sábado, 17 de enero de 2026

TRES SERIES


Esta semana en la que se estrenan doce películas de las que he visto seis, no me apetece hablar de ninguna. Por eso, y para compensar las entradas de la semana pasada,  esta se va a centrar en tres series que la gripe y las fiestas me han permitido ver. Son muy distintas entre sí, pero en cierto modo las tres podrían llevar como subtítulo el título de una de las películas que se estrenan: Si pudiera te daría una patada.

 


The Morning Show, Apple TV

Las patadas aquí van en distintas direcciones, hay muchas espinillas y culos donde darlas, pero las mejores son las que la propia serie da a la realidad. The Morning Show es el título de un programa informativo matinal en una gran cadena de televisión de ámbito estatal en Estados Unidos, un programa de gran audiencia y de gran impacto, de esos que crean opinión. Empieza la serie con el despertar de sus presentadores a las 4 de la mañana para estar listos cuando a las 8 empiece el programa. Lo que descubrirán muy pronto las dos estrellas del show es que esa mañana ha estallado en el estudio una auténtica bomba. Mitch Kessler, el popular presentador, ha sido acusado de abusos sexuales y su compañera, Alex Levy, debe sortear cómo pueda el hecho de quedarse sola frente a las cámaras y ser sospechosa de encubrimiento. La primera temporada es del 2019 y tiene el movimiento MeToo como eje vertebrador, reflejando la actualidad que se vivía en el país y en el mundo. El vacío dejado por Kessler será pronto llenado por Bradley Jackson, una reportera novata y con mucho genio que llega del sur profundo, una republicana en un nido de demócratas. La rivalidad/amistad/colaboración entre Alex y Bradley se prolongará a lo largo de las cuatro temporadas de una serie que es un microcosmos del propio país. Aprovechando que está hablando de un programa de información, la segunda temporada, rodada en el 2020, tiene la pandemia del COVID como referente. Para mí, esta segunda temporada es la mejor de las cuatro, por la capacidad que tiene de evocar esos meses en los que todo el mundo vivía aislado y con miedo, sin dejar de lado, las rivalidades, amores, desamores y ambiciones de todos sus protagonistas. En la tercera, vemos el asalto al Capitolio del 6 de enero desde la perspectiva de las noticias, la progresiva radicalización de la sociedad y la inmensa desconfianza que hay, incluso en terrenos más o menos afines, entre negros y blancos, entre hombres y mujeres. Pero sobre todo vemos, como un sosias de Elon Musk , llamado Paul Marks, se hace con la cadena para incorporarla a su gran imperio económico. En la cuarta,  y de momento la última, The Morning Show se prepara para el reto de los Juegos Olímpicos de París, mientras el protagonismo en la cadena lo va ganando cada día más un podcast de extrema derecha que  crece en audiencia a medida que el país se va radicalizando cada vez más. Alex intenta salvar la cadena de un desastre al mismo tiempo que intenta salvar a Bradley de una misión suicida en Bielorusia. Este es el contexto de la historia, pero si The Morning Show funciona tan bien es por el enorme carisma de sus protagonistas. Alex es Rachel, perdón, Jennifer Aniston, Bradley es Reese Whiterspoon, el tercer personaje protagonista es Billy Crudup como Cory Ellison, el director y controlador de la cadena. A ellos hay que sumar una galería de actores multirraciales en personajes importantes y la colaboración de grandes estrellas internacionales como Marion Cotillard, Valeria Golino, Jeremy Irons o el añorado Jon Hamm, que parece especializado en papeles de cínico manipulador. Entre todos ellos, !las patadas vuelan!

 


Perni,  Henriette Steenstrup Netflix

Las patadas en esta serie las da Perni, pero lo hace con buena intención. Perni es una serie noruega que tiene 5 temporadas. La primera es del 2021 y la última del año pasado. Su creadora, directora y protagonista es  Henriette Steenstrup, una Perni adorable a la que quieres en cuanto aparece en pantalla. Pero Perni sabe dar patadas si hace falta, porque Perni es una trabajadora social, de mediana edad, madre soltera de dos hijas adolescentes producto de su relación con un hombre estúpido con el que no puede contar para nada. Con el que si puede contar es con un padre inteligente y colaborador instalado en una eterna adolescencia, y un sobrino conflictivo que vive con ella. El auténtico refugio de Perni es su hermana a la que llama continuamente para contarle todo lo que le pasa. Es en estas llamadas donde Perni da las patadas que en la vida no puede dar. Durante las cinco temporadas, vemos como crecen sus hijas y su sobrino, como se enamora y desenamora de un atractivo abogado, como pelea por los problemas de los niños que como asistente del servicio de protección a la infancia le asignan y como intenta ser feliz y hacer felices a los demás. Sin dejar de lado una gran carga crítica con el sistema, Perni es una comedia agridulce que se ve con una gran empatía. Quizás porque Perni, es decir Henriette Steenstrup, es una mujer de una normalidad absoluta que no se suele ver en las serie de televisión. A su favor tiene que son temporadas cortas, de seis episodios de media hora de duración. ¡Me encanta Perni!

 


Blue Lights, Movistar

Los policías dan patadas, también reciben patadas. Más si eres novato en la comisaría. Blue Lights es una serie inglesa ambientada en Belfast, en un periodo donde la revuelta del IRA había bajado de intensidad, pero no desaparecido, y en el que las drogas y sus mafias son los más peligrosos enemigos. En este contexto empiezan a trabajar como patrulleros tres recién llegados. Grace, ex trabajadora social de 41 años, intenta rehacer su vida; Tommy, un chico tímido e inseguro, espera superar el periodo de pruebas y ganar seguridad; y Annie, una chica rebelde y decidida capaz de enfrentarse a su mundo para hacerse policía. La primera temporada los sigue en su proceso de adaptación a la comisaría, el ritmo de las calles, los compañeros. Podría ser una continuación de la mítica Canción triste en Hill Street que en los años 80 fue una de las primeras que intentó mostrar a los policías de Nueva York desde una perspectiva humana y personal. Blue Lights sigue esta estela de normalidad, alejando a los policías del heroísmo o la superioridad. En la segunda vemos como se consolidan las amistades y las relaciones y como sus entornos familiares aceptan su nueva condición. La tercer es la más interesante, al poner en evidencia que las mafias de droga, camufladas bajo el movimiento independentista, ponen en peligro a todos en la ciudad. Blue Lights tiene 18 episodios de 60 minutos en tres temporadas, con un punto adictivo: cada vez que se acaba uno, quieres saber un poquito más de Grace, Tommy, Annie, tres personajes unidos para siempre a los rostros de Sian Brooke, Nathan Braniff y Katherine Devlin. ¡Larga vida a estos policías!

