Ruega por nosotras, Daniel Monzón
¿Puede
la transmisión de la palabra restituir una memoria olvidada? ¿Puede romper con
el silencio perpetuado entre generaciones? Con 17 años, Mariona fue detenida e
internada en un correccional del Patronato de Protección a la Mujer,
institución dedicada a “regenerar a mujeres caídas” durante el franquismo y los
primeros años de democracia. En el 2023, ella y su hija tratan de recomponer
las piezas y vacíos de esta historia. (El buits, Sofia Esteve, Isa Luengo, Marina Freixa Roca, 2024)
Año
1974. Ana es una chica rebelde de 19 años. Tras una fuga nocturna, su padre
decide ponerla en manos del Patronato de Protección a la Mujer. Es trasladada
de Barcelona a Madrid para ser internada en un reformatorio regentado por
monjas y sometida a un brutal régimen disciplinario. Allí tratará de sobrevivir
buscando consuelo y apoyo en la amistad con Sole, una chica de pueblo con una
vitalidad contagiosa, y otras chicas que están en su misma situación. (Ruega
por nosotras, Daniel Monzón, 2026)
Estos dos argumentos se parecen
mucho, pero hay una diferencia: Mariona es real, es una mujer que vivió este
encierro y sobrevivió para contarlo a su hija en un corto imprescindible: Els buits. Ana es ficción, vive el mismo
encierro y también sobrevive para
contarlo en un film importante, Ruega por
nosotras. Son dos caras de la misma moneda: la denuncia de la violencia y
brutalidad permitida en una institución que nunca debió existir, pero sobre
todo, nunca debió sobrevivir en una democracia. Porque el Patronato funcionó
hasta 1985.
Entre el corto de Isa Luengo,
Sofía Esteve y Marina Freixa Roca y la película de Daniel Monzón, hay un hilo
de conexión que potencia uno al otro. Lo curioso es que ambos se gestaron en
paralelo. Monzón descubrió la existencia de este siniestro organismo en 2019
gracias a un artículo en la prensa y así descubrió que uno de esos centros de
internamiento estaba muy cerca de su casa. Mientras él disfrutaba de la recién
adquirida libertad en las calles, aun había chicas allí encerradas. Esto le
llevó a pensar en una historia. Un poco más tarde, después de la pandemia, Isa
y Sofía investigaban para un corto sobre disidencias sexuales en el franquismo
y llegaron al Patronato: “Gracias a los artículos que publicó Lucas Platero, accedemos
a todo el trabajo de investigación que habían tratado este tema antes que
nosotras, Lucas Platero y Matilde Albarracín. Pero queremos saber más y así
encontramos a otra investigadora, Consuelo García del Cid, que es la que tiene
más libros sobre la institución. Consuelo es una periodista que también estuvo
encerrada en el Patronato. Nos compramos todos sus libros y empezamos a
entender lo que fue el Patronato de Protección a la Mujer, una institución que
represalió a las mujeres por razones morales durante más de cuarenta años. Y,
un día, hablando con Marina, nos dice "mi madre estuvo encerrada
allí". Estaba claro que no podíamos no hacerlo” (1)
Consuelo García Cid es el otro
gran vínculo entre corto y largo. Marina lo explica hablando de su madre: “Yo
creo que ella, hasta que no leyó los libros de Consuelo en el año 2011 o 2012,
tampoco era consciente de dónde había estado, ni qué era esa institución. Tu
cabeza se esfuerza en borrar cosas. A partir de saber que existen estos libros,
empieza a darse cuenta de que no está sola, que lo mismo les pasaba a otras
chicas y una de ellas había sido capaz de convertirlo en un relato, un libro.
Este era uno de los puntos de partida de la película, la necesidad de la
transmisión de las historias.” También es ese uno de los objetivos de Ruega por nosotras, que toma su título
precisamente de un libro de Consuelo García Cid: no permitir que se olvide una
parte de memoria escondida.
Marina pone en palabras algo
que Ana vive en la ficción: Dice Marina: “Mi madre nunca me dejaba ir a dormir
a casa de mis abuelos, el 25 de diciembre tocaba darle dos besos al abuelo y a
la abuela, pero no tenía una relación de cariño con ellos. Mi madre siempre ha
tenido mucha alergia a la cuestión religiosa y mis abuelos eran muy religiosos.
Ella los quería y los cuidó, pero siempre nos decía: cuidado con los abuelos,
ponía distancia con ellos. Es una familia donde han pasado muchas historias muy
duras y nadie las ha mirado de frente nunca. No se han reparado estas heridas.”
Esta es otra gran lección de Els buits
y Ruega por nosotras, el franquismo
empezaba en las casas, en la represión, el control enfermizo de los padre como
dueños de las vidas de sus hijas. Una violencia invisible, pero absolutamente
destructiva.
Una de las claves de porque
estos dos films de distinto formato funcionan tan bien es precisamente porque
ambos ponen en evidencia que no están hablando de algo lejano en el tiempo: “A
nosotras, nos impactó mucho el hecho de que era la madre de Marina, no su
abuela. De repente, el franquismo no era una cuestión de abuelos y abuelas,
sino una cuestión de padres y madres. Es más fácil hablar de lo que pasó hace
setenta años que hace treinta. Es sólo una generación.” También Ana y Sole, las
dos protagonistas de Ruega por nosotras
pueden ser las madres de gente que ahora tenga 20 0 25 años. No están tan
lejos.
En las notas que escribí
cuando vi la película de Daniel en el Festival de San Sebastián acababa
diciendo: “Igual que la historia (real) de Mariona, la protagonista de Els buits, acabó bien, también la
historia de Ana y Sole (ficticia) acaba bien. Algo que le agradezco mucho a
Daniel Monzón es que no caiga nunca en la sordidez y que les dé una salida
positiva a sus protagonistas. Estupenda.”
El corto Els buits se puede ver en Filmin, la película de Daniel Monzón se
estrena esta semana. Una interesante manera de acercarse a ella es ver antes (o
después) el corto de Isa, Sofía y Marina. La ficción se hace de repente real. Y
golpea con más potencia.
(1) Todas
las declaraciones de Sofía Esteve, Isa Luengo y Marina Freixa Roca están sacadas
de la entrevista publicada en Filmtopia
el 6 de febrero del 2025.
¡Felicidades
Cristina!
A veces la vida te da alegrías
inesperadas. Esta semana Filmtopia ha
recibido un premio al “mejor contenido digital en la prensa en catalán”, por el
artículo De la interpretación a la
creación. Actrices/directoras de ayer y hoy de Daniela Urzola publicado el 26 de marzo de este año. Este
reconocimiento nos llena de satisfacción y estamos muy contentas. El mismo día
que nos lo daban, me enteré de que han concedido el Premio Cervantes a Cristina
Fernández Cubas. Fue una gran sorpresa ver que se premiaba el trabajo de una
escritora singular que ha hecho con el relato corto una literatura de gran
altura. No solo bien escrita, es un placer leer a Cristina, también por la
deslumbrante imaginación de sus historias que encuentran en lo cotidiano lo
fantástico, lo escondido, lo invisible. Los cuentos de Cristina son
inclasificables y fascinantes. Conozco a Cristina desde hace muchos, muchos
años, como lectora, desde 1980 cuando leí Mi
hermana Elba, como amiga poco después, cuando ella y Carlos Trias, su
compañero de vida y viajes, se convirtieron en habituales de las exposiciones
de Ramon y en visitas al estudio. También nos encontrábamos en Negra y Criminal,
la añorada librería de la Barceloneta donde Paco Camarasa y Montse Clavé
ejercían de anfitriones todos los sábados en una fiesta pagana de mejillones y
vino tinto. Cristina estaba ahí, con sus enormes ojos azules y su pelo rojo tan
característico e identificable. Este premio me ha hecho recordar mucho a Jorge
de Cominges, pienso que estaría muy contento de que su amiga Cristina haya
ganado este premio. Como también lo estaría de ver que Enrique Vila Matas, buen
amigo de Cristina, de él y de nosotros en esos lejanos años ochenta, haya
ganado el Premio Nacional de las Letras
Españolas estel mismo año. Los dos premios juntos reconocen a una generación
barcelonesa que creció y se forjó en la creación más independiente en unos
tiempos en que parecía imposible hacerlo (sin ir más lejos, Cristina, Vila
Matas, Jorge, vivíamos nuestra libertad al mismo tiempo que la auténtica
Mariona y la ficticia Ana, estaban encerradas en un claustrofóbica cárcel moral
y física). Aun hay una curiosa coincidencia que explica mucho lo que era esta
ciudad en los años sesenta y setenta: Vila Matas fue redactor jefe de Fotogramas antes de rodar su corto Fin de verano en 1970; le sustituyó
Cristina Fernández Cubas y poco después fue Jorge de Cominges el que tomó el
relevo al frente de la revista dirigida por Elisenda Nadal. El premio a
Cristina me ayuda a recordar el lado luminoso de unos años que eran muy oscuros
para las marionas y las anas que sufrían el calvario de la represión familiar. Volviendo
a Cristina y la actualidad de 2026, los que conozcan sus libros de relatos
cortos (a veces son cuentos, a veces son otra cosa) valorarán más que se le conceda
el Premio Cervantes (cuentista él mismo) por sus cuentos. Los que nunca la
hayan leído, esta es una excelente ocasión para descubrirla y disfrutarla.
El regalo de esta semana es
para Cristina (y para Carlos y Jorge en la memoria)




























