domingo, 25 de enero de 2015

CLAUDIA



(Esta foto no es mía. Es de mi hermana Mireia, de un viaje a Islandia. Espero que no le importe que la ponga)

Recuerdo perfectamente una fría tarde nevada en el Festival de Rotterdam del 2006. Tenía un rato de esos que se quedan vacíos en una jornada repleta. El tiempo no invitaba a pasear, así que me fui a la Videoteca del Festival a ver si podía recuperar alguna película. Vi un título que me llamó la atención MADEINUSA, todo junto. Pensé, vamos a verla. Me senté delante de uno de los grandes televisores que el festival ponía a disposición  de los críticos, y me quedé enganchada. Fue una enorme sorpresa encontrarse con aquel film tan extraño, tan inusual, tan mágico y a la vez tan tremendamente terrenal. Un sincretismo perfecto entre religiones que se alimentan y ritos que se mantienen a través de los siglos. Cuando acabé, me fijé en el nombre de su directora: Claudia Llosa. No tenía ni idea quién era, no sabía que era una peruana que vivía en Barcelona. No me imaginaba, entonces, la relación  que íbamos a tener en un futuro muy próximo cuando su segunda película La teta asustada se seleccionara para el Festival de Berlín. La historia de su pase por Berlín con Oso de Oro incluido, es de sobras conocida, así que no voy a insistir en ella. 
Seguí viendo a Claudia en muchas ocasiones, proyecciones de sus películas, conferencias, charlas. En el Festival de Berlín del año 2012 me contó que acababa de terminar de escribir un guión que le gustaba mucho. Era muy distinto a lo que había hecho hasta entonces. Y sobre todo era un reto, porque estaba escrito en inglés, rodado en Canadá y con actores de Hollywood y Gran Bretaña. Estaba entusiasmada. Supe que en el 2013 rodaba la película que pasó por varios nombres hasta acabar llamándose Aloft/ No llores, vuela. Es la que se ha estrenado esta semana.  Apoyada en su fiel productor José María Morales y con la colaboración en este caso de Arcadia Films, Claudia pudo hacer una película grande. Grande en muchos sentidos: de producción, con rodajes en el Círculo Polar Ártico, y de ambición.
Y ahora toca hablar de No llores, vuela.  A mí me gusta mucho. No es un film fácil, tampoco se si es un film redondo. Pero si es una de aquellas películas que no se te olvidan. Cuenta una historia de madre e  hijo. Y de pájaros y naturaleza. Y de paisajes y cielos. Y de magia y creencias. Y de buscar lo que hay al otro lado de las cosas. Es una aventura llena de belleza, la de la tierra nevada, la de los ojos de Nana (Jennifer Connolly), la del vuelo de los halcones. Narrada en dos tiempos no lineales, la historia de Iván y su madre Nana, es la de una difícil reconciliación. No llores, vuela, como los halcones que adiestra Iván; no llores, vuela, como hace Nana encerrada en su particular círculo dentro del Círculo Polar Ártico. No llores, vuela. Mira más allá, busca. La infancia de Iván, título de una de las primeras películas de Tarkowski, es dura, complicada. La vida adulta, no lo es menos. Iván (Cillian Murphy) no encontrará la paz del vuelo de sus halcones hasta que no acepte a Nana como es.  Espero que le guste a mucha gente. Me alegra ver que Claudia ha dado un salto adelante, ha dejado de llorar y se ha puesto a volar.

Primer apunte de la semana.
Solo unas líneas para recomendar un estreno que no había visto la semana pasada, Whiplash, primera película de un guionista de 29 años, nominada a la Mejor Película en los Oscar 2015. Se ha comparado este film con La chaqueta metálica. Creo que es un error. No tiene nada que ver. Lo que Fletcher hace con Andrew es otra cosa. Andrew puede ser un gran músico, Fletcher, su maestro, lo sabe. Pero sabe que no se llega a la perfección si no es con sacrificio. Y eso es lo que exige hasta hacerle sangrar a ese chico notable que se puede perder  fácilmente entre los halagos. Es estupenda, incluso para aquellos, que como yo, no sean entusiastas del jazz. Si además te gusta el jazz, el film es espectacular.

