sábado, 17 de octubre de 2026

DOCUMENTALES

 

Esta semana en la que se estrena la versión restaurada y completa de Los demonios de Ken Russell y algunas películas interesantes, he ido a fijarme en tres documentales que seguramente pasaran desapercibidos porque casi nadie hablará de ellos. Es probable que se estrenen en pocas ciudades, pocos cines y pocas sesiones (me repito de lo que decía la semana pasada hablando de La deriva), pero no importa. Se los pueden apuntar en una libreta de pendientes para cuando lleguen, que llegarán, a las plataformas.


Érem una gran família de Cristina Rosselló

Cuando vi este curioso documental casero en el D’A Film Festival de este año, escribí en el blog una pequeña reseña que releo ahora en que, milagrosamente, llega hasta algunas pantallas. El film de Cristina Rosselló forma parte de un subgénero documental que  en cierto modo revalorizó el film My Mexican Bretzel de Nuria Giménez Lorang, un tipo de documental especializado en la recuperación de la memoria privada de gente normal, anónima, sin un peso en la historia, a través de películas caseras, ni siquiera amateurs, que conservan el aroma de lo íntimo y dejan ver el espacio de lo colectivo. Partiendo del material privado de una  familia de Vic, los Riera i Fité, Érem una gran família traza un retrato de la burguesía catalana de provincias desde 1942 hasta el año 2000. Las películas las filmó en primera lugar la Miquelina, hija y heredera de la rica casa Fité, a partir del regalo de una cámara que le hacen sus padres. Sus filmaciones ocupan la primera parte del documental y en ellas descubrimos que en la negra España de posguerra había alguna gente, en este caso en la Catalunya profunda, que vivía muy bien y era abiertamente franquista. Son filmaciones deliciosamente ingenuas de la vida familiar, la playa, la nieve, y la boda. Ahí se acaba la ingenuidad y la alegría. En la segunda parte, Miquelina/Josep, compartimos la rutinaria vida matrimonial y el nacimiento de los cinco hijos. En la tercera parte entramos ya en la oscuridad de la familia al tener el protagonismo Josep, el autoritario y displicente padre que domina la vida de los hijos adolescentes y adultos. El gran montaje de Cristina Rosselló se ve enriquecido con una banda sonora  de canciones, voces del NO-DO, y sobre todo del relato de tres de los hijos que se prestaron a hablar de su familia con total libertad. El resultado es uno de los films más interesantes, entretenido y muy revelador de lo que ha sido la burguesía catalana durante muchos años.

 


Parkour en Gaza Areeb Zuaiter

Parkour: Actividad deportiva desarrollada al aire libre, principalmente en entornos urbanos, que consiste en ir salvando los obstáculos que se encuentran en el camino, como diferencias de altura, escaleras, bancos, etc., mediante saltos, volteretas u otros movimientos arriesgados.

Podemos pensar que es difícil decir algo nuevo de la terrible guerra y destrucción que asola Gaza desde hace tres años. El documental Naza, dirigido por la pareja de cineastas israelitas Yuval Abraham i Rachel Szor que se estrenó la semana pasada, nos demostraba que si se puede decir cosas nuevas de un conflicto, enfocándolo desde otro punto de vista. Una semana más tarde nos llega otro ejemplo de cómo un mismo tema tiene muchas caras y aristas desde donde tratarlo. Parkour en Gaza de la directora palestina Areeb Zuaiter tiene la gracia no solo de acercarnos a una Gaza humana y cotidiana, también la de poner en primer plano un deporte que yo, sinceramente, ni siquiera sabía que existía: el parkour. Areeb vive en Estados Unidos desde hace muchos años, emigró allí con su madre y lo único que recuerda es que en las fotos de Gaza su madre siempre sonríe y en el exilio siempre estaba triste. Realizadora y documentalista, Areeb buscaba continuamente imágenes de una Gaza que cada vez estaba más lejos y en su búsqueda fue a parar a una serie de videos de un grupo de adolescentes que en la Gaza de 2015 se dedicaban a practicar el Parkour entre las ruinas, los edificios abandonados, los puentes y las carreteras de una ciudad que desde siempre ha sufrido el asedio y la carencia. En esos videos descubrió un chico que sonreía, como su madre. Lo localizó y comenzó a mantener con él una comunicación fluida a través de los videos. El chico se llamaba Ahmad y junto a un grupo de amigos, recorría la ciudad salvando obstáculos suicidas, con saltos increíbles, trepando edificios altísimos, arriesgándose continuamente. Ahmad y Areeb se hacen amigos a lo largo de los años en los que el parkour físico se convierte en una metáfora del parkour diario que debían superar los palestinos en su día a día. Ahmad soñaba con irse de Gaza, Areeb sueña con volver a Gaza. Ahmad consigue salir de la franja en 2018 y se va a vivir a Suecia, pero Areeb no ha conseguido volver a Gaza. Desde la actualidad de los bombardeos que ve en las noticias de la televisión, Areeb rememora su amistad con Ahmad y su nostalgia por una Gaza que ya no existe. Revisando los videos va dando forma a este documental inclasificable: ¿es de deporte? si, ¿es de denuncia? si, ¿es de nostalgia?, si. Es un retrato de Gaza, también, es un retrato de Ahmad y sus amigos, sin duda. Es todo eso, y es sobre todo, memoria de un lugar y un tiempo que desaparece irremediablemente.

 


Miss Jobson, Amanda Sans Pantling

He tenido que escribir de este documental muchas veces. La primera vez que lo vi, cuando seleccionaba films para el Docs Barcelona, me enamoré de esta mujer inesperada y desconocida, su vitalidad, su energía, su libertad. La segunda vez fue cuando hice los informes para el Festival la Gran Pantalla. Entonces destaqué el hecho de que una mujer de 80 años y su mejor amiga de 84, fueran capaces de nadar en el mar, tirarse en una tirolina por la selva, fumar marihuana y saltarse todas las reglas. La tercera vez, fue en la crítica que hice para Cinemania. Allí puse el acento en su faceta de abogada y amiga de Bob Marley con el que descubrió el movimiento rastafari y comenzó a dejarse la larga cabellera que lleva recogida en un inmenso moño que deforma su cabeza de una manera muy particular. También me parecía importante señalar que Diane Jobson, conocida como la abogada rasta, se había especializado en defender a los delincuentes más peligrosos, por lo que era adorada y admirada en toda Jamaica. La cuarta vez que tuve que hablar de Miss Jobson, a estas alturas una vieja amiga, fue en la crítica para Filmtopia. No podía repetirme, aunque es irremediable, así que hice un paralelismo con Thema y Louise en su coche rojo descapotable, como el que tiene Diane y Sally para sus escapadas a la selva y a la playa. Esta es la quinta vez que escribo de este documental fantástico sobre la figura de Diane Jobson, jamaicana, abogada, rastafari, libre que, como digo al final de la crítica de Filmtopia, nos deja como legado “una gran lección: hacerse mayor no significa renunciar a nada.” 

El regalo de esta semana es una cenefa en la pared de una casa de mi barrio que seguro fue de una gran familia, en la que seguro viviría feliz Miss Jobson, aunque ahora es un espacio ideal para el parkour.



 

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