viernes, 15 de mayo de 2026

AMIGOS (SILENCIOSOS)

 


Yo tenia un amigo silencioso, siempre lo tuve. Mi amigo era en realidad una amiga, una jacaranda que mi padre plantó cuando yo nací y que creció conmigo, ella mucho más alta y hermosa con sus flores de color violeta. Esa jacaranda era mi hermana y mi amiga. Me gustaba sentarme apoyada en su tronco y dormitar sintiéndola; me gustaba leer un libro bajo su sombra; me gustaba contarle lo que me pasaba cuando estaba sola. Todo eso forma parte de mi infancia, la que viví en México hasta los 12 años. Cuando vinimos a España, me dolió dejar mi jacaranda. No la volví a ver, porque cuando regresé a la ciudad muchos años después, ya no estaba. En el jardín de casa tenemos una jacaranda preciosa, pero no es mi amiga como lo fue la otra. Nos acompaña y nos regala su hermosa floración en mayo y junio, me gusta mirarla y tocarla, pero no es lo mismo. Tampoco yo soy la misma. En todo caso, toda esta mini confesión viene a cuento de una película que se estrena esta semana que me ha conmovido y me ha hecho emocionar: El amigo silencioso de la cineasta húngara Ildiko Enyedi.

El amigo silencioso es, en este caso, un majestuoso y espléndido ginko biloba que se eleva hacia el cielo en el jardín de una universidad alemana. Ese ginko de más de 200 años, es el testigo de tres  experiencias vitales: la de Grete en 1908, la de Hannes en 1972, y la de Toni en 2020. Tres momentos de la historia que la directora entrelaza en una única historia: entender, comprender, comunicarse y acabar siendo amigos silenciosos del amigo silencioso. Del misterio de la fotografía en 1908, al misterio de la ciencia en 2020, pasando por el experimento de 1972, los tres protagonistas conectan con el árbol, con las plantas, con estos seres vivos a los que les prestamos menos atención de la que merecen. Porque las plantas están vivas, se comunican y nos hablan si queremos escucharlas. Pero para oírlas y sentirlas a veces es necesario el silencio, la soledad, el aislamiento.

Los tres protagonistas Grete, Hannes y Tony, están solos: Grete porque su condición de ser la única mujer estudiante de biología en 1908, la hace estar aislada de su entorno y la conduce a la fotografía como campo de experimentación y descubrimiento del mundo de las plantas, no solo del ginko bajo cuyas ramas se refugia, sobre todo de las flores y las hojas a las que ve por primera vez a través de la lente como si fueran seres de otro planeta. Hannes, estudiante de literatura en los convulsos años 70 de rebeldía universitaria, se queda solo un verano al cuidado de un jardín, pero sobre todo, al cuidado de un geranio con el que su compañera de piso está realizando un experimento. Lo que Hannes descubre en esa pequeña planta con una flor que mira al ginko desde una ventana, cambiará su manera de relacionarse con el mundo. Tony es un neurólogo especializado en estudiar el cerebro de los niños, invitado por la universidad alemana a dar un curso. La pandemia le deja solo en esa universidad con el único acompañamiento de un taciturno guardián y la única compañía de una científica francesa con la que habla on line y le despierta la curiosidad de entender a las plantas. Tony es el que más se relaciona con el ginko, auténtico amigo silencioso con el que desea comunicarse, conectar.

Las tres historias, la de Grete rodada en blanco y negro y 35 mm, la de Hannes filmada en 16 mm de colores saturados y la de Tony, en un digital exquisito, avanzan juntas hacia una comunión con las plantas que transformarán su vida y su manera de percibir la naturaleza. La directora ha dicho en varias entrevistas, que su deseo sería que el público saliera de la proyección viendo a las plantas de otra manera, sintiéndolas como amigas calladas que nos acompañan. Todo esto que he contado hasta aquí es el argumento, la historia, porque es cierto que se sale transformado de ver esta película. La belleza del ginko, el misterio de las fotos y los sueños de Grete, la alegría del geranio, no se pueden contar, hay que verlas y sentirlas. Ramon es un pintor de árboles y de flores y de plantas, los que conocer su obra lo saben muy bien. Sus cuadros de árboles es lo más cercano que conozco a esa verdad silenciosa de que las plantas tienen alma y sentimientos. El arte, como la ciencia, son caminos para llegar hasta ellos. La pintura de Ramon, las fotos de Grete, las ondas del geranio, la belleza del cerebro del ginko, todo está unido en esta hermosa e inesperada película. Me asomo al balcón y veo el magnolio, la jacaranda, el limonero, el mirto, la mimosa y pienso que en mi jardín y los de mis vecinos, tenemos una auténtica comunidad de amigos silenciosos. Es un privilegio que tenemos que apreciar. Pero cualquiera, si cualquiera, puede tener un geranio en su ventana. Y lo mejor de esta historia es eso: un hermoso ginko es tan importante como un pequeño geranio.

Una pequeña coda, hay otra razón por la que me gusta mucho esta película: está dedicada a Baumi, Karl Baumgartner, gran productor, gran persona, gran amigo, que nos dejó hace ya doce largos años.

 

Dies d’estiu i de pluja, Colectiu Espurnes

No quiero dejar pasar el estreno de una película que me gusta mucho,  y además me parece importante. También va de amigos, también va de naturaleza. Se llama Dies d’estiu i de pluja, la firma un grupo de amigos y cuenta la historia de tres amigos; dos chicos y una chica, curiosamente bastante silenciosos, que llegan a un pueblo del Pirineo de Huesca con la intención de pasar unos días en la montaña. Cada uno tiene su propio problema. Como Grete, Hannes y Tony, Biel, Gerard y Abril están solos aunque estén juntos esos días de verano y lluvia en los que la amistad y la complicidad entre ellos es la mejor medicina para sus estados de ánimo. A través de sus ojos vemos la naturaleza y la sentimos y en eso también conecta con el amigo silencioso: basta pararse a mirar alrededor para descubrir que hay muchas cosas que ver, muchas plantas y árboles que sentir. Incluso en una ciudad. Hagan la prueba.

