sábado, 22 de abril de 2017

STEFAN ZWEIG EN BUENA COMPAÑIA


(libros en buena compañía)

Stefan Zweig. Seguro que han visto este nombre repetido estos días en los diarios. No tanto como debería, pero más de lo normal. La razón, el estreno de una película que se titula Stefan Zweig: Adiós a Europa, un título que no podía ser más oportuno en esta Europa que parece decidida a decir adiós a todo lo que se ha construido desde hace sesenta años. En 1936, Zweig soñaba con una Europa sin fronteras, sin pasaportes, común. Y afirmaba: yo no lo veré. Y no lo vio, pero si sucedió. Lo tenemos y lo disfrutamos nosotros, aunque hay tantas fuerzas oscuras, azules, rojas, negras y multicolores, intentando que dejemos de tenerlo, que asusta pensar lo que diría Zweig si pudiera ver lo conseguido y como se desperdicia en aras de naciones, estados, y separaciones de todo tipo. Pero vuelvo a este film que merece verse. No es un biopic ni mucho menos. Maria Schrader y Jan Schomburg han escrito un guión que recupera una de las muchas formas literarias que utilizó el gran autor austríaco. Podían haber hecho una biografía, Zweig escribió algunas de las mejores de la historia, pero han preferido fijarse en Momentos estelares de la humanidad, aplicándolo a su personaje. Vemos a Stefan Zweig en cinco momentos, no todos estelares: en Río de Janerio durante un banquete en su honor en agosto de 1936; en Buenos Aires, participando en un congreso internacional de escritores en septiembre de 1936 donde expuso sus ideas de Europa. Durante este congreso Zweig se negó a condenar en público al régimen nazi que le había obligado a exilarse. Los motivos para no hacerlo me han dado mucho que pensar. Argumenta el escritor que decir lo que quiere oír la audiencia que te escucha, no tiene ningún valor, es propaganda: Cada gesto de resistencia carente de riesgo no es más que afán de protagonismo. Me parece una verdad que deberían aplicarse los políticos cuando se lanzan a hacer mítines o presidir manifestaciones o hacer actos mesiánicos. Reencontramos a  Zweig y su mujer Lotte en Brasil, a principios de 1941, cuando estaba escribiendo el libro sobre ese país en el que avanzaba la idea de que Brasil era el futuro. El cuarto momento sucede en Nueva York, en febrero de 1941. Es uno de los mejores del film. La larga conversación con su primera mujer, Fritzi, una excelente Barbara Sukova, es reveladora de sus debilidades, de su cansancio, de su impotencia. Zweig y  Lotte vuelven a Brasil a finales de 1941, a Petrópolis. Allí, le acompañamos en una conversación con otro exilado alemán en la que el sentimiento de culpa y de dolor se hace más fuerte aún. Es el preludio al suicidio compartido con su mujer en febrero de 1942 en Petrópolis, un delicado momento que vemos solo a través de un espejo que divide la pantalla.
Me gusta mucho esta película. No solo por Zweig, que ya me gustaba antes, me gusta cómo se acerca la directora al personaje, calladamente, buscando no los momentos de gloria, sino los más cotidianos, sin sentimentalismo, sin subrayados. Me gusta como plantea las dos secuencias corales, la del banquete y la del congreso, para luego encerrarse en secuencias de pocos personajes. Me gusta como utiliza los idiomas, –éste es  un film que debe verse en versión original, doblado será insoportable– donde se habla con fluidez alemán, inglés, francés, portugués, español. Me gusta que Nueva York sea solo una esquina nevada. Me gusta como retrata el encuentro de las dos esposas de Zweig, las dos amigas, las dos cómplices de su trabajo. Me gusta el color y el tono de la fotografía y el uso del sonido, de los murmullos. Me gusta Josef Hader como Stefan Zweig. Hay algunas cosas que no me gustan, pero no vale la pena que las señale. Esto no es una crítica, es una reflexión. Si no conocen la obra de Zweig, aprovechen este Sant Jordi para buscar sus libros y para ver la película. Si ya lo conocen, aprovechen para releerlo y para ver la película. Pero no busquen en el cine una apología. No lo encontraran. El film de Schrader es un retrato de instantes, no una hagiografía.

Y ya que ha salido Sant Jordi, aprovecho para hablar de dos libros que me gustan. El indiferente azul del cielo, de Emilio Aragón; Tierra de campos, de David Trueba. No se parecen en nada, uno son relatos, el otro una novela de vida. Pero los dos tienen en común sus autores: gente de cine, de música, de televisión y de literatura. Tanto Aragón como Trueba, combinan todo lo que les interesa y lo aplican en una película, un libro, una canción o una serie de televisión. Son ejemplos de personajes renacentistas (solo les falta pintar¡¡) en un mundo en el que se tiende a la súper especialización.

Cuando leí el libro de relatos de Emilio Aragón, le escribí un mail comentándolo. Lo que le decía a él lo puedo compartir con todos. “Hay algunos cuentos que me han gustado mucho, que para mi son los mejores: La Huella de Alejandría,  San Emiliano y La violinista de la estación de Shinjuku, son preciosos. Todos son interesantes y te provocan sensaciones, algunas de desasosiego (Diabolus in música) o de inquietud (Morgantier) o de miedo (De Port Hedland a Broome), nunca te dejan indiferente. Mientras lo leía me preguntaba el por qué del título.Y cuando lo acabé, me pareció entenderlo. En todos los cuentos el cielo está presente (por presencia o por ausencia) pero siempre es indiferente a lo que sucede bajo su bóveda. El cielo azul, como el cuadro de la portada, como algunos cuadros de Ramon, acoge y protege a todos estos personajes. También he pensado otra cosa leyéndolos. Me gustaría verlos convertidos en cortos que todos juntos hicieran un largo. Un largo azul.” Ahí queda el reto, transformarlos en imágenes.


El libro de David Trueba es muy distinto. Tierra de campos es una novela que se expande. Sin parecerse, me ha recordado la forma de narrar de Richard Ford. Todo pasa en un día en el que el protagonista, Dani Mosca, acompaña el féretro de su padre al pueblo para enterrarlo. Pero ese día se dilata hasta comprender toda la vida de Dani Mosca de una forma orgánica. No es un relato biográfico, mas bien una canción de muchas estrofas. Porque Dani Mosca es compositor y cantante de un grupo que se llama Las Moscas y es su vida la que va desfilando antes nuestros ojos mientras él viaja con su padre muerto. Es una novela que te engancha y que te deja tarareando músicas que no existen.

sábado, 15 de abril de 2017

NEGACIONES


NO NO NO NO NO NO

“En comportamiento humano, el negacionismo es exhibido por individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda”. Esta frase viene a cuento del estreno esta semana de una película que se llama Negación. Rachel Weisz interpreta el papel de la historiadora norteamericana Deborah Lipstad que en el año 2000 tuvo que hacer frente a un juicio por difamación en Londres. La denuncia la puso David Irving, un supuesto historiador negacionista del holocausto judío y apologista de Adolf Hitler, que se sintió difamado por lo que Lipstad escribía en su libro Negando el Holocausto: El creciente asalto sobre la verdad y la memoria. La película no deja de ser un interesante film de juicios, pero vale la pena no dejarla pasar inadvertida gracias a las excelentes interpretaciones de Weisz como la historiadora y  de Timothy Spall como David Irving. Recuerdo a Spall en su personaje de Rata en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Estaba claro que solo una rata podía hacer este personaje de rata.
Pero si me interesa la película es también por la actualidad de su discurso. El negacionismo no es una idea superada ni mucho menos. Y no me refiero solo a Marine Lepen o cualquier adulador de Donald Trump. El negacionismo, como las ratas, está entre nosotros. Y muy cerca. A veces se confunde con el revisionismo. Pero no es lo mismo. Revisar la historia desde parámetros distintos es una cosa, negarla, deformarla, utilizarla en favor de una idea exclusiva, mentir, en definitiva, es otra cosa. De estos negacionistas, o simplemente de estos mentirosos, hay muchos y no muy lejos. Por desgracia.






