sábado, 28 de marzo de 2020

OFERTAS



(un árbol de Ramon para sentarse a su sombra mentalmente)
Seguimos en el confinamiento, no exactamente el encierro. Para mí, estas dos palabras tienen significados distintos y al mismo tiempo ambiguos y convergentes. Pienso que un encierro implica que alguien o algo (en este caso, uno mismo) no puede salir de algún sitio: una casa, una cárcel. Es un acto individual. Se encierra a las personas de una en una. En cambio, un confinamiento implica que alguien o algo (en este caso la sociedad) te obliga a no salir. Puedes salir, pero no debes salir. El confinamiento es un acto colectivo. Por eso creo que ahora estamos “confinados”, no “encerrados”. Y en este nuevo estadio, los confinados de la era del bicho, tenemos muchas cosas que aprender. Por ejemplo el valor de las distancias. Ayer me dí cuenta de lo lejos que está el metro. En mi vida cotidiana, ir al metro me lleva siete u ocho minutos. Ahora, es una distancia enorme, imposible. Todo es relativo. También me he dado cuenta de otra cosa. Esta pandemia mundial es una cura de humildad para los países ricos que siempre (al menos en mi tiempo de vida) han estado libres de desgracias. Las guerras, las catástrofes naturales, los grandes disturbios, siempre pasaban lejos o en la historia pasada. Quizá esto empezó a ser diferente con el cambio climático. De repente, los huracanes azotaban nuestro paisaje, o las inundaciones o los grandes fuegos. Ahora, nos toca el turno de la distopía que creíamos reducida al mundo de la ficción. Aquí estamos, metidos de lleno en una nueva vida. La única ventaja que seguimos teniendo sobre el resto del mundo, es que, quizás, estemos mejor preparados para afrontar el reto (la sanidad pública nunca será suficientemente aplaudida) que en países menos cuidadosos de sus ciudadanos. Es un rayo de esperanza.
Bueno, ya basta de pensamientos. Aunque estoy un poco saturada de ofertas de todo tipo en la red, esta semana me sumo a la saturación con una variedad de temas que se pueden encontrar desde casa. No se qué pasará cuando volvamos a una cierta vida normal. La gente se (nos) habrá (habremos) acostumbrado a consumir cultura gratis y en casa. ¿Seremos capaces de volver a ir a una sala de cine, a un teatro, a una librería, a un concierto? Espero y confío que si, pero no estoy segura que suceda de forma inmediata. Volveremos a salir a la calle, pero ¿volveremos a consumir cultura pagando?

Mis cuatro recomendaciones (usar a discreción)



Un libro El cine que ens va obrir els ulls, (El cine que nos abrió los ojos), de Jaume Figueras y Gemma Nierga.
Publicado en catalán por Rosa dels Vents, espero que pronto, cuando la vida vuelva a ser la que era o parecida, se haga una traducción al castellano. Este no es exactamente un libro de cine. Es otra cosa. Una conversación de dos amigos que hablan con sinceridad. Dos amigos que se conocen hace mucho tiempo y se acercan al cine de maneras muy distintas, pero convergentes en el hecho de disfrutar de las películas. Las que les abrieron los ojos y muchas mas. Jaume Figueras cuenta con una memoria prodigiosa llena de anécdotas acumuladas en sus más de cincuenta años trabajando en “eso del cine”. La conversación con Gemma está trufada de recuerdos, historias, memoria privada y colectiva. Gemma Nierga, en cambio, se acerca al cine desde una perspectiva más personal, la de simple espectadora que descubre en la pantalla emociones, sentimientos, ideas. El diálogo entre el que “sabe” y la “que no sabe” es muy entretenido. Ninguno de los dos esconde o disimula sus gustos, sus preferencias. Son dos amigos que charlan de cine, como tantos otros hacen cada día. Al final, el libro es una especie de guía sentimental por las vidas de los dos, unas vidas en las que mucha gente puede verse reflejada. No busquen análisis, ni críticas, ni teorías. Solo el placer de recordar y compartir. Una recomendación, el libro tiene muchas ilustraciones, todas bonitas, pero no dejen de leer los pies de fotos, ¡son estupendos! Tal como están las cosas es difícil comprarlo, pero se puede adquirir en formato ebook en la web de la editorial. Aprovecho para recomendar una entrevista con Jaume Figueras que le ha hecho Marta Armengou y que ha publicado en este enlace del programa La Cartellera de BTV



Una serie animada. Simon’s Cat
Simon’ s Cat es una serie inglesa que se puede ver en Youtube. Creada por Simon Tofield, tuvo un primer episodio en 2007. El éxito de Cat Man Do le animó a seguir explorando el mundo gatuno teniendo como modelos los cuatro gatos con los que convive. Él mismo es uno de los personajes de la serie, un pobre humano siempre a merced de un gato con mucha personalidad. Se nota en los episodios que Simon conoce muy bien el comportamiento gatuno y sabe reflejarlo con un dibujo claro, sencillo, limpio, de líneas claras. El mundo del gato de Simon se enriqueció con la llegada de un gatito pequeño que muchas veces consigue robarle la comida y de paso el protagonismo al gato de Simon. Esta es la página web oficial de la serie. https://simonscat.com/ donde están todos los capítulos hasta el último del 14 de febrero pasado. Son episodios divertidos, ligeros, ingeniosos, muy cortos, en blanco y negro, sin palabras, pero con muchos sonidos, realizados todos por el propio Simon que tiene un maullido especial para su gato y otro para su gatito. A los que tienen gatos, les gustará mucho porque reconocerán las cosas que hacen los suyos. Los que no tienen o no les gustan los gatos, pueden disfrutrarla también. Ver a un animal inteligente sacando partido de la tontería humana, es algo que va mas allá del amor a los gatos. En estos tiempos de confinamiento forzoso puede ser un descanso entre trabajo y trabajo o entre peli y serie. Un regalo para una Kitten-Cat pause.
Este es el enlace al primer episodio Cat Man Do


