sábado, 13 de enero de 2018

DOS MUJERES; DOS HOMBRES


(la secuencia mas extraña de la película)

Primera mujer: Frances McDormand en Tres anuncios en las afueras
Frances McDormand es una fuerza de la naturaleza. Pocas actrices, pocas mujeres en realidad, podrían despertar ese doble sentimiento de rechazo y de solidaridad, de desagrado y de empatía, como el que despierta Frances McDormand en el personaje de Mildred. El director Martin McDonagh explica que la actriz solía decirle durante el rodaje que su personaje era como John Wayne. Y es cierto, Frances McDorman en Tres anuncios en las afueras es como John Wayne. Tiene toda la razón la actriz al decirlo. Primero porque Tres anuncios… tiene la estructura de un western, de los de John Ford, no de los del Sergio Leone; segundo porque Mildred es un personaje con un objetivo, como el John Wayne de Centaruros del desierto: vengarse de los que ella considera que no hacen nada para encontrar a los asesinos de su hija. Mildred, como Ethan, despierta simpatía y antipatía a partes iguales. Con ninguno de los dos te irías a cenar (como descubre Peter Dinklage en una de las secuencias más extrañas de la película). Es fácil comprender sus razones para actuar como lo hace, pero no es fácil justificarlas. Tres anuncios… tiene una ambigüedad moral que hace que no dejes de pensar en ella. Y tiene humor, (los Coen aunque no estén directamente, lo están indirectamente) y tiene un personaje que en muy pocas secuencias establece el equilibrio de todo: el del sheriff Willoughby que con sus tres cartas es el perfecto contrapunto a los tres anuncios. Atención a Martin McDonagh, el director. Será uno de los importantes, bueno, no será, es uno de los importantes.

 (retrato de Armand Roulin)

Primer hombre: Armand Roulin en Loving Vincent
Armand Roulin. El nombre no les dirá nada seguramente. Si decimos, en cambio, Vincent Van Gogh, no habrá dudas. Todo el mundo sabe quién es Vincent Van Gogh. Por eso es muy interesante y curioso, además de un prodigio de realización, que Loving Vincent se base en el personaje de Armand para descubrir porque murió Vincent. A estas alturas seguramente todo el mundo puede saber que Loving Vincent es “la primera película pintada al oleo fotograma por fotograma”. Esa es su grandeza visual y es esa grandeza la que le da su belleza al poner en movimiento los cuadros y los personajes de Van Gogh. Reconociendo esto, la película podía haber sido un simple alarde técnico. Y sin embargo, la directora polaca Dorota Kobiela no se ha limitado a “usar” la técnica para hacer una historia convencional. Tomando los cuadros de Van Gogh como escenarios, ha construido una investigación en torno a su muerte. Y es ahí donde entra Armand Roulin, hijo del cartero retratado por Van Gogh con su chaqueta amarilla. Cuando su padre le pide que entregue una carta, la ultima de Vincent a su hermano Theo. Armand emprende una investigación para intentar entender porque se mató Van Gogh y se pregunta si realmente fue un suicidio o no. Busca y pregunta e indaga entre los que le conocieron los últimos días de su vida. Esta historia seria una película normal estupenda. Contada en vangoghs animados, es además, un regalo.


(este cuadro de Ramon seguro que le gustaría a Ana Asensio)

Segunda mujer: Ana Asensio en The Most Beautiful Island
The Most Beautifu Island es una rareza. Una película incómoda, inclasificable, inesperada. En realidad se puede decir que en The Most Beautiful Island hay dos películas en una. Las dos producen desazón, rabia, descorazonamiento, solidaridad, inquietud suspense. Pero por distintas razones. La historia es la de una mujer, Luciana, (aprovecho para decir que Luciana es Ana Asensio, guionista, directora, productora y actriz del film). En la primera parte, compartimos con Luciana las enormes dificultades de sobrevivir en la isla más bonita del mundo, Manhattan, cuando todo está teñido de un color ceniza muy alejado del blanco y negro brillante de Allen o los colores del technicolor. Luciana hace lo que puede en ese inhóspito espacio. Si la película fuera solo eso, ya sería interesante por el tono documental, realista, por la preciosa secuencia del principio y por hacerte detestar a esos niños horribles que Luciana cuida para ganarse un par de dólares. Pero la historia y la película dan un giro inesperado que te coge con el pie cambiado. Luciana acepta un trabajo que debería hacerla sospechar, y de hecho sospecha, por lo bien pagado que está. Al aceptarlo, entra en un submundo que convierte este film realista en un film inquietante. La larga espera en el sótano, crea una tensión insostenible. Corre el peligro de que, al resolverse se pierda esa intensidad. Pero no. La joven directora madrileña, sabe muy bien lo que está haciendo y lo resuelve en una secuencia que justifica todo el suspense sin decepcionar. Al menos a mi. Y creo que a mucha gente porque la película no para de recibir premios en todas partes. Estoy segura que cuando acabe este 2018, la recordaremos entre las mejores operas primas españolas. Seguro.


(cartel publicitario de Churchill durante la guerra)

Segundo hombre: Winston Churchill
Al salir de ver El instante más oscuro, de Joe Wright, nos preguntábamos por que había últimamente tantas películas sobre Churchill. Puede parecer que no son tantas, pero dos directamente inspiradas en momentos cruciales (oscuros sin duda) de su vida y otras dos sobre la batalla de Dunkerke, son muchas. Había varias especulaciones. Pero la más evidente, y todos estábamos de acuerdo, es que esta abundancia de películas churchilianas tenía que ver con el Brexit. En lo que no coincidíamos del todo era en la lectura brextiana del personaje. Churchill era un hombre orgulloso del imperio británico, de la monarquía, pero sobre todo, orgulloso del pueblo británico (no solo el inglés). Esto hacía de él un personaje nacionalista sin duda, un defensor de la identidad nacional y de sus valores. Esta mirada sobre su figura es la que defendían los que decían que Churchill era un reaccionario, un patriota. Pero para mí hay otra lectura, que el film deja muy clara. Los auténticos reaccionarios, los verdaderos aislacionistas, eran Neville Chamberlain y el Conde de Halifax, que querían negociar con Hitler para mantenerse al margen de la guerra en el continente y preservar así sus privilegios. Frente a ellos, Churchill sabía que tenían que implicarse, que no podían abandonar Europa a su suerte porque los arrastraría en su caída frente al dominio nazi. Para salvar Gran Bretaña, había que salvar Europa. Todo lo contrario de los partidarios del Brexit que piensan en salvarse ellos mismos dejando Europa abandonada. En este sentido, son muy útiles y necesarias las películas como El instante más oscuro, que cuenta ese delicado momento en que Churchill tuvo que tomar la decisión: enfrentarse a Hitler o aceptar sus condiciones. Por suerte para el mundo, se enfrentó.

LIMONES EN EL BLOG DE RAMON
Ramon ha hecho una entrada preciosa sobre los limones y el tiempo. Vale la pena verla
este es el

 https://ramonherreros.blogspot.com/2018/01/limones.html

sábado, 6 de enero de 2018

VEROSIMIL


Una de las reglas fundamentales en cualquier narración: guión, cuento, novela, incluso sueño, es que sea verosímil. Ser verosímil no tiene nada que ver con ser realista, con ser de verdad. La verdad muchas veces no tienen nada de verosímil (ahí está la política para demostrar que tiene relatos poco verosímiles, pero si muy verdaderos). Ser verosímil es conseguir que todo lo que pase tenga un sentido dentro de la narración. Y esto tan sencillo, en realidad es muy difícil de conseguir. Valga este párrafo como introducción a dos películas que se estrenan esta semana. Las dos son verosímiles y las dos me gustan mucho.


