sábado, 3 de diciembre de 2016

LA DONCELLA


( quiero pensar que este cuadro de Ramon le gustaría a Park Chan-wook)

Ayer fui al cine. No, no es una broma. Ayer fui a una sala de cine a ver una película un viernes a las siete de la tarde. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me explico. Muchas veces he contado que los críticos vemos las películas en pases de prensa adelantados para poder  hablar de ellas en su estreno. Eso nos ha alejado de la experiencia de compartir una sesión de cine con el público normal. Bien, ayer lo hice. Y fue muy interesante. No sé si La doncella me habría gustado más vista entre mis colegas que vista con el público. Pero si se que el público la vivió de una manera muy diferente a como vivimos las películas los profesionales de la escritura de cine.
La sala estaba llena, y había un silencio absoluto. Nadie hablaba ni comía palomitas, ni una simple piruleta (nota para los exhibidores: yo pondría un expendedor de piruletas en el vestíbulo, o las regalaría a la salida a todos los  asistentes). Había silencio, pero no quietud. Una parte de los espectadores se removía en su asiento ante algunas de las escenas de la película; otros permanecían arrobados ante su belleza. Todos, yo incluida, fascinados por el cuento. Y por las imágenes.
La doncella de Park Chan-wook podría llamarse La gran estafa coreana, pero en realidad lo que me recuerda y es probable que sea por su origen literario, es el Tom Jones de Henry Fielding, publicado en 1749 y llevado al cine en 1963 por Tony Richardson. La doncella tiene el humor y la ironía de la picaresca inglesa; comparte con Fielding el erotismo y la sensualidad; los giros en la historia que van descubriendo que quizás nadie es lo que parece ser. Y sobre todo, el valor evocador de la palabra. Las palabras de las narraciones del Marqués Sade, especialmente Justine y los infortunios de la virtud y la Historia de Juliette o las prosperidades del vicio, pero también de las palabras que se dicen. O las acciones. Porque en una película tan llena de sexo explícito y hermoso, la secuencia que provoca mas es la de la limadura de un diente. En todo caso es donde más se movía el público.
La doncella es, además un cuento gótico, un film de terror, una película de amor y un film inesperado en su belleza: belleza de los cuerpos, belleza de los árboles, belleza de los objetos. Uno de los mejores títulos del año. Sin duda.



(una vieja foto, estos días encuentro muchas, de la Costa da Morte en 1978)
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No sé muy bien donde se puede ver esta película. Una de tantas que se estrenan estos días para poder entrar en la competición de las nominaciones a los Goya y que a menudo se pierden entre la vorágine de la semana. Estoy hablando de Sicixia, de Ignacio Vilar, un nuevo ejemplo de la cinematografía gallega que intenta abrirse camino mas allá de sus fronteras naturales. Y de fronteras habla este interesante trabajo. Frontera entre el documental y la ficción,  frontera entre la ciudad y el campo, frontera entre el hombre y la mujer. Con la excusa de un técnico de sonido encargado de recoger los murmullos de la naturaleza y el susurro de las voces de la Costa da Morte, Vilar nos acerca a las formas de vida más ancestrales que aún perviven en una Galicia que se mueve ella misma en la frontera entre la modernidad y la tradición. Pero no es solo eso. El hombre urbanita se siente fascinado por la naturaleza, por el mar y su fuerza, las montañas y su poder, las cuevas y sus misterios, el rio y sus ondinas. De todos ellos extrae el sonido que va poco a poco componiendo la banda sonora del film. Y en ese viaje le acompaña una mujer que le sirve de guía, no solo en los caminos del mar y la montaña, sino en el de sus propios sentimientos. Me gusta mucho esta película, me provoca (y esa es una de sus funciones, me imagino) muchas ganas de volver a Galicia. Búsquenla en la cartelera o en las plataformas. O simplemente imagínenla si no la encuentran.

