sábado, 29 de noviembre de 2025

LE (S) DOLIA EL MUNDO

 

Coinciden esta semana tres estrenos que tienen en común una cosa muy importante: mostrar el dolor y el placer de la creación musical. No se parecen en nada, no se pueden comparar, pero desprenden una especie de halo que las hermana. Y otra cosa, ninguna es un biopic.

 


Blue Moon, Richard Linklater

Blue Moon es una de esas canciones eternas, que nunca pasan de moda, que se tararean, sin darte cuenta. Nunca me ha preocupado saber quién escribe o compone las canciones, mi ignorancia en ese terreno es enorme. Pero ahora sé quién escribió y quién compuso Blue Moon. Lo sé gracias a Richard Linklater y Ethan Hawke, director y actor de Blue Moon, un film que es la antítesis del biopic, una aproximación al alma y al personaje de Lorenz  Hart, este hombre bajito, inteligente, alcohólico y solitario. Blue Moon es una canción  escrita en 1934 por Lorenz Hart, con música de Richard Rodgers, una de las más de 1000 que compusieron juntos en musicales históricos. Hart y Rodgers trabajaron juntos durante 28 años, hasta la noche en que se estrenaba en Broadway Oklahoma!, el primer musical que Rodgers escribía con Oscar Hammerstein II, el primero que no hacía con Hart. Esa noche se  rompió una amistad, una colaboración y un corazón. Una secuencia nocturna en la que  vemos morir a un hombre en la calle, da paso a un letrero, “Siete meses antes, el 31 de marzo de 1943”. Hart está en el teatro en el estreno de Oklahoma! Asqueado de la cursilería que ve y escucha, Lorenz Hart se marcha y busca refugio en el mítico Sardi’s de Broadway. A partir de ese momento acompañamos a Hart durante la hora y media que pasa en ese bar donde comparte barra con un camarero que es más que un barman, evoca los amores gais de Casablanca, suspira por la hermosa Elisabeth y monologa tanto consigo mismo como con los distintos personajes que se cruzan con  él en ese espacio, en ese tiempo. Y tú, sentada en tu butaca, sientes que te gustaría estar ahí, a su lado, escucharle, consolarlo, cantar su canción aunque a él no le guste. Sientes que en ese bar y en esa hora y media, estás asistiendo a un doloroso proceso de destrucción, lleno de tristeza y de  melancolía, de alcohol y, porque no, de humor. No sé si Blue Moon es una película para todo el mundo, pero sí sé que a mí me ha llegado a lo más profundo.

 


Flores para Antonio, Isaki Lacuesta y Elena Molina

Tampoco este es un biopic, ni nada parecido. Flores para Antonio es un ajuste, no de cuentas, pero sí de memoria, que Alba Flores se debía a si misma para entender al que fuera su padre, Antonio Flores. De la mano de sus tías, Lolita y Rosario y con las presencias intangibles, pero sentidas de Antonio, La  Faraona y El Pescadilla, Alba se sumerge en sus recuerdos y poco a poco va descubriendo quién era su padre para ella, pero también para el público que lo convirtió en un icono de la transición. Isaki Lacuesta y Elena Molina tuvieron acceso a imágenes familiares inéditas, nunca vistas, de la infancia y la adolescencia de los Flores. A eso se sumaba la voz y la persona de Alba, que desde su edad adulta, parece que les guía por ese laberinto, cuando en realidad ella está guiada por alguien invisible que la coge de la mano con emoción y alegría, con dolor y reconciliación. Antonio tenía 33 años cuando murió en 1995, tan solo catorce días después de la muerte de su madre, Lola Flores. Su hija Alba tenía nueve años. Su muerte dejó un vacío enorme que la  niña no supo comprender. Alba creció en medio de silencios voluntarios y medias verdades, de leyendas y recuerdos borrados. Hasta que encontró la fuerzas y la seguridad para hacer las preguntas que nunca había hecho. Preguntas que desencadenan un torrente de emociones contrastadas entre las personas que lo conocieron. Todo comienza con la idea de un concierto homenaje a Antonio impulsado por Ana Villa, su mujer y madre de Alba. El encargo de hacer un film sobre ese concierto se fue convirtiendo en manos de Isaki, Elena y Alba en algo mucho más personal, más íntimo, más verdadero. Más profundo y humano.

 


Ruido, Ingride Santos

Aquí estamos ante un dolor distinto, pero igualmente intenso de una persona que vive por su música, para su música. No es un biopic, imposible hacerlo cuando la figura retratada es la protagonista, ni es un documental, no es la vida de Latifa Drade La Tiniebla, la que vemos en pantalla. Pero si es un retrato del proceso de creación musical con todo lo que eso acarrea de emoción y de salvación. Estamos muy lejos de Broadway, pero no tan lejos de la música urbana de Antonio. Ruido es un film que habla de Rap, que habla de las Batallas de Gallos entre raperos, del espectáculo del Freestyle urbano. Un mundo que en Barcelona, y supongo en otras ciudades españolas, existe mucho más allá del centro de la ciudad, en los barrios periféricos, en los suburbios donde florece la rabia de sus letras crueles, violentas, oscuras, llenas de una extraña poesía. No hace falta que te guste el rap  para disfrutar de esta película irregular y valiente que se ofrece como una “barra” de la que tirar para contar un rap con imágenes. Primera película de Ingride Santos, Ruido es lo que es gracias a la presencia de Latifa Drade, una rapera de Barcelona, tan transgresora en sus letras como en su propia personalidad. Lati, en la película, es una adolescente africana que acaba de perder a su padre. Criada en una familia musulmana muy tradicional, Latifa canaliza su rabia y su tristeza en las letras que improvisa casi sin darse cuenta. A través de la lucha de La Tiniebla por triunfar en ese terreno tan violentamente masculino, el film roza tema candentes: el racismo, el peso de la religión, el machismo, la gordofobia y lo hace sin cargar las tintas, dejándole a Lati un resquicio para encontrar luz entre sus tinieblas.

“Le dolía el mundo” dice Rosario de su hermano Antonio, también lo podemos decir de Lorenz Hart y hasta cierto punto de La Tiniebla. Aunque, por suerte, para ella (y para Latifa Drade) ella aun tiene posibilidad de escapar a ese dolor.

El regalo de esta semana son flores, para Antonio, para Lorenz Hart, para La Tiniebla.



sábado, 22 de noviembre de 2025

INSTANTES

 Instante. Porción brevísima de tiempo (del diccionario)

Un instante es algo que pasa muy rápido, en un instante puede cambiar todo. Esta semana hay tres instantes que me interesan.

 

                                    (el instante que da título al libro y a la serie)

Anatomía de un instante, Alberto Rodríguez. Serie Movistar

Anatomía de un instante es el título de un ensayo novelado de Javier Cercas publicado en el 2009. No lo he leído, aunque si viví en directo el instante que el escritor disecciona en su sala de forense de la historia. El instante al que se refiere Cercas, es ese preciso momento en que el teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero gritó, “Al suelo todo el mundo”, al entrar en Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981. En ese instante, solo tres diputados quedaron de pie: Adolfo Suárez, aun presidente de gobierno, Gutiérrez Mellado, capitán general y vicepresidente del gobierno y Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España. Ese instante en el que se nos congeló el alma pensando que volvíamos al pasado, que la transición y la incipiente democracia habían llegado a su último instante.  Partiendo del texto de Cercas, Fran Araujo y Rafael Cobos han escrito un guión modélico que Alberto Rodríguez ha convertido en una de las mejores series políticas que se han hecho en España. Son cuatro capítulos que llegan al mismo instante, pero cada uno de ellos acompaña a un personaje en su deriva política hacia su destino en la construcción de un nuevo país. Adolfo Suárez es el primero, Un falangista de provincias; Santiago Carrillo es el segundo, Un revolucionario frente al golpe; Gutiérrez Mellado es el tercero, Un golpista frente al golpe. El último capítulo, Todos los golpes del golpe, es donde Cercas, y la serie, exponen su teoría que implicaba en el golpe al general Armada y la narración desde el punto de vista de Tejero, Milans del Bosch y el propio Armada. Si se vivió aquel instante, o conjunto de instantes, la serie sirve de recordatorio y de memoria colectiva. Si no se vivieron, la serie es una excelente lección de historia para sopesar los peligros que acechan a una frágil democracia. Como producto cinematográfico es excelente, como producto político es necesaria. Y no he dicho nada de los intérpretes perfectamente mimetizados con sus personajes y no solo por el maquillaje. Una serie imprescindible.

 

                                (el instante más importante de Jaime Chávarri)

El último arrebato, Marta Medina y Enrique López Lavigne

Un arrebato sucede en un instante. En un instante se puede desaparecer de la imagen. La pantalla en blanco. Un instante le bastó a Iván Zulueta para dejar el misterio abierto en su legendario film Arrebato, de 1979. Desde que se estrenó y fracasó, Arrebato no ha dejado de arrebatar a distintas generaciones de cineastas que siguen descubriendo y sintiendo el vértigo de ese instante de lucidez y de pérdida. Los últimos en dejarse arrebatar por Arrebato han sido Marta Medina y Enrique López Lavigne, una crítica de cine y un productor, que han unido sus fuerzas para indagar en las imágenes del film de Zulueta de la mano de Jaime Chávarri, colega y amigo de Iván y de Virginia Montenegro, amiga y guardiana de la memoria del director vasco. Lo que han hecho con el material que han ido recopilando a lo largo de tres años, es un film nuevo en el que resuena el arrebato primigenio. Una relectura y un homenaje, una investigación y un viaje. La imagen en blanco que lleva en un instante a la desaparición de Wilmore, el cineasta iluminado que manda films en Súper 8 a  José Sirgado, el director arrebatado que también desaparece, se prolonga en la propia (semi) desaparición del propio Zulueta y en la desaparición en un instante de los dos nuevos directores victimas también del arrebato. Esperemos que esa desaparición de la pantalla no lo sea de la realidad, porque necesitamos más trabajos (¿documentales, experimentos, ensayos?) como éste último arrebato que es justo ver en un programa doble con el arrebato original. Cuando vi la película en San Sebastián escribí en el blog. “El que no se dejé arrebatar por Arrebato, no entenderá el arrebato de este arrebato que seguramente no será el último porque Arrebato seguirá arrebatando a los que sientan que el cine es arrebato. Película maldita que sigue chupando los fotogramas de los arrebatados. (Perdón por ser un poco arrebatada)”

 

                        (el instante en el que el capitán Anderson recupera la cordura)