 El regalo de esta semana son dos fotos, una son hojas de ginko recogidas del suelo en un paseo por el barrio donde hay ginkos jóvenes que iluminan el otoño con una explosión dorada, la otra es uno de esos ginkos en pleno esplendor.



 

 


sábado, 9 de mayo de 2026

BARCELONA EN…


Trece películas se estrenan esta semana. Trece films buenos, malos, muy malos. He visto varios. Quizás podría hablar de Yo no moriré de amor, de Marta Matute, sin duda una de las películas españolas favoritas del año, pero no me apetece, tengo la sensación de haberla visto muchas veces. También podría comentar el culebrón mexicano Deseo de Teresa Simone, pero la verdad es que tan solo se  merece mencionarla por la amoralidad absoluta de sus protagonistas, una rica familia mexicana que acaba entendiendo que  matar puede ser un gran afrodisiaco. En fin. Por eso me refugio en  tres propuestas que tienen a Barcelona como escenario: una serie, una novela, y un avance de un estreno de la semana que viene. Todas pasan en Barcelona, son historias de gente muy reconocible y cercana, y dejan ver tras su ligereza una cierta carga de profundidad crítica.

 


La serie, Yo siempre a veces, Marta Bassols y Marta Loza, Movistar

Yo siempre a veces… es una frase muy sugerente. Siempre, a veces ¿qué? ¿me voy de viaje, me tomo una copa, salgo con los amigos, tengo un bebé? (yo no) pero Laura sí. Laura a veces se va de viaje a Berlín; a veces se pone de todo un poco más de la cuenta, a veces sale con los amigos y  a veces… tiene un bebé. En el primer capítulo conocemos a Laura que está a punto de viajar, se ha tomado más de una copa, ha salido con su amigo/novio Rubén, con el que tiene un polvo memorable. En el segundo capítulo vemos porque siempre, pero a veces, Laura no se ha ido de viaje, ya no toma copas, vive con Ruben y tiene un precioso bebe de cinco  meses, Mario. Pero si la serie fuera solo eso, se acabaría muy pronto y no tendría mucho interés. Por eso seguimos viéndola y viviendo con Laura su aventura de madre soltera, aunque en el registro conste que son una familia, sin casa, sin trabajo estable y sin ningún apoyo. Pero entonces, ¿estamos ante un dramón sobre la maternidad en solitario? Pues no. Laura es mucha Laura y sus creadoras las dos Martas, Bassols y Loza que se la han inventado, tampoco son poca cosa. Conseguir que una situación al límite se convierta en una comedia reivindicativa y feliz de cómo ser madre y no morir en el intento, al contrario, disfrutarlo con todos los sentidos, es un trabajo francamente difícil que esta serie, justamente premiada en Cannes, logra en un pleno al diez. Gracias en gran parte a la frescura, desparpajo, libertad y alegría que transmite Ana Boga, una actriz recién descubierta, con un físico muy poco normativo y un comportamiento, como Laura, aun menos normativo. Me encanta esta serie de dos chicas sobre chicas que habla de cosas que no son solo de chicas. Y me encanta, además, como está estructurada en casas donde Laura busca refugio: la de Rubén en el Raval, la de sus padres en Santa Coloma; la de sus amigas en el centro; la del artista en el Born; la del refugio espiritual; y la de Berlín. Cada casa es una cara de Laura.  “Nos gustaba mucho la idea de escribir un coming of age, pero no de niña a mujer, sino de no madre a madre, y de la transformación que esto supone.” Dicen sus creadoras y creo que es la mejor definición que se puede hacer de esta estupenda serie. (En Filmtopia hay una interesante entrevista con las dos Martas hecha por María Adell. Este es el link por si os apetece saber más: https://filmtopia.net/entrevista-marta-bassols-loza/)

 


