domingo, 25 de junio de 2017

SUEÑO



(sueño de una noche de verano)

En la noche más corta del año, también la más sonora y desde luego la más calurosa, he tenido un sueño. He soñado que todo se solucionaba. Pero lo he olvidado nada mas despertarme. Es lo que suele pasar con los sueños, se quedan en ese mundo paralelo en el que vivimos un tercio de nuestra vida. Ese otro territorio con su geografía, su urbanismo, sus habitantes ¿No tienen la sensación de que los escenarios se repiten, los espacios son  los mismos aunque las situaciones sean distintas? Yo sueño con una casa que conozco tan bien como la mía. Sé donde esta cada habitación, lo que hay detrás de las puertas, hasta donde llega el jardín de atrás que se confunde con un bosque. Es una casa amiga, aunque a veces me pasan allí cosas que no entiendo. También sueño con una ciudad. No se parece a ninguna otra. Es una ciudad que he inventado para mi y en la que me siento segura.
No sé porque me ha dado hoy por hablar de los sueños. Quizás porque es San Juan y anoche se celebró en Barcelona la verbena con todo su esplendor de petardos, castillos de fuegos, y hogueras. Todo muy controlado, todo reglamentado No, la ciudad en la que sueño no es Barcelona desde luego. Barcelona sigue siendo mi ciudad. No viviría en ningún otro sitio. Pero no es mérito suyo, es demérito de la mayor parte de ciudades que conozco, tanto si son más grandes (difíciles para vivir) como si son las pequeñas (sociedades controladoras). Pero Barcelona no se parece a mi ciudad soñada. En Barcelona hay demasiadas  reglas absurdas que dificultan la creatividad, la variedad de miradas y de comportamientos. Todas las terrazas (las pocas que van dejando) tienen que ser iguales. Los coches son apestados a los que hay que expulsar de la ciudad, aunque nadie se preocupe de que el transporte público funcione (el jueves fui a la parada del 45, uno de los autobuses que me trae a casa desde el centro, en la pantalla figuraba que iba a tardar ¡23 minutos!, me fui andando naturalmente). Se puede decir que la ciudad vela por mi salud y me hace caminar, pero no: la ciudad quiere que vaya en bicicleta y si no me gusta, no sé o me da miedo, te fastidias.
Esta semana ha saltado a los periódicos un tenebroso asunto de corrupción urbanística local y a pequeña escala. Un piso de la Barceloneta de 30 metros cuadrados  se alquilaba a turistas por 250 euros la noche. El que lo alquilaba era un inquilino, no el dueño, lo que convertía el negocio en un robo organizado. Los medios de comunicación se pusieron inmediatamente del lado de la dueña del piso. Pero yo me pregunto si el origen del problema no viene de más lejos. ¿Es lógico, y ético que ella cobrara 950 euros mensuales de alquiler por 30 metros cuadrados? La primera que especulaba era ella. Y esto me lleva a una segunda reflexión: si hay turistas dispuestos a pagar 250 euros por noche en 30 metros cuadrados, debe ser por algo. Sí, porque no hay hoteles en esta ciudad. Y la idea es que aun haya menos. Los hoteles darían trabajo a mucha gente, pagarían impuestos y ofrecerían un servicio que un apartamento de 30 metros no da. Acabar con la especulación en todo el espectro urbano y construir hoteles sería una buena solución para mejorar la ciudad.
Me he ido por las ramas en esta mañana de San Juan. Debe ser la resaca no de coca y cava, sino de un año agotador. Y no he hablado del procés. En mi ciudad, en mi casa de los sueños, el procés no existe. A lo mejor por eso me gusta dormir y soñar que estoy allí y no aquí.




(un águila preciosa que ha dibujado Ramon para mi)

Bueno y de cine, solo una película puedo recomendar. Entre otras cosas porque aun no he visto el estreno de la semana ese Wonder woman que es el primer blockbuster del verano. De todo lo que se estrena hoy, me gustaría destacar Hermanos del viento, de Gerardo Olivares. Es una docuficción en los Alpes. La historia es la de la amistad entre un niño y un águila. Los paisajes son espectaculares (y frescos), los animales magníficos. La historia previsible. Pero todo junto hace que sea un film que juega a los tópicos de superación y de supervivencia (comer y ser  comido, lucha por el territorio) pero con una lección final que me gusta mucho. Educar es dar las herramientas para tener criterio propio, para saber defenderte en el mundo sin necesidad de atacar a los demás. Educar  es querer y ser generoso para dar la libertad. Muchas veces se confunde educar con adoctrinar, educar con convertir en adeptos, fieles que siguen las ideas del jefe, sea el padre, sea el maestro, sea el jefe de la tribu o el president(e).Lukas, el niño, aprende a educar a Abel, el águila, para que pueda vivir en libertad en las montañas mientras él mismo aprende a vivir en libertad entre los suyos. Es muy bonita, de verdad.


sábado, 17 de junio de 2017

NOMBRES DE MUJER







María José (Cartas de la guerra)
Terrence Malick, Miguel Gomes, Francis Coppola y un poco escondido, Manoel de Olivera. Estos son los referentes declarados de esta película epistolar. Palabras mayores, nombres que obligan a mirarla con un cierto respeto y, porque no, alguna suspicacia. Cuando se invocan nombres como los de estos cuatro directores hay que tener cuidado. Pero el nombre de mujer que nos interesa aquí es el de María José. A ella dirige sus cartas desde la guerra el joven médico Antonio. El año es 1971, la guerra, la  última guerra colonial africana, la que Portugal mantuvo en Angola entre 1960 y 1974. Malick aparece en el uso de las dos voces en of que leen las cartas que Antonio envía a su mujer durante los años angoleños. Cartas llenas de amor, de poesía, de deseo, de aburrimiento y desesperación al mirar a su alrededor. Miguel Gomes está presente en el blanco y negro con el que filma ese África tan poco aventurera, tan banal, tan monótona. Angola, donde rodaron durante cuatro interminables semanas, es un paisaje hermoso en su desnudez de exotismo. Coppola, su referencia es mas de ideas que de imágenes. Antonio como Willard se adentra en el corazón de las tinieblas buscando una razón que justifique porqué está ahí. En cuanto a Oliveira… la guerra de Angola que provocó el final de la dictadura de Salazar, no ha tenido reflejo en el cine portugués, es una asignatura pendiente. Con una excepción: el fragmento angoleño de la estupenda No, o la vana gloria de mandar. Me olvidaba decir que está basada en el libro Cartas de la guerra (Correspondencia desde Angola), de António Lobo Antunes.



(Eleanor Coppola en una foto reciente)

Eleanor  Coppola (París puede esperar)
Era cuestión de tiempo que Eleanor Coppola se tomara una dulce venganza contra su famoso marido.  Mas de cincuenta años al lado de una personalidad como Coppola, aguantando el tipo frente a toda clase de huracanes físicos y emocionales, merecían un regalo. Y el regalo se lo ha hecho Eleanor a si misma con esta película feliz, luminosa, que huele a lavanda y circula plácidamente como el río Ródano donde ambienta un delicioso picnic. París puede esperar tranquilamente a que Diane Lane, alter ego de Eleanor, llegue después de un viaje por el tranquilo campo francés. Saltando de restaurante en restaurante, de hotel en hotel, de postal en postal. ¡Qué importa! Lo que importa es ese viaje sin prisas de una pareja que no tiene ninguna otra relación que la de disfrutar de su propia compañía, flirtear tontamente, comer, beber y hacer fotos, muchas fotos. Estoy segura que cuando todos llegaron a París, en la ficción y en la realidad, tenían varios kilos de más y sobre todo tenían la memoria de un viaje inolvidable. Justa venganza contra el Gran Señor, ausente y desamparado con sus calcetines cambiados. Una advertencia, si buscan algo mas, no vayan. Esta película es un divertimento ligero, snob, de ricos sin complejos. No hay ninguna pretensión reivindicativa, ni cinematográfica. Tan solo el placer de cruzar un país civilizado y hermoso. Altamente recomendable para los que disfrutan viajando por delegación.   



