Esta semana que empieza tras
un puente largo, hay tres propuestas de cine que me interesa destacar. Quizás
no son las mejores películas (no he podido ver Resurrection de Bi Gan que sin duda es magnífica, ni Todo lo que fuimos de Cherien Dabis que
seguro hace llorar mucho) pero he visto otras de las trece películas que se han estrenado. Y de ellas, me quedo
con tres.
Propuesta 1. Un cuento de hadas contemporáneo
El
diablo viste de Prada 2, David Frankel
“Es una fantasía. Es un cuento
de hadas urbano. Es un algodón de
azúcar: artificial, sin valor nutricional, malo para la salud, pero en
pequeñas cantidades está rico. Y, por lo menos, que a veces parece mucho
pedir, entretenimiento del que
entretiene.” Así acaba su crítica de El
diablo viste de Prada 2 Marta Medina en El
Confidencial. Antes hace un análisis interesante de la película, pero me ha
encantado coincidir con ella en lo de “cuento de hadas urbano”, porque esas
fueron exactamente las palabras que usé para dar mi opinión en una encuesta de
la distribuidora a la salida del pase de prensa. Un cuento de hadas urbano,
que, como los auténticos cuentos de hadas, habla de su tiempo y la sociedad en
que sucede. No hay brujas (bueno si, una y no es Melinda/Meryl), hay princesas,
hay príncipes, hay un hado madrino, hay ogros malos y sobre todo, hay mucho
lujo y esplendor. El primer Diablo,
el del 2006, fue un producto pre crisis del 2008, pero post trauma Torres Gemelas,
era un retrato ligero y mordaz de la sociedad del espectáculo y la riqueza, de la
frivolidad y el pensar que nada iba a cambiar nunca, también de la alienación
del trabajo (los ricos están igual o más alienados). Pero no iba mucho más
allá. Se trataba de retratar una capa de la sociedad de la que los mortales
comunes sabemos muy poco. Veinte años después, el Diablo 2, es producto post crisi(s) no ha parado de haberlas, y pre
trauma (el que se nos viene encima con el mundo en manos de un trío de
peligrosos ególatras, un lunático, un pedernal y un confuciano calculador). En
esta entrega se sigue el mismo esquema, prácticamente exacto: Andy (Anne
Hathaway) llega de nuevo a la redacción de Runway,
pero ahora con un cargo de responsabilidad; Melinda (Meryl Streep) sigue
dominando y controlando la redacción con mano de hierro, Nigel (Stanley Tucci)
mantiene su papel de alma escondida de la revista y Emily (Emily Blunt) la amienemiga (bonita palabra que no he
inventado yo) es alta ejecutiva en la Casa Dior. Como en la anterior, hay unos
malvados que quieren acabar con Miranda, en este caso los tecnoligarcas que
todos podemos reconocer, y hay una china rica y comprensiva (curioso que sea
china) que echara una mano a las dos nuevas aliadas Andy y Melinda. Hay una sutil
y ligera añoranza por la desaparición de
las revistas en papel; una nada sutil, pero igualmente ligera, crítica a los
nuevos ricos y una trama en la que desfilan vestidos, zapatos, abrigos,
complementos, lujo y esplendor en un Nueva York que nada tiene que ver con el
mundo real y una Milán convertida en castillo de cuento. A mí me gustan las dos
entregas del Diablo, pero con esta he
disfrutado un poco más. Ver a Meryl Streep pasándoselo tan bien con la ropa que
le ponen, luciendo tan espléndida a sus 76 años, sin esconderlos ni
disimularlos, y mirando por encima de las gafas con esos ojos azules que por
más que quieran ser fríos son siempre dulces,
es un espectáculo que merece la pena. Como decía Marta Medina, un
entretenimiento que entretiene.
