Hay películas que tienen algo especial, algo
que hace que no las olvides. Quizás es mejor decir que hay secuencias en esas
películas que se quedan prendidas en la memoria, sin saber bien por qué. Por su
fuerza, por su energía, por su intensidad, por su belleza… Puede ser por muchas
cosas. En todo caso hacen que esas películas no desaparezcan en la niebla de la
memoria. Esta semana se estrenan dos de esos films.
Anoche
conquiste Tebas, Gabriel
Azorín, Galicia
En el pasado D’A Film Festival, un rumor corrió como la pólvora: no te
pierdas Anoche conquisté Tebas. Era
una película pequeña, gallega, enmarcada en la sección Un impulso colectivo. ¿Qué tenía esta Tebas para fascinar a todo
tipo de gente? Porque no eran solo los más exquisitos los que la recomendaban,
eran todos los que la habían visto. Yo la vi entonces, y sucumbí a su
hipnotismo. En el resumen del festival que hice en el blog escribí: “Una de las propuestas más insólitas de la
sección Un impulso colectivo. Una película gallega hablada en
gallego y latín que cuenta una historia antigua. El resumen que ofrece el D’A
lo intenta explicar. “Una película histórica. Una película de fantasmas. Una
película acuática. Una experiencia estética que poco a poco se convierte en un
sutil comentario político: la historia de unos soldados que se detienen en unas
termas tras el combate y empiezan a comprobar que no todo es lo que parece…”.
Quizás por el tema, quizás por la puesta en escena o incluso por el idioma,
pero Anoche conquisté Tebas me hizo pensar mucho en el cine de
Manoel de Oliveira del que tan pocos ejemplos hay en nuestro país. Esta es una
película para ver en un cine, buena parte de la acción sucede de noche en esas
termas donde se refugian un grupo de soldados después de la batalla.
Noche de fantasmas y de estrellas, de conversaciones y susurros. Ojala se pueda
ver en una pantalla grande, cuanto más grande mejor.” Pues parece que al final
se podrá ver. No sé si en una pantalla muy grande ni en muchas salas. Habrá que
buscar como un tesoro estas termas romanas y actuales, en las que la amistad
masculina adquiere categoría de mito. Entonces hablaba de Manoel de Oliveira,
ahora que la he vuelto a ver me he dado cuenta de muchas más cosas. Por ejemplo,
del paralelismo entre las guerras del presente, guerras de videojuego, guerras
imaginarias, guerras que no existen, con las guerras de los legionarios
romanos. También me he dado cuenta de otro paralelismo que en la primera visión
no me quedó tan claro. La noche, el agua, las estrellas, el silencio, invitan a
las confesiones en esas aguas calientes de las Termas de Bande en Orense. Porque
estos soldados, los del presente y los del pasado, desnudan su alma amparados
en la placidez del agua termal que los mece. Historia de amor y de amistad,
historia de separaciones y dependencias. La Historia se repite con la historia.
Los fantasmas se encarnan en el presente. Anoche
conquisté Tebas es un film fascinante. ¿Y la secuencia? Son dos y las dos
pasan en el mismo espacio, los baños individuales de esas termas en ruinas
donde se producen las dos largas conversaciones/confesiones entre Antonio y
Jota en el presente, entre Aurelio y Pompeyo hace 2000 años, espejo una de la
otra. Me gusta mucho esta película que no debería pasar desapercibida en su
belleza serena, en su tempo natural, un largo atardecer, una noche de
estrellas, dos confesiones, dos separaciones. Una experiencia.
(Un pequeño
misterio. Leí la excelente crítica de Marta Medina en El Confidencial y la quise guardar copiada en un documento de Word.
Y al copiarla, apareció al final una frase de Marco Aurelio: “Cuando te
levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar,
disfrutar, amar”. Era perfecta, pero lo más raro es que esa frase No está en el texto de Marta Medina
publicado en El Confidencial. Es un
misterio más que se une a los misterios de esta fascinante película).
El ser querido, Rodrigo Sorogoyen
El cine de
Sorogoyen y de Isabel Peña, al que está indisolublemente asociado, es un cine
que se mueve entre la denuncia y el intimismo, entre la acción y la
introspección, entre Antidisturbios y
Los años nuevos. El tándem
Sorogoyen/Peña lleva trabajando desde hace casi veinte años y han producido
entre ambos títulos fundamentales del cine y las series. Stockholm en 2013 fue su primer éxito. Luego vinieron Que Dios nos perdone, El Reino, y la
serie Antidisturbios con la que se
consolidaron definitivamente como figuras de primera línea en el cine español.
En Antidisturbios sobresalía por su
magnetismo y su frialdad un personaje femenino implacable interpretado por
Vicki (ahora Victoria) Luengo. No era su primera película, pero si su primer
protagonista, la única mujer en una serie de hombres, era el año 2020. Desde
entonces, todos han consolidado sus carreras, ella como actriz, ellos como
creadores. Y han vuelto a coincidir en El
ser querido, un film que se enmarca en el intimismo, en la introspección y
también en la autoreferencia. Porque estamos hablando de cine en el cine, de
cómo se hace una película, de los que lo hacen y como lo viven. Esteban (Javier
Bardem) no es Sorogoyen (quizás sí, no puedo saberlo), en todo caso, puede que
Esteban Martínez tenga algo de su director en el set, pero no tiene nada de él
en su relación con su hija. Cuando se empezó a hablar de esta película fue
inevitable pensar que era un tema igual o muy parecido al de Valor sentimental, la excelente película
de Joachim Trier: un director de cine le propone a su hija actriz, con la que
no tiene ningún contacto desde años, que
trabaje con él en una película. Las dos
van de esto, las dos no se parecen en
nada. El ser querido es una película
importante. Pero aquí y ahora lo que me queda son dos secuencias
impresionantes. El primer encuentro de Esteban y Emilia (Victoria Luengo) en un
restaurante donde mantienen una conversación de 20 minutos que solo dos grandes
actores, un gran guión y un director muy sólido, pueden convertir en inolvidable.
La otra es también una comida, aunque muy distinta. Estamos en el desierto, se ensaya
una escena aparentemente intrascendente, una comida al aire libre entre la
mayoría de los actores que interpretan Siroco,
el film que se está rodando, “una historia de traición, de abandono, de amor,
de gente que no puede mirarse a los ojos”. En esa secuencia aflora el carácter
dominante, autoritario, impositivo, cruel, de un director de cine que sabe que
tiene todo el poder en sus manos para manipular, destrozar, a sus creaciones.
Bardem esta espléndido, pero los demás no se dejan amedrentar. Son esas dos
comidas las que me quedan de una película que es sin duda una de las más
interesantes del año.
El regalo de
esta semana no son unas termas, pero podrían serlo.



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