sábado, 21 de abril de 2018

PESADILLAS


Antes que nada: la película estrella de la semana es Isla de perros de Wes Anderson. Pero aún no la he visto. Asi que se quedará para una próxima entrada. De momento estos días en que en Barcelona ha empezado  el BCN Film Festival nos dejan cuatro estrenos interesantes. Vuelvo a la fórmula que ya usé hace unas semanas: De qué va, Porque me gusta. Acompañado de fragmentos de  cuadros de Ramon que me sugieren las historias.




CUSTODIA COMPARTIDA
De qué va: Una pareja separada desde hace un año plantea ante una jueza la custodia compartida del hijo pequeño de once años. La madre intenta que no se la concedan, pero el padre la consigue. Esa decisión completamente arbitraria será el principio de una pesadilla para la madre, el hijo, y la hermana mayor.
Porque me gusta. Por el tono seco y cortante. Porque empieza como un film social sobre un problema acuciante y va derivando hacia un film de horror. Porque nos cuenta que a veces, la casa, ese espacio que se supone es un refugio, puede ser un lugar extremadamente peligroso donde las emociones se esconden hasta que estalla el miedo. Porque ese ogro terrible y cotidiano desgraciadamente se parece a muchos ogros que existen en la vida real. Porque no cae nunca en el melodrama y obliga al espectador  a mirar directamente el problema. El protagonista principal es un padre celoso y posesivo, violento y maltratador, pero la película nunca parte de él. Al contrario, le vemos siempre desde otro punto de vista: la jueza, el hijo, la madre, todos focalizados en ese hombre feroz que engaña con su apariencia. Pesadilla cotidiana.



SERGIO&SERGEI
De qué va: Sergio es cubano, Sergei es ruso y Peter, que no sale en el título, es americano. Estamos en el año 1991. Sergio vive en una Habana en ruinas; Sergei es un astronauta de la estación espacial MIR que se cae literalmente a pedazos; Peter se encierra en un piso en un Nueva York que declina éticamente. Los tres se conocen, se ayudan, se hacen amigos gracias a las ondas de radio aficionado que les permiten escapar de los controles de la incompetencia (la de la agencia espacial soviética), la indignidad (la de los servicios secretos cubanos) y la prepotencia (la del FBI).
Porque  me gusta: Desde pequeña he sido, y sigo siendo, una gran entusiasta de los viajes espaciales. Me acuerdo de Yuri Gagarin, el primer hombre que voló al espacio, de la perrita Laika, de la llegada a la Luna, del inicio de la utopía de construir una estación espacial como la de 2001. Me acuerdo de eso. Y también me acuerdo de Cuba, de la esperanza que significó en el año 1960, de la decepción que empezó a ser muy pronto, de la pesadilla en la que se convirtió para tantos cubanos y de la ruina en la que acabó cayendo. Todo eso está en este film sencillo, hecho con muy pocos elementos, mucha imaginación y sobre todo una nostalgia no del pasado que fue, sino del que pudo haber sido. Pesadilla histórica.



9 DEDOS
De qué va: Film noir, en blanco y negro, cuenta la extraña historia de un hombre que se ve envuelto en una peligrosa trama criminal y de espionaje en un mundo no fijado en ningún tiempo, en ningún lugar.Con una atmósfera onírica, acaba siendo una pesadilla de la que no puedes despertar.
Porque me gusta: Porque es insólita, porque es fascinante. Porque está llena de ecos. No homenajes, no copias, no remakes. Ecos de cine mudo expresionista (Nosferatu flota en ese barco fantasma), del cine de Melville (Magloire, el protagonista, es un samurái silencioso) de Bela Tarr (el puerto, el tren, el robo, recuerdan mucho al hombre de Londres), de Guy Maddin (Arcángel se siente en algunos momentos). Con todas estas referencias y algunas más, nos sumergimos en un viaje que nos lleva en un rumbo muy personal y con una atmósfera misteriosa, hacia una aventura digna de Gordon Pym, de Conrad, o de Kafka. Pesadilla metafísica.




