sábado, 30 de noviembre de 2024

SILENCIOS

 

Escribo esta entrada el viernes 29 de noviembre y  me doy cuenta que hace un mes de la terrible tragedia de la DANA en Valencia. ¡Un mes ya! Y las cosas no parecen haber mejorado mucho en las desoladas tierras de la huerta valenciana. La semana pasada decía que no podemos olvidar lo que está pasando en Siria, en Afganistán, simplemente porque no ocupen las primeras páginas de los diarios. Tampoco podemos, ni debemos, olvidar lo que pasó y sigue pasando en Valencia. Es una cuestión de dignidad. No me vale saber quién lo hizo peor (mal lo hicieron todos) lo que interesa a la gente que sigue sacando barro de sus casas es que la ayuden, no que le tiren mas “fango” encima y no se ocupen de solucionar sus problemas más inmediatos. No debemos permitir que pase el silencio por encima de la realidad. Lo del silencio viene a cuento del estreno de una película que me ha gustado mucho., Por donde pasa el silencio y Bird, son los dos estrenos que esta semana  merecen destacarse.

 


Por donde pasa el silencio, Sandra Romero

Opera prima de una directora muy joven, este film se mueve en el terreno fronterizo del documental y la ficción. Es una ficción, si, pero con personajes reales. Pasa en Écija, cerca de Sevilla, en Semana Santa. De hecho, la primera lectura del título viene de las calles por donde pasa el Paso del Silencio en la Semana Santa del pueblo. Pero el silencio no es solo ese. El silencio tiene otra lectura más profunda: es el silencio de la ausencia, de la incomunicación, de la distancia. La historia es la de tres hermanos: Antonio, Javier y María Araque. Antonio y Javier son mellizos, María es más pequeña. Antonio se fue a Madrid hace mucho y vuelve para pasar la Semana Santa con su familia; Javier tiene una ligera discapacidad y María sueña con irse fuera. En esos días de silencio y de ruido, Antonio tendrá que tomar una decisión: quedarse o irse. Sandra Romero conoce a estos hermanos desde hace muchos años, por eso puede contar su historia y a la vez contar una ficción. Pero lo más interesante es ver como, a través de esta familia, se traslucen muchos de los problemas de eso que se llama (no sé si correctamente) la España vaciada: la gente joven que tiene que emigrar, el abandono del campo, la crisis económica, las relaciones familiares complejas, ser homosexual en un pueblo, el peso de las tradiciones, la dificultad de volver. Todo esto está en una película que fluye en un silencio ruidoso por las calles nocturnas de Écija.

 


Bird, Andrea Arnold

Bird no es la película que te esperas de Andrea Arnold, una directora británica que suele observar a sus personajes con cierta frialdad y un realismo nada complaciente. La descubrí en el 2006 con Red Road, una de las primeras películas que ponía en una pantalla el control de las cámaras de seguridad que vigilan día y noche las calles de una ciudad. Su segundo largo, Fish Tank se fijaba en una familia en la que la llegada del nuevo compañero de la madre desequilibra a la protagonista de 15 años. Arnold nos descolocó un poco con una negra adaptación de Cumbres borrascosas en el 2011 y aun más con un documental inesperado, Vaca, el mundo visto a través de los ojos de una vaca lechera. Pero con Bird, Armold da un paso hacia un nivel fantástico con la aparición en escena de Bird, el hombre pájaro que salta y busca a su desaparecida familia con la ayuda de Bailey, una adolescente en una familia desestructurada de un suburbio de Kent. Bug, su padre, es mas inconsciente que ella y tiene varios hermanos repartidos entre dos casas. Bailey debe lidiar con las excentricidades de su padre (Bug quiere montar un negocio de venta de baba de sapo alucinógena) y la tóxica relación de su madre con un hombre violento. Pero Bailey no es una niña desvalida. Bailey mira el cielo lleno de animales que vuelan, pájaros, mariposas, y cuando conoce a Bird, siente que un rayo de luz y de cielo y de aire, entra en su vida. Reconozco en Bird el cine de Arnold en ese retrato realista de un suburbio inglés y en el personaje de Bailey, pero hay mucho más humor y mucha más imaginación del que normalmente tienen sus películas. Y sobre todo hay una libertad y frescura que hace de Bird un film que ayuda. La propia Arnold lo reconoce al reivindicar el humanismo y la sensibilidad por encima de todo

 

EL RINCÓN DEL CORTO

Estos días he estado viendo cortos. Un corto es una película corta, pero no pequeña. Hay cortos de una gran complejidad y de una gran profundidad. La gracia de un corto es que dure lo que tiene que durar para contar lo que se quiere contar, ni un minuto más, ni un minuto menos. Entre los que he visto por distintos motivos me gustaría destacar los tres cortos de Pilar Palomero que se pueden ver en Filmin. Es interesante descubrirlos ahora, después de conocer las películas que la han convertido en una de las mejores directoras españolas del momento. Sobre todo, después de ver Los destellos. Porque estas tres piezas de cámara son como un prólogo a Los destellos, son una especie de semilla plantada en 2015, 2017 y 2019, que ha ido creciendo poco a poco hasta florecer plenamente en la luminosa película que es Los destellos. 


La noche de todas las cosas, del 2015. ¿Cuál es la semilla de La noche de todas cosas? Las antigüedades, los objetos perdidos que esperan pacientemente una nueva vida, como la que les da Isabel en la película. La casa y el jardín. Y el abuelo. Pero también la madre enferma que la pequeña Joana intenta acompañar.


Horta, del 2017. ¿Cuál es la semilla de Horta? El pueblo, su historia, su luz, la niebla, el tren (ahora el autobús). El bosque y los campos donde perderse paseando como hacen Isabel y Madalen. Los retratos y los recuerdos que llenan la casa de Ramón.

Agenda 1958, del 2019. ¿Cuál es la semilla de Agenda 1958? La madre, el silencio, la complicidad entre madre e hija. La memoria y el misterio. Algo que pasó y no sabemos que fue ¿Cómo era la abuela? ¿Cómo eran Isabel y Ramón?

En estas tres pequeñas historias está el punto de partida de su tercera película. Las dos primeras, Las niñas y La maternal, nacen de otras vivencias, de otros recuerdos, de otras necesidades. Pero Los destellos trenza un hilo directo con estos tres cortos.

 El regalo de esta semana no es de Ramon, es un pájaro dibujado por una niña en uno de los talleres de pintura para niños que hizo en su estudio.


 

sábado, 23 de noviembre de 2024

NO NOS OLVIDEMOS

 

A veces pienso que el feminismo en el mundo occidental, entendiendo esto como Estados Unidos y Europa, se ha perdido en un cierto manierismo. La (falsa) impresión de que hemos conseguido muchas cosas –aun queda mucho camino para alcanzar la auténtica igualdad en muchos terrenos–, hace que la batalla se plantee en términos quizás equivocados, aunque no dudo que necesarios. A lo mejor es que nos equivocamos de enemigo. El enemigo es el abuso de poder que anula la personalidad, que obliga a un pensamiento único, que dicta lo que está bien y lo que está mal. El enemigo es el fundamentalismo sea del género que sea. Por eso es bueno recordar que hay lugares, ahí mismo, al lado de casa, donde las mujeres carecen de cualquier derecho a existir. Ellas no tienen tiempo de perderse en tonterías. Su lucha es por no desaparecer.

Dos estrenos de esta semana, Raqa de Gerardo Herrerro y el documental Bread &Roses de Sahra Mani, nos  ecuerdan por si lo hemos olvidado, que en Siria y en Afganistán, ahora mismo, las mujeres siguen siendo humilladas, anuladas, ignoradas y sobre todo usadas. La manera de acercarse a estos temas que no están en la primera plana de la realidad urgente del día a día, es muy distinta en cada caso. La película tiene una clara vocación comercial para hacer llegar al máximo posible de público el relato que quiere contar. El documental surge de la urgencia de dejar constancia de una situación al límite. Los dos son interesantes y merecen verse desde la perspectiva de recordar lo que nunca se debió olvidar.

 


