viernes, 19 de octubre de 2018

PETRA



Solo unas líneas para esta película. No tengo mucho tiempo, pero no quiero que pase la semana sin por lo menos decir algunas cosas de este nuevo experimento de Jaime Rosales.
Primero. No hay en este momento (y creo que en ninguno) un director de cine que haya sabido transformar en imágenes el vacio geométrico de la obra de Mondrian. Las líneas rectas del espacio acotado, enmarcan las líneas rectas del vacío emocional de unos personajes abstractos.
Segundo. A pesar de esto, la historia nos sumerge en un melodrama, casi un culebrón con adulterios, padres escondidos, hijas que buscan un padre y mujeres que ocultan su pasado.
Tercero. La película mas vacía de emociones habla sin embargo de cuatro muertes, siempre en of nunca visualizadas. Tres muertes violentas físicamente, una violenta emocionalmente.
Cuarto. Y en medio de todo esto, el arte. Dos conceptos del arte, de la creación. El que solo piensa en el mercado, en el dinero, tan vacio como todo lo demás Y el que busca alcanzar a llenar ese vacío con la vida.
Quinto. Historia compleja en su ordenamiento narrativo, aunque nunca confusa, es en sus actores donde encuentra el mejor elemento del cuadro. Barbara Lennie estupenda, Marisa Paredes, brillante, Alex Brendemühl, imponente y Joan Botey odioso. Y junto a ellos, Oriol Pla y Carme Pla, víctimas del vacío.

sábado, 13 de octubre de 2018

DESCUBRIMIENTOS




(Colón también dio un pequeño paso para un hombre que fue un gran salto para la humanidad)
No sé si es casualidad o no, pero el hecho de que First Man se estrene el 12 de octubre no deja de tener su gracia. La llegada del hombre a la Luna se estrena el día que de una manera artificial y absurda, pero convencionalmente aceptada, se celebra lo que se ha dado en llamar el “descubrimiento” de América. Es una bonita coincidencia que me ha llevado a pensar en una película que me gustó mucho en su momento, aunque me produjo algunas discusiones. Un film que este interesante retrato/relato de Neil Armstrong me ha traído a la memoria, 1492, La conquista del Paraíso, de Ridley Scott estrenada en octubre de 1992 coincidiendo con los 500 años del evento. Recuerdo que escribí entonces que el Colón de Scott, con rasgos de un Depardieu aún capaz de moverse, parecía en su llegada a tierra americana un astronauta pisando la luna por primera vez. Viendo Fisrt Man me he acordado de esa película y de esas palabras. Hay en la figura de Armstrong algo de ese Colón obsesionado. Por distintos motivos seguramente, pero los dos están movidos por una urgencia: la de ir más allá. Hay un diálogo muy importante en el film de Damien Chazelle. Cuando Armstrong es entrevistado en la NASA, le preguntan más o menos esto.
–¿Por qué cree usted que hay que ir al espacio?
–Para explorar
–Explorar ¿para qué?
–Para ver las cosas como no las hemos visto nunca.
Creo que este diálogo lo suscribiría Colón cuando le preguntaran porque quería ir al otro lado del mar. Explorar, ver más allá de nuestro pequeño entorno, abrir el horizonte. Darnos cuenta de que somos pequeños y necesitamos ir más lejos. Como Armstrong necesita ir a la Luna para reencontrar la paz interior que ha perdido por una historia dolorosa que Chazelle y Ryan Gosling nos cuentan sin sentimentalismo, pero con mucha emoción. Explorar es algo que el hombre necesita desde los albores de la humanidad. Si no hubiera habido exploradores, del pensamiento, de la ciencia, de la geografía, del espacio, de la historia, aun estaríamos moviéndonos en las cavernas. Nunca fueron muy bien entendidos y menos aceptados. Colón lo sufrió en su vida y la carrera espacial lo sufre en su ralentización, en las demoras que hacen que no se avance tan rápido como haría falta. El argumento que Chazelle también muestra en el film sin demonizarlo ni convertirlo en reaccionario, aunque lo es, de que se gasta mucho dinero en el espacio cuando en la tierra hay gente que pasa hambre y frio, es una idea de atraso que casi siempre esconde la conservación de los privilegios de unos sobre otros. Porque la mayor parte de las comodidades que nos permiten vivir mejor ahora que hace cien años, por ejemplo yo misma escribiendo en este ordenador estas palabras, son resultado de la investigación en este caso espacial que abrió nuevos caminos para el progreso. Que ese progreso sea bien utilizado y bien repartido es otra cuestión que también debe preocuparnos. Pero nunca pararnos como humanidad que avanza.
Bueno, me he ido un poco por las ramas. Yo lo que quería era dejar claro que First Man me ha gustado mucho. Es una película que habla de sentimientos sin sentimentalismo, de aventura sin épica, de amor sin azúcar, de pérdidas sin parálisis. Y aunque sepamos ya como acaba la historia, nos mantiene en vilo toda la narración, con el alma en un puño viendo esa chatarra espacial casi tan endeble como las carabelas de Colón que navega en el espacio infinito. Además le agradezco a Chazelle que me explique cómo se filmó ese “pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” que tanta tinta hizo correr. Y también le agradezco, que como hizo Scott con su Colón, nos ahorre la bandera puesta en la Luna (o en San Salvador) dejando los patriotismos fuera de campo. First Man es una película importante. Al menos para mi.