El regalo de esta semana es una chica que, quizás, está viendo una serie bonita.



sábado, 10 de enero de 2026

VENEZUELA

 

Llevo varios días sumida en una contradicción tremenda. La alegría de ver caer a alguien como Maduro (no la voy a negar, es un personaje al que detesto desde hace años  y mucho más desde que he conocido a algunos venezolanos), se mezcla con la sensación de miedo que me produce ver a otro personaje que detesto, Donad Trump, alardeando de ser el amo del mundo, en el que todos tienen que hacer lo que él quiere. A esta contradicción se suma la sensación gatopardesca de que Todo cambia para que nada cambie. Debería releer El Gatopardo, pero en su lugar a llegado a mis manos, gracias a una amiga, un pequeño libro de una escritora venezolana. Una coincidencia, quizás. En todo caso, un coincidencia reveladora que me ha hecho alegrarme un poco más de que un dictadorzuelo analfabeto, ególatra y malvado  haya caído y preocuparme un poco más de que le suceda en el poder una dictadorzuela igualmente ególatra, pero nada analfabeta, que ha entendido que debe ponerse ella y su país al servicio del sheriff naranja. Tengo la impresión que Venezuela va a estar peor que antes: con la misma o más feroz represión y escasez, miedo y penurias, pero encima, regalando toda su riqueza a Trump y los poderosos lobbies que le rodean, a él y a la vicepresidenta no electa pero si sumisa que también irá acrecentando su fortunita. En fin,  de verdad que no apetece nada lo que está pasando, pero ahora mejor vamos al libro.

 


Viaje a la inversa, Mónica Montañés Kálathos ediciones

Viaje o viajes a la inversa, son los que recoge este librito que se lee como un café cortito, paladeándolo. Son cinco viajes, los de las abuelas de Mónica, Amparo y Helena, el de la tía de Mónica, Amparito, el de la madre de Mónica, Mónica, y el de ella misma Moniquita. Son viajes de ida y vuelta o ida sin vuelta entre España y Venezuela. Maletas donde se guarda lo que parece indispensable, ideas que se guardan en la memoria, separaciones y encuentros. Salir de un país para ir a otro, obligadas por la política, la represión, el hambre, el miedo. Las cinco mujeres que han hecho las maletas para irse de España a Venezuela y de Venezuela a España lo han hecho por las mismas razones: la imposibilidad de vivir en su país. Amparo, Helena, Amparito, Mónica y Moniquita, revelan con sus viajes a la inversa el dolor y la añoranza del desarraigo que sigue tan urgente ahora como lo estuvo en los años cuarenta. En la España franquista de la posguerra no se podía vivir, tampoco en la Venezuela de ahora mismo,  ni en la Nigeria de Ana, la protagonista del último relato de un libro que no es de cuentos. Porque la realidad no es un cuento. Seguramente Mónica pensó el sábado 3 de enero en la última frase de su historia: “La vida de pronto toma un rumbo inesperado y toca aceptarlo.” El rumbo inesperado fue el que se produjo este sábado. Pero me perdonará Mónica y los venezolanos, creo que todo ha cambiado para seguir igual o peor, para ellos y para todos los demás. Los matones del patio del colegio tienen abierto el camino para hacer lo que les de la gana.

 


(Edward G. Robinson, en plan pre Trump

Barbary Coast /La ciudad sin ley, Howar Hawks, 1935 Filmin

El viernes 2 de enero vimos una película de Howard Hawks que no recordaba. En castellano la titularon La ciudad sin ley, en inglés era Barbary Coast, la costa bárbara, salvaje, sin ley. Pasa en 1849, cuando una joven rubia y decidida llega a San Francisco, una ciudad donde impera el  caos y el oro, con intención de casarse con un rico minero. Mary (Miriam Hopkins) se entera nada más desembarcar que su futuro marido ha muerto, pero lejos de acobardarse (¡buenas son las mujeres en el cine de Hawks y más si el guión está escrito por Ben Hetch y Charles MacArthur!), la chica se dirige al saloon, restaurante, hotel, casino dirigido por Louis Chamalis, (Edward G. Robinson), auténtico amo absoluto de la ciudad donde nadie hace nada sin su consentimiento.  Todo lo que quiere lo consigue. Mary establece con él un pacto muy poco ético que le permitirá hacerse rica: robar desde la ruleta todo el oro de los mineros. Lo que pasa después es interesante, pero si hablo de esta película hoy y aquí es porque nada nos permitía pensar que solo 24 horas más tarde íbamos a ver una versión contemporánea, naranja y azul, del personaje de Louis Chamalis, ejerciendo de dueño de la ciudad, perdón de Venezuela, perdón del mundo. Como Chamalis, Trump no se mancha las manos, para eso tienen a los Marco Rubio i Delcy Rodríguez de turno que le hacen el trabajo sucio. Es el oro, diría Chamalis; es el petróleo, dice Trump. Es el poder absoluto sin ningún tipo de moral. Seguro que Trump no ha visto esta película, pero eso no quita que el modelo de poder de 1849 siga siendo muy parecido 175 años después.

(el regalo de esta entrada es una foto que hicimos mientras veíamos Barbary Coast)




 

 

NOUVELLE VAGUE

 


Nouvelle Vague, Richard Linklater

El estreno de Nouvelle Vague de Richard Linklater, debería haber sido el protagonista del blog de hoy, pero no he podido renunciar a desfogarme un poco sobre la actualidad antes de hablar, mejor dicho disfrutar de este film, “La película más feliz que se ha hecho nunca sobre un momento tan importante y definitivo del cine como fue el nacimiento de la Nouvelle Vague. El rodaje de A bout de soufle, en la mejor época de los chicos de Cahiers, cuando todavía eran amigos y no habían empezado a acuchillarse unos a otros, es la excusa para mostrar que se puede hacer cine sin saber nada de como se hace y disfrutando. Con excelentes caracterizaciones de los actores, no solo físicas, sobre todo emocionales, es un placer reencontrarse con mitos del cine moderno haciendo literalmente lo que les da la gana. Un divertimento estupendo que te estimula a ver o revisar la mítica película con una mirada libre de mitomanías.” Esto lo escribí en San Sebastián, hoy me reafirmo: Nouvelle Vague no es un ejercicio de nostalgia, tampoco un homenaje a un cine que dominó el panorama durante años. Nouvelle Vague es un regalo que Linklater se hace a sí mismo y a los espectadores, para recordarnos que lo que glorificamos poco después, en su momento se vivió como una aventura y un juego. Un Paris veraniego y feliz, un tiempo de alegría y rebeldía juvenil encarnada en estos críticos que iban a ser directores. Usando el blanco y negro más puro, todo el film destila cariño, respeto y placer. Es una película de ahora que habla de un ayer que no hay que añorar. Godard miraba el cine americano para hacer Al final de la escapada, Linklater hace el viaje a la inversa (curioso) y mira el cine francés para hacer Nouvelle Vague, pero ambos lo que hacen es llevar a su terreno cinematográfico la experiencia de los otros.

 


He encontrado este texto escrito en el 2010¡¡¡ que puede servir de contexto a la Nouvelle Vague de Linklater. Es largo, pero creo que es útil¡



FRANÇOIS Y LOS OTROS

(texto original, ligeramente distinto del publicado en el libro François Truffaut El deseo del cine, Nosferatu 2010)

Este es un texto peculiar que necesita una pequeña aclaración.
Lo primero es explicar que en realidad los actores de este texto son los componentes de lo que Rivette llamó LA BANDA DE LOS CUATRO, es decir Godard, Rivette, Rohmer y Truffaut. Lo segundo es comentar el método de construcción de este escrito para el que he utilizado un sistema defendido por Godard en sus tiempos de critico, lo que él llamaba “una falsa entrevista”, es decir una entrevista no realizada, pero si con declaraciones y textos verdaderos extraídos de distintas fuentes. Lo tercero es avisar que en realidad no estamos ante una falsa entrevista, sino ante “una falsa mesa redonda”. Supongamos que tenemos a los cuatro protagonistas reunidos en una sala, quizás, la redacción de Cahiers du Cinéma, en algún momento entre 1959 y 1984, los veinticinco años que duró la vida profesional de François Truffaut

PRÓLOGO

Redacción de la revista. Un personaje, al que vamos a llamar el Entrevistador, toma notas en una mesa. Nos acercamos a ver lo que escribe y leemos:
“¿Qué es lo que les une? Su amor y devoción por Rossellini y por Renoir, por encima de todo. Por lo tanto, de eso no se habla. ¿Qué más? Los actores que comparten entre todos, especialmente dos que se erigen en alter egos de ellos mismos en el cine: Jean-Claude Brialy y Jean-Pierre Leaud. Tampoco nos interesa. ¿Qué tenían en común?
No sabían nada de sus vidas privadas que ocultaban y preservaban celosamente como si fuera un gran secreto; solo vivían para el cine y por el cine. Se ayudaban mucho en todo lo que tenía que ver con hacer películas, ya fuera colaborando unos en proyectos de otros, ya fuera con apoyo financiero cuando alguno de ellos tenía la posibilidad de hacerlo.”
El entrevistador consulta una serie de fichas que tiene en la mesa y resume:
“Truffaut publica su famoso artículo Une certaine tendance du cinéma français, en el nº 31 de CC, de enero de 1954, en el que critica el cine de qualité francés. En 1955, Rohmer escribe en CC la serie de cinco artículos Le celluloïd et le marbre, que le convierten en la gran pensador del grupo. Godard dejará constancia de su idea del cine en Montage, mon beau souci, publicado, en CC nº 65, del año 1956 y un año después, en 1957, Jacques Rivette publica un artículo dedicado al valor moral de la puesta en escena que se titula De l'abjection. Todos estos artículos, cuyas tesis serán utilizadas en la realización cinematográfica de sus autores, anuncian la revolución del nuevo cine. No habrá referencias a estos textos. Lo mejor es leerlos y compararlos”, escribe el entrevistador.
El entrevistador acaba estas notas con una definición de cada uno de ellos:
“François Truffaut es el más literario; Jean-Luc Godard el más político, Jacques Rivette el más teórico, Eric Rohmer el más culto”.
Ahora ya puede llamarlos para que entren en la sala y empiecen a hablar.


Los cuatro protagonistas están sentados alrededor de la mesa. Se observan. François es el que tiene un aspecto más juvenil con su rebelde mechón de pelo negro sobre los ojos. Es lógico, François murió cuando tan solo tenía 52 años, sus compañeros han vivido más años, han llegado a viejos y su aspecto es de personas mayores. Godard oculta su mirada detrás de sus eternas gafas negras, gafas que le han acompañado desde que tenía 20 años hasta ahora mismo en que sigue defendiendo su idea del cine desde su refugio en Suiza; Rohmer, el más inteligente, los observa con sus profundos ojos azules mientras recuerda su lejana juventud e intuye su cercana muerte y Rivette, siempre el más ordenado y el más sereno, el más trabajador y constante en su vida profesional, parece preguntarse qué va a pasar ahora.
El entrevistador se dirige a ellos y les propone temas para hablar.

PRIMER ACTO: LA VIDA
Entrevistador. ¿Cómo era su vida antes de encontrarse y cómo se conocieron?
François Truffaut
. Mi juventud no fue una vida de mártir pero tampoco fue feliz. Encontré un inmenso refugio en la literatura y en el cine. Naturalmente he cambiado a lo largo de mi vida, pero no en lo esencial. Cuando era joven no me gustaban los adultos, ni la vida social, ni la política. Y ahora sigo sin tener relaciones con ese tipo de gente que quiere regir las vidas de los demás. Continúo interesándome únicamente por el cine y la literatura. Yo creo que mi interés por la cultura era instintivo, ya que en cuanto leía un libro quería saber el nombre del autor, miraba si había escrito otros libros y procuraba leerlos. Son reflejos de autodidacta. El cine en este período de mi vida actuaba como una droga. No era raro que viese la misma película cinco o seis veces en el mismo mes sin ser capaz luego de contar correctamente el argumento, porque, en un instante preciso, una música que subía de volumen, una persecución en la noche, el llanto de una actriz, me emborrachaban, me arrebataban y me arrastraban más allá de la película
Jacques Rivette. Yo vivía en Rouen. Llegué a Paris en el 49, un día por la mañana. Tenía un amigo que me alojaba, pero como vivía en un barrio de la periferia, me citó en una librería. El gerente de la librería era un actor que se ganaba la vida así. Se llamaba Jean Grualt y una de sus amigas era Suzanne Schiffman. El primer día me dijo: en el cineclub del Quartier Latin están reponiendo Les dames du Bois de Boulogne (Robert Bresson, 1945) y Maurice Scherer va hacer la presentación.
Eric Rohmer. Scherer era yo. Yo era el presentador del cineclub del Quartier Latin. Allí conocí a Rivette. El cineclub publicaba entonces un Boletín donde Rivette escribió un artículo notable contra el cine de montaje. Poco después transformamos ese boletín en la Gazette du cinéma donde se publicaron artículos de Rivette y de Godard firmados como Hans Lucas.
A Truffaut le conocí durante el Festival du Film Maudit de Objectif 49. Era muy joven, tenía 17 años.
Jean-Luc Godard. Siempre he vivido entre Francia y Suiza. Siempre he tenido dos países, desde que era muy pequeño. En París fui al Liceo hasta los 20 años. Cuando decidí rodar mi primer corto volví a Suiza. Llegue a Cahiers a través de Truffaut y el cineclub del Quartier Latin donde siempre estaban Rohmer y Rivette. No conocía aun a Rohmer, pero si había leído su artículo Le cinema art de l’espace. Rivette representaba una especie de terrorismo cinematográfico. Yo empecé a escribir más tarde que los otros. Rivette sabía teorizar, Rohmer era más profundo. Truffaut era más sano en cierto modo. Luego cambió.