La novela, No la dejes sola, Desirée de Fez, Blackie Book

Si Laura (y una de las Martas), son de Santa Coloma, Desirée de Fez es de Cornellá. Ciudades satélites de Barcelona, pegadas y continuas, una al norte, la otra al sur. Desirée siempre, quizás a veces no se lo creyó, quiso ser crítica de cine. Curiosa vocación si se tiene en cuenta que no es precisamente una fuente de entrada de ingresos muy segura. Pero ella lo tenía muy claro. Y lo ha conseguido. Desi es una de las firmas más relevantes de la crítica de nuestro país. Pero Desi no quiso renunciar a tener una vida personal plena. Tiene dos hijos estupendos y un compañero con el que lleva muchos años compartiendo vida, trabajo y familia. ¿A qué viene esta minibiografía de Desirée de Fez? Pues a que además de crítica de cine, Desi se ha revelado una autora de novelas  semiatobiográficas muy personales. En diciembre del 2020, en plena histeria de la pandemia, publicó un primer libro: Reina del grito, Un viaje por los miedos femeninos. Escribí entonces en el blog: “En este libro autobiográfico y casi confesional, Desirée retrata sin ningún miedo todos sus miedos. Algunos compartidos por muchas mujeres, miedo a la maternidad, a caminar sola de noche; otros compartidos con hombres y mujeres, miedo a fracasar profesionalmente, a no ser aceptado; y unos pocos personales de la autora, miedo al propio cuerpo, a los deseos. Desirée de Fez conjura esos miedos en el refugio paradójico del cine que da más miedo: el de terror. Desirée es madre de un niño y una niña. Sus hijos son importantes, no solo en su vida, también para entender este libro de auto reflexión que empieza precisamente con una conversación con su hija cuando tenía dos años en la que la niña le dice que no quiere ir al colegio “porque tiene mucho miedo” y acaba con otra conversación con su hija en la que la niña, ahora de tres años, le dice.  “A ver mamá, basta. ¡Ya está bien! No tienes que tener miedo. Ya eres mayor”. Desi se ha hecho mayor, y sus hijos y Carlo, y ahora puede enfrentarse a un texto donde una de las protagonistas es ella (y no es ella) y las otras dos protagonistas son su madre y su hermana (y no son su madre y su hermana). Con los elementos que la vida le pone en bandeja, su estrecha relación con su hermana y su madre, su estresante profesión de crítica pluriempleada, su desvelo por llegar a todo en el tema de los niños y la paciencia infinita de su pareja, Desi construye una novela gótica ambientada en un multicentro de Cornellà, donde se suceden los mas gorísticos acontecimientos dentro de una cotidianidad tan terrorífica como reconocible. En este universo navideño, todo sucede entre el 22 y el 25 de diciembre, las tres mujeres de la familia tejen una conexión inexplicable para todos los demás y atraviesan un ecuador en sus vidas. Tan entretenida como sangrienta, No la dejes sola, es una novela que se lee de un tirón, no puedes dejar de querer saber que les pasa a Diana, Alba y su madre, porque ellas siempre, a veces, necesitan sentir que las tres forman un todo.  De No la dejes sola se podría decir “basada en hechos reales” y seria verdad. Pero los hechos reales se ven siempre, no solo a veces, de manera muy diferente según quien los mira o los vive. Un apunte, me parece adorable el personaje de Carlos, la pareja de Diana.

 


Un avance de estreno. Pizza Movies, Carlo Padial

Esta película se estrena la semana que viene, pero era de “caja de pizza” que tenía que hablar de ella vinculada el libro de Desirée de Fez. Porque hay un hilo umbilical entre ambas cosas, la propia Desirée. Ella es coguionista de una película dirigida por su compañero Carlo Padial en el que aparece un personaje, Thais, que podría ser la prima de Diana y Alba, las protas de No la dejes sola. Como Diana (y como Desi) Thais (Judit Martín) es crítica de cine y está en crisis total. Su marido Alan (Berto Romero) es un personaje gemelo del Carlos de No la dejes sola (intuyo que del propio Carlo), un hombre paciente, que sabe escuchar a su mujer y la acompaña en su delirio pizzero. La noche que Thais dice que lo deja todo, que no puede más, y que quiere tener una pizzería temática de cine, la vida cambia para ambos. Montarla y convertirla en un negocio de éxito es lo que cuenta esta divertida película que se guarda para el alegato final, como en los juicios, su auténtico mensaje: no olvides tus sueños, el cine puede vivir incluso en una pizza deliciosa aunque horrible. Para la crítica de cine  barcelonesa, la película tiene un aliciente añadido: reconocer (y reconocerte) en los críticos culturales que desfilan por la pantalla y que acaban encontrando su lugar como repartidores de pizzas. Plagada de cameos de amigos y conocidos, famosos y no famosos, Pizza Movies es un film que mira al futuro y propone una salida: aunque la maquinaria social te quite tu sueño, nunca debes perderlo, y si el negocio de las pizza movies no funciona, siempre puedes montar una Movie pizza. Felicidades a los dos.

El regalo de esta semana es  una foto de Barcelona desde una perspectiva no muy conocida.



 

sábado, 2 de mayo de 2026

TRES PROPUESTAS

 

Esta semana que empieza tras un puente largo, hay tres propuestas de cine que me interesa destacar. Quizás no son las mejores películas (no he podido ver Resurrection de Bi Gan que sin duda es magnífica, ni Todo lo que fuimos de Cherien Dabis que seguro hace llorar mucho) pero he visto otras de las trece películas  que se han estrenado. Y de ellas, me quedo con tres.

 