(arquitectura en Berlín)
Julia (Julia Ist)
Cuando vi Julia Ist en el festival D’A escribí un texto que recupero ahora que la película se estrena en salas. No se la dejen perder.
Las amigas de Ágata, proyecto colectivo de un grupo de estudiantes (chicas) de la Universitat Pompeu Fabra, ya dejaba ver que había ahí mucho talento en proceso de formación. Elena Martí era la Ágata del título, y es ella también la protagonista de su primera película como directora, Julia Ist. Ella es Julia, ella es Elena. Julia se pone delante de la cámara y expresa sus dudas sobre qué hacer con su vida. Ha decidió irse a Berlín con un Erasmus, pero eso significa romper con su confortable mundo barcelonés. Julia descubrirá en Berlín una ciudad donde sus ideas sobre urbanismo se consolidan y toman cuerpo y descubrirá también que no es necesario quedarse en un sitio para que su influencia te dure toda la vida. Quizás si Julia se quedara en Berlín no llegaría a hacer lo que seguramente hará en Barcelona al volver. Elena está detrás de la cámara y ella no duda. En ningún momento. O al menos eso parece por la seguridad que demuestra en todo. No parece una primera película, y sin embargo lo es. Y lo es en su frescura y su falta de pretensiones, y en la ligereza con la que se acerca a un tema tan importante como: ¿Qué hago con mi vida?  Le agradezco mucho a Julia y a Elena que no hayan caído en el discurso del que se tiene que ir fuera. Julia se va a Berlín a aprender, Elena se va a Alemania a aprender. De eso trata el irse fuera. No solo de tener un trabajo. Una pregunta me rondaba la cabeza al salir de la proyección. ¿Por qué no la seleccionaron en el Festival de Berlín? Quizás por eso mismo. Porque no habla de la crisis directamente, porque no es abiertamente política”.


(mi hermana Flora)
Chavela (Chavela)
Chavela es Chavela Vargas. Una mujer tan poco ejemplar como excepcional. La mejor cantante mexicana de los últimos treinta años. Chavela es un documental sobre ella, mejor dicho, con ella. Una larga entrevista realizada en 1991, cuando tenía 71 años, había dejado de beber y había empezado a cantar de nuevo, es el punto de partida de este film que se mueve hacia delante y hacia atrás de esa fecha clave. Los que conozcan sus canciones disfrutaran con su historia, los que no las conozcan, aprovechen para ponerse al día con su música. Pero para mi, esta mirada sobre Chavela Vargas ha significado algo más. Me ha traído a la memoria el México de mi infancia, pero sobre todo, me ha recordado a mi hermana Flora. Flora murió el año pasado a la edad en que Chavela resurgía de las cenizas, 72 años. Mi hermana era una mujer excepcional en muchos sentidos. No como Chavela, pero si en otros. Viendo el documental, pensaba que en algunas de esas actuaciones de Chavela que se utilizan en la película, quizás estaba mi hermana, o algunos de sus tres hijos. Las canciones en la voz desgarrada de Chavela Vargas me han provocado un profundo sentimiento de ausencia.



sábado, 10 de junio de 2017

DISCURSOS

Esta semana sigue sin haber películas que me entusiasmen. En cambio la realidad ha sido bastante peliculera, si me permiten la expresión. He encontrado dos discursos en el cine que podían ser dos discursos en la realidad. Por eso , cualquier parecido con la realidad NO es casualidad.
(he utilizado fragmentos de dos dibujos de Ramon que demuestran hacia donde nos conducen entre todos)




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Sir George Wheeler, el jefe de filas conservador en el Parlamento Británico, que acaba siendo un topo soviético en El hombre de Mackintosh, John Huston, 1973

“El Dr Johnson dijo que el patriotismo era el último refugio del sin vergüenza. Si eso es verdad, tienen ante ustedes a un canalla. Al descubierto y avergonzado.
Solo que para mí, el patriotismo, no es un refugio sino una posición ventajosa que defiendo y de la que me enorgullezco. Siempre, a lo largo de los 25 años que soy miembro del Parlamento, esa ha sido siempre mi primera prioridad. Mi gran prioridad, mi primer esfuerzo y deber, y a mucha honra
Nuestra nación ha resistido envites extranjeros durante siglos, pero hoy nos enfrentamos a un enemigo más sutil y potencialmente mucho más peligroso. Me refiero a nuestra complacencia, permisividad, y con demasiada frecuencia, entusiasmo para renunciar a esos valores por cuya salvaguardia muchos hombres dieron la vida. Debemos luchar amigos míos, debemos luchar contra todos los que quieren socavar nuestra calidad de vida británica, ya sean pistoleros callejeros, elementos subversivos extranjeros o hombres débiles de nuestra propia clase política.”




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Frank Underwood en la tercera temporada de House of cards, cuando hace un discurso a la nación. El cínico y ambicioso Underwood afirma que no se presentará a las elecciones y por eso puede llevar el país a la ruina diciéndoles la verdad. La verdad es que les miente y si se presenta a las elecciones.

“Durante demasiado tiempo, en Washington les hemos estado mintiendo. Decimos que estamos aquí para servirles, cuando en realidad nos servimos a nosotros mismos. ¿Y por qué? Estamos motivados por nuestro propio deseo de ser reelegidos. Nuestra necesidad de permanecer en el poder eclipsa nuestra tarea de gobernar. Pero eso acabará esta noche. Esta noche, les diré la verdad.
Y la verdad es esta: el Sueño Americano les ha fallado. ¿Trabajar duro? ¿Seguir las normas? Eso no les garantiza el éxito. Sus hijos no tendrán una vida mejor que la suya, Diez millones de ustedes ni siquiera tienen trabajo, aunque lo deseen desesperadamente. Nos han perjudicado la Seguridad Social, Medicare, Medicaid, el bienestar, los derechos sociales. Y esa es la raíz del problema: los derechos sociales.
Voy a ser muy claro: no tienen derecho a nada. No tienen derecho a nada.
Estados Unidos se construyó sobre el espíritu de la industria. Ustedes construyen su futuro. Nadie se lo da. Y el problema con Washington es que no les hemos dado las herramientas necesarias para construirlo. La única forma que tenemos de servirles, es dándoles los medios para servirse a ustedes mismos. Pues eso es exactamente lo que pretendo hacer. Nada de limosnas. Trabajos. Trabajos reales con salarios reales.
En pocas semanas, la dirección demócrata presentará un programa llamado América Trabaja. Su objetivo es simple: conseguir que los diez millones de estadounidenses que están en paro puedan trabajar. Todos ellos.
Si desean un trabajo, tendrán un trabajo. El coste es de quinientos mil millones de dólares. Ya sé que es mucho dinero. Para pagarlo, hay que replantear la Seguridad Social, la sanidad y las ayudas sociales desde cero. No podemos mantener el estado de bienestar tal como lo conocemos. No es una medida muy popular. Ningún candidato a la presidencia se atrevería a decir estas palabras. Todo asesor, consultor y miembro del gabinete suplicaría a un candidato presidencial que no las dijera.
Pero yo puedo hacerlo, porque no voy a presentar mi candidatura demócrata en 2016."