UN LUGAR TRANQUILO
De qué va: En un mundo apocalíptico, una familia  trata de sobrevivir en silencio absoluto, amenazados por misteriosas criaturas que intentan matarlos guiadas por el sonido. Si no te oyen, no te pueden atrapar, es el tema de esa pesadilla callada.
Porque me gusta: Porque es cine de terror clásico, pero muy inteligente. Porque cuenta una historia vista muchas veces, pero lo hace desde una premisa distinta: el silencio. Porque los actores funcionan solo con sus miradas, sus gestos. Porque te mantiene en tensión sin sustos, y acabas participando de su miedo, aguantando la respiración para no hacer ruido. Porque no hay lugares tranquilos en un mundo poblado de voraces criaturas. Es cierto que podría haber sido mas radical. No usar música por ejemplo, o no llegar a mostrar nunca a los aliens malvados. Pero esa habría sido otra película. Esta funciona así. Pesadilla silenciosa.

Una curiosidad. En dos films tan distintos entre si como Custodia compartida y Un lugar tranquilo, hay una secuencia casi igual. En ambos, la madre, perseguida y acosada por un monstruo, sea un padre ogro o un alien asesino, busca refugio en un cuarto de baño y se esconde en una bañera. Me ha llamado la atención que en las dos hicieran lo mismo.

Otra curiosidad. Al releer el texto me doy cuenta de que las cuatro películas son pesadillas de distinto tipo. Así que he decidido cambiar el titulo de Estrenos al mas atractivo de Pesadillas.

sábado, 14 de abril de 2018

ALMA MATER



(bombardeo de Damasco la madrugada del 14 de abril. De los periódicos)
Alma mater es una respuesta. También es una excelente película, pero sobre todo, Alma mater es una respuesta a la pregunta que me hacía la semana pasada en la entrada sobre el documental de Ai Weiwei: ¿Por qué se van de su país? ¿Qué impulsa a los refugiados a lanzarse a las carreteras? Esta película belga, rodada en Beirut con actores palestinos, sirios y libaneses, es una posible respuesta. No la única, pero si una muy creíble. Alma mater es una película claustrofóbica, no porque pase en un espacio cerrado, un piso de clase media en medio de una ciudad asediada por bombas, francotiradores, violadores y ladrones, que podría ser Damasco, Alepo, o cualquier otro lugar de la tierra donde esta situación se ha vivido antes. Es claustrofóbica, porque demuestra que la población civil, la gente normal, como tú o como yo, somos las víctimas directas de una guerra intolerable, absurda, donde no hay buenos ni malos porque todos son malos. Una guerra que encierra moralmente a sus habitantes, ante la indiferencia de una comunidad internacional que no ha sabido reaccionar ante lo que está sucediendo en Siria desde hace tantos años. Una comunidad ensimismada en sus estúpidos problemas (que pequeño y mezquino me parece todo lo que nos sucede en nuestro entorno cercano) y que abandona en su encierro a esta gente. Pero esa claustrofobia se convierte en la película en un lenguaje que la hace aun más interesante. Todo sucede en un día que podría ser cualquiera. Un día que comienza con un hombre muerto en un callejón, apenas entrevisto desde una ventana; sigue con un intento de sobrevivir en la normalidad alterado radicalmente por la irrupción de un grupo de hombres carroñeros, profesionales de la violación y el saqueo y que acaba con un duelo compartido y una esperanza frustrada. Un día normal en ese espacio, en ese tiempo. Dentro de esa capsula que intenta ser segura, tres mujeres dominan la situación. La madre, fuerte, sólida, capaz de tener miedo pero controlarlo, y sobre todo dispuesta a no abandonar su casa, su barrio, su ciudad, su mundo. La joven vecina con su bebe, dubitativa, con un deseo enorme de huir, pero con una capacidad de reacción y de valentía ante la agresión que la hace enfrentarse a lo peor con tal de salvar a su hijo. La criada, una mujer ajena al conflicto, atrapada como todos en ese piso, la única que quiere decir la verdad, pero no puede hacerlo porque no es nadie. Junto a ellas un viejo, un adolescente y un niño. Los hombres están en fuera de campo, muertos, luchando no se sabe dónde, o convertidos en bestias depredadoras. La cámara es cómplice de esta claustrofobia y sigue a los habitantes de la casa en largos planos secuencias que convierten a los espectadores, en compañeros de su cautiverio. En ningún momento puedes dejar de verla. En ningún momento puedes no sentirte interpelado ¿Qué haría yo? En este círculo de tensión, miedo, aburrimiento y dolor, hay un instante alargado de paz. Un único instante donde todo es silencio. La cámara se detiene en la madre que acaricia la gran mesa del comedor, el símbolo de lo que han perdido: la seguridad, el confort, la familia, la tradición. Hace calor, las persianas están bajadas, la madre acaricia el frescor de la mesa y se tiende sobre ella, apoya su rostro en la superficie pulida de esa mesa que es su vida y cierra los ojos. Ese momento me da todas las respuestas que he estado buscando.

