sábado, 9 de febrero de 2019

ESTA SEMANA CUATRO ESTRENOS



HIGH LIFE
De qué va: Una enorme caja cuadrada navega por el espacio infinito. Dentro, un grupo de hombres y mujeres, criminales a los que se ha ofrecido la salvación en una misión suicida, sobreviven como pueden enfrentados entre sí y utilizados por una científica enloquecida en un experimento genético. Al final, solo uno de ellos y un nuevo pasajero, que no es alien precisamente, conseguirá llegar a su destino.
Porqué hay que verla: Lo primero, para preguntarse porque Claire Denis se ha metido en este berenjenal. Lo segundo, para comprobar que la ciencia ficción puede ser minimalista y que no hay que tener miedo de hacer el interior de una nave del espacio que parece salida de unos decorados de serie B de los años cincuenta. Tercero, para recordar sin vergüenza Naves misteriosas y Solaris, de las dos bebe este cuento existencialista y metafísico. Y cuarto, porque a pesar de su densidad casi tan grande como el agujero negro al que se dirigen, y de ser casi como diez negritos pero sin criminal, High Life produce una extraña sensación que puede, o no, fascinar. Desconcertante.


TRINTA LUMES
De qué va: Una aldea perdida en los montes de Lugo, Alba, una niña que ve a los muertos, desaparece en la bruma. Treinta luces, que son también treinta almas, la buscan en el bosque y en las casas abandonadas. Un cuento mágico de niebla y de sombras, de misterios y curiosidad. Twin Peaks no está lejos.
Porqué hay que verla: Por su propuesta de cine documental y ficción en una mezcla parecida a la de Entre dos aguas. Personajes reales, lugares auténticos, una historia inventada. Sus imágenes son muy sugerentes, la tradición de la Santa Compaña ronda en sus encuadres. Diana Toucedo nos lleva a explorar lo desconocido de la mano de Alba, el puente entre dos mundos paralelos. Romanticismo fantástico en tierras gallegas. Hermosa.


SOFIA
De qué va: En la Casablanca de ahora mismo, Sofía, una chica de veinte años, está a punto de tener un hijo en un embarazo que ha negado. Cuando nace el bebe empieza el verdadero problema para Sofía. Qué hacer con él, Tiene que buscar un padre y casarse si no quiere ir a la cárcel. Su hipócrita familia solo quiere salvar las apariencias. Sofía y Omar se casarán pero no vivirán felices ni comerán perdices.
Porqué hay que verla: Para comprobar que hay países muy cercanos donde aun se persigue y se encarcela a la gente por tener relaciones antes del matrimonio. Para darte cuenta de que Marruecos es una sociedad hipócrita, corrupta y machista,  con unas diferencias de clase brutales que la directora, Meryem Benm’Barek pone en evidencia. Cine de mujeres que va más allá del discurso feminista. Sofía se niega a ser una víctima y toma una decisión, aunque en esa decisión arrastre a Omar, un pobre chico que en realidad es el único inocente en toda esta historia. Suerte de Lena, una mujer que conserva la dignidad en ese entorno. Necesaria.


TRES IDÉNTICOS DESCONOCIDOS
De qué va: Tres idénticos desconocidos descubren por casualidad a los 19 años que son hermanos gemelos, trillizos, separados a los seis meses y dados en adopción en familias de clases sociales distintas. Su encuentro les produce una gran alegría, por fin se sienten completos, pero también es el principio de una enorme presión emocional muy difícil de gestionar, mas cuando poco a poco van descubriendo el oscuro experimento que hay detrás de su separación.
Porqué hay que verla: Porque pocas veces se ven historias como esta. El gran acierto del director Tim Wardle es el de contar esta increïble historia dejando que sus protagonistas hablen y la recuerden con sus propias palabras en un film que es un drama familiar, una película de suspense y una experiencia cinematográfica apasionante. Sin quererlos, los trillizos reencontrados enlazan con los experimentos genéticos de la doctora loca de High Life. Solo que en el film de Claire Denis, todo es pura invención y en el de los hermanos Bob, David y Eddie, es pura realidad. Sorprendente.
La semana que viene estaré de viaje. Volveré al blog el viernes 22.
 