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¿Y el cine? Mal gracias. Esta semana se estrenan dos películas que a priori eran interesantes y a posteriori han resultado decepcionantes.
American Pastoral reduce la  novela fundacional de Philip Roth a un insulso melodrama familiar.
El sueño de Gabrielle solo se salva por la voluntariosa interpretación de Marion Cotillard, capaz de brillar incluso en medio de una telenovela barata y de Álex Brendemühl que se consolida cada vez mas como el heredero de Paco Rabal en el cine europeo.

Hay otro estreno que promete y no decepciona. Se llama Testigo es la primera película de un joven director francés, Thomas Kruithof. Es un thriller político que bebe en el cine negro de Melville. Con un personaje que podría haber hecho Delon aunque François Cluzet, con su apariencia de hombre normal, es mucho más inquietante. El director demuestra que con un actor estupendo, una mesa, una máquina de escribir y un guión que hurga en las cloacas del estado, se puede hacer una película muy interesante. Y muy actual. ¿Quién nos garantiza que no hay un montón de Duvales escuchándolo todo en todas partes? El título original es La mecánica de la sombra y es eso precisamente lo que hacen estos guardianes de la seguridad nacional. Estar en la sombra y usar la mecánica para arrogarse la potestad de decidir que nos conviene o no a los pobres ciudadanos. “Yo dirijo un organismo de vigilancia y control que defiende los intereses de nuestro país”, afirma el malo de la película. Pero ¿quién decide cuales son los intereses del país? Buena pregunta, no creen.

sábado, 3 de junio de 2017

CANNES, FRANCIA

Esta semana se estrenan por lo menos diez películas.  Algunas no las  he visto y de las que he visto ninguna me gusta lo suficiente como para hablar de ella en este blog de gustos y de propuestas personales.
Así que he decidido hablar de un libro que estoy leyendo. Aun no lo he terminado, pero ya puedo comentarlo. Entre otras cosas porque está relacionado con la actualidad. O casi.



Se trata de Sélection officielle, Journal, de Thierry Frémaux, el todo poderoso delegado general del Festival de Cannes, que cerró las puertas de su 70 edición hace justo una semana.  El libro es un diario personal que comienza el 25 de mayo del 2015, primer día después del 68 Festival de Cannes y acaba el 22 de mayo del 2016, último día del 69 Festival de Cannes. Un año en la vida de un hombre que ES el festival.
El libro es apasionante en muchos sentidos. No solo por descubrir los entresijos de la organización del mas grande evento cinematográfico del mundo, sino por ver como se va construyendo una programación paso a paso con todos sus problemas y sus sorpresas.
Sélection officielle tiene un problema para un lector no francés: la abundancia de nombres vinculados al cine de su país que resultan completamente desconocidos para cualquiera que lo lea en otro lugar del planeta. Pero a pesar de eso, hay en sus páginas muchas referencias universales que lo convierten en una lección de historia y de actualidad.
Es cierto que se desprende de este Diario que el Festival tiene sus festivaleros, es decir sus directores favoritos, los “abonnés”, que no necesitan otra presentación  que la de haber hecho una película para estar ahí. Pero también es cierto que entre sus seleccionadores/visionadores, acaban por descubrir cada año algunos nombres nuevos que pasaran a engrosar las filas de los “abonnés”.
De la vida personal de Frémaux se habla poco en este libro. Sabemos que está casado, que tiene un hijo, Víctor (seguramente mas que no aparecen con nombre), que le gusta ir en bicicleta, es un hincha del Olympique de Lyon y adora a Bruce Springsteen. Vive en Lyon donde dirige con pasión el Institut Lumière. Para mi, que no sabía nada de él, descubrir que mantiene esta vinculación con Lyon y con el Instituto ha sido la más agradable sorpresa. Por lo que significa de respeto y cariño al lugar donde has nacido y vivido; por lo que significa de respeto y cariño al cine y sus orígenes sin el que difícilmente se podría mantener respeto y cariño al cine de ahora mismo.
Este Diario no es exactamente un libro sobre cine, ni tampoco sobre el Festival de Cannes. Es el relato de un año de vida con sus claros y sus oscuros, enmarcado en un espacio privilegiado. Leerlo me ha reconciliado un poco con Cannes y sus fastos; con Cannes y sus nefastos.



(me encanta este cartel, por eso lo pongo)

Creo que como final de esta entrada debería recordar un film del que no he hablado y que tanto tiene que ver con Frèmaux y con Lyon. Se trata de Las películas de mi vida, el precioso documental que Bertrand Tavernier dedica a recorrer el cine francés reivindicando muchos de esos directores que la Nouvelle Vague despreciaba y que, con el tiempo, han demostrado su valor y su importancia. Es un viaje sentimental, cinéfilo, personal y evocador hecho por un hombre que antes que director fue crítico y antes que crítico fue espectador. Alguien que, como Frèmaux, nunca ha dejado su vida en Lyon, ciudad a la que está profundamente vinculado.
Ver este film mientras se lee el libro de Thierry Frèmaux es como sumergirse en un mar de cine francés y universal. Uno y otro, por distintos motivos y razones, destilan eso que Tavernier llama La Decencia Ordinaria. Concepto que cada vez me gusta más.
Del documental me quedo con una frase: “Los directores  a veces piensan que con sus películas van a cambiar el curso de la historia. Pero yo prefiero pensar que si con ellas consigues cambiar la vida de dos personas, ya has hecho algo extraordinario.”
Del libro de Frèmaux me quedo con un párrafo que resume muy bien un sentimiento que compartimos los críticos de cine con los programadores de festivales y probablemente con todos los que se mueven en este mundo: “Si estoy aquí es porque me gustaba por encima de todo ver películas y leer libros. Pero ahora no puedo disfrutarlos normalmente. Este tipo de existencia dibuja sus propios límites. Es un clásico que conocen bien los cinéfilos: cuando empiezas a trabajar en el cine, vas mucho menos al cine (o mucho mas en el caso de los críticos). Entrar en una sala para pasar dos horas y olvidar tu vida, es algo que nunca podemos hacer. El trabajo es un placer, pero el placer se ha convertido en trabajo.”

(mi particular Palma de Barcelona para Frèmaux y Tavernier)




sábado, 27 de mayo de 2017

IDEAS



(hace años Ramon hizo una serie de acuarelas sobre El viaje de invierno de Schubert. Me ha parecido una buena elección escoger una de ellas para acompañar este texto.)
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Acabo de leer que el G7 está reunido en Sicilia. Me ha hecho gracia porque justamente esta semana se estrena una película que comienza con una reunión parecida: la de los ministros de economía de los ocho países más poderosos del mundo en un lujoso hotel de la costa alemana. Estas reuniones son siempre misteriosas, aunque no tanto como las del Club Bilderberg del que ya he hablado en otras ocasiones. De hecho, la reunión de los ministros de economía con el director del Fondo Monetario Internacional, tiene más que ver con las que seguramente llevan a cabo los miembros del selecto club de poderosos, que con las mas públicas del G7, que no dejan de ser meras representaciones teatrales. Todos sabemos que las grandes decisiones no se toman ahí, sino en los más secretos y ocultos encuentros entre las gentes que de verdad manejan el mundo: es decir el dinero que no tiene patria ni color.
Pero aun no he dicho que película es. Se titula Las confesiones, la dirige el italiano Roberto Andó y entre su lujoso reparto internacional destaca Toni Servillo, el inolvidable Jep Gambardella de La gran belleza. Servillo y Andó ya habían colaborado antes en un extraño film, Viva la libertad. Ahora el actor italiano se mete en la piel de un monje silencioso, invitado especial a esta reunión secreta por Daniel Roché, el director del Fondo Monetario Internacional, que quiere confesarse esa misma noche, antes de empezar las sesiones de trabajo. A partir de aquí, la película se abre en varias direcciones: thriller con un hombre muerto; suspense línea Agatha Christie; denuncia política; comedia de enredo; drama metafísico. ¿Qué le confesó Roché al monje Salus? ¿Le reveló el secreto de la decisión política que iban a tomar y que afectaría a la economía mundial de forma irreversible? ¿Podría el monje descifrar el enigma de la fórmula matemática, el algoritmo que lo cambiará todo? Misterios y bromas que dejan más preguntas que respuestas. Atención a la banda sonora: el canto de los pájaros que el monje silencioso graba para escuchar cuando está solo; El Viaje de Invierno de Schubert, con su melancolía y su aire romántico; Walk in the Wild Side, de Lou Reed, canción que define muy bien el lugar por donde caminan estos ministros. Sin olvidarnos de la música compuesta por Nicola Piovani.



