viernes, 2 de noviembre de 2018

REENCUENTROS




(2001 ha estado muy presente en mi vida, mi novela La piedra negra es la prueba más clara de su enorme influencia)
El 1 de noviembre de 1968 Ramon y yo fuimos a ver 2001 una odisea del espacio. Nos habíamos casado el día anterior, el 31de octubre. No está mal empezar una vida juntos viendo 2001, una película que habla del futuro, que habla de un mundo nuevo lleno de estrellas. Entonces ya nos impresionó, nos gustó y nos hizo pensar mucho. La hemos vuelto a ver este 31 de octubre del 2018 y la verdad es que sigue siendo, 50 años después, una película que abre puertas, que deja en la retina imágenes inolvidables, que despierta emociones y sobre todo, provoca ideas. No sé cómo lo consiguieron, pero 2001 supera la barrera del tiempo y sigue siendo indispensable.

Y después de este pequeño apunte personal, las películas de la semana. Tres.


(en este blog he puesto muchos árboles de Ramon, es probable que éste ya lo haya usado, pero me gusta mucho como ilustración del árbol de Medem)
Reencuentro con Julio Medem: El árbol de la sangre
Me ha gustado mucho esta película. Lo digo de entrada y lo digo contenta porque los dos últimos trabajos de Medem, Mama y Habitación en Roma, me habían dejado un poco decepcionadas. Mama más que Roma. En cambio en este árbol de sangre y de vida, de memoria y de ramas entrecruzadas, veo el mejor Medem. Al salir de la proyección me encontré en el vestíbulo del cine con el director, me acerqué a felicitarle y le dije: “Has hecho una película fruto”. No sé si me entendió en ese momento, pero ahora lo explico. El árbol de la sangre es el fruto de las semillas plantadas en 25 años de carrera. Hay en este film, ecos de Vacas, sonrisas de La ardilla roja, misterios de Tierra, amores de Los amantes del círculo polar, sexo de Lucía y el sexo, búsqueda de explicaciones de Caótica Ana. Es como si todas estas historias, hubieran decidido florecer en una nueva aventura, que no copia, no busca la referencia, pero nace de ellas, como la fruta es distinta a la semilla, la planta y la flor de la que procede. Historia coral, que abarca los 25 años de la vida de Marc y Rebeca, pero se extiende mucho más allá para hablar del pasado y de presente. No hace falta hablar de política, prohibida en el relato que están construyendo los dos amantes, pero la política está ahí, al lado, como una sombra. No hace falta hablar de lugares para identificar una España plural en sus paisajes, plural en sus lenguas, plural en sus ideas. Construida como una novela escrita a dos manos, el culebrón, si porque también es un culebrón con todo derecho, de las vidas de Marc y Rebeca se entrelaza como las ramas del olmo que los acoge bajo su sombra. Olmo, por cierto, un gran personaje. Si, ésta es una película fruto y eso me hace muy feliz.
(me gusta mucho la critica que ha hecho Eulalia Iglesias en El Confidencial, si alguien la quiere leer, este es el enlace)

Reencuentro con Spike Lee: Infiltrado en el KKKlan
Yo creo que desde Haz lo que debas, en el lejano año de 1989, no me había vuelto a gustar una película de Spike Lee. Digo gustar, no que fueran buenas o malas. Hay en su filmografía títulos excelentes, pero a mí no me gustaban. Ésta sí. Con esta he disfrutado mucho. Es cine puro, entretenimiento puro, denuncia pura, género puro. Y si, reivindicación política y orgullo racial. Muy bien. Con todo esto, mas una perfecta ambientación de los años setenta, una banda sonora estupenda y actores que disfrutan con lo que están haciendo, Spike Lee nos regala un film de acción, de policías buenos y racistas malos, con humor y con mucha ironía. La simple idea de que un negro pudiera infiltrase en las células del KKKlan en los años setenta, es ya arriesgada, pero Lee la convierte en algo creíble gracias a dos actores perfectos; John David Washington, el negro de pelo encrespado, y Adam Driver, el judío descreído. Entre los dos se inventan un personaje ficticio que conseguirá engañar, burlar y sobre todo humillar a los WASPS del clan. Al final, en los créditos y poco antes, Lee utiliza imágenes documentales de ahora mismo, de la América First trumpiana que nos congelan la sonrisa de haber compartido la historia del doble Ron Stallworth. En el 2018, las cosas no solo están mal en Estados Unidos, es que están mucho peor de lo que estaban en los años 70. No hagan caso de las estúpidas declaraciones de Spike Lee que no es precisamente un personaje muy bien informado del mundo exterior al suyo, pero vean esta película, vale la pena.

Reencuentro con Freddie Mercury: Bohemian Rhapsody
En realidad este no es un reencuentro en sentido ortodoxo porque yo nunca fui fan de Queen ni de Mercury. Pero si identifico algunas de sus canciones, concretamente dos, We Will Rock You y We Are the Champions, como elementos musicales de mi vida. La película es un biopic convencional que se salva por las actuaciones musicales de este hombre impredecible encarnado con una energía desbordante por un actor egipcio nacido en Los Ángeles, Rami Malek. Aunque sea solo por ver la actuación en el concierto Live AID de julio de 1985, vale la pena quedarse hasta el final. Solo un apunte de queja. ¿Por qué en las películas musicales NUNCA y lo escribo con mayúscula, se subtitulan las canciones cuando son tan importantes, o más, que los diálogos doblados o subtitulados. Desde aquí reivindico que se subtitulen las canciones, por favor.



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