(Barcelona puede ser muy fea)
Este viernes se estrena Biutiful de Alejandro González Iñaritu.
La primera impresión tras su visionado fue de decepción y de aburrimiento. Luego me paré a pensar porqué me había decepcionado. Estas son algunas reflexiones sobre esa decepción.
La primera regla de una película es saber que quieres contar. Eso es lo primero que aprenden los guionistas que reivindican su papel en el proceso de creación de un film como algo fundamental. Hay que tener un guión que sepa que quiere contar. Si esta primera regla falla, todo el castillo se cae. Irremediablemente. Este es el caso de Biutiful de Alejandro González Iñarritu. Se cae a trozos. Quiere contar tantas cosas que acaba por no contar ninguna. Si lo que quiere es seguir la trayectoria de un hombre que sabe que va a morir y pretende dejar su vida en orden, la verdad,la lía mucho.
1. Si hablamos de explotación inhumana de los chinos en el submundo de la ciudad, ¿por qué además los malos malísimos han de ser homosexuales? Sobra.
2. Si hablamos de explotación económica de los negros ilegales, ¿por qué además tiene que haber una mujer toda bondad y cariño? Sobra.
3. Si hablamos de una esposa y madre con problemas, ¿por qué tiene que ser yonqui y bipolar? Sobra.
4. Si hablamos de un personaje que se mueve en este inframundo tan real y social, ¿por qué además puede hablar con los muertos? Sobra.
5 Si rodamos en Barcelona, una Barcelona fea, sucia y llena de inmigrantes, ¿por qué tiene que parecer México? Para eso se podía haber quedado en México y si no haber buscado la auténtica fealdad de la ciudad, que existe, sin necesidad de recurrir a planos de la Sagrada Familia para recordarnos dónde estamos.
6. Si tenemos un actor al que obligamos a poner cara de palo, monocorde, de una única expresión y sin matices, no pretendas que recorra una serie de sentimientos que nunca logra transmitir.
Podía seguir pero ya me he cansado.
Iñarritu tenía un buen árbol de Navidad, pero lo ha llenado tanto de adornos superfluos, brillantes e inútiles que ha acabado por ocultar la simple naturaleza del árbol.
Antes de ponerse a hacer esta película habría sido bueno que leyera a Joseph Roth (no Philip, ojo,) y su magnifica LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR.