viernes, 17 de mayo de 2019

TRES INFUSIONES



Esta semana hay tres películas que merecen ser destacadas. De una ya hablé un poco en la entrada de los festivales: Un hombre fiel, de Louis Garrel. Las otras dos son Sombra, de Zhang Yimou y La carga, de un director de nombre impronunciable, Ognjen Glavonicse.  Las tres son especiales por distintas razones.

Un hombre fiel,
Segundo largometraje de Louis Garrel, actor fetiche de la nueva, nueva ola francesa, que ha dejado atrás ya la etiqueta de “hijo de Philip Garrel”.  Un hombre fiel es una deliciosa comedia de enredos, un trío amoroso entre un hombre y dos mujeres en el París de ahora mismo. Un cuento moral rohmeriano que bebe en el viejo director y en Jean Eustache, más que en  el cine de su padre o en el de la nouvelle vague. De Rohmer tiene la ligereza de los diálogos, los paseos, las miradas de personajes que siguen a otros sin ser vistos. De Eustache, toma la idea del trío posible. Con la diferencia de que lo que en La mama et la putain era un larguísimo drama de lágrimas y palabras, en el caso del hombre fiel es una corta comedia de sonrisas y palabras. Quizás por eso Jean Claude Carrière, coguionista con Louis, afirma que Un hombre fiel está más cerca de Mirabeau que de Truffaut. Preciosa y tan estimulante como una infusión de ginseng y limón. Indispensable en estos tiempos de correcciones políticas represoras.

Sombra
Me he alegrado mucho de reencontrarme con el mejor Yimou, el de Sorgo rojo, el de La linterna roja o La  casa de las dagas voladoras. No es que el otro Yimou no me guste, el de las películas intimistas, pequeñas, de historias cotidianas. Pero este me encanta. Me gusta el sentido del espectáculo visual,  de la coreografía, del uso del vestuario y la concepción de los espacio. Para  situar estas sombras ambientadas en una corte que parece sacada de una obra de Shakespeare donde como se decía hace mucho tiempo “muere hasta el apuntador”,  Yimou se ha inspirado en una antigua técnica china de pintura con lavado de tinta, que le permite usar una paleta de grises, negros y blancos absolutamente bella. Sombra es una especie de Kagemusha. El clásico film de Kurosawa mostraba como los poderosos utilizan sombras, dobles, para escapar de atentados, o para multiplicarse en distintos sitios a la vez o simplemente para engañar y manipular a todos. Sombra es la sombra de un hombre poderoso, pero es mucho más. Es un juego de tronos en dos horas  que de repente adquiere una actualidad inesperada. Sombra nos hace pensar que quizás estemos viviendo bajo el mando de las sombras de otros: ¿O no son algunos políticos más que sombras y fakes de otros que les manejan a su antojo? Hermosa, fascinante, un poco larga para algunos (a mi no me lo parece), Sombra es como un té negro especiado con unas gotas de vainilla. Vale la pena verla, hace pensar.

La carga
Este film es otra cosa. Esta película no es hermosa, no es ligera, no es fácil. Pero si es importante. Lo es porque la guerra de los Balcanes que tiñó de sangre la antigua Yugoeslavia a finales del siglo XX, sigue siendo una asignatura pendiente, en el cine y en la historia. Ognjen Glavonicse se acerca a ese tiempo oscuro, violento, y sobre todo incomprensible en su crueldad, sin mostrar nada. Nunca vemos la guerra, nunca vemos la violencia directa, pero sentimos la opresión que no deja respirar y obliga al protagonista a refugiarse una y otra vez en su camión, el único lugar donde se siente más o menos seguro. La cámara prácticamente nunca sale de la cabina del camión y cuando lo hace, es para mostrar pequeños fragmentos de una sociedad desgarrada y sin futuro. El director habla de aislamiento y ocupación: el aislamiento del personaje en su camión, la ocupación del espacio exterior por la guerra que sentimos pero no vemos. Se ha comparado este film con El salario del miedo, que Georges Clouzot dirigió en 1953. Pero en realidad solo tienen en común la idea del camión y lo que transporta. En el caso del film francés, la carga y el miedo están provocados por algo físico, la dinamita que puede explotar. En el caso de de La carga de Glavonić, la carga es metafísica, la lleva el personaje dentro de sí mismo y el miedo no es al exterior sino a lo que él mismo arrastra.  La carga es más un café muy cargado, amargo y sin azúcar,  un film necesario, sobre todo para las nuevas generaciones que corren el peligro de olvidar lo que pasó hace apenas veinte años.








viernes, 10 de mayo de 2019

EUROPA


Aprendiendo la lección en cuenta ajena, los populistas han cambiado sus planteamientos iniciales de dejar la UE por los de infiltrarse dentro para, desde su núcleo, proceder a su desintegración. Ya no preconizan la salida, sino que centran sus esfuerzos en desacreditar las políticas comunitarias que afectan al sentido de identidad de la gente, con especial incidencia en la migración.
(Jaume Masdeu. La Vanguardia, 10 de mayo)

(Steve Bannon y Marine Le Pen)