Propuesta 1. Un cuento de hadas contemporáneo 

El diablo viste de Prada 2, David Frankel

“Es una fantasía. Es un cuento de hadas urbano. Es un algodón de azúcar: artificial, sin valor nutricional, malo para la salud, pero en pequeñas cantidades está rico. Y, por lo menos, que a veces parece mucho pedir, entretenimiento del que entretiene.” Así acaba su crítica de El diablo viste de Prada 2 Marta Medina en El Confidencial. Antes hace un análisis interesante de la película, pero me ha encantado coincidir con ella en lo de “cuento de hadas urbano”, porque esas fueron exactamente las palabras que usé para dar mi opinión en una encuesta de la distribuidora a la salida del pase de prensa. Un cuento de hadas urbano, que, como los auténticos cuentos de hadas, habla de su tiempo y la sociedad en que sucede. No hay brujas (bueno si, una y no es Melinda/Meryl), hay princesas, hay príncipes, hay un hado madrino, hay ogros malos y sobre todo, hay mucho lujo y esplendor. El primer Diablo, el del 2006, fue un producto pre crisis del 2008, pero post trauma Torres Gemelas, era un retrato ligero y mordaz de la sociedad del espectáculo y la riqueza, de la frivolidad y el pensar que nada iba a cambiar nunca, también de la alienación del trabajo (los ricos están igual o más alienados). Pero no iba mucho más allá. Se trataba de retratar una capa de la sociedad de la que los mortales comunes sabemos muy poco. Veinte años después, el Diablo 2, es producto post crisi(s) no ha parado de haberlas, y pre trauma (el que se nos viene encima con el mundo en manos de un trío de peligrosos ególatras, un lunático, un pedernal y un confuciano calculador). En esta entrega se sigue el mismo esquema, prácticamente exacto: Andy (Anne Hathaway) llega de nuevo a la redacción de Runway, pero ahora con un cargo de responsabilidad; Melinda (Meryl Streep) sigue dominando y controlando la redacción con mano de hierro, Nigel (Stanley Tucci) mantiene su papel de alma escondida de la revista y Emily (Emily Blunt) la amienemiga (bonita palabra que no he inventado yo) es alta ejecutiva en la Casa Dior. Como en la anterior, hay unos malvados que quieren acabar con Miranda, en este caso los tecnoligarcas que todos podemos reconocer, y hay una china rica y comprensiva (curioso que sea china) que echara una mano a las dos nuevas aliadas Andy y Melinda. Hay una sutil y ligera añoranza por  la desaparición de las revistas en papel; una nada sutil, pero igualmente ligera, crítica a los nuevos ricos y una trama en la que desfilan vestidos, zapatos, abrigos, complementos, lujo y esplendor en un Nueva York que nada tiene que ver con el mundo real y una Milán convertida en castillo de cuento. A mí me gustan las dos entregas del Diablo, pero con esta he disfrutado un poco más. Ver a Meryl Streep pasándoselo tan bien con la ropa que le ponen, luciendo tan espléndida a sus 76 años, sin esconderlos ni disimularlos, y mirando por encima de las gafas con esos ojos azules que por más que quieran ser fríos son siempre dulces,  es un espectáculo que merece la pena. Como decía Marta Medina, un entretenimiento que entretiene.

 


Propuesta 2. Una película alemana que parece iraní. La isla de Amrum, Fatih Akim

Debo una explicación a la frase que acompaña el título de esta película. El cine iraní de los años 80 y sobre todo los 90, de la mano de Abbas Kiarostami y Jafar Panahi, puso de moda un cine identificable, entre otras cosas, por ser historias protagonizas por niños (pagaba el Ministerio de la Infancia) que buscaban algo a lo largo de la narración (manera encubierta de reivindicar la tradición del cuento sufí, borrado de la cultura iraní por los ayatollahs). Fatih Akim parece inspirarse en esta doble fuente para contar una historia basada en la infancia del director, guionista y actor Hark Bohm. Primavera de 1945, Nanning, un niño de doce años, vive en la isla de Amrum. Su padre está en el ejército y su familia, en especial su madre embarazada, son nazis convencidos y militantes. Nanning tiene un amigo que no es nazi, Nanning quiere ayudar a su familia trabajando, pero sobre todo, Nanning quiere hacer feliz a su madre. Y ahí entra la mirada iraní, porque Nanning se  empeña en encontrar un pan con mantequilla para ella, en una isla y un tiempo en el que no hay casi comida para nadie. Akim cuenta esta historia sin  melodramas, sin exagerar ningún aspecto, deslizándose suavemente por la vida de esa isla que no quiere quedarse detenida en el tiempo. Puede recordar los Juegos prohibidos, de René Clément, o  Alemania año 0, de Rossellini, pero sin la ternura de una ni la dureza de la otra. Es una película muy bonita. Y además, su lado iraní permite extrapolar la historia a ahora mismo. Seguro que en Irán hay algún niño buscando un pan con mantequilla (o el equivalente) para su madre embarazada mientras el mundo se derrumba a su alrededor.

 


Propuesta 3. Cine gallego con aire neblinoso Así llegó la noche, Ángel Santos

En el D’A Film Festival de este año, se presentó dentro de Un impulso colectivo el nuevo trabajo del gallego Ángel Santos. En el texto introductorio del festival se dice. “Con pocos personajes —un escultor huidizo y su ex pareja, un amigo, un guardia civil— y el esplendor del paisaje gallego, el film consigue lo impensable: unas cuantas imágenes que hablan del estado de ánimo de todo un país.” De ahí el hablar de aire neblinoso. No es una niebla física, el paisaje es hermoso y tiene una enorme importancia, más bien se trata de una niebla del alma que recorre la cultura gallega y celta desde tiempo inmemorial. Pablo (hay muchos Pablos en esta película, el coguionista Pablo García Canga, el escultor Pablo Barreiro, autor de las obras que se ven en el film), es un escultor solitario y callado que trabaja en un taller aislado de la costa gallega cerca de El Grove, en la entrada de la ría de Arosa. Prácticamente solo se relaciona con un misterioso guarda de un camping cerrado en esa época. Pablo es el protagonista absoluto de la primera parte del film. La segunda empieza cuando llega Andrea, una antigua amante y amiga que viene en busca de ayuda, aunque no lo diga. Pablo y Andrea pasean, hablan, recuerdan y miran. Hasta que una noche Pablo se va sin decir nada. Andrea, protagonista casi única de la tercera parte, lo busca por todas partes pero sin demasiada convicción. Sabe que Pablo necesita huir como ha huido ella hasta ese refugio costero. La anterior película de Ángel Santos, Las altas presiones, tiende un tenue hilo de niebla con esta nueva propuesta, el personaje principal de Las altas presiones era un localizador de cine que busca en la Galicia de ahora mismo paisajes industriales en ruinas mientras intenta reconstruir la ruina de su propia vida. Pienso que el Miguel localizador ha ayudado a Ángel director a encontrar esos paisajes magníficos de ruinas industriales en los que Pablo, el escultor, encuentra sus materiales y su inspiración. Una película sobre el dolor de la creación y la necesidad de la soledad. Hermosa. 