sábado, 26 de noviembre de 2016

CUENCA


Cada vez me gustan más los festivales pequeños. Por pequeños no quiero decir faltos de ambición. Por pequeños me refiero a sus dimensiones que los hacen ser espacios privilegiados para conocer a la gente: la que lo organiza, la que viene invitada y la del público de la ciudad donde sucede. Digo esto porque esta semana he estado en Cuenca. Es raro ir a Cuenca desde Barcelona (desde Madrid es un paseo). He ido a la ciudad de las Casas Colgadas porque se ha celebrado allí  la 19 Semana de Cine de Cuenca. Si, la 19 nada menos. Claro que el hecho de que no sea muy conocida a pesar de tantas ediciones tiene una explicación. La 18 Semana se celebró ¡hace doce años! Un grupo de entusiastas cinéfilos de la ciudad, agrupados en el Cine Club Chaplin, ha decidido volver a ponerla en marcha con esfuerzo y mucha ilusión. Centrada en el cine español reciente, tanto el documental como el de ficción y los cortos, casi sin darse cuenta la semana ha programado cinco películas españolas, estrenos en Cuenca, de las que tres están dirigidas por mujeres y las otras dos a medias. Fallen, de Ana Rodríguez Rosell, La Madre, de Alberto Morais, coescrita con Verónica García, Migas de pan, de Manane Rodríguez, La próxima piel, de Isaki Lacuesta/Isa Campo y María y los demás, de Nely Reguera. No ha sido voluntario, pero ha salido así y es interesante reconocerlo. En cuanto a los documentales, se han agrupado en torno al tema Entre el Arte, la Vida y la Pantalla, conectando con uno de los mayores atractivos de la ciudad, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca que este año ha cumplido 50 años. Me encargaron presentar el documental que abría la semana, La mayor locura, de Adolfo Dufour, un trabajo sobre la capacidad de seguir creando en personas que la sociedad ha decidido que ya no sirven para nada por su edad. Estoy muy contenta de que me hayan invitado a esta Semana. Primero, porque me gusta mucho ver (re)nacer los proyectos; segundo, porque en este tipo de festivales más pequeños es muy fácil hablar con calma de los porqués de las películas. Espero que el equipo que con tantas ganas lo ha puesto en marcha lo consolide  y lo coloque en el mapa de los festivales españoles.



(María Bardem, me explica quién es quién en las fotos de la exposición)

Otra de las razones para ir a Cuenca era la exposición y el pequeño homenaje que se hizo al rodaje en sus calles de Calle Mayor, la película de Juan Antonio Bardem que cumple 60 años. Un conjunto de fotos de rodaje impresionantes y muy representativas de la España de 1956, fueron el marco de la presentación de un documento (no documental) inédito, una entrevista realizada a Bardem en 1996 con motivo de los cuarenta años del rodaje. Fue muy interesante escuchar a un Bardem lúcido, brillante, tan seguro en sus ideas y al mismo tiempo tan cálido. Pero lo que más me gustó fue conocer a su hija María Bardem, una mujer que se ha dedicado al cine desde ese lugar tan imprescindible y poco conocido que es el de script. Charlar con ella fue una de las mejores cosas de esta Semana.



(una vieja foto de 1968 en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca)
La primera vez que estuve en Cuenca tenía 18 años. Entonces el Museo de Arte Abstracto me impresionó casi tanto como las Casas Colgadas. Ahora, me ha decepcionado un poco. Creo que este tipo de pintura, importante por su valor documental e histórico, ha envejecido mal. Lo que no ha envejecido mal es la catedral de Cuenca. Una reciente limpieza de sus muros permite descubrir una arquitectura potente y de gran belleza. La catedral estaba tomada estos días por una exposición que reunía en un mismo saco la obra del artista chino Ai Wei Wei, Cervantes y los informalistas. Es una exposición un poco caótica con algunas piezas buenas, las que vienen del museo de arte abstracto y una instalación del artista chino francamente mala. La verdad es que no entiendo el entusiasmo que despierta Ai Wei Wei, un hombre que sabe venderse muy bien como víctima de la represión en la China actual, pero que en realidad, al menos por lo que yo conozco de él, no tiene gran cosa que ofrecer al margen de su ego inmenso. Y lo del ego lo digo porque la instalación de esta exposición consiste en una serie de “belenes” de su cautiverio que producen un cierto sonrojo.

