sábado, 17 de diciembre de 2022

ESTRENOS

 

Esta semana se estrenan varias cosas interesantes. Algunas no las he visto, otras sí, pero no me apetece mucho hablar de ellas. 

No he visto Avatar. El sentido del agua, de James Cameron, y me habría gustado. Soy muy fan de Avatar y sus seres azules. De hecho, inauguré este blog en el lejano 19 de enero del 2010 con una entrada sobre Avatar. La copio porque me sigue gustando y porque confío que siga sirviendo para esta segunda entrega: “Mientras veía Avatar, me venía constantemente a la cabeza este cuadro de Ramón que tanto le gustaba a Joaquín Jordá. No sé por qué. Cuando volví a casa, lo busqué y me di cuenta que la figura no se parece a los Na’vi, habitantes fantásticos del planeta Pandora, pero tiene algo de su grandeza. Y sobre todo tiene en común con la película de Cameron el fondo azul. ¡Como le gusta el color azul y por extensión el agua a este director¡ Parece que cada diez años, tenga que volver a hacer una película “azul” y de agua. En 1989 fue Abyss, para mí una de sus mejores historias, tan claustrofóbica y al mismo tiempo tan abierta a otros mundos. Abyss tiene el color azul claro de los ojos de Ed Harris y el azul rosado de la serpiente. La segunda fue Titanic en 1997; el mar de todos los azules; el agua en toda su grandeza como tercera protagonista de una historia de amor eterna. La tercera es esta Avatar de 2009. Azul de la piel de los Na’vi; azul del agua donde se conservan los Avatar antes de ser cuerpos que albergan almas de hombres y mujeres. Azul y verde. El verde de los árboles, en especial del magnífico árbol/madre donde viven los nativos invadidos por esos aliens tan hoscos, tan poco sutiles, tan elementales en su falta de horizontes, tan terriblemente humanos. No quiero entrar a valorar críticamente la película (se han escrito ríos sobre ella). Solo me gustaría recomendarla a todos aquellos que tengan ganas de vivir una hermosa aventura que de tan conocida y simple casi parece nueva en su sencillez.” Añado ahora que Cameron sigue con su racha de hacer una película azul y de agua cada diez años: Avatar. El sentido del agua.

 No he visto El pequeño Nicolás, y me habría gustado. Soy fan total de Jean-Jacques Sempé y René Goscinny y sus preciosos dibujos de línea clara. Y sobre todo soy fan del pequeño Nicolás. Estoy segura que este film en el que la criatura habla con sus creadores debe ser una auténtica delicia.

Sí he visto El techo amarillo, de Isabel Coixet, excelente documental con una mirada personal sobre un tema de abusos del que se ha hablado mucho.

Sí he visto Aftersun, de  Charlotte Wells, delicada y tierna miniatura de amor, confianza y respeto entre un padre muy joven y su hija de once años, recordada desde la mujer adulta. Un film que puede hacer un díptico con Somewhere de Sofía Coppola en el que destaca la enorme capacidad de la pequeña Frankie Corio para componer un personaje que entiende y sabe mucho más de lo que parece.

Sí he visto Erase una vez… de Alexandre Cirici PellicerJosé Escobar, rareza histórica de dibujos animados, una versión muy diferente de la Cenicienta realizada en 1950 y recuperada por la Filmoteca de Catalunya. Lo mejor es la ambientación renacentista italiana de todo el film.

Sí he visto Eo, de Jerzy Skolimovski. Un film experimental en todos los sentidos que el veterano director polaco nos regala a sus 84 años. Entre Platero y Balthazar (el burrito bressoniano), este Eo pequeño y gris mira el mundo que le rodea desde la tristeza de verse separado de su compañera Magda por una absurda ley animalista que prohíbe a los circos tener animales. A partir de ahí, Eo inicia un recorrido por el mundo de los humanos, con encuentros y desencuentros de varios tipos. Si Eo fuera solo esto, sería una película maravillosa. Pero Eo es una pesadilla. La música obsesiva que suena sin parar, los sueños de burritos androides de Eo, las luces y deformaciones rojas y azules, acaban por producir una auténtica sensación de terror, al menos a mí. 

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


No me gusta conducir
Movistar

Para compensar tanta intensidad en los estrenos, he visto esta serie de Movistar. No me gusta conducir es un titulo que puede enganchar a mucha gente. A Pablo, un seco, arisco y desagradable Juan Diego Botto, no le gusta conducir. Por eso ha llegado hasta los 40 años sin carnet. Prepotente profesor de Universidad, frustrado novelista, siempre enfadado, Pablo va a vivir en la autoescuela una situación para la que no está preparado. Más que aprender a conducir, en los seis capítulos cortos que dura esta serie de Borja Cobeaga, lo que Pablo aprenderá es a relacionarse con a la gente de otra manera y a respetarse y respetar a los demás: sus alumnos, su profesor de autoescuela, su ex mujer. Las tres mujeres que rodean a Pablo son sin duda mucho mejores que él: Leonor Watling es Iria, su ex mujer, siempre dispuesta a llevarle a cualquier parte; Lucía Caraballo es Yolanda, alumna de Pablo en la Universidad y compañera de clase en la autoescuela; Marta Larralde es la colega de la Universidad, la persona que le da la mejor lección de vida a Pablo. Junto a ellos está el mejor personaje de la serie, David Lorente, Lorenzo el profesor de la autoescuela, Ágil, sin tiempos muertos, con diálogos brillantes y un sentido del humor muy soterrado, No me gusta conducir es un respiro inteligente en medio de tanta serie que nos trata de imbéciles.

El regalo de esta semana son dos azules herrerianos dedicados a Avatar.



 

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