sábado, 14 de febrero de 2026

HISTORIAS DEL BUEN GUERÍN

 


Historia 1. Los motivos de Guerín

En 1983 José Luis Guerín tenía 23 años y muchas ganas de hacer cine. Había pasado media vida en la Filmoteca donde descubrió a Jean Eustache y La mama et la putain. Ese cine es el que quería hacer él. Y lo hizo. Los motivos de Berta es la más eustachiana de sus películas, allí estaban ya muchas de sus intuiciones: actores no profesionales, una mirada limpia sobre la naturaleza, la infancia como territorio inexplorado. Los motivos de Berta despertó la curiosidad de mucha gente, de los festivales y de algunos críticos. Se estrenó en el Festival de San Sebastián de 1984, donde lo vieron muy pocos, y un año después llegó a los cines. En enero de 1985 le hice una entrevista al jovencísimo Guerín. Ya entonces tenía las cosas muy claras: “Trabajar en la industria no es ser más responsable que trabajar en la marginación. A mí no me preocupa tanto la crisis industrial del cine como la crisis de las ideas.” “Mi mirada sobre el medio  es bastante clara. No soy un nostálgico, ni un cinéfilo. Me gustan los clásicos y los pioneros porque eran creadores de lenguaje.”

 


Historia 2: Guerín, hombre tranquilo

Desde luego Guerín es un hombre tranquilo, pero esta segunda historia se refiere a El hombre tranquilo de John Ford. En 1990 se estrena Innisfree rodada como homenaje y continuación del clásico film irlandés de Ford. Su amor por los clásicos le lleva hasta este pequeño pueblo donde la memoria del rodaje del film con John Wayne y Maureen O’Hara sigue presente. Este es el primer documental que hace Guerín saltándose todas las reglas del género y sobre todo, dilatando la filmación en el tiempo y dejándose llevar por lo que la realidad le iba regalando.

 


Historia 3. Las sombras de Guerín

Estas sombras no son oscuras ni amenazantes, son las sombras del cine, las sombras de la memoria montadas en un Tren de sombras que en 1997, nos descubrió un nuevo Guerín, el creador de imágenes del pasado que no existen, el evocador de una manera de hacer y entender el cine desde la mirada inocente de los primeros años. Un falso rodaje en 1930, un misterio, sueños y fantasmas. Tren de sombras fue considerada una obra maestra. En todo caso fue un film que marcó el final de una época para él.

 


Historia 4: Guerín constructor

No solo de un film fundacional, En construcción, también de una manera de hacer documental, De la mano de Joaquín Jordá, Guerín reúne a su alrededor un grupo de estudiantes de la Pompeu y se plantea seguir la transformación del barrio de El Raval de un barrio marginal, abigarrado y sucio, en un barrio que quería ser la joya de la corona de la Barcelona moderna (y se quedó en refugio de la inmigración musulmana, conocido como Ravalistan). En construcción es un ejercicio de observación y de escucha, Guerín no interviene, coloca su cámara donde cree que hay posibilidades de una historia, y a veces, las crea sutilmente. En construcción es un ejemplo de cine urbano que ya había empezado a explorar en el fragmento con el que contribuyó al film colectivo City Life, de 1990. La ciudad se mueve, la ciudad está viva, la ciudad son las gentes que la habitan. Unas declaraciones suyas en el estreno del film dejan ver que ya estaba ahí la semilla que le ha llevado a Historias del buen valle: "Queríamos conocer la intimidad de una construcción, así que nos metimos ahí, cuando ese espacio era todavía un solar donde los chavales jugaban al fútbol. Sobre este terreno buscamos la forma de convivir, conocer y rodar -así, por este orden- En este proceso, pronto advertimos que la mutación del paisaje urbano implicaba también una mutación en el paisaje humano, y que en este movimiento se podrían reconocer ciertos ecos del mundo. Sobre estos cimientos construimos una película".

