sábado, 23 de marzo de 2019

PEDRO Y GABRIEL


Pedro
Me gusta mucho la última película de Pedro Almodóvar. Me gusta sin fisuras, sin peros. Dolor y gloria es, para mí, junto con La ley del deseo, su mejor film. Almodóvar siempre está contando su vida en el cine, ya lo he dicho antes, pero solo se ha puesto en primera persona tres veces, en lo que podemos llamar la Trilogía Masculina de los Directores de Cine (hay un cuarto director de cine, el de Los abrazos rotos, un director ciego, como estaba él mismo, no de verdad pero si creativamente, en el momento de hacerla, pero esa no es una película masculina la Trilogía si lo es). La primera entrega de esta Trilogía es La ley del deseo, de 1987, la segunda entrega es La mala educación, del 2004. La tercera es este Dolor y gloria del 2019. Las tres están unidas por un recuerdo, el del niño que cantaba en el coro del internado de los curas. Las tres son reflejo de su propia vida, de su propia memoria. Pero de las tres, dos son muy buenas y otra es fallida. No por eso La mala educación es una mala película, para nada, es una película muy valiente, muy arriesgada, pero quizás Almodóvar no estaba preparado para contar lo que contaba. Ahora sí. Ahora puede utilizar a Antonio Banderas de médium para recordar su infancia feliz en el ensueño de las drogas y para reflexionar sobre su vejez creativamente dolorosa. Banderas era el único que podía convertirse en él, hablar como él, vestirse como él, vivir en una casa que es la suya y tener todas sus enfermedades. Pero no ser exactamente él. Es un personaje que vive fuera de su referente y eso lo hace más universal. La sombra beneficiosa de la Ley del deseo flota en toda la película. Está en ese monologo espectacular de Asier Etxeandia que es un espejo del de Carmen Maura en La Ley; está en el beso de Sbariagla y Banderas, calcado del de Banderas y Poncela. Está en el film Sabor que no es otro que La ley del deseo. Pero si Salvador no es Pedro exactamente, Penélope Cruz si es Doña Paquita, su madre, tan presente en todo su cine, ya fuera en persona, ya fuera por la figura interpuesta de Chus Lampreave. Aquí,. Doña Paquita es Jacinta, una mujer joven que canta en el rio mientras lava y cuida y vigila a su hijo con ojo atento; y una mujer mayor con rostro de Julieta Serrano, que sabe que su hijo se le ha escapado pero que aun es suyo. En la infancia de Salvador tiene lugar la mejor escena del film y para mí una de las mejores de su cine. Es un momento de luz, de felicidad, de alegría, de paz, cuando el niño Salvador ve al joven albañil desnudo y literalmente se desmaya en un claro síndrome de Stendhal. Dolor y gloria es una película sobria, casi austera, como una hermosa piedra pulida sin aristas que sobresalgan. Pero no es una película triste. Al contrario, al cerrar una herida abierta, Salvador encuentra la fuerza para volver a dirigir. Y puede que Almodóvar también la haya encontrado como anuncia la última secuencia del film que nos devuelve a la realidad de la ficción y del cine. Un gran film.



Gabriel
Gabriel es Gabriel Velázquez, un director salmantino con una filmografía muy especial, muy personal, única. No conozco ningún otro director que haya sabido retratar tan bien las secas y hermosas tierras de Salamanca y el río Tormes. Sobre todo en invierno. Sus historias se mueven siempre a caballo de la ficción y el documental. Y en este caso más. Porque lo que retrata Gabriel en Zaniki es un mundo musical que desaparece, El principio del film recuerda el principio de Cold War, cuando los protagonistas van en busca de canciones populares que se pierden en la tradición. Pero aquí los protagonistas son los propios creadores de esa música ancestral y atávica que se hace con lo que hay a mano. Una sartén, dos cucharas, una cuerda, dos cazos. Cualquier cosa sirve para hacer música, para cantar. Todo se puede transformar en sonido armonioso y rítmico. El protagonismo es de la familia Mayalde, mejor dicho del viejo chamán que es el abuelo Eusebio y el aprendiz de brujo que es su nieto Zaniki. Los mejores momentos del film son los que pasan juntos en el monte mágico de la meseta aullando a los lobos. Gabriel Velázquez sabe captar la belleza del paisaje, la sobriedad hermosa de la meseta. Pero sobre todo sabe transmitir el deseo de que una cultura, una tradición que viene de lo más profundo no se pierda. Zaniki es un film que invita a viajar, con la música hacia el pasado y la magia; con los paisajes, hacia esa Castilla tan olvidada de todos, tan escondida en cierto modo. El film se estrena esta semana en Madrid y la semana que viene en Barcelona. Búsquenlo si pueden.


sábado, 16 de marzo de 2019

TOKIO



He estado cinco días en Tokio  invitada por la Embajada de España y el Instituto Cervantes para dar dos conferencias, una sobre el film Antonio Gaudí de Hisroshi Teshigara y otra sobre un Panorama del Cine Español en el siglo XXI. Ha sido una experiencia apasionante que aun tengo que asimilar por completo. Tokio no se parece a nada. Es una ciudad de contrastes brutales, entre un mundo del futuro y un mundo del pasado, entre el ritual y lo abigarrado. He descubierto otra cultura, otras gentes y ha sido realmente estupendo. Estoy muy contenta de la charla que tuvimos el profesor Inuhiko Yomota y yo moderada por José Antonio de Ory, consejero cultural de la Embajada de España en Tokio. Ver el documental y hablar de él, me ha servido para reconciliarme con Gaudí. Por eso he pensado colgarla en esta entrada para intentar que haya mas gente que se reconcilie con su obra. Es un poco larga. Pueden o no leerla, cada uno que haga lo que le apetezca.


