sábado, 27 de febrero de 2021

FAMILIAS


 El confinamiento obligado al que nos vimos sometidos hace casi un año fue una dura prueba para la vida familiar. La convivencia forzada por el encierro nos permitió descubrir ventajas y desventajas de la familia más cercana, al mismo tiempo que nos hacía añorar la presencia de esa familia con la que no convivíamos, abuelos, tíos, primos o esa otra familia que nos construimos con los amigos a la que no pudimos ver en varias semanas. El confinamiento fue el tiempo de la familia entendida como “esas personas con las que vivo y de las que, a veces, no sé gran cosa”. Como un recordatorio de ese tiempo familiar, esta semana se han alineado los astros para sumergirme en el mundo de las familias. Me he tropezado, voluntaria o involuntariamente, con familias en formatos distintos: dos libros de familias, una serie estupenda y un estreno provocador.

 


 Ganarse la vida, Una celebración, de David Trueba. 2021

Este librito de los Nuevos Cuadernos Anagrama, de tan solo 58 páginas, es lo que promete: una celebración de la infancia del más pequeño de los Trueba.  Que David era hermano de Fernando y tío de Jonás es algo que sabemos todos, pero poco conocemos de lo que significó su familia, sus padres, sus seis hermanos y una hermana, su vida en un piso lleno de gente de distintas edades, su educación sentimental, emocional, ética. En cinco evocaciones de distintos momentos y etapas de su aprendizaje de la vida, David Trueba nos enseña un mundo personal, único. Sus textos, ligeros y libres, escritos desde el amor y desde la memoria, no solo recuerdan una casa, unos padres, unos hermanos, unos amigos; nos recuerdan un espacio y un tiempo que podemos compartir. David tiene 51 años y hace 25 que publicó su primera novela Abierto toda la noche. Ganarse la vida, nos cuenta como y gracias a quién, llegó a escribir esa primera novela.

 

(Chantal Akerman con Marisa Paredes en una foto de Chema Prado)

Una familia en Bruselas, Chantal Akerman, 1998, editado en España en 2020 por Editorial Tránsito.

Recuerdo muy bien a Chantal Akerman, recuerdo su enfurruñamiento, su malestar, también su calidez en pocos y preciosos momentos. Conozco el cine de Chantal, algunas cosas me gustan mucho, otras menos. Pero no conocía su faceta de escritora. Ha sido una sugerencia de una buena amiga (los amigos y las amigas son esa otra familia) la que me ha descubierto este increíble libro de Chantal escrito en 1998, poco después de la muerte de su padre. Una familia en Bruselas no es exactamente un libro de memoria personal, tampoco es una novela. La verdad es que no sé donde colocarlo. Creo que la mejor manera de explicarlo es decir que es una película de Chantal en palabras. En este monólogo del pensamiento en el que se conjugan tres voces, con la dominante de la voz de la madre, reconozco todas las contantes de Chantal: la cotidianidad de la vida de un ama de casa; la presencia poderosa y fundamental de la figura de su madre; los deseos, sueños y esperanzas algunos alcanzados, otros olvidados; el dolor de la pérdida del marido que acaba de morir. Una familia en Bruselas se lee de un tirón, como se ve una película y mientras se lee y se imagina, uno puede pensar en su propia familia de Barcelona, de Madrid, de México, de donde sea y evocar situaciones tan dolorosas y al mismo tiempo reconfortantes como las que describe Chantal Akerman.

 


 Los Durrell serie inglesa que se puede ver en Filmin y en Movistar

Supongo que mucha gente conoce esta serie. La primera temporada es del 2016. Pero no sé porqué, yo no la he visto hasta ahora en que se ha terminado del todo, con el final de la cuarta y definitiva última temporada. Me ha encantado. Debo reconocer que esperaba acabar el trabajo del día (el profesional y el familiar) para sumergirme en la atmosfera cálida, feliz, extravagante y deliciosamente absurda de los Durrell en Corfú. Lawrence Durrell, autor de El cuarteto de Alejandría, es un escritor que conozco, leo y releo desde que era muy pequeña Digo lo de releer porque su cuarteto no se entiende igual a los 20 años que a los 60. Pero desconozco por completo la obra de su hermano pequeño Gerald Durrell, autor de la Trilogía de Corfú que adapta Los Durrell. La historia transcurre durante los cuatro años que la familia pasó en la isla griega entre 1935 y 1939. La familia y la casa magnífica en la que viven a la orilla del mar, son protagonistas absolutos. La madre, la adorable Mrs. Durrell, es el centro de la vida de los Durrell. Y los Durrell son el aspirante a escritor Larry; el inocente y bien intencionado Leslie; la inquieta y curiosa Margo y Gerry, el pequeño, empeñado en salvar de la extinción a todos los animales de la isla convertidos en miembros de la familia: perros, pelicanos, perezosos, tortugas, cabras, burros, lémures, arañas, escarabajos… Todos comparten la casa y la vida de los Durrell. Y junto a ellos los amigos griegos que acaban siendo parte de la familia. En especial el indispensable Spiros, el inteligente Theo, la insustituible Lugaretzia y la entrañable amiga Florence. Los Durrell está llena de la luz del mediterráneo y es un canto a la libertad de ser y pensar lo que uno quiera. Hay conflictos, hay algún problema, hay amores desgraciados, muchos animales y muchas emociones, pero sobre todo hay ganas de compartir, de aprender y de vivir. Verla ha sido un bálsamo de inteligencia y humor frente a la realidad de cada día. Una excelente alternativa a los telediarios.

 


El diablo entre las piernas, Arturo Ripstein, México 2019

La última película de Ripstein es Paz Alicia Garciadiego en estado puro. Eso quiere decir que es sórdida, desagradable, provocadora, esperpéntica, pero también fascinante y un punto hipnótica. La familia aquí es un infierno compuesto por tres personas: el marido, un viejo libidinoso, maltratador desde un punto de vista no físico, celoso y dominante; la mujer, una vieja que no ha perdido el deseo sexual y que intenta librarse inútilmente de ese marido castrador; y una criadita, joven pero no inocente que ejerce de eje entre la pareja y acaba asumiendo un rol inesperado y definitivo. Esta familia mexicana nada ejemplar, opaca y un punto siniestra es, lamentablemente, muy real y reconocible. El diablo…es una película valiente, arriesgada, brutal salida de la pluma de Paz Alicia Garciadiego, una mujer sin miedo a las convenciones, puesta en imágenes por un director que sabe sacar partido del blanco y negro, de los espacios cerrados y de los planos secuencia y con una actriz que descoloca y admira, la estupenda Sylvia Pasquel. En la película también tiene un papel importante la indispensable Patricia Reyes Spíndola, pero para mí el gran descubrimiento ha sido Sylvia Pasquel. No hay muchas actrices que afronten un papel como éste con esa seguridad y aplomo, algo que sorprende un poco menos cuando sabemos que Sylvia Pasquel es la hija mayor de Silvia Pinal, la inolvidable Viridiana de Buñuel, nacida, educada y formada en los platós desde que era muy pequeña. El diablo entre las piernas es quizás demasiado larga, es irregular, a veces se estanca y se repite. Pero en su última media hora, se redime y vuela muy alto. Solo por eso vale la pena concederle el tiempo necesario.