Una película inesperada La máscara de cristal
Está dirigida por Ignacio Guarderas que la ha colgado directamente en una plataforma pública de consumo en abierto. Es un film muy especial. Cine Low Cost, desde luego, es un experimento atractivo. Antes de verla, yo solo sabía que tenía algo que ver con México, lo que a priori ya me gustaba, pero no intuía que podía haber detrás de ese titulo, un film de aventuras, una historia psicoanalítica… Empecé a verla y descubrí que, tras un prólogo desconcertante, la película empieza a girar en una espiral, abriéndose, no cerrándose, en otras historias que no sé si son o no son verdad. La de Rogelio, el adolescente precoz que escribe poesía en un orfanato mexicano; la de Omero, sin hache, que conocemos en dos lenguajes, el hablado y el dibujado; la de director del film intentando sacar adelante una película sobre Rogelio donde se habla de Omero, sin hache. Los tres relatos se van interrelacionando en una especie de making of de la pre producción de una película que nunca existió. Y se va construyendo como se hace con los proyectos para presentar a las subvenciones, ilustrándolo con referencias visuales, las secuencias que aportan no solo un punto de vista, sino un diálogo con el relato; las entrevistas con los posibles informantes, es decir, la documentación del proyecto; el casting de los futuros actores. Ensamblar todo esto no era fácil y no siempre funciona, pero el conjunto hace de La máscara de cristal un producto muy original. Al final, cuando se supone empieza el rodaje en serio de la historia de Rogelio y Oracio, sin hache, me doy cuenta de que me han contado tres historias de familias, todas ellas enmarcadas en el relato de la Penelopesea, un cuento de padre ausente (Ulises) hijo que lo busca (Telémaco) y madre que espera (Penélope). No es el cine habitual, pero precisamente por eso puede ser interesante verlo en estos tiempos tan poco habituales.

Un clásico inmortal: Horizontes de grandeza, de William Wyler.
Un western de la época dorada siempre es un buen refugio para olvidarse de dónde estamos. Desde el rincón de casa, podemos adentrarnos en los grandes horizontes de las praderas del oeste americano. Y ninguno mejor que Horizontes de grandeza, ese Big Country que nos envuelve en sus amplios y vacíos paisajes, donde la tierra se confunde con el cielo. “¿Ha visto usted algo mas grande que ésto?”, le pregunta a Jim McKay, un orgulloso texano. “Si, contesta, Jim, uno o dos océanos”. Para grandeza de verdad la de este hombre educado, inteligente, con sentido del humor, que sabe distinguir entre la verdadera ofensa y la broma estúpida de gente a la que mejor no hacer caso. Que respeta el derecho adquirido, que fomenta la convivencia, que entiende que esa tierra de grandeza es una oportunidad, siempre y cuando se acabe con los Terrils (arrogantes, prepotentes, que se creen superiores a los demás, propietarios de todos los derechos que no reconocen a los que no son de los suyos, es decir los Trump del mundo) y los Hannessys (incultos, brutales, incapaces de reconocer la belleza en nada ni en nadie, inmunes a cualquier sentimiento de compasión o de respeto, es decir los muchos dictadorzuelos que nos acosan). Uno y otro, el viejo Terril y el viejo Hannessy, deberían están condenados a desaparecer. Pero también sus herederos, esa Pat estúpida y gilipollas si me permiten la palabra, ese Buck, carne de fascismos. Pero, además de eso, Horizontes de grandeza es una película bonita, de las que te reconcilian con el cine, con la vida, con la civilización. Grandes horizontes para nuestro pequeño horizonte diario. La interpreta Gregory Peck, Charlton Heston, Carrol Baker y Jean Simmons. Es de 1958 y está en Filmin por si la quieren ver.

sábado, 21 de marzo de 2020

¿QUÉ HACER?



(un cuadro de Ramon para evocar el paisaje)
Me cuesta un poco ponerme a escribir esta entrada. Pero hay algunas cosas que tengo claras antes de hacerlo:
-No quiero hablar de libros, series, o películas sobre epidemias, contagios, distopías que estamos viviendo en directo, ya hay muchas recomendaciones en todas partes de este tipo de historias que yo, personalmente, no quiero consumir ahora mismo.
-No quiero contribuir a la depresión y la tristeza generalizada que se va extendiendo como una mancha de aceite.
-No quiero agobiarme por no poder consumir toda la oferta on line que se ha puesto a mi alcance. Ahora más que nunca, quiero aprender a ser selectiva. Si algo nos puede enseñar este bicho es a vivir de otra manera y mal lo haremos si trasladamos el consumo compulsivo de lo que sea a las redes y el ordenador.
-No quiero perder el contacto con la gente aunque sea distancia. Así que cada día, mando wasaps o mails a distintas personas, no siempre a las mismas, no hay que agobiar, pero sí a unos u a otros. Recordar que estamos aquí, aunque sea cada uno en su cubil.
Escribir este blog también es una manera de estar en contacto con la gente, pero eso no me impide preguntarme ¿De qué voy a hablar esta semana?
Aún no lo sé, por eso intento buscar como encarar esta entrada que escribo el viernes 20, día 5 de confinamiento. Y lo hago con algunas recomendaciones que me hago a mi misma cada mañana.
-No veré más que un Telediario al día. Dejo que cada uno decida con que se quiere des-informar. Pero de verdad que es bueno para la salud. Uno solo, al mediodía o por la noche.
-Leeré los periódicos on line en diagonal. Es decir de forma selectiva, escogiendo muy bien los periodistas de los que me fio, no leyendo el periódico de arriba abajo. Y en ese sentido una recomendación. Ver las viñetas de El Roto y de Peridis en El País, es una buena manera de empezar el día.
-Intentaré trabajar en la medida de lo posible. Yo estoy acostumbrada a trabajar en casa, para mí, es lo normal. Pero estos días me encuentro con una enorme dificultad para hacerlo. No me puedo concentrar, no tengo la capacidad de abstracción necesaria para escribir, para pensar. Es algo insólito y con lo que no contaba. Pensaba que durante este aislamiento, tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que tengo que hacer e incluso para hacer lo que me apeteciera hacer. Cada mañana, como he hecho siempre, escribo en un papel las tareas que tengo para ese día (mi vida laboral es tan dispersa, que si no me organizo así es difícil cumplirla). Pero cada noche me doy cuenta de que prácticamente no he hecho nada de todo lo que me había propuesto. Y no he salido de casa más que a comprar al super tres cosas que me faltaban. ¿En qué se me ha ido el tiempo? Esa es otra consecuencia indirecta que seguro me (nos) pasará factura en algún momento: el tiempo perdido, que no es lo mismo que el tiempo dedicado a no hacer nada. No hacer nada porque quieres, es bueno, pero no hacer nada porque no puedes, genera frustración.
-No quiero colgarme de las plataformas. Me he impuesto un régimen de series. Solo dos o máximos tres capítulos al día. No más, (reconozco que no siempre lo cumplo, pero eso no quita para que me lo proponga). Este es el momento de descubrir series nuevas escondidas en las profundidades de las plataformas o de rescatar series míticas y volver a verlas. Pero no con glotonería. Apreciando cada capítulo como apreciamos la comida cuando comemos por placer y no solo para alimentarnos.
-Ver películas. Una al día, no más. Y lo digo yo que en ni vida cotidiana, la de antes, podía ver hasta cuatro películas al día. Pero ahora no. Ahora, como mucho una. Y si es posible un clásico, entendiendo por clásicos desde los del Hollywood dorado, (Ford, Hitchcock, Hawks, Wilder...) a los europeos (Truffaut, Tarkovski, si se está de humor, Visconti, ...) o los españoles (buen momento para recuperar a Berlanga o a Fernán Gómez). Pero también los clásicos más contemporáneos: Spielberg, Coppola, Scorsese, o el cine más cercano que ayuda a vivir, pienso en Wes Anderson, por ejemplo. O lo que cada uno quiera y necesite: un día una comedia, otro día una película de guerra…
-Leer libros, artículos o textos relacionados con mi trabajo para no perder el ritmo profesional. Pero también leer o releer novelas de las que ayudan a vivir. Hay muchas, aunque para eso, como para todo lo demás, hay que tener la cabeza tranquila y, de momento, es lo que me cuesta más. Es algo nuevo que tengo que aprender. Aprender a dejar de lado el “tengo que…”, e intentar centrarme en el  “quiero”.
No “tengo que…” hacer nada de todo esto, pero “quiero” hacer cada día algo de todo esto para conservar el equilibrio.
Veo que al final me ha salido una entrada para este primer domingo de primavera.

