sábado, 25 de junio de 2022

LEOPARDO

 

El estreno más importante de la semana es Elvis, de Baz Luhrmann, pero no le he visto todavía. De los otros diez estrenos, el que puede ser más interesante es La ley de Teherán, pero tampoco la he visto. De las demás hay una que tiene alma aunque solo sea por el espléndido nihilismo adolescente de su protagonista la Camila de Camila sale esta noche. Ante este panorama, el único estreno que realmente me estimula a escribir y destacarlo es un documental de animales. ¡Pero qué documental y que animales! Se llama El leopardo de las nieves.

 


El leopardo de las nieves, de Marie Amiguet y Vincent Munier

En la Navidad del 2020, ese año raro que para todos es una frontera, un antes y un después, escribí sobre un libro precioso que se llamaba El leopardo de las nieves o la promesa de lo invisible del fotógrafo francés Vincent Munier. Copio el texto, es corto: “El leopardo de las nieves es un libro clásico de Peter Matthiessen, especie de guía espiritual para aventureros de las montañas y del pensamiento. No lo he leído entero, pero muchas veces lo he consultado, a veces al azar. Como hoy mismo, cuando he abierto el libro sin pensar y me he  encontrado con esta frase subrayada por Ramon, que si se ha leído el libro entero. “Me encuentro ante una excelente ocasión de soltar lastre, de “ganar la vida perdiéndola”, lo que no significa temeridad sino aceptación, ni tampoco pasividad sino desprendimiento.” Me ha parecido una frase profética para encarar el año que viene, con todos los retos que nos va a plantear. Los libros son siempre buenas guías para la vida. Pero en este caso, no es del más que recomendable libro de Matthiessen del que quiero hablar, sino de un libro de parecido título: El leopardo de las nieves o la promesa de lo invisible, del fotógrafo y cineasta francés Vincent Munier. Cuenta cinco expediciones a las montañas del Tibet, realizadas entre 2011 y 2018, en busca del más mágico y fantasmagórico de todos los animales, el mítico leopardo de las nieves. Durante estas cinco expediciones, Munier, acompañado de un guía tibetano y en cada ocasión con distintos compañeros, fotografía las montañas, la nieve, el paisaje, los animales, el cielo y la tierra, buscando al casi invisible leopardo al que entrevé en varias ocasiones y al que consigue fotografiar siempre de lejos. Es un libro de fotos en blanco y negro fascinantes en su indefinición que relata en forma de diario la búsqueda de lo invisible. Hay momento muy bonitos en el libro como éste: “Será un día sin fotos, pero me llevo imágenes magnificas, escondidas en algún rincón de mi imaginario… Pienso en aquella frase de Jean Giono: “Sobre todo nada de cámaras ni de cachivaches: los paisajes bellos no se albergan en las máquinas, se aposentan en los sentimientos.”  Tomemos nota de esta idea en estos tiempos en los que parece que si no hacemos una foto no sentimos realmente haber estado en algún sitio. Los dos libros de los leopardos se pueden ilustrar visualmente con un precioso documental de Vincent Munier que se encuentra en Youtube https://www.youtube.com/watch?v=lUJQRMeYFqM

Año y medio después, podemos decir una vida y media después, se estrena un nuevo y distinto documental sobre el leopardo y Vincent Munier, rodado durante la expedición del 2018. En ese viaje, Munier estuvo acompañado por el escritor Sylvain Tesson y por Marie Amiguet, su fiel compañera de expediciones que asume el trabajo de filmar los rostros de los dos aventureros en busca del misterioso leopardo de las nieves tibetano. El documental de Marie Amiguet es muy diferente del que se puede ver en Youtube. Es mucho más complejo y está centrado en tres objetivos: la montaña, los dos hombres y los animales. De alguna manera, Vincent y Sylvain se convierten en los observadores observados mientras observan y buscan la belleza de un paisaje y de una forma de vida lejos de todo y de todos. El objetivo de la expedición, de las fotos de Munier, de los textos de Tisson, de la cámara de Amiguet, es muy claro: intentar reflejar el arte de la paciencia y la espera, retratar la armonía de ese mundo silencioso, celebrar la belleza de un entorno donde la libertad y el equilibrio lo son todo. Se puede decir que El leopardo de las nieves, la pantera como le llaman los franceses, es un film demasiado hermoso, demasiado estético. Pero no importa, también el leopardo de las nieves es un animal hermoso, pleno. Lo descubrimos solo al final. Los últimos minutos del film están fijados en el animal que observa a los observadores mientras la cámara los observa a ellos. Es un juego de miradas inteligentes entre un animal poderoso y seguro que mira diciendo: os he visto, pero no me importáis tanto como para haceros caso y dos hombres extasiados que miran al animal diciendo: te vemos, te admiramos, te respetamos. En el libro que relata las expediciones de Munier, hay un epílogo de Sylvain Tisson donde dice: “Al lado de Munier, la relación con el mundo adquiere otro cariz. La cosa ya no va de ir quemando etapas. Llegamos a la montaña, esperamos, oteamos, y, a veces, aparece un animal. El fotógrafo naturalista no divide el espacio, se instala en el tiempo.” Y acaba el texto con estas palabras: “Y de pronto, apareció el leopardo, demostrando con su mera presencia que si nos olvidamos de nosotros mismos y esperamos a que el tiempo nos conceda el pago por nuestra paciencia, éste merecerá la pena.” Una espléndida lección no solo para la montaña, también para la vida. Si sabemos tener paciencia y saber mirar, encontraremos al leopardo de las nieves de nuestra vida. ¡O al menos eso espero!

El regalo de esta semana es un particular “leopardo blanco” de Ramon


 

 

 

 

 

 

sábado, 18 de junio de 2022

DOS B Y UNA T

 


Primera B Luis García Berlanga. ¡Viva Rusia!

Edición a cargo de Manuel Hidalgo. Ed. Pepitas de calabaza, 2022

El 12 de junio del año pasado se cumplió el centenario del nacimiento de Luis G. Berlanga. Fue entonces cuando se conoció el contenido de la caja que el director tenía depositada en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes desde el 2008 con orden de no abrirla hasta que llegara su centenario. En ese momento se supo que allí estaba guardado el guión definitivo de ¡Viva Rusia! la cuarta entrega de la famosa Trilogía Nacional, la saga inolvidable de los marqueses de Leguineche que protagonizaban Luis Escobar y José Luis López Vázquez al frente de un elenco coral en estado de gracia. Descubrir este guión profético ya desde su mismo título llevó a Manuel Hidalgo, con la colaboración de la editorial Pepitas de calabaza , a publicarlo en una especie de reconocimiento y recuerdo del que pudo ser el cuarto y quizás no último capítulo de la saga Nacional, retrato imprescindible y jocoso de esa tan traída y llevada Transición. 

