gente que vivía en su propia zona de interés, sin querer enterarse de lo que pasaba ahí mismo, detrás de la verja de sus jardines y casas. Y también de algunos de los “privilegiados” que, como los silenciosos jardineros de Hedwig, consiguieron sobrevivir aunque fuera sufriendo humillaciones. Shoa es el contraplano  terrible de La zona de interés.

 


La floristería de Iris, de Ofir Raul Glaizer

Quizás para aliviar un poco la opresión del corazón que produce el jardín de Hedwig y los bosques de Shoa, valga la pena ver una película pequeña, sencilla, bonita, que conecta con La zona de interés en las flores y el jardín y en el hecho de ser una historia del Israel de ahora mismo. Bueno de ahora mismo no, La floristería de Iris está rodada en el 2022, cuando Israel y Gaza convivían en una relativa, muy relativa, paz y los habitantes de Tel Aviv podían vivir sus propias pequeñas tragedias y amores, indiferentes a lo que pasaba al otro lado de la frontera. Esta es la historia de un triángulo romántico y al mismo tiempo es la historia de una profunda amistad. Eli es entrenador de natación en Chicago. La muerte de su padre, al que no veía desde hace diez años, le hace volver a Tel Aviv donde se encuentra con su amigo de la infancia Yotam. Yotam tiene una novia, Iris, dueña de una preciosa floristería. Esto es el principio de la película, lo que les pasa después es previsible hasta cierto punto, es imprevisible en cierta medida. En todo caso es una historia de amor a tres bandas que funciona en sus silencios, en sus colores, en sus aguas liberadoras, la piscina, el remanso de la cascada, el mar, que a la vez pueden ser espacio de dolor. Iris, Eli y Yotam viven en su propia zona de interés en ese momento. No tengo capacidad para imaginar cómo reaccionarían dos años después ante el ataque terrible del 7 de octubre ni ante lo que está sucediendo en Gaza ahora mismo. Las flores y el jardín, en todo caso, seguro que siguen siendo un refugio.

El regalo de esta semana es una foto de Ramon de las flores de nuestro jardín, flores que nos ayudan y nos acompañan.



sábado, 13 de enero de 2024

DÍAS PERFECTOS

 

La verdad es que no tenemos muchos días perfectos en nuestra vida. Tenemos momentos buenos, felices, tranquilos, pero que duren todo el día, no es fácil. Yo me conformo con tener cada día un momento perfecto. Aunque a veces sí hay días perfectos. Yo recuerdo unos precisamente en Japón. En marzo del 2019, antes de LGP (La Gran Pandemia), cuando el mundo era más habitable (no mucho la verdad) estuve cinco días en Tokio invitada por la Embajada de España y el Instituto Cervantes para dar dos conferencias, una sobre el film Antonio Gaudí de Hisroshi Teshigara y otra sobre un Panorama del Cine Español en el siglo XXI. Fue una experiencia extraordinaria en una ciudad que no se parece a ninguna otra. Tokio es una ciudad de contrastes brutales, entre un mundo del futuro y un mundo del pasado, entre el ritual y lo abigarrado. Descubrí otra cultura que solo conocía por el cine: Ozu y su serena cotidianidad, Mizoguchi y su barroca imaginería, Kurosawa y su mirada shakesperiana al mundo del pasado. Pero, de repente, Tokio era otra cosa. La única guía que sentía podía utilizar eran los libros de Murakami que también se mueven entre la tradición y la ruptura, entre el pasado y el futuro. Fueron días de ciruelos en flor, de paseos por la ciudad, de baños en un Onsen, de restaurantes baratos, de restaurantes caros, de templos y rascacielos. Mi hotel estaba en Roppongi un barrio elegante. Roppongi quiere decir Seis Árboles. Y desde luego los hay. Pero también muchas casas, edificios bastante feos y otros curiosos. Esa es otra característica de esta ciudad. Cada casa es de su padre y de su madre. No hay nada homogéneo. Junto a grandes rascacielos, hay casitas que parecen mexicanas; junto a la Torre de Tokio, un gran templo budista. Heterogénea, esa es una de las definiciones que se pueden dar. En la crónica del viaje que escribí al volver decía: “Reflexiono un poco sobre la ciudad. Me doy cuenta de que no tengo una sensación de exotismo porque en realidad es muy parecida a las nuestras: calles amplias, edificios, tiendas, metro, gente que va a trabajar. Pero hay algo raro, hay un sentimiento de extrañeza. Es como si estuviera en un universo paralelo, igual al mío pero distinto. Como un Fringe que lo separa. Me siento integrada y al mismo tiempo expulsada. Es muy curioso. He pasado al otro lado y estoy en un reflejo con variaciones. Me gusta esta sensación.” Me van a  perdonar esta larga introducción personal, pero la preciosa película de Wim Wenders Perfect Days me ha hecho recordar mis días perfectos en Tokio y he querido compartirlos. Ahora sí, ahora vamos a los de Wenders.