sábado, 2 de febrero de 2019

DE TODO UN POCO



Una película
Pocos estrenos reseñables hay esta semana. Tan solo uno merece unas líneas. Green Book no es un film imprescindible, pero si es una película agradable, convencionalmente agradable, diría. Este cuento capriano (de Frank Capra) es tan previsible como entrañable. Desde el principio sabemos cómo acabará la relación del gordo guardaespaldas italiano del Bronx y el elegante y culto panista negro. En realidad da igual lo que les ocurre en su viaje por el profundo sur en el otoño de 1962, cuando la lucha por los Derechos Civiles no había empezado. No importa mucho comprobar el racismo y el clasismo de unos blancos que abren sus salones para que el negro elegante les deleite con su música, pero no abren sus baños para que pueda hacer sus necesidades. En fin, nada nuevo en una historia que se salva por los dos actores Mortensen y Ali, y por un humor soterrado que aflora en los momentos más tensos. Lo único de verdad sorprendente de Green Book es el éxito que ha tenido en Estados Unidos. No deja de ser un rayo de esperanza en el páramo trumpiano el hecho de que este film sobre la tolerancia, la inteligencia, la amistad y el aprendizaje, sea uno de los favoritos del público. Menos mal.


Una mujer
Ya que no hay mas pelis, me gustaría hablar de una mujer que he recuperado esta semana gracias a un libro publicado hace poco. Se trata de Conchita Montes y el libro se titula Conchita Montes. Una mujer frente al espejo. Recuerdo descubrir a Conchita Montes en un ciclo de cine español de los años cuarenta y cincuenta que hicimos en la Filmoteca en el año 1976-77. No era una actriz convencional, ni por su belleza, moderna y muy americana, ni por el tipo de películas en las que aparecía, casi todas dirigidas por Edgar Neville. Fue más tarde cuando me enteré de la relación sentimental/profesional que mantenían Conchita y Neville, un amor que duró toda su vida sin que en ningún momento se plantearan casarse. Ni siquiera vivir juntos. Pero todo el mundo en España sabía que aquella espigada y elegante mujer era la pareja del más atrevido director del cine español de esos años. El libro de Aguilar y Cabrerizo me ha permitido saber más cosas. Como por ejemplo, que Conchita Montes era la inventora y autora del Damero Maldito de la revista La Codorniz que mi abuela nos enviaba a México puntualmente. O que era la única mujer aceptada como un igual en algunas de las tertulias intelectuales más exquisitas de Madrid. O su labor como traductora de inglés y francés, idiomas que dominaba a la perfección después de vivir en Estados Unidos y en París. Todo esto y más cosas de las que cuentan en este libro, hizo de ella un personaje único, irrepetible y muy atípico en la gris y oscurantista sociedad del franquismo. Conchita Montes nunca se plegó a la mediocridad del régimen y milagrosamente, tanto ella como Neville, consiguieron hacer un puñado de excelentes películas. Si leen el libro,  seguro que les entran ganas de verlas, en la plataforma FlixOle de cine español se pueden encontrar casi todas.


Un hombre
También esta semana he tenido oportunidad de entrevistar a un hombre que forma parte de la historia del cine: Barbet Schroeder que ha venido a la Filmoteca a presentar un ciclo sobre su trabajo. Ha sido un placer hablar con alguien como él, inteligente, divertido, con una carrera que nace en la Nouvelle Vague y sigue aun en plena actividad. Barbet Schroeder fue productor de algunas películas míticas de Rohmer antes de convertirse en director en 1969 con un film que se convirtió en un canto generacional, More, rodado en Ibiza de forma clandestina, en casa de su madre que vivía en la isla desde hacía años. More hablaba de drogas, de sexo, de libertad, pero sobre todo hablaba de la tragedia de la destrucción de un ser humano por amor. Una película Romántica a la que la música de Pink Floyd añade un aire nostálgico y evocador. Entre More y su último trabajo, El venerable W del 2017, han pasado cincuenta años, muchas películas y muchas cosas que han hecho de Barbet Schroeder un fino analista del mal, sobre todo en lo que él llama la Trilogía del Mal que engloba los documentales sobre Idi Amin Dada, el dictador ugandés; El abogado del terror, centrado en un hombre especializado en defender lo indefendible; y este ultimo y estremecedor documental sobre el monje budista Whiratu, un supremacista de la raza birmana que es uno de los mayores instigadores de la islamofobia que ha llevado a la persecución y exterminio de los rohingyas, la minoría musulmana que vive en las costas de Myanmar, en un genocidio inconcebible. Es un retrato que hiela la sangre, mas si pensamos que lo que este hombre que nada tiene que envidiar a los nazis en cuanto a sus ideas, es un monje budista. Schroeder afirma que le resulta muy difícil saber lo que es el mal, él no juzga a sus personajes, les deja que se expresen ellos mismos, que se autorretraten en su soberbia. Pero reconoce que los líderes del mal que ha conocido y los que sabe que existen, tienen en el nacionalismo extremo y el populismo mas feroz unos rasgos comunes. Explica que fue a Birmania porque quería entender como un monje budista se veía implicado en un genocidio tan terrible. Pero que volvió con un documento que no habla de budismo, ni siquiera solo de Birmania, sino de nuestro mundo y nuestro tiempo, de lo que está pasando actualmente en muchos países de Europa. Por desgracia, y eso lo digo yo, tenemos ejemplos muy cercanos de manipuladores comportamientos nacionalistas y populistas en España. Si pueden vean sus películas en la Filmoteca y si están lejos, aprovechen que en Filmin están las tres entregas de la Trilogía del Mal.

