sábado, 21 de febrero de 2026

POSTRES ESCOGIDOS


Hay semanas en las que se estrenan muchas pelis, pero solo me interesa una o dos; hay otras en las que se estrenan menos, y en cambio hay muchas que me interesan (por distintos motivos). Esta es una de esas semanas. Hay 10 estrenos y seis, tienen algo por lo que merecen ser destacados. Son como un carrito de postres de los restaurantes buenos: el postre no es el plato principal, pero salva o hunde una buena comida. Estos me han salvado comidas indigestas, pero hay que tomarlos cada uno según le apetezca.

 


Mochi de cerezas: Amélie et la Métaphisique des Tubes/Little Amélie, Maïlys Vallade, Liane-Cho Han

Amélie es Dios y Dios es un tubo que come y expulsa, observa y decide que no vale la pena comunicarse con nadie, y menos con su familia. Amélie es una bebe que a los dos años y medio descubre el placer con una tableta de chocolate blanco, y a través del placer, descubre que la vida puede ser muy divertida y muy dura. Amélie es belga, pero su verdadero nacimiento fue en Japón. Ella bi es belga, es japonesa, y su auténtico amor es por Japón. Y por su niñera. A Amélie le gusta el agua y odia a las carpas y a la rígida propietaria de la casa donde viven. Little Amélie es tan deliciosa como un mochi que poco a poco nos va descubriendo el sabor de su centro. Basado en una novela falsamente autobiográfica de Amélie Nothomb, en la que cuenta sus tres primeros años de vida, el libro termina diciendo “Luego ya no volvió a ocurrir nada más". Porque después de los tres años, ya no vale la pena contar nada. Little Amelie es un precioso film de animación que sublima el dibujo japonés de Miyazaki, el dibujo belga de línea clara y la delicadeza de las acuarelas. Un regalo para niños y adultos.

 


Torrijas manchegas: La boda, Pedro Cenjor

Las torrijas son un postre de pueblo. Sus ingredientes son sencillos, pan, azúcar, canela y leche. La boda, primer largometraje de Pedro Cenjor, tiene el aroma de unas buenas torrijas. Pero con un poco de amargor. El pan es Sebastián, un hombre pusilánime de más de cuarenta años con una necesidad enorme de sentirse querido. Vive en un pueblo manchego con Adelaida, una madre dominante y avara después que su padre se suicidara; la leche es Felisa, una mujer en la treintena, que quiere ser libre pero no sabe cómo conseguirlo y acaba malviviendo con su madre viuda. Los dos encuentran una posible salida a su situación en una boda. Según la tradición, los vecinos entregan dinero a los recién casados, y con ese dinero, la madre de Sebastián comparará mas viñas y Felisa saldará sus deudas. Al cabo de un tiempo, se divorciarán. Pero, ahí entra la canela y el azúcar, en un viaje a Motril donde las cosas cambian para los dos. Cenjor conoce muy bien su pueblo y sus gentes y las retrata sin dureza pero también sin compasión. En cuanto a la relación del triángulo Sebastián-Felisa-Adelaida, salvando todas las distancias, me recordó a la que tienen Ovidi Montllor-Alicia Sánchez-Lola Gaos en Furtivos. Pero aquellas eran torrijas envenenadas y estas son torrijas caseras.

 


Helado de vainilla: La torre de hielo Lucile Hadzihalilovic. Filmin

La reina de las nieves de H.C. Andersen,  encarnada en una Marion Cotillard fría por fuera, cálida por dentro; cuento de hadas en un plató de cine de los años sesenta; nieve falsa que cae de un cielo de forillos. Las imágenes maravillosas que consigue esta directora francesa evocan un mundo que no se parece a nada. El cine inclasificable de Lucile Hadzihalilovic se mueve siempre en el terreno de la fantasía y la imaginación con protagonistas adolescentes en vías de transformación. Como Jeanne, la joven que entra en el mundo del cine como una Alicia en el país de las maravillas heladas para encontrarse con una reina de las nieves hermosa y fría. Uno de los films más bonitos del año que inexplicablemente solo se estrena en Filmin. Una lástima porque en una sala sus decorados increíbles y la presencia de Marion Cotillard se disfrutarían mucho más. Aunque, por otro lado, estrenarse en Filmin permitirá que la vea y disfrute mucho más público.

 


Tarta de Santiago: Las líneas discontinuas, Anxos Fazáns

El cine gallego está dando muy buenos productos. Y muchos de ellos, cocinados por mujeres. Aunque en el caso de estas líneas discontinuas, la joven directora Anxos Fazáns ha contado con la colaboración en el guión de Ian de la Rosa, reciente triunfador en la Berlinale con su film Iván & Hadoum. Me gustan las películas que empiezan de una manera y crees que sabes por dónde va a ir y al cabo de poco, dan un giro tan completo, que te dejan descolocado y atento. Esto pasa en este pequeño pero interesante film en el que se plantea una relación imposible entre una mujer de 50 años en trance de divorcio y un chico trans de 28 años que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. El punto de partida es muy sencillo. Denis acompaña a un grupo de amigos que allanan una casa para divertirse una noche de verano. Pero Denis se queda dormido y Bea, la dueña de la casa, lo encuentra a la mañana siguiente. A partir de ahí, el film se desarrolla en una dirección inesperada durante los tres días en los que el tiempo se queda suspendido para los dos. Las líneas discontinuas se saborea poco a poco como una buena tarta de Santiago.