 


(la foto es de Ramon, pero la podía haber hecho Hirayama)

Perfect Days, Wim Wenders

No soy muy fan de Wenders, pero cuando una de sus películas me gusta, me gusta mucho. Esta es la que más me ha gustado de las suyas, no solo de las últimas, de todas. Wenders tiene 78 años que le han permitido adquirir una serenidad frente al cine, frente a la imagen. Su fascinación por Japón y por Tokio ya la mostró en el documental Tokio-Ga de 1985. Casi cuarenta años después, vuelve a Tokio pero esta vez no lo hace de la mano de un cineasta (Yasujiro Ozu) sino de la mano de un sencillo hombre de la limpieza de los baños públicos de Tokio. Es muy significativo el cambio en la mano que le guía. De un hombre de Cultura a un hombre de cultura. Pero ambos viajes, dominados por el placer de ver un trabajo bien hecho. La vida ordenada, ritualizada y tranquila de Hirayama, es un ejemplo de esa cultura que no se aprende en los colegios, sino en la vida. Hirayama respeta el mundo y se respeta a si mismo. Por eso hace su trabajo a conciencia, por eso se cuida con esmero, por eso sabe donde tiene que estar. Y cómo debe estar: en el coche acompañado de una de las mejores selecciones de música de los 70; en el parque hablando con los árboles y fotografiando, con rollo de película, no con el móvil, el cielo y las copas y las cortezas: en su casa cuidando su pequeño jardín de arbolitos; leyendo a Faulkner. Y en la ciudad, recorriéndola en su camioneta para ir de un baño público a otro baño público. Impecables, limpísimos, y con unas arquitecturas que merecerían trazar una ruta turística por la ciudad simplemente para verlos. Seguimos a Hirayama varios días, casi no habla, escucha mucho. No es importante lo que le pasa, intuimos un pasado del que no quiere saber nada. Nosotros tampoco. Nos basta con estar a su lado. Hirayama acepta el reto de jugar a Tres en Raya con un desconocido, en un apunte muy cortaziano. En realidad Julio Cortázar está muy presente en esta historia de jardines y baños. No solo por el juego secreto, también porque el recorrido ritualizado de Hirayama por los lavabos de Tokio tiene mucho de travesía urbana. Murakami también viene a la memoria viendo a Hirayama. Murakami y su pasión por la música americana, sus rincones secretos de la ciudad, sus personajes femeninos misteriosos. En fin los Perfects Days de Wenders me ha encantado y me ha despertado el deseo de volver a Tokio alguna vez.

 


Japón, el archipiélago de las estaciones, José Antonio de Ory. La línea del horizonte, 2023

Hace tiempo que buscaba una ocasión para hablar de este libro y la película de Wenderss me la ha brindado en bandeja de plata. José Antonio de Ory era el Agregado Cultural de la Embajada Española en Tokio. Fue él quien me invitó para hablar de Teshigara. Fue él quien me descubrió la ciudad en los cinco días que pasé allí. Una ciudad y una cultura que había tenido tiempo de apreciar mucho. De Ory vivió en Tokio varios años y llegó a conocer (en la medida que se puede conocer un mundo tan complejo y diverso como el japonés) ese país y esa cultura de la que se enamoró completamente. Durante su estancia iba mandando periódicamente unos textos sobre su vida en Japón, sus sensaciones, sus experiencias. Eran muy bonitos, evocadores, te impulsaban a imaginar la ciudad y el país a través de sus palabras. Cuando volvió a España, decidió reunir esos textos dispersos, ordenarlos de alguna manera y convertirlos en un libro, este Japón, el archipiélago de las estaciones, un libro imprescindible si se quiere viajar allí; un libro apetecible si se quiere conocer de primera mano ese país; un libro culto y popular, tradicional y futurista, de ceremonias del té y tráfico de autopistas. Para mí fue una lectura que me permitió rememorar el pequeñísimo pedacito de Tokio que conocí. De Ory explica en la contraportada del libro: “Tras cuatro años en el país no estoy seguro de comprender mucho mejor, pero sí creo que logro identificar, al menos, muchas de las cosas que no entiendo.”  En una edición muy cuidada, con fotos del autor bien seleccionadas, De Ory repasa la vida en Japón desde la frialdad de las cifras y los negocios, hasta la calidez de las estaciones; de la Cultura con mayúscula (pintura, cine, literatura) a la cultura con minúscula, los placeres de la Sakura, los días perfectos de la floración de los cerezos. Japón es un libro para leer poco a poco. Como lo haría Hirayama. 