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Se han estrenado esta semana !17 películas¡ Es imposible verlas todas, ni siquiera nosotros, los críticos, llegamos a hacerlo. Así que he decidido recomendar en una línea  las que me parecen más interesantes de las que he visto.
Gimme Danger, de Jim Jarmusch, para conocer la persona que hay detrás de La Iguana Iggy Pop.
Bar Bahar, de Maysaloun Hamoud, para descubrir  que hay una vida moderna y normal en Tel Aviv donde viven las tres mujeres palestinas protagonistas.
Los exámenes, de Cristian Mungiu, para comprobar que las corruptelas en el mundo heredado del comunismo empiezan por cosas muy pequeñas y con las mejores intenciones.
Aliados, de Robert Zemeckis, para apreciar los esfuerzos de Brad Pitt y Marion Cotillard por ser dignos herederos de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart.

De todo lo demás que se ha estrenado, que cada uno se arriesgue.

(le debo a Jaume Figueras una corrección importante en este texto. La película de Isaki Lacuesta y de Isa Campo es La próxima piel, no la que yo había puesto. Ya lo he corregido, gracias, Jaume¡)


sábado, 19 de noviembre de 2016

ESTRENOS CON CLASE A


(no se si es Abbott o Costello, pero es mi alien)
A de Arrival/La llegada
El nuevo trabajo de Denis Villeneuve se merece el primer lugar en la lista de estrenos interesantes de esta semana. Antes de empezar a hablar de esta extraordinaria película me gustaría citar un párrafo de un artículo de Xavier Mas de Xaxàs en La Vanguardia de hoy, sábado 19 de noviembre:
“Sarajevo sigue siendo una gran lección y, aunque yo haya regresado con más preguntas que respuestas, el viaje ha servido para convencerme de que la única manera de revertir la dinámica destructiva que nos atrapa es con gestos tan sencillos como sentarse a dialogar con quien sea.
¿Qué tiene que ver Sarajevo con La llegada? Pues mucho. Porque este film de ciencia ficción enlaza con la más rabiosa actualidad del planeta al reivindicar la necesidad de entender al otro, de usar el lenguaje para comunicarse, para tender puentes en lugar de dinamitarlos, para dialogar en definitiva. El otro, en este caso son unos aliens pulposos de siete patas que como el Klaatu de Ultimátum a la tierra, vienen a hacernos un regalo y una advertencia: el regalo es su lenguaje; la advertencia es que el mundo debe permanecer unido, comunicado, que los aislacionismos de cualquier tipo y el querer guardarse el conocimiento y el poder para uno mismo es un error que la tierra pagará caro.  Ojala el mensaje de Abbott y Costello (nombres de los dos pulpos) se escuchara más entre nuestros gobernantes.
Pero si la película fuera solo esto no tendría la fuerza que tiene. Fuerza y emoción que le viene del hecho de interrelacionar el lenguaje y la comprensión del otro con el tiempo. El regalo que los aliens heptápodos le hacen a Louise, la intérprete que logra comunicarse con ellos, es el de un lenguaje que controla el tiempo. Louise conoce un futuro doloroso antes de vivir el presente, y a pesar de eso, no solo no renuncia a ese futuro, sino que lo vive aun mas intensamente. La llegada es uno de esos films que marcan un punto y aparte en la ciencia ficción en el cine. (Abstenerse fans del cine naturalista).



