sábado, 24 de febrero de 2024

INCORRECTOS

 

El nexo común de las pelis de esta semana es La Incorrección. Claro que son incorrecciones muy distintas y con consecuencias muy diferentes.

De las películas incorrectas estrenadas, la que más me gusta es

(el auténtico Mauricio)

La estrella azul, de Javier Macipe

La vi en San Sebastián sin saber que iba a ver, la mejor manera de ver una película. (A veces siento que dificulto el descubrimiento de un film interesante por hablar de él en este blog. Pero, si no hablo ¿lo verá alguien en el marasmo de los estrenos? En fin viviré con esa contradicción).

La estrella azul es un biopic anómalo de un cantante más anómalo aún. Macipe uno de los raros directores aragoneses, recuerda la historia de Mauricio, un rockero de los 90 que busca recuperar su vida en un viaje por el norte de Argentina donde conoce a Don Carlos un viejo músico chacarero que le devuelve no solo la energía y las ganas de vivir, sino la música. Pero una cosa es la pampa y otra la Zaragoza de los 90. Música, vida, alegría, tristeza. “No vamos hacia la muerte, la muerte viene hacia nosotros”, dice el sabio chacarero.  Macipe no oculta que está contando una historia (real o parte real, parte inventada), pero la  película, el viaje de Mauricio en esa Argentina ignota y lejana, poco a poco va ganando presencia sobre el simple biopic, por eso digo que es anómalo y acaba siendo la maravillosa historia de una amistad imposible, una relación de enseñanzas mutuas, un salvavidas para las dos partes del dúo musical y humano que integran Mauricio y Don Carlos. “Bella, contenida, dolorosa, intimista” decía Begoña del Teso en el Diario Vasco. Suscribo los cuatro adjetivos y añado dos: divertida y melancólica. Una delicia y una sorpresa.

De las películas incorrectas estrenadas, la que más me divierte es



Políticamente incorrectos, de Arantxa Echavarría

No se dejen intimidar por el título ni por el cartel. Esta comedia política de rabiosa actualidad es una divertida comedia de enredo y guerra de sexos, ambientada durante una campaña electoral en la que se enfrentan con todas las malas artes posibles los partidos Nueva Izquierda y España Liberal, uno rojo, otro azul, a través de la atracción/odio que sienten los becarios de ambas formaciones, Laura y Pablo. Una de las pruebas de que una comedia funciona es no mirar nunca el reloj para ver cuánto falta. Otra es darte cuenta de que, por muy previsible que sea todo, por muy poco incorrectos que acaben siendo este par de pardillos, te ríes con ganas en algunos momentos. Las dos cosas me pasaron con este tercer film de Arantxa Echevarría, la única directora de cine en España que ha hecho tres películas, y ya rueda la cuarta, en cinco años. Todo un récord¡¡¡ Y además tiene una última secuencia (entre los créditos finales) donde la gran Elena Irureta da una lección que es toda una declaración de intenciones.

De las películas incorrectas estrenadas, la que me ha decepcionado un poquito es



Secretos de un escándalo, de Todd Haynes

Siempre me ha gustado Todd Haynes, unas veces más otras veces menos, pero siempre tiene algo interesante. También lo encuentro en estos Secretos de un escándalo. Basada en una historia real, el guión de Samy Burch no pretende ser una recreación del caso de la maestra de 34 años que mantuvo relaciones con un alumno de 12 años con el que acabó casándose cuando él tenía 21 y ya compartían varios hijos. Lejos de ser un típico caso de “basado en hechos reales”, Secretos de un escándalo se acerca a este tema desde el presente perturbador de la pareja que ve su vida familiar alterada al llegar al hogar una estrella de Hollywood que va a interpretar a la maestra en un film que recrea su historia. Este juego de espejos: realidad/ficción de la película de Haynes/ficción de la película que se prepara en la película de Haynes, funciona unas veces pero otras se presta a la confusión. Hay que agradecerle a Haynes dos cosas Una, que no caiga nunca en una lectura moralizante de una relación considerada delito, pero realmente profunda; dos que cree un fenómeno de identificación muy bergmaniano entre el personaje de Julianne Moore Grace, la maestra y Nathalie Portman, Elizabeth, la actriz. Pensando en el film, creo que lo que me produce esta ligera decepción es el personaje de Joe, más que porque el actor no acabe de gustarme, por los pocos matices que encuentro en él. Me cuesta entender que alguien como Julianne Moore esté enamorada de ese Joe que hace Charles Melton. “Desasosegante, turbadora, perturbadora, deslumbrante, provocadora”, son algunos de las cosas que se han escrito sobre este film. Las comparto todas, pero eso no impide mi pequeña decepción.


Cine Quinqui, una reivindicación

Si hay algún cine incorrecto es sin duda el Cine Quinqui de los setenta. Incorrecto por sus personajes, incorrecto por su lenguaje cinematográfico, incorrecto por su retrato de unos años y una sociedad en transformación. El  Cine Quinqui merece una revisión sin gafas moralistas, libre de prejuicios y con una mirada que lo contextualice y lo traiga a nuestros días. Porque si los quinquis no estaban solo en el Barrio de la Mina de Barcelona, tampoco es cierto que ahora no haya quinquis. Han cambiado los lugares, han cambiado los personajes, pero la marginación y el abandono sigue presente en otras formas. Esto lo he podido comprobar gracias al encargo de la Academia de Cinema Catalá dentro del programa de Recuperación del Patrimonio Cinematográfico. Cuando decidimos explorar el cine quinqui de los setenta a partir de la saga de los perros callejeros de José Antonio de la Loma, nos llevamos varias sorpresas y encontramos ciertos paralelismos con otras películas, aparentemente alejadas de ese género. Últimas tardes con Teresa, Perros callejeros I y II,  Yo, el Vaquilla, Fanny Pelopaja y Las Leyes de la frontera trazan un recorrido que nos permite reconocer que queda y como se ha trasnformado ese mundo. De todo esto se hablará en "Els quinquis i la representació de les perifèries urbanes al cinema català”,  una mesa redonda que tendrá lugar el miércoles 28 de febrero a las 18.30 en el Auditorio Borradas de Hospitalet de Llobregat. Los que quieran y puedan, están invitados.

