sábado, 15 de mayo de 2021

ASTROS

 

Curiosa coincidencia la de encontrase en la cartelera con dos películas con títulos de astros: Hijos del sol, Todas las lunas. Las dos películas me gustan, no son obras maestras, pero las dos valen la pena, aunque por motivos muy diferentes.

 


HIJOS DEL SOL

El sol que aparece en el título de esta película iraní hace referencia a una escuela donde estudian y se acogen niños de la calle en el Teherán de ahora mismo. Está dirigida por Majid Majidi, uno de los directores de lo que se puede llamar “la primera ola” del “nuevo cine iraní” que empezó en 1987 con una película de Abbas Kiarostami, ¿Dónde está la casa de mi amigo?. Kiarostami puso en el mapa del cine mundial una cinematografía que hasta entonces había permanecido casi oculta, al menos desde 1979, cuando la caída del Sha provocó el nacimiento de La República Islámica de Irán, un régimen teocrático, fundamentalista y terriblemente represor de todas las libertades, incluida la de divertirse o la cultural (se retiraron de todos los museos los cuadros que representaban la figura humana, prohibida por el profeta; se restringió la entrada a Persépolis, cuna de la cultura persa, considerada infiel y pagana por su relajación moral; se instauró el velo para las mujeres; se obligó a comenzar todas las películas con la frase “en el nombre de Dios”…) Todas estas restricciones y algunas más, siguen vigentes cuarenta años después en un país aislado que no consigue encajar en su entorno, pero si exportar su intolerancia. En este contexto de represión política y religiosa, Kiarostami encontró tres vías para hacer cine sin sufrir la censura del régimen del ayatollah Jomeini.

La primera de todas, fue acogerse a los programas de protección infantil donde el cine no se consideraba “ofensivo”. Esa fue una de las razones que explican porque en sus primeras películas, y las de otros cineastas como Majidi, los niños tuvieran un protagonismo absoluto. De hecho, la película que sirvió a Majidi como presentación internacional en 1997, Niños del paraíso, era la historia de dos hermanos pequeños y la que se estrena ahora, está protagonizada por cuatro niños de doce años.

El segundo gran acierto de Kiarostami para sortear la censura, fue contar historias que nunca pasaban dentro de las casas. La acción sucede casi siempre en los exteriores. De esta forma, se evitaba la censura impuesta por el Ministerio de Orientación Islámica que vigilaba atentamente la representación en el cine de las relaciones hombre-mujer y sobre todo el estricto cumplimiento de las reglas obligadas en cuanto a vestuario femenino. El hecho de que las normas del buen comportamiento islámico se respeten a rajatabla en la calle, pero se rompan en los interiores, les forzaba a evitar la entrada en las casas para no caer en el ridículo de mostrar a las mujeres tapadas en su hogar y sin tocar a sus maridos. En el caso de Hijos del sol, este problema se evita de forma muy inteligente: no hay mujeres y ni siquiera hay casas. La madre de Ali está en un hospital donde todas las enfermas y las enfermeras van con velo. Y el otro personaje femenino, una niña, solo la vemos en la calle y el metro donde las mujeres, separadas de los hombres, van todas veladas.

El tercer acierto del cine iraní que comenzó con Kiarostami, tiene una connotación de protesta muy velada. En muchas de las películas de estos cineastas, los personajes siempre buscan algo: un director de cine buscando a sus actores; un hombre buscando a una mujer; una niña buscando un billete en la calle; una niña buscando su casa; un niño buscando sus parientes;... un niño buscando un tesoro en el film de Majidi que ahora se estrena. Este hecho tiene sus raíces más profundas en la cultura de Persia, es decir en el sufismo, una filosofía más que una religión, basada en la búsqueda de la verdad, en la puesta en duda constante de las cosas, en la investigación continúa y en la belleza. El sufismo ha sido y es un movimiento mal visto en Irán por unas autoridades político religiosas estrictamente dogmáticas que no aceptan la posibilidad de la duda. Por eso, la aparente banalidad de buscar algo o alguien se convierte en una sutil forma de resistencia hacia un poder ideológico dominante.

Majidi, como Kiarostami hasta su muerte, y al contrario que Makhmalbaf o Asghar Farhadi, nunca ha querido dejar Irán y sigue construyendo su filmografía paso a paso, sorteando todos los obstáculos censores como puede, siendo fiel a si mismo. En este sentido Hijos del sol es quizás su mejor trabajo. La búsqueda del tesoro escondido, (si quisiéramos buscarle un sentido oculto, ese tesoro podría ser la libertad que no tienen en su país) le da pie a mostrar las contradicciones de la sociedad de ahora mismo entre una modernidad impostada (el centro comercial donde los niños buscan tesoros en Internet) y la miseria de una sociedad que no sabe qué hacer con sus niños si no es adoctrinarlos religiosamente. Estos Hijos del sol de Majidi nos recuerdan que el neorrealismo sigue siendo una manera útil de contar la realidad.

 


TODAS LAS LUNAS

Todas las lunas es la segunda película de Igor Legarreta, un director vasco de la nueva generación. En el cine vasco más actual hay una triple corriente narrativa que con ligeras variantes se va repitiendo. Por un lado, el retrato de la actualidad que representa muy bien Loreak, de Jon Garaño y José Mari Goenaga; por otro, el intento de cerrar heridas del pasado reciente que encontramos en la serie Patria de Aitor Gabilondo; y una tercera vía que ahonda en el pasado lejano, en el folklore y las viejas tradiciones rurales de Euskadi, con títulos como Errementari, de Paul Urkijo o estas lunas de Legarreta. Lo más curioso, en concreto de estas dos, es que ambas parten de las guerras carlistas del XIX (tan vigentes aún en nuestros días donde el carlismo más reaccionario sigue campando tanto en Euskadi como en Catalunya), pero trascienden el momento histórico para sumergirse en lo fantástico. Todas las lunas es un cuento de vampiros que empieza en 1876 y acaba en 1936. Su protagonista es una niña convertida en inmortal a pesar de ella misma, condenada a no crecer nunca y a ver como las gentes que quiere mueren a su lado. Es un relato fantástico y triste, de soledad y silencio, con un fondo de añoranza de una madre y un encuentro salvador de un padre. Es muy bonita, los paisajes son perfectos y los actores muy bien escogidos, especialmente Haizea Carneros, la niña sin nombre que acaba siendo Amaia.

