sábado, 25 de febrero de 2017

NEGRITUD Y ANIMACIÓN






(no todos los negros son iguales)
El año pasado con motivo de las quejas sobre el supuesto racismo en Hollywood por la falta de películas y nominados de color en la ceremonia de los Oscar, escribí esto en el blog:
El espinoso asunto del racismo en  Hollywood y en las nominaciones a los premios. De las llamadas al boicot, las bromas más o menos acertadas y las reivindicaciones profesionales, me quedo con una idea: “señores de la industria, queremos las mismas oportunidades”. Así que decidí fijarme que oportunidades habían perdido los actores y actrices de color en las películas nominadas este año. Tomando como referente los títulos en danza para los premios gordos me di cuenta de que los actores de color no habían perdido oportunidades, simplemente porque no tenían  ninguna oportunidad. El problema no es que escogieran a un blanco en lugar de un negro. El problema es que no había papeles para los negros. El racismo, si es que existe, empieza en las historias que se filman.
Parece como si me hubieran hecho caso, aunque eso es imposible, porque en el momento de la ceremonia, la mayor parte de las películas de negros y con negros que se han estrenado este año y figuran en las nominaciones ya debían estar escritas e incluso rodadas. El caso es que este año se han estrenado un montón de películas Negras. Y siguiendo con el mismo método que utilicé entonces para demostrar(me ) que no podía haber personajes negros en los films, lo aplico ahora a los cinco títulos negros que están en danza en los que no podía haber personajes blancos:
Moonlight, historia de un hombre (niño, joven, adulto) de los guetos de Miami. Es la mas interesante de las cinco películas negras. La que tiene un planteamiento mas arriesgado en estilo y en contenido.
Figuras ocultas, historia (real) de tres mujeres de color en la Nasa de los años sesenta. Es un biopic muy convencional, incluso condescendiente, pero bienvenida sea la reivindicación de estas mujeres.
Loving, historia (real) de una pareja mixta hombre blanco/mujer negra en los años 50. Melodrama mas que otra cosa, el film de Jeff Nichols (blanco) se aguanta sobre todo por su pareja protagonista
Fences, obra de teatro del gran autor de la negritud August Wilson. Denzel Washington tiene tanto respeto a la obra que se le olvidó que estaba haciendo una película. De todos modos es un gran texto,
El nacimiento de una nación, historia (real) de un esclavo que protagonizó la primera revuelta contra sus amos blancos. Si el primer Nacimiento de una nación, Griffith, 1915, era una película ideológicamente marcada en su contenido pero absolutamente revolucionaria en sus formas, esta de Nate Parker, es sumisa en su historia y tremendamente  convencional en su forma.
Lo que está claro es que son películas que solo podían hacer los afroamericanos. Seguro que su presencia tendrá mucho protagonismo la noche del domingo. Eso con el permiso de Donald Trump que se llevará la mayor parte de los minutos en los parlamentos de la ceremonia.






Mi vida como calabacín. No tenía ni la más remota idea de lo que se podía esconder detrás de este título vegetariano. Podía ser cualquier cosa, menos lo que fue. No sé si quiero escribir mucho más de esta triste y feliz película, de esta terrible y esperanzada historia, de estos niños olvidados que encuentran un espacio de complicidad donde menos se lo esperan. Vayan a verla y descubran ustedes mismos que hay detrás del calabacín. Se reconciliaran con una parte de la humanidad, detestarán a otra y saldrán con una sonrisa entre las lágrimas.

También están olvidados los niños de los Psiconautas, la película que ha ganado el Goya a la Mejor Animación. Niños que intentan escapar de una isla destruida donde los psicopájaros malvados, los estúpidos perros policías y las ratas avariciosas, no les dejan vivir. Viajeros de la mente y del alma, Dinki, la ratoncita, Sara, la conejita, Zorrito y sobre todo Birdboy, el Niño/Pájaro, emprenden una aventura para liberarse de su entorno. Y nosotros con ellos, a su lado.
Dos películas que demuestran que el cine de animación para adultos no solo es posible, sino muchas veces es maravilloso.

