sábado, 4 de abril de 2026

GRACIA

 

 

Gracia

Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. Usado también en sentido figurado.

Perdón o indulto.

Estas dos definiciones de la palabra Gracia nos sirven para resumir en una palabra las dos películas más interesantes de la semana, La Grazia de Paolo Sorrentino; la gracia de Carmen Maura en Calle Málaga.

 


La Grazia, Paolo Sorrentino

La filmografía de Paolo Sorrentino, sin duda el más importante director italiano en estos momentos, tiene dos líneas maestras: Nápoles y la revisión de la memoria histórico/política italiana. Poco a poco Paolo Sorrentino se está convirtiendo en el cronista de la historia de Italia  (y del Vaticano que no deja de ser Italia). Ya sea con personajes reales, Berlusconi en Silvio (y los otros) o Andreotti en Il Divo, ya sea con personaje ficticios trasuntos de otros reales (su serie sobre El Papa) o esta última entrega de sus repaso político/histórico, La Grazia, con un imaginado presidente de la República. Mariano De Santis es un presidente democristiano, inteligente, tranquilo y seguro. Con la colaboración imprescindible de Toni Servillo, Sorrentino es capaz de acercarse a los delirios kitsch de Berlusconi, a la rigidez sectaria de Andreotti, o a la serena reflexión de este presidente en los últimos seis meses de su mandato. La pregunta que domina todo el film es muy clara ¿De quién son nuestros días? La Grazia toma su nombre de una de las decisiones que debe tomar Mariano De Santis como presidente: indultar a una mujer que mató a su marido maltratador y a un profesor que mató a su mujer enferma de Alzheimer. ¿Son suyos los días de estos dos asesinos? Mientras piensa si debe indultarlos, otro tema le provoca dudas y reflexiones: ¿debe firmar una nueva ley de eutanasia? ¿De quién son los días de alguien que quiere morir dignamente? Servillo/Mariano se mueve por los inmensos salones del Quirinal, entre muebles y salones que parecen decorados y por pasillos y almenas en los que se refugia para fumar (nadie fuma como Servillo) con la ayuda de un guardaespaldas que es el único que está siempre a su lado. Pero Sorrentino es italiano, mediterráneo, latino y no quiere ni puede dejar a su personaje sumido solo en estas Grandes Cavilaciones. Por eso se inventa para él una trama privada, que nadie conoce (solo su fiel guardaespaldas y Coco, su mejor amiga de la infancia, una especie de Jep Gambardella en mujer). Mariano quiere descubrir quién fue el amante de su mujer a la que sigue adorando después de dos años de su muerte. Esta trama tan napolitana de celos retrospectivos, quizás es lo que menos funciona en el conjunto, pero le sirve a Sorrentino, y a Toni Servillo, para humanizar el personaje y darle una cierta ironía. La ironía, incluso el ridículo, están muy presentes en toda la narración; el Papa negro que se marcha en un motorino escapado de Caro diario; la recepción de un mandatario extranjero bajo la lluvia; la cena con su amiga Coco. Sorrentino no me gusta siempre, hay películas que me arrebatan, otras me dejan un poco fría o incluso alguna me irrita. Pero La Grazia me enganchó desde la primera secuencia y ya no me separé de Mariano De Santis en sus reflexiones y en sus obsesiones.

 


Calle Málaga, Maryam Touzani

La gracia de este film luminoso, colorido, que rebosa olores de especies es Cramen Maura. Ella es la gracia del film. La crítica de la película que he escrito para Filmtopia la titulaba Calle Maura. Lo repito aquí porque en realidad así debía llamarse Calle Málaga. Carmen Maura tenía 79 años (ya tiene 80)  cuando rodó en Tánger la historia de María Ángeles, una mujer española nacida y criada en Tánger donde quiere acabar sus días. Tánger es otra de las gracias de este film. Una ciudad multicultural, en la que se habla francés, español árabe. Un barrio y una calle de tiendas en las que todos se conocen y se ayudan, donde el futbol de la liga española es una pasión (cosa que aprovechará muy bien nuestra heroína), en la que cuando menos se lo espera encuentra un amor inesperado que a sus 79 años le devuelve las ganas de vivir que había perdido por culpa de algo intangible: la crisis económica y sentimental de su hija Clara, obligada a vender la casa donde vive María Ángeles a la que obliga a decidir, o se va a Madrid con ella o se queda en una residencia en Tánger. Carmen es mucha Carmen y María Ángeles es mucha María Ángeles. Y donde esté Tánger y su vitalidad que se quite un Madrid gris y hosco. Pero la vida no es siempre como uno quiere y a veces obliga a tomar decisiones que no nos gustan. Al escribir esto me doy cuenta de otro punto de contacto entre estas dos películas tan diferentes: ¿de quién son los días de María Ángeles, de su hija o de ella? Carmen ha tomado una decisión trabajar un poco menos; María Ángeles debe tomar otra, Clara, su hija debe asumir el coste de la que ha tomado. Hagan lo que hagan la gracia seguirá ahí.

El regalo de esta semana es una foto primaveral de Ramon que me gusta mucho



 

 

 

 

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