sábado, 27 de junio de 2026

4 ESTRENOS


La mujer sin nombre, Haifaa Al-Mansour, Arabia Saudí

Haifaa Al-Mansour sí tiene nombre, el de la primera mujer directora (hay varias en este momento) en Arabia Saudí. Cuando rodó la primera entrega de su Trilogía Saudí, La bicicleta verde, en el 2012, las mujeres aun no podían conducir y ella tuvo que dirigir el film desde una camioneta en clandestinidad. Ya en ese film pequeño y revelador, Haifaa dejaba claras sus intenciones: hablar de (y denunciar) la situación de la mujer en su país y hacerlo con ironía, con humor, con muchas dosis de inteligencia para que no se note a primera vista. Y de paso, hacer cine de género, femenino y cinematográfico. Con la segunda película de la Trilogía Saudí, La candidata perfecta, Al-Mansour incidía en otro aspecto marginador de la sociedad saudí: las mujeres profesionales y su difícil camino en un país moderno y viejo a la vez, que mira adelante, pero está anclado en una tradición muy reaccionaria. En este film, que se puede ver en Filmin, surgía otra temática que iba a ser importante para la directora en su tercer trabajo: la reivindicación de una parte de la población masculina, los hombres vaya, que no está de acuerdo con la manera como se trata a las mujeres en su mundo. En La candidata perfecta, era el padre de Maryam, la protagonista, un músico con dos cosas claras: dejar que sus hijas hagan lo que crean que tienen que hacer, y conseguir que la música se pueda escuchar en público y por todo el mundo. Con estos antecedentes llegamos a La mujer sin nombre, el tercer capítulo de su Trilogía. Una joven aparece asesinada en el desierto; una policía novata que no se resigna a ser simple oficinista, se empeña en descubrir su identidad y quién y por qué la mataron; su jefe en la comisaria la apoya, las familias se oponen, especialmente la de la chica que intenta por todos los medios que no se sepa quién es. Un thriller en un contexto donde las mujeres ya pueden conducir y hacer algunos trabajos, pero en el que las familias siguen siendo reductos de la tradición mas oscurantista. Contado con gran agilidad, salpicado de gotas de humor, podría ser el piloto de una serie con Nawal, la policía, como protagonista, si no fuera por… (no sigo, si ven la peli, sabrán porque).

 


Pálida luz en las colinas, Kei Ishikawa, Japón

El cine sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para recordarme el nombre de Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura en el 2017. Recordarme no es la palabra exacta, porque no he leído nada de él. Pero si obligarme a buscar algo más y descubrir, por ejemplo, que su novela Lo que queda del día, se convirtió en un clásico de los 90 con Emma Thomson y Anthony Hopkins. Ishiguro escribe en inglés y vive en Inglaterra, pero conserva su alma japonesa, sus raíces, su pasado heredado. Ishiguro nació en Nagasaki nueve años después de la bomba que arrasó la ciudad. Tenía cinco años cuando llegó a Inglaterra con sus padres. Y allí se quedó en cuerpo, pero no en alma, ya que una buena parte de su pensamiento seguía en Japón. De esta añoranza nace Pálida luz en las colinas, su primera novela, publicada en 1982, llevada al cine ahora por Kei Ishikawa. No he leído la novela, pero me han entrado ganas porque la historia es muy bonita, y está llena de recovecos y de trampantojos. Me ciño a la película. Una mujer duerme en la oscuridad de una sala. La acción propiamente dicha empieza en una cocina japonesa en los años cincuenta, la ambientación, la luz, la fotografía, la ropa, todo indica ese tiempo con un tono ozuciano muy marcado. Conocemos a Etsuko, una joven embarazada de pocos meses, estamos en Nagasaki. Cuando se queda sola, Etsuko mira por la ventana y ve a una mujer en una casita cerca del rio. Es entonces cuando volvemos a la mujer dormida y descubrimos que es Etsuko mayor, viviendo en Inglaterra en una casa donde está de visita su hija Niki. A partir de ese momento, Etsuko le va contando a Niki una historia del pasado, de cuando vivía en Nagasaki y la hermana mayor de Niki, Keiko, aun no había nacido. Le cuenta como conoció a Sachiko, la mujer que vive en la casita del río y a su hija Mariko. La amistad que creció entre ellas y el dolor de separarse cuando Sachiko decide irse a Estados Unidos con un americano y llevarse a su hija. Igual que hizo ella con Keiko cuando conoció a un inglés, el padre de Niki, y abandonó Japón para siempre. El film alterna el presente de Niki y Etsuko con sus tensiones, y el pasado cuando florece la amistad entre las dos mujeres que viven al borde de la zona prohibida por la radiación. Es una historia muy bonita, quizás confusa en algunos momentos y un poco larga, pero la belleza del pasado recreado y la sutileza de la narración, la hace perfecta para olvidarse un rato de todo lo que nos rodea. Además de estimular a leer a Ishiguro.

 


Nino, Pauline Loqués, Francia

Nino es joven, pero no tiene toda la vida por delante. En realidad, Nino tiene tres días por delante para encontrar a alguien que le acompañe a una prueba médica decisiva que le anuncian un viernes y le harán el lunes. En esos tres días y sus noches, Nino deambula por París como una Cléo vardadiana, buscando reconciliarse con su entorno, su madre, sus amigos, una compañera de instituto, la ciudad, la noche, el día. Nosotros acompañamos a Nino de la mano de Pauline Loqués y del cuerpo frágil y el rostro expresivo de Thèodore Pellerin en una walk-movie emocional donde la ciudad adquiere rango de protagonista.

 


Morir no siempre sale bien, Claudia Pinto, Valencia

Después de la experiencia dolorosa de Mientras seas tú, Claudia Pinto necesitaba hacer algo relajante, divertido, una comedia. Pero una comedia negra que le habría encantado a Rafael Azcona. Su novela Los muertos no se tocan, nene parece haber servido de inspiración para esta comedia de enredo con un cadáver muy vivo y con dos familias, una rica y burguesa, otra de origen humilde y proletario, que parecen sacadas de un Parásitos fallero. A ratos me hizo pensar en Ripstein y La perdición de los hombres, aunque sin el vitriolismo feroz del mexicano. Que el film está dirigido por una mujer queda claro entre otras cosas por el papel relevante de las dos madres, Tamara Casellas y Ana Wagener, y las dos hijas, Carmen Arrufat y Paula Muñoz, mientras que los hombres, vivos o muertos, no son precisamente dechados de inteligencia. El que esté hablada en valenciano le da a la película un plus de autenticidad que se agradece, pero se echa en falta un poco más de mordacidad, un punto más de la “maldad”, que queda insinuada en el gesto del último plano de la película, escondido entre los títulos de crédito. Claudia no es Ripstein ni Bong Joon.-ho, Claudia es Claudia y se nota que quiere a sus chicas, por eso las deja que se salgan con la suya. Amoral, si, cruel, no.

El regalo de esta semana  es una mujer con nombre.



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