EL RINCÓN DE LAS SERIES



Ahora, más que nunca, esta sección del blog se convierte en necesaria. Ahí va mi recomendación de esta semana.
Un libro y una serie: La verdad sobre el caso de Harry Quebert, de Joël Dicker. La serie se llama igual y se puede ver en Movistar. El libro es muy interesante en su construcción y lenguaje. Hay un misterio, el pasado y el presente se entrelazan. Hay escritores que escriben y escritores que no escriben. Una casa en la playa, una amistad, un crimen y una crisis. La serie está dirigida por Jean-Jacques Annaud y sigue bastante fielmente el libro. Los actores elegidos están bien. Patrick Dempsey asume el rol del personaje principal, Harry Quebert, en dos edades distintas. Mejor en el pasado que en el presente, consigue de todos modos hacernos entender las contradicciones de un escritor que esconde un doble secreto. Ben Scnetzer es el escritor joven envuelto en el misterio del asesinato que es el centro de la historia. El libro es muy adictivo (no sé si puede encontrar en Internet) y muy entretenido, algo que se agradece en estos momentos. La serie, sin ser una obra maestra, es de las que te invitan a seguir viéndola. Sus diez capítulos son perfectos para la recomendación de dos diarios. En una semana de confinamiento, la vemos entera.
Y de momento nada más. Intentemos que de todo esto salga algo bueno.


sábado, 14 de marzo de 2020

CANADÁ


Los cines están cerrados, la gente se queda en casa, no hay estrenos. En rigor no debería hablar de películas. Bueno, eso será la semana que viene en la que comentaré libros, series, estrenos on line. Pero esta semana absurda en la que vivimos sumidos en una película de pre apocalipsis, quiero seguir manteniendo un mínimo de normalidad y comentar dos películas canadienses que se habrían estrenado este viernes. Cuando los cines vuelvan a abrir, pueden recuperar este texto si les apetece.


Canadá es uno de los países con menos casos de contagio del dichoso virus, (aunque su presidente lo ha pillado, otra cosa no sé, pero el virus de marras es muy democrático y ataca a todos por igual). La recomendación de mantener distancias prudenciales entre los seres humanos en ese país se practica habitualmente: está casi deshabitado.
La primera película se titula Y llovieron pájaros, de la directora Louise Archimbault. Está basada en una novela de Jocelyn Saucier y pasa en los grandes bosques del Canadá francés donde viven tres ermitaños, tres ancianos que se han retirado del mundo, no por miedo a ningún bicho maligno, sino simplemente porque quieren vivir y morir en libertad, sin reglamentos, sin horarios, sin falsas consideraciones que los reduzcan a vegetales en las residencias. La historia empieza cuando uno de ellos desparece, muere, dejando un legado de hermosas pinturas que recogen la memoria de los grandes incendios del siglo XX. Su muerte coincide con la llegada de dos mujeres, una joven fotógrafa que busca sobrevivientes de esos grandes incendios y así descubre, casi por casualidad, a los ancianos y la obra pictórica del muerto (es preciosa la secuencia en la que la chica ve por primar vez a uno de ellos cantando una canción de Tom Waits). La otra mujer que llega a ese perdido, idílico y libre paisaje, es una mujer de más de 80 años. Confinada en una residencia de ancianos, en la que seguro contraía el virus de la corona, decide escapar con la ayuda de un sobrino que la lleva hasta el refugio de los viejos en el bosque. Allí vivirá un renacer de amor, de vida, de libertad, de alegría. La gente mayor sabe (sabemos) que hay que aprovechar todos los momentos y disfrutarlos porque cualquiera puede ser el último. Lo único que da miedo a estos hippies de la cuarta edad, es que llegue una asistente social y les obligue a volver a la residencia, a la muerte en vida. Es una historia bonita, simple, sencilla, positiva, con personajes que se hacen querer, con paisajes extraordinarios. Un film de buenos sentimientos que produce rechazo en los que piensan que el cine debe estar denunciando cosas todo el tiempo. Este film libre de virus, no acusa a nadie más que a la sociedad que intenta que no existan islas de libertad de pensamiento. Y lo hace de una manera muy convencional, muy normal. La transgresión está en los personajes y lo que hacen. La película se pone a su servicio. No sé si la fórmula de estos viejos ácratas se puede extender como contrapeso al agobio del aislacionismo al que nos empuja esta crisis. En todo caso, es una película bonita y feliz. Ya es mucho.


