jueves, 10 de enero de 2013

DE AMOR Y VIEJOS


Cuando me pongo a escribir de varias películas aparentemente muy distintas me suele suceder que acabo encontrando un hilo rojo que las une entre si de una manera clara.
Es lo que me ha sucedido con tres estrenos de esta semana: El muerto y ser feliz, Amor, y Tabú. Tres films indispensables, (por cierto, como siga esta tónica, 2013 va a ser insuperable). Los tres títulos tienen el común denominador de la vejez. La vejez y el amor, o la necesidad del amor o la ausencia de amor, o la pasión del amor.
De las tres películas he hablado en este blog, así que recupero los textos que escribí en San Sebastián y Berlín. Mi opinión no ha cambiado mucho.

Para ilustrar cada segmento, en lugar de un cuadro entero de Ramon, me ha parecido mejor buscar en su pintura los colores y las texturas que me sugiere cada película.



(naranja y gris para El muerto y ser feliz)
El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo
En cuanto al uso de la voz en off en El muerto y ser feliz, el experimento audiovisual que Rebollo ha montado en Argentina con la complicidad de José Sacristán, solo puedo decir que es absolutamente inesperado. Estamos ante una voz que es un personaje sin rostro. Alguien que mira, describe, anticipa, que mezcla tiempos, que altera situaciones, que adelanta diálogos y nos coloca en el asiento de atrás de ese enorme coche que conduce Santos hacia la muerte anunciada. La voz es lo primero que “vemos”, antes de conocer a Santos, la tenemos ahí, sentada a nuestro lado describiéndonos esa plaza donde un hombre viejo se dispone a emprender un último viaje. El muerto y ser feliz no es una película fácil, pero si es divertida. El público se siente descolocado ante esa voz y esa manera de contar. Es lógico. Sin embargo, desde aquí y en la medida que puedo, me gustaría  impulsar a ver esta película tan distinta (!!!que bien ver cosas distintas¡¡¡), que habla de la vejez y la muerte desde una perspectiva completamente libre y que tiene en Santos/Sacristán un atractivo único. Escucharle cantar con esa voz inconfundible es una de la razones que justifican recomendar este film.



(azules para Amor)
Amor, de Michael Haneke.
Sintiéndolo mucho, voy a discrepar en el coro de alabanzas que despierta en todas partes esta película. No porque crea que no es una gran película. No porque crea que no merece la Palma de Oro que ganó en Cannes. No. Haneke sabe muy bien lo que hace. Y eso es lo que no me gusta, a mí, personalmente.
Amor es la historia de un matrimonio viejo, muy viejo, los dos son músicos y, naturalmente, se llaman George y Anne, como todos los personajes del cine de Haneke.  Su vejez es plácida  y tranquila, hasta que Anne sufre un ataque y empieza una rápida decadencia. George se dedica a cuidarla y a estar con ella hasta su muerte en una prueba de amor total. Contada asi, la historia es triste, pero tiene un punto de ternura y de  romanticismo que la hace absolutamente apetecible. El amor dura toda la vida, cambia, evoluciona y la mejor prueba de tu amor por otra persona es estar a su lado y ayudarla en los momentos más difíciles. Y el más difícil de todos, es el de la muerte.
 Haneke se enfrenta a esta historia como lo ha hecho siempre, desde la frialdad, la distancia, la sequedad de sentimientos. Su mirada sobre el drama de Anne y George no solo es como un cubito de hielo, es que es de una morbosidad  innecesaria. Haneke “mira” a Anne en su decadencia y deterioro y nos lo enseña sin ninguna piedad. “Mira “  a George y su desapego y nos lo muestra sin ninguna simpatía.
Lo siento mucho, quizás ya soy muy mayor, pero cada vez estoy mas convencida que este no es el camino. Me gusta mucho que el cine emocione y conmueva, me gusta mucho que el cine haga pensar y te permita recordar tus propias experiencias en situaciones parecidas. Pero no me gusta nada que la gente salga del cine diciendo “tengo un nudo en el estómago”, “he sufrido mucho”, “que dolor”…



(verde para Tabú)
Tabú de Miguel Gomes
Tabú es una película en blanco y negro divida en dos partes. Paraíso perdido y Paraíso. La primera pasa en Lisboa ahora mismo, la segunda pasa en el África colonial Portuguesa. La primera es una historia de solidaridad y locura,  la historia de una mujer vieja que al morir deja como legado un misterio; la segunda es una historia de amor prohibido. Amor entre Aurora y Gian Luca, contada sin diálogos con una voz en off que la va narrando. Cine antiguo que acaba siendo lo mas moderno. O al revés, cine moderno que bebe de lo antiguo. En todo caso una preciosa película no apta para los speedicos.


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