El regalo de esta semana tenía que ser algo incorrecto, pero en la pintura de Ramon no hay nada de incorrección, así que he decidido poner un cuadro que me gusta porque si.



 

 

 

sábado, 17 de febrero de 2024

SNOBS (Y UN RECUERDO PARA ALEXEI NAVALNI)

 


Priscilla, Sofia Coppola

Nunca me gustó Priscilla Preysler, creo que por culpa de mi hermana Flora que la detestaba. Todo lo que le gustaba el Rey del Rock, era desprecio por esa jovencita de peinados imposibles que aparecía a su lado. Priscilla era un personaje en la sombra, pero muy presente. Un personaje que no caía bien a casi nadie. Ni siquiera a su única hija Lisa Marie. Todo esto no me predisponía favorablemente a ver la última película de Sofia Coppola, que sí despertaba mi curiosidad, porque la hija de Francis siempre me ha interesado en su manera de entender y de hacer el cine. Priscilla, la película, me gustó y decepcionó a partes iguales. Me gustó reencontrarme con el estilo preciosista, de detalles, objetos, encuadres, vestuario y recreación de una época que ha sido seña de identidad de Sofia desde su primera película. Me gustó el uso de los temas musicales como elementos del diálogo y como instrumentos de hacer avanzar el relato. Pero esto mismo es probablemente lo que me decepcionó ya que tuve la sensación de estar viendo un poco lo mismo de otras veces, una cierta tendencia a copiarse a sí misma sin aportar casi nada nuevo. Claro que el personaje principal fuera Priscilla tampoco ayudaba, a pesar de que Cailee Spaeny hace todo lo que puede para darle algo de vida. La Priscilla de Coppola tiene dos grandes problemas. Uno es el estar basada en un libro autobiográfico de la propia Priscilla, que además es productora, lo que condiciona todo el punto de vista y el recuerdo a lo que ella ha decidido contar y como contarlo; el otro es que no hay ni una canción de Elvis Presley y eso es un gran hándicap. Pero a pesar de todo esto, es una película que recomiendo. No siempre los grandes hacen películas redondas o perfectas, las filmografías están llenas de films más o menso fallidos en los que siempre hay un destello de su genio. Y en esta nueva jaula de oro de niña rica, que viene a sumarse a las de María Antonieta, Charlotte, las vírgenes suicidas, el hotel donde Cleo vive con su padre, hay suficientes elementos para disfrutar viéndola en su exquisita belleza.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


Frasier (1993-2004) Movistar

Recupero este rincón para escribir de Frasier, una de las series que más me han gustado en mi ya larga vida de seguidora de series. Frasier nació como un spin off de Chers (que también me gustaba, pero no tanto). La empezamos a ver en el lejanísimo 1993, hace treinta años, y nos enganchó inmediatamente. Frasier tenía, como Friends o Seinfield, una especial cualidad: eran capítulos muy cortos, de 20 minutos, con actores estupendos, diálogos brillantes y personajes a los que no podías dejar de querer mientras te reías de ellos (y a veces de ti mismo). Fuimos seguidores de Frasier en todas sus temporadas y desde su final en el 2004 la hemos echado de menos. Hasta ahora, en que Movistar, gracias a Sky Tv, la ha recuperado a raíz del estreno de la nueva Fraiser ambientada en nuestros días. No he visto la nueva, pero en cuanto descubrí que estaba la vieja, me lance a verla. Con un cierto miedo, he de decirlo. ¿Y si no había aguantado, y si se había quedado vieja y si…? Pero había que arriesgarse a romper el encanto del recuerdo. Valió la pena. Fraiser sigue siendo Fraiser. La serie sigue divirtiendo en las tremendas meteduras de pata del protagonista, en el snobismo trasnochado de los dos hermanos, en sus punzantes comentarios en la radio, en las relaciones entre Frasier y Niles, o de Frasier con su padre, en su amistad con Roz y en la imprescindible y fresca presencia de Daphne. Sin olvidarnos de Eddie, claro. Cinco actores (y un perro), tres decorados fijos, diálogos rápidos y cargados de sentido, Frasier es ideal para olvidar durante un ratito la realidad que nos rodea tan poco atractiva y tan amenazadora en cualquier dirección que mires. Viéndola no he dejado de acordarme de Jorge de Cominges, fan total de los hermanos de Seattle con el que nos reíamos comentando escenas y frases. Ya entonces decíamos que Frasier era una serie sanadora, al menos para mí lo fue y lo sigue siendo. Si la quieren ver, recomiendo hacerlo en dosis homeopáticas, un capítulo al día y dejar una semana entre temporadas. Es la mejor manera de disfrutarla.

 


NAVALNI

En esta semana en que el despreciable Putin ha consumado el asesinato anunciado de Alexei Navalni, ya sin esconderse y sonriendo de oreja a oreja, recupero lo que escribí sobre el disidente ruso cuando se estrenó el documental Navalni, de Daniel Rocher en HBO. Es mi pequeño homenaje y agradecimiento a un hombre que se enfrentó al monstruo y lo venció moralmente, pero no pudo vencerlo en su maldad absoluta.