Escribí este texto el viernes 13 de abril. Hoy, sábado 14, me he despertado con la noticia de los bombardeos sobre Siria y del incremento de la escalada bélica entre Estados Unidos y Rusia que prolongan una guerra en la que, a diferencia de los graves conflictos mundiales de tiempos pasados, sinceramente no veo un lado bueno y uno malo: los dos son malos, nefastos, inmundos. Siria y su principal valedor Rusia, me da miedo. Pero Trump y su coalición, que en el fondo acabará beneficiando a los fundamentalistas del EI, tampoco me gustan nada. Y en medio, casas sitiadas y madres que intenta no perder el contacto con la frescura de una mesa pulida por los años.

sábado, 7 de abril de 2018

NEGRO Y BLANCO




Negro
En este caso el negro y blanco no significan lo que normalmente se cree. El  negro es luminoso, brillante, alegre, es un negro criminal y librero, es un negro de tinta negra y de pensamientos nada negros. El negro de Paco Camarasa, el criminal de Negra y Criminal, el compañero de Montse Clavé. Paco era una institución, siempre riendo detrás de sus ojitos semicerrados, siempre dispuesto a recomendarte una novela (negra of course), a compartir un vino y unos mejillones, a jugar a las películas (negras, desde luego). Y siempre al lado de Montse. Si Montse es una presencia en mi vida desde los doce años, Paco lo ha sido desde los 30. Le veía poco, por eso aun puedo imaginármelo detrás de su mesa llena de libros. Hay algo que siento que he perdido con una muerte tan negra e innecesaria: una referencia. Alguien que formaba parte de mi paisaje mental y sentimental. El día que se celebró su entierro yo estaba en Madrid. No sé si a Paco le gustaban los tulipanes, pero si sé que esa tarde, en el Jardín Botánico, ante tanta belleza, pensé en él y le dediqué un recuerdo teñido de colores.

Blanco
El blanco, en cambio, es sucio, feo, borroso, oportunista. Es un blanco que quiere parecer bueno, pero no es más que una operación ególatra a costa del sufrimiento de los demás. Es el blanco del chino Ai Weiwei, uno de esos artistas que se aprovechan del dolor de los demás para forrarse y seguir engañando. Hay muchos artistas así, se autodenominan políticos, pero lo único que son es  unos interesados. Wewei ha pertrechado un documental del que no quería ni hablar, pero me ha salido del alma hacerlo como contrapunto al negro de Paco. El documental se llama Marea humana y se supone que habla del grave problema de los refugiados que pululan como almas en pena por el mundo desde hace años. Pero en ningún momento se pregunta por qué hay refugiados, qué sucede en sus países, por qué se van. O por qué inundaron las carreteras y fronteras europeas en los meses previos al Brexit, las elecciones francesas, alemanas, holandesas, austriacas, auspiciando el miedo al otro, al que viene de fuera a robarnos. Tampoco se pregunta porque, curiosamente, una vez pasadas las elecciones sin llegar a conseguir los objetivos de hacer ganar a la ultraderecha mas xenófoba, antieuropea y racista, los medios de comunicación los han olvidado por completo. ¿Dónde están los hombres y mujeres perdidos que caminaban en la nieve y se refugiaban en campamentos donde solo la buena fe de algunas personas les ayudaba a sobrevivir? Supongo que ahí siguen, pero ya no son útiles, no sirven  a nadie, más que a Weiwei que los ha convertido en carne de egotrip social.  Lo siento, pero detesto este tipo de operaciones.


