sábado, 21 de abril de 2018

PESADILLAS


Antes que nada: la película estrella de la semana es Isla de perros de Wes Anderson. Pero aún no la he visto. Asi que se quedará para una próxima entrada. De momento estos días en que en Barcelona ha empezado  el BCN Film Festival nos dejan cuatro estrenos interesantes. Vuelvo a la fórmula que ya usé hace unas semanas: De qué va, Porque me gusta. Acompañado de fragmentos de  cuadros de Ramon que me sugieren las historias.




CUSTODIA COMPARTIDA
De qué va: Una pareja separada desde hace un año plantea ante una jueza la custodia compartida del hijo pequeño de once años. La madre intenta que no se la concedan, pero el padre la consigue. Esa decisión completamente arbitraria será el principio de una pesadilla para la madre, el hijo, y la hermana mayor.
Porque me gusta. Por el tono seco y cortante. Porque empieza como un film social sobre un problema acuciante y va derivando hacia un film de horror. Porque nos cuenta que a veces, la casa, ese espacio que se supone es un refugio, puede ser un lugar extremadamente peligroso donde las emociones se esconden hasta que estalla el miedo. Porque ese ogro terrible y cotidiano desgraciadamente se parece a muchos ogros que existen en la vida real. Porque no cae nunca en el melodrama y obliga al espectador  a mirar directamente el problema. El protagonista principal es un padre celoso y posesivo, violento y maltratador, pero la película nunca parte de él. Al contrario, le vemos siempre desde otro punto de vista: la jueza, el hijo, la madre, todos focalizados en ese hombre feroz que engaña con su apariencia. Pesadilla cotidiana.



SERGIO&SERGEI
De qué va: Sergio es cubano, Sergei es ruso y Peter, que no sale en el título, es americano. Estamos en el año 1991. Sergio vive en una Habana en ruinas; Sergei es un astronauta de la estación espacial MIR que se cae literalmente a pedazos; Peter se encierra en un piso en un Nueva York que declina éticamente. Los tres se conocen, se ayudan, se hacen amigos gracias a las ondas de radio aficionado que les permiten escapar de los controles de la incompetencia (la de la agencia espacial soviética), la indignidad (la de los servicios secretos cubanos) y la prepotencia (la del FBI).
Porque  me gusta: Desde pequeña he sido, y sigo siendo, una gran entusiasta de los viajes espaciales. Me acuerdo de Yuri Gagarin, el primer hombre que voló al espacio, de la perrita Laika, de la llegada a la Luna, del inicio de la utopía de construir una estación espacial como la de 2001. Me acuerdo de eso. Y también me acuerdo de Cuba, de la esperanza que significó en el año 1960, de la decepción que empezó a ser muy pronto, de la pesadilla en la que se convirtió para tantos cubanos y de la ruina en la que acabó cayendo. Todo eso está en este film sencillo, hecho con muy pocos elementos, mucha imaginación y sobre todo una nostalgia no del pasado que fue, sino del que pudo haber sido. Pesadilla histórica.



9 DEDOS
De qué va: Film noir, en blanco y negro, cuenta la extraña historia de un hombre que se ve envuelto en una peligrosa trama criminal y de espionaje en un mundo no fijado en ningún tiempo, en ningún lugar.Con una atmósfera onírica, acaba siendo una pesadilla de la que no puedes despertar.
Porque me gusta: Porque es insólita, porque es fascinante. Porque está llena de ecos. No homenajes, no copias, no remakes. Ecos de cine mudo expresionista (Nosferatu flota en ese barco fantasma), del cine de Melville (Magloire, el protagonista, es un samurái silencioso) de Bela Tarr (el puerto, el tren, el robo, recuerdan mucho al hombre de Londres), de Guy Maddin (Arcángel se siente en algunos momentos). Con todas estas referencias y algunas más, nos sumergimos en un viaje que nos lleva en un rumbo muy personal y con una atmósfera misteriosa, hacia una aventura digna de Gordon Pym, de Conrad, o de Kafka. Pesadilla metafísica.