Dos noticias
Para acabar, dos buenas noticias. Una, es que el viernes 1 de febrero volvió a emitirse el programa de cine La Cartellera de BTV en el que colaboro. Es una nueva etapa llena de ilusión. Los que lo hacemos estamos muy contentos con el resultado a pesar de las enormes dificultades con las que nos hemos tropezado para sacarlo adelante.
La segunda es un texto que ha publicado Ramon en su blog hablando del libro de Haruki Murakami, La muerte del comendador. Es tan estimulante lo que cuenta Ramon que dan ganas de leer el libro ya. Si quieren ver el texto de Ramon en su blog este es el enlace.



sábado, 26 de enero de 2019

INFIERNOS



La casa de Jack
No quiero que se tomen estas líneas como una recomendación para ver el nuevo artefacto de Lars Von Trier, La casa de Jack. En realidad son reflexiones en voz alta, casi privadas, que me hago sobre esta película que es un reto intelectual, un desafío moral y un delirio estético. El reto intelectual pasa por la enorme cantidad de referencias cultas que encierra el film, desde Glenn Gould que se erige en banda sonora desquiciante, hasta Dante, Goethe, pasando por Murnau, Delacroix, Albert Speer y muchos otros. Si no tienes todas las claves para entender los porqués de estas citas que ilustran y justifican el comportamiento de Jack, difícilmente saldrás del laberinto de su pensamiento y su intención de demostrar que el asesinato es un arte de la crueldad y la estupidez. El desafío moral viene dado por el comportamiento de este asesino en serie, que mata sin pensarlo, que elige sus víctimas al azar, de forma gratuita, menos en un caso, y que es capaz de construir una casa, la casa del título, con los materiales más inesperados y horripilantes. En ningún caso se puede ver desde un punto de vista naturalista y menos realista, pero eso no quita para que Jack sea un personaje absolutamente despreciable. El desafío estético lo encontramos en los últimos veinte minutos del film, tan inquietantes como solo lo puede ser el infierno visto por Lars Von Trier. Todo esto está ordenado en cinco capítulos, “incidentes” los llama Jack, que el killer le cuenta con voz pausada y neutra a un Virgilio escondido en la oscuridad de la que emerge para guiarlo por los círculos del infierno. La casa de Jack es un film violento, pero no tanto por los crueles e innecesarios crímenes que Matt Dillon ejecuta con toda tranquilidad y sin asomo de culpa. Lo es por una cámara pegada al rostro, agobiante, intrusiva y por un montaje desquiciante. Y al final, después del perturbador viaje por los humedales rojos del infierno, llega la canción: “Hit the Road Jack” “Lárgate a la carretera Jack y no vuelvas nunca más, nunca más, nunca más, nunca más. Lárgate a la carretera Jack y no vuelvas nunca más”. En todo caso, cuando salí del cine, fui incapaz de meterme en el metro o coger un autobús. Necesitaba caminar por la ciudad, mirar a la gente, reconciliarme con el mundo y, liberarme del desasosiego que me produjo esta historia, esta película. Si, Jack, por favor, lárgate y no vuelvas. Ustedes mismos.


Cuentos de la luna pálida
Para compensar este enorme malestar siempre pueden ir a ver un clásico indiscutibles que se estrena esta semana en algunas ciudades de España. Los cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi, la película que le hizo ganar el León de Plata en Venecia en el año 1953, es la primera de las ocho películas del director japonés que se irán estrenando en copias nuevas perfectamente restauradas. Una excelente ocasión para recuperar este film que se mueve entre el horror de la guerra , la ambición desmesurada y el amor fou, en una historia de fantasmas y violencia, pero no como la de Jack, una violencia en blanco y negro, hermosa, romántica, humana. Un film que vale la pena ver.