Antología de un pueblo fantasma, de Denis Coté, es otra cosa. Pasa en un pueblo de 215 habitantes perdido en los paisajes nevados y helados de los bosques de Quebec, un ejemplo del Canadá vaciado y olvidado, como lo es la España vaciada y olvidada, donde seguro que el bicho no hará estragos a no ser que la invadan los urbanitas insolidarios que llevarán hasta allí el contagio. En este lugar escondido, se produce una tragedia inesparada que conmociona al pueblo entero. Un joven de 20 años, se mata en un accidente de coche. Todo apunta a un suicidio. Nadie, ni sus padres, ni su hermano, ni sus amigos o la alcaldesa, saben como enfrentarse a esa pérdida. El duelo colectivo se extiende como un manto de dolor sobre el manto de la nieve y el silencio se impone en esa comunidad callada. El tiempo se detiene, la gente intenta seguir con su vida, pero algo se lo impide. Empiezan a pasar cosas extrañas, unos niños enmascarados juegan en los campos, se produce un milagro, aparecen seres fantasmales, siluetas recortadas en el horizonte que no hacen nada, no dicen nada, solo miran, observan. Nadie sabe quiénes son, nadie se extraña de verlos, nadie reacciona. Están paralizados. La película roza la ciencia ficción, pero tiene muchas mas lecturas interesantes. Se puede ver como una muestra del miedo a los extranjeros, los distintos, los otros; se puede entender como la muerte de una forma de cultura, de vida, propia del mundo rural; se puede pensar como la aceptación de lo extraño incorporado a nuestra cotidianidad. Como si el virus se hubiera instalado entre ellos y ellos estuvieran aprendiendo a vivir con él. Todas son válidas, todas funcionan en este film irregular que en su titulo original se llama Antología de las ciudades desaparecidas, lo que la hace mas globalizadora. Porque el fenómeno de la despoblación ocurre en todos los países, donde las grandes concentraciones urbanas están dejando deshabitados muchos pueblos y ciudades pequeñas. Pero también se puede ver simplemente como un film fantástico, de ciencia ficción cotidiana. Seguramente esa será la mejor manera de disfrutarla.


Una buena noticia
En medio del cúmulo de noticias tremendas con las que nos bombardean inmisericordes los medios de comunicación, esta semana ha habido una noticia buena. Al menos para los que hacemos La Cartellera de BTV. el programa de cine de la cadena local barcelonesa, que es en estos momentos el único de las televisiones en Catalunya (y uno de los pocos que hay en toda España). La gente que trabajamos en él, lo hacemos con muchas ganas, nos gusta hablar de cine, hablar de la gente que hace cine. Y nos gusta que nos reconozcan el trabajo hecho. Por eso agradecemoss mucho el artículo de Tomás Delclós en el Quadern de El País, publicado el 12 de marzo. Está en catalán, pero seguro que se puede entender bien.
“I l’altre argument és La cartellera, una excel·lent agenda cinematogràfica, perquè no solament explica què fan, sinó que també suggereix si paga la pena anar-ho a veure. No practiquen, ni de lluny, l’antològic sarcasme que lluïa Antonio Gasset a Días de cine, però tampoc es limiten a dir que s’ha estrenat tal film. La informació televisiva de cartellera acostuma a ser un ganivet que ni punxa ni talla. No serveix per a res. En canvi, a La cartellera pots endevinar clarament si la pel·lícula de què parlen els sembla recomanable.
Al darrer programa, tot i estar dedicat a les cineastes amb motiu del 8-M, aquesta condició no les eximia de ser elegantment renyades. Al film de Haifaa Al-Mansour La candidata perfecta, per exemple, tot i admetre que és un retrat interessant d’un país desconegut, hi troben una trama simple i previsible i l’absència de conflictes greus i de complexitat. Precisament perquè no són ressenyes neutrals, haurien d’anar signades. Al final apareix l’equip de redacció (Marta Armengou, Raül Ruiz Miquel i Núria Vidal), però seria més orientador per a l’espectador saber qui és el responsable de cada comentari. Perquè pot ser que l’opinió que es manifesta no sigui unànime a la redacció, i sempre va bé identificar qui et parla. Saps de quin peu calça, i això t’orienta tant si t’hi avens com si en discrepes. En crítica —com deia, exagerant, Guillermo Cabrera Infante—, no hi ha altra expressió que dir si m’agrada o no m’agrada, la resta és literatura, bona, regular o dolenta... però literatura.
L’altra part del programa són reportatges que acostumen a tenir el seu punt d’interès o curiositat. Fins i tot amb excessos que mostren la poètica que hi ha al darrere. Per exemple, dedicar quatre minuts a un curt de 17. Això sí, és del gran David Lynch, interrogant un mico i preguntant-li si és del partit comunista. Quatre minuts totalment justificats. En fi, “sigueu bons i aneu al cinema” (La cartellera).»

La crisis del bicho hará que sea más difícil que nunca hacer el programa, si no hay estrenos, no podremos hablar de pelis. Puede incluso que ni siquiera haya programa al tener que enviar a los trabajadores de BTV a casa. En todo caso, intentaremos seguir con series, estrenos on line, libros, reportajes, si nos dejan claro. Mientras tanto, se pueden recuperar programas anteriores y piezas emitidas en la  web del programa. Así que, estos días de confinamiento forzoso, puede ser una buena ocasión para verlo. 
Este es el enlace.

He dudado mucho en publicar este texto escrito en tres tiempos. El primero el jueves, cuando todo parecía controlado; el segundo el viernes, cuando el apocalipsis llamaba a las puertas, el tercero hoy sábado. Y he pensado que lo mantenía. Una de las pocas cosas que podemos hacer entre todos, a parte de seguir las recomendaciones de sentido común que han dado, es intentar mantener la serenidad, el equilibrio, la libertad. Dejarse amedrentar por el miedo, caer en la vorágine de la insolidaridad y la desconfianza, no sirve de mucho. Por eso publico esta entrada igual que siempre. Es mi manera de contribuir a la “normalidad” tan necesaria en medio de la “excepcionalidad” de la situación.

 




sábado, 7 de marzo de 2020

CHICAS ... Y ALGO MAS





Esta semana en la que parece obligado tratar temas de mujeres, voy a hablar de dos películas hechas por, pero no solo para, mujeres. Las dos son periféricas, es decir de cinematografías no dominantes; las dos son retratos de mujeres que existen de verdad, las dos son muy diferentes. Hay una frase de Tarkovski, lo siento es un hombre pero un hombre inteligente y muy lúcido, que resume una idea muy sencilla no siempre bien entendida: “En el cine hay dos tipos de directores. Por un lado están los que imitan e intentan recrear el mundo en que viven. Por otra parte están los que crean su propio mundo...” Aunque él sin duda está entre los segundos,  creo que es posible entenderla mas como una distinción descriptiva que valorativa y utilizarla para hablar de dos películas interesantes que se han estrenado esta semana.