Frankenstein, Guillermo del Toro, Netflix

Creo que no hay muchas dudas cual es el instante de esta historia: es el instante en el que la criatura recibe el don de la vida. Un instante mágico, terrible, telúrico. El cine se ha acercado a ese instante muchas veces, siempre reflejando su tiempo tanto en los avances técnicos como en las dudas existenciales. Todas las películas cuentan la legendaria historia que escribió Mary Shelley en 1816, una noche de tormenta cerca de Ginebra. Pero no todas tienen el aliento romántico y metafísico, espiritual y científico del relato original. Como ejemplo, las tres versiones de cine que existen: en 1931, coincidiendo con el centenario de la primera publicación del libro en 1831, se estrena el primer Frankenstein, el de James Whale y Boris Karloff, un producto de su tiempo con  un médico que quería dominar la vida y el mundo (Mabuse estaba ya acechando) y una criatura que era incapaz de controlar su fuerza y sus sentimientos. En los años 70, concretamente en 1974, época de hippies, contrarrevoluciones, libertad y cuestionamiento de las ideas que parecían inmutables, surge el irreverente y grotesco El jovencito Frankenstein de Mel Brooks. Veinte años después, en 1994, Frankenstein de Mary Shelley de Kenneth Branagh, devuelve al cine el aroma de la novela original, incorporado un personaje que dejará huella, el profesor Waldman. El Frankenstein de Branagh es una obra clásica que quiere ser romántica en un tiempo que no aceptaba romanticismos. Con estos tres modelos en la cabeza, bueno el de Mel Brooks probablemente menos, pero los otros dos seguro, Guillermo del Toro ha hecho realidad uno de sus sueños: su Frankenstein, un Frankenstein del siglo XXI, lleno de rabia y de ira, un investigador que necesita el dinero para avanzar, pero el dinero nunca es inocente, y Víctor pagará su arrogancia. Tomando personajes de uno y de otro film de sus predecesores, Guillermo busca la inspiración en el relato original y crea un Frankenstein tan del siglo XIX como del XXI. Hermoso, doloroso, su film se divide en dos partes. La primera es el relato de Víctor Frankenstein, la segunda es el relato de la Criatura. Entre uno y otro, el instante en que Víctor logra dar vida a la Criatura. Al final de la película uno se pregunta, como lo hace Guillermo y supongo que la novela (hace mucho que la leí), quién es el auténtico monstruo. La respuesta la escoge cada uno.

 El regalo de esta semana es un cuadro hecho de instantes


viernes, 14 de noviembre de 2025


Los colores del tiempo es el título de una película de Cédric Klapisch, pero también puede ser una buena forma de hablar de la exposición que acaba de inaugurar Ramon Herreros en una galería de Barcelona. Los colores del tiempo son los de los once cuadros expuestos que recorren su trayectoria de más de cuarenta años.

 


La tierra está desierta y vacía. Exposición Ramon Herreros.

Ramon vuelve a exponer en una galería después de muchos años. Es una gran noticia. La exposición se inauguró el 14 de noviembre y estará abierta hasta el 14 de marzo. Es una exposición pequeña pero muy cuidada. Como pequeña y cuidada es la galería en la que se expone. El Principal de Còrsega, dirigida por Sònia Villegas. Una galería en un piso que se puede visitar siempre con cita previa. Por lo visto es así como funcionan las galerías europeas ahora. Y no me parece mal. Es una forma de devolver algo de la sacralidad de las obras, de verlas de otra manera. No consumirlas, disfrutarlas. Y en estas once obras de Ramon que van de 1989 al 2013, algunas conocidas, otras  poco vistas, se puede disfrutar de los colores del tiempo. La exposición toma su título de uno de los cuadros más misteriosos y fascinantes de Ramon: La tierra está desierta y vacía. Una mujer duerme y sueña. Un cuadro figurativo que parece abstracto; una abstracción hecha figura. El texto del catálogo que Sònia Villegas me pidió escribir, se acaba con estas palabras: “Esta no es una exposición antológica ni lo pretende, pero si es una exposición que devuelve al público los muchos Ramon Herreros que ha habido en estos cuarenta años. Los que le conocen, le reconocerán, los que lo descubran por primera vez, puede que no lo olviden.” Llevo muchos años  regalando cuadros y dibujos de Ramon en este blog. Esta es una buena ocasión para que los que quieran puedan verlos de verdad.

Para visitar la exposición hay que concertar cita con Sònia Villegas. Su contacto está en la web https://elprincipaldecorsega.com/es/


