sábado, 17 de noviembre de 2018

ESTE ES UN LIBRO DE…



¡Diecinueve estrenos la semana pasada, quince esta semana! No puedo más. He decidido que voy a hacer una huelga de ojos caídos. Así que en la entrada de hoy, voy a hablar de libros. De dos libros.


FLORES EN LA FRONTERA
Este es un libro muy personal que me afecta directamente. He estado y estoy muy implicada en todo el proceso. Es un libro del que me siento muy orgullosa y feliz de haber colaborado a que exista. Porque Flores en la frontera es un libro inclasificable. Precioso como una pequeña joya. Se trata de un libro de dibujos de Ramon Herreros, un conjunto de delicadas acuarelas de flores y plantas que se pueden encontrar en los alrededores de Arcos de la Frontera. Está editado por La Casa Grande, el hotel de Elena Posa en Arcos. Me gusta mucho como ha quedado, me gustan mucho los dibujos de Ramon, me gusta mucho que existan libros como este. En un texto introductorio, he escrito unas palabras que me parecen cuentan mejor que nada lo que es: “Este es un libro de flores que se pueden encontrar en los alrededores de Arcos de la Frontera. Así que, la primera lectura es clara: La Frontera es un paisaje, una región, un lugar. La palabra frontera sugiere muchas más cosas. En un sentido peyorativo, es sinónimo de separación, de marginación. Pero a mí me gusta más otra manera de leer la palabra. Frontera entre lenguajes, frontera permeable entre las palabras y las acuarelas de Ramón Herreros e incluso frontera sutil y mágica entre una foto tomada una mañana de verano y un precioso dibujo realizado una tarde de invierno. Frontera como unión, no como separación. Las flores están ahí, cerca de nosotros. Solo hace falta saber verlas. Lo que quiere este libro es transformarlas en imágenes únicas que son y no son a la vez las plantas que representan. Libres, hermosas, vivas.”
Presentamos Flores en la frontera el próximo jueves 22 de noviembre a las 19.00 horas en la Librería Jaimes de Barcelona, calle Valencia 318. Ese mismo día se inaugura la exposición de los dibujos originales de Ramon que se pondrán ver durante un tiempo en la librería. Estoy muy contenta de haber llegado hasta aquí. Siento que es un gran regalo.


DEFENSA DE LACREACION
Este es un libro pequeño de tamaña y grande de ideas. Es un ensayo sobre arte, sobre los que lo hacen y los que lo gestionan. Está escrito por José Antonio de Ory. Es un texto que se lee muy rápido, que ¡se entiende todo¡ Da gusto leer un ensayo sobre arte que se entiende, se comprende, que no usa palabras huecas y no necesita un diccionario al lado para seguirlo. Pero sobre todo, da gusto leer un texto en el que reconoces ideas que son tuyas, palabras que has pensado mil veces. Afirmar que no son los gestores culturales los que deben tener el protagonismo del mundo artístico; que los edificios de arquitectos famosos si están vacíos de contenido no sirven para nada; sostener que la política de subvenciones solo crea una corte de los milagros de sucursalistas abonados al régimen de turno; decir con todas sus letras que han secuestrado el concepto Arte Contemporáneo para asignarlo solo a una parte del todo, y no siempre la parte más interesante sino la más interesada, la que se pone al servicio de las tendencias que los gestores y con esto se cierra el círculo, imponen desde sus atalayas de poder. Todo esto son verdades que nadie quiere decir y menos asumir. Pero lo mejor de todo es la reivindicación que hace el libro de la figura del creador, el que pinta, esculpe, escribe, hace música, dirige o escribe un guión. Y lo hace con sus manos y su cabeza. Sin ellos, todos los demás sobran aunque se empeñen en mostrar el vacío de sus edificios y de sus mentes como una gran aportación. Cuantas veces los gestores culturales y los críticos se creen por encima de los que han hecho las obras que gestionan. No se trata de que no haya gestores, hacen falta, son necesarios. Pero deben estar al servicio de los creadores, de los que hacen las cosas, nunca por encima. Una de las reflexiones que me ha sugerido este libro es el hecho de que debe existir un equilibrio entre unos y otros. La figura del artista aislado, trabajando en su taller sin relacionarse no sirve, el artista necesita un hilo que lo conecte con el mundo y ese hilo son los gestores culturales, los críticos, los estudiosos. Pero lo que viene sucediendo en el mundo de la cultura desde hace mucho tiempo es que los que deberían ser ese hilo conductor se han erigido en hilo dominante, pequeños tiranuelos o reyezuelos que deciden qué o quién tiene derecho a existir. Es contra esto que nos alerta el libro de de Ory.
Prometo que la semana que viene, volveré a levantar los ojos hacia las pantallas de cine y hablaré de películas. Mientras tanto, vayan al cine que aun hay muchas cosas por recuperar, lean libros, visiten exposiciones, escuchen música…



sábado, 10 de noviembre de 2018

PELIS, DOCUS, SERIES


!!Esta semana se estrenan 19 películas¡¡ Es un horror. Es completamente imposible verlas todas, hablar de todas, se matan unas a otras. Tantos estrenos es la prueba de que el público es lo de menos. No interesa ya que vaya gente o no a ver un film, lo que cuenta es que burocráticamente se pueda alegar que se ha estrenado en salas para poder acceder a los premios, Goyas, Gaudis, o para iniciar un recorrido en plataformas, o lo que es más triste, para poder cobrar las subvenciones. Es absurdo, deberían cambiarse las leyes y las reglas para impedir que pase esto, un hecho que cuesta mucho dinero y genera mucha frustración. La critica intenta(mos) seguir lo mejor posible todo lo que se estrena, pero no llegamos. Por eso, aun a riesgo de dejarme en el tintero algunos títulos interesantes que no he podido ver, en esta entrada de hoy voy a hablar de cinco películas… y dos series. Dos ficciones italianas, Dogman y Lazzaro feliz; tres documentales: Bergman, su gran año, Farenheit 11/9 y Comandante Arian; y dos series, Oficina de infiltrados y Arde Madrid.

Dogman
De qué va: Un hombre normal, cuidador de perros en un barrio de extrarradio napolitano, es feliz en su inocencia con sus animales, su hija pequeña y sus amigos con los que juega al futbol. Pero hay  un pero muy grande en su vida. Es completamente dependiente de un ex boxeador brutal y dominante que mantiene aterrorizado al barrio y le manipula a su antojo. Marcello aguanta todas las humillaciones de Simone hasta que no puede más y estalla convirtiéndose en un “dogman”.
Porqué se ha de ver: Lo primero de todo, porque nos devuelve el mejor Matteo Garrone, el de Gomorra. Segundo, por el rostro y la mirada del espléndido actor Marcello Fonte. En tercer lugar, por los espacios donde sucede esta historia, un barrio napolitano en decadencia, cercano al mar, donde se respira ruina moral y física. En cuarto lugar porque es una reformulación del neorrealismo más clásico, con un aliento del Pasolini menos dramático. Un film que habla de ética pero que nunca cae en el moralismo.