sábado, 18 de febrero de 2017

NOMBRES PROPIOS



JACKIE
Qué difícil es contar algo muy conocido y ser capaz de decir algo nuevo. Qué difícil es hablar de una situación y un personaje que todo el mundo tiene en su imaginario y conseguir provocar la sorpresa, el descubrimiento. Es algo que solo está al alcance de los grandes directores y de los grandes guionistas. Es el caso de Pablo Larraín y de Noah Oppenheim que con Jackie trascienden el personaje y van mucho más allá de la situación. Jackie es Jacqueline  Kennedy y la película cuenta que sucedió los días después del asesinato del presidente Kennedy en Dallas. El film se articula en torno a una entrevista a la ex primera dama. Hay una frase en esa entrevista que me impresionó. El periodista le comenta a Jackie que su manera de hablar de Kennedy recuerda a la realeza. Y ella contesta: “Para hablar de realeza se necesita tradición y para hablar de tradición necesitas tiempo”. Tradición y tiempo, dos elementos que los Kennedy no tuvieron y que Larraín, con su inteligencia hace que sean los ejes para desarrollar el conflicto de esta mujer que tuvo que decidir si quería hacer un duelo público o privado. Y optó por lo público en aras precisamente de esta tradición y de ese tiempo. Contenida, austera, verdadera, aunque no se ajuste la realidad ya que nadie sabe lo que le pasaba a esta mujer en su interior en esos días terribles después de Dallas. Absolutamente absorbente, Jackie no es un biopic, no es una película histórica, no es una más sobre el asesinato de Kennedy. Es el retrato de una mujer que tenía muy claro que no tenía nada. “Hay dos clases de mujeres en el mundo, las que quieren poder en el mundo y las que quieren poder en la cama. ¿En qué me he convertido yo ahora?” le pregunta Jackie al sacerdote que interpreta John Hurt. No hay respuesta.
Nota: la presencia continuada de la música de Camelot, cuatro años antes de que existiera la película de Joshua Logan, le da al film de Larraín un tono de romanticismo y de nostalgia por un reino perdido. Pero lo mejor es que despierta el deseo irrefrenable de volver a verla y de ponerse a cantar con el rey Arturo, Ginebra y Lancelot.




(hace muchos años estuve en el rodaje de una película de Penélope Cruz en Túnez. No recuerdo donde estábamos, pero el hotel se parecía mucho al que aparece en esta película)

HEDI
¿Qué diferencia hay entre un sueño y un proyecto? ¿Un proyecto es un sueño hecho realidad? ¿Un sueño es un proyecto que no llegó a hacerse? Esta pregunta flota en la película tunecina Hedi. Y flota no solo por encima de su personaje, flota por encima de todo el paisaje del norte de África. Hedi es un joven callado y aparentemente sin ambiciones, fácilmente manipulable por su dominante madre, su despótico jefe y su convencional hermano. Hedi es como Túnez, un país sin ambiciones. Pero no es cierto, porque Hedi tiene un sueño y quiere que ese sueño se convierta en proyecto. Como el país que tenía el sueño de la libertad y tras el estallido de la revolución del 2011 que dio origen a las primaveras árabes y de paso a los indignados europeos, empezó a convertirlo en proyecto. Aunque no siempre los proyectos salen bien y además, exigen muchos sacrificios. Hedi debe enfrentarse a su familia y a su entorno y debe renunciar a una aventura de amor y de cambio: Túnez se enfrenó a una estructura de poder anquilosada y tuvo que renunciar a su (falso) bienestar económico y cultural. Hedi no sabe si su decisión ha sido la correcta; Túnez sabe seis años después, que el sueño se hizo trizas y que el proyecto (el colectivo del mundo árabe) cayó en manos de talibanes que lo han pervertido.



MIREIA

Pero hay veces que los sueños se convierten en proyectos y los proyectos llegan a hacerse realidad. “Para que recuerdes que remando con fuerza se puede llegar a buen puerto”, escribió mi hermana Mireia en la dedicatoria que me hizo de su libro La Capitana Dofi, un relato de iniciación y de aventuras en el mar, de misterios y tesoros, de fidelidad y de amor a la vida. Un libro que está pensado para los niños y los adolescentes, pero que cualquier adulto puede disfrutar en su (aparente) sencillez y en su (profunda) historia. Acaba de salir y desde aquí lo recomiendo a todos. Felicidades Mireia¡¡¡