Segundo apunte de la semana.

El follón que se ha armado con el pase de Ciutat Morta en TV3, censurada en cinco minutos, me ha dejado perpleja y me ha llevado a una reflexión. Este documental lleva un año y medio proyectándose en todas partes. Yo misma escribí sobre él en una entrada del 8 de junio del 2014. Está en Filmin para quién la quiera ver. Se está exhibiendo en los Cines Girona de Barcelona. Ha pasado por montones de festivales. ¿Es que nuestros políticos no la habían visto? No me lo puedo creer. Pero mientras se moviera en esos círculos “minoritarios”, no les importaba. El problema se ha producido cuando la pasan por una tele pública (no ha sido fácil conseguirlo) y de pronto la ven 500.000 personas. Personas que no son indeseables, ni sospechosas. La gente de Convergencia y de Esquerra que es la clientela habitual de TV3. Y saltan las alarmas.  Ya no se puede esconder la cabeza y hay que hacer frente a la denuncia espeluznante que hace el documental.  Todo esto me ha llevado a pensar que en la edad de Internet, de los fenómenos virales, de la comunicación globalizada, el medio más tradicional y convencional, es decir una televisión, sigue siendo el arma más importante de propaganda.  Esto explica  muchas cosas. Como el irresistible ascenso de Podemos, por ejemplo.

domingo, 18 de enero de 2015

TEORÍAS



Hace unos días me llamaron unos estudiantes para pedirme una entrevista para televisión. Querían hablar de la situación del cine y de la profesión. Les dije que sí. El caso es que no eran estudiantes de cine, sino de televisión. Y  probablemente por eso, la entrevista empezó con una pregunta típica de televisión, aunque fuera de cine. Ese mismo día tenían que salir las nominaciones a los Oscar y lo primero que me preguntaron fue cuáles eran mis candidatas. Me quedé en blanco. De pronto, me di cuenta de lo poco que me interesa en este momento el asunto de los Oscar y si me apuran, el asunto de los premios.
En otras épocas de mi vida profesional, ese día yo habría estado al pie de la noticia, esperando a saber los nominados. En cambio ahora, me daba exactamente igual quienes fueran. Intenté explicárselo al chico que me entrevistaba que se quedó visiblemente descolocado ante mi falta de entusiasmo por los Oscar y los Globos y los…Quería hacerle entender que como informador de cine, este es un tema importante, pero como crítico de cine no. No sé si lo conseguí.
En todo caso, al día siguiente vi las candidaturas y la verdad es que me quedé gratamente sorprendida. Entre las películas candidatas a la mejor, hay cuatro que me gustan mucho y que escapan por completo a la idea de “película de Oscar”. Quizás si hubiera estado al tanto habría podido hacer una gran disertación sobre este tema. Preguntarme si los que han cambiado son los académicos o es que lo que consideramos más moderno, es la actual academia. Porque Birdman, Boyhood, Gran Hotel Budapest, son películas muy modernas, pero ¿no serán más heterodoxas ahora mismo películas como Perdida, Interstellar o The Drop que no han merecido ni una simple mirada? En fin, dejemos los Oscar a los informadores.

De momento esta semana se estrena La teoría del todo que también está entre las ocho mejores. La teoría del todo está basada en el relato autobiográfico y novelado de Jane Hawking donde cuenta su historia de amor con Stephen Hawking. Es un típico biopioc en el que brilla el actor que da vida al astrofísico postrado en una silla de ruedas, afectado por una esclerosis que le impide moverse. Eddie Redmayne le da vida de una forma excelente, con sentido del humor y del respeto, sin pasarse en el histrionismo. Una interpretación de Oscar sin duda. Muy bien ambientada, la gran virtud de esta película es la de hablar de una persona extraordinaria desde la normalidad con un lenguaje simple y sencillo que llega a todo el mundo. No sé si merece estar entre las ocho candidatas a mejor película, pero si merece ser tenida en cuenta.