Sugerencias japonesas

Montarse un ciclo de películas de Yasujiro Ozu a medida. Si están en Barcelona, en el Cine Verdi están proyectando un ciclo Ozu que durará hasta el mes de agosto; si no estén en Barcelona, en Filmin hay una gran selección de sus películas.

Leer a Murakami, todo Murakami, pero en especial la que para mí es su obra maestra, los tres libros de 1Q84.

Como guinda, releer a Cortázar, los cuentos, sobre todo Las babas del diablo que inspiró Blow up, pero especialmente Los autonautas de la cosmopista, un libro que no sé porque me venía a la memoria constantemente mientras veía Pefect Days.

 El regalo de esta semana es un cerezo en flor que le gustaría mucho a Hirayama.



sábado, 6 de enero de 2024

QUEDARSE


 Dos películas centran los estrenos de esta semana. Las dos son de directores potentes, las dos son títulos menores (pero importantes) en su filmografía. Las dos hablan de quedarse y de irse, unos se quedan, otros se van sin pensar en los que se quedan.

 


Los que se quedan, Alexander Payne

En esta sencilla película de Alexander Payne hay tres personajes que se quedan: el profesor cascarrabias y solitario, el alumno inteligente pero prepotente, la cocinera sumida en el dolor de una pérdida. Los tres son restos de un naufragio en ese colegio de niños ricos en Nueva Inglaterra donde en las vacaciones de Navidad todos, alumnos, profesores, personal, se marcha a su casa a pasar las fiestas. En el colegio se queda Paul Hunham, un estupendo Paul Giamatti, el profesor solitario sumergido en la Historia Antigua incapaz de entender el mundo que le rodea; el espigado y estirado alumno Angus Tully, Dominic Sessa, un descubrimiento, resentido contra el mundo que le rodea; la cocinera negra Mary Lamb, Da’Vine Joy Randolph en un personaje lleno de sensibilidad, dolida con el mundo que la rodea. Y el mundo que los rodea es el de la Navidad de 1970, en plena guerra de Vietnam y con Nixon en la presidencia. Un mundo blanco de nieve, silencioso, de cielos oscuros, pesado en su lento transcurrir. En realidad Payne juega con tópicos que vemos venir. Desde que estos tres seres desvalidos se quedan en ese inmenso y frio colegio, sabes qué va a pasar. Pero no importa, o al menos a mi no me importa. No me importa que Payne caiga en los tópicos de niño rico, profe frustrado, madre entristecida. No me importa que la acción se desarrolle sin sorpresas hacia un desenlace anunciado. No me importa porque Payne imprime a esta historia una emoción latente que subyace en los diálogos a veces banales, a veces profundos, se traduce en pequeños gestos, instantes que van haciendo avanzar la historia de Paul , Angus y Mary en un cuento de Navidad que es, en definitiva, lo que es esta película. Un apunte solo para resaltar la magnífica fotografía de cine de los setenta a cargo de Eigil Bryld, y esos momentos de intimidad casi familiar en los que los tres Holdlovers, titulo de la película en ingles, una palabra de una sonoridad triste, que podemos traducir como olvidados, restos, los que se quedan , se sientan delante de un televisor. Los que recuerden El guardián en el centeno también encontrarán ecos de Salinger. No es el mejor Payne, pero es un Payne y eso ya es mucho.