Entrevistador: ¿Qué significó André Bazin para cada uno de vosotros?
F. T
. Desde un día de 1948 en que Bazin me proporcionó mi primer trabajo interesante, se convirtió de alguna manera en mi padre adoptivo y puedo afirmar que le debo todo lo bueno que me ha ocurrido desde entonces. Bazin me enseñó a escribir, corrigió mis primeros artículos en Cahiers du Cinéma y progresivamente me llevó hasta la dirección. Falleció el día 11 de noviembre de 1958, la víspera del rodaje de mi primera película, Los cuatrocientos golpes. André Bazin era un hombre extraordinario al que valía la pena conocer, lo que él escribía era sutil, pero accesible a todos. Bazin comprendía todo y a todo el mundo. No era un doctrinario, sino una inteligencia libre. No encuentro su claridad, su lógica, la fuerza de sus razonamientos, en ningún crítico de cine de hoy.
J. L. G. Era un crítico de cine. Era alguien que veía el cine de forma diferente a como lo veían los demás. Bazin era un cineasta que no hacia películas pero que hacía cine escribiendo. Le conocí poco, hablamos pocas veces porque murió muy pronto. Ahora, cuando releo sus textos, me doy cuenta que habría podido hablar mucho con él.
E. R. Yo acabo de releer a Bazin, y su lectura me ha provocado un vivo desconcierto. Todo lo ha dicho él, llegamos tarde. Nosotros, la gente de Cahiers que teníamos discusiones con él casi cada día, nos creíamos dispensados de releer sus escritos. Si lo hubiéramos hecho no nos habríamos creído con derecho de decir lo que él ya había expresado mucho mejor.
J. R. Bazin es la única persona que he conocido que me ha hecho pensar en esa palabra que parece un poco tonta pero que con él tenía un sentido muy simple y evidente, la santidad, era un santo laico, ante todo por su manera de ser con la gente. Bazin es una referencia que cuenta, después de todo, él fue el primero en pensar realmente en la ontología del cine, por retomar su vocabulario, y esto es algo que permanece.

SEUNDO ACTO: LA CRITICA
En una secuencia lógica, el entrevistador lanza el siguiente tema: la crítica
F. T. Se llega a ser crítico por azar. Si el ejercicio de la crítica resulta admisible es bajo condición de enfocarlo como un trabajo provisional, una fase transitoria.
E. R. No somos críticos que hemos pasado al cine, sino cineastas que hemos hecho un poco de crítica para empezar
J. L. G. Si la critica fuera el primer peldaño de una vocación, no por ello sería un medio. A menudo se oye decir: ellos se han servido de la crítica. No es así, pensábamos en términos de cine y, en cierto momento, sentimos la necesidad de profundizar este pensamiento.
J. R. Era un buen ejercicio escribir lo que pensábamos de aquel cineasta o de aquel problema cinematográfico con relación a tal o cual película. No lo hacíamos por el dinero que nos pagaban en Cahiers, porque Dios sabe que nos pagaban mal, prácticamente no nos pagaban.
F. T. Lo ideal sería escribir tan sólo sobre cineastas que nos gustan. Cuando nos encontramos ante un creador digno de tal nombre no podemos hacer otra cosa que dar vueltas en torno a su film como una mariposa en torno a una luz.
J. L. G. En Cahiers siempre ha habido, y es algo que nos diferencia de los demás, un interés por hacer críticas elogiosas: hablamos de un film si nos gusta. Si no nos gusta, resulta preferible abstenerse de demolerlo.
E. R. Se amaba más o menos una película. Se defendía con mayor o menor fuerza, pero creo que nunca sucedió en  Cahiers du Cinéma que uno de nosotros escribiera bien de un film detestado por otro. Había el peligro de que, al final, la sensibilidad del grupo acabara por enmascarar la sensibilidad personal y te vieras obligado a defender cosas que no te interesaban realmente. Cada uno tenía sus preferencias, pero había una comunión de gustos bastante profunda en nuestro equipo, una gran sinceridad.
J. L. G. En Cahiers todos nos considerábamos como futuros directores. Frecuentar los cineclubs y la cinemateca era ya pensar en términos de cine y pensar en el cine. Escribir era ya hacer cine porque, entre escribir y filmar, hay una diferencia cuantitativa pero no cualitativa. El único que ha sido totalmente crítico es André Bazin. Actualmente me considero todavía un crítico, y en cierto sentido, lo soy todavía más que antes. Me considero un ensayista. Escribir era hacer películas. Era nuestra originalidad.
F. T. El crítico debería ser, en general, el intermediario entre el autor y el público, explicando al segundo las intenciones del primero, dando a conocer al primero las reacciones del segundo, ayudando a uno y a otro a ver más claro.

Entrevistador. Cahiers du Cinéma y vosotros mismos, impusisteis la idea del Cine de Autor y lo que se llamó La Política de los Autores.

F. T. La idea de la política de los autores, fue un toque de atención hacia el tipo de cine que podían hacer algunos directores, una forma de ampliar los conceptos cinematográficos. Pero fundamentalmente, la idea era que el hombre que tiene las ideas es el mismo que hace la película. Estoy convencido de que un film se parece al hombre que lo ha hecho. Tengo probablemente una responsabilidad en la difusión de la idea del cine de autor. Hoy esta expresión me parece vacía o por lo menos casi vacía de sentido y me molesta tanto como la de "dirección de actores". De todas formas, ya no miro las películas de la misma manera y no tengo ninguna teoría. Ya no digo: "Estos actores están bien dirigidos" sino "Estos actores interpretan bien". Ya no digo: "Es una buena película" sino "Es una bella película". La expresión "cine de autor" ha perdido también su significado. No veo ninguna incompatibilidad entre las películas de "autor" y las de los profesionales. Un autor debería poder escribir no solo para sí mismo, sino también para los demás.
J. L. G. Lo importante es que conseguimos que se admitiera el principio de que un film de Hitchcock es tan importante como un libro de Aragon. Los autores de films, gracias a nosotros, han entrado definitivamente en la historia del arte.

TERCER ACTO. LA NOUVELLE VAGUE
Llegamos al punto central de la entrevista a cuatro voces: La Nouvelle Vague
Entrevistador: ¿Qué fue la Nouvelle Vague?
F. T. La Nouvelle Vague no tenía un programa estético, era simplemente una tentativa por recuperar cierta independencia perdida hacia los años veinte, cuando los films llegaron a ser demasiado caros, un poco antes del sonoro. En 1960 para nosotros hacer cine era imitar a D.W. Griffith realizando sus películas bajo el sol de California, antes incluso del nacimiento de Hollywood.
J. L. G. Siempre se ha creído que la Nouvelle Vague era el film barato contra el caro. Esto es completamente falso. Se trataba del film bueno, fuera como fuera, contra el film malo. Solo que hacer películas baratas era la única manera de poder hacer cine. Nuestros primeros films eran, simplemente, films de cinéfilos
J. R. Yo creo que la Nouvelle Vague es para el cine lo que el Impresionismo fue para la pintura, en todos los sentidos. El deseo, de repente, de simplificarlo todo, de aprovechar ese estado de la técnica que te permite salir a la calle. Teniendo en cuenta que no se puede comparar una cosa con la otra, nuestras películas, las películas de la Nouvelle Vague, trajeron esa frescura que tenía el impresionismo, esa manera de lavar la mirada con respecto al cine de estudio, el punto de vista sobre las historias narradas, pero al mismo tiempo el punto de vista visual, una imagen limpia.
F. T. La Nouvelle Vague nació en 1959, y desde finales del 60 fue un movimiento despreciado; durante un año tuvo cierto prestigio para la opinión pública, pero muy pronto los periodistas que habían lanzando el movimiento decidieron entregar al público los clichés que deseaban leer y nada más. Al principio, cuando se nos entrevistaba, decíamos: "La Nouvelle Vague no existe, no quiere decir nada", pero desde ese momento yo reivindiqué mi pertenencia a este movimiento. Hoy es necesario sentirse orgulloso de haber pertenecido a la Nouvelle Vague.

Entrevistador. Este desprecio de una parte de la crítica hacia vuestro cine nos lleva a hablar del enfrentamiento con Positif
J. R
. Durante varios años hubo peleas entre Positif que pretendía ser la revista de izquierdas y los Cahiers, que estaban catalogados como revista de derechas. Bueno, creo que ni Pierre Kast, ni André Bazin, ni Doniol-Valcroze tenían porque tener complejos con respecto a los grandes capitanes de Positif.
E. R. Hay muchas ideas que en aquellos años eran consideradas de derechas, y que ahora son reivindicadas por la izquierda: por ejemplo la idea de los particularismos –que van del regionalismo hasta el nacionalismo- eran consideradas extremadamente reaccionarias. Ahora no. La crítica al progreso industrial se miraba como una tesis puramente de derechas, ahora es una tesis de izquierda. Hay que distinguir en esos artículos las provocaciones derechistas que van más allá de mi pensamiento y que se deben imputar a la polémica que teníamos con Positif que estaba entonces muy politizado.
J. L. G. El film debe ser testimonio de su época. Mi manera de comprometerme consistió en decirme: a la Nouvelle Vague se le reprocha mostrar únicamente a la gente en la cama, voy a mostrar gente que hace política y que no tiene tiempo de acostarse. La oposición entre película burguesa y película política ya se sitúa en el momento en que se rueda. Hay que empezar por rodar imágenes políticas y no lo que hacen los cineastas burgueses, que ruedan todo lo que ven y luego, en el montaje, organizan imágenes a las que dan un sentido.
Empieza a haber cierta discrepancia entre los cuatro entrevistados cuando interviene Rohmer:
E. R. En el cine, el clasicismo no es un paso atrás sino adelante. Si es cierto que la historia es dialéctica, llega un momento donde los valores de conservación son más modernos que los valores de progreso Yo creo que para construir no hay que destruir. Es por eso que políticamente soy más reformista que revolucionario. Es cierto que la palabra revolucionario estaba envuelta en un halo en los años 70, cuando decir soy reformista parecía una vulgaridad. Pero creo que ahora se puede decir.
F. T. Creo que a menudo los críticos estéticos están ligados a criterios morales, hay films logrados y films fallidos, pero también hay films nobles y films despreciables. Hay una moral artística que nada tiene que ver con la moral corriente, pero que existe

CUARTO ACTO. EL CINE
Entrevistador: ¿Cómo concebís el trabajo del cine?
F. T
. Yo nunca me aburro. No puedo aburrirme porque leo periódicos, libros, veo la televisión. En mi mesa siempre hay un montón de libros. Soy muy activo. Soy un activista. El reverso es que no sé divertirme, no sé hacer vacaciones, no sé estar sin hacer nada, no puedo pasar un día sin leer, sin escribir. Por tanto, mis personajes son también así; necesariamente, los personajes se parecen a su autor. Tengo una creación espontánea, instintiva, apenas intelectual.
J .L. G. Si el cine desapareciera, yo me resignaría: trabajaría para la televisión, y si la televisión desapareciera, volvería al papel y al lápiz. Para mi existe una gran continuidad entre todas las formas de expresión. Todas forman un bloque. El problema consiste en abordar ese bloque por el lado que más nos convenga.
J. R. Hay dos tipos de cineastas, están los que envidio, que pueden enlazar varios proyectos unos con otros, como François (por ejemplo). Para mí un proyecto al final destruye cuantos proyectos previos pudiera tener, y entonces, efectivamente, hay un momento de vacío, pero no siempre es vivido desde la angustia.

Entrevistador: ¿Qué define vuestro cine?
F. T. El cine para mí es un arte de la prosa. Definitivamente, se trata de filmar la belleza pero sin que se note para nada. La poesía me desespera. Me gusta la prosa poética. Cocteau, Audiberti, Genet y Queneau, pero solamente la prosa. Me gusta el cine porque es prosaico, es un arte indirecto, inconfesado, esconde tanto como se muestra. Los cineastas que me gustan tienen todos en común un pudor que les hace parecerse, al menos en ese punto. Todos rechazan instintivamente la actitud poética.
E. R. Yo tampoco pienso que el cine moderno sea exclusivamente un cine de poesía, y que el cine antiguo solamente un cine de prosa o de relato. Para mí, existe una forma moderna de cine de prosa y de cine narrativo donde la poesía está presente, pero no buscada de antemano: aparece por añadidura, sin que se la solicite expresamente.
J. R. El cine no es un lenguaje. Eso es realmente lo que me llamó la atención cuando de repente vi las grandes películas del cine mudo. Esa fuerza de la mirada sobre la realidad que en ese momento era posible, como si hubiese habido un estado de inocencia, que luego desapareció irremediablemente. Tengo la sensación de que, cuanto más avanza la historia del cine, más pasa el tiempo y más nos alejamos de la inocencia, pero aquí voy a tener que citar la famosa frase de Kleist: “Para volver a encontrar la inocencia, hay que dar ese gran rodeo por el saber, es la única posibilidad”.
J. L. G. En el cine, decía Truffaut, hay lo espectacular: Méliès y el aspecto de búsqueda: Lumière. Si me analizo actualmente, me doy cuenta de que siempre he querido hacer un film de búsqueda bajo forma de espectáculo.
F. T. Para acabar con esto de la modernidad, no sé si soy reaccionario pero no comulgo con la tendencia crítica que afirma: "Después de esta película, nadie soportará ya el ver historias bien contadas, etc.". Por eso yo he decidido continuar con ese cine que consiste en contar una historia, o en simular contar una historia, que en el fondo es lo mismo.

QUINTO ACTO: LA RUPTURA
Entrevistador. Lo que os unía fue desapareciendo poco a poco y al final quedó solo un pasado común. ¿Se puede decir que el momento de ruptura fue Mayo del 68 y que en cierto modo Truffaut y Rohmer quedaron a un lado y Rivette y Godard a otro?
J. L. G
. Hasta el 68 la redacción de Cahiers era nuestra casa. Pero los puentes se rompieron muy pronto. Por mi parte y por la de ellos. Como en una familia que se separa.
E .R. Que yo sepa, la izquierda no tiene el monopolio de la verdad y de la justicia. Yo también soy partidario -¿quién no lo es?- de la paz, la libertad, la extinción de la pobreza, el respeto a las minorías. Pero no llamo a eso ser de izquierdas. Ser de izquierdas, es aprobar la política de algunos hombres, partidos o regímenes precisos que se denominan así, lo cual no les impide practicar, cuando les conviene, la dictadura, la mentira, la violencia, el favoritismo, el oscurantismo, el terrorismo, el militarismo, el belicismo, el racismo, el colonialismo, el genocidio.
F. T. Actualmente, y sobre todo después de los acontecimientos de mayo del 68, se expresan ciertas ideas de moda que no me interesan, sin duda porque soy un autodidacta. ¿Cómo explicarlo? Digamos que, sobre las cosas esenciales de la vida, no tengo ningún sentido paradójico; no me gusta. Tengo ideas muy elementales, muy simples y muy firmes sobre cierto número de puntos esenciales. Por ejemplo, se ironiza a veces sobre el libro de bolsillo. Se habla de él como de un objeto de la sociedad de consumo, se critica su difusión en los grandes almacenes; yo encuentro estos argumentos completamente ridículos y snobs.
J. R. Creo que un cine revolucionario no puede ser otro que un cine diferencial, un cine que ponga en discusión todo el otro cine. No creo en un cine revolucionario que se contente en presentar como argumento la revolución. Los films que se contentan con mostrar la revolución como tema, se subordinan a la idea burguesa de contenido, mensaje, expresión, pero la única manera de hacer un cine revolucionario en Francia consiste en hacer algo que escape a todos los clichés de la estética burguesa. Lo único que se puede hacer en este momento en Francia es negar que el cine es una creación personal