Se estrena esta semana otro film que me parece digno de mención y que no está entre los nominados. No es que me guste demasiado, pero ya he dicho muchas veces que el gusto es una cosa y reconocer el interés de un film es otra. Y Babadook, de Jennifer Kent lo tiene. Es una película de género. De terror para ser exactos, pero no es en absoluto una película rutinaria. ¿Recuerdan un precioso film de Spike Jonze basado en un libro de Maurice Sendak, que se llamaba Dónde viven los monstruos? Pues bien, este Babadook se puede ver como el contraplano, o mejor aun el fuera de campo de aquel film. Es decir lo que le pasa a la pobre madre de ese niño aterrorizado por los monstruos hasta el punto de hacerlos visibles y mas que reales. La gracia del film, aparte del Babadook que se inventa, es que no cae en fáciles interpretaciones psicoanalíticas y deja siempre la duda. ¿Existe o no existe el Babadook? 

domingo, 11 de enero de 2015

CHARLIE Y BIRDMAN


(la mejor portada de Charlie Hebdo)
Esta era la semana de Birdman, la última película de Alejandro González Iñarritu. Un divertimento ingenioso, brillante, arriesgado que da un giro a su filmografía. No es exactamente una comedia, pero te ríes mucho; no es exactamente un film fantástico, pero está lleno de personajes y situaciones increíbles; no es exactamente una historia sobre las relaciones teatro/cine, pero si es ese su escenario. Birdman es una película absolutamente recomendable. Michael Keaton, el ex Batman, está fantástico. Y el falso plano secuencia en que está rodada sin cortes (aparentes o visibles) le ofrece un plus de atractivo.  Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) me ha reconciliado con Iñarritu. Espero que dure esta reconciliación.

Podría seguir escribiendo de Birdman, pero, esta semana ha dejado de ser la semana de Birdman para convertirse en la de Charlie Hebdo. Todos somos Charlie, dicen ahora un montón de gente en todo el mundo, gente que seguramente jamás leyó una sola página de su irreverente revista. Todos somos Charlie y los otros siete muertos que hoy, sábado, se suman a la masacre del 7 de enero. Francia está conmocionada, Europa está asustada. El mundo no sabe qué hacer frente a esta amenaza tan incontrolable. Hay miedo a que la espiral de violencia se desencadene, a que haya represiones contra las comunidades musulmanas de las ciudades europeas, a que los lobos solitarios o en manada, vuelvan a atacar en cualquier sitio.
Pero de todo lo que ha pasado hay una cosa que me ha llamado la atención. En muchos de los comentarios y artículos de estos días he oído repetir a tertulianos, articulistas y políticos que no hay que confundir el yihadismo con el Islam. Estoy de acuerdo, no es lo mismo. El yihadismo es un fanatismo ciego, el Islam es una religión.Pero no se puede olvidar el hecho de que el uno no existiría sin el otro. Hay un problema muy profundo en esta cuestión. Europa y el mundo occidental, hace dos siglos que consiguieron una de las más importantes conquistas de la sociedad: separar el poder civil del poder religioso. La religión, cualquier religión, es algo muy importante y necesario y útil. Pero debe formar parte del ámbito privado de cada uno. Nunca se puede erigir en norma de convivencia colectiva,  en ley. En las épocas en que el catolicismo ultramontano dominaba el poder civil, la inquisición imponía su ley, se quemaban a los herejes y se mataba en nombre de diferencias religiosas absurdas. Como ahora con el islamismo fundamentalista. Por cierto, sorprende comprobar que en los siglos más oscuros del cristianismo, (siglo XI, XII) el Islam representaba, a través del sufismo, la luz y la libertad. Un pensamiento que fue amputado, asesinado, por las corrientes más siniestras que son las que dominan actualmente esta religión.
Estos días he leído en algún diario un intento de explicación de la barbarie medieval de los yihadistas. No es muy científica, pero si muy gráfica: como el Islam nació 600 años más tarde que el cristianismo, lleva un atraso brutal en este sentido. Basta ver la imagen que ofrecen los imanes y los señores de la guerra para darte cuenta de que viven en el siglo XIV, con su inquisición y su guerra santa. Pero sobre todo, con la intromisión religiosa en la vida civil. Una religión que condiciona de forma tan feroz la vida cotidiana de sus fieles, es una religión que ha perdido su sentido espiritual y se ha convertido en ideología. Aceptar que la vida de las mujeres se convierta en una esclavitud mas o menos consentida, obligándolas a vestirse de manera medieval en pleno siglo XXI y negándoles el derecho a decidir por si mismas; aplicar leyes ancestrales que responden a otras épocas; inculcar el odio a los infieles por el simple hecho de ser infieles, prometiendo un paraíso de gloria y placer; hacer una lectura del Corán literal y utilizarlo como Código Penal, son ideas que poco a poco se infiltran en la sociedad y provocan la aparición de guetos y desapegos hacia la forma de vida occidental que, a pesar de sus muchas deficiencias y por mucho que no le guste a Willy Toledo, sigue siendo la que tiene un mayor respeto por el individuo y la vida humana.
Si a esto se suma la crisis que nos está machacando a todos y que provoca reacciones de rechazo, de revuelta, de duda de los valores democráticos con un auge de movimientos nacionalistas y de extrema derecha en toda Europa, que son, curiosamente, los que salen mas reforzados de situaciones como la vivida en París; si además pensamos en las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, tenemos el cóctel explosivo servido. Estamos en guerra, si, en una guerra rara, nueva sin frentes abiertos, sin soldados, sin un enemigo claro. Hemos de evitar caer en la islamofobia, es cierto. No todos los musulmanes son violentos, ni mucho menos. Pero no podemos perder de vista que es una religión que se pone por delante de la ley. Y eso es muy peligroso.