Propuesta
2. Una película alemana que parece iraní. La
isla de Amrum, Fatih Akim
Debo una explicación a la
frase que acompaña el título de esta película. El cine iraní de los años 80 y
sobre todo los 90, de la mano de Abbas Kiarostami y Jafar Panahi, puso de moda
un cine identificable, entre otras cosas, por ser historias protagonizas por
niños (pagaba el Ministerio de la Infancia) que buscaban algo a lo largo de la
narración (manera encubierta de reivindicar la tradición del cuento sufí,
borrado de la cultura iraní por los ayatollahs).
Fatih Akim parece inspirarse en esta doble fuente para contar una historia basada
en la infancia del director, guionista y actor Hark Bohm. Primavera de 1945, Nanning,
un niño de doce años, vive en la isla de Amrum. Su padre está en el ejército y
su familia, en especial su madre embarazada, son nazis convencidos y militantes.
Nanning tiene un amigo que no es nazi, Nanning quiere ayudar a su familia
trabajando, pero sobre todo, Nanning quiere hacer feliz a su madre. Y ahí entra
la mirada iraní, porque Nanning se empeña
en encontrar un pan con mantequilla para ella, en una isla y un tiempo en el
que no hay casi comida para nadie. Akim cuenta esta historia sin melodramas, sin exagerar ningún aspecto,
deslizándose suavemente por la vida de esa isla que no quiere quedarse detenida
en el tiempo. Puede recordar los Juegos prohibidos,
de René Clément, o Alemania año 0, de
Rossellini, pero sin la ternura de una ni la dureza de la otra. Es una película
muy bonita. Y además, su lado iraní permite extrapolar la historia a ahora
mismo. Seguro que en Irán hay algún niño buscando un pan con mantequilla (o el
equivalente) para su madre embarazada mientras el mundo se derrumba a su
alrededor.
Propuesta
3. Cine gallego con aire neblinoso Así
llegó la noche, Ángel Santos
En el D’A Film Festival de este año, se presentó dentro de Un impulso colectivo el nuevo trabajo del gallego Ángel Santos. En el texto introductorio del festival se dice. “Con pocos personajes —un escultor huidizo y su ex pareja, un amigo, un guardia civil— y el esplendor del paisaje gallego, el film consigue lo impensable: unas cuantas imágenes que hablan del estado de ánimo de todo un país.” De ahí el hablar de aire neblinoso. No es una niebla física, el paisaje es hermoso y tiene una enorme importancia, más bien se trata de una niebla del alma que recorre la cultura gallega y celta desde tiempo inmemorial. Pablo (hay muchos Pablos en esta película, el coguionista Pablo García Canga, el escultor Pablo Barreiro, autor de las obras que se ven en el film), es un escultor solitario y callado que trabaja en un taller aislado de la costa gallega cerca de El Grove, en la entrada de la ría de Arosa. Prácticamente solo se relaciona con un misterioso guarda de un camping cerrado en esa época. Pablo es el protagonista absoluto de la primera parte del film. La segunda empieza cuando llega Andrea, una antigua amante y amiga que viene en busca de ayuda, aunque no lo diga. Pablo y Andrea pasean, hablan, recuerdan y miran. Hasta que una noche Pablo se va sin decir nada. Andrea, protagonista casi única de la tercera parte, lo busca por todas partes pero sin demasiada convicción. Sabe que Pablo necesita huir como ha huido ella hasta ese refugio costero. La anterior película de Ángel Santos, Las altas presiones, tiende un tenue hilo de niebla con esta nueva propuesta, el personaje principal de Las altas presiones era un localizador de cine que busca en la Galicia de ahora mismo paisajes industriales en ruinas mientras intenta reconstruir la ruina de su propia vida. Pienso que el Miguel localizador ha ayudado a Ángel director a encontrar esos paisajes magníficos de ruinas industriales en los que Pablo, el escultor, encuentra sus materiales y su inspiración. Una película sobre el dolor de la creación y la necesidad de la soledad. Hermosa.
El regalo de esta semana es
una acuarela que evoca Amrum y la ría de Arosa. El diablo se queda un poco más
lejos.





