Raqa, Gerardo Herrero

Esta es una película de aventuras, de espías y de desiertos. Bajo esta apariencia, casi de película clásica, se cuenta una historia que no es de amor entre un hombre y una mujer. Esta es una de las cosas más curiosas e interesantes de Raqa: entre Haibala y Malika no hay una historia de amor, ni siquiera de complicidad. Hay una alianza instrumental por parte de ambos. Estamos en el 2017, Haibala, El Saharaui, es decir Álvaro Morte hablando en árabe, es un espía ruso; Malika, Mina El Hammani, es una espía de la Europol. Los dos se encuentran en Raqa con la misma misión: acabar con El Jordano, un poderoso jefe del ISIS. Sus caminos se cruzan sin que uno y otro sepan quién son en esa peligrosa ciudad donde las mujeres o son esclavas vendidas al mejor postor o son obligadas a casarse y tener hijos con quién les mande la poderosa y temible Brigada Al-Jansa, policía moral y sección femenina del autodenominado Estado Islámico, siempre vestidas de negro, y con el fusil al hombro. Junto a Haibala y Malika hay dos mujeres que son importantes en la narración por lo que representan. Muna, una joven española convertida en esclava a la que Haibala quiere salvar, y Alia, una joven ceutí que ha venido al califato voluntariamente y acaba en manos de El Jordano. Muna representa las mujeres esclavizadas, Alia las mujeres engañadas. Todas ellas utilizadas. Raqa es una muestra, también, de que los enfrentamientos en oriente medio tienen poderes que manejan los hilos desde lejos. Los mismos poderes que siguen manejándolos ahora mismo.

 


Bread&Roses de Sahra Mani Apple TV

Este documental de urgencia y de combate es otra cosa ya desde su planteamiento formal: todas sus imágenes están rodadas con los teléfonos móviles de las mujeres afganas que han querido dejar constancia de sus reuniones, sus manifestaciones, su combate y la soledad de su vida familiar. Son imágenes impactantes en su verismo: no hay manipulación posible. Solo un cierto orden en el montaje a partir de tres protagonistas principales. Zahra, una joven dentista casada con Olid el día antes de que los talibanes entraran en Kabul el 15 de agosto del 2021, se convierte en una de las líderes del clandestino movimiento de las mujeres afganas. Sharifa vive con sus padres, era funcionaria, pero los talibanes la han privado de todo. Sharifa vive con dolor su aislamiento hasta que decide unirse a las mujeres que se manifiestan en las calles de la ciudad. Rehala es una activista que logra salir del país en los primeros días de la toma del poder. Refugiada en Pakistán, Rehala no llega a ser libre. Vive en una casa tutelada que es más una cárcel sin barrotes. Las tres graban lo que hacen con mayor o menor calidad, con mayor o menor peligro y gracias a sus testimonios y a los de muchas más, podemos entender el infierno en el que viven las mujeres bajo el régimen fundamentalista de los talibanes. El documental acaba con este letrero: “Desde el 15 de agosto de 2021 miles de mujeres han salido a las calles de Kabul pidiendo pan, trabajo y libertad. Centenares de ellas fueron arrestadas, torturadas y asesinadas. Muchas siguen desaparecidas.” Bread &Roses es un documento imprescindible entre otras cosas como advertencia de que hay talibanes de muchos tipos y no todos llevan turbantes y viven en la Edad Media.

 


Tiempo compartido, Olivier Assayas

Tiempo compartido se titula en francés Hors du temps, Fuera del tiempo, un nombre que explica mucho mejor lo que cuenta esta tranquila película que habla de otro tipo de tema del que tampoco debemos olvidarnos: la pandemia que dejó el mundo, el planeta entero, en un tiempo suspendido, o compartido, es decir fuera del tiempo. Olivier Assayas se coloca en primera persona con el nombre de Paul, el actor Vincent Macaigne, para contar como vivió los meses más duros de la pandemia. Un tiempo de obsesiones y miedos, pero también de una cierta felicidad. A Paul y a su hermano Etienne, el confinamiento les pilla en la casa de su infancia en un pequeño pueblo de Francia. Morgane y Carol, sus parejas, los acompañan en ese encierro. Assayas con un relato en off nos coloca en el lugar: la casa de su infancia, la casa de los vecinos con su gran parque, el pueblo. Pero es Paul el que nos cuenta la enorme contradicción en la que vive al sentirse seguro y casi feliz en esa situación. Paul es director de cine, Etienne es crítico musical, Paul está obsesionado con la limpieza y el miedo al contagio, Etienne encuentra refugio en cocinar. Las dos chicas los observan divertidas. Es primavera, la primavera más bonita que se pueda imaginar con lilas, y campanillas en el campo. Paul habla con su terapeuta debajo de un árbol y le confiesa su mala conciencia de vivir en ese pequeño paraíso cuando sabe que hay mucha gente que lo está pasando muy mal. Pero no puede remediarlo. Hay algo romántico en este precioso film de verano confinado. Algo de las afinidades electivas o de las reuniones de Lord Byron y Shelley. Pero sin amores cambiados o relatos fantásticos. Porque todo es muy banal en su cotidianidad. En todo caso, creo que el film se atreve a recordarnos que a pesar de todo el dolor y la pérdida, vivimos el silencio de un tiempo suspendido y compartido.

