sábado, 27 de junio de 2026

4 ESTRENOS


La mujer sin nombre, Haifaa Al-Mansour, Arabia Saudí

Haifaa Al-Mansour sí tiene nombre, el de la primera mujer directora (hay varias en este momento) en Arabia Saudí. Cuando rodó la primera entrega de su Trilogía Saudí, La bicicleta verde, en el 2012, las mujeres aun no podían conducir y ella tuvo que dirigir el film desde una camioneta en clandestinidad. Ya en ese film pequeño y revelador, Haifaa dejaba claras sus intenciones: hablar de (y denunciar) la situación de la mujer en su país y hacerlo con ironía, con humor, con muchas dosis de inteligencia para que no se note a primera vista. Y de paso, hacer cine de género, femenino y cinematográfico. Con la segunda película de la Trilogía Saudí, La candidata perfecta, Al-Mansour incidía en otro aspecto marginador de la sociedad saudí: las mujeres profesionales y su difícil camino en un país moderno y viejo a la vez, que mira adelante, pero está anclado en una tradición muy reaccionaria. En este film, que se puede ver en Filmin, surgía otra temática que iba a ser importante para la directora en su tercer trabajo: la reivindicación de una parte de la población masculina, los hombres vaya, que no está de acuerdo con la manera como se trata a las mujeres en su mundo. En La candidata perfecta, era el padre de Maryam, la protagonista, un músico con dos cosas claras: dejar que sus hijas hagan lo que crean que tienen que hacer, y conseguir que la música se pueda escuchar en público y por todo el mundo. Con estos antecedentes llegamos a La mujer sin nombre, el tercer capítulo de su Trilogía. Una joven aparece asesinada en el desierto; una policía novata que no se resigna a ser simple oficinista, se empeña en descubrir su identidad y quién y por qué la mataron; su jefe en la comisaria la apoya, las familias se oponen, especialmente la de la chica que intenta por todos los medios que no se sepa quién es. Un thriller en un contexto donde las mujeres ya pueden conducir y hacer algunos trabajos, pero en el que las familias siguen siendo reductos de la tradición mas oscurantista. Contado con gran agilidad, salpicado de gotas de humor, podría ser el piloto de una serie con Nawal, la policía, como protagonista, si no fuera por… (no sigo, si ven la peli, sabrán porque).

 


Pálida luz en las colinas, Kei Ishikawa, Japón

El cine sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para recordarme el nombre de Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura en el 2017. Recordarme no es la palabra exacta, porque no he leído nada de él. Pero si obligarme a buscar algo más y descubrir, por ejemplo, que su novela Lo que queda del día, se convirtió en un clásico de los 90 con Emma Thomson y Anthony Hopkins. Ishiguro escribe en inglés y vive en Inglaterra, pero conserva su alma japonesa, sus raíces, su pasado heredado. Ishiguro nació en Nagasaki nueve años después de la bomba que arrasó la ciudad. Tenía cinco años cuando llegó a Inglaterra con sus padres. Y allí se quedó en cuerpo, pero no en alma, ya que una buena parte de su pensamiento seguía en Japón. De esta añoranza nace Pálida luz en las colinas, su primera novela, publicada en 1982, llevada al cine ahora por Kei Ishikawa. No he leído la novela, pero me han entrado ganas porque la historia es muy bonita, y está llena de recovecos y de trampantojos. Me ciño a la película. Una mujer duerme en la oscuridad de una sala. La acción propiamente dicha empieza en una cocina japonesa en los años cincuenta, la ambientación, la luz, la fotografía, la ropa, todo indica ese tiempo con un tono ozuciano muy marcado. Conocemos a Etsuko, una joven embarazada de pocos meses, estamos en Nagasaki. Cuando se queda sola, Etsuko mira por la ventana y ve a una mujer en una casita cerca del rio. Es entonces cuando volvemos a la mujer dormida y descubrimos que es Etsuko mayor, viviendo en Inglaterra en una casa donde está de visita su hija Niki. A partir de ese momento, Etsuko le va contando a Niki una historia del pasado, de cuando vivía en Nagasaki y la hermana mayor de Niki, Keiko, aun no había nacido. Le cuenta como conoció a Sachiko, la mujer que vive en la casita del río y a su hija Mariko. La amistad que creció entre ellas y el dolor de separarse cuando Sachiko decide irse a Estados Unidos con un americano y llevarse a su hija. Igual que hizo ella con Keiko cuando conoció a un inglés, el padre de Niki, y abandonó Japón para siempre. El film alterna el presente de Niki y Etsuko con sus tensiones, y el pasado cuando florece la amistad entre las dos mujeres que viven al borde de la zona prohibida por la radiación. Es una historia muy bonita, quizás confusa en algunos momentos y un poco larga, pero la belleza del pasado recreado y la sutileza de la narración, la hace perfecta para olvidarse un rato de todo lo que nos rodea. Además de estimular a leer a Ishiguro.

 


Nino, Pauline Loqués, Francia

Nino es joven, pero no tiene toda la vida por delante. En realidad, Nino tiene tres días por delante para encontrar a alguien que le acompañe a una prueba médica decisiva que le anuncian un viernes y le harán el lunes. En esos tres días y sus noches, Nino deambula por París como una Cléo vardadiana, buscando reconciliarse con su entorno, su madre, sus amigos, una compañera de instituto, la ciudad, la noche, el día. Nosotros acompañamos a Nino de la mano de Pauline Loqués y del cuerpo frágil y el rostro expresivo de Thèodore Pellerin en una walk-movie emocional donde la ciudad adquiere rango de protagonista.

 


Morir no siempre sale bien, Claudia Pinto, Valencia

Después de la experiencia dolorosa de Mientras seas tú, Claudia Pinto necesitaba hacer algo relajante, divertido, una comedia. Pero una comedia negra que le habría encantado a Rafael Azcona. Su novela Los muertos no se tocan, nene parece haber servido de inspiración para esta comedia de enredo con un cadáver muy vivo y con dos familias, una rica y burguesa, otra de origen humilde y proletario, que parecen sacadas de un Parásitos fallero. A ratos me hizo pensar en Ripstein y La perdición de los hombres, aunque sin el vitriolismo feroz del mexicano. Que el film está dirigido por una mujer queda claro entre otras cosas por el papel relevante de las dos madres, Tamara Casellas y Ana Wagener, y las dos hijas, Carmen Arrufat y Paula Muñoz, mientras que los hombres, vivos o muertos, no son precisamente dechados de inteligencia. El que esté hablada en valenciano le da a la película un plus de autenticidad que se agradece, pero se echa en falta un poco más de mordacidad, un punto más de la “maldad”, que queda insinuada en el gesto del último plano de la película, escondido entre los títulos de crédito. Claudia no es Ripstein ni Bong Joon.-ho, Claudia es Claudia y se nota que quiere a sus chicas, por eso las deja que se salgan con la suya. Amoral, si, cruel, no.

El regalo de esta semana  es una mujer con nombre.



sábado, 20 de junio de 2026

VIV(O/A)S

 


Viva, Aina Clotet

Aina Clotet está viva, muy viva. Aina no solo está viva, ejerce de viva. Y lo hace con una pasión y una energía desbordante. Aina lleva muchos años trabajando, tenía solo once años cuando apareció por primera vez en una serie como actriz. Ha aprendido mucho observando, preguntando. Pero sobre todo, ha vivido mucho. Hace un par de años nos deslumbró como creadora, directora y actriz en Això no és Suècia. Pero quería más, quería hacer una película. Y la ha hecho. Oh Nora¡, rebautizada Viva, es su estreno como directora y su consagración como actriz. Desde su primera escena, la impactante mamografía que tantas mujeres sufrimos periódicamente, más parecida a una tortura medieval que a otra cosa, seguida del plano de su pecho cortado tras padecer un cáncer del que está recuperándose, nos colocan en el tono que quiere tener la película: una tragicomedia, un drama con comedia, una manera de acercarse a un tema terrible sin dramatismo. Pero sobre todo, un film físico. Es esta cualidad física la que más me ha impresionado de este film inclasificable. Aina es hija de científicos, se formó en el mundo de la ciencia antes de descubrir que lo suyo era actuar y escribir. Ese fondo materialista, en el buen sentido de la palabra, aflora en Viva de muchas maneras: en la profesión de Nora, bióloga especializada en estudiar la vida de las células; en la valentía con la que muestra sin miedo un cuerpo mutilado; en la sequía que asola el paisaje como contrapunto de su desbordante deseo; en la destrucción a golpes de martillo de una pared que simboliza sin quererlo sus propias paredes internas; en la forma como vive el sexo sin límites; en sus constantes carreras. Lejos de ser un melodrama sobre el cáncer, Viva es un canto a la vida, a disfrutar el momento, a buscar en cada situación lo mejor que haya. Sin trascendencias, sin falsas promesas, sin marcarse metas imposibles. Viva es vivir. Y Aina lo vive dentro y fuera de la pantalla, delante y detrás de la cámara. Con cómplices que la acompañan. Valentina Viso, su coguionista, la primera, pero también un conjunto de actores que se ponen a su lado, no a sus órdenes, para ofrecer un retrato distópico en el tiempo, pero absolutamente contemporáneo.

 


El príncipe de Nanawa, Clarisa Navas

Vivir es lo que hace Ángel Omar Stegmayer. Vivir ante nuestros ojos, crecer delante de nuestra mirada. El príncipe de Nanawa es un niño de 9 años que la directora argentina conoció en el año 2015 mientras filmaba un documental en el puente que separa Argentina de Paraguay, atravesado cada día por miles de personas cargadas de mercancías. Clarisa preguntaba a las gente que pasan por allí sobre su vidas, cuando su productora le dijo que había un niño que quería salir en la película porque “tenía algo que decir”. Ángel era rubio, inteligente, vivía en Nanawa, en Paraguay, pero estudiaba en Clorinda, en Argentina. Pasaba el puente todos los días y tenía muy claro que quería reivindicar que en la escuela le dejaran hablar su lengua, el guaraní y quería que todo el mundo le oyera. Clarisa y su pequeño equipo quedaron cautivados con ese niño y decidieron no perderlo de vista. Durante los diez años siguientes, Clarisa, su productora Eugenia y Lucas, su director de fotografía visitaron periódicamente a Ángel en su casa en Nanawa, conocieron a su familia, su madre Lucy, su padre, sus hermanos, sus amigos. Le regalaron una cámara y le pidieron que filmara su vida como un diario, una vida anónima, una vida de nadie. Es fascinante seguir a ese niño viendo como se convierte en un adolescente y muy pronto en un adulto. Ángel tiene sueños, pero los va perdiendo a medida que la vida le va poniendo retos: la precariedad laboral, la falta de estímulos, la muerte del padre, los escarceos con la droga y la delincuencia, el trabajo para salir adelante, las novias Todo eso lo registra Ángel cuando está solo y lo graba Clarisa cuando están juntos, mientras se teje entre ellos una relación indestructible, con momentos de tensión, con tiempo para las confesiones, con momentos de aburrimiento, de dudas y de felicidad. Clarisa, Lucas y Eugenia filmaron cientos de horas, sumadas a las que grabó Ángel, a lo largo de diez años que al final han quedado condensados en 212 minutos que se pueden ver seguidos, o con pausas, porque en la vida también hay pausas. El planteamiento recuerda el Boyhood de Linklater, pero en realidad es muy distinto. Linklater tenía un plan preconcebido, seguir a su boy durante doce años. Cuando escribí de Boyhood en el blog dije: “En el cine siempre pasan cosas, acciones, hechos, pensamientos, lo que sea. Siempre tiene que suceder algo que haga avanzar la historia. Si no, se corre el peligro de caer en el tedio. En cambio, en la vida no siempre pasan cosas. No siempre estamos viviendo hechos que determinan nuestra existencia. Al contrario. La mayor parte de nuestra vida la vivimos sin que haya nada importante. Eso es vivir. Los grandes acontecimientos que marcan un antes y un después suceden de vez en cuando. El resto es discurrir.”. Clarisa ha tomado nota de esto y por eso no predetermina lo que va a filmar (sí lo que va a montar). Sus encuentros con Ángel, al margen de los cumpleaños, son aleatorios, cuando pueden, Clarisa, Lucas y Eugenia suben a Nanawa a ver a su príncipe y cada vez lo encuentran cambiado, más alto, con granos, indolente, con novia, triste, trabajando, viviendo. Nunca se cansan unos de otros, se necesitan y se apoyan. Pero había que ponerle un final a esta aventura compartida. Y ese final se lo brinda la propia vida. A los 19 años, Ángel es padre de un bebé. Ese es un buen momento para concluir la película de la vida de Ángel, ahora empieza la película de la vida de Noah. (El príncipe de Nanawa tiene un estreno muy especial. Se podrá ver en varias ciudades de España en días concretos. En Barcelona el sábado 27 a las 19.15 en el Zumzeig. En el resto de ciudades, tendrán que buscarla o esperar a que la pongan en Filmin donde está la anterior película de Clarisa Navas, Las mil y una).