El regalo de esta semana debería ser una familia, pero Ramon no tiene muchos cuadros “familiares”, así que he decidió compartir un retrato mío de hace muchos años con una de nuestras gatas, La Rubia. Las gatas, hemos tenido tres, han sido parte de nuestra familia. Seguro que Gerry Durrell lo entendería.



 

 

 

 

 

sábado, 20 de febrero de 2021

TRES PELÍCULAS

 (homenaje nada encubierto a Centauros del desierto)

Noticias del gran mundo (Netflix)

La sombra del árbol de John Ford es alargada y da cobijo a muchos cineastas muy diferentes. Pero nunca me imaginé que bajo ese árbol de múltiples ramas encontraría al director británico Paul Greengrass, autor de títulos tan variados como Vuelo 93, Domigo sangriento, La trilogía de Bourne 22 de julio. Quiero decir que el humanismo de Ford no me casa con la acción y la denuncia que caracterizan su cine. Pero si, por lo visto si casan. La prueba la tenemos en Noticias del gran mundo, un western contemplativo, una road movie emocional y física a través de los grandes territorios texanos. Su protagonista, el derrotado capitán del ejército sudista Jefferson Kyle Kidd, se dedica a viajar de pueblo en pueblo leyendo los periódicos para los habitantes de esas lejanas y casi olvidadas tierras. Es un hombre desencantado, un hombre tranquilo, un personaje fordiano. Lo interpreta Tom Hanks, el heredero natural de James Stewart. Este hombre que viaja solo, se encuentra en su camino con una niña perdida, una niña alemana que ha vivido seis años con los indios kiowa y ahora está sola y asustada. El capitán la recoge y se propone devolverla a lo queda de su familia. Juntos emprenden un viaje que podría ser un epílogo de Centauros del desierto. Esta extraña y entrañable pareja se van conociendo poco a poco, se van descubriendo, se van ayudando uno a otro a sanar viejas y profundas heridas. Es muy hermosa sin duda, pero cae en algunas tentaciones que Ford habría evitado. A Greengrass le sale su vena de denuncia y en lugar de soslayar, no evitar, como habría hecho Ford, los conflictos sociales y la violencia que les acecha, insiste en los obstáculos aprovechando para dejar claro, sin quererlo, que los energúmenos que asaltaron el Capitolio hace poco más de un mes, ya estaban en Texas con toda su ferocidad y estupidez. Quizás los tiempos hacían necesario esta presencia malsana que provoca un cierto ruido en el centro del relato que es la relación entre el capitán y la pequeña Johanna. En todo caso no me molesta. Lo entiendo y no me impide apreciar la serenidad de ese viaje y de ese encuentro. Y reconocer dos homenajes nada velados a Ford. Un plano de una puerta casi igual al de Centauros del desierto y una columna de indios en el polvo, que recuerda el Gran Combate. Ford a través de Greengrass sigue estando presente.

 


Tigre Blanco (Netflix)

Fue una buena amiga la que me hizo fijarme en esta película de Netflix. En la sobreabundancia de títulos y estrenos de la plataforma, un film como éste puede pasar desapercibido. Me alegro que alguien me lo señalara porque me ha gustad mucho. Es la última película de Ramin Bahrani, un director norteamericano de origen iraní del que, como en el caso de Greengrass, nunca me habría imaginado que hiciera una película así, tan alejada del resto de su filmografía. Tigre blanco es una película india, y si no supiera que Bahrani es un americano/iraní, no dudaría en afirmar que está dirigida por un indio. Un indio especial, es cierto. El tigre blanco es un animal raro, un tigre, si, pero con una cualidad única: escapa a los estereotipos de su raza y es muy escaso. Lo que nos cuenta este film negro es la historia de un tigre blanco. Narrada en primera persona, el film comienza con una secuencia que nos deja ante una pregunta ¿qué pasó esa noche? A partir de ahí, será el propio protagonista, el joven Bairam, el que nos vaya contando, en realidad se lo cuenta a un importante líder chino de visita en la India, como se convirtió de esclavo y fiel servidor, encerrado en las rígidas costumbres de las castas y las clases, en lo que es en el momento de empezar su historia: un rico industrial de la moderna y capitalista India corrupta de ahora mismo. Es una película larga, más de dos horas, pero tiene un ritmo trepidante, giros de guión, escenas scorsesianas sin ser demasiado violentas. Es un retrato de la India del siglo XXI, con sus luces y sus muchas sombras. No es una película redonda, pero funciona muy bien y no puedes dejar de pensar que lo que hace este tigre sin uñas para convertirse en un tigre blanco, es algo que sus muy estúpidos amos se merecen. Desde aquí le agradezco a Netflix que esté dando visibilidad a culturas, países y sociedades ausentes casi siempre de nuestras pantallas convencionales. Es un soplo de aire fresco, aunque en el fondo sea un aire tan viciado como el de nuestro paisaje más cercano.

 

EL RINCON DEL ESTRENO



(Nina y Mado nunca estuvieron juntas cuando eran jóvenes, ahora sí lo están)

Entre nosotras

En el año 2009 Miguel Albadalejo hizo una película llamada Nacidas para sufrir en la que contaba la relación lésbica entre una mujer mayor y su también mayor, aunque no tanto, cuidadora. Era una comedia negra en la que se atrevía a poner en imágenes uno de los tabúes de la sociedad. Si ya la idea del sexo y el amor en lo que se llama la tercera edad, es algo que cuesta asumir por los hijos y por la sociedad, en el caso de ser sexo y amor entre dos mujeres mayores (entre dos hombres esta más aceptado) es aun más tabú si cabe. Por eso me gusta esta película de un director italiano de 40 años, Filippo Meneghetti, que para su debut en el largo ha decidió contar el amor y la amistad de dos mujeres mayores. Nina y Mado se quieren desde siempre, pero la vida las ha llevado por caminos separados, hasta que consiguen reunirse. Mado, viuda con dos hijos vive enfrente de Nina, una mujer sola. Son vecinas para todo el mundo, pero en realidad son amantes y comparten juntas el más cálido apartamento de Mado. Cuando las conocemos, están pensando en instalarse en Roma sin tener que esconderse de nadie. Pero un hecho inesperado, viene a trastocar todos sus planes. Este es el primer cambio de un guión que irá acompañando a estas dos mujeres en un camino no siempre sencillo. Las dos actrices que dan vida a las amigas, la inolvidable Lola de Fassbinder, Barbara Sukowa y la veterana Martine Chavallier, llenan de emoción, silencio, amor y rabia, esta historia sobre la libertad de amar a quien se quiera y a la edad que se quiera. Sin trabas, sin obstáculos, sin miedos y sin vergüenza.