(esto es lo que escribí cuando se estrenó 1492)
 Un proyecto con futuro
Cuando se supo, hace meses, que uno de los Colones que nos iban a invadir lo dirigiría Ridley Scott, la pregunta que se planteaba era “¿Scott?, el mismo de Blade Runner, el de Thelma y Louise?” Pero un momento de reflexión permitía exclamar: “!Scott¡ , claro”. En realidad sólo había cuatro directores de cine capaces de enfrentarse –y salir airosos– a la figura de Colón y al hecho del descubrimiento de América sin caer ni en la apología, ni “en la Historia vista por Hollywood”. Uno es Francis Ford Coppola que habría podido hacer un Apocalipsis colombino; otro es Werner Herzog que habría convertido a Colón en un héroe romántico, atormentado por el destino; el tercero es Manuel de Oliveira que se habría acercado a Colón con una mirada seca, sin adornos, pero rigurosamente histórica. El cuarto era Ridley Scott. ¿Por qué? Sencillamente porque Scott es el único director capaz de dar una visión futurista, capaz de convertir al navegante del siglo XV en un héroe del siglo XXI. Scott es el mejor preparado para conferir una dimensión épica y de gran espectáculo a una vida y una historia que se presten a ello como pocas.
Ridley Scott es un descubridor, como lo era Colón, no un creador, que es algo distinto. Scott, como Colón, sabe que hay un sitio donde quiere ir –las Indias o el cine del futuro– y hacía allí va convencido de lo que hace. Por eso su Colón será un Colón importante. No sé si será respetuoso con la realidad histórica o si se ajustará a las ideologías imperantes, lo que es seguro es que será una película grande.
(El Observador, 10 de octubre, 1992)




sábado, 6 de octubre de 2018

QUERER/AMAR


Esta semana se estrenan dos películas estupendas, de esas que se quedan en la memoria y se recordaran entre las mejores del año (o de años). Una es española, la otra polaca. Una la dirige una mujer joven, la otra la dirige un hombre joven. Vamos por partes. 