“Retrato del líder de la oposición rusa encarcelado por Putin desde enero de 2021, el film se centra en la figura de Navalni durante su recuperación en Berlín, después del intento de envenenamiento con Novichok en agosto de 2020 cuando regresaba de un viaje a Siberia. Apoyado por su mujer y un reducido equipo de trabajo y con la ayuda inestimable del medio digital Bellingcat, especializados en periodismo de investigación, el documental pone en primera persona al abogado de 44 años, retrocediendo hasta 2017, cuando empezó su campaña de acoso a la corrupción del régimen de Putin utilizando de manera muy inteligente el poder de las redes sociales para escapar del control y la represión del régimen. Rocher confronta a Navalni en una entrevista muy poco complaciente, mientras sigue de cerca la investigación del equipo del político para desenmascarar a los responsables del envenenamiento. Sin perder el sentido del humor y con un rigor documental absoluto, el film acaba siendo un apasionante thriller político digno del mejor John le Carré. Navalni se revela un hombre cercano, inteligente, con las ideas muy claras pero en ningún momento se le convierte ni en un santo ni en un mártir. Es un hombre consciente del deterioro de la vida política de su país, dispuesto a enfrentarse al poder de Putin denunciado la corrupción y la ineficacia de un régimen que no solo se resiste a cualquier cambio, sino que, como ha demostrado la cruel e incomprensible guerra en Ucrania, se refugia en glorias de un pasado a todas luces poco glorioso Cuando rodaban el documental en el verano del 2020 nadie podía pensar que iba a acabar como acabó: con el encarcelamiento de Navalni a su llegada a Rusia en enero del 2021. En marzo del 2022, con Putin metido ya de lleno en la guerra de Ucrania, Navalni fue juzgado y condenado a nueve años en una farsa judicial digna de los tiempos soviéticos. Verlo ahora, cuando las noticias de la guerra de Ucrania se han convertido en habituales, es un recordatorio de que no debemos bajar la guardia, El hombre enfermo, física y mentalmente, que controla y domina el Kremlin, el hombre que es incapaz de pronunciar el nombre de su enemigo, sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso cuando despertamos. Navalni está en prisión en una colonia penal de régimen estricto, pero en realidad es todo el país el que está encerrado en una colonia penal de régimen putinesco. Navalni el documental es una lección de historia viva. (Una pequeña protesta, el documental no está subtitulado, tiene voces sobrepuestas y eso dificulta un poco su visionado, pero a pesar de eso vale la pena verlo)”. 

El regalo de esta semana es un dibujo dedicado a Navalni, forma parte de una serie que se llamaba Viaje de invierno, como el que hizo Alexei asesinado en una prisión/gulag en el Círculo Polar Ártico.



 

 

sábado, 10 de febrero de 2024

MUJERES VALIENTES

 


Mientras seas tú, de Claudia Pinto

La mujer valiente en este caso es Carmen Elías, aunque creo que también podríamos calificar de valiente a la directora Claudia Pinto. Juntas han hecho un documental esperanzador y al mismo tiempo estremecedor. A estas alturas no voy a descubrir nada si digo que Carmen Elías padece Alzheimer desde hace años. Pero viéndolo si, he descubierto dos cosas que no son tan evidentes: se puede convivir con el amigo Al, como lo llama Carmen, sin dejar de ser uno mismo y sobre todo, es muy importante tener un objetivo, hacer algo, no para luchar contra Al, sino para hacer de él un cómplice creativo. Carmen reconoce que hacer este trabajo en el que su amiga y confidente Claudia Pinto la sigue, primero en privado, sin que nadie lo supiera, y luego de forma más pública, ha sido la mejor medicina para sobrellevar lo inevitable. En el documental hay muchos momentos emocionantes, otros divertidos, algunos que te general dolor, pero hay una frase que dice un médico que me parece una lección no solo para los que padecen o conviven con “el amigo Al”, también para los que no lo tenemos cerca pero sabemos que está por ahí, escondido en cualquier esquina: la memoria no es un álbum de fotos, la memoria es un cuadro en restauración permanente. Mientras seas tú es una restauración que ambas comparten con el mundo, una memoria de la pérdida de memoria, una reivindicación de que sigues siendo tú aunque ya no seas el tu que eras antes. Sí, Carmen y Claudia son dos mujeres valientes.

 


Las cuatro hijas, de Kaouther Ben Hania

Aquí hay una mujer valiente, o a lo mejor cobarde, es difícil decirlo. Olfa es la madre tunecina de las cuatro hijas que dan titulo a este documental que se acerca a un tema que por desgracia ha dejado de ocupar las primeras páginas de la información, pero sigue estando ahí. El docudrama empieza con unas palabras de la directora: “En esta película intentaré explicar la historia de las hijas de Olfa. Olfa tiene cuatro hijas. Las dos pequeñas, Eya y Tayssir, aún viven con ella. A las dos mayores, Rahma y Ghofrane, se las comió el lobo”. El lobo del fundamentalismo, el lobo del integrismo, el lobo de la reacción que llevó a dos adolescentes a unirse a ISIS, el Estado Islámico, creyendo que así se salvaban. Este tema habría dado para un excelente documental de los que realiza Alba Sotorra, o para una ficción lacerante y cargada de razones. Pero Kaouther Ben Hania ha escogido otro camino, el de una recreación entremezclada con la realidad, una puesta en escena que nunca pierde de vista lo que quiere contar. Estamos en un espacio cerrado, teatral, donde Olfa y sus hijas (reales) hablan a cámara y recuerdan su vida llena de momentos traumáticos y de enfrentamientos entre una madre muy tradicional y unas hijas que quieren escapar de su mundo. Olfa y las dos hijas que aun viven con ella, rememoran un tiempo en el que las cuatro hermanas estaban juntas, hasta que la primavera árabe del 2011, que debería liberarlas de los prejuicios y las servidumbres, derivó en un reino de la intolerancia que fue su perdición. Los recuerdos más dolorosos de Olfa están visualizados con una actriz que hace de ella, mientras ella la mira. Las dos hermanas desaparecidas las interpretan dos actrices. Esta representación doblada tiene una enorme fuerza. Ver a la auténtica Olfa frente a su espejo o las escenas con las cuatro hermanas, las falsas y las verdaderas, hace de este documental algo hasta cierto punto provocador. La forma narrativa de Las cuatro hijas no deja indiferente: o te sumerges con ella o la detestas. A mí me sedujo su apuesta no naturalista.  