Ver Tiempo compartido me ha llevado a revisar los textos del blog que escribí durante el confinamiento, los meses de marzo y abril del 2020 y me he encontrado con mi propio tiempo suspendido. Ha sido interesante y revelador: no hay que olvidar.

El regalo de esta semana es un refugio seguro para las mujeres de Raqa y de Kabul. 


sábado, 16 de noviembre de 2024

HETERODOXOS

 

Heterodoxo:

Que se aparta de la doctrina oficial de una religión. 

Discrepante de la doctrina fundamental de un sistema político, filosófico.

Disconforme con hábitos o prácticas generalmente admitidos.

Esta es una semana de muchos, muchísimos estrenos (he contado 14 más las tres de El Señor de los Anillos, 17). He visto bastantes, pero no todos: es imposible. Hay cosas que me gustan cosas que no, pelis interesantes, pelis fallidas. Pero entre todas las películas que se estrenan hay cuatro películas heterodoxas que se adaptan muy bien a la última definición de la palabra.

 



HETERODOXIA ORIENTAL En la alcoba del sultán, Javier Rebollo

No había visto nada de Javier Rebollo desde que en 2012 estrenó El muerto y ser feliz. Supongo que no ha estado ocioso todo este tiempo, entre otras cosas, porque construir el puzle de esta deliciosa perla oriental no se improvisa rápidamente. En esta alcoba del sultán se juntan Lumière y Méliès, un poco de Alice Guy, la sombra de Chaplin, en medio de una  historia que podría ser la de las 1001 noches de películas. Todo empieza en Lyon, con una foto en el campo en la primavera de 1900, a la hora del aperitivo. Gabriel Veyre es el fotógrafo. Gabi es un joven lleno de energía en busca de emociones y aventuras. También es uno de los jóvenes camarógrafos de la más joven aun productora de los Hermanos Lumière. Antes de esa foto, Veyre ha viajado por México, Cuba, Canadá, Japón, rodando noticias para los Lumière. Lo que cuenta En la alcoba del sultán, es su último viaje. Esta vez a la exótica corte del Sultán del lejano País de Nour, un hombre culto y curioso que quiere conocer las maravillas del cinematógrafo. “Aburrirse es como besar la muerte”, dice el sultán en un momento del film. Gabi deja en Lyon a su novia Jean a la que escribe cartas tan atractivas que ella acaba por viajar al País de Nour donde Gabi es Monsieur l’ Operateur, una figura imprescindible para el sultán. Contado así, parece muy sencillo, pero la película de Rebollo es todo menos simple. Ingenua sí, inocente, también, simple no. Viendo el increíble montaje entre películas de archivo, fotos originales y lo filmado por Rebollo, me pregunto qué es más bello, qué es más interesante; si los documentos antiguos, filmaciones y fotos que evocan una época y un espacio, o lo que Santiago Racaj, director de fotografía habitual de Jonás Trueba, filma con su cámara captando la luz, los colores, la imaginería, el misterio y los fantasmas. Porque hay muchos fantasmas en esta historia inventada a partir de la realidad: fantasmas que adelantan la aparición de los hologramas, de la IA, de los juegos de ordenador; fantasmas románticos producidos por el sueño del opio, fantasmas del futuro y del pasado. Y los colores, no puedo dejar de hablar de los colores. Sé que a Rebollo le gusta mucho la pintura de Ramon Herreros,  quizás por eso reconozco en los azules, rojos, amarillos y verdes de este hermoso film los tonos herrerianos por excelencia. Cine en el cine, cine pictórico, cine de aventuras, canto de amor al cine. Una rareza magnífica.

 