 


Carquinyolis de Camprodon: Balandrau, vent salvatge, Fernando Trullols

De todos los postres de mi carrito de esta semana, este es el más duro de roer. Los carquinyolis son duros, muy duros, como este film rugoso y montañero. Hay poco cine de montaña en nuestro país, y ¡no será porque no hay montañas!. Por eso me ha gustado Balandrau, porque es un film clásico de montañeros, casi con un componente documental, pero con una historia real que es la almendra del carquinyoli. Una tranquila mañana de invierno, cinco amigos deciden subir al Balandrau, uno de los picos más hermosos de los Pirineos catalanes. Lo  que empieza como un divertida excursión, se convierte en una pesadilla cuando les alcanza el Torb, un viento traicionero que llega sin avisar provocando ventiscas mortales. El film recrea un accidente real ocurrido el 31 de diciembre del año 2000 en el que perdieron la vida cuatro de los cinco amigos más otros tres alpinistas. Alternando la mirada entre la odisea del único superviviente y los bomberos voluntarios responsables de su rescate, la película de Trullols mantiene la tensión sacando todo el partido posible a los ariscos paisajes de la alta montaña. La sequedad y dureza de los carquinyolis invita a tomarlos acompañados de un poco miel. Y la miel aquí la pone una banda sonora dulzona y un poco empalagosa. Si Herzog hubiera hecho esta historia, no habría habido ninguna miel, seguro.

 


Brigadeiro brasileño: El agente secreto,  Kleber Mendonça Filho

En realidad creo que este film brasileño no es un brigadeiro (especie de trufa) sino muchos. Hay muchos hilos de los que tirar en este apasionante trhiller político ambientado en el año 1977, durante los años de plomo de la dictadura brasileña. El protagonista es Armando, también conocido como Marcelo, un hombre que vuelve a Recife huyendo de un pasado lleno de conflictos con la intención de encontrar a su hijo y rehacer su vida. Ambas cosas bastante difíciles de conseguir en una aventura que recuerda el cine de los setenta, lleno de sorpresas berlanguianas y con muchas referencias cinéfilas indiscutibles (¡el tiburón!). Más cerca de Graham Green que de John Le Carré, fiel a una tradición de serie B, El agente secreto es un noir brasileño, tan negro como los brigadeiros, pero como ellos, con un gusto fresco y delicioso. Como dice Jordi Batlle en su crítica de La Vanguardia: “El agente secreto es un manantial inagotable de sorpresas y de placer cinematográfico.”

 El regalo de esta semana es otro postre: granadas



 

sábado, 14 de febrero de 2026

HISTORIAS DEL BUEN GUERÍN

 


Historia 1. Los motivos de Guerín

En 1983 José Luis Guerín tenía 23 años y muchas ganas de hacer cine. Había pasado media vida en la Filmoteca donde descubrió a Jean Eustache y La mama et la putain. Ese cine es el que quería hacer él. Y lo hizo. Los motivos de Berta es la más eustachiana de sus películas, allí estaban ya muchas de sus intuiciones: actores no profesionales, una mirada limpia sobre la naturaleza, la infancia como territorio inexplorado. Los motivos de Berta despertó la curiosidad de mucha gente, de los festivales y de algunos críticos. Se estrenó en el Festival de San Sebastián de 1984, donde lo vieron muy pocos, y un año después llegó a los cines. En enero de 1985 le hice una entrevista al jovencísimo Guerín. Ya entonces tenía las cosas muy claras: “Trabajar en la industria no es ser más responsable que trabajar en la marginación. A mí no me preocupa tanto la crisis industrial del cine como la crisis de las ideas.” “Mi mirada sobre el medio  es bastante clara. No soy un nostálgico, ni un cinéfilo. Me gustan los clásicos y los pioneros porque eran creadores de lenguaje.”

 


Historia 2: Guerín, hombre tranquilo

Desde luego Guerín es un hombre tranquilo, pero esta segunda historia se refiere a El hombre tranquilo de John Ford. En 1990 se estrena Innisfree rodada como homenaje y continuación del clásico film irlandés de Ford. Su amor por los clásicos le lleva hasta este pequeño pueblo donde la memoria del rodaje del film con John Wayne y Maureen O’Hara sigue presente. Este es el primer documental que hace Guerín saltándose todas las reglas del género y sobre todo, dilatando la filmación en el tiempo y dejándose llevar por lo que la realidad le iba regalando.

 


Historia 3. Las sombras de Guerín

Estas sombras no son oscuras ni amenazantes, son las sombras del cine, las sombras de la memoria montadas en un Tren de sombras que en 1997, nos descubrió un nuevo Guerín, el creador de imágenes del pasado que no existen, el evocador de una manera de hacer y entender el cine desde la mirada inocente de los primeros años. Un falso rodaje en 1930, un misterio, sueños y fantasmas. Tren de sombras fue considerada una obra maestra. En todo caso fue un film que marcó el final de una época para él.