Los colores del tiempo, Cédric Klapisch

También va de pintura y de cuadros esta bonita película en la que dialogan dos tiempos: el presente de ahora mismo y el pasado de finales del XIX. El nexo de unión es la pintura de Claude Monet. Con tan solo una secuencia, Klapisch muestra la falta de respeto y de sensibilidad que hay en este presente tan poco ilustrado: frente a los maravillosos cuadros de los nenúfares que hay en el Museo Marmottan Monet de París se está filmando un reportaje de moda. Uno de los estilistas sugiere que el color del vestido y el del fondo no pegan, habría que cambiarlo digitalmente. “¿El del vestido?” pregunta el realizador. “No, no, el del cuadro” afirma con total tranquilidad el estilista. Me he detenido en esta secuencia, que por otra parte es la primera de la película, porque me hizo daño comprender hasta qué punto se ha perdido la sensibilidad y el gusto por las obras de arte, por la belleza, por la creación. A partir de aquí, la película se va por otros caminos siguiendo en paralelo a Adèle, una joven normanda que llega a París en 1895 donde conoce a un pintor y a un fotógrafo; y cuatro de sus descendientes que en el 2025 intentan averiguar quién fue esa tatarabuela que les ha dejado en herencia una casa y sus tesoros. Hay una frase en la película que me gusta mucho. Uno de los herederos de Adèle, el más joven, confiesa a su abuelo que está muy contento de haber participado en esa búsqueda porque “siempre he estado mirando hacia adelante y me ha hecho bien mirar hacia atrás.” Sin quererlo, sin aspavientos intelectuales, Klapisch resume en esa frase tan sencilla lo importante que es mirar el pasado para entender el presente y sobre todo para encarar el futuro. Los colores del tiempo es una película bonita, alegre, optimista. Feliz y libre.  Klapisch sigue siendo un maestro de los films corales, en los que siempre hay algún solista que acaba por robar la película: Suzanne Lindon en el pasado, Vincent Macaigne en el presente. No es fácil ir a Paris a ver los Monet en persona, pero si es fácil deleitarse con ellos en Internet. No es lo mismo, ya lo sé, pero sirve para evocarlos.

Esta semana el regalo es otro de los misteriosos cuadros que se pueden ver en la exposición de Ramon: La cazadora de rocas.



 

 

 

 

 

 

Una mañana de finales de junio me llegó un mail. Sònia Villegas estaba preparando una exposición de Ramon Herreros, la primera en mucho tiempo. Hacía pocos días que había estado en el estudio escogiendo los cuadros con él. Una amiga y yo les ayudábamos a moverlos, escuchando porqué un cuadro sí y porqué otro no. El mail era de ella. Me proponía escribir el texto del catálogo que se iba a hacer. Mi primera reacción fue de sorpresa, luego de duda. Se lo comenté a Ramon y él me dijo que si me apetecía, lo hiciera. En los más de cuarenta años que lleva Ramon exponiendo nunca nadie me había pedido un texto. A mí me parecía lógico, estoy demasiado cerca de su obra y de él mismo. Pero eso era precisamente lo que había llevado a Sònia a pensar en mí. Al final acepté.

 

Los once cuadros que se presentan en El Principal de Còrsega están seleccionados con mucho cuidado para mostrar la evolución de una pintura que pasó de la abstracción a la figuración, sin dejar de ser reconocible y personal.  El más antiguo es de 1989, una abstracción donde aletea ya el deseo de la figuración en esa hoja negra que flota en la parte de arriba. Hay otro cuadro abstracto, de 1992; es una de las piezas de El axioma de María, título sugerente de una serie presentada en la Galería Maeght de Barcelona en 1992.

 

Dos pinturas de los años 90 representan el salto de la abstracción a la figuración. Son dos obras figurativas, pero en absoluto naturalistas. La espera-1, de 1995, muestra a una mujer sentada en el vacío leyendo un libro. Dos colores dominan el cuadro, los tonos grises del fondo sobre el que destaca iluminada la figura que espera.  La tierra está desierta y vacía, de 1997, es para mí una de las piezas más importantes de la obra de Ramon. La mujer dormida que sueña, cubierta de un manto del color de la tierra con una palmera sobre un fondo azul, es uno de los cuadros más misteriosos y fascinantes de Ramon.

 

La ofrenda de Turín IV, con fecha de2001, es una de sus obras más serenas. No te cansarías nunca de ver a ese perro dormido a los pies de una mujer sentada y tranquila. En cambio, los dos cuadros que llevan el nombre de Alicia, de 2002-2003, son retratos valientes de una mujer orgullosa de serlo, una mujer de la que Ramon sabe captar su poder y su fuerza.

 

Si la figuración aleteaba en el primer cuadro, en Constelaciones, de 2004, es la abstracción la que intenta abrirse paso en una combinación mágica entre una granada, la fruta más sagrada, y la constelación de Orión, brillante en el cielo nocturno de la primavera. Magia, misterio, algo sagrado es lo que vemos, desde su título, en La cazadora de rocas, de 2003-2004, un cuadro físico, tangible, donde la sensualidad y humanidad de la modelo se apoyan en la solidez estructural de una roca.

 

Las dos últimas pinturas escogidas para esta exposición son de los años 2011 y 2013. Son cuadros arquitectónicos. Monasterio de Leyre invita a hablar en silencio y cobijarse bajo el árbol negro, quien sabe si escuchando un lejano canto gregoriano. El árbol filosófico reúne la forma cuadrada de un edificio y la forma orgánica de un árbol seco; la conjunción justifica plenamente el nombre del cuadro.

 

No soy crítica de arte, por eso mi aproximación a la pintura es emocional, sentimental incluso. Agradezco mucho a Sònia que haya escogido estos cuadros y le agradezco mucho también que me haya dado la oportunidad de compartir pensamientos que hasta ahora solo guardaba para mí. Esta no es una exposición antológica ni lo pretende, pero si es una exposición que devuelve al público los muchos Ramon Herreros que ha habido en estos cuarenta años. Los que le conocen le reconocerán, los que lo descubran por primera vez, puede que no lo olviden.