La candidata perfecta (la que imita y recrea el mundo)
Haifaa Al-Mansour es una rareza. Es la única mujer directora, (al menos conocida) en un país tan poco dado a respetar a las mujeres como es Arabia Saudí. La descubrimos hace unos años con la emocionante La bicicleta verde. Tras vivir un tiempo en Estados Unidos, Al-Mansour ha vuelto a Arabia Saudi para hacer La candidata perfecta. Si digo que pertenece a la categoría de los que imitan o recrean la vida, es porque la directora, que es también guionista, tiene más urgencia en mostrar o denunciar las injusticias de todo tipo que sufren las mujeres en su país, antes que hacer una obra personal sobre esa realidad. Y es lógico. La candidata perfecta es cine de agitación, político, útil y necesario. Y es, sobre todo, honesto. Sin cargar las tintas, sin querer impartir lecciones de nada, nos cuenta la historia de una joven doctora empeñada en conseguir que se asfalte la entrada a la clínica de urgencias donde trabaja. Y el camino que encuentra, de una manera fortuita, casi como en un cuento, es el de presentarse para ser alcaldesa de su ciudad. Esta es la lucha de Maryam, la doctora, apoyada por su hermana Selma que entiende su batalla, aunque ella la plantea otra forma, e incomprendida por su hermana Sara que tiene miedo a las consecuencias sociales de la actitud de su hermana mayor. Pero hay mas cosas en este curioso y casi antropológico film que nos enseña un país moderno y viejo a la vez, que mira adelante, pero está anclado en una tradición muy reaccionaria. En paralelo al combate que establece Maryam contra el sistema que la margina y la religión que la infravalora, está el de su padre, músico de profesión que intenta conseguir que la música se pueda tocar en público sin coacciones ni restricciones. Y es en esta historia paralela donde la directora deja ver su propia reivindicación: conseguir que la cultura sea libre tanto como conseguir que las mujeres sean respetadas. La candidata perfecta es una película sencilla pero no simple, muy apropiada para que, desde occidente, valoremos lo que hemos conseguido en igualdad y derechos frente a lo mucho que queda por hacer en otras partes del mundo no tan lejanas.


La camarista (la que crea su propio mundo)
La opera prima de Lila Avilés, una actriz y directora de teatro muy conocida en México,  es la adaptación al cine de su propia obra de teatro, La camarera, que a su vez nace de un libro de fotos de Sophie Calle titulado Hotel. La verdad es que me cuesta un poco imaginar como esta película hecha de silencios y miradas, en la que la camarista esta prácticamente sola en las habitaciones del hotel que limpia, podía ser una obra de teatro. Pero, en cambio, no me cuesta nada imaginar la fuente de inspiración de las fotos de Calle en esos planos frontales de las camas deshechas, la ropa tirada, la basura acumulada. ¿Por qué si es el retrato minucioso de una mujer de la limpieza, una de esas famosas y explotadas Kellys que trabajan a destajo en los grandes hoteles de lujo, pienso que forma parte de la segunda categoría y no de la primera? Por la mirada de la directora. Era mucho más fácil hacer una película casi documental sobre Eve. De hecho, la directora habló mucho con los trabajadores del Hotel Presidente de Ciudad de México donde se rodó el film, incluso incorporó a algunos de ellos como actores en sus propios papeles. Pero al plantearse como abordar a este personaje, escogió una mirada personal, Eve existe solo en el hotel, nunca la vemos fuera de sus espacios habituales de trabajo. Eve existe como espejo de la indiferencia, el desprecio, incluso el abuso, (nunca sexual, pero si abuso) de ella por parte de esos habitantes de una galaxia lejana que son los ricos huéspedes de la que para ella es una cárcel de alto estanding. Pero si Eve es transparente para los huéspedes, no lo es para Lila Avilés que la usa como un pincel para contar su historia: la historia de una mujer que tiene sueños y esperanzas y lucha por conseguirlos, aunque sea sacrificando a su hijo pequeño al que apenas ve. La historia de Eve en manos de directores del primer grupo, habría sido la de una mujer explotada y despreciada. Pero ella escoge otro camino. Minimalista en su puesta en escena, la película nunca cae en el miserabilismo o en la simple denuncia social. No hay buenos ni malos en esta historia que refleja la realidad de un México mucho más rico que el que podemos imaginar. La camarista ofrece una lección colateral que nos incumbe a todos. Después de ver la película, tendré mas cuidado en como dejo las habitaciones de hotel que utilizo. Pensemos que siempre hay una Eve que tendrá que limpiarla y que a través de todos los objetos, la basura, la ropa, los restos abandonados de nuestra vida en la habitación, descubrirá lo que en realidad somos.


AMERICANA
Este año he ido por primera vez a la Americana, un pequeño pero potente festival que se celebra en Barcelona desde hace unos años dedicado al cine norteamericano, al principio entendido como de Estados Unidos, ahora ampliado a México y Canadá. Tiene una programación muy cuidada que se reparte entre ficciones, documentales, una retrospectiva y sesiones de cortos. Se proyectan películas que se estrenarán, pero también films difíciles de ver en nuestro país. Me ha gustado mucho comprobar que había mucha gente joven en el cine, que las salas estaban llenas, que las películas se discutían con entusiasmo. Está muy bien que exista este tipo de festivales oportunos, ambiciosos, pero sin pretensiones. No he podido ver todo lo que quería, cuestión de horarios y de trabajo, pero he aprovechado bien la oportunidad. De todo lo que he visto destaco tres películas que espero se estrenen pronto.
Chicuarotes, segunda película de Gael García Bernal, una puesta al día contemporánea de Los olvidados en un México muy lejano del de La Camarista, pero igual de real, con un personaje femenino que es bastante inesperado en un contexto como el que retrata el film.
Saint Frances, de Alex Thompson, cine indie clásico centrado en una mujer en situaciones muy difíciles a las que se enfrenta con mucho humor, y sobre todo con una total normalidad. Hay conflicto, si, pero no hay nunca tragedia y tiene dos personajes estupendos: Bridget, la niñera y Franny, la niña de cinco años que tiene que cuidar. Cine muy positivo.
Honey Boy, de Alma Har’el, aunque dirigida por una mujer este es un proyecto personal del actor Shia LaBeouf con tintes autobiográficos en el que el propio LaBeouf asume el papel de su padre en un intenso psicodrama de cine en el cine hecho con un gran rigor y sin ninguna concesión.



sábado, 29 de febrero de 2020

OSOS


(dibujo de Dino Buzzati)