(mi madre también  cosía a máquina cuando vivíamos en México)

La española se titula Viaje al cuarto de una madre, precioso titulo que evoca todo tipo de sensaciones, porque ¿qué hay de mas intimo y secreto, que el cuarto de una madre? La dirige Celia Rico, una chica sevillana que vive  en Barcelona desde hace mucho tiempo y ha trabajado en algunas de las productoras mas interesantes de la ciudad: Oberon y Arcadia. Celia se dio a conocer con un corto precioso que protagonizaba Asunción Balaguer. Y ahora nos regala este cuento tierno y callado de una madre y una hija que son una sola figura y que poco a poco se van separando para ser dos, pero igualmente unidas, igualmente respetuosas. Lola Dueñas y Anna Castillo son la madre y la hija. Lola no sale nunca de casa y es en ese piso minúsculo donde vive todo su viaje a su propio cuarto que acabará por devolverla al mundo del que se había sentido excluida al perder a su marido. Anna es la hija que sabe que tiene que salir del piso sin dejar de viajar al cuarto de su madre y buscar fuera el aire que les permitirá respirar. Las dos hablan, se quieren, están unidas por hilos: el de la costura, tan importante, el del teléfono tan definitivo. Y las dos  sin ningún tipo de melodrama, sin perder la sonrisa, sin miedos ni revueltas, nos invitan a viajar a ese cuarto de su mano y de paso, a recordar cómo fueron nuestros propios viajes a los cuartos de nuestras madres. 



 (coros y danzas soviético/franquistas)

La polaca la dirige Pawel Pawiloswki y se titula Cold war, guerra fría. Es una historia de amor en blanco y negro; una historia de amor con la música como tercer personaje; una historia de amor entre dos personas, un pianista y una joven que canta y baila, condenados a amarse y a perderse continuamente. Empieza en la Polonia soviética de 1949 y acaba en la Polonia soviética de 1964. Entre medio, Berlín y Paris, son los escenarios de sus encuentros y desencuentros. Es un film contado con elipsis, lo que sucede fuera de campo es tan importante como lo que vemos, lo que les pasa a estos dos seres que se buscan, se encuentran, se pierden, a lo largo del tiempo es lo que no vemos pero vivimos a través de sus diálogos, sus enfrentamientos, sus tristezas e incluso sus momentos de plenitud. No puedes dejar de mirarla y no puedes dejar de darte cuenta con que inteligencia el director (recuerden la delicadeza de Ida y su carga de crítica política sin necesidad de levantar la voz) nos va metiendo en el alma de estos dos amantes usando la música como vehículo: la música popular primero, el jazz después, el rock and roll, en un momento de liberación y la canción que nace del alma al final. Dura muy poco, no solo porque es corta, sino porque esas vidas pasan sin darnos cuenta. Desde las primeras imágenes de recogida de canciones populares en el campo hasta el melancólico e impresionante plano final, desfila ante nuestros ojos no solo la imposible historia de amor de Viktor y Zula  sino la terrible tragedia de unos países castrados en lo mejor de su juventud durante muchos, muchos años. Como decía en una entrada anterior. Si solo han de ver una película este año, que sea esta.
(Hay un efecto colateral de la película que no me resisto  a destacar. Viktor y Zula se conocen en una escuela de formación de una compañía de bailes y danzas populares estatales promovida por el gobierno comunista para reivindicar la cultura del pueblo por encima de todo. Viendo estos espectáculos no he podido dejar de recordar los famosos Coros y Danzas del franquismo que eran exactamente lo mismo y estaban concebidos con el mismo propósito. Si en la terrible imagen de los coros cantando con el retrato gigantesco de Stalin detrás lo sustituimos mentalmente por el de Franco veremos que las similitudes son mucho mas que formales. Las dos eran dictaduras brutales. Harían bien todos los que levantan el puño y enarbolan banderas con hoces y martillos en informarse un poco de que es lo que están reivindicando. No sea que se encuentren de golpe con un nuevo stalfranquismo o incluso, en clave local, un stalcarlismo).