Antonio Gaudí de Hiroshi Teshigara

Antes que nada quiero agradecer a José Antonio de Ory y a la embajada de España en Tokio, así como al Instituto Cervantes en Tokio, la oportunidad de poder estar aquí y conocer esta ciudad y este país. Y también quiero agradecerle que me haya permitido reconciliarme con la obra de Antonio Gaudí gracias a la película de Hiroshi Teshigara. Me explico. Yo vivo en Barcelona, una ciudad a la que llegan cada año millones de turistas, la mayoría atraídos por Gaudí. Esto ha provocado en los barceloneses un alejamiento de los lugares gaudinianos y modernistas en general. Cuando yo era pequeña, podías ir al Parque Güell a cualquier hora; podías entrar en la Pedrera, aunque no acceder a las chimeneas, territorio reservado para los vecinos, pero si podías admirar su escalera y su techo; podías ir a la Sagrada Familia y subir a las cuatro torres que dejó construidas Gaudí. Gaudí era de la ciudad y la ciudad lo disfrutaba. Ahora eso es prácticamente imposible, todos esos sitios se han convertido en un parque temático del que los barceloneses estamos un poco al margen. Pero en la época en que Teshigara filmó su espléndido documental, Gaudí aun era de todos. Eso se puede ver en sus imágenes donde aparece gente disfrutando del parque, paseando delante de sus casas, admirando la Sagrada Familia, cosas que ya no hacen más que los turistas. No puedo dejar de pensar que quizás Tshigara y su documental haya tenido algo de culpa en el boom gaudiniano. Es tan hermoso lo que muestra, tan insólito, tan diferente y atractivo y lo hace de una manera tan elegante y simple, acompañado de una banda sonora que evoca la cultura popular catalana, que no puede más que despertar el deseo de conocerlo. Yo lo conozco, pero gracias al documental he podido disfrutarlo de otra manera. He podido mirarlo de otra forma y no solo me he reconciliado con Gaudí, sino que desde que lo vi he iniciado lo que casi podría llamar una peregrinación por sus espacios para descubrirlos desde la perspectiva limpia y clara del director japonés.
Perdonen esta entrada tan personal y tan larga, pero me parecía importante explicar porque me apetecía tanto venir a Japón a hablar del Gaudí de Teshigara.


1
He leído en Internet una crítica del The Village Voice donde se describe la película como "Un proyecto apasionante realizado décadas después de una primera visita del director”. Otra crítica, ésta de The New York Times, afirma: "Las imágenes de 'Gaudí' son sorprendente en su belleza y audacia, en la mezcla de un misticismo neogótico con el Art Nouveau, lo que provoca una aprehensión surrealista del poder de la naturaleza". Estas dos frases encierran tres ideas que me parecen importantes: la fuerza de las imágenes de Gaudí se queda en la memoria para siempre y provoca el deseo de volver a ellas; la conexión con un pasado artístico vivo y un presente creativo, enlaza su obra con una tradición que se inicia en el románico y se hermana con el modernismo catalán de finales del XIX; la presencia de la naturaleza en todo su esplendor le proporciona a Gaudí los elementos fundamentales de su trabajo.
Teshigara ha sabido partir de la memoria y el deseo, para encontrar las raíces de su obra en los frescos y retablos románicos y góticos del Museu Nacional d’Art de Catalunya. Y ha buscado en la naturaleza, los bosques, la montaña de Montserrat, el mar, las fuentes que le inspiraron. Combinando todos estos elementos, se convierte en guía privilegiado de un viaje por los edificios y espacios gaudinianos. El mejor guía que se podía imaginar.

2
He hablado de documental para definir este film, pero en rigor, Antonio Gaudí es más un poema visual que un documental, un film de arte conceptual más que una película. En la presentación de la excelente edición de Criterion Collection se la describe como “una experiencia estética” y efectivamente eso es lo que es. Por eso Teshigara prescinde de la palabra, de las explicaciones, de los análisis y se fija en los detalles, las curvas, los movimientos, leyéndolas como notas de la partitura de una sinfonía arquitectónica que su amigo Tôru Takemitsu y sus colaboradores Kurodo Mori y Shinji Hori, convirtieron en una extraordinaria banda sonora en la que se incorporan canciones populares del folklore catalán junto con músicas puramente orientales.

3
Hay otra cosa que me gusta mucho de este poema sinfoarquitectónico en imágenes de cine: Teshigara muestra la obra de Gaudí integrada en la vida cotidiana. Esto es algo que tendemos a olvidar, pero Gaudí era un arquitecto que construía casas para vivir, parques para pasear, iglesias para rezar. Su trabajo estaba pensado para ser usado, para utilizarse más que para contemplarse. Actualmente esta vertiente de su obra no se tiene mucho en cuenta, cuando es fundamental para entender muchas de las soluciones arquitectónicas de sus edificios: nada es caprichoso aunque lo parezca. Las escaleras están pensadas para subir y bajar por ellas, las paredes, para colgar cuadros, las chimeneas para encenderse. Gaudí, a diferencia de muchos arquitectos contemporáneos, tenía muy claro que trabajaba para alguien que le pagaba por un encargo. Alguien, la burguesía catalana del XIX y en especial la familia Güell, que le dejaba total libertad de crear y de inventar, pero que quería espacios vivibles. Gaudí no se consideraba a sí mismo un artista, lo era, sin duda, pero sobre todo era un arquitecto. Toda su obra está pensada para ser útil, no para ser vista. Teshigara lo entendió muy bien y por eso la muestra habitada, vivida, viva en definitiva, aunque a veces incomprensible y absurda para quién la descubre por primera vez.

4
Pero, ¿Por qué Teshigara se interesó por Antonio Gaudí? Si observamos su filmografía vemos que no es el primer documental, perdón mejor hablemos de ensayos cinematográficos, que realiza sobre personajes extraños, distintos, algunos aparentemente muy alejados de la cultura japonesa, como el boxeador puertorriqueño José Torres, al que filmó en 1959 y en 1965; o al contrario, muy próximos a su propia formación, como el precioso trabajo sobre el impresionante pintor japonés Hokusai, cuya obra, en especial la famosa La Gran Ola de Kanagawa no dudo en pensar que Gaudí conocía de alguna manera. Y si no la conocía, aun mejor, porque la conexión entre la pintura del japonés y las composiciones del catalán dialogan entre si perfectamente.
Como dialogan con las imágenes de la más famosa película de Teshigara, La mujer en la arena. Los paisajes movedizos de las dunas, la fluctuación de la arena mecida por el viento, el espacio invivible donde habita la mujer, la rugosidad de la piel observada como en un microscopio, todo se relaciona con las ondas y las curvas, los movimientos y las ondulaciones de algunos de los trabajos de Gaudí. ¿Hasta qué punto influyó en Teshigara y su concepción de la imagen, la primera visita que hizo a España en 1959 cuando descubrió a Gaudí y el modernismo?