(un autoretrato de Paula)
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Estamos de suerte, en dos semanas el cine nos ha permitido conocer a dos mujeres pintoras de las que casi nadie sabe nada. Hilma af Klint, en Personal Shopper y Paula en Paula. Paula es Paula Modersohn- Becker. Y Paula Modersohn-Becker es una pintora alemana, de corta vida, murió a los 31 años en 1906, dejando tras de sí una poderosa obra que se adelantaba al expresionismo alemán. La película de Christian Schochow no es exactamente un biopic de esta mujer, una de las pocas artistas (¿tendremos que distinguir a partir de ahora a las artistas de los artistos?) que tienen un museo dedicado a su trabajo. Lo cual no impide que sea casi desconocida y que permanezca en los márgenes de la historia, si no olvidada, si relegada a nota a pie de página. Descubrir la verdadera Paula, despertar la curiosidad por sus cuadros, por su vida, es lo mejor de este film. Más que la película en sí misma. Hay algo en el guión que no me gusta. Me parece un poco reduccionista pensar que la histeria de esta mujer, provocada por la impotencia y el miedo de su marido, sea la causa principal de su obra. Paula ve las cosas de otra manera, por eso las pinta de otra manera. Paula no quiere copiar la realidad, quiere interpretarla. Y no está dispuesta a encerrarse en el academicismo imperante en las escuelas de arte de principios de siglo. Pero su fuerza le viene de una necesidad de pintar irrefrenable. No de la insatisfacción sexual provocada por su dubitativo marido. Me habría gustado que se hablara más de la dificultad de la creación que del machismo. No porque no se tenga que hablar de machismo, pero convertirlo en el tema dominante en la vida de esta mujer, es dejar fuera muchas otras cosas. P.M.B., como firmaba sus cuadros, murió joven. Dejó una hija y 750 pinturas y dibujos. Aunque la película no me guste deasiado, me gusta mucho ella. Y por eso la traigo a este blog.



(Bélgica dividida)
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El rey de los belgas es una película delirante. Parece una comedia de la Ealing, aquel legendario estudio inglés especializado en hacer un cine critico lleno de humor y de inteligencia. Casi podemos imaginar a Alec Guiness en el papel de este rey de los belgas, florero inútil en su país, que acaba encontrando un sentido a su vida. Pero vayamos por partes. La película está planteada como un falso documental sobre ese rey que no tiene papel en el reino. Su consorte, la reina, quiere que sus súbditos le conozcan. Para eso, le encarga a un director de documentales inglés que haga un retrato del monarca mientras lo acompaña en un viaje a Turquía. Esto es el principio del film, porque una vez en Turquía, el rey se entera de que los valones, es decir los belgas franceses, han decidido independizarse de los belgas flamencos, hartos de sus desplantes y sus exigencias. Algo así como que los españoles decidieran independizarse de los catalanes. La crisis es enorme. Pero se ve agravada por una tormenta solar que no deja que los aviones despeguen y además afecta a las comunicaciones. El rey decide, entonces, volver por carretera. Pero ahí empiezan los divertidos problemas para superar fronteras de todo tipo. El rey y su pequeño séquito, filmado sin descanso por el cineasta inglés, atraviesa los Balcanes y acaba en Albania. Durante este inesperado y absurdo viaje descubriremos que ese rey/florero tiene más personalidad de la que pensábamos. Y de paso, también quedará claro que Europa es una realidad mucho más compleja, variada y atractiva de lo que realmente nos pensamos. 

sábado, 20 de mayo de 2017

POLÉMICAS


(La foto se la robo a Manu Yáñez que está en Cannes escribiendo estupendas crónicas/críticas para Otros Cines de Europa y que nos permite Vivir el festival con sus fotos y vídeos en facebook. Espero que no le importe.)
Esta semana ha empezado el festival de Cannes y lo ha hecho con una polémica que me parece muy interesante. ¿Pueden competir en el festival películas producidas por plataformas on line que no se podrán ver en los cines? La reacción ha sido violenta por parte de los distribuidores y los exhibidores franceses. También Pedro Almodóvar como presidente del jurado ha anunciado que, ni por asomo, las dos películas de la sección oficial producidas por Netflix podrán tener la Palma de Oro. Aunque sean las mejores.
Todo junto me parece muy reaccionario y sobre todo, conservador y viejo. 
Este empeño en que las películas se tienen que ver en las salas de cine me parece una cosa del pasado. A ver. Si hubiera salas de exhibición maravillosas, cómodas, con una proyección estupenda, un sonido magnifico, en todas las ciudades y pueblos de España (y quien dice España, dice Europa), quizás estaría de acuerdo en que películas como 2001 o El renacido, por poner dos ejemplos muy distintos, me gustaría más verlas en el cine que en casa. Pero la verdad es que el 90% de los cines de España (y me imagino que de Europa) tienen unas condiciones lamentables de exhibición y las películas se ven muchas veces en muy malas condiciones. Así que, ¿por qué esta insistencia en verlas en salas? Eso sin olvidarnos del precio. Por lo que vale una entrada de cine, 9 euros, tienes  un mes entero de películas y series en buena calidad. Me parece mucho más democrático. Y otra cosa, la mayor parte del cine que se ve en España es doblado y hay muchísimos lugares donde ni siquiera así llega.
Defender que las películas se vean en los cines es una postura egourbana que deja fuera a muchísima gente. Es una posición tremendamente reaccionaria frente a las plataformas que permiten ver las películas o las series dobladas o con subtítulos y además, y eso es lo más interesante, permite que la veas en un remoto y pequeño pueblo siempre y cuando haya cobertura, claro.
El cine del futuro está en esta manera de consumirlo. Las salas seguirán, seguro, pero tendrán que recuperar su función de acontecimiento, de espectáculo como el que tenían  hace cien años. Para ver la mayoría de las películas que se hacen y se consumen en el mundo, las plataformas son el vehículo ideal. Son baratas, son fáciles de utilizar, son variadas y en ellas cabe todo. Lo que hay que impulsar es que se puedan ver en buenas condiciones, en buenas televisiones o pantallas caseras.  O de una forma que me parece que podría ser muy interesante: en comunidad.  Ver películas con otra gente es una de las ventajas de las salas de cine. Pero eso no es incompatible con las plataformas.  Se pueden montar ciclos, charlas, presentaciones,  discusiones. Aquello tan antiguo del cine-club, compartiendo películas en una plataforma: tanto por separado como todos juntos. (Mientras escribía esto me he acordado de Las chicas Gilmore, una preciosa serie de hace diez o quince años. Las chicas Gilmore viven en un pueblecito de Connecticut llamado Stars Hollow. No hay sala de cine. Pero eso no quiere decir que no se vea cine. Cada semana se organiza en el salón de Miss Pathy una sesión para ver una película con un video (aun había videos) a la que acude todo el pueblo y sobre la que se charla, acaloradamente a veces.)
Acabo de darme cuenta de otra cosa: tanto quejarse de la piratería que está acabando con el cine y ahora que se ofrece la posibilidad de ver los productos audiovisuales (ese sería otro tema, la división entre cine, series, televisión es cada vez mas obsoleta) de una forma legal, que poco a poco está acabando con la piratería, salen en tromba para combatirlo.  
Leyendo los periódicos de la mañana del sábado donde se hace referencia al estreno en Cannes de una de las dos películas de Netflix, he pensado otra cosa. Cuando apareció el cine a principios del siglo XX, se dijo que el teatro había muerto. No, simplemente se tuvo que poner las pilas y reinventarse. Cuando apareció la tele después de la segunda guerra mundial, se dijo que el cine había muerto. No, lo que tuvo que hacer fue ponerse las pilas y reinventarse. Ahora se dice que el cine en las salas está en peligro (no muerto), es la oportunidad para que esta forma de exhibición se ponga las pilas y se reinvente.
Cerrarse a esta idea, bloquearla, es ir contra el futuro, es ir contra el progreso. Lo que ha sucedido en Cannes es una advertencia a varios niveles. A los exhibidores para que cuiden sus salas, las modernicen y las hagan confortables y atractivas; a los distribuidores, para que se planteen nuevas formas de vender el cine a través de las plataformas (Filmin es un ejemplo, seguramente muy mejorable en muchos aspectos, pero nadie le puede negar el valor de ser pionera); a los productores para que acepten nuevas reglas de funcionamiento en las que ya no serán los que decidan todo, pero eso no quiere decir que no sigan siendo indispensables. Y a los políticos para que reglamenten este inmenso territorio desconocido de manera que todos acabemos saliendo beneficiados.