Nos jugamos mucho en las próximas elecciones europeas. Mucho, muchísimo. Hay que estar muy atento para que no ganen en peso, si no en mayoría, las tendencias que tienen como único objetivo destruir la idea de Europa. Porque esas fuerzas existen. Están ahí, amenazantes y tienen un hombre en la sombra que las impulsa de una manera descarada: Steve Bannon. Si personalizo en el ex asesor de Trump, es porque esta semana se estrena un imprescindible documental titulado Steve Bannon, el gran manipulador que Filmin presentará en su plataforma a finales de mes. A tan solo dos semanas para las elecciones europeas, esta es una excelente oportunidad de dejar al descubierto las auténticas intenciones del movimiento populista mundial.
El nombre de Steve Bannon aparece regularmente en los diarios como principal impulsor de una campaña populista de extrema derecha internacional. Pero se sabe poco de él y sobre todo, se conoce poco la manera en que ejerce su fascinación para imponer sus ideas en los medios de comunicación. Este documental le sigue de cerca y de una manera bastante intima durante el año 2018 en el que Bannon intervino decisivamente en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos y sobre todo, en la construcción de una estrategia común de los partidos de extrema derecha europea para acabar con la Unión Europea en las elecciones que se celebran dentro de quince días. El documental tiene un valor político indiscutible en clave interna estadounidense. Pero también y mucho para los europeos, sobre todo las dos importantes reuniones en las que Bannon traza su estrategia conjunta con los principales líderes de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Suecia, Italia, o Hungría. Se echa en falta la presencia española en cualquiera de sus manifestaciones, pero hay que tener en cuenta que en el año 2018 Vox todavía no tenía el peso que puede tener ahora mismo en este contexto y la Crida de Puigdemont ya está bien representado por Mischaël Modrikamen, del Partido Popular de Bélgica y Filip Dewinter, de Vlaams Belang, el partido nacionalista flamenco de Bélgica, ambos anfitriones y defensores del ex president en Waterloo. Si alguien tiene dudas de quién está detrás de los movimientos desestabilizadores de Europa, (por ejemplo los Chalecos Amarillos en Francia, cuyo germen se planeó en una reunión de los líderes populistas que quieren acabar con lo que Macron significa), basta con ver este documental.
Al acabar de verlo, tomé una serie de notas que me parece interesante recuperar ahora.
Steve Bannon se reúne dos veces con líderes europeos de extrema derecha
-La Agrupación Nacional Francesa de Marine Le Pen: Los jóvenes nos votan a nosotros; La crisis de la gasolina nos servirá; La clave es combatir la inmigración.
-Mischel Modchitaker de Bélgica: La verdadera batalla está en Bruselas.
-Filip Dewinter partido nacionalista flamenco: Lo más necesario es vencer la idea de una identidad europea. Hay que unificar nuestros partidos.
-Kent Eketow, Suecia: Un grupo común sin dejar de preservar nuestras identidades; Hay que destruir la UE; Usar los medios de comunicación.
Matteo Salvini, Marine Le Pen, Nigel Farage, Orban en Hungría, Chequia, Polonia, Austria, España. Están en todas partes y tienen un objetivo: crear una agenda  unificada de los partidos populistas con diferentes ataques para ganar las elecciones europeas del 2019, apoyando a todo partido populista o nacionalista que parezca viable. La conclusión de las reuniones fue: “Espero que el año que viene hayamos provocado suficiente entusiasmo para que todo el mundo hable de nosotros”.
Aun a riesgo de hacerles el juego, creo que vale la pena hablar de esto y sobre todo, vale la pena ver el documental. Se entienden muchas cosas de lo que está pasando.

(este árbol doble de Ramon representa muy bien a los dos hermanos Sisters)

LOS HERMANOS SISTERS
Para compensar la desazón que deja el documental de Bannon lo mejor es ir a ver este estupendo western de Jacques Audiard. Los Hermanos Sisters es una película ejemplar. No solo en su historia, ya hablaré de ella. Es ejemplar como ejemplo (valga la redundancia) de todo lo que Bannon y sus secuaces combaten con uñas y dientes. Los Hermanos Sisters es un western profundamente americano, dirigido por un francés, Audiard, producido por los hermanos Dardenne, belgas, Enrique López Lavigne, español, y Christian Mungiu, rumano. Una excelente combinación que, junto con las interpretaciones de tres grandes actores americanos y uno anglo pakistaní, y el rodaje en paisajes de España y Rumania, nos demuestra que Europa es un todo y que no hay historias locales. Mas si, como ésta, pone en imágenes no solo un conflicto entre dos hermanos, sino un conflicto entre el pasado y el futuro, con un presente atrapado en medio sin saber muy bien hacia dónde mirar; al pasado (Bannon y compañía) o al futuro (una Unión Europea que trabaje por la superación de los nacionalismos, ya sean locales, americanos, rusos o chinos).
Pero me he ido un poco lejos del film y su historia. Todo sucede en el lejano año 1851 en el más lejano oeste. Charlie y Eli Sisters son dos hermanos que viven alquilando su pistola al mejor postor. Charlie, el pequeño, nació para matar, Eli, el mayor, sueña con tener una vida mejor. Ambos reciben el encargo de uno de los hombres más poderosos de Oregón para encontrar y matar a Hermann Warm, un inglés que ha inventado un sistema infalible de encontrar oro, al que también busca el detective John Morris. La vida de estos cuatro hombres se entrecruza en un destino inesperado que le permite al director plantear el conflicto del que hablaba al principio: Charlie representa el pasado salvaje y sin ley; Warm representa el futuro de ciencia y democrático; Eli y Morris, asumen en esta ecuación el presente que quiere dejar atrás la violencia, pero aun no está preparado para la democracia.
Los Hermanos Sisters no es un western clásico, aunque John Ford no está lejos de ese último plano que nos hace pensar en Centauros del desierto; tampoco es un western crepuscular a la manera de los Hermanos Coen; y mucho menos es un western posmoderno del estilo de Tarantino. No, Los Hermanos Sisters es un western europeo profundamente americano, lleno de ideas y con un mensaje (sí, hay un mensaje) que me parece importante en este momento: creamos en las utopías y en la posibilidad de dejar atrás el presente para vivir un futuro mejor. A Bannon seguro que no le gusta.


CLAM, Festival Internacional de Cinema Social de Catalunya
Por distintas circunstancias he tenido ocasión de conocer de cerca un festival de los “pequeños”. Un proyecto de los muchos que se llevan a cabo en distintos lugares de España (Catalunya incluida). Se trata de un Festival que se celebra en Manresa y Navarcles, dos poblaciones de la provincia de Barcelona. Llevan ya 16 años y siguen creciendo poco a poco, buscando un público que pueda disfrutar de un cine que nunca llega a sus pantallas, entre otras cosas, porque ya no hay pantallas. Clam es un buen ejemplo para hablar de esos otros festivales, tantas veces ignorados desde el centralismo barcelonés (o madrileño) que sin embargo cumplen una función importante. No es tanto llenar las salas, labor siempre difícil incluso en las grandes ciudades, sino el esfuerzo por conseguir que la vida social y cultural de esas poblaciones medianas o pequeñas, no se vaya empobreciendo cada vez más, no se vaya limitando a ver la televisión (plataformas incluidas) sino que exista un factor de socialización que haga salir a la gente para compartir. Películas en primer lugar, pero también actos, mesas redondas, presentaciones, premios. Este tipo de iniciativas me parecen muy interesantes y desde las administraciones deberían apoyarse mas. Las grandes urbes son fundamentales para que la cultura de un país exista; pero dinamizar la red de pequeñas ciudades y pueblos es también importante si queremos que esa cultura llegue a todas partes. No podemos dejar ese espacio a las televisiones (TV3, TVE o la que sea).