Manuel Hidalgo fue uno de los cuatro guionistas de este guión compartido. Comenzado por Berlanga y Azcona, tuvo una primera versión con la incorporación de Jorge Berlanga y cuando los autores se vieron desbordados por sus 163 páginas, recurrieron a la colaboración como auténtico medico de guiones de Manuel Hidalgo, crítico y escritor, amigo de todos ellos. Fue Hidalgo el que le dio el título de ¡Viva Rusia! a lo que hasta entonces se llamaba tan solo Nacional IV. Durante un par de años, entre 1991 y 1992, Hidalgo cortó, escribió, corrigió e incorporó todas las sugerencias de los Berlangas en una historia que se hacía eco de la debacle del comunismo en la ex Unión Soviética, con un humor ácido y punzante, donde jugaba un papel destacado el empresario catalán Jaume Canivell interpretado magistralmente por José Sazatornil, Saza, en la primera entrega de la serie. La muerte del marqués de Leguineche (Luiís Escobar había muerto hacía poco) se incorporaba a la trama como punto de arranque de una historia en la que toda la corte de los milagros escopeteros tenía su momento de gloria. Desgraciadamente este guión nunca llegó a rodarse, pero quedó entre los tesoros de Berlanga que al cumplirse sus cien años se han podido descubrir. Leerlo con el recuerdo de los rostros y las voces de sus protagonistas, muchos de ellos por no decir todos, ya desaparecidos, produce una sensación muy rara: es como ver una película en sombras, tras un velo, intuirla. Y al mismo tiempo disfrutarla. Es raro, como raro es que precisamente su publicación coincida con un momento en que un personaje siniestro como Putin esté protagonizando su propia versión de un ¡Viva Rusia! imperial y zarista en una guerra que sigue ahí, muy presente, aunque parezca que ha desaparecido de la primera línea de las noticias. ¡Viva Berlanga! sin duda y gracias a todos por este último episodio nacional.

 


Segunda B Juan Antonio Bardem. Imprescindibles RTVE Play

Juan Antonio Bardem, vitalista militante, de Alberto Bermejo

Parece que ni siquiera cien años después, se pueden separar las dos B del cine español que más influencia han tenido en toda su historia (con permiso de la tercera B, la de Buñuel). Si el 12 de junio del 2021 se cumplían cien años del nacimiento de Berlanga, el 2 de junio de este 2022 se han cumplido los cien años del nacimiento de Juan Antonio Bardem.

Juan Antonio Bardem, el primero de una saga familiar cuyo apellido es tan familiar a todos por Javier y Carlos, es un director relativamente “olvidado” en estos momentos. Entrecomillo lo de olvidado, porque en realidad sigue muy presente en buena parte del cine español contemporáneo aunque muchos no sepan que están haciendo cine bardemiano. ¿Y cuál es el cine bardemiano, o mejor dicho quién fue Juan Antonio Bardem en realidad y al margen de tópicos repetidos en casi todos los libros de historia del cine español? Eso es lo que intenta responder el Imprescindibles de Alberto Bermejo al acercarse al director de Muerte de un ciclista desde una mirada si no nueva, si limpia de prejuicios. Sin dejar de lado el peso y la importancia de su militancia política en el PCE, sin complacencia hacia un cine que en la urgencia de ser “realista” acabó siendo una imagen distorsionada de esa realidad vista a través del realismo socialista, recuperando el tremendo sentido del humor y sobre todo el humanismo de un hombre magnifico en su trato personal y comprometido en su trabajo cinematográfico, el Imprescindibles de Bermejo nos acerca a un Bardem que no conocíamos como creíamos. Y nos reconcilia con él y su extraña deriva en los años sesenta y su vuelta a los orígenes en El puente que significó un puente entre el pasado y el futuro atravesado por un Landa que venía de atrás y se proyectaba adelante. Testimonios de amigos y familiares, de críticos y de compañeros, completan este retrato que invita a revisar su cine con ojos despejados de telarañas socializantes. Desde la extraña pareja feliz que encarnó con un Berlanga primerizo, pasando por el homenaje a su familia de cómicos, los retratos de la burguesía de Muerte de un ciclista o Calle Mayor, pasando por ese inclasificable western castellano que es La venganza hasta llegar a la extraordinaria Nunca pasa nada, para mí su mejor película sin ninguna duda. Es curioso ver como las dos B del cine español pasaron por una especia de travesía del desierto creativo entre 1965 y 1977. Con la muerte de Franco, la urgencia de la lucha dejó paso a un cine más político, Siete días de enero, pero sobre todo al descubrimiento de la televisión como escaparate de pruebas: Jarabo en 1985, la serie Lorca, muerte de un poeta en 1987 y El joven Picasso en 1993. Recordar a Bardem es un buen ejercicio de memoria histórica. De buena memoria histórica.

Este es el enlace a Imprescindibles

https://www.rtve.es/play/videos/imprescindibles/juan-antonio-bardem-vitalista-militante/6562554/

 


 La T de Jonás Trueba. Tenéis que venir a verla

Cada película de Jonás Trueba es un reto para el espectador. Esta también. Pero de otro tipo muy distinto al que significaba ¿Quién lo impide? Aquí estamos ante el tiempo detenido, alargado, dilatado. Que en una película de apenas una hora se dediquen los 5 o 6 primeros minutos a escuchar una pieza de piano de Chano Domínguez, llamada precisamente Limbo, escrita por el compositor durante el confinamiento, nos da la clave de cómo tenemos que entrar en este film tranquilo y jazzístico en las improvisaciones calculadas de sus cuatro protagonistas, tres de ellos habituales compañeros de Jonás en su cine, Vito Sanz, Itsaso Arana, Francesco Carril junto a una nueva incorporación, la de Irene Escolar. Todos ellos, como Jonás, en la treintena, todos ellos, como Jonás y me atrevo a decir como casi todos tengamos la edad que tengamos, desconcertados, descentrados, después de vivir una distopía real como fue lo sucedido en el año 2020. El film comienza en un café donde Chano Domínguez toca su pieza mientras vemos los rostros de los personajes descritos por la cámara como paisajes humanos. Poco después asistimos a una charla donde los cuatro amigos se lamentan de no verse más desde que una de las parejas, la que forman Irene y Francesco, decidió irse a vivir fuera de Madrid. Los dos insisten a sus amigos diciéndoles continuamente “Tenéis que venir a verla”… la casa en el campo naturalmente. Cuando se separan, los urbanitas, Itsaso y Vito, pasean por un Madrid callado y nocturno camino de su casa y descubren que les gusta su ciudad. Seis meses después los cuatro se vuelven a encontrar esta vez en el campo, en el supuesto paraíso rural, en la casa que por fin han ido a ver. Comidas, paseos, lecturas, todo muy truebiano (nunca más usare el término rohmeriano, Trueba se ha ganado a pulso dar nombre a su estilo) tranquilo, sin estridencias, sin contrastes. Con el libro Has de cambiar tu vida del filósofo alemán Peter Sloterdijk como música de fondo, transcurren las conversaciones a cuatro o a dos, los partidos de ping pong, la contemplación de un paisaje rural urbanizado y nada bucólico en un film que no es apto para todos los públicos, lo reconozco, pero que agradezco que exista y que de alguna manera sirva para todos los que se sienten representados por el desconcierto y el deseo de cambiar tu vida. 