 


El deshielo de Veerle Baetens

No estoy segura de que se pueda calificar de valiente a Eva, la protagonista de este interesante debut como directora de la actriz belga Veerle Baetens. Pero sí, Eva es valiente a su manera huraña, silenciosa, huidiza. Es valiente porque es capaz de tramar una venganza aunque sabe que esa venganza no será buena para ella. La película está contada desde el presente de Eva, cuando a sus 26 años, decide volver al pueblo natal del que huyó hace mucho. Mientras prepara ese viaje, Eva recuerda su infancia, sus amigos, los veranos… y la crueldad y maldad de esos años que la marcaron para siempre. No es algo original, no es tampoco una propuesta formalmente muy arriesgada, pero si es un film que te deja con la sensación de que la infancia no es el paraíso que a veces hemos guardado en la memoria. 

Me doy cuenta en este punto de que esta entrada podría llamarse también Mujeres con memoria. La de Carmen recuperada para que no se pierda por su amiga Claudia Pinto; la de Olfa y sus hijas para que se conozca el horror cotidiano en el que viven muchas mujeres en el mundo islámico; la de Eva para asumir su pasado y enfrentarse a él. Cuadros en restauración.

 

(no he encontrado ninguna foto con Patricia, por eso recurro a ésta que me parece muy bonita porque en ella se ve la dulzura de su sonrisa y de su mirada)

Memoria de una amiga. Patricia Ferreira 

Hace unos días, en la ceremonia de los Premios Gaudí, me enteré de la muerte de Patricia Ferreira. Me dio un vuelco el corazón. Por no saberlo, y por saberlo de esa manera tan inesperada. Patricia murió el 27 de diciembre pasado. Yo, que leo tres periódicos al día, no recuerdo haber visto nada de su muerte. Es probable que se comentara en redes sociales (que no tengo), en el programa La Finestra Indiscreta de Alex Gorina, o en Días de Cine, pero por lo que fuera, no lo supe hasta este domingo. Tengo muchos recuerdos con Patricia a la que conocí hace casi 40 años en la Seminci de Valladolid que dirigía Fernando Lara. Desde entonces, he coincidido con ella muchas veces, siempre en encuentros tranquilos, serenos, donde se podía hablar de todo. Patricia era una gran persona y una gran directora creo que poco reconocida. Por su edad, estaba en esa franja difícil entre las veteranas, Pilar Miro o Josefina Molina y las nuevas directoras, formaba parte de una generación que accedió al cine cuando no era fácil. Patricia hizo películas muy interesantes, curiosamente, algunas muy relacionadas con la memoria. Su primera película Sé quién eres, trataba de eso, de la memoria perdida, en Para que no me olvides, aunque no es su tema central, la memoria del personaje de Fernando Fernán Gómez es crucial en la historia; Señora de es un imprescindible documental sobre las mujeres que fueron silenciadas, marginadas, escondidas por una sociedad que nunca las respetó. Memoria y valentía. Porque Patricia fue valiente, “soy una mujer con una enfermedad, no una mujer enferma”, decía (robo la cita a Fernando Lara, su compañero durante toda la vida). Y en eso se parece a Carmen Elías cuando dice que no hay que lucha contra la enfermedad, hay que seguir viviendo y aprender a convivir con ella. He empezado con una mujer valiente y acabo con otra mujer valiente a la que estoy orgullosa de haber conocido: Patricia.  

El regalo de esta semana es para Patricia, estoy segura que le habrían gustado



sábado, 3 de febrero de 2024

TIERRAS PROMETIDAS

 

Lo de la tierra prometida es una expresión que sirve para muchas cosas. Todos podemos tener una tierra prometida que no necesariamente coincide con un espacio geográfico: puede ser el deseo de llegar a ser algo distinto, o el de conseguir un espacio de libertad. La tierra prometida es también una esperanza, una ilusión. Lo que no tenemos puede ser un aliciente para conseguir tenerlo. Todo esto viene a cuento de una película danesa que se acaba de estrenar y aunque parezca que no, también de una película alemana que no parece tener nada de tierra ni de prometida.