5
Algunas palabras de Teshigara explican esta fascinación por Antonio Gaudí: “Estaba completamente desprevenido para el intenso shock de mi encuentro con el arquitecto”; "Gaudí trabajó siempre rozando las fronteras de varias artes, y me hizo sentir que el mundo en el que vivía aún tenía muchas posibilidades".
Su propio origen también lo puede explicar: Hiroshi Teshigara es hijo de Sofu Teshigara. Un hombre que se ha ganado un lugar en la cultura japonesa como fundador y gran maestro de la Escuela Sogetsu de Ikebana. Hiroshi aprendió de su padre que el arte de ikebana era algo más que una simple artesanía decorativa y vio como introducía en un arte tradicional y muy codificado, elementos materiales distintos que complementaban las flores propias de este tipo de, llamémosle sin miedo, esculturas de la naturaleza. Los adornos de Gaudí, su combinación de elementos y colores, tenían mucho que ver con este arte centenario.
Hiroshi tenía 18 años cuando acabó la segunda guerra mundial con la terrible derrota de Japón y la barbarie de las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Era un momento muy difícil para los jóvenes japoneses que tuvieron que escoger entre sufrir la derrota como prolongación de la de sus padres, o empezar a construir un mundo nuevo a partir del dolor que acababan de padecer. Hiroshi encontró en su padre y en el arte de las flores un refugio para salir de las incertidumbres del futuro. A los 26 años se dio cuenta de que el cine era su camino para acercarse a ese mundo de poesía y de paz. Su primer trabajo fue el documental sobre Hokusai en 1953. Seis años después y ya con varias películas realizadas, Hiroshi acompañó a su padre como ayudante en un viaje que les llevó a Estados Unidos y Europa para presentar diversas exposiciones de su trabajo como escultor de la naturaleza. Fue una revelación para el joven que descubrió otras formas de entender la cultura y el cine. El neorrealismo, la vanguardia francesa, Buñuel, Salvador Dalí, le abrieron los ojos a otros mundos. En Nueva York conoció al boxeador José Torres y puede, no lo sé, pero puede que viera las fotografías de Stanley Kubrick para la revista Look o incluso el corto Day of the Fight que Kubrick filmó en 1951.
Pero fue en Barcelona donde encontró el camino que iba a marcar toda su carrera como cineasta y como artista, lo que denominó el cruce de géneros, producido por su primer contacto con el modernismo y la arquitectura de Antonio Gaudí. En una conversación con su productor Noriko Namura en 1986, publicada en la edición en DVD de la Criterion Collection, Teshigara reconoce algo que me parece muy importante. Cuenta que ese viaje de 1959 no solo le permitió descubrir a Gaudí, sino le hizo descubrir y sobre todo valorar a su propio padre. “Por primera vez, estuve muy cerca de él y observé lo que hacía… Incluso aunque no hablaba su lengua, se comunicaba fácilmente con artistas de primera línea, como Miró o Dali… A su lado sentí el poder de su energía creativa… Me vi arrastrado por él y su manera de acercarse a su trabajo… Ver esto fue una inspiración y una revelación para mi.” Gaudí y su padre estarían unidos para siempre en esa experiencia determinante.
En 1959 Barcelona era muy distinta a la que se encontró Teshigara en 1984 cuando volvió para rodar Antonio Gaudí. En 1959, Barcelona era una ciudad pequeña que vivía de espaldas al mar. Pero también era una ciudad llena de una luz mediterránea inconfundible y atravesada por extravagantes edificios a los que nadie hacía demasiado caso. En sus propias palabras, “me encontré frente a frente de Gaudí y su magia me abrumó”.
Creo que una de las razones de porque Hiroshi Teshigara se sintió fascinado y sobre todo identificado con Gaudí viene de su formación como dibujante y como cineasta. Él mismo es una suma de dos artes (o más, si tenemos en cuenta la importancia que le da a la música en su cine), es un artista fronterizo entendiendo por fronteras los límites permeables entre distintos ámbitos de la creación, entre el cine y la arquitectura, entre las flores y la escultura, entre el dibujo y la música, entre oriente y occidente. En definitiva entre diversas maneras de expresar un sentimiento poético.


6
En 1984, después de revisar y editar el material rodado en 1959 y ya con una carrera consolidada como cineasta y como figura importante de la cultura en Japón, Teshigara vuelve a Barcelona, una Barcelona preolímpica pero postfranquista; una Barcelona cosmopolita y abierta que está a punto de consumar su gran revolución urbana. Una Barcelona, que aun no reivindica o explota a Gaudí, pero ya empieza a ver el potencial de su obra en la promoción de la ciudad. En esa Barcelona que sigue siendo luminosa y mediterránea, la mirada de Teshigara se detiene en los detalles, en la letra pequeña de una obra grande. Y surge un espléndido poema visual.


7
La estructura del poema es muy clara: la ciudad, la presencia del moderno arte catalán, los antecedentes artísticos del pasado, los contemporáneos del modernismo, la naturaleza. Todo esto sirve de prólogo antes de entrar en el primer edificio que se visita: la Casa Batlló. A partir de aquí, el film hace un recorrido cronológico por las obras de Gaudí en el que podemos apreciar como la sensualidad, el color y la alegría de sus primeras arquitecturas se va ensombreciendo y haciéndose cada vez mas fantasmagórica y oscura hasta desembocar en los troncos martirizados de la sagrada familia, obra torturada e inacabada a la que contemplamos sin miedo por la costumbre, pero que la cámara de Teshigara y la música de Takemitsu nos revelan en toda su tenebrosidad, dándole la razón a George Orwell cuando afirmaba que la Sagrada Familia era uno de los edificios más horribles del mundo.
Teshigara no es un erudito ni un académico, tampoco es un publicista. Teshigara es un “escritor en imágenes y sonidos” que observa el mundo gaudiniano desde fuera y desde dentro. Desde fuera, con una mirada limpia de ideas preconcebidas y teorías artísticas convencionales; desde dentro, con una reflexión que emparenta el mundo gaudiniano con el suyo propio. La lectura de lo que Gaudi llamaba “el gran libro de la naturaleza” está muy arraigada en el espíritu de este japonés que sabe lo que son las flores y las plantas, como demostró en sus preciosas instalaciones de bambú realizadas cuando ya era director de la escuela de Ikebana de Sogetsu.


8
Una de las mejores cosas, de las muchas buenas que tiene, este poema visual es el hecho de no explicar nada de la vida de Gaudí. Se puede ver perfectamente, disfrutarlo, localizarlo (Barcelona y Catalunya si son referentes necesarios y respetados), pero acabamos el film sin saber nada de la vida de Gaudi. Es un acierto como se puede construir un homenaje a alguien prácticamente sin ningún dato biográfico. Creo que esta es una lección que deberían aprender muchos documentalistas contemporáneos que se empeñan en dar informaciones que no son necesarias. ¿Qué más da cuando se construyó La Pedrera o el Parque Güell? Lo que importa es que sigue siendo parte viva de la ciudad y de la cultura.