Una pequeña acotación. He oído también estos días las voces de mucha gente que se levantaban en contra de la “pérdida de libertades”, anunciada por los mayores controles por parte de los gobiernos. En el fondo me hace gracia que protesten porque se pinchen los teléfonos y se hagan escuchas. Como si no supieran todo de todos y sin necesidad de investigarlo. Se lo servimos nosotros mismo en bandeja, en facebook, en Internet, en twiter. ¿No se han dado cuenta lo rápidamente que  aparecen anuncios en tu muro o en tu mail de cualquier cosa que se haya buscado; no te ha llegado una felicitación de cumpleaños personalizada en Google? El Gran Hermano nos tiene en sus manos. Así, que menos tonterías, menos hipocresía. Si ya lo saben todo de mi, que mas me da que me escuchen o lean mis mensajes. La única manera de evitar que te controle la nube que todo lo sabe, es… no usarla. Yo, al menos, prefiero seguir usándola.




domingo, 4 de enero de 2015

LEVIATAN


(éste cuadro de Ramón no tiene ningún Leviatán, pero no sé porqué, cuando buscaba imágenes para ilustrar esta entrada, me saltó a la vista diciéndome: “ponme”. Quizás porque hay algo en él que evoca el dolor y la impotencia frente a la maldad)

La primera entrada del año es para una película rusa impresionante. No es un film redondo ni perfecto, pero es de aquellos que se recordarán todo el año. Se llama Leviatán y la dirige Andrey Zvyagintsev. Intenten memorizar este nombre impronunciable (Ezviyaginsev, seria mas o menos), porque es, y lo será más aun en los próximos años, uno de los directores importantes del cine europeo.
La palabra Leviatán evoca monstruos marinos, mitológicos, satánicos. Monstruos de todo tipo, de esos que no se pueden combatir porque no se llegan nunca a entender. En todo caso, es una palabra cargada de miedo, misterio, dolor, maldad.  Todo esto abunda en este Leviatán ruso que nos acerca a mundo realmente terrible. El miedo heredado del stalinismo y el comunismo que sigue imperando en una sociedad corrupta y dominada por los intereses de unos pocos, los que lo controlan todo, antes, ahora y siempre, es decir el poder político y la iglesia. Misterio, el que provoca ese paisaje impresionante, esa costa del norte de Rusia, con un mar tormentoso, donde aun se pueden ver ballenas y sus esqueletos se erigen como esculturas impresionantes en medio de la playa. Dolor, el que viven estos personajes empapados en vodka como único recurso para soportar el mal que les supone vivir. Maldad. Toda la que se pueda imaginar. Maldad asesina de la belleza, de la armonía. Una de las imágenes mas duras de la película es la del bulldozer derribando la casa de Kolya. Demasiado sabemos en España lo que esa destrucción del paisaje ha traído. El Leviatán ruso no soporta la belleza de su paisaje y está dispuesto a hacerlo desaparecer,  como lo ha hecho nuestro Leviatán particular.
 Las hermosas imágenes de Leviatán remiten directamente a Tarkovski, al Tarkovski de El sacrificio o de Stalker. Pero la historia no. La historia nace de las raíces del propio director que desde su debut en 2003 con El regreso, no ha dejado de indagar en aquello que Dostoievski llamaba el alma rusa. Y algo de Dostoievski hay en los personajes de Kolya, Lilia y Dimitri, un triángulo abocado al fracaso y a la destrucción. Pero no hay nada de Dostoievski en el cuarto protagonista de esta tragedia, el alcalde yeltsiniano, encarnación de la corrupción, la cobardía y la maldad de la nueva Rusia de Putin.