 


Historia 4: Guerín constructor

No solo de un film fundacional, En construcción, también de una manera de hacer documental, De la mano de Joaquín Jordá, Guerín reúne a su alrededor un grupo de estudiantes de la Pompeu y se plantea seguir la transformación del barrio de El Raval de un barrio marginal, abigarrado y sucio, en un barrio que quería ser la joya de la corona de la Barcelona moderna (y se quedó en refugio de la inmigración musulmana, conocido como Ravalistan). En construcción es un ejercicio de observación y de escucha, Guerín no interviene, coloca su cámara donde cree que hay posibilidades de una historia, y a veces, las crea sutilmente. En construcción es un ejemplo de cine urbano que ya había empezado a explorar en el fragmento con el que contribuyó al film colectivo City Life, de 1990. La ciudad se mueve, la ciudad está viva, la ciudad son las gentes que la habitan. Unas declaraciones suyas en el estreno del film dejan ver que ya estaba ahí la semilla que le ha llevado a Historias del buen valle: "Queríamos conocer la intimidad de una construcción, así que nos metimos ahí, cuando ese espacio era todavía un solar donde los chavales jugaban al fútbol. Sobre este terreno buscamos la forma de convivir, conocer y rodar -así, por este orden- En este proceso, pronto advertimos que la mutación del paisaje urbano implicaba también una mutación en el paisaje humano, y que en este movimiento se podrían reconocer ciertos ecos del mundo. Sobre estos cimientos construimos una película".

 


Historia 5: En la ciudad de Guerín

City Life. En construcción, En la ciudad de Sylvia… tres observaciones urbanas, tres formas de acercarse a las calles, de moverse en las calles. En el caso de En la ciudad de Sylvia siguiendo la estela de una musa que se mueve entre la gente, los parques, los cafés. Sylvia podría ser Berta  unos años más tarde, Sylvia podría ser una de las chicas protagonistas de City Life, Sylvia es la primera musa.

 


Historia 6 Guerín y las musas

Entre Sylvia y La academia de las musas, pasan siete años en los que Guerín explora todas las posibilidades de la imagen en cortos, experimentos visuales, documentales, viajes y reflexiones. También empieza a sentir que debe alejarse de Barcelona. Quizás por eso escribe y realiza La academia de las musas, como una despedida de la ciudad. De este film escribí un texto en el blog: “El día que vi La academia de las musas, salí impresionada. “¿Entusiasmada?” me preguntó una amiga. También, pero sobre todo impresionada. Impresionada de la sensibilidad y la belleza del film de Guerín, impresionada del poder que otorga a la palabra, ese elemento casi siempre mal utilizado en el cine. Banalmente utilizado. Aquí no, aquí, la palabra se erige en ritmo, en lenguaje, en guía. La palabra en sus múltiples lenguas: castellano, catalán, italiano, sardo. La palabra con referente de imagen: amor. El amor es el elemento común dominador de este poema que no deja de ser una comedia romántica…

 


Historia 7: El buen Guerín

Y ahora sí, ahora llegamos a Historias del buen valle, la última, por ahora, aventura cinematográfica de Guerín. Y digo aventura en el sentido amplio de la palabra, porque este es un film de aventuras. Las que relatan los habitantes de esta pequeña isla de paz (precaria) que es el barrio de Vallbona en los márgenes olvidados de Barcelona;  la que vive el propio Guerín en los tres años que pasa con ellos, volviendo al método que ya utilizó en En construcción de “convivir, conocer y rodar”, sin guión previo, pero si teniendo muy claro el objetivo: dejarse llevar por las aguas de ese remanso que es el Rec Comtal, reflejar en su cámara como si fueran las aguas del arrollo las vidas de una población multirracial, multicultural. Con músicas diferentes, con espacios de vida que son inimaginables para muchos barceloneses. Historias del buen narrador, del buen observador, del guía de la caravana. Mirar, escuchar, ponerse al nivel de los ojos, conjugar las distintas lenguas incluida la de las plantas, las diferentes músicas, incluida la del agua, reivindicar una isla de singularidad en medio del uniforme paisaje urbano. Porque la vida está llena de voces, de colores, de agua que corre. Vallbona, un pequeño barrio de la periferia, es una anomalía urbana, un SI lugar lleno de vida. Guerín la capta sin manipularla con una mirada limpia de ideas preconcebidas. “Historias del buen valle cuenta la vida de una isla urbana (podría ser la aldea de Astérix) que en el extrarradio barcelonés vive al margen de la vorágine contemporánea. Encerrado entre el río Besos, las vías del tren y la autopista, el barrio de Vallbona es un oasis de agua y de paz. Guerín no lo idealiza, ni lo romantiza. No. Guerín es muy consciente de los problemas y las amenazas que padece el barrio y no los esconde, pero los trata con un humanismo y una capacidad de señalar lo mejor que tiene, que hermana su film con Jean Renoir, con Roberto Rossellini, con Satyajit Ray, sin dejar en ningún momento de ser el mejor Guerín que hemos visto nunca.” Suscribo plenamente estas líneas de mi crítica en Cinemanía. Historias del buen valle es el mejor Guerín que hemos visto nunca.

(En Filmin se pueden ver tres películas de Guerín:

Tren de sombras, En la ciudad de Sylvia, La academia de las musas.

En Youtube hay muchas entrevistas con Guerín, también algunos de sus cortos menos conocidos, A Ryokan, De una isla, y dos películas suyas:

Los motivos de Berta  https://www.youtube.com/watch?v=AmlvZG2V6IA

En construcción https://www.youtube.com/watch?v=kTeyU2Yfi_g&t=4s

(Las fotos que acompañan este texto son de nuestros paseos por el Rec Comptal)

El regalo de esta semana es para Guerín, como no podía ser de otra manera



 

 

 

 

sábado, 7 de febrero de 2026

ISABEL Y LAMIA

 


