sábado, 5 de septiembre de 2026

NEORURALES

 

El neoruralismo es una corriente social relativamente nueva que implica una emigración al revés: de la ciudad al campo. Un remigración en muchos casos. Hay una idea un poco utópica de que en el campo se vive mejor que en la ciudad, que la calidad de vida, sobre todo si se tienen niños, es mucho más alta que en un barrio urbano. En parte es verdad, pero el neoruralismo entendido solo en este sentido es un fenómeno muy burgués (sin que esto implique nada peyorativo) cuando lo que el campo necesita no es solo repoblarse, es también y mucho, revalorizarse. Vivir en un pueblo o en el campo puede ser muy bonito, pero vivir del campo, es decir de la explotación agraria o ganadera, es mucho más complicado. Una nube de burocracias y normas restrictivas no ayuda a desarrollar el trabajo agrícola, tampoco los precios que no compensan entre el agricultor (o ganadero, o pescador) y el consumidor: demasiados intermediarios encarecen de forma abusiva los productos. Tampoco ayuda los horarios y la dureza del trabajo regido por ciclos de siembra, cosecha; o en caso del ganado, de ordeña y pastoreo. Hay mucho que hacer en este terreno si queremos que la España vaciada no esté más vaciada todavía y si queremos seguir comiendo tomates que sepan a tomate y no a plástico. Uno de los temas principales es el de revalorizar socialmente estas profesiones. La directora de El olor a la leche quemada, se quejaba en una entrevista de que los jóvenes actores alemanes no querían hacer de campesinos, de agricultores, consideraban que eran personajes con poco estilo. Es un síntoma de una buena parte de la juventud española y europea. Esta mañana hablando con mi pescadero, que se jubila, me comentaba que no había encontrado a ningún joven a quién traspasarle un negocio indispensable para el barrio. Y me decía que en Mercabarna, no hay prácticamente trabajadores españoles o catalanes, son todos latinoamericanos. Algo estamos haciendo mal al no dar el valor que tienen estos trabajos indispensables.

Perdón por esta perorata provocada por dos estrenos: El olor a leche quemada, una película neorural, no de neorurales, donde sus protagonistas son agricultores desde hace generaciones, que habla de eso precisamente: de la necesidad de continuar, valorar, y ayudar a los que aun quieren dedicarse al campo. Y una película, Cinco segundos, de auténticos neorurales aunque no sean los verdaderos protagonistas

 


El olor a leche quemada, de Justine Bauer

“Viendo cine me he dado cuenta que hay una corriente transversal, global, universal, en la sociedad. He encontrado ejemplos en distintas películas de un tema que aparece en paisajes muy alejados entre sí, en contextos muy diversos. Son películas que comparten una misma preocupación: la desaparición de una forma de vida rural en aras de un progreso colectivo.”. Escribía esto en el blog el 15 de octubre del 2022 con motivo de los estrenos de Alcarrás, de Carla Simón y As bestas de Rodrigo Sorogoyen. Lo recupero ahora, aunque en este caso, la película de la que trato habla de otro problema, mejor dicho de otra cara del problema.

Justine Bauer es alemana, es hija y nieta de granjeros, pero ella no ha sido granjera nunca. Es cineasta. Sin embargo, Justine sabe que hay algo en el trabajo de su familia que hay que preservar y de ahí nace esta película, realizada con poquísimos medios, rodada con actores no profesionales y en un entorno rural donde la crisis está muy presente. El olor a leche quemada, me encanta el título y no sé muy bien porqué, es un film de mujeres de campo y en el campo. La protagonista es una chica de 18 años que vive en una granja con vacas y terrenos cultivables junto a su abuela, su madre, dos hermanas y un hermano. Ella quiere continuar el trabajo de su familia, le gusta ser granjera, y sin embargo,  tropieza con dos graves obstáculos: su madre que quiere para ella “una vida mejor”, que no siga en la granja, que estudie en la ciudad; y el derecho tradicional de herencia que hace que sea su hermano, le guste o no, el que se quede al frente de la granja. Con un tono tranquilo, suave, sin ruidos, compartimos con esta familia un verano en el que se tendrán que tomar decisiones importantes. Un verano en el que la tragedia también ronda como un ave de mal agüero y en el que la vida se abre camino a pesar de todo. El olor a leche quemada es una película muy bonita, pero nada complaciente, y al mismo tiempo muy lúcida en su retrato de un mundo que desaparece. La crisis climática, la crisis económica, las crisis sociales, demasiadas crisis para salir adelante. El cine puede ayudar un poco y lo está haciendo con películas como esta y como algunas otras. Nosotros solo podemos cruzar los dedos para que podamos seguir comprando tomates que sepan a tomate.

 


Cinco segundos, Paolo Virzi

Esta sí es una película de neorurales en el sentido estricto del término: gente de la ciudad que se instala en el campo. En este caso, un grupo de profesionales “no somos hippies” afirman con toda seriedad, que intenta recuperar las viñas abandonadas de una gran casa solariega, también abandonada, de la Toscana (creo que es la Toscana). Pero estos neorurales con sus guitarras y sus trabajos, serios y hechos a conciencia, no son los protagonistas de la historia, son el paisaje dentro del paisaje de Adriano, un hombre solitario, roto, encerrado en sí mismo al que conocemos nada más empezar la película en una casa llena de platos sucios. No sabemos quién es, lo iremos descubriendo poco a poco, tampoco que le pasa, eso lo sabremos aun más poco a poco, pero nos inquieta su presencia, su fuerza escondida, su dolor latente. A esa casa llega una mañana una mujer rubia que intenta sacarle de su mutismo, de su aislamiento. Esta mujer, aparentemente secundaria y periférica, acabará siendo uno de los personajes más interesantes de la película. Una película en la que la recuperación de Adriano corre en paralelo con la recuperación de las viñas; una historia donde la vida se abre camino sobre la pérdida. Una reflexión de lo que puede pasar en cinco segundos decisivos en la vida de una persona. Solo cinco segundos que se hacen muy largos. Rurales, neorurales, el campo reclama atención con todo tipo de historias. 

El regalo de esta semana es un cuadro que evoca el campo en otoño.