 


La quinta, Silvina Schnicer

No tenía muy claro si quería hablar de esta película argentina, o no quería. Su estreno es también muy restrictivo (un apunte al margen, ver determinado cine en los cines se ha convertido en una tarea casi imposible de buscador de tesoros. Pero no por eso dejaré de hablar de estas películas especiales). Tampoco es que me entusiasmara mucho cuando la vi. Y sin embargo, no se me iba de la cabeza. Me volvían una y otra vez sus imágenes, sus personajes, su atmósfera. Me preguntaba ¿por qué? Formalmente el film de Schnicer está muy cerca de Lucrecia Martel, con sus fuera de campo y sus silencios cotidianos, aunque sin la profundidad del cine de Lucrecia. Entonces, por qué seguía pensando en esos tres hermanos viviendo unas vacaciones en una quinta con piscina, en sus padres de clase media alta, en sus vecinos. Hasta que me di cuenta de que era lo que me tenía enganchada con Martín, Fede y Silvina. El mal. Normalmente se habla de lo que Hanna Arendt definió como La banalidad del mal, aplicándola a políticos, o criminales. Casi nunca se habla de esta banalidad del mal en el territorio de la familia, entre el mundo de los niños. Pero eso es precisamente lo que hay en La quinta, una banalidad del mal capaz de todo sin despeinarse. Al menos en un personaje, Martín, el hijo mayor, un pre adolescente con ciertas tendencias pirómanas, y un poco menos en su hermana pequeña Silvina a la que le gusta recoger animales del bosque como si fueran regalos. El único que no participa de esta banalidad del mal, más bien la sufre, es Fede, el hermano mediano. Y luego están los padres, banalmente malvados en sus miedos y en su superioridad de clase. La quinta pinta un microcosmos humano bastante despreciable pero muy reconocible, heredero argentino de los Funny Games de Michael Haneke, el director que mejor ha contado el Mal en el cine. Es eso lo que la hace inquietante y que no consiga olvidarme de ella. 

El regalo de esta semana es para Aina, un retrato que Ramon le hizo cuando preparaban el cartel de Elisa K.

 


 

 

sábado, 13 de junio de 2026

PIONERA(O)S

 

La palabra

La IA me da una definición de la palabra Pionero/a que me sirve para los dos estrenos de esta semana. Dice la IA: “Un pionero es una persona que da los primeros pasos en una actividad, disciplina o territorio, abriendo nuevos caminos y marcando el rumbo para las futuras generaciones. Es sinónimo de explorador, innovador o precursor.” Pioneras fueron las chicas de la película de Marta Díaz de Lope Díaz; pionero ha sido Spielberg.

 


Primero las pioneras. Pioneras: Solo querían jugar, Marta Díaz de Lope Díaz

Que a las chicas les gusta jugar al futbol, es un hecho indiscutible: que lo han podido jugar, es un hecho más discutible. En los años 70, en las calles de los barrios de las ciudades españolas, los chicos jugaban al futbol, las chicas los miraban. No todas, había algunas que también jugaban con ellos, mejor dicho contra ellos. Porque, si jugaban bien, molestaban, si jugaban mal, molestaban. Resultado, jugaban solas y se sentían solas. Hasta que un avispado y joven promotor se dio cuenta que ahí había algo nuevo: las pioneras encontraron un pionero y así nació el Primer Equipo Femenino Español, que llegó a jugar un encuentro internacional contra Portugal. Esto es historia, hay muchos documentos, Nodos, reportajes en diarios, pero es historia escondida. Como es historia escondida la de otras pioneras, las periodistas deportivas que se veían obligadas a firmar con nombres masculinos o pseudónimos aunque todo el mundo sabía que eran mujeres. De todo esto habla Marta Díaz de Lope Díaz en su tercera película. De cómo un hombre joven reunió un grupo de chicas que pensaban que no había nadie como ellas y logró que formaran un equipo. Con una base histórica incuestionable que respeta mucho la época, año 1970 en la España de los estertores del franquismo, Marta, su coguionista Zebina Guerra, sus productores y un conjunto de actrices futboleras que son un descubrimiento, nos cuenta como se fue escribiendo esta aventura que muy bien podemos reconocer en los éxitos de la Selección Española de Futbol Femenino de ahora mismo. Pioneras es una película con un tono costumbrista, cercano, popular, esas son sus principales cualidades y atractivos. Es una película para descubrir, recordar y aprender algo muy elemental pero que se nos olvida muy a menudo: jugar en equipo es mejor que jugar solas.