Acabo con una cita de una entrevista con Alain Touraine que he leído hoy en La Vanguardia y que me sirve para cerrar englobándolas las dos películas y el festival:
 Hoy, está aumentando el número de países que dan prioridad al estado desarrollista, es decir, capaz de asegurar la defensa nacional e ideológica contra los otros centros de poder mundiales. Este triunfo del estado defensor de una identidad y de una comunidad, por tanto xenófobo y finalmente racista, es una amenaza portadora de guerra. La fuerza de la Unión Europea no está en sus armas ni en las disciplinas que impone a sus ciudadanos, sino en su pluralismo interior. Es la única región del mundo que se ha dado como lema: Vivamos juntos con nuestras diferencias. (Alain Touraine. La Vanguardia, 10 de mayo)


viernes, 3 de mayo de 2019

FESTIVAL(ES)


¿Necesita Barcelona un Festival de Cine Internacional? ¿Necesita Barcelona dos festivales de cine internacionales? ¿Necesita Barcelona que ambos se hagan simultáneamente? A la primera pregunta podría contestar que sí; a la segunda pregunta podría contestar también que sí. A la tercera, definitivamente contesto que no. Un NO rotundo. Lo que ha sucedido estas dos últimas semanas en Barcelona con la simultaneidad y la competencia de dos propuestas de festival que se solapaban en cinco días, es imposible de asumir, de justificar y de entender. El D’A Film Festival llega a su novena edición con una trayectoria consolidada, un prestigio ganado a pulso con su programación y unas fechas que se mantienen desde hace nueve años, siempre a finales de abril y coincidiendo con el 1 de mayo. El BCN Film Fest, llega a su tercera edición con ganas de comerse el mundo (bueno a Barcelona), pero la urgencia de posicionarse en el mapa y la obligación auto impuesta de coincidir con el día del libro (23 de abril) lo obliga a coincidir con el D’A. El resultado es que uno, el BCN Film Fest comenzó el 22 de abril y acabó el 30 de abril, y el D’A Film Festival comenzó el 25 de abril y se acabará el 5 de mayo: dos semanas de festival(es) seguidas que han perjudicado a los dos certámenes. No hay prensa que pueda cubrirlos como es debido, creo que no hay público para los dos festivales y, sobre todo, no hay necesidad de esta competencia absurda. Creo que los que dirigen el BCN Film Fest tienen que hacer una reflexión de qué es lo que quieren hacer, no porque su propuesta no sea buena o digna o que valga la pena, sino por cómo la están haciendo.
Dicho esto, tengo que dejar claro que ambos festivales son muy distintos y esto no quiere decir que uno sea mejor que el otro. El BCN es un festival clásico, de cine comercial de calidad (casi todas o todas las películas que ahí se han visto se estrenan más o menos pronto), cine convencional en el buen sentido de la palabra; el D’A es un festival de riesgo, de apuestas, de films que no tienen otra ventana para verse. Quizás podrían convivir, como lo hace la sección oficial de un festival, más conservadora con sus secciones más alternativas (Zabaltegi, Panorama, La Quincena) pero eso es muy difícil. Sobre todo porque en este caso el D’A tiene una fuerza que le da la calidad consolidada y el BCN aun esta en formación. En fin. Mientras tanto, la prensa hemos hecho lo que hemos podido, teniendo en cuenta que un festival en la ciudad donde vives y trabajas siempre es mucho más difícil de cubrir que uno al que te desplazas solo para asistir a sus sesiones. Las lavadoras se han de poner y hay que ir a comprar al súper, los niños tienen que ir al colegio y hay que trabajar. Si ya es difícil seguir uno, ¡imagínense dos!
Yo, como todos, he hecho lo que he podido. Así que aquí voy a enunciar muy brevemente las películas que he visto, reservándome para su estreno comentarios mas amplios en algunos casos.


Empezando cronológicamente, en el BCN Film Fest he visto:
El bailarín, de Ralph Fiennes, biopic de Rudolf Nureyev que se estrena la semana que viene y de la que solo puedo decir: si te gusta el ballet, es interesante, sino, tú mismo.
La biblioteca de los libros rechazados, de Rèmy Bezançon. La idea central de este ligero y agradable film es brillante: crear una biblioteca donde se conserven todos los manuscritos rechazados por las editoriales, desde libros absurdos hasta posibles joyas ocultas. Fabrice Luchini hace una composición perfecta de un crítico literario pedante y engreído al que no te queda otro remedio que querer. Bonita.
Cartas a Roxane, de Alexis Michalik. El nacimiento del clásico de la literatura francesa Cyrano de Bergerac. Me gusta mucho y en su estreno me extenderé.
De la India a París en un armario de Ikea, de Ken Scott. Divertida mezcla de Tati, Bollywood musical, comedia romántica y cuento fantástico. Se habla en ella de muchos temas importantes sin darles importancia. Me gusta. Se estrena la semana que viene.
Nacido rey, de Agustí Villaronga. Una rareza, un disparate, un film hagiográfico sobre la infancia del rey Faisal, fundador de la dinastía Saudi de Arabia Saudita. Tiene la ventaja de contarnos una historia desconocida, pero la desventaja de que, probablemente, no nos interese nada conocerla. Se estrena en otoño.
El secreto de las abejas, de Annabel Jankel. Adaptación de una novela romántica, de esas que se llaman literatura femenina, que cuenta una historia de amor lésbica en un contexto muy complicado. Bonita.
Sir, de Rohena Gera. Quizás la película que más me ha sorprendido en el BCN Film Fest. Este film indio cuenta una historia de amor y de clase, de dependencia y dedicación, en el ambiente moderno y rico de la Mumbai contemporánea. Volveré a ella cuando se estrene.
Una intima convicción, de Antoine Raimbault. Basada en un hecho real, el film es una clásica película de juicios que sin embargo engancha por el personaje de Nora, la mujer empeñada en demostrar la inocencia de un acusado.