sábado, 11 de febrero de 2017

MEMORIA


(en 1998 estaba en Turín con Ramon, seguramente coincidiendo con Massimo)
Hay películas que funcionan como despertadores de la memoria. No tienen que ser buenas películas, ni siquiera películas interesantes. Su función es otra. Aunque desde luego, mucho mejor si además de accionar los mecanismos del recuerdo son buenas películas, películas interesantes. Para mí, el último trabajo de Marco Bellocchio, un director que no figura entre mis favoritos, ha sido ese despertador. Felices sueños es un film evocador.
La historia es la de Massimo y su madre. Massimo que pierde a su adorada madre a los nueve años sin saber nunca como murió. Massimo que arrastra toda su vida esa ausencia, ese vacío que le incapacita para sentir el dolor ajeno (Sarajevo y la guerra de los Balcanes). Massimo que sufre ataques de pánico y acaba a los cuarenta años, asumiendo sus heridas y tras un baile frenético y liberador, siente que quizás puede empezar a vivir de verdad.
Pero si solo fuera eso, no sé si estaría escribiendo en este blog. Lo que me impulsa a escribir y lo que le agradezco al veterano (no me gusta la palabra viejo que implica decadencia y en Bellocchio no la hay) director italiano es la evocación.
De repente, mientras la veía, me puse a pensar: ¿Qué hacía yo en el año 1969 cuando Massimo baila un twist con su madre y mira Belphegor en la tele? Y me acordé. Tenía 19 años, llevaba un año viviendo con Ramón, estudiaba geografía y veía Belphegor¡¡¡ Claro que en otro contexto, (España no era Italia) y con diez años mas que Massimo. La siguiente fecha que me produjo esta sensación fue 1974. Massimo tiene quince años y es un adolescente que calla cosas. Yo tenía 24 y vivía en un país muy siniestro. Siempre pensé que los años sesenta fueron una explosión de luz, pero los primeros setenta fueron una sombra cada vez más negra y amenazante sobre nuestras cabezas. Luego hay un salto hasta el 92 o el 93. Massimo está en Sarajevo. Esa fecha me trajo a la memoria un flash de un momento muy especial. Estaba en  Venecia, en la Mostra de Cine. Era por la tarde, ya había acabado el trabajo del día y estaba con dos amigos italianos, Vincenzo y Angela, sentados en un bar donde tenían la televisión puesta. Y vimos, creo que fue la primera vez que fui consciente, el horror de la guerra de los Balcanes que estaba pasando allí, enfrente de donde nosotros tomábamos un Bellini. Fue un shock. De repente los tres tuvimos claro que algo se había roto para siempre. Nunca pudimos imaginar que fuera tan profunda la ruptura y con consecuencias tan nefastas para todo el continente.
Hay otra fecha importante en la película, 1999, cuando Massimo deshace el piso familiar y de paso sus nudos internos. En 1999 yo estaba punto de cumplir 50 años. Trabajaba en el Festival de San Sebastián y me sentía en un momento de gran plenitud. Nada que ver con el pobre Massimo. Pero la película me hizo pensar si yo había sido capaz de deshacer mis propios nudos. Y no estoy tan segura.
Pido perdón por este post tan personal y hacia dentro. No tiene porque interesarle a nadie lo que a mí me pasaba o dejaba de pasar. Pero es un blog y escribo lo que siento. Es una de las pocas, o mejor dicho, la gran ventaja de escribir libremente.
En todo caso, Felices sueños es una película para ver y para darse cuenta que los 77 años de Marco Bellocchio no solo no son un problema para hacer una película como ésta, sino que, probablemente, sean una ventaja.


También se ha estrenado Moonlight, otra película sobre el crecer, sobre el hacerse adulto y asumirse. Es muy sencilla en su belleza y en su historia, pero es muy compleja en sus emociones. Se ha hablado mucho de ella estos días. No voy a insistir. Pero si la recomiendo.