Cine político, si, pero sobre todo cine trágico y hermoso. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

FIN DE AÑO


(dos arbolitos de Ramon para celebrar la entrada de año)
Los estrenos de esta semana son tan penosos que no vale la pena hablar de ellos (aclaro una cosa: no he visto Musarañas, la única película que seguramente merecía ser reseñada).  Por eso esta última crónica del año 2014 va a ir de… películas de Navidad.
El día de Navidad por la tarde, decidimos hacer una sesión acorde con la celebración. Vimos primero ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra y luego, La historia interminable de Wolfgang Petersen sobre el libro de Michael Ende.
Fue una tarde muy reveladora. Toda la vida había pensado que el film de Capra era una película positiva que hablaba del valor de la solidaridad entre las gentes. Pero en esta última visión me di cuenta de que en realidad es una historia terrible. El personaje de James Stewart, George,  se pasa toda la película intentando irse de ese pueblo, hacer algo con su vida, estudiar arquitectura, crecer en algún sentido. Y nunca lo consigue. Cuando no es su padre, es su hermano, o su mujer y  esos cuatro hijos que sin darse cuenta tiene en su casa; cuando no es una cosa es otra. El caso es que Georges nunca consigue su sueño. Nunca sale del pueblo y se ve obligado a vivir en la frustración, haciendo un trabajo que no le gusta para unos vecinos que no se lo agradecen en ningún momento. Cuando Georges explota y decide matarse, no lo hace solo por el problema económico que le ha caído encima, lo hace mas que nada porque ya no puede mas de la falsa vida que le han obligado a vivir. Lo que el ángel sin alas Clarence le enseña al obligarle a dar un paseo por una ciudad donde él nunca existió, es una especie de infierno tenebroso. Pero no mas tenebroso que su propia vida antes de la crisis. Y al devolverle a la realidad, lo que Clarence está haciendo es consolidar para siempre este conformismo, este conservadurismo atroz de la vida de Georges que, de pronto, se alegra simplemente de vivir, aunque sea a costa de todo lo que habría querido hacer. Nunca me había dado cuenta de este lado tan reaccionario, tan castrador. Renuncia a tus sueños. Es lo mejor que puedes hacer. En fin. Creo que no volveré a pensar en ¡Qué bello es vivir! como una comedia feliz. Es una tragedia.
Con La historia interminable, me pasó todo lo contrario. Recordaba la adaptación de Petersen como un film mas bien aburrido. Y no lo es, para nada. Quizás sea porque el tiempo que ha pasado, exactamente treinta años, hace que los efectos especiales tan primitivos y ese dragón tan felpudo, que en su momento me parecieron bastante feos, hoy tengan el encanto de una película antigua. Pero creo que es sobre todo porque la historia interminable de Michael Ende cuenta y aboga justamente por todo lo contrario de ¡Qué bello es vivir! Nunca dejes de soñar, persigue tus sueños aunque sean inalcanzables; lucha contra la nada, contra el vacío que todo lo corrompe y lo destruye. No te dejes engullir por ella como hace el pobre Georges. La nada nos acecha por todas partes. Nuestro propio reino de Fantasía está amenazado por la mezquindad, la estupidez, la falta de emoción y de curiosidad. Como Atreyu, como Bastian, tenemos que salvar la emperatriz infantil que todos tenemos dentro para conseguir que la grisura de un entorno absolutamente mediocre no nos consuma y nos haga desaparecer.