(las Torres Gemelas en la maqueta de Nueva York del Museo de Arte de Queens) 

La primera es El museo de las maravillas, de Todd Haynes. Haynes es un director muy especial. Le gusta visitar los géneros para transformarlos en algo personal. Lo hizo con el melodrama en la excelente adaptación de Mildred Pierce o en Lejos del cielo y sobre todo en Carol. Pero también lo ha hecho en el musical, I’m Not There, o en el terror, con su debut hace más de veinticinco años, Poison. Haynes se atreve ahora a darle la vuelta al fantástico, mejor dicho al cuento fantástico. Porque eso es lo que es El museo de las maravillas, un maravilloso cuento sobre la maravilla de vivir. Y sobre el cine, y sobre la herencia, y sobre el futuro. La película adapta una novela de Brian Selznick que no conozco pero me encantaría leer. Está ambientada en dos tiempos, 1927, 1977. Tiene como protagonistas a una niña sorda en 1927, y a un niño sordo en 1977. Las dos juegan con el cine mudo, pero el segmento del 27 lo  hace en blanco y negro y con estética que bebe en Chaplin más que en Griffith; mientras que el segmento de 1977 lo hace con estética que bebe en el mejor Spielberg. La música es fundamental en un film donde las palabras no se oyen casi nunca. Una música que por un lado nos evoca el 2001 de Kubrick (si, lo hace aunque sea de forma muy sutil) y por otra nos lanza al espacio con la voz de David Bowie cantando Space Oddity. Las dos historias confluyen en Nueva York, en un espacio de odisea de la imaginación que es el Museo de las Maravillas. Pero el mejor momento para mi es la estupenda secuencia en el Museo de Arte de Queens, donde se exhibe el Panorama, una reproducción a escala de la ciudad de Nueva York. Allí como Gulliveres sordos, Ben y su abuela, descubren escondidos bajo los edificios, los fragmentos de su historia común. Allí confluyen en un momento mágico las dos historias: la del niño sordo que busca a su padre; la de la niña sorda que busca a su madre. Esta es una película para ir con niños que aun tienen despierta la imaginación y no necesitan ritmos frenéticos. No es una película para adultos obsesionados con la realidad.


La segunda es Molly’s Game, de Aaron Sorkin. El 13 de mayo del 2012 escribí en el blog una pequeña entrada sobre el libro de Alicia Luna Nunca mientas a un idiota. Decía esto: “Acabo de leer el libro de Alicia Luna  Nunca mientas a un idiota. Póker para guionistas y demás escribientes. Es una lectura absolutamente recomendable. 
Imprescindible para todos los que quieran escribir guiones, novelas, o cualquier tipo de historias. Imprescindible para todos aquellos que jueguen o les gustaría jugar al póker en serio. Para los que no son ni una cosa ni otra, lo pueden leer casi como una novela muy divertida escrita en primera persona. Y desde luego, todos deberíamos hacer caso al título: nunca mientas a un idiota, seguro que acaba haciéndote daño de una manera o de otra.” Me he acordado de este divertido (y muy útil) libro viendo Molly’s Game, el debut en la dirección de uno de los mejores guionistas del cine contemporáneo, Aaron Sorkin. El libro de Alicia tiene mucho que ver con la película de Sorkin. La historia de Molly Bloom, ex esquiadora convertida en reina del póker gracias a sus famosas partidas, parece sacada directamente de las páginas de Alicia. Juego, azar, estrategia, inteligencia, observación, lejanía. Y sobre todo respeto. Eso es lo que hace de Molly la perfecta anfitriona de las mejores partidas de póker, hasta que miente a un idiota y paga las consecuencias. El guión de Sorkin, como era de suponer, es magnífico. Estructurado en tres tiempos, la infancia y adolescencia de Molly, la plenitud de la princesa del póker, la detención y el juicio, se va desarrollando ante nuestros ojos como una partida en la que alternan los tiempos de una pareja de reyes (Molly y su exigente padre), una pareja de ases (Molly y su excelente abogado) y un ful de figuras especiales encarnadas en jugadores y crupieres  profesionales y un desfile de actores de primer orden que asumen los roles de los famosos de todo tipo que pasaron por la mesa de juego de Molly. Sorkin pasa con nota el debut en la dirección, aunque se le nota más inseguro que en la escritura. Y de esa inseguridad sale triunfadora Jessica Chastain que se mete en la piel de Molly y la llena de dignidad y desafío.