(Maureen y los fantasmas versión Ramon Herreros)
Se estrena esta semana la última película de Olivier Assayas que se vio en el Cannes del año pasado. Esa es otra de las rémoras de la exhibición tal como la entendemos. Las películas tardan muchísimo en llegar a los cines y a veces no llegan nunca o lo hacen en malas condiciones. Personal Shopper, film que provocó una agria polémica en Cannes 2016, se estrena coincidiendo con Cannes 2017. Y menos mal porque es una película excelente.
No soy fan absoluta de Olivier Assayas, hay películas suyas que me gustan y hay otras que no me gustan. Pero ésta sí. Esta es de las que me gustan. Assayas se parece cada vez más a Truffaut, y no solo físicamente ni tampoco en trayectoria. Su cine es muy personal y único pero comparte con el añorado François el gusto por el eclecticismo, la mezcla de géneros, no tener miedo a adentrase en terrenos muy codificados para transgredirlos. En este caso el fantástico.
Dos tramas se entrelazan en el film: Maureen, una joven americana en París, vive la tristeza de la muerte de su hermano gemelo, buscando una señal del más allá que le reconcilie con su pérdida. Maureen y su hermano Lewis comparten un don, son médiums. Los fantasmas de la casa donde murió Lewis se manifiestan a Maureen, pero no el fantasma que ella busca. Para ganarse la vida, Maureen  es la personal shopper de una celebrity, una mujer tan ocupada que no puede ir a comprar su propia ropa o complementos. Esto le permite a la protagonista, y de paso a los espectadores, entrar en unos territorios mucho más fantásticos e inaccesibles que los de los fantasmas: las tiendas de lujo, Cartier, Chanel, Dior. Lugares de maravilla a los que Maureen accede como intermediaria, ya que ella, por si misma, jamás podría comprarse nada en esos templos del esplendor.
Las dos tramas se mezclan en la vida de Maureen donde irrumpen Víctor Hugo y sus Conversaciones con la Eternidad o la pintora sueca Hilma af Klint y sus cuadros abstractos inspirados por los espíritus. Pasado y futuro en los mensajes en el móvil que la hacen sentirse acosada, vigilada, mientras circula en moto por Paris o en un tren a Londres. La visualización  de los mensajes en los móviles se ha convertido en un elemento indispensable del cine moderno, a veces de una forma abusiva. Pero la manera como lo utiliza Assayas en este contexto de cine de fantasmas con asesinato incluido, recuerda a los letreros del cine mudo.
Me doy cuenta que en todo lo que llevo escrito no he hablado de quién es Maureen. Es decir de la actriz Kristen Stewart que colabora por segunda vez con Assayas, después de Viaje a Sils Maria. Stewart es sin duda una de las jóvenes actrices americanas que mejor está encarrilando su carrera. Elige con cuidado a los directores y los proyectos, no le da miedo el cine de autor, pero tampoco le hace ascos a una película de Hollywood si el film le interesa. Maureen es ella. El misterio, la sensibilidad, la ternura y al mismo tiempo la fuerza que desprende el personaje, le vienen de ella, de saber llevar con igual atractivo un amplio jersey y el pelo sucio, o un vestido de Chanel y un elegante collar. Kristen Stewart es sin duda una digna heredera  (sin parecerse) de Audrey Hepburn.


(un cuadro de esta desconocida pintora sueca que se avanzó al arte abstracto del siglo XX)


sábado, 13 de mayo de 2017

ELECTRICIDAD Y CINE


(una foto de la época en que estudiaba Geografía)

Esta semana he tenido ocasión de volver al pasado, o mejor dicho de ver que podía haber sido mi vida si no hubiera tomado una decisión en un momento determinado. Como en La vida en un hilo de Edgar Neville. He vuelto a la Universidad de Barcelona para participar en un Simposio Internacional sobre La electrificación y el territorio, organizado por la Facultat de Geografia i Història. Esto merece una breve explicación. Yo estudié geografía, fui de la primera promoción licenciada en esa especialidad en el año 1972. Tenía profesores estupendos a los que recuerdo con mucho cariño: Tomás Vidal, Albentosa, Horacio Capel. Capel nos daba clases de Geografía humana y de Geografía urbana. Eran las que más me gustaban. De hecho, estuve tentada de quedarme en la universidad como otros de mis compañeros, trabajando con él. Pero se metió por medio el cine y tiró de mí con más fuerza. Ha sido Horacio Capel el que me ha devuelto a este momento ya que ha sido uno de los organizadores del Simposio, y fue él quien me llamó para participar en estas jornadas organizando una sesión de cine y electricidad, concretamente la electricidad y la ciudad. Escogí la película Berlín, sinfonía de una gran ciudad, de Walter Ruttman, del año 1927. Fue una proyección muy interesante, ya que los que la veían, casi todos por primera vez, lo hacían con ojos de geógrafos, no de espectadores de cine y mucho menos de críticos. Fue curioso y yo me encontré pensando que estaba en un lado de la mesa explicando cosas de la película, mientras en el otro lado estaban los profes y catedráticos, pero que según como hubiera sido mi vida, bien podría ser al revés y estar allí sentada escuchando a alguien que me contara cosas de la película.
Si alguien tiene curiosidad de leer el artículo El cine es electricidad, lo cuelgo en el otro blog, el de los textos, que tengo un poco abandonado.

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En cuanto a los estrenos de esta semana, hay algunas películas interesantes de las que doy algunos apuntes.
Paraíso, de A. Konchalovski, es la prueba de que el tema del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial sigue teniendo maneras nuevas de aproximación. En este caso, con un riguroso y hermoso blanco y negro, el director ruso cuenta una extraña historia de amor entre un oficial de la SS, responsable de un campo de concentración y una aristócrata rusa, miembro de la resistencia francesa, detenida por un policía colaboracionista del Gobierno de Vichy. Los tres hablan a cámara en una especia de confesionario donde relatan las circunstancias que les han llevado a estar en ese lugar, un purgatorio camino, o no, del paraíso. Sin caer en el sensacionalismo, sin abusar de las tintas negras, sin juzgar duramente a sus personajes, Konchalovski deja que sean sus acciones las que conduzcan al espectador a tomar partido en ese juego de tres. Un film útil, una película polémica, una historia para seguir pensando.