Tres adioses, Isabel Coixet

69 producciones audiovisuales, 66 de ellas en treinta años, son un corpus cinematográfico que acreditan que Isabel Coixet es sin duda una de las grandes directoras del cine internacional. Digo producciones, y no películas, porque Isabel es de aquellas profesionales que no renuncia a ningún lenguaje: videoclips, publicidad, documentales, series de TV, películas de ficción, contribuciones en films colectivos, montajes de un año de vida en el mundo, campañas solidarias... Todos los géneros y formatos le sirven para proyectar su mirada sobre el mundo. Da igual que sea un documental sobre el Mar de Aral, o un regalo a su amigo John Berger, un guión original, o un encargo de adaptación de un libro. Se la reconoce en todos sus fotogramas, quizás porque ella misma ha llevado la cámara en muchos de sus trabajos. Isabel es fiel a sí misma, y sobre todo es fiel a dos cosas que me dijo en una de las muchas entrevistas que le he hecho a lo largo de los más de veinte años que nos conocemos: “Un director, lo que tiene que tener es un punto de vista construido sobre la realidad. Tienes que saber quién eres tú respecto a lo que quieres contar. Cuando veo una película, yo no quiero ver una obra maestra. Necesito sentir que la persona que me está contando eso, me lo está contando con el corazón y me lo está contando de una manera honesta.” Ella pone en práctica esta ley. Por eso es capaz de hacer comedias ligeras, comedias agridulces, melodramas, dramas personales. Por eso aunque adapta una novela, ella deja su sello sin dejar de ser fiel al autor del texto del que ha partido. Por eso, también, y a veces es lo más difícil, lo consigue en films que son encargos.

En Tres adioses hay muchas Coixets. La que acepta un encargo; la que adapta una novela, en este caso Tres cuencos, de Michaela Murgia; la que rueda con elencos internacionales y en cualquier ciudad, aquí la excelente Alba Rohrwacher y una Roma lejos de la postal turística; la que cuenta una historia de amor; la que cuenta una historia de vida; la que cuenta una historia de muerte. La muerte y el amor son dos temas recurrentes en su cine, la muerte y la memoria, el amor y la pérdida del amor; el sexo que no es amor, el amor que no sexo. La amistad por encima de muchos otros sentimientos. Tres adioses se podría llamar Mapa de los sabores de Roma, o Mi Roma sin mí. En este film, el dolor de una pérdida amorosa se transforma en un estímulo cuando Marta, la protagonista descubre que esa Roma que atraviesa con su bicicleta, seguirá estando ahí cuando ella ya no la pueda disfrutar. Tres adioses es un canto de amor a la vida simbolizada en esos tres cuencos que acompañan a Marta desde el principio del film y en cierto modo, son el elemento que cohesiona sus adioses: al amor, a la vida, a la gente que quiere. Tres adioses confirma otra de las frases que Coixet me dijo hace años: “Cuando hice mi primera película yo quería ser directora de cine, cuando hice la segunda, yo quería hacer películas.” Eso es lo que hace, películas.

 


La tarta del presidente. Hasan Hadi

No llega mucho cine de Irak, supongo que tienen otras cosas en las que pensar, aunque la verdad, Irak es un país del que se habla poco en las noticias y en los diarios, lo que seguramente quiere decir que viven relativamente tranquilos. Pero no siempre fue así. De hecho no hace mucho, Irak vivía en una dictadura militar laica, pero dictadura, bajo el régimen de Sadam Huseín, uno de los tiranos de manual que mantuvo un férreo poder durante casi 25 años. En ese contexto de inestabilidad tranquila, hacer cine no parece lo más urgente. Por eso se agradece este film agridulce con niña dentro. Lamia es una niña de nueve años, una especie de Marisol iraquí que no canta, pero es tan dulce y capaz de solucionar todos los problemas como si fuera un rayo de luz. Pero no se asusten, porque Irak está muy cerca de Irán, y el aliento de Kiarostami y Panahi está muy presente en esta aventura de búsqueda de los ingredientes que Lamia. tiene que encontrar para hacer una tarta para el cumpleaños del presidente Sadam. Estamos en abril de 1990, los americanos amenazan con un ataque a Irak (creo que el ataque fue más tarde, pero da igual). Los aviones no dejan de pasar por encima de la zona lacustre donde vive Lamia con su abuela. Pero ella lo único que quiere es conseguir los ingredientes para su tarta y para eso, tienen que ir a la ciudad. Lamia coge a su gallo Hindi, del que no se separa nunca y se marcha a la ciudad con su abuela. Mientras ella vive varias aventuras tragicómicas, pícaras e incluso peligrosas, acompañada de su abuela, sola, o con su amigo Said, la sociedad y la vida iraquí con sus miedos, militarización, escasez de todo lo necesario y corrupción generalizada, va aflorando a su alrededor en un retrato más bien desolador en todos los aspectos. Pero la película no pierde el equilibrio entre la inocencia de Lamia y la miseria del mundo en el que se mueve, y tampoco cae en la denuncia facilona de todo el mundo es malo. ¿Conseguirá Lamia hacer su tarta para el presidente? A Kiarostami le habría gustado este pastel. 

El regalo de esta semana son tres vasijas (no cuencos) para que Isabel haga una tarta de la mano de Lamia.



sábado, 31 de enero de 2026

PELISTERIAS

 

HISTERIA

 Enfermedad nerviosa, crónica, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.

Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación  anómala.

 Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.

 

De estas tres definiciones de Histeria, por lo menos dos, la segunda y la tercera, se pueden aplicar a una corriente del cine que poco a poco se va convirtiendo en género. Siempre ha habido un cine histérico, nervioso, excitado, pero lo que empiezo a ver ahora es otra cosa. No solo es un cine histérico en sus personajes y en sus historias histéricas, sobre todo es un cine histérico en la cámara, en la manera de filmar, de encuadrar, de montar. Fragmentando al máximo el fotograma, el rostro, la escena. No dejando al espectador ni un minuto de paz para tomar aire. Más y más movimiento, en un comportamiento irracional de la película. En pocas semanas se han estrenado  varios films que se pueden encuadrar en este neogénero de la histeria: Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson; La cronología del agua, de Kristen Stewart; Si pudiera te daría una patada, de Mary Bronstein y esta misma semana, Marty Supreme, de Joshua Safdie. De ninguna de ellas he hablado en el blog porque no me han interesado o directamente me han puesto de mal humor. Pero el hecho de que se acabe de estrenar otra pelisteria y además parta como favorita en los Oscar, me empieza a preocupar. Porque no es la única que está triunfando. El film de Paul Thomas Anderson ha encabezado las listas de mejores películas del año 2025 y es una de las mejor colocadas para ganar la estatuilla de Hollywood con trece nominaciones; y el de Joshua Safdie tiene nada menos que nueve nominaciones. Las dos como Mejor Película y Mejor Director. Quizás soy yo la que ya no aguanto determinadas cosas, o simplemente, he desconectado de lo que se supone es lo más moderno, posmoderno o plusmoderno, pero este cine no me gusta nada. El cine, para mí, tiene que contribuir a vivir mejor. Hay muchas maneras de hacerlo: la social, la política, la cultural, la artística, la experimental, la musical… Muchas formas de hacer que el espectador salga de una sala o una plataforma mejor de lo que ha entrado. Estas películas a lo que más contribuyen es a ponerte nervioso, en tensión, violento, agresivo por cualquier cosa. Como si no hubiera ya un montón de cosas en la vida que producen desasosiego, nervios. No es necesario ser usuario de Rodalies para estar a la que salta por cualquier estupidez. Lo noto en la calle y a lo mejor por eso esas películas son así. Son reflejo de una sociedad desequilibrada, histérica. Imagino que hay mucha gente que las adora. Recuerdo que de Scorsese y Tarantino también se decía que eran violentos, pero Scorsese contrarrestaba su violencia con su clasicismo, y Tarantino siempre tuvo sentido del humor y su violencia era la del Correcaminos y el Coyote o la de Tom y Jerry. Estas no, estas van en serio. Y si no lo van, lo disimulan muy bien.

 


La chica zurda, Shih-Ching Tsou

Esta no es una película histérica, por suerte. Esta es una película de colores y formas, de sentimientos y lugares. Su historia es la de un clásico culebrón mexicano que haría llorar a las piedras. Pero está contado desde el punto de vista de una niña de cinco años que ve el mundo como un calidoscopio de figuras y colores luminosos, brillantes, eléctricos. La chica zurda es la pequeña I-Jing, una niña llena de curiosidad que llega a Taipei con su madre y su hermana mayor. La madre vuelve a Taipei para llevar un puesto de fideos en el mercado nocturno de la ciudad. Mientras intenta salir adelante sin pedir nada a nadie, su hija mayor trabaja en una extraña tienda (sinceramente no logré entender que vendían) y la pequeña va a la escuela, y deambula por el mercado. Esta es una historia de mujeres, la madre, la hermana, la niña y su abuela, una mujer metida en un turbio negocio de tráfico de documentos y dinero. El abuelo tiene un papel secundario pero fundamental, porque es él quien le dice a I-Jing que la mano izquierda es “la mano del diablo”. La niña se lo cree, y decide usar su “mano del diablo” para hacer cosas malas. El final tiene un giro de guión melodramático que no voy a desvelar. Contado así es un culebrón, ya lo he dicho antes. Pero en realidad no lo es como no lo eran las películas de Sean Baker en las que Shih-Ching Tsou ha sido productora o guionista. De hecho, La chica zurda es una hermana china de The Florida Project. Ante las similitudes, y viendo que Sean Baker aparece como productor de La chica zurda, nos podemos preguntar quién influye en quién: Baker en Shih-Ching Tsou o Shih-Ching Tsou en Baker. La verdad me es igual, lo que me importa es que esta película me gusta mucho.

El regalo de esta semana es una mano que no es del diablo.



 

sábado, 24 de enero de 2026

LITERATURA

 

Un estreno y una exposición. Dos experiencias que tienen en común literatura, cine y bosque

Un estreno, Hamnet, Chloé Zhao

Me llegan con regularidad las noticias de las publicaciones de Los libros del Asteroide, una de las más interesantes editoriales independientes que hay en España. He comprado muchos libros suyos porque tienen un catálogo realmente inesperado y atractivo. Fue gracias a ellos que descubrí a Maggie O’Farrell. Hamnet fue el primero libro que leí de ella, hace ya tres años. Me gustó muchísimo ese relato imaginado, pero con una base real, de la vida de Agnès, la mujer sabia, la marginada, la que sabe cosas que los demás desconocen, la auténtica protagonista de esta historia. El libro se abre con una Referencia Histórica “En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años. Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet.”Esta referencia sitúa el tiempo, los personajes y la tragedia que va a ser el cuerpo de un libro que empieza con el niño Hamnet y de una manera no lineal nos narra la historia de amor entre dos seres únicos, Agnès y Will, que consiguieron unirse pese a la oposición de sus familias. Ella, bruja y sabia, él, poeta y soñador. Es esta historia la que ha llevado al cine Chloé Zhao con la complicidad y la entrega de una Jessie Burckle magnífica como Agnès, la joven rebelde, la esposa enamorada, la madre cariñosa, la madre inconsolable. Zhao, que escribió el guión con la propia escritora, transforma el relato en una narración lineal desde el momento inical en el que conocemos a Agnès integrada como una parte del bosque, acurrucada en un espacio de confort, arropada por las raíces y las ramas de un árbol. 