 


Segundo el pionero Spielberg: El día de la revelación

¿Por qué pienso que Spielberg fue un pionero? Porque creo que se dio cuenta muy pronto de cuál era el camino que quería seguir: un cine espectáculo, un cine aventura, un cine de ideas. Hasta entonces lo normal era una cosa u otra, las tres juntas, era más difícil de encontrar. Pero también es pionero en la manera de mirar al cielo, de buscar más allá de las estrellas, de pensar en que no estamos solos. No es que no hubiera aliens en el cine mucho antes, si los hubo, sobre todo en los años cincuenta cuando se asimilaba fácilmente los marcianos a los comunistas que amenazaban el mundo libre. En la ciencia ficción de la guerra fría, los aliens eran (casi) siempre malos. Y llegó Spielberg y de repente, los alienes ya no eran malos. Spielberg tenía 30 años cuando rodó Encuentros en la tercera fase, una película que no envejece, que mantiene su emoción y su aventura, su obsesión y su belleza cincuenta años después. En 1982, cuando Spielberg volvió a los aliens, tenía 35 años y algunos hijos pequeños, para ellos hizo ET, un cuento de extraterrestres para niños. En 2005, inspirándose en H. G. Welles, y con la resaca del horror del 11 de septiembre del 2001, sus aliens eran malos, muy malos en La guerra de los mundos. Después, se olvidó de los habitantes de otros planetas durante algunos años. Hasta ahora, en que con 79 años ha vuelto a buscar ET en el cielo de la noche. Si Encuentros… era un film adulto sobre aliens y ET un film infantil sobre aliens, El día de la revelación es una mirada reflexiva sobre los aliens desde la perspectiva de quien sabe que no está lejos el día de su propia revelación. Pero Spielberg no quiere ponerse trascendente, ni espiritual, ni religioso, ni nada de eso. Spielberg, como su nombre indica, quiere jugar en la montaña rusa. Y para jugar recoge pequeños fragmentos de su propia historia: un poco de Minority Report, un mucho de Indiana, unas gotas de A.I. Inteligencia Artificial, la memoria familiar de los Fabelman, un regusto tintinesco, el miedo de La guerra de los mundos. Con todo esto, ha confeccionado una película de muchos géneros, casi todos menos la comedia, con dos protagonistas que podríamos ser cualquiera de nosotros. Siempre, claro, que nos hubiera visitado  un ciervo, un zorro, un mapache y un pájaro cardenal en algún momento de nuestra infancia. El día de la revelación se disfruta si te gusta Spielberg, te cansa si no te gusta Spielberg, se puede leer como una lección con moraleja: en este mundo de locos en el que vivimos, escuchemos a los aliens. Ese es el mensaje: Escuchemos.

 …y tres

Es bastante curioso que la película de Spielberg se haya estrenado la semana que el Papa ha visitado España. No es que el Papa sea un alien, pero a poco que se haya seguido sus discursos en estos días, el mensaje era muy parecido: escucharos unos a otros. Mientras veía el espectáculo el miércoles 10 al anochecer, en la Sagrada Familia, frente al Papa y con todo el mundo mirando, tuve la sensación de que estábamos ante una especie de encuentros en la cuarta fase, la de la Inteligencia Artificial, que en esta ocasión sirvió para transformar el templo de Gaudi en una nave espacial dispuesta a levantar el vuelo., mucho más allá de cualquier simbología religiosa. Supongo que mucha gente no lo vio. Pero fue algo realmente especial.

 El regalo de esta semana es muy claro y muy bonito. 


viernes, 5 de junio de 2026

RECONSTRUIRSE

 

La vida está hecha de reconstrucciones. Todo lo que nos pasa, lo bueno, pero sobre todo lo malo, nos obliga a reconstruirnos, a buscar nuevas fórmulas para seguir adelante. Y seguimos adelante, a veces mejor, otras veces dejando por el camino sueños, esperanzas y muchos compañeros y amigos. Dos estrenos de esta semana hablan de esto. También una pequeña película estrenada en  Netflix.

 


Rebuilding, Max Walker-Silverman

En el 2022  vi en el D’A una película que me gustó mucho, A love song. Empezaba la crónica del blog diciendo Creo que esta es la película más bonita que he visto en el D’A Film Festival. En todo caso, la que más me ha emocionado y me ha hecho pensar que no todo está perdido.” Tres años despué,s su director Max Walker-Silverman nos regala otra canción de amor: a la tierra, a un mundo que desaparece, que se ha perdido. A veces cuando veo en las noticias las desgracias que produce un fuego, una inundación, un terremoto, me pregunto cómo será la vida de esa gente que lo ha perdido todo irremediablemente. Supongo que es inevitable que las noticias insistan una y otra vez en hablar y enseñarnos a los seres humanos que viven la desgracia en ese momento. Después, se olvidan de ellos, nos olvidamos de ellos. Dejan de ser noticia. Pero sus vidas siguen como pueden, se reconstruyen. Eso es lo que nos cuenta esta preciosa película. Tras un devastador incendio que ha destruido miles de hectáreas de bosque, ranchos y pueblos, Dusty, un vaquero taciturno se ha quedado sin nada. El rancho que levantaron sus abuelos en Colorado ha desaparecido. Dusty no tiene casa, no tiene trabajo, por suerte tiene una exmujer comprensiva y una hija de nueve años que le adora. Pero que puede hacer. Dusty acepta vivir en un pequeño campamento de casas rodante que ha montado el gobierno para acoger a las familias que lo han perdido todo. En ese lugar, en medio de la nada, Dusty se va a reconstruir. Con ayuda de su hija, con ayuda de sus compañeros de desgracias, con su propia ayuda. Rebuilding es un film teñido de una tristeza reconfortante, porque no es una tristeza destructiva. Intentar mostrar a un Dusty feliz sería engañar al público, pero acompañar a un Dusty que consigue ver una salida, es algo muy bonito. Es una historia que podría haber escrito Richard Ford, una película que me hace pensar más en Rider que en Nomadland. Espero que todos los que han perdido sus vidas en fuegos, inundaciones, volcanes, tengan la misma suerte de Dusty de encontrar un espacio donde reconstruirse. Incluso con ayudas que no llegan nunca, incluso en la invivible Norteamérica de Trump.