También se estrena esta semana Nuevo orden, la película mexicana de Michel Franco que pone en imágenes la violencia organizada en las calles. No me gusta, me parece pedante, pretenciosa y exagerada, pero la verdad es que visto lo que ha sucedido esta semana en varias ciudades españolas, no puedo dejar de pensar que su nuevo (viejo) orden está haciéndose realidad aquí y ahora, alentado por un trumpismo local y manipulador ejercido por los que quieren realmente un viejo (nuevo) orden. El film es violento, desagradable, feroz. Pero, desgraciadamente, es oportuno.

 El regalo de esta semana es un paisaje fordiano.




sábado, 13 de febrero de 2021

LO REAL Y LO VEROSIMIL

 

Lo real y lo verosímil no siempre coinciden. Por ejemplo, las declaraciones del Vicepresidente Segundo del Gobierno de España asegurando que el país que él gobierna como Vicepresidente “no tiene normalidad democrática”. Es real que lo ha dicho, pero no es verosímil lo que dice. Tampoco parece muy verosímil, aunque es real, que el portavoz de un partido que gobierna en el Estado, asegure que su presidente, es decir el Vicepresidente Segundo del Gobierno de España, “…puede dar las gracias de que, en España, el Estado no lo envenene con Polonio”, ¿Asesinarse a sí mismo? Es real  que lo ha escrito en un twit , pero la verdad, no parece muy verosímil que suceda. La esquizofrenia de nuestros aspirantes a vladimires (lenins y putins) es algo que roza el ridículo.

Pero esta semana, yo de lo que quiero hablar es precisamente de lo contrario: Lo verosímil que en ningún caso puede, o pudo ser, real en una serie y un estreno on line. Es probable que mucha gente no esté de acuerdo con lo que digo, pero a mi me parece interesante. 

 


(el personaje y la reina de verdad)

Los Brigetorn (Netflix)

Los Bridgetorn es una serie de época estrenada en Netflix, ambientada en el Londres de  1813 en la alta sociedad y la corte. Está basada en una serie de novelas de Julia Quinn que no conozco (y que tampoco me apetece conocer). No porque no me guste la historia y sus personajes, sino porque después de ver esta primera temporada lo que me gustaría es ver pronto una segunda entrega centrada en cualquiera de los ocho hermanos Bridgetorn. Pero si hablo de esta serie en esta entrada no es ni por su calidad cinematográfica, que la tiene, ni por su janeausteniana historia. Me apetece hablar de ella porque es un buen ejemplo de “normalidad”. Me explico. En Los Bridgetorn hay muchos personajes negros, de color. Personajes protagonistas que encarnan desde la reina Charlotte, en la realidad una princesa alemana, hasta el Duque de Hastings, la hermosa Marina y la gran Lady Danbury. El que se haya escogido actores de color para interpretar a ladys y lords ingleses del XIX es una licencia que se toma la serie creada por Chris Van Dusen que más desconcierto ha provocado en los espectadores de Netflix. ¿Una reina negra, un lord de color? No es posible. Pues sí, es posible y me parece muy bien que en las ficciones convencionales se incorporen actores no blancos en personajes que nada tienen que ver con sus rasgos físicos. Me parece estupendo que no se tenga que reducir a los negros, indios, chinos o lo que sea a hacer de negros, indios o chinos. Y que en el relato no se haga ninguna referencia a su raza ni a sus orígenes. La única cosa que se debe exigir es que sean buenos actores. Y en esta serie la mayoría lo son, con una excepción, el guapo pero un tanto encarcarado duque de Hastings.

 

 

Sylvie’s love (Amazon)

También esta película que se puede ver en Amazon contribuye y mucho a la “normalización”. En este caso, la historia se ambienta en Harlem y los personajes son negros. Pero la normalización viene por la época, finales de los cincuenta, principios de los sesenta y por las relaciones entre la pareja protagonistas. Sylvie’s love es un melodrama sirkiano en toda regla. Pero con negros. No hay en esta triste historia de amor, que recuerda a veces a Los paraguas de Cherburgo, ninguna alusión a los conflictos raciales y los problemas que se producían en la convulsa década de los sesenta en Estados Unidos. Nada. Y se agradece mucho. Aquí hay una historia de amor con problemas a lo largo de cinco años entre una guapa aspirante a productora de televisión y un tímido saxofonista. Se conocen, se enamoran, se separan por una tontería, se reencuentran. Y mientras tanto, ambos siguen sus  vidas profesionales y personales sin ninguna referencia racial. Es una historia de blancos con rostros negros. Y eso es lo que me gusta. Que no haya nada que los condicione. Vestuario, ambientación y sobre todo música arropan a los dos protagonistas en ese Harlem y ese Nueva York sin complejos ni miseria ni peleas ni racismo. Supongo que Spike Leedebe pensar que es un horror este film clásico, casi un musical. Pero a mí me parece un ejemplo, como Los Brigetorn, de normalidad narrativa y social. Y además es muy bonita.

 EL RINCÓN DEL ESTRENO


La chica del brazalete

La extraña situación que estamos viviendo ha hecho que muchas cosas cambien. Una de ellas es el orden en este blog. Lo que antes era raro (las series) ahora es lo habitual y lo que era habitual antes, (los estrenos en cine), ahora es raro. En fin, nos vamos acostumbrando a nuevas formas de todo.