Un apunte internacional
Es muy interesante ver como se ha posicionado el mundo ante la crisis en Venezuela.
Apoyan a Maduro y el chavismo que ha llevado el país a la ruina y la desolación: China, Rusia, Turquía, Irán, Cuba, Nicaragua, Bolivia y México. Menos México, los demás no son precisamente modelos de democracia y libertad.
Apoyan a Guaidó y su autoproclamada presidencia: Estados Unidos, Canadá, Brasil, Chile, Colombia, Argentina, Ecuador, Perú. Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay. De los europeos, Gran Bretaña está a favor y Francia también, aunque con matizaciones dentro del marco de lo que acuerde la Unión Europea.
La Unión Europea reconoce la soberanía de la Asamblea Nacional, por tanto a Guaidó, pero pide unas elecciones libres que con Maduro en el poder son prácticamente imposibles. Si no se convocan en ocho días, se reconocerá a Guaidó como presidente encargado de convocar esas elecciones cuanto antes.
Japón no se compromete.
Curiosa división del mundo que muestra la aparición de dos bloques muy claros y antagónicos. Una división que anuncia lo que se puede llamar ya una nueva guerra congelada, más que fría, en la que nos vamos a ver envueltos todos queramos o no queramos y en la que habrá que tomar partido. No valdrán las posturas ambiguas y equidistantes. Nos jugamos mucho.


sábado, 19 de enero de 2019

DOS DAMAS Y UNA REINA



(si quieren saber porque utilizo este dibujo de Ramon para ilustrar esta entrada, tendrán que ver la película)
Películas buenas se estrenan muchas al año; películas que me gustan, también, incluso aunque no sean buenas. Pero no suele pasar que te encuentres con una película sorprendente, inesperada, que te hace estar atenta a la pantalla todo el tiempo porque no sabes que va a pasar y, sobre todo, como va a pasar. Yo creo que desde los primeros films de Peter Greenaway, con el que esta Favorita tiene mucho que ver, no tenía esta sensación de estar esperando a ver con que sale el director. No es que los anteriores trabajos del griego Yorgos Lanthimos no fueran siempre inesperados y admirables, pero quizás por ser demasiado crípticos, Canino especialmente, o demasiado negros, El sacrificio de un ciervo sagrado, no habían llegado a conectar como lo puede hacer este cuento amoral, divertido y cruel, negro y barroco, en el que cada imagen es un reto al espectador por lo que cuenta y por como lo cuenta. Lo que cuenta es una historia de amor entre tres mujeres con el marco histórico de la guerra entre Gran Bretaña y Francia que tuvo en España un particular campo de batalla. En ese sentido, La favorita se puede ver como el contraplano del famoso 1714 barcelonés: la culpa de que Lord Marlborough abandonara a los catalanes a su suerte puede que fuera de una de estas dos favoritas, la más joven, la más manipuladora, la más amoral. En este contexto, la pobre Reina Anne, última de la casa Estuardo, modelo inconfundible de la Reina de Alicia en el País de las Maravillas a la que esperas oír en cualquier momento “Que le corten la cabeza”, es una pobre mujer enferma que cae fácilmente en las garras de dos damas extraordinarias y muy peligrosas: la dominante Lady Sarah que lleva las riendas del poder en la sombra y la seductora Abigail que consigue hacerse un hueco en la cama de la reina utilizando tácticas no demasiado licitas. El juego de estas tres damas en una corte poblada de seres abyectos y de criados aun peores, se desarrolla en un palacio de enormes pasillos, salones barrocos llenos de objetos inútiles, puertas falsas y luces de velas. Y ahí es donde entra el cómo. Dividida en ocho capítulos de títulos insinuantes y muy sugerentes, el film recurre al ojo de pez para mostrar la deformidad de la vida cortesana, y utiliza una preciosa iluminación que da a las velas todo su protagonismo de una manera exquisita y permitiendo que TODO SE VEA. Lo escribo con mayúsculas, porque estoy harta de películas en las que atendiendo a una supuesta verosimilitud, se desdibujan las figuras en una niebla infinita donde no se distingue absolutamente nada. Aquí sí y el resultado es casi tan hermoso como el de Barry Lindon, otro referente que viene a la cabeza viendo esta Favorita, barroca y tan moderna. Una última apreciación, ojo al discurso político, de una rabiosa actualidad: Gran Bretaña sola frente a Europa, no sea que nos contaminen.
No quiero acabar sin citar las tres actrices que interpretan a estas mujeres: Olivia Colman a la que descubrí en una serie estupenda que se titula Broadchurch y a la que veremos como Isabel II adulta en The Crown, es la desgraciada Reina Anne; Raquel Weisz, que ya había trabajado con Lanthimos en Langosta, hace de Lady Sarah, un personaje político y socialmente muy contemporáneo; Emma Stone, pone sus grandes ojos y su mirada entre inocente y malvada al servicio de una Abigail de la que, como la Eva de Mankiewicz, más vale mantenerse alejada.
(no me resisto a usar este dibujo de Ramon que ya ha aparecido en el blog en otras ocasiones, pero que parece hecho expresamente para ilustrar este film)