 



GHOSTS

Hay un tercer estreno interesante esta semana. Se trata de Ghosts/Fantasmas, el debut como directora de una joven turca llamada Azra Deniz Okyay. Pasa en Estambul, a lo largo de un día entero en el que un corte de electricidad deja a la ciudad paralizada durante el día y a merced del peligro durante la noche Este apagón urbano es una buena metáfora del apagón cultural que está sufriendo Turquía con el giro fundamentalista y represivo de su presidente Erdogan y que films como éste quieren denunciar. Los fantasmas del título son cuatro personajes, tres mujeres y un hombre, que entrecruzan sus vidas durante este día sin luz en el que una adolescente aspirante a bailarina pierde su empleo, una madre cuyo hijo está en prisión, busca dinero para ayudarlo, una activista del feminismo monta un espectáculo y un hombre que explota a sirios y a turcos, prepara un negocio de drogas. Con este argumento, Ghosts parece un film de corte político kenloachiano. Pero la gracia de la directora es contar las cuatro historias de forma fragmentada, componiendo una especie de rompecabezas de vidas cruzadas que poco a poco se va armando sobre las calles del centro de un Estambul en transformación, abandonado, marginal, una ciudad que no suele aparecer en las guías turísticas. Radical en su apuesta narrativa, con un uso de la música muy interesante, el film de Azra Deniz Okyay no tiene miedo a la confusión o a dejarse llevar por el deseo de ver a una de las protagonistas en un largo baile por las calles de la ciudad. Los fantasmas de Estambul exigen, quizás, una cierta aceptación y colaboración del espectador, pero si se conecta con ellos, el resultado es muy estimulante.

El regalo de esta semana es un cuadro abstracto con fantasmas, lunas y dos pequeños soles.



 

 


 

 

 

sábado, 8 de mayo de 2021

ENEMIGOS

 

En esta semana de enemigos mortales, de insultos y descalificaciones, de incapacidad de asumir la derrota con una cierta humildad crítica y de acusar a los votantes de ser “gilipollas” por no haber votado a los buenos y haberse inclinado “por los berberechos”, hablar de estas dos películas que son una, está más que justificado.

 


Enemigos: Comisario/Enemigos: Abogado

Se trata de dos films alemanes que se pueden ver en Filmin. Enemigos: El comisario, Enemigos: El abogado. Como en otras ocasiones, tengo que agradecerle a un amigo que me hablara de ellas. Enemigos cuenta la misma historia narrada desde el punto de vista de un comisario que investiga la desaparición y muerte de una niña en una pequeña ciudad alemana y del abogado que defiende al presunto culpable del rapto que acaba en tragedia involuntaria. En realidad es igual como se miren, pero yo recomiendo ver primero la versión del Comisario porque expone el caso de una manera más clara y después ver la versión del abogado, que ilumina la investigación y de hecho la cuestiona. Lo interesante de las dos versiones es que muestran los mismos hechos en la primera y en la tercera parte. En la primera, con pequeñas diferencias de matiz; en la tercera, con un cambio del punto de vista de la cámara durante el impresionante interrogatorio del abogado en el juicio. Si el primer y el tercer acto cuentan lo mismo, en la parte central del relato divergen notablemente las versiones del comisario y del abogado. Y es ahí donde las películas dan un giro y pasan de ser una simple investigación criminal sobre un asesino del que nunca estaremos seguros si es culpable o no, aunque de lo que sí estamos seguros es de que es muy desagradable, a plantear un debate mucho más profundo y con connotaciones más allá del propio caso. Lo que está en juego en estas dos películas es el propio estado de derecho, tan maltratado y utilizado en muchas declaraciones. Lo que el abogado plantea es algo que ya había enunciado Hannah Arendt cuando afirmaba que el concepto de Libertad (tan manoseado estos días) constituye un elemento fundamental para la reflexión, colocando en el centro de la acción política el vínculo entre la ley y su puesta en marcha como única manera de garantizar los derechos humanos. Lo que el abogado defiende es el “derecho a tener derechos” como la única garantía de que la sociedad funcione en todos sus niveles. ¿Es culpable el acusado? No importa, lo que importa es lo que ha hecho el comisario y lo que ha descubierto el abogado. Enemigos es un espejo de dos caras dirigido por Nils Willbrandt basado en un relato del abogado y escritor Ferdinand von Schirach. Parte de su atractivo está en la confrontación no solo de métodos, también de carácter y manera de interpretar del acelerado Bjarne Mädel, el comisario y el tranquilo y metódico Klaus María Brandauer, el abogado. Consciente de que lo que importa es el fondo del asunto, Enemigos se retira cinematográficamente a un segundo plano: no quiere innovar ni experimentar. Se limita a exponer. Y ya es suficiente.

 

Centro Memorial de Potocari en Srebrenica

Quo Vadis, Aida?

También habla de enemigos el estreno más importante de la semana, al menos para mí. Se titula Quo Vadis, Aida?, es una película bosnia dirigida por una mujer, Jasmila Zbanic a la que descubrimos hace años en otro film impresionante Grbavica (El secreto de Esma). Zbanic no ha dejado de indagar en ese horrible pasado, una mancha imborrable, por más que la intentemos olvidar, de la vergüenza de Europa y el mundo en la guerra de los Balcanes, en la antigua Yugoeslavia. Han pasado 25 años desde los hechos que nos recuerda esta Aida desesperada por salvar a su familia en medio de una tragedia sin precedentes. Estamos en el mes de julio de 1995, en la ciudad bosnia de  Srebrenica, asediada y ocupada finalmente por las tropas serbias del general Ratko Mladić. En ese caluroso mes de julio, la población civil buscó refugio en una de las bases de la ONU, comandado por un holandés de los Cascos Azules. Incapaz de contener las oleadas de gente que intentaba escapar de las tropas serbias, los soldados de la ONU, abandonados por sus mandos en lejanos despachos, acabaron por pactar con Mladić una rendición. El resultado fue lo que se conoce en la historia negra de Europa como la Masacre de Srebrenica, en la que 8.000 hombres bosnios musulmanes, incluidos niños y ancianos, fueron atrozmente asesinados en una de las más horribles operaciones de limpieza étnica de una guerra llena de horrores. La película cuenta este terrible día desde la perspectiva de Aida, intérprete al servicio de las tropas de la ONU. Consciente de lo que sucederá, Aida intenta inútilmente que su marido y sus dos hijos sean evacuados por los soldados junto con el personal de las Naciones Unidas. El ritmo desesperado de Aida en sus idas y venidas entre la gente, su familia y los militares, imprime a la película una excitación y un apremio contagioso y angustioso. Pero por encima de todo, el film nos recuerda que no hace tanto tiempo, apenas 25 años, Europa vivió una de las páginas más negras de su historia en una guerra fratricida, nacionalista excluyente en la que unos se sentían superiores a los otros, simplemente por ser de un lugar diferente y tener una religión diferente. Conviene no olvidarlo en estos momentos en los que los nuevos nacionalismos populistas (de todos los colores) acechan la convivencia de la gente. 