sábado, 31 de marzo de 2018

RECOMENDACIONES DE UNA SEMANA DE VACACIONES



 (hay películas que sugieren colores, estos son los que me han evocado estos cuatro estrenos)


BARBARA
De qué va: Se rueda una película sobre la cantante Barbara, una de las figuras fundamentales de la canción francesa de los años sesenta y setenta del siglo pasado. El rodaje se confunde con la vida y ésta se confunde con la realidad, en un juego de espejos muy estimulante.
Porque hay que verla: Para descubrir o recuperar a Barbara, una mujer con una voz poderosa, canciones llenas de poesía y una vida gótica. Un personaje olvidado y desconocido, no en Francia, naturalmente, pero si fuera de sus fronteras. No es un biopic, ni mucho menos. Más bien es un making of sobre el rodaje de un biopic, donde Jean Balibar se mete en la piel de una actriz que a su vez se mete en la piel de Barbara y Mathieu Amalric dirige la película dentro de la película y la propia película. Todo ello se mezcla con documentos de la vida de Barbara, con sus canciones, con su figura negra y clownesca, en un mosaico, o calidoscopio o puzzle, que a veces funciona y a veces no, pero siempre fascina en su voz y en su poesía.



EL CAIRO CONFIDENCIAL
De qué va: Una mujer aparece asesinada en un hotel del lujo de  El Cairo. Estamos a principios del año 2011. Mientras el policía encargado de solucionar el caso ve como se complica cada vez más con raíces en la corrupción generalizada del país, la calle empieza a bullir con las revueltas que desembocarán en la primavera árabe y la caída del régimen de Mubarak.
Porque hay que verla: Desde el punto de vista del cine, porque es muy curioso encontrarse con un cine negro no europeo, no americano, no latino. Un cine negro con todas las constantes del género, pero con un tono distinto. Diríamos un clima diferente al habitual. Desde el punto de vista de la historia o de la realidad, para comprobar que a veces las primaveras nacen de un deseo legitimo, pero muy rápidamente se instrumentalizan y se manipulan a favor de los de siempre. O aun algo peor, a favor de ideas mucho más nocivas y destructoras que las que se pretendían combatir. Aviso para todos los que sueñan con primaveras sin futuro.


READY PLAYER ONE
De que va: En el año 2045 la humanidad vive sumergida en la miseria más absoluta, sin esperanzas de una vida mejor. Por eso la gente se refugia en Oasis, un mundo de realidad virtual donde sus avatares viven aventuras sin fin. Pero ese mundo encierra un misterio: un tesoro que hay que descubrir desentrañando las pistas que el creador del juego ha puesto en el camino.
Porque se ha de ver: Para comprobar una vez más la inteligencia de Steven Spielberg que sigue atento a lo que sucede en el mundo y sabe cómo ganarse a nuevos espectadores. En los años setenta los conquistó con Tiburón y ET, en los noventa con Jurassic Park y ahora con una película que es un videojuego gigante en el que sin embargo, ha sabido introducir todo lo que sabe y le gusta de la cultura popular del siglo XX. De King Kong a Godzilla, de las niñas de El resplandor a El gigante de Hierro, de Chuky a Batman.  Todo cabe en este videojuego que supera las expectativas de cualquier videojuego real. Los niños y adolescentes adictos a la play disfrutaran como  nunca en el cine, aunque me imagino su frustración al no poder “intervenir”. Los que ya no son niños ni adolescentes, disfrutaran con una historia que en el fondo es la de siempre: el  poder quiere más poder para controlar el mundo y los rebeldes lo combaten con las armas que tienen en su mano: la inteligencia. El film es un poco excesivo y puede llegar a cansar, pero vale la pena verlo.