sábado, 12 de enero de 2019

POLÍTICA


Esta semana he visto dos películas magnificas. Una en una sala de exhibición, la otra en la tele. Las dos son cine político en el mejor sentido del término; las dos son lecciones de historia que deberían verse en los colegios y las universidades. Las dos ponen los pelos de punta pero lo hacen con humor, ironía, inteligencia y respeto. Esto último me parece muy importante. Porque te puedes burlar de todo, criticar ferozmente todo y hacer humor con todo, pero sin perder el respeto a los burlados, pero sobre todo al espectador. Las dos están basadas en hechos y personajes reales y reconocidos a los que se cita con su nombre. Lo que explican las dos nos ha afectado y nos sigue afectando a todos. Estoy hablando de El vicio del poder y de Brexit. La primera se ha estrenado este viernes, la segunda se puede ver en HBO. Las dos integran un díptico sobre el pasado, el presente y el futuro francamente desesperanzador.
(Christian Bale, el Cheney de cine, Dick Cheney el Cheney de verdad)

Vamos por la primera, El vicio del poder cuenta el auge y esplendor de un personaje siniestro, mediocre, un gris burócrata que supo ver las oportunidades que le pasaban por delante gracias a lo que su inteligente y manipuladora esposa le susurraba en voz baja. Estamos hablando de Dick Cheney, el hombre en la sombra que fue todopoderoso vicepresidente de Estados Unidos en el mandato de George W. Bush, entre el año 2001 y el 2008, es decir , los años del ataque a las Torres Gemelas, la guerra de Irak y el auge de Al Qaeda y del EI. El excelente guión de Adam McKay, que firma también la dirección, sigue la vida de este hombre gordo y sin corazón (literalmente) a través del relato de un narrador anónimo que acaba siendo fundamental en la historia. Las elipsis, los giros, los cortes, los diálogos, nos enseñan poco a poco la formación de este hombre terrible, que convirtió la administración de Bush hijo en una oficina siniestra con la ayuda de personajes aun más siniestros que él, cómo Donald Rumsfeld o el propio Bush, retratado sin piedad en toda su estupidez. Es un espectáculo como cine, es una lección como historia, es una prueba de en manos de quien estamos y es también una explicación de la propia figura de Donald Trump. Cuando la vean, no se vayan antes de que acaben los créditos: hay una secuencia imprescindible.

(los dos Cummings, el de mentiras y el de verdad)