Maravillosa familia de Tokio, de Yoji Yamada. El veterano director japonés, que a sus 87 años rueda su película número 84 (me doy cuenta cómo ha cambiado el mundo al comprobar cuántos directores de más de ochenta años siguen trabajando activamente, hecho insólito hace un tiempo en que a los setenta años ya era complicado que les permitieran dirigir). Volviendo a la familia de Yamada, solo decir que sigue la estela de Ozu, como ya hizo en Una familia de Tokio, pero con más sentido del humor, con más ironía. Ya desde su planteamiento: la abuela de la familia cumple años y cuando su marido le pregunta que quiere que le regale, le dice con total naturalidad: el divorcio. Este hecho conmociona los cimientos de toda la familia que de pronto se replantea los roles de cada uno de ellos en  el conjunto.

Sicixia, de Ignacio Vilar. El 3 de diciembre del año pasado escribí de esta película en el blog. Entonces decía que no sabía muy bien donde se podía ver. Ahora tampoco lo tengo muy claro, pero como me gusta la propuesta del cineasta gallego, recupero el texto: “No sé muy bien donde se puede ver esta película. Una de tantas que se estrenan estos días para poder entrar en la competición de las nominaciones a los Goya y que a menudo se pierden entre la vorágine de la semana. Estoy hablando de Sicixia, de Ignacio Vilar, un nuevo ejemplo de la cinematografía gallega que intenta abrirse camino más allá de sus fronteras naturales. Y de fronteras habla este interesante trabajo. Frontera entre el documental y la ficción,  frontera entre la ciudad y el campo, frontera entre el hombre y la mujer. Con la excusa de un técnico de sonido encargado de recoger los murmullos de la naturaleza y el susurro de las voces de la Costa da Morte, Vilar nos acerca a las formas de vida más ancestrales que aún perviven en una Galicia que se mueve ella misma en la frontera entre la modernidad y la tradición. Pero no es solo eso. El hombre urbanita se siente fascinado por la naturaleza, por el mar y su fuerza, las montañas y su poder, las cuevas y sus misterios, el rio y sus ondinas. De todos ellos extrae el sonido que va poco a poco componiendo la banda sonora del film. Y en ese viaje le acompaña una mujer que le sirve de guía, no solo en los caminos del mar y la montaña, sino en el de sus propios sentimientos. Me gusta mucho esta película, me provoca (y esa es una de sus funciones, me imagino) muchas ganas de volver a Galicia. Búsquenla en la cartelera o en las plataformas. O simplemente imagínenla si no la encuentran”.







sábado, 6 de mayo de 2017

JURA D'A





Esta semana he tenido la suerte de estar de jurado(a) en el D’A Film Festival de Barcelona. Digo que he tenido la suerte, porque como muy bien saben todos los críticos y espectadores de la ciudad, seguir un festival de cine que sucede en el mismo sitio donde vives y trabajas requiere un esfuerzo de voluntad y de ganas. Y a veces la voluntad está pero las ganas, después de un día de trabajo y vida cotidiana, fallan. Claro que si eres jurado, no puedes fallar. Así que gracias a este agradable deber he podido ver no solo las 17 películas que me tocaban por sección, sino unas cuantas más. Si ya sales de casa para ver una, da lo mismo ver dos o incluso tres.
De las películas de la sección Talents que era la que yo tenía que juzgar, no voy  a hablar, al menos de momento. Simplemente por una cuestión de ética. Pero si me gustaría llamar la atención sobre cinco películas españolas que he podido descubrir. Unas se estrenarán pronto, otras quizás las tengan que rastrear en festivales, plataformas o circuitos alternativos. A mi me han interesado todas.



(en un paisaje como el de este cuadro de Ramon aparece el inglés desmemoriado)

ANALISIS DE SANGRE AZUL, de Blanca Torres y Gabriel Velázquez
Hace tiempo que sigo a Gabriel Velázquez, un director que ha sabido captar el aliento de la adolescencia en un espacio y un tiempo poco habituales, con un cine que se respira como el aire puro de su Salamanca natal o como el aire frío de los títulos de sus dos películas Iceberg y Ärtico. Por eso me sorprendió tanto encontrarme con este experimento visual que conecta con los otros solo por el frío, en este caso de las nieves de las cumbres de los Pirineos de Huesca. La historia es la de un cuento gótico: un inglés que ha perdido la memoria, aparece desnudo en las montañas. El médico de un sanatorio de enfermos mentales, lo acoge y se propone curarlo. Estamos en 1933 y toda la película está filmada como si se tratara de un documental médico de la época, lo que la emparenta con el cine de Guy Maddin, pero no lo hace mimético de la manera de hacer del canadiense. Las explicaciones técnicas del proceso de curación y la interrelación con los otros pacientes y el médico, nos va descubriendo a este aristócrata convertido en un fantasma de largos cabellos. Análisis de sangre azul es un film fantástico que pide calma para verlo.


(este cuadro lo hizo Ramon en el monasterio de Leire, un lugar para la conversación y la conversión)

CONVERSO, de David Arratibel
Este es un documental familiar. Quiero decir que es un documental que habla de la familia del director en primera persona. Él incluido. El título ya es una pista de lo que vamos a ver: Converso, de conversar, que es lo que hace David Arratibel con sus hermanas María y Paula, su cuñado, Raúl y su madre. Converso de conversión, porque las conversaciones van de la conversión de María al catolicismo y de cómo arrastró casi sin quererlo a su hermana pequeña y a su madre hacia ese mundo de la Iglesia Católica del que su hermano siempre quedó excluido. Conversión que necesitaba una conversación. Viendo este film emocionante y despojado, donde la intimidad de las entrevistas se ve violentada (con su permiso) por la mirada del espectador, se me ocurrieron muchas ideas. La primera es el derecho que tiene cada uno a elegir creer en lo que quiera: en Dios o en las estrellas, me da igual. En un Dios o en otro, también me da igual. Hay un momento en que María cuenta como había veces en que sentía que despertaba la curiosidad de sus amigos que, sin embargo, no se atrevían a preguntarle por qué se había convertido. Y entonces pensé en el daño tan grande que hacen algunas ideas políticas que se apoderan de los conceptos como propios, los instrumentalizan y los utilizan contra los demás. El franquismo se apropió de la Iglesia Católica, del cristianismo, de la religión y se identificó tanto con ella, que expulsó a mucha gente de la idea simplemente de creer o practicar. Algo parecido a lo que está haciendo el fundamentalismo islámico con el Islam, religión tan válida como la católica, identificada con el mal por culpa de su usurpación malsana. Converso me parece una película muy estimulante y me merece el mayor de los respetos. Palabra de no católica, pero si de alguien convencido de que el mundo no se acaba en estas cuatro paredes.



