sábado, 14 de enero de 2023

INTOLERANCIAS

 



Holy Spider, Ali Abbasi

“El olor del miedo. No es lo mismo que el olor del tercer mundo, ácido, dulzón, podrido; el olor de este país es el de Moscú en el año 91, o Berlín Este en 1984. Olor a miedo no controlado. Sientes que estás en sus manos. Es un olor muy particular”.

Esta frase forma parte de la crónica que escribí en el libro La vuelta al mundo en 20 festivales relatando mi primer viaje a Teherán. Fui dos veces, en 1999 y en el año 2000, enviada por el Festival de San Sebastián para seleccionar películas iranís. Fue una experiencia extraordinaria, de las mejores que he tenido en mi vida profesional. H recordado esta crónica mientras veía la impactante y espeluznante Holy Spider de Ali Abbasi, el director iraní afincado en Dinamarca que se dio a conocer hace unos años con la inclasificable Border. Me ha venido a la memoria porque yo estaba en Irán el año 2000, cuando Saeed Hanaei cometía sus primeros crímenes en las calles de la ciudad Santa de Mashhad. He recordado el miedo y la violencia latente que había en Teherán, la obligación de ir tapadas en todas partes, incluida la habitación del hotel cuando alguien llamaba a la puerta; el control absoluto de la vida y la falta de respeto a las mujeres, mezclado con una capacidad de rebelión subterránea, en especial en algunas de esas mujeres que poco a poco empezaban a levantar la cabeza cubierta con un burka. Como hace Rahimi, la tenaz periodista que interpreta Zar Amir-Ebrahimi, dispuesta a llegar al fondo de la serie de asesinatos de prostitutas que comete impunemente La Araña Sagrada. Ya desde su llegada al hotel, la mujer inteligente siente el peso de la represión y el desprecio. Represión y desprecio que se irá encontrando a lo largo de su investigación hasta ponerse a sí misma en peligro. Pero la película no se centra en ella, la película de Abbasi funciona como un espejo entre ella y Saeed Hanaei, el asesino. No hay misterio ni suspense en este thriller negro negrísimo, o mejor decir verde y rojo. Desde el principio sabemos quién es la Araña Sagrada y sabemos también porque mata a las prostitutas despertando la simpatía y la complicidad de una sociedad que le convierte en un héroe. Lo que más me impactó de esta implacable película fueron su primera y su última imagen. El film comienza con una imagen que demuestra claramente que no se ha podido filmar en Irán: una mujer se maquilla frente a un espejo desnuda de cintura para arriba mostrando los pechos y dejando ver la espalda llena de cicatrices. Es la primera víctima de la Araña en la película, la que hace el número 13 de su siniestro cómputo libertador. A partir de ahí, Abassi sigue en paralelo a Saeed Hanaei en su vida cotidiana, como buen marido y amante padre y a Rahimi, empeñada en averiguar quién es el asesino ante la indiferencia de la policía. Se ha acusado a Abbasi de mostrar los asesinatos con una frialdad y suciedad que provoca rechazo y mucha turbación. Sí, es cierto, hay mucha violencia en esas muertes, cada una distinta como cada mujer es diferente. Pero no hay nada de gratuidad en ellos, ni de morbosidad. Son asesinatos litúrgicos y nos sirven para contrastar la maldad de la Araña Santa frente a la glorificación de su figura en el imaginario popular.

Si la primera imagen es potente y se puede considerar una declaración de intenciones del film, la última es sobrecogedora. En el autobús que la devuelve a Teherán, Rahimi mira una pequeña cámara donde ha grabado entre otros a los hijos de Hanaei. Ver a esos niños representando con placer y orgullo las atrocidades de su padre, cometidas en su propia casa, es, al menos para mí, uno de los momentos más terroríficos que he visto en una pantalla. ¿Alguien puede extrañarse que veinte años después ese niño, ahora un hombre joven, pudiera ser uno de los policías que mataron a Mahsa Amini hace unos meses, simplemente por no llevar bien puesto el hiyab?¿O que sea uno de los que jalean las ejecuciones sumarísimas que se están produciendo en un país donde el fundamentalismo islámico es ley? Esa semilla se recoge ahora. Y, la verdad, da mucho miedo. 


EL RINCON DE LAS SERIES



El submarino, Movistar 3 temporadas

Me encantan los submarinos. Bueno, me encantan las películas de submarinos, porque con la claustrofobia que tengo, la simple idea de encerrarme en uno de esos ataúdes flotantes, me estremece. Pero las películas que pasan en los submarinos, con sus espacios estrechos, convivencia obligada y aislamiento del mundo, son siempre interesantes. Todo esto viene a cuento de una serie alemana que he visto en Movistar. Se llama Das Boot/El submarino, aunque en realidad debería llamarse Los submarinos porque son tres los barcos protagonistas, uno en cada temporada. Está basada en dos novelas de Lothar-Günther Buchheim, el autor que sirvió de base para que Wolfgang Petersen hiciera en 1981 una de las mejores películas sobre este tema, El submarino. La ambiciosa serie del 2018, creada por Andreas Prochaska, mezcla la historia de El submarino con otra novela de Lothar-Günther Buchheim, La fortaleza. El resultado es una combinación de aventuras y traiciones en el mar, con aventuras y traiciones en un entorno de espionaje en la Francia ocupada y en a Lisboa supuestamente neutral. Absolutamente deslumbrante en su diseño de producción y en su puesta en escena, la historia sigue en paralelo dos líneas narrativas, la de los submarinos y la del jefe de la Gestapo, Hagen Forster, auténtico protagonista de la serie. La primera entrega de ocho capítulos pasa en 1942, en el puerto francés de La Rochelle donde la marina alemana tenía su base de operaciones para la potente flota de submarinos del Tercer Reich. Hagen Forster, oficial nazi fascinado por la cultura francesa, responsable del control de la ciudad y de la base naval, se enfrenta a una célula de la resistencia que le obliga a tomar decisiones muy duras. Forster es el centro de la historia que pasa en tierra, pero en el mar son dos los personajes más relevantes: Klaus Hoffmann, un joven comandante al mando de su primer submarino y Robert Ehrenberg, el atormentado ingeniero jefe, constructor de submarinos. Forster, Hoffman y Ehrenberg, son los únicos que seguirán presentes en las tres temporadas de esta interesante serie. Interesante y al mismo tiempo históricamente útil; interesante y al mismo tiempo entretenida; interesante y al mismo tiempo terrible en el implacable retrato de una Alemania que poco a poco va perdiendo el sentido de la dignidad, el valor, incluso el orgullo, medida que avanza la contienda, 1942, 1943, 1944. Aunque los aliados, tanto la población civil francesa como especialmente los ingleses, tampoco quedan muy bien. Nadie se salva en el marasmo de la guerra. Azul y dorada, la serie se mueve entre La Rochelle, Lisboa y una ciudad portuaria del norte de Alemania con un cuidado exquisito en la ambientación y en la recreación de espacios y atmósferas. No sé si las novelas de Lothar-Günther Buchheimse se encuentran fácilmente, pero me gustaría leerlas. 

El regalo de esta semana es una hermosa y desafiante mujer que bien podría ser iraní



 

 

 


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