FINAL
En este punto la entrevista a cuatro queda interrumpida. Silenciosamente y sin decir adiós, François Truffaut se va de la sala. Para siempre. Los otros tres se quedan callados. Solo Rohmer se atreve a decir algo, con voz baja.
E. R. Nunca imaginé que hablaría de él cuando muriera. Más bien al contrario, es decir, cuando yo muriera ¿Qué diría Truffaut? Hay algo chocante al hablar de un amigo muerto. La única cosa que me impulsa a hacerlo es que no veo otra forma de rendirle homenaje. Me ocurre muy raramente que piense en nuestros principios. Nuestros, es decir Truffaut, Godard, Rivette, Chabrol, yo mismo No somos gente que se acuerde con nostalgia de su juventud e intente inmortalizarla, como lo hacen algunos escritores. La vida era la pantalla, era el cine. Incluso si había una vida en cada uno de nosotros, esa vida era secreta, estaba escondida en zonas preservadas. Había poca familiaridad entre nosotros, especialmente entre yo y los demás por ser el mayor.... No hay personajes calmados en el cine de Truffaut, todos los personajes son activos tienen prisa, no hay perezosos Solo hay trabajadores. Truffaut era alguien siempre alerta, activo, mucho más activo que todos nosotros. Tenía un pragmatismo que los demás no teníamos, éramos mucho mas soñadores que él. Lo que caracteriza la obra de Truffaut es a la vez la variedad, y la solidez del lazo que une unos films con otros.
(Declaraciones extraídas de diversas entrevistas realizadas en distintos momentos de las vidas de Truffaut, Godard, Rivette y Rohmer).

El regalo de esta entrada es una foto que me hace pensar en las hojas de la redacción de Cahiers du Cinéma)



 

 

sábado, 3 de enero de 2026

RONDALLA

Rondalla

Conjunto musical de instrumentos de música.

Cuento, patraña o conseja.


Rondallas, Daniel Sánchez Arévalo

Hemos empezado el año  muy bien (al menos en el cine). De la mejor forma posible. Con una película muy bonita. No podían haber escogido mejor día para estrenar Rondallas de Daniel Sánchez Arévalo. Cuando se estrenó en el Festival de San Sebastián, en el Velódromo, el mejor espacio para un film como este, escribí en el blog: “! Qué gusto da encontrarse con una película feliz! Y eso que lo que se cuenta en Rondallas, nace de una tragedia, el naufragio de un barco que deja a una pequeña aldea pesquera gallega sumida en la tristeza. Pero la rondalla es capaz de volver a sacarlos adelante, volver a ilusionarlos y volver a hacer que suene la música en sus plazas. Con un humor subterráneo pero muy eficaz, actores que se sienten cómodos en sus personajes, y la colaboración de las gentes del pueblo, Sánchez Arévalo hace una película que invita a bailar.” Reitero todo esto, Rondallas es una propuesta solidaria, de amor y de amistad, de proyecto común. De esperanza. Y además es de gran belleza en sus impresionantes paisajes gallegos, y divertida en sus situaciones. Sin dejar de ser al mismo tiempo una historia de matices, de sombras, de tristezas. Rondallas cumple las dos acepciones de la palabra.

Una rondalla es un conjunto de personas de distintas edades tocando instrumentos de música. En este caso tocando gaitas, tambores y muchas otras cosas. La rondalla representa al pueblo, todos participan, hay que ensayar juntos, acoplarse unos a otros, encontrar en equilibrio de sonidos y movimientos y tener un guía. Es una ilusión compartida. En este sentido, la película representa perfectamente la primera acepción de la palabra: conjunto musical de instrumentos de música. Pero el film entra de lleno en la segunda acepción la de cuento o conseja (no patraña). Porque lo que nos cuenta Sánchez Arévalo es un cuento musical con moraleja. La gente de un pequeño pueblo de la costa gallega está sumida en una permanente tristeza desde que hace dos años naufragara un barco y murieran siete de sus nueve tripulantes. El naufragio se llevó por delante las vidas de los marineros, pero también la alegría del pueblo. Ahora, dos años más tarde, quieren recuperar la ilusión volviendo a crear una rondalla. “Si algo tiene la rondalla es la sensación de comunidad de todos a una” dice el personaje que interpreta Javier Gutiérrez, el principal impulsor de esta idea. “Para eso volvió la rondalla, para recuperar las ganas” dice el personaje de María Vázquez que le apoya. Pero no será fácil, nada lo es en la vida,  y tendrán que superar rencores, miedos, tristezas, incluso una revelación y una confesión inesperadas. Pero como todo buen cuento, la historia acaba bien. No me importa decirlo, no es un spoiler, es un deseo que sientes desde la primera imagen. Quieres que toda esa gente a la que acabas queriendo, salga adelante y que su rondalla, gane todos los premios del mundo. El principal, el de recuperar las ganas de vivir, de hacer algo en común, de ilusionarse. ¿Hay algo mejor que se pueda desear el 1 de enero de cualquier año? Pues eso. Moraleja: busca tu rondalla particular y  sigue adelante.

 


Rondalla del año

Para seguir con  la rondalla (en una acepción completamente inventada que tiene más que ver con ronda que con rondalla), estas son algunas de las películas de las que he hablado en el blog que me parecen que definen el año 2025. No son todas, hay muchas más, y también hay otras de las que no he hablado. Cada uno se puede montar su rondalla de cine del año. Esta es una posible.

Enero: Parthenope, Queer, La luz que imaginamos, Flow, un mundo que salvar, The Brutalist.

Febrero: Tierra baja, Memorias del un caracol, Bodegón con fantasmas.

Marzo: Tardes de soledad, Grand Tour, La furia.

Abril: Muy lejos, La viajera.

Mayo: Una quinta portuguesa, Centaures de la nit, Los tortuga, La trama fenicia, Si yo pudiera hibernar.

Junio: Sirat, A la deriva.

Julio: Diamanti, En la corriente.

Agosto: Una película inacabada, Aquel verano en París, La terra negra.

Septiembre: Romería, Retrato de un cierto oriente, Mi amiga Eva.

Octubre: Estrany riu, Una casa llena de dinamita, Un simple accidente, La cena, Los domingos, Maspalomas.

Noviembre: The Mastermind, Siempre es invierno, El último arrebato, Frankenstein, Blue Moon. 