El regalo de esta semana es para los cuatro amigos de Tenéis que venir a verla. Esta casita de Ramon si vale la pena venir a verla.



 

 

viernes, 10 de junio de 2022

DIARIOS DE VERANO

 

Completamente recuperada del bicho aprovecho para “recuperar” dos estrenos de la semana pasada. Son dos películas ibéricas, una española y una portuguesa, que merecen ser destacadas en el aluvión de estrenos intrascendentes que nos invade. Es probable que ya no estén en las carteleras, pero al menos pueden intentar pescarlas, si quieren, cuando aparezcan en las plataformas o en filmotecas o como sea. Son dos cuentos de verano, aunque uno pase en invierno.

 



La española: Las gentiles, de Santi Amodeo

Antes de hablar de la película, una pequeña excursión al pasado. Conocí a Santi Amodeo y a Alberto Rodríguez en el año 2000 cuando presentaron en Barcelona el corto que habían dirigido conjuntamente, Bancos. Era un corto sorprendente en su eficacia y en su modestia. Contaba la cuidadosa planificación del asalto a un banco por parte de un dependiente de supermercado. Rodado en blanco y negro con fotografía de Alex Catalán (con el que tanto Amodeo como Rodríguez siguen colaborando) el corto visto con la perspectiva de estos veintidós años se revela como la semilla de dos carreras fructíferas y poderosas, aunque muy diferentes: la de Alberto Rodríguez, el mejor narrador de la crónica negra andaluza y la de Santi Amodeo, el más inclasificable y personal cuentista de historias surreales. En Bancos están los dos muy presentes. Y si lo quieren comprobar este es el enlace al corto que se puede ver en Youtube: https://vimeo.com/30871824

Bien. Dicho esto ya podemos hablar de Las gentiles, el cuento de verano rodado en una Sevilla invernal, protagonizado por dos chicas, dos adolescentes que viven un momento de desconcierto y de dudas existenciales, tan viejo como el romanticismo de la Ofelia prerrafaelita, tan actual como un video de Instagram. Son dos chicas de un grupo de amigas, las gentiles del título, que fantasean y juegan con la idea del suicidio. Un tema duro, más de lo que nos gustaría, que Amodeo afronta desde su perspectiva de hombre y de adulto, con un respeto absoluto, aunque, me temo, con una tremenda y comprensible incomprensión de la dimensión del problema. Ana y Corrales se mueven por una Sevilla muy poco turística, salen, van a la piscina, suben videos y fotos a Instagram, y piensan en el no futuro que les espera. Lo que hagan una y otra en esos días, determinará toda su vida. Sin perder nunca el punto de vista de Ana, interpretado por África de la Cruz, una actriz que parece la hermana pequeña de María León, y desde ya firme candidata a nominación como Actriz Revelación, la película transcurre entre risas y tristezas, entre retos y huidas, entre problemas y no soluciones. Las gentiles es una pequeña sorpresa que viene a confirmar a Santi Amodeo como el director menos convencional de los convencionales. Y no puedo acabar sin pensar, aunque no se parezca en casi nada, en las Criaturas celestiales de Peter Jackson, algo de ellas hay en estas gentiles.


 La portuguesa: Diarios de Otsoga de Miguel Gomes y Maureen Fazendeiro

Que el cine de Miguel Gomes no se parece a nada, lo sabíamos desde hace mucho. En junio del 2016, hace justo seis años, escribí sobre su magnífica trilogía de Las 1001 noches. “Hablar de la crisis desde una perspectiva de denuncia social y de cine militante, es francamente aburrido y muy descorazonador. En cambio, hablar de la crisis como si fuera una aventura, erase una vez… con humor, ironía, imágenes sorprendentes, personajes inesperados, situaciones insólitas, todo absolutamente reconocible y real, basado en historias que han sucedido en los últimos años en un Portugal destruido por los recortes y la austeridad, no solo es mucho más eficaz para dejar constancia del momento que está atravesando Europa, sino que es mucho más entretenido y rico para el espectador.” Este párrafo puede aplicarse a sus Diarios de Otsoga,  sustituyendo crisis por pandemia. En el verano del 2020, Miguel Gomes y su compañera Maureen Fazendeiro preparaban una nueva película que se vio directamente afectada por las medidas restrictivas y de confinamiento que el bicho impuso en todas partes. Ante la imposibilidad de rodar el film que querían, (¿una posible adaptación de un libro de Cesare Pavese?) los directores y todo su equipo se encerraron en una preciosa quinta en el campo donde convivieron durante 24 días, entre el 17 de agosto y el 10 de septiembre, rodando un film casi improvisado a partir de una premisa muy sencilla. Dos chicos y una chica se proponen construir un pequeño invernadero para mariposas en el jardín de la villa, mientras entre ellos se desarrolla una tierna y oculta historia de amor. Pero Gomes no es un director al que le guste lo evidente, así que usando como elemento dinamizador el propio encierro, va construyendo una película al revés. Aquí adquiere todo el sentido el misterioso titulo Otsoga, es decir Agosto al revés, como al revés se va contando este diario que empieza en el día 22 y poco a poco avanza hasta el día 1. A Gomes le gusta desconcertar al espectador, descolocarlo de entrada. Conocemos a nuestro trío protagonista, Crista, Carloto y Joao la noche del día 22 mientras celebran una fiesta en medio de colores y casi olores veraniegos. Y a partir de aquí, hasta el día 15, los vemos pelearse, construir el invernadero, comentar cosas un poco sin sentido, ir en bicicleta, jugar con los perros. Aun no somos conscientes de que están encerrados, pero sí de que parecen estar solos, hasta que poco a poco el escenario va cambiando y vamos descubriendo lo que en realidad está pasando en ese espacio suspendido en el tiempo de un agosto caluroso. Es ahí donde aflora el Gomes puro y donde el film da un giro que nos engancha hasta el final. Estos diarios requieren dejarse llevar (todo su cine requiere dejarse llevar) dejarse envolver por la atmósfera, el humor, la música, para compartir este fragmento de vida en un mes de agosto que es como el contra plano tranquilo de Aquel querido mes de agosto que en el 2008 puso a Miguel Gomes en el mapa del cine portugués. 