La chica del brazalete es un estreno en cines que merece no pasar desapercibido. Su génesis es muy curiosa. Como en el juego del teléfono, donde uno dice una palabra y lo que llega al final no se parece en nada, así es la cadena que empieza en un oscuro asesinato en Argentina, sigue en el guión de una película argentina y acaba en una sala de juicios en Nantes. El suceso original es el asesinato de una adolescente a manos de su mejor amiga. Pero para el director Stéphane Demoustier lo importante no es la investigación de quién lo hizo o las razones de por qué lo hizo. Lo que le interesa es centrarse en la sala donde se celebra el juicio para asistir desde lejos al descubrimiento, en paralelo a los padres, de la desconocida y desinhibida vida sexual de su protagonista, una chica de aires bressonianos. Aunque sea morena, seguro que Melissa Guers habría entusiasmado a Bresson con su apatía y aparente indiferencia hacia todo lo sucedido. La chica del brazalete es un film doloroso en lo que revela: el absoluto desconocimiento que tienen los padres de lo que sienten y hacen sus propios hijos y en lo que denuncia: se les juzga mas desde un punto de vista moral que criminal. Real y verosímil.

 El regalo de esta semana es una planta verosímil, pero no real, en todo caso, preciosa.



 

 

 

 

 

 

sábado, 6 de febrero de 2021

TRES SERIES Y UNA PELÍCULA


Esta semana casi no hay estrenos en el cine. Un reestreno que celebra el centenario de El Chico, de Chaplin; un documental (del que hablaré cuando llegue e las plataformas) y poco más. Así que esta entrada la voy a dedicar a tres series que me han gustado/interesado por distintos motivos y un estreno on line muy bonito.

 


Nobel, serie noruega que se puede ver en Filmin

No me gusta leer informaciones antes de ver una película o una serie (esto contradice mis propios comentarios que muchas veces se leen antes de ver alguna serie o alguna  película). Me gusta fiarme de mi intuición o, como he dicho en otras ocasiones, hacer caso de lo que me comentan amigos (espero que estos textos se incluyan en este apartado). Todo esto para decir que me acerqué a Nobel sin saber mas que era noruega y con la confusión de que iría sobre los premios Nobel. La confusión no fue del todo mala, efectivamente, en esta serie se habla de un premio Nobel, el de la Paz, que se otorga en Oslo en lugar de Estocolmo. Pero en realidad, me encontré con una historia de conflictos: bélicos, en Afganistán, donde los noruegos forman parte de las fuerzas que colaboran en la supuesta pacificación; familiares, no es fácil ser soldado de las fuerzas especiales y vivir con la secretaria del Ministro de Exteriores; políticos, la implacable manipulación y corrupción de los intereses políticos y económicos en el tablero mundial. Lo mejor de esta serie centrada en la figura de un soldado que vuelve a Oslo tras una misión muy difícil, es que no prioriza ninguno de estos conflictos, al contrario, los combina en un equilibrio perfecto con saltos adelante y atrás a lo largo de unos pocos días, los suficientes para que el soldado se dé cuenta de cómo ha sido y es utilizado en una guerra que no es solo la de los desiertos y pueblos afganos. Nobel mantiene su pulso durante los 8 episodios que la integran sin caer en agujeros narrativos. Todo encaja sin necesidad de forzar el guión. Vale la pena verla.

 


La última base, serie británica que se puede ver en Filmin.

En este caso, también se habla de militares y de una guerra, pero muy diferente. La historia pasa en el Protectorado de Adén, en el año 1965. Está ambientada en una base de la policía militar británica estacionada en una especie de fuerte donde viven los militares y sus familias. No hay exactamente una guerra, pero si un conflicto con los resistentes del FLN, que quieren expulsar a los británicos de su territorio. Es una serie coral donde juegan un papel destacado el coronel responsable de la base, un capitán recién incorporado, un teniente con las ideas muy claras y un cabo romántico y enamorado. Junto a ellos, cinco mujeres se reparten  los roles más importantes: la fuerte esposa del coronel, pilar no solo de la familia, sino de la base entera, la joven esposa del capitán, inocente en su falta de experiencia en una base militar, la libre y frustrada esposa del teniente, una periodista audaz y valiente y una joven árabe envuelta en una tragedia. Estos nueve personajes se mueven a lo largo de los seis episodios de una hora, creciendo ante nuestros ojos. Todos empiezan en un punto y acaban en otro. Evolucionan y cambian nuestra expectativa hacia ellos. Esto es quizás lo más interesante de La última base. Eso y la excelente ambientación, vestuario, situaciones y evocaciones (es divertido entregarse al juego de “me recuerda a…” de cada uno de los actores) hacen de esta serie histórica británica una de las mejores apuestas para ver como “película larga”.

 



It’s a sin , serie británica que se puede ver en HBO

En esta estupenda y necesaria serie británica también hay una guerra, peros sus soldados luchan contra dos virus malignos; el del SIDA y el de la intolerancia o mejor dicho la indiferencia, que hubo en los primeros años 80 respecto a una extraña enfermedad que se cebaba en los homosexuales. Para los medios de comunicación y sobre todo para las autoridades sanitarias, no era algo digno de ser contado o combatido, al fin y al cabo, se morían unos hombres muy mal vistos por la conservadora Gran Bretaña de Margaret Thatcher. It’s a sin podría llamarse Friends, si el título no estuviera ya asociado a una serie legendaria. Pero está bien que se llame It’s a sin, Es un pecado, porque de eso trata. Bueno de las dos cosas, de amistad y de lo que la sociedad más tradicional consideraba un pecado. Son cinco episodios que se ven sin parar, Al menos yo no pude parar y los vi todos seguidos. Comienza en 1981 y tiene tres protagonistas principales, Ritchie, Roscoe y Colin, adolescentes que descubren y viven su homosexualidad con total libertad y desinhibición en el Londres de los 80. Comparten un apartamento, el Pink Palace, con otro homosexual, Ash y con su gran amiga Jill. Forman parte de un colectivo alegre, feliz, que intenta salir adelante sin renunciar a nada. Sin miedo y sobre todo, sin conciencia de que está creciendo a su alrededor un virus malvado que los mata poco a poco. Hay muchos paralelismos que se pueden establecer entre la aparición del SIDA y la dichosa COVID19. Los amigos del Pink Palace pasan de creer que no es más que una gripe, o una enfermedad inventada para controlarlos, a la conciencia de que es realmente una plaga que los ataca a ellos en especial sin que nadie haga nada por evitarlo y condenándolos a morir muchas veces en la vergüenza de sus familias. Pero no se crean por esto que es una serie dramáticamente triste, It’s a sin es tremendamente feliz, positiva, con una banda sonora espectacular, llena de color y de risas. Lloras y ríes con ella y con ellos, los quieres, los acompañas, los recuerdas y te recuerdan. Esto es lo que más me gusta de It’s a sin, que recuerda la tragedia de una enfermedad que mucha gente joven (los nacidos en los años 90 o más tarde) casi ni siquiera saben que existió, El SIDA no ha desparecido del mundo, pero si se ha podido controlar y convertir en algo no necesariamente mortal gracias a la lucha que comenzó esos años cruciales. Recordarlo es importante. Como es importante ver los paralelismos con el bicho que nos mantiene encerrados, aislados, con miedo a relacionarnos en estos momentos. Por suerte, esta vez la sociedad se ha puesto las pilas y está luchando contra él. Quizás porque no mata solo a unos pocos (los viejos, los enfermos) sino a todo el que se le pone por delante.

