sábado, 29 de mayo de 2021

SERVIDUMBRES

 

Todos tenemos servidumbres, todos nos plegamos a hacer y decir cosas que hacemos o decimos porque hay que hacerlas o decirlas (esta semana ha habido varias ejemplos de servidumbres políticas ocupando las primeras páginas de los diarios). Hay servidumbres necesarias, hay servidumbres humillantes, hay servidumbres lúdicas. De estas tres servidumbres tratan dos estrenos en salas y uno on line, de los que quiero hablar hoy.



 ARMUGÁN, EL ÚLTIMO ACABADOR

La servidumbre necesaria en este hermoso film de Jo Sol, es la de Armugán, “el ángel del abismo al que nadie desea encomendarse, pero resulta necesario cuando la decadencia arrasa la fantasía de eternidad con que los hombres esconden la implacable realidad. Sin embargo, Armugán no mata, no es un asesino. Posee una radical sabiduría que le permite ayudar a desprenderse del mayor de los sufrimientos, el miedo a morir”. Armugán, siempre a lomos de su fiel y necesario Anchel, vive en las montañas del Pirineo aragonés, en medio del silencio, entre el cielo y la tierra. A él acuden en busca de ayuda los que tienen seres queridos en el trance de la muerte. Porque Armugán, el último Acabador, tiene el don de ayudar a morir, de aceptar la muerte como parte de la vida que forma un círculo infinito. Armugán, el último acabador es una película difícil, no apta para gentes aceleradas, pero es un film que te da mucho más de los que te puedas imaginar. La belleza de la extraordinaria fotografía de Daniel Vergara, en un increíble blanco y negro que hace resaltar las rocas y las piedras de las montañas; sus silencios llenos de sonidos de la naturaleza, y su infinita serenidad en momentos de enorme dureza, son regalos poco habituales en el cine. Aunque aparentemente este nuevo trabajo de Jo Sol está muy lejos de su primigenia El Taxista Ful, en realidad no es tan diferente. También el taxista era en cierto modo un acabador, obligado a aceptar que su forma de entender la vida se había terminado. Pero lo que diferencia estas dos películas separadas por 15 años, es la madurez belatarriana de Jo Sol. Seguro que al director húngaro Bela Tarr le habría encantado este acabador con sus potentes imágenes, su ritmo poético, la belleza de sus paisajes y el deseo que despierta de que, cuando llegue el momento, tengas al lado un acabador que te ayude a dar el último paso.

 


SIERVOS

La servidumbre en el caso de esta película eslovaca es humillante. Por eso se llama Siervos. Una servidumbre moral, política, personal, que lleva a dos jóvenes seminaristas en la Checoslovaquia de 1980 a vivir en un mundo donde no cabe la discrepancia. Tampoco esta película es apta para los que tienen prisa y no soportan ritmos de narración mas pausados; ni para los que no aguantan el blanco y negro; ni para los progres que todavía levantan el puño y llevan banderas con hoces y martillos. Ninguno de ellos entenderá a estos siervos eslovacos. El ritmo está marcado por el sordo tañido de las campanas del seminario al que llegan Juraj y Michael para estudiar y llegar a ser sacerdotes. Pero ojo, porque la película ya nos coloca en situación desde su primer plano, de una construcción geométrica perfecta y de una ambigüedad moral evidente. Un coche se detiene debajo de un puente por donde pasa un tren, dos hombres sacan un cadáver del maletero y lo abandonan en la carretera. El misterio está ahí y la narración que comienza con la campana sorda se encargará de contarnos los porqués de esa situación. En ese plano ya están las bases estilísticas de una película muy construida formalmente. Cada plano está pensado, jugando con la geometría de los círculos, los cuadrados, los triángulos, las líneas paralelas en la que se enmarcan, como piezas de un juego terrible, los seminaristas, los que dirigen el seminario y la policía política de un régimen que, como ese comisario que lo representa, está cada vez mas podrido y lleno de pústulas. Y es aquí donde los progres se sentirán ofendidos, o más bien humillados. Sobre todo los que tengan memoria (histórica o no). La Checoslovaquia comunista de 1980, no es muy diferente de la España franquista de 1960. La lucha clandestina de los vaticanistas, enfrentados a la iglesia oficial aliada del Poder, es decir sierva del Partido Comunista, no es tan diferente de la lucha clandestina de los prosoviéticos enfrentados al régimen franquista. En realidad este paralelismo es lo más sangrante de todo: la lucha contra las dictaduras se parecen mucho.En España combatíamos para alcanzar la democracia, en Checoslovaquia combatían para alcanzar la democracia. Enorme y terrible paradoja que pone de manifiesto que la lucha más importante es la de conseguir que te dejen ser tú mismo. La represión comunista y la represión franquista alimentaban un deseo de ser simplemente… libres. No importa lo equivocados que estuvieran unos y otros en los caminos escogidos, lo importante es que se consiguiera la libertad de escoger, de ser, sin que nadie te castigara por no querer escoger lo que te obligaban a ser. Al margen de su belleza formal, (hay planos que parecen cuadros constructivistas en blanco y negro) y de su sórdida historia, estos Siervos de Ivan Ostrochovský son un recordatorio de que la historia y la vida se lee y se vive según tus circunstancias. Servidumbres en definitiva.

 


SHIVA BABY (Filmin)

En este delicioso estreno de Filmin (que recomiendo para aligerar la dureza de las otras dos propuestas) la servidumbre es absolutamente lúdica y consentida entre una Sugar Baby y su Sugar Daddy. Lo primero que tengo que agradecerle a esta primera película de una chica de 26 años canadiense que se llama Emma Seligman, es haberme descubierto un término que desconocía (lo siento, pero hay muchas palabras y costumbres de los más jóvenes que no conozco, como por ejemplo el Ghosting, pero eso se lo contaré otro día). Shiva Baby me ha familiarizado con el concepto de la Sugar Baby, literalmente “una chica que está dispuesta a intimar con alguien de forma permanente para que le pague sus estudios universitarios u otras necesidades materiales, con la idea de una relación basada en intereses mutuos entre adultos”. Naturalmente, para que haya una Sugar Baby tiene que haber un Sugar Daddy “la persona que paga las necesidades convenidas, y que disfruta de la sugar baby”. Normalmente son hombres mayores, con alta capacidad económica, que mantienen relaciones con una chica joven. No se puede decir que sea exactamente prostitución, es más un acuerdo consentido entre dos adultos. Bien, ya sabemos quién es la protagonista, una Sugar Baby. Pero la película se llama Shiva Baby y ¿qué es una Shiva, mejor dicho una Shiv’ah? Descubro que una Shiv’ah es un funeral judío, una tradición que reúne a los familiares y amigos de un fallecido en una especie de fiesta de celebración social donde se come, se bebe, se habla y se supone que se recuerda al desaparecido acompañando a la familia. Ya tenemos la protagonista, Danielle, la Sugar Baby, una estudiante a la que conocemos practicando sexo con su Daddy, Max, un hombre veinte años mayor que ella que la ayuda en su carrera. Tenemos también la situación, una Shiva a la que acude Danielle, joven judía, con sus neuróticos padres. Seligman conoce muy bien cómo funcionan las sugar babys y sabe por experiencia lo que es una Shiva. Sumando dos y dos le sale esta Shiva Baby en la que durante 70 minutos seguimos a la pobre Danielle por los rincones de la casa del funeral, intentando esquivar preguntas inconvenientes, conversaciones estúpidas y situaciones embarazosas. Pero sobre todo intentando esconderse de su Daddy, al que descubre entre los invitados acompañado de su guapa esposa y padre de una preciosa niña. Y por si esto no fuera suficiente, Danielle tiene que evitar encontrarse con Maya, una novia que tuvo cuando tenía 15 años y que ahora pretende volver con ella. Ágil, divertida, inteligente, mordaz, critica, Shiva Baby está muy lejos de las neurosis de Woody Allen y más cerca del humor lúdico de un Lubitsch contemporáneo, con puertas, equívocos, diálogos veloces y con dobles y triples sentidos. Es seguro que Danielle nunca olvidará esta Shiva y también es seguro que yo, al menos, no olvidaré el nombre de Emma Seligman.

 El regalo de esta semana es una montaña del Pirineo Aragonés, donde podrían esconderse Armugán y su inseparable Anchel.



 

 

 

 

 

 

 

 

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