El regalo de esta semana no tiene nada que ver con los enemigos, al contrario. Es más bien un canto a la belleza y la serenidad nacido de la amistad. Se trata del documental sobre Ramon Herreros, Stupor Mundi, dirigido por Hilari M. Pellicé en el 2012, que se podrá ver en la Filmoteca de Catalunya el martes 11 de mayo a las 16.30. El director y el pintor estarán en la sesión presentando el film acompañados del crítico de arte Joan Francesc Ainaud. El verdadero regalo es poder verlo en pantalla grande, pero si no es posible, siempre queda la posibilidad de disfrutarlo en Filmin.

 


 

sábado, 1 de mayo de 2021

UN ESTRENO Y TRES RAREZAS

 

Semana rara en todos los sentidos: en política, las elecciones de Madrid casi la han convertido en semana de terror; en clima, nos movemos entre el sol primaveral y el cielo plomizo que nos aplasta; la pandemia va dando tumbos, mientras en Europa y Estados Unidos parece más o menos controlada, en la India se muere la gente como moscas. Si, ésta ha sido una semana rara y tormentosa. Pero no de esas tormentas que alivian el ambiente con una buena descarga de lluvia acompañada de rayos y truenos que iluminan el cielo y riegan la tierra. No, esta es una tormenta agobiante, pesada, que no acaba de desatarse.

 


El estreno: Crónica de una tormenta

La que si se desata y lo hace en una película muy recomendable es la de Crónica de una tormenta, el debut de Mariana Barassi que interpretan Clara Lago y Ernesto Alterio, los dos pararrayos de esa lluvia de verdades que se lanzan uno al otro durante una noche en la que permanecen encerrados sin ningún juguete con el que entretenerse. Basada en una obra de teatro del 2015, rodada en el 2019, el estreno ahora mismo le da a esta historia un plus añadido. Tras vivir un confinamiento obligado durante más de dos meses, contemplar a esta pareja encerrada en un único espacio durante una noche tormentosa, se hace más cercano, más comprensible. Pero eso no es lo mejor de esta película de actores y de diálogos afilados. Hay muchas ideas que circulan como ráfagas de viento entre las paredes de la redacción de un periódico una de las pocas noches en las que no hay nadie trabajando: la del 24 de diciembre. Los regalos de Navidad que se hacen los protagonistas, el director del diario y la subdirectora, son dulces envenenados que acaban por estallarles en las manos. Crónica de una tormenta es una película muy apetecible y más en estos tiempos en los que algunas de las cosas que se dicen, son de plena actualidad.

 


Primera rareza: Painting with John HBO

El John al que acompañamos mientras pinta no es otro que John Lurie, inolvidable músico al que descubrimos de la mano de Jim Jarmusch en Permanent Vacation, Extraños en el paraíso y Bajo el peso de la ley. Tres títulos que se podrían extrapolar a la vida de Lurie, que parece vivir en vacaciones permanentes, siendo un extraño en el paraíso y evadiendo el peso de la ley siempre que puede. Esta miniserie de seis capítulos de 20 minutos es una delicia. Al contrario que otras series, creo que vale la pena ver Painting with John poco a poco. Lo mejor es ver un capítulo cada día, antes de acostarse, durante una semana. Especialmente en semanas como ésta tan pesadas y tan plomizas. Acabar el día compartiéndolo con John en su taller de dibujo, en su casa en una isla tropical, con su música, sus colores, sus ideas extravagantes y divertidas (hacía tiempo que no me reía de alguien y con alguien como cuando John encuentra una rama y la convierte en la trompa de un elefante) es relajante y muy recomendable. John dirige estos mini episodios y aprovecha cada uno para mostrarnos sus preciosas acuarelas naif y vitales y contarnos una historia, una anécdota de su vida, casi una fábula, siempre acompañado de las dos risueñas señoras que se ocupan de él en esa isla paradisiaca. Painting with John es la mejor pastilla para dormir feliz. ¡Ah! y no dejen de ver los créditos finales de cada capítulo donde aparecen dibujos y pinturas de John que nos cuentan otra historia a modo de bonus especial.

 


Segunda rareza: Lo que el pulpo me enseñó. Netflix

Antes que nada hay que aclarar que el título debería ser: Lo que la pulpa me enseñó, porque el protagonista de esta extraordinaria amistad que ha ganado con toda justicia el Oscar al Mejor Documental, es un pulpo hembra tan cariñoso, fiel y entrañable como un perro o un gato, aunque diferente, porque no depende de nadie para subsistir y se entrega al baile y los juegos sin recibir nada a cambio. Vimos el documental el domingo por la tarde por recomendación de un amigo. La verdad es que ni el título ni la imagen promocional me habían llamado la atención, pero este amigo nos habló con tal entusiasmo de él que nos despertó la curiosidad. Se lo agradezco porque fue una experiencia relajante, dulce, feliz y un poco triste. Cuenta la extraña amistad, yo diría amor, que surge entre Craig Foster, cámara de documentales, y una pulpa que encuentra en un bosque de algas en los fondos marinos de la costa de Sudáfrica. Foster sufría una cierta depresión, o cansancio profesional, cuando comenzó a bucear en sus aguas. Fue así como conoció a su futura amiga y sus efectos beneficiosos. El primero, despertarle de nuevo las ganas de filmar. Durante un año entero, Foster bajó todos los días al fondo del mar con sus cámaras y exploró el comportamiento de este ser misterioso y amable, procurando no interferir en su vida. Ni siquiera cuando sufre un ataque inesperado, ante el que la pulpa nos da una lección de supervivencia.  Todo está contado por un emocionado Foster cuando recuerda los pasos de esa amistad inesperada. Si los límites entre la ficción y el documental cada día son menos claros (esta es una historia antes que un documento) Lo que el pulpo me enseñó nos demuestra también que los límites de interrelación con los animales no deben constreñirse a los animales terrestres y mamíferos con los que tenemos innumerables conexiones. También se pueden extender a otros seres como este cefalópodo invertebrado de ocho patas que parece un alien bondadoso. Al ver el momento miguelangeliano en que un tentáculo del animal toca suavemente la punta del dedo de Foster, estableciendo contacto por primera vez, reconozco que me emocioné. Si un pulpo y un ser humano pueden conectar entre sí de esta manera, ¿por qué los seres humanos no somos capaces de hacerlo entre nosotros? Lo que el pulpo me ha enseñado es a no tener miedo a los sentimientos, no temer a lo desconocido y no tener prejuicios. Un raro regalo.

