HISTERIA
Enfermedad nerviosa, crónica, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente
funcionales, y a veces por ataques convulsivos.
Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación
anómala.
Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.
De estas tres definiciones de
Histeria, por lo menos dos, la segunda y la tercera, se pueden aplicar a una
corriente del cine que poco a poco se va convirtiendo en género. Siempre ha
habido un cine histérico, nervioso, excitado, pero lo que empiezo a ver ahora
es otra cosa. No solo es un cine histérico en sus personajes y en sus historias
histéricas, sobre todo es un cine histérico en la cámara, en la manera de
filmar, de encuadrar, de montar. Fragmentando al máximo el fotograma, el
rostro, la escena. No dejando al espectador ni un minuto de paz para tomar
aire. Más y más movimiento, en un comportamiento irracional de la película. En
pocas semanas se han estrenado varios
films que se pueden encuadrar en este neogénero de la histeria: Una batalla tras otra, de Paul Thomas
Anderson; La cronología del agua, de
Kristen Stewart; Si pudiera te daría una
patada, de Mary Bronstein y esta misma semana, Marty Supreme, de Joshua Safdie. De ninguna de ellas he hablado en
el blog porque no me han interesado o directamente me han puesto de mal humor.
Pero el hecho de que se acabe de estrenar otra pelisteria y además parta como favorita en los Oscar, me empieza a
preocupar. Porque no es la única que está triunfando. El film de Paul Thomas
Anderson ha encabezado las listas de mejores películas del año 2025 y es una de
las mejor colocadas para ganar la estatuilla de Hollywood con trece
nominaciones; y el de Joshua Safdie tiene nada menos que nueve nominaciones.
Las dos como Mejor Película y Mejor Director. Quizás soy yo la que ya no
aguanto determinadas cosas, o simplemente, he desconectado de lo que se supone
es lo más moderno, posmoderno o plusmoderno, pero este cine no me gusta nada.
El cine, para mí, tiene que contribuir a vivir mejor. Hay muchas maneras de
hacerlo: la social, la política, la cultural, la artística, la experimental, la
musical… Muchas formas de hacer que el espectador salga de una sala o una
plataforma mejor de lo que ha entrado. Estas películas a lo que más contribuyen
es a ponerte nervioso, en tensión, violento, agresivo por cualquier cosa. Como
si no hubiera ya un montón de cosas en la vida que producen desasosiego,
nervios. No es necesario ser usuario de Rodalies para estar a la que salta por
cualquier estupidez. Lo noto en la calle y a lo mejor por eso esas películas
son así. Son reflejo de una sociedad desequilibrada, histérica. Imagino que hay
mucha gente que las adora. Recuerdo que de Scorsese y Tarantino también se
decía que eran violentos, pero Scorsese contrarrestaba su violencia con su
clasicismo, y Tarantino siempre tuvo sentido del humor y su violencia era la
del Correcaminos y el Coyote o la de Tom y Jerry. Estas no, estas van en
serio. Y si no lo van, lo disimulan muy bien.
La chica zurda, Shih-Ching Tsou
Esta no es una película
histérica, por suerte. Esta es una película de colores y formas, de
sentimientos y lugares. Su historia es la de un clásico culebrón mexicano que
haría llorar a las piedras. Pero está contado desde el punto de vista de una
niña de cinco años que ve el mundo como un calidoscopio de figuras y colores
luminosos, brillantes, eléctricos. La chica zurda es la pequeña I-Jing, una niña
llena de curiosidad que llega a Taipei con su madre y su hermana mayor. La
madre vuelve a Taipei para llevar un puesto de fideos en el mercado nocturno de
la ciudad. Mientras intenta salir adelante sin pedir nada a nadie, su hija
mayor trabaja en una extraña tienda (sinceramente no logré entender que
vendían) y la pequeña va a la escuela, y deambula por el mercado. Esta es una
historia de mujeres, la madre, la hermana, la niña y su abuela, una mujer
metida en un turbio negocio de tráfico de documentos y dinero. El abuelo tiene
un papel secundario pero fundamental, porque es él quien le dice a I-Jing que
la mano izquierda es “la mano del diablo”. La niña se lo cree, y decide usar su
“mano del diablo” para hacer cosas malas. El final tiene un giro de guión melodramático
que no voy a desvelar. Contado así es un culebrón, ya lo he dicho antes. Pero
en realidad no lo es como no lo eran las películas de Sean Baker en las que
Shih-Ching Tsou ha sido productora o guionista. De hecho, La chica zurda es una hermana china de The Florida Project. Ante las similitudes, y viendo que Sean Baker
aparece como productor de La chica zurda,
nos podemos preguntar quién influye en quién: Baker en Shih-Ching Tsou o
Shih-Ching Tsou en Baker. La verdad me es igual, lo que me importa es que esta
película me gusta mucho.
El regalo de esta semana es
una mano que no es del diablo.



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