A de Amor y amistad
Esta es una A muy diferente. Es una A de amoralidad. La idea que el cine de James Ivory ha dado de las novelas de Jane Austen es muy romántica y un tanto cursi. En realidad la escritora inglesa que vivió a finales del siglo XVIII es mucho más mordaz, irónica, cínica incluso y desde luego divertida. Eso es lo que ha sabido ver Whit Stillman en el relato corto Lady Susan que ha convertido en Amor y amistad. Amor mas bien poco, sexo bastante, amistad mucha. La amistad es la base del relato epistolar de Jane Austen. Amistad entre la amoral Lady Susan y la cínica Alicia Johnson; entre la aristócrata inglesa y la americana que ha escapado de la independencia. Juntas traman un plan para conseguir que Lady Susan alcance el lugar que le corresponde en la sociedad. Exquisita en la ambientación y vestuario; espléndida en los diálogos mordaces; con una puesta en escena que sitúa siempre a dos personajes hablando y paseando, este film de época es uno de los más modernos que se pueden ver en la pantalla. (Abstenerse románticos empedernidos).



(el  Bowtruckle, con toda seguridad un animal fantástico que me encantaría tener como amigo).
A de Animales fantásticos y dónde encontrarlos.
Si no te gustó Harry Potter no vayas a ver esta película. Si te gustó porque eras pequeño y ahora que eres adulto reniegas un poco de Harry, ves a verla con la mente abierta. Si simplemente te lo pasaste bien y la recuerdas con cariño, disfrútala en su inocencia, en su ingenuidad y porqué no, en sus efectos especiales. La historia es la del bien contra el mal; la historia es la de alguien que intenta salvar y de paso entender a los demás (curioso, volvemos al tema de La llegada) en este caso los animales fantásticos que están desapareciendo por la maldad de humanos y malos magos; la historia es la de que el mal se cultiva para hacer más daño, pero si hay un mago bueno, y de paso un nomag que le ayuda, se puede combatir. A mí me gusta esta película, aunque no sea una gran película. Y me permito desear que haya un mago bueno en algún sitio que nos salve de los que quieren acabar con nosotros. Porque hay veces que pienso que las personas  normales somos un animal fantástico en vías de extinción. (Abstenerse escépticos).


(una imagen de la película con Tamara, la Catarina, Doña Merche, y un policía)
A de Tamara y la Catarina
Hay muchas a en el título de esta película mexicana que corre el peligro de que nadie se entere que se ha estrenado. Está dirigida por una mujer, Lucía Carreras, y es una historia de mujeres. De tres mujeres en realidad aunque en el título solo aparezcan dos. Tamara, una mujer joven con un problema mental, inocente e inofensiva, sobrevive casi sin saber cómo; la Catarina, una bebé que Tamara se encuentra y se lleva a casa porque quiere cuidarla; y Doña Merche. Es Doña Merche la que acaba por robar la película. Doña Merche, una mujer mayor, cocinera ambulante en las calles del norte de México, la ciudad sin ley dentro de la ciudad. Doña Merche que se hace cargo de Tamara y la Catarina y consigue crear una familia inconcebible. El paisaje urbano donde sucede esta historia es el cuarto protagonista. Los barrios salvajes del norte del DF, donde las casas crecen espontaneas subiendo por la montaña como un cáncer. Una de las mejores cosas de este film es que no explota la miseria y la marginación como habitualmente hace el cine latinoamericano. Es cine que retrata pobres, pero no es cine de pobres. Me explico. La policía, por ejemplo, son corruptos pero no malos. Los funcionarios, son indolentes, pero no insultantes. La dueña del café donde trabaja Tamara, es explotadora, pero comprensiva con ella. El mundo es feo, pero la gente lo hace más habitable. (Abstenerse devotos del cine de denuncia).