La tierra prometida, de Nikolaj Arcel

El cine nórdico tiene una tradición de cine de emigrantes,  así se llamaba la primera parte del díptico de Jan Troell, Los emigrantes y La nueva tierra, rodados en los años setenta y que curiosamente podrían ser una precuela de la serie 1883, pero eso es otro tema. El director danés Nikolaj Arcel se suma a esa línea narrativa volviendo al siglo XVIII que ya fue el escenario de Un asunto real, del 2012, la que es su mejor película hasta esta, que para mí es aún mejor. En aquel film la historia estaba centrada en la corte del estrafalario y errático Christian VII. Ahora, Arcel vuelve al mismo reinado, pero desde otro punto de vista: el de un soldado, bastardo de un noble, que pretende levantar una colonia en la remota península de Jutlandia, empresa en la que han fracasado todos los que lo han intentado. Pero el capitán Ludvig Kahlen, interpretado por el siempre magnífico Madds Mikelsen, no es fácil de derrotar. Ni las intrigas palaciegas, llenas de envidias y desprecio de clase, ni las brutales arbitrariedades del desequilibrado señor feudal de la zona, conseguirán disuadirle de convertir la seca y árida tierra de Jutlandia en un campo de cultivo rentable. Ludvig Kahlen es la serenidad frente al caos, la civilización frente a la barbarie. Se ha hablado en las críticas de John Ford por el uso de los paisajes y los cielos, por el aire de western que tiene en algunos momentos. Pero  a mí me parece que este film clásico tiene más que ver con Howard Hawks  en lo que sin duda es lo más interesante del guión escrito entre Nikolaj Arcel y Andres Thomas Jensen: el papel relevante de tres mujeres en la aventura de Ludwig. Una es una niña mulata, lo que hace de ella alguien demoníaco a los ojos de los primitivos habitantes de la península; otra es una sirvienta que se convierte en el principal apoyo de Ludwig; la tercera es una noble de la que se enamora el capitán.  Si las mujeres son lo más interesante, lo mejor de la película es el ritmo de la narración, los tempos del relato, los paisajes neblinosos de la plana Jutlandia y el rostro impenetrable de Mikelsen que, en un milagro de la interpretación se dulcifica a medida que se endurece.

 


Sala de profesores, de Ilker Çatak

¿Hay alguna tierra prometida en este film alemán ambientado íntegramente en un colegio del que nunca se sale? Creo que sí, la tierra prometida de Carla Nowak, la joven profesora de matemáticas y educación física, curiosa combinación de materias, es precisamente esa escuela a la que llega llena de ilusiones y con ganas de cambiar las cosas, de hacerlo bien. Carla aterriza en una  sala de profesores cansados, mal pagados, hartos de los alumnos, sin ganas de comprometerse. Aterriza en un aula donde los adolescentes a los que tiene que enseñar no entienden sus métodos pedagógicos. Pero sobre todo, aterriza en el colegio en medio de una crisis: hace tiempo que se están produciendo una serie de robos entre los alumnos e incluso entre los profesores. Con su ingenuidad y su inocencia, Carla intenta resolver el enigma sin saber que desencadenará una tormenta de consecuencias imprevisibles para ella. No cuento mas, vale la pena descubrir con ella como el racismo, la lucha de clases, el desprecio, el absentismo, la desidia, la falta de solidaridad y las rígidas normas de la sociedad corrompen esa tierra prometida para Carla. Un colegio, una sala de profesores de la que el film nunca sale haciendo de ese espacio una metáfora de lo que es nuestra sociedad. Buscar la verdad, intentar cambiar las cosas, querer mejorar lo mejorable, es peligroso y ante ello, a veces, solo cabe el grito. Como el grito que lanza Carla cuando ya no puede más.

Algunas acuarelas de Ramon son preciosas tierras prometidas (y quizás conquistadas)



viernes, 26 de enero de 2024

CRIATURAS

 

¡Pobres criaturas desvalidas y fuertes, pobres criaturas en un mundo de reglas que no comparten! Claro que su respuesta en muy distinta, una se impone, la otra…

Pobres Criaturas, de Yorgos Lanthimos

Yorgos Lanthimos me tiene acostumbrada a películas muy poco convencionales, Canino fue una revulsión narrativa, ideológica y cinematográfica que se confirmó con Alps, La langosta y sobre todo El sacrificio de un ciervo sagrado. La favorita en el 2018 me desconcertó un poco, era (aparentemente) más convencional, aunque encerraba una carga de profundidad sobre el poder y la manipulación. Casi seis años ha tardado el griego en volver a hacer un largo. Entre tanto ha realizado tres cortometrajes, uno de ellos protagonizado por Emma Stone a la que conoció en La Favorita y que ha convertido en su imagen femenina preferida. Emma Stone es Bella Baxter, la pobre criatura de este cuento victoriano, perverso y malvado, lleno de humor y de múltiples capas. Por segunda vez en su filmografía, Lanthimos no participa en la escritura del guion que ha confiado a Tony McNamara sobre una novela de Alasdair Gray, un escritor escocés que desconozco pero que no tardaré en leer. La historia de Bella Baxter enlaza con Frankenstein, aunque la criatura apedazada en este caso sea el Godwin, (Willem Dafoe, el mejor rostro para ser deconstruido), el creador de la hermosa y desinhibida Bella, (Emma Stone con sus grandes ojos azules, herencia directa de Bette Davis). El film se divide en varios capítulos en los que conocemos a Bella a God y a Max McCandles, ayudante del médico, perdidamente enamorado de Bella. A medida que Bella crece mentalmente sin cambiar nunca de aspecto, crecen sus deseos de libertad y sus apetitos sexuales. Cuando conoce a Duncan Wedderburn, no duda en fugarse con él. Vale ya no cuento más. Con esto hay suficiente para estimular el deseo de ver un film visualmente provocador, con imágenes de gran belleza, (aunque he de reconocer que me cansó un poco el uso reiterativo del ojo de pez), un vestuario espectacular y una figura femenina impresionante en su complejidad y riesgo. He leído en La Vanguardia una entrevista de Gabriel Lerman con Emma Stone. Con su permiso, reproduzco una de sus respuestas que me parece perfecta: “Simplemente traté de liberarme de la vergüenza y de todos los prejuicios tanto como me fuese posible, porque todo pasó por no hacer, en lugar de por hacer. Obviamente tuvimos que trabajar mucho en cómo ella se iba a mover y en su forma de hablar. También era esencial entender cómo evoluciona a medida que avanza la historia. Pero la clave para interpretarla fue liberarme de muchas cosas porque Bella se mueve por el disfrute y la curiosidad, y no tiene ni vergüenza ni traumas de ninguna clase. Es difícil encontrar un adulto que no haya tenido que lidiar con algún conflicto en su vida y que no haya incorporado alguna respuesta pavloviana a ciertas situaciones, o que no tenga algún prejuicio. Ese fue el mayor regalo de interpretarla, porque Bella no tiene ni traumas ni prejuicios. Simplemente se dedica a descubrir todo lo que le rodea.” Después de conocer a esta memorable mujer/niña, uno se pregunta quiénes son las pobres criaturas en esta película. Sinceramente creo que Bella no lo es. ¿Serán los hombres que la acompañan?

