viernes, 10 de noviembre de 2017

TRES PELÍCULAS

Tres películas ocupan el blog de hoy: dos españolas, una europea. 
Las tres son interesantes por distintos motivos.


(mi padre también pensaba que los libros ayudaban a vivir, por eso abrió una librería que era un refugio en un barrio de México)
La librería, de Isabel Coixet.
La librería es una película muy bonita, eso lo primero. También es una película muy oportuna, eso lo segundo. La librería es una película que habla de libertad, algo muy necesario en estos tiempos cada vez más oscuros que nos acechan. Isabel tiene una carrera muy interesante. Alterna encargos que resuelve con mayor o menor entusiasmo, con documentales de denuncia, proyectos inventivos y sobre todo, con algunas películas muy personales. La librería es uno de estos proyectos personales. He dicho que era bonita. Y lo es. Los paisajes, las casas, esa librería cálida y acogedora, la ropa que se oye crujir cuando unas manos crispadas la arrugan y que se imagina suave al tacto en un pañuelo abandonado. Son cosas que se sienten en un film. No hace falta verlas para que creen atmosfera. Oportuna, me explico. En un momento en que estamos sumergidos en un monotema agobiante que no nos deja ver más allá de su agotador y angustiante determinismo, donde la cultura ha desaparecido de la vida pública y en la que la inteligencia y la sensibilidad brillan por su ausencia, este film nos devuelve a un mundo donde los libros, la lectura, la cultura son importantes, incluso diría que fundamentales, para luchar contra la intolerancia. Y ahí entra la libertad. La libertad de pensar lo que se quiera, de decir lo que se piense, de hacer lo que uno cree que tiene que hacer. En este caso, pensar que los libros ayudan, decir que la cultura es necesaria, abrir una librería en un pueblo dominado por una elite que no respeta a las personas, acostumbrada a imponer un pensamiento único frente al que es imposible mostrar una disidencia .La libertad de hacer el cine que uno quiere, como hace Coixet. La librería es un film que vale la pena ver.



(un croma verde, póngase usted delante, imagine lo que quiera detrás)
Algo muy gordo,  de Carlo Padial
La segunda película española es Algo muy gordo, de Carlo Padial, uno de los directores surgidos de los novísimos del cine low cost. Con la colaboración impagable de Berto Romero, Padial ha conseguido hacer un film inclasificable. ¿Es un making of de un film que nunca se hará? ¿Es un documental sobre cómo se hace una película con muchos efectos especiales? ¿Es una comedia de enredo? ¿Es un drama sobre la imposibilidad de la creación? ¿Es…? ¿Qué es, Algo muy gordo? Pues eso, algo muy gordo porque pone sobre la mesa, con humor, con autocritica, sin miedo a tocar algunos clichés, las dificultades de hacer cine en estos momentos. No solo las económicas, que también están ahí, sino algo mucho más importante: el concepto mismo del cine. Esta es una película para ver sin ideas preconcebidas, sin prejuicios previos, una película para reírse con y de sus protagonistas, llena de momentos hilarantes y desconcertantes. Copio una frase del director que me parece que resume muy bien la película: “El mensaje de este proyecto es que hay que hacer lo que nos dé la gana. No hay que tener miedo a la libertad”. Frase por cierto, que podría servir también para La librería.
(Una pequeña acotación: para mi el mejor momento de Algo muy gordo puede pasar casi desapercibido. Carlos Areces se prestó a colaborar en este proyecto marciano con una condición: que le dejaran ver los originales del Gran Vázquez guardados en los archivos del Grupo Zeta, productora del film. Casi al final, Areces logra su deseo y puede tener en sus manos los originales de Mortadelo y Anacleto. La cara de felicidad del actor merece verse).



(la propaganda del film en un lugar inesperado: el cuarto de baño de un cine de Barcelona)
The Square, de Ruben Östlund,
Este film sueco ganó la Palma de Oro de Cannes y se perfila como la triunfadora de los premios europeos de cine que se entregarán en diciembre. Hay motivo para ambas cosas. Es una película que habla de arte contemporáneo, de los todo poderosos directores de museos de arte contemporáneo, de campañas publicitarias que “fabrican” el arte contemporáneo. Arte contemporáneo. Ese es el tema de este film: poner en evidencia el engaño, la manipulación, la burla, el márketing, las ventas millonarias de basura envuelta en el celofán de la palabrería mas vacía e inocua. The Square habla de eso con humor y utilizando como guía a un personaje odioso que sin embargo despierta simpatía. Un poco como el Toni Erdmann del año pasado. Christian no se cree nada de lo que hace, desprecia a sus colaboradores y al público. También a las mujeres y sobre todo a los “otros”. Esos que viven en barrios pobres y que son diferentes. Tres líneas narrativas se trazan en este film sin que acaben de confluir. Una: la campaña publicitaria de una obra que acaba de comprar el museo por una cifra millonaria, The Square, en la que se utiliza a una niña rubia para denunciar la incomunicación de la sociedad. Atención, lo que molesta en la campaña no es lo que el pasa a esa niña en ese cuadrado, sino que sea rubia. Dos: Christian es víctima de un robo en la calle lo que le lleva a maquinar una absurda venganza contra los habitantes del edificio donde se ha localizado su móvil robado. Lo que no imagina Christian es que su irresponsable acción tendrá unas consecuencias inesperadas. Tres: una performance provocativa en una cena de gala para recaudar fondos para el museo desembocará en una insoportable situación que enfrenta a los comensales, pero también a los espectadores, frente a la inmoralidad de todo lo que se muestra en esta película. Y todo, con humor, con ligereza, con una imagen fría seductora como un buen schnaps que te quema al beberlo, pero te deja una sensación inolvidable de lo que has bebido, en este caso, lo que has visto.

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