EL RINCÓN DE LA POLÍTICA

Navalny, de Daniel Rocher HBO Max

HBO Max estrena Navalny, el documental de Daniel Rocher que el Docs Barcelona escogió para su inauguración hace poco más de un mes. Retrato del líder de la oposición rusa encarcelado por Putin desde enero de 2021, el film se centra en la figura de Navalny durante su recuperación en Berlín después del intento de envenenamiento con Novichok en agosto de 2020 cuando regresaba de un viaje a Siberia. Apoyado por su mujer y un reducido equipo de trabajo y con la ayuda inestimable del medio digital Bellingcat, especializados en periodismo de investigación, el documental pone en primera persona al abogado de 41 años, retrocediendo hasta 2017, cuando empezó su campaña de acoso a la corrupción del régimen de Putin utilizando de manera muy inteligente el poder de las redes sociales para escapar del control y la represión del régimen. Rocher se enfrenta a Navalny en una entrevista muy poco complaciente mientras sigue de cerca la investigación del equipo del político, para desenmascarar a los responsables del envenenamiento. Sin perder el sentido del humor y con un rigor documental absoluto, el film acaba siendo un apasionante thriller político digno del mejor John le Carré. Navalny se revela un hombre cercano, inteligente, con las ideas muy claras pero en ningún momento se le convierte ni en un santo ni en un mártir. Es un hombre consciente del deterioro de la vida política de su país, dispuesto a enfrentarse al poder de Putin denunciado la corrupción y la ineficacia de un régimen que no solo se resiste  a cualquier cambio, sino que, como ha demostrado la cruel e incomprensible guerra en Ucrania, se refugia en glorias de un pasado a todas luces poco glorioso Cuando rodaban el documental en el verano del 2020 (al mismo tiempo que Gomes rodaba sus diarios en Portugal) nadie podía pensar que iba a acabar como acabó: con el encarcelamiento de Navalny a su llegada a Rusia en enero del 2021. En marzo del 2022, con Putin metido ya de lleno en la guerra de Ucrania, Navalny fue juzgado y condenado a nueve años en una farsa judicial digna de los tiempos soviéticos. Verlo ahora, cuando las noticias de la guerra de Ucrania se han convertido en habituales, es un recordatorio de que no debemos bajar la guardia, El hombre enfermo, física y mentalmente que controla y domina el Kremlin, el hombre que es incapaz de pronunciar el nombre de su enemigo, sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso cuando despertamos. Navalny está en prisión en una colonia penal de régimen estricto, pero en realidad es todo el país el que está encerrado en una colonia penal de régimen putinesco. Navalny el documental es una lección de historia viva. (una pequeña protesta, el documental no está subtitulado, tiene voces sobrepuestas y eso dificulta un poco su visionado, pero a pesar de eso vale la pena verlo).

El regalo de esta semana es una maravillosa mariposa que me ha regalado Ramon. 


 

sábado, 4 de junio de 2022

 

Esta semana de encierro benigno he podido disfrutar de dos series muy distintas entre sí, aunque las dos sean negras y tengan parejas heterodoxas como protagonistas. Rapa en Movistar+ y Tokyo Vice en HBO.


 Rapa, Movistar+ 6 episodios

El hecho de que Rapa sea obra de los creadores de las dos temporadas de Hierro, es una garantía. Escrita por Pepe Coira y Fran Araujo, dirigida por Jorge Coira y Elena Trapé, Rapa tenía de entrada todos los números para gustarme, aunque también todos los números para decepcionarme. ¿Habrían sido capaces de no repetir la fórmula de Hierro? Por suerte descubrí que si, habían sido capaces. Entre Hierro y Rapa hay la misma y enorme diferencia que se encuentra entre una isla volcánica en medio del mar y una costa salvaje del océano atlántico. Dos paisajes que determinan las historias que nos cuentan, dos comunidades aisladas con sus ritos y sus tradiciones, pero ritos y tradiciones muy distintas. En el caso de Rapa, el rito central es el de la rapa das bestas (tema por cierto de la última película de Rodrigo Sorogoyen que se acaba de presentar en Cannes). En una tierra de caballos salvajes y libres, un fin de semana del mes de julio se celebra una fiesta cultural en la que a los caballos, concentrados en unos cercados especiales, se les rapan las crines y la cola para después soltarlos de nuevo. Esta fiesta es el centro de esta historia en la que Maite, una sargento de la policía judicial y Tomás, un profesor desencantado y enfermo, intentarán desentrañar el misterio del asesinato de la poderosa alcaldesa del pueblo. Si en Hierro, Candela Peña se encargaba de ser un personaje desagradable con el que era difícil empatizar, aquí, ese rol lo asume Javier Cámara como un Tomás bastante odioso, aunque tenga sus razones para ser como es. En cambio Maite, en el rostro siempre atractivo de Mónica López, es un personaje al que te entran ganas de ayudar en todo momento. En realidad el misterio del crimen no es tal, el espectador sabe quién lo ha cometido ya en el primer capítulo. El misterio se deriva de la investigación y sus ramificaciones. Poco a poco, esta extraña y antagónica pareja va “rapando” las crines de los porqués y sus derivas psicológicas, morales, políticas, enraizadas en viejas tradiciones de poder. Uno de los grandes aciertos de la serie son los actores secundarios, y no tan secundarios, que `pueblan ese paisaje de aguas bravas y caballos en libertad. Actores gallegos, actrices sobre todo, que son rostros nuevos, potentes, poco habituales e inesperados. Rapa tiene cosas de Hierro y cosas que no son de Hierro. Y eso es lo mejor de todo: reconocer algo que no es igual. Hay Rapa para rato.