 (no se si ya he usado este cuadro alguna vez, es posible, pero me gusta mucho para ilustrar la idea de las dos chicas que son una, o ninguna)
La negación en este caso es muy diferente. Mucho más entretenida, y mucho más estimulante. Que una chica se empeñe en decir que no es ella sino otra, provocando una serie de equívocos entre sus amigos, su novio y los distintos caballeros con que se cruza, es una premisa como mínimo sorprendente. Hong Sang-soo es el más francés de los directores coreanos contemporáneos. También el más prolífico porque sus películas son muy sencillas de hacer: pocos actores, lugares que conoce, historias que pasan tanto en la cabeza de sus personajes como en el paisaje donde se mueven, diálogos divertidos y nada trascendentes, comida y bebida, mucha bebida. Y amor. Casi siempre en su cine hay curiosas e inesperadas historias de amor. Y de arte, entendiendo arte en su sentido más amplio. Directores de cine, escritores, pintores, son algunos de sus protagonistas. Explicar el argumento de Lo tuyo y tu es fácil: un hombre y una mujer viven juntos; los amigos de él le cuentan que han visto a la chica bebiendo en bares con otros hombres; él se enfada, se pelean y ella se va. El hombre decide buscarla pero a pesar de que el barrio es muy pequeño, no da con ella. Mientras tanto ella, efectivamente, se encuentra en bares con otros hombres que dicen conocerla. Pero ella sostiene que no es quien dicen que es, que es otra. Nadie sabe cuando está diciendo la verdad y cuando está mintiendo. No importa, lo que importa es la ligereza de la historia, el misterio de tintes rivettianos (de Jacques Rivette) de lo que sucede y la felicidad que acaba dejando flotando en el ambiente. Pero nada es tan sencillo si Hong Sang-soo está detrás de la cámara y la sensación de profunda extrañeza que provoca es un reto para  los espectadores. Me encanta.




sábado, 8 de abril de 2017

EXTRAÑOS AMIGOS


Siempre he lamentado no haber sido (y seguir no siéndolo) un poco mas mitómana. De haber tenido ese vicio ahora podría presumir de tener fotos con todos los directores, actores y gentes del cine que he conocido a lo largo de mi vida. Como por ejemplo Aki Kaurismaki. ¡Cómo me gustaría tener una foto de la primera entrevista que le hice! Fue hace exactamente treinta años. En Barcelona donde presentaba Hamlet Goes Business. Estábamos en un hotel y el director, que entonces tenía 29 años, se tumbó en un sillón y contestó todas las preguntas con los ojos cerrados. La segunda vez que le encontré fue en Glasgow, en 1990, durante la entrega de los Premios Félix, prehistoria de los Premios de la Academia de Cine Europea. A Kaurismaki, nominado creo recordar por La chica de la fábrica de cerillas, no le dejaron entrar a la ceremonia por no llevar corbata. Poco le importaba al finlandés que sentado en el suelo y apoyado en una columna, ofrecía vodka a todo el que quisiera acompañarlos, a él y a su mujer. Tampoco tengo otra foto posible, la que me pude hacer en Berlín con Fernando Pérez y José María Morales cuando se estrenó en el festival la película Madrigal.
Todo esto viene a cuento de la foto que encabeza esta entrada que promete ser más larga de lo que yo pensaba. Es una foto en la que yo no estoy, pero si hice yo. Es una foto de Ana Torrent y Raoul Peck en Valladolid en 2013,el año que los tres formábamos parte del Jurado de la Seminci. Conocer a Raoul Peck fue una experiencia estupenda por su inteligencia y por su enorme humanidad.
¿Por qué recuerdo estas tres fotos? Porque esta semana, entre los ¡quince estrenos! que llenan la cartelera, estos directores figuran entre lo más apetecible. Así que vayamos a las películas.

El otro lado de la esperanza, de Aki Kaurismaki es una de esas películas que recomiendo totalmente. No se la pierdan. Por su extrañísimo sentido del humor; por los encuadres de colores inesperados; por unos actores estupendos que nuca se salen de la línea. Pero sobre todo, porque es la prueba de que las personas son (somos) mucho mejores que los gobiernos. Kaurismaki ya exploraba el descubrimiento del “otro” en su anterior película El Havre donde un viejo europeo ayudaba a un inmigrante clandestino. En esta segunda entrega de lo que él llama La trilogía de los puertos, "el otro" ya está entre nosotros. Es un refugiado sirio que llega a Helsinki donde pide asilo político. Las autoridades se lo niegan: Alepo no está suficientemente destruida como para que no pueda volver a su patria. Pero la gente se lo da. Desde un amigo iraquí que le enseña a moverse por la burocracia, pasando por una funcionaria comprensiva e incluso una chica que le ayuda a escapar, Khaled va encontrando aliados. Hasta que llega a su extraño amigo, un finlandés cincuentón y desencantado que ha decidido cambiar de vida y poner un restaurante extravagante y absurdo donde acoge y protege a Khaled. Kaurismaki se coloca al otro lado de la esperanza en un horizonte humano que vale mucho más que todas las palabrerías huecas de los que se llenan la boca con reclamos de ayuda a los refugiados en abstracto, pero le vuelven la espalda al que se encuentran en la calle. Me encanta esta película.

Últimos días en La Habana de Fernando Pérez, también habla de una extraña amistad, la que tienen Diego, el homosexual que se muere de SIDA y Miguel, el heterosexual que lo cuida y le ayuda. El film de Pérez es casi el reverso luminoso de la película de Villaronga El rey de la Habana. El mismo espacio, una casa en ruinas en la Habana vieja, parecidos personajes, homosexuales, putas, chaperos, gente que intenta sobrevivir como puede. Pero distinta mirada. Lo que en Villaronga, fiel al libro en el que se basa, era sucio y sórdido, en Pérez es luminoso y esperanzado. A pesar de lo trágico, el humor está muy presente, junto con una crítica nada velada a una situación insostenible para los habaneros que intentan salir adelante con lo poco que tienen. Pero sobre todo y eso es lo que más las distingue, lo que prima en estos últimos días es el amor a La Habana y a sus habitantes que demuestra Fernando Pérez y que es la razón por la que nunca ha querido abandonar la isla. Estupenda.

En  I Am Not Your Negro, de Raoul Peck encontramos otro tipo de extrañas amistades. Este documental imprescindible es el primero que se estrena comercialmente de este director haitiano. ¿Por qué pienso que es imprescindible hoy y, quizás no hace ocho años? Porque lo que cuenta vuelve a estar muy presente en la política y en la vida de Estados Unidos. El punto de partida de este documental es el texto inacabado Remember this house del escritor de color James Baldwin, desaparecido hace justo ahora treinta años. La potente voz de Samuel J Jackson va desgranando las palabras de Baldwin que acompañan imágenes inéditas y poderosas de los tres “amigos” de los que habla: Medgar Evers, Malcom X y Martin Luther King. Recordar su propia historia con sus apariciones en televisión o en distintos actos políticos junto con la de de estos tres hombres asesinados en los años sesenta, Evers en 1963, Malcom X en 1965 y Luther King en 1968, por luchar por el fin del racismo y del segregacionismo desde distintos ángulos, es el cuerpo principal del documental en el que Peck ha reunido documentos sorprendentes de la época.  El film va mas allá de la pura reivindicación gracias a un montaje y un ritmo muy personal. Pero lo más importante es lo que implica. Baldwin dijo en una ocasión: “El futuro de los negros en este país es tan brillante o tan oscuro como el del propio país”. Si James Baldwin hubiera visto a Barak Obama como presidente habría pensado que, quizás, el futuro era brillante; pero si hubiera seguido viviendo hasta ver a Donald Trump en la Casa Blanca, seguramente pensaría que es un futuro muy negro para los negros. Y los asiáticos y los latinos y todos los diferentes. Por eso este documental es necesario. Incluso si se le acusa de tendencioso o previsible. Es necesario porque pone en la pantalla un grave problema (mundial) no resuelto.