HETERODOXIA DOLOROSA Polvo serán, Carlos Marqués-Marcet

La primera secuencia de este film ya nos coloca en una situación incómoda e inesperada. Una mujer en pleno ataque de locura y de dolor, grita, lucha, baila una coreografía brutal mientras su marido y su hija intentan apaciguarla. Ahí está contado todo lo que vamos a ver: dolor de la enfermedad, dolor de la separación, dolor de la impotencia. Y música y baile y canciones. La historia es la de Claudia, una mujer, una actriz, con una enfermedad terminal que no quiere sufrir más y planea un viaje a Suiza para acabar con su vida con un suicidio asistido en forma de último espectáculo. Junto a ella, Flavio, su marido, su director, del que no se ha separado en cuarenta años, la acompaña en todo momento, hasta el punto de estar dispuesto a morir con ella en esa última obra que harán juntos. Flavio no imagina la vida sin Claudia. El film los sigue en los últimos días, ella intentando convencerle de que no lo haga, el convencido de hacerlo. Carlos Marqués-Marcet sabe que este tema es muy duro de soportar para el espectador por eso busca refugio en dos elementos. Uno son sus actores una espléndida Ángela Molina que transita de la histeria  a la dulzura, del dolor a la risa, canta y baila como en sus mejores momentos; y un entregado Alfredo Castro siempre a su lado. El otro es el lenguaje del musical, con números coreografiados en homenaje a Busby Berkeley, al tango, al baile moderno... En cierto modo este truco distanciador funciona, pero no consigue hacer que nos olvidemos de que estamos viendo una película llena de dolor. Una rareza que hace daño.

 


HETERODOXIA FELIZ Góndola Veit Helmer

Georgia es un país muy raro, no es europeo del todo, no es oriental del todo, no es claramente occidental, no es claramente oriental. Es un país entre dos mundos. Tampoco su cine es de un sitio o de otro, las imágenes oníricas de Segei Parajanov conviven con las fábulas inocentes de Otar Ioselliani. También las dos lindas azafatas del teleférico que establecen una extraña y silenciosa amistad en los momentos en que sus cabinas se cruzan el aire, en tierra de nadie, mejor dicho en aire de nadie, no pertenecen a ningún sitio concreto. De hecho, solo son felices cuando sobrevuelan el paisaje desde sus pequeñas góndolas aéreas, que sirven para transportar a la gente del pueblo y lo mismo llevan un ataúd, que una cesta de frutas. Lo mejor de este pequeño film volátil es la imaginación de sus dos chicas (convierten sus cabinas en barcos, cabañas, aviones) y el silencio. No, el silencio no, porque hay música mucha música y ruidos, muchos ruidos. Lo que no hay son palabras. No hacen falta, y además de una cabina a otra no se escucharían. Lo peor, si es que le quiero sacar alguna pega, es que quizás es una idea que se alarga y se repite un poco. Pero siempre es diferente en algún matiz. Y el concierto final que se establece entre las dos chicas y los habitantes del pueblo, es una de las secuencias más bonitas que recuerdo. Al Buster Keaton de La casa eléctrica le habrían encantado los inventos de estas chicas, Wes Anderson reconocerá su imaginería y Jacques Tati podría pensar que ha encontrado a dos lindas sobrinas. Una rareza divertida.

 


HETERODOXIA OSCURA El baño del diablo  Severin Fiala y Veronika Franz

Este oscuro y terrorífico (pero a ratos fascinante) film se presentó en Sitges como fantástico. De hecho ganó el premio gordo del festival y se empezó a hablar de él como un film de brujas. No creo que El baño del diablo sea fantástico ni mucho menos hable de brujas. Su puesta en escena de un naturalismo salvaje, es todo menos fantástica y la triste historia de Agnès es un proceso de histeria perfectamente estudiado en los libros clásicos freudianos. Lo que sí es terrorífico (no fantástico, sino muy real) es el hecho de que en el siglo XVIII en Austria hubo más de 400 casos documentados de mujeres suicidas/asesinas. En una sociedad cerrada, claustrofóbica y dominada por la iglesia, las mujeres que querían suicidarse porque no soportaban la vida, mataban a un niño, confesaban su crimen y eran ajusticiadas públicamente. Una especie de siniestro suicidio asistido. Para contar esta historia, los dos directores austriacos han elegido el tono de un cuento del folklore tradicional, siempre al lado de Agnès, siguiendo su lento proceso de locura y decepción, sus miedos y sus ansiedades, su melancolía creciente. En esa cerrada sociedad, no tener un hijo era un estigma insoportable. Pero ¿qué puede hacer la pobre Agnès con un marido como Wolf? Una rareza de cuento siniestro.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES

 