 

EL RINCÓN DE LA PELI


(la excavación de Sutton Hoo en 1939)

La excavación, film que se puede ver en Netflix

Esta es una película tranquila, bonita, antigua, como de los años cuarenta. Es una historia de amistad y de dignidad. Es de aquellas películas que parecen fluir como el agua, sin dejar mucha huella aparente, pero puliendo las arenas que dejan a su paso. Es un remanso de paz en medio de las tormentas. Como era un remanso de paz ese rincón de Inglaterra, Sutton Hoo, donde en 1939 se descubrió uno de los hallazgos arqueológicos más importantes y decisivos de la historia de Gran Bretaña: un gran tesoro escondido en un barco funerario del siglo VII que cambió por completo la visión de la alta edad media y alimentó las leyendas del poema épico Beowulf. La excavación cuenta la amistad entre Edith Pretty, propietaria del terreno donde se encontró el barco y el excavador Basil Brown que fue el primero en descubrirlo. Mientras el mundo se cae a pedazos con la amenaza de Hitler y la guerra inminente, en Sutton Hoo se vive otro tipo de abuso: el del poder académico y político que primero desprecia a Brown por no formar parte de sus élites y después se apodera y aprovecha de su descubrimiento marginándolo del hallazgo. El tesoro de Sutton Hoo acabó depositado en el Museo Británico de Londres, pero el stablishment académico tardó mucho en reconocer la importancia de Basil Brown en el hallazgo. El film se apoya sobre todo en la amistad entre Ralph Fiennes como el tranquilo excavador y la frágil Carey Mulligan como Edith. Como contrapunto a esta relación, asistimos a una historia de amor y una historia de ambición, que acompañan a los dos protagonistas. La excavación es una de aquellas películas que te dejan con una sensación agradable, casi dulce. Un bálsamo frente a la avalancha de malas noticias que proporciona el bicho y las decepciones continúas que produce la campaña de las elecciones catalanas. Es una gran medicina.

El regalo de esta semana podría formar parte del tesoro de Sutton Hoo



 

sábado, 30 de enero de 2021

CICATRICES

 


Crash

“Más me adentro en la vida, más desconfío de las ideas y más confío en las emociones”. (Louis Malle)

Me he encontrado con esta frase de Louis Malle cuando buscaba que había escrito de Crash, la película de David Cronenberg que se reestrena ahora. La frase –me gustó entonces, pero ahora me parece más necesaria–, estaba en una exposición sobre Malle que vi en Cannes de 1996, donde la película de David Cronenberg dividió a la crítica entre los que la acusaban de pornográfica, sucia, subversiva y obscena y los que pensaban que era un desafío intelectual y moral que retrataba muy bien la falta de sensibilidad y empatía de la sociedad contemporánea. Yo me alineaba en estos últimos, aunque reconociendo que Crash me producía muy mal rollo. La versión restaurada que se reestrena ahora, 25 años después, cuenta con una pequeña introducción del propio director en la que recuerda ese pase por Cannes y se pregunta porque el libro de J.G Ballard publicado en 1972 no tuvo ningún problema y en cambio su película provocaba tanto rechazo. Yo creo que la respuesta es doble: por un lado, leer una descripción del placer que produce acariciar las cicatrices en la pierna de una mujer mutilada, no es lo mismo que ver esa mujer y su pierna llena de hierros. La imagen siempre es mucho menos sugerente y a veces es difícil de soportar. Por otro lado, el que lee un libro lo hace en solitario y casi siempre sabiendo lo que está leyendo; en cambio el que va a ver una película no siempre está preparado para una experiencia tan extrema como la de Crash. 25 años después, Crash sigue siendo potente, atrevida, sigue siendo un desafío subversivo, quizás más ahora que entonces. Ahora mismo, no sé si nadie se atrevería a hacer una película como ésta. Tan extrema, tan hermosa, tan fría, tan dolorosa y al mismo tiempo tan fascinante. Crash es una experiencia que sigue dando mal rollo, pero como el rollo que nos rodea es tan horrible, acaba siendo, en comparación, casi confortable.

 


Fragmentos de una mujer (Netflix)

Las cicatrices de este film estrenado en Netflix no son tan visibles como las de los accidentes de Crash. Y aunque son igual de dolorosas, no producen ningún placer. Al contrario. Las cicatrices de Martha y Sean son profundas y los fragmentos emocionales que provocan son mucho más insoportables que las piernas y costillas rotas de los accidentes de Cronenberg. Fragmentos de una mujer es la primera película en inglés de una pareja de cineastas húngaros, ella guionista, él realizador, que se inspiran en una vivencia personal para contar la historia de este matrimonio. Todo empieza con un impresionante plano secuencia de 25 minutos en el que asistimos a un parto casero que acaba trágicamente. A partir de aquí, el film sigue el lento y difícil proceso de separación de la pareja y la lenta y difícil reconstrucción de los fragmentos de esta mujer, papel que le permitió a Vanessa Kirby ganar la Copa Volpi a la mejor actriz en la Mostra de Venecia. Aunque el tema principal es el dolor de la pérdida y como se enfrentan a ella el marido y la mujer, hay en el film tres conflictos morales flotando sobre la historia. ¿Hasta qué punto se debe permitir los partos caseros, donde no hay garantías de poder solucionar los problemas que surjan? ¿Hasta qué punto es responsable la comadrona si las cosas se tuercen en estas circunstancias y los padres siguen empeñados en no ir al hospital? ¿Hasta qué punto es lícito que se pretenda obtener dinero como compensación del dolor sufrido? Sin caer nunca en lugares comunes, ni jugar la carta del melodrama o la fácil demagogía, la película no da respuestas directas a estas cuestiones, y deja al espectador que vaya encontrándolas en paralelo a su protagonista.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


Supongamos que Nueva York es una ciudad. (Netflix)