 


Tercera rareza: ALMACEN, Almacén, Filmin

El almacén repetido que da nombre a este corto documental de 23 minutos, dirigido por Augusto M. Torres, es el del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, mejor dicho, la exposición montada por María Bolaños, su directora, bajo el titulo de Almacén. El lugar de los invisibles. La gracia de la exposición y del documental, es la de mostrar aquellas obras que normalmente no se ven y pasan su vida acumulando polvo en los almacenes de los museos. Obras que no son de grandes maestros, muchas de ellas anónimas, a las que esta exposición dotó de vida mostrándolas agrupadas en pequeños relatos, enseñando la parte oculta, la que siempre queda detrás, el vacio de la escultura que dice tanto como su fachada pintada. Son estatuas religiosas, en su mayoría santos y cristos y vírgenes, a los que se da un nuevo sentido al enlazarlos entre sí en un nuevo contexto. Estas estatuas, muchas de ellas fragmentos de pasos de semana santa dominados por los grandes maestros, forman parte de esa religión atemorizadora con la que la Iglesia(s) controla a la gente en épocas oscuras. “Las casi trescientas obras expuestas forman una conmovedora asamblea que, al salir al paso del visitante, con sus gestos llenos de vida, pierden su condición inerte y se convierten en humanos reales, inmóviles pero vivos, que cuentan, cada uno a su modo, una historia distinta.” Esta frase de presentación del documental me recordó uno de mis momentos personales de terror. Fue durante una Semana de Cine de Valladolid de hace muchísimos años. Una mañana helada de noviembre fui al viejo museo de los pasos de semana santa (supongo que incorporados al museo actual) y lo visité completamente sola. Pasear por esas salas vacías de seres humano y llenas de dolientes figuras, fue algo que aun me provoca un escalofrío. Escribí de ello en el libro de los festivales: “…ese frío noviembre me acerqué al Museo Nacional de Escultura a ver las obras de Berruguete Juan de Juni y Gregorio Fernández. Era una mañana helada y oscura y en el Museo no había nadie. Pasé un miedo atroz contemplando aquellos hombres maltratados. Muchos años después, cuando vi la película de Mel Gibson, La Pasión de Cristo, me acordé de aquel Museo y de aquel Valladolid. Tengo que agradecerle a Augusto y sobre todo a María Bolaños, que con esta exposición en la que las esculturas, sin perder su halo de misterio y de terror, hablan entre sí y con el que las mira de una manera amable y cómplice, me haya permitido exorcizar un poco el recuerdo tenebroso de mi visita al Museo. Lo único que siento es no haber podido ver la exposición, pero bueno, ahí está el documental.

 

El regalo de esta semana es un cuadro raro, pero muy hermoso, de la época abstracta de Ramon.

 


 

 

 

sábado, 24 de abril de 2021

MAFIAS

 

En esta semana de primavera las mafias han estado muy presentes. Mafias del fútbol que se revuelven para seguir manteniendo su estructura de poder, manipulación y dinero como sea (véase todo lo referente a la Superliga). Mafias políticas que luchan por colocar a todos sus conseglieres en los puestos de poder sin importarles en absoluto ni los que les votaron ni los que no les votaron (no hace falta decir de quién estoy hablando). Mafias familiares que parece que por fin van a tener que dar la cara en un juzgado (las últimas informaciones del padrino Pujol y su familia). Mafias amenazantes que envían cartas anónimas con balas, (esta sin duda es la peor manifestación de las mafias de esta semana, la más despreciable). Mafias por todas partes.

Y mafias en el cine, aunque la verdad es que no tan peligrosas como cualquiera de las que he citado en el párrafo anterior. Más bien, mafia con minúscula, casera, de barrio. Estoy hablando de Mamá María, la película de Jean-Paul Salomé protagonizada por Isabelle Huppert que se pudo ver en el BCN Film Fest.

 


(Isabelle Huppert mira al cielo, Jean-Paul Salomé mira a Isabelle y Contxita Casanova mira al frente)

Mamá Maria es la adaptación de una novela de Hannelore Cayre que en España se ha publicado como La Madrina, traducción más o menos fiel de La Daronne, la madre, la jefa. La verdad es que me gusta más el título de la película que el de la novela. La madrina implica controlar una organización que la reconoce como pináculo de una pirámide de poder. No es el caso de esta Mamá María que es el centro de una organización unipersonal, ella, con dos aprendices de sicario que más parecen los Dupont, Dupond de Tin Tin que auténticos malvados de cine negro. La historia pasa en París, en un barrio nada marginal, multicultural, en el que conviven marroquíes, argelinos, chinos, franceses, en una mezcla enriquecedora. La protagonista se llama Patience, Paciencia, un buen nombre para una mujer que nunca pierde los nervios. Trabaja como traductora del árabe para la policía judicial y desde esa posición descubre una puerta por donde colarse para conseguir arreglar un poco su situación financiera. Patience se disfraza de Daronne para desespero de sus compañeros en la policía, que no saben de dónde ha salido esa misteriosa mujer, perseguida tanto por sus colegas como por varios traficantes a los que ha robado impunemente una tonelada y media de esa maría que le da nombre. Lo mejor de esta historia es la complicidad que se establece entre tres mujeres aparentemente muy distintas y distantes: Patience, Kadidja, la enfermera árabe que cuida de su madre en una residencia y Colette Fo la casera china del edificio donde vive. Entre las tres, acabarán por controlar no uno sino varios negocios no precisamente legales de una manera muy poco convencional. Que Isabelle Huppert tenía un don para la comedia lo sabíamos desde sus colaboraciones con Claude Chabrol, al que por cierto, esta película habría divertido mucho. Pero el humor que flota por encima de esta comedia negra nace del lado busterkeatiano de esta pelirroja que nunca sonríe, que lleva nada más y nada menos que 50 de sus 67 años haciendo cine. Y sigue y seguirá.

