Un estreno y una exposición. Dos
experiencias que tienen en común literatura, cine y bosque
Un
estreno, Hamnet, Chloé Zhao
Me llegan con regularidad las noticias de las publicaciones de Los libros del Asteroide, una de las más interesantes editoriales independientes que hay en España. He comprado muchos libros suyos porque tienen un catálogo realmente inesperado y atractivo. Fue gracias a ellos que descubrí a Maggie O’Farrell. Hamnet fue el primero libro que leí de ella, hace ya tres años. Me gustó muchísimo ese relato imaginado, pero con una base real, de la vida de Agnès, la mujer sabia, la marginada, la que sabe cosas que los demás desconocen, la auténtica protagonista de esta historia. El libro se abre con una Referencia Histórica “En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años. Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet.”Esta referencia sitúa el tiempo, los personajes y la tragedia que va a ser el cuerpo de un libro que empieza con el niño Hamnet y de una manera no lineal nos narra la historia de amor entre dos seres únicos, Agnès y Will, que consiguieron unirse pese a la oposición de sus familias. Ella, bruja y sabia, él, poeta y soñador. Es esta historia la que ha llevado al cine Chloé Zhao con la complicidad y la entrega de una Jessie Burckle magnífica como Agnès, la joven rebelde, la esposa enamorada, la madre cariñosa, la madre inconsolable. Zhao, que escribió el guión con la propia escritora, transforma el relato en una narración lineal desde el momento inical en el que conocemos a Agnès integrada como una parte del bosque, acurrucada en un espacio de confort, arropada por las raíces y las ramas de un árbol.
Will, el joven preceptor de latín, se enamora de ella en
cuanto la ve llegar con un halcón en el brazo. Ambos se reconocen como especiales,
ambos son especiales y ambos vivirán su historia de amor y dolor. Dolor de ella
por haber fallado y no haber salvado a su hijo; dolor de él por haber estado
ausente. De esta pérdida nace una de las obras inmortales del teatro Hamlet. Un Hamlet que se ve de una manera muy distinta después de leer el
libro o ver la película. Hamnet
contiene una emoción que se desborda en su última parte, tanto en el libro,
donde ocupa pocas páginas, como en el cine resuelto en una larga secuencia
estremecedora. El libro acaba con una sola palabra “–Recuérdame”. Lo
recordaremos mucho tiempo, seguro.
Una
exposición: Rodoreda, un bosc CCCB de
Barcelona hasta el 25 de mayo
Escritura y bosque, palabras y
flores, paisajes y sentimientos. El bosque es el nexo de unión de Mercè Rodoreda
con Agnès. El bosque y el jardín que aparece como eje de su obra; el bosque que
es el refugio natural de Agnès, una mujer que le habría gustado mucho a Mercé
Rodoreda. Es difícil hacer una exposición, visual por encima de todo, de un
escritor o incluso de un músico. Pero la exposición del CCCB, comisariada por
Neus Penalba, es la prueba de que la imaginación puede lograrlo. Rodoreda un bosc tiene muchos textos,
pero no son textos explicativos, son textos de la propia obra de la escritora
que iluminan las diferentes maneras de leer su obra. Se nota un apasionante
trabajo de selección de fragmentos buscados en función de la idea de la
exposición, una relectura de la obra de Rodoreda con un objetivo claro:
convertirlos en el eje del relato. Pero también hay un cuidadoso trabajo de
búsqueda de cuadros y fotografías magníficos que acompañan esos textos, los
completan y los revalorizan desde otro punto de vista hermoso y evocador. Hay
mucho cine, sí, pero no siempre relacionado directamente con su obra, las
secuencias elegidas funcionan como contexto y como influencia, no como
ilustración. Dividida en seis grandes espacios expositivos: Inocentes, Deseo, ¡Cuanta Guerra!, Casas y
calles, Metamorfosis, Álma, la exposición sigue un orden cronológico de la
vida y la obra de esta mujer que en realidad es una gran desconocida. La Patum que ella tanto detestaba, “Lo que
no quiero, yo, que he nacido para hacer de espectadora, es acabar haciendo de patum.”, acabó por apoderarse de su
figura. Instrumentalizada por unos y otros, se ha creó una imagen que estaba
muy lejos de la que esta exposición nos descubre. Si se conocen sus libros: La Plaça del Diamant, Mirall Trencat, Aloma La
mort i la primavera y tantos otros, la exposición se disfruta mucho
reconociendo fragmentos y representaciones. Pero si no se conocen sus libros,
la exposición también se puede disfrutar mucho como recorrido visual,
artístico, literario de una mujer que ha dejado una huella poderosa e
imborrable. Creo que a Mercé Rodoreda le habría gustado esta exposición que se
cierra con una frase en la que Agnès se habría reconocido: “Allí dentro no
había nada que fuera mío y afuera estaban las calles y el aire.”
Nota. Lo único que echo en falta en la exposición es alguna referencia al proyecto de Agustí Villaronga de llevar al cine La mort i la primavera en 1991. Problemas de financiación hicieron imposible que lo consiguiera, pero se conserva todo el material de preparación del film: dibujos, storyboards, fotografías de localizaciones, fragmentos de sonido y esbozos de personajes. Con todo esto, Agustí presentó en el 2009, en La Virreina, una exposición insólita y singular. Este fue uno de los proyectos más queridos de Agusti al que dedicó varios años. El director tenía muy claro lo que quería hacer. “Nuestra ambición era hacer una película épica en Cataluña, en la línea del Andrei Rublev de Tarkovski, nada centrada en lo más típico de la catalanidad, sino en la esencia artística de una creadora como Rodoreda, profundamente catalana y al mismo tiempo universal". Una referencia a este proyecto no habría desentonado en una exposición casi perfecta.
El regalo de esta semana no podía se otra cosa, la foto de un bosque mágico y protector, refugio para Agnès y Mercè.





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