UN LUGAR TRANQUILO
De qué va: En un mundo apocalíptico, una familia  trata de sobrevivir en silencio absoluto, amenazados por misteriosas criaturas que intentan matarlos guiadas por el sonido. Si no te oyen, no te pueden atrapar, es el tema de esa pesadilla callada.
Porque me gusta: Porque es cine de terror clásico, pero muy inteligente. Porque cuenta una historia vista muchas veces, pero lo hace desde una premisa distinta: el silencio. Porque los actores funcionan solo con sus miradas, sus gestos. Porque te mantiene en tensión sin sustos, y acabas participando de su miedo, aguantando la respiración para no hacer ruido. Porque no hay lugares tranquilos en un mundo poblado de voraces criaturas. Es cierto que podría haber sido mas radical. No usar música por ejemplo, o no llegar a mostrar nunca a los aliens malvados. Pero esa habría sido otra película. Esta funciona así. Pesadilla silenciosa.

Una curiosidad. En dos films tan distintos entre si como Custodia compartida y Un lugar tranquilo, hay una secuencia casi igual. En ambos, la madre, perseguida y acosada por un monstruo, sea un padre ogro o un alien asesino, busca refugio en un cuarto de baño y se esconde en una bañera. Me ha llamado la atención que en las dos hicieran lo mismo.

Otra curiosidad. Al releer el texto me doy cuenta de que las cuatro películas son pesadillas de distinto tipo. Así que he decidido cambiar el titulo de Estrenos al mas atractivo de Pesadillas.

sábado, 14 de abril de 2018

ALMA MATER



(bombardeo de Damasco la madrugada del 14 de abril. De los periódicos)
Alma mater es una respuesta. También es una excelente película, pero sobre todo, Alma mater es una respuesta a la pregunta que me hacía la semana pasada en la entrada sobre el documental de Ai Weiwei: ¿Por qué se van de su país? ¿Qué impulsa a los refugiados a lanzarse a las carreteras? Esta película belga, rodada en Beirut con actores palestinos, sirios y libaneses, es una posible respuesta. No la única, pero si una muy creíble. Alma mater es una película claustrofóbica, no porque pase en un espacio cerrado, un piso de clase media en medio de una ciudad asediada por bombas, francotiradores, violadores y ladrones, que podría ser Damasco, Alepo, o cualquier otro lugar de la tierra donde esta situación se ha vivido antes. Es claustrofóbica, porque demuestra que la población civil, la gente normal, como tú o como yo, somos las víctimas directas de una guerra intolerable, absurda, donde no hay buenos ni malos porque todos son malos. Una guerra que encierra moralmente a sus habitantes, ante la indiferencia de una comunidad internacional que no ha sabido reaccionar ante lo que está sucediendo en Siria desde hace tantos años. Una comunidad ensimismada en sus estúpidos problemas (que pequeño y mezquino me parece todo lo que nos sucede en nuestro entorno cercano) y que abandona en su encierro a esta gente. Pero esa claustrofobia se convierte en la película en un lenguaje que la hace aun más interesante. Todo sucede en un día que podría ser cualquiera. Un día que comienza con un hombre muerto en un callejón, apenas entrevisto desde una ventana; sigue con un intento de sobrevivir en la normalidad alterado radicalmente por la irrupción de un grupo de hombres carroñeros, profesionales de la violación y el saqueo y que acaba con un duelo compartido y una esperanza frustrada. Un día normal en ese espacio, en ese tiempo. Dentro de esa capsula que intenta ser segura, tres mujeres dominan la situación. La madre, fuerte, sólida, capaz de tener miedo pero controlarlo, y sobre todo dispuesta a no abandonar su casa, su barrio, su ciudad, su mundo. La joven vecina con su bebe, dubitativa, con un deseo enorme de huir, pero con una capacidad de reacción y de valentía ante la agresión que la hace enfrentarse a lo peor con tal de salvar a su hijo. La criada, una mujer ajena al conflicto, atrapada como todos en ese piso, la única que quiere decir la verdad, pero no puede hacerlo porque no es nadie. Junto a ellas un viejo, un adolescente y un niño. Los hombres están en fuera de campo, muertos, luchando no se sabe dónde, o convertidos en bestias depredadoras. La cámara es cómplice de esta claustrofobia y sigue a los habitantes de la casa en largos planos secuencias que convierten a los espectadores, en compañeros de su cautiverio. En ningún momento puedes dejar de verla. En ningún momento puedes no sentirte interpelado ¿Qué haría yo? En este círculo de tensión, miedo, aburrimiento y dolor, hay un instante alargado de paz. Un único instante donde todo es silencio. La cámara se detiene en la madre que acaricia la gran mesa del comedor, el símbolo de lo que han perdido: la seguridad, el confort, la familia, la tradición. Hace calor, las persianas están bajadas, la madre acaricia el frescor de la mesa y se tiende sobre ella, apoya su rostro en la superficie pulida de esa mesa que es su vida y cierra los ojos. Ese momento me da todas las respuestas que he estado buscando.