 

Rodeo, de Lola Quivorón

Detrás de este potente nombre se esconde una joven directora francesa que debuta en la ficción con una película inclasificable. Al menos en apariencia. Se la define en la publicidad como una pelicula motomami, y en cierto modo lo es, más allá del fenómeno provocado por el disco de Rosalía. Motomami es una palabra compuesta de Moto, que viene del japonés y significa duro o fuerte y Mami, palabra clave que representa a la mujer. Por lo tanto una motomami es una mujer fuerte. Y no hay duda de que Julie, la Desconocida, es una mujer y es fuerte y además es una enloquecida de las motos Con lo que lo de motomami adquiere un nuevo sentido. Este primer film de Lola Quiviron tiene una solidez inesperada en una mujer tan joven. Retrata un mundo marginal, desconocido, oculto y muy peligroso, el de las carreras de motocros sobre asfalto, auténticos rodeos motorizados, donde los participantes se juegan la vida constantemente. Julie se sumerge en este mundo masculino y brutal en el que tendrá que pelear para conseguir imponer sus reglas y ser respetada Tan solo cuenta con un apoyo, Ophelia, la joven esposa del jefe de la banda de moteros con la que establece una relación de ayuda mutua. Lo mejor de este film que pervierte o utiliza lo mejor del cine de acción contemporáneo, (Fast & Fourious, Mad Max, Furia en la carretera) es que prescinde de la narración convencional. No sabemos nada de Julie, no nos importa, solo queremos seguirla en su locura motorizada y en su malestar con el mundo. Nada es previsible en este film del que siempre estás esperando que pase algo que no pasa. Hasta que pasa. Un debut estupendo tanto de la directora como de la actriz Julie Ledru, un rostro duro de ojos tristes y gran presencia física. 

El regalo de esta semana no sé si es una motomami, pero desde luego no es una pobre criatura.



viernes, 19 de enero de 2024

FLORES

 

La zona de interés, de Jonathan Glazer

¿Pueden las flores ser símbolo del horror? Normalmente asociamos las flores a felicidad, regalo, alegría, recuerdo, despedida o saludo. Pero a veces, solo a veces, también acompañan el horror innombrable. Es ese horror innombrable el que tiñe toda la película de Jonathan Glazer. Su zona de interés es en parte un precioso jardín lleno de flores maravillosas, cuidadas con esmero por una atenta mujer ayudada por silenciosos jardineros. Ese jardín es el orgullo de Hedwig Höss, la aparentemente dulce madre de unos rubios niños que juegan en la piscina y se bañan en el lago, vigilados por unos padres atentos que los cuidan y los quieren. Todo muy banal (es imposible no hacer referencia a Hanna Arendt), todo muy cotidiano, casi un documental, en el que el horror del campo de al lado apenas se intuye, se huele, al otro lado del muro de esa linda casita de familia alemana aria, vulgar y poderosa: la zona de interés. Jonathan Glazer se inspira en una polémica novela de Martin Amis, pero en ningún momento la adapta. A Glazer no le interesa contar una historia, no quiere adentrarse en un melodrama, le interesa por encima de todo observar. Observar esa cotidianidad terrible de los que miran para otro lado, los que saben pero no actúan, o lo que es peor, los que saben pero no les importa mientras ellos tengan su vida confortablemente resuelta. Es ese el horror más terrible de esta película. Ver a Hedwig, encarnada por la magnífica Sandra Hüller, probándose un abrigo de visón al que en su vida anterior jamás habría tenido acceso, o repartiendo prendas de ropa entre sus criadas con total indiferencia, es más hiriente que muchas imágenes del holocausto a las que casi (es espantoso) nos hemos acostumbrado. Glazer observa y para ello plantea su película de una manera inesperada, incómoda. Con la colaboración del director de fotografía Lukas Szal filma esta familia sin que ellos lo sepan. Szal colocó una serie de microcámaras en distintos lugares de la casa con las que registró todo lo que pasaba sin que los actores en ningún momento supieran si estaban siendo filmados o no. Este método, absolutamente innovador que incorpora modos de hacer propios de los realitys, se completa con una música de la compositora británica Mica Levi que nos introduce en el agujero negro (literal, la película empieza con la pantalla en negro y vuelve a apagarse en varias ocasiones) que es esta zona de interés. Solo hay un momento en el que salimos de ese entorno de falsa felicidad: cuando el comandante Rudolf Höss, en la piel del actor Christian Friedel, mira una puerta cerrada y al abrirse esa puerta descubrimos un museos del holocausto con su siniestra memoria de muerte y destrucción. Una memoria que no podemos olvidar, una memoria que hace que Höss acabe vomitando. El vómito del director, del actor, del escritor, de la compositora, de nosotros mismos antes esa banalidad del mal que sigue tan presente en nuestro mundo contemporáneo.