 


Tokyo Vice, HBO 8 episodios

De esta serie se ha escrito mucho, se ha dicho mucho, pero no estoy segura que se haya visto mucho. Es una serie negra de yakuzas en el Tokio del fin de siglo XX. Pero para hablar de ella es mejor partir de algunos nombres propios.

El primero es el de Jake Adelstein. Adelstein es un escritor norteamericano. A los 24 años se convirtió en el primer periodista no japonés que trabajó en la redacción de un gran periódico de Tokio, concretamente en la sección de sucesos del diario Yomiuri Shinbun. Interesado por la cultura japonesa y sobre todo por sus bajos fondos, Adelstein consiguió tener contactos en la policía y entre los yakuzas sin dejar de ser un gajin. Aunque nunca llegó a dominar los códigos del hampa, logró infiltrase y llegar a conocer bien a unos y a otros. El resultado de su experiencia lo reflejó en un libro supuestamente autobiográfico llamado Tokyo Vice que ha servido de base a la serie de HBO.

El segundo nombre es Michael Mann. El director americano, autor de títulos de cine negro memorables como Heat o Colateral y creador de la serie Miami Vice, aceptó el reto de producir y dirigir el capítulo piloto de la primera serie japonesa de HBO. Mann eleva el tono de este capítulo a la altura de sus mejores trabajos. Lo menos que podemos decir es que es espectacular. Pero eso es un problema para el resto de la serie. Los siguientes capítulos, todo y estar muy bien dirigidos, no brillan como el primero. Quizás por eso, la brillantez estilística del piloto deja paso a una fuerza más grande de la historia y de los personajes.

El tercer nombre a tener en cuenta es Ansel Elgort. El guapo Tony de West Sude Story se convierte en Adelstein hablando en japonés. Elgort lleva todo el peso de la serie en sus frágiles y altos hombros y no siempre consigue soportarla. Pero hay que reconocerle el esfuerzo de meterse en ese personaje y la capacidad de lograr algo complicado gracias a los guiones y a la dirección. Elgort/Adelstein se cree por encima de los japoneses, se cree mejor periodista, se cree que tiene derecho a saltarse las reglas. Pero la historia y la serie, le va colocando en su lugar cada dos por tres, demostrándole y demostrándonos que en realidad es un gajin que no entiende nada, aunque lo intenta. Ser el protagonista y al mismo tiempo el elemento débil de la historia no es nada fácil.

El último nombre de esta lista es Ken Watanabe, el mejor actor japonés contemporáneo. Watanabe asume el rol del policía Karagiri, una figura que ejerce de padre y de protector, Karagiri no es un policía al uso, sabe que no se puede acabar con la yakuza, pero aspira al menos a conseguir una tregua entre los clanes, lograr que la violencia disminuya. Adelstein al principio le molesta, pero acabarán trazando una alianza útil para los dos.

En esta historia de hombres hay dos mujeres importantes para Jake: la jefa de redacción del periódico, Elmi, en la que reconocemos a Rinko Kikuchi, la protagonista de Mapa de los sonidos de Tokio de Isabel Coixet y Raquel Heller como Samantha, una cantante y geisha moderna norteamericana que se mueve en el submundo de los clubs de alterne de la ciudad que es sin duda la otra gran protagonista de la serie. 

Tokyo Vice no es la gran serie que su piloto anuncia, pero si es una buena serie negra con personajes y ambientes poco habituales, con diálogos cortantes y secos y con una mirada que, bajo la apariencia de ser la de un occidental, es profundamente japonesa. A Sydney Pollack y Paul Schrader, autores de Yakuza, les habría gustado.


EL RINCÓN DE LA SABIDURIA


Una de las cosas buenas de estas dos semanas raras ha sido descubrir a Ramón Bayés gracias a una buena amiga. Fue ella la que nos dijo que viéramos la entrevista con Ramón Bayés dentro de la web Aprendemos Juntos de El País y el BBVA. Yo no conocía este viejo profesor de 91 años, lúcido y sereno. Escucharle ha sido una de las mejores cosas de este tiempo detenido en el que me ha sumergido un Covid llevadero, pero persistente.

Dejo aquí algunas de sus frases como aperitivo de la entrevista entera. Vale la pena.

-Quizás la característica que ha permanecido y permanece en mí es la curiosidad. Para mi es quizá, la semilla de lo que he sido.

-Una cosa que recomiendo a la gente, a los alumnos, es que estén atentos, que estén atentos a lo que está pasando, porque hay momentos que son extraordinarios.

-“Todo conocimiento humano es incierto, inexacto y parcial” (Bertrand Russell) Esto a mi me ha servido para no caer en dogmatismos, sean dogmatismos religiosos, sean dogmatismos de partidos, sean dogmatismos de todo tipo. Lo importante es ser crítico, estar atento, no ser dogmático.

-Hay que valorar las cosas y hay que tener un punto de vista original.

-La persona es un viaje y cada viaje es distinto. Empieza en el momento que nacemos y muere cuando, una vez muertos, dejamos de pensar en esta persona.

-Yo recomendaría el cine, el teatro, la poesía, aunque uno haga ingeniería o medicina, necesita realmente de los libros, necesita la sabia que proporcionan las experiencias de otras personas.

-El cine para mí es una fuente de aprendizaje.

Un gran profesor que pone en palabras pensamientos sensatos.

El enlace a la entrevista completa es este.

RAMÓN BAYÉS

https://www.youtube.com/watch?v=vSrjyUELkKM 

El regalo de esta semana está dedicado a Ramón Bayés. De un Ramon a otro Ramón. No sé si le gustan los gatos, pero no importa, seguro que le gusta este cuadro, uno de los que más lejos ha viajado,. El cuadro está en Taiwan.


sábado, 28 de mayo de 2022

BOM BOM BOM

 

Buenos pues ya he pillado el bicho o mejor, me ha pillado el bicho. Tras dos años esquivándolo, al final se ha instalado en mi cabeza, mi garganta y mi cuerpo entero. No es muy grave, pero desde luego es muy pesado. Recuerdo que cuando leía La montaña mágica de Thomas Mann pensaba que una de las pocas cosas buenas de estar enfermo era no tener que hacer nada, poder leer, mirar el paisaje y dormitar. Pero no es verdad, cuando estás enfermo tienes ganas de tener ganas de hacer cosas, no tienes ganas de leer y el paisaje, ya sea el que se ve a través de las ventanas o el que se ve en las pantallas, no tiene suficiente atractivo para sacarte del espesor y la bruma. En medio de este estado semifebril (no mucho, no piensen que me he puesto a delirar) el recuerdo de la ultima película que vi antes de que me atacara el bicho no ha hecho más que crecer y crecer. 



Memoria de Apichatpong Weerasethakul

Al cine del tailandés Apichatpong Weerasethakul le sienta muy bien la enfermedad. Memoria es el título de su último trabajo. Y memoria es lo que he estado rememorando estos días entre test y test, entre paracetamol y paracetamol. Una memoria fértil, mágica, misteriosa, mística, salvaje, acústica, interplanetaria. Memoria es un film envolvente, hipnótico. El más accesible de un director críptico que no siempre consigue romper la barrera de la comunicación con el público, Pero esta vez sí. Utilizando la antena maravillosa que es Tilda Swinton, nos conecta a través de ella con un sonido, BOM, BOM, BOM, que solo escucha ella (y nosotros). Un sonido que viene de más allá de la realidad de este mundo, viene del núcleo de la tierra, nace del círculo de la luz. Un sonido que viene de otros mundos. Tilda/Jessica, hablando un castellano especial, es una botánica de visita en Bogotá. Ella vive en Medellín, pero la extraña enfermedad de su hermana la ha traído a la capital de Colombia. Y es allí, en la soledad nocturna de casa de su hermana, donde oye por primera vez el BOM, BOM, BOM. Obsesionada por saber que es y de donde viene, Jessica, la antena, conecta con dos hombres que se llaman igual, Hernán. Uno es el cable tecnológico que la ayuda a encontrar un sonido parecido en un ordenador; el otro es un cable humano que la conecta con otros mundos a través de la muerte, a través del sueño y las piedras que guardan los secretos más escondidos. Y todo esto en un ambiente húmedo, de lluvias, de orquídeas, de plantas tropicales, de insomnios, de perros vagabundos, de esqueletos de hace seis mil años. Memoria es un viaje sonoro (hay que verla en versión original y con un buen sistema de sonido en el cine) Memoria es un viaje al otro lado. La película me hizo pensar en las personas que tienen acufenos, esa maldición terrible de oír ruidos permanentes, siseos, silbidos, bom bomes, siempre, continuamente. Es insoportable para ellos, algo que los que no tenemos acufenos no podemos ni llegar a imaginar. Memoria me hizo pensar en ellos porque de alguna manera intenta dar una explicación nada lógica, muy mágica, muy misteriosa a esos ruidos que no se saben de dónde vienen. BOM, BOM, BOM. Jessica/Tilda, la antena, se sumerge en ellos y en las historias de las piedras que recuerdan, en los sueños que son puentes al otro lado. Los espectadores que se dejen arrebatar por sus imágenes, su cadencia, su ritmo, su humedad, que se sientan fascinados por el BOM, BOM, BOM del latido de la tierra, podrán sentirlo como ella. Solo una cosa es necesaria para conseguirlo: ser capaces de convertirnos en antenas hacia otras maneras de ver, de escuchar, de sentir.

(Escribí este texto cuando el bicho me dominaba. Hoy sábado, el bicho ha empezado a dejarme en paz y estoy mucho mejor, pero sigo pensando que Memoria es uno de los films más mágicos, reveladores, únicos que he visto desde hace mucho tiempo).

El regalo de esta semana es evidentemente una oreja misteriosa y fantástica, hermosa y laberíntica. Forma parte de un cuaderno de dibujos de orejas, uno de los proyectos más originales y personales de Ramon.



 

sábado, 21 de mayo de 2022

DE AVIADORES Y LOBITOS

 

La Guerra en Ucrania produce a veces la extraña sensación de un paralelismo con la Guerra Civil Española. No por las circunstancias que provocaron una y otra, muy diferentes en ambos casos, pero sí porque la guerra española fue en cierto modo un prólogo de la Segunda Guerra Mundial y un campo de pruebas para que unos y otros ensayaran las armas y los argumentos ideológicos que alimentarían la contienda que se avecinaba. No quiero decir que Ucrania juegue el mismo papel, pero tampoco puedo dejar de pensarlo y estremecerme. Uno de esos días en los que estás perturbado por la realidad, me llegó un regalo. Era un DVD con la última película de Paco Betriu que me mandaba su mujer Nieves. Me hizo ilusión recibirla y me hizo ilusión verla. El último aviador me devolvía a una mañana de diciembre en Sant Pol en el ya lejano 2015, cuando le hice a Paco una larguísima entrevista de casi tres horas para la SGAE y la Academia de Cine de España donde me explicaba que estaba sumergido en este nuevo proyecto. Poco después descubrí que la película estaba en Filmin lo que quiere decir que quien quiera verla, la tiene a su disposición.

 


El último aviador, Paco Betriu Filmin

En la entrevista del 2015, Paco me habló mucho del documental en el que estaba trabajando. “El ultimo aviador es una historia muy poco conocida que llegó a mis manos por casualidad. Durante la guerra, la aviación republicana tenía pocos aviones y menos aviadores, por eso el ejército republicano tenía un acuerdo para formar pilotos en Rusia. Hubo un grupo de gente muy joven, tenían poco más de 20 años, que salió de España en enero del 39. Cuando estaban a mitad de curso, se acabó la Guerra Civil. La vida de esta gente fue muy difícil porque no podían volver a España, ni podían ir a México, porque México no tenía relaciones con la Unión Soviética en aquel momento. Así que se tuvieron que quedar en Rusia. Al principio fueron muy bien tratados por ser republicanos. Pero cuando empezó la Segunda Guerra Mundial y les propusieron incorporarse al ejército ruso, hubo un grupo que no quiso. Ellos, lo que querían era volver a España o irse a Sudamérica. Estuvieron un par de años semi abandonados hasta que les volvieron a plantear su incorporación al ejército ruso cuando Rusia entró en guerra después de romper el pacto con Alemania. Unos 30 o 40 pilotos españoles dijeron que no y acabaron confinados en un Gulag. Desde 1942 hasta 1954, estuvieron en Siberia en campos de concentración, donde, a partir del 44 o 45, coincidieron con los prisioneros españoles de la División Azul. A todos los trataron igual. Allí se olvidaron los enfrentamientos entre ellos porque todos eran víctimas de la terrible represión del Gulag. El problema para hacer este documental es la edad de estos aviadores, son muy mayores. Solo he encontrado uno que pudiera participar y con cierta dificultad. Era muy joven cuando fue a Rusia y trabajando en el Gulag, perdió cuatro dedos de una mano. Hemos podido entrevistarle gracias a su hijo. Los aviadores volvieron a España en El Semiramis, el barco de la División Azul. Volvieron 229 divisionarios y 34 civiles que eran ellos y algunos marinos, porque hubo un barco de guerra republicano al que le pasó lo mismo. Se quedó en Odesa y los marinos fueron a parar al Gulag. Aquí no hay ficción, es su testimonio junto con otros entrevistados, especialistas, historiadores, supervivientes. He rodado con algunos niños de la guerra que son más jóvenes y he podido entrevistar a Alejandra Soler que estuvo 30 años en Rusia y ahora tiene 102 años.”

