sábado, 6 de agosto de 2016

REGRESO A CASA


(En algún momento de nuestras vidas también tuvimos en casa una edición del Libro Rojo como esta. Por suerte, hace tiempo que la tiramos a la basura)
Hace casi treinta años  (en 1988) descubrimos en Berlín un director nuevo y un cine nuevo. El director era Zhang Yimou, el cine el chino, la película Sorgo rojo. Fue deslumbrante. Hasta entonces, todo lo que sabíamos del cine de la China de Mao era lo que nos llegaba a través de los medios oficiales, perfectamente controlado y enmarcado en el cine de propaganda mas deleznable. Recuerdo un ciclo de Cine de la República Popular China que hicimos en la Filmoteca en enero de 1977. Todas las películas eran musicales exaltaciones del ejército rojo, del Gran Timonel y los jóvenes guardias de la Revolución Cultural que por entonces daba sus últimas boqueadas.
La nueva película de Zhang Yimou, Regreso a casa, me ha recordado esas películas. El ballet donde la pequeña y ambiciosa Dandan quiere interpretar el papel protagonista, me ha hecho pensar en Brillante Estrella Roja, uno de esos títulos chinos de los setenta,  cine de propaganda terrible que sería bueno revisar ahora, casi cuarenta años después.
Regreso a casa parece una continuación no literal de Vivir, el film más duro y crítico de Yimou sobre las consecuencias de la Revolución Cultural que tanto fascinaba a Godard y que dejó China sin intelectuales, profesores y artistas durante más de diez años en los que todos los que tenían algo que ver con la cultura fueron obligados a reeducarse en el campo para olvidar las malvadas influencias occidentales. La Revolución del Libro Rojo es uno de esos crímenes contra la cultura y contra la civilización que ha quedado impune en el mundo. No para Yimou, (1951) ferviente guardia rojo entre 1966 y 1978, años en que abandonó sus estudios para trabajar en una granja “junto al pueblo”. De aquella época de barbarie disfrazada de Libro Rojo, Yimou ya dejó constancia en Vivir y ahora vuelve en Retorno a casa.
Quizás este nuevo trabajo no tenga la carga de denuncia crítica que tenía el anterior. Pero en cambio transmite una intensidad emocional y una sensibilidad muy especial respecto a esas historias pequeñas, anónimas, ingenuas, dulces y tristes que en el fondo, son las que conforman la gran Historia con mayúsculas. El amor de Lu Yanshi, el profesor represaliado que vuelve a casa tras quince años de reeducación, por su amnésica mujer Feng Wanyu, espléndida Gong Li a pesar del envejecimiento de su personaje, es un buen espejo donde ver reflejado el daño que hacen en la vida de la gente común las decisiones políticas que se toman en los palacios de gobierno. Especialmente si quien las toma se considera a sí mismo El Gran Timonel.