 



Dealer Netflix

Tampoco en esta serie de Netflix nos encontramos con un padrino al uso. Ni una serie al uso. Dealer es una serie francesa de diez episodios de 10 minutos cada uno. Pasa en Marsella en un barrio marginal y peligroso al que una mañana llegan un director de cine y un cámara para rodar un videoclip con un rapero que acaba de salir de la cárcel y es el papa maría y caballo y lo que sea, de esa parte de la ciudad. En cuanto ponen los pies en ese territorio comanche, Franck y Thomas descubren que hacer un videoclip con Tony no será nada fácil. Lo que hace que Dealer destaque en medio de una auténtica avalancha de series y films sobre narcos y peleas entre bandas por controlar el espacio urbano, es por un lado el punto de vista y la forma como se cuenta, en capítulos tan cortos que no dan tiempo a los tiempos muertos, narrados con cámara subjetiva, en falsos planos secuencia usando la manera de filmar que hace más de veinte años puso de moda El proyecto de la bruja de Blair. Franck es el que sale en pantalla, a Thomas no lo vemos casi nunca porque es el que filma. Se usan distintas cámaras y se mezclan diferentes formatos, sin abusar de ninguno y sin llegar a caer en el manierismo gracias a la corta duración de los capítulos. Dealer es una serie, si, pero conviene verla toda seguida como una película fragmentada. La combinación de ambición de poder y fama de Tony, el dealer, y de fama y prestigio de Franck, el realizador, arrastrarán a todos en una espiral de violencia tarantiniana pero modesta. Aunque son más duros que Mamá María, estos narcos no dejan de ser mafiosos de barrio, mucho menos peligrosos que los mafiosos que nos han acompañado estos días.

 



El regalo de esta semana no es un cuadro de Ramon. Es una foto que me ha emocionado y me ha hecho confiar en el futuro, cosa que no me sucedía desde hace mucho tiempo. Es la foto de la sombra del pequeño helicóptero Ingenuity que ha sobrevolado Marte en un hito histórico de enormes consecuencias aunque no lo pueda parecer por su brevedad, duró menos de un minuto, y su aparente falta de espectacularidad. Esta sombra sobre el planeta rojo abre infinitas posibilidades de conocer otros mundos que por fuerza la humanidad tiene que explorar si quiere sobrevivir. Agotada la ruta hacia el oeste, emprendida desde los tiempos de la prehistoria, y la historia más lejana (de China a Mesopotamia, de Mesopotamia a Egipto, de Egipto a Grecia, de Grecia a Roma, de Roma a los imperios renacentistas, de estos a Estados Unidos y de Estados Unidos de nuevo a China, cerrando el círculo), el único camino que le queda a la humanidad es el de salir al exterior, buscar un nuevo Go West en las estrellas. Y esta pequeña libélula sobre un terreno desconocido, es seguramente el primer gran paso para conseguirlo. Un pequeño vuelo para el Ingenuity, un gran vuelo para el ser humano.

viernes, 16 de abril de 2021

PROMETEDORAS


En la vida hay cosas prometedoras. Cosas buenas que acaban haciéndote el día a día mucho más llevadero. A veces son cosas pequeñas, una flor nueva en una planta, comer con un amigo aunque sea con hora de salida (en Catalunya los restaurantes siguen cerrando a las cinco de la tarde) o que te pongan la vacuna. Bueno, la verdad es que esto último, además de prometedor no es precisamente pequeño, más bien es grande. Porque que te pongan la vacuna contribuye a que la pesadilla en la que vivimos y a la que por desgracias nos hemos acostumbrado, tenga un posible final. No, no es una cosa pequeña que te vacunen. Y por eso esta semana estoy contenta y prometedora, porque en casa ya nos han vacunado a cuatro de los seis que vivimos. Los dos que faltan corresponden a esa franja maldita que era demasiado mayor para tener una vacuna hace un tiempo y ahora son demasiado pequeños para que les pongan la otra. Pero se la pondrán, seguro.

Todo esto de las cosas prometedoras viene a cuento del estreno esta semana de una película estupenda. Se llama Una joven prometedora, y ha servido para inaugurar el BCN Film Fest que promete cine y alegría durante una semana, poco antes de dar paso al otro gran festival de la primavera cinematográfica barcelonesa el D’A Film Fest que empieza el 29 de abril. Promesa casi cumplida de volver a las salas, con todas las restricciones debidas a la que me sumo con mucha más tranquilidad. El pinchazo en mi brazo izquierdo me da una seguridad añadida.

 


(me encanta esta imagen de Emerald Fennell)

Una joven prometedora

Una joven prometedora es una película entretenida, brillante, inteligente. La joven prometedora es Cassie, la estupenda Carey Mulligan a la que vimos hace poco en La excavación en un personaje muy diferente del que asume en esta historia. Cassie era una joven prometedora, brillante estudiante de medicina, que por culpa de un hecho traumático abandonó ese futuro. Tiene 30 años, vive con sus padres y trabaja en un café. Pero Cassie tiene un propósito que la lleva a mantener una doble vida. La primera vez que la vemos está sentada, o más bien derrengada y borracha en un sofá de color rojo donde destaca su rubio cabello y su frágil figura vestida con un traje de chaqueta negro. Un grupo de jóvenes la mira y hacen comentarios sobre su estado. Uno de ellos se acerca a ayudarla. Hasta aquí cuento porque vale la pena ir descubriendo los cómos y porqués de todo lo que pasa y le pasa a Cassie. Lo que sí puedo y quiero destacar es la espléndida puesta en escena de esta historia más o menos conocida, más o menos previsible, más o menos compartible. No me extrañó que fuera tan buena cuando descubrí que la directora era mucho más que una joven prometedora. Era una realidad completa. Se llama Emerald Fennell y los que han visto The Crown la pueden recordar como la eterna novia del príncipe Carlos, Camilla Parker Bowles. Pero lo que da más pistas para entender su debut en el largo es que Esmeralda es la guionista de la segunda temporada de Killing Eve. Si conocen la serie, reconocerán en Cassie muchos rasgos de las dos protagonistas; los que no la han visto (aprovecho para volver a recomendarla) descubrirán en Villanelle algunas cosas de Cassie. La manera como Esmeralda encuadra a Cassie casi siempre en el centro del plano tanto en una vida como en otra; los colores con los que la viste: la buena, o mejor dicho la apagada de la vida diaria siempre en tonos pasteles, con vestidos de florecitas y lazos en el pelo; la mala de la noche siempre con trajes de chaqueta negros y pelo recogido, son elementos que cuentan mucho del personaje. Una joven prometedora promete entretener, promete una historia de amor, promete una venganza, promete una polémica, promete hacernos pensar y mirar a nuestro alrededor de otra manera. Y todo lo que promete lo da.