sábado, 29 de septiembre de 2018

EL REINO



(He dudado mucho en poner un cuadro tan bonito de Ramon en compañía de una historia tan detestable, pero luego he pensado que Rodrigo Sorogoyen y todos los que han hecho la película sí se merecían el regalo. Se trata de uno de los cuadros de la serie La corona d’un re donatore, del 2009)
“Una puesta al día del mejor cine político italiano. Un ritmo del mejor cine político americano. Sin dejar de ser intensamente española.” Escribí estas tres frases al salir del pase de El reino, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen.  También escribí: “Me gustó mucho mas de los que esperaba. Solo un apunte del título, más que El reino yo la habría titulado El chiringuito, porque eso es lo que estos canallas tienen montado.”
Un chiringuito en toda regla para robar a manos llenas del erario público sin despeinarse un pelo. Y lo que es peor, sin tener conciencia de que hacerlo está mal. “Yo pensaba que era lo normal” o “Tú habrías hecho lo mismo”, son algunas de las cosas que se suelen decir para justificar estos comportamientos mafiosos. En su presentación en el Festival de San Sebastián se ha preguntado insistentemente a Rodrigo y su equipo  porque no se nombra nunca el Partido Popular en la película. Me parece obvio. No se trata de denunciar a un partido en concreto, sino de poner en evidencia un problema sistémico. Manueles López Vidal hay en todos los partidos: los unos y los otros, los del 3% y los de la trama Gurtel; los de los Eres y los que simplemente se aprovechan de la ingenuidad de la gente para otorgarse sueldos desproporcionados con sus méritos. Todo es corrupción y todos somos un poco corruptos. Eso es lo importante de este film. Eso y responder a algunas preguntas como, por ejemplo, ¿Qué pasa cuando estos políticos se marchan a casa? ¿Cómo se comportan con su familia, con sus amigos? ¿Qué hacen en las comidas de trabajo? Bueno, en las comidas de trabajo se sabe bastante lo que hacen gracias a la insana costumbre de grabarse unos a otros. Pero lo demás es un misterio que el reino nos desvela un poco demostrando que son gente normal, de los nuestros, como usted y como yo, que han sabido ver en una situación determinada una oportunidad y no han calculado las consecuencias. En este chiringuito de desaprensivos no se salva nadie. Ni siquiera la periodista estrella que persigue a su objetivo hasta acorralarle en una secuencia antológica. Hay mucho cine en este espléndido guión, en el uso de la música que pone de los nervios hasta que te das cuenta de que es un personaje más, en ese retrato de una violencia moral que está más extendida de lo que nos gustaría creer. El reino no necesita mucha publicidad, se la hacen todos los días los telediarios, la comparecencia de José María Aznar en el congreso, los juicios y sus delaciones, los favores concedidos a cambio de (no siempre de dinero, a veces de votos). Pero lo mejor es que todo esto que en un determinado cine político sería insoportable, en manos de Sorogoyen y su equipo se convierte en un magnífico espectáculo. Cine popular, comercial, del mejor. Un thriller en toda regla, cine negro. Necesario y útil. El reino (o el chiringuito) será una de las películas españolas del año.
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Por si no estábamos convencidos de su dimensión universal y actual, mas allá de la traición y el sálvese quien pueda, estas últimas semanas nos están ofreciendo un culebrón en entregas de la corrupción en todas su variantes: másteres, casas compradas de forma como mínimo extraña, chanchullos de te doy mi voto si me quitas a ese fiscal. El reino es tema de todos los días, sobre todo en esa variante de “cuídate de tus enemigos, pero más de tus amigos, sobre todo si son compañeros de partido”. Ojala se hagan muchas más películas como ésta.