El regalo de esta semana es una acuarela que evoca Amrum y la ría de Arosa. El diablo se queda un poco más lejos.



 

 

 

 

 

 

sábado, 25 de abril de 2026

UN DESCUBRIMIENTO:PEDRO PINHO


La risa y la navaja, Pedro Pinho

Se estrena esta semana una película que me habría pasado completamente desapercibida si no fuera por el aviso de Alex Gorina. Fue él quien me dijo que valía la pena verla. Ni el título, La risa y la navaja, ni el director, Pedro Pinho, me decían nada. Y la duración de la película, 211 minutos, me echaba para atrás. Pero me rendí ante la recomendación y  empecé a verla. En seguida me di cuenta de una cosa: no debía verla como una película muy larga, sino como una serie de cuatro horas sin interrupciones. No porque tenga nada de serie, La risa y la navaja es una película 100%, pero sí porque mi cabeza se adaptaba mejor al ritmo y la cadencia del film. Y así fui descubriendo que estaba ante una película portuguesa rodada y ambientada en Bissau, la capital de Guinea Bissau, ex colonia africana de Portugal. La primera secuencia me intrigó: un coche en el desierto, un policía al que le gusta leer y hablando en castellano. ¿Dónde estamos y quiénes son estos dos personajes? Del policía nos olvidamos enseguida, pero del conductor no. El conductor es un ingeniero portugués destinado por una ONG para hacer un informe sobre la conveniencia de construir una carretera que una el desierto con la selva. Tiene que medir su impacto ambiental y humano. El ingeniero se llama Sergio, y parece un personaje escapado de una novela de Camus. Su primera noche la pasa en un hotel, sus vecinos de habitación hacen mucho ruido. Va a avisarles. Esa es la primera vez que se encuentra con Diara y Gui, dos personas que van a ser sus guías en el laberinto de una ciudad y un país que se va revelando poco a poco. Los dos son fascinantes y los dos forman una especie de dualidad, mujer-hombre-mujer casi digna de la cosmogonía africana. Los dos serán los vértices entorno a los que se mueva Sergio mientras se adentra en una ciudad africana moderna, de gente variopinta, económicamente corrupta, plurilingüe, con trabajadores extranjeros, los portugueses son los extranjeros en esa tierra, y con muchos problemas no resueltos con el colonialismo y sobre todo con el neocolonialismo. Todo ello trenzado con una banda sonora impresionante de músicas de todo tipo, con cambios de tono, incluso de género.. Me sorprendí pensando en Claire Denis y lo distinto que puede ser el cine hecho por los antiguos colonialistas según desde donde miren. Claire Denis no entiende África, la interpreta y la recuerda, por eso sus películas africanas son súper interesantes, pero profundamente francesas. El África de Pinho es mucho más real, no tiene nada de metafísico ni de intelectual. Es sensorial y económica, es presente sin deudas con el pasado, es queer y sexual. Es mucho más directa y cercana, sin dejar de ser crítica y política. Pero por encima de todo, es un gran musical nada ortodoxo.


La fábrica de nada Pedro Pinho Filmin

Después de ver La risa y la navaja, busqué algo más de este director, quién era y qué había hecho. Y así descubrí que Pedro Pinho es un director portugués de 49 años que forma parte de una productora de gestión colectiva fundada en el 2008 con seis socios llamada Terratreme, un colectivo de cine que recuerda el argentino El Pampero con el que tienen varias conexiones. Dentro de Terratreme, Pinho tenía otra película como director, La fábrica de nada  del 2017, y la encontré en Filmin. No estaba preparada para el impacto que me produjo este musical obrero que le habría encantado a Joaquín Jordá. Su título ya es estupendo: La fábrica de nada, una fábrica de ascensores en la que los obreros descubren una noche que les están robando las máquinas. Consiguen parar el robo, solo para enterarse de que los propietarios han decidido cerrarla y deslocalizarla en otro país. Así empieza esta aventura proletaria de autogestión. El mismo tema de Numax presenta que trata el mismo tema a través de la mirada de Jordá. En el film de Jordá de1980, los obreros de Numax le pidieron al director que hiciera un documental sobre el proceso de autogestión de su fábrica; en el caso portugués, lo que se plantea es la posibilidad de hacer un musical para sensibilizar a la gente (los franceses) de lo que está pasando. Durante casi tres horas (de nuevo hay que verla como una serie sin cortes) acompañamos a este grupo de trabajadores en sus dudas, sus encierros, sus discusiones políticas y económicas; pasamos por todos los géneros: cine militante, melodrama social, ficción-documental. Pinho reúne un grupo de actores estupendos, algunos de ellos los reencontramos en La risa y la navaja interpretando los trabajadores portugueses que deben construir la carretera. Uno de ellos, Ze, interpretado por José Smith Vargas, un polifacético artista, dibujante, escritor y músico, es la columna donde se apoya el film, el único que vemos en su vida privada y fuera del trabajo. Los demás están siempre en la fábrica: hablando, jugando, aburriéndose, pero manteniéndola ocupada mientras deciden cual será su futuro. Al final de la película un letrero nos dice: Dedicado a todos los trabajadores de Fateleva que entre 1975 y 2016 protagonizaron una experiencia única de autogestión con la antigua fábrica de ascensores Otis en Portugal. Otro letrero nos informa que los textos teóricos de las discusiones del film están extraídos del ensayo político A nuestros amigos, publicado en 2015 por el anónimo Comité Invisible.

