Últimas propuestas de un
verano extraño, de mucho calor y muchos incendios, un verano que deja un regusto a ceniza, no solo por las
tierras calcinadas, también por la desaparición de figuras del paisaje del
cine: Terence Stamp, o las más cercanas y dolorosas de Verónica Echegui y
Eusebio Poncela. Últimas propuestas que
coinciden con el final del mes, un libro, una serie y dos estrenos.
Un
libro: Cara de pan, Sara Mesa
Hace unos días entré en una
librería. Buscaba un libro, (que no encontré), pero al dar una vuelta por las
mesas, de repente vi uno entre el
barullo de títulos y novedades. Se llamaba Cara
de Pan y era de Sara Mesa. Lo compré. No era una novedad, es del 2018, no
lo conocía. Descubrí a Sara Mesa con Un
amor de Isabel Coixet y me gustó mucho la limpieza de su escritura, la
claridad con la que narra. En este aun me gusta más. Sara hace que conozcamos a
los personajes antes de saber como son. Poco a poco y casi sin darnos cuenta,
vamos sabiendo su edad, su aspecto, como viven. Y cuando acabamos de leerlo, tenemos
a Casi y al Viejo incorporados a nuestro pequeño universo literario. Es un
libro corto, apenas 137 páginas, divido en dos partes desiguales de número de
páginas: El parque y La cafetería. No cuento más, solo que es
la historia de una amistad imposible, de amor a los pájaros, de setos en un
parque…
Una
serie: A muerte, Dani de la Orden
Apple Tv
Tenía pendiente ver esta serie
desde su estreno en el mes de junio, pero la iba dejado porque no me gustaba el
título. Sigue sin gustarme y menos ahora, después de conocer la muerte absurda
y completamente injusta de Verónica Echegui. Fue esto lo que me decidió a
verla. Son siete episodios cortos que se ven en una tarde. Es una historia de
amor clásica, es fácil imaginarse a James Stewart y Margaret Sullavan, la
pareja de El bazar de las sorpresas,
(Lubitsch 1940), haciendo de Raúl y Marta, dos personas destinadas a
encontrarse y a quererse justo cuando la vida está dispuesta a separarlos, quizás
para siempre. Es ese siempre el que
le da un matiz melancólico a una historia de diálogos frescos y de personajes
creíbles en sus exageraciones. Porque la vida, efectivamente, ha separado para
siempre a Raúl y Marta. La posible segunda temporada ya no se podrá hacer,
Marta/Verónica ya no está. No sé si hice bien en verla justo ahora, creo que es
una serie para reírse con algunas situaciones, llorar con otras. Pero justo
esta semana, todo era más difícil. Me gustaba Verónica, me gustaba su desparpajo,
su naturalidad y su corto como directora, Tótem
Loba, me parece muy bueno. Se la puede recordar de muchas maneras, una de
ellas es viendo la serie, la otra viendo el corto que está disponible en
Filmin. Ha sido una lástima perderla.
Estreno
1 La terra negra, Alberto Morais
Alberto Morais es un habitual
en este blog donde he hablado de Las
olas, Los chicos del puerto y La
madre, sus tres films anteriores. Ahora toca hablar de La terra negra. Recupero unas frases de lo que escribí en
anteriores entradas sobre su cine porque siguen siendo válidas para esta tierra
negra: “Morais es un director con un universo propio que se construye en torno
al silencio y el paisaje.” “Morais ha demostrado tener una especial
sensibilidad para retratar el paisaje y para convertir lugares neutros en
espacios cargados de sentido.” En La
terra negra vuelve a trabajar con Laia Marull, con la que ya hizo Las olas hace 14 años y La madre hace 9 años. Vuelve a Valencia
y sus pueblos sin personalidad, a su monótono paisaje de secano. Vuelve al humanismo
de las historias pequeñas. Las olas
hablaba de la memoria y la vejez; Los
chicos del puerto hablaba del desconcierto y la adolescencia; La madre hablaba de un reencuentro.
Ahora, Morais nos cuenta una historia de hermanos y lo hace de la mano de
María, una Laia Marull adusta, fuerte y seca y Miquel, siempre hay un Miquel en
el cine de Morais, que en el rostro y el cuerpo de Sergi López encarna la
fuerza de la tierra, el misticismo y su capacidad de sacrificio. Pero
Sergi/Miquel no es el hermano de Laia/María. Su hermano es Ángel (Andrés
Gertrúdix), el que no se deja vencer y se resiste a ser expulsado de esas
tierras y de ese molino donde han crecido. En torno a ellos, los vecinos del
pueblo que no quieren al extraño, Miquel, ni a la desarraigada, María. Como en Perros de paja, como en As bestas, como en tantos otros ejemplos
en el cine y la literatura, no se quiere al que viene de fuera, al que no sigue
las reglas, al que no acepta las normas establecidas desde que la memoria es
memoria. Y aun menos, si el que llega tiene la capacidad de perturbar como el
Terence Stamp que acaba de morir hacía en Teorema
de Pasolini,. Dividido en dos partes: Dies
Irae y Vía Crucis, Morais no duda
en romper el mismo las reglas asumidas de la narración, incluso introduce algún
elemento místico, (la música de Bach, el cuadro de Zurbarán) de forma muy sutil.
Lo hace y nos engancha en este film bressoniano (como casi todos los suyos), de
una rara belleza seca como los centros de flores del campo que hace Miquel.
(las tres películas anteriores
de Alberto Morais: Las olas, Los chicos
del puerto y La madre, se pueden
ver en Filmin).
Estreno
2 El volcán, Damián Kokur
Un volcán en Las Canarias. Inmediatamente pensamos en una erupción y sus consecuencias, tan recientes y aun presentes en la isla de La Palma. Y sí, hay un volcán en este volcán: el Teide que domina el horizonte de Tenerife. Y hay una erupción, solo que no es de lava ni de fuego: es emocional. ¿Qué haría cualquiera de nosotros que se encontrara en esas circunstancias? Febrero del 2022, una familia ucraniana de clase media, pasa sus vacaciones de invierno en Tenerife. Roman, el padre, su nueva esposa Anastasia y los dos hijos que él ha tenido antes, la adolescente Sofía y el pequeño Fedir. No parecen muy felices, pero van a la playa y se preparan para volver a casa. Con lo que no contaban es que al llegar al aeropuerto su vuelo esté cancelado: Rusia acaba de invadir Ucrania y no podrán volver. A partir de este momento, el film cambia de tono, ya no son turistas, aunque sigan en el hotel, son refugiados. No saben nada de lo que pasa en su país, solo lo que la televisión española va contando y algunos pocos contactos con sus gentes en Kiev. Durante esos días de desconcierto, de estar desubicados, de no entender que pasa, intentarán seguir adelante como fantasmas deambulando por la isla, por el volcán. En este punto, el relato da un nuevo giro y pasa a centrarse en Sofía, la adolescente. Todo lo veremos desde ella, todo lo viviremos desde su percepción. Sofía se pierde en las calles y encuentra a otros desubicados, expatriados, inmigrantes: latinos que conservan su alegría, africanos que arrastran su maltrato. Y mientras, el tiempo pasa. Roman y Anastasia deberán tomar alguna decisión, pero ¿Cuál? La película dirigida por un joven polaco, sirve para recordarnos que Ucrania lleva ya más de tres años en guerra con una Rusia que se crece. Me gustaría saber que ha sido de esta familia en su vuelta a Kiev, si es que han podido volver.
El regalo de esta semana son
flores que podría recoger Miquel en el campo para hacer un arreglo floral para
María.
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