(la edición en catalán de Picwick que tenemos en casa es, curiosamente, de color naranja)

DIAS COLOR NARANJA, de Pablo Llorca
Ha sido una alegría encontrarme con un nuevo film de Pablo Llorca. Vengo siguiendo su cine desde hace casi veinte años y siempre me ha parecido interesante, aunque a veces algo críptico. En todo caso, hay algo en sus historias que consigue atraparme. Pero esta es distinta. Al menos a las últimas que yo había visto. Días color naranja cuenta un viaje, una Tren-Movie, en la que un chico español que se queda colgado en Atenas por culpa de la erupción del volcán islandés del 2010, decide volver a Madrid cruzando en tren media Europa. En el camino se encuentra con cinco estudiantes entre ellos una chica sueca que habla castellano. Su timidez le lleva a refugiarse en la lectura de Los papeles póstumos de El club Picwick  de Dickens y será este libro el que le abra la puerta a una relación de amor y de descubrimiento, de luz y de felicidad. Bajo la apariencia naturalista de un viaje de vacaciones, Pablo hace un film de pensamiento sobre el amor, el arte, la vida, la felicidad. Es la mirada de alguien que ya no es joven pero es capaz de recordar y sentir lo que significaba serlo y proyectarlo a los jóvenes de ahora mismo que, quizás no sean como Álvaro y Berta, pero seguro que reconocen sus sentimientos y sus deseos. Rodada con total libertad en todos los sentidos, esta es una película sensual que entra por los poros. Un regalo.


(Julia está tan desconcertada en Berlín como esta imagen de la ciudad desde el metro)

JULIA ITS, de Elena Martín
Las amigas de Ágata, proyecto colectivo de un grupo de estudiantes (chicas) de la Universitat Pompeu Fabra, ya dejaba ver que había ahí mucho talento en proceso de formación. Elena Martí era la Ágata del título, y es ella también la protagonista de su primera película como directora, Julia Its. Ella es Julia, ella es Elena. Julia se pone delante de la cámara y expresa sus dudas sobre qué hacer con su vida. Ha decidió irse a Berlín con un Erasmus, pero eso significa romper con su confortable mundo barcelonés. Julia descubrirá en Berlín una ciudad donde sus ideas sobre urbanismo se consolidan y toman cuerpo y descubrirá también que no es necesario quedarse en un sitio para que su influencia te dure toda la vida. Quizás si Julia se quedara en Berlín no llegaría a hacer lo que seguramente hará en Barcelona al volver. Elena está detrás de la cámara y ella no duda. En ningún momento. O al menos eso parece por la seguridad con que mueve la cámara, decide los encuadres, dialoga con sus personajes. No parece una primera película, y sin embargo lo es. Y lo es en su frescura y su falta de pretensiones, y en la ligereza con la que se acerca a un tema tan importante como: ¿Qué hago con mi vida?  Le agradezco mucho a Julia y a Elena que no hayan caído en el discurso del que se tiene que ir fuera. Julia se va a Berlín a aprender, Elena se va a Alemania a aprender. De eso trata el irse fuera. No solo de tener un trabajo. Una pregunta me rondaba la cabeza al salir de la proyección. ¿Por qué no la seleccionaron en el Festival de Berlín? Quizás por eso mismo. Porque no habla de la crisis directamente, porque no es abiertamente política.


(una imagen de esta película que lleva el cine a todas partes)

EL ÚLTIMO VERANO de Leire Apellaniz
Hace un par de años vi un corto que se llamaba FIN. Fue una sorpresa doble. La primera su directora, Leire Apellaniz, a quién conozco desde hace muchos años, primero formando parte del equipo que dirigía Daniel Pérez en el departamento de copias del Festival de San Sebastián. Después como responsable ella misma de ese imprescindible y fundamental departamento en el buen funcionamiento de  un festival. La segunda sorpresa fue ver que el corto hablaba precisamente de Daniel, Roberto, Álvaro, los proyeccionistas del festival. Pero no en ese contexto sino en uno mucho más aventurero y romántico al que han dedicado sus vacaciones desde hace mucho tiempo: llevar el cine en 35 mm y en buenas copias y buena proyección a los pueblos y ciudades donde ya no hay ni sala de cine. Es un trabajo apasionante y con un fondo quijotesco que siempre me produjo cierta envidia cuando me lo contaban. De ese corto sorpresa, Leire ha dado un salto a un largo sorpresa, aunque en otra dirección. El último verano es una prolongación de Fin, en ese sentido reencontrarse con Miguel Ángel, el alma y motor del negocio de llevar los sueños a los pueblos, con Daniel, Roberto  y los demás ha sido como volver a cenar a casa de unos amigos. Pero la sorpresa es que la cena está muy bien preparada porque Leire no hace un documental al uso, construye un western con una camioneta blanca en lugar de caballos y el teléfono móvil en lugar de una pistola. Es un documento, eso seguro. Porque documenta un oficio y un mundo que está condenado a desaparecer. Pero también es una ficción sobre la realidad de estos modernos juglares que van de plaza en plaza esperando que los señores del lugar (los alcaldes y concejales de cultura) les dejen contar sus leyendas y poemas.





sábado, 29 de abril de 2017

LADY MACBETH



¿El mal se lleva dentro o se genera como reacción ante la maldad de los demás? La pregunta me la hago viendo la película Lady Macbeth de William Oldroyd que inauguró el D’A Film Festival de Barcelona, un día antes de estrenarse en los cines. ¿Es Karherine mala o la han hecho mala? No es una pregunta tonta ni irrelevante. La respuesta tampoco es sencilla. Hay otra pregunta que nos podemos hacer. ¿Por qué este film busca como referente el personaje femenino más terrible de la obra de Shakespeare, en lugar de llamarse, por ejemplo, Lady Bovary, ya que la similitud con Emma Bovary es mucho más clara que la vinculación de Katherine con la reina escocesa? La respuesta a esta pregunta es más sencilla. Aunque Madame Bovary se publicó en 1856, casi diez años antes que Lady Macbeth Of Mtsensk District, de Nikolai Leskov, que aparece en 1865, es casi seguro que el escritor ruso no debía conocer la novela francesa cuando escribió la historia de esta joven inocente que poco a poco se convierte en una mujer vengativa y malvada. Con toda la razón, por cierto. En cambio, el referente inglés, seguro que flotaba en la cabeza del escritor y periodista de San Petersburgo cuando, desde su casi rutinaria vida como abogado, hizo el retrato de esta mujer vestida de azul.
La película de Oldroyd se basa en la novela rusa, pero el guión de Alice Birch traslada el personaje a la Inglaterra rural de 1865, con lo que se introduce en el relato un nuevo referente literario. Lady Macbeth podía ser Lady Bovary y también Lady Catherine, la cruel protagonista de Cumbres borrascosas de Emily Brontë, con la que comparte nombre. Quizás estos tres antecedentes literarios nos den la respuesta a la pregunta del principio. El mal se lleva dentro, pero se contagia del mal de fuera. El mal es como un virus latente en la mente de Katherine. Al principio no lo sabe, pero cuando empieza a sufrir las humillaciones contantes y el desprecio de los hombres de la familia en la que el destino la ha hecho caer, el mal se despierta y poco a poco se va apoderando de ella convirtiéndola en un personaje que algunos han emparentado, no sin cierta razón, con La novia de Kill Bill.
Sorprende que esta  Lady Macbeth sea una primera película para su director, para su guionista y para su actriz protagonista. William Oldroyd sabe crear atmósferas con una cámara frontal, de  planos despojados de cualquier artificio. Imágenes de preciosas naturalezas muertas en las que Katherine con su vestido azul es una pieza indiscutible. No hay música de adorno, no hay nada que estorbe la mirada que se concentra en esta mujer casi siempre en el centro de un cuadro encuadrado, si es que se puede definir así la fotografía de Ari Wegner, una directora de fotografía australiana con una mirada propia. En cuanto a Alice Birch, autora teatral conocida por su feminismo poco ortodoxo, hay que agradecerle que este primer guión no caiga nunca en la tentación Jane Austen (con todos mis respetos y cariño a Jane Austen) y en cambio deje aflorar poco a poco ese mal incubado en el corazón de un rostro angelical. Y con esto llegamos al gran descubrimiento de esta película, Florence Plugh, que con su mirada acerada, su cabello bien peinado y su vestido azul (lleva otros vestidos, pero el azul es el que la identifica) llena de pasión y tensión el personaje, proyectando un helado fuego interior que atraviesa la pantalla.