A partir del 25 de abril compaginé como pude con el D’A Film Festival donde he visto:
Anthropocene: The Human Epoch, Jennifer Baichwal. Extraño y fascinante documental sobre la idea, cada vez más extendida, de que la era glaciar del Holoceno, en la que la vida humana se ha desarrollado en el mundo, está dando paso a una nueva era glaciar, el Antropoceno, es decir le edad del hombre (destructor). Nada más acabar la proyección escribí algunas de las sensaciones que me produjo: Dolor en la visión de la destrucción de la naturaleza; belleza de esa naturaleza destruida; enormes máquinas destructoras que parecen salidas de la mente de Miyazaki como inmensos animales articulados; ecos de películas, el túnel de San Gottardo como el viaje interestelar de 2001, la refinería rusa como Blade Runner; descubrir que la gente está orgullosa con sus trabajos destructores; constatar la enorme hipocresía del mundo moderno que quiere ser ecologista pero no renuncia a nada de las ventajas de la civilización; y un hecho que llama la atención. En este retrato de apocalipsis humano, no hay casi presencia china, cuando todo el mundo sabe que son los chinos los que están causando la mayor destrucción del planeta con su desarrollo incontrolado y depredador. Curioso.
Carelia, Internacional con monumento, de Andrés Duque. Después de la inclasificable y hermosa Oleg y las raras artes, Andrés Duque vuelve a Rusia, mejor dicho, sigue en Rusia. Esta vez en una zona fronteriza entre Rusia y Finlandia llamada Carelia, donde viven los carelios, un pueblo antiguo de raíces ancestrales que se hunden en el bosque de los mitos que poco a poco están desapareciendo. Duque busca lo que pervive de esa antigua cultura y lo encuentra en una familia de elfos rubios que habitan los bosques y en sus juegos y lecturas mantienen viva la historia de los dioses paganos. Pero en ese bosque luminoso y feliz, hay una zona oscura. Ahí hubo orcos al servicio de un Sauron contemporáneo que masacró a su propia gente. En esos bosques se esconden en fosas ocultas y desconocidas, los miles de muertos de las purgas de Stalin. Un hombre lleva veinte años intentando sacarlos a la luz, pero el nuevo Sauron (Putin) no perdona esta intromisión en la herencia de su héroe. Carelia es un film, como dice su director, disonante. Entre la luz de los carelios y la oscuridad del nuevo señor de Mordor, Carelia nos deja la sensación de haber visto un film impresionante.
CoinCoin et les z’inhumains, de Bruno Dumont. Segunda entrega de las aventuras de Quinquin, que ahora, tres años después se hace llamar CoinCoin y es seguidor del fascista partido nacionalista. Le acompañan, Tonel, Eva, Jenny, y desde luego la imprescindible pareja de policías Carpentier y el comandante Van del Weiden. Todos ellos ven con estupor y mucho humor como la tierra es invadida por los extraterrestres que han decidido colonizarla con una lluvia de pringue negro y viscoso. La delirante y absurda historia le sirve a Dumont para hacer un retrato de la sociedad contemporánea sin ninguna concesión más que al humor.
Continuer, de Joachim Lafosse. Este director belga consigue transmitir estados de ánimos con casi nada. Bueno casi nada, no. Aquí hay un paisaje que domina el cuadro, el del desierto y las montañas de Kirguizistan donde coloca a sus dos personajes, una madre joven y su hijo adolescente, en un western minimalista que es tanto un viaje en el espacio, como un viaje en los sentimientos. Me gusta mucho.
Hotel By the River, de Hong San-soo. Cualquier película de Hong Sang-soo me gusta. Lo dejo claro. Y ésta también. Rodada en blanco y negro en un paisaje nevado, con poquísimos escenarios, cafés, restaurantes y habitaciones de hotel, donde sus personajes no dejan de hablar, como siempre, y de cruzarse entre si, como siempre. El coreano tiene la capacidad de hacer siempre la misma película y ser siempre diferente. Me gusta mucho,
L’ île au tresor, de Guillaume Brac. Una auténtica sorpresa. La isla del tesoro es un parque acuático cerca de Paris. Durante varios días del verano seguimos a distintas personas que vienen aquí a divertirse. ¿Es un documental? Si y no, es una ficción sobre la realidad. Sin necesidad de insistir, afloran en este parque todas las contradicciones, dudas, problemas, que dominan la sociedad contemporánea. Me ha recordado mucho un film de 1930 de Robert Siodmak, Los hombres del domingo, rodada en el Wansee, el lago de las afueras de Berlín un día de verano. Espero que este sea el único paralelismo entre dos films preciosos y necesarios (todos recordamos lo que pasó en Alemania tres años después, esperemos que no suceda lo mismo en la Europa de ahora mismo).
Largo viaje hacia la noche, de Bi Gan. Los chinos están que se salen. Económicamente, como las hormigas, están colonizando el planeta; culturalmente están dando saltos tremendos. Este film esteticista, efectista, donde se mezcla Wong Kar Wai con David Lynch, es uno de los más interesantes del año. Se estrena a fin de mes, volveré a hablar de él.
Las niñas bien de Alejandra Márquez. Una película mexicana, ambientada entre las clases más acomodadas de ciudad de México en los años setenta, a medio camino del culebrón y la Casa de las Flores. Hipocresía, niñas Popof. Me ha encantado oírlas hablar en defeño.
Un hombre fiel, de Louis Garrel. Deliciosa comedia de enredos, trío amoroso entre un hombre y dos mujeres que podrían ser los hijos (de hecho lo son) de La mama et la putain de Eustache, pero con mucho mas humor, ligereza, y libertad. Mirabeau está mucho más cerca que la Nouvelle Vague. Preciosa.
Vivir deprisa, amar despacio, de Christophe Honoré. Ultima película del director al que el D’A dedica su retrospectiva. Se estrena la semana que viene, hablaré de él de forma más extensa. Ahora y aquí, solo decir que es un film importante sobre un tema del que (¿por suerte?) se habla poco: el sida y su terrible huella mortal en los años ochenta y noventa. Emocionante.