UNA RAZON BRILLANTE
De qué va: Una joven de origen árabe del extrarradio parisino se matricula en la facultad de Derecho y en su primer día topa con un profesor racista, machista y sobre todo muy pedante. Diversas circunstancias les obligan a compartir un proyecto juntos: la chica deberá presentarse a un concurso nacional de Debate y el profesor deberá prepararla. El choque entre los dos les llevará a aprender a respetarse mutuamente.
Porqué se ha de ver: Para repetir incansablemente que Francia es diferente. Siempre he envidiado la educación francesa que se forja en el conocimiento de sus clásicos, en el respeto a los demás, en tener una base cultural común por encima de diferencias de origen. Es eso lo que hace que esta película funcione. Sinceramente, no me imagino la misma historia aquí, donde no existe ese respeto por una cultura común, una literatura común, una historia común. Tragicomedia que nos remite al mito de Pigmalión o aun mejor, a My fair lady, sin música, pero con filosofía, sin amor pero con humor. No es una obra maestra, pero es un film que me produce una cierta envidia y permite entender porque Francia es Francia.


sábado, 24 de marzo de 2018

TIEMPO



Robert Guédiguian ha vuelto a Barcelona. Esta vez acompañado de su mujer Ariane Ascaride. Ambos han venido para presentar su último film: Una casa junto al mar. Dentro de la filmografía de Guédiguian esta película se inscribe en lo que podemos llamar “ciclo de la familia”. La suya, la que integra con un grupo de amigos, actores y técnicos, con los que colabora desde hace más de treinta años. Pero en este caso, Una casa junto al mar aun es más de familia. Porque habla del encuentro de tres hermanos en la sesentena, reunidos en torno a la figura del padre que ha sufrido un ictus. Estamos en invierno, en uno de los lugares más hermosos del sur de Francia, la Cala Méjean, frente a Marsella, donde se conserva como en un teatro, el pueblo, sus casitas, el puerto y el viejo restaurant de la familia. Una casa junto al mar es una de las películas más bonitas de Guédiguian, teñida de melancolía, no de tristeza, de nostalgia, pero no de añoranza.  Hay varias cosas que me gustan en este film, pero una de las que más me gustan, es una frase que dice Joseph, el hermano mayor, un viejo intelectual  gauchista que en el sesenta y ocho se fue a las fábricas a trabajar con los obreros, intentando convencerlos de que había que hacer la revolución. Ahora, Joseph se da cuenta de algo importante: “yo quería que hicieran huelga, que hicieran la revolución, pero no me daba cuenta de que eso era lo que yo quería creer que ellos querían: no lo que ellos querían de verdad”. Guédiguian quiere demasiado a sus personajes y no les acusa, ni les condena, al contrario, sabe buscar una salida para que los tres hermanos encuentren un nuevo sentido a sus vidas. Las suyas, no necesariamente la de todos. Y además de esa salida, les hace un regalo. De repente, en medio de la historia, aparece una secuencia donde vemos a Ariane Ascaride,  Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan, con treinta años menos. Están juntos en el mismo lugar, la cala Mejean. La secuencia provoca en el público una sensación extraña: ¿cómo lo han hecho, es maquillaje, son actores que se les parecen? Son o no son ellos. Sí, lo son, son los tres actores en una película de Guédiguian del año 1985 que se llama Ki lo sa? donde ya actuaba su troupe fija. Verlos desde su ahora en su antes, es una sensación que solo el tiempo permite tener. Hacerse mayor no tiene muchas ventajas, pero esta es una de las mejores: puedes volver atrás, corregir errores, relativizar ideas, disfrutar de lo que has vivido. Ki lo sa? Lo sabemos los mayores, y espero que lo aprendan los más jóvenes.



Como siempre la vida es muy curiosa, porque casi al mismo tiempo que veía esta película acababa de leer la nueva novela de John Le Carré, El legado de los espías. No es que Le Carré tenga mucho que ver con Guédiguian, pero si hay entre la película y el libro un extraño vínculo. Le Carré vuelve al pasado, a su primera gran novela, El espía que surgió del frío, publicada en 1963. Cincuenta y cuatro años más tarde, el escritor ha decidido que era hora de explicarnos el contra plano de aquella historia sórdida de traiciones y de amor. Y lo hace de  la mano de un personaje secundario en la primera novela que aquí se erige en narrador del pasado. Leer El legado de los espías sin conocer El espía que surgió  del frío se puede hacer, sin duda, pero si uno recuerda o relee esa enorme novela sobre la guerra fría, se disfruta muchísimo más. De nuevo el tiempo jugando a favor de la creación. El  tiempo que le ha permitido a Le Carré justificar los porqués de aquella trágica muerte del espía; el tiempo del lector que recupera una vieja historia que quizás leyó hace treinta años y la descubre iluminada desde otro ángulo. Si pueden, lean primero El legado de los espías, y después, rescaten de la biblioteca El espía que surgió del frío.