Escribí este texto el viernes 13 de abril. Hoy, sábado 14, me he despertado con la noticia de los bombardeos sobre Siria y del incremento de la escalada bélica entre Estados Unidos y Rusia que prolongan una guerra en la que, a diferencia de los graves conflictos mundiales de tiempos pasados, sinceramente no veo un lado bueno y uno malo: los dos son malos, nefastos, inmundos. Siria y su principal valedor Rusia, me da miedo. Pero Trump y su coalición, que en el fondo acabará beneficiando a los fundamentalistas del EI, tampoco me gustan nada. Y en medio, casas sitiadas y madres que intenta no perder el contacto con la frescura de una mesa pulida por los años.

sábado, 7 de abril de 2018

NEGRO Y BLANCO




Negro
En este caso el negro y blanco no significan lo que normalmente se cree. El  negro es luminoso, brillante, alegre, es un negro criminal y librero, es un negro de tinta negra y de pensamientos nada negros. El negro de Paco Camarasa, el criminal de Negra y Criminal, el compañero de Montse Clavé. Paco era una institución, siempre riendo detrás de sus ojitos semicerrados, siempre dispuesto a recomendarte una novela (negra of course), a compartir un vino y unos mejillones, a jugar a las películas (negras, desde luego). Y siempre al lado de Montse. Si Montse es una presencia en mi vida desde los doce años, Paco lo ha sido desde los 30. Le veía poco, por eso aun puedo imaginármelo detrás de su mesa llena de libros. Hay algo que siento que he perdido con una muerte tan negra e innecesaria: una referencia. Alguien que formaba parte de mi paisaje mental y sentimental. El día que se celebró su entierro yo estaba en Madrid. No sé si a Paco le gustaban los tulipanes, pero si sé que esa tarde, en el Jardín Botánico, ante tanta belleza, pensé en él y le dediqué un recuerdo teñido de colores.

Blanco
El blanco, en cambio, es sucio, feo, borroso, oportunista. Es un blanco que quiere parecer bueno, pero no es más que una operación ególatra a costa del sufrimiento de los demás. Es el blanco del chino Ai Weiwei, uno de esos artistas que se aprovechan del dolor de los demás para forrarse y seguir engañando. Hay muchos artistas así, se autodenominan políticos, pero lo único que son es  unos interesados. Wewei ha pertrechado un documental del que no quería ni hablar, pero me ha salido del alma hacerlo como contrapunto al negro de Paco. El documental se llama Marea humana y se supone que habla del grave problema de los refugiados que pululan como almas en pena por el mundo desde hace años. Pero en ningún momento se pregunta por qué hay refugiados, qué sucede en sus países, por qué se van. O por qué inundaron las carreteras y fronteras europeas en los meses previos al Brexit, las elecciones francesas, alemanas, holandesas, austriacas, auspiciando el miedo al otro, al que viene de fuera a robarnos. Tampoco se pregunta porque, curiosamente, una vez pasadas las elecciones sin llegar a conseguir los objetivos de hacer ganar a la ultraderecha mas xenófoba, antieuropea y racista, los medios de comunicación los han olvidado por completo. ¿Dónde están los hombres y mujeres perdidos que caminaban en la nieve y se refugiaban en campamentos donde solo la buena fe de algunas personas les ayudaba a sobrevivir? Supongo que ahí siguen, pero ya no son útiles, no sirven  a nadie, más que a Weiwei que los ha convertido en carne de egotrip social.  Lo siento, pero detesto este tipo de operaciones.