Vamos por la segunda. Brexit, The Uncivil War, es una película realizada para la televisión con guión de James Graham y dirección de Toby Haynes, uno de los realizadores de la serie de Sherlock que lanzó al estrellato a Benedict Cumberbatch, protagonista absoluto de este Brexit que narra cómo se fraguo y se condujo la campaña para abandonar la Unión Europea en el referéndum de junio del 2016. El personaje central es Dominic Cummings, un asesor político profesional que puso su inteligencia y su conocimiento de las nuevas técnicas de manipulación del pensamiento de las masas al servicio de una única idea: abandonar la Unión Europea. A Cummings, si hemos de creer y creemos, como lo representa esta historia, le era bastante indiferente una cosa que otra: quedarse o irse. No tenia (o tiene) una ideología clara. Simplemente le propusieron un reto y lo asumió hasta llevarlo al triunfo. El cómo lo consiguió, es lo que cuenta este film, en el que lo más terrible no es darse cuenta de quien manejaba los hilos del Brexit y porqué, sino darte cuenta de lo que él descubrió. Los tres millones de británicos opacos a los que ningún partido prestaba atención, que no votaban ni se sentían implicados en la política, esos tres millones a los que Cummings supo cómo llegar tocando las fibras de lo emocional, la reivindicación de un pasado glorioso del Imperio Británico y la exaltación del nacionalismo excluyente y xenófobo mas iracundo, gracias a un eslogan potente: Take Back Control/Recupera el control. Hay muchos momentos impactantes en una historia que sucede a una velocidad de vértigo, donde no paran de hablar y que merece una segunda e incluso una tercera visión, cosa que permite el que se haya estrenado en una plataforma. Todos los personajes son reconocibles y están en primera página de actualidad; todo lo que dicen nos suena familiar y muy presente en nuestro país, tanto en Catalunya como en Andalucía donde seguramente han tenido un Cummings local que supo ver los 400.00 andaluces opacos que nadie había tenido en cuenta antes.
Tanto una como otra película nos permiten sacar conclusiones: muchos políticos no son más que marionetas en manos de los que realmente mueven los hilos a los que no conocemos, grandes corporaciones económicas y equipos generadores de informaciones falsas que conducen a la gente, el pueblo, por donde les da la gana. La otra es lo que podemos llamar un efecto colateral positivo. Hablaba al principio de este texto de desesperanza. Pero el hecho de que ambas existan y hayan sido producidas en un país donde manda un loco como Trump y en otro donde se está fraguando un retroceso democrático de consecuencias imprevisibles, es una prueba de que la democracia occidental, que respeta  los derechos individuales y la libertad de pensamiento, sigue siendo el único sistema válido para la convivencia. Que existan estas dos películas es un rayo de esperanza de que no acabaremos aplastados por la bota de la mediocridad, la manipulación, el aprovechamiento y el desprecio a la libertad. Porque ¿se imaginan películas así en la Rusia de Putin, la China de Xi Jinping, el Brasil de Bolsonaro? No verdad. Pues eso.


sábado, 5 de enero de 2019

TELEVISIÓN



Silvio (y los otros)
Tengo que reconocerle a Paolo Sorrentino la capacidad de crear imágenes impactantes, mejor dicho secuencias impresionantes, que se te quedan en la retina mucho tiempo. Sobre todo en los inicios y finales de sus películas. No creo que haya nadie que haya olvidado el principio de La gran belleza, aunque la peli no les gustara. Como será difícil olvidar el primer plano de esa oveja que acaba perdida en el salón de una lujosa y hortera mansión en Cerdeña en su último film, Silvio (y los otros). Tras ese inicio, uno está dispuesto a todo. Y Sorrentino lo da todo. Demasiado quizás, o a lo mejor demasiado poco. En este retrato sarcástico del personaje de Silvio Berlusconi hay agujeros negros que se tragan el relato y lo dejan escondido. Son los agujeros que crea un montaje recortado de una historia que duraba 204 minutos y se ha quedado en 150. Muchos, si, pero no los necesarios, porque faltan cosas que expliquen no tanto a Silvio, pero si a esos otros parásitos que viven a su costa y a su sombra, sin saber que en realidad es él, Él con mayúscula, como se le denomina en buena parte del film, el que los utiliza a ellos y a ellas, en su propio beneficio. La mirada de Sorrentino, con la complicidad de Toni Servillo que aparece sobre el minuto 45 en un plano simétrico al de la oveja del principio, quiere ser crítica, pero no puede renunciar a la fascinación; quiere ser irónica, pero cae a veces en el chiste fácil; quiere ser cruel y acaba siendo complaciente. Berlusconi es el inventor de la tele/basura por excelencia, concepto que extrapoló al país/basura los muchos años que estuvo al frente del gobierno italiano. Una tele y un país poblado de arribistas, velinas cada vez más desnudas, mujeres y hombres cosificados y convertidos en elementos de decoración de su paisaje, tanto en las pantallas de la televisión berlusconiana, como en los dramas transformados en espectáculo que han llevado a Italia a la ruina en la que se encuentra actualmente. ¿Hasta qué punto es responsable de este desastre este hombre histriónico y mediocre? La película no lo explica, pero juega a una desmesura que creo queda descompensada por la hora que falta. Desequilibrada, ambigua, lo que ustedes quieran, aburrida incluso y sobre todo estragante como un pastel de nata que te obligan a comer cuando ya no quieres ni verlo, éste es, sin duda, el primer gran estreno del año.