HETERODOXIA TOTAL Celeste Diego San José 6 episodios Movistar+

En realidad esta serie debería llamarse Sara Santano, pero no sonaría igual. Celeste es un titulo prometedor: un color, una ilusión, un nombre. El de una cantante de moda que no esconde la inspiración en Shakira, con unos cuantos problemas con hacienda. Pero Celeste no es ni siquiera la antagonista de la auténtica protagonista. Celeste es el objeto de estudio y persecución de la tenaz inspectora de hacienda Sara Santano. En su última investigación antes de jubilarse, la solitaria, seria y muy reconcentrada Sara cogerá el hueso de Celeste y no lo soltará por nada del mundo. Aunque no entienda nada del mundo de la cantante, o algo mucho mejor, porque ese mundo le permitirá descubrir otro mucho menos gris, mucho menos aburrido que el que ha sido el suyo desde siempre. Humor, ironía, música, diálogos brillantes y una Carmen Machi soberbia (en los dos sentidos de la palabra) hacen de Celeste una serie rara. Rara porque estamos habituados a ver policías de todo tipo, jueces de todo pelaje, políticos despreciables o adorables; pero no estamos acostumbrados a ver funcionarios grises de profesiones grises y no muy apreciadas como protagonistas de aventuras urbanas muy contemporáneas. La cruzada de Sara/Carmen es la de demostrar que Celeste, la famosa cantante latina, ha vivido más de 184 días en España y por tanto debe pagar impuestos en nuestro país. La cruzada de la serie es contarnos como esta mujer se va transformando sin darse cuenta a medida que se adentra en la vida de Celeste. Y de paso se reconcilia con ella misma, con su perro, con su marido muerto y con una profesión que, mira por donde, no era tan importante. 

El regalo de esta semana son los colores del sultán.



 

sábado, 9 de noviembre de 2024

MEMORIA

 

Una vez más me sorprende como se encadenan las cosas. La misma semana que he terminado de leer las memorias de Manuel Gutiérrez Aragón, se estrena en Imprescindibles el documental Tiempo de silencio y destrucción sobre la figura de Luis Martín-Santos. Y por si no fuera suficiente, he visto en Madrid una exposición sobre la historia de la Escuela de Cine, la famosa EOC. Las tres cosas son absolutamente actuales, pero las tres tienen raíces en el mundo cultural y cinematográfico de los años cincuenta y sesenta.

 


El libro. Vida y maravillas, Manuel Gutiérrez Aragón, Anagrama

El título lo dice todo: Vida y maravillas, la vida y las maravillas que se ha ido encontrando el niño Manuel al crecer. En realidad este no es un libro de memorias y mucho menos autobiográfico. Tampoco es un repaso a su vida como cineasta o a su vida personal. La Vida en este caso es la que pasa por su lado, la que mira casi desde un margen, la que fluye y le va dejando retazos de imágenes, de sensaciones, de emociones. No importa que no siga una cronología clara, tampoco importa que lo que se cuenta corresponda exactamente a dónde se cuenta o que haya muchas películas de las que no se hable. Gutiérrez Aragón es un cuentacuentos y que mejor cuento que el de su propia vida de niño enfermo y mimado (Demonios en el jardín), de joven interesado por el lenguaje (Habla mudita), de estudiante diletante que juega a ser comunista (un juego peligroso en esos años) pero nunca acaba de creérselo del todo. Un cineasta que es un narrador de historias a las que le dan cuerpo y alma sus actrices favoritas. La vida del Madrid de principios de los sesenta, la escuela de cine, los compañeros que iban a ser el relevo del cine español, los amigos. Y las maravillas, empezando por esa película Maravillosa que surge como un punto y aparte en su filmografía. Torrelavega, Madrid, Cuba, China, los Picos de Europa, Moscú, son algunos de los espacios por los que transita el maravillado Manuel de la mano de El Quijote, quizás su obra más personal aunque sea la adaptación de un clásico indiscutible. Un placer leerlo y seguramente un descubrimiento para muchos lectores de menos de 50 años que podrán descubrir que en la España siniestra de la dictadura, se podía vivir y hacer muchas cosas para combatirla y si era posible divertirse y crear.