Lazzaro feliz      
De qué va: En un remoto pueblecito aislado del centro de Italia, vive un grupo de campesinos dominados por una marquesa que ha olvidado decirles que en el siglo XXI ya no existe el régimen feudal de sumisión. Lazzaro es un joven inocente del que todos abusan y al que todos piden ayuda, casi un santo dispuesto a cualquier cosa sin plantear nunca preguntas. La liberación de los campesinos del yugo de la marquesa coincide con la muerte de Lazzaro. Cuando Lazzaro resucita, se encuentra en un mundo que nada tiene que ver con el suyo. Su viaje a la ciudad no le hará perder la inocencia y la santidad al encontrarse con sus antiguos amigos convertidos en lumpen de suburbio sin ningún futuro.
Porqué se ha de ver: Primero, por lo insólito de su propuesta, un cine fuera de las modas y fuera del tiempo, casi como su protagonista. Segundo, porque es una puesta al día (como la de Garrone, pero en un tono muy distinto) del neorrealismo más puro, casi un neorrealismo mágico (Milagro en Milán), que además recupera el mejor cine de Ermanno Olmi (El árbol de los zuecos). Tercero, por Lazzaro, un joven actor con unos grandes ojos llenos de luz y de inocencia. Cuarto, por la reflexión profunda que despierta al hacernos tomar conciencia de que la eterna lucha de clases sigue vigente pero transformada en un enfrentamiento desigual campo/ciudad donde los campesinos explotados por la marquesa se han convertido en parias urbanos desarraigados. Pero sobre todo, porque es una película tan antigua como los viejos cuentos y al mismo tiempo tan nueva como algo nunca visto.

Bergman, su gran año
De qué va: Partiendo del año 1957 cuando Ingmar Bergman a sus 38 años vive uno de sus periodos más creativos con el estreno de El séptimo sello, el rodaje de Fresas salvajes y En el umbral de la vida, mas la puesta en escena de tres grandes producciones teatrales, el documental se adentra en la vida de uno de los directores de cine fundamentales del siglo XX, en un retrato no siempre amable del personaje.
Porqué se ha de ver: Porque descubres muchas claves para entender su cine, al mismo tiempo que acabas de confirmar que Bergman era en su vida privada un tipo insoportable.

 Farenheit 11/9
De qué va: Viniendo de Michael Moore nos podemos esperar un film de denuncia sensacionalista que esta vez pone el dedo en el ojo de Donald Trump para demostrar como un personaje de esa calaña logró llegar a la presidencia de Estados Unidos. Pero Moore no desaprovecha la ocasión para meterse con todo lo que no funciona en su país, desde el gobernador de Michigan que envenena a sus ciudadanos con agua contaminada, hasta el Partido Demócrata que es menos demócrata de lo que parece.
Porqué se ha de ver: Porque nos confirma lo que ya sabíamos, Donald Trump es un personaje deleznable y muy peligroso, (la comparación con el ascenso de Hitler que hace el film no es gratuita). Lástima que para hacer su denuncia Moore caiga de nuevo en los típicos excesos de su cine, con una apabullante presencia de él mismo en primer plano. Un curioso efecto colateral de este documental: por un momento, mientras lo ven, cambien los nombres de Donald Trump por los de  personajes muy próximos de nuestro contexto político y verán cómo les resultan cercanos y muy reconocibles algunos de los discursos y algunas de las situaciones.

Comandante Arian
He dejado para el final este documental de Alba Sotorra, espero que hayan tenido la paciencia de llegar hasta aquí porque para mí es la mejor película de las estrenadas esta semana.
De qué va: Retrato de la Comandante Arian, una mujer kurda que forma parte de las YPJ, las Unidades de Defensa de las Mujeres, un cuerpo militar formado exclusivamente por mujeres en el 2012 con el objetivo de combatir al Ejército Islámico y de transformar la sociedad patriarcal en la que viven.
Porqué se ha de ver: Para descubrir y admirar este cuerpo militar insólito que mantiene tres frentes de batalla importantísimos, el primero y más peligroso es el de la guerra propiamente dicha contra el EI en la que se combate y se muere; el segundo es también muy peligroso y sobre todo mucho más largo, es el de la lucha por un reconocimiento como seres humanos iguales en derechos y deberes en una sociedad patriarcal y muy religiosa que relega a las mujeres a un segundo plano; el tercero es el de un enfrentamiento con ellas mismas, con su educación, su pensamiento, su manera de entender el mundo que no les deja espacio para sentirse miembros de pleno derecho de la sociedad. Siguiendo a la comandante Arian en el asedio y conquista de la ciudad de Kobane en el norte de Siria, y sobre todo en la dolorosa recuperación de las múltiples heridas de bala que la alejan del frente, el documental consigue que entendamos un poco mejor que pasa y porque en ese castigado país. Un trabajo indispensable que se debería enseñar en las escuelas y que tendríamos que ver todos.

Oficina de infiltrados
Una de esas coincidencias curiosas y muy interesantes hizo que viera el documental de Alba Sotorra al mismo tiempo que seguía en Movistar una serie de espionaje francés que se llama Oficina de infiltrados y que desde aquí recomiendo con todo entusiasmo. Ambientada en los años más duros de la guerra en Siria, creo que es en la tercera temporada cuando sale un personaje que tiene mucho que ver con el documental de Alba Sotorra, una mujer militar kurda que ayuda a los franceses en Siria precisamente durante el asalto de Kobane. Pero lo más triste de esta coincidencia es descubrir en la ficción el cinismo de los que juegan con el valor de los hombres y mujeres que luchan en esa guerra entre medieval y del futuro, cuando desde los despachos políticos deciden que tal o cual ciudad, tal o cual enclave se abandona o se conquista por puros motivos geoestratégicos. Es una serie muy interesante desde el punto de vista político y muy distinta en su realización a las series americanas. Para entendernos, está más cerca de John Le Carré que de Homeland.

Arde Madrid
Estupenda serie de Paco León, de lo mejor que se puede ver en este momento en cualquier pantalla. Ambientada en los primeros años sesenta, en un Madrid donde Ava Gardner vive su juerga permanente y triste, el film entronca con la mejor tradición de la comedia española, la que viene de Berlanga, Azcona y Fernán Gómez, saltándose a Almodóvar y sus influencias. Clásica en su planteamiento, limpia en su realización, es sin embrago profundamente incorrecta en lo que cuenta al mostrar una España franquista donde la España oficial iba por un lado y la España real por otro. Paco León no necesita mucho más que un único escenario, del que se sale en pocas ocasiones, un grupo de actores perfectos en sus personajes y unos diálogos inteligentes y divertidos para construir una serie indispensable.


viernes, 2 de noviembre de 2018

REENCUENTROS




(2001 ha estado muy presente en mi vida, mi novela La piedra negra es la prueba más clara de su enorme influencia)
El 1 de noviembre de 1968 Ramon y yo fuimos a ver 2001 una odisea del espacio. Nos habíamos casado el día anterior, el 31de octubre. No está mal empezar una vida juntos viendo 2001, una película que habla del futuro, que habla de un mundo nuevo lleno de estrellas. Entonces ya nos impresionó, nos gustó y nos hizo pensar mucho. La hemos vuelto a ver este 31 de octubre del 2018 y la verdad es que sigue siendo, 50 años después, una película que abre puertas, que deja en la retina imágenes inolvidables, que despierta emociones y sobre todo, provoca ideas. No sé cómo lo consiguieron, pero 2001 supera la barrera del tiempo y sigue siendo indispensable.