Del mail de Alex recomendándome La risa y la navaja hasta los textos del Comité Invisible, se ha ido desarrollando una espiral que se abría a nuevas propuesta, a nuevas ideas, a nuevos caminos. Casi como hacen las dos películas de Pinho, espirales en formación constante desde un punto de partida: la llegada de un ingeniero portugués a Bissau; el desmantelamiento de una fábrica en Póvoa de Santa Iria, cerca de Lisboa. Una espiral que nos lleva del colonialismo y sus huellas visibles hasta el neocolonialismo de los nuevos poderosos que actualmente dominan África; de una fábrica en lucha en los años 70 a la actual recesión y crisis mundial. Dos lecciones de historia y de cine. Y además entretenidas, alegres, musicales y sin miedo a romper ningún tabú.

Acabo de darme cuenta que hoy, cuando escribo este blog, es 25 de abril, el día que se cumplen 52 años de la Revolución de los Claveles en Portugal, una curiosa coincidencia de fecha que tiene mucho que ver con estas dos películas. 

Sigo con regalos de fotos, la de esta semana es una foto de Ramon del amanecer  en Barcelona el día de Sant Jordi.

 


 

sábado, 18 de abril de 2026

NADA EN COMÚN

 

Muchas veces, incluso sin darme cuenta, encuentro algún tipo de relación entre las películas que comento. Pero esta semana, lo único que puedo decir de los tres estrenos que me parecen destacables (entre lo que he visto) es que No tienen nada en común.


Prime Crime: A True Story, Gus Van Sant

Este 2025 Gus Van Sant  celebra su cuarenta aniversario como cineasta. Mala noche, su desconocido y casi olvidado debut, es del año 1985. Desde entonces ha hecho veinte películas, unas mejores que otras, otras realmente buenas. Yo lo descubrí con Drugstore Cowboy y desde entonces me hice fan de este callado, serio y muy personal director. Hacía siete años que no sabíamos nada de él. Por eso fue una agradable sorpresa ver que había dirigido Dead  Man’s Wire, literalmente Alambre del hombre muerto, (un título lleno de sentido) que aquí se estrena como Prime Crime: A True Story. La verdad es que es verdad lo de True Story, una historia verdadera. Van Sant, vuelve a contar la historia de un hombre que ha llegado al límite. Todo sucedió (de verdad) en 1977, Tony Kiritsis, un hombre común, trabajador y emprendedor, secuestró una mañana al hijo de un agente hipotecario encarnado en Al Pacino quien, con solo dos secuencia,  se queda en la memoria como homenaje al cine de los 70 que Van Sant evoca en este film. Pacino, su agencia de préstamos, le ha estafado, engañado y robado su dinero y su idea de negocio. Toni no tiene nada que perder y se lleva al asustado hijo de Pacino, Bill Hall, extraordinario Dacre Montgomery (¿dónde estaba este actor antes?) secuestrado con un artilugio mortal que justifica su título en inglés. La parte más importante de la película sucede en el apartamento de Tony donde mantiene a Bill apuntándole con unas escopeta, mientras la policía, la prensa y un popular locutor de radio, intentan desde distintos puntos de vista, resolver el asunto. Y el asunto es más un problema de dignidad que de otra cosa. Tony quiere que le devuelvan el dinero estafado, pero sobre todo, Tony quiere una disculpa. Y eso es mucho más difícil de conseguir. Van Sant ha vuelto en plena forma. Estupendo.


Un poeta, Simón Mesa Soto

Durante más de la mitad de esta película, pensaba que no entendía por qué todo el mundo hablaba tan bien de ella, por qué había ganado el premio Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. Un personaje desagradable, bueno no solo el protagonista, todos son desagradables en este film colombiano, una vida miserable y mediocre. Fracaso absoluto de Oscar Restrepo, el poeta, marginado, desubicado. Un hombre al que le duele el mundo y ahoga ese dolor en borracheras bukowskianas e infinitas. Cuando aparece Yurlady todo empieza a bascular lentamente: Yurlady, la adolescente poeta sin ambiciones, fascina a Oscar con su capacidad de crear de la nada poesía de gran belleza. Pero a Yurlady no le interesa la poesía, su mundo es otro: un barrio popular de Medellín, una familia llena de hermanos, sobrinos y mujeres gordas, uñas pintadas y poco más. Oscar quiere convertirla en lo que ella no quiere convertirse y acaba convertido él mismo en otra persona. Un poeta empieza en la sordidez de Oscar y acaba en la luminosidad de Oscar. Entre medio un desfile de seres despreciables, el director del colegio, la familia de Yurlady, los hermanos de Oscar, y sobre todo, los poetas. Es memorable la lección que le da el Poeta más importante a la joven Yurlady: si quiere triunfar tiene que escribir de lo que los europeos quieren oír, miseria, pobreza, explotación, indigenismo, pornomiseria en definitiva. Un poeta no cae nunca en esa pornomiseria de mucho cine latinoamericano hecho precisamente para que los europeos puedan darles premios. Por eso es curioso que esos europeos le hayan dado uno de sus premios más prestigiosos a esta comedia negra y ácida. Es la excepción que confirma la regla.


