Orwell 2+2=5 Raoul Peck
En la última
Berlinale, Wim Wenders provocó un pequeño terremoto mediático (y político) cuando
afirmó en la rueda de prensa del jurado: “(Los cineastas) No
debemos meternos en política. Si hacemos películas comprometidas con la
política entramos en el terreno de la política. Pero debemos ser el contrapeso
de la política (...) y hacer el trabajo de la gente, no el de los
políticos". Si Raoul Peck hubiera estado en ese jurado, probablemente le
habría contestado con su exquisita educación: “Cuando se vive todos los días en
una sociedad donde es necesario preservar la democracia, un artista no se puede
permitir decir “soy neutral.” No decir nada es ya tomar una decisión política.
El silencio es una postura política.” El silencio al hablar o con las imágenes
al contar una historia. La política, en el sentido que le da una de las
definiciones de la RAE, es la “Actividad del ciudadano cuando interviene en los
asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo”. Y ese
otro modo, en un cineasta es el cine. Raoul lo sabe y por eso hace Cine
Político, no Cine de Argumento Político, no Cine de Denuncia Social. Cine
Político en el que el equilibrio entre el lenguaje hablado y el lenguaje
visual, sirve para relacionar el mundo. En este caso el mundo del siglo XX con
el mundo del Siglo XXI. El que dibujó George Orwell en su profética 1984, y el
de hoy mismo cuando El Gran Hermano está en nuestras cabezas en forma de redes
sociales, y los tiranos de hoy siguen comportándose como los tiranos de siempre.
Orwell 2+2=5 es cine político en el
mejor sentido del término. Una lección de historia, una película, como dije al
volver de San Sebastián, que deberían ver todos los gobiernos. Desgraciadamente
para reconocerse en muchos de sus momentos.
Si un político se empeña, 2+2 serán 5. Si un
torturador se lo propone 2+2 serán 5. Pero la realidad seguirá siendo que 2+2
son 4. Orwell sabía de lo que eran capaces los políticos y los torturadores,
por eso en 1984, una de los momentos
más angustiosos es el de los cuatro dedos que han de ser cinco.
—¿Cuántos
dedos, Winston? —Cuatro. La aguja subió a sesenta.
—¿Cuántos
dedos, Winston?
—¡¡Cuatro!!
¡¡Cuatro!! ¿Qué voy a decirte? ¡Cuatro!
—¿Cuántos
dedos, Winston?
—¡¡Cuatro!!
¡Para eso, para eso! ¡No sigas, es inútil!
—¿Cuántos
dedos, Winston?
—¡Cinco!
¡Cinco! ¡Cinco!
—No,
Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por
favor, ¿cuántos dedos?
—¡¡Cuatro!! ¡¡Cinco!! ¡¡Cuatro!! Lo que quieras,
pero termina de una vez. Para este dolor.
Orwell
2+2=5 es un documental, pero también es un aviso, y sobre todo
es un grito que no debería caer en el vacío. Tenemos que parar esta locura de
que dos más dos sean cinco porque lo deciden Trump o Putin, o quién se nos
ocurra (no faltan candidatos). “El que
controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla
el pasado”, escribe Orwell. La historia la escriben los vencedores,
podríamos añadir. Por suerte, la historia del pasado y su proyección en el
futuro, que ya es presente, también la escriben, la filman gentes como Raoul
Peck en trabajos como este indispensable documental. Cuando la vi en San Sebastián quedé
conmocionada. Orwell 2+2=5 cuenta la vida de George Orwell a partir de materiales
de archivos y películas de ficción, vinculándola a la actualidad más reciente
(Ucrania, Gaza, Estados Unidos, Birmania). El paralelismo
de sus palabras en 1949 con lo que está sucediendo ahora mismo, es
impresionante y lo más terrible no es ver lo que más o menos conocemos, lo que me impresiona más, es darme cuenta de la
cantidad de regímenes totalitarios que hay en el mundo, no todos de derechas, y
darme cuenta de cuántas de las cosas que se exponen en esta lección de
historia, están sucediendo ahora mismo. En esta segunda visión, en la que ya no
me quedaba clavada en el asiento por lo que veía y oía, me he fijado en el
virtuosismo de Peck como documentalista. La manera como monta el film,
partiendo de la columna vertebral de la vida de Orwell narrada a través de sus
cartas y sus textos, ilumina las atrocidades de un siglo XX (y lo que llevamos
del XXI) dominado por la violencia, el ansia de poder, la manipulación de las
gentes, el control del pensamiento y la humillación de la inteligencia.
LA GUERRA ES LA PAZ.
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD.
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Estas tres frases que se
repiten una y otra vez en la novela 1984, siguen resonando una y otra vez en
nuestra realidad. Es verdad que todo está escrito. De nosotros depende que no
se repita.
El regalo de esta semana es
para Raoul Peck

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