sábado, 22 de septiembre de 2018

CUATRO HOMBRES



(un caballo de Ramon para Brady)
Brady (el cowboy)
The rider es una película de piel, de emociones, de paisajes, de ocaso de una forma de vida que desaparece. Es la historia de un jinete de rodeos que ha nacido para eso, para montar a caballo, recorrer las praderas. Es la vida del personaje de ficción y el personaje real que son uno. Porque el The rider cuenta la historia del Brady real, con su hermana Lily, su padre, su amigo Lane Scott. Es una documental convertido en ficción o una ficción que nace de la realidad. Brady Jandreau es Brady Blackburn, y su historia es la del accidente que le alejó para siempre de los rodeos y su imposibilidad de vivir lejos de ese mundo. No es una película nostálgica ni melancólica, pero si es profundamente romántica. Brady, el de verdad y el de la ficción, es un joven indio nacido y criado en la reserva de Pine Ridge en Dakota del Sur, donde viven los indios de la tribu de los Lakotas. “Hay cosas que no se hacen por el dinero que se puede ganar, hay cosas que se hacen solo por las ganas de divertirse…he salido de esos corrales muchas veces entre los gritos de la gente montando un toro o un caballo enloquecido que se retorcía debajo de mi, y siempre he sentido lo mismo. Durante unos segundos eres mucho más que cuando paseas por la calle o comes o duermes. Quizás sea algo que no se puede explicar a una mujer.” Son palabras que dice Robert Mitchum en un film de 1952 que se ha citado mucho en las críticas a The rider, Hombres errantes, de Nicholas Ray. Pero en este caso si ha sido una mujer la que ha entendido lo que le sucede a este jinete. La joven china Chloe Zhao ha sabido captar esa mezcla de tristeza y orgullo, de amor y deseo, de vínculo con un paisaje, con una tierra, con un horizonte. Le copio a Marta Medina el titular de su estupenda critica El confidencial, aunque con un ligero cambio: “Si solo puede ver una película esta semana (ella dice este año) … que sea esta maravilla”.

 (el auténtico Willi Herold, tenía 21 años cuando fue ejecutado en 1946)

Willi Herold (el capitán)
Me resulta difícil hablar de este personaje, de esta película. Pero creo que tengo que hacerlo. No solo porque pienso que es una buena película, sino porque me parece importante conocer a Willi Herold, un soldado alemán desertor que los últimos días de la guerra, huyendo de sus perseguidores, encuentra un uniforme de capitán del ejército y al ponérselo no solo asume una nueva identidad sino que con la máscara puesta construye un personaje que es compendio de lo peor que generó el nazismo: la crueldad gratuita, la arbitrariedad del poder, la manipulación de los que considera inferiores. El horror en estado puro. Saber que está basado en un personaje que existió y cometió esas barbaridades, es aun más espeluznante porque nos pone frente a una idea terrible: cualquiera puede dejar aflorar al monstruo que se esconde detrás de una máscara y lo que es peor, la banalidad del mal de la que hablaba Hanna Arendt no era exclusiva de los mandos militares y políticos. Hubo mucha más complicidad en el horror entre la población civil de la que a muchos alemanes les gusta reconocer en la revisión de la historia. La película está rodada en blanco y negro porque en colores sería insoportable, fue tan dura de filmar (algunos actores rompían a llorar durante el rodaje) como de ver. Pero es hermosa, si, lo es en su maldad y en su frialdad y sobre todo es necesaria. Si van a verla, quédense a los títulos de crédito, donde vemos al joven Willi al frente de su tropa de depredadores circulando por una ciudad alemana de ahora mismo sembrando el terror entre los ciudadanos. Una lección de historia.


(un icono de Ramon)
Jacques (el periodista) 
¿Una película sobre apariciones de la virgen? ¿Mande? ¿A estas alturas? Pues si una película sobre la aparición de la virgen, pero… y ahí está lo interesante, contada desde la mirada de un hombre que no cree, pero respeta. Jacques viene de sufrir una pérdida terrible, su mejor amigo ha muerto mientras los dos cubrían una de esas guerras que pasan lejos y que desgraciadamente de tan cotidianas ya ni salen en los telediarios. Jacques está herido en el alma. Y eso le lleva a aceptar presidir una comisión de investigación del Vaticano sobre la supuesta aparición de la virgen que una chica de 18 años afirma haber visto en un pueblecito del sur de Francia. Jaques llega sin ideas preconcebidas en ningún sentido. Es un periodista y lo que quiere saber no es la verdad, eso es muy difícil, sino los porqués. La película le sigue en este viaje de investigación donde vemos como Anna, la chica que ha visto a la virgen, se consume ante sus ojos y los nuestros víctima inocente de sus propia ingenuidad, de su propia historia y del abuso de los que la rodean. Hay tres cosas que no es La aparición: no es maniquea, no es mística, no es previsible. Y hay una que si es: una curiosidad.