Y después de este pequeño apunte personal, las películas de la semana. Tres.


(en este blog he puesto muchos árboles de Ramon, es probable que éste ya lo haya usado, pero me gusta mucho como ilustración del árbol de Medem)
Reencuentro con Julio Medem: El árbol de la sangre
Me ha gustado mucho esta película. Lo digo de entrada y lo digo contenta porque los dos últimos trabajos de Medem, Mama y Habitación en Roma, me habían dejado un poco decepcionadas. Mama más que Roma. En cambio en este árbol de sangre y de vida, de memoria y de ramas entrecruzadas, veo el mejor Medem. Al salir de la proyección me encontré en el vestíbulo del cine con el director, me acerqué a felicitarle y le dije: “Has hecho una película fruto”. No sé si me entendió en ese momento, pero ahora lo explico. El árbol de la sangre es el fruto de las semillas plantadas en 25 años de carrera. Hay en este film, ecos de Vacas, sonrisas de La ardilla roja, misterios de Tierra, amores de Los amantes del círculo polar, sexo de Lucía y el sexo, búsqueda de explicaciones de Caótica Ana. Es como si todas estas historias, hubieran decidido florecer en una nueva aventura, que no copia, no busca la referencia, pero nace de ellas, como la fruta es distinta a la semilla, la planta y la flor de la que procede. Historia coral, que abarca los 25 años de la vida de Marc y Rebeca, pero se extiende mucho más allá para hablar del pasado y de presente. No hace falta hablar de política, prohibida en el relato que están construyendo los dos amantes, pero la política está ahí, al lado, como una sombra. No hace falta hablar de lugares para identificar una España plural en sus paisajes, plural en sus lenguas, plural en sus ideas. Construida como una novela escrita a dos manos, el culebrón, si porque también es un culebrón con todo derecho, de las vidas de Marc y Rebeca se entrelaza como las ramas del olmo que los acoge bajo su sombra. Olmo, por cierto, un gran personaje. Si, ésta es una película fruto y eso me hace muy feliz.
(me gusta mucho la critica que ha hecho Eulalia Iglesias en El Confidencial, si alguien la quiere leer, este es el enlace)

Reencuentro con Spike Lee: Infiltrado en el KKKlan
Yo creo que desde Haz lo que debas, en el lejano año de 1989, no me había vuelto a gustar una película de Spike Lee. Digo gustar, no que fueran buenas o malas. Hay en su filmografía títulos excelentes, pero a mí no me gustaban. Ésta sí. Con esta he disfrutado mucho. Es cine puro, entretenimiento puro, denuncia pura, género puro. Y si, reivindicación política y orgullo racial. Muy bien. Con todo esto, mas una perfecta ambientación de los años setenta, una banda sonora estupenda y actores que disfrutan con lo que están haciendo, Spike Lee nos regala un film de acción, de policías buenos y racistas malos, con humor y con mucha ironía. La simple idea de que un negro pudiera infiltrase en las células del KKKlan en los años setenta, es ya arriesgada, pero Lee la convierte en algo creíble gracias a dos actores perfectos; John David Washington, el negro de pelo encrespado, y Adam Driver, el judío descreído. Entre los dos se inventan un personaje ficticio que conseguirá engañar, burlar y sobre todo humillar a los WASPS del clan. Al final, en los créditos y poco antes, Lee utiliza imágenes documentales de ahora mismo, de la América First trumpiana que nos congelan la sonrisa de haber compartido la historia del doble Ron Stallworth. En el 2018, las cosas no solo están mal en Estados Unidos, es que están mucho peor de lo que estaban en los años 70. No hagan caso de las estúpidas declaraciones de Spike Lee que no es precisamente un personaje muy bien informado del mundo exterior al suyo, pero vean esta película, vale la pena.

Reencuentro con Freddie Mercury: Bohemian Rhapsody
En realidad este no es un reencuentro en sentido ortodoxo porque yo nunca fui fan de Queen ni de Mercury. Pero si identifico algunas de sus canciones, concretamente dos, We Will Rock You y We Are the Champions, como elementos musicales de mi vida. La película es un biopic convencional que se salva por las actuaciones musicales de este hombre impredecible encarnado con una energía desbordante por un actor egipcio nacido en Los Ángeles, Rami Malek. Aunque sea solo por ver la actuación en el concierto Live AID de julio de 1985, vale la pena quedarse hasta el final. Solo un apunte de queja. ¿Por qué en las películas musicales NUNCA y lo escribo con mayúscula, se subtitulan las canciones cuando son tan importantes, o más, que los diálogos doblados o subtitulados. Desde aquí reivindico que se subtitulen las canciones, por favor.