Brain Film Fest-Premi Solé Tura
La semana pasada se celebró en Barcelona un curioso festival bajo el nombre de Brain Film Fest: Festival Internacional de Cinema sobre el cervell, organizado por la Fundaciò Pasqual Maragall, Minimal Films y la Fundación Uszheimer y dirigido por Albert Solé. El festival servía de plataforma para la celebración del VIII Premi Solé Tura. Se presentaron los cortos a competición y tres largometrajes centrados en el tema del cerebro. Y se organizaron una serie de talleres y charlas entorno al cerebro y sus diferentes funciones, no exclusivamente las enfermedades. Esta es una de las mejores cosas de esta iniciativa. Se trataba de acercarse al planeta desconocido que es el cerebro para intentar desvelar algunos de sus múltiples misterios. Por eso los talleres y las charlas no estaban centradas en las enfermedades, alzhéimer especialmente, sino en otras materias que despertaban la imaginación en muchas direcciones: Neuromarqueting, por ejemplo, demostraba como se puede utilizar el conocimiento del cerebro para descubrir deseos y necesidades, no necesariamente al servicio del consumismo. Neurocuina, vinculaba los alimentos al funcionamiento del cerebro y desmontaba algunas de las más asentadas teorías sobre la alimentación. El cerebro y la memoria, fue una interesante charla sobre cómo se transmite la información al cerebro y como se puede trabajar sobre la memoria. A mí me pidieron que hablara sobre el cerebro y el cine. Fue un reto, porque hay miles de maneras de enfrentarse a este tema. El texto de la conferencia entera lo cuelgo en el otro blog, el de los textos que tengo un poco abandonado. Pero aquí solo adelanto que en ningún momento me platee hablar de las películas sobre el alzhéimer, tan de moda en el cine desde hace diez años y menos aun de títulos como El viaje de nuestras vidas, estrenada esta semana, que es justamente todo lo que nunca debe ser un film sobre este doloroso tema.

sábado, 17 de marzo de 2018

PAISAJES




(las montañas de Ramon le gustarían a José Díaz)
Paisaje de montaña: 100 días de soledad
Si entendemos la soledad como la ausencia de compañía humana, de relaciones con personas, lo que vivió José Díaz en la cabaña del Parque de Redes en Asturias, es soledad. Pero si la entendemos de una manera más amplia, no podemos decir que Díaz estuviera solo en su experimento vital. Un caballo, seis gallinas, corzos, ciervos, zorros,  árboles, plantas, flores, nieve. Todo eso lo tenía a su lado, acompañándole. Y también le acompañaba la tecnología con cinco cámaras, una de ellas en un dron que filma imágenes espectaculares, que le sirvieron para documentar esta aventura del pensamiento, del cuerpo y del cine. Porque las tres cosas entran en juego en este experimento que le llevó a vivir cien días aislado, filmándose en primera persona. Dos cosas me gustan mucho, bueno, me gustan muchas más, pero sobre todo dos. Una, que en una búsqueda de la pureza en la naturaleza, inspirada en el Walden de Thoreau, las nuevas y avanzadas tecnologías de las cámaras digitales le hayan permitido documentar su día a día hasta reunir 300 horas de filmación. Díaz tenía que hacer un doble ejercicio: cargar con el pesado equipo y decidir donde y cuando colocar las cámaras para conseguir su objetivo. La segunda cosa que me gusta es que, en una historia como esta, con un solo protagonista siempre en pantalla, no haya el más mínimo narcisismo o exhibicionismo. Y también me gusta que haya comedia, suspense, humor, melodrama, dudas, misterio, belleza, música. Y las montañas y los valles y las cartas…
Apta para todo el mundo. Recomendada para los que disfrutan en la naturaleza.