 


La luz, Fernando Franco

Fernando Franco tiene una de las filmografías más sólidas y más personales del cine español. Una filmografía extraña, de temas, inusuales, casi siempre dolorosos: Herida, Morir, La consagración de la primavera o Subsuelo son films inclasificables que se encadenan unos a otros a través de la capacidad de este director de contar lo que no se suele contar. Con La luz, añade un eslabón más a esa cadena. El protagonista es un sacerdote, el Padre Manuel. La primera vez que lo vemos está hablando con un superior. Quiere dejar el sacerdocio, quiere reconstruirse, hace meses que lo ha solicitado, pero no tiene respuesta. Paciencia, le dice su superior. Paciencia le dice él a su joven amigo Víctor, el motivo por el que quiere dejar la iglesia. Manuel averigua que están investigando su pasado antes de darle una repuesta. Manuel se asusta. En ese pasado hay cosas de las que se arrepiente, cosas que querría olvidar. Pero no es fácil que te dejen reconstruirte cuando tu caso afecta a la credibilidad de una institución como la iglesia católica. Estos días en el Papa nos visita,  es un buen momento para estrenar este film. El Papa es la cúspide de una institución jerarquizada a la que no le gusta que se sepan sus interioridades. Están dispuestos a callar a Manuel, pero no están dispuestos a escucharle. Franco es nuestro Paul Schrader personal, su cine es seco, como una oración dicha sin sentimiento, sus historias son trascendentales sin espiritualidad. Alberto San Juan en uno de sus mejores papeles, se mete en la piel de este cura arrepentido y tenaz, mientras la cámara no se separa de él prácticamente en ningún momento. Un excelente contrapunto al empacho papal que nos espera.

 


Criaturas luminosas, Olivia Newman Netflix

Hace poco acabé de ver en Apple una serie de Olivia Newman. Se titula Lo  último que me dijo. No estaba nada mal. Curiosamente también hablaba de reconstruirse. Es una serie negra que trata muchos temas  y acaba haciendo un retrato feroz de Estados Unidos. La recomiendo si tienen ganas de ver algo un poco diferente dentro del thriller de desaparecidos, tiene dos temporadas. Pero en esta entrada, lo que me gustaría es comentar una película pequeña que seguro pasará desapercibida en  el marasmo de las plataformas. Se titula Criaturas luminosas. Hay tres criaturas luminosas en esta un poco edulcorada historia: Sally Field a sus 80 años, es Tova, una mujer que limpia por las noches el acuario de su ciudad; Lewis Pullman es Cameron, un joven que busca a su padre tras la muerte de su madre en esa remota población costera. La tercera criatura luminosa es un gran pulpo que vive en el acuario. Es el pulpo el narrador de esta historia de amistad, de cariño, de reconstrucción. Tova es amiga del pulpo, el pulpo es amigo de Tova. Tova consigue que el pulpo sea amigo de Cameron y Cameron aprende que los amigos se encuentran donde menos te lo esperas. Es una película muy pequeña, muy sencilla, con una historia luminosa y feliz. Incluso para el viejo pulpo al que uno querría tener por amigo. Este dulce (quizás le sobra un poquito de azúcar) y suave film me recordó el documental Lo que el pulpo me enseñó, que aun se puede ver en Netflix. Los dos juntos hacen un luminoso programa doble.

 


(la foto es de Rosa Feliu)

Daria Esteva

El viernes me enteré por casualidad que Daria había muerto en febrero. No lo sabía. Y me dolió. Me dolió mucho. Fuimos amigas y compartimos un proyecto muy bonito. Daria se prestó a colaborar en el libro que yo estaba preparando (y que nunca se hizo), que se iba a llamar El cuadro en la pared, donde quería contar como vivía la gente con un cuadro de Ramon. Daria tenía uno precioso, La corona de un re donatore, del año 1988. Fue una charla entre amigas de la que Rosa Feliu dejó memoria en sus fotos. Después nos vimos varias veces y hablamos bastante. La última vez a finales del 2024 cuando le pregunté si quería aparecer en la serie documental La gran ilusión. No sé si ya estaba enferma, en todo caso no me lo dijo. Su mail era muy cariñoso: “Te agradezco mucho la propuesta, de verdad, pero no creo ser la persona adecuada para esto, más allá de contar anécdotas y cosas así. O quizás siento que ya es tarde para esto, que ya he cumplido con Jacinto y que hay momentos para todo. Lo siento. Es que no paro de darte disgustos. Te envío un abrazo. Daria”. En su infinita elegancia y discreción, Daria no quiso darme un último disgusto. Por eso me entero de su muerte ahora, cuatro meses después. Y la lloro.

El regalo de esta semana es un recuerdo de Daria Esteva, el cuadro que tenía en su estudio



 

 

 

sábado, 30 de mayo de 2026

DRAMAS

 

Obra literaria escrita para ser representada.

Obra de teatro o de cine en que prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones

conflictivas 

 Suceso infortunado de la vida real, capaz de conmover vivamente.

 

Las tres definiciones que da la RAE para la palabra Drama se pueden aplicar perfectamente a los tres estrenos de esta semana. Bueno dos estrenos y una serie. Son obras escritas para ser representadas; son obras donde prevalecen las tensiones y las pasiones y reflejan sucesos infortunados en la vida de los personajes. A partir de aquí cada drama es distinto.

 


Drama ridículo. El Drama, Kristoffer Borgli

En realidad esta película se podría llamar La boda, que ya es en sí un drama para Charlie y Emma, la pareja protagonista encarnados en Zendaya y Robert Pattinson. La manera como enfocan la boda es tan convencional y ridícula que te preguntas qué haces viendo esa tontería. Hasta que algo pasa, algo que introduce en esa pareja feliz una semilla de duda, de miedo, de incredulidad que poco a poco crece en ambos hasta poseerlos por completo y llevarlos, sobre todo a él, a cometer una tontería más gorda que las que ya hacían cuando eran felices y comían perdices. En cierto modo, y sin que se parezcan en nada, el tema de la duda que se instala en el marido (o futuro marido) me recordaba dos películas magníficas, Los muertos, de John Huston y Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick. Las dudas son diferentes, pero el proceso mental de los maridos/novio es muy parecido: ¿hasta qué punto conocen a sus parejas? La gracia de esta comedia romántica, negra y adulta, está en sus actores, dos iconos del nuevo Hollywood, Zendaya y Pattinson, que se atreven a reírse de sí mismos sin miedo al ridículo que sus personajes van acumulando. Se pueden buscar más cosas en este film: la crítica a violencia institucionalizda, auténtica plaga en Estados Unidos; la solemne estupidez de las weddding planing, el malvado e hipócrita comportamiento de la amiga… pero yo me quedo con la inteligente teatralización de un guión que es una pieza para dos intérpretes y de  la honestidad de una puesta en escena que no engaña. Desde la primera secuencia nos está diciendo: esto es una representación. Una comedia, si, pero una comedia bastante seria.