sábado, 27 de octubre de 2018

DOCUMACIÓN



(Anca Damian, junto a Juanma Aragón, de la Plataforma de Nuevos Realizadores y yo, en la Cineteca Matadero de Madrid. La foto es de Laura Nuñez)
La semana pasada estuve en Madrid invitada por la Plataforma de Nuevos Realizadores para presentar y charlar con la directora rumana Anca Damian a quien el Festival de Cine de Madrid otorgaba el Premio Mirada Internacional. Una de las mejores cosas que tienen este tipo de festivales es que te permiten conocer y descubrir a directores que hacen un trabajo extraordinario, pero de los que es difícil llegar a ver nada. Es el caso de esta mujer rumana, autora de una corta filmografía en la que brillan con luz propia dos títulos imprescindibles: Crulic, del 2011 y La montaña mágica del 2015.  Anca Damian hace un cine que, a falta de otro nombre mejor, me gusta definir como documación. Se trata en cierto modo de un documental narrado con técnicas de animación.  Son historias basadas en personajes reales, documentadas de forma exhaustiva, pero contadas de otra manera. Una manera que una ficción convencional no podría utilizar y que un documental convencional no podría provocar. La animación permite visualizar ideas abstractas, pensamientos, sensaciones, emociones, al mismo tiempo que contribuye a explicar la historia usando distintas técnicas, colores, líneas e incluso imágenes reales. La animación permite que la investigación periodística que hay detrás el guión, no se vea de una manera evidente al mismo tiempo que da una libertad absoluta a la hora de imaginar lo que pudo ser. Las dos películas hablan de personas normales que vivieron situaciones extraordinarias. Crulic, camino al más allá, es la historia de un joven rumano que en el año 2007, a los 33 años, fue acusado de robar una cartera en Cracovia, Polonia. Él siempre sostuvo que era inocente y lo era, como se demostró mas tarde. Pero en  el momento, nadie le prestó atención y cuando comenzó una huelga de hambre para protestar por su situación, pensaron que ya se cansaría. En realidad Crulic murió a causa de esa huelga de hambre en un país que parece que  siga viviendo en el mundo del Proceso de Kafka.  La montaña mágica,  está centrada en la vida de Adam Jacek Winkler, un alpinista polaco nacido en 1944, que huyó de la Polonia comunista en los años sesenta. En Paris vivió el mayo del 68 intentando hacer comprender a sus compañeros que luchar por el comunismo no era precisamente una buena idea. Su deseo de combatir contra la Unión Soviética le llevó a Afganistán a raíz de la invasión de ese país en los años 80. Jacek Winkler vivió con los mujaidines que se enfrentaba a los rusos en las montañas formando parte de un grupo mandado por Ahmad Shah Massoud, uno de los mas importantes jefes de la resistencia que acabó siendo asesinado por los talibanes cuando tomaron el poder. Jacek Winkler volvió a Paris y el 12 de octubre del año 2002 se marchó a la montaña dispuesto a morir. Fue esa noticia la que motivó el interés de Anca por esta historia. La documación le permite utilizar fuentes muy variadas para contar las distintas etapas de la vida de este hombre, y para poner en escena un diálogo imaginario entre su hija y él. Los dos son films muy interesantes, de una belleza terrible y emocionante. Crulic se puede ver en Filmin, La montaña mágica lamentablemente no se puede ver en ningún sitio.

Las extrañas coincidencias que tiene la vida han hecho que la misma semana que conocí a Anca Damian en Madrid, se estrenara un film español que se puede enmarcar plenamente en el mismo tipo de género que he llamado documación. Se trata de Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow, que adapta el libro publicado en 1975 por  uno de los más importantes corresponsales de guerra que ha habido nunca, el polaco Ryszard Kapuscinski. (Acabo de darme cuenta de que las tres documaciones de las que estoy hablando tienen que ver con Polonia, curioso). La película utiliza técnicas de animación, mezcladas con imagen real, documental o filmada expresamente para el film. Con todo ello, los autores nos adentran en un conflicto olvidado, el proceso de descolonización de Portugal en 1975 que sumió Angola en una guerra civil alargada casi cuarenta años. Aventura, amor, miedo, reflexiones políticas, esperanzas, juego de intereses internacionales y sobre todo “confusao”, confusión, palabra que define un lugar y una época que Kapuscinski relata muy bien y que Raúl de la Fuente y Damian Nenow han reproducido con la riqueza y la libertad que este género híbrido y nuevo les ofrecía.
(No quiero dejar de citar un antecedente directo de este tipo de cine,  Vals con Bashir del 2008, dirigida por Ari Folman).

viernes, 19 de octubre de 2018

PETRA



Solo unas líneas para esta película. No tengo mucho tiempo, pero no quiero que pase la semana sin por lo menos decir algunas cosas de este nuevo experimento de Jaime Rosales.
Primero. No hay en este momento (y creo que en ninguno) un director de cine que haya sabido transformar en imágenes el vacio geométrico de la obra de Mondrian. Las líneas rectas del espacio acotado, enmarcan las líneas rectas del vacío emocional de unos personajes abstractos.
Segundo. A pesar de esto, la historia nos sumerge en un melodrama, casi un culebrón con adulterios, padres escondidos, hijas que buscan un padre y mujeres que ocultan su pasado.
Tercero. La película mas vacía de emociones habla sin embargo de cuatro muertes, siempre en of nunca visualizadas. Tres muertes violentas físicamente, una violenta emocionalmente.
Cuarto. Y en medio de todo esto, el arte. Dos conceptos del arte, de la creación. El que solo piensa en el mercado, en el dinero, tan vacio como todo lo demás Y el que busca alcanzar a llenar ese vacío con la vida.
Quinto. Historia compleja en su ordenamiento narrativo, aunque nunca confusa, es en sus actores donde encuentra el mejor elemento del cuadro. Barbara Lennie estupenda, Marisa Paredes, brillante, Alex Brendemühl, imponente y Joan Botey odioso. Y junto a ellos, Oriol Pla y Carme Pla, víctimas del vacío.

sábado, 13 de octubre de 2018

DESCUBRIMIENTOS




(Colón también dio un pequeño paso para un hombre que fue un gran salto para la humanidad)
No sé si es casualidad o no, pero el hecho de que First Man se estrene el 12 de octubre no deja de tener su gracia. La llegada del hombre a la Luna se estrena el día que de una manera artificial y absurda, pero convencionalmente aceptada, se celebra lo que se ha dado en llamar el “descubrimiento” de América. Es una bonita coincidencia que me ha llevado a pensar en una película que me gustó mucho en su momento, aunque me produjo algunas discusiones. Un film que este interesante retrato/relato de Neil Armstrong me ha traído a la memoria, 1492, La conquista del Paraíso, de Ridley Scott estrenada en octubre de 1992 coincidiendo con los 500 años del evento. Recuerdo que escribí entonces que el Colón de Scott, con rasgos de un Depardieu aún capaz de moverse, parecía en su llegada a tierra americana un astronauta pisando la luna por primera vez. Viendo Fisrt Man me he acordado de esa película y de esas palabras. Hay en la figura de Armstrong algo de ese Colón obsesionado. Por distintos motivos seguramente, pero los dos están movidos por una urgencia: la de ir más allá. Hay un diálogo muy importante en el film de Damien Chazelle. Cuando Armstrong es entrevistado en la NASA, le preguntan más o menos esto.
–¿Por qué cree usted que hay que ir al espacio?
–Para explorar
–Explorar ¿para qué?
–Para ver las cosas como no las hemos visto nunca.
Creo que este diálogo lo suscribiría Colón cuando le preguntaran porque quería ir al otro lado del mar. Explorar, ver más allá de nuestro pequeño entorno, abrir el horizonte. Darnos cuenta de que somos pequeños y necesitamos ir más lejos. Como Armstrong necesita ir a la Luna para reencontrar la paz interior que ha perdido por una historia dolorosa que Chazelle y Ryan Gosling nos cuentan sin sentimentalismo, pero con mucha emoción. Explorar es algo que el hombre necesita desde los albores de la humanidad. Si no hubiera habido exploradores, del pensamiento, de la ciencia, de la geografía, del espacio, de la historia, aun estaríamos moviéndonos en las cavernas. Nunca fueron muy bien entendidos y menos aceptados. Colón lo sufrió en su vida y la carrera espacial lo sufre en su ralentización, en las demoras que hacen que no se avance tan rápido como haría falta. El argumento que Chazelle también muestra en el film sin demonizarlo ni convertirlo en reaccionario, aunque lo es, de que se gasta mucho dinero en el espacio cuando en la tierra hay gente que pasa hambre y frio, es una idea de atraso que casi siempre esconde la conservación de los privilegios de unos sobre otros. Porque la mayor parte de las comodidades que nos permiten vivir mejor ahora que hace cien años, por ejemplo yo misma escribiendo en este ordenador estas palabras, son resultado de la investigación en este caso espacial que abrió nuevos caminos para el progreso. Que ese progreso sea bien utilizado y bien repartido es otra cuestión que también debe preocuparnos. Pero nunca pararnos como humanidad que avanza.
Bueno, me he ido un poco por las ramas. Yo lo que quería era dejar claro que First Man me ha gustado mucho. Es una película que habla de sentimientos sin sentimentalismo, de aventura sin épica, de amor sin azúcar, de pérdidas sin parálisis. Y aunque sepamos ya como acaba la historia, nos mantiene en vilo toda la narración, con el alma en un puño viendo esa chatarra espacial casi tan endeble como las carabelas de Colón que navega en el espacio infinito. Además le agradezco a Chazelle que me explique cómo se filmó ese “pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” que tanta tinta hizo correr. Y también le agradezco, que como hizo Scott con su Colón, nos ahorre la bandera puesta en la Luna (o en San Salvador) dejando los patriotismos fuera de campo. First Man es una película importante. Al menos para mi.