 

 

Nuria Vidal, agosto de 2025

 

 

sábado, 8 de noviembre de 2025

UN AMIGO, UN PARQUE

 


Un amigo: Hilari M. Pellicer

 A veces encuentras amigos donde menos te lo esperas. Nada nos permitía pensar hace poco más de veinte años, que el informático donde comprábamos los cartuchos para la impresora se iba a convertir en un amigo, y algo más, en un aliado. Hilari era informático, pero tenía una curiosidad infinita y unas enormes ganas de aprender y de hacer. Fue eso lo que le llevó a querer conocer la obra de ese pintor, Ramon Herreros, que iba a su tienda regularmente. Le gustaron tanto sus cuadros, que acabó consiguiendo uno: un gran árbol. Poco después, Hilari dejó la tienda, quería hacer cine, quería escribir, quería crear. Y lo consiguió. Fue el gran árbol que estaba en su casa lo que le llevó a pensar en hacer un documental con Ramon, sobre Ramon. Una idea descabellada que él hizo realidad en una pieza que se llama Stupor Mundi, una película que es memoria de una época, el año 2011, un lugar, el estudio de Ramon en la calle Coímbra, una obra, un cuadro que nace en paralelo a la filmación. Pero sobre todo un documento de una amistad  entre Ramon y él, entre los amigos y los cuadros. Stupor Mundi nos acercó mucho. Lo presentamos en el estudio en una sesión memorable y más tarde, en el cine Girona y en la Seminici. Stupor Mundi sigue estando disponible en Filmin. Verlo ahora es recuperar un poco a Hilari, el narrador, el motor, el que busca un árbol y encuentra un amigo. Hilari ya no paró. Pasolini fue su siguiente objetivo: Pasolini y Barcelona. Lector insaciable, viajero siempre con un motivo, orgulloso mitómano de sus propios mitos. Lo veíamos mucho, a él y a Laura y a su hijo Sergi. Hasta que llegó la pandemia, maldita pandemia que trajo entre sus funestas consecuencias la de alejarnos unos de otros. Seguimos en contacto, eso sí, ya fuera en su casa de Alella, ya fuera en Barcelona, él seguía con proyectos y con ideas. Pero hace poco más de un año que la maldita enfermedad lo acabó de aislar de todos. Ramon hablaba con él, yo le mandaba mails, pero ya no lo veíamos. Hilari aguantó mucho, sus ganas de vivir y de hacer le daban fuerzas, hasta que no pudo más. Con él muere un amigo y una parte de nuestra vida, la que está ligada a Stupor Mundi. Un estupor del mundo ante la injusticia de que alguien con tantas ganas de vivir, con tantos proyectos, con tanta energía, ya no pueda hacerlos. Por suerte nos queda el documental y en documental su voz. Gracias Hilari.

 


Se estrenan 14 películas esta semana, a eso hay que añadir las cinco de la saga Crepúsculo que se reestrenan, no sé bien porqué. De todas ellas me quedo con una, una tragicomedia de amor y de bancos que me ha regalado dos horas de felicidad (a pesar de su melancolía).

 


Siempre es invierno, David Trueba

Cuando era pequeña en México no había parques, bueno no los había en mi vida. El parque de Chapultepec era un inmenso bosque lleno de peligros y la idea de ir al parque, no existía en mi pequeño mundo. Cuando llegué a España descubrí, entre otras muchas cosas, los parques, el parque. Mi instituto estaba en medio del Parque de la Ciudadela donde aprendí a pasear y sentarme en un banco tomando el sol. Desde entonces, me he convertido en una parqueadicta, cerca de casa hay varios parques muy bonitos para pasear, sentarse a leer, observar la gente, mirar el horizonte, o no hacer nada. No hacer nada durante tres minutos es una de las grandes ideas de esta película. Un banco (me encantan los bancos en la calle, en los parques, donde sea) y un reloj de arena que dura tres minutos, es la invitación que nos hace Miguel, el protagonista de esta melancólica comedia que empieza en enero en Lieja (Bélgica) y acaba en diciembre en Mallorca. Siempre en invierno porque es en invierno cuando Miguel, el arquitecto paisajista que adora los bancos, vive sus dos rayos, dos Blitz, titulo de la novela de Trueba escritor que Trueba director ha convertido en película. Invierno de ruptura y de renacimiento en brazos de una mujer invernal y cálida como una manta amorosa, invierno de decisiones que transforman tu vida. Siempre es invierno es una película tranquila que invita a pasear de la mano de este Miguel desnortado al que David Verdaguer le da una autenticidad inesperada. Cuando sales de verla, lo primero que te apetece es buscar un parque, un banco, y sentarte con la mente en blanco. O llena de este film, una de las más bonitas historias de amor.

El regalo de esta semana es un banco que Ramon ha dibujado, un regalo especial para Hilari y para David.



 

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

PERDEDORES

 

Los perdedores dan mucho juego en la literatura y en el cine. A las desgracias le sienta bien la ficción. Sobre todo cuando se las busca uno mismo.  El cine de perdedores tiene títulos gloriosos. No sé si los tres de esta semana se pueden calificar de gloriosos, pero en todo caso, son dos buenas películas y una serie excelente, que tienen en común un hecho trascendental: robar es relativamente fácil; qué hacer con lo que se roba es lo realmente difícil.

