sábado, 21 de marzo de 2026

SEMILLAS

 


Una cassola, una espasa láser i un casc viking, Mireia Vidal

Los libros de mi hermana Mireia son cristalinos. Son como un gran ventanal donde somos conscientes del cristal que nos permite ver lo que hay al otro lado, un precioso paisaje de ideas, pensamientos, emociones y personajes. Los libros de mi hermana Mireia son para niños, pero niños de 8 años, de 15, de 35 o de 70. Cada “niño” verá detrás del cristal/historia lo que quiera ver. Esto sirve para todos sus libros, pero en especial para El árbol del señor Shaun y para esta nueva novela que acaba de publicar: Una cassola, una espasa láser i un casc de viking. La primera vez que Mireia me habló de este cuento, se llamaba La petita llavor de vida/La pequeña semilla de vida, un título menos atractivo para los niños de 8 años, pero mucho más atractivo para los  niños de las otras edades. De eso va esta historia, de una pequeña semilla de vida. El protagonista es un niño, no sabemos su nombre, ni su edad, él es el narrador. Vive en un pueblo, con sus padres y un abuelo que está enfermo, un abuelo con el que el pequeño tiene una gran complicidad. Por eso se propone una cruzada: defender a su abuelo de la muerte con una cazuela, una espada láser y un casco de vikingo. Esto pasa en el primer capítulo. Lo que sucede en el resto del relato vale la pena descubrirlo poco a poco. El libro se abre con una dedicatoria: “Hace tiempo, una niña me dijo que la muerte era lo que nos daba ganas de vivir…” Estoy segura que esta semilla de vida, que a lo mejor se cayó del árbol del Señor Shaun, dará muchos más frutos.

 


Amarga Navidad, Pedro Almodóvar

Hace ahora casi cuarenta años, en 1987, Pedro Almodóvar sembró una semilla de cine. No era su primera película, era la sexta, pero La ley del deseo fue la primera semilla de su autobiografía. Aunque en realidad siempre ha estado contando su vida, Almodóvar se ha retratado en primera persona cuatro veces. En la Ley del deseo, Eusebio Poncela era un director de cine enamorado y en crisis; en La mala educación, Fele Martínez era un director explorando su infancia; en Dolor y gloria, Antonio Banderas, era un director que reflexionaba sobre su vida; en Amarga Navidad, Leonardo Sbaraglia es un director que, por fin, reconoce que se equivoca. Al margen de ser o no ser fan de Almodóvar, esta película tiene algo que la hace muy interesante. Se desarrolla en dos tiempos, el de la imaginación de una historia del 2004, y el del presente en el 2025. En ambas hay un director de cine, en el pasado, encarnado en una mujer, Bárbara Lennie, bloqueada creativamente e incapaz de poner orden en sus sentimientos; en el presente Leonardo Sbaraglia, escribiendo el guión sobre una directora en 2004. El año 2004 no está escogido al azar. Es el año de La mala educación, un film muy difícil para Almodóvar y uno de los menos comprendidos de su carrera. Que sea una mujer la que le encarna en el pasado, no deja de ser curioso. En Amarga Navidad, lo de menos es lo que le pasa a Elsa/Bárbara/Pedro, lo que llama la atención es que esa historia está mal escrita, los personajes se pierden o están desdibujados, le falta algo. Lo que le pasa a Raúl/Leonardo/Pedro en el presente, es mucho más interesante. Porque es este personaje el que asume la autoría de un guión que no funciona y que el espectador en la sala está viendo que no funciona. Hasta que, en el tercer acto de la película, se produce un milagro: una conversación entre Mónica/Aitana Sánchez-Gijón, su asistente desde hace más de veinte años y Raúl/Leonardo/Pedro, el director. Mónica ha leído el guión y le ha parecido muy malo. “Has perdido la gracia”, le dice. Pero sobre todo, Mónica no le perdona que haya utilizado su vida privada para darle un marco narrativo al conflicto de Elsa en la ficción. Es en esa conversación, en la que los dos actores brillan con luz propia, donde Almodóvar se confiesa ante su público, reconociendo todos los errores que ha cometido en sus guiones (uno de ellos, el de apoderarse de la vida de los demás para sus películas). No sé si en la vida real Pedro Almodóvar ha tenido alguna Mónica al lado que le haya dicho la verdad con la crudeza con lo que lo hace Aitana. Pienso que ese personaje tiene algo de Ester García, su productora y amiga desde hace cuarenta años (ya estaba en La ley del deseo) y de su hermano Agustín, su apoyo más valioso desde siempre. La historia de Aitana/Mónica no es la de Ester ni la de Agustín, pero solo ellos dos podrían atreverse a decirle a Pedro lo que Mónica le dice a Raúl. En todo caso, esa secuencia le da la vuelta a la película. Solo una cosa más, el título, Amarga Navidad, es un homenaje a Chavela Vargas, la gran intérprete mexicana que tan unida está al cine de Pedro Almodóvar. Las dos veces que suena la canción Amarga Navidad, son dos momentos realmente especiales.

 


Festival du Cinéma Espagnol de Nantes

Casi al mismo tiempo que en Barcelona se celebra el D’A Film Festival, en Nantes, la ciudad de Lola y de Jacques Demy, en la Bretaña francesa, se celebra un festival de cine español con una trayectoria de más de treinta años. La semilla que plantaron en el lejano 1990 un grupo de amantes del cine español, ha crecido hasta convertirse en una planta llena de vida que cuidan con cariño y dedicación sus dos directores, Pilar Martínez-Vasseur y Joxean Fernández. Estuve como jurado en la edición del 2016, y pude disfrutar de una ciudad y unas gentes estupendas. Entonces escribí en el blog: “Ver las películas rodeada de franceses que las miraban de otra manera y sobre todo asistir a los largos (¡una hora y media!) coloquios con el público, te reconcilia con el cine que hacemos en España, tan variado, tan distinto, tan inesperado”. Lo que el Festival du Cinéma Espagnol de Nantes ha hecho por la difusión en Francia del cine español, es espectacular. Por sus pantallas han desfilado actores, actrices, directores, el festival ha cuidado la programación ofreciendo muchas veces títulos no muy conocidos al lado de los nombres que han perfilado la historia del cine en España desde 1990. El invitado de honor del festival es Rodrigo Sorogoyen y por sus pantallas pasarán más de 50 títulos del cine español y una treintena de convidados. Este año en que Nantes cumple 35 ediciones, dedican una sección especial a recordar el cine de la Guerra Civil, 1936-2026. Regards pluriels et contemporains sur la Guerre d’Espagne al que acompaña una exposición sobre Los caminos del exilio con fotos de Philippe Gaussot. ¡Gracias Nantes!

El regalo de esta semana son semillas de vida.



 

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