(esto es lo que escribí cuando se estrenó 1492)
 Un proyecto con futuro
Cuando se supo, hace meses, que uno de los Colones que nos iban a invadir lo dirigiría Ridley Scott, la pregunta que se planteaba era “¿Scott?, el mismo de Blade Runner, el de Thelma y Louise?” Pero un momento de reflexión permitía exclamar: “!Scott¡ , claro”. En realidad sólo había cuatro directores de cine capaces de enfrentarse –y salir airosos– a la figura de Colón y al hecho del descubrimiento de América sin caer ni en la apología, ni “en la Historia vista por Hollywood”. Uno es Francis Ford Coppola que habría podido hacer un Apocalipsis colombino; otro es Werner Herzog que habría convertido a Colón en un héroe romántico, atormentado por el destino; el tercero es Manuel de Oliveira que se habría acercado a Colón con una mirada seca, sin adornos, pero rigurosamente histórica. El cuarto era Ridley Scott. ¿Por qué? Sencillamente porque Scott es el único director capaz de dar una visión futurista, capaz de convertir al navegante del siglo XV en un héroe del siglo XXI. Scott es el mejor preparado para conferir una dimensión épica y de gran espectáculo a una vida y una historia que se presten a ello como pocas.
Ridley Scott es un descubridor, como lo era Colón, no un creador, que es algo distinto. Scott, como Colón, sabe que hay un sitio donde quiere ir –las Indias o el cine del futuro– y hacía allí va convencido de lo que hace. Por eso su Colón será un Colón importante. No sé si será respetuoso con la realidad histórica o si se ajustará a las ideologías imperantes, lo que es seguro es que será una película grande.
(El Observador, 10 de octubre, 1992)




sábado, 6 de octubre de 2018

QUERER/AMAR


Esta semana se estrenan dos películas estupendas, de esas que se quedan en la memoria y se recordaran entre las mejores del año (o de años). Una es española, la otra polaca. Una la dirige una mujer joven, la otra la dirige un hombre joven. Vamos por partes. 

(mi madre también  cosía a máquina cuando vivíamos en México)

La española se titula Viaje al cuarto de una madre, precioso titulo que evoca todo tipo de sensaciones, porque ¿qué hay de mas intimo y secreto, que el cuarto de una madre? La dirige Celia Rico, una chica sevillana que vive  en Barcelona desde hace mucho tiempo y ha trabajado en algunas de las productoras mas interesantes de la ciudad: Oberon y Arcadia. Celia se dio a conocer con un corto precioso que protagonizaba Asunción Balaguer. Y ahora nos regala este cuento tierno y callado de una madre y una hija que son una sola figura y que poco a poco se van separando para ser dos, pero igualmente unidas, igualmente respetuosas. Lola Dueñas y Anna Castillo son la madre y la hija. Lola no sale nunca de casa y es en ese piso minúsculo donde vive todo su viaje a su propio cuarto que acabará por devolverla al mundo del que se había sentido excluida al perder a su marido. Anna es la hija que sabe que tiene que salir del piso sin dejar de viajar al cuarto de su madre y buscar fuera el aire que les permitirá respirar. Las dos hablan, se quieren, están unidas por hilos: el de la costura, tan importante, el del teléfono tan definitivo. Y las dos  sin ningún tipo de melodrama, sin perder la sonrisa, sin miedos ni revueltas, nos invitan a viajar a ese cuarto de su mano y de paso, a recordar cómo fueron nuestros propios viajes a los cuartos de nuestras madres. 



 (coros y danzas soviético/franquistas)

La polaca la dirige Pawel Pawiloswki y se titula Cold war, guerra fría. Es una historia de amor en blanco y negro; una historia de amor con la música como tercer personaje; una historia de amor entre dos personas, un pianista y una joven que canta y baila, condenados a amarse y a perderse continuamente. Empieza en la Polonia soviética de 1949 y acaba en la Polonia soviética de 1964. Entre medio, Berlín y Paris, son los escenarios de sus encuentros y desencuentros. Es un film contado con elipsis, lo que sucede fuera de campo es tan importante como lo que vemos, lo que les pasa a estos dos seres que se buscan, se encuentran, se pierden, a lo largo del tiempo es lo que no vemos pero vivimos a través de sus diálogos, sus enfrentamientos, sus tristezas e incluso sus momentos de plenitud. No puedes dejar de mirarla y no puedes dejar de darte cuenta con que inteligencia el director (recuerden la delicadeza de Ida y su carga de crítica política sin necesidad de levantar la voz) nos va metiendo en el alma de estos dos amantes usando la música como vehículo: la música popular primero, el jazz después, el rock and roll, en un momento de liberación y la canción que nace del alma al final. Dura muy poco, no solo porque es corta, sino porque esas vidas pasan sin darnos cuenta. Desde las primeras imágenes de recogida de canciones populares en el campo hasta el melancólico e impresionante plano final, desfila ante nuestros ojos no solo la imposible historia de amor de Viktor y Zula  sino la terrible tragedia de unos países castrados en lo mejor de su juventud durante muchos, muchos años. Como decía en una entrada anterior. Si solo han de ver una película este año, que sea esta.
(Hay un efecto colateral de la película que no me resisto  a destacar. Viktor y Zula se conocen en una escuela de formación de una compañía de bailes y danzas populares estatales promovida por el gobierno comunista para reivindicar la cultura del pueblo por encima de todo. Viendo estos espectáculos no he podido dejar de recordar los famosos Coros y Danzas del franquismo que eran exactamente lo mismo y estaban concebidos con el mismo propósito. Si en la terrible imagen de los coros cantando con el retrato gigantesco de Stalin detrás lo sustituimos mentalmente por el de Franco veremos que las similitudes son mucho mas que formales. Las dos eran dictaduras brutales. Harían bien todos los que levantan el puño y enarbolan banderas con hoces y martillos en informarse un poco de que es lo que están reivindicando. No sea que se encuentren de golpe con un nuevo stalfranquismo o incluso, en clave local, un stalcarlismo).