(una estrella de Ramon)
Juan (el gaucho/guaraní)
Testigo de otro mundo se estrenó la semana pasada, pero la recupero esta porque también es una historia de un hombre, Juan Pérez, protagonista de un encuentro (aparición) con seres extraterrestres cuando era un niño de doce años en medio de la Pampa argentina. Este hecho marcó toda su vida y llamó la atención del documentalista Alan Stivelman que decidió averiguar qué había pasado con Juan cuarenta años después. Desde el punto de vista cinematográfico no deja de ser un documental muy convencional, casi televisivo, pero desde el punto de vista del personaje, ese Juan de cincuenta años, que aun no es capaz de entender que le pasó entonces, es muy interesante. Stivelman se sitúa en segundo plano y busca no solo entender, sino ayudar a Juan. Y ello les lleva a los dos a conocer una comunidad de indios guaraníes, de donde viene la familia de Juan, en la que el hombre acabar por aceptar lo que le sucedió al enmarcarlo en una creencia más amplia, mas colectiva, que le ayuda acerrar el círculo de su soledad y su diferencia, en definitiva de su vida. Testigo de otro mundo es un documental sencillo en su forma y complejo en su contenido. Abre puertas y no solo las de la ciencia ficción.




sábado, 15 de septiembre de 2018

PENELOPES



(no se si Ramon pensaba en Penélope cuando hizo este cuadro magnifico, pero a mí me gusta imaginarme que podía serlo)
1
Últimamente he vuelto a ver varias películas antes de escribir de ellas: Yucatán, Las distancies, y ahora Penélope. Es muy interesante este volver a un films que ya has visto. La película es la misma, el que cambia eres tú. Cada vez que la ves eres distinto. Y eso, se proyecta en la pantalla de alguna manera. En el caso de la Penélope de Eva Vila, la vi hace casi un año. Entonces le escribí a Eva unas líneas que me parecían resumían la pelicula y eran sencillas para explicarla: “Una versión de La Odisea de Homero en la que Penélope es una mujer muy vieja que encarna la sabiduría, la tierra, los orígenes, lo perdurable y verdadero, y Ulises es un hombre perdido que vive en una ensoñación. Todo ello enmarcado en una Ítaca que es una Montaña Sagrada y mágica (Montserrat) y un palacio que es un pequeño pueblo de la Catalunya rural con sus tradiciones, sus fiestas y sus gentes entrevistas siempre desde la casa de esa Carmen/Penélope que lo llena todo con su humanidad.”
Volví a ver la película hace unos días en unas condiciones inmejorables. En el cine Phenomena de Barcelona, con una proyección y un sonido impresionantes que revalorizan el trabajo de Eva hasta casi convertirlo en otra cosa. Hay películas, muchas, que se pueden ver en un ordenador o una tele sin que pase nada. Pero hay otras que piden desean, necesitan, la pantalla grande. Penélope es de estas. Los paisajes invernales de esa Catalunya profunda y antigua, la montaña de Montserrat con sus caminos de piedra, provocan sensaciones románticas de brumas y melancolía. Pero también la casa de Carmen/Penélope desde la que vemos, a través de las ventanas, el mundo de fuera, la vida, la realidad en la que ella ya no participa. La profundidad de campo desde la oscuridad de la casa a la luz del paisaje es magnífica. Ya me había gustado la película, pero verla en estas condiciones me hizo disfrutarla mucho mas. La Odisea está presente en los versos que va desgranando una voz en off  que transmite la grandeza del texto. Pero lo mejor de todo es como el poema homérico se ajusta como un guante a una realidad cotidiana y casi documental, la de una mujer muy vieja que cose y escucha la radio y se ríe y espera en un pueblo al que llega ese Ulises desmemoriado que intenta recuperar su vida, su vieja casa, su pasado perdido. Penélope es una película especial, una historia de ahora mismo enraizada en el tiempo. Una mujer que espera, un hombre que vuelve, un paisaje…