Diciembre: Valor sentimental, El sendero azul, Emergency exit, Father Mother Sister Brother 


El regalo de esta semana es una planta estrella que nos guie todo el año.



sábado, 27 de diciembre de 2025

FAMILIAS

 

Estamos en Navidad, unas fiestas que para mucha gente son difíciles de asumir (por distintas razones). Es habitual escuchar "no me gusta la Navidad". A mi me ha gustado mucho y ahora me gusta menos. Pero creo que esto tiene que ver con la edad, mi edad. Cuando era pequeña era una fiesta inolvidable llena de sorpresas, regalos, comidas buenas y mucha gente a mi alrededor. Cuando descubrí quién traía los regalos, la cosa cambió. Al principio todo seguía igual, pero llegó un momento, coincidiendo con la adolescencia, en el que te conviertes en alguien que tiene que hacer regalos tanto como recibirlos y además tienes que seguir viendo familia que no te apetece. Eso dura una eternidad hasta que consigues irte de casa o como mínimo, irte de las Navidades. Pero entonces te casas o te emparejas y la cosa empieza a complicarse de nuevo. Hay que ir un día a casa de unos padres y otro día a casa de otros padres. Nunca se les pregunta si les apetece que vayas, pero ahí estás. Y cuando tienes hijos, (no es mi caso, pero si he tenido sobrinos pequeños) la rueda vuelve a empezar porque su ilusión se contagia y vuelves a sentir la Navidad. Y un buen año, descubres que ya no eres el que va a casa de otros, sino que vienen todos a tu casa. Y te haces mayor y llega un día que dices BASTA. Quiero estar sola con mi pareja y comer poco y dormir mucho y dar un largo paseo. No quiero ir ni que vengáis. Eso, la Navidad se vive diferente según tu edad. Moraleja de este cuento de No Navidad, disfruta cada año la Navidad que te toque..

(mis padres en 1940, cuando se conocieron en México)

Father Mother Sister Brother, Jim Jarmusch

Bueno, todo esto viene a cuento de la película de Jim Jarmusch que se acaba de estrenar. Father Mother Sister Brother: Padre Madre Hermana Hermano. Es una pequeña delicia, una de aquellas películas en la que Jarmusch está tocado por una extraña sensibilidad (como Paterson), silenciosa y sutil. No va de navidades, pero si va de reuniones familiares, reencuentros más o menos (mas que menos) forzados e incómodos. Se trata de tres pequeñas piezas de orfebrería familiar en la que Jarmusch ha reunido a buena parte de sus actores más queridos. En el primero Father (Tom Waits es el padre), un hermano y una hermana (Adam Driver y Mayim Bialik), tristes y casi desconocidos entre sí, acuden a casa de su padre, un viejo solitario que vive en medio de un paisaje nevado en lo que los subtítulos traducen como Villa Nadie y en inglés es Nowere Place. La historia pasa en Nueva Jersey, Estados Unidos, ahora mismo. Mientras los hermanos hablan en el coche, preguntándose realmente porque van a ver su padre, vemos al hombre en su casa poniendo en escena una imagen de soledad y abandono. El encuentro es tenso, nadie sabe qué hacer ni que decir. Hay una absurda conversación entorno al agua y un pequeño misterio, el Rolex del padre. Todo pasa en ese salón lleno de fotos, alrededor de una mesa donde se brinda con agua y té. El segundo fragmento Mother, sucede en Dublín. La madre se prepara para recibir a sus dos hijas en el único encuentro anual que tienen las tres. Todas viven en Dublín, pero no se ven más que ese día para cumplir el ritual de tomar un té exquisito. La verdad es que estas tres mujeres tampoco tienen gran cosa que decirse, más bien se ignoran o se desprecian. La única conversación es en torno al agua para beber. Cate Blanchet está adorable como la hermana apocada y Vicky Krieps le da la réplica como la hermana rebelde. Pero es la madre, una elegante y fría Charlotte Rampling, la que se lleva todas las miradas. También aquí hay un Rolex, muchas fotos y una alusión a vivir en Nowere Place. Ah me olvidaba de los skaters que como un coro griego, acompañan los tres episodios. El tercero, el de la hermana y el hermano mellizos americanos, está ambientado en Paris y cuenta una reunión imposible con sus padres. Imposible porque sus padres acaban de morir en un accidente durante una de sus aventuras en Nowere Place. No faltan las fotos, el agua y el Rolex. A pesar de que habla de una ausencia, este capítulo es mucho más feliz y esperanzador que los otros dos, al menos estos hermanos tienen algo que decirse y un recuerdo que compartir. La conclusión de Jarmusch es… saca tus conclusiones y de paso mira a tu familia.

 

(mi hermano con 3 años, mi hermana con 1 año, yo en el limbo de los que aun no han nacido)

 

Dos libros que recomiendo con reservas

Las reservas no son porque no me hayan gustado o interesado. Las reservas son porque los libros, como los amigos, pero no la familia, se tienen que escoger y no siempre funcionan igual para todo el mundo. Lo curioso de estos dos libros es que son una especie de biopic literario. Uno sobre personajes reales, el otro sobre un personaje que es una mezcla de muchos.

 


Biopic real: Las Hermanas Mitford, Annick Le Floc’hmoan Circe

Descubrí a las Hermanas Mitford en la serie de Movistar Escandalosas de la que escribí este verano: “Estamos en Inglaterra en 1932, donde las seis hermanas Mitford viven al margen de las reglas que su aristocrática familia debería encarnar. Ninguna sigue las normas. Nancy, Pamela y Diana son las tres mayores, Unity, Jessica y Deborah, son las tres pequeñas. Tan solo hay un hermano, Tom, heredero único de la escasa fortuna familiar que queda. Nancy tiene 28 años, está soltera y es escritora sin demasiado éxito (más tarde se convertiría en una gran novelista). Pamela tiene 25 años, es independiente y le gusta vivir en la naturaleza. Diana tiene 22 años y está casada con un rico barón. Unity tiene 18 años y las ideas claras de lo que quiere. Jessica tiene 15 años y también tiene las ideas muy claras, aunque en otra dirección. La pequeña Deborah tiene 12 años y mira a sus hermanas fascinada. Las seis, su hermano, sus padres, su mundo, parecen una creación de Julian Fellowes, el padre de Dowton Abbey y La edad dorada. Pero no.” Efectivamente no. Las hermanas Mitford son personajes reales, de carne y hueso y desde luego son escandalosas y excéntricas. Esta especie de novela de muchas voces, nos las presenta desde su nacimiento, bueno desde el nacimiento de Nancy, la mayor. Las otras van naciendo encadenadas ante el enfado de Nancy que ve como su reino privado se va invadiendo de niñas y un niño. La autora hace un ejercicio de equilibrio para seguir el crecimiento y la evolución de las seis hermanas mientras dibuja a través de ellas un retrato de la Europa de entreguerras. La Inglaterra pusilánime de los años treinta, está muy bien descrita. Mientras Diana y Unity se entregan con pasión y fanatismo al nazismo hitleriano (fueron asiduas de Hitler muchos años), Jessica se convierte en una ferviente militante comunista con destinos en la guerra de España y más tarde en Estados Unidos. Pamela y Deborah tienen vidas menos asombrosas, pero no por ello menos interesantes. Y Nancy, Nancy las observa y las utiliza sin reparos para escribir las novelas que acabarán convirtiéndola en una escritora famosa. El tono y la ligereza con que está escrito el libro, hace que se lea como una novela. De vez en cuando hay que pararse y recordar que lo que te están contando fue así (hay documentos, fotos, testimonios) y no producto de una imaginación desbocada. 

Falso biopic: El experto, Augusto Martínez Torres, Alt autores

Esta si es una novela. Pero es también la biografía de un autor, un director de cine imaginario (o no tanto), al que conocemos desde que es pequeño. El libro está dividido en tres capítulos desiguales de página, 159 el primero, 134 el segundo, 48 el tercero; desiguales de estilos, el primero, la niñez del autor, esta contado en tercera persona a partir de unos supuestos cuadernos encontrados, el segundo está escrito como un diario en primera persona que recorre el final de la adolescencia del autor, el tercero está escrito por el autor como si se viera a sí mismo, una tercera persona que es él mismo. El conjunto es el relato de una vida que empieza en el Madrid de la posguerra y acaba en plena transición. El paisaje urbano (no el político) de la España de esas décadas se va desvelando a través de las vivencias de este niño sin nombre, cuya obra es estudiada por un experto, el narrador omnipresente, que la va descubriendo cuando, a la muerte del autor, sus herederos le llaman para que ponga un poco de orden en los papeles de ese director y escritor. Quien conozca a AMT se dará cuenta de los muchos detalles de su propia vida que hay en este falso biopic. En los dos prefacios del libro, el escritor da las claves de cómo hay que entenderlo. El primero es una frase de Paul Auster: “… cuando se sienta en su habitación a escribir Libro de la Memoria, cuenta su historia hablando de sí mismo como si fuera otro.” El segundo es del propio Augusto: “…los hechos que aquí se narran y las personas que los interpretan no tienen la menor relación con la realidad, son futo de la mente del escritor.” Junten los dos prefacios y les sale El experto. 

El regalo de esta semana, ultima del 2025, suele ser un dibujo que hace Ramon como felicitación. Pero este año, la dichosa gripe que ha tumbado a medio mundo, no le ha dejado hacer algo especial. No importa: entre sus fotos, acuarelas y cuadros hay tantas imágenes bonitas que tengo donde escoger. ¡Feliz 2026, o al menos bueno en lo personal y, si es posible, en lo colectivo!



 

 

 

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

EXTRANJEROS

 




“Extranjero ¿Quién sabe lo que quiere decir esa palabra?” (Albert Camus

El extranjero, François Ozon

François Ozon sigue sorprendiéndome. Su filmografía, lo he dicho varias, veces, es la menos previsible posible. Toca todos los géneros y se acerca a todos los temas. Sin despeinarse y siendo siempre él mismo. Porque hay algo que se reconoce en cualquiera de sus películas: la fluidez de la narración, la limpieza de sus imágenes. Si Ozon se había atrevido con Fassbinder dándole la vuelta a su Petra Von Kant o con Lubitsch en una recreación de Remordimiento en Frantz, ahora se acerca a Camus y hace en realidad una película bressoniana. Hay más de Bresson que de Camus en este film desesperanzador.  El Meursault de Ozon está más cerca del Michel del Pickpocket de Bresson que de El extranjero de Visconti. Y sin embargo, es Camus puro. Nunca me lo he preguntado, pero lo hago ahora, ¿Conocía Bresson la obra de Camus cuando empezó a diseñar sus personajes indiferentes, no antipáticos sino carentes de empatía, incapaces de sentir emociones y por eso mismo extranjeros de sí mismos más que de un lugar o un tiempo? Creo que sí, creo que Bresson debió leer a Camus y vio en El extranjero el modelo de personaje para el cine que quería hacer. Por eso, cuando Ozon se acerca a Camus lo hace con Bresson en la memoria y con Gerard Philippe como modelo.  Pero todo esto no son más que palabrería de alguien que ha visto mucho cine. Porque lo que de verdad importa  en El extranjero de Ozon no son estas referencias más o menos cinéfilas. Lo que importa es que su Meursault, francés en un Argel colonialista de los años treinta, tiene ecos con nuestro presente en el que la realidad que nos rodea es tan absolutamente lamentable en todos los sentidos que solo nos queda ser extranjeros de nosotros mismos (el exilio interior). Con la esperanza de que haya siempre una Marie cerca para tender un lazo que nos devuelva la confianza en la humanidad.




Emergency Exit, Lluis Miñarro

Este es un film lleno de extranjeros (del mundo) hecho por un extranjero (del cine). Si no conociera a Miñarro, el cine que ha producido y el cine que ha dirigido; si  viera esta película sin saber nada de él, tendría la tentación de hacer una lectura Filosófico/Social. Un autobús que viaja a ningún sitio, con un conjunto de pasajeros especiales (¿muertos?). Ahí está la religión y la espiritualidad; la mujer maternal y la mujer amante; la ciencia y la imaginación; la inocencia y la tentación, el humanismo y el materialismo, la alienación en todas sus formas y el Arte, así con mayúsculas: la Actriz. Todo el mundo encerrado en un autobús del que es difícil escapar como la casa de El ángel exterminador. Con un conductor que es la muerte y una cabra de acompañante. Pero conozco a Miñarro y su cine y me inclino más a pensar que todo esto lo veo yo, y quizás estaba en el origen del proyecto. Porque esta Salida de Emergencia es sobre todo un divertimento experimental del director, un homenaje al cine (Hitchcock, Buñuel, Welles) y  la ocasión de trabajar con rostros inesperados: Naomi Kawase, un regalo, actores que le gustan y conoce bien, Emma Suárez, Aida Folch, Oriol Pla, actores que se ajustan a su manera de ser, Albert Pla, Lu Colomina, actrices que admira, Myriam Mézierès, Arielle Dombasle, un descubrimiento Jhonattan Burjack. Y sobre todo, el placer de tener a Marisa Paredes, la Diva divina por excelencia, haciendo de ella misma y disfrutando de un personaje/espejo que es ella y no lo es. Todos embarcados en este autobús en un viaje a la nada montado de pequeños fragmentos aislados (el making of del rodaje debe ser muy entretenido viendo a todos estos seres trabajando uno o dos días, tres como máximo, casi en solitario o de dos en dos en un autobús parado), un montaje creativo y lleno de matices de Diana Toucedo que juega con las imágenes de Jimmy Gimferrer, hechas de transparencias, colores y paisajes. Cito a estos, y me dejo algunos, porque este autobús Nº8 no solo lleva a sus pasajeros, lleva también una manera de hacer cine en la que hacen falta cómplices para llegar a la estación. Quizás, como en cualquier viaje, hay pequeños bajones, momentos de aburrimiento, remontados por otros en los que ellos (los pasajeros/actores) brillan y te invitan a acompañarlos. Marisa podía estar contenta. Su carrera despegó en Barcelona y ha terminado en Barcelona. Un círculo perfecto que ella recorre en la emocionante secuencia en que repasa algunas de las fotos de su vida. Que la película se estrene coincidiendo con el primer año de su muerte (el 17 de diciembre del 2024) es un precioso homenaje.

El regalo de esta semana es un paisaje en el que podrían perderse cualquiera de los extranjeros de esta entrada.