sábado, 29 de septiembre de 2018

EL REINO



(He dudado mucho en poner un cuadro tan bonito de Ramon en compañía de una historia tan detestable, pero luego he pensado que Rodrigo Sorogoyen y todos los que han hecho la película sí se merecían el regalo. Se trata de uno de los cuadros de la serie La corona d’un re donatore, del 2009)
“Una puesta al día del mejor cine político italiano. Un ritmo del mejor cine político americano. Sin dejar de ser intensamente española.” Escribí estas tres frases al salir del pase de El reino, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen.  También escribí: “Me gustó mucho mas de los que esperaba. Solo un apunte del título, más que El reino yo la habría titulado El chiringuito, porque eso es lo que estos canallas tienen montado.”
Un chiringuito en toda regla para robar a manos llenas del erario público sin despeinarse un pelo. Y lo que es peor, sin tener conciencia de que hacerlo está mal. “Yo pensaba que era lo normal” o “Tú habrías hecho lo mismo”, son algunas de las cosas que se suelen decir para justificar estos comportamientos mafiosos. En su presentación en el Festival de San Sebastián se ha preguntado insistentemente a Rodrigo y su equipo  porque no se nombra nunca el Partido Popular en la película. Me parece obvio. No se trata de denunciar a un partido en concreto, sino de poner en evidencia un problema sistémico. Manueles López Vidal hay en todos los partidos: los unos y los otros, los del 3% y los de la trama Gurtel; los de los Eres y los que simplemente se aprovechan de la ingenuidad de la gente para otorgarse sueldos desproporcionados con sus méritos. Todo es corrupción y todos somos un poco corruptos. Eso es lo importante de este film. Eso y responder a algunas preguntas como, por ejemplo, ¿Qué pasa cuando estos políticos se marchan a casa? ¿Cómo se comportan con su familia, con sus amigos? ¿Qué hacen en las comidas de trabajo? Bueno, en las comidas de trabajo se sabe bastante lo que hacen gracias a la insana costumbre de grabarse unos a otros. Pero lo demás es un misterio que el reino nos desvela un poco demostrando que son gente normal, de los nuestros, como usted y como yo, que han sabido ver en una situación determinada una oportunidad y no han calculado las consecuencias. En este chiringuito de desaprensivos no se salva nadie. Ni siquiera la periodista estrella que persigue a su objetivo hasta acorralarle en una secuencia antológica. Hay mucho cine en este espléndido guión, en el uso de la música que pone de los nervios hasta que te das cuenta de que es un personaje más, en ese retrato de una violencia moral que está más extendida de lo que nos gustaría creer. El reino no necesita mucha publicidad, se la hacen todos los días los telediarios, la comparecencia de José María Aznar en el congreso, los juicios y sus delaciones, los favores concedidos a cambio de (no siempre de dinero, a veces de votos). Pero lo mejor es que todo esto que en un determinado cine político sería insoportable, en manos de Sorogoyen y su equipo se convierte en un magnífico espectáculo. Cine popular, comercial, del mejor. Un thriller en toda regla, cine negro. Necesario y útil. El reino (o el chiringuito) será una de las películas españolas del año.
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Por si no estábamos convencidos de su dimensión universal y actual, mas allá de la traición y el sálvese quien pueda, estas últimas semanas nos están ofreciendo un culebrón en entregas de la corrupción en todas su variantes: másteres, casas compradas de forma como mínimo extraña, chanchullos de te doy mi voto si me quitas a ese fiscal. El reino es tema de todos los días, sobre todo en esa variante de “cuídate de tus enemigos, pero más de tus amigos, sobre todo si son compañeros de partido”. Ojala se hagan muchas más películas como ésta.





sábado, 22 de septiembre de 2018

CUATRO HOMBRES



(un caballo de Ramon para Brady)
Brady (el cowboy)
The rider es una película de piel, de emociones, de paisajes, de ocaso de una forma de vida que desaparece. Es la historia de un jinete de rodeos que ha nacido para eso, para montar a caballo, recorrer las praderas. Es la vida del personaje de ficción y el personaje real que son uno. Porque el The rider cuenta la historia del Brady real, con su hermana Lily, su padre, su amigo Lane Scott. Es una documental convertido en ficción o una ficción que nace de la realidad. Brady Jandreau es Brady Blackburn, y su historia es la del accidente que le alejó para siempre de los rodeos y su imposibilidad de vivir lejos de ese mundo. No es una película nostálgica ni melancólica, pero si es profundamente romántica. Brady, el de verdad y el de la ficción, es un joven indio nacido y criado en la reserva de Pine Ridge en Dakota del Sur, donde viven los indios de la tribu de los Lakotas. “Hay cosas que no se hacen por el dinero que se puede ganar, hay cosas que se hacen solo por las ganas de divertirse…he salido de esos corrales muchas veces entre los gritos de la gente montando un toro o un caballo enloquecido que se retorcía debajo de mi, y siempre he sentido lo mismo. Durante unos segundos eres mucho más que cuando paseas por la calle o comes o duermes. Quizás sea algo que no se puede explicar a una mujer.” Son palabras que dice Robert Mitchum en un film de 1952 que se ha citado mucho en las críticas a The rider, Hombres errantes, de Nicholas Ray. Pero en este caso si ha sido una mujer la que ha entendido lo que le sucede a este jinete. La joven china Chloe Zhao ha sabido captar esa mezcla de tristeza y orgullo, de amor y deseo, de vínculo con un paisaje, con una tierra, con un horizonte. Le copio a Marta Medina el titular de su estupenda critica El confidencial, aunque con un ligero cambio: “Si solo puede ver una película esta semana (ella dice este año) … que sea esta maravilla”.