Regreso a casa me ha llevado a pensar en Josetxo Moreno. Estaba en Roma cuando Josetxo murió y me he enterado hace pocos días. Quizás  este nombre no les diga nada, pero seguro que muchos lectores y espectadores reconocen la marca GOLEM y la asocian a una de las distribuidoras de cine en versión original más importantes de los últimos treinta años en nuestro país. Josetxo, Otilio y al principio Pedro, eran las tres almas de ese Golem que buscaba las mejores películas para proyectarlas en España. Yo los conocí en Berlín, justamente en ese Berlín de 1988 donde se proyectó Sorgo rojo. En el libro La vuelta al mundo en veinte festivales escribí de esa sesión:
Aún no nos habíamos acostumbrado a que el cine ruso fuera diferente, cuando nos llegó una nueva sorpresa: China, el gigante rojo-amarillo, también se despertaba cinematográficamente hablando. El primer aviso lo dio Zang Yimou con Sorgo rojo. En el momento de su proyección nadie sabía muy bien como traducir Hong Gaoliang, pero sí sabíamos que estábamos ante un fenómeno de grandes dimensiones. Desde entonces, el cine chino no ha parado de ofrecer nuevas y sorprendentes películas con una constante renovación de sus directores. Recuerdo que en el primer pase del film, una fría mañana de febrero, había muy poca gente en la sala del Zoo Palast. Las películas chinas, por lo general, espantaban al personal. Pero en cuanto los que la vimos dimos la señal de atención, las siguientes sesiones de Sorgo rojo se llenaron hasta la bandera. Su éxito se reflejó en el palmarés y Zang Yimou ganó un Oso de Oro.
Uno de los que vio la película conmigo fue Josetxo, de Golem. Le gustó tanto que no dudó ni un segundo en comprarla para su distribuidora. Fue uno de sus grandes éxitos, la película que los puso definitivamente en el mapa de los mejores distribuidores de Europa.
Desde entonces coincidí muchas veces con ellos en los festivales. Josetxo sobre todo tenía una gran curiosidad y no dudaba en preguntarnos a los críticos en quienes confiaba, si habíamos visto alguna película interesante. Cené muchas veces con ellos, hablé mucho de cine. Gracias a ellos  llegaron a nuestras pantallas películas de Guédiguian, Haneke, Lars von Trier, Ang Lee, Kitano, Kore-eda… Saber que Josetxo ha muerto a los 62 años de edad, cuando aún le quedaban tantas y tantas películas por descubrir, me llena de tristeza.  Le vamos a echar mucho de menos. Los amigos y los espectadores.

JASON BOURNE
Lo confieso, soy fan total de la saga Bourne, soy fiel seguidora de ese James Bond de la guerra cibernética, ese espía que intenta no perder de vista el factor humano y hacerlo prevalecer sobre la tecnología que controla, dirige, organiza, manda. Soy fan de las cinco películas, pero sobre todo de las tres que ha dirigido Paul Greengrass. La historia de este espía sin memoria, asesino al servicio de un programa infernal diseñado con muy malas intenciones, es apasionante. Las tres son excelentes, pero en este último episodio, Greengrass alcanza un nivel tan sofisticado de  montaje que convierte a la película en una lección de cine. La primera gran secuencia del film, la que sucede en paralelo entre los enfrentamientos populares en una Atenas herida por la crisis económica, con una muchedumbre que lucha contra la policía casi con las mismas armas que podían tener en el siglo XIX y una gran sala de operaciones la CIA en Langley, Virginia, desde la que se controla toda la situación hasta el último detalle, buscando una aguja en un pajar y encontrándola, es un prodigio de montaje cinematográfico que pone los pelos de punta ideológicamente. La privacidad ha desaparecido del todo. El Gran Hermano, da igual el color de quien lo maneje, nos vigila a todos. Solo nos queda el factor humano. Y esa es la mejor arma de Bourne/Matt Damon que en este caso cuenta con la ayuda de una agente de la CIA, experta en informática de la que nunca sabremos si puede o no puede fiarse, un personaje que interpreta Alicia Vikander de la que no puedo menos que ofrecer eso que en Fotogramas se llama: parecidos razonables.



1 comentario:

  1. Piensa uno que si Godard fue tan fan de esa cinta podría haber reconsiderado algunos de sus (¿demenciales?) puntos de vista, sin menoscabo de su cine entre 1959 y 1967.
    Me atrevería a decir, además, que en nuestro país (seguramente también en Francia) quizá falta una crítica colectiva sobre la fascinación que dictadores como Mao y otros provocó en una generación izquierdista en los años sesenta-setenta (¿incluso después?).
    En cualquier caso, gracias por la entrada, me anima ver la nueva de Yimou. Mis favoritas hasta la fecha (no he visto todas) serían "El camino a casa", "¡Vivir!" y "Semilla de crisantemo".
    Luis

    Pd. La primera de Bourne me pareció estupenda también.

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