 


Yo, capitán Matteo Garrone

Esta es una película de los que se van, Seydou y Moussa, dos adolescentes senegaleses, aparentemente sin grandes problemas (esa es una de las cosas que más se han destacado del film de Garrone), deciden arriesgarse en un viaje a la lejana Europa mitificada de sus sueños. La historia los sigue en sus largas travesías por el desierto, acosados y abandonados por las mafias del tráfico de personas, la llegada a una ciudad hostil desde la que esperan dar el salto, el mar desconocido lleno de peligros. Un viaje lleno de amenazas, de monstruos, a los que los dos chicos van plantando cara y poco a poco van superando. Salen de Dakar dos adolescentes soñadores, llegan a Italia dos adultos endurecidos. Esto es lo que cuenta Garrone en este film demasiado bonito, demasiado limpio, demasiado bueno. Es ese lado espectáculo el que no me gusta de Yo capitán. No me parece mal plantear la odisea de Seydou y Moussa como un cuento, como un viaje, pero es ¡tan bonito! ¡son tan guapos! ¡son tan buenos, valientes y heroicos!, que me cansan. Por eso prefiero hablar de los que se quedan en Dakar, de las familias que pierden a sus hijos en esos viajes hacia un destino desconocido. De las madres, novias, hermanas que se quedan en la ciudad, en la aldea, en la sabana esperando noticias, malas casi siempre, a veces buenas. Hay varias películas de los que se van, de los que emigran, unas mejores que otras, casi todas bien intencionadas, pero hay pocas de los que se quedan. Recuerdo una que me gustó mucho. Hablé de ella en el blog el 15 de febrero del 2020, poco antes de meternos en la pesadilla de la pandemia. Recupero el texto por si les apetece buscarla en Netflix. Es un buen contraplano a la odisea italiana de Yo capitán.

 


Atlantique, Mati Diop Netflix

Atlantique es una película africana, de Senegal. Está dirigida por una mujer, Mati Diop, la primera mujer de color (y una de las pocas mujeres, sean del color que sean) que participa en la Sección Oficial del Festival de Cannes donde ganó el Gran Premio Especial del Jurado el año pasado. La historia de Atlantique sucede en Dakar, capital de Senegal, en un suburbio de la ciudad donde se está construyendo un rascacielos. Cuando empieza la película nos encontramos con los trabajadores de ese rascacielos que hace meses que no cobran. Uno de ellos, Souleiman, está enamorado de Ada, una chica de 17 años prometida por su familia a un rico empresario. La crisis económica lleva a Souleiman y sus compañeros a adentrarse en el océano en una patera con destino a España. Este es el arranque. Pero a partir de aquí, la película se centra en Ada y sus amigas, las novias de los que han partido, y el film da un vuelco al convertirse en una historia de fantasmas, de extrañas posesiones, de venganza y de amor eterno. La herencia mestiza de Diop, padre senegalés, madre francesa, le permite acercarse a la tierra de sus ancestros africanos con una mirada no colonialista, sino integradora, en la que la magia de la tradición africana se entremezcla con la modernidad de los teléfonos móviles y los ordenadores, en una aventura que descoloca al espectador acostumbrado a ver un cine africano que, o bien retrata la miseria y la crisis social, o es esotérico y fantástico, pero casi nunca las dos cosas juntas. Historia de amor con fantasmas de hombres muertos que vuelven para reclamar lo que les pertenece, mezclada con una investigación policial sobre el origen de unos extraños incendios, el film discurre entre el caos de una ciudad ruidosa y la serenidad de un mar donde cada año mueren tantos jóvenes africanos. En su estreno en Cannes, Atlantique desconcertó a la crítica internacional que no supo apreciar el delicado equilibrio entre un cine muy físico y un relato muy poético. Quizás eso explique que, a pesar del premio, Atlantique no se haya estrenado en cines. Por suerte Netflix la ha recuperado y gracias a eso se puede ver. Si tienen ganas de descubrir un tipo de cine distinto, búsquenla. 

El regalo de esta semana es una chica que se queda, ¿esperando? Quizás…



sábado, 30 de diciembre de 2023

TRES PROPUESTAS

 


Margarita Alexandre (1923-2015)

El nombre de Margarita Alexandre me saltó a la vista por primera vez hace menos de un año. No sabía nada de ella. No la conocía. Escribiendo sobre las mujeres directoras del pasado, me encontré con ella y descubrí que había sido actriz entre 1941 y 1952 (como Ana Mariscal) y que había sido directora de cine entre 1952 y 1956. Nada más. Cuando fui a Bilbao hace un par de meses, Ana Gutiérrez, el alma y la fuerza del festival Zinemakumeak gara¡ me habló de ella. La conocía mucho, la acompañó en sus últimos años, fue la productora de un documental dedicado a su figura y en definitiva, fue su amiga. Amiga de una mujer de más de 90 años, llena de vida, de energía, de fuerza, y de ideas tan poco convencionales como sorprendentes. Ana, despertó mi curiosidad por saber más de ella y así fue como llegué al documental Margarita Alexandre, dirigido por Fermín Aio, que se puede ver en FlixOlé. Los que tengan ganas de verlo se encontraran con una viejecita de ojos claros, cabello blanco, menuda, que no duda en sentarse en una piedra en medio del paisaje, se pelea con un ordenador y sigue manteniendo firmes sus ideas de mujer libre, independiente, fuerte. Margarita recuerda su vida con su primer marido, el  Conde de Villamonte, Juan José Melgar y Rojas, un “marciano” en toda regla, aristócrata, elegante, pero sobre todo con unas ideas tan avanzadas y fuera de lugar en su época como en ésta. Una suerte para ella tropezarse con alguien que no solo la dejó hacer lo que quiso, incluso la impulsó  a hacerlo. Y lo que quiso fue compartir su vida con Rafael Torrecillas, el hombre al que amaba con el que vivió hasta su muerte, y lo que quiso fue hacer cine. Entre 1952 y 1956 dirigieron juntos tres películas, en 1959 decidieron irse a México, pero Cuba se interpuso en su camino. Tanto en sus memorias, La otra cara de la luna, como en el documental, una parte importante está dedicada a los más de diez años que pasó en Cuba donde llegó con Rafael Torrecillas en 1959 y donde vivió hasta el año 1971. Allí, la joven rubia se sumó a la revolución, creyó en ella, impulsó el cine cubano desde el ICAIC donde fue productora entre otros de las primeras películas de Titón, Tomás Gutiérrez Alea. Y se fue decepcionando a medida que el régimen de Castro se corrompía, se hacía mas y mas ineficaz, mas y mas represor. Hasta que no pudo más y salió de Cuba adonde vuelve con casi 90 años gracias al documental. Me ha gustado mucho conocer más a fondo esta mujer inesperada e inclasificable, hermosa y fuerte, con las ideas muy claras desde que tenía 20 años. Margarita Alexandre es una de esas mujeres ocultas que de haberla conocido antes, habría sido un referente importante para muchas mujeres. Espero que a partir de ahora lo sea para las nuevas generaciones.

La otra cara de la luna. Una autobiografía de Margarita Alexandre

Editorial Pre-Textos Contemporánea. 2023

Margarita Alexandre, Fermín Aio, FlixOlé

 


Yellowstone Serie Movistar+, SkyShowtime 5 temporadas

He pasado buena parte de estas Navidades enganchada a una serie de Movistar+ que originariamente es de la plataforma SkyShowtime. Se trata de Yellowstone, el western contemporáneo que protagoniza Kevin Costner como el patriarca de la familia Dutton, propietarios del rancho Yellowstone, el más grande del país. Es un western en toda regla, no un neo western, ni un western crepuscular. Aunque pasa ahora mismo, la primera temporada sucede en el 2018, su estructura, su planificación, sus personajes, incluso sus acciones son las de los western más clásicos. En cierto modo, Yellowstone es una prolongación de films como Horizontes de grandeza o Gigante. Tiene ese aroma de cine de los años cincuenta, de luchas entre ganaderos por la posesión del agua, aquí entre Dutton, el ganadero y las grandes corporaciones inmobiliarias que quieren convertir el rancho en una ciudad. O enfrentado a los indios, como siempre, solo que ahora los indios no arrancan cabelleras ni atacan el fuerte, viven en la reserva donde rigen sus leyes, controlan los casinos y quieren reconquistar (comprar) el rancho de Dutton para devolverlo a su estado natural. La serie juega con el melodrama, los hijos de Dutton, como en Sucesión, son unos seres descentrados manejados por la inteligente y obstinada lealtad al padre. Hay un capataz, un niño fugitivo adoptado por John Dutton que, como el Charlton Heston de Horizontes de grandeza, es el más fiel servidor del rancho. Hay una maestra, otra similitud con el film de William Wyler,  una joven y atractiva india casada con el hermano pequeño y madre del único heredero de la propiedad. La propiedad, no la fortuna. Porque Yellowstone es una propiedad y es eso lo que defienden contra todo y contra todos estos nuevos rancheros. Yellowstone tiene cinco temporadas y 53 capítulos, es una serie larga en la que te puedes sumergir durante varios días, pasearte por los hermosos paisajes  de Montana y darte cuenta de que en ese territorio, la ley (como en el viejo oeste) no existe. Lo mejor y lo peor de Estados Unidos aflora en este relato de frontera del siglo XXI que a veces parece un documental sobre la vida de los vaqueros y que tiene una historia paralela muy interesante: la forja de un cowboy que atraviesa las cinco temporadas. Política, economía, emociones, venganzas, luchas internas, miedos y lealtades dan cuerpo a este western que, al menos a mí,  me apasiona. He visto cuatro de las cinco temporadas, pero no tengo miedo al síndrome de abstinencia cuando las acabe. Hay dos precuelas, 1883 y 1923 que también se pueden ver en Movistar+. Tengo western para muchos días.

