sábado, 29 de marzo de 2025

FURIA(S)


Una película muy potente y un documental que nos descubre un escritor, son para mí los dos estrenos más singulares de esta semana. También una serie polaca que, tal como está el mundo, tiene una gran actualidad (y utilidad).

 

La película: La furia, de Gemma Blasco

La dirección de La furia es de Gemma Blasco, pero para ser justos, esta película debería presentarse como de Gemma Blasco y Ángela Cervantes, porque es ella la que carga con todo el peso, y es mucho, de esta historia que habla de violencia y de cómo esa violencia repercute en el interior de la protagonista. Todo pasa entre dos fiestas de fin de año, en la primera, una divertida Alexandra, sufre una violación. No sabe quién la ha violado, nosotros tampoco porque la pantalla se queda en negro y tan solo oímos lo que está pasando. Imaginar es mucho más doloroso que ver. A partir de ese momento, la protagonista vive un proceso de vergüenza, culpa, rabia y furia. Se lo cuenta a su hermano Adriá, pero él no sabe como apoyarla. Tan solo el teatro, y en el teatro la tragedia y el personaje de Medea, la ayudarán a sanar esa herida. Ángela está imponente, es una actriz capaz de cualquier cosa, desde las secuencias más locas, a las más violentas, de la intimidad consigo misma, a la soledad consigo misma. La furia es un film importante de los que marcan una filmografía. Hay muchas maneras de hablar de violencia y de violación, esta es una de las más impresionantes y al mismo tiempo más dignas. Hay un respeto y un acompañamiento total con el personaje de Alexandra. Todos estamos con ella. Pero no se asusten, La furia es también un film sobre el poder del teatro como válvula de escape, de la necesidad de proteger y el miedo a verse reflejado, de la presencia física del cuerpo y la naturaleza. Ángela llena la pantalla. 

  (Agustín Gómez Arcos cuando llegó a París)

El documental Un hombre libre, de Laura Hojman

¿Alguien conoce a un escritor almeriense que se llama Agustín Gómez Arcos? Yo, desde luego, no lo conocía. Lo he descubierto con este documental de Laura Hojman, una directora que casi sin darse cuenta está trazando una historia de la España del siglo XX con su cine: Rubén Darío, Antonio Machado, María Lejárraga y ahora, Agustín Gómez Arcos. Nacido en el año 1933 en un pueblo de Almería, vivió la guerra y la posguerra con sus siete hermanos hasta que en 1953, con veinte años, se va a Barcelona a estudiar. Tres años después, está en Madrid escribiendo teatro. Homosexual declarado, sufre el miedo y la represión de unos años oscuros para alguien como él. Su teatro es premiado, pero no representado. Harto de todo, se va de España y acaba en Paris, es el año 1968. Y allí, este hombre joven de pelo rizado y sonrisa de medio lado, empieza a escribir. En francés. Y le publican. Y le leen. Y le premian. Llega a ser finalista del Premio Goncourt. Su primera novela, El cordero carnívoro, aparece en 1975 y le convierte en una figura de las letras francesas. Le llaman de todos los programas, es famoso. En España, casi nadie sabe nada de él. Pero Franco ha muerto, quizás sea hora de volver. Y vuelve, pero para nada. No hay un solo editor que se interese por su obra, por sus novelas, por su figura. Silencio e indiferencia. Vuelve a marcharse, esta vez para siempre. Hay muchos tipos de exilios y él ha vivido dos muy distintos: el político y el cultural. Ana non, es otro gran éxito editorial. En España nadie se hace eco. Agustín publicó nueve novelas más antes de morir de sida en 1988. Aquí, no se dijo nada. Hace poco tiempo, una pequeña editorial se ha propuesto recuperar su obra, mejor dicho publicarla por primera vez en España. Todo esto es lo que he descubierto con el documental Un hombre libre. Y todo esto me ha dado mucho que pensar. Porque la censura no es solo la que nos pensamos, la política. Hay otra censura más sutil, más oculta, la que va conformando el pensamiento con lo que se publica, con lo que se estrena, dejando fuera lo que molesta, lo que no se ajusta a los modelos de comportamiento de cada época. Hay figuras disidentes, incómodas, que obligan a plantearse las cosas de otra manera, lejos de lo normativo. Y esas, se callan, se esconden, en cualquier tiempo, en cualquier país. Aunque sea tarde, es un regalo descubrir a un escritor como Agustín Gómez Arcos. Gracias Laura.

 


La serie. La frontera del Este. Jan P. Matuszynski, Wojciech Bockenheim, Max

Esta serie polaca que se puede ver en Max me ha dado mucho que pensar. Se llama La frontera del Este o Puerta del Este, está ambientada en mayo de 2021 en Varsovia, Minsk, capital de Bielorusia, Kaliningrado y la frontera entre los tres países. Lo que cuenta son las maniobras y manipulaciones de los rusos para hacer pasar por culpables a los polacos de varios atentados en Minsk para así justificar y provocar con ello la invasión de Polonia. Lo que se llama una maniobra de “falsa bandera”. De fondo, los refugiados que son usados como pelotas entre unos y otros en una frontera donde algunos polacos intentan ayudar como pueden. Pero el tema principal es la conspiración rusa de infiltrados entre las más altas esferas de la inteligencia y la diplomacia polaca, con un solo objetivo: provocar una guerra. Todo pasa antes de la invasión de Ucrania, y aunque no está basado en hechos reales, todo parece muy verosímil. La frontera del Este es un thriller de espías polacos y rusos, con tres protagonistas carismáticos, especialmente Lena Góra en el papel de Ewa. Para los polacos, como para los lituanos, fineses, letones y estonios, la amenaza rusa no es algo abstracto, está ahí, muy cerca, en la frontera del este. Y esa frontera no es solo suya, es la frontera de todos los europeos. Esta serie nos lo recuerda estos días en que se habla tanto de rearme o cualquier otro eufemismo que se use. Un artículo de Carlos Casajuana en La Vanguardia del 27 de marzo y una cita de Lillian Hellman en 1942, me parece que complementan muy bien esta serie y su mensaje de advertencia: “El rearme en sí no me provoca ningún entusiasmo. Para vivir en paz es necesario estar preparado para la guerra, cierto. Pero rearmarnos nos puede hacer más propicios a las aventuras bélicas. Cuando uno tiene un martillo en la mano, ve clavos en todas partes. Para vivir en paz es necesario trabajar sobre todo para la paz, y la diplomacia es la mejor herramienta. Entonces, ¿por qué soy tan favorable al refuerzo de las capacidades defensivas de la Unión Europea? Porque creo que una defensa común digna del nombre será un paso decisivo en la construcción europea… Quizás tendremos que hacer algún sacrificio. Necesitaremos gastar más en defensa y, sobre todo, gastar mejor. Pero valdrá la pena. El día que cuente con una verdadera defensa común, la Unión será mayor de edad. Es ahora o nunca.” (Carles Casajuana La Vanguardia 27 de marzo).

“Era inútil decirse en este momento “sí, muchos de nosotros sabíamos que iba a suceder”, durante la guerra de España habría sido posible detener a Hitler y a Musolini, los indecisos y los ruines nos han metido en esto.” (Lillian Hellman en 1942, Una mujer inacabada)

El regalo de esta semana es una Europa dormida que tiene que despertar.



 

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