La famosa invasión de los osos en Sicilia
¡Que título tan bonito! ¡Y que bonita historia! He buscado en la biblioteca de casa el libro de Dino Buzzati  y he visto que lo compramos en el año 1983. Hace casi cuarenta años, como eran casi cuarenta los años transcurridos desde su publicación en 1945 hasta que yo lo descubrí. El cuento de los osos vuelve a estar de moda gracias a una preciosa película de animación de Lorenzo Mattotti que acaba de estrenarse. Tres fechas, 1945, 1983, 2020, que me permiten leer esta aventura infantil para adultos de tres maneras distintas. Cuando se publicó en 1945, Italia acababa de perder la guerra, no solo Italia,  también Alemania y Japón. Pero si las terribles dictaduras fascistas habían sido derrotadas, la dictadura comunista de la URSS había salido reforzada. Quizás Buzzati quería alertar de alguna manera sobre eso al construir este relato sobre el abuso de poder de los que han ganado una guerra. O no, y simplemente quiso contar una historia en la que un padre busca a su hijo y eso le lleva a perder su identidad. 
Cuando leí el libro por primera vez no recuerdo bien que pensé, pero imagino que en 1983, lo que me gustó del texto fue el tono de cuento sobre los peligros de querer ser lo que no eres, narrado de una manera sencilla y feliz. Ahora puedo leer el libro y ver la película desde una perspectiva que abarca las dos lecturas. La famosa invasión de los osos en Sicilia es una fábula sobre las dictaduras que se imponen por la fuerza. La que hay antes de la llegada del Rey de los Osos, Leoncio, representada por el feo y vanidoso Gran Duque y la que impone Leoncio cuando le derrota en la guerra y conquista el reino de los hombres apoyado en su valido, el Oso Salitre, auténtico poder en la sombra que manipula y dirige a Leoncio para conseguir todo lo que quiere. Y lo que quiere Salitre es ser como los humanos, renunciar a su identidad de oso, lo que enlaza con la segunda lectura: los peligros de la desculturalización, de la renuncia a lo que eres para ser lo que no eres.
Pero en la versión animada por Mattotti hay mas cosas. El amor de un padre por su hijo es el motor que lleva al Rey Leoncio a bajar de las montañas para buscar a Tonio, secuestrado por los hombres; la responsabilidad hacia su tribu, su gente, es el otro motivo que mueve a Leoncio a dejar las cumbres nevadas de las montañas cuando el hambre empuja a los osos a bajar al valle. En su camino hacia la tierra de los hombres, encuentran un aliado inesperado, y no siempre fiable, en la figura del mago De Ambrossis, quien con su flaca figura, su chistera y su varita mágica los ayuda a enfrentarse a los fantasmas, los ogros y los monstruos. Hay osos buenos, osos fuertes y un oso malvado, Salitre, el mayor peligro para el rey los osos. En la película de Mattotti se han añadido tres personajes importantes: el narrador Gedeón, su hija Almerina y el viejo oso gris de la cueva que escucha el relato que hace Gedeón de la invasión de los osos que acaba en final feliz, para, a continuación. explicarle que la historia no terminó así, sino de una manera muy diferente. 
Cuento para niños que puede disfrutarse a cualquier edad, la película de Lorenzo Mattotti es una preciosa joya de la animación, con los clásicos colores planos y luminosos característicos del ilustrador y un cuidado exquisito en los fondos de paisajes y montañas. Esas montañas de Sicilia que, como dice Buzzati, ya no existen pero existieron. El libro está ilustrado con muchos dibujos del autor que Mattoti ha tenido muy presentes pero no ha copiado en ningún momento. Es como si tuviera una plantilla sobre la que dibujar sus propios osos, sin dejar de ser fiel a los osos de Buzzati. El resultado es una película feliz, sencilla, bonita, con muchas lecturas que se pueden o no hacer, depende de cada uno.
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(dibujo de Lorenzo Mattotti)



EL RINCÓN DE LAS SERIES


(un oso blanco de Ramon)
La materia oscura
Tanto hablar de osos me ha hecho recordar La materia oscura. , una serie de HBO en la que hay un oso muy importante.
La historia transcurre en un universo alternativo parecido, pero no igual al nuestro, donde los hombres viven acompañados de animales llamados daimons, manifestaciones físicas del alma humana de la que nunca pueden separarse. La protagonista es Lyra, una niña huérfana de once años que vive en la Universidad de Oxford junto a su daimon, Pan que adapta la forma de hurón, gato o pájaro, y con un único amigo, el pequeño Roger. La desaparición misteriosa de varios niños, entre ellos Roger, coincide con el descubrimiento de un secreto relacionado con una sustancia llamada el Polvo. Dispuesta a rescatar a Roger y averiguar que es el Polvo, Lyra parte en una aventura llena de peligros donde se encuentra con poderosos enemigos y extraños aliados, entre ellos, un gran oso blanco provisto de una potente armadura. La materia oscura adapta la trilogía del escritor inglés Philip Pullman publicada entre 1995 y el año 2000. Destinados a un público adolescente, (como el de Buzzati estaba destinado a los niños) el éxito de los libros fue inmediato al interesar también a lectores adultos que veían en las aventuras de Lyra en los mundos paralelos que atraviesa, tanto una crítica a las religiones dogmáticas, como una manera entretenida  y muy imaginativa de acercarse a la metafísica, la filosofía y la física cuántica.
El primer intento de adaptación de los libros se hizo en el año 2007 en la película La brújula dorada de Chris Weitz, con Nicole Kidman y Daniel Craig. Pero el miedo a despertar las críticas de la iglesia y los sectores más conservadores del público de Estados Unidos, hizo que la película omitiera muchos pasajes y diluyera su mensaje. El resultado fue decepcionante para todos. Pullman recuperó los derechos de sus libros y en el año 2015 se alió con Jack Thorne, guionista y creador entre otras de This Is England y The Accident, para adaptar las novelas. 
La materia oscura está más cerca de Harry Potter que de Juego de Tronos, pero en realidad no se parece a ninguna de estas grandes sagas literarias inglesas. Es una historia mucho más compleja en la que las tres influencias declaradas por el escritor, la novela romántica El teatro de las Marionetas de Heinrich Von Kleist, la obra pictórica de William Blake y el libro de John Milton El paraíso perdido, se dejan sentir bajo la apariencia de una nueva forma de mostrar la guerra entre el cielo y el infierno. La serie exige un poco de tiempo para entrar en ella. Los dos primeros capítulos sirven para conocer a los personajes y situarnos en su espacio y su tiempo. Pero a partir del tercero, la incorporación de algunos seres fantásticos como el oso Iorek Byrnison y la aparición de William, un chico que desde nuestro mundo está en conexión con Lyra, convierte la serie en una aventura de la que queremos saber cada vez más. De momento se pueden ver los ocho primeros capítulos que en su estreno en Gran Bretaña tuvieron un gran éxito. No gustó tanto en Estados Unidos donde los grupos de presión religiosos tienen la Trilogía de Pullman en el índice de libros prohibidos por blasfemos y ateos. En España, donde la controversia religiosa y el trasfondo filosófico seguramente pesan menos, la serie puede encontrar su éxito simplemente por su excelente puesta en escena y su desbordante imaginación.

