Historia
1. Los motivos de Guerín
En 1983 José Luis Guerín tenía
23 años y muchas ganas de hacer cine. Había pasado media vida en la Filmoteca
donde descubrió a Jean Eustache y La mama
et la putain. Ese cine es el que quería hacer él. Y lo hizo. Los motivos de Berta es la más
eustachiana de sus películas, allí estaban ya muchas de sus intuiciones: actores
no profesionales, una mirada limpia sobre la naturaleza, la infancia como
territorio inexplorado. Los motivos de
Berta despertó la curiosidad de mucha gente, de los festivales y de algunos
críticos. Se estrenó en el Festival de San Sebastián de 1984, donde lo vieron
muy pocos, y un año después llegó a los cines. En enero de 1985 le hice una
entrevista al jovencísimo Guerín. Ya entonces tenía las cosas muy claras:
“Trabajar en la industria no es ser más responsable que trabajar en la
marginación. A mí no me preocupa tanto la crisis industrial del cine como la
crisis de las ideas.” “Mi mirada sobre el medio
es bastante clara. No soy un nostálgico, ni un cinéfilo. Me gustan los
clásicos y los pioneros porque eran creadores de lenguaje.”
Historia
2: Guerín, hombre tranquilo
Desde luego Guerín es un
hombre tranquilo, pero esta segunda historia se refiere a El hombre tranquilo de John Ford. En 1990 se estrena Innisfree rodada como homenaje y
continuación del clásico film irlandés de Ford. Su amor por los clásicos le lleva
hasta este pequeño pueblo donde la memoria del rodaje del film con John Wayne y
Maureen O’Hara sigue presente. Este es el primer documental que hace Guerín
saltándose todas las reglas del género y sobre todo, dilatando la filmación en
el tiempo y dejándose llevar por lo que la realidad le iba regalando.
Historia
3. Las sombras de Guerín
Estas sombras no son oscuras
ni amenazantes, son las sombras del cine, las sombras de la memoria montadas en
un Tren de sombras que en 1997, nos
descubrió un nuevo Guerín, el creador de imágenes del pasado que no existen, el
evocador de una manera de hacer y entender el cine desde la mirada inocente de
los primeros años. Un falso rodaje en 1930, un misterio, sueños y fantasmas. Tren de sombras fue considerada una obra
maestra. En todo caso fue un film que marcó el final de una época para él.
Historia
4: Guerín constructor
No solo de un film
fundacional, En construcción, también
de una manera de hacer documental, De la mano de Joaquín Jordá, Guerín reúne a
su alrededor un grupo de estudiantes de la Pompeu y se plantea seguir la
transformación del barrio de El Raval de un barrio marginal, abigarrado y sucio,
en un barrio que quería ser la joya de la corona de la Barcelona moderna (y se
quedó en refugio de la inmigración musulmana, conocido como Ravalistan). En construcción es un ejercicio de
observación y de escucha, Guerín no interviene, coloca su cámara donde cree que
hay posibilidades de una historia, y a veces, las crea sutilmente. En construcción es un ejemplo de cine
urbano que ya había empezado a explorar en el fragmento con el que contribuyó
al film colectivo City Life, de 1990.
La ciudad se mueve, la ciudad está viva, la ciudad son las gentes que la
habitan. Unas declaraciones suyas en el estreno del film dejan ver que ya
estaba ahí la semilla que le ha llevado a Historias
del buen valle: "Queríamos conocer la intimidad de una construcción,
así que nos metimos ahí, cuando ese espacio era todavía un solar donde los
chavales jugaban al fútbol. Sobre este terreno buscamos la forma de convivir,
conocer y rodar -así, por este orden- En este proceso, pronto advertimos que la
mutación del paisaje urbano implicaba también una mutación en el paisaje
humano, y que en este movimiento se podrían reconocer ciertos ecos del mundo.
Sobre estos cimientos construimos una película".
Historia
5: En la ciudad de Guerín
City
Life. En construcción, En la ciudad de Sylvia… tres observaciones
urbanas, tres formas de acercarse a las calles, de moverse en las calles. En el
caso de En la ciudad de Sylvia siguiendo
la estela de una musa que se mueve entre la gente, los parques, los cafés. Sylvia
podría ser Berta unos años más tarde, Sylvia
podría ser una de las chicas protagonistas de City Life, Sylvia es la primera musa.