Will, el joven preceptor de latín, se enamora de ella en cuanto la ve llegar con un halcón en el brazo. Ambos se reconocen como especiales, ambos son especiales y ambos vivirán su historia de amor y dolor. Dolor de ella por haber fallado y no haber salvado a su hijo; dolor de él por haber estado ausente. De esta pérdida nace una de las obras inmortales del teatro Hamlet. Un Hamlet que se ve de una manera muy distinta después de leer el libro o ver la película. Hamnet contiene una emoción que se desborda en su última parte, tanto en el libro, donde ocupa pocas páginas, como en el cine resuelto en una larga secuencia estremecedora. El libro acaba con una sola palabra “–Recuérdame”. Lo recordaremos mucho tiempo, seguro.

 


Una exposición: Rodoreda, un bosc CCCB de Barcelona hasta el 25 de mayo

Escritura y bosque, palabras y flores, paisajes y sentimientos. El bosque es el nexo de unión de Mercè Rodoreda con Agnès. El bosque y el jardín que aparece como eje de su obra; el bosque que es el refugio natural de Agnès, una mujer que le habría gustado mucho a Mercé Rodoreda. Es difícil hacer una exposición, visual por encima de todo, de un escritor o incluso de un músico. Pero la exposición del CCCB, comisariada por Neus Penalba, es la prueba de que la imaginación puede lograrlo. Rodoreda un bosc tiene muchos textos, pero no son textos explicativos, son textos de la propia obra de la escritora que iluminan las diferentes maneras de leer su obra. Se nota un apasionante trabajo de selección de fragmentos buscados en función de la idea de la exposición, una relectura de la obra de Rodoreda con un objetivo claro: convertirlos en el eje del relato. Pero también hay un cuidadoso trabajo de búsqueda de cuadros y fotografías magníficos que acompañan esos textos, los completan y los revalorizan desde otro punto de vista hermoso y evocador. Hay mucho cine, sí, pero no siempre relacionado directamente con su obra, las secuencias elegidas funcionan como contexto y como influencia, no como ilustración. Dividida en seis grandes espacios expositivos: Inocentes, Deseo, ¡Cuanta Guerra!, Casas y calles, Metamorfosis, Álma, la exposición sigue un orden cronológico de la vida y la obra de esta mujer que en realidad es una gran desconocida. La Patum que ella tanto detestaba, “Lo que no quiero, yo, que he nacido para hacer de espectadora, es acabar haciendo de patum.”, acabó por apoderarse de su figura. Instrumentalizada por unos y otros, se ha creó una imagen que estaba muy lejos de la que esta exposición nos descubre. Si se conocen sus libros: La Plaça del Diamant, Mirall Trencat, Aloma La mort i la primavera y tantos otros, la exposición se disfruta mucho reconociendo fragmentos y representaciones. Pero si no se conocen sus libros, la exposición también se puede disfrutar mucho como recorrido visual, artístico, literario de una mujer que ha dejado una huella poderosa e imborrable. Creo que a Mercé Rodoreda le habría gustado esta exposición que se cierra con una frase en la que Agnès se habría reconocido: “Allí dentro no había nada que fuera mío y afuera estaban las calles y el aire.”

Nota. Lo único que echo en falta en la exposición es alguna referencia al proyecto de Agustí Villaronga de llevar al cine La mort i la primavera en 1991. Problemas de financiación hicieron imposible que lo consiguiera, pero se conserva todo el material de preparación del film: dibujos, storyboards, fotografías de localizaciones, fragmentos de sonido y esbozos de personajes. Con todo esto, Agustí presentó en el 2009, en La Virreina, una exposición insólita y singular. Este fue uno de los proyectos más queridos de Agusti al que dedicó varios años. El director tenía muy claro lo que quería hacer. “Nuestra ambición era hacer una película épica en Cataluña, en la línea del Andrei Rublev de Tarkovski, nada centrada en lo más típico de la catalanidad, sino en la esencia artística de una creadora como Rodoreda, profundamente catalana y al mismo tiempo universal". Una referencia a este proyecto no habría desentonado en una exposición casi perfecta. 

El regalo de esta semana no podía se otra cosa,   la foto de un bosque mágico y protector, refugio para Agnès y Mercè. 


sábado, 17 de enero de 2026

TRES SERIES


Esta semana en la que se estrenan doce películas de las que he visto seis, no me apetece hablar de ninguna. Por eso, y para compensar las entradas de la semana pasada,  esta se va a centrar en tres series que la gripe y las fiestas me han permitido ver. Son muy distintas entre sí, pero en cierto modo las tres podrían llevar como subtítulo el título de una de las películas que se estrenan: Si pudiera te daría una patada.

