Gracia
Cualidad o conjunto de
cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. Usado también
en sentido figurado.
Perdón o indulto.
Estas dos
definiciones de la palabra Gracia nos sirven para resumir en una palabra las
dos películas más interesantes de la semana, La Grazia de Paolo Sorrentino; la gracia de Carmen Maura en Calle Málaga.
La Grazia, Paolo Sorrentino
La filmografía de
Paolo Sorrentino, sin duda el más importante director italiano en estos
momentos, tiene dos líneas maestras: Nápoles y la revisión de la memoria histórico/política
italiana. Poco a poco Paolo Sorrentino se está convirtiendo en el cronista de
la historia de Italia (y del Vaticano
que no deja de ser Italia). Ya sea con personajes reales, Berlusconi en Silvio (y los otros) o Andreotti en Il Divo, ya sea con personaje ficticios
trasuntos de otros reales (su serie sobre El Papa) o esta última entrega de sus
repaso político/histórico, La Grazia,
con un imaginado presidente de la República. Mariano De Santis es un presidente
democristiano, inteligente, tranquilo y seguro. Con la colaboración
imprescindible de Toni Servillo, Sorrentino es capaz de acercarse a los
delirios kitsch de Berlusconi, a la rigidez sectaria de Andreotti, o a la
serena reflexión de este presidente en los últimos seis meses de su mandato. La
pregunta que domina todo el film es muy clara ¿De quién son nuestros días? La Grazia toma su nombre de una de las
decisiones que debe tomar Mariano De Santis como presidente: indultar a una
mujer que mató a su marido maltratador y a un profesor que mató a su mujer
enferma de Alzheimer. ¿Son suyos los días de estos dos asesinos? Mientras piensa
si debe indultarlos, otro tema le provoca dudas y reflexiones: ¿debe firmar una
nueva ley de eutanasia? ¿De quién son los días de alguien que quiere morir
dignamente? Servillo/Mariano se mueve por los inmensos salones del Quirinal,
entre muebles y salones que parecen decorados y por pasillos y almenas en los
que se refugia para fumar (nadie fuma como Servillo) con la ayuda de un
guardaespaldas que es el único que está siempre a su lado. Pero Sorrentino es
italiano, mediterráneo, latino y no quiere ni puede dejar a su personaje sumido
solo en estas Grandes Cavilaciones. Por eso se inventa para él una trama
privada, que nadie conoce (solo su fiel guardaespaldas y Coco, su mejor amiga
de la infancia, una especie de Jep Gambardella en mujer). Mariano quiere
descubrir quién fue el amante de su mujer a la que sigue adorando después de
dos años de su muerte. Esta trama tan napolitana de celos retrospectivos,
quizás es lo que menos funciona en el conjunto, pero le sirve a Sorrentino, y a
Toni Servillo, para humanizar el personaje y darle una cierta ironía. La
ironía, incluso el ridículo, están muy presentes en toda la narración; el Papa
negro que se marcha en un motorino escapado de Caro diario; la recepción de un mandatario extranjero bajo la
lluvia; la cena con su amiga Coco. Sorrentino no me gusta siempre, hay
películas que me arrebatan, otras me dejan un poco fría o incluso alguna me
irrita. Pero La Grazia me enganchó
desde la primera secuencia y ya no me separé de Mariano De Santis en sus
reflexiones y en sus obsesiones.
Calle Málaga, Maryam Touzani
La gracia de este film luminoso, colorido, que rebosa olores de especies
es Cramen Maura. Ella es la gracia del film. La crítica de la película que he
escrito para Filmtopia la titulaba Calle
Maura. Lo repito aquí porque en realidad así debía llamarse Calle Málaga. Carmen Maura tenía 79 años
(ya tiene 80) cuando rodó en Tánger la
historia de María Ángeles, una mujer española nacida y criada en Tánger donde
quiere acabar sus días. Tánger es otra de las gracias de este film. Una ciudad
multicultural, en la que se habla francés, español árabe. Un barrio y una calle
de tiendas en las que todos se conocen y se ayudan, donde el futbol de la liga
española es una pasión (cosa que aprovechará muy bien nuestra heroína), en la
que cuando menos se lo espera encuentra un amor inesperado que a sus 79 años le
devuelve las ganas de vivir que había perdido por culpa de algo intangible: la
crisis económica y sentimental de su hija Clara, obligada a vender la casa
donde vive María Ángeles a la que obliga a decidir, o se va a Madrid con ella o
se queda en una residencia en Tánger. Carmen es mucha Carmen y María Ángeles es
mucha María Ángeles. Y donde esté Tánger y su vitalidad que se quite un Madrid
gris y hosco. Pero la vida no es siempre como uno quiere y a veces obliga a
tomar decisiones que no nos gustan. Al escribir esto me doy cuenta de otro
punto de contacto entre estas dos películas tan diferentes: ¿de quién son los
días de María Ángeles, de su hija o de ella? Carmen ha tomado una decisión
trabajar un poco menos; María Ángeles debe tomar otra, Clara, su hija debe
asumir el coste de la que ha tomado. Hagan lo que hagan la gracia seguirá ahí.
El regalo de esta semana es una foto primaveral de Ramon que me gusta mucho