Ver juntas las dos películas fue  una lección de vida. Navidad, a veces te da esos regalos.

sábado, 20 de diciembre de 2014

TURNER



Me gusta mucho Turner el pintor. Desde siempre.
Desconozco la vida de Turner el hombre, así que no opino.
No me gusta nada el personaje de Turner en la película.
No me gusta la película Turner de Mike Leigh.
Dejado claro estos cuatro puntos. Vayamos por partes.

Me gusta mucho la pintura de Turner. Sus paisajes de sombras intuidas, de nieblas románticas, de azules desvaídos y cielos que se confunden con el mar. Me gusta esa sensación de ver y no ver. Casi de abstracción y sin embargo, de reconocimiento de lo que dibuja y pinta. Puedo pasarme horas mirando un cuadro suyo, uno solo, y ensoñarme con él en la aventura que me sugiere. No sigo. Ha quedado claro ¿no?

Desconozco la vida de Turner, así que he recurrido a la indispensable Wikipedia. No explica gran cosa. Pero si habla de la relación con su padre y que fue un pintor reconocido y aceptado en su tiempo. Miembro de la Academia desde muy joven. Con una excelente posición económica. No mucho mas.

No me gusta el personaje de Turner que hace Timothy Spall. Ya sé que le han caído todos los premios del mundo desde su estreno en Cannes. Ya sé que ganará el Oscar. Ya lo sé. Pero no me gusta. No puedo remediar ver al hombre/ rata de Harry Potter, tan desagradable, tan odioso. No me gusta el registro único e inalterable con el que interpreta al pintor, siempre igual a lo largo de los 25 años que se supone pasan en la acción. He visto un autorretrato de Turner cuando era más joven y Spall no se le parece en nada. Gruñir y poner cara de mala leche no es suficiente para crear la idea de un hombre que no está bien en el mundo. Sobre todo, porque ¿de dónde sacan que no estaba bien en el mundo? No, lo siento. Este no es mi Turner y cuando en todas las críticas se habla mas del actor que del personaje, algo malo pasa.

No me gusta la película de Mike Leigh. No me gusta no porque no tenga nada de su pintura, de su luz, de su mirada, eso es una opción muy libre del director. No me gusta porque no me gusta lo que Leigh hace con el personaje. Mi relación con Leigh es ambigua. Hay cosas que me interesan mucho, hay otras que detesto. Mike Leigh es un director realista, comprometido. Su cine siempre mira la realidad mas cercana y pone el dedo en la llaga. Por eso no me parece el director mas adecuado para acercarse a un personaje como Turner,  un hombre que tiene las contradicciones y los conflictos en el terreno de las ideas, de lo espiritual, de lo oculto. No en lo cotidiano y cercano. Leigh hace mas un documental sobre Turner que una película que lo evoque. Lo siento. Pero no tengo ganas de ver un documental de un hombre que gruñe y nunca explica porque tiene esa necesidad imperiosa de pintar.