sábado, 4 de febrero de 2017

MANCHESTER NO ESTÁ EN EUROPA


(Badalona también está frente al mar)
Manchester frente al mar.
El nombre ya es extraño. Manchester no está en el mar. No el Manchester que todos pensamos, pero si este Manchester nevado y pesquero que está frente al mar de Nueva Inglaterra. Manchester donde vivía Joe y su hijo Patrick; donde vivía Lee y sus hijos y su mujer. Vivían, porque ya no viven. Joe acaba de morir y Lee, su hermano pequeño, se fue hace mucho tiempo. Pero ahora tiene que volver a Manchester para hacerse cargo de su sobrino, de una barca, y si es posible, de su vida. Lee vuelve y recuerda y revive, en los dos sentidos de la palabra: revive porque vuelve a vivir el dolor que le dejo vacío, muerto por dentro y revive porque recupera el aliento para seguir adelante. Pero nada es fácil y el proceso de duelo por su hermano se mezcla con su propio proceso de duelo por él mismo. ¡Qué difícil es mostrar el dolor y los sentimientos sin caer en situaciones tópicas y sensibleras! ¡Qué difícil es mostrar las emociones solo con una mirada, con un gesto, con una palabra! Y qué hermoso es cuando se consigue. No sé si la palabra justa es hermoso. En realidad debería decir que emocionante es ver esas emociones latiendo sin aflorar del todo. Lonergan, el director y guionista, consigue hacer que lo cotidiano flote sobre el sentimiento. Lee y Patrick resuelven los problemas del funeral, de la casa, de la barca, de las novias, de una forma natural: viven. Pero por debajo, Lee y de alguna forma también Patrick, van sentando las bases de lo que será su futura relación. Y eso es una de las cosas que más me gustan de esta película. Que no es nada previsible aun siéndolo; que las soluciones que encuentra son las lógicas de la vida pero no suelen ser las del cine; y que eso lo logra en gran parte por un actor que merece que le den el Oscar para el que está nominado: Casey Affleck . Melancólico, hipnótico, desconsolado, son tres adjetivos que la crítica ha utilizado para definir este melodrama callado.  Estoy de acuerdo con los tres.


(nubes de tormenta en el cielo de Europa)
Hotel Europa
La primera imagen que me vino a la mente viendo Hotel Europa, el nuevo film de Danis Tanovic, fue el de las ratas de laboratorio corriendo como locas en un laberinto sin salida. Luego me di cuenta que en realidad las ratas de esta película corren cada una en su nivel, sin mezclarse. Solo hay una rata, Lamija, la recepcionista, capaz de moverse en los distintos niveles. Los demás están completamente estancados en su espiral infernal. Hay cuatro espacios en este Hotel. En el sótano está el dinero, la mafia, la prostitución: el poder; en la planta baja están los obreros, los explotados, los humillados; en las plantas de las habitaciones están los intelectuales y los políticos; en la terraza están los medios de comunicación. Todos están ahí reunidos para celebrar el centenario del atentado de Sarajevo en el que el estudiante serbio Gavrilo Princip atentó contra el archiduque Fernando provocando la primera guerra mundial. Cien años después de este hecho, heroico para unos, terrible para otros, y casi veinte años mas tarde de otra guerra espantosa que dividió y tiñó de sangre los Balcanes en un enfrentamiento medieval de religiones y razas, la violencia sigue latente en Sarajevo. Porque el Hotel Europa está en Sarajevo, la ciudad mártir de la guerra de los noventa donde aun hay heridas abiertas, producidas en un tiempo en el que se sembraron las ideas de podredumbre nacionalista, de xenofobia religiosa, de odio y de separación. Ideas que cayeron en un terreno abonado y que ahora, en el 2017, están dando sus frutos envenenados en distintos rincones de Europa en forma de nacionalismos excluyentes y soberbios, de populismos fascistas.
Podemos ver este Hotel Europa como una metáfora. Mientras los que creen tener la única verdad, se pelean ferozmente en la terraza del hotel como todos los que desde la calle reclaman sus derechos nacionales, en la suite presidencial un famoso actor francés ensaya un monólogo sobre Europa pensado desde su propio interior, sin mirar a su alrededor, con las cortinas cerradas: el exterior no existe. Es un monólogo de lugares comunes desconectado de la realidad como el que tienen los políticos de Bruselas. Dos pisos más abajo, los obreros buscan desesperadamente un líder que les conduzca, que les diga que tienen que hacer, alguien a quien obedecer, porque no son capaces de decidir por si mismo. Y en el sótano, la mafia y la banca controlan todo el hotel y deciden sobre la vida de cualquiera de los que lo habitan. Ejemplar.