 


Shoa de Claude Lanzmann, Filmin

Esos planos finales de La zona de interés me recordaron de manera inmediata la espléndida serie de Claude Lanzmann Shoa que se puede ver en Filmin. Son cuatro horas de filmación rodadas entre 1970 y 1980 en las que el director hace una auténtica disección del holocausto sin mostrar nunca una sola imagen documental del horror. El césped verde y cuidado que crece en los campos de concentración actuales, los hermosos bosques que escondían el genocidio, los testimonios de los que recuerdan de primera mano esa época, son mucho más evocadores que muchas imágenes. Lanzmann se adentra en la presencia del genocidio judío a través de la memoria de mucha gente que vivía en su propia zona de interés, sin querer enterarse de lo que pasaba ahí mismo, detrás de la verja de sus jardines y casas. Y también de algunos de los “privilegiados” que, como los silenciosos jardineros de Hedwig, consiguieron sobrevivir aunque fuera sufriendo humillaciones. Shoa es el contraplano  terrible de La zona de interés.

 


La floristería de Iris, de Ofir Raul Glaizer

Quizás para aliviar un poco la opresión del corazón que produce el jardín de Hedwig y los bosques de Shoa, valga la pena ver una película pequeña, sencilla, bonita, que conecta con La zona de interés en las flores y el jardín y en el hecho de ser una historia del Israel de ahora mismo. Bueno de ahora mismo no, La floristería de Iris está rodada en el 2022, cuando Israel y Gaza convivían en una relativa, muy relativa, paz y los habitantes de Tel Aviv podían vivir sus propias pequeñas tragedias y amores, indiferentes a lo que pasaba al otro lado de la frontera. Esta es la historia de un triángulo romántico y al mismo tiempo es la historia de una profunda amistad. Eli es entrenador de natación en Chicago. La muerte de su padre, al que no veía desde hace diez años, le hace volver a Tel Aviv donde se encuentra con su amigo de la infancia Yotam. Yotam tiene una novia, Iris, dueña de una preciosa floristería. Esto es el principio de la película, lo que les pasa después es previsible hasta cierto punto, es imprevisible en cierta medida. En todo caso es una historia de amor a tres bandas que funciona en sus silencios, en sus colores, en sus aguas liberadoras, la piscina, el remanso de la cascada, el mar, que a la vez pueden ser espacio de dolor. Iris, Eli y Yotam viven en su propia zona de interés en ese momento. No tengo capacidad para imaginar cómo reaccionarían dos años después ante el ataque terrible del 7 de octubre ni ante lo que está sucediendo en Gaza ahora mismo. Las flores y el jardín, en todo caso, seguro que siguen siendo un refugio.

El regalo de esta semana es una foto de Ramon de las flores de nuestro jardín, flores que nos ayudan y nos acompañan.



sábado, 13 de enero de 2024

DÍAS PERFECTOS

 

La verdad es que no tenemos muchos días perfectos en nuestra vida. Tenemos momentos buenos, felices, tranquilos, pero que duren todo el día, no es fácil. Yo me conformo con tener cada día un momento perfecto. Aunque a veces sí hay días perfectos. Yo recuerdo unos precisamente en Japón. En marzo del 2019, antes de LGP (La Gran Pandemia), cuando el mundo era más habitable (no mucho la verdad) estuve cinco días en Tokio invitada por la Embajada de España y el Instituto Cervantes para dar dos conferencias, una sobre el film Antonio Gaudí de Hisroshi Teshigara y otra sobre un Panorama del Cine Español en el siglo XXI. Fue una experiencia extraordinaria en una ciudad que no se parece a ninguna otra. Tokio es una ciudad de contrastes brutales, entre un mundo del futuro y un mundo del pasado, entre el ritual y lo abigarrado. Descubrí otra cultura que solo conocía por el cine: Ozu y su serena cotidianidad, Mizoguchi y su barroca imaginería, Kurosawa y su mirada shakesperiana al mundo del pasado. Pero, de repente, Tokio era otra cosa. La única guía que sentía podía utilizar eran los libros de Murakami que también se mueven entre la tradición y la ruptura, entre el pasado y el futuro. Fueron días de ciruelos en flor, de paseos por la ciudad, de baños en un Onsen, de restaurantes baratos, de restaurantes caros, de templos y rascacielos. Mi hotel estaba en Roppongi un barrio elegante. Roppongi quiere decir Seis Árboles. Y desde luego los hay. Pero también muchas casas, edificios bastante feos y otros curiosos. Esa es otra característica de esta ciudad. Cada casa es de su padre y de su madre. No hay nada homogéneo. Junto a grandes rascacielos, hay casitas que parecen mexicanas; junto a la Torre de Tokio, un gran templo budista. Heterogénea, esa es una de las definiciones que se pueden dar. En la crónica del viaje que escribí al volver decía: “Reflexiono un poco sobre la ciudad. Me doy cuenta de que no tengo una sensación de exotismo porque en realidad es muy parecida a las nuestras: calles amplias, edificios, tiendas, metro, gente que va a trabajar. Pero hay algo raro, hay un sentimiento de extrañeza. Es como si estuviera en un universo paralelo, igual al mío pero distinto. Como un Fringe que lo separa. Me siento integrada y al mismo tiempo expulsada. Es muy curioso. He pasado al otro lado y estoy en un reflejo con variaciones. Me gusta esta sensación.” Me van a  perdonar esta larga introducción personal, pero la preciosa película de Wim Wenders Perfect Days me ha hecho recordar mis días perfectos en Tokio y he querido compartirlos. Ahora sí, ahora vamos a los de Wenders.