(no se si es el mar o un lago, pero en todo caso este cuadro de Ramon evoca los sentimientos de la película)
Solo unas palabras para destacar otro de los muchos estrenos de la semana. La idea de un lago de la argentina Milagros Mumenthaler, basado en el libro de fotografías Pozo de aire de Guadalupe Gaona. La omnipresente dictadura de los años setenta aflora en este precioso film por el camino de la memoria. Una foto, la única que la protagonista tiene con su padre desaparecido en 1976 cuando ella tenía tres años, es el punto de partida para construir un rompecabezas de recuerdos callados, conflictos sin resolver, urgencias por aclarar. Todo alrededor de un lago que puede recrear imágenes tan divertidas como una niña nadando al lado de un coche Mini verde que baila con ella en el agua; como tristes, el fantasma de un padre que nunca se conoció. La idea de un lago es un film evocador, un precioso ejercicio de construcción poética de la memoria.

 



sábado, 1 de abril de 2017

PAISAJES


(los Picos de Europa fotografiados por Ramon)
La montaña
Me gusta mucho la montaña. Todas. Me siento bien en las alturas. A lo mejor porque nací a 2000 metros de altitud, aunque no precisamente en una montaña. México DF esta en un altiplano que, como su nombre indica, es alto y plano. Pero siempre me gustó ir a las montañas. Y en España las hay extraordinarias. Los Pirineos, cercanos y accesibles (aunque  aveces difíciles de subir); la Sierra Nevada granadina, legendaria y moruna; El Guadarrama de Navacerrada, veraniego y amable. Pero sobre todo, los Picos de Europa, la cordillera Cantábrica, la más salvaje y abrupta de la península, la que invita más a la aventura. Son estas montañas las que retrata Cantábrico. Subyugado por sus picos y sus rocas, sus bosques y sus ríos, el director Gutiérrez Acha, que ya había explorado el rio Guadalquivir, se adentra en la vida de estos parajes en busca de osos, lobos, pájaros e incluso hormigas. Sin un guía que lo conduzca como hacía en Guadalquivir siguiendo a un pequeño zorro, Cantábrico se abre en diversas direcciones como un abanico de posibilidades a lo largo de un año que va de invierno a otoño. Lo mejor de esta película es las ganas que te entran de conocer los Picos si no has estado nunca o de volver ya mismo para disfrutar de uno de los espacios naturales más vírgenes que quedan en nuestro país.


(el Torcal de Antequera podría ser el desierto de este film)
Desierto
Solo unas líneas para hablar de Últimos días del desierto, de Rodrigo García, una película no apta para cualquier espectador, que recrea un episodio de la vida de Jesús ahora que se acerca la Semana Santa. Lo mas potente de la propuesta es la fotografía de Emmanuel Lubezki,, capaz de hacer del desierto una sinfonía de colores, de formas y aristas que se reflejan en el rostro de Ewan McGregor desdoblado en Jesús y su propio demonio. Pero lo que más me ha interesado es algo que subyace en esta terrenal mirada del hombre santo: la difícil, por no decir imposible, relación de los hijos con los padres. El hijo con el padre en la familia que acoge a Jesús antes de entrar en Jerusalén; la del propio Jesús con su padre, un Dios lejano y perturbador. Si Rodrigo no fuera hijo del escritor García Márquez quizás esta relación no me habría llamado la atención. Es probable que ni siquiera escribiera de esta película. Pero Rodrigo García ES hijo del nobel de literatura con el que tuvo una conflictiva relación y eso le da al film una especial capa de ironía.


(un chateau francés parecido a los del reino de Kentz donde duerme la bella)
Bosque

Esta si es una película que me gusta. Bella durmiente de Ado Arrietta, antes Udolfo Arrieta y mucho antes, simplemente Adolfo Arrieta. Su Bella durmiente es excéntrica e inclasificable. Baste decir que se puede definir como una mezcla de Brigadoon, de Vincente  Minnelli (el uso del tiempo, los cien años que en una pasan en una noche y en otra duran un siglo), con Piel de asno de Jacques Demy (los espacios cuidadosamente buscados, el ambiente, la princesa); de El extraño caso de Angélica, de Manoel de Oliveria (dos bellas durmientes esperando a ser despertadas) con La bella y la bestia, de Jean Cocteau (el surrealismo de la narración, la belleza de las imágenes).Un extraordinario cóctel que hace de Bella durmiente un cuento con música, filmado en castillos de ensueño, con príncipes azules y princesas blancas. Sin olvidarnos de los ángeles, obsesión de Arrieta desde sus primero trabajos, hasta las hadas, en este caso dos hadas estupendas: el hada buena que interpreta Agathe Bonitzer y el hada mala que se encarna en una Ingrid Caven arrolladora. Una última cosa: Bella durmiente no es un producto Disney, lo digo como advertencia para que nadie se lleve a engaños. 

sábado, 25 de marzo de 2017

ARMENIA


El territorio armenio se extiende por muchos paises diferentes.
Robert Guediguian
Hace unos días estuvo en Barcelona el director francés Robert Guediguian para presentar su última película, Una historia de locos. Tuve ocasión de entrevistarle para el programa La Cartellera de BTV, dirigido por Marta Armengou, en el que colaboro desde principios de año. Fue una entrevista larga, más de media hora, que por fuerza tuvo que quedar reducida en la pieza que se montó para el programa. Pero fue muy interesante y he pensado que valía la pena compartirla a través del blog. Es la primera vez que lo hago, pero a lo mejor no es la última.
De  todo lo que hablamos, me quedo sobre todo con una idea que me gusta mucho. Guediaguian contrapone a la idea de Patria (Fatherland) la idea de Hogar (Heimat). La palabra Patria siempre me ha resultado odiosa. Implica banderas, himnos, separaciones, conquistas, ser mejor que los otros. En cambio Heimat me gusta mucho, es algo humano, cercano, lo que se siente, lo que te importa, incluso lo que se comparte. Uno puede tener un Heimat con gentes muy lejanas en el espacio y en cambio no sentirse nada vinculado a la Patria que tiene encima.
Hay más cosas en la entrevista, espero que sea interesante para todos.

El genocidio armenio
El hecho de que se cumpliera el centenario del genocidio armenio, tuvo un papel en la decisión de hacer la película. Hacía mucho tiempo que yo quería trabajar sobre el genocidio y sobre sus consecuencias. No sobre el mismo genocidio, sino como este se perpetuaba de generación en generación porque no ha habido nunca un reconocimiento del genocidio por parte de Turquía. El duelo es imposible. Era eso sobre lo que yo quería trabajar. Aunque la palabra no es querer, me he sentido obligado a trabajar sobre esa cuestión. Es responsabilidad de todos los cineastas en todo el mundo  hablar de su pueblo, hablar de las grandes cuestiones que preocupan a su pueblo. Yo soy de origen armenio, no podía dejar de enfrentarme a esta cuestión, no hablar de ella.

La historia
Para mi es el prologo del film el que explica no tanto la moral del film, sino de que va hablar la película. Si aun se habla ahora de esto y si hago una película sobre esta cuestión quiere decir que esta historia no se ha acabado porque me sigue preocupando y si me sigue preocupando es porque me lo han transmitido, no en el colegio sino en mi habitación, en la cocina, me lo ha transmitido la familia. Es por eso que digo que la historia pasa mucho más en las cocinas, las habitaciones de los niños o los dormitorios. Más que en los campos de batalla, los parlamentos o las antecámaras del rey. Y es precisamente por eso por lo que la historia no se para nunca, salvo cuando se pide perdón y alguien da ese perdón. En ese momento puede haber gestos de reconciliación y empezar, no a olvidar, sino simplemente a poder vivir.

Turquía
La situación en Turquía es peor, eso seguro. Erdogan está cada vez más loco. Es un dirigente electo democráticamente, pero podemos empezara a hablar de ciertas democraturas, porque es cierto que hay una elección libre pero son autenticas dictaduras. Erdogan es un dictador que reutiliza cada vez mas y de la forma más violenta, el término de nación, el nacional-islamismo. Por eso la cuestión de los armenios es una cuestión política de ahora mismo. No hay ninguna esperanza de que Turquía reconozca el genocidio armenio.

Inmigración
La actitud de los inmigrantes hoy es distinta de la de sus padres, ha cambiado mucho. En primer lugar desde el punto de vista del trabajo, de la posibilidad de alimentarse, de educar a los niños, llevarlos al colegio, era más fácil para las generaciones de inmigrantes  de antes. En la crisis que vive Francia, los inmigrantes son las primeras víctimas de un paro crónico y masivo. La crisis afecta a todos los franceses pero aun mas a los inmigrantes. Es cierto que estos inmigrantes tienen el sentimiento, justificado, de que Francia no los acoge, no les da trabajo, no les permite ir a la escuela. Se respeta un modelo que te respeta y ellos tienen el sentimiento de que Francia no les respeta. Y  no se equivocan. Yo estoy de acuerdo con ellos. Basta con ver lo que pasa con la violencia policial. Es cierto que la policía francesa no respeta a la gente igual si son negros que si son blancos. Eso está claro y hay que decirlo. Y eso no pasaba en las generaciones precedentes. No quiere decir que fueran acogidos con los brazos abiertos, también había dificultades, Pero tenían trabajo y podían alimentar a sus hijos y prosperar. Eso es imposible hoy y no es culpa de los inmigrantes que llegan. Es Francia la que ha cambiado.

El momento actual en Europa
Es un momento tremendamente peligroso. Es algo que no podíamos llegar a imaginar que pasara No pensábamos que pudieran resurgir los fascismos, o eso que los teóricos llaman el post fascismo, porque no es exactamente lo mismo, pero la matriz es la misma, no es exactamente un neofascismo sino un post fascismo. Pensábamos que eso había desaparecido y en cambio ha resurgido y ha seducido a las clases populares. Las izquierdas de todos los países tienen que despertar, reconstruirse, volver a ser poderosas como  izquierdas alternativas que propongan cosas, no una izquierda que imite a la derecha. Yo creo que tenemos extrema derecha hoy porque no hay una verdadera izquierda en todos los países europeos.

Patria/Nacionalismo
Desconfío cada vez más de todas las reivindicaciones nacionales. Incluso la idea de patria es una idea que no me gusta. En Francia está muy mal visto decir esto, pero es una idea que encuentro cada vez más sospechosa. Hay una palabra, una de las más hermosas de la lengua alemana, que quiere decir lo mismo, pero no es lo mismo. Heimat es el hogar que se crea entorno a la madre, a lo cercano. En cambio Fatherland, la patria, el país del padre, es casi siempre el pretexto de una conquista, una imposición sobre los otros. Por eso creo cada vez menos en la idea de patria.


( si quieren ver la entrevista y el programa entero hay que entrar en la web de beteve, buscar Programes y allí La Cartellera)




sábado, 18 de marzo de 2017

BESTIAS


La Bella y la Bestia
Se ha estrenado esta semana la versión life del musidibu que Diseny lanzó hace exactamente 25 años de La Bella y la Bestia. A mi me gusta (una perversión la tiene cualquiera) porque me gusta el musical, porque me gusta Emma Watson y porque me gusta el cuento. Eso no quiere decir que no reconozca que esta Bella y esta Bestia del 2016 son francamente viejas, o viejunas, que es una palabra que le gusta mucho a mi amigo Juan Francia. Es una versión viejuna no solo por la historia, lo es sobre todo por la puesta en escena. Y ahí llegamos a un tema que lleva de cabeza a la crítica desde que el cine existe. ¿Una película es reaccionaria, conservadora o progresista por su historia o por la forma en que se cuenta? Viejo (no viejuno) debate que sigue en el aire y que esta nueva versión del cuento de Gabrielle-Suzanne Barbot, publicado nada menos que en 1740, nos permite estudiar. El cuento es el que es: Bella es una hermosa niña que por salvar a su padre se sacrifica y acepta ser prisionera de la Bestia de la que acaba enamorándose a pesar de su aspecto y a la que libera de la maldición. Punto. Pero con este argumento se pueden hacer muchas cosas. Por ejemplo, lo que hizo Jean Cocteau en 1945, hace ¡72años! en una película que no es ni vieja, ni viejuna, sino tremendamente moderna. Por su puesta en escena desde luego, pero también por la mirada sobre Bella y sobre la Bestia y por la forma como resuelve su historia de amor. Bella salva a la Bestia que se convierte en un apuesto caballero y juntos emprenden un viaje hacia el infinito, hacia la aventura. No como la pobre Bella de Disney que acaba en brazos de un melifluo y blandengue príncipe azul, bailando en un castillo de mona de pascua, rodeada de estúpidos cortesanos. Pobre Bella, ¡menudo destino! Bill Condon ha perdido la oportunidad de hacer una Bella del siglo XXI. O a lo mejor no, y esta Bella acomodaticia y cursilona es la que corresponde a los tiempos de regresión política y social que corren en este principio de siglo.


Safari
Las bestias de Safari son diferentes. Y no me refiero a los pobres animales muertos arbitrariamente en  los parques temáticos. Las bestias son gordas, sebosas y viejas (también hay delgadas y jóvenes, todo hay que decirlo). Son esas bestias que Ulrich Seidl ha puesto delante de su cámara desde que empezó a hacer cine hace ya casi treinta años. Austríacos de clase media, pequeños burgueses sin ningún interés que en este caso disfrazan de aventura lo que no es más que un cobarde y aburrido paseo por un parque temático con animales muertos. No hay nada de épica, no hay nada de peligro. Solo hay unos perezosos humanos que arrastran su aburrimiento por una sabana seca y árida dejando que sean otros, los guías y sobre todo los silenciosos nativos, los que les hagan todo el trabajo. Ellos solo disparan cuando les dicen que lo hagan y, eso si, se hacen unas tremendas fotos junto a los cadáveres convenientemente colocados ¡esas cabezas que no quieren quedar altas e insisten en caerse a un lado porque están muertas! La gracia de Seidl, desde sus orígenes, es que no juzga a estos seres estúpidos, solo los retrata y ellos se prestan. Muchas veces me he preguntado ¿por qué aceptan salir en sus películas? ¿Es que no las ven? Pero por lo visto, a la clase media austriaca ya le parece bien que enseñen sus vergüenzas. Por algo son la clase superior, esa de la que surgió Hitler y que veía en él su mejor representante. A favor de Safari tengo que decir que Ulrich Seidl, aun siendo fiel a sus planos frontales y estáticos de composiciones barrocas y fascinantes, sale al aire libre para seguir a sus cazadores cámara al hombro y, sobre todo, entra en las viviendas y los almacenes de los nativos a los que contempla con una mirada más respetuosa que a sus depredadores y a los que enfoca descuartizando animales en una secuencia que parece un cuadro de Francis Bacon animado.





viernes, 10 de marzo de 2017

PATRIAS


(en las playas cerca de casa no hay minas, pero si ¡cosas muy raras!)
Bajo la arena. Quizás no les suene este título ya que la película se ha estrenado como Land of Mine. Algo así como Tierra de minas o Mi tierra. Las dos traducciones son válidas para este film que encierra la muerte bajo la arena. Es danés, pasa en 1945, cuenta como los prisioneros de guerra alemanes, la mayoría adolescentes reclutados en el último año de la guerra, fueron obligados a desactivar las dos mil minas que los nazis plantaron en las costas del mar del norte. Murieron mas de la mitad. Tenían menos de 18 años. Es un episodio poco conocido y bastante bochornoso de la historia de la segunda guerra mundial. Los daneses lo intentaron ocultar durante mucho tiempo. Ahora un director joven lo saca a la luz. El film es inteligente, seco, de una belleza deslumbrante en sus paisajes, en su luz, sus encuadres. Una belleza que te remueve por dentro. Y no por lo que les obligan a hacer a estos chicos en las playas de arenas blancas, cosas más terribles se perpetraron durante esos años oscuros para el mundo. Lo que te revuelve por dentro es el odio que destilan los daneses contra los alemanes. Un odio tan grande que les impide darles lo mínimo indispensable, un odio profundamente arraigado.