 


La exposición. Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976) Filmoteca Española, Madrid hasta el 27 de abril del 2025

 Ver esta exposición cuando acababa de leer el libro de Gutiérrez Aragón, donde la escuela ocupa muchas de sus páginas, fue como si de repente hubieran ilustrado sus palabras con fotos, textos, guiones, filmaciones. Si ya por si misma esta exposición merece una visita para entender de donde viene mucho del cine que se hace ahora mismo, si ya es en sí misma un viaje en el tiempo, con la memoria fresca de las maravillas de Gutiérrez Aragón fue, además, una especie de viaje alucinante. En el texto de presentación de la exposición se lee: “Comisariada por Asier Aranzubia, esta exposición rinde homenaje al lugar en el que se formaron los grandes cineastas españoles de la segunda mitad del siglo XX. Por ella pasaron Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Basilio Martín Patino, Cecilia Bartolomé, Carlos Saura, Manuel Summers, Mario Camus, Francisco Regueiro, José Luis Borau, Josefina Molina, Víctor Erice, Pilar Miró, Iván Zulueta, Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Pedro Olea, Fernando Colomo… El archivo fílmico y documental de la escuela de cine es, junto al del No-Do, el acervo de titularidad pública más completo que custodia Filmoteca Española”. El título es una pista del tono de la exposición Los 100 metros libres era la forma en que los alumnos de Dirección se referían a un ejercicio en el que les daba solo 100 metros de película para contar una historia de menos de tres minutos. Lo de libres venía porque eran pequeñas piezas, algunas realmente buenas, que no pasaban ninguna censura y en las que se atrevían con todos los temas. Varias de estas prácticas se pueden ver en esta exposición que merece una visita con tiempo para pararse a leer los textos, mirar las fotografías donde descubrimos a todos estos directores que ya están en la historia como jóvenes llenos de entusiasmo, o constatar que las chicas, Charo López, Mercedes Juste, Julia Peña, no solo eran muy guapas, eran también muy libres. Un buen plan si están en Madrid: visitar la exposición de la Filmoteca con el libro de Manuel Gutiérrez Aragón en la mano.

 


(un cartel descartado del documental)

El documental. Tiempo de silencio y destrucción. Joan López Lloret. Imprescindibles de TVE el 10 de noviembre

De este documental ya he hablado varias veces en este blog entre otras cosas, porque he coescrito el guión con Joan López Lloret. Cuando se estrenó en el Festival de San Sebastián escribí: “En mayo del año pasado, la productora Marta Esteban me propuso colaborar en un documental sobre la figura de Luis Martín-Santos. Le dije que sí, aunque no sabía mucho del escritor de Tiempo de silencio. Rocío y Luis, los hijos de Martín-Santos, estuvieron de acuerdo con mi incorporación, pero sobre todo Joan López Lloret me aceptó como coguionista de un proyecto que era muy suyo y estuvo dispuesto a compartir esta aventura conmigo.” Entonces se trataba de explicar mi propia experiencia con el documental, pero ahora que por fin se va a estrenar en TVE en el programa Imprescindibles del 10 de noviembre, lo que me interesa es destacar la extraña conexión entre el libro de Gutiérrez Aragón, la exposición de la Filmoteca Española y la vida de Luis Martín-Santos. El autor de Tiempo de silencio murió en 1964, cuando muchos de estos futuros nuevos cineastas empezaban a dar sus primeros pasos. Mario Camus fue uno de ellos, amigo personal de Martín-Santos, compartió con él escenarios, espacios y compañeros. Las fotos y películas de la exposición ayudan a entender al escritor; el contexto político y cultural del libro complementa las imágenes del documental. En la entrada de San Sebastián escribí: “Luis Martín-Santos es una figura muy compleja, llena de matices, de caras, de historias. No hay un solo Luis Martín-Santos, hay muchos: el psiquiatra que a los 26 años era director del Hospital Psiquiátrico de San Sebastián; el intelectual preocupado por la cultura; el político comprometido y activista que acabó varias veces en la cárcel; el escritor de una obra enorme completamente escondida; el marido que perdió a su mujer en un estúpido accidente cuando ella tenía solo 33 años; el padre que murió a los 39 años en un accidente de coche dejando tres niños pequeños completamente solos. Su vida desde sus andanzas por el Madrid salvaje de la posguerra hasta su muerte prematura, es única.” Ahora lo podrán comprobar si quieren, un día antes de que se cumpla el centenario de su nacimiento. 

El regalo de esta semana es una silla que invita a leer el libro, ver alguna película de la EOC y desde luego el documental



 

 

sábado, 2 de noviembre de 2024

ESCAPAR


Dos de los estrenos de esta semana hablan de escapar, pero los dos intentan explicar que escapar no es liberarse, al contrario, puede significar todo lo contrario: aislarse del mundo. En Escape de Rodrigo Cortés, esto es evidente, en Salve María de Mar Coll, hay que saber verlo.