Un complemento: Estos días estoy leyendo una novela alquímica titulada Mercurius, de Patrick Harpur. Cuando buscaba información sobre el autor, me encontré con que tiene un libro que se llama Realidad Daimónica. No lo he leído todavía, pero por lo que sé, tiene mucho que ver con lo que se cuenta en La materia oscura. Lo ha publicado Atalanta.





sábado, 22 de febrero de 2020

MONOS



Imaginen una combinación entre El señor de las moscas de William Golding y El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Piensen en el rodaje extremo de Deliverance de John Boorman o Apocalypse Now de Coppola. Y coloquen el resultado en un paisaje impresionante y peligroso, misterioso y arcaico en dos variantes: la del altiplano andino y el de la selva amazónica. Esto es más o menos Monos, uno de los mejores films latinoamericanos dirigido por el colombiano Alejandro Landes. Monos es la historia de un grupo de soldados paramilitares que se entrenan en un paraje salvaje de la alta montaña. No sabemos dónde estamos, no sabemos quiénes son, no sabemos porque luchan. No hace falta. Son universales, son casi niños. Se trata de ocho adolescentes obligados a una disciplina férrea ejercida por un instructor al servicio de La Organización. Este grupo de monos tiene dos funciones: cuidar de una vaca lechera, fundamental para la causa y vigilar a una doctora secuestrada no se sabe para qué. La primera parte de la película sucede en medio de este paisaje donde falta el oxigeno y la vida todavía puede parecer un juego. Pero cuando las cosas se complican por su propia estupidez, los monos se ven obligados a huir y se refugian en la selva donde su precario vínculo emocional y vital se resquebraja y todo comienza a desmoronarse entre ellos. Monos en realidad no viene de los animales, los simios, los monkies, aunque a veces los niños soldados lo parecen. Monos viene de mono, uno, único, diferente. Porque este grupo de seis chicos y dos chicas que viven en una burbuja de miedo y falta de moral, son individuos cada uno con su personalidad propia y todos juntos integran un mono único: el escuadrón entregado a la destrucción de algo que ni siquiera saben nombrar. El imponente páramo de Chingaza a 4000 metros de altura, donde se entrena el grupo, y el cañón del río Samaná en plena selva amazónica, en el que estalla la violencia y la desintegración del escuadrón, son los marcos físicos donde se rodó el film con enorme dificultad (eso es lo que la conecta con Coppola más que otra cosa). El resultado es una película de una gran belleza que también se puede entender como una denuncia de todas las guerras absurdas o ideas descabelladas, que arrastran a los más jóvenes en enfrentamientos de los que en realidad no saben nada, ni mucho menos, porqué lo hacen. Cine latinoamericano del bueno.

EL RINCÓN DE LAS SERIES

Una confesión.
Los seis capítulos de Una confesión, que se pueden ver en Movistar, narran una historia mil veces contada: un policía empeñado en resolver un crimen. Pero si solo fuera esto, quizás habría visto la serie (me encantan las historias de policías y ladrones) pero no hablaría de ella. Una confesión es algo más. Primero porque está basada en hechos reales y está construida casi como una crónica periodística. Segundo, porque lo que cuenta no es la investigación para encontrar al malo, (de hecho, éste se descubre muy ponto) sino como una legislación proteccionista consigue que la burocracia de las leyes acabe por convertir en víctima al que ha resuelto el crimen, más que al que lo ha cometido. El tema de esta serie inglesa, eficaz, sencilla, sin pretensiones, es el de cuestionar, no denunciar, la estricta regulación de los derechos de los detenidos. Cuando el detective Fulcher decide no seguir el procedimiento reglamentario porque piensa que aún puede llegar a tiempo de salvar a una persona, ¿está haciendo lo correcto o se está saltando la ley? Conseguir una confesión, la que da título a la serie, sin los avales obligatorios, ¿es válido o por el contrario, sirve para que el criminal se libre del castigo por una cuestión de forma? El derecho que asiste a cualquiera que sea detenido de tener un abogado antes de ser interrogado es incuestionable, pero como casi todo, la aplicación de la ley, las leyes, las que sean, tienen que tener una flexibilidad en función de las circunstancias. Ese el tema de Una confesión: qué hacemos con una reglamentación necesaria, pero demasiado rígida, promulgada como contrapeso a comportamientos policiales poco recomendables, pero que ahora y aquí, debería ser utilizada con cierta libertad. Da qué pensar.

sábado, 15 de febrero de 2020

REGALOS



Esta semana voy a dedicar la entrada a tres propuestas que me han llegado gracias a escuchar las sugerencias de amigos. Son tres regalos. De las dos películas interesantes que se han estrenado, Sinónimos de Navad Lapid y El huevo del dinosaurio de Wang Quan'an, hablaré al final del texto.


Primer regalo, una película en Netflix: Atlantique
Descubrí este film gracias a Marta Armengou que me encargó una pieza para el programa La Cartellera de BTV. Creo que si no hubiera sido por ella, nunca me habría enterado que se había estrenado, perdido en el inmenso marasmo de títulos que aparecen cada semana en las plataformas. Atlantique es una película africana, de Senegal. Está dirigida por una mujer, Mati Diop, la primera mujer de color (y una de las pocas mujeres, sean del color que sean) que participa en la Sección Oficial del Festival de Cannes donde ganó el Gran Premio Especial del Jurado el año pasado. La historia de Atlantique sucede en Dakar, capital de Senegal, en un suburbio de la ciudad donde se está construyendo un rascacielos. Cuando empieza la película nos encontramos con los trabajadores de ese rascacielos que hace meses que no cobran. Uno de ellos, Souleiman, está enamorado de Ada, una chica de 17 años prometida por su familia a un rico empresario. La crisis económica lleva a Souleiman y sus compañeros a adentrarse en el océano en una patera con destino a España. Este es el arranque. Pero a partir de aquí, la película se centra en Ada y sus amigas, las novias de los que han partido, y el film da un vuelco al convertirse en una historia de fantasmas, de extrañas posesiones, de venganza y de amor eterno. La herencia mestiza de Diop, padre senegalés, madre francesa, le permite acercarse a la tierra de sus ancestros africanos con una mirada no colonialista, sino integradora, en la que la magia de la tradición africana se entremezcla con la modernidad de los teléfonos móviles y los ordenadores, en una aventura que descoloca al espectador acostumbrado a ver un cine africano que, o bien retrata la miseria y la crisis social, o es esotérico y fantástico, pero casi nunca las dos cosas juntas. Historia de amor con fantasmas de hombres muertos que vuelven para reclamar lo que les pertenece, mezclada con una investigación policial sobre el origen de unos extraños incendios, el film discurre entre el caos de una ciudad ruidosa y la serenidad de un mar donde cada año mueren tantos jóvenes africanos. En su estreno en Cannes, Atlantique desconcertó a la crítica internacional que no supo apreciar el delicado equilibrio entre un cine muy físico y un relato muy poético. Quizás eso explique que, a pesar del premio, Atlantique no se haya estrenado en cines. Por suerte Netflix la ha recuperado y gracias a eso se puede ver. Si tienen ganas de descubrir un tipo de cine distinto, búsquenla.