Y este odio me permite enlazar con una novela que acabo de leer y que me ha impresionado mucho. No soy ni la primera ni la única que habla bien de ella. Se trata de Patria de Fernando Aramburu. La novela me gusta por su construcción. Un puzle de distintas piezas que poco a poco van encajando entre si hasta ir dibujando un paisaje de miedo y de odio. Personajes y acciones avanzan y retroceden en el tiempo delimitando los contornos de un mundo que durante años alimentó el huevo de la serpiente de la intolerancia, la supremacía, el desprecio, el odio en definitiva, en nombre de una Patria que había que salvar de los invasores. Odio que viene acompañado del miedo y la cobardía, del mirar a otro lado, del pensar “algo habrá hecho”. La historia pasa en San Sebastián y un pueblo cercano; los años son los que van del 1985 al 2011; los personajes, dos familias vascas cien por cien, una con un asesinado, la otra con un asesino. Lo que me ha impresionado de esta novela es ver reflejada una sociedad que he vivido en primera persona en los años que estuve trabajando en el Festival de San Sebastián y que coinciden con los de la novela. De hecho, la primera manifa y quema de autobuses que viví en Donosti es también la primera que aparece en el libro. Y a partir de ahí, reconocí atentados, momentos, espacios. Y sobre todo actitudes. Quizás lo único que echo en falta en este libro ejemplar es algún apunte sobre el hecho de que también había vascos en contra de ETA, gente que no le tenía miedo. Los he conocido, los he escuchado condenar sus atentados, denunciar una situación emponzoñada. No eran muchos, pero haberlos los había.
Hay dos  ideas que me genera esta novela:
Una: los escritores vascos, con honrosas excepciones (los cineastas se arriesgaban un poco mas), no estuvieron a la altura del clima de odio y venganza que se engendraba en sus calles. Un personaje lo dice en el libro: “Le parecía que, hasta la fecha, a las víctimas del terrorismo se les ha prestado poca atención por parte de los escritores vascos. Interesan más los victimarios, sus problemas de conciencia, su trastienda sentimental y todo eso. Además, el terrorismo de ETA no sirve para atacar a la derecha. Para eso es mucho mejor la guerra civil.”
Dos: el discurso del odio, de la superioridad, del sentirse diferente y por lo tanto con derecho a expulsar del “paraíso de la Patria” a los que no son dignos de disfrutarlo, en Euskadi ha empezado a remitir (aunque el penoso episodio del programa de ETB sobre España y la lamentable reacción de una parte de esa otra Patria, tan intolerante como la primera, dejan claro que los rescoldos siguen ahí). Pero si en Euskadi va a la baja, en Catalunya va al alza. El sentimiento de “yo soy diferente”, del "nosotros" y "los otros", se extiende como una mancha de aceite, lo contamina todo poco a poco y hace crecer ese otro huevo de la serpiente que en Catalunya ha incubado un nacionalismo excluyente y con tintes cada vez más nacional/populistas. Aquí todavía no hay violencia y espero que no la haya nunca, aquí el discurso del miedo no funciona igual, hay mas pluralismo, mas puntos de vista, pero hay un peligro real de que la situación se envenene y acabe por afectarnos a todos. 


(la mujer embarazada dibujada por Ramon no tuvo nunca dudas)
Cambio de tema
Esta semana se estrena una película belga. Se llama 9 meses. Con ella me pasa una cosa muy curiosa, me parece interesante, pero detesto a uno de sus personajes. Es una película sobre un embarazo adolescente. Una chica y un chico de quince años se encuentran con un bebe de camino. ¿Qué hacer? Dudan, es lógico. Toman su decisión juntos, es lógico. Buscan apoyo en los padres, en unos encuentran comprensión, en otros, rechazo. Todo lógico. Pero al final, la chica actúa por su cuenta. Es esa reacción la que me molestó profundamente. Y no solo en la historia que nos cuenta el film. Me molesta porque es algo que se hace (hacemos) muchas veces. Hay un problema provocado por dos partes al 50%. Hay varias soluciones, se barajan, se estudian, y se escoge una entre los dos. Se asumen las consecuencias. Y cuando llega el momento, una de las dos partes toma una decisión sin consultar al otro y sin pensar en lo que puede afectar a todos. Tiene quince años, decían para justificar lo que hace la niña. Yo pienso que no importa la edad para ser responsable de tus actos. 

sábado, 4 de marzo de 2017

CHICAS Y VIAJANTES


(esta chica de Ramon no es desconocida, pero me recuerda mucho a Jenny)
Llevo una semana buscando a La chica desconocida.  Mas que buscando, acompañando a Jenny, la protagonista de la película de los Hermanos Dardenne, en su búsqueda. Llevo una semana a su lado, escuchándola, viéndola, entendiéndola. La razón es muy sencilla. Los Dardenne, Luc y Jean Pierre, han estado en Barcelona para presentar una retrospectiva en la Filmoteca que comenzaba precisamente con su último trabajo: La chica desconocida. Los entrevisté hace unos días después de ver la película. Y eso me ha hecho convertirme durante esta semana en la compañera de Jenny.  Hay muchas cosas interesantes de las que hablar a partir de este film sobre una médico de familia en Lieja que tiene una tremenda sensación de culpa por un acto involuntario. Jenny no mata a la chica desconocida, pero ella se siente culpable. La chica desconocida se apodera de ella, la posee moralmente, hace que esta joven doctora no pare hasta averiguar quién era esa mujer negra, casi adolescente, que una noche llamó a su puerta.
Una de las preguntas que les hice a los Dardenne fue: ¿Jenny es una metáfora de Europa, Jenny nos representa a todos, haciendo oídos sordos a la llamada de los refugiados y los inmigrantes en nuestras puertas? Sí y no. Sí, desde luego, pero los Dardenne son mucho más inteligentes para dejarse llevar por la simple metáfora política y social. Jenny es una mujer cansada de una jornada de trabajo. Y si no abre no es por desprecio o por no dejar entrar en su espacio a esa persona que llama fuera de horario. Es porque no puede más y quiere irse a casa. Pero Jenny, como Europa, tiene conciencia y sabe que hizo mal. Sabe que no se puede mirar a otro lado y que hay que afrontar las consecuencias de sus actos. Las dos chicas desconocidas de la película, Jenny de la que no sabemos nada de su vida y su pasado y la joven negra, dejan de serlo cuando finalmente la doctora de barrio consigue darle un nombre a la inmigrante sin papeles. Un film de los que te hacen pensar.