9
No sé muy bien cómo justificar lo que voy a decir ahora mismo. Pero no puedo dejar de contarlo. Mientras veía el film de Teshigara o buscaba información sobre su trabajo y sobre Gaudí en Japón, no dejaba de flotar un nombre en mi cabeza. El de Naomi Kawase, quizás la más conocida en España de los realizadores contemporáneos japoneses. (El otro es Hirokazu Kore-eda, pero Kore-eda nunca flotó en mi mente, su cine no tienes nada que ver con Gaudi ni con Teshigara ni con Barcelona). En cambio, Kawase seguía ahí presente todo el tiempo. Hasta que me paré a pensar por qué. Y encontré dos posibles respuestas: una, porque la directora japonesa sabe retratar la naturaleza de una manera gaudiniana, transformándola en imágenes donde la luz, el viento, el agua, o los bosques se conjugan para escribir poemas visuales como los que Teshigara retrata en su film. La naturaleza hermana a Kawase con Gaudí, pero también su carácter fronterizo entre distintas artes. La poesía y la música, la arquitectura y el videoarte, el documento y la ficción. Y ahí surge el segundo punto de contacto, el que la relaciona con Barcelona a través de su correspondencia visual con Isaki Lacuesta, un director fronterizo como ella y como Teshigara y como Gaudi, que sabe leer el paisaje y sabe construir mundos imaginarios.
Me gusta la idea de pensar que la obra de Gaudí sigue ejerciendo una influencia en el cine japonés, incluso sin que se la reconozca. Me gusta la idea de que el hermoso documental de Teshigara haya tenido más efectos que los de convertir a Barcelona en un destino turístico obligado. Me gusta la idea de que, a través del espacio y del tiempo, se puede establecer una línea que une al arquitecto visionario, con el escultor de bambú y con la cineasta de los bosques.
Gracias por su atención.
Barcelona, 12 de marzo 2019
.....
Seria estupendo que la película se pudiera ver en un cine. Desde aquí invito a la Filmoteca a proyectarla si es posible. Pero mientras tanto, si alguien quiere verla, está en Youtube.
Este es el enlace
https://www.youtube.com/watch?v=SC2vHKqzyYw&t=3499s


viernes, 8 de marzo de 2019

CINCO MUJERES


Esta semana el blog es un poco largo porque quiero hablar de cinco mujeres (coincidencia no voluntaria con el 8 de marzo) en películas y series que se estrenan el viernes 8 y el viernes 15. La semana que viene no sé si podré escribir el blog. Me voy de viaje y no estoy segura de tener tiempo de hacerlo al volver. Léanlo a trozos si quieren.



HALLA (protagonista absoluta de La mujer de la montaña, estreno viernes 8)
Halla tiene 50 años, vive sola, dirige un coro y es aparentemente una persona sin problemas. Pero Halla tiene una misión, combatir con todas sus armas a la industria que está destruyendo el medio ambiente, la tierra, su tierra, y está convirtiendo su país, Islandia, en un futuro territorio yermo. Halla está sola en esta lucha, aunque cuenta con algunos aliados, su hermana gemela Asa, y un granjero que la protege cuando los drones y los perros la persiguen. Halla no es un personaje simpático, pero la queremos; no es un personaje creíble, pero nos gustaría que consiguiera su objetivo. Lo que sí es simpático es el film de Benedikt Erlingsson al que recordamos por aquella inesperada película que se llamaba De caballos y hombres. Y lo que sí es creíble es la manera como filma este cuento moral, esta fábula con mensaje en la que se utiliza la música en forma de coro griego que acompaña, observa y escucha a Halla, como si fuera su propia conciencia. Cuando acabé de ver la película pensé que en lugar de la mujer de la montaña debería llamarse la mujer del agua. Porque el agua en todas sus formas está presente en los momentos más importantes del combate de Halla: el mar donde se purifica tras su primer atentado; la piscina donde se reúne con su hermana; el agua caliente del geiser donde renace tras su huida; el agua del rio que debe cruzar con la niña en brazos. No cuento mas, reservo el cómo, el porqué y la presencia de un testigo involuntario para que lo vean en el cine.


CHELA (protagonista principal de Las herederas, estreno viernes 8)
Cuando conocemos a Chela es una mujer de sesenta años, apática, sin ganas de vivir, dominada por su compañera, amiga y amante, Chiquita. Las dos viven en Asunción, en una casa donde la ruina planea. Todo está en venta: los muebles, la cubertería, el mundo. Chela no sabe qué hacer con su vida. Y menos aun cuando Chiquita tiene que ir a la cárcel por un asunto de dinero. ¿Cómo va vivir Chela ahora? Tendrá que aprender a sobrevivir con ayuda de su criada Patti. Pero la vida no es una línea recta y da muchas vueltas en el camino. Incapaz de decir que no a nada, ni siquiera a sí misma, Chela acepta llevar en su coche a su vieja y chismosa vecina a una tarde de juego de canasta. Este será el principio de una transformación impulsada por un nuevo deseo: de vivir, de amar, de sentir. Sin carnet de conducir y casi sin darse cuenta, Chela se convierte en la chofer perfecta para esos viejos loros que se pasean por la ciudad. Loros entre los que hay un pavo real que la seduce y la enamora y hace que ella misma vaya perdiendo las plumas grises de su apatía y vaya dejando aflorar un nuevo color en su piel. Mientras Chiquita parece haber encontrado un nuevo hábitat en la prisión, Chela se va alejando de ella y de su vida en común. Historia estupenda de mujeres (los hombres solo se ven a través de la ventanilla del coche), este film paraguayo de Marcello Martinessi, realizado gracias a ayudas europeas, de Alemania, Francia y Noruega, es una de esas películas pequeñas que no se olvidan fácilmente. Chela podría formar pareja con la Gloria de Sebastián Leilo. Las dos prueban que se pueden contar muchas historias de mujeres de muchas edades y condiciones.


MAYA (protagonista romántica de una película que no debería ser romántica, estreno viernes 15)
Maya aparece pasado un tercio del film de Mia Hansen-Love. La conoceremos al mismo tiempo que Gabriel, un periodista francés liberado tras cuatro meses de cautiverio como rehén en Siria. Gabriel es el protagonista de un film que quiere hablar del renacimiento de un hombre herido, desconcertado, descentrado. Alguien que en los cuatro meses encerrado ha perdido la capacidad de entender ese mundo al que vuelve y en el que no quiere o no puede o no sabe vivir. Gabriel, se marcha a Goa, donde vivió de pequeño, para intentar volver a encontrar su propio centro. Y lo que encuentra es a Maya, una adolescente de 16 años, tradicional y moderna, enraizada en la tierra y con mirada al futuro. Una joven hermosa y libre, no una Lolita. Una chica india de ahora mismo. Y ahí el film deja de ser sobre el hombre herido para convertirse en una difícil historia de amor. La directora francesa, que parece escapada ella misma de una película de Rohmer, rompe en cierto modo con su cine anterior. Maya es un film más luminoso, más libre, mas colorido. Incluso más movido (Gabriel no para de ir de un sitio a otro en coche, moto, tren). Me gusta mucho que alguien como Mia Hansen-Love haya hecho una película de amor. Me gusta pensar que Maya seguirá adelante con un buen recuerdo y que Gabriel encontrará su centro. Y me gusta que, aunque la directora no lo reconoce abiertamente, todo su film me recuerde El rio de Renoir. No es mala referencia.