Excelente pórtico para el D’A que se inauguró el viernes y del que comentaré alguna cosa en el próximo blog. Aunque no sé si podré hablar mucho, la verdad porque tengo la suerte de estar en el Jurado de la Competición Talents lo que me obliga, por honestidad, a no hablar de las películas que tengo que juzgar y me deja poco tiempo para ver el resto de la excelente programación. A ver como lo soluciono. En todo caso, recomiendo a todos los que estén en Barcelona o puedan venir aprovechando este largo puente, a que descubran títulos y directores que son difíciles de ver en nuestras pantallas. 

(tan solo una nota para recordar que de Lady Macbeth hablé cuando se estrenó en el Festival de San Sebastiàn del año pasado donde fue una de las grandes sorpresas)

sábado, 22 de abril de 2017

STEFAN ZWEIG EN BUENA COMPAÑIA


(libros en buena compañía)

Stefan Zweig. Seguro que han visto este nombre repetido estos días en los diarios. No tanto como debería, pero más de lo normal. La razón, el estreno de una película que se titula Stefan Zweig: Adiós a Europa, un título que no podía ser más oportuno en esta Europa que parece decidida a decir adiós a todo lo que se ha construido desde hace sesenta años. En 1936, Zweig soñaba con una Europa sin fronteras, sin pasaportes, común. Y afirmaba: yo no lo veré. Y no lo vio, pero si sucedió. Lo tenemos y lo disfrutamos nosotros, aunque hay tantas fuerzas oscuras, azules, rojas, negras y multicolores, intentando que dejemos de tenerlo, que asusta pensar lo que diría Zweig si pudiera ver lo conseguido y como se desperdicia en aras de naciones, estados, y separaciones de todo tipo. Pero vuelvo a este film que merece verse. No es un biopic ni mucho menos. Maria Schrader y Jan Schomburg han escrito un guión que recupera una de las muchas formas literarias que utilizó el gran autor austríaco. Podían haber hecho una biografía, Zweig escribió algunas de las mejores de la historia, pero han preferido fijarse en Momentos estelares de la humanidad, aplicándolo a su personaje. Vemos a Stefan Zweig en cinco momentos, no todos estelares: en Río de Janerio durante un banquete en su honor en agosto de 1936; en Buenos Aires, participando en un congreso internacional de escritores en septiembre de 1936 donde expuso sus ideas de Europa. Durante este congreso Zweig se negó a condenar en público al régimen nazi que le había obligado a exilarse. Los motivos para no hacerlo me han dado mucho que pensar. Argumenta el escritor que decir lo que quiere oír la audiencia que te escucha, no tiene ningún valor, es propaganda: Cada gesto de resistencia carente de riesgo no es más que afán de protagonismo. Me parece una verdad que deberían aplicarse los políticos cuando se lanzan a hacer mítines o presidir manifestaciones o hacer actos mesiánicos. Reencontramos a  Zweig y su mujer Lotte en Brasil, a principios de 1941, cuando estaba escribiendo el libro sobre ese país en el que avanzaba la idea de que Brasil era el futuro. El cuarto momento sucede en Nueva York, en febrero de 1941. Es uno de los mejores del film. La larga conversación con su primera mujer, Fritzi, una excelente Barbara Sukova, es reveladora de sus debilidades, de su cansancio, de su impotencia. Zweig y  Lotte vuelven a Brasil a finales de 1941, a Petrópolis. Allí, le acompañamos en una conversación con otro exilado alemán en la que el sentimiento de culpa y de dolor se hace más fuerte aún. Es el preludio al suicidio compartido con su mujer en febrero de 1942 en Petrópolis, un delicado momento que vemos solo a través de un espejo que divide la pantalla.
Me gusta mucho esta película. No solo por Zweig, que ya me gustaba antes, me gusta cómo se acerca la directora al personaje, calladamente, buscando no los momentos de gloria, sino los más cotidianos, sin sentimentalismo, sin subrayados. Me gusta como plantea las dos secuencias corales, la del banquete y la del congreso, para luego encerrarse en secuencias de pocos personajes. Me gusta como utiliza los idiomas, –éste es  un film que debe verse en versión original, doblado será insoportable– donde se habla con fluidez alemán, inglés, francés, portugués, español. Me gusta que Nueva York sea solo una esquina nevada. Me gusta como retrata el encuentro de las dos esposas de Zweig, las dos amigas, las dos cómplices de su trabajo. Me gusta el color y el tono de la fotografía y el uso del sonido, de los murmullos. Me gusta Josef Hader como Stefan Zweig. Hay algunas cosas que no me gustan, pero no vale la pena que las señale. Esto no es una crítica, es una reflexión. Si no conocen la obra de Zweig, aprovechen este Sant Jordi para buscar sus libros y para ver la película. Si ya lo conocen, aprovechen para releerlo y para ver la película. Pero no busquen en el cine una apología. No lo encontraran. El film de Schrader es un retrato de instantes, no una hagiografía.

Y ya que ha salido Sant Jordi, aprovecho para hablar de dos libros que me gustan. El indiferente azul del cielo, de Emilio Aragón; Tierra de campos, de David Trueba. No se parecen en nada, uno son relatos, el otro una novela de vida. Pero los dos tienen en común sus autores: gente de cine, de música, de televisión y de literatura. Tanto Aragón como Trueba, combinan todo lo que les interesa y lo aplican en una película, un libro, una canción o una serie de televisión. Son ejemplos de personajes renacentistas (solo les falta pintar¡¡) en un mundo en el que se tiende a la súper especialización.

Cuando leí el libro de relatos de Emilio Aragón, le escribí un mail comentándolo. Lo que le decía a él lo puedo compartir con todos. “Hay algunos cuentos que me han gustado mucho, que para mi son los mejores: La Huella de Alejandría,  San Emiliano y La violinista de la estación de Shinjuku, son preciosos. Todos son interesantes y te provocan sensaciones, algunas de desasosiego (Diabolus in música) o de inquietud (Morgantier) o de miedo (De Port Hedland a Broome), nunca te dejan indiferente. Mientras lo leía me preguntaba el por qué del título.Y cuando lo acabé, me pareció entenderlo. En todos los cuentos el cielo está presente (por presencia o por ausencia) pero siempre es indiferente a lo que sucede bajo su bóveda. El cielo azul, como el cuadro de la portada, como algunos cuadros de Ramon, acoge y protege a todos estos personajes. También he pensado otra cosa leyéndolos. Me gustaría verlos convertidos en cortos que todos juntos hicieran un largo. Un largo azul.” Ahí queda el reto, transformarlos en imágenes.


El libro de David Trueba es muy distinto. Tierra de campos es una novela que se expande. Sin parecerse, me ha recordado la forma de narrar de Richard Ford. Todo pasa en un día en el que el protagonista, Dani Mosca, acompaña el féretro de su padre al pueblo para enterrarlo. Pero ese día se dilata hasta comprender toda la vida de Dani Mosca de una forma orgánica. No es un relato biográfico, mas bien una canción de muchas estrofas. Porque Dani Mosca es compositor y cantante de un grupo que se llama Las Moscas y es su vida la que va desfilando antes nuestros ojos mientras él viaja con su padre muerto. Es una novela que te engancha y que te deja tarareando músicas que no existen.