(colores urbanos de Beirut)
Paisaje urbano El insulto
Beirut es una ciudad muy conflictiva. Años después de superar la guerra que la dejó semi destruida, aun arrastra profundas heridas en sus habitantes. Es lo que explica esta película libanesa donde una pequeña y banal discusión entre Toni, un hombre cristiano y Yasser, un  musulmán, deviene en una crisis nacional. Metáfora sin duda de una situación latente en una sociedad muy susceptible a cualquier roce. Todo empieza por una cañería mal construida. Toni le niega la entrada a su casa a Yasser que es el responsable de los arreglos en la calle. Yasser no le hace caso y arregla la cañería desde la calle. Toni la rompe y Yasser se marcha lanzándole un insulto. A partir de ahí, el clima de violencia y de enfrentamiento va creciendo dejando en evidencia las no razones de uno y otro que llevan a la mutua destrucción de sus familias. Paisaje urbano con figuras airadas; paisaje humano con una realidad crispada que desgraciadamente se puede reconocer en muchos otros lugares del mundo. El insulto es una película para pensarla, desequilibrada en sus dos partes (el juicio es un poco largo) pero muy oportuna en su discurso.
Apta para todo el mundo. Recomendada para los interesados por el eterno conflicto en Oriente Medio


(un árbol de Ramon al borde del mar)
Paisaje de mar. La vida lliure
Hace un par de semanas se estrenó La vida lliure de Marc Recha. No hablé en su momento y aprovecho ahora esta entrada de paisajes para hacerlo. Porque no tengo la menor duda de que Recha es el director español que mejor retrata el paisaje. Cualquier paisaje, pero si además ya es hermoso en si mismo como lo es el de la isla de Menorca en un otoño cálido y luminoso, el resultado es espectacular. Claro que solo el paisaje no sería motivo suficiente para recomendar este film de aventuras de piratas. Porque sin dejar de ser Recha en estado puro, La vida lliure habla de tesoros escondidos, de soldados que se esconden y mueren, de niños que buscan aventuras en el mar, de hombres misteriosos. Todo ambientado en un lejano 1918, cuando el mundo y sus tragedias estaba muy lejos del paisaje marino donde Tina y Biel viven su personal aventura de homenaje a una película mítica (al menos para mi) Los contrabandistas de Moonflet de Fritz Lang.
No sé si es apta para todo el mundo. Hace falta paciencia y tiempo para verla, como si estuviéramos sentados en una playa viendo las olas, dejarse llevar por su cadencia.



(una imagen de la película, no me resisto a ponerla)
Paisaje de río: Jeannette
Esta película es un delirio. Apasionante o insoportable. La adoras o la odias. Entras en su juego o te parece una marcianada. Bueno una marcianada lo es aunque te guste. Dumont es el más heterodoxo de los directores mundiales. Se atreve a todo sin ningún pudor. Su humor es muy peculiar (recuerden El pequeño Quinquin) sus imágenes son siempre sorprendentes, su mirada sobre la realidad inesperada. Pero en esta historia sobre una Juana de Arco niña, se supera a sí mismo. Mística y musical, barroca y rockera, la niña Juana canta a Dios bailando a ritmo de hip hop mientras cuida a sus ovejas,  tiene visiones de los santos que se muestran expertos en el death metal y escucha como un pastorcillo recita los complejos textos de Charles Péguy en forma de rap. El paisaje es el del rio Mosa en el noroeste de Francia, con sus márgenes arenosas por donde salta y baila y camina de espaldas la niña Jeannette mientras sueña con liberar el reino de Francia de la invasión inglesa y se siente iluminada por Dios y por los santos Santa Catalina, Santa Margarita, San Miguel. Una delicia fascinante en su belleza y en su ironía si se entra en su delirante juego espiritual y musical.
No apta para todo el mundo. Hay que arriesgarse para saber si uno es de los que la adoran o de los que la detestan.