 

Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan

El otro buen estreno de la semana es un documental que también promete lo que nos da. Se titula Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan. Está producido por Johnny Depp y fue uno de los grandes éxitos del pasado Festival de San Sebastián. Mientras la veía, pensaba que este retrato de un cantante irlandés y su banda haría un buen programa doble con Otra ronda. Shane MacGowan es un ejemplo viviente de lo que se cuenta en el film de Vinterberg: el alcohol ayuda a la creación. Aunque pasa facturas, como la pasa el consumo de drogas (ahí está Miguel Bosé para demostrarlo públicamente). Pero Shane, a pesar de haber pagado esas consecuencias, sigue siendo un personaje interesante, irónico, lúcido, brillante y su carrera al frente del grupo The Pogues, una de las más estimulantes en la difícil fusión de música popular irlandesa y la poesía punk más dura. Dirigido por Julian Temple, el film combina animaciones, entrevistas, cervezas, whiskies, diálogos, canciones, y un inédito material de archivo personal y de conciertos de este especial y único duende que se erige en el guardián de la olla de oro de los cuentos tradicionales irlandeses. El documental tiene tres efectos colaterales: te despierta las ganas de tomarte una copa nada más salir (como el film de Vinterberg), corres a escuchar canciones de Shane MacGowan y The Pogues y te planteas encontrar una edición del libro The Keeper Of The Crock Of Gold: Irish Leprechaun Tales. Tres cosas prometedoras.

El regalo de esta semana es un cuadro prometedor



sábado, 10 de abril de 2021

NÓRDICOS


 


Es un hecho incuestionable que el cine y las series que se producen en el norte de Europa son muy buenas. No hace falta remontarse a Bergman o Dreyer para saberlo. Basta con dar una mirada a los reinos del norte, monarquías parlamentarias que gozan de una saludable vida democrática, solo teñida por los rigores que el clima impone a sus habitantes, para darse cuenta que Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia están en la vanguardia de la creación de estos últimos años. Esta semana en la que se estrena una gran película danesa, me he permitido ampliar el arco a los cuatro reinos y hablar de una serie noruega, otra finlandesa y un libro sueco. Disfrútenlos acompañados, si es posible, de un buen aquavit, es decir un buena agua de vida. 


Dinamarca. Otra ronda, de Thomas Vinterberg

El ex niño prodigio del Dogma 95, aquella famosa escuela de naturalismo cinematográfico que se sacó de la manga Lars Von Trier a mediados de los noventa, consiguió librarse de la tiranía dogmática y ha construido una filmografía variada y muy personal. Si su carrera comenzó con una “celebración” en 1998, veinte años después ha decidido permitirse una nueva fiesta con esta ronda de alcohol que lo que quiere es celebrar la vida y la creatividad. Seguramente para muchos puede ser una provocación hacer un film en el que se afirma que la creatividad está directamente unida a la tasa de alcohol en sangre. Aunque no es exactamente esto lo que se dice. Partiendo de una teoría que sostiene que el hombre nace con un déficit de alcohol en sangre del 0.05% y fijándose en el hecho incuestionable de que muchos de los grandes escritores, pintores, cineastas han sido alcohólicos declarados, Otra ronda se sumerge en la vida de cuatro profesores de instituto, en la cuarentena, cansados de su vida, sin ilusiones ni aspiraciones, que deciden probar que pasa si ponen en práctica la teoría noruega. Y lo que pasa es una auténtica liberación: vuelven a vivir, vuelven a ser, vuelven a sentir. Una celebración en toda regla. Pero Vinterberg no es un irresponsable y sabe que no todo es luz en el paraíso del alcohólico y no duda en mostrar las consecuencias de un abuso incontrolado. Pero sin moralismo, sin culpa, sin miedo. Otra ronda es un film liberador que permite pensar en la bebida y en la vida, dejando a los individuos la capacidad de decidir cuando, como y cuánto deben beber. Pero nunca dando lecciones ni propagando miedos y represiones. Si la van a ver, al salir, vayan a un bar (si hay alguno abierto, claro) y tómense una copa de vino o de lo que sea. Vale la pena.

 



Noruega: Wisting, Movistar

Noruega es una gran productora de series. Casi todas se pueden enmarcar en el género de cine negro, ya sea en su vertiente económica de crítica al gran capitalismo, ya sea en la criminal. Wisting pertenece a la criminal. Wisting es un comisario de policía más bien aburrido, que se ve envuelto en un caso especial en el que debe colaborar con una agente del FBI. Todo empieza con la aparición de un cadáver con las características de un asesino en serie norteamericano buscado por el FBI. La nieve, el frío, la oscuridad los tonos azules, todo eso está presente en esta serie basada en un ciclo de novelas que no conozco escritas por Jørn Lier Horst. William Wisting es un hombre normal, viudo, con una hija periodista y un hijo que vive lejos, no tiene grandes problemas emocionales a diferencia de otros detectives nórdicos. Wisting podría ser una más de las mucha series sobre crímenes que llenan las plataformas, pero lo que la hace distinta es el ritmo que nace del contraste entre los métodos de investigación de Wisting y los de la agente del FBI que llega a la pequeña ciudad de Larvik para intentar averiguar si ese asesino noruego es el mismo que dejó una huella sangrienta en Estados Unidos. La serie da varios giros que obligan a querer saber más, no todo es fácil para el comisario. La verdad es que después de verla me han entrado ganas de leer las novelas. Solo hay dos traducidas, Cerrado en invierno y Perros de caza. Las buscaré.

 



Suecia: 1793, libro de Niklas Natt Och Dag

Descubrí este libro en un artículo de Marius Carol en La Vanguardia, donde en realidad hablaba de 1794. Me llamó la atención y cuando lo fui a comprar me sugirieron que primero leyera 1793. Ha sido un pequeño o gran descubrimiento. Después de leerlo, he averiguado que los libros de este autor de nombre tan sonoro, se llama Nicolás Noche y Día, son auténticos best sellers internacionales y que fue uno de los visitantes de BCNegra el año pasado. Ambientado en el Estocolmo de los tiempos post Revolución Francesa, se trata de una intriga criminal a la que se enfrentan dos personajes muy peculiares. Un inteligente abogado tuberculoso y casi moribundo y un ex soldado manco de las campañas rusas con el que establece una extraña y muy atractiva alianza. El título hace referencia al año en el que transcurre la historia, empezando por el otoño de 1793, para remontarse al verano, luego la primavera y finalmente el otoño. Esta estructura permite ir trazando una macabra historia a partir de la aparición de un cadáver mutilado en las aguas de un lago de la ciudad. Estocolmo tiene un gran protagonismo en esta investigación llena de giros inesperados, pistas falsas y olores nauseabundos. El autor no elude las descripciones siniestras ni las situaciones más crueles, pero lo hace de una manera justificada en un contexto de miseria y podredumbre. En realidad no puedes dejar de leerlo, quieres saber más, averiguar quién fue ese pobre adolescente de largos cabellos rubios que apareció en el lago, creer que Cecil Winge vencerá su enfermedad y que Mickel Cardell logrará encontrar la paz. 1793 es un libro que remite a Los miserables, a Sade, a las pinturas negras de Goya, pero sin moralismos innecesarios. Invita a imaginar y a visualizar la maldad y la crueldad de una época donde el sadismo era moneda de cambio habitual. Me extraña que no hayan hecho una serie basada en el libro. Aunque la verdad, veo en él una corriente de ida y vuelta. Intuyo que Niklas Natt och Dag es un consumidor ávido de series negras nórdicas y creo notar su influencia en sus páginas. Aunque él confesaba en una entrevista en Barcelona que la inspiración la encontró en las canciones de Carl Michael Bellman, un compositor y poeta sueco del siglo XVIII que retrataba Estocolmo y sus habitantes. De hecho, 1793 es la primera entrega de lo que su autor llama La Trilogía de Bellman. Estoy desando leer las siguientes 1794 y 1795.

