viernes, 27 de febrero de 2026

ORWELL 2+2=5

 

Orwell 2+2=5 Raoul Peck

En la última Berlinale, Wim Wenders provocó un pequeño terremoto mediático (y político) cuando afirmó en la rueda de prensa del jurado: “(Los cineastas) No debemos meternos en política. Si hacemos películas comprometidas con la política entramos en el terreno de la política. Pero debemos ser el contrapeso de la política (...) y hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos". Si Raoul Peck hubiera estado en ese jurado, probablemente le habría contestado con su exquisita educación: “Cuando se vive todos los días en una sociedad donde es necesario preservar la democracia, un artista no se puede permitir decir “soy neutral.” No decir nada es ya tomar una decisión política. El silencio es una postura política.” El silencio al hablar o con las imágenes al contar una historia. La política, en el sentido que le da una de las definiciones de la RAE, es la “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo”. Y ese otro modo, en un cineasta es el cine. Raoul lo sabe y por eso hace Cine Político, no Cine de Argumento Político, no Cine de Denuncia Social. Cine Político en el que el equilibrio entre el lenguaje hablado y el lenguaje visual, sirve para relacionar el mundo. En este caso el mundo del siglo XX con el mundo del Siglo XXI. El que dibujó George Orwell en su profética 1984, y el de hoy mismo cuando El Gran Hermano está en nuestras cabezas en forma de redes sociales, y los tiranos de hoy siguen comportándose como los tiranos de siempre. Orwell 2+2=5 es cine político en el mejor sentido del término. Una lección de historia, una película, como dije al volver de San Sebastián, que deberían ver todos los gobiernos. Desgraciadamente para reconocerse en muchos de sus momentos.

Si  un político se empeña, 2+2 serán 5. Si un torturador se lo propone 2+2 serán 5. Pero la realidad seguirá siendo que 2+2 son 4. Orwell sabía de lo que eran capaces los políticos y los torturadores, por eso en 1984, una de los momentos más angustiosos es el de los cuatro dedos que han de ser cinco.

—¿Cuántos dedos, Winston? —Cuatro. La aguja subió a sesenta.

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡¡Cuatro!! ¡¡Cuatro!! ¿Qué voy a decirte? ¡Cuatro!

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡¡Cuatro!! ¡Para eso, para eso! ¡No sigas, es inútil!

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡Cinco! ¡Cinco! ¡Cinco!

—No, Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por favor, ¿cuántos dedos?

 —¡¡Cuatro!! ¡¡Cinco!! ¡¡Cuatro!! Lo que quieras, pero termina de una vez. Para este dolor.

Orwell 2+2=5 es un documental, pero también es un aviso, y sobre todo es un grito que no debería caer en el vacío. Tenemos que parar esta locura de que dos más dos sean cinco porque lo deciden Trump o Putin, o quién se nos ocurra (no faltan candidatos). “El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”, escribe Orwell. La historia la escriben los vencedores, podríamos añadir. Por suerte, la historia del pasado y su proyección en el futuro, que ya es presente, también la escriben, la filman gentes como Raoul Peck en trabajos como este indispensable documental.  Cuando la vi en San Sebastián quedé conmocionada. Orwell 2+2=5 cuenta la vida de George Orwell a partir de materiales de archivos y películas de ficción, vinculándola a la actualidad más reciente (Ucrania, Gaza, Estados Unidos, Birmania). El paralelismo de sus palabras en 1949 con lo que está sucediendo ahora mismo, es impresionante y lo más terrible no es ver lo que más o menos conocemos, lo que me impresiona más, es darme cuenta de la cantidad de regímenes totalitarios que hay en el mundo, no todos de derechas, y darme cuenta de cuántas de las cosas que se exponen en esta lección de historia, están sucediendo ahora mismo. En esta segunda visión, en la que ya no me quedaba clavada en el asiento por lo que veía y oía, me he fijado en el virtuosismo de Peck como documentalista. La manera como monta el film, partiendo de la columna vertebral de la vida de Orwell narrada a través de sus cartas y sus textos, ilumina las atrocidades de un siglo XX (y lo que llevamos del XXI) dominado por la violencia, el ansia de poder, la manipulación de las gentes, el control del pensamiento y la humillación de la inteligencia.

LA GUERRA ES LA PAZ.

LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD.

LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Estas tres frases que se repiten una y otra vez en la novela 1984, siguen resonando una y otra vez en nuestra realidad. Es verdad que todo está escrito. De nosotros depende que no se repita.

El regalo de esta semana es para Raoul Peck



 

 



 

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