(valdría la peana releer el texto de la obra de Miller)
 Viajantes, en plural. Porque en El viajante, flamante Oscar a la Mejor Película Extranjera de este año, dirigida por el iraní Asghar Farhadi, hay dos viajantes como en la chica había dos chicas. En el cine iraní ha habido tres directores indispensables hasta ahora: Kiarostami, el poeta, Mahmalbaf, el ensayista, Panahi, el cronista. A esta lista se suma desde hace unos años Farhadi, al que podíamos denominar, el novelista. De los cuatro, Farhadi es el que mejor ha retratado el Irán contemporáneo al centrar sus historias en personajes de clase media, sin graves problemas económicos, matrimonios en crisis por motivos casi siempre ajenos a ellos. La primera película de Farhadi que vi fue en el 2009. Se llamaba A propósito de Ely y era una especie de versión iraní de La aventura de Antonioni. Me gustó mucho y sobre todo me llamó la atención la modernidad de sus personajes. Dos años después Nader y Simir, una separación, confirmó que Farhadi era un director con una sensibilidad especial para retratar conflictos familiares. Ganó un Oscar. El pasado, seguía esta línea, pero el hecho de suceder en Paris, fuera de su espacio, la hacía ser un tanto extraña. Con El viajante, Farhadi vuelve a recuperar el pulso de su sociedad, de su contexto, de su gente. Y vuelve a un matrimonio que se enfrenta a una crisis inesperada al mismo tiempo que ensayan y representan en un teatro La muerte de un viajante de Arthur Miller. El guión del propio Farhadi combina las dos tramas, la del teatro y la de la vida haciendo que entre en el drama un segundo viajante, un hombre viejo y acabado como el Willy Loman de Miller. Mientras escribía esto me he dado cuenta de que Farhadi está escribiendo una especie de Comedia Humana (Tragedia humana) que tiene una continuidad en sus personajes femeninos: la Ely de su primera película, se quiere divorciar con el nombre de Nader, se marcha a Francia para vivir como Marie, pero vuelve a Teherán dispuesta a recomponer su matrimonio convertida en Rana. Tras el incidente que cambia toda su vida ¿qué camino tomará la Protagonista de Farhadi en los rasgos de Penélope Cruz y en España? .




sábado, 25 de febrero de 2017

NEGRITUD Y ANIMACIÓN






(no todos los negros son iguales)
El año pasado con motivo de las quejas sobre el supuesto racismo en Hollywood por la falta de películas y nominados de color en la ceremonia de los Oscar, escribí esto en el blog:
El espinoso asunto del racismo en  Hollywood y en las nominaciones a los premios. De las llamadas al boicot, las bromas más o menos acertadas y las reivindicaciones profesionales, me quedo con una idea: “señores de la industria, queremos las mismas oportunidades”. Así que decidí fijarme que oportunidades habían perdido los actores y actrices de color en las películas nominadas este año. Tomando como referente los títulos en danza para los premios gordos me di cuenta de que los actores de color no habían perdido oportunidades, simplemente porque no tenían  ninguna oportunidad. El problema no es que escogieran a un blanco en lugar de un negro. El problema es que no había papeles para los negros. El racismo, si es que existe, empieza en las historias que se filman.
Parece como si me hubieran hecho caso, aunque eso es imposible, porque en el momento de la ceremonia, la mayor parte de las películas de negros y con negros que se han estrenado este año y figuran en las nominaciones ya debían estar escritas e incluso rodadas. El caso es que este año se han estrenado un montón de películas Negras. Y siguiendo con el mismo método que utilicé entonces para demostrar(me ) que no podía haber personajes negros en los films, lo aplico ahora a los cinco títulos negros que están en danza en los que no podía haber personajes blancos:
Moonlight, historia de un hombre (niño, joven, adulto) de los guetos de Miami. Es la mas interesante de las cinco películas negras. La que tiene un planteamiento mas arriesgado en estilo y en contenido.
Figuras ocultas, historia (real) de tres mujeres de color en la Nasa de los años sesenta. Es un biopic muy convencional, incluso condescendiente, pero bienvenida sea la reivindicación de estas mujeres.
Loving, historia (real) de una pareja mixta hombre blanco/mujer negra en los años 50. Melodrama mas que otra cosa, el film de Jeff Nichols (blanco) se aguanta sobre todo por su pareja protagonista
Fences, obra de teatro del gran autor de la negritud August Wilson. Denzel Washington tiene tanto respeto a la obra que se le olvidó que estaba haciendo una película. De todos modos es un gran texto,
El nacimiento de una nación, historia (real) de un esclavo que protagonizó la primera revuelta contra sus amos blancos. Si el primer Nacimiento de una nación, Griffith, 1915, era una película ideológicamente marcada en su contenido pero absolutamente revolucionaria en sus formas, esta de Nate Parker, es sumisa en su historia y tremendamente  convencional en su forma.
Lo que está claro es que son películas que solo podían hacer los afroamericanos. Seguro que su presencia tendrá mucho protagonismo la noche del domingo. Eso con el permiso de Donald Trump que se llevará la mayor parte de los minutos en los parlamentos de la ceremonia.






Mi vida como calabacín. No tenía ni la más remota idea de lo que se podía esconder detrás de este título vegetariano. Podía ser cualquier cosa, menos lo que fue. No sé si quiero escribir mucho más de esta triste y feliz película, de esta terrible y esperanzada historia, de estos niños olvidados que encuentran un espacio de complicidad donde menos se lo esperan. Vayan a verla y descubran ustedes mismos que hay detrás del calabacín. Se reconciliaran con una parte de la humanidad, detestarán a otra y saldrán con una sonrisa entre las lágrimas.

También están olvidados los niños de los Psiconautas, la película que ha ganado el Goya a la Mejor Animación. Niños que intentan escapar de una isla destruida donde los psicopájaros malvados, los estúpidos perros policías y las ratas avariciosas, no les dejan vivir. Viajeros de la mente y del alma, Dinki, la ratoncita, Sara, la conejita, Zorrito y sobre todo Birdboy, el Niño/Pájaro, emprenden una aventura para liberarse de su entorno. Y nosotros con ellos, a su lado.
Dos películas que demuestran que el cine de animación para adultos no solo es posible, sino muchas veces es maravilloso.

sábado, 18 de febrero de 2017

NOMBRES PROPIOS



JACKIE
Qué difícil es contar algo muy conocido y ser capaz de decir algo nuevo. Qué difícil es hablar de una situación y un personaje que todo el mundo tiene en su imaginario y conseguir provocar la sorpresa, el descubrimiento. Es algo que solo está al alcance de los grandes directores y de los grandes guionistas. Es el caso de Pablo Larraín y de Noah Oppenheim que con Jackie trascienden el personaje y van mucho más allá de la situación. Jackie es Jacqueline  Kennedy y la película cuenta que sucedió los días después del asesinato del presidente Kennedy en Dallas. El film se articula en torno a una entrevista a la ex primera dama. Hay una frase en esa entrevista que me impresionó. El periodista le comenta a Jackie que su manera de hablar de Kennedy recuerda a la realeza. Y ella contesta: “Para hablar de realeza se necesita tradición y para hablar de tradición necesitas tiempo”. Tradición y tiempo, dos elementos que los Kennedy no tuvieron y que Larraín, con su inteligencia hace que sean los ejes para desarrollar el conflicto de esta mujer que tuvo que decidir si quería hacer un duelo público o privado. Y optó por lo público en aras precisamente de esta tradición y de ese tiempo. Contenida, austera, verdadera, aunque no se ajuste la realidad ya que nadie sabe lo que le pasaba a esta mujer en su interior en esos días terribles después de Dallas. Absolutamente absorbente, Jackie no es un biopic, no es una película histórica, no es una más sobre el asesinato de Kennedy. Es el retrato de una mujer que tenía muy claro que no tenía nada. “Hay dos clases de mujeres en el mundo, las que quieren poder en el mundo y las que quieren poder en la cama. ¿En qué me he convertido yo ahora?” le pregunta Jackie al sacerdote que interpreta John Hurt. No hay respuesta.
Nota: la presencia continuada de la música de Camelot, cuatro años antes de que existiera la película de Joshua Logan, le da al film de Larraín un tono de romanticismo y de nostalgia por un reino perdido. Pero lo mejor es que despierta el deseo irrefrenable de volver a verla y de ponerse a cantar con el rey Arturo, Ginebra y Lancelot.