2
Ver la película esta semana de la Diada me ha hecho pensar en una extraña similitud. De repente me he encontrado pensando que la Catalunya soberanista es una Penélope que teje y desteje manifestaciones año tras año, esperando que algún día vuelva a casa ese Ulises/Independencia que lleva años (por lo menos siete) viajando a Ítaca sin llegar nunca, y cuando parece que lo va a hacer, se esconde avergonzado para que no le vean ni le reconozcan y vuelve a salir huyendo.

3
La tercera Penélope de la semana es , of course, Cruz. Penélope Cruz es Laura, la protagonista del melodrama rural irano/castellano que ha construido Ashgar Farhadi en nuestro país. Todos lo saben es una película coral que tiene como centro a Laura y a Paco, es decir Penélope Cruz y Javier Bardem. A su alrededor circulan una serie de personajes importantes para la historia: el apagado Darín, el sólido Eduard Fernández, la potente Elvira Minguz, la dura Bárbara Lenni o la dulce Inma Cuesta. Pero es Laura, la madre, la que polariza las miradas. Drama rural que a veces parece un culebrón y otras una tragedia griega, lo de menos es saber el quién y el porqué de lo que pasa. Hay que dejarse llevar por los sentimientos que van aflorando en ese pueblo atávico lleno de rencillas antiguas, en esa familia patriarcal donde mandan las mujeres, en esas relaciones ocultas que se arrastran durante años. Torrelaguna no está tan lejos de Irán aunque las mujeres no vayan cubiertas por un shador. Pero, si, tengo un pero. No es importante y es producto más de mi propia exigencia que de la propia película. Farhadi nos tiene acostumbrados a un nivel en su cine cotidiano y feroz que entiendo es difícil conseguir si ruedas en otro idioma, no en otra cultura, insisto, ese pueblo castellano no esta tan lejos de cualquier pueblo iraní. Pero, y reconduzco mi pero, la inseguridad del director la cubre con creces la fuerza de Penélope Cruz, una Actriz con mayúsculas. Por ella, aunque también por un par de secuencias estupendas de Bárbara Lenni y por escuchar la canción que canta Inma Cuesta al final, vale la pena no perderse esta película.