Los Tigres,  Alberto Rodríguez

Todo el cine de Alberto Rodríguez es un cine de perdedores que revisa y transforma los géneros. Le dio la vuelta al cine de quinquis con 7 vírgenes; en Grupo7, trazó el retrato de unos policías corruptos; La isla mínima fue, con su estética y la sequedad de su historia de sórdidos crímenes, un punto y aparte; El hombre de las mil caras era cine político con sello español; Modelo 77 renovaba el cine carcelario. Es una constante en su cine coger un género muy codificado y transmutarlo con una mirada personal que lo identifica. En Los Tigres, lo vuelve a hacer, en este caso, con el cine de aventuras en el mar en su variante submarinistas. ¿Por qué se llama Los Tigres una historia de buzos? La película lo cuenta muy bien y además hace un homenaje a un género literario con mala prensa y que, quizás, valdría la pena revisar. Los Tigres convierte la pareja Antonio de la Torre, Bárbara Lennie en un duelo de hermanos. Duelo con mayúscula por la muerte de un padre al que no querían, pero les inculcó el amor al fondo del mar; duelo con minúscula en sus interpretaciones, sus miradas cómplices, la ternura de su relación, sus silencios que hablan por sí solos. Antonio y Estrella se complementan: él es buzo, como su padre, ella es su asistente en la barcaza. También buceaba, pero una lesión en el oído la ha retirado del fondo del mar. Ella es sensata, inteligente, él es osado y un desastre. Cuando su vida más o menos tranquila se ve amenazada (hay muchos tipos de amenazas y la enfermedad es una muy potente), Antonio toma un camino equivocado robando un alijo de drogas, y aunque Estrella le advierte de lo que puede pasar, ambos hermanos se ven envueltos en una historia que los supera. Todo esto ambientado en un paisaje industrial, de plantas petrolíferas, barcos cargueros, filmado de forma espectacular por Pau Esteve. Un mundo contaminado por dentro y por fuera, en la superficie y en el fondo. Un mundo para el que el Tigre no está preparado.

 


The Mastermind, Kelly Reichartd

Hay dos cosas que tienen en común Alberto Rodríguez y Kelly Reichardt, los dos hacen un cine de perdedores, a los dos les gusta revisitar los géneros. Los resultados no tiene  nada que ver, Alberto es espectacular en su puesta en escena, Kelly es intimista y concentrada. Hasta ahora, la directora americana había revisitado el western, las road movies, el cine de aventuras o el thriller político, siempre desde su personal punto de vista centrado en personajes más cerca del común que de lo extraordinario. En su último trabajo este The Mastermind que ahora se estrena, sigue esta línea revisando el cine de atracos. Reichardt no hará nunca una película de acción, su ladrón de cuadros es un hombre taciturno, invisible, aburrido, que organiza un robo en un pequeño museo a plena luz del día, un robo que sale bien. El problema surge cuando tenga que hacer algo con esos cuadros. No es tan fácil convertir un botín como ese en dinero. Y ahí Kelly introduce un giro que hace que toda la película cambie. El punto de inflexión es una larga secuencia en la que JB Mooney esconde los cuadros robados en un granero. Filmada en tiempo real, esta secuencia es una de las mejores del cine de Reichardt. Igual que Hitchcock mostraba que no era nada fácil matar a una persona en una secuencia antológica de Cortina rasgada, Kelly Reichardt nos enseña que esconder los cuatro cuadros robados no es nada sencillo. Muy lejos del universo Soderbergh,  la película roza el universo Schrader y por alusiones, el universo Bresson. La segunda parte del film, sigue a JB en su huida hacia adelante, solo, perdido en un mundo que le cierra las puertas. Un mundo que acabará por engullirlo. Porque como el Tigre, JB no está preparado para enfrentarse a él.

 


Task, Brad Ingelsby serie de Max

Seguimos entre perdedores, seguimos entre personajes invisibles, seres sin historia, sin épica. Pero seres con dignidad. Esta serie de siete capítulos es una de las mejores que se pueden ver estos días en las plataformas. Tiene dos protagonistas. Tom, (Mark Ruffalo), oficial del FBI antiguo sacerdote católico, que carga con una culpa tremenda, es el encargado de dar caza a una banda de atracadores de casas de narcotraficantes; Robbie (Tom Pelphrey), ladrón de poca monta, empeñado en una venganza contra un clan de moteros que trafican con droga, responsables de la muerte de su hermano, se verá envuelto en un robo mucho más grande de lo que puede asumir. Igual que JB no sabía qué hacer con los cuadros, ni el Tigre que hacer con la droga robada, tampoco Robbie sabe qué hacer con esos once kilos de fentanilo que le queman en las manos. La vida de estos dos hombres buenos, aunque sumidos en un marasmo emocional y violento, acabará por encontrarse en un episodio ejemplar. Más de pensamiento que de acción, Task es casi cine metafísico. La huella de Schrader también se siente en el dibujo de estos dos personajes atormentados por sus demonios.  Que Task sea una serie tan perfecta sorprende menos cuando sabemos que su creador, Brad IngelsbyMare of EasttownMare of EasttownMare of Easttown, es el responsable de la magnífica Mare of Eastown. 