(hace muchos años estuve en el rodaje de una película de Penélope Cruz en Túnez. No recuerdo donde estábamos, pero el hotel se parecía mucho al que aparece en esta película)

HEDI
¿Qué diferencia hay entre un sueño y un proyecto? ¿Un proyecto es un sueño hecho realidad? ¿Un sueño es un proyecto que no llegó a hacerse? Esta pregunta flota en la película tunecina Hedi. Y flota no solo por encima de su personaje, flota por encima de todo el paisaje del norte de África. Hedi es un joven callado y aparentemente sin ambiciones, fácilmente manipulable por su dominante madre, su despótico jefe y su convencional hermano. Hedi es como Túnez, un país sin ambiciones. Pero no es cierto, porque Hedi tiene un sueño y quiere que ese sueño se convierta en proyecto. Como el país que tenía el sueño de la libertad y tras el estallido de la revolución del 2011 que dio origen a las primaveras árabes y de paso a los indignados europeos, empezó a convertirlo en proyecto. Aunque no siempre los proyectos salen bien y además, exigen muchos sacrificios. Hedi debe enfrentarse a su familia y a su entorno y debe renunciar a una aventura de amor y de cambio: Túnez se enfrenó a una estructura de poder anquilosada y tuvo que renunciar a su (falso) bienestar económico y cultural. Hedi no sabe si su decisión ha sido la correcta; Túnez sabe seis años después, que el sueño se hizo trizas y que el proyecto (el colectivo del mundo árabe) cayó en manos de talibanes que lo han pervertido.



MIREIA

Pero hay veces que los sueños se convierten en proyectos y los proyectos llegan a hacerse realidad. “Para que recuerdes que remando con fuerza se puede llegar a buen puerto”, escribió mi hermana Mireia en la dedicatoria que me hizo de su libro La Capitana Dofi, un relato de iniciación y de aventuras en el mar, de misterios y tesoros, de fidelidad y de amor a la vida. Un libro que está pensado para los niños y los adolescentes, pero que cualquier adulto puede disfrutar en su (aparente) sencillez y en su (profunda) historia. Acaba de salir y desde aquí lo recomiendo a todos. Felicidades Mireia¡¡¡

sábado, 11 de febrero de 2017

MEMORIA


(en 1998 estaba en Turín con Ramon, seguramente coincidiendo con Massimo)
Hay películas que funcionan como despertadores de la memoria. No tienen que ser buenas películas, ni siquiera películas interesantes. Su función es otra. Aunque desde luego, mucho mejor si además de accionar los mecanismos del recuerdo son buenas películas, películas interesantes. Para mí, el último trabajo de Marco Bellocchio, un director que no figura entre mis favoritos, ha sido ese despertador. Felices sueños es un film evocador.
La historia es la de Massimo y su madre. Massimo que pierde a su adorada madre a los nueve años sin saber nunca como murió. Massimo que arrastra toda su vida esa ausencia, ese vacío que le incapacita para sentir el dolor ajeno (Sarajevo y la guerra de los Balcanes). Massimo que sufre ataques de pánico y acaba a los cuarenta años, asumiendo sus heridas y tras un baile frenético y liberador, siente que quizás puede empezar a vivir de verdad.
Pero si solo fuera eso, no sé si estaría escribiendo en este blog. Lo que me impulsa a escribir y lo que le agradezco al veterano (no me gusta la palabra viejo que implica decadencia y en Bellocchio no la hay) director italiano es la evocación.
De repente, mientras la veía, me puse a pensar: ¿Qué hacía yo en el año 1969 cuando Massimo baila un twist con su madre y mira Belphegor en la tele? Y me acordé. Tenía 19 años, llevaba un año viviendo con Ramón, estudiaba geografía y veía Belphegor¡¡¡ Claro que en otro contexto, (España no era Italia) y con diez años mas que Massimo. La siguiente fecha que me produjo esta sensación fue 1974. Massimo tiene quince años y es un adolescente que calla cosas. Yo tenía 24 y vivía en un país muy siniestro. Siempre pensé que los años sesenta fueron una explosión de luz, pero los primeros setenta fueron una sombra cada vez más negra y amenazante sobre nuestras cabezas. Luego hay un salto hasta el 92 o el 93. Massimo está en Sarajevo. Esa fecha me trajo a la memoria un flash de un momento muy especial. Estaba en  Venecia, en la Mostra de Cine. Era por la tarde, ya había acabado el trabajo del día y estaba con dos amigos italianos, Vincenzo y Angela, sentados en un bar donde tenían la televisión puesta. Y vimos, creo que fue la primera vez que fui consciente, el horror de la guerra de los Balcanes que estaba pasando allí, enfrente de donde nosotros tomábamos un Bellini. Fue un shock. De repente los tres tuvimos claro que algo se había roto para siempre. Nunca pudimos imaginar que fuera tan profunda la ruptura y con consecuencias tan nefastas para todo el continente.
Hay otra fecha importante en la película, 1999, cuando Massimo deshace el piso familiar y de paso sus nudos internos. En 1999 yo estaba punto de cumplir 50 años. Trabajaba en el Festival de San Sebastián y me sentía en un momento de gran plenitud. Nada que ver con el pobre Massimo. Pero la película me hizo pensar si yo había sido capaz de deshacer mis propios nudos. Y no estoy tan segura.
Pido perdón por este post tan personal y hacia dentro. No tiene porque interesarle a nadie lo que a mí me pasaba o dejaba de pasar. Pero es un blog y escribo lo que siento. Es una de las pocas, o mejor dicho, la gran ventaja de escribir libremente.
En todo caso, Felices sueños es una película para ver y para darse cuenta que los 77 años de Marco Bellocchio no solo no son un problema para hacer una película como ésta, sino que, probablemente, sean una ventaja.


También se ha estrenado Moonlight, otra película sobre el crecer, sobre el hacerse adulto y asumirse. Es muy sencilla en su belleza y en su historia, pero es muy compleja en sus emociones. Se ha hablado mucho de ella estos días. No voy a insistir. Pero si la recomiendo.

sábado, 4 de febrero de 2017

MANCHESTER NO ESTÁ EN EUROPA


(Badalona también está frente al mar)
Manchester frente al mar.
El nombre ya es extraño. Manchester no está en el mar. No el Manchester que todos pensamos, pero si este Manchester nevado y pesquero que está frente al mar de Nueva Inglaterra. Manchester donde vivía Joe y su hijo Patrick; donde vivía Lee y sus hijos y su mujer. Vivían, porque ya no viven. Joe acaba de morir y Lee, su hermano pequeño, se fue hace mucho tiempo. Pero ahora tiene que volver a Manchester para hacerse cargo de su sobrino, de una barca, y si es posible, de su vida. Lee vuelve y recuerda y revive, en los dos sentidos de la palabra: revive porque vuelve a vivir el dolor que le dejo vacío, muerto por dentro y revive porque recupera el aliento para seguir adelante. Pero nada es fácil y el proceso de duelo por su hermano se mezcla con su propio proceso de duelo por él mismo. ¡Qué difícil es mostrar el dolor y los sentimientos sin caer en situaciones tópicas y sensibleras! ¡Qué difícil es mostrar las emociones solo con una mirada, con un gesto, con una palabra! Y qué hermoso es cuando se consigue. No sé si la palabra justa es hermoso. En realidad debería decir que emocionante es ver esas emociones latiendo sin aflorar del todo. Lonergan, el director y guionista, consigue hacer que lo cotidiano flote sobre el sentimiento. Lee y Patrick resuelven los problemas del funeral, de la casa, de la barca, de las novias, de una forma natural: viven. Pero por debajo, Lee y de alguna forma también Patrick, van sentando las bases de lo que será su futura relación. Y eso es una de las cosas que más me gustan de esta película. Que no es nada previsible aun siéndolo; que las soluciones que encuentra son las lógicas de la vida pero no suelen ser las del cine; y que eso lo logra en gran parte por un actor que merece que le den el Oscar para el que está nominado: Casey Affleck . Melancólico, hipnótico, desconsolado, son tres adjetivos que la crítica ha utilizado para definir este melodrama callado.  Estoy de acuerdo con los tres.