viernes, 11 de noviembre de 2016

KORE-EDA Y PEETERS



En el año 2008 Kore-eda dio el salto de los festivales a las salas, de los críticos al público. La película que le puso en el mapa fue Still Walking, una historia de familias, de memoria, de secretos escondidos, rencores y reconciliaciones. Este film fue el que le hizo merecedor del título de “heredero de Yasujiro Ozu”. Kore-eda comparte con el gran maestro del cine japonés algunas cosas, por ejemplo, el hábitat donde suceden sus mejores películas, la familia, las relaciones personales, los barrios populares. Pero al contrario de Ozu, que casi nunca se movió de ese mundo donde consiguió algunas de las mejores películas de la historia del cine, Kore-eda, se ha adentrado en otros géneros sin ningún miedo. Recuerdo cuando vimos en el Festival de San Sebastián After life, su primera película, en el año 1999. Nos dejó fascinados. Nada en esa película remitía a Ozu, era fantástica, extraña… y sin embargo, en esa historia fantasmagórica ambientada en un espacio sin tiempo a medio camino entre el cielo y la tierra, donde los muertos hacen una parada para recordar un momento de su vida, uno solo, que quieran llevarse con ellos a la eternidad, estaba ya el germen de todo su cine.
Cuatro años después, Nadie sabe confirmaba que las pequeñas historias que se contaban en After life empezaban a convertirse en películas. Historias de padres y madres, de hijos e hijas, de hermanos y hermanas. Historias pequeñas, sin grandes dramas. Historias de supervivencia y de solidaridad. Como Milagro, donde unos niños dignos de Ozu intentan conseguir la reconciliación de sus padres a través del milagro que la leyenda dice se produce la primera vez que se cruzan dos trenes de alta velocidad; o De tal padre, tal hijo, en la que la vinculación emocional se demuestra más fuerte que la de la sangre; o la preciosa historia de las cuatro hermanitas de Nuestra hermana pequeña. Título a título, Kore-eda ha ido perfilando su estilo de colores tenues, de líneas curvas (lo que le aleja de Ozu, maestro de los colores brillantes y las líneas rectas).
Todo esto viene a cuento porque se estrena esta semana su última película, Después de la tormenta. De nuevo un padre divorciado, de nuevo un hijo al que no ve todo lo que quiere, pero con dos personajes femeninos que completan el dibujo: la madre del padre, es decir una abuela llena de sabiduría y la  ex esposa, madre del hijo. Un anunciado tifón fuerza a los cuatro a pasar una noche juntos. Y como el paisaje, como la atmósfera, saldrán a la mañana siguiente con todas las hojas muertas caídas y el cielo despejado para enfrentarse al futuro.
(en la plataforma Filmin se pueden encontrar  algunas de sus películas)  

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Las selfies de Clara Peeters


Esta semana he estado en Madrid por un trabajo. Un día solo, AVE mañana, AVE noche. Pero un día da para mucho y cuando acabé el trabajo me acerqué al Prado. Tenía curiosidad por ver una exposición. Se llama El arte de Clara Peeters. No tenía ni idea quién era esta mujer, pero el hecho de que el Prado le dedicará una expo a una pintora me pareció atractivo. Mas cuando descubrí que era una mujer pintora de principios del siglo XVII¡¡¡. Nacida en 1594 en Amberes, sus primeros cuadros los pintó con 14 años¡¡¡. Iba de sorpresa en sorpresa viendo sus naturalezas muertas de frutas y panes, de quesos y flores, de peces y gatos. Cuadros que dejaban ver una técnica perfecta y una mirada muy peculiar del mundo cotidiano, de la comida, los objetos de plata, las jarras de vino. Pero la sorpresa más grande me la dieron su selfies. Si, selfies, no autorretratos, selfies de ella misma pintando y trabajando reflejada en el bruñido de una  copa dorada que aparece en muchas de sus pinturas. Clara era casi una niña cuando pintaba estos cuadros, y jugaba. Jugaba con los objetos y jugaba con su propia imagen. Es una exposición pequeña, unos treinta lienzos, casi todos los que se conservan de ella, pintados entre 1607 y 1621. Vale la pena verla. Y si no pueden verla, les dejo este enlace  que en tres minutos recorre su obra y permite darse una idea de su pintura. 


https://www.youtube.com/watch?v=Z444JeVjfec



sábado, 5 de noviembre de 2016

EXPERIENCIA


(cuando estás en el aeropuerto esperando a coger un avión, piensas en muchas cosas, pero seguramente no que puedas acabar en un río)