Las cicatrices en este caso son las que la vida ha dejado en el rostro de una mujer excepcional y en las calles de una ciudad inigualable. Supongamos que Nueva York es una ciudad nos demuestra que hay esperanza en el mundo, que todavía quedan rayos de lucidez y gente que piensa. Trump no ha conseguido acabar con la inteligencia en Estados Unidos. La prueba es esta divertida y ácida serie que no es exactamente un documental. Dirigida por Martin Scorsese, Supongamos… tiene como hilo conductor la figura de Fran Lebowitz, una escritora neoyorquina, de setenta años sin pelos en la lengua a la hora de decir lo que piensa, lo que siente y lo que quiere. Los siete episodios de 30 minutos son conversaciones entre la escritora y el director en un teatro con público y en una charla mas privada en un café. Estos diálogos brillantes, están ilustrados con materiales de archivo de la larga carrera de Fran Lebowitz y sus muchas apariciones en la televisión, (es impagable su entrevista con Spike Lee). Pero sobre todo, Supongamos … es un retrato de la ciudad y sus gentes siguiendo a Fran Lebowitz en sus paseos por una Nueva York prepandemia, todavía llena de vida. Fran Lebowitz es un buen ejemplo de que la edad no es un problema (a no ser que seas Donald Trump, claro, o Putin, pero en estos casos no es la edad el problema, es su cabeza). Fran es una mujer sin complejos que mira y observa la ciudad y sus habitantes con una mirada crítica y tierna. Odia las multitudes, pero le gustan los niños; detesta las nuevas tecnologías, pero adora las fiestas; desprecia el dinero, pero quiere vivir bien. No tiene reparos en hablar claro de todo. Sus monólogos son deslumbrantes, sus diálogos con Scorsese inteligentes. Se ríen mucho, porque reírse es muy sano y reírse de uno mismo, más sano aun. El montaje, marca de la casa Scorsese, tiene un ritmo endiablado, la banda sonora es espectacular y se convierte casi en un tercer interlocutor, la fotografía es preciosa, naturalista pero no realista, o al revés, me da igual. Y la verborrea de Fran sobre lo divino y lo profano, sobre la cultura y los impuestos, sobre la literatura y el metro, sobre el deporte y la música, son absolutamente deliciosos. No tiene desperdicio. Es una lección de lo que debe ser un programa de entrevistas, un programa cultural. Lo que dice Fran Lebowitz y el cómo lo dice, no se escucha habitualmente en la tele. Estados Unidos tiene lo peor del mundo (Trump, el trumpismo, el negacionismo, la estupidez) y lo mejor de mundo (la democracia y su capacidad de controlar los populismos, la brillantez y la inteligencia). Después de un periodo oscuro en el que ha dominado la falta de dignidad, quiero creer que con Biden se ha recuperado algo del espíritu de esta serie. ¡Viva Fran Lebowitz!

Una muestra solo: “Vas a una subasta, sale un Picasso y silencio sepulcral. Cuando baja el martillo por el precio, aplausos. Vivimos en un mundo en el que se aplaude el precio, no el Picasso. Nada que añadir.” 

El regalo de esta semana está dedicado a Fran Lebowitz. Un cuadro abstracto de Ramon en el que se intuyen paseos más que cicatrices.



sábado, 23 de enero de 2021

CENTENARIOS


Antes de entrar en el tema semanal de este blog quiero decir algo sobre las declaraciones del Vicepresidente Segundo del Gobierno de España en una entrevista en televisión el domingo 17 de enero. Como hija y nieta de exiliados republicanos, y como persona que vive en esta gris y triste Barcelona, me siento insultada, indignada y absolutamente despreciada por el Vicepresidente Segundo del Gobierno de España. Comparar a los exiliados republicanos con un señor que encabezó un golpe de estado contra la legitimidad y que traicionó a sus propias gentes convocándolas al trabajo en la Generalitat, cuando él se fugaba como un cobarde en el maletero de un coche, me parece algo inmoral. No encuentro otra palabra.

 


Dicho esto hablemos de tres centenarios: dos que conmemoran los nacimiento, y uno que recuerda una muerte. Federico Fellini y Patricia Highsmith cumplirían 100 años este 2021; Emilia Pardo Bazán murió hace 100 años este 2021.

 

(dibujo de Fellini)

Federico Fellini

El estreno esta semana de un mediocre documental sobre Fellini me ha hecho pensar en el director italiano más peculiar de todos. Fellini comenzó su carrera a la sombra del neorrealismo en los años 50. De esta época he de decir que prefiero Los inútiles a La Strada, Il Bidone a Las noches de Cabiria. Pero a partir de la fundacional Dolce Vita, Fellini se aleja del modelo neorrealista y empieza a construir un universo personal poblado de seres estrafalarios, mujeres exuberantes y memoria de su infancia plasmada en la que quizás es, para mí, su mejor película Amarcord. Excesivo y hasta cierto punto oscuro (el documental que se ha estrenado pretende sin conseguirlo desentrañar la espiritualidad personal de Fellini) su cine se fue haciendo cada vez mas críptico. En realidad nunca he sido una gran felliniana, los mejores recuerdos que tengo de él son por persona interpuesta. José Luís Guarner, uno de sus mejores amigos en España, consiguió hacerme entrañable el personaje aunque no apreciable su cine. Buscando en mi biblioteca información sobre Fellini, he encontrado un bonito catálogo que compré en el lejano año de 1984 cuando tuve la suerte de ver una exposición de dibujos de Fellini en la ciudad suiza de Ascona mientras asistía a mi primer festival de Locarno.

(en Filmin se pueden ver 14 de sus más importantes películas)

 

(Patricia Highsmith más o menos cuando la conocí)

Patricia Highsmith

Y esta exposición me permite hablar de Patricia Highsmith, porque fue en ese festival donde la conocí sin conocerla. Me acuerdo perfectamente del momento. En Locarno aquel año, yo estaba muy sola. Era mi primer festival y no tenía ningún amigo. Pero eso no me detenía a la hora de ponerme hablar con mis vecinos de cola o de asiento. La verdad es que así he conocido a algunos de mis mejores amigos de los festivales. Bueno, en ese primer Locarno, me encontré hablando con mi vecina de butaca en la Piazza Grande mientras esperábamos para ver París-Texas de Wim Weders. Era una mujer mayor, amable, aunque algo seca, que tuvo una enorme paciencia con mi inglés más bien deficitario. Tiempo después, ya en Barcelona, vi una foto suya en la contraportada de un libro, y me di cuenta que aquella señora que compartió conmigo la espera para ver la película, era nada más y nada menos que Patricia Highsmith, habitante del Ticino y habitual en las proyecciones del festival. Yo había leído A pleno sol y sabía que estaba detrás de Extraños en un tren, pero a partir de ser consciente que había hablado con ella, me convertí en una adicta a sus libros, y en especial una adicta a Tom Ripley al que siempre he imaginado con el rostro de Alain Delon. He releído sus novelas varias veces y he visto muchas de sus adaptaciones al cine y reconozco sin rubor que me siguen gustando mucho.