(nubes de tormenta en el cielo de Europa)
Hotel Europa
La primera imagen que me vino a la mente viendo Hotel Europa, el nuevo film de Danis Tanovic, fue el de las ratas de laboratorio corriendo como locas en un laberinto sin salida. Luego me di cuenta que en realidad las ratas de esta película corren cada una en su nivel, sin mezclarse. Solo hay una rata, Lamija, la recepcionista, capaz de moverse en los distintos niveles. Los demás están completamente estancados en su espiral infernal. Hay cuatro espacios en este Hotel. En el sótano está el dinero, la mafia, la prostitución: el poder; en la planta baja están los obreros, los explotados, los humillados; en las plantas de las habitaciones están los intelectuales y los políticos; en la terraza están los medios de comunicación. Todos están ahí reunidos para celebrar el centenario del atentado de Sarajevo en el que el estudiante serbio Gavrilo Princip atentó contra el archiduque Fernando provocando la primera guerra mundial. Cien años después de este hecho, heroico para unos, terrible para otros, y casi veinte años mas tarde de otra guerra espantosa que dividió y tiñó de sangre los Balcanes en un enfrentamiento medieval de religiones y razas, la violencia sigue latente en Sarajevo. Porque el Hotel Europa está en Sarajevo, la ciudad mártir de la guerra de los noventa donde aun hay heridas abiertas, producidas en un tiempo en el que se sembraron las ideas de podredumbre nacionalista, de xenofobia religiosa, de odio y de separación. Ideas que cayeron en un terreno abonado y que ahora, en el 2017, están dando sus frutos envenenados en distintos rincones de Europa en forma de nacionalismos excluyentes y soberbios, de populismos fascistas.
Podemos ver este Hotel Europa como una metáfora. Mientras los que creen tener la única verdad, se pelean ferozmente en la terraza del hotel como todos los que desde la calle reclaman sus derechos nacionales, en la suite presidencial un famoso actor francés ensaya un monólogo sobre Europa pensado desde su propio interior, sin mirar a su alrededor, con las cortinas cerradas: el exterior no existe. Es un monólogo de lugares comunes desconectado de la realidad como el que tienen los políticos de Bruselas. Dos pisos más abajo, los obreros buscan desesperadamente un líder que les conduzca, que les diga que tienen que hacer, alguien a quien obedecer, porque no son capaces de decidir por si mismo. Y en el sótano, la mafia y la banca controlan todo el hotel y deciden sobre la vida de cualquiera de los que lo habitan. Ejemplar.

Claro que si quieren ver esta película como un Altman balcánico, una especie de cruce entre Shorts Cuts y Pret-a-Porter, interpretado por un grupo de actores desconocidos para nosotros pero de una gran calidad, pueden disfrutarla mucho. No hace falta más. 

sábado, 28 de enero de 2017

VEGETALES

Salvar al soldado Lynn
Billy Lynn es una película rara. De entrada no lo parece. Pero hay algo en su realización que produce un desequilibrio en el espectador. Pensamos que vamos a ver una película de soldados heroicos en esa guerra atípica que es la de Irak, Siria, Irán… Pensamos que vamos  a ver un panfleto patriótico sobre el coraje de los valientes soldados norteamericanos luchando contra el terror islamista. Pensamos que… Da igual lo que pensemos. El film va de otra cosa. Va de hacer espectáculo con todo. Va del sacar provecho con cualquier tema. Incluido un pequeño acto heroico transformado en gran hazaña bélica. Todo sucede en una tarde infernal durante un partido de futbol americano en el Texas Stadium, en Dallas, en el corazón de esa América profunda y blanca que ha votado en masa a Trump. Pero estamos en el año 2004 y en la presidencia aun está George Bush. La guerra de Irak está empezando y en ese estadio nadie parece muy interesado en saber qué es lo que pasa de verdad en un lejano país donde hace calor y no hay buenos cristianos. Mientras la compañía Bravo, con Billy como líder obligado, es exhibida, manipulada y utilizada propagandísticamente, Billy recuerda la supuesta heroicidad; recuerda al amigo perdido; recuerda las conversaciones con su hermana. Y piensa. Piensa qué hace ahí, qué está haciendo en ese estadio lleno de gritos y furia y música ensordecedora. La película deja de ser una film sobre la guerra para ser una historia sobre la conciencia. Pero lo que la hace más extraña es la forma como está filmada, con Billy siempre en un plano diferente de los demás, como recortado sobre el fondo ya sea el de la ciudad irakí, ya sea su casa en Texas, o ese estadio de pesadilla.
Después de verla descubrí dos cosas: una, está basada en una novela de Ben Fountain que en España se publicó como El eterno intermedio de Billy Lynn, título estupendo que resume la sensación de estar “entre” que vive Billy toda la película. La segunda es que está rodada con un sistema nuevo de 3D a 120 imágenes por segundo. No sé bien que significa eso, pero creo que es la explicación de la incómoda  impresión que produce la película.





Cine chileno
En el cine chileno está pasando un fenómeno muy interesante. La generación de cineastas nacidos a finales de los años setenta y los primeros ochenta, es decir los “hijos de la dictadura”, han decidido que no quieren hablar más del pasado de su país. Para eso están los otros, los que la vivieron aunque fueran pequeños. Ellos prefieren mirar hacia adelante. Pero lo curioso no es eso. Hasta cierto punto es comprensible que gentes que tienen entre treinta y cuarenta años se planteen hacer un cine cercano a su propia realidad y no a la de sus padres. Lo curioso es que hay entre ellos una tendencia a hacer un cine de claro componente sexual extravagante. Y pongo el acento en extravagante. Porque no se trata de películas con sexo o sobre sexo, son films en los que el sexo es algo inquietante y turbio. Mostrar un hombre y una mujer en la cama es algo muy aburrido, deben pensar los guionistas de estas historias. Y van mas allá. Como ejemplos solo voy a dar unos pocos títulos que se han podido ver en España de una u otra manera: Nasty Baby, de Sebastián Silva: una pareja gay quiere tener un hijo con la ayuda de una amiga. El futuro, de Alicia Scherson: Blanca y Tomás son hermanos y huérfanos. Viven en un mundo oscuro y peligroso en el que conocen a Maciste, un viejo actor italiano. Los hermanos y el actor establecen una extrañísima relación basada en el sexo. Joven y alocada, de Marialy Rivas: Daniela tiene 17 años, es bisexual y escribe un blog donde relata sus experiencias, no todas verdaderas. Su conservadora y evangélica familia intenta que deje de hacerlo.
Todo esto viene a cuento del estreno este viernes de Las plantas, de Roberto Doveris, un nuevo eslabón en la cadena de perversiones de este nuevo cine chileno. El director define Las plantas como una película feminista. Y efectivamente lo es porque convierte al hombre, del género masculino, en objeto del deseo y de la mirada voyeur de una adolescente encerrada en un mundo claustrofóbico con una  atmósfera opresiva. La falta de aire que rodea a Florencia y su hermano Sebastián y la continua distorsión de la imagen a través de espejos o reflejos hacen que este film sea casi de ciencia ficción. O mejor aun, de terror. Por momentos me hizo pensar en Ballard, y desde luego, aunque en otro registro, me recordó mucho a Kiki, el amor se hace, de Paco León.

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Dos de las películas que se estrenan esta semana merecerían algún comentario. De Diré tu nombre dirigida por Sean Penn y protagonizada por Javier Bardem, prefiero no decir nada. Cualquier cosa que escribiera sería para lamentar su existencia. Es cine impúdico a todos los niveles.

De Múltiple de Night Shyamalan no puedo decir nada porque aun no la he visto. Si cuando la vea creo que vale la pena, ya la recuperaré.