Clint Eastwood tiene 86 años; Tom Hanks tiene 60; Sully tenía en 2009, 57 (ahora 65). Los tres tienen una edad (mas Eastwood desde luego) en la que la sociedad empieza a decirte que debes abandonar la vida laboral, la vida en definitiva. La jubilación es lo único que ocupa el horizonte de futuro de las personas que rondan o pasan los sesenta años.
Esta es una de las razones por las que me parece importante el film numero 35 de Eastwood, uno de los mejores desde  que rodara Gran Torino en 2008. Es importante porque reivindica o simplemente demuestra, que la experiencia es algo que no se debe desperdiciar. Que el saber acumulado con años de trabajo y de profesionalidad es una riqueza que la sociedad no puede permitirse perder.  Sully, el piloto Cheslye Sullenberg, tenía 57 años y llevaba 42 años volando. Fue un héroe, todo el mundo lo sabe a estas alturas por lo mucho que se ha hablado de esta película. Pero fue también un personaje cuestionado entre otras cosas por su edad. ¿Estaba en sus plenas facultades cuando tomó la decisión de arriverar ( o arriotar) en el Rio Hudson el 15 de enero del 2009 y asi salvar a 155 pasajeros y tripulantes? Si, lo estaba y lo estaba gracias a su experiencia de años de volar, de pasar por situaciones difíciles, de vivir en definitiva. Eastwood no podía haber encontrado un personaje más cercano a si mismo. Porque si Eastwood es el director más clásico entre los clásicos contemporáneos es gracias a que lleva trabajando delante y detrás de las cámaras desde hace sesenta años¡¡¡¡

El film es estupendo, una hora y media de cine de catástrofes (sin pasarse con los efectos especiales), combinado con thriller judicial, y un retrato casi documental de dos personajes, Sully y su copiloto Jeff Skiles, a los que dan vida Tom Hanks y Aaron Eckhart. Una historia en la que el factor humano es lo más importante  y en la que el tiempo juega un papel fundamental. 208 segundos, menos de cuatro minutos, es el tiempo que tuvieron Sully y Skiles para  tomar una decisión arriesgada y difícil: arriverizar en medio del río Hudson. El resultado salió bien. Pudo salir mal, muy mal, como parecen desear los medios de comunicación que cubren la noticia en la película, preparados para contar una tragedia y a los que el final feliz les cogió desprevenidos. Pudo acabar mal, con todos muertos o ahogados. Pero acabó bien. "Solo hacía mi trabajo", dice Sully para explicar su comportamiento. El trabajo bien hecho durante años de acumular experiencia. Como Eastwood. 

Nota
Esta mañana de domingo, mientras mandaba el mail de aviso de la entrada, me he dado cuenta de otra cosa muy importante: la experiencia sola tampoco es suficiente. Lo que salvó el avión, y lo que en realidad salva casi todo, es la combinación entre la experiencia del que lleva años aprendiendo y trabajando y la energía del que esta aprendiendo y trabajando. Es esa combinación entre gente mayor y gente joven la que hace que las cosas funcionen, que el mundo avance. Cuando descabezan una empresa (TVE por ejemplo hace unos años) de la gente que tenia mas experiencia, se pierde una pata indispensable para que el conjunto funcione; cuando se cierra el paso a la gente joven (TV3 por ejemplo) se olvida que hace falta esa pata para que todo  marche bien. Son dos buenos ejemplos de como debería organizarse la vida: combinar lo que unos saben con la fuerza de los que están aprendiendo. Eastwood lo hace cuando construye sus equipos; Sully lo reconoce cuando le otorga a Skiles parte importante de su hazaña. La sociedad, por desgracia, casi nunca lo hace.

viernes, 28 de octubre de 2016

DOS PELICULAS ESPAÑOLAS


(una iglesia del Madrid donde pasa esta historia)

Se ha estrenado este viernes Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen. Escribí de ella a su paso por el Festival de San Sebastián. Esto es lo que dije entonces:

Segunda controversia: Qué Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen, la propuesta española de la jornada. Aquí la división ha sido generacional. Los más jóvenes entienden y aceptan la violencia de este thriller urbano y sudoroso. Los mayores, se distancian acusándola de machista y de sensacionalista. La verdad es que este nuevo trabajo del director de Stockholm es probablemente el mejor ejemplo de traducción en el cine español del lenguaje de las series americanas de asesinos y policías Que Dios nos perdone se puede leer como tres capítulos de serie unidos en  un solo formato. Tres asesinatos de ancianas inspirados en el caso real del “mataviejas” que hace unos años fue notorio en Madrid (un tema que la relaciona con Nit i Dia de Manuel Huerga), son investigados por una pareja de policías disfuncionales y asociales. Todo ello en el contexto del Madrid veraniego del año 2011, con la figura de la visita del papa flotando en el cielo y la sombra alargada del 15 M que acababa de levantar sus campamentos. Cine sórdido, que hay que mirar con ojos no condicionados por los tópicos que determinan nuestra sociedad. También dará que hablar.

Ahora que se estrena en salas seguro que se reproducen las críticas entre unos a favor y otros en contra. Pero aquí y ahora yo querría apoyar la decisión del jurado del festival que le otorgó la Concha de Plata al mejor guión a Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen. Creo que efectivamente es un gran guión, aunque el guión fue una de las cosas más atacadas en San Sebastián por cierta crítica.  Solo voy a poner algunos ejemplos de porque pienso que es un buen guión:
-El encuentro del policía que hace Roberto Álamo con su mujer en la casa del pueblo, donde reacciona de una forma completamente inesperada.
-La actitud del personaje de María Ballesteros ante el policía asocial y tartamudo que interpreta Antonio de la Torre, tan poco tópica y en realidad tan comprensible.
-El encuentro fortuito con el chico que cuida gatitos. ¿Por qué no, en el contexto de un barrio cerrado donde es fácil coincidir?
Espero no haber desvelado nada de la película con estos tres puntos. Vayan a verla y decidan de qué lado se colocan.

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También se estrena La madre, tercera película de Alberto Morais, director de Las olas y Los chicos del puerto. Me sabría mal que esta historia pasara desapercibida en el marasmo de los estrenos semanales. Vale la pena verla. Morais ha demostrado tener una especial sensibilidad para retratar el paisaje y para convertir lugares neutros en espacios cargados de sentido. En este caso un pueblo de Valencia donde se refugia un chico que lo único que quiere es volver con esa madre presente/ausente toda la película. Con esta historia, Morais cierra una trilogía, al menos a mi  me lo parece, sobre las relaciones familiares, una trilogía que empezó con Las olas, (la vejez), siguió con Los chicos del puerto (los adolescentes) y acaba en esta madre que es un puente (invisible) entre ambas historias.
(De manera excepcional he puesto el cartel de la película como ilustración porque me gusta mucho y me parece que refleja muy bien lo que es el film)


jueves, 27 de octubre de 2016

BILBAO

El sábado estuve en Bilbao. Me dieron el Premio Simone de Beauvoir  y quiero aprovechar esta entrada en el blog para agradecer a todos los que me han felicitado de una u otra manera: mail, facebook, wasap...




(las fotos son de Amparo Moreno)
El premio fue bonito, pero comprobar que tanta gente se alegraba, me ha hecho muy feliz.


En las palabras que dije al recogerlo, aparte de mencionar en primer lugar a Ana Gutiérrez y Amparo Moreno, almas de Zinemakumeak gara! XXI Muestra de Cine Realizado por Mujeres,
 por haber pensado en mi, aproveché para compartir este premio con todas las chicas (y digo chicas con toda la intención, porque la mayoría son muy jóvenes) que están escribiendo de cine en nuestro país. Si me hubieran dicho hace treinta años que llegaría un momento en que habría casi más mujeres que hombres haciendo crítica, no sé si me lo habría creído. El premio me hizo pensar que de alguna manera las pocas que lo intentábamos en los años 80, (Beatriz, Begoña, Silvia…) hemos abierto un camino que en este momento siguen con gran fuerza un montón de escritoras que ofrecen un punto de vista distinto y personal.