BTV
Una de las ideas que deja el film de Sorrentino es comprobar que el modelo de televisión berlusconiana se ha quedado obsoleto, viejo, caducado como un yogurt agrio. Las lentejuelas y los biquinis de las velinas (que aún colean en algunas de las teles de Mediaset) parecen viejos fantasmas de otro tiempo en una época en la que la televisión se consume de una manera distinta y se concibe de una forma diferente. Y eso me lleva a pensar en la crisis que se está viviendo en BTV, la televisión pública del Ayuntamiento de Barcelona. No solo porque se hayan eliminado programas importantes de su parrilla, por razones mas burocráticas que económicas, kafkianas en definitiva, sino y sobre todo, porque se ha perdido el norte del modelo de televisión que se quiere hacer. Es evidente que una televisión local, aunque lo local sea Barcelona, tiene que tener un doble objetivo: conectar con la ciudad y ser su amplificador social, y político; y conectar con la cultura ofreciendo espacios donde las minorías/mayorías de los creadores que viven en la ciudad encuentren un lugar para manifestarse. Nunca se puede plantear como una competencia con televisiones privadas o televisiones de ámbitos mayores (TV3 ha perdido también esta batalla convertida en una televisión de propaganda que olvida la que debería ser su principal función). Solo la especialización, la oferta de programas que UNICAMENTE, se puedan ver ahí, porque cualquier otra tele, condicionada por las audiencias o por la publicidad, nunca asumirá, es la posible solución a la crisis de creatividad de BTV. Perder el contacto con la ciudad (Codi de barris no se sabe si continuará, los telenoticies se reducen a la mínima expresión) es un error mayúsculo que se pagará caro; perder ventanas que hablen de cine (La Cartellera también está pendiente de un hilo) de libros (ya no hay ninguno) de cultura en cualquier dirección (Noticia oberta también se ha terminado) es otro error que provocará el abandono de los pocos espectadores que le quedaban. No es tan difícil, pero los responsables de BTV han ido desvirtuando un proyecto de televisión innovador, al servicio de los ciudadanos desde hace muchos años, ya fuera por la mala gestión de los distintos directores que ha tenido, como por el abandono institucional del ayuntamiento. Aun hay tiempo de enderezarlo y encarar los retos de las nuevas tecnologías para hacer una tele digna. Ojala lo entiendan pronto.


El viaje
Y hablando de teles, debo una explicación de las ilustraciones que acompañan esta entrada. Se trata de fotogramas extraídos de El viaje, un programa que la Televisión de Aragón emitió en prime time el primer día del año. El viaje son cuatro horas del recorrido de los 218 km del tren que une Zaragoza con Canfranc, cuatro horas filmadas desde la cabina del conductor y emitidas íntegramente en el horario de máxima audiencia. Ramon es un fan de estos viajes y muchas veces se pasa horas montado en un tren que cruza Noruega, los Andes o Italia, (hay un canal en Youtube donde se pueden encontrar todos estos recorridos). Pero que yo sepa, ninguna televisión, pública o privada, había emitido uno de estos viajes en su totalidad. Me parece una gran idea, contraponer al ruido de las viejas velinas berlusconianas, o de las tertulias políticas llenas de gritos estridentes, un viaje hipnótico que te relaja más que cualquier clase de yoga. Descubrir los paisajes y los cielos que recorre permite a la imaginación dejarse llevar por una aventura inesperada mucho más estimulante que ver series consumidas muchas veces con una voracidad enfermiza,. Es un experimento que se ha saldado con una gran polémica. A mí, en particular, me parece una idea magnífica. Otra cosa es que el “Canfranero” sea un tren deficiente, que casi nadie usa por su lentitud y su falta de infraestructuras, un ejemplo del abandono y olvido de la red ferroviaria interior. Una vergüenza en definitiva que sería tema de otra entrada en este blog.
(si alguien tiene ganas de disfrutar de este viaje, este es el enlace en Youtube:




sábado, 29 de diciembre de 2018

ULTIMA ENTRADA DEL AÑO



(En esta última entrada del 2018 he decidido utilizar dibujos de Ramon del libro Flores en la Frontera para compensar lo que nos espera en el 2019. Quiero que sus acuarelas nos sirvan de contrapunto para un año que se anuncia casi tan oscuro y lluvioso como el de Blade Runner. Feliz 2019 a pesar de todo)

Entre los estrenos de la semana hay una película importante. Se trata de La decisión, de Mohamed Al Daradji, uno de los pocos films iraquís que ha conseguido traspasar sus fronteras. Toda la historia sucede el 30 de diciembre del año 2006, cuando Bagdad celebra la reapertura de la Estación Central de Ferrocarriles en un ambiente de fiesta. Una adolescente entra en la estación. Duda, mira, escucha, poco a poco descubrimos que es una terrorista suicida. Pero la vida da muchas vueltas y en esas horas que van de la mañana a la noche, Sara, la joven, deberá tomar una decisión. Sara es un poco todos. ¿Hacemos lo que nos han dicho que hagamos sin cuestionarlo o debemos preguntarnos porque tenemos que hacer lo que nos han dicho que hagamos? Una película muy interesante y que sabe mantener el suspense y las emociones sin caer nunca en extremismos.


