sábado, 6 de mayo de 2017

JURA D'A





Esta semana he tenido la suerte de estar de jurado(a) en el D’A Film Festival de Barcelona. Digo que he tenido la suerte, porque como muy bien saben todos los críticos y espectadores de la ciudad, seguir un festival de cine que sucede en el mismo sitio donde vives y trabajas requiere un esfuerzo de voluntad y de ganas. Y a veces la voluntad está pero las ganas, después de un día de trabajo y vida cotidiana, fallan. Claro que si eres jurado, no puedes fallar. Así que gracias a este agradable deber he podido ver no solo las 17 películas que me tocaban por sección, sino unas cuantas más. Si ya sales de casa para ver una, da lo mismo ver dos o incluso tres.
De las películas de la sección Talents que era la que yo tenía que juzgar, no voy  a hablar, al menos de momento. Simplemente por una cuestión de ética. Pero si me gustaría llamar la atención sobre cinco películas españolas que he podido descubrir. Unas se estrenarán pronto, otras quizás las tengan que rastrear en festivales, plataformas o circuitos alternativos. A mi me han interesado todas.



(en un paisaje como el de este cuadro de Ramon aparece el inglés desmemoriado)

ANALISIS DE SANGRE AZUL, de Blanca Torres y Gabriel Velázquez
Hace tiempo que sigo a Gabriel Velázquez, un director que ha sabido captar el aliento de la adolescencia en un espacio y un tiempo poco habituales, con un cine que se respira como el aire puro de su Salamanca natal o como el aire frío de los títulos de sus dos películas Iceberg y Ärtico. Por eso me sorprendió tanto encontrarme con este experimento visual que conecta con los otros solo por el frío, en este caso de las nieves de las cumbres de los Pirineos de Huesca. La historia es la de un cuento gótico: un inglés que ha perdido la memoria, aparece desnudo en las montañas. El médico de un sanatorio de enfermos mentales, lo acoge y se propone curarlo. Estamos en 1933 y toda la película está filmada como si se tratara de un documental médico de la época, lo que la emparenta con el cine de Guy Maddin, pero no lo hace mimético de la manera de hacer del canadiense. Las explicaciones técnicas del proceso de curación y la interrelación con los otros pacientes y el médico, nos va descubriendo a este aristócrata convertido en un fantasma de largos cabellos. Análisis de sangre azul es un film fantástico que pide calma para verlo.


(este cuadro lo hizo Ramon en el monasterio de Leire, un lugar para la conversación y la conversión)

CONVERSO, de David Arratibel
Este es un documental familiar. Quiero decir que es un documental que habla de la familia del director en primera persona. Él incluido. El título ya es una pista de lo que vamos a ver: Converso, de conversar, que es lo que hace David Arratibel con sus hermanas María y Paula, su cuñado, Raúl y su madre. Converso de conversión, porque las conversaciones van de la conversión de María al catolicismo y de cómo arrastró casi sin quererlo a su hermana pequeña y a su madre hacia ese mundo de la Iglesia Católica del que su hermano siempre quedó excluido. Conversión que necesitaba una conversación. Viendo este film emocionante y despojado, donde la intimidad de las entrevistas se ve violentada (con su permiso) por la mirada del espectador, se me ocurrieron muchas ideas. La primera es el derecho que tiene cada uno a elegir creer en lo que quiera: en Dios o en las estrellas, me da igual. En un Dios o en otro, también me da igual. Hay un momento en que María cuenta como había veces en que sentía que despertaba la curiosidad de sus amigos que, sin embargo, no se atrevían a preguntarle por qué se había convertido. Y entonces pensé en el daño tan grande que hacen algunas ideas políticas que se apoderan de los conceptos como propios, los instrumentalizan y los utilizan contra los demás. El franquismo se apropió de la Iglesia Católica, del cristianismo, de la religión y se identificó tanto con ella, que expulsó a mucha gente de la idea simplemente de creer o practicar. Algo parecido a lo que está haciendo el fundamentalismo islámico con el Islam, religión tan válida como la católica, identificada con el mal por culpa de su usurpación malsana. Converso me parece una película muy estimulante y me merece el mayor de los respetos. Palabra de no católica, pero si de alguien convencido de que el mundo no se acaba en estas cuatro paredes.