 


Escape, Rodrigo Cortés

Lo primero que sorprende y te pone sobre aviso en esta película protagonizada por Mario Casas y Anna Castillo, es que está producida entre otros por Martín Scorsese. ¿Scorsese produciendo una película española? Pues sí. Los porqués los iremos descubriendo mientras vemos la odisea de este hombre sin nombre que desde la primera secuencia se demuestra un suicida. No, perdón, un suicida no. Porque lo que N quiere no es desaparecer, lo que quiere es no tener que pensar, no verse obligado a tomar decisiones, ser castigado por algo que no sabremos que es hasta muy avanzada la trama. N no quiere morir, quiere ser anulado. Es algo distinto, N quiere escapar del mundo, del suyo y del de todos, quiere que le reduzcan a la nada. Por eso insiste en cometer delito tras delito para ser detenido, juzgado y castigado. N tiene miedo a vivir en libertad y no cejará en su intento. Su hermana quiere ayudarle, pero no sabe cómo; el juez que le juzga una y otra vez se muestra implacable como si supiera que el auténtico castigo para N es vivir en libertad. Mario Casas hace una de sus mejore interpretaciones encarnando este anti buried. Buried/Enterrado, fue la película que colocó en el primer plano el nombre de Rodrigo Cortés. Ahora, trece años más tarde, N es el espejo deformante de Paul Conroy, el protagonista de Buried, en un film tan fascinante como angustioso. En el 2010, se trataba de salir de la tumba en la que nos habían metido; en el 2024 se trata de escapar de la agobiante realidad en la que nos obligan a vivir. La verdad es que entiendo muy bien a N.

 

(no sé porqué, pero cuando vi Salve Maria en seguida pensé en este cuadro de Ramón)

Salve María, Mar Coll

En esta terrible película, el escape es más sutil, pero no menos tenso, ni menos angustioso. Salve María es terrible, si, pero es magnífica. Usar los mecanismos del thriller psicológico (Hitchcock flota por ahí) para contar el proceso de autodestrucción de una mujer que acaba de ser madre, es una manera muy inteligente de hacer evidente lo que es difícil de verbalizar: hay madres que no saben querer a sus hijos. María, como N, quiere escapar de su vida, se siente atrapada en una ratonera, ese piso minúsculo, con un bebé que la reclama y la necesita. María no sabe qué hacer con él, literalmente. Y empieza a obsesionarse con la idea del infanticidio. Es terrible pensarlo, pero es fácil entenderlo. María es novelista y su única posibilidad es canalizar esta obsesión en la escritura. Mar Coll parte de una novela previa de Katixa Agirre, pero junto con su colaboradora habitual Valentina Viso, lleva la historia de María a su propio terreno. Es cierto que Salve María es un film muy distinto a los dos anteriores, pero en realidad, conforma una especie de trilogía sobre mujeres inadaptadas en sus familias: Lena en Tres días con la familia, Geni en Todos queremos lo mejor para ella y María en Salve María. Las tres no entienden, no soportan, no quieren vivir en ese micromundo familiar. Pero de las tres, es María la que produce más dolor. Desde la aparición del cuervo, hasta la confesión al oído de su marido, Salve María es una espiral hacía abajo que como un remolino se va tragando la cordura de María. Y nosotros no podemos dejar de verla, de acompañarla, de querer ayudarla. Pero no siempre se puede salvar al que no sabemos si quiere ser salvado.


EL RINCÓN PERSONAL

(en el escenario mientras Carlota Álvarez me presentaba. Foto de Ana Márkez)

Esta semana he estado en Madrid. El Festival de Cine por Mujeres me entregó el Premio a la Trayectoria de su séptima edición. Me hizo ilusión, los premios siempre hacen ilusión. Es un premio a más de cuarenta años escribiendo de cine. Son muchos años, es mucho cine, es mucha vida. En las palabras que dije al agradecer al festival el premio, volví a insistir en la idea que me parece explica porque sigo al pie de la(s) pantallas después de tantos años. Ser un puente, un hilo que une a los que hacen con los que ven. Y tener curiosidad. Hace poco me preguntaron qué es lo que más me gustaba de mi profesión, respondí que lo que más me gusta es la posibilidad de seguir estando interesada en el cine que se hace en el mundo, seguir teniendo curiosidad. Añado ahora, que lo que más me gusta es saber que lo que escribo (lo que escribimos todos y todas las personas que hacemos este trabajo con honestidad y entusiasmo) sirve para algo. O eso espero. 

El regalo de esta semana es para Valencia, unas flores que nos recuerden a los que ya no están y a los que tienen que seguir adelante.