 Acabo el año leyendo un libro importante, imprescindible diría yo. Lo descubrí gracias a un artículo de Llatzer Moix en La Vanguardia. Se llama El camino hacia la No libertad y su autor es Timothy Snyder. Ha sido una sorpresa encontrar en sus páginas la confirmación de algo que vengo diciendo hace mucho tiempo sin tener argumentos, solo por intuición: el auténtico impulsor y mayor beneficiado de los problemas en la Unión Europea es la Rusia de Putin que está detrás de todos los movimientos desestabilizadores de los países europeos. Snyder me ha dado los argumentos. Se trata de un riguroso estudio cronológico de los años que van del 2010 al 2017, años de la consolidación del neofascismo de Putin en Rusia, de su sueño de destruir las decadentes democracias occidentales, auténtico enemigo de su totalitarismo y construir un inmenso imperio Euroasiático que vaya desde el Atlántico hasta el Pacífico, controlado por una élite/mafia moscovita; años del triunfo indiscutible de lo que Snyder llama “la política de la eternidad”, la que no cree en el futuro, solo en un eterno presente de agravios. Snyder analiza con hechos, y eso es lo más significativo, no son opiniones ni ideas, son hechos comprobables y reales, como Putin emprendió el camino de acabar con Europa reivindicando figuras del pensamiento nazi ruso de los años 30 y apoyándose en nuevos pensadores neonazis que cada día son más influyentes en Moscú. En este contexto se entienden muchas de las cosas que han pasado estos años: la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea, la guerra de Siria, el Brexit, las elecciones americanas y el triunfo de Trump y el auge de todos los movimientos nacionalistas/populistas de ultra derecha en muchos países europeos, incluido el nuestro, y no solo por la irrupción de VOX. Porque uno de los efectos colaterales de la lectura de este libro es descubrir las enormes similitudes y, comportamientos paralelos, las situaciones y actitudes tan parecidas, entre lo que el autor describe en la Rusia de Putin y lo que vivimos cada día en la Catalunya de los últimos siete años. Da miedo y da rabia. Pero sobre todo, clarifica de donde y adonde nos llevan. Recomiendo mucho la lectura de este libro de historia y de periodismo que está dedicado a “los periodistas, los héroes de nuestro tiempo”. Los periodistas, los políticos y los ciudadanos, tenemos derecho a saber lo que hacen con nosotros. Con hechos, no con opiniones.
Como muestra un par de frases del Prólogo del libro y una del Epílogo:
“Cuando están en el poder, los políticos de la eternidad fabrican crisis y manipulan las emociones provocadas por ellas. Con el fin de distraer la atención de su falta de capacidad o de voluntad para hacer reformas, los políticos de la eternidad ordenan a sus ciudadanos que sientan entusiasmo e indignación de forma intermitente, con lo que ahogan el futuro en el presente…Utilizan la tecnología para transmitir ficciones políticas, tanto en su país como en el extranjero, niegan la verdad y pretenden reducir la vida al espectáculo y el sentimiento.” (p.17)
“Los políticos de la eternidad saltan de un instante a otro, a décadas o siglos de distancia, para construir un mito de inocencia y peligro. Imaginan ciclos de amenazas en el pasado y construyen una pauta imaginaria que plasman en el presente con la fabricación de crisis artificiales y dramas cotidianos.” (p.18)
“El fascismo es la mentira de que el enemigo escogido por un dirigente debe ser el enemigo de todos, la política parte de la emoción y la mentira. La paz se vuelve impensable, puesto que, para tener el control interno, es necesario que haya hostilidad fuera de las fronteras. Un fascista dice “el pueblo” o “la gente” y se refiere a “alguna gente” a la que favorece en ese momento.” (p.266)
Frases reveladoras (en el sentido de hacer ver lo que no se ve o no se quiere ver). Hay muchas más en el libro.


*************
Como regalo de fin de año, Ramon Herreros ha colgado en su blog la serie de acuarelas de limones que se pueden ver  durante unos días en la Librería Jaimes de Barcelona, calle Valencia 318. 
Este es el enlace: