sábado, 29 de agosto de 2026

SECUENCIAS

 

Hay películas que tienen algo especial, algo que hace que no las olvides. Quizás es mejor decir que hay secuencias en esas películas que se quedan prendidas en la memoria, sin saber bien por qué. Por su fuerza, por su energía, por su intensidad, por su belleza… Puede ser por muchas cosas. En todo caso hacen que esas películas no desaparezcan en la niebla de la memoria. Esta semana se estrenan dos de esos films.

 


Anoche conquiste Tebas, Gabriel Azorín, Galicia

En el pasado D’A Film Festival, un rumor corrió como la pólvora: no te pierdas Anoche conquisté Tebas. Era una película pequeña, gallega, enmarcada en la sección Un impulso colectivo. ¿Qué tenía esta Tebas para fascinar a todo tipo de gente? Porque no eran solo los más exquisitos los que la recomendaban, eran todos los que la habían visto. Yo la vi entonces, y sucumbí a su hipnotismo. En el resumen del festival que hice en el blog escribí: “Una de las propuestas más insólitas de la sección Un impulso colectivo. Una película gallega hablada en gallego y latín que cuenta una historia antigua. El resumen que ofrece el D’A lo intenta explicar. “Una película histórica. Una película de fantasmas. Una película acuática. Una experiencia estética que poco a poco se convierte en un sutil comentario político: la historia de unos soldados que se detienen en unas termas tras el combate y empiezan a comprobar que no todo es lo que parece…”. Quizás por el tema, quizás por la puesta en escena o incluso por el idioma, pero Anoche conquisté Tebas me hizo pensar mucho en el cine de Manoel de Oliveira del que tan pocos ejemplos hay en nuestro país. Esta es una película para ver en un cine, buena parte de la acción sucede de noche en esas termas donde se refugian  un grupo de soldados después de la batalla. Noche de fantasmas y de estrellas, de conversaciones y susurros. Ojala se pueda ver en una pantalla grande, cuanto más grande mejor.” Pues parece que al final se podrá ver. No sé si en una pantalla muy grande ni en muchas salas. Habrá que buscar como un tesoro estas termas romanas y actuales, en las que la amistad masculina adquiere categoría de mito. Entonces hablaba de Manoel de Oliveira, ahora que la he vuelto a ver me he dado cuenta de muchas más cosas. Por ejemplo, del paralelismo entre las guerras del presente, guerras de videojuego, guerras imaginarias, guerras que no existen, con las guerras de los legionarios romanos. También me he dado cuenta de otro paralelismo que en la primera visión no me quedó tan claro. La noche, el agua, las estrellas, el silencio, invitan a las confesiones en esas aguas calientes de las Termas de Bande en Orense. Porque estos soldados, los del presente y los del pasado, desnudan su alma amparados en la placidez del agua termal que los mece. Historia de amor y de amistad, historia de separaciones y dependencias. La Historia se repite con la historia. Los fantasmas se encarnan en el presente. Anoche conquisté Tebas es un film fascinante. ¿Y la secuencia? Son dos y las dos pasan en el mismo espacio, los baños individuales de esas termas en ruinas donde se producen las dos largas conversaciones/confesiones entre Antonio y Jota en el presente, entre Aurelio y Pompeyo hace 2000 años, espejo una de la otra. Me gusta mucho esta película que no debería pasar desapercibida en su belleza serena, en su tempo natural, un largo atardecer, una noche de estrellas, dos confesiones, dos separaciones. Una experiencia.

(Un pequeño misterio. Leí la excelente crítica de Marta Medina en El Confidencial y la quise guardar copiada en un documento de Word. Y al copiarla, apareció al final una frase de Marco Aurelio: “Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar”. Era perfecta, pero lo más raro es que esa frase No está en el texto de Marta Medina publicado en El Confidencial. Es un misterio más que se une a los misterios de esta fascinante película).


El ser querido, Rodrigo Sorogoyen

El cine de Sorogoyen y de Isabel Peña, al que está indisolublemente asociado, es un cine que se mueve entre la denuncia y el intimismo, entre la acción y la introspección, entre Antidisturbios y Los años nuevos. El tándem Sorogoyen/Peña lleva trabajando desde hace casi veinte años y han producido entre ambos títulos fundamentales del cine y las series. Stockholm en 2013 fue su primer éxito. Luego vinieron Que Dios nos perdone, El Reino, y la serie Antidisturbios con la que se consolidaron definitivamente como figuras de primera línea en el cine español. En Antidisturbios sobresalía por su magnetismo y su frialdad un personaje femenino implacable interpretado por Vicki (ahora Victoria) Luengo. No era su primera película, pero si su primer protagonista, la única mujer en una serie de hombres, era el año 2020. Desde entonces, todos han consolidado sus carreras, ella como actriz, ellos como creadores. Y han vuelto a coincidir en El ser querido, un film que se enmarca en el intimismo, en la introspección y también en la autoreferencia. Porque estamos hablando de cine en el cine, de cómo se hace una película, de los que lo hacen y como lo viven. Esteban (Javier Bardem) no es Sorogoyen (quizás sí, no puedo saberlo), en todo caso, puede que Esteban Martínez tenga algo de su director en el set, pero no tiene nada de él en su relación con su hija. Cuando se empezó a hablar de esta película fue inevitable pensar que era un tema igual o muy parecido al de Valor sentimental, la excelente película de Joachim Trier: un director de cine le propone a su hija actriz, con la que no tiene ningún contacto desde años,  que trabaje con él en  una película. Las dos van de esto,  las dos no se parecen en nada. El ser querido es una película importante. Pero aquí y ahora lo que me queda son dos secuencias impresionantes. El primer encuentro de Esteban y Emilia (Victoria Luengo) en un restaurante donde mantienen una conversación de 20 minutos que solo dos grandes actores, un gran guión y un director muy sólido, pueden convertir en inolvidable. La otra es también una comida, aunque muy distinta. Estamos en el desierto, se ensaya una escena aparentemente intrascendente, una comida al aire libre entre la mayoría de los actores que interpretan Siroco, el film que se está rodando, “una historia de traición, de abandono, de amor, de gente que no puede mirarse a los ojos”. En esa secuencia aflora el carácter dominante, autoritario, impositivo, cruel, de un director de cine que sabe que tiene todo el poder en sus manos para manipular, destrozar, a sus creaciones. Bardem esta espléndido, pero los demás no se dejan amedrentar. Son esas dos comidas las que me quedan de una película que es sin duda una de las más interesantes del año.

El regalo de esta semana no son unas termas, pero podrían serlo.



 

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