viernes, 15 de mayo de 2026

AMIGOS (SILENCIOSOS)

 


Yo tenia un amigo silencioso, siempre lo tuve. Mi amigo era en realidad una amiga, una jacaranda que mi padre plantó cuando yo nací y que creció conmigo, ella mucho más alta y hermosa con sus flores de color violeta. Esa jacaranda era mi hermana y mi amiga. Me gustaba sentarme apoyada en su tronco y dormitar sintiéndola; me gustaba leer un libro bajo su sombra; me gustaba contarle lo que me pasaba cuando estaba sola. Todo eso forma parte de mi infancia, la que viví en México hasta los 12 años. Cuando vinimos a España, me dolió dejar mi jacaranda. No la volví a ver, porque cuando regresé a la ciudad muchos años después, ya no estaba. En el jardín de casa tenemos una jacaranda preciosa, pero no es mi amiga como lo fue la otra. Nos acompaña y nos regala su hermosa floración en mayo y junio, me gusta mirarla y tocarla, pero no es lo mismo. Tampoco yo soy la misma. En todo caso, toda esta mini confesión viene a cuento de una película que se estrena esta semana que me ha conmovido y me ha hecho emocionar: El amigo silencioso de la cineasta húngara Ildiko Enyedi.

El amigo silencioso es, en este caso, un majestuoso y espléndido ginko biloba que se eleva hacia el cielo en el jardín de una universidad alemana. Ese ginko de más de 200 años, es el testigo de tres  experiencias vitales: la de Grete en 1908, la de Hannes en 1972, y la de Toni en 2020. Tres momentos de la historia que la directora entrelaza en una única historia: entender, comprender, comunicarse y acabar siendo amigos silenciosos del amigo silencioso. Del misterio de la fotografía en 1908, al misterio de la ciencia en 2020, pasando por el experimento de 1972, los tres protagonistas conectan con el árbol, con las plantas, con estos seres vivos a los que les prestamos menos atención de la que merecen. Porque las plantas están vivas, se comunican y nos hablan si queremos escucharlas. Pero para oírlas y sentirlas a veces es necesario el silencio, la soledad, el aislamiento.

Los tres protagonistas Grete, Hannes y Tony, están solos: Grete porque su condición de ser la única mujer estudiante de biología en 1908, la hace estar aislada de su entorno y la conduce a la fotografía como campo de experimentación y descubrimiento del mundo de las plantas, no solo del ginko bajo cuyas ramas se refugia, sobre todo de las flores y las hojas a las que ve por primera vez a través de la lente como si fueran seres de otro planeta. Hannes, estudiante de literatura en los convulsos años 70 de rebeldía universitaria, se queda solo un verano al cuidado de un jardín, pero sobre todo, al cuidado de un geranio con el que su compañera de piso está realizando un experimento. Lo que Hannes descubre en esa pequeña planta con una flor que mira al ginko desde una ventana, cambiará su manera de relacionarse con el mundo. Tony es un neurólogo especializado en estudiar el cerebro de los niños, invitado por la universidad alemana a dar un curso. La pandemia le deja solo en esa universidad con el único acompañamiento de un taciturno guardián y la única compañía de una científica francesa con la que habla on line y le despierta la curiosidad de entender a las plantas. Tony es el que más se relaciona con el ginko, auténtico amigo silencioso con el que desea comunicarse, conectar.

Las tres historias, la de Grete rodada en blanco y negro y 35 mm, la de Hannes filmada en 16 mm de colores saturados y la de Tony, en un digital exquisito, avanzan juntas hacia una comunión con las plantas que transformarán su vida y su manera de percibir la naturaleza. La directora ha dicho en varias entrevistas, que su deseo sería que el público saliera de la proyección viendo a las plantas de otra manera, sintiéndolas como amigas calladas que nos acompañan. Todo esto que he contado hasta aquí es el argumento, la historia, porque es cierto que se sale transformado de ver esta película. La belleza del ginko, el misterio de las fotos y los sueños de Grete, la alegría del geranio, no se pueden contar, hay que verlas y sentirlas. Ramon es un pintor de árboles y de flores y de plantas, los que conocer su obra lo saben muy bien. Sus cuadros de árboles es lo más cercano que conozco a esa verdad silenciosa de que las plantas tienen alma y sentimientos. El arte, como la ciencia, son caminos para llegar hasta ellos. La pintura de Ramon, las fotos de Grete, las ondas del geranio, la belleza del cerebro del ginko, todo está unido en esta hermosa e inesperada película. Me asomo al balcón y veo el magnolio, la jacaranda, el limonero, el mirto, la mimosa y pienso que en mi jardín y los de mis vecinos, tenemos una auténtica comunidad de amigos silenciosos. Es un privilegio que tenemos que apreciar. Pero cualquiera, si cualquiera, puede tener un geranio en su ventana. Y lo mejor de esta historia es eso: un hermoso ginko es tan importante como un pequeño geranio.

Una pequeña coda, hay otra razón por la que me gusta mucho esta película: está dedicada a Baumi, Karl Baumgartner, gran productor, gran persona, gran amigo, que nos dejó hace ya doce largos años.

 

Dies d’estiu i de pluja, Colectiu Espurnes

No quiero dejar pasar el estreno de una película que me gusta mucho,  y además me parece importante. También va de amigos, también va de naturaleza. Se llama Dies d’estiu i de pluja, la firma un grupo de amigos y cuenta la historia de tres amigos; dos chicos y una chica, curiosamente bastante silenciosos, que llegan a un pueblo del Pirineo de Huesca con la intención de pasar unos días en la montaña. Cada uno tiene su propio problema. Como Grete, Hannes y Tony, Biel, Gerard y Abril están solos aunque estén juntos esos días de verano y lluvia en los que la amistad y la complicidad entre ellos es la mejor medicina para sus estados de ánimo. A través de sus ojos vemos la naturaleza y la sentimos y en eso también conecta con el amigo silencioso: basta pararse a mirar alrededor para descubrir que hay muchas cosas que ver, muchas plantas y árboles que sentir. Incluso en una ciudad. Hagan la prueba.

 El regalo de esta semana son dos fotos, una son hojas de ginko recogidas del suelo en un paseo por el barrio donde hay ginkos jóvenes que iluminan el otoño con una explosión dorada, la otra es uno de esos ginkos en pleno esplendor.



 

 


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