 


The Morning Show, Apple TV

Las patadas aquí van en distintas direcciones, hay muchas espinillas y culos donde darlas, pero las mejores son las que la propia serie da a la realidad. The Morning Show es el título de un programa informativo matinal en una gran cadena de televisión de ámbito estatal en Estados Unidos, un programa de gran audiencia y de gran impacto, de esos que crean opinión. Empieza la serie con el despertar de sus presentadores a las 4 de la mañana para estar listos cuando a las 8 empiece el programa. Lo que descubrirán muy pronto las dos estrellas del show es que esa mañana ha estallado en el estudio una auténtica bomba. Mitch Kessler, el popular presentador, ha sido acusado de abusos sexuales y su compañera, Alex Levy, debe sortear cómo pueda el hecho de quedarse sola frente a las cámaras y ser sospechosa de encubrimiento. La primera temporada es del 2019 y tiene el movimiento MeToo como eje vertebrador, reflejando la actualidad que se vivía en el país y en el mundo. El vacío dejado por Kessler será pronto llenado por Bradley Jackson, una reportera novata y con mucho genio que llega del sur profundo, una republicana en un nido de demócratas. La rivalidad/amistad/colaboración entre Alex y Bradley se prolongará a lo largo de las cuatro temporadas de una serie que es un microcosmos del propio país. Aprovechando que está hablando de un programa de información, la segunda temporada, rodada en el 2020, tiene la pandemia del COVID como referente. Para mí, esta segunda temporada es la mejor de las cuatro, por la capacidad que tiene de evocar esos meses en los que todo el mundo vivía aislado y con miedo, sin dejar de lado, las rivalidades, amores, desamores y ambiciones de todos sus protagonistas. En la tercera, vemos el asalto al Capitolio del 6 de enero desde la perspectiva de las noticias, la progresiva radicalización de la sociedad y la inmensa desconfianza que hay, incluso en terrenos más o menos afines, entre negros y blancos, entre hombres y mujeres. Pero sobre todo vemos, como un sosias de Elon Musk , llamado Paul Marks, se hace con la cadena para incorporarla a su gran imperio económico. En la cuarta,  y de momento la última, The Morning Show se prepara para el reto de los Juegos Olímpicos de París, mientras el protagonismo en la cadena lo va ganando cada día más un podcast de extrema derecha que  crece en audiencia a medida que el país se va radicalizando cada vez más. Alex intenta salvar la cadena de un desastre al mismo tiempo que intenta salvar a Bradley de una misión suicida en Bielorusia. Este es el contexto de la historia, pero si The Morning Show funciona tan bien es por el enorme carisma de sus protagonistas. Alex es Rachel, perdón, Jennifer Aniston, Bradley es Reese Whiterspoon, el tercer personaje protagonista es Billy Crudup como Cory Ellison, el director y controlador de la cadena. A ellos hay que sumar una galería de actores multirraciales en personajes importantes y la colaboración de grandes estrellas internacionales como Marion Cotillard, Valeria Golino, Jeremy Irons o el añorado Jon Hamm, que parece especializado en papeles de cínico manipulador. Entre todos ellos, !las patadas vuelan!

 


Perni,  Henriette Steenstrup Netflix

Las patadas en esta serie las da Perni, pero lo hace con buena intención. Perni es una serie noruega que tiene 5 temporadas. La primera es del 2021 y la última del año pasado. Su creadora, directora y protagonista es  Henriette Steenstrup, una Perni adorable a la que quieres en cuanto aparece en pantalla. Pero Perni sabe dar patadas si hace falta, porque Perni es una trabajadora social, de mediana edad, madre soltera de dos hijas adolescentes producto de su relación con un hombre estúpido con el que no puede contar para nada. Con el que si puede contar es con un padre inteligente y colaborador instalado en una eterna adolescencia, y un sobrino conflictivo que vive con ella. El auténtico refugio de Perni es su hermana a la que llama continuamente para contarle todo lo que le pasa. Es en estas llamadas donde Perni da las patadas que en la vida no puede dar. Durante las cinco temporadas, vemos como crecen sus hijas y su sobrino, como se enamora y desenamora de un atractivo abogado, como pelea por los problemas de los niños que como asistente del servicio de protección a la infancia le asignan y como intenta ser feliz y hacer felices a los demás. Sin dejar de lado una gran carga crítica con el sistema, Perni es una comedia agridulce que se ve con una gran empatía. Quizás porque Perni, es decir Henriette Steenstrup, es una mujer de una normalidad absoluta que no se suele ver en las serie de televisión. A su favor tiene que son temporadas cortas, de seis episodios de media hora de duración. ¡Me encanta Perni!

 


Blue Lights, Movistar

Los policías dan patadas, también reciben patadas. Más si eres novato en la comisaría. Blue Lights es una serie inglesa ambientada en Belfast, en un periodo donde la revuelta del IRA había bajado de intensidad, pero no desaparecido, y en el que las drogas y sus mafias son los más peligrosos enemigos. En este contexto empiezan a trabajar como patrulleros tres recién llegados. Grace, ex trabajadora social de 41 años, intenta rehacer su vida; Tommy, un chico tímido e inseguro, espera superar el periodo de pruebas y ganar seguridad; y Annie, una chica rebelde y decidida capaz de enfrentarse a su mundo para hacerse policía. La primera temporada los sigue en su proceso de adaptación a la comisaría, el ritmo de las calles, los compañeros. Podría ser una continuación de la mítica Canción triste en Hill Street que en los años 80 fue una de las primeras que intentó mostrar a los policías de Nueva York desde una perspectiva humana y personal. Blue Lights sigue esta estela de normalidad, alejando a los policías del heroísmo o la superioridad. En la segunda vemos como se consolidan las amistades y las relaciones y como sus entornos familiares aceptan su nueva condición. La tercer es la más interesante, al poner en evidencia que las mafias de droga, camufladas bajo el movimiento independentista, ponen en peligro a todos en la ciudad. Blue Lights tiene 18 episodios de 60 minutos en tres temporadas, con un punto adictivo: cada vez que se acaba uno, quieres saber un poquito más de Grace, Tommy, Annie, tres personajes unidos para siempre a los rostros de Sian Brooke, Nathan Braniff y Katherine Devlin. ¡Larga vida a estos policías!