El regalo de esta semana es un cuadro que tiene muchos años, pero me gusta. 



sábado, 25 de octubre de 2025

CÍRCULOS

Me gustan las películas que no son previsibles, las que parece que irán por un sitio y giran hacia otro. Me gustan las películas circulares, las que empiezan en un lugar y acaban en el mismo lugar, pero en el transcurso del viaje, sus protagonistas han cambiado por completo. Me gustan las películas que no tienen que demostrar que son modernas con encuadres absurdos, movimientos de cámara incomprensibles o cualquier otro recurso formal, generalmente gratuito. El cine es una historia en imágenes. Saber encontrar que imágenes son las mejores para contar la historia es lo que hace un buen director. Todo esto viene a cuento de las dos películas de esta semana. Una es un estreno del viernes, Los domingos; la otra se estrenó hace ya algunas semanas, Maspalomas. Las dos estuvieron en San Sebastián, las dos volvieron con premios.

 


Los domingos, Alauda Ruiz de Azúa

Después de todo lo que se ha escrito y dicho de esta película, creo que no hay nadie que no sepa que va de una chica de 17 años que quiere ser monja. Es una lástima que se haya contado tanto, porque se pierde el factor, imprevisible, que tiene el film cuando se ve por primera vez sin saber nada de la película. La primera secuencia nos presenta un grupo de chicas, en el dormitorio de lo que podría ser un internado. Es de noche y se han reunido allí para charlar, reírse y romper el reglamento. No sabemos quién son, ni donde están. Lo averiguaremos enseguida, están en un convento el último día de un retiro espiritual. Primer giro de guión. Cuando nos quedamos con Ainara, descubrimos poco a poco quién es esta chica de rasgos suaves y mirada limpia, su entorno, sus deseos, sus amigos, su familia. Entonces, ¿va de un coming of age de Ainara en un momento decisivo de su formación? Sí y no. Porque ahí el guión vuelve a descolocarnos con una secuencia tan extraña como espiritual, tan mágica como física. Ya estamos instalados en el hueso de la historia. Ainara quiere ser monja. Su padre no lo entiende, pero se ve incapaz de impedírselo, sus amigos confían en ella. Solo su tía Maite, la más racional, se opone rotundamente. Y fracasa. No porque Ainara triunfe (yo no estoy segura que sea un triunfo su decisión) pero si porque no sabe encontrar el camino para darle a su sobrina herramientas e ideas que contrarresten lo que ella llama su vocación. Alauda hace un film de una belleza austera, de tonos ocres, de cantos corales. Una película que bebe en Bresson para la sobriedad y desnudez de su puesta en escena y en Rossellini para el humanismo espiritual de su personaje. Los domingos suelen ser días con mala prensa, aburridos, familiares, con compromisos. Es el día de la semana que hay que llenar con algo y ese algo no siempre es algo que nos guste o nos interese. Yo he escogido los domingos para publicar este blog. Es mi manera de decir que los domingos se puede hacer lo que se quiera. Como Ainara.

 


Maspalomas, José Mari Goenaga, Aitor Arregui

Maspalomas se estrenó en el Festival de Donosti y allí ganó la Concha de Plata al Mejor Intérprete para José Ramón Soroiz. En Sanse no la vi, tampoco en su estreno hace casi un mes. Pero la he recuperado hace un par de días y he comprendido porque gusta tanto. La primera secuencia nos descoloca, una playa, hombres desnudos, encuentros fortuitos en la maleza, la atmósfera de El desconocido del lago. Solo que este no es un desconocido, Vicente es un hombre mayor, un homosexual de la tercera edad. Los primeros minutos de la película transcurren en Maspalomas, el paraíso gay, la orgía de los cuerpos desnudos y libres. Vale, va de eso. Pues no. Porque la historia da un giro inesperado y entramos en otra película. Vicente, el viejo gay de Maspalomas, ya no está en paraíso de la playa y los hombres desnudos, está en el infierno de la enfermedad y el encierro. Pero esta no es una película pesimista o victimista o triste, porque aquí, en este viejo/nuevo mundo donde Vicente oculta su condición de homosexual, encontrará algo que nunca había tenido: amigos, sobre todo un amigo, y se dará cuenta de que también puede tener relaciones con hombres que no pasen por el sexo. Con esto la película ya habría cumplido una función, pero aun dará un nuevo giro que llevará a Vicente a acabar en Maspalomas otra vez. Pero ni él, ni el mundo, es ya el mismo. Lo mejor del film de los directores de la preciosa Loreak, es que a pesar de mostrar espacios y situaciones duras, nunca caen en la sordidez o el envilecimiento. El film es brutalmente luminoso en Maspalomas, y suavemente luminoso cuando acompaña a Vicente en su encierro. Incluso se permiten crear el personaje de Xanti, el contrapunto perfecto para que Vicente encuentre el camino de la reconciliación. Una lección de dignidad.

(Esta semana se estrena Frankenstein de Guillermo del Toro. No he podido verla, cuando se estrene en Netflix hablaré de ella. Aprovecho para recodar que Un fantasma en la batalla, de Agustín Díaz Yanes y Una casa llena de dinamita, de Kathryn Bigelow, ya están en la plataforma de la N).

El regalo de esta semana es un cuadro que me gusta mucho. Una abadía en la que Ainara sería feliz.