 



Cartografía del cuento popular, de Nono Granero Ediciones Ekaré, 2023

Una buena amiga me ha regalado un libro precioso. Se llama Cartografía del cuento popular. Una colección de mapas para recorrer cuentos de la tradición oral. Es un libro ilustrado en el que cada mapa cuenta un cuento. Hay doce cuentos, hay doce mapas. No sabes cuál es el más bonito porque todos lo son. Cada mapa lleva una pequeña entrada que nos presenta los personajes y nos sitúa en la acción. Luego, eres libre de seguir el itinerario que quieras en busca de los secretos del cuento, los rincones de la historia. Dice el autor que todo mapa es un relato. Es verdad. Todos los mapas son invitaciones a viajes posibles. Los que nos regala este libro de las maravillas están poblados de seres fantásticos, de paisajes ensoñados, de castillos encantados, animales que hablan y princesas valientes. He viajado muy lejos con este libro y he vuelto reconfortada y contenta.

El regalo de esta última entrada del año 2023 es una mujer y una isla. Seguro que a Margarita Alexandre le habría gustado.



 

sábado, 23 de diciembre de 2023

PELÍCULAS BONITAS

 

Esta semana de Navidad apetece ver películas bonitas, confortables, que ayuden a vivir y no que te hagan sufrir. Para sufrir ya está la realidad, la privada, la pública, la cercana, la lejana. Cada uno la vive y la sobrevive como puede. El cine, al menos en estas fechas, está para acompañar. Por eso me parece importante hablar de dos películas felices (y tristes, ambas cosas están unidas) que se estrenan estos días. Una esta semana, A fuego lento, la otra el miércoles 27, Fallen Leaves.

 


A fuego lento, de Tran Anh Hung

A fuego lento se cocina mejor, a fuego lento se cocinan no solo los buenos alimentos, también las buenas relaciones. El fuego lento es lo contrario de la explosión, ya sea culinaria, ya sea amorosa. Los orientales saben cocinar a fuego lento. Quizás por eso esta película es tan francesa como oriental. En cierto modo, recordar la preciosa película vietnamita El olor de la papaya verde nos dé la clave del tono de este film tan francés. El director es el mismo, Tran Ahn Hung, el espacio es parecido una cocina. Pero en este caso, una gran cocina en un chateau en medio del campo, en el año 1885, donde Eugenie, la cocinera, se prepara para organizar una gran comida que dará Dodin, el gastrónomo para el que trabaja. Él idea los platos, ella los elabora, mejor dicho los mejora, los convierte en realidad. El trabajo entre ambos, y los pocos sirvientes que les ayudan, es armonioso, tranquilo, a fuego lento. La belleza de los platos elaborándose en esa cálida cocina, corre pareja con la serenidad de la relación que une a Eugenie y a Dodin, un amor cocido a fuego lento a lo largo de veinte años. A fuego lento es una película que se huele y se degusta, tanto como se ve. Mucho menos convencional de lo que me pareció la primera vez que la vi, esta relación es todo lo contrario de conservadora, implica un respeto mutuo, una confianza plena, un disfrute común. Es una gran metáfora de lo que debería ser cualquier trabajo en equipo: armonioso, respetuoso, feliz. Y además es muy bonita y además están Juliette Binoche y Benoît Magimel, en los personajes más dulces de toda su carrera. Un buen regalo para estos días.