 


Drama mental. Corredora, Laura García Alonso

El drama de Cris es muy real, es una drama que le afecta en toda su vida: Cris es una atleta de élite, se entrena con tesón y esfuerzo de cara a una gran competición, canaliza toda su energía en sus piernas y en el ritmo de la zancada y se olvida de que el cuerpo necesita también otro tipo de atención. Es su cuerpo, mejor dicho su cabeza, la que le dice “basta”, conduciéndola hacia una depresión paralizante, un brote psicótico que la aleja de sus sueños. En la primera parte del film, los primeros metros de la carrera de la película, la directora Laura García Alonso, observa sin intervenir el crecimiento lento y escondido de ese brote, de esa depresión, de ese progresivo alejamiento del propio cuerpo de Cris. En este  tramo, Alba Sáez en su primer papel protagonista, despliega un autocontrol absoluto sobre su rostro y su cuerpo, al mismo tiempo que “vemos” como su infierno interior crece dentro de ella. El segundo tramo de la carrera, la medicación o la intervención, la muestra en un estado aletargado, sin fuerzas ni energía, un muñeco que tan solo su hermana, Marina Salas, es capaz de sostener en pie. En la tercera parte, cuando la meta ya está a la vista, la corredora…. Lo dejo en puntos suspensivos. Es muy interesante ver que las directoras  que salen de la ESCAC, Laura García Alonso es de la promoción del 2013, buscan para sus películas historias muy poco habituales, diría que muy poco generacionales. Corredora es un buen ejemplo de esta línea en la que un deporte, en este caso el atletismo de una deportista de élite, sirve para contar una historia de superación y sobre todo de colaboración, pero también de explotación. Cris corre sola, ya lo decía una mítica película inglesa, La soledad del corredor de fondo, pero aprende que no puede hacerlo sin apoyos. Una buena lección en un film que no da lecciones.

 


Drama cotidiano: Se tiene que morir mucha gente, Victoria Martín Movistar+

Los dramas de estas tres chicas son tan banales como absurdos. Bárbara, Maca y Elena son amigas desde hace veinte años; podríamos decir que se odian hace veinte años; o que se quieren hace veinte años; o que no se aguantan hace veinte años; o que no pueden vivir sin las otras desde hace veinte años. Bárbara es Ana Castillo, Maca es Laura Weissmahr, Elena es Macarena García. Tres actrices que llevan tiempo en el cine donde empezaron, Ana y Macarena por lo menos, siendo muy jóvenes. De hecho, Ana y Macarena son amigas desde hace quince años en la vida real. Lo que pasa entre ellas, seguro que les pasa a muchas amigas. Lo que ya no es tan común es lo que les pasa a ellas. Bárbara asume el peso del relato. Es ella la que está viviendo un drama, bueno una depresión materializada en una niña impertinente, su yo niña, a la que Sofía Otero llena de gracia y desparpajo diciendo las mayores burradas que se le ocurren a la pobre Bárbara adulta. El contraste con Maca nace del tamaño. Laura/Maca es enorme, alta, corpulenta, Bárbara/Ana es pequeña y encorvada. Maca quiere ser actriz, es lesbiana y parece tener las cosas claras (aunque en realidad no las tiene). Elena/Macarena también es pequeña, pero a diferencia de Bárbara, no se detiene ante nada. Es rica y caprichosa, casada con un hombre mucho mayor, Elena está embarazadísima y no quiere asumirlo, intenta escapar de la jaula de oro en la que se ha metido voluntariamente. La verdad es que vistas una a una, no querrías a ninguna como amiga, pero las tres juntas, acaban haciéndose querer y acabas entendiéndolas. Aunque si me tengo que quedar con un solo personaje es La Niña, el subconsciente deslenguado de Bárbara. La pequeña de las 20.000 especies de abejas se está haciendo mayor muy bien: es una robaescenas total.

El regalo de esta semana es una invitación a olvidar los dramas viendo el esplendor de mi amiga jacaranda (la foto está tomada el viernes 29).

 

 

  

sábado, 23 de mayo de 2026

PERIFERIAS

 

Cada vez hay más películas que hablan de periferias. No solo urbanas, o geográficas, sobre todo, sociales y económicas. Los tres ejemplos de esta semana son de este segundo tipo: la periferia del centro gentrificado y sus gentes expulsadas; la periferia de la vejez en una familia, la periferia de las gentes del campo y sus desconocidos problemas. Una serie y dos estrenos. Aquí están.

 