AMANDA (Villavieja, sonidista de Les Unwanted de Europa, estreno viernes 15)
Hace tiempo que tengo ganas de hablar de Amanda Villavieja. El estreno el día 15 del film Les Unwanted de Europa, me ha dado la excusa para hacerlo. Amanda estudió en la Pompeu, y de una manera natural se especializó en sonido, un terreno absolutamente inédito para las mujeres en la época en que ella empezó a ejercerlo. Tenía 25 años cuando su nombre apareció por primera vez en los créditos de un film: En construcción de José Luis Guerín, del año 2000. Desde entonces, Villavieja ha sido responsable del sonido de 51 películas entre las que podemos encontrar las más arriesgadas, interesantes, difíciles y famosas del cine catalán (y español y si me apuran europeo) de estos casi veinte años. Films como El cielo gira, de Mercedes Álvarez, todos las películas de Isaki Lacuesta desde La leyenda del tiempo hasta Entre dos aguas, En la ciudad de Sylvia, Guest y La academia de las musas de Guerín, Morir de día de Laia Manresa y Sergi Díes, El foso, de Ricardo Iscar, Volar de Carla Subirana, Mimosas, de Oliver Laxe, Penélope de Eva Vila o Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico. Y solo cito los que mirando su amplia filmografía me parecen más importantes en cuanto a tratamiento sonoro. Les Unwanted de Europa de Fabrizio Ferraro es una buena prueba. Esta foodmovie, de gente que camina por la montaña. La historia, (si es que se puede llamar historia a una evocación de viaje) es la de la doble travesía de los Pirineos que en 1939 y 1940 hicieron en dirección a Francia los que huían de la victoria franquista y en dirección España los que huían de la invasión alemana, representados en un caso por tres milicianos y en el otro por el escritor judío Walter Benjamin. No es un documental, no es una ficción, no es un ensayo. ¿Qué es? No se definirlo o no encuentro como hacerlo, pero si sé que la fotografía en blanco y negro del bosque, las nubes, las montañas, la playa es fundamental. Pero aun lo es más el sonido del viento, del agua, de la respiración, de los pasos, de las palabras susurradas o pensadas. Y eso, que acaba siendo fundamental en la película, es obra de esta mujer. Espero que siga muchos años haciendo cine y me gustarían mucho que hubiera ya un montón de chicas que siguieran su ejemplo.


HOLLY (protagonista de la serie Press que se puede ver en Filmin)
Holly es Holly Evans, subdirectora del progresista diario londinense The Herald. Holly está cerca de la cuarentena, vive sola, es adusta, desagradable, no le gusta la gente ni disimular lo que siente y lo que piensa. Se viste con descuido, no le importa su aspecto. Busca la verdad y no tiene miedo a denunciar las cosas cuando las ve. Su antagonista, aquí si hay un hombre protagonista a su altura, es Duncan, el director del sensacionalista The Sun. Los seis capítulos de la serie se articulan entre las dos redacciones de los diarios, la manera como enfocan las noticias, la ideología y el poder que hay detrás de cada uno de ellos, su amistad y su rivalidad. Pero Holly es el personaje mas importante. Ella representa un tipo de mujer que no necesita nada. Un poco de sexo de vez en cuando, alguien que la ayude a pagar el alquiler, un amigo homosexual que le hace de conciencia y poca cosa más. Su vida es su trabajo. No sé si Holly es feliz, la serie no se lo pregunta. Yo creo que a medias. Una parte de Holly si es feliz, se siente en su salsa cuando está metida en una investigación, pero otra es consciente de sus carencias y sus debilidades. Press es una serie excelente que deberían ver todos y todas los y las periodistas. En un día como el 8 de marzo puede servir para hacernos pensar que no todo es blanco y negro, no todo es conmigo o contra mí, no todo se reduce a quítate tú para ponerme yo. Diría que es imprescindible.
(he utilizado retratos de Ramon que me evocan estas mujeres, no se les parecen, pero en cierto modo las representan)


sábado, 2 de marzo de 2019

STANLEY DONEN



El 21 de febrero moría Stanley Donen. No se si mucha gente se acuerda de quién era. Pensaba que sí, que el director de títulos inolvidables como Cantando bajo la lluvia o Dos en la carretera, era de sobras conocido para todo el mundo. Pero el hecho de que en la ceremonia de los Oscar no dijeran nada y ni siquiera lo incluyeran en el siempre penoso In Memoriam, me hace pensar que los que montaron el sarao de Hollywood este año no saben quién era Stanley Donen. Yo si lo sé. Tuve el honor de conocerlo en persona y de hablar con él gracias a Jaume Figueras. Bueno, para ser justos, gracias al Festival de Valladolid que dirigía Fernando Lara el año 1989, cuando le dedicaron una completa retrospectiva que él vino a presentar. Figueras le hizo una entrevista espectacular para Cinema 3 y yo estuve presente, incluso le pude hacer un par de preguntas. Fue una lección de cine y de vida, de humor y de elegancia. Uno de mis mejores recuerdos de la época de los festivales. A raíz de ese homenaje, la Cartelera Turia, veterana publicación valenciana que creo que aun sigue saliendo, me pidieron un artículo para un número especial dedicado a Donen. Como yo era una chica, en ese entonces se puede decir que era “la” chica, el artículo que querían era sobre las mujeres en el cine de Stanley Donen. No me costó nada escribirlo, pero no estoy segura que fuera lo que ellos esperaban. En todo caso, lo publicaron. Lo he releído estos días y la verdad es que me sigue gustando. Lo copio aquí, como recuerdo de un hombre estupendo y de un entrevistador también estupendo.

