sábado, 17 de febrero de 2018

FORMAS



(En un lugar como este pudo nacer la criatura de agua que enamora a Elisa. 
La foto es de Elena Posa y está tomada en la selva peruana)
La forma del agua
“El agua adopta la forma de lo que sea que la contenga en ese momento, y aunque el agua puede ser algo muy apacible, también es la fuerza más poderosa y maleable del universo. Así es también el amor, ¿verdad? Independientemente de la forma que tenga aquello en lo que depositamos nuestro amor, éste se adapta, ya sea a un hombre, a una mujer o a una criatura”. Me gustan mucho estas palabras de Guillermo del Toro. Bueno, en realidad lo que me gusta de verdad es su nueva película, La forma del agua. ¿Tiene forma el agua? ¿Qué forma es la auténtica? El agua es un tema que me obsesiona desde hace mucho tiempo. Tengo un proyecto de un libro sobre el agua en el cine y el agua es un elemento importante en mi novela La piedra negra. También allí hay una mujer que baila con un ser de agua, con una criatura del mar, de los ríos, de los lagos. A lo mejor por eso me emocionó tanto este cuento de hadas acuático, esta historia de amor entre dos seres desvalidos en medio de un mundo donde no tienen cabida. No quiero contar demasiado de esta película. Quiero que la vayan a ver. Quiero que compartan con Elisa el descubrimiento de ese ser de colores irisados en medio de un mundo gris, o mejor dicho ocre, un mundo sin luz donde ellos dos brillan. Hay más cosas en este film que Guillermo dice que es el primero aunque sea el décimo. Hay simpatía por el otro, el diferente; hay solidaridad entre seres desvalidos; hay maldad en el hombre de la mandíbula cuadrada. La guerra fría hizo nacer monstruos en el cine, la era Trump los ha devuelto a la pantalla. Pero eso es lo de menos. Lo importante es adaptarse a la forma de ese amor silencioso y soñar con Elisa y su criatura nacida en las aguas de una laguna perdida.


( la camella Mara vista por Ramon, incluido el lacito rojo)
La forma de la tierra
Ya que estamos en elementos, se puede decir que Celestial Camel es una película donde la tierra, la arena del desierto, el horizonte que corta la pantalla en dos mitades, dan forma a una historia de amor muy distinta a la de Elisa y el hombre pez, pero muy hermosa también. La historia de amor de la camella Mara por su cría albina, ese camello celestial que se supone traerá la fortuna a la familia de nómadas mongoles de la estepa. De entrada, la fortuna si la trae, porque el padre decide vender al pequeño camello para el rodaje de una película. Pero ahí acaba la suerte, porque su encantadora madre camella, con un lacito rojo en la oreja, decide ir a buscarlo. Y tras ellos sale un chico de doce años que no quiere perderlos. Preciosa y sencilla historia contada como un cuento del desierto, un cuento sufí, en el que el chico va encontrando guías: un monje budista, un gitano saltimbanqui, una chica que baila. Y al final de su búsqueda encuentra a Mara y a su cría y vuelven a casa. Walt Disney habría hecho un Dumbo con camella; el ruso Yuriy Feting mira más el cine de Kiarostami.


La forma del aire
El aire me sirve para definir la última película de Pablo Llorca. Ternura y la tercera persona, extraño y sugerente título que esconde una historia que no se puede encerrar en ningún sitio. Porque, ¿qué forma tiene el aire? La del que lo llena con su presencia, como hacen los personajes de este barrio de extrarradio madrileño poblado de seres de carne y hueso, hombres y mujeres a los que Pablo mira como si fuera un documental. Pero sin intención. Eso es lo mejor del film. Los documentales nunca son objetivos, al contrario, siempre encierran una lección, una moralidad, una enseñanza. Son aire encapsulado, (lo que no quiere decir que no puedan ser estupendos). Pero Pablo Llorca no hace un documental sobre este barrio que fue de extremeños en chabolas y ahora es de inmigrantes del mundo en pisos minúsculos. Pablo los deja actuar, los sigue, los dirige, sí, porque hay actores profesionales mezclados con gente del barrio, pero no los utiliza para nada. Deja que la forma del aire la vayan tomando unos y otros mientras avanza ese fragmento de vida en el que los conocemos y los dejamos. Un experimento interesante, una comedia inclasificable. La forma del aire.
(La película de Pablo Llorca se ha estrenado de una forma especial. No creo que sea fácil verla en todas partes. En todo caso, quédense con el titulo y si la descubren en alguna plataforma o festival, no la dejen pasar).
(Lo siento, pero por más que pienso en los estrenos de hoy no me sale ninguna forma de fuego. Otra vez será)

sábado, 10 de febrero de 2018

NIÑOS




(autorretrato de Didac, cuando tenía tres años)
Estamos de suerte. Esta semana también hay una gran película en los cines. Bueno, dos. Aunque muy diferentes. Las dos son historias con niños, o mejor dicho de niños, o aun más claro, vistas por los niños. Sus títulos son: The Florida Project, de Sean Baker y Ganar el viento de Anne Julliand, la primera es una ficción que parece un documental, la segunda es un documental que parece una ficción.


(una vaca dibujada por Zoe, cuando tenía ocho años)
Al salir de la proyección de The Florida Project, la crítica comentaba que esta película desmentía la famosa frase de Hitchcock de que nunca hay que trabajar con niños. Otros la comparaban con el cine de Ken Loach. Yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas. El cine que hacía Hitchcock era imposible hacerlo con niños: el mago necesitaba manipular, controlar y despreciar a partes iguales a sus actores y eso, es muy difícil de hacer con un niño. Baker, en cambio, les cede todo el protagonismo, los sigue, comparte con ellos su vida, sus risas, su inocencia y su irresponsabilidad. Incluyendo entre sus niños no solo a Mooneey y sus amigos sino también a su casi adolescente madre, Halley. En cuanto a Loach, desde luego no tiene nada que ver. Loach hace un cine maniqueo donde siempre hay unos buenos buenísimos, los pobres, y unos malos malísimos, el estado. No hay medias tintas. En este proyecto de Florida no hay malos, ni buenos. Bueno, un bueno si, Bobby, el personaje que hace Willem Dafoe, un hombre protector, sensible, que ayuda sin pedir nada a cambio, que sabe lo que es la vida. Quizás el único que lo sabe en ese paraíso de colores pasteles y nombres mágicos que esconde bajo su apariencia de falso decorado un mundo marginal y olvidado, pero no miserable ni degradado.  Lo mejor de este film imprescindible son sus complicidades: las de Halley con su hija Mooney, las de Mooney con sus amigos del complejo de moteles en ruinas, las de las mujeres que crían a sus hijos solas, las del director con todos ellos y las del espectador con un proyecto que va mas allá de una historia con niños para ser una historia de niños. Y todo, al lado de Disneylandia, un lugar donde los niños no son  niños, sino objetos de consumo. Preciosa.


(los reyes magos dibujados por Adja, cuando tenía cinco años)
Ganar el viento es otra cosa. La sinopsis es aterradora: cinco niños con enfermedades extrañas y mortales viven su día a día frente a las cámaras. Pero la película no es para nada aterradora. Al contrario. Ganar el viento es un film que te hace ganar la vida. Que te hace valorar lo que tienes a partir de lo que no  tienen estos niños: tiempo. Pero que te hace envidiar lo que si tienen estos niños y que muchas veces se nos  olvida: la felicidad de vivir un día y otro, la dignidad de aceptar su realidad sin complejos sin miedos añadidos. La directora, que conoce en primera persona el dolor de vivir y ver morir a un niño con una enfermedad rara, se coloca a la altura de la mirada de los pequeños, y les deja que sean ellos los que le digan lo que quiere que enseñe de sus vidas: juegos, amigos, familia, curas, hospital, fiestas, colegio. No hay otro punto de vista que el de ellos, los adultos están ahí para servir de instrumentos necesarios para sobrevivir, nada más. Estos niños tienen una entereza moral y una dignidad que sin embargo no les impide seguir siendo niños. No se puede ganar al viento, dice Julliand, pero si se puede jugar con él, dejarse mecer, aprovecharlo y dejarlo que te lleve. Una película feliz aunque no lo parezca que te hace reconsiderar lo que es importante de verdad.


(un paisaje de Martí, cuando tenía ocho años)
(para ilustrar este post he utilizado dibujos hechos por hijos de amigos míos, niños felices, sanos, que tengo la suerte de conocer y de querer. Gracias a sus padres por compartir sus dibujos conmigo)







GOYAS


Un apunte de los Goya
No voy a hablar de los Premios Goya, ha pasado una semana y ya se han dicho suficientes cosas en todos los medios. La ceremonia fue mala, muy mala, fue larga, muy larga. Pero no voy a analizarla. Solo quiero hacer una propuesta.
Yo creo que uno de los graves problemas que tienen estas galas son… los presentadores. No entiendo la manía que tienen de encargarle a un humorista que sea el conductor de la gala. Por muy buenos que sean en sus programas, no suelen entender nunca el sentido de una gala de este tipo. Sus chistes y bromas son tan malos que congelan la sala y eternizan la ceremonia. Este año, en concreto, las penosas, lamentables y muy inoportunas intervenciones de los presentadores ocuparon ¡casi 50 minutos! Si a esto sumamos los videos que en esta edición no tuvieron ninguna gracia, nos vamos a mas de una hora perdida en estupideces. Si los quitáramos la gala sería mucho más corta, seguro.
La idea de un presentador en este tipo de actos es una idea antigua, de cuando la televisión era analógica y sólo había un canal. Ahora ya no toca. Es una rémora. No digo que no se tenga que hacer un espectáculo visual pensado para la tele, si claro. Pero la tele no es un escenario de cartón piedra con una escenografía espantosa, ni la tele son cómicos siguiendo un guión deslavazado, con chistes y juegos ridículos con los espectadores que hacen enrojecer a cualquiera.
Propongo a la academia que el año que viene NO HAYA PRESENTADOR. La gala la puede abrir un miembro de la academia dando la bienvenida, dar paso a los presentadores tal como se hace ahora, intercalar entre cada bloque de premios videos (por favor realizados por alguien que piense para que son y qué función tienen que cumplir), dejar como parlamentos el del Goya de Honor, que se lo merece y el del Presidente de la academia que marca la línea editorial de la ceremonia y acabar con una despedida desde la academia. Seguro que sería más corta. Hacerla más televisiva depende del realizador, de que sepa jugar con la luz y las imágenes, de que se piense más para un espectáculo del siglo XXI que para unas Galas del Sábado dignas de la tele de los años 60. Y en cuanto a las reivindicaciones políticas, sociales, morales, del tipo que sea, se deben hacer, se pueden introducir haciendo un guión de acuerdo con los presentadores y dejando libertad a los que recogen para que digan lo que quieran sin consignas. Lo siento, pero si los Goya ya eran viejos hace 31 años, ahora son simplemente prehistóricos.

Otro apunte que tiene que tiene algo que ver.
Se ha levantado una buena polémica con la idea de Irene Montero de designarse a partir de ahora como portavoza en el congreso en lugar de portavoz. No sé que manía les ha entrado a tanta gente en pensar que se feminiza una palabra añadiendo una A al final. Yo creo que el lenguaje es muy importante y que el género no lo determina una A mas o menos añadida al final de una palabra. En el caso en concreto de portavoza, aun tiene menos sentido, puesto que La Voz es ya de por si femenina y el género lo determina el articulo delante, la portavoz, el portavoz. Pero mientras nos perdemos en estas banalidades, se siguen cometiendo atropellos y se siguen perpetuando las desigualdades que se suponía debían denunciar los Goya y que se quedaron en nada, en un simple vuelo de abanicos.




sábado, 3 de febrero de 2018

HILOS Y ESPEJOS






(un vestido dibujado por Ramon, inspirado en los de la película)
No pude ver El hilo invisible de Paul Thomas Anderson en el pase de prensa porque lo hicieron en una sala minúscula con un aforo muy pequeño. Poca visión de la distribuidora que dejó fuera a buena parte de la crítica y obligó a los que entraron a verla en unas condiciones lamentables. Fui a ver la película el día del estreno a un cine y me encontré que… ¡la hacían en una sala minúscula con un aforo muy pequeño! ¿Qué tiene el nuevo trabajo de Anderson para que le persiga la maldición de lo pequeño? Desde luego no la película que es realmente grande por su historia de amor obsesivo y de dependencia absoluta, su puesta en escena, elegante, fría, usando el primer plano como un retrato, o su vestuario, excelente y envidiable. Todo esto es El hilo invisible. Al salir del cine, en el autobús que me traía a casa, apunté una serie de temas que me sugería la película. Los explico ahora, un poco, no mucho, no se asusten.
Carnalidad. Es una película que habla de la carne. No me cabe duda. Carne de mujer con sus formas y sus líneas dibujadas en un papel y hechas realidad en un cuerpo. Hay en el personaje de Alma una carnalidad que va más allá de la sensualidad o de la pura y simple sexualidad. Y eso me lleva a hablar de las comparaciones que se han hecho con Audrey Hepburn, en especial, la Hepburn de Una cara con ángel. Audrey nunca habría podido hacer un personaje como el que hace Vicky Krieps. Nunca habría podido darle a su cara de ángel (Vicky la tiene) ese toque de “proletariado” tan bien encajado en la atmosfera opresiva de esa casa. Audrey era demasiado elegante incluso cuando hacía de Eliza vendiendo flores. Tanto a favor de la actriz luxemburguesa con su capacidad de establecer lo que me parece otro punto interesante de la película, la lucha de clases que es uno de los temas subyacentes en el film. Hay un momento tremendo en el que una aristócrata más bien horrible, le dice al personaje de Reynolds el modisto, refiriéndose a Alma: “No sé si en su país alguien le ha enseñado a comportarse, me da miedo que esté robando la plata”. Su país es esa otra clase social de la que Alma se erige en cara de ángel vengador introduciendo en la vida del estirado y maniático Reynolds algo que le molesta muchísimo: el ruido. En esa casa que es como una tortura de escaleras interminables, habitaciones pequeñas, salones vacíos, el silencio es una obligación que Alma rompe sin miedo, sabiendo que con sus tostadas y sus ruidos al comer está delimitando un terreno de combate, igual que con la comida, en la que abunda la mantequilla y las setas, convertidas ambas en armas de su lucha. En definitiva esta historia de amor y de posesión, de control y de poder, de masoquismo y de sadismo, es una historia de dos personajes que se desean, se necesitan, de destruyen, dos seres unidos por el hilo invisible de sus secretos escondidos como el hilo invisible que esconde las palabra secretas en los dobladillos.


(mapa de Britannia en el año 50 DC donde se ve el emplazamiento de los Regni y los Canti)
Britannia, la serie
Esta semana he visto la serie de HBO Britannia. Me gustan mucho las historias de druidas y magos, de bosques y dioses paganos, donde se visualiza el enfrentamiento de religiones y creencias, y se ve el sincretismo de la mezcla de supersticiones y comportamientos. A diferencia de Juego de tronos, Britannia tiene un trasfondo histórico real. Aulo Plaucio efectivamente fue el general que emprendió la primera conquista de Britannia en el año 43 DC, estableciendo alianzas con distintas tribus celtas enfrentadas entre sí y sobre todo con la poderosa organización político/religiosa de los druidas. La serie me ha gustado por sus paisajes y localizaciones, realmente espectaculares. También por algunos de sus personajes. No todos. Pero si quiero hablar de ella en estas páginas es por un momento muy concreto que de alguna manera me impresionó. En medio del enfrentamiento entre tribus y con los romanos, Cait, la hija del hombre ciego llamada a ser la elegida para liberar a los celtas de la opresión romana, es acogida por Kerra , la reina de los Cantii. La niña vive sumida en la tristeza por la muerte de su hermana y la ceguera de su padre, pero sobre todo, está convencida de su inferioridad, de ser alguien despreciable y horrible. Kerra la pone delante de un espejo y Cait se ve reflejada por primera vez en su vida. Asombrada ante su imagen, pregunta “¿esa soy yo?” Fue ese momento el que me impresionó porque de repente me di cuenta de que vernos en el espejo, y reconocernos (o no) es algo tan natural en nuestro mundo que no le damos ninguna importancia. Pero en realidad es algo muy raro, ya que la idea que tenemos de nosotros mismos no es ni mucho menos la idea que tienen los que nos miran. Y en definitiva nosotros nos convertimos en otro cuando nos miramos en el espejo. Perdón por esta digresión, pero me apetecía contarlo.

sábado, 27 de enero de 2018

AMOR


De las varias definiciones de la palabra Amor que se pueden leer en el Diccionario de la Real Academia, hay tres que sirven perfectamente a las tres películas que hoy ocupan este blog:
La primera, Sin amor, del director ruso Andrei Zviaguintse, responde a la definición  que dice: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.
La segunda, Call me by your name, de Luca Guadagnino, se ajusta más a la segunda definición: “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.
La tercera es Coco, de Lee Unkrich de la que aun no había hablado. En este caso, la definición más útil es: “Objeto de cariño especial para alguien”.
Aclarado esto, vamos por partes.



 (un árbol de invierno de Ramón)
Sin amor
Que el director ruso Andrei Zviaguintse es alguien muy especial nos lo había demostrado ya con Leviatàn, Elena y El regreso. La familia en descomposición es el tema de fondo de su cine. En este caso, un matrimonio de clase media ruso, que no se soporta, vive sin amor, y las consecuencias de ese desamor las padece su hijo de doce años. El film podría hacer un mini ciclo de separaciones con Secretos de un matrimonio de Bergman, (título que el director reivindica como primera influencia), y Nader i Simin, una separación de Asghar Farhadi. Las tres hablan de la falta de amor en una pareja. Pero en el caso de Sin amor, hay mucho más que eso. Enmarcada en los paisajes nevados de un bosque moscovita, quieto, callado, blanco, donde el silencio del niño se oye más que los gritos de los padres, el film no renuncia a ser una áspera critica de la sociedad contemporánea, la rusa y por extensión  la de cualquier otro lugar, donde la gente es incapaz de amar, de hacer eso que dice la definición, buscar y encontrar la unión con otro ser. Los padres, viven en un aislamiento sentimental, aunque se engañen creyendo que con sus nuevas parejas van a ser capaces de salir de su cápsula emocional. Y el niño, el niño sabe que no existe para ellos. Pero aun hay más cosas en este film de una belleza glacial y fascinante: el contexto propio de esa Rusia putinesca que poco a poco va calando en su sociedad. La película empieza en el otoño del 2012, cuando se anuncia el fin del mundo del calendario maya: para la pareja protagonista será el fin de su mundo, desde luego. La película acaba a finales del 2013 con la revuelta en Ucrania que acabó en rebelión frente a la tiranía dominante del mundo ex soviético o mejor dicho neo soviético. Lo que sucede en los tres días en que unos padres indiferentes pretenden buscar a su hijo, tendrá una prolongación un año después cuando ambos se hayan acomodado a la nueva realidad tan fría como lo era la anterior a la desaparición del niño. Sin amor te deja con el corazón encogido y con el sentimiento helado ante tanta deshumanización.



(un paisaje de verano de Ramon)

Call me by your name
En la película de Luca Guadagnino  hay mucho amor. Amor a la vida, amor adolescente, amor a la belleza… Pero no se espanten. No es en absoluto empalagosa, ni mucho menos cursi. Guadagnino está demostrando que es un digno descendiente de dos padres cruzados: Visconti y Bertolucci. Del primero, ha heredado el gusto por la elegancia, la belleza de los paisajes, la delicada relación de los personajes; del segundo ha aprendido a hacer una disección de la burguesía intelectual sin caer nunca en tópicos y en lugares comunes. Si a estos dos antecedentes sumamos a James Ivory, autor del guión sobre la novela de André Aciman, tendremos un cóctel perfecto para una película que discurre como el verano. Ese plácido verano de 1983 en que se vive un profundo amor adolescente de los que dejan huella en la vida, en el que vemos crecer el deseo entre un adolescente con dudas y un joven americano sin dudas. Call me by your name podría haber sido una aventura de amor veraniego mas si no fuera por tres momentos: uno sentimental, la declaración de amor en la plaza ante el monumento a los caídos; otro erótico, el juego con el melocotón no se olvida fácilmente; y un tercero emocionante, la conversación entre padre e hijo que da sentido a todo lo que hemos visto y escuchado. Añadan a eso un plano final que interpela y abre nuevos interrogantes y se darán cuenta de que es una  película preciosa, útil y casi diría necesaria.


(estas fotos que me mandó mi sobrina Nuri de México, podrían ser una ilustración de Coco)
Coco
He tardado mucho en ver esta película de animación, no sé bien porque. Pero al final la he visto. Me ha gustado mucho. Más de lo que pensaba. Al margen de recordarme mi infancia en México y la tradición del día de los Muertos con sus calacas de azúcar, la historia de Miguel y su viaje al otro lado en busca de su padre es una preciosa aventura sobre el amor en su tercera definición. La idea de que los muertos viven mientras alguien los recuerda, es muy bonita y muy reconfortante. Es una muestra de un cariño que perdura. Siempre lo he pensado, mientras el recuerdo de un ser querido está en tu corazón, esa persona sigue viva de alguna manera. No hace falta ir al cementerio, no hace falta rezar a nada ni a nadie, basta con cerrar los ojos, recordar el rostro, la mirada, un gesto, una música, una palabra y la persona evocada vuelve a ocupar su lugar en el paisaje interior de cada uno. Solo por eso esta deliciosa y entretenida película ya vale la pena de ser vista, comentada y recomendada.









sábado, 20 de enero de 2018

PAPELES


Los archivos del Pentágono
Esta mañana me he dedicado a destruir papeles viejos que no sé porqué guardaba desde hace mucho tiempo. Hacerlo me ha provocado una doble sensación. Por un lado una especie de liberación, de dejar atrás el pasado, quitarme un peso de encima. Pero por otro, una cierta nostalgia, la impresión de que se perdía la memoria. Ha sido raro, pero muy interesante.
Sirva esta extraña introducción para hablar de una película de papeles. Muchas clases de papeles, Los archivos del Pentágono de Steven Spielberg. La mejor película de Spielberg y una de las mejores que he visto en los últimos tiempos.
En esta historia hay un papel fundamental, el del periódico recién impreso, apenas salido de las máquinas, aun con el olor a tinta fresco impregnándolo todo. Es algo mágico. No sé si ahora las imprentas digitales huelen a plomo y a tinta como las de los años setenta. Pero esta te lo transmite. Y ese olor no es banal. Porque detrás de la linotipia y de la rotativa hay un periodismo de investigación serio y riguroso que tiene las ideas muy claras: los medios de comunicación están para servir a los gobernados NUNCA a los gobernantes. Esa es una de las bases de la democracia y de la libertad. Una idea que desgraciadamente se olvida demasiadas veces poniendo los medios de comunicación (y no piensen que quiero eludir citar directamente a TV3 o a TVE) al servicio de un partido, un gobierno, casi siempre traicionando a los ciudadanos. Este respeto a la libertad no tiene nada que ver con defender una determinada forma de pensar. Si no hubiera diversidad en la información, no serviría de nada. Hay periódicos de derechas y conservadores, de izquierdas y liberales; hay medios de comunicación que investigan y exponen de manera deshonesta, sin calcular las consecuencias, solo pensando en ganar lectores con el amarillismo; hay otros que nunca investigan y hay algunos que investigan y valoran que hacer con la información que consiguen.
Spielberg habla de esta duda entre saber y contar, entre intereses económicos y libertad de expresión, entre arriesgarse o acobardarse. Entre el servicio a los gobernados o la sumisión a los gobernantes. Y lo hace a partir de un hecho histórico real: los papeles del Pentágono que demostraban las mentiras y manipulaciones de distintas administraciones en torno a la guerra del Vietnam. Papeles que desveló primero el New York Times pero que en realidad fueron estudiados, analizados y denunciados en su totalidad por el Washington Post poniendo en jaque a Richard Nixon un año antes de descubrirse el escándalo de las escuchas del Watergate. Pero lo mejor de la película no es que nos ponga frente a un escándalo político de enormes consecuencias. Lo mejor es como lo hace. La cámara fluye, escribe sin que la veas como un buen periodista que no necesita artificios literarios para contar lo que quiere. Los actores (incluso siendo tan conocidos como Meryl Streep y Tom Hanks), desaparecen tras los personajes. Todo encaja en esta filigrana de puesta en escena en la que no hay una sola nota discordante. Los ambientes se respiran, la música acompaña, la historia se narra. Kay Graham, la propietaria del diario, va creciendo ante nuestros ojos, gracias una Meryl Streep que pasa de ser ignorada por el poder y el dinero, a tomar las riendas de la situación ante el asombro de los hombres que la rodean y siempre la han menospreciado. Ben Bradlee, el editor que interpreta Tom Hanks, evoluciona de una simple rivalidad y competencia con otro diario a una postura donde la conciencia se erige en única norma a seguir. Y todos, absolutamente todos los demás actores funcionan como una orquesta bien conjuntada. Cine político, cine militante, cine necesario. Simplemente CINE.

La peste
Curiosidades y casualidades me llevan de pronto (y digo de pronto, porque no fue al momento, sino días después, pensando la película de Spielberg) a darme cuenta de las tres interesantes coincidencias entre La peste, la serie de Alberto Rodríguez que se puede ver en Movistar y Los archivos del Pentágono. ¿Qué puede haber en común entre estos dos excelentes productos, cada uno en su género? Pues mucho más de lo que parece. Por ejemplo, los papeles. También en La peste son los papeles impresos los que desatan la investigación y es un editor/impresor el que se entrega a desentrañar el misterio de los asesinatos misteriosos en medio de la epidemia de peste que asola Sevilla en el siglo XVI. Pero la coincidencia más notable es la del personaje de Teresa Pinelo con la Kate Graham del Washington Post. Como Kate, Teresa ha heredado un negocio después del suicidio de su marido; como Kate, Teresa no tiene derecho a hablar por si misma y debe hacerlo por persona, masculina, interpuesta; como Kate, Teresa acaba tomando las riendas de la situación. La relación de Teresa y Mateo (excelentes Patricia López Arnaiz y Pablo Molinero) tiene un componente de amor que no tienen nunca Kate y Ben, pero su amistad y respeto es uno de los elementos que hacen que la trama avance. Si la película de Spielberg es CINE en estado puro, no tengo ningún reparo en decir que La peste de Alberto Rodríguez es TELEVISIÒN en estado puro. Esta sería la tercera coincidencia.


sábado, 13 de enero de 2018

DOS MUJERES; DOS HOMBRES


(la secuencia mas extraña de la película)

Primera mujer: Frances McDormand en Tres anuncios en las afueras
Frances McDormand es una fuerza de la naturaleza. Pocas actrices, pocas mujeres en realidad, podrían despertar ese doble sentimiento de rechazo y de solidaridad, de desagrado y de empatía, como el que despierta Frances McDormand en el personaje de Mildred. El director Martin McDonagh explica que la actriz solía decirle durante el rodaje que su personaje era como John Wayne. Y es cierto, Frances McDorman en Tres anuncios en las afueras es como John Wayne. Tiene toda la razón la actriz al decirlo. Primero porque Tres anuncios… tiene la estructura de un western, de los de John Ford, no de los del Sergio Leone; segundo porque Mildred es un personaje con un objetivo, como el John Wayne de Centaruros del desierto: vengarse de los que ella considera que no hacen nada para encontrar a los asesinos de su hija. Mildred, como Ethan, despierta simpatía y antipatía a partes iguales. Con ninguno de los dos te irías a cenar (como descubre Peter Dinklage en una de las secuencias más extrañas de la película). Es fácil comprender sus razones para actuar como lo hace, pero no es fácil justificarlas. Tres anuncios… tiene una ambigüedad moral que hace que no dejes de pensar en ella. Y tiene humor, (los Coen aunque no estén directamente, lo están indirectamente) y tiene un personaje que en muy pocas secuencias establece el equilibrio de todo: el del sheriff Willoughby que con sus tres cartas es el perfecto contrapunto a los tres anuncios. Atención a Martin McDonagh, el director. Será uno de los importantes, bueno, no será, es uno de los importantes.

 (retrato de Armand Roulin)

Primer hombre: Armand Roulin en Loving Vincent
Armand Roulin. El nombre no les dirá nada seguramente. Si decimos, en cambio, Vincent Van Gogh, no habrá dudas. Todo el mundo sabe quién es Vincent Van Gogh. Por eso es muy interesante y curioso, además de un prodigio de realización, que Loving Vincent se base en el personaje de Armand para descubrir porque murió Vincent. A estas alturas seguramente todo el mundo puede saber que Loving Vincent es “la primera película pintada al oleo fotograma por fotograma”. Esa es su grandeza visual y es esa grandeza la que le da su belleza al poner en movimiento los cuadros y los personajes de Van Gogh. Reconociendo esto, la película podía haber sido un simple alarde técnico. Y sin embargo, la directora polaca Dorota Kobiela no se ha limitado a “usar” la técnica para hacer una historia convencional. Tomando los cuadros de Van Gogh como escenarios, ha construido una investigación en torno a su muerte. Y es ahí donde entra Armand Roulin, hijo del cartero retratado por Van Gogh con su chaqueta amarilla. Cuando su padre le pide que entregue una carta, la ultima de Vincent a su hermano Theo. Armand emprende una investigación para intentar entender porque se mató Van Gogh y se pregunta si realmente fue un suicidio o no. Busca y pregunta e indaga entre los que le conocieron los últimos días de su vida. Esta historia seria una película normal estupenda. Contada en vangoghs animados, es además, un regalo.


(este cuadro de Ramon seguro que le gustaría a Ana Asensio)

Segunda mujer: Ana Asensio en The Most Beautiful Island
The Most Beautifu Island es una rareza. Una película incómoda, inclasificable, inesperada. En realidad se puede decir que en The Most Beautiful Island hay dos películas en una. Las dos producen desazón, rabia, descorazonamiento, solidaridad, inquietud suspense. Pero por distintas razones. La historia es la de una mujer, Luciana, (aprovecho para decir que Luciana es Ana Asensio, guionista, directora, productora y actriz del film). En la primera parte, compartimos con Luciana las enormes dificultades de sobrevivir en la isla más bonita del mundo, Manhattan, cuando todo está teñido de un color ceniza muy alejado del blanco y negro brillante de Allen o los colores del technicolor. Luciana hace lo que puede en ese inhóspito espacio. Si la película fuera solo eso, ya sería interesante por el tono documental, realista, por la preciosa secuencia del principio y por hacerte detestar a esos niños horribles que Luciana cuida para ganarse un par de dólares. Pero la historia y la película dan un giro inesperado que te coge con el pie cambiado. Luciana acepta un trabajo que debería hacerla sospechar, y de hecho sospecha, por lo bien pagado que está. Al aceptarlo, entra en un submundo que convierte este film realista en un film inquietante. La larga espera en el sótano, crea una tensión insostenible. Corre el peligro de que, al resolverse se pierda esa intensidad. Pero no. La joven directora madrileña, sabe muy bien lo que está haciendo y lo resuelve en una secuencia que justifica todo el suspense sin decepcionar. Al menos a mi. Y creo que a mucha gente porque la película no para de recibir premios en todas partes. Estoy segura que cuando acabe este 2018, la recordaremos entre las mejores operas primas españolas. Seguro.


(cartel publicitario de Churchill durante la guerra)

Segundo hombre: Winston Churchill
Al salir de ver El instante más oscuro, de Joe Wright, nos preguntábamos por que había últimamente tantas películas sobre Churchill. Puede parecer que no son tantas, pero dos directamente inspiradas en momentos cruciales (oscuros sin duda) de su vida y otras dos sobre la batalla de Dunkerke, son muchas. Había varias especulaciones. Pero la más evidente, y todos estábamos de acuerdo, es que esta abundancia de películas churchilianas tenía que ver con el Brexit. En lo que no coincidíamos del todo era en la lectura brextiana del personaje. Churchill era un hombre orgulloso del imperio británico, de la monarquía, pero sobre todo, orgulloso del pueblo británico (no solo el inglés). Esto hacía de él un personaje nacionalista sin duda, un defensor de la identidad nacional y de sus valores. Esta mirada sobre su figura es la que defendían los que decían que Churchill era un reaccionario, un patriota. Pero para mí hay otra lectura, que el film deja muy clara. Los auténticos reaccionarios, los verdaderos aislacionistas, eran Neville Chamberlain y el Conde de Halifax, que querían negociar con Hitler para mantenerse al margen de la guerra en el continente y preservar así sus privilegios. Frente a ellos, Churchill sabía que tenían que implicarse, que no podían abandonar Europa a su suerte porque los arrastraría en su caída frente al dominio nazi. Para salvar Gran Bretaña, había que salvar Europa. Todo lo contrario de los partidarios del Brexit que piensan en salvarse ellos mismos dejando Europa abandonada. En este sentido, son muy útiles y necesarias las películas como El instante más oscuro, que cuenta ese delicado momento en que Churchill tuvo que tomar la decisión: enfrentarse a Hitler o aceptar sus condiciones. Por suerte para el mundo, se enfrentó.

LIMONES EN EL BLOG DE RAMON
Ramon ha hecho una entrada preciosa sobre los limones y el tiempo. Vale la pena verla
este es el

 https://ramonherreros.blogspot.com/2018/01/limones.html