La serie: Ravalear, Pol Rodríguez, Isaki Lacuesta. HBO

Antes de nada el título: Ravalear es un título ambiguo, inclina a pensar en paseos, en fiesta, en algo lúdico. Ravalear como antes se decía Ramblear. Pero no. Ravalear en este caso no tiene nada de paseo, de fiesta, ni de lúdico. Ravalear, del barrio del Raval de Barcelona, es un grito de socorro de una de las zonas más maltratadas de la ciudad. El maltrato viene de lejos, ya lo contó Guerín en el documental fundacional En construcción, o lo reflejó Jordá en la aún más fundacional De nens. El Raval estaba llamada a ser la joya de la corona de la Barcelona post olímpica y ha acabado siendo una especie de Ravalistán, degradado por un lado, explotado por otro. En medio de este caos en transformación y degradación, aun perviven pequeñas islas de solidaridad, de tradición, de cultura en definitiva. Como el restaurante Can Mosques que es el centro vital de esta serie. Lo que pasa con Can Mosques, restaurante familiar, refugio de las gentes del barrio de toda la vida, pero también referencia de una clase política y sobre todo cultural de Barcelona, está inspirado (no diría que basado) en la auténtica historia de Can Lluis, un restaurante de la calle de la Cera donde Jordá solía comer y Guerin frecuentaba a menudo. Ese restaurante fue para mí, para nosotros los que trabajábamos en la Filmoteca cuando estaba en el Cine Padró, un lugar indispensable de reunión. Can Lluis era can nostra. Reconozco que desde que murió Joaquín, hace ya casi 20 años, no he vuelto por allí, pero sigo teniendo un rincón en mi memoria para sus platos y su acogedora atención. Todo esto está en Ravalear, homenaje nada encubierto de Pol Rodríguez, hijo de los dueños de Can Lluis. Pero Pol no olvida que está haciendo una ficción y que esta ficción tiene que ir más allá de la memoria personal. Si no habría hecho un documental y Ravalear no es un documental. La historia se resume bastante rápido. Un fondo buitre internacional decide “limpiar” el Raval para construir un Hotel y apartamentos de lujo. Las expropiaciones y expulsiones se suceden. También la de Can Mosques. Ante la amenaza de desahucio, el hijo mayor decide impedirlo poniendo en marcha un negocio de okupación ilegal de pisos. La inmigración que llena las calles del Raval no tiene techo sobre sus cabezas y él se la proporciona por un precio módico a costa de okupar los pisos del fondo buitre. Poco a poco la ilegalidad y la explotación encubierta van corroyendo al personaje de Alex y su relación con la familia, mientras el especulador Cristóbal (¡qué bien hace de malo Sergi López!) mueve los hilos y las tramas mas ruines para echarlos. Ese es el planteamiento, pero lo mejor es la manera como se cuenta, como se retrata el restaurante, el barrio, sus gentes. Pol Rodríguez prosigue su colaboración con Isaki Lacuesta en esta serie que se puede ver como una película muy larga. No se la pierdan: si les preocupa lo social, ahí está la gentrificación, la expulsión de la gente del barrio, los fondos buitres (rusos en la realidad, en la serie multinacionales), la inmigración; si lo que buscan es una buena historia con personajes sólidos, ahí la tienen. Can Lluís forever¡¡¡¡

 


Un estreno gallego: Dos días, Gonzaga Manso

Esta película pequeña y gallega corre el peligro de pasar desapercibida en el maremágnum de estrenos potentes y menos potentes de la semana. Por eso quiero hablar de ella. No es un film espectacular, ni siquiera sé si es una gran película, pero tiene alma, tiene sentido y sobre todo, tiene un protagonista inolvidable. Hace muchos años que Saturnino García, actor de más de 90 años, es un referente indiscutible de un cine marginal, distinto, arriesgado, fuera de los circuitos. Lo descubrimos en 1994, con sesenta años, en Justino un asesino de la tercera edad  y desde entonces no ha dejado de aparecer con su rostro serio e imperturbable (a veces parece un Buster Keaton español) en películas inclasificables. Un poco como esta. No tanto por lo que cuenta: José Antonio tiene 89 años y un principio de Alzheimer, su familia lo sobreprotege demasiado y él ansia recuperar un poco de libertad. Hasta aquí, una historia que hemos visto muchas veces. Lo que hace que Dos días sea un poco diferente es que, para escapar de su familia y su encierro mental, José Antonio se sube a una barquita para ir a pescar acompañado de un amigo/enemigo de toda la vida, Mindo, encarnado por el desconocido Jesús Outes, un percebeiro gallego que nunca antes había trabajado en el cine. El núcleo de la película es la larga conversación entre los dos hombres en medio del mar cuando se quedan sin gasóleo para volver. No hay dramatismo, no hay conflicto: hay una sólida amistad recuperada en esas horas, una camaradería que no se pierde y una reivindicación latente: dejar a los viejos en paz que no por viejos son tontos.  Me olvidaba, también el paisaje gallego de las rías, la costa, el mar, tiene su lugar en esta película hablada en gallego y castellano.

 


(por una vez el dibujo no es de Ramon, es mío, lo hice en Galicia en 1969, de esta manera se unen los dos estrenos casi por casualidad)

Un estreno valenciano: Cowgirl, Cristina Fernández Pintado, Miguel Llorens

En Valencia se está haciendo buen cine. Cine de huerta, podríamos llamarlo. Cine no urbano. Como esta Cowgirl, Chica de las vacas o Xica de les vaques en valenciano. Esta chica es una mujer de 60 años, Empar, que tiene una vaca, solo una, Tona. Empar vive sola en su granja con la vaca, pero quiere que Tona se quede preñada antes de que sea demasiado tarde. Empar es seca, dura, poco sociable, arisca. Extraña. Como Tona, su vaca. Cuando consigue que la vaca se quede preñada, Empar empieza  cambiar. A medida que el vientre de Tona va creciendo, Empar se va abriendo a los sentimientos, a las emociones, a vivir en definitiva.  En este camino la acompañan un viejo amor recuperado cuando los dos son ya mayores (lo que no impide que se quieran  como cualquiera) y un joven delincuente al que acoge como un hijo. Entre los tres, mas Tona claro, forman una pequeña nueva familia en ese entorno rural donde no todo es idílico. Para los que buscan siempre algo más, el papel de malo de la función lo cumple un alcalde ambicioso que quiere convertir el pueblo y sus alrededores en una atracción turística. Naturalmente, como en un auténtico western clásico, el malo acabará mal y la cowgirl se irá, como una Lucky Luke valenciana, cabalgando hacia el horizonte. Bonita. 