Claro que si quieren ver esta película como un Altman balcánico, una especie de cruce entre Shorts Cuts y Pret-a-Porter, interpretado por un grupo de actores desconocidos para nosotros pero de una gran calidad, pueden disfrutarla mucho. No hace falta más. 

sábado, 28 de enero de 2017

VEGETALES

Salvar al soldado Lynn
Billy Lynn es una película rara. De entrada no lo parece. Pero hay algo en su realización que produce un desequilibrio en el espectador. Pensamos que vamos a ver una película de soldados heroicos en esa guerra atípica que es la de Irak, Siria, Irán… Pensamos que vamos  a ver un panfleto patriótico sobre el coraje de los valientes soldados norteamericanos luchando contra el terror islamista. Pensamos que… Da igual lo que pensemos. El film va de otra cosa. Va de hacer espectáculo con todo. Va del sacar provecho con cualquier tema. Incluido un pequeño acto heroico transformado en gran hazaña bélica. Todo sucede en una tarde infernal durante un partido de futbol americano en el Texas Stadium, en Dallas, en el corazón de esa América profunda y blanca que ha votado en masa a Trump. Pero estamos en el año 2004 y en la presidencia aun está George Bush. La guerra de Irak está empezando y en ese estadio nadie parece muy interesado en saber qué es lo que pasa de verdad en un lejano país donde hace calor y no hay buenos cristianos. Mientras la compañía Bravo, con Billy como líder obligado, es exhibida, manipulada y utilizada propagandísticamente, Billy recuerda la supuesta heroicidad; recuerda al amigo perdido; recuerda las conversaciones con su hermana. Y piensa. Piensa qué hace ahí, qué está haciendo en ese estadio lleno de gritos y furia y música ensordecedora. La película deja de ser una film sobre la guerra para ser una historia sobre la conciencia. Pero lo que la hace más extraña es la forma como está filmada, con Billy siempre en un plano diferente de los demás, como recortado sobre el fondo ya sea el de la ciudad irakí, ya sea su casa en Texas, o ese estadio de pesadilla.
Después de verla descubrí dos cosas: una, está basada en una novela de Ben Fountain que en España se publicó como El eterno intermedio de Billy Lynn, título estupendo que resume la sensación de estar “entre” que vive Billy toda la película. La segunda es que está rodada con un sistema nuevo de 3D a 120 imágenes por segundo. No sé bien que significa eso, pero creo que es la explicación de la incómoda  impresión que produce la película.





Cine chileno
En el cine chileno está pasando un fenómeno muy interesante. La generación de cineastas nacidos a finales de los años setenta y los primeros ochenta, es decir los “hijos de la dictadura”, han decidido que no quieren hablar más del pasado de su país. Para eso están los otros, los que la vivieron aunque fueran pequeños. Ellos prefieren mirar hacia adelante. Pero lo curioso no es eso. Hasta cierto punto es comprensible que gentes que tienen entre treinta y cuarenta años se planteen hacer un cine cercano a su propia realidad y no a la de sus padres. Lo curioso es que hay entre ellos una tendencia a hacer un cine de claro componente sexual extravagante. Y pongo el acento en extravagante. Porque no se trata de películas con sexo o sobre sexo, son films en los que el sexo es algo inquietante y turbio. Mostrar un hombre y una mujer en la cama es algo muy aburrido, deben pensar los guionistas de estas historias. Y van mas allá. Como ejemplos solo voy a dar unos pocos títulos que se han podido ver en España de una u otra manera: Nasty Baby, de Sebastián Silva: una pareja gay quiere tener un hijo con la ayuda de una amiga. El futuro, de Alicia Scherson: Blanca y Tomás son hermanos y huérfanos. Viven en un mundo oscuro y peligroso en el que conocen a Maciste, un viejo actor italiano. Los hermanos y el actor establecen una extrañísima relación basada en el sexo. Joven y alocada, de Marialy Rivas: Daniela tiene 17 años, es bisexual y escribe un blog donde relata sus experiencias, no todas verdaderas. Su conservadora y evangélica familia intenta que deje de hacerlo.
Todo esto viene a cuento del estreno este viernes de Las plantas, de Roberto Doveris, un nuevo eslabón en la cadena de perversiones de este nuevo cine chileno. El director define Las plantas como una película feminista. Y efectivamente lo es porque convierte al hombre, del género masculino, en objeto del deseo y de la mirada voyeur de una adolescente encerrada en un mundo claustrofóbico con una  atmósfera opresiva. La falta de aire que rodea a Florencia y su hermano Sebastián y la continua distorsión de la imagen a través de espejos o reflejos hacen que este film sea casi de ciencia ficción. O mejor aun, de terror. Por momentos me hizo pensar en Ballard, y desde luego, aunque en otro registro, me recordó mucho a Kiki, el amor se hace, de Paco León.

