Hay semanas en las que me
deprimo mucho porque no encuentro nada de qué hablar. Por suerte esta no es una
de esas. Al contrario. A medida que iba viendo los estrenos en los pases iba
pensando, ya tengo una, ya tengo dos, ya tengo tres, ya tengo cuatro, ya tengo
cinco¡¡¡ Cinco películas recomendables en una semana. Es algo insólito y que
obliga a seleccionar según los gustos, las ganas, la curiosidad y sobre todo el
momento de cada uno. Cuando hice la lista de los cinco estrenos, dejando aparte
el documental, me di cuenta de algo que unía las cuatro ficciones: todas hablan
de familias con una pérdida, de familias en un momento de crisis, de familias
que se reestructuran. Curioso, porque a priori títulos como Sentido y sensibilidad, Moscas, Los niños
están bien o Blue Heron, no
tienen nada que ver.
(mi primer libro de Jane
Austen se llamaba Juicio y sentimiento)
Sentido y sensibilidad, Georgia Oakley (Gran Bretaña)
¿Hacía falta una nueva
adaptación de la clásica novela de Jane Austen. Sí, hacía falta. Treinta años
después de la inolvidable versión de Ang Lee con Emma Thompson, necesitábamos
una nueva mirada sobre una de las obras románticas más importantes del siglo
XIX. Igual que Greta Gerwig hizo con Mujercitas,
el punto de vista de una directora sobre una obra que siempre fue adaptada por
hombres, esta nueva Sentido y
sensibilidad dirigida por Georgia Oakley tiene una nueva perspectiva. La de
la importante relación de las dos hermanas: Elinor, el sentido, Marianne, la
sensibilidad, en la construcción de sus dos historias de amor. Profundamente
física, la presencia de la naturaleza en forma de animales, bosques, plantas,
cielos, es fundamental, pero el film explora al mismo tiempo, con una gran
sensibilidad y mucho sentido, lo que significa ser hermanas en un momento de
crisis: la muerte del padre literalmente las desahucia de su preciosa casa y
deben casarse para poder sobrevivir. Si buscan un film bonito pero no cursi,
tanto si recuerdan como si no la versión de Ang Lee, esta es su película.
(el vacío que deja una
ausencia)
Los niños están bien, Nathan Ambrosioni (Francia)
Aquí también hay dos hermanas
francesas que se quieren. También hay un trauma, una crisis. Una de ellas, la
pequeña, llega a casa de su hermana mayor a la que no ve desde hace años, con
sus dos hijos pequeños, un niño y una niña. El encuentro es tenso y emotivo a
la vez, pero al día siguiente, la hermana pequeña desaparece dejando a los dos
niños en casa de su hermana mayor. Todo esto pasa en los primeros5 minutos. Lo
que sigue a continuación es el largo y difícil proceso de adaptación de una
mujer acostumbrada a vivir sola y que nunca ha querido tener hijos, con dos
niños que sienten el vacío de una madre que los ha abandonado. Lejos de
cualquier sentimentalismo, sin caer en ningún lugar común, el tejido de esta
relación entre tres personas obligadas a entenderse y a quererse, se sigue como
una película de intriga emocional. ¿Lo conseguirán? ¿Serán capaces de superar
los obstáculos que se les presentan? ¿Podrán cambiar sus vidas y sin olvidar a
la madre y a la hermana, construir un espacio familiar nuevo? Una película
emocionante y cercana.
Blue Hero, Sophy Romvari (Canadá)
Seguimos en el terreno de los hermanos, ahora en Canadá, en la Isla de Vancouver, a finales de los años noventa. Una familia de origen húngaro llega a una nueva casa. Los padres y cuatro hijos. Desde el principio sabemos que vamos a ver esta historia desde los ojos de una niña de ocho años, la pequeña que en silencio y sin casi decir nada, intenta comprender el extraño y errático comportamiento de su hermano mayor, un adolescente desequilibrado que desequilibra a toda la familia con su comportamiento. Son recuerdos, fragmentos de memoria, sensaciones que Sasha, la niña (en realidad la propia directora recordando su infancia) vive como si fueran secuencias inconexas de una película que no logra entender. La belleza de las imágenes, la serenidad del relato, la absoluta falta de violencia en una situación que en otras manos haría un film histérico, convierten esta película en una pieza única. Sobre todo cuando casi a la mitad da un giro inesperado y nos encontramos con una Sasha adulta, cineasta que prepara un film sobre su familia, el que estamos viendo. Cuando la Sasha de 28 años coge el ferry para ir a la isla, salta en el tiempo y en la memoria y la vemos entrevistar a sus padres como una trabajadora social mientras la Sasha niña la mira y la filma. Es un salto difícil que el espectador debe hacer con ella para entender toda la complejidad de este film que no parece una ópera prima. Personalmente Blue Heron me impresionó mucho porque tengo un cuento, escrito cuando tenía 28 años, los mismos que la protagonista, en el que mi yo adulto llega a mi casa y se encuentra con mi yo niña. Se llama La piedra azul y es uno de los que más me gustan.
Moscas, Fernando, Eimbcke (México)
Aquí no hay hermanos, pero si
un niño, un padre y una madre que no está. También hay una mujer sola que se ve
obligada a vivir con ese niño que le cae del cielo sin quererlo. Es una
película muy seria y muy sencilla, en blanco y negro. Para contarla rápidamente,
es un cruce en positivo de un film iraní, el niño busca la manera de llegar a
su madre enferma en el hospital, y una película de Marisol. Porque el pequeño
Cristian llega a casa de Olga como un ángel, o una mosca, para sacarla de su
apatía y malhumor y forzarla a sentir de nuevo cariño, felicidad, amor, incluso
hacia las molestas moscas que abren y cierran el film cumpliendo dos funciones
completamente distintas. Una película entrañable.
EL RINCÓN DEL DOCUMENTAL
200 vidas, Paco Rabal, de Vanesa Benítez
Separo este film de los demás porque no va de familias (o si), ni de hermanos (o si) y mucho de memoria y recuerdo. Tengo que confesar que cuando lo empecé a ver tuve un vuelco en el corazón, oír la voz de Paco Rabal me provocó una profunda impresión porque es una voz inconfundible, única, de las que no se olvidan. Antes de seguir, se agolparon en mi cabeza las muchas veces que la escuché, que estuve con él: en el festival de Venecia tomando infinitos beellinis; en el festival de Berlín desayunando cuando fue jurado; en el rodaje de El hombre que perdió su sombra de Alain Tanner… Muchos recuerdos de él y de su mujer Asunción, un ejemplo de lo que es una pareja que se quiere por encima de todo lo demás. La directora Vanesa Benítez tuvo un regalo inesperado y fantástico cuando al preparar un documental para el centenario de Paco Rabal se encontró con un legado de fotos y películas en súper 8 filmadas por él, pero sobre todo se encontró con 80 casetes grabadas en las que Paco repasaba su vida sin miedo ni vergüenza. Son esas casetes las que escuchamos en un diálogo con las imágenes de sus interpretaciones y con las voces de amigos y gente que le conoció. Es impresionante y tiene el mérito de provocar las ganas de ver todas sus películas: las malas, las buenas, las olvidables, las inmortales. Todas para recuperar su presencia, además de su voz magnífica.
En una entrada como esta que habla de
hermanas, me parece imprescindible recordar este cuadro que Ramón pintó de mi
hermana y yo hace muchos años.






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