 



Finlandia: Shadow Lines Filmin

Estamos acostumbrados a ver el cine finlandés a través de la óptica de Aki Kaurismaki (un director que podría hacer buenas migas con los cuatro profesores de Otra ronda). Pero en ese pequeño y lejano país tan cercano a la Rusia del zar, de Stalin y de Putin, hay muchas más historias. Una de ellas es la que cuenta esta serie de 10 capítulos ambientada en 1955, en plena guerra fría. Las luchas entre Moscú y Washington tuvieron en la helada Helsinki un escenario de primer orden. Americanos y rusos querían controlar Finlandia, un país de enorme importancia estratégica. Juguetes en manos de las dos potencias, The Fist, (El Puño) una organización de espías finlandesa, intenta mantener la independencia de su país sin dejarse avasallar ni por el KGB ni por la CIA, ambos dispuestos a conseguir el poder de la neutral Finlandia manipulando los candidatos a la presidencia favorables a uno y otro bando (lo que le da a esta serie una extraña actualidad). En medio de esta batalla, en una ciudad entre el dorado y el azul oscuro, la joven Helena se verá arrastrada en la guerra mientras descubre un secreto de su pasado que pondrá en peligro toda la operación emprendida por la organización. Lejos del cine de espías norteamericano, más cerca del Smiley de Le Carré, pero en un ambiente elegante, estilizado, de humo y de vestidos de satén verde, en la serie se hacen cada vez más evidentes las delgadas líneas de sombra que separan dos mundos, dos realidades, el pasado y el presente. Shadow Lines es diferente en su ritmo, en sus personajes, en su propia relato. Es una oportunidad de descubrir otra manera de acercarse a las historias de siempre.

El regalo de esta semana es un árbol invernal y misterioso que podría estar en cualquiera de los cuatro países nórdicos.

 


sábado, 3 de abril de 2021

CUATRO MUJERES

 

Esta semana de pausa y recogimiento obligado o recomendado, por culpa del bicho que no cesa en su empeño de complicarnos la vida, y mientras esperamos con paciencia que nos llamen o nos digan algo de la vacuna, me he encontrado con cuatro mujeres interesantes. Siempre hay personajes, reales o ficticios, en los que fijarse. Pero estos cuatro, dos inventados, dos  verdaderos, me han acompañado estos días y por eso les quiero dedicar unas líneas.



 

CARRIE MATHISON

Quizás les sorprenda que hable aquí y ahora de Carrie Mathison, la protagonista indiscutible de la serie Homeland que se emite desde el año 2011 y que ahora se puede ver entera en sus ocho temporadas y 96 capítulos en Netflix. Conocimos a Carrie, o al menos yo la conocí, en los tiempos de las series Pepito y compañía, casi en otra era geológica de la televisión y de la vida, cuando aún no había plataformas y cuando el bicho no nos había convertido en serie adictos. Homeland era una serie distinta y también Carrie, interpretada por Claire Danes, era una protagonista distinta. De entrada Carrie es bipolar, es decir está un tanto desequilibrada lo que la hace altamente inestable para su trabajo de espía de la CIA, aunque probablemente por eso mismo, es tremendamente buena en su trabajo. Carrie es un personaje enfadado, desagradable, incapaz de sentir empatía por nadie. Carrie no cae bien ni a sus amigos. Su falta de escrúpulos y conciencia de la realidad la lleva a atreverse con situaciones que otros, más sensatos que ella, se lo pensarían dos veces. Vimos seguidas las cinco primeras temporadas, la sexta tardé un poco en verla y no me gustó. Pero hace unos días, casi por un error, empecé a verla de nuevo y me enganché de lleno a la séptima y la octava y última. El tiempo no ha pasado en vano. Los enemigos han evolucionado, siguen siendo los yihadistas, pero ahora se fijan mas en sus amigos los rusos que pasan a primer plano en una guerra que implica fake news y maniobras de desestabilización del gobierno de Estados Unidos. Homeland se adapta a los tiempos de Trump y al nuevo protagonismo de la Rusia de Putin en una guerra fría casi congelada. Carrie sigue siendo bipolar, desagradable, tenaz, inteligente. Carrie es adictiva, la puedes entender, pero no la puedes querer; la puedes detestar, pero no puedes dejar de verla. ¡Menos mal que ahí está Saul Berenson para compensar todo lo que ella no nos puede dar!

 



MARILLA CUTHBERT

Al contrario de Carrie, el nombre de Marilla Cuthbert probablemente no signifique nada para la mayoría de la gente. Marilla Cuthert es una de las protagonistas principales de una serie de Netflix que se llama Anne With an E. Anne es desde luego el personaje principal de las tres temporadas que adaptan el primer libro de la serie Anne de la Tejas Verdes, de la canadiense Lucy Maud Montgomery, publicado en 1908 recogiendo la herencia de Louise May Alcott y sus mujercitas, a la vez que se convertía en la principal inspiración de Pollyanna, el libro que en 1913 escribió Eleanor H. Porter. Anne tiene 13 años, es flaca, pelirroja, llena de pecas y es huérfana. La historia empieza cuando por una equivocación, Anne llega a la granja Las Tejas Verdes, donde viven los hermanos Matthew y Marilla Cuthbert, dos solterones que verán su vida completamente trastocada con la llegada de esa niña que no para de hablar y de hacer cosas inesperadas. Pero no es Anne, un tanto insufrible a veces, el personaje que más me ha gustado. Para mí, la serie y la historia la roba en cada escena el personaje de Marilla que hace Geraldine James, una actriz que a pesar de su larga carrera, no recuerdo haber visto antes. Marilla es una mujer sensata, tranquila, con la vida establecida y unas normas muy claras. Por eso mismo su personaje es el que más cambia. A lo largo de las tres temporadas de la serie, Marilla se va llenando de luz y de ternura. A medida que conoce y aprende a querer a Anne, descubre un mundo nuevo que tenía allí, justo al lado y poco a poco se da cuenta de que su vida no ha sido inútil del todo, se da cuenta que no haberse casado y no tener hijos, no es una tragedia; que el vínculo que tiene con su hermano es mucho más fuerte que muchos matrimonios; que la vida puede estar llena de cosas, pasteles de ciruela, gentes distintas; que la modernidad no es una amenaza y que ser diferente no es un problema. Marilla me parece adorable. Y si ella piensa que vivir con una Anne con E es mucho mejor, yo pienso que vivir con una Marilla cerca debe ser estupendo. 