Chicas con suerte
Lo primero que llama la atención al pensar en las mujeres en el cine de Stanley Donen es su absoluta libertad. ¿Libertad en el cine americano de los años cincuenta, en plena caza de brujas y con el Código Hays a cuestas? Pues sí, libertad, una libertad de comportamiento sin ataduras, sin compromisos. Es cierto que todas ellas buscan el amor como meta final, y digo el amor y no el matrimonio, con una excepción, la Elizabeth Taylor de Love is Better Than Ever. Pero en el camino para alcanzarlo, demuestran ampliamente estar absolutamente libres de prejuicios. Si no, piensen en las tres protagonistas de Un día en Nueva York, donde tanto la taxista maravillosa, como la intelectual del museo o la Chica del mes, aceptan una relación que no se explicita, pero se sobreentiende. O Cyd Charisse en Siempre hace buen tiempo, ejemplo de mujer independiente que organiza su vida como quiere. Las mujeres, incluso en un film tan poco “moderno” como Siete novias para siete hermanos, son personajes que deciden por su cuenta, como queda claro en la última secuencia, cuando todas las jovencitas virginales asumen la posible maternidad del bebé de Jane Powell.
Pero la mujer por excelencia en el cine de Stanley Donen es la que encarna Audrey Hepburn en tres de sus mejores títulos. Audrey decide todo por si misma. En Una cara con ángel, es tan libre que no duda en dejar su trabajo en Nueva York para irse a París a vivir una aventura en los sótanos vanguardistas de la época del existencialismo. En Charada, su personaje se mete en una historia llena de sobreentendidos al lado de un hombre completamente desconocido. ¿Y qué decir de su Joanna Wallace en Dos en la carretera? Su historia de amor y desamor, amistad y convivencia con Albert Finney, es la mejor radiografía que se ha hecho nunca de la vida de una mujer en un matrimonio convencional y burgués.
Hay más tipos de mujeres en el cine de Stanley Donen. Por ejemplo Lola en Damn Yankees, interpretada por Gwen Verdon, entrañable en su papel de vampiresa seductora y adorable como simple diablesa desconcertada; Doris Day haciendo una imposible líder sindicalista en Pajama Game sin que se le mueva un rizo de sus rubios cabellos; y no podemos olvidarnos de Kay Kendall en Volverás a mí, donde la capacidad de elección de la mujer se lleva hasta el absurdo de necesitar casarse para ser realmente libre. Esta es sin duda una visión apresurada de los personajes femeninos en el cine de Donen, pero nos permite hacer una reflexión en comparación con el cine americano más reciente, que resulta un poco espeluznante. Porque ahora, casi a finales del siglo XX, estas mujeres han desaparecido del cine llamado comercial para dar paso a madres, hermanas, hijas, esposas, personajes siempre pensados en función de sus relaciones y no en función de sí mismas. A lo mejor porque, como decía Donen, el cine no es la verdad a 24 imágenes por segundo, sino la mentira a 24 imágenes por segundo. Y tanto antes como ahora, se vive una gran mentira.
(Cartelera Turia/Extra Stanley Donen, noviembre, 1989)

Goyi, la mujer de Eduardo Rodriguez, me ha mandado una foto de la visita de Stanely Donen a Valladolid en 1989. Está todo el equipo de entonces. !Cuántos amigos!. La publico como un excelente complemento de este texto. Gracias Goyi¡






sábado, 23 de febrero de 2019

ARTEFACTO



“Se entiende por artefacto cualquier objeto fabricado con cierta técnica para desempeñar alguna función específica. Los artefactos son producto de sistemas de necesidades sociales y culturales (también llamados intencionales aunque dicha expresión ha entrado en desuso), y se les emplea generalmente para extender los límites materiales del cuerpo. En dicho sentido, todo aparato es un artefacto, pero no todo artefacto es un aparato.”
Creo que esta definición de la palabra “artefacto” le gustaría mucho a Godard como primera introducción a El libro de imágenes, su nuevo artefacto audiovisual. Me resulta por completo imposible resumir el argumento de este trabajo inclasificable. Quizá lo mejor sea recurrir al propio Godard que decidió que se explicara el film con tres frases: Nada excepto silencio. Nada excepto una canción revolucionaria. Una historia en cinco capítulos, como los cinco dedos de una mano.
A punto de cumplir 90 años, Godard sigue haciendo el cine que quiere sin tener en cuenta ni mercados, ni gustos, ni siquiera fidelidades a nada ni a nadie. Un cine que puede controlar y manipular sin moverse de casa. Si podemos dividir la enorme obra cinematográfica de Godard nos salen cuatro (no cinco) grandes periodos: el del cine narrativo (1960-1967), el del cine militante (1967-1980), el del cine de la reconciliación con el relato (1980-1987) y el del cine de la memoria, (1987-2017), el más largo y sin duda el más experimental y creativo de toda su carrera que concluye brillantemente en este libro de imágenes.
Godard nunca ha puesto las cosas fáciles con su cine. Incluso en las más convencionales de sus películas, hay saltos narrativos y elementos distorsionadores. Pero nunca hasta ahora había hecho un producto que es un reto al espectador, un desafío en toda regla. Narrativo e ideológico. El director manipula la imagen, la distorsiona, altera su color y su formato, encadena un montaje rompedor y fragmentario en sus relaciones, y utiliza una banda sonora especialmente pensada para provocar al espectador. Estos son algunos de los rasgos distintivos de este ensayo poético, cinéfilo y político. Me atrevo a decir que este film, más que cualquiera de sus anteriores, no se puede ver desde una óptica convencional: ir a una sala, sentarse y ver una película. Godard en El libro de imágenes, exige una participación, vivir la experiencia, pero también propone otra cosa: no intentes entenderlo todo, no te creas capaz de seguirla en su integridad. En este sentido, unos subtítulos arbitrarios que dejan fuera más de la mitad del discurso del propio Godard con su voz cansada y los diferentes diálogos multilingües (no siempre subtitulados) de los muchos fragmentos de películas utilizados, hacen buena una de las mejores frases de todo el libro de imágenes: la lengua no hace el lenguaje.
Si prescindimos del esfuerzo de entender la lengua y nos centramos en entender el lenguaje, este experimento se convierte en un viaje apasionante por la historia de la cultura y del cine para todos los que tengan memoria de estas películas, muchas de ellas olvidadas. El juego de ver cuántas se identifican es una tentación que sólo algunos pueden jugar. Porque, y en esto queda claro que estamos ante la obra de un hombre mayor, no un viejo, Godard nunca será un viejo, es que la mayor parte de los filmes y los textos literarios utilizados seguramente son completamente desconocidos para un público menor de 35 años. Dividido en cinco capítulos como los cinco dedos de la mano, este libro de imágenes nos lleva desde los remakes hasta los trenes, (una de sus pasiones, compartida por otros cineastas, en el que, para mi, es el más bonito capítulo del film),de la historia del cine a la historia real, de una revolución fracasada (la soviética) a una revolución en marcha (la islámica). En este sentido quizás el capítulo menos críptico y, vuelvo a lo personal, el menos interesante desde mi punto de vista por ser muy poco critico, es el que dedica a Arabia y el mundo árabe. No al Islam, o no exclusivamente al Islam, sino a una manera de entender el mundo alternativa a la occidental, capitalista y eurocéntrica que ha dominado la cultura occidental. Esa cultura que, paradójicamente, nutre con sus novelas, ensayos, músicas y películas todo el imaginario de su discurso teórico. Contradicción que intenta contrarrestar utilizando, como ya hizo en filmes anteriores, imágenes reales robadas en las televisiones árabes.
El libro de imágenes ganó una Palma de Oro Especial en Cannes del año pasado. No podía ser de otra manera. Había que reconocer el trabajo ingente de elaboración de este collage fragmentado de la contemporaneidad, pero no se podía considerar en igualdad de condiciones que el resto de filmes en competición. Godard no es Dios, pero si es único.


Un apunte sobre Cafarnaúm.
La semana pasada se estrenó Cafarnaum, de Nadine Labaki, Como no hice entrada, se me quedó pendiente comentarla. La verdad es que no tenía muy claro escribir de ella. No es una película que me entusiasme, aunque sí creo que es un film importante. Pero ante las críticas que he leído estos días, si me gustaría pronunciarme sobre el film. Cafarnaum tiene uno de los principios más impactantes del cine de los últimos tiempos: no desvelo nada, está en el tráiler: un niño denuncia a sus padres ante un tribunal por haberle traído al mundo. Difícilmente se puede superar ese inicio. La película está condenada a ir hacia abajo en un tobogán de penurias, hasta remontar el vuelo en la parte final. Solo esa secuencia justifica el premio que obtuvo en Cannes. Lo que sigue es el vagar de un airado niño de doce años por las calles de Beirut, arrastrando un carrito de cacerolas con un bebe negro dentro. El niño es muy guapo, es muy listo, y las imágenes que busca la directora son, a veces, no siempre, hermosas en su dolorosa realidad. Quizás por eso una buena parte de la crítica la ha acusado de porno miseria. Yo creo que no lo es. Mientras pensaba en esto me venían a la cabeza las novelas de Dickens, ¿es Oliver Twist porno miseria?, o algunos cuadros de niños de Murillo, ¿pinta el sevillano porno miseria? Creo que no, o al menos no lo que yo defino como porno miseria: hacer espectáculo de la parte más sórdida del mundo. Aclaro, no es un juicio de valor sobre la obra, tampoco es un juicio moral, mi aproximación a la porno miseria tiene mas que ver con la sensibilidad. Y pongo dos ejemplos de autores que me gustan mucho y que admiro. Buñuel en Los olvidados no hace porno miseria; González Iñárritu en Biutiful si hace porno miseria. Por eso pienso que Cafarnaum no es porno miseria.
……………..

La semana pasada estuvimos en Arcos de la Frontera presentando Flores en la frontera y una exposición de las acuarelas de Ramon para el libro. En el blog de La Casa Grande, el hotel de Elena Posa que lo ha publicado, he escrito un pequeño resumen de esa presentación. Si alguien lo quiere ver este es el enlace:







sábado, 9 de febrero de 2019

ESTA SEMANA CUATRO ESTRENOS



HIGH LIFE
De qué va: Una enorme caja cuadrada navega por el espacio infinito. Dentro, un grupo de hombres y mujeres, criminales a los que se ha ofrecido la salvación en una misión suicida, sobreviven como pueden enfrentados entre sí y utilizados por una científica enloquecida en un experimento genético. Al final, solo uno de ellos y un nuevo pasajero, que no es alien precisamente, conseguirá llegar a su destino.
Porqué hay que verla: Lo primero, para preguntarse porque Claire Denis se ha metido en este berenjenal. Lo segundo, para comprobar que la ciencia ficción puede ser minimalista y que no hay que tener miedo de hacer el interior de una nave del espacio que parece salida de unos decorados de serie B de los años cincuenta. Tercero, para recordar sin vergüenza Naves misteriosas y Solaris, de las dos bebe este cuento existencialista y metafísico. Y cuarto, porque a pesar de su densidad casi tan grande como el agujero negro al que se dirigen, y de ser casi como diez negritos pero sin criminal, High Life produce una extraña sensación que puede, o no, fascinar. Desconcertante.


TRINTA LUMES
De qué va: Una aldea perdida en los montes de Lugo, Alba, una niña que ve a los muertos, desaparece en la bruma. Treinta luces, que son también treinta almas, la buscan en el bosque y en las casas abandonadas. Un cuento mágico de niebla y de sombras, de misterios y curiosidad. Twin Peaks no está lejos.
Porqué hay que verla: Por su propuesta de cine documental y ficción en una mezcla parecida a la de Entre dos aguas. Personajes reales, lugares auténticos, una historia inventada. Sus imágenes son muy sugerentes, la tradición de la Santa Compaña ronda en sus encuadres. Diana Toucedo nos lleva a explorar lo desconocido de la mano de Alba, el puente entre dos mundos paralelos. Romanticismo fantástico en tierras gallegas. Hermosa.


SOFIA
De qué va: En la Casablanca de ahora mismo, Sofía, una chica de veinte años, está a punto de tener un hijo en un embarazo que ha negado. Cuando nace el bebe empieza el verdadero problema para Sofía. Qué hacer con él, Tiene que buscar un padre y casarse si no quiere ir a la cárcel. Su hipócrita familia solo quiere salvar las apariencias. Sofía y Omar se casarán pero no vivirán felices ni comerán perdices.
Porqué hay que verla: Para comprobar que hay países muy cercanos donde aun se persigue y se encarcela a la gente por tener relaciones antes del matrimonio. Para darte cuenta de que Marruecos es una sociedad hipócrita, corrupta y machista,  con unas diferencias de clase brutales que la directora, Meryem Benm’Barek pone en evidencia. Cine de mujeres que va más allá del discurso feminista. Sofía se niega a ser una víctima y toma una decisión, aunque en esa decisión arrastre a Omar, un pobre chico que en realidad es el único inocente en toda esta historia. Suerte de Lena, una mujer que conserva la dignidad en ese entorno. Necesaria.


TRES IDÉNTICOS DESCONOCIDOS
De qué va: Tres idénticos desconocidos descubren por casualidad a los 19 años que son hermanos gemelos, trillizos, separados a los seis meses y dados en adopción en familias de clases sociales distintas. Su encuentro les produce una gran alegría, por fin se sienten completos, pero también es el principio de una enorme presión emocional muy difícil de gestionar, mas cuando poco a poco van descubriendo el oscuro experimento que hay detrás de su separación.
Porqué hay que verla: Porque pocas veces se ven historias como esta. El gran acierto del director Tim Wardle es el de contar esta increïble historia dejando que sus protagonistas hablen y la recuerden con sus propias palabras en un film que es un drama familiar, una película de suspense y una experiencia cinematográfica apasionante. Sin quererlos, los trillizos reencontrados enlazan con los experimentos genéticos de la doctora loca de High Life. Solo que en el film de Claire Denis, todo es pura invención y en el de los hermanos Bob, David y Eddie, es pura realidad. Sorprendente.
La semana que viene estaré de viaje. Volveré al blog el viernes 22.
 


sábado, 2 de febrero de 2019

DE TODO UN POCO



Una película
Pocos estrenos reseñables hay esta semana. Tan solo uno merece unas líneas. Green Book no es un film imprescindible, pero si es una película agradable, convencionalmente agradable, diría. Este cuento capriano (de Frank Capra) es tan previsible como entrañable. Desde el principio sabemos cómo acabará la relación del gordo guardaespaldas italiano del Bronx y el elegante y culto panista negro. En realidad da igual lo que les ocurre en su viaje por el profundo sur en el otoño de 1962, cuando la lucha por los Derechos Civiles no había empezado. No importa mucho comprobar el racismo y el clasismo de unos blancos que abren sus salones para que el negro elegante les deleite con su música, pero no abren sus baños para que pueda hacer sus necesidades. En fin, nada nuevo en una historia que se salva por los dos actores Mortensen y Ali, y por un humor soterrado que aflora en los momentos más tensos. Lo único de verdad sorprendente de Green Book es el éxito que ha tenido en Estados Unidos. No deja de ser un rayo de esperanza en el páramo trumpiano el hecho de que este film sobre la tolerancia, la inteligencia, la amistad y el aprendizaje, sea uno de los favoritos del público. Menos mal.


Una mujer
Ya que no hay mas pelis, me gustaría hablar de una mujer que he recuperado esta semana gracias a un libro publicado hace poco. Se trata de Conchita Montes y el libro se titula Conchita Montes. Una mujer frente al espejo. Recuerdo descubrir a Conchita Montes en un ciclo de cine español de los años cuarenta y cincuenta que hicimos en la Filmoteca en el año 1976-77. No era una actriz convencional, ni por su belleza, moderna y muy americana, ni por el tipo de películas en las que aparecía, casi todas dirigidas por Edgar Neville. Fue más tarde cuando me enteré de la relación sentimental/profesional que mantenían Conchita y Neville, un amor que duró toda su vida sin que en ningún momento se plantearan casarse. Ni siquiera vivir juntos. Pero todo el mundo en España sabía que aquella espigada y elegante mujer era la pareja del más atrevido director del cine español de esos años. El libro de Aguilar y Cabrerizo me ha permitido saber más cosas. Como por ejemplo, que Conchita Montes era la inventora y autora del Damero Maldito de la revista La Codorniz que mi abuela nos enviaba a México puntualmente. O que era la única mujer aceptada como un igual en algunas de las tertulias intelectuales más exquisitas de Madrid. O su labor como traductora de inglés y francés, idiomas que dominaba a la perfección después de vivir en Estados Unidos y en París. Todo esto y más cosas de las que cuentan en este libro, hizo de ella un personaje único, irrepetible y muy atípico en la gris y oscurantista sociedad del franquismo. Conchita Montes nunca se plegó a la mediocridad del régimen y milagrosamente, tanto ella como Neville, consiguieron hacer un puñado de excelentes películas. Si leen el libro,  seguro que les entran ganas de verlas, en la plataforma FlixOle de cine español se pueden encontrar casi todas.


Un hombre
También esta semana he tenido oportunidad de entrevistar a un hombre que forma parte de la historia del cine: Barbet Schroeder que ha venido a la Filmoteca a presentar un ciclo sobre su trabajo. Ha sido un placer hablar con alguien como él, inteligente, divertido, con una carrera que nace en la Nouvelle Vague y sigue aun en plena actividad. Barbet Schroeder fue productor de algunas películas míticas de Rohmer antes de convertirse en director en 1969 con un film que se convirtió en un canto generacional, More, rodado en Ibiza de forma clandestina, en casa de su madre que vivía en la isla desde hacía años. More hablaba de drogas, de sexo, de libertad, pero sobre todo hablaba de la tragedia de la destrucción de un ser humano por amor. Una película Romántica a la que la música de Pink Floyd añade un aire nostálgico y evocador. Entre More y su último trabajo, El venerable W del 2017, han pasado cincuenta años, muchas películas y muchas cosas que han hecho de Barbet Schroeder un fino analista del mal, sobre todo en lo que él llama la Trilogía del Mal que engloba los documentales sobre Idi Amin Dada, el dictador ugandés; El abogado del terror, centrado en un hombre especializado en defender lo indefendible; y este ultimo y estremecedor documental sobre el monje budista Whiratu, un supremacista de la raza birmana que es uno de los mayores instigadores de la islamofobia que ha llevado a la persecución y exterminio de los rohingyas, la minoría musulmana que vive en las costas de Myanmar, en un genocidio inconcebible. Es un retrato que hiela la sangre, mas si pensamos que lo que este hombre que nada tiene que envidiar a los nazis en cuanto a sus ideas, es un monje budista. Schroeder afirma que le resulta muy difícil saber lo que es el mal, él no juzga a sus personajes, les deja que se expresen ellos mismos, que se autorretraten en su soberbia. Pero reconoce que los líderes del mal que ha conocido y los que sabe que existen, tienen en el nacionalismo extremo y el populismo mas feroz unos rasgos comunes. Explica que fue a Birmania porque quería entender como un monje budista se veía implicado en un genocidio tan terrible. Pero que volvió con un documento que no habla de budismo, ni siquiera solo de Birmania, sino de nuestro mundo y nuestro tiempo, de lo que está pasando actualmente en muchos países de Europa. Por desgracia, y eso lo digo yo, tenemos ejemplos muy cercanos de manipuladores comportamientos nacionalistas y populistas en España. Si pueden vean sus películas en la Filmoteca y si están lejos, aprovechen que en Filmin están las tres entregas de la Trilogía del Mal.

Dos noticias
Para acabar, dos buenas noticias. Una, es que el viernes 1 de febrero volvió a emitirse el programa de cine La Cartellera de BTV en el que colaboro. Es una nueva etapa llena de ilusión. Los que lo hacemos estamos muy contentos con el resultado a pesar de las enormes dificultades con las que nos hemos tropezado para sacarlo adelante.
La segunda es un texto que ha publicado Ramon en su blog hablando del libro de Haruki Murakami, La muerte del comendador. Es tan estimulante lo que cuenta Ramon que dan ganas de leer el libro ya. Si quieren ver el texto de Ramon en su blog este es el enlace.