El regalo de esta semana es una vaca feliz que Ramon dibujó para el blog hace un tiempo



 

viernes, 15 de mayo de 2026

AMIGOS (SILENCIOSOS)

 


Yo tenia un amigo silencioso, siempre lo tuve. Mi amigo era en realidad una amiga, una jacaranda que mi padre plantó cuando yo nací y que creció conmigo, ella mucho más alta y hermosa con sus flores de color violeta. Esa jacaranda era mi hermana y mi amiga. Me gustaba sentarme apoyada en su tronco y dormitar sintiéndola; me gustaba leer un libro bajo su sombra; me gustaba contarle lo que me pasaba cuando estaba sola. Todo eso forma parte de mi infancia, la que viví en México hasta los 12 años. Cuando vinimos a España, me dolió dejar mi jacaranda. No la volví a ver, porque cuando regresé a la ciudad muchos años después, ya no estaba. En el jardín de casa tenemos una jacaranda preciosa, pero no es mi amiga como lo fue la otra. Nos acompaña y nos regala su hermosa floración en mayo y junio, me gusta mirarla y tocarla, pero no es lo mismo. Tampoco yo soy la misma. En todo caso, toda esta mini confesión viene a cuento de una película que se estrena esta semana que me ha conmovido y me ha hecho emocionar: El amigo silencioso de la cineasta húngara Ildiko Enyedi.

El amigo silencioso es, en este caso, un majestuoso y espléndido ginko biloba que se eleva hacia el cielo en el jardín de una universidad alemana. Ese ginko de más de 200 años, es el testigo de tres  experiencias vitales: la de Grete en 1908, la de Hannes en 1972, y la de Toni en 2020. Tres momentos de la historia que la directora entrelaza en una única historia: entender, comprender, comunicarse y acabar siendo amigos silenciosos del amigo silencioso. Del misterio de la fotografía en 1908, al misterio de la ciencia en 2020, pasando por el experimento de 1972, los tres protagonistas conectan con el árbol, con las plantas, con estos seres vivos a los que les prestamos menos atención de la que merecen. Porque las plantas están vivas, se comunican y nos hablan si queremos escucharlas. Pero para oírlas y sentirlas a veces es necesario el silencio, la soledad, el aislamiento.

Los tres protagonistas Grete, Hannes y Tony, están solos: Grete porque su condición de ser la única mujer estudiante de biología en 1908, la hace estar aislada de su entorno y la conduce a la fotografía como campo de experimentación y descubrimiento del mundo de las plantas, no solo del ginko bajo cuyas ramas se refugia, sobre todo de las flores y las hojas a las que ve por primera vez a través de la lente como si fueran seres de otro planeta. Hannes, estudiante de literatura en los convulsos años 70 de rebeldía universitaria, se queda solo un verano al cuidado de un jardín, pero sobre todo, al cuidado de un geranio con el que su compañera de piso está realizando un experimento. Lo que Hannes descubre en esa pequeña planta con una flor que mira al ginko desde una ventana, cambiará su manera de relacionarse con el mundo. Tony es un neurólogo especializado en estudiar el cerebro de los niños, invitado por la universidad alemana a dar un curso. La pandemia le deja solo en esa universidad con el único acompañamiento de un taciturno guardián y la única compañía de una científica francesa con la que habla on line y le despierta la curiosidad de entender a las plantas. Tony es el que más se relaciona con el ginko, auténtico amigo silencioso con el que desea comunicarse, conectar.

Las tres historias, la de Grete rodada en blanco y negro y 35 mm, la de Hannes filmada en 16 mm de colores saturados y la de Tony, en un digital exquisito, avanzan juntas hacia una comunión con las plantas que transformarán su vida y su manera de percibir la naturaleza. La directora ha dicho en varias entrevistas, que su deseo sería que el público saliera de la proyección viendo a las plantas de otra manera, sintiéndolas como amigas calladas que nos acompañan. Todo esto que he contado hasta aquí es el argumento, la historia, porque es cierto que se sale transformado de ver esta película. La belleza del ginko, el misterio de las fotos y los sueños de Grete, la alegría del geranio, no se pueden contar, hay que verlas y sentirlas. Ramon es un pintor de árboles y de flores y de plantas, los que conocer su obra lo saben muy bien. Sus cuadros de árboles es lo más cercano que conozco a esa verdad silenciosa de que las plantas tienen alma y sentimientos. El arte, como la ciencia, son caminos para llegar hasta ellos. La pintura de Ramon, las fotos de Grete, las ondas del geranio, la belleza del cerebro del ginko, todo está unido en esta hermosa e inesperada película. Me asomo al balcón y veo el magnolio, la jacaranda, el limonero, el mirto, la mimosa y pienso que en mi jardín y los de mis vecinos, tenemos una auténtica comunidad de amigos silenciosos. Es un privilegio que tenemos que apreciar. Pero cualquiera, si cualquiera, puede tener un geranio en su ventana. Y lo mejor de esta historia es eso: un hermoso ginko es tan importante como un pequeño geranio.

Una pequeña coda, hay otra razón por la que me gusta mucho esta película: está dedicada a Baumi, Karl Baumgartner, gran productor, gran persona, gran amigo, que nos dejó hace ya doce largos años.

 

Dies d’estiu i de pluja, Colectiu Espurnes

No quiero dejar pasar el estreno de una película que me gusta mucho,  y además me parece importante. También va de amigos, también va de naturaleza. Se llama Dies d’estiu i de pluja, la firma un grupo de amigos y cuenta la historia de tres amigos; dos chicos y una chica, curiosamente bastante silenciosos, que llegan a un pueblo del Pirineo de Huesca con la intención de pasar unos días en la montaña. Cada uno tiene su propio problema. Como Grete, Hannes y Tony, Biel, Gerard y Abril están solos aunque estén juntos esos días de verano y lluvia en los que la amistad y la complicidad entre ellos es la mejor medicina para sus estados de ánimo. A través de sus ojos vemos la naturaleza y la sentimos y en eso también conecta con el amigo silencioso: basta pararse a mirar alrededor para descubrir que hay muchas cosas que ver, muchas plantas y árboles que sentir. Incluso en una ciudad. Hagan la prueba.

 El regalo de esta semana son dos fotos, una son hojas de ginko recogidas del suelo en un paseo por el barrio donde hay ginkos jóvenes que iluminan el otoño con una explosión dorada, la otra es uno de esos ginkos en pleno esplendor.