 (el auténtico Willi Herold, tenía 21 años cuando fue ejecutado en 1946)

Willi Herold (el capitán)
Me resulta difícil hablar de este personaje, de esta película. Pero creo que tengo que hacerlo. No solo porque pienso que es una buena película, sino porque me parece importante conocer a Willi Herold, un soldado alemán desertor que los últimos días de la guerra, huyendo de sus perseguidores, encuentra un uniforme de capitán del ejército y al ponérselo no solo asume una nueva identidad sino que con la máscara puesta construye un personaje que es compendio de lo peor que generó el nazismo: la crueldad gratuita, la arbitrariedad del poder, la manipulación de los que considera inferiores. El horror en estado puro. Saber que está basado en un personaje que existió y cometió esas barbaridades, es aun más espeluznante porque nos pone frente a una idea terrible: cualquiera puede dejar aflorar al monstruo que se esconde detrás de una máscara y lo que es peor, la banalidad del mal de la que hablaba Hanna Arendt no era exclusiva de los mandos militares y políticos. Hubo mucha más complicidad en el horror entre la población civil de la que a muchos alemanes les gusta reconocer en la revisión de la historia. La película está rodada en blanco y negro porque en colores sería insoportable, fue tan dura de filmar (algunos actores rompían a llorar durante el rodaje) como de ver. Pero es hermosa, si, lo es en su maldad y en su frialdad y sobre todo es necesaria. Si van a verla, quédense a los títulos de crédito, donde vemos al joven Willi al frente de su tropa de depredadores circulando por una ciudad alemana de ahora mismo sembrando el terror entre los ciudadanos. Una lección de historia.


(un icono de Ramon)
Jacques (el periodista) 
¿Una película sobre apariciones de la virgen? ¿Mande? ¿A estas alturas? Pues si una película sobre la aparición de la virgen, pero… y ahí está lo interesante, contada desde la mirada de un hombre que no cree, pero respeta. Jacques viene de sufrir una pérdida terrible, su mejor amigo ha muerto mientras los dos cubrían una de esas guerras que pasan lejos y que desgraciadamente de tan cotidianas ya ni salen en los telediarios. Jacques está herido en el alma. Y eso le lleva a aceptar presidir una comisión de investigación del Vaticano sobre la supuesta aparición de la virgen que una chica de 18 años afirma haber visto en un pueblecito del sur de Francia. Jaques llega sin ideas preconcebidas en ningún sentido. Es un periodista y lo que quiere saber no es la verdad, eso es muy difícil, sino los porqués. La película le sigue en este viaje de investigación donde vemos como Anna, la chica que ha visto a la virgen, se consume ante sus ojos y los nuestros víctima inocente de sus propia ingenuidad, de su propia historia y del abuso de los que la rodean. Hay tres cosas que no es La aparición: no es maniquea, no es mística, no es previsible. Y hay una que si es: una curiosidad.




(una estrella de Ramon)
Juan (el gaucho/guaraní)
Testigo de otro mundo se estrenó la semana pasada, pero la recupero esta porque también es una historia de un hombre, Juan Pérez, protagonista de un encuentro (aparición) con seres extraterrestres cuando era un niño de doce años en medio de la Pampa argentina. Este hecho marcó toda su vida y llamó la atención del documentalista Alan Stivelman que decidió averiguar qué había pasado con Juan cuarenta años después. Desde el punto de vista cinematográfico no deja de ser un documental muy convencional, casi televisivo, pero desde el punto de vista del personaje, ese Juan de cincuenta años, que aun no es capaz de entender que le pasó entonces, es muy interesante. Stivelman se sitúa en segundo plano y busca no solo entender, sino ayudar a Juan. Y ello les lleva a los dos a conocer una comunidad de indios guaraníes, de donde viene la familia de Juan, en la que el hombre acabar por aceptar lo que le sucedió al enmarcarlo en una creencia más amplia, mas colectiva, que le ayuda acerrar el círculo de su soledad y su diferencia, en definitiva de su vida. Testigo de otro mundo es un documental sencillo en su forma y complejo en su contenido. Abre puertas y no solo las de la ciencia ficción.




sábado, 15 de septiembre de 2018

PENELOPES



(no se si Ramon pensaba en Penélope cuando hizo este cuadro magnifico, pero a mí me gusta imaginarme que podía serlo)
1
Últimamente he vuelto a ver varias películas antes de escribir de ellas: Yucatán, Las distancies, y ahora Penélope. Es muy interesante este volver a un films que ya has visto. La película es la misma, el que cambia eres tú. Cada vez que la ves eres distinto. Y eso, se proyecta en la pantalla de alguna manera. En el caso de la Penélope de Eva Vila, la vi hace casi un año. Entonces le escribí a Eva unas líneas que me parecían resumían la pelicula y eran sencillas para explicarla: “Una versión de La Odisea de Homero en la que Penélope es una mujer muy vieja que encarna la sabiduría, la tierra, los orígenes, lo perdurable y verdadero, y Ulises es un hombre perdido que vive en una ensoñación. Todo ello enmarcado en una Ítaca que es una Montaña Sagrada y mágica (Montserrat) y un palacio que es un pequeño pueblo de la Catalunya rural con sus tradiciones, sus fiestas y sus gentes entrevistas siempre desde la casa de esa Carmen/Penélope que lo llena todo con su humanidad.”
Volví a ver la película hace unos días en unas condiciones inmejorables. En el cine Phenomena de Barcelona, con una proyección y un sonido impresionantes que revalorizan el trabajo de Eva hasta casi convertirlo en otra cosa. Hay películas, muchas, que se pueden ver en un ordenador o una tele sin que pase nada. Pero hay otras que piden desean, necesitan, la pantalla grande. Penélope es de estas. Los paisajes invernales de esa Catalunya profunda y antigua, la montaña de Montserrat con sus caminos de piedra, provocan sensaciones románticas de brumas y melancolía. Pero también la casa de Carmen/Penélope desde la que vemos, a través de las ventanas, el mundo de fuera, la vida, la realidad en la que ella ya no participa. La profundidad de campo desde la oscuridad de la casa a la luz del paisaje es magnífica. Ya me había gustado la película, pero verla en estas condiciones me hizo disfrutarla mucho mas. La Odisea está presente en los versos que va desgranando una voz en off  que transmite la grandeza del texto. Pero lo mejor de todo es como el poema homérico se ajusta como un guante a una realidad cotidiana y casi documental, la de una mujer muy vieja que cose y escucha la radio y se ríe y espera en un pueblo al que llega ese Ulises desmemoriado que intenta recuperar su vida, su vieja casa, su pasado perdido. Penélope es una película especial, una historia de ahora mismo enraizada en el tiempo. Una mujer que espera, un hombre que vuelve, un paisaje…

2
Ver la película esta semana de la Diada me ha hecho pensar en una extraña similitud. De repente me he encontrado pensando que la Catalunya soberanista es una Penélope que teje y desteje manifestaciones año tras año, esperando que algún día vuelva a casa ese Ulises/Independencia que lleva años (por lo menos siete) viajando a Ítaca sin llegar nunca, y cuando parece que lo va a hacer, se esconde avergonzado para que no le vean ni le reconozcan y vuelve a salir huyendo.