viernes, 9 de marzo de 2018

APUNTES DE LA SEMANA



1.Sobre la jubilación
Esta semana ha habido muchas manifestaciones en toda España de jubilados que protestan por las pensiones. Todo lo que sea hacerse oír y poner en evidencia un problema como éste, me parece bien. Lo que no estoy tan segura es que la reivindicación sea la de que suban las pensiones según el aumento del IPC. Entre un 1% y un 0.25% francamente no hay tanta diferencia y desde luego no sirve para ayudar a los pensionistas a vivir mejor.
Sin meterme en honduras, yo propongo cuatro puntos de sentido común para intentar arreglar un poco las cosas.
Primero. Calcular las jubilaciones teniendo en cuenta toda la vida laboral de una persona, no solo los últimos quince años. Muchos trabajadores han tenido cotizaciones altas al principio de su vida laboral, pero luego la crisis los ha dejado en una situación muy precaria. No es justo calcular la pensión sobre los quince años en los que a lo peor, ni siquiera se ha podido trabajar de forma continuada.
Segundo. Reducir el número de años cotizados para cobrar la pensión completa. Teniendo en cuenta las precarias relaciones laborales de la mayoría de los españoles, pedir una cotización de 37 años es algo que muy pocos pueden acreditar. Dejarlo en 30 sería más justo.
Tercero. Permitir a los pensionistas trabajar sin limitaciones de manera que no dependan exclusivamente de la pensión para vivir. De esta manera no solo no se desperdicia una enorme riqueza laboral e intelectual que ahora se queda relegada a la indolencia sin remedio durante veinte o más años, sino que se contribuye a la economía colectiva ya que son trabajos que pagan IRPF y que tienen IVA. Y no hablo solo de personas del ámbito de la cultura (artistas, escritores, periodistas, actores, músicos, profesores…) hay muchas otras profesiones que se pueden seguir ejerciendo después de jubilados.
Cuarto. Equiparar las pensiones más bajas al salario mínimo interprofesional si una vez calculada la pensión no llega a ese mínimo.
Utopías probablemente, pero no son medidas descabelladas. ¿O sí?

2.  Huelga feminista
No me gusta nada este nombre. Las huelgas me parecen un arma de lucha antigua, del siglo XIX, que en este mundo globalizado y sobre todo tecnificado, tienen poco sentido y menos eficacia. Feminista, tampoco me gusta. Soy mujer, pero no soy feminista. No me gustan los ismos, no me gustan los guetos, no me gustan las exclusiones. Tampoco soy muy partidaria de los Día de… lo que sea. Creo que hay cosas que se han de reivindicar todos los días. Por eso no me gusta el nombre que se ha dado a la huelga de este 8 de marzo del 2018. Pero si me gusta la idea que hay detrás y que yo llamaría de otra manera (no sé cómo). Lo que me gusta de lo que se ha planteado hoy es el hecho de la evidencia y la transversalidad. Poner en evidencia no solo un problema (o muchos) sino la evidencia de que las mujeres hacen/hacemos muchos trabajos. Me gusta la idea de que esta “huelga” no sea “laboral” y que englobe en la evidencia la transversalidad: de las amas de casa a las abuelas que se ocupan de los nietos, de las mujeres que cuidan a otras personas sin cobrar a las que tienen cargos de responsabilidad, de las de una edad a las de otra, de las de una ideología a las de otra ideología. Que ponga sobre el tapete que las mujeres trabajan fuera y dentro de casa. Que demuestre las desigualdades, no solo las de las mujeres con los hombres, sino las de la toda una sociedad estructurada de forma que no funciona. Si la huelga es del siglo XIX, muchas de las formas de comportamiento que arrastramos lo son también. Por eso no me gusta el nombre, pero apoyo el hecho. Yo no haré huelga (no sé muy bien cómo hacerla, ¿saco una silla a la puerta de mi casa y me siento para que la gente vea que hago huelga?). Tampoco iré a las manifestaciones, son otra forma de protestar que no me gusta. Pero algo haré. Por ejemplo: no comprar nada hoy; por ejemplo: no hacer la cama; por ejemplo: no cocinar. Claro que eso es algo que muchos días no hago porque tengo la suerte de vivir con un señor que desde siempre ha entendido que si los dos trabajamos para ganarnos la vida, los dos trabajamos para mantener la casa en condiciones. A lo mejor estos señores, también deberían hacer huelga hoy, eso que no me gusta como se llama y para lo que aun no he encontrado un nombre mejor. (Escribir este blog no es trabajar: es una manera de comunicarme, de relacionarme, de establecer puentes, por eso lo he escrito hoy 8 de marzo)