Historia
6 Guerín y las musas
Entre Sylvia y La academia de las musas, pasan siete
años en los que Guerín explora todas las posibilidades de la imagen en cortos,
experimentos visuales, documentales, viajes y reflexiones. También empieza a
sentir que debe alejarse de Barcelona. Quizás por eso escribe y realiza La academia de las musas, como una
despedida de la ciudad. De este film escribí un texto en el blog: “El día que
vi La academia de las musas, salí impresionada. “¿Entusiasmada?” me
preguntó una amiga. También, pero sobre todo impresionada. Impresionada de la
sensibilidad y la belleza del film de Guerín, impresionada del poder que otorga
a la palabra, ese elemento casi siempre mal utilizado en el cine. Banalmente
utilizado. Aquí no, aquí, la palabra se erige en ritmo, en lenguaje, en guía.
La palabra en sus múltiples lenguas: castellano, catalán, italiano, sardo.
La palabra con referente de imagen: amor. El amor es el elemento común
dominador de este poema que no deja de ser una comedia romántica…”
Historia
7: El buen Guerín
Y ahora sí, ahora llegamos a Historias del buen valle, la última, por
ahora, aventura cinematográfica de Guerín. Y digo aventura en el sentido amplio
de la palabra, porque este es un film de aventuras. Las que relatan los
habitantes de esta pequeña isla de paz (precaria) que es el barrio de Vallbona
en los márgenes olvidados de Barcelona; la que vive el propio Guerín en los tres años
que pasa con ellos, volviendo al método que ya utilizó en En construcción de “convivir, conocer y rodar”, sin guión previo,
pero si teniendo muy claro el objetivo: dejarse llevar por las aguas de ese
remanso que es el Rec Comtal, reflejar en su cámara como si fueran las aguas
del arrollo las vidas de una población multirracial, multicultural. Con músicas
diferentes, con espacios de vida que son inimaginables para muchos
barceloneses. Historias del buen narrador, del buen observador, del guía de la
caravana. Mirar, escuchar, ponerse al nivel de los ojos, conjugar las distintas
lenguas incluida la de las plantas, las diferentes músicas, incluida la del
agua, reivindicar una isla de singularidad en medio del uniforme paisaje
urbano. Porque la vida está llena de voces, de colores, de agua que corre.
Vallbona, un pequeño barrio de la periferia, es una anomalía urbana, un SI
lugar lleno de vida. Guerín la capta sin manipularla con una mirada limpia de
ideas preconcebidas. “Historias del buen
valle cuenta la vida de una isla urbana (podría ser la aldea de Astérix)
que en el extrarradio barcelonés vive al margen de la vorágine contemporánea.
Encerrado entre el río Besos, las vías del tren y la autopista, el barrio de
Vallbona es un oasis de agua y de paz. Guerín no lo idealiza, ni lo romantiza.
No. Guerín es muy consciente de los problemas y las amenazas que padece el
barrio y no los esconde, pero los trata con un humanismo y una capacidad de
señalar lo mejor que tiene, que hermana su film con Jean Renoir, con Roberto
Rossellini, con Satyajit Ray, sin dejar en ningún momento de ser el mejor Guerín
que hemos visto nunca.” Suscribo plenamente estas líneas de mi crítica en Cinemanía. Historias del buen valle es el mejor Guerín que hemos visto nunca.
(En Filmin se pueden ver tres
películas de Guerín:
Tren
de sombras, En la ciudad de Sylvia, La academia de las musas.
En Youtube hay muchas
entrevistas con Guerín, también algunos de sus cortos menos conocidos, A Ryokan, De una isla, y dos películas
suyas:
Los
motivos de Berta https://www.youtube.com/watch?v=AmlvZG2V6IA
En
construcción https://www.youtube.com/watch?v=kTeyU2Yfi_g&t=4s
(Las
fotos que acompañan este texto son de nuestros paseos por el Rec Comptal)
El regalo de esta semana es
para Guerín, como no podía ser de otra manera








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