No supe nada más del documental hasta que me lo envió Nieves. Cuando acabe de verlo le escribí un mail. “Es muy emocionante y descubre un mundo muy desconocido. Antes de hablar con Paco hace unos años, cuando le hice la entrevista para la Academia, yo no tenía ni idea de esta historia, pero no ha sido hasta ver el documental cuando me he dado cuenta de su valor. !Qué suerte haber podido hablar con los supervivientes y que estuvieran tan lúcidos! Y que terrible su historia. Perdieron los mejores años de su juventud en los campos por culpa de una ideología malvada o mejor dicho, como dice la viejecita del PC, una ideología mal entendida. Me gustó que se hablara también de los prisioneros de la División, Azul, víctimas de una instrumentalización política terrible. Hay en el documental el germen de varias novelas o ficciones apasionantes. Pero sobre todo tiene el valor de la memoria en primera persona de los que vivieron y sufrieron esos hechos. y me encantó la desfachatez de Santiago Carrillo afirmando que no había aviadores de la República en los campos de Siberia. Las mentiras de Putin las ejercían los aparatchik desde siempre. Para mí es un film imprescindible.”

El último aviador es un documental, pero también es una película de aventuras, y una denuncia de la hipocresía y la cobardía del PCE que dejó abandonados a estos hombres. Es una muestra de la intolerancia y la brutalidad de un régimen que la emparenta con la actualidad. El estalinismo que tantos añoran en Rusia y algunos fuera de Rusia, fue un régimen salvaje y brutal. Pero sobre todo, El último aviador es una emoción, la del hijo de Vicente Montejano, el último aviador, preguntándole a su padre por su vida; la de Alejandra Soler, la militante comunista de toda la vida, crítica con la historia y con una capacidad de entender lo que debe ser el comunismo en el siglo XXI; la de las imágenes de la llegada del Semiramis a Barcelona y las lágrimas que le asaltan a Vicente Montejano recordando ese momento. Es un fragmento de historia muy desconocida que merece ser divulgada y sobre todo merece ser vista en estos momentos. La última película de Paco Betriu, es un broche perfecto a su vida.

 


Cinco Lobitos de Alauda Ruiz de Azúa

Entre los muchos estrenos de esta semana merece destacarse Cinco Lobitos. No solo por los muchos premios en Málaga o por haber cosechado éxitos en sus proyecciones en Berlín, Málaga o el D’A Film Festival. Cinco Lobitos vale la pena porque la opera prima de Alauda Ruiz de Azúa es un fragmento de vida. Cinco lobitos es una canción de cuna muy conocida que las madres llevan cantando a sus hijos desde tiempo inmemorial. Como eterno es el dilema al que se enfrenta la protagonista del film, Amaia, una mujer que acaba de ser madre y siente que no está preparada para asumir ese nuevo rol que la vida le ha puesto delante. Porque de eso va esta emocionante y al mismo tiempo seca película (difícil combinación que la novel directora consigue), cómo el hecho de ser madre transforma radicalmente a Amaia. Los cinco lobitos de Amaia que se esconden detrás de la escoba de la realidad a la que se enfrenta, se pueden cantar: Primer lobito, el bebé. De repente Amaia es consciente de que es responsable de otra persona, su hija Ione, y de que eso significa que ya nunca será Amaia sola sino Amaia madre; Segundo lobito la madre. En ese trance traumático para Amaia, se da cuenta también de que nunca dejará de ser hija, que la relación con su madre es para toda la vida y que a partir de ese momento ella siempre estará en medio de esos dos lobitos dominantes, hija y madre. Tercer lobito, el trabajo. El nacimiento de su hija la obligará a enfrentarse con la decisión, al menos en un primer momento, de dejar de ser una profesional, los primeros mese después del nacimiento de un hijo, ser madre se convierte en un trabajo a tiempo completo, lo demás pasa a segundo plan. Cuarto lobito, la pareja. La vida a dos que se había podido establecer, con sus rutinas y sus concesiones, deja de existir: nunca más volverán a ser dos, a partir del nacimiento de su hija, siempre serán tres (cuando sean cuatro o cinco, la cosa cambiará, los problemas serán otros). El quinto y último lobito es el más complicado, porque ese lobito es ella misma. Si Amaia no acepta sus nuevos papeles, estará en lucha permanente con el mundo, con su entorno, con su familia, con todo. Ese es el lobito mas difícil de domesticar y sacar de detrás de la escoba. Todo esto, lo cuenta la joven directora con una sencillez exquisita, sin pasarse nunca de la ralla en sensibilidad y emoción. Dejando espacio para que Amaia descubra que su madre, la autoritaria y dominante Begoña, tuvo una vida al margen de la ella y de la familia, para entender el dolor escondido de un padre que siempre se ha mantenido al margen. Sin tomar partido por ningún personaje, sin juzgar a nadie. El pueblo, el mar, la casa, todo forma parte de el cuadro que Amaia empieza a pintar con los lobitos que le ha tocado jugar. Para que todo fluya casi sin darnos cuenta es fundamental el trabajo de los actores. Amaia es una Laia Costa enfadada, llena de dudas, asustada. Begoña es la excelente Susi Sánchez, con rasgos de humor casi negros y con un papel duro lleno de matices. Ramón Barea le da a Koldo, el padre, una ternura y un desvalimiento que solo un gran actor puede alcanzar. Mikel Bustamante tiene el personaje más desagradecido, el de pareja de Amaia, padre de Ione, un hombre ausente superado por los acontecimientos. Cinco lobitos es un film que provoca identificaciones inmediatas porque aunque no todo el mundo ha sido madre o padre, todos hemos sido hijos y todos, en un momento u otro nos hemos visto obligados a entender que en definitiva nuestras vidas se parecen a las de nuestros padres. Cinco lobitos la cantaban las abuelas, la cantaban las madres y la cantarán las hijas. Esa es una de las grandes y bonitas lecciones de esta película estupenda: la vida no se inventa, sigue.

El regalo de esta semana es una mujer que podría ser una madre con los cinco lobitos en su mano abierta.



sábado, 14 de mayo de 2022

AGUJERO NEGRO

 


En esta semana que hemos vivido un episodio de espionaje digno de Mortadelo y Filemón; que hemos sabido más cosas del camarote de los hermanos Marx de la  conexión rusa del independentismo; esta semana en la que Putin se ha dado un baño de multitudes patrióticas y banderiles de corte coreanos y el horror de la guerra llega a su doceava semana; esta semana los astrónomos han logrado fotografiar un inmenso agujero negro en el centro de nuestra galaxia llamado Sagitario A*. Un agujero negro que parece el Ojo de de Saurón (¿o será el de Dios como sugirió Ramon al verlo?) alrededor del cual orbita nuestra galaxia. Esta es la noticia de la semana más importante para mí. Siento como si el universo quisiera recordarnos nuestra pequeñez y nuestra estupidez y no puedo dejar de pensar que ojala se tragara a tantos indeseables que hay en el mundo que nos rodea.

Pero este es un blog de cine. Y de cine quiero hablar en esta semana en la que se estrenan diecisiete películas. Nada más y nada menos que diecisiete películas. Como en los peores tiempos prepandémicos. Es una barbaridad. Muchas no las he visto (¡y si no las he visto yo que veo tantas, me imagino el público normal!). Otras me sabe mal que se estrenen entre el barullo de la acumulación que las condena a pasar desapercibida (por ejemplo Hit the Road de Panah Panahi de la que hablé la semana pasada). Algunas conseguirán singularizarse por algo y sobrevivirán a la avalancha de la semana que viene. En fin, volvamos a la tierra y al cine para constatar que la ley de la selva en la exhibición se ha vuelto a imponer.

De las diecisiete películas que se estrenan este fin de semana, hay tres que quiero destacar para que, a ser posible, no se pierdan en el marasmo cinematográfico.

 


La conferencia, de Matti Geschonneck, 

Premio a la Mejor Película en el último BCN Film Fest La conferencia es un duro film sobre la maldad de los que tienen el poder de matar o no matar. El film recrea la reunión que tuvo lugar el 20 de enero de 1942 en una villa de las afueras de Berlín donde un grupo de destacados representantes del régimen nazi tomaron, en tan solo una hora y media, la decisión de llevar a cabo la llamada “solución final”, es decir, el exterminio sistemático de millones de judíos en toda Europa. Contada en tiempo real con una frialdad y falta de sentimientos que estremece, sin salir prácticamente nunca del claustrofóbico salón de reuniones, el film es un depurado y riguroso trabajo de teatro de cámara, o mejor de cine de terror puro y duro.

 



Un mundo nuevo, de Stéphane Brizé

Es raro ver películas políticas como esta. La historia es muy simple. El director de una fábrica filial de una gran multinacional norteamericana en una ciudad de provincia francesa, debe enfrentarse a la terrible decisión de un recorte de personal que le obligará a despedir a 50 trabajadores. El hombre sabe que la empresa le va a exigir esos despidos, pero intenta por todos los medios que no se lleguen a producir. No es que sea un “buen patrón”, simplemente sabe que los recortes repercutirán en la calidad de la producción, pero sobre todo, repercutirán en la calidad humana de su vida. En realidad lo que plantea este film francés es la diferente manera de entender el capitalismo: por un lado los americanos que solo buscan el máximo beneficio; por otro lado los europeos que aunque también quieren el máximo beneficio, no pueden quitarse de encima el peso de una concepción más humanista que mercantilista de las relaciones laborales. Vincent Lindon le da a este personaje la ambigüedad necesaria para que no acabe de caerte bien pero quieras que consiga alcanzar un equilibrio. Quizás un tanto convencional en su puesta en escena y rozando en algunos momentos el buenismo (por suerte sin caer en él), Un mundo nuevo es un film profundamente contemporáneo, de una actualidad aplastante. Viéndolo no pude menos que sentir que estaban hablando de algo muy cercano a mí. Las razones dadas para el despido de 21 trabajadores en el reciente conflicto de BTV, la televisión pública de Barcelona, se parecen como dos gotas de agua sucia a las que se esgrimen en el film. Pero aquí no había un Philippe que defendiera a los trabajadores y si había muchos burócratas y accionistas dispuestos a plegarse a las órdenes del amo/ayuntamiento. Reconozco que sentirme parte del conflicto puede haber influido en mi apreciación del film.

 


Ennio: el maestro de Giuseppe Tornatore

Ennio: el maestro fue uno de los grandes éxitos del pasado BCN Film Fest. Si solo pueden ver una película a la semana, les recomiendo que sea ésta. Ennio es Ennio Morricone y el documental de Giuseppe Tornatore son muchas películas en una. Porque Morricone le ha puesto música a más de quinientas historias desde que firmó su primera partitura para el cine en 1961. Tornatore utiliza como columna vertebral del documental una larga, divertida, musical y muy exhaustiva entrevista con Morricone que realizó él mismo cuando el compositor ya tenía 90 años y conservaba una mente lúcida y clara.. Como contrapunto, muestra testimonios recogidos en todo el mundo con directores de cine, actores, amigos, compañeros, compositores. Y lo ilustra con fragmentos de films inolvidables que están en la memoria de todos, músicas evocadoras de imágenes unidas para siempre, gracias a Morricone, al imaginario colectivo de varias generaciones. El documental de Tornatore transcurre como una sinfonía, con sus distintos movimientos ( infancia, juventud, la música melódica de la canción italiana, los primeros trabajos, Estados Unidos…) y los distintos instrumentos (las entrevistas y los fragmentos de cine). Es una pura delicia escuchar a Morricone tararear las músicas escritas cincuenta o cuarenta años atrás. Es divertido y para mí un descubrimiento, saber que estaba detrás de tantas canciones famosas de los años sesenta. Es impresionante escuchar como directores tan distintos como Bertolucci o Tarantino, hablan de él. Pero lo mejor es que, a pesar de tanto halago y alabanza, el film nunca cae en la hagiografía. Tornatore deja ver algunos de los defectos de carácter del músico intransigente, nos muestra un hombre un tanto intolerante, riguroso y con una mente matemática y científica, tanto como musical. Víctima de una cierta cultura que durante años despreció la música del cine, Tornatore apuesta abiertamente por reivindicarlo como uno de los grandes compositores del siglo XX y XXI. Ennio: el maestro es una lección de cine con música, un auténtico regalo.

 Y hablando de regalos, esta semana he escogido, y no me pregunten por qué, este precioso bodegón de Ramon.