Lo siento, pero aún hay mas en esta larga entrada
Un estreno indispensable
An Elephant Sitting Still, de Hu Bo.
Vista en el D’A, este film chino se estrena esta semana, por eso quiero llamar la atención sobre él. Para mí, ha sido la mejor película del D’A y sin duda una de las mejores del año. Es un film impresionante. En todos los sentidos.
Por su duración, casi cuatro horas (no se espanten ¿no ven a veces cuatro capítulos seguidos de una serie? pues es lo mismo pero sin pausas).
Por su planificación y fotografía en un blanco y negro sombrío pero no oscuro y largos y envolventes planos secuencia con los personajes en primer plano y el fuera de campo muy presente.
Por sus localizaciones, esa ciudad minera sin nombre del norte de China, llena de ruinas de edificios siniestros, escuelas que se caen, estaciones sin futuro. Un espacio de líneas rectas y frías en donde se mueven los personajes mimetizados en esa derrota.
Por los personajes. Esta es la historia de cuatro personas solitarias, desplazadas, marginadas por un mundo en el que no caben a lo largo de un día que cambiará sus vidas. Su relación es espacial, viven en el mismo edificio, van a la misma escuela, comparten un mismo conflicto, pero su trayectoria es individual. Un adolescente maltratado por su padre mata a un compañero de clase en un accidente estúpido; una chica acosada por un video comprometido y una madre que no le hace caso; un hombre mayor al que sus hijos quieren obligar a entrar en una residencia de ancianos: un joven perdido, hermano del muerto en el accidente y testigo y causa del suicidio de su mejor amigo. Los cuatro se cruzan, se encuentran, se relacionan. Viven ese día larguísimo.
No se espanten con todo esto, porque el elefante que da título y les espera sentado, es una película que no se puede dejar de mirar, te envuelve en sus historias y te hace sentir parte de su propia ruina (nunca moral, todos son personajes de una gran dignidad). Pero deja una salida, un baile en la noche que no sabremos nunca si es el baile de la muerte como el de El séptimo sello. En todo caso lo fue para su director, Hu Bo. A los 29 años y al acabar este film imprescindible, Hu Bo se suicidó. China no parece el mejor país para vivir.

sábado, 27 de abril de 2019

VANGUARDIAS



“Se conoce con el nombre de vanguardia al conjunto de manifestaciones artísticas que se desarrollaron en las primeras décadas del siglo XX y que se caracterizan por el énfasis puesto en la innovación y en la confrontación con las normas estéticas canonizadas”.
 Esta definición de vanguardias me sirve para encabezar la entrada de esta semana.  Tres clases de vanguardias distintas. Una se enmarca plenamente en la definición, las otras dos se adecuan mas a la frase “el énfasis puesto en la innovación y en la confrontación con las normas estéticas canonizadas”.

Vanguardia ortodoxa: la de la película Buñuel en el laberinto de las tortugas
¿Existe realmente el realismo? ¿Es el surrealismo un cierto modo de realismo? No se si esta es la mejor manera de acercarse a este curioso film de animación que recrea el momento en que Luis Buñuel, sumido en una profunda crisis de creación tras el éxito/escándalo de La edad de oro, se enfrentó al rodaje de un “documental” rodado en las profundas tierras extremeñas de Las Hurdes. Basado en un cómic que no conozco de Fermín Solis, el film de Salvador Simó se plantea contar el proceso de creación de este documento singular rodado en 1932 gracias a la generosidad de Ramón Acín, que invirtió en el proyecto el dinero ganado con un billete de lotería. La película es bonita, interesante, entretenida. Pero a mi lo que me provoca es una pregunta que siempre flota en el ambiente ante cualquier documental. ¿Se filma la realidad o se pone en escena la realidad para filmarla? Buñuel y su pequeño equipo se presentan en Las Hurdes con la intención de filmar lo que vean. Pero a veces lo que ven no le gusta o no se corresponde a lo que le busca. En el fondo sigue siendo un surrealista  (Las Hurdes, tierra sin pan es un “documental surrealista”) así que “reconstruye la realidad”: que las cabras no se tiran por la montaña, pues las tiramos nosotros; que las abejas no se comen el burro, pues hacemos que se lo coman; que los enanos nos miran y juegan, pues los filmamos haciendo lo que queremos que hagan. Es cierto que este viaje y este documental cambiaron a Buñuel. También es cierto que este cambio coincidió con un momento político que le alejó de la dirección. Es cierto que Las Hurdes fue prohibida por el Gobierno de la República (sí, también prohibían cosas). Pero también es cierto que hizo mas por la España profunda que muchas arengas políticas. Buñuel en el laberinto de las tortugas es un film que vale la pena ver. Para recuperar a un Buñuel joven e inconsciente, para revisar un film casi insoportable de ver y también para ser conscientes que lo que se sigue llamando la España vaciada, la España olvidada, la España al margen, de la que se ha hablado estas semanas, ha cambiado mucho, muchísimo, pero sigue siendo un terreno desconocido donde se pueden tirar las cabras y afirmar que son ellas las que se tiran.
(Complemento indispensable: El libro Luis Buñuel o la mirada de la medusa editado por la Fundación Banco de Santander. Se trata de reflexiones, conversaciones y cartas entre Luis Buñuel y el escritor mexicano Carlos Fuentes. Muy interesante y muy diferente de los enfoques tradicionales de la obra de Buñuel).



(Mike Naumenko y Natasha)


(Viktor Tsoï)
Vanguardia musical: la de la película rusa Leto.
En nuestro mundo occidental (entendido como Europa y Estados Unidos) lo sabemos todo de nosotros mismos, pero sabemos muy poco de los demás. Por eso es de agradecer que existan películas como esta del ruso  Kirill Serebrennikov que nos cuenta como en la gris, monolítica y represiva Rusia Soviética, existían pequeñas islas de libertad de las que no sabemos nada de nada. La historia pasa en Leningrado el verano de 1980. El rock vive un momento semi clandestino de esplendor. Es en ese verano donde se sitúa la historia de este triangulo amoroso entre tres jóvenes vinculados a la escena musical rockera y alternativa de la ciudad de Leningrado, los músicos Mike Naumenko y Viktor Tsoï , dos figuras legendarias del rock soviético, estrellas durante el convulso y apasionante periodo de la perestroika y Natalya Naumenko, casada con Mike y enamorada de Viktor. Tres figuras  reales que tuvieron un final trágico: Viktor murió a los 29 años y Mike a los 36.  Pero esto queda fuera de la película que lo que quiere es recrear un momento de felicidad y de vitalidad en la rigurosa y opresiva Rusia Soviética. Leto es una película musical, un retrato generacional de un tiempo pasado, pero también es un film plenamente contemporáneo en una época en la que la represión política y el recorte de libertades vuelven a ser importantes en la Rusia de ahora mismo. Vale la pena verla por su frescura, su ligereza, su música,  pero también para hacer justicia a su director liberado este mes de abril de un larguísimo arresto domiciliario, aunque con la limitación de no abandonar la ciudad de Moscú. Será que a Putin no le gusta el rock, ni la cultura (occidental o no occidental).
(Complemento indispensable: los videos de Mike Naumenko y Viktor Tsoï en youtube. Estos son dos ejemplos, hay muchos más: https://www.youtube.com/watch?v=M8Dt9StZSqA



Vanguardia… a secas: la de la película La portuguesa
Tres mujeres se unen en La portuguesa: la directora, Rita Acevedo Gomes,  la guionista Agustina Bessa-Luís, y la actriz Clara Riedenstein. Por encima de ellas sobrevuelan tres hombres: la sombra de Manoel de Oliveira que es alargada y cubre el film, el relato de Robert Musil  La portuguesa y la fotografía de Acacio de Almeida. Todos juntos consiguen hacer uno de los films mas hermosos y menos previsible de los que he visto en mucho tiempo. La historia es muy simple: el señor Von Ketten, en guerra permanente con el obispo de Trento, vuelve a sus tierras del norte de Italia con su nueva esposa, una hermosa mujer portuguesa. Durante once años, el señor estará lejos sumido en sus batallas, con escasas visitas a su esposa que vive aislada en un castillo, acompañada de unos pocos sirvientes. La extranjera, la hereje, la bruja, no  quiere volver a su casa en Portugal y permanece allí como una amenaza de lo diferente: lo femenino, lo de fuera, lo que no se entiende. Narrada como un cuento, transcurre suavemente ante nuestros ojos asombrados de la belleza de los espacios, de la puesta en escena, de la calidad pictórica de sus imágenes, pero también envueltos en la experiencia de esa mujer pelirroja que construye un mundo propio al margen de un marido perdido. La portuguesa no es un film para todo el mundo, pero si es una película que todo el mundo podría ver y disfrutar.
(Complemento indispensable El libro Tres mujeres de Robert Musil donde está el cuento La portuguesa)






sábado, 20 de abril de 2019

LUNES (SEMANA)NEGRO



(con Diego Galán en Sitges en 1995)

Adiós Diego
Lunes negro y triste este 15 de abril. Por la mañana me entero de la muerte de Diego Galán, por la tarde se quema Notre Dame. Dos tristezas distintas, dos dolores diferentes, dos pérdidas que me dejan un espacio vacío. Diego era una figura presente en mi vida desde que le conocí en el Festival de Berlín de 1984. Yo llegué a Berlín sin tener idea de cómo funcionaba un festival. Me colgué mi acreditación del cuello y pensé que estaba todo hecho. Enorme error del que me sacó Diego, al que entonces no conocía de nada, que se apiadó de mi inocencia y desvalimiento. Diego me recomendó no llevar colgada la acreditación como si fuera un niño en un aeropuerto; me enseñó la sala de prensa desde la que se enviaban las crónicas a los periódicos, escritas a máquina y transmitidas por fax, teléfono o telex; me acompañó al Zoo Palast, el magnífico edificio dónde tenían lugar las proyecciones para prensa; en definitiva me inició en el mundo de los festivales. Si, Diego me inició en este mundo fascinante y años después, en 1998, me dio la oportunidad de trabajar con él en el Festival de San Sebastián. Diego era divertido, mordaz, muy inteligente, muy cariñoso casi siempre, pero tenía su lado Hyde y cuando le salía, más valía que te escondieras detrás de una puerta. Pero trabajar con él era fácil, quizás no fácil, sino estimulante, era un reto continuo. Te daba responsabilidades, pero te exigía que las cumplieras como él quería. Aprendí mucho con Diego y de Diego. Y consolidé una amistad a prueba de festivales y discusiones. En el fondo, pelearse con Diego siempre tenía algo de emocionante. Hace un par de años que no lo veía, pero seguíamos en contacto por mail y a veces me comentaba alguna entrada del blog o yo le comentaba alguna Cámara oculta de las que escribía en El País. Diego ha dejado una huella en la crítica de cine de este país, en la cultura de este país. Pero para mí, lo importante es que dejó una huella en mí. Ya nunca me mandará ramos de flores como disculpas o sonreirá de medio lado, pero si estará en mi memoria para siempre.