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Dos de las películas que se estrenan esta semana merecerían algún comentario. De Diré tu nombre dirigida por Sean Penn y protagonizada por Javier Bardem, prefiero no decir nada. Cualquier cosa que escribiera sería para lamentar su existencia. Es cine impúdico a todos los niveles.

De Múltiple de Night Shyamalan no puedo decir nada porque aun no la he visto. Si cuando la vea creo que vale la pena, ya la recuperaré.

sábado, 21 de enero de 2017

TONI ERDMANN


(Supongo que a estas alturas ya están un poco hartos de leer cosas sobre esta película. Pero no  me importa porque creo que es una de las mas interesantes de los últimos años)
Todo empieza con un perro muy viejo y un profesor de piano aficionado a las bromas. El profesor tiene una hija que siempre está hablando por el móvil. La hija vive en Bucarest, es una alta ejecutiva de una de esas empresas alemanas que se dedican a recomendar donde y cuanto hay que invertir; es decir, a quién y cuándo hay que despedir. En definitiva una tiburona de los negocios. El padre, en cambio, es un viejo hippie que aun cree en la felicidad y al que le duele la distancia que hay entre él y su hija. Cuando el viejo perro muere (y no desvelo gran cosa porque pasa al principio del film) el padre decide darle una sorpresa a su hija y se presenta en Bucarest. A Inés no le gusta mucho la llegada de Winifred, sobre todo porque la pone en ridículo con sus ricos amigos. Inés vive en una burbuja en esa ciudad post comunista y pre capitalista, completamente alejada de una realidad que le importa bien poco. El hecho de que el encuentro de Inés y su padre tenga lugar en la capital de Rumania no es fortuito: pone en evidencia las diferencias entre la Europa rica y la Europa pobre, la Europa que cuenta (Alemania) y la que no cuenta (el sur y el este), la Europa que decide y la que acata.
El contraste de culturas es también el contraste entre estos dos personajes. El padre representa una generación que se esforzó para que sus hijos tuvieran la seguridad y la independencia mental necesarias para lograr el éxito en su vida adulta; la hija es un buen ejemplo de una generación que ha escogido una vida muy alejada de los ideales de sus padres, apostando por un terreno mucho más conservador donde todo gira alrededor del rendimiento y el beneficio, es decir, los valores que Winfried, siempre ha despreciado. La diferencia entre ambos es insalvable. Y ahí aparece el estrafalario Toni Erdmann con sus bromas, sus dientes, su peluca y sus intromisiones, decidido a sabotear todas las convicciones de Inés empezando por una simple pregunta que descoloca a la mujer ¿eres feliz? A medida que la historia avanza, la hija se va despojando de cosas: ideas, prejuicios, ropa, hasta quedarse literalmente desnuda, dispuesta a empezar de cero; en cuanto al padre, después de esconderse bajo un enorme disfraz, aprenderá a aceptar a su hija tal como es.
Película incómoda, rara, divertida e irónica, Toni Erdmann es una comedia imprevisible y desconcertante. No sólo por la carga de profundidad subterránea contra una Europa que ha perdido el rumbo. Sobre todo, y eso es lo que me parece más interesante, por la tremenda modernidad del personaje de Inés, una especie de mujer que no vemos normalmente en el cine, un personaje que podemos clasificar de género "neutro", no actúa como un hombre, no se comporta como una mujer. Es irritante y desagradable y su actitud provoca una reacción inesperada en el espectador que no sabe bien como posicionarse delante de ella. (1)
No quiero acabar sin mencionar el cartel de la película. Casi nunca pongo carteles como ilustración de los post, pero este me encanta. La mezcla que se produce entre el rubio cabello y la maraña de pelos oscuros, es la síntesis perfecta de la historia. Una imagen que despierta la curiosidad. Encontrarse con un cartel y con una película así, hace que esto de ir al cine siga siendo apasionante.