 


(la foto es de Ramon, pero la podía haber hecho Hirayama)

Perfect Days, Wim Wenders

No soy muy fan de Wenders, pero cuando una de sus películas me gusta, me gusta mucho. Esta es la que más me ha gustado de las suyas, no solo de las últimas, de todas. Wenders tiene 78 años que le han permitido adquirir una serenidad frente al cine, frente a la imagen. Su fascinación por Japón y por Tokio ya la mostró en el documental Tokio-Ga de 1985. Casi cuarenta años después, vuelve a Tokio pero esta vez no lo hace de la mano de un cineasta (Yasujiro Ozu) sino de la mano de un sencillo hombre de la limpieza de los baños públicos de Tokio. Es muy significativo el cambio en la mano que le guía. De un hombre de Cultura a un hombre de cultura. Pero ambos viajes, dominados por el placer de ver un trabajo bien hecho. La vida ordenada, ritualizada y tranquila de Hirayama, es un ejemplo de esa cultura que no se aprende en los colegios, sino en la vida. Hirayama respeta el mundo y se respeta a si mismo. Por eso hace su trabajo a conciencia, por eso se cuida con esmero, por eso sabe donde tiene que estar. Y cómo debe estar: en el coche acompañado de una de las mejores selecciones de música de los 70; en el parque hablando con los árboles y fotografiando, con rollo de película, no con el móvil, el cielo y las copas y las cortezas: en su casa cuidando su pequeño jardín de arbolitos; leyendo a Faulkner. Y en la ciudad, recorriéndola en su camioneta para ir de un baño público a otro baño público. Impecables, limpísimos, y con unas arquitecturas que merecerían trazar una ruta turística por la ciudad simplemente para verlos. Seguimos a Hirayama varios días, casi no habla, escucha mucho. No es importante lo que le pasa, intuimos un pasado del que no quiere saber nada. Nosotros tampoco. Nos basta con estar a su lado. Hirayama acepta el reto de jugar a Tres en Raya con un desconocido, en un apunte muy cortaziano. En realidad Julio Cortázar está muy presente en esta historia de jardines y baños. No solo por el juego secreto, también porque el recorrido ritualizado de Hirayama por los lavabos de Tokio tiene mucho de travesía urbana. Murakami también viene a la memoria viendo a Hirayama. Murakami y su pasión por la música americana, sus rincones secretos de la ciudad, sus personajes femeninos misteriosos. En fin los Perfects Days de Wenders me ha encantado y me ha despertado el deseo de volver a Tokio alguna vez.

 


Japón, el archipiélago de las estaciones, José Antonio de Ory. La línea del horizonte, 2023

Hace tiempo que buscaba una ocasión para hablar de este libro y la película de Wenderss me la ha brindado en bandeja de plata. José Antonio de Ory era el Agregado Cultural de la Embajada Española en Tokio. Fue él quien me invitó para hablar de Teshigara. Fue él quien me descubrió la ciudad en los cinco días que pasé allí. Una ciudad y una cultura que había tenido tiempo de apreciar mucho. De Ory vivió en Tokio varios años y llegó a conocer (en la medida que se puede conocer un mundo tan complejo y diverso como el japonés) ese país y esa cultura de la que se enamoró completamente. Durante su estancia iba mandando periódicamente unos textos sobre su vida en Japón, sus sensaciones, sus experiencias. Eran muy bonitos, evocadores, te impulsaban a imaginar la ciudad y el país a través de sus palabras. Cuando volvió a España, decidió reunir esos textos dispersos, ordenarlos de alguna manera y convertirlos en un libro, este Japón, el archipiélago de las estaciones, un libro imprescindible si se quiere viajar allí; un libro apetecible si se quiere conocer de primera mano ese país; un libro culto y popular, tradicional y futurista, de ceremonias del té y tráfico de autopistas. Para mí fue una lectura que me permitió rememorar el pequeñísimo pedacito de Tokio que conocí. De Ory explica en la contraportada del libro: “Tras cuatro años en el país no estoy seguro de comprender mucho mejor, pero sí creo que logro identificar, al menos, muchas de las cosas que no entiendo.”  En una edición muy cuidada, con fotos del autor bien seleccionadas, De Ory repasa la vida en Japón desde la frialdad de las cifras y los negocios, hasta la calidez de las estaciones; de la Cultura con mayúscula (pintura, cine, literatura) a la cultura con minúscula, los placeres de la Sakura, los días perfectos de la floración de los cerezos. Japón es un libro para leer poco a poco. Como lo haría Hirayama. 


Sugerencias japonesas

Montarse un ciclo de películas de Yasujiro Ozu a medida. Si están en Barcelona, en el Cine Verdi están proyectando un ciclo Ozu que durará hasta el mes de agosto; si no estén en Barcelona, en Filmin hay una gran selección de sus películas.

Leer a Murakami, todo Murakami, pero en especial la que para mí es su obra maestra, los tres libros de 1Q84.

Como guinda, releer a Cortázar, los cuentos, sobre todo Las babas del diablo que inspiró Blow up, pero especialmente Los autonautas de la cosmopista, un libro que no sé porque me venía a la memoria constantemente mientras veía Pefect Days.

 El regalo de esta semana es un cerezo en flor que le gustaría mucho a Hirayama.