sábado, 7 de febrero de 2026

ISABEL Y LAMIA

 


Tres adioses, Isabel Coixet

69 producciones audiovisuales, 66 de ellas en treinta años, son un corpus cinematográfico que acreditan que Isabel Coixet es sin duda una de las grandes directoras del cine internacional. Digo producciones, y no películas, porque Isabel es de aquellas profesionales que no renuncia a ningún lenguaje: videoclips, publicidad, documentales, series de TV, películas de ficción, contribuciones en films colectivos, montajes de un año de vida en el mundo, campañas solidarias... Todos los géneros y formatos le sirven para proyectar su mirada sobre el mundo. Da igual que sea un documental sobre el Mar de Aral, o un regalo a su amigo John Berger, un guión original, o un encargo de adaptación de un libro. Se la reconoce en todos sus fotogramas, quizás porque ella misma ha llevado la cámara en muchos de sus trabajos. Isabel es fiel a sí misma, y sobre todo es fiel a dos cosas que me dijo en una de las muchas entrevistas que le he hecho a lo largo de los más de veinte años que nos conocemos: “Un director, lo que tiene que tener es un punto de vista construido sobre la realidad. Tienes que saber quién eres tú respecto a lo que quieres contar. Cuando veo una película, yo no quiero ver una obra maestra. Necesito sentir que la persona que me está contando eso, me lo está contando con el corazón y me lo está contando de una manera honesta.” Ella pone en práctica esta ley. Por eso es capaz de hacer comedias ligeras, comedias agridulces, melodramas, dramas personales. Por eso aunque adapta una novela, ella deja su sello sin dejar de ser fiel al autor del texto del que ha partido. Por eso, también, y a veces es lo más difícil, lo consigue en films que son encargos.

En Tres adioses hay muchas Coixets. La que acepta un encargo; la que adapta una novela, en este caso Tres cuencos, de Michaela Murgia; la que rueda con elencos internacionales y en cualquier ciudad, aquí la excelente Alba Rohrwacher y una Roma lejos de la postal turística; la que cuenta una historia de amor; la que cuenta una historia de vida; la que cuenta una historia de muerte. La muerte y el amor son dos temas recurrentes en su cine, la muerte y la memoria, el amor y la pérdida del amor; el sexo que no es amor, el amor que no sexo. La amistad por encima de muchos otros sentimientos. Tres adioses se podría llamar Mapa de los sabores de Roma, o Mi Roma sin mí. En este film, el dolor de una pérdida amorosa se transforma en un estímulo cuando Marta, la protagonista descubre que esa Roma que atraviesa con su bicicleta, seguirá estando ahí cuando ella ya no la pueda disfrutar. Tres adioses es un canto de amor a la vida simbolizada en esos tres cuencos que acompañan a Marta desde el principio del film y en cierto modo, son el elemento que cohesiona sus adioses: al amor, a la vida, a la gente que quiere. Tres adioses confirma otra de las frases que Coixet me dijo hace años: “Cuando hice mi primera película yo quería ser directora de cine, cuando hice la segunda, yo quería hacer películas.” Eso es lo que hace, películas.

 


La tarta del presidente. Hasan Hadi

No llega mucho cine de Irak, supongo que tienen otras cosas en las que pensar, aunque la verdad, Irak es un país del que se habla poco en las noticias y en los diarios, lo que seguramente quiere decir que viven relativamente tranquilos. Pero no siempre fue así. De hecho no hace mucho, Irak vivía en una dictadura militar laica, pero dictadura, bajo el régimen de Sadam Huseín, uno de los tiranos de manual que mantuvo un férreo poder durante casi 25 años. En ese contexto de inestabilidad tranquila, hacer cine no parece lo más urgente. Por eso se agradece este film agridulce con niña dentro. Lamia es una niña de nueve años, una especie de Marisol iraquí que no canta, pero es tan dulce y capaz de solucionar todos los problemas como si fuera un rayo de luz. Pero no se asusten, porque Irak está muy cerca de Irán, y el aliento de Kiarostami y Panahi está muy presente en esta aventura de búsqueda de los ingredientes que Lamia. tiene que encontrar para hacer una tarta para el cumpleaños del presidente Sadam. Estamos en abril de 1990, los americanos amenazan con un ataque a Irak (creo que el ataque fue más tarde, pero da igual). Los aviones no dejan de pasar por encima de la zona lacustre donde vive Lamia con su abuela. Pero ella lo único que quiere es conseguir los ingredientes para su tarta y para eso, tienen que ir a la ciudad. Lamia coge a su gallo Hindi, del que no se separa nunca y se marcha a la ciudad con su abuela. Mientras ella vive varias aventuras tragicómicas, pícaras e incluso peligrosas, acompañada de su abuela, sola, o con su amigo Said, la sociedad y la vida iraquí con sus miedos, militarización, escasez de todo lo necesario y corrupción generalizada, va aflorando a su alrededor en un retrato más bien desolador en todos los aspectos. Pero la película no pierde el equilibrio entre la inocencia de Lamia y la miseria del mundo en el que se mueve, y tampoco cae en la denuncia facilona de todo el mundo es malo. ¿Conseguirá Lamia hacer su tarta para el presidente? A Kiarostami le habría gustado este pastel. 

El regalo de esta semana son tres vasijas (no cuencos) para que Isabel haga una tarta de la mano de Lamia.