(1) Hace un par de días, con motivo de la toma de posesión de Donald Trump, hablaba con una amiga de porque Hilary Clinton no consiguió ganar. Entre otras cosas, creo que fue porque Hilary también es una mujer “neutra” y eso no gusta a nadie y menos que nadie a las feministas militantes y a los machistas convencidos.

sábado, 14 de enero de 2017

COLORES


(colores de Ramon para una película de colores panorámicos)
Amarillo
En realidad podría ser rojo, verde, azul, rosa, naranja… La La Land,bautizada aquí como La ciudad de las estrellas, es un delirio de colores y de canciones. Me alegra un montón ver que una película musical “como las de antes” triunfa no solo en los premios sino entre el público. Me confirma en la idea de que hay ganas de ver algo más en el cine que un reflejo de la propia vida. El algo más puede ser de muchos tipos, (austero, abstracto, del oeste, negro, intelectual, o musical) pero algo más.
La La Land es una hija directa del cruce entre Cantando bajo la lluvia y Los paraguas de Cherburgo. De la primera tiene el encuentro entre los dos protagonistas en un atasco y el ambiente de los estudios de rodaje; de la segunda tiene ese final agridulce de un amor que se recordará siempre. De las dos toma los colores, el ritmo, las canciones que forman parte de la historia y los personajes entregados a una pasión. Hay un tercer referente obligado (y citado) Rebelde sin causa, de Nicholas Ray. La hermosa secuencia de baile en el cielo del Planetario resume un amor al cine en el que se funden todos los hilos que tejen este tapiz musical. Han pasado 64 años de Cantando bajo la lluvia, 61 de Rebelde sin causa y 52 de Los paraguas de Cherburgo, pero no importa. Todas juntas  forman una cadena única que une sentimientos y colores. Amarillo sobre todo.


(una chica de Ramon vestida de azul)
Azul
Siguiendo con la idea de dar algo más que la vida real que nos rodea, el último trabajo del inclasificable Eugène Green y primero que se estrena entre nosotros, es una de aquellas películas que yo recomiendo mucho, pero con las reservas de advertir que hay que verla con los ojos muy abiertos a una nueva forma de contar. En realidad no tan nueva, ya que Green bebe directamente de Bresson y de Dumont, pero añade a este lenguaje del plano fijo y frontal, de los recitativos, de las actitudes estáticas, un sentido del humor y de la ironía que los otros dos raramente tienen.  Me doy cuenta que aun no he dicho de que película estoy hablando. Se llama Le fils de Joseph y es una especie de parábola bíblica (no se espanten) dividida en cinco capítulos. Es la historia de un adolescente Vincent, educado en solitario por su madre Marie que nunca le ha explicado quién es su padre. Vincent quiere averiguarlo y cuando descubre que es un editor de moda, pedante, egoísta y cínico, decide vengarse de él. Pero el destino quiere que se encuentre con Joseph y su vida cambie. Lo mejor de esta película, aparte de su uso del espacio y el color, especialmente el azul que domina todo, azul que es el color de la virgen, azul que viste Marie, la madre, en el ultimo capitulo, La huida a Egipto, lo mejor, digo, es que es tremendamente feliz, optimista, un triunfo en toda regla de la bondad frente a la estupidez. Y un canto a la cultura como conocimiento: Caravaggio, el  Louvre, el poema barroco de Domenico Mazzocchi; frente a la cultura como espectáculo, el snob editor y la absurda crítica literaria que interpreta Maria de Medeiros.  Un placer encontrarse con films como éste.


(le he pedido a Ramon que me dibuje una tortuga roja, es ésta)
Rojo
El de la gran tortuga del cuento en imágenes La tortuga roja, una joya de la animación japonesa combinada con la mirada de un director holandés. Minimalista en su dibujo y clásica en su narración, este precioso film es una mezcla de Naufrago y La Sirenita, o mejor dicho La Tortuguita. Lo más bonito de todo es que no hacen falta palabras para seguir la historia del pobre naufrago que llega a una isla desierta, bueno no tan desierta: hay cangrejos, pájaros, peces… hay agua y hay árboles con los que quiere construir una balsa. Pero cada vez que intenta escapar de la isla, una fuerza misteriosa se lo impide. Es ahí donde aparece la gigantesca tortuga roja. Y donde nosotros nos dejamos llevar por el silencio, la música, el ritmo, la lluvia, el mar y sobre todo, por la tortuga roja.

Arco Iris

El que me hizo sentir Meryl Streep en su discurso en los Globos de Oro del pasado domingo. Un  rayo de sol en medio de la tormenta que se nos avecina. Una luz de colores para enfrentarse a la estupidez, la mediocridad, la incultura y lo peor, la falta de respeto.