3
La tercera Penélope de la semana es , of course, Cruz. Penélope Cruz es Laura, la protagonista del melodrama rural irano/castellano que ha construido Ashgar Farhadi en nuestro país. Todos lo saben es una película coral que tiene como centro a Laura y a Paco, es decir Penélope Cruz y Javier Bardem. A su alrededor circulan una serie de personajes importantes para la historia: el apagado Darín, el sólido Eduard Fernández, la potente Elvira Minguz, la dura Bárbara Lenni o la dulce Inma Cuesta. Pero es Laura, la madre, la que polariza las miradas. Drama rural que a veces parece un culebrón y otras una tragedia griega, lo de menos es saber el quién y el porqué de lo que pasa. Hay que dejarse llevar por los sentimientos que van aflorando en ese pueblo atávico lleno de rencillas antiguas, en esa familia patriarcal donde mandan las mujeres, en esas relaciones ocultas que se arrastran durante años. Torrelaguna no está tan lejos de Irán aunque las mujeres no vayan cubiertas por un shador. Pero, si, tengo un pero. No es importante y es producto más de mi propia exigencia que de la propia película. Farhadi nos tiene acostumbrados a un nivel en su cine cotidiano y feroz que entiendo es difícil conseguir si ruedas en otro idioma, no en otra cultura, insisto, ese pueblo castellano no esta tan lejos de cualquier pueblo iraní. Pero, y reconduzco mi pero, la inseguridad del director la cubre con creces la fuerza de Penélope Cruz, una Actriz con mayúsculas. Por ella, aunque también por un par de secuencias estupendas de Bárbara Lenni y por escuchar la canción que canta Inma Cuesta al final, vale la pena no perderse esta película.



sábado, 8 de septiembre de 2018

AMIGOS/AMIGAS


 (Berlín, una ciudad sin centro)
Cuando vi Les distancies en el BCN Film Fest, escribí estas líneas en el blog: “El Berlín de Les distàncies, es un Berlín de vida cotidiana donde aterrizan cuatro amigos para darle una sorpresa a un quinto que vive en la ciudad desde hace años. La segunda y esperada película de Elena Trapé es un retrato de la decepción, la sensación de fracaso de una generación, la que tiene entre 30 y 40 años, que ha visto como se iban derrumbando una a una sus ilusiones y esperanzas. Pero el que sus personajes se sientan acabados no quiere decir que la película sea pesimista. El solo hecho de existir es la prueba de que no hay derrotas posibles. Siempre se puede hacer frente a lo que no funciona. Volveré a ella cuando se estrene en otoño”.
Bien, no ha llegado aún el otoño, pero si toca volver a ella. Para empezar la ví de nuevo. Quería comprobar si la sensación de decepción profunda que me habían dejado los personajes seguía estando ahí. Y si, lo estaba, pero por suerte, compensada ya no solo por la propia película, sino por los actores y la directora a los que tuve ocasión de entrevistar para el programa La Cartellera de BTV. Su entusiasmo, su alegría, sus ilusiones y sus ganas de vivir y de trabajar eran el mejor antídoto ante el fracaso y el desencanto de sus personajes. En esta segunda visión entendí mucho mejor porque Berlín era el lugar ideal para contar esta historia descentrada de soledades compartidas. El Berlín de Elena no es el de Victoria, la película protagonizada por Laia Costa, ni el de la Julia de Elena Martí. Comparte con ellas paisaje, pero no atmósfera, tiene en común personajes (españoles de nueva generación que intentan construir sus vidas en una Europa que no debería ser sentida como ajena). Pero este Berlín es más triste, más gris, más impersonal, más duro. Es un Berlín de invierno, donde la falta de luz produce la falta de energía. En este contexto viven estos cinco personajes su desencuentro personal y colectivo. Hay otra cosa que distancia estas distancias de las otras dos pelis berlineso/catalanas. El momento en que fueron escritas (no rodadas). Elena Trape empezó a escribir el guión en el año 2011, en plena crisis económica, en plena crisis de valores, en plena crisis de todo. Sus cinco amigos nacen de esa crisis que siete años después, en el momento de su estreno, ya es otra. Por eso el film es tan interesante. El tiempo que ha pasado ha hecho que deje de ser un retrato generacional para convertirse en una lección moral. Lo que les pasa a los amigos en ese fin de semana berlinés y solitario donde deben enfrentarse a un pasado que ya no existe y afrontar un futuro que se adivina incierto, este arreglo de cuentas con tu propia vida para ver si “has hecho los deberes o no”, como dice uno de los actores, es algo que va más allá de la gente de 35 años y se puede aplicar a cualquier edad y a cualquier circunstancia. Y es esa pregunta, en la que nos sentimos interpelados todos, donde este film de silencios, miradas, paseos, ventanas cerradas y puertas que se entreabren, adquiere su grandeza y trasciende su historia.


( dos chicas de Ramon que, aunque son rubias, podrían ser Carmen y Lola)

Estamos de suerte porque esta semana se ha estrenado, además de Les distancies, otra película española  dirigida también por una mujer. Se trata del debut como directora de Arantxa Echevarría, Carmen y Lola. Reducir su importancia a un simple enunciado del argumento, dos adolescentes gitanas descubren su lesbianismo a través de su amor y se enfrentan a su comunidad con todas las consecuencias, es reducir mucho el interés del film. Es cierto, las protagonistas son dos chicas de 16 y 17 años que se enamoran casi sin darse cuenta, como lo hacen los adolescentes de cualquier edad, sexo o raza. El hecho de ser gitanas (o mercheras, como se ha encargado de aclarar una de ellas) las condiciona sin duda. Deberán enfrentarse a los tabúes normales de la sociedad agravados por los tabúes propios de su gente. Pero lo que hace que el film sea interesante no es la historia. A mí lo que me gusta de esta película es el uso de los espacios, del paisaje de ese Madrid de extrarradio que enmarca a estas dos chicas: los edificios donde viven, las calles, el mercadillo, los lugares secretos que buscan para sus encuentros, inocentes al principio, donde la única transgresión es fumar, cada vez más íntimos. Me gusta como visten y como hablan Carmen y Lola, la vitalidad que les dan Rosy Rodríguez y Zaira Morales. Me interesa ver cómo se comportan sus madres y sus padres, más allá de si son gitanos o no. Me aterra esa iglesia de evangelizadores exorcistas que tanto daño hace entre los sectores más vulnerables de la población. Me asusta la ignorancia respecto a la importancia de estudiar y formarse, actitud que no es solo patrimonio de los gitanos. Y me gusta ese final feliz que no lo es. Las chicas consiguen estar juntas, sí. No me importa desvelarlo. Y no me importa porque me parece muy importante darles una salida aunque en realidad sepamos que no será fácil que puedan seguir siendo mucho tiempo Camen y Lola y acabaran siendo Carmen, Lola y el mundo.
Al acabar de escribir estas líneas me doy cuenta de que hay un rasgo común entre estas dos películas tan distintas entre sí: las dos contradicen con su propia existencia las historias de fracaso o de intolerancia que cuentan. Estupendo.