 

 

sábado, 18 de octubre de 2025

LIMPIAR

 


Un simple accidente, Jafar Panahi

Siempre he pensado que el humor y la ironía son herramientas mucho más eficaces para denunciar situaciones de injusticia y de abuso. El verdugo de Berlanga sigue siendo, sesenta años después, el mejor alegato contra la pena de muerte. Algunos documentales sobre el mismo tema, han caído en el más oscuro de los olvidos. Por eso me gusta mucho el cine de Jafar Panahi. El director iraní nunca es victimista, nunca es revanchista, nunca es acusador y sin embargo deja muy claro que es una víctima, que se venga de sus torturadores con su cine, y que los acusa al ridiculizarlos. Su última película, Un simple accidente, con la que ganó la Palma de Oro en Cannes, es un buen ejemplo de su estilo. Acostumbrado desde hace muchos años a rodar en condiciones muy complicadas, (sin salir de casa, en el interior de un taxi) Panahi aprovecha la posibilidad de rodar en exteriores para hacer una película clandestina entre amigos y con una camioneta como espacio fundamental de la historia. Todo empieza con un simple accidente en un coche donde viajan un hombre, su mujer y su hijo. Cuando el hombre lleva el coche al taller, el encargado le escucha andar y eso despierta en él un recuerdo muy doloroso. Esa es la forma de andar del torturador que casi acaba con su vida. Pero, ¿es el mismo hombre? Ante la duda, decide secuestrarle y buscar a  viejos compañeros de tortura para intentar saber si es o no es su temible y odiado torturador.  Este es el punto de partida de una película que es más berlanguiana que loachiana, con algunos toques de hermanos Marx y mucha ironía. Pero esta ironía y este humor, que provoca incluso la risa, no esconde nunca que estamos hablando de un torturador inhumano al servicio de un régimen más inhumano aún. Lo que sucede en el film y sobre todo en su tercio final, merecen la palma de oro que le otorgaron en Cannes. Berlanga y Azcona la habrían aplaudido.

 


La cena, Manuel Gómez Pereira

Humor, ironía, caricatura incluso, es lo que utiliza Manuel Gómez Pereira en La cena, película que adapta la obra de teatro La cena de los generales de José Luis Alonso de Santos, escrita en 1998 y estrenada diez años mas tarde. Sorprende que no se haya llevado al cine mucho antes esta sátira política que pone en escena una situación grotesca. Dos semanas después de acabada la guerra civil, Franco expresa su deseo de cenar en el Palace con sus generales para celebrar la victoria. Inmediatamente se pone en marcha el operativo cena al mando de un joven teniente superado por los acontecimientos. En primer lugar el hotel es ahora un hospital de campaña. Hay que recolocar a todos los enfermos para habilitar el comedor. En segundo lugar todos los cocineros del Palace están en la cárcel por rojos. Habrá que sacarlos y traerlos en un tiempo récord. Genaro, el exquisito maitre del hotel, está decidido a que la cena sea un éxito, mientras el joven teniente va solventando los problemas que surgen, en especial la presencia autoritaria de un falangista bastante insoportable. Reírse de Franco, del franquismo, de los militares, darles el poder a los cocineros y al maitre y tejer una alianza inesperada con el joven teniente, es el meollo de esta divertida comedia que no quiere ser más que eso: una comedia, pero que acaba siendo algo más, una desmitificación de un momento histórico. Nota aparte merecen los actores: Alberto San Juan está perfecto en su encarnación del maitre, Mario Casas tiene la ingenuidad y animalidad justa para el joven teniente y Asier Etxeandia hace un falangista detestable. Pero para mí el gato al agua, o a la sopa, se lo llevan Elvira Mínguez, una roba escenas indiscutible, la joven Nora Hernández y la borrachina Carmen Balagué. Abstenerse los que buscan películas serias sobre temas serios.

 

EL RINCON DE LA PLATAFORMA

Limpia, Dominga Sotomayor Netflix

Casi tan clandestinamente como el rodaje de Panahi, y sin darle ningún tipo de cobertura, Netflix ha estrenado Limpia, de la chilena Dominga Sotomayor. A veces no entiendo a las plataformas. Venden a los cuatro vientos series y películas insulsas y dejan pasar un film como este. Si la comedia es el mejor medio de ser efectivos en la denuncia de los abusos, el melodrama también es un buen instrumento. En este sentido Limpia es un ejemplo impecable. En el Chile de ahora mismo, una pareja de jóvenes profesionales, ambos blancos y con ideas progresistas, tienen contratada a tiempo completo una criada para todo, Estela, una mujer indígena que se ocupa sobre todo de cuidar a su hija pequeña Julia, para la que ninguno de los dos parece tener tiempo. En esa casa lujosa, se establece muy claramente las clases sociales y los deberes y derechos de cada uno. De todos menos de la niña que lo único que sabe es que no quiere aprender a nadar porque es la mejor forma que encuentra de rebelarse contra sus padres. Tampoco quiere prescindir de Estela, ni siquiera cuando la criada recibe una terrible noticia. Se trata de un film tranquilo, de silencios, de miradas, de escuchas, de emociones contenidas, que funcionan muy bien para desenmascarar entre otras cosas, la doble moral de tantos profesionales que se consideran de izquierdas pero en su vida cotidiana se comportan de una manera muy poco moral. Limpia merecería no pasar desapercibida en medio del marasmo de estrenos en plataformas.

 Hablar de Limpia me ha hecho pensar en un pequeño ciclo de películas de criadas y señores que podría empezar con Diario de una camarera de Luis Buñuel, seguir con Ceremonia sangrienta de Claude Chabrol, Roma, de Alfonso Cuarón, Calladita de Miguel Faus y acabar con la serie La asistenta con Margaret Qualley. 

El regalo de esta semana es una silla bonita, se puede usar como se quiera.