El regalo de esta semana es una chica que, quizás, está viendo una serie bonita.



sábado, 10 de enero de 2026

VENEZUELA

 

Llevo varios días sumida en una contradicción tremenda. La alegría de ver caer a alguien como Maduro (no la voy a negar, es un personaje al que detesto desde hace años  y mucho más desde que he conocido a algunos venezolanos), se mezcla con la sensación de miedo que me produce ver a otro personaje que detesto, Donad Trump, alardeando de ser el amo del mundo, en el que todos tienen que hacer lo que él quiere. A esta contradicción se suma la sensación gatopardesca de que Todo cambia para que nada cambie. Debería releer El Gatopardo, pero en su lugar a llegado a mis manos, gracias a una amiga, un pequeño libro de una escritora venezolana. Una coincidencia, quizás. En todo caso, un coincidencia reveladora que me ha hecho alegrarme un poco más de que un dictadorzuelo analfabeto, ególatra y malvado  haya caído y preocuparme un poco más de que le suceda en el poder una dictadorzuela igualmente ególatra, pero nada analfabeta, que ha entendido que debe ponerse ella y su país al servicio del sheriff naranja. Tengo la impresión que Venezuela va a estar peor que antes: con la misma o más feroz represión y escasez, miedo y penurias, pero encima, regalando toda su riqueza a Trump y los poderosos lobbies que le rodean, a él y a la vicepresidenta no electa pero si sumisa que también irá acrecentando su fortunita. En fin,  de verdad que no apetece nada lo que está pasando, pero ahora mejor vamos al libro.

 


Viaje a la inversa, Mónica Montañés Kálathos ediciones

Viaje o viajes a la inversa, son los que recoge este librito que se lee como un café cortito, paladeándolo. Son cinco viajes, los de las abuelas de Mónica, Amparo y Helena, el de la tía de Mónica, Amparito, el de la madre de Mónica, Mónica, y el de ella misma Moniquita. Son viajes de ida y vuelta o ida sin vuelta entre España y Venezuela. Maletas donde se guarda lo que parece indispensable, ideas que se guardan en la memoria, separaciones y encuentros. Salir de un país para ir a otro, obligadas por la política, la represión, el hambre, el miedo. Las cinco mujeres que han hecho las maletas para irse de España a Venezuela y de Venezuela a España lo han hecho por las mismas razones: la imposibilidad de vivir en su país. Amparo, Helena, Amparito, Mónica y Moniquita, revelan con sus viajes a la inversa el dolor y la añoranza del desarraigo que sigue tan urgente ahora como lo estuvo en los años cuarenta. En la España franquista de la posguerra no se podía vivir, tampoco en la Venezuela de ahora mismo,  ni en la Nigeria de Ana, la protagonista del último relato de un libro que no es de cuentos. Porque la realidad no es un cuento. Seguramente Mónica pensó el sábado 3 de enero en la última frase de su historia: “La vida de pronto toma un rumbo inesperado y toca aceptarlo.” El rumbo inesperado fue el que se produjo este sábado. Pero me perdonará Mónica y los venezolanos, creo que todo ha cambiado para seguir igual o peor, para ellos y para todos los demás. Los matones del patio del colegio tienen abierto el camino para hacer lo que les de la gana.

 


(Edward G. Robinson, en plan pre Trump

Barbary Coast /La ciudad sin ley, Howar Hawks, 1935 Filmin

El viernes 2 de enero vimos una película de Howard Hawks que no recordaba. En castellano la titularon La ciudad sin ley, en inglés era Barbary Coast, la costa bárbara, salvaje, sin ley. Pasa en 1849, cuando una joven rubia y decidida llega a San Francisco, una ciudad donde impera el  caos y el oro, con intención de casarse con un rico minero. Mary (Miriam Hopkins) se entera nada más desembarcar que su futuro marido ha muerto, pero lejos de acobardarse (¡buenas son las mujeres en el cine de Hawks y más si el guión está escrito por Ben Hetch y Charles MacArthur!), la chica se dirige al saloon, restaurante, hotel, casino dirigido por Louis Chamalis, (Edward G. Robinson), auténtico amo absoluto de la ciudad donde nadie hace nada sin su consentimiento.  Todo lo que quiere lo consigue. Mary establece con él un pacto muy poco ético que le permitirá hacerse rica: robar desde la ruleta todo el oro de los mineros. Lo que pasa después es interesante, pero si hablo de esta película hoy y aquí es porque nada nos permitía pensar que solo 24 horas más tarde íbamos a ver una versión contemporánea, naranja y azul, del personaje de Louis Chamalis, ejerciendo de dueño de la ciudad, perdón de Venezuela, perdón del mundo. Como Chamalis, Trump no se mancha las manos, para eso tienen a los Marco Rubio i Delcy Rodríguez de turno que le hacen el trabajo sucio. Es el oro, diría Chamalis; es el petróleo, dice Trump. Es el poder absoluto sin ningún tipo de moral. Seguro que Trump no ha visto esta película, pero eso no quita que el modelo de poder de 1849 siga siendo muy parecido 175 años después.

(el regalo de esta entrada es una foto que hicimos mientras veíamos Barbary Coast)