 


(estas dos hojas de una foto de Ramon pueden ser Ansa y Holappa)

Fallen Leaves, de Aki Kaurismaki

Hace casi cuarenta años, un joven finlandés, grande, rubio, sin buenos modales y un poco dado a la bebida, irrumpió en el panorama internacional de una manera inesperada. Aki Kaurismaki no se parecía a nadie, ni en persona, ni su cine. A mí me deslumbró desde el primer momento cuando le conocí en Barcelona, donde vino a presentar Hamlet Goes Business. Tenía 30 años y ningún reparo en conceder una entrevista estirado en la cama. Después vino Ariel, La chica de la fábrica de cerillas, Leningrad Cowboys, Nubes pasajeras, en todas ellas fuimos conociendo a unos actores de nombres complicados pero rostros inolvidables. Kaurismaki, contra todo pronóstico, seguía haciendo cine aunque a veces pasaban varios años entre uno y otro film. Y a medida que avanzaba el tiempo, él se hacía mayor y el mundo se desquiciaba poco a poco, este rubio y serio finlandés fue dulcificando su discurso. Depurando asperezas, buscando la esencia de los sentimientos sin por ello dejar de fijarse en esos personajes anónimos que nos rodean y a los que apenas vemos. El Havre fue para mí el punto de inflexión. Ya no había desesperanza, si tristeza, pero de esa que reconforta. Consolidó esa línea en El otro lado de la esperanza y ahora, con estas hojas que caen, hojas muertas que cantaba Yves Montand y suena tan diferente en un idioma como el finlandés, cierra, o continua, su saga proletaria, con un film en el que dos almas solitarias (siempre hay almas solitarias en su cine) se encuentran por azar y consiguen establecer un vinculo salvador para ambas. Los colores, azules y rojos, la luz, la música, todo contribuye a la poesía de un amor cocido a fuego lento, con paciencia y humor en un mundo hostil frente al que lo único que importa es la solidaridad, la amistad y el amor. y de eso tienen de sobras Ansa y Holappa. Cuando sales del cine te sientes un poco mejor y miras a la gente de otra manera. Kaurismaki hace un cine que ayuda.

 

EL RINCÓN DEL CORTO

Normalmente no hablo: los cortometrajes. En parte de no hablo de cortos porque la mayoría de ellos son muy difíciles de ver, circulan por festivales  especializados y pocas veces llegan a las pantallas de cine o de televisión. Y es una lástima, porque los cortos, cuando están bien, son pequeñas historias, pequeñas películas, cuentos, tan valiosos como cualquier largo. No soy muy buena espectadora de cortos pero este año he visto varios por distintas razones y ahora que se acaba el 2023 y empieza la temporada de premios me gustaría dejar constancia de algunos que me han gustado y son candidatos en los Premios Goya o en los Premios Gaudi. Así, cuando los presenten en la ceremonia al menos podrán tener una pequeña referencia.

 


Aunque es de noche, Guillermo García López, Movistar+

El futuro y los pájaros

Aunque no lo parezca, en Madrid sigue habiendo un gran barrio de barracas, viviendas de autoconstrucción al margen de la ley. Las barracas de la Cañada Real existen desde los años sesenta. Varias generaciones han pasado por ellas. Este corto se fija en Toni y en Nasser, un niño gitano y un niño magrebí. Son amigos y están obligados a separarse. El uso de los efectos que se pueden conseguir filmando con un móvil que los dos niños usan para sus videos, le dan a esta historia de amistad truncada una dimensión casi fantástica. Leyenda y tragedia en una noche de fuego poblada de pájaros de colores.

 


Carta a mi madre para mi hijo Carla Simón, Youtube
Retrato de tres mujeres en llamas

Carla Simón sigue buscando en su biografía la inspiración para sus historias. En este corto, rodado cuando estaba embarazada de su primer hijo, la cineasta recuerda a su propia madre de dos maneras distintas: reproduciendo las fotos de su madre embarazada con su propio embarazo y con un precioso cuento dedicado a su hijo en el que recrea la vida de su madre cuando era niña, como joven madre y como la mujer adulta y mayor que pudo haber sido y nunca fue. Las tres se funden en una imagen en la playa donde el deseo de una madre perdida se pierde en las llamas de la emoción de Carla.

 


Cuentas divinas Eulàlia Ramon, Movistar+
Venganza con garbanzos

Una estupenda Celia Freijeiro es la protagonista absoluta de esta comedia negra que ha dirigido Eulalia Ramon. Hablando a cámara directamente, Mónica, una ama de casa que limpia garbanzos en un plano homenaje voluntario o no a la Jeanne Dielman de Chantal Akerman, va contando cómo ha conseguido ser feliz gracias a descubrir el gran valor terapéutico del asesinato. Casi sin variar de plano, con algunas incursiones al reciente pasado, el corto avanza en su horror cotidiano con una soltura y una frescura contagiosas. Cine directo, cine de terror, cine de la cotidianidad.


El busSandra Reina
Viaje de ida y vuelta

El tiempo que se pasa en un bus, es un no tiempo. O todo lo contrario. El tiempo que se pasa en este bus es el de unas vidas que conocemos en sus breves conversaciones, en sus risas, en sus silencios. Vidas con problemas, vidas con esperanzas, contadas en un viaje de ida y vuelta hacia la libertad. Los pocos minutos que pasamos con los pasajeros son suficientes para hacer un retrato colectivo de nuestra sociedad. Un documental rodado en un solo espacio cerrado y en movimiento que en ningún momento es claustrofóbico. El aire lo conquistan estos personajes con sus historias.

 


La loca y el feminista Sandra Gallego, Filmin

Paisaje con pareja

Una simple conversación en un parque entre un hombre y una mujer, un matrimonio. Una afirmación sin réplica. Él dice que es un feminista comprometido, ella, lo cuestiona y hace una petición: por favor, no vuelvas a decir que eres feminista. Sin complicaciones, directo a lo que quiere transmitir, con una carga de profundidad. Una comedia muy seria que desmonta hipócritas posturas muy extendidas y muy de moda. 

El regalo de esta semana es una foto de hojas de otoño que anuncian el invierno.

!Feliz Navidad a todos!



lunes, 18 de diciembre de 2023

FILMTOPIA

 

Esta es una entrada especial y muy importante para mí.

Filmtopia, la web dedicada al cine hecho por mujeres, –todas las mujeres de cualquier sector del cine, de cualquier país, de cualquier tendencia– en la que llevamos trabajando Marta Armengou y yo desde hace un año y medio, es ya una realidad con más de veinte entrevistas en nuestro canal de Youtube, doce Newsletter publicadas desde junio y una presencia continuada en redes sociales. Hace treinta días pusimos en marcha una campaña de Verkami para ofrecer suscripciones a la web de Filmtopia a precios muy asequibles. Estamos muy contentas porque hemos conseguido el objetico previsto, pero aspiramos a un paso más y llegar al segundo objetivo que nos permitirá hacer una web mejor y más completa que confiamos tener preparada en el mes de enero.

Filmtopia es una realidad también en los medios de comunicación que nos han dado cobertura y por las presentaciones que hemos hecho en Barcelona y en Madrid, donde estuvimos el pasado 12 de diciembre en la Librería Ocho y Medio. Explicar cuál es nuestro contenido ha sido un trabajo apasionante por la cantidad de ideas que surgen cada vez que lo exponemos.

Filmtopia no es solo una web de cine, Filmtopia no es solo una web de mujeres, es una web de cine hecho por mujeres que quiere trazar un hilo entre el pasado, reivindicando a todas las mujeres que desde las pioneras hasta ahora mismo han hecho cine y el futuro, apostando por las nuevas generaciones de mujeres que se dedican a viejas, nuevas y diferentes profesiones dentro del cine. Queremos que sea una herramienta de trabajo y de relación, un espacio de debate y de crítica, una web donde todo el mundo encuentre algo que le pueda interesar.

Somos ambiciosas sí, pero estamos convencidas de estar en el buen camino.

Si lo queréis comprobar, os invito a ver la web de Filmtopia donde están todos los contenidos que hemos hecho hasta ahora. https://linktr.ee/filmtopia_net

Este es el enlace al spot de Filmtopia

https://glad-pictogram-226020.framer.app/

Y si queréis ayudarnos con una aportación al Verkami este es el link a la campaña

https://www.verkami.com/locale/ca/projects/35099-plataforma-online-de-continguts-sobre-cinema-fet-per-dones

(recordar que si nunca habéis participado en una campaña, lo primero que hay que hacer es registrarse en la página de Verkami)

¡Gracias a todos y a todas!