Renoir, Chie Hayakawa

¿Por qué se llama Renoir una película japonesa que nada tiene que ver con el pintor o el director de cine? Es algo que solo se descubre viendo este dulce y triste film que, sin embargo, deja un poso de ilusión y de esperanza. La ilusión de su pequeña protagonista Fuki, una niña de once años con un padre enfermo de cáncer y una madre que intenta salir adelante en el Tokio de 1987. Fuki desborda imaginación, es capaz de ver cosas que los demás no ven, resuelve situaciones difíciles sin darse cuenta, encuentra amigas que pierde y vuelve a encontrar. Fuki es un rayo de luz. Ah! ¿Una Marisol nipona? No, de ninguna manera. Fuki no canta, pero si mira. Fuki sueña y espera la muerte de su padre sin dramatismos en un verano en el que descubre un cuadro de Renoir. Un cuadro de una niña que, como Fuki, está llena de luz. Chie Hayakawa es una directora japonesa de una rara sensibilidad para captar matices en sus personajes. Ya lo demostró en su conmovedor y al mismo tiempo terrible Plan 75, un film sobre la muerte y como la sociedad se enfrenta a la vejez. Ahora se fija en la infancia a través de Fuki y su curiosidad, alegría y manera de afrontar la muerte. “¿Por qué lloramos cuando alguien muere?” Se pregunta la niña en un momento dado. Quizás el cuadro de Renoir Retrato de Irène Cahen d’Anvers, nos dé la clave, si no la respuesta, a esa pregunta. Una niña francesa del siglo XIX es el espejo donde se reconoce una niña japonesa del siglo XXI, en su serenidad, en su ensoñación. Esas son las armas renoirianas (también del Renoir cineasta) que tienen Fuki, la protagonista, y Chie, la directora, para asumir al hecho ineludible de crecer y perder. Pero también ganar.

Como en esta entrada Nada tiene que ver con Nada, el regalo de esta semana es una foto primaveral de los paseos por Barcelona

 


 

 

sábado, 11 de abril de 2026

ORION

 


Esta semana en la que el mundo ha contenido el aliento mirando al cielo a ver si se desencadenaba el Armagedón Trumpiano sobre nuestras cabezas, yo he preferido mirar al cielo buscando en la oscuridad un puntito lejano llamado Orión, que viajaba al otro lado de la Luna con cuatro aventureros en su interior. ¡Qué envidia me daban! Las matemáticas y mi claustrofobia se interpusieron entre mi deseo de ser astronauta y la cruda realidad. Pero eso no me impide soñar y mirar a las estrellas y pensar que ellos han visto lo que nunca se ve. Es tan extraño lo de la Luna. Si gira sobre sí misma y gira alrededor de la Tierra, ¿por qué no vemos nunca la otra cara? Hay una explicación, pero se me escapa y prefiero el misterio de la oscuridad lunar. Las fotos que han enviado los astronautas de la cápsula Orión desde el otro lado revelan un paisaje que no podía imaginar: la Tierra azul y blanca amaneciendo detrás del horizonte lunar en un espejo de la Luna saliendo en un horizonte terrestre. Una maravilla que me permite confiar en la humanidad, sean americanos, chinos o rusos. Si miráramos más el cielo y trabajáramos más en comunidad, el mundo sería mucho mejor. Sin religiones excluyentes y aniquiladoras, sin ideologías imperialistas, sin nacionalismos selectivos. Sin Putin, sin Trump, sin Netanhayu, sin ayatolás, sin tecnoligarcas. Pero eso es soñar despierto, por eso prefiero mirar al cielo y pensar en los que están ya volviendo a este hermoso y desgraciado planeta. Me gusta pensar que las palabras de uno de los exploradores del espacio pueden servir para algo: “Ustedes están en otra nave espacial llamada Tierra, creada para darnos un lugar donde vivir en el universo, en el cosmos. Es un oasis en medio de la nada. Esto es una oportunidad para recordar quiénes somos y que estamos en esto juntos.”

 


Buena suerte, pásalo bien, no mueras, Gore Verbinski

El protagonista de esta delirante (y profética) película no tiene tiempo de mirar al cielo. Es un hombre estrafalario, entre un sin techo  y un soldado rambesco. Viene del futuro donde no hay mucho cielo que mirar y en el presente, donde aparece en su 117 viaje en el tiempo, no puede perder un minuto si quiere librar al mundo de un destino infernal. No porque Trump haya conseguido volarnos por los aires, tampoco porque Putin haya logrado conquistar Europa o los chinos por fin lo controlen todo. No. De lo que nos tiene que salvar esta mezcla de Robinson y Robin Hood es de un niño que está a punto de crear la Inteligencia Artificial que acabará con todo sumergiéndonos en un paisaje de zombies tecnológicos manipulados y controlados por no se sabe muy bien quién. Aunque el tono es de comedia absurda, con golpes de humor y situaciones extravagantes, lo que cuenta Buena suerte, pásalo bien, no mueras, es muy, muy serio. El hombre irrumpe en una cafetería típica americana. Entre los alienados clientes debe encontrar un pequeño grupo (la Compañía del Anillo versión 2.0) que le acompañe en su intento de llegar al niño antes de que se desencadene el Imperio de la IA. Hasta ahora no los ha encontrado, pero esta vez ¿lo conseguirá? El film de Verbinski, el director de la saga Piratas del Caribe, monta un espectáculo con estas premisas: adolescentes idiotizados que son incapaces de pensar, pendientes del móvil donde todos ven lo mismo y al mismo tiempo; una madre con un hijo asesinado en los habituales tiroteos en los colegios, que encuentra un club de padres en la que la IA le ofrece la posibilidad de revivir a su hijo como si no hubiera pasado nada, claro que con un detalle, la réplica no tiene sentimientos; o una chica vestida de princesa con una extraña alergia  los dispositivos electrónicos. Con ellos, y alguno más, nuestro viajero del futuro atraviesa una noche llena de peligros y llega hasta el niño (¿será Peter Thiel el pequeño malvado que crea la IA más destructiva imaginable) . Hay muchas maneras de advertirnos de lo que está pasando y lo que puede pasar: la tiranía y manipulación de las redes sociales, la gente que vive pegada al móvil día y noche, la posibilidad de evasión de los universos paralelos de la realidad virtual, la alienación absoluta de la humanidad. La vía que escoge Verbinski es la del humor de la comedia negra apocalíptica. Nos podemos reír con ella, pero también podemos llorar con ella.  Si los fáusticos semidioses que sueñan con una IA invencible, miraran un poco más al cielo, quizás lograrían que el hombre del futuro no tuviera que volver una y otra vez.