(en Filmin hay dos películas suyas, A pleno sol y El amigo americano)

 

(de todas las imágenes que he encontrado en Internet, ésta me gusta mucho)

Emilia Pardo Bazán

De una dama del crimen a una dama de la literatura, maltratada por la historiografía oficial durante mucho tiempo. Estoy hablando de Emilia Pardo Bazán, una de las mujeres  más interesantes del escaso  universo femenino cultural español. Injustamente arrinconada en el polvoriento rincón de los escritores españoles que el franquismo nos hizo detestar, Pardo Bazán es objeto de un reconocimiento tardío al cumplirse 100 años de su muerte. “Conservadora y feminista”, la definía un artículo reciente. Y lo era, conservadora en lo político, feminista y muy liberal en lo moral, escritora sin complejos, libre en su comportamiento y en su escritura. Emilia Pardo Bazán fue una mujer llena de contradicciones, con una vida sentimental agitada, por decirlo suavemente, que nos dejó una obra literaria importante y lamentablemente poco conocida. Creo que solo he leído un libro suyo, Los pazos de Ulloa, comprado en Santiago de Compostela en el año 1969. Qué mejor sitio para comprarlo y para leerlo. No lo he vuelto a leer, pero si tengo un recuerdo de la serie que en 1985 dirigió Gonzalo Suárez con Charo López, José Luís Gómez, Victoria Abril y Omero Antonutti. Para los que tengan curiosidad, la serie se puede ver entera en la web de TVE a la carta o en Flixolé.

 

EL RINCÓN DE LAS SERIES


(En el libro de Pardo Bazán me encontré dos dibujos míos hechos en Galicia ese año 1969. Uno de ellos, la vaca con su ternero, me sirve para ilustrar esta serie donde hay vacas, pero no terneros).

30 monedas

Por fin HBO ha colgado todos los capítulos de 30 monedas, la serie de Álex de la Iglesia. No quiero pensar lo que ha debido ser ver un capítulo cada semana y quedarse esperando saber qué pasaba en el siguiente. No lo soportaría. Por eso me he aguantado las ganas de verla hasta que han colgado el número 8. Y ha valido la pena. Excesiva, delirante, inesperada, adictiva. Mitos paganos, monstruos lovercraftianos, rituales católicos, brujas y milagros. Malos, muchos malos. Divertida y agobiante, lo tiene todo este extraordinario trabajo de Álex como director y de Jorge Guerricaecheverría y él mismo como guionistas. Desde el primer minuto del capítulo 1, hasta el último minuto del capítulo 8, la serie no decae ni un solo momento. No hay baches, no hay vacios, hay niebla, demonios, curas, posesiones, monstruos, cardenales, sacrificios. Un pueblo precioso en el ojo del huracán; una búsqueda mística y esotérica de las 30 monedas de Judas. Y un cura enorme en el cuerpo y el rostro barbudo de Eduard Fernández que domina con su presencia toda la aventura desquiciada de una joven veterinaria y un alcalde más bien inocente empeñados en combatir el mal en todas sus manifestaciones. No sé si es apta para todo el mundo, pero no hay duda que, como me comentó Ramon, ésta es de esas series que no se olvidan. Potente.

 El regalo de esta semana es un cuadro abstracto de Ramon que le habría gustado a Fellini y al mismo tiempo encierra muchos misterios.



sábado, 16 de enero de 2021

PADRES Y CRÍMENES

Esta semana he visto dos películas que se parecen mucho. Bueno, no. Tienen argumentos muy parecidos, pero las películas son completamente diferentes. Esto me ha hecho pensar en la relativa importancia de las historias a la hora de hacer que una película sea de una manera o de otra. El cine es imagen, es sonido, es ritmo de montaje, es mirada. Todo eso condiciona la historia. Por eso pueden ser tan distintas dos películas que, contadas, parecen la misma. Las dos son de hace unos años, una se estrena en salas ahora, supongo que ante la penuria de material nuevo; la otra se puede ver en Filmin. Vamos a compararlas: 


Primero los argumentos.

Más allá de las palabras, de Urszula Antoniak, Holanda 2017. Michael es un joven polaco que vive en Berlín. Guapo, rico, moderno, disfruta de todas las ventajas de la ciudad más cool de Europa. Pero un día aparece en su puerta un hombre que dice que es su padre, al que no ve desde que era muy pequeño. Durante un fin de semana, hijo y padre intentarán encontrar un camino de reconciliación, o como mínimo, de comprensión.

La redempció dels peixos (La redención de los peces), de Jordi Torrent, España 2013. Marc es un joven catalán que llega a Venecia con la intención de conocer a Paco, su padre, al que nunca ha visto. Su madre ha muerto hace poco y el chico siente la necesidad de saber quién es ese padre que él cree le abandonó. Durante unos días de vacaciones en la ciudad de los canales, hijo y padre intentarán encontrar un camino de reconciliación o como mínimo, de comprensión.

Ambas historias son muy parecidas. Hijo, padre perdido y reaparecido, una ciudad como escenario. Pero aquí acaban las similitudes. Porque no hay películas más distintas entre sí que estas dos.


Segundo los estilos

Más allá de las palabras es una película rodada en un blanco y negro contrastado y muy potente en un Berlín frío y estilizado aunque el encuentro entre padre e hijo suceda en pleno verano. Los espacios de la ciudad son abstractos y el tono voluntariamente intenso, casi pedante, incluso desagradable. No hay nada en Michael que lo haga simpático, tampoco hay nada en su desastrado padre, juguete roto de una Polonia de los 80 en la que ser punk era una manera de rebelarse contra el orden, pero que en la Europa del siglo XXI, ya no sirve para nada.

La redención de los peces, es una película voluntariamente naturalista, cercana, rodada en una Venecia de turistas, pero también de venecianos, donde Marc se pierde en sus calles, como se pierde en la relación con ese padre desconocido. A Marc lo entendemos, pero no está claro que lo queramos. Tampoco Paco, su padre es alguien que nos caiga bien. Si el polaco viene de un punk rebelde, Paco, viene de la Barcelona de los 80, de la fiesta infinita de las drogas que diezmó a una generación.

Tercero: los subtextos.

En todo film hay siempre un subtexto a veces tan importante o más que el texto dominante. En Más allá de las palabras, ese subtexto es el de la imposible integración de los trabajadores de la Europa del Este en las sociedades democráticas del oeste. Michael es rico y un profesional con una carrera, pero nunca dejará de ser “el polaco” aunque perfeccione su acento y se sienta igual a su amigo Franz. La llegada de su padre le enfrenta de golpe a esa realidad. Tendemos a pensar que la discriminación y el desprecio se focaliza en los inmigrantes ilegales o en los refugiados de cualquier guerra,Y nos olvidamos que también hay ciertos europeos que están considerados de segunda o de tercera categoría en sociedades que, sin ningún derecho, se consideran mejores. Esta idea, surgida de la propia experiencia de la directora, polaca en Holanda, es quizás lo mejor de este film, irregular pero muy interesante.

El subtexto en La redención de los peces, es más simple: la difícil reconciliación entre dos generaciones formadas en conceptos morales muy distintos. Marc es incapaz de entender y aceptar el nomadismo y la falta de convenciones de su padre (desde su vida marginal en distintos países hasta su actual ocupación como traficante de libros antiguos). Curiosa paradoja entre un padre sin raíces, capaz de transgredir sin complejos los valores considerados como normales y un hijo, que se ha educado en el respeto a esos valores. Salvando todas las distancias, este conflicto me ha recordado el de una película canadiense que me gustó mucho, Las invasiones bárbaras donde se cuenta la historia de un padre, un viejo profesor universitario socialista, libertario y vital frente a su hijo, un joven broker capitalista puritano y reprimido, que acaban encontrando un espacio de convivencia.

Con esto cierro el círculo volviendo al principio: los argumentos no determinan las películas.

 

ELRINCÓN DE LAS SERIES

Esto de los argumentos parecidos me ha llevado a pensar en tres miniseries, dos británicas y una danesa, que tienen en común ser investigaciones criminales basadas en hechos reales. Las inglesas están en Filmin, Manhunt, tres capítulos y Honor, dos capítulos; la danesa tiene seis capítulos, se llama The Investigation y se puede ver en Movistar. Las tres cuentan desde la ficción, pero con una poderosa base documental, las investigaciones de la policía en tres casos de asesinato muy mediáticos. Y relativamente cercanos.


 

Manhunt se centra en el inspector Colin Sutton, que en el 2004 se puso al frente de un equipo de policías cuando apareció en un parque de Londres el cuerpo asesinado de una joven estudiante francesa. Durante dos años, Sutton y su gente, investigaron pacientemente el asesinato, relacionándolo con otros anteriores ocurridos en distintos lugares, luchando con la incompetencia de sus superiores y la falta de coordinación de las distintas policías. Hasta encontrar al asesino en serie que los cometió. Toda la historia está contada desde el punto de vista de este hombre casi mediocre en su aspecto, absolutamente confundible con cualquiera, de vida ordenada, muy alejado del estereotipo de los policías americanos. En la historia tienen un papel importante los padres franceses de la víctima con los que Sutton establece una fuerte conexión.




The investigation cuenta un caso que se hizo muy famoso en el año 2017, el llamado “caso del submarino”. El jefe de la unidad de homicidios de Copenhague Jens Moller dirige un equipo que investiga la desaparición de Kim Wall, una periodista sueca a la que se perdió la pista cuando hacia una entrevista al constructor de un submarino casero. Desde muy pronto, Moller sospecha que es un caso de asesinato y también desde muy pronto intuye quién es el asesino. Toda la serie es un intento de encontrar la manera de demostrarlo ante la insistencia de un fiscal que necesita pruebas, no intuiciones. Como Colin Sutton, Jens Moller es alguien completamente normal, un policía serio, aburrido, un poco desagradable y muy tenaz. Como Colin Sutton, Moller establece una estrecha relación con los padres de la víctima. Como Colin Sutton, Moller padece la incompetencia y arrogancia de algunos de sus superiores. Una de las cosas más interesantes de esta serie, que la distingue de las otras dos, es que nunca vemos al sospechoso y supuesto asesino.




Honour recuerda el horror de un crimen de honor que en el año 2006 conmocionó la opinión pública inglesa. En enero del 2006, apareció muerta una joven kurda de 20 años a la que se había dado por desaparecida en contra de la opinión de sus padres que sostenían que simplemente se había marchado. En este caso, la protagonista es la inspectora de policía Caroline Goode, una mujer de mediana edad, tan cotidiana y normal como sus colegas Sutton y Moller, la encargada de un equipo que investiga primero la desaparición de la joven kurda Banaz Mahmod y poco después su confirmado asesinato. También en este caso, la relación con la familia es importante, sobre todo con una hermana de la víctima. En contra de algunos de sus superiores y miembros de su equipo, Goode está dispuesta a encontrar a los responsables, lo que la lleva a descubrir que el crimen lo organizaron y cometieron algunos miembros de su propia familia de kurdos iraquíes: su padre, su tío, sus primos, que lejos de arrepentirse, están orgulloso de haberla matado. Han salvado el honor de la familia. A diferencia de las otras dos series, junto al objetivo principal de encontrar y castigar a los responsables, en Honor hay otro tema importante: la puesta en evidencia de la actitud de la policía frente a este tipo de casos. Hasta cinco veces denunció la joven kurda amenazas e incluso agresiones que la llevaron al hospital, ante la total indiferencia de los supuestamente responsables de ayudarla. Este comportamiento es una prueba de lo poco que en realidad importa lo que les suceda a estas mujeres. Es un terreno resbaladizo que se mueve entre el “no nos metamos con sus cosas”, “son sus costumbres” y la idea generalizada de que “total, no son de los nuestros”.

Ver estas tres series de caso reales da que pensar: vivimos en una sociedad enferma donde los asesinos en serie hacen vida como felices padres de familia, los depredadores sexuales se sienten impunes, y los crímenes de honor cometidos en nombre de supuestas costumbres o preceptos religiosos son vistos como algo inevitable en pleno siglo XXI.

Pero no quiero acabar con una sensación de "qué horrible es todo". Por suerte , la sociedad tiene mecanismos para luchar contra la estupidez. Confiemos en ellos, Y mientras tanto un bonito regalo. Ya que las tres víctimas de las series eran jóvenes mujeres, que mejor que tres retratos que las recuerden.