 Segundo regalo, un libro: Canto jo i la muntanya balla
Este libro me lo recomendó mi hermana Mireia. El título es muy bonito: Canto yo y la montaña baila. Es de Irene Solà, ganó el Premi Llibres Anagrama de Novel.la, y está escrito en catalán, aunque hay una versión en castellano. Cuando lo leí, entendí porque mi hermana me lo recomendaba. Tiene mucho que ver con el tipo de narraciones que yo misma cuento, que yo imagino, que me gustan. En esta historia de historias, todas escritas en primera persona sean seres reales o no los que la cuentan, hay una Historia que las une a todas de principio a fin: la del hombre que muere atravesado por un rayo, su mujer, sus hijos. Pero eso no lo sabemos al principio cuando conocemos a las cuatro damas de agua, las brujas buenas, y vamos desgranando el relato pasando de uno a otros de las setas al cabritillo, de la poesía a la memoria, de la nieve a la luna, del oso al fantasma. Retazos de vida en los Pirineos que van dibujando un paisaje donde todos y todo tiene algo que decir, algo que hace avanzar la historia del hombre, su mujer, sus hijos. Es un libro precioso, con un catalán tan bien escrito como rico en matices. Su estructura en capítulos cortos es perfecta y fácil de seguir y el mundo que sugiere, el de ahora mismo, porque pasa ahora y aquí, es tan evocador que acabas el libro pensando que quieres irte a esas montañas, conocer a las damas de agua, ver la casa de Mia, correr con la perra Luna o encontrarte con el hombre oso. El libro acaba con esta frase: “Y entonces se hará de día. Primero de color gris, después de color azul y después de color amarillo”. Y nosotros lectores, estaremos sumergidos en el mundo donde se canta y la montaña baila.


Tercer regalo, una serie: Undone, en Amazon
Me habló de esta serie de Amazon, el director Ida Cuéllar y en cuanto llegué a casa la busqué. Y me apasionó. Undone es una creación de Raphael Bob-Waksberg y Kate Purdy, responsables de BoJack Horseman, otra serie completamente loca de dibujos animados.Está realizada con el sistema de Rotoscopia, un particular sistema de animación que consiste en pintar o mejor dicho, iluminar, los fotogramas filmados previamente con actores. Pero si los creadores son una garantía y la técnica es fascinante, lo que hace de Undone algo único es su historia. Una sinopsis rápida diría: Alma tiene 28 años, vive con su novio Sam. Tiene una hermana pequeña, Becca, que está a punto de casarse. Su padre murió cuando tenía once años dejándola abandonada en una esquina, vestida de Dorothy en El mago de Oz. Alma es mestiza de padre judío y madre mexicana. Es sorda desde pequeña, pero lleva un implante que le permite oír perfectamente. Alma se aburre y la atormenta pensar que su vida será una rutina diaria siempre igual. Hasta que una noche, tiene un accidente de coche. Permanece en coma un tiempo y cuando se despierta, su percepción del mundo ha cambiado: ve a su padre muerto y es capaz de moverse en distintos planos temporales. A partir de aquí, Alma se embarca en una misión, averiguar quién mató a su padre. Esta es la historia, pero lo que pasa en esta serie, divertida, inteligente y muy sugerente, es mucho mas complejo. Alma está literalmente dividida entre dos realidades: la vida y la muerte, pero también, la herencia judía y la herencia mexicana; oír o no oír; la vida cotidiana y la vida imaginada; la memoria y los recuerdos; la realidad de la vida o la que aparece ante ella cuando cambia de plano. ¿Es Alma una enferma mental, es una poderosa chamana? Undone habla de temas de física cuántica muy complicados relacionados con los distintos planos de la realidad, los viajes en el tiempo, la posible alteración de la historia, pero lo hace con una sencillez desarmante, sin perder el sentido del humor,  y sin ninguna trascendencia. Eso es lo mejor, su falta de pretensiones al plantear cuestiones aparentemente difíciles. De momento hay ocho  episodios de 25 minutos, pero espero que no tarde en tener una continuación. No puedo dejar de pensar que pasará con Alma.

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Dos apuntes de cine
Sinónimos
Heredera del cine del Godard de la primera época, la historia de Yoav, el joven israelita que lo pierde todo al llegar a París y se niega a hablar en hebreo, renunciando a su país y todo lo que significa, es una película política, con un humor extraño y sutil que se desprende de las situaciones inesperadas y absurdas que vive el personaje con su inexpresividad permanente. Sinónimos ganó el Oso de Oro en Berlín el año pasado con esta propuesta arriesgada formalmente, apoyada en el personaje salvaje de Yoav interpretado por un actor de teatro de una fuerte presencia. La imagen de Tom Mercier enfundado en su abrigo amarillo y mirando el suelo, pasará a ser icónica de una cierta rebelión muy contemporánea.

El huevo del dinosaurio
El huevo del dinosaurio es una película diferente como diferente es el mundo que retrata, esa estepa mongola en la que se confunde el cielo con la tierra, donde aparece el cadáver desnudo de una mujer. A partir de este inicio de cine negro, el filme deriva hacia la historia de una pastora indómita, libre, capaz de enfrentarse a los lobos y a los hombres. Hermoso, lento, divertido, El huevo del dinosaurio nos demuestra que hay muchas formas de vivir en el mundo. Es un soplo del aire limpio de la estepa mongola.