(la edición en catalán de Picwick que tenemos en casa es, curiosamente, de color naranja)

DIAS COLOR NARANJA, de Pablo Llorca
Ha sido una alegría encontrarme con un nuevo film de Pablo Llorca. Vengo siguiendo su cine desde hace casi veinte años y siempre me ha parecido interesante, aunque a veces algo críptico. En todo caso, hay algo en sus historias que consigue atraparme. Pero esta es distinta. Al menos a las últimas que yo había visto. Días color naranja cuenta un viaje, una Tren-Movie, en la que un chico español que se queda colgado en Atenas por culpa de la erupción del volcán islandés del 2010, decide volver a Madrid cruzando en tren media Europa. En el camino se encuentra con cinco estudiantes entre ellos una chica sueca que habla castellano. Su timidez le lleva a refugiarse en la lectura de Los papeles póstumos de El club Picwick  de Dickens y será este libro el que le abra la puerta a una relación de amor y de descubrimiento, de luz y de felicidad. Bajo la apariencia naturalista de un viaje de vacaciones, Pablo hace un film de pensamiento sobre el amor, el arte, la vida, la felicidad. Es la mirada de alguien que ya no es joven pero es capaz de recordar y sentir lo que significaba serlo y proyectarlo a los jóvenes de ahora mismo que, quizás no sean como Álvaro y Berta, pero seguro que reconocen sus sentimientos y sus deseos. Rodada con total libertad en todos los sentidos, esta es una película sensual que entra por los poros. Un regalo.


(Julia está tan desconcertada en Berlín como esta imagen de la ciudad desde el metro)

JULIA ITS, de Elena Martín
Las amigas de Ágata, proyecto colectivo de un grupo de estudiantes (chicas) de la Universitat Pompeu Fabra, ya dejaba ver que había ahí mucho talento en proceso de formación. Elena Martí era la Ágata del título, y es ella también la protagonista de su primera película como directora, Julia Its. Ella es Julia, ella es Elena. Julia se pone delante de la cámara y expresa sus dudas sobre qué hacer con su vida. Ha decidió irse a Berlín con un Erasmus, pero eso significa romper con su confortable mundo barcelonés. Julia descubrirá en Berlín una ciudad donde sus ideas sobre urbanismo se consolidan y toman cuerpo y descubrirá también que no es necesario quedarse en un sitio para que su influencia te dure toda la vida. Quizás si Julia se quedara en Berlín no llegaría a hacer lo que seguramente hará en Barcelona al volver. Elena está detrás de la cámara y ella no duda. En ningún momento. O al menos eso parece por la seguridad con que mueve la cámara, decide los encuadres, dialoga con sus personajes. No parece una primera película, y sin embargo lo es. Y lo es en su frescura y su falta de pretensiones, y en la ligereza con la que se acerca a un tema tan importante como: ¿Qué hago con mi vida?  Le agradezco mucho a Julia y a Elena que no hayan caído en el discurso del que se tiene que ir fuera. Julia se va a Berlín a aprender, Elena se va a Alemania a aprender. De eso trata el irse fuera. No solo de tener un trabajo. Una pregunta me rondaba la cabeza al salir de la proyección. ¿Por qué no la seleccionaron en el Festival de Berlín? Quizás por eso mismo. Porque no habla de la crisis directamente, porque no es abiertamente política.


(una imagen de esta película que lleva el cine a todas partes)

EL ÚLTIMO VERANO de Leire Apellaniz
Hace un par de años vi un corto que se llamaba FIN. Fue una sorpresa doble. La primera su directora, Leire Apellaniz, a quién conozco desde hace muchos años, primero formando parte del equipo que dirigía Daniel Pérez en el departamento de copias del Festival de San Sebastián. Después como responsable ella misma de ese imprescindible y fundamental departamento en el buen funcionamiento de  un festival. La segunda sorpresa fue ver que el corto hablaba precisamente de Daniel, Roberto, Álvaro, los proyeccionistas del festival. Pero no en ese contexto sino en uno mucho más aventurero y romántico al que han dedicado sus vacaciones desde hace mucho tiempo: llevar el cine en 35 mm y en buenas copias y buena proyección a los pueblos y ciudades donde ya no hay ni sala de cine. Es un trabajo apasionante y con un fondo quijotesco que siempre me produjo cierta envidia cuando me lo contaban. De ese corto sorpresa, Leire ha dado un salto a un largo sorpresa, aunque en otra dirección. El último verano es una prolongación de Fin, en ese sentido reencontrarse con Miguel Ángel, el alma y motor del negocio de llevar los sueños a los pueblos, con Daniel, Roberto  y los demás ha sido como volver a cenar a casa de unos amigos. Pero la sorpresa es que la cena está muy bien preparada porque Leire no hace un documental al uso, construye un western con una camioneta blanca en lugar de caballos y el teléfono móvil en lugar de una pistola. Es un documento, eso seguro. Porque documenta un oficio y un mundo que está condenado a desaparecer. Pero también es una ficción sobre la realidad de estos modernos juglares que van de plaza en plaza esperando que los señores del lugar (los alcaldes y concejales de cultura) les dejen contar sus leyendas y poemas.





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