Hoy es el solsticio de invierno. El día mas corto del año. Ramon ha hecho un dibujo precioso para La Casa Grande, el hotel de Elena Posa en Arcos de la Frontera. Lo pongo aquí para celebrar que empieza un nuevo ciclo. Mas que terminar el año, comienza el periodo en el que la naturaleza se duerme para recuperar fuerzas. Es un momento importante. Hay que saber replegarse y acumular energías de cara a una primavera que espero nos encuentre mejor preparados para todo.







domingo, 14 de diciembre de 2014

DOS PELICULAS IMPORTANTES

Esta semana se han estrenado dos películas importantes. Dos de esos títulos que estarán en todas las listas de mejores films del año. Son dos películas que no se parecen en nada y sin embargo… Sin embargo tienen algunas cosas en común, elementos que las hermanan. Primero, las dos miran como referente directo e inmediato a clásicos  de la historia del cine; segundo, las dos hablan de hijas perdidas;  tercero, ambas tienen una calidad pictórica indiscutible.
Hasta aquí lo que las relaciona. A partir de aquí hay que hablar de cada una por separado.


Jauja, de Lisandro Alonso.
Jauja es un film hermoso, reflexivo. Una historia de pocos personajes, uno en realidad, ambientada en los grandes  espacios abiertos de la Patagonia, que sin embargo se hacen claustrofóbicos a causa del formato cuadrado que los oprime sin dejarlos respirar. Jauja cuenta una búsqueda, una quête que  dirían los trovadores (y algo tiene de leyenda artúrica esta aventura solitaria). Estamos en 180…. Un destacamento militar, un capitán danés, su hija. La hija desaparece, el capitán decide ir a buscarla hasta el fin del mundo si hace falta. Y ahí empieza este viaje hacia el infinito, emprendido por un hombre con los rasgos de Viggo Mortensen. Un viaje que le adentrará en territorios desconocidos no solo físicos, también mentales. El padre en busca de esa hija que no sabemos si ha sido raptada o ha huido, se encontrará completamente solo. Y en una secuencia inolvidable en una cueva chamánica, descubrirá que es lo que está buscando. Todo encerrado en ese cuadrado iluminado por Timo Salminem, un hombre del frío norte (Finlandia) que entiende muy bien el frío sur (Patagonia). Jauja es una aventura del tiempo, del pensamiento, del futuro. ¿Y el referente? Lo han nombrado en todas las críticas y textos sobre el film: Centauros del desierto, de John Ford.



Camino de la cruz, de Dietrich Brüggemann
Camino de la cruz es un film hermoso y doloroso. La historia de una adolescente, María, tan perdida como la hija del capitán. Pero a María no la busca nadie. Más bien la expulsan de la vida. La conducen como un cordero al matadero, como se condujo a Cristo a la cruz. Catorce planos fijos sirven para contar las catorce estaciones del asesinato de María a manos de la intransigencia católica mas furibunda. Catorce planos fijos en los que, al contrario de los espacios abiertos y claustrofóbicos de Jauja, todo respira y se mueve en torno a una María que siempre está en el centro de la imagen polarizando la mirada hacia ella. Cada plano fijo es una aventura para el espectador. Una aventura de tristeza ante el rigor insostenible de esa familia ultramontana, de esa madre asesina, de ese seminarista sin sentimientos, de ese padre ausente. María no encuentra salida mas que en  Bernardette, una chica francesa que le ofrece un cierto aliento. Pero ya es tarde, María ha elegido el camino de la cruz y no lo dejará.  El referente inmediato de este film extraño y fascinante es Ordet de Dreyer. También aquí hay un milagro, pero es un milagro sin esperanza. Lo que hace que la vida de María sea tan dura es la extraña combinación entre el catolicismo mas feroz y preconciliar y un entorno dominado por la austeridad calvinista. La fe católica en los países mediterráneos se vive con mas esplendor, con mas boato. La culpa siempre se perdona. En el mundo en que vive Angela Merkel del que ha surgido el austericidio de Europa, la alegría está condenada a la hoguera. No hay  refugio en ninguna parte. Camino de la cruz crece, crece y crece, a medida que María se adentra en sus estaciones hasta conseguir que el espectador que la mira, se sienta parte de ese retablo contemporáneo de un martirio de los tiempos modernos.