 



NEVENKA FERNÁNDEZ

Nevenka Fernández no es una invención, es una persona real que da nombre a una miniserie de tres capítulos en Netflix. Producida por Ana Pastor y dirigida por Maribel Sánchez Maroto, una periodista de largo recorrido, Nevenka se enfrenta a la cámara mirándonos directamente a los ojos para contarnos su historia. Y su historia es terrible y ejemplar. Su historia es la de muchas mujeres a lo largo del tiempo. Solo que la suya, saltó a las primeras planas cuando en el año 2001 Nevenka Fernández decidió denunciar al alcalde de Ponferrada por acoso sexual, en la que fue la primera denuncia de este tipo en España muchos años antes del Me Too. En 1999, a los 24 años, una joven y guapa Nevenka fue elegida concejala por el PP en el ayuntamiento de Ponferrada. Durante dos años vivió, primero con ilusión y muy pronto con decepción y miedo, el abuso por parte del alcalde todopoderoso de la ciudad. Cuando ella decidió acabar con la relación que mantenía con él, el alcalde se dedicó a martirizarla de todas las maneras posibles. Cansada, agotada, atemorizada, Nevenka le denunció y le llevó a juicio. Nevenka ganó el juicio penal en el año 2002, pero el juicio paralelo de la calle y la sociedad la condenó sin paliativos. Se marchó de Ponferrada, se marchó de España, intentó rehacer su vida. Ahora, casi 20 años después y arropada por las corrientes del Me Too, ha decidido contar su historia. El resultado es un documental sobrio que nunca cae en el sensacionalismo. Está muy bien documentado, con aportaciones de personas que jugaron un papel importante en el proceso. Todo ilustrado con el mucho material audiovisual que se conserva, ordenado de una forma cronológica, comentado por una Nevenka, nerviosa al principio, más segura a medida que avanza el relato ante la cámara. Este es un documental periodístico, informativo, riguroso que da la palabra a la protagonista y expone los hechos de una manera objetiva. Pero es tan potente y por desgracia tan común lo que cuenta, que se convierte poco a poco en algo imprescindible. Los tres episodios son casi como una película, juntos no llegan a las dos horas. Vale la pena verlos y sobre todo, vale la pena reflexionar sobre las nevenkas que cada día pasan por lo mismo que pasó ella.

 



SIMONE SIGNORET

Una de esas coincidencias curiosas ha hecho que leyera el libro de memorias de Simone Signoret La nostalgia no es lo que era, casi al mismo tiempo que se cumplía el centenario de su nacimiento el 25 de marzo. Para los más jóvenes, el nombre de Simone Signoret probablemente no signifique nada. Los que tengan más de 50 años, quizás la asocien a una película que es un clásico, Las diabólicas, de Georges Clouzot. Los más viejos, la recordaran como la presencia deslumbrante y luminosa de Casque d’ Or de Jacques Becker. Y a lo mejor, algunos asociaran su nombre al de Yves Montand, el hombre con el que compartió su vida desde 1951 hasta su muerte en 1985, a la edad de 64 años. La nostalgia no es lo que era es un libro escrito en 1976 con la colaboración de un periodista que quería hacer una entrevista/biografía con ella y se encontró con una mujer que escribía mejor que él, por lo que le cedió la página en blanco para que Simone nos contara su vida y de paso deshiciera algunos lugares comunes que la acompañaron en su trayectoria. Simone tenía 18 años cuando empezó la segunda guerra mundial y trabajaba en una revista colaboracionista en París, Primera desmitificación de su libro: no todos los franceses eran de la resistencia y durante la ocupación alemana se vivía bastante bien en la capital- De hecho, ella misma lo dice. “Yo nací, o, más bien, la que soy hoy, es alguien que nació una noche de marzo de 1941 en un taburete del Café de Flore, Boulevard Saint Germain, París 8”. Tenía 20 años, y su vida cambió cuando empezó a trabajar, por casualidad en los estudios de cine donde conoció a su primer compañero, el director Yves Allégret con el que tendría una hija, Catherine. En 1949 Simone conoció a Montand, “una noche de agosto en el bar de la Colombe d’or en Saint Paul de Vence. Desde ese momento sus vidas estuvieron entrelazadas en lo personal, lo profesional y lo político. Segunda gran desmitificación: a pesar de estar vetados por Estados Unidos por haber firmado el Manifiesto de Estocolmo contra las armas nucleares, ninguno de los dos fue nunca miembro del Partido Comunista. Una gira inoportuna y muy conflictiva en 1956/57 por Rusia y los países de la Europa del Este, les permitió comprobar de primera mano que el comunismo no era precisamente el paraíso que gentes como el poeta Aragon querían hacer creer en Francia. Cuando pudieron ir a América, a Simone le gustó mucho más que Rusia. Conoció un país en el que existía la libertad de disentir. Le enamoró Nueva York, donde vio el grafitti que da título a sus memorias y vivió en Los Ángeles haciendo cine en un Hollywood que la recompensó con un Oscar a la Mejor Actriz. La tercera gran desmitificación de éstas estupendas y divertidas memorias que son una lección de historia y de cine, es la de Mayo del 68. Simone no estuvo en Paris, no vivió la revuelta en directo sino desde lejos, en la Costa Azul donde estaba trabajando. Seis años después cuando escribe estas memorias afirma: “Si me perdí ciertos actos, por otro lado evité muchas posibles tonterías que a buen seguro hubiera cometido.” Todo esto no impide que tanto ella como Montand fueran activista de la libertad toda su vida. Tampoco hace olvidar sus inolvidables trabajos en el cine. Y sobre todo nos acerca a una mujer extraordinaria. El libro acaba con unas palabras que me gustan mucho: “Cuando se cuenta, se usurpa la memoria de los otros. Por el solo hecho de estar ahí, se les roba su memoria, sus recuerdos, sus nostalgias, sus verdades. Cuando digo “nosotros” he tomado posesión. Pero solo para el relato. Mi memoria o mi nostalgia me han hecho tejer hilos. Pero no forjar cadenas.”

 


El libro de Simone Signoret me lo regaló mi amiga Elena. Es una edición de 1983, que tenía su madre. Por eso me ha parecido oportuno que el regalo de esta semana sea el precioso retrato que le hizo Ramon hace unos años.