(una imagen de Notre Dame que no volveremos a ver)

Notre Dame
En cuanto a Notre Dame, que puedo decir. La tristeza enorme de ver caer la aguja gótica, de ver las llamas naranjas y azules saliendo del corazón de la iglesia, es infinita. No se sabe aun que lo ha provocado. ¿Un error humano? ¿Una imprudencia en las obras de reconstrucción? ¿O un sutil y muy sofisticado atentado a uno de los símbolos de la cultura y la civilización democrática europea? Mi vena conspiranoica vuelve a aparecer, pero  no puedo dejar de pensar que justo ahora, en vísperas de unas elecciones europeas decisivas, quemar esta obra que es de todos y que representa una historia común, es un golpe perfecto. Espero equivocarme, bueno, seguro que me equivoco y que todo fue fruto de un accidente por el estado en que estaba la catedral. Por suerte, pasados unos días, podemos ver que los daños no son tan graves como se pensó, aunque siempre quedará la imagen de la aguja cayendo como un icono del final de una manera de entender la cultura. Y otra cosa. Yo no la reconstruiría. Al menos no igual que era. Eso sería falsear la historia, convertir Notre Dame en una Sagrada Familia en Paris. No, yo haría lo que se hacía en otros tiempos, pensar en ella desde el presente. Y eso significa dos cosas: dejar la herida, pero garantizando la seguridad. O hacer un sincretismo entre el pasado y el presente (¿qué era el gótico respecto al románico o el barroco respecto al gótico?). Pero claro, lo que yo piense seguramente no le interesara a nadie. Conservar la ruina es un recuerdo vivo de lo que estamos haciendo con nuestra cultura. Rehacerla como era, es falsear esa memoria. Reconstruirla desde el presente, es mirar al futuro.


Gracias a Dios
Gracias a Dios es uno de los estrenos importantes de esta extraña semana, dominada por un incendio, lluvias torrenciales en buena parte de España, debates de ida y vuelta y procesiones envueltas en plástico. El lunes fue negro, pero toda la semana ha estado teñida de oscuridad. Como la oscuridad que describe esta película luminosa. ¿Cómo se come esto? Simplemente siendo un director tan libre y poco dogmático como François Ozon. La oscuridad surge de la terrible historia de abusos a decenas de niños a lo largo de treinta años por parte de un sacerdote de Lyon ante la mirada, a veces cómplice, otras veces simplemente silenciosa, de la jerarquía de la iglesia católica y las familias. No es un tema nuevo, ni en la realidad, los curas han estado abusando de niños y niñas toda la vida, ni en el cine. Esto no le resta valor y coraje a la propuesta de Ozon. Pero a mí lo que me gusta es que esté tema espinoso esté narrado sin histerismo en un relato que se va desplegando como un abanico. Primero está cerrado, cuando Alexandre descubre con horror que el cura que abusó de él sigue “educando” niños. Poco a poco, se va abriendo el abanico y vamos incorporando personajes que toman el relevo de la primera persona de la narración, pero sin perder nunca los anteriores, de esta forma se va dibujando un paisaje de horror, complicidades, hipocresía y silencio. Gracias a Dios es un film que fluye como un río, a veces de forma lenta, pero nunca se estanca. Ozon ha hecho una película importante.


( Donbass o Nueva Rusia, al oeste de Ucrania)
Donbass
El otro estreno grande de la semana es Donbass, película ucraniana necesaria, imprescindible, útil para recordarnos que ahí mismo, en una esquina de Europa, hay un país que vive en una guerra civil latente y de la que no se habla, un país ocupado por un ejército  extranjero del que nadie dice nada. Ucrania está sufriendo una guerra de independencia de la región de Donbass, que los pro rusos quieren separar de un estado europeo para ser parte de la Rusia de Putin. Una guerra de intolerancia, crueldad, barbarie y mentiras, de la que sabemos poco o nada. El film de Sergei Loznitsa es un pequeño grano de arena para empezar a pensar en lo que está pasando allí. Ya desde su titulo Donbass, el director hace una declaración de intenciones. Para los independentistas Donbass es un nombre prohibido, ellos se llaman Nueva Rusia. Pero no es la única prueba del compromiso de este director con una realidad terrible. Construido como una ronda de trece episodios en los que un personaje de uno sirve de enlace con el siguiente, Donbass es un viaje circular al infierno de la barbarie, la crueldad, la intolerancia y la manipulación de una sociedad violenta y corrupta. Desagradable, incómoda y caótica, como la propia sociedad que refleja, Donbass dibuja un panorama de políticos corruptos, soldados desmotivados, periodistas que no entienden nada, hasta llegar a una escena casi insoportable, no tanto por su propia violencia, sino porque la podemos reconocer como propia: un hombre acusado de luchar contra la independencia, es insultado, maltratado cruelmente por una muchedumbre enloquecida ante la mirada cómplice de los policías que le debían custodiar. Donbass es una lección de historia, es cine militante, es cine político. Peros sobre todo es cine que nos hace reflexionar como un espejo donde nos vemos reflejados sin que nos guste nada lo que vemos.
(La casualidad o no, ha hecho que se estrene esta película el mismo fin de semana en que se celebran elecciones en Ucrania. La guerra del Donbass aparece en muchos artículos y opiniones, pero tengo la sensación que ninguno de los dos candidatos en liza serán una solución para ese país.)




sábado, 13 de abril de 2019

LAS DOBLES VIDAS DE ASSAYAS


( en  cafés como éste se encuentran comen, beben y discuten los personajes)

Esta es una película hablada. Se puede pensar ¿no son todas las películas habladas? Pues no. En todas las películas se habla, pero no todas son películas habladas. Dobles vidas de Olivier Assayas sí lo es. Lo es a la manera de Rohmer, como se ha dicho en casi todas las críticas, lo es, menos, a la manera de Allen, como se dice en la publicidad. Pero sobre todo lo es a la manera del propio Assayas o, si me atrevo, a la manera de Hong Sang-soo. Rohmer sin duda está en la memoria de Assayas, pero sus personajes no son los jóvenes que le gustaban tanto al viejo director francés. Los de Dobles vidas son adultos, muy adultos, con una vida detrás. Allen no, Allen no está ni se le espera. Los cuatro protagonistas de Dobles vidas no están neuróticos, no son judíos, ni tienen falsos problemas. No, para nada. En cambio, comen, beben, se emborrachan, hablan, se engañan y aman de una manera parecida a la del director coreano, con el que comparten, además, profesión (los personajes de Sang-soo suelen ser gente vinculada al cine, los de Assayas son gente vinculada a los libros, en ambos casos, intelectuales de clase media sin graves problemas de subsistencia)  y preocupaciones (les gusta el trabajo que hacen, pero saben que está despareciendo: el editor de libros que ve su futuro comprometido por la irrupción del mundo digital, la actriz de teatro que trabaja en una popular serie de televisión, el escritor que no sabe escribir nada que no haya vivido y la mujer que  trabaja para un político que no merece ser votado). Todos hablan sin parar. De dos en dos, de cuatro en cuatro, con más gente, en la(s) cama(s) que comparten, en los bares. Y dicen cosas muy gordas y muy serias con la ligereza de un souflé. Es inútil que intenten quedarse con todas las ideas que generan estos parlanchines, pero es importante quedarse con la idea de que vale la pena escucharlos, verlos y envidiarlos. A pesar de sus pequeñas miserias, son seres de carne y hueso producto de una cultura que se preocupa de que la inteligencia tenga algo que decir. Y además es muy entretenida y está llena de un humor sutil que consigue la complicidad del espectador. Una película hablada que nos hace pensar…y desear volver a Paris¡



sábado, 6 de abril de 2019

POLITICA


He dudado mucho en titular esta entrada Política o Ideología. No sé bien de cuál de las dos cosas estoy hablando, o a lo mejor de las dos. En realidad no son lo mismo: la ideología siempre es política, pero ¿la política siempre tiene ideología? Me estoy liando, así que mejor hablo de los dos estrenos que me han provocado esta duda y que cada uno decida.
Se trata de una película alemana, La sombra del pasado, y una película española, 7 razones para huir (de la sociedad). No se parecen en nada, pero las dos permiten hablar de política y de ideología.


(la cúpula nazi visitando la exposición Arte Degenerado, sin ser conscientes que ellos eran los únicos degenerados)

LA SOMBRA DEL PASADO
La sombra del pasado está dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck al que muchos recordarán por el arreglo de cuentas con la Stasi alemana que era La vida de los otros. Tras una década errática, el director vuelve con La sombra del pasado al tema que le interesa: la historia de Alemania y las heridas que ha dejado en la sociedad. El film es un fresco histórico que abarca 30 años cruciales de la vida (y la muerte) en Europa. Su protagonista y guía a través de los distintos infiernos que recorre es un niño que en 1937 tiene siete años, vive en Dresde y quiere ser pintor. Le conocemos de la mano de su joven tía viendo una exposición que fue famosa, Arte degenerado, en la que los nazis mostraban para denigrarlo, el arte que se había realizado entre 1910 y su llegada al poder en 1933. Un periódico de la época explicaba: “los conservadores de todos los museos públicos y privados y los encargados de las colecciones particulares están deshaciéndose de los más espeluznantes frutos de una humanidad degenerada y de una generación patológica de artistas”. Bajo el arte degenerado, los nazis colocaban todos los movimientos de vanguardia de Europa: impresionismo, expresionismo, dadá, surrealismo, nueva objetividad, cubismo o fauvismo. Paul Klee, Kandinski, Otto Dix, George Grosz, Ernst Ludwig Kirchner, Max Ernst, eran algunos de los degenerados que el pequeño Kurt descubre en esa exposición con ojos asombrados. Su formación y su vocación aun tendrá que sufrir otra dura prueba cuando con 27 años y bajo el dominio soviético que controlaba la ciudad de Dresde, se ve obligado a poner su arte al servicio del realismo socialista. Excelente pintor, Kurt se desespera haciendo murales de obreros y campesinos con la hoz y el martillo, mientras se le impide cualquier tipo de manifestación artística o personal. Cansado de ser un artista del régimen, Kurt y su joven novia, deciden escapar a la Alemania Oriental en 1961, poco antes de que se levante el muro de Berlín. Pero la libertad política que encuentran en Berlín y en Dusseldorf no será la libertad creativa que Kurt anhela. Admitido en la famosa Academia donde Joseph Beuys impartía sus clases, Kurt se ve empujado a seguir las nuevas corrientes artísticas que proclaman que la pintura ha muerto y que el arte moderno son las instalaciones y las performances (eso que parece tan moderno tiene ya más de sesenta años de vida). La desesperación y la frustración se apoderan de Kurt que no encuentra su camino en ese laberinto de modernidad impostada. Será el propio Beuys el que le haga recapacitar, quemar todo lo que había hecho y volver a enfrentarse ante la tela en blanco. Y entonces sí, a los 36 años Kurt se convertirá en un artista de verdad. Ligeramente inspirada en la vida del pintor alemán Gerhard Richter, en la película pasan muchas más cosas. Pero a mí solo me interesa destacar esta línea de la historia porque creo que es por ahí donde aparecen las ideologías dominantes, del nazismo, al comunismo y a la modernidad, que se imponen sobre la creación.


7 RAZONES PARA HUIR (DE LA SOCIEDAD)
“Estoy harto de la simetría”, esta frase de El fantasma de la libertad de Luis Buñuel preside los siete relatos salvajes de este film política(mente) incorrecto en el que han intervenido muchas manos. La primera, la de Esteve Soler, autor de las micro piezas teatrales que se representan; en segundo lugar los dos directores que se suman a Soler para realizarlas, Gerard Quinto y David Torras; en tercer lugar los dos productores más inquietos del panorama del cine catalán, Aritz Cirbián y Martin Samper; y en cuarto lugar, el magnífico conjunto de actores que se han prestado a dar vida a estos personajes absurdos y odiosos en un film inclasificable, ¿Es cine político? Pues sí, yo creo que sí. Lo que nos desvelan estas pequeñas e insignificantes historias es un retrato de la sociedad egoísta, insolidaria, indiferente, estúpida, explotadora, aprovechada e hipócrita. Y lo hace con toda la seriedad del mundo en una comedia negra que congela la sonrisa en los labios, como lo hacía el Buñuel de El ángel exterminador, Simón del Desierto, o El discreto encanto de la burguesía. Política, ideología. Las dos cosas se dan la mano en estas siete razones que son un espejo donde nos podemos reconocer. Y avergonzar de paso. Porque bajo su aspecto de teatro del absurdo, hay algunas verdades que escuecen. Aunque nos hagan reír.