El regalo de esta semana no podía ser otro que Orión, uno de los cuadros más bonitos de Ramon



sábado, 4 de abril de 2026

GRACIA

 

 

Gracia

Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. Usado también en sentido figurado.

Perdón o indulto.

Estas dos definiciones de la palabra Gracia nos sirven para resumir en una palabra las dos películas más interesantes de la semana, La Grazia de Paolo Sorrentino; la gracia de Carmen Maura en Calle Málaga.

 


La Grazia, Paolo Sorrentino

La filmografía de Paolo Sorrentino, sin duda el más importante director italiano en estos momentos, tiene dos líneas maestras: Nápoles y la revisión de la memoria histórico/política italiana. Poco a poco Paolo Sorrentino se está convirtiendo en el cronista de la historia de Italia  (y del Vaticano que no deja de ser Italia). Ya sea con personajes reales, Berlusconi en Silvio (y los otros) o Andreotti en Il Divo, ya sea con personaje ficticios trasuntos de otros reales (su serie sobre El Papa) o esta última entrega de sus repaso político/histórico, La Grazia, con un imaginado presidente de la República. Mariano De Santis es un presidente democristiano, inteligente, tranquilo y seguro. Con la colaboración imprescindible de Toni Servillo, Sorrentino es capaz de acercarse a los delirios kitsch de Berlusconi, a la rigidez sectaria de Andreotti, o a la serena reflexión de este presidente en los últimos seis meses de su mandato. La pregunta que domina todo el film es muy clara ¿De quién son nuestros días? La Grazia toma su nombre de una de las decisiones que debe tomar Mariano De Santis como presidente: indultar a una mujer que mató a su marido maltratador y a un profesor que mató a su mujer enferma de Alzheimer. ¿Son suyos los días de estos dos asesinos? Mientras piensa si debe indultarlos, otro tema le provoca dudas y reflexiones: ¿debe firmar una nueva ley de eutanasia? ¿De quién son los días de alguien que quiere morir dignamente? Servillo/Mariano se mueve por los inmensos salones del Quirinal, entre muebles y salones que parecen decorados y por pasillos y almenas en los que se refugia para fumar (nadie fuma como Servillo) con la ayuda de un guardaespaldas que es el único que está siempre a su lado. Pero Sorrentino es italiano, mediterráneo, latino y no quiere ni puede dejar a su personaje sumido solo en estas Grandes Cavilaciones. Por eso se inventa para él una trama privada, que nadie conoce (solo su fiel guardaespaldas y Coco, su mejor amiga de la infancia, una especie de Jep Gambardella en mujer). Mariano quiere descubrir quién fue el amante de su mujer a la que sigue adorando después de dos años de su muerte. Esta trama tan napolitana de celos retrospectivos, quizás es lo que menos funciona en el conjunto, pero le sirve a Sorrentino, y a Toni Servillo, para humanizar el personaje y darle una cierta ironía. La ironía, incluso el ridículo, están muy presentes en toda la narración; el Papa negro que se marcha en un motorino escapado de Caro diario; la recepción de un mandatario extranjero bajo la lluvia; la cena con su amiga Coco. Sorrentino no me gusta siempre, hay películas que me arrebatan, otras me dejan un poco fría o incluso alguna me irrita. Pero La Grazia me enganchó desde la primera secuencia y ya no me separé de Mariano De Santis en sus reflexiones y en sus obsesiones.

 


Calle Málaga, Maryam Touzani

La gracia de este film luminoso, colorido, que rebosa olores de especies es Cramen Maura. Ella es la gracia del film. La crítica de la película que he escrito para Filmtopia la titulaba Calle Maura. Lo repito aquí porque en realidad así debía llamarse Calle Málaga. Carmen Maura tenía 79 años (ya tiene 80)  cuando rodó en Tánger la historia de María Ángeles, una mujer española nacida y criada en Tánger donde quiere acabar sus días. Tánger es otra de las gracias de este film. Una ciudad multicultural, en la que se habla francés, español árabe. Un barrio y una calle de tiendas en las que todos se conocen y se ayudan, donde el futbol de la liga española es una pasión (cosa que aprovechará muy bien nuestra heroína), en la que cuando menos se lo espera encuentra un amor inesperado que a sus 79 años le devuelve las ganas de vivir que había perdido por culpa de algo intangible: la crisis económica y sentimental de su hija Clara, obligada a vender la casa donde vive María Ángeles a la que obliga a decidir, o se va a Madrid con ella o se queda en una residencia en Tánger. Carmen es mucha Carmen y María Ángeles es mucha María Ángeles. Y donde esté Tánger y su vitalidad que se quite un Madrid gris y hosco. Pero la vida no es siempre como uno quiere y a veces obliga a tomar decisiones que no nos gustan. Al escribir esto me doy cuenta de otro punto de contacto entre estas dos películas tan diferentes: ¿de quién son los días de María Ángeles, de su hija o de ella? Carmen ha tomado una decisión trabajar un poco menos; María Ángeles debe tomar otra, Clara, su hija debe asumir el coste de la que ha tomado. Hagan lo que hagan la gracia seguirá ahí.

El regalo de esta semana es una foto primaveral de Ramon que me gusta mucho