sábado, 8 de septiembre de 2018

AMIGOS/AMIGAS


 (Berlín, una ciudad sin centro)
Cuando vi Les distancies en el BCN Film Fest, escribí estas líneas en el blog: “El Berlín de Les distàncies, es un Berlín de vida cotidiana donde aterrizan cuatro amigos para darle una sorpresa a un quinto que vive en la ciudad desde hace años. La segunda y esperada película de Elena Trapé es un retrato de la decepción, la sensación de fracaso de una generación, la que tiene entre 30 y 40 años, que ha visto como se iban derrumbando una a una sus ilusiones y esperanzas. Pero el que sus personajes se sientan acabados no quiere decir que la película sea pesimista. El solo hecho de existir es la prueba de que no hay derrotas posibles. Siempre se puede hacer frente a lo que no funciona. Volveré a ella cuando se estrene en otoño”.
Bien, no ha llegado aún el otoño, pero si toca volver a ella. Para empezar la ví de nuevo. Quería comprobar si la sensación de decepción profunda que me habían dejado los personajes seguía estando ahí. Y si, lo estaba, pero por suerte, compensada ya no solo por la propia película, sino por los actores y la directora a los que tuve ocasión de entrevistar para el programa La Cartellera de BTV. Su entusiasmo, su alegría, sus ilusiones y sus ganas de vivir y de trabajar eran el mejor antídoto ante el fracaso y el desencanto de sus personajes. En esta segunda visión entendí mucho mejor porque Berlín era el lugar ideal para contar esta historia descentrada de soledades compartidas. El Berlín de Elena no es el de Victoria, la película protagonizada por Laia Costa, ni el de la Julia de Elena Martí. Comparte con ellas paisaje, pero no atmósfera, tiene en común personajes (españoles de nueva generación que intentan construir sus vidas en una Europa que no debería ser sentida como ajena). Pero este Berlín es más triste, más gris, más impersonal, más duro. Es un Berlín de invierno, donde la falta de luz produce la falta de energía. En este contexto viven estos cinco personajes su desencuentro personal y colectivo. Hay otra cosa que distancia estas distancias de las otras dos pelis berlineso/catalanas. El momento en que fueron escritas (no rodadas). Elena Trape empezó a escribir el guión en el año 2011, en plena crisis económica, en plena crisis de valores, en plena crisis de todo. Sus cinco amigos nacen de esa crisis que siete años después, en el momento de su estreno, ya es otra. Por eso el film es tan interesante. El tiempo que ha pasado ha hecho que deje de ser un retrato generacional para convertirse en una lección moral. Lo que les pasa a los amigos en ese fin de semana berlinés y solitario donde deben enfrentarse a un pasado que ya no existe y afrontar un futuro que se adivina incierto, este arreglo de cuentas con tu propia vida para ver si “has hecho los deberes o no”, como dice uno de los actores, es algo que va más allá de la gente de 35 años y se puede aplicar a cualquier edad y a cualquier circunstancia. Y es esa pregunta, en la que nos sentimos interpelados todos, donde este film de silencios, miradas, paseos, ventanas cerradas y puertas que se entreabren, adquiere su grandeza y trasciende su historia.


( dos chicas de Ramon que, aunque son rubias, podrían ser Carmen y Lola)

Estamos de suerte porque esta semana se ha estrenado, además de Les distancies, otra película española  dirigida también por una mujer. Se trata del debut como directora de Arantxa Echevarría, Carmen y Lola. Reducir su importancia a un simple enunciado del argumento, dos adolescentes gitanas descubren su lesbianismo a través de su amor y se enfrentan a su comunidad con todas las consecuencias, es reducir mucho el interés del film. Es cierto, las protagonistas son dos chicas de 16 y 17 años que se enamoran casi sin darse cuenta, como lo hacen los adolescentes de cualquier edad, sexo o raza. El hecho de ser gitanas (o mercheras, como se ha encargado de aclarar una de ellas) las condiciona sin duda. Deberán enfrentarse a los tabúes normales de la sociedad agravados por los tabúes propios de su gente. Pero lo que hace que el film sea interesante no es la historia. A mí lo que me gusta de esta película es el uso de los espacios, del paisaje de ese Madrid de extrarradio que enmarca a estas dos chicas: los edificios donde viven, las calles, el mercadillo, los lugares secretos que buscan para sus encuentros, inocentes al principio, donde la única transgresión es fumar, cada vez más íntimos. Me gusta como visten y como hablan Carmen y Lola, la vitalidad que les dan Rosy Rodríguez y Zaira Morales. Me interesa ver cómo se comportan sus madres y sus padres, más allá de si son gitanos o no. Me aterra esa iglesia de evangelizadores exorcistas que tanto daño hace entre los sectores más vulnerables de la población. Me asusta la ignorancia respecto a la importancia de estudiar y formarse, actitud que no es solo patrimonio de los gitanos. Y me gusta ese final feliz que no lo es. Las chicas consiguen estar juntas, sí. No me importa desvelarlo. Y no me importa porque me parece muy importante darles una salida aunque en realidad sepamos que no será fácil que puedan seguir siendo mucho tiempo Camen y Lola y acabaran siendo Carmen, Lola y el mundo.
Al acabar de escribir estas líneas me doy cuenta de que hay un rasgo común entre estas dos películas tan distintas entre sí: las dos contradicen con su propia existencia las historias de fracaso o de intolerancia que cuentan. Estupendo.