 


Historia 5: En la ciudad de Guerín

City Life. En construcción, En la ciudad de Sylvia… tres observaciones urbanas, tres formas de acercarse a las calles, de moverse en las calles. En el caso de En la ciudad de Sylvia siguiendo la estela de una musa que se mueve entre la gente, los parques, los cafés. Sylvia podría ser Berta  unos años más tarde, Sylvia podría ser una de las chicas protagonistas de City Life, Sylvia es la primera musa.

 


Historia 6 Guerín y las musas

Entre Sylvia y La academia de las musas, pasan siete años en los que Guerín explora todas las posibilidades de la imagen en cortos, experimentos visuales, documentales, viajes y reflexiones. También empieza a sentir que debe alejarse de Barcelona. Quizás por eso escribe y realiza La academia de las musas, como una despedida de la ciudad. De este film escribí un texto en el blog: “El día que vi La academia de las musas, salí impresionada. “¿Entusiasmada?” me preguntó una amiga. También, pero sobre todo impresionada. Impresionada de la sensibilidad y la belleza del film de Guerín, impresionada del poder que otorga a la palabra, ese elemento casi siempre mal utilizado en el cine. Banalmente utilizado. Aquí no, aquí, la palabra se erige en ritmo, en lenguaje, en guía. La palabra en sus múltiples lenguas: castellano, catalán, italiano, sardo. La palabra con referente de imagen: amor. El amor es el elemento común dominador de este poema que no deja de ser una comedia romántica…

 


Historia 7: El buen Guerín

Y ahora sí, ahora llegamos a Historias del buen valle, la última, por ahora, aventura cinematográfica de Guerín. Y digo aventura en el sentido amplio de la palabra, porque este es un film de aventuras. Las que relatan los habitantes de esta pequeña isla de paz (precaria) que es el barrio de Vallbona en los márgenes olvidados de Barcelona;  la que vive el propio Guerín en los tres años que pasa con ellos, volviendo al método que ya utilizó en En construcción de “convivir, conocer y rodar”, sin guión previo, pero si teniendo muy claro el objetivo: dejarse llevar por las aguas de ese remanso que es el Rec Comtal, reflejar en su cámara como si fueran las aguas del arrollo las vidas de una población multirracial, multicultural. Con músicas diferentes, con espacios de vida que son inimaginables para muchos barceloneses. Historias del buen narrador, del buen observador, del guía de la caravana. Mirar, escuchar, ponerse al nivel de los ojos, conjugar las distintas lenguas incluida la de las plantas, las diferentes músicas, incluida la del agua, reivindicar una isla de singularidad en medio del uniforme paisaje urbano. Porque la vida está llena de voces, de colores, de agua que corre. Vallbona, un pequeño barrio de la periferia, es una anomalía urbana, un SI lugar lleno de vida. Guerín la capta sin manipularla con una mirada limpia de ideas preconcebidas. “Historias del buen valle cuenta la vida de una isla urbana (podría ser la aldea de Astérix) que en el extrarradio barcelonés vive al margen de la vorágine contemporánea. Encerrado entre el río Besos, las vías del tren y la autopista, el barrio de Vallbona es un oasis de agua y de paz. Guerín no lo idealiza, ni lo romantiza. No. Guerín es muy consciente de los problemas y las amenazas que padece el barrio y no los esconde, pero los trata con un humanismo y una capacidad de señalar lo mejor que tiene, que hermana su film con Jean Renoir, con Roberto Rossellini, con Satyajit Ray, sin dejar en ningún momento de ser el mejor Guerín que hemos visto nunca.” Suscribo plenamente estas líneas de mi crítica en Cinemanía. Historias del buen valle es el mejor Guerín que hemos visto nunca.

(En Filmin se pueden ver tres películas de Guerín:

Tren de sombras, En la ciudad de Sylvia, La academia de las musas.

En Youtube hay muchas entrevistas con Guerín, también algunos de sus cortos menos conocidos, A Ryokan, De una isla, y dos películas suyas:

Los motivos de Berta  https://www.youtube.com/watch?v=AmlvZG2V6IA

En construcción https://www.youtube.com/watch?v=kTeyU2Yfi_g&t=4s

(Las fotos que acompañan este texto son de nuestros paseos por el Rec Comptal)

El regalo de esta semana es para Guerín, como no podía ser de otra manera



 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario