sábado, 25 de abril de 2026

UN DESCUBRIMIENTO:PEDRO PINHO


La risa y la navaja, Pedro Pinho

Se estrena esta semana una película que me habría pasado completamente desapercibida si no fuera por el aviso de Alex Gorina. Fue él quien me dijo que valía la pena verla. Ni el título, La risa y la navaja, ni el director, Pedro Pinho, me decían nada. Y la duración de la película, 211 minutos, me echaba para atrás. Pero me rendí ante la recomendación y  empecé a verla. En seguida me di cuenta de una cosa: no debía verla como una película muy larga, sino como una serie de cuatro horas sin interrupciones. No porque tenga nada de serie, La risa y la navaja es una película 100%, pero sí porque mi cabeza se adaptaba mejor al ritmo y la cadencia del film. Y así fui descubriendo que estaba ante una película portuguesa rodada y ambientada en Bissau, la capital de Guinea Bissau, ex colonia africana de Portugal. La primera secuencia me intrigó: un coche en el desierto, un policía al que le gusta leer y hablando en castellano. ¿Dónde estamos y quiénes son estos dos personajes? Del policía nos olvidamos enseguida, pero del conductor no. El conductor es un ingeniero portugués destinado por una ONG para hacer un informe sobre la conveniencia de construir una carretera que una el desierto con la selva. Tiene que medir su impacto ambiental y humano. El ingeniero se llama Sergio, y parece un personaje escapado de una novela de Camus. Su primera noche la pasa en un hotel, sus vecinos de habitación hacen mucho ruido. Va a avisarles. Esa es la primera vez que se encuentra con Diara y Gui, dos personas que van a ser sus guías en el laberinto de una ciudad y un país que se va revelando poco a poco. Los dos son fascinantes y los dos forman una especie de dualidad, mujer-hombre-mujer casi digna de la cosmogonía africana. Los dos serán los vértices entorno a los que se mueva Sergio mientras se adentra en una ciudad africana moderna, de gente variopinta, económicamente corrupta, plurilingüe, con trabajadores extranjeros, los portugueses son los extranjeros en esa tierra, y con muchos problemas no resueltos con el colonialismo y sobre todo con el neocolonialismo. Todo ello trenzado con una banda sonora impresionante de músicas de todo tipo, con cambios de tono, incluso de género.. Me sorprendí pensando en Claire Denis y lo distinto que puede ser el cine hecho por los antiguos colonialistas según desde donde miren. Claire Denis no entiende África, la interpreta y la recuerda, por eso sus películas africanas son súper interesantes, pero profundamente francesas. El África de Pinho es mucho más real, no tiene nada de metafísico ni de intelectual. Es sensorial y económica, es presente sin deudas con el pasado, es queer y sexual. Es mucho más directa y cercana, sin dejar de ser crítica y política. Pero por encima de todo, es un gran musical nada ortodoxo.


La fábrica de nada Pedro Pinho Filmin

Después de ver La risa y la navaja, busqué algo más de este director, quién era y qué había hecho. Y así descubrí que Pedro Pinho es un director portugués de 49 años que forma parte de una productora de gestión colectiva fundada en el 2008 con seis socios llamada Terratreme, un colectivo de cine que recuerda el argentino El Pampero con el que tienen varias conexiones. Dentro de Terratreme, Pinho tenía otra película como director, La fábrica de nada  del 2017, y la encontré en Filmin. No estaba preparada para el impacto que me produjo este musical obrero que le habría encantado a Joaquín Jordá. Su título ya es estupendo: La fábrica de nada, una fábrica de ascensores en la que los obreros descubren una noche que les están robando las máquinas. Consiguen parar el robo, solo para enterarse de que los propietarios han decidido cerrarla y deslocalizarla en otro país. Así empieza esta aventura proletaria de autogestión. El mismo tema de Numax presenta que trata el mismo tema a través de la mirada de Jordá. En el film de Jordá de1980, los obreros de Numax le pidieron al director que hiciera un documental sobre el proceso de autogestión de su fábrica; en el caso portugués, lo que se plantea es la posibilidad de hacer un musical para sensibilizar a la gente (los franceses) de lo que está pasando. Durante casi tres horas (de nuevo hay que verla como una serie sin cortes) acompañamos a este grupo de trabajadores en sus dudas, sus encierros, sus discusiones políticas y económicas; pasamos por todos los géneros: cine militante, melodrama social, ficción-documental. Pinho reúne un grupo de actores estupendos, algunos de ellos los reencontramos en La risa y la navaja interpretando los trabajadores portugueses que deben construir la carretera. Uno de ellos, Ze, interpretado por José Smith Vargas, un polifacético artista, dibujante, escritor y músico, es la columna donde se apoya el film, el único que vemos en su vida privada y fuera del trabajo. Los demás están siempre en la fábrica: hablando, jugando, aburriéndose, pero manteniéndola ocupada mientras deciden cual será su futuro. Al final de la película un letrero nos dice: Dedicado a todos los trabajadores de Fateleva que entre 1975 y 2016 protagonizaron una experiencia única de autogestión con la antigua fábrica de ascensores Otis en Portugal. Otro letrero nos informa que los textos teóricos de las discusiones del film están extraídos del ensayo político A nuestros amigos, publicado en 2015 por el anónimo Comité Invisible.

Del mail de Alex recomendándome La risa y la navaja hasta los textos del Comité Invisible, se ha ido desarrollando una espiral que se abría a nuevas propuesta, a nuevas ideas, a nuevos caminos. Casi como hacen las dos películas de Pinho, espirales en formación constante desde un punto de partida: la llegada de un ingeniero portugués a Bissau; el desmantelamiento de una fábrica en Póvoa de Santa Iria, cerca de Lisboa. Una espiral que nos lleva del colonialismo y sus huellas visibles hasta el neocolonialismo de los nuevos poderosos que actualmente dominan África; de una fábrica en lucha en los años 70 a la actual recesión y crisis mundial. Dos lecciones de historia y de cine. Y además entretenidas, alegres, musicales y sin miedo a romper ningún tabú.

Acabo de darme cuenta que hoy, cuando escribo este blog, es 25 de abril, el día que se cumplen 52 años de la Revolución de los Claveles en Portugal, una curiosa coincidencia de fecha que tiene mucho que ver con estas dos películas. 

Sigo con regalos de fotos, la de esta semana es una foto de Ramon del amanecer  en Barcelona el día de Sant Jordi.

 


 

sábado, 18 de abril de 2026

NADA EN COMÚN

 

Muchas veces, incluso sin darme cuenta, encuentro algún tipo de relación entre las películas que comento. Pero esta semana, lo único que puedo decir de los tres estrenos que me parecen destacables (entre lo que he visto) es que No tienen nada en común.


Prime Crime: A True Story, Gus Van Sant

Este 2025 Gus Van Sant  celebra su cuarenta aniversario como cineasta. Mala noche, su desconocido y casi olvidado debut, es del año 1985. Desde entonces ha hecho veinte películas, unas mejores que otras, otras realmente buenas. Yo lo descubrí con Drugstore Cowboy y desde entonces me hice fan de este callado, serio y muy personal director. Hacía siete años que no sabíamos nada de él. Por eso fue una agradable sorpresa ver que había dirigido Dead  Man’s Wire, literalmente Alambre del hombre muerto, (un título lleno de sentido) que aquí se estrena como Prime Crime: A True Story. La verdad es que es verdad lo de True Story, una historia verdadera. Van Sant, vuelve a contar la historia de un hombre que ha llegado al límite. Todo sucedió (de verdad) en 1977, Tony Kiritsis, un hombre común, trabajador y emprendedor, secuestró una mañana al hijo de un agente hipotecario encarnado en Al Pacino quien, con solo dos secuencia,  se queda en la memoria como homenaje al cine de los 70 que Van Sant evoca en este film. Pacino, su agencia de préstamos, le ha estafado, engañado y robado su dinero y su idea de negocio. Toni no tiene nada que perder y se lleva al asustado hijo de Pacino, Bill Hall, extraordinario Dacre Montgomery (¿dónde estaba este actor antes?) secuestrado con un artilugio mortal que justifica su título en inglés. La parte más importante de la película sucede en el apartamento de Tony donde mantiene a Bill apuntándole con unas escopeta, mientras la policía, la prensa y un popular locutor de radio, intentan desde distintos puntos de vista, resolver el asunto. Y el asunto es más un problema de dignidad que de otra cosa. Tony quiere que le devuelvan el dinero estafado, pero sobre todo, Tony quiere una disculpa. Y eso es mucho más difícil de conseguir. Van Sant ha vuelto en plena forma. Estupendo.


Un poeta, Simón Mesa Soto

Durante más de la mitad de esta película, pensaba que no entendía por qué todo el mundo hablaba tan bien de ella, por qué había ganado el premio Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. Un personaje desagradable, bueno no solo el protagonista, todos son desagradables en este film colombiano, una vida miserable y mediocre. Fracaso absoluto de Oscar Restrepo, el poeta, marginado, desubicado. Un hombre al que le duele el mundo y ahoga ese dolor en borracheras bukowskianas e infinitas. Cuando aparece Yurlady todo empieza a bascular lentamente: Yurlady, la adolescente poeta sin ambiciones, fascina a Oscar con su capacidad de crear de la nada poesía de gran belleza. Pero a Yurlady no le interesa la poesía, su mundo es otro: un barrio popular de Medellín, una familia llena de hermanos, sobrinos y mujeres gordas, uñas pintadas y poco más. Oscar quiere convertirla en lo que ella no quiere convertirse y acaba convertido él mismo en otra persona. Un poeta empieza en la sordidez de Oscar y acaba en la luminosidad de Oscar. Entre medio un desfile de seres despreciables, el director del colegio, la familia de Yurlady, los hermanos de Oscar, y sobre todo, los poetas. Es memorable la lección que le da el Poeta más importante a la joven Yurlady: si quiere triunfar tiene que escribir de lo que los europeos quieren oír, miseria, pobreza, explotación, indigenismo, pornomiseria en definitiva. Un poeta no cae nunca en esa pornomiseria de mucho cine latinoamericano hecho precisamente para que los europeos puedan darles premios. Por eso es curioso que esos europeos le hayan dado uno de sus premios más prestigiosos a esta comedia negra y ácida. Es la excepción que confirma la regla.


Renoir, Chie Hayakawa

¿Por qué se llama Renoir una película japonesa que nada tiene que ver con el pintor o el director de cine? Es algo que solo se descubre viendo este dulce y triste film que, sin embargo, deja un poso de ilusión y de esperanza. La ilusión de su pequeña protagonista Fuki, una niña de once años con un padre enfermo de cáncer y una madre que intenta salir adelante en el Tokio de 1987. Fuki desborda imaginación, es capaz de ver cosas que los demás no ven, resuelve situaciones difíciles sin darse cuenta, encuentra amigas que pierde y vuelve a encontrar. Fuki es un rayo de luz. Ah! ¿Una Marisol nipona? No, de ninguna manera. Fuki no canta, pero si mira. Fuki sueña y espera la muerte de su padre sin dramatismos en un verano en el que descubre un cuadro de Renoir. Un cuadro de una niña que, como Fuki, está llena de luz. Chie Hayakawa es una directora japonesa de una rara sensibilidad para captar matices en sus personajes. Ya lo demostró en su conmovedor y al mismo tiempo terrible Plan 75, un film sobre la muerte y como la sociedad se enfrenta a la vejez. Ahora se fija en la infancia a través de Fuki y su curiosidad, alegría y manera de afrontar la muerte. “¿Por qué lloramos cuando alguien muere?” Se pregunta la niña en un momento dado. Quizás el cuadro de Renoir Retrato de Irène Cahen d’Anvers, nos dé la clave, si no la respuesta, a esa pregunta. Una niña francesa del siglo XIX es el espejo donde se reconoce una niña japonesa del siglo XXI, en su serenidad, en su ensoñación. Esas son las armas renoirianas (también del Renoir cineasta) que tienen Fuki, la protagonista, y Chie, la directora, para asumir al hecho ineludible de crecer y perder. Pero también ganar.

Como en esta entrada Nada tiene que ver con Nada, el regalo de esta semana es una foto primaveral de los paseos por Barcelona

 


 

 

sábado, 11 de abril de 2026

ORION

 


Esta semana en la que el mundo ha contenido el aliento mirando al cielo a ver si se desencadenaba el Armagedón Trumpiano sobre nuestras cabezas, yo he preferido mirar al cielo buscando en la oscuridad un puntito lejano llamado Orión, que viajaba al otro lado de la Luna con cuatro aventureros en su interior. ¡Qué envidia me daban! Las matemáticas y mi claustrofobia se interpusieron entre mi deseo de ser astronauta y la cruda realidad. Pero eso no me impide soñar y mirar a las estrellas y pensar que ellos han visto lo que nunca se ve. Es tan extraño lo de la Luna. Si gira sobre sí misma y gira alrededor de la Tierra, ¿por qué no vemos nunca la otra cara? Hay una explicación, pero se me escapa y prefiero el misterio de la oscuridad lunar. Las fotos que han enviado los astronautas de la cápsula Orión desde el otro lado revelan un paisaje que no podía imaginar: la Tierra azul y blanca amaneciendo detrás del horizonte lunar en un espejo de la Luna saliendo en un horizonte terrestre. Una maravilla que me permite confiar en la humanidad, sean americanos, chinos o rusos. Si miráramos más el cielo y trabajáramos más en comunidad, el mundo sería mucho mejor. Sin religiones excluyentes y aniquiladoras, sin ideologías imperialistas, sin nacionalismos selectivos. Sin Putin, sin Trump, sin Netanhayu, sin ayatolás, sin tecnoligarcas. Pero eso es soñar despierto, por eso prefiero mirar al cielo y pensar en los que están ya volviendo a este hermoso y desgraciado planeta. Me gusta pensar que las palabras de uno de los exploradores del espacio pueden servir para algo: “Ustedes están en otra nave espacial llamada Tierra, creada para darnos un lugar donde vivir en el universo, en el cosmos. Es un oasis en medio de la nada. Esto es una oportunidad para recordar quiénes somos y que estamos en esto juntos.”

 


Buena suerte, pásalo bien, no mueras, Gore Verbinski

El protagonista de esta delirante (y profética) película no tiene tiempo de mirar al cielo. Es un hombre estrafalario, entre un sin techo  y un soldado rambesco. Viene del futuro donde no hay mucho cielo que mirar y en el presente, donde aparece en su 117 viaje en el tiempo, no puede perder un minuto si quiere librar al mundo de un destino infernal. No porque Trump haya conseguido volarnos por los aires, tampoco porque Putin haya logrado conquistar Europa o los chinos por fin lo controlen todo. No. De lo que nos tiene que salvar esta mezcla de Robinson y Robin Hood es de un niño que está a punto de crear la Inteligencia Artificial que acabará con todo sumergiéndonos en un paisaje de zombies tecnológicos manipulados y controlados por no se sabe muy bien quién. Aunque el tono es de comedia absurda, con golpes de humor y situaciones extravagantes, lo que cuenta Buena suerte, pásalo bien, no mueras, es muy, muy serio. El hombre irrumpe en una cafetería típica americana. Entre los alienados clientes debe encontrar un pequeño grupo (la Compañía del Anillo versión 2.0) que le acompañe en su intento de llegar al niño antes de que se desencadene el Imperio de la IA. Hasta ahora no los ha encontrado, pero esta vez ¿lo conseguirá? El film de Verbinski, el director de la saga Piratas del Caribe, monta un espectáculo con estas premisas: adolescentes idiotizados que son incapaces de pensar, pendientes del móvil donde todos ven lo mismo y al mismo tiempo; una madre con un hijo asesinado en los habituales tiroteos en los colegios, que encuentra un club de padres en la que la IA le ofrece la posibilidad de revivir a su hijo como si no hubiera pasado nada, claro que con un detalle, la réplica no tiene sentimientos; o una chica vestida de princesa con una extraña alergia  los dispositivos electrónicos. Con ellos, y alguno más, nuestro viajero del futuro atraviesa una noche llena de peligros y llega hasta el niño (¿será Peter Thiel el pequeño malvado que crea la IA más destructiva imaginable) . Hay muchas maneras de advertirnos de lo que está pasando y lo que puede pasar: la tiranía y manipulación de las redes sociales, la gente que vive pegada al móvil día y noche, la posibilidad de evasión de los universos paralelos de la realidad virtual, la alienación absoluta de la humanidad. La vía que escoge Verbinski es la del humor de la comedia negra apocalíptica. Nos podemos reír con ella, pero también podemos llorar con ella.  Si los fáusticos semidioses que sueñan con una IA invencible, miraran un poco más al cielo, quizás lograrían que el hombre del futuro no tuviera que volver una y otra vez.

El regalo de esta semana no podía ser otro que Orión, uno de los cuadros más bonitos de Ramon



sábado, 4 de abril de 2026

GRACIA

 

 

Gracia

Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. Usado también en sentido figurado.

Perdón o indulto.

Estas dos definiciones de la palabra Gracia nos sirven para resumir en una palabra las dos películas más interesantes de la semana, La Grazia de Paolo Sorrentino; la gracia de Carmen Maura en Calle Málaga.

 


La Grazia, Paolo Sorrentino

La filmografía de Paolo Sorrentino, sin duda el más importante director italiano en estos momentos, tiene dos líneas maestras: Nápoles y la revisión de la memoria histórico/política italiana. Poco a poco Paolo Sorrentino se está convirtiendo en el cronista de la historia de Italia  (y del Vaticano que no deja de ser Italia). Ya sea con personajes reales, Berlusconi en Silvio (y los otros) o Andreotti en Il Divo, ya sea con personaje ficticios trasuntos de otros reales (su serie sobre El Papa) o esta última entrega de sus repaso político/histórico, La Grazia, con un imaginado presidente de la República. Mariano De Santis es un presidente democristiano, inteligente, tranquilo y seguro. Con la colaboración imprescindible de Toni Servillo, Sorrentino es capaz de acercarse a los delirios kitsch de Berlusconi, a la rigidez sectaria de Andreotti, o a la serena reflexión de este presidente en los últimos seis meses de su mandato. La pregunta que domina todo el film es muy clara ¿De quién son nuestros días? La Grazia toma su nombre de una de las decisiones que debe tomar Mariano De Santis como presidente: indultar a una mujer que mató a su marido maltratador y a un profesor que mató a su mujer enferma de Alzheimer. ¿Son suyos los días de estos dos asesinos? Mientras piensa si debe indultarlos, otro tema le provoca dudas y reflexiones: ¿debe firmar una nueva ley de eutanasia? ¿De quién son los días de alguien que quiere morir dignamente? Servillo/Mariano se mueve por los inmensos salones del Quirinal, entre muebles y salones que parecen decorados y por pasillos y almenas en los que se refugia para fumar (nadie fuma como Servillo) con la ayuda de un guardaespaldas que es el único que está siempre a su lado. Pero Sorrentino es italiano, mediterráneo, latino y no quiere ni puede dejar a su personaje sumido solo en estas Grandes Cavilaciones. Por eso se inventa para él una trama privada, que nadie conoce (solo su fiel guardaespaldas y Coco, su mejor amiga de la infancia, una especie de Jep Gambardella en mujer). Mariano quiere descubrir quién fue el amante de su mujer a la que sigue adorando después de dos años de su muerte. Esta trama tan napolitana de celos retrospectivos, quizás es lo que menos funciona en el conjunto, pero le sirve a Sorrentino, y a Toni Servillo, para humanizar el personaje y darle una cierta ironía. La ironía, incluso el ridículo, están muy presentes en toda la narración; el Papa negro que se marcha en un motorino escapado de Caro diario; la recepción de un mandatario extranjero bajo la lluvia; la cena con su amiga Coco. Sorrentino no me gusta siempre, hay películas que me arrebatan, otras me dejan un poco fría o incluso alguna me irrita. Pero La Grazia me enganchó desde la primera secuencia y ya no me separé de Mariano De Santis en sus reflexiones y en sus obsesiones.

 


Calle Málaga, Maryam Touzani

La gracia de este film luminoso, colorido, que rebosa olores de especies es Cramen Maura. Ella es la gracia del film. La crítica de la película que he escrito para Filmtopia la titulaba Calle Maura. Lo repito aquí porque en realidad así debía llamarse Calle Málaga. Carmen Maura tenía 79 años (ya tiene 80)  cuando rodó en Tánger la historia de María Ángeles, una mujer española nacida y criada en Tánger donde quiere acabar sus días. Tánger es otra de las gracias de este film. Una ciudad multicultural, en la que se habla francés, español árabe. Un barrio y una calle de tiendas en las que todos se conocen y se ayudan, donde el futbol de la liga española es una pasión (cosa que aprovechará muy bien nuestra heroína), en la que cuando menos se lo espera encuentra un amor inesperado que a sus 79 años le devuelve las ganas de vivir que había perdido por culpa de algo intangible: la crisis económica y sentimental de su hija Clara, obligada a vender la casa donde vive María Ángeles a la que obliga a decidir, o se va a Madrid con ella o se queda en una residencia en Tánger. Carmen es mucha Carmen y María Ángeles es mucha María Ángeles. Y donde esté Tánger y su vitalidad que se quite un Madrid gris y hosco. Pero la vida no es siempre como uno quiere y a veces obliga a tomar decisiones que no nos gustan. Al escribir esto me doy cuenta de otro punto de contacto entre estas dos películas tan diferentes: ¿de quién son los días de María Ángeles, de su hija o de ella? Carmen ha tomado una decisión trabajar un poco menos; María Ángeles debe tomar otra, Clara, su hija debe asumir el coste de la que ha tomado. Hagan lo que hagan la gracia seguirá ahí.

El regalo de esta semana es una foto primaveral de Ramon que me gusta mucho



 

 

 

 

sábado, 28 de marzo de 2026

ALGUNAS PELICULAS VISTAS EN EL D'A

Esta semana, en la que he estado abducida por el D’A Film Festival y no he podido ver ninguna película de estreno, es lógico que dedique la entrada a recoger algunas de los títulos que más me han interesado de esta edición del Festival de Cine de Autor de Barcelona. un festival donde se pueden ver films que difícilmente llegarán a las pantallas comerciales,  pero no por eso dejan de ser apuestas por abrir nuevos caminos y explorar nuevas vías, que a veces, son ya viejas, pero siguen siendo necesarias.  


Anoche conquiste Tebas, Gabriel Azorín, Galicia

Una de las propuestas más insólitas de la sección Un impulso colectivo. Una película gallega hablada en gallego y latín que cuenta una historia antigua. El resumen que ofrece el D’A lo intenta explicar. “Una película histórica. Una película de fantasmas. Una película acuática. Una experiencia estética que poco a poco se convierte en un sutil comentario político: la historia de unos soldados que se detienen en unas termas tras el combate y empiezan a comprobar que no todo es lo que parece…”. Quizás por el tema, quizás por la puesta en escena o incluso por el idioma, pero Anoche conquisté Tebas me hizo pensar mucho en el cine de Manoel de Oliveira del que tan pocos ejemplos hay en nuestro país. Esta es una película para ver en un cine, buena parte de la acción sucede de noche en esas termas donde se refugian  un grupo de soldados después de la batalla. Noche de fantasmas y de estrellas, de conversaciones y susurros. Ojala se pueda ver en una pantalla grande, cuanto más grande mejor.


Érem una gran família de Cristina Rosselló, España

Uno de los títulos más sorprendentes de la sección Talents. El film de Cristina Rosselló sigue la estela que desde hace unos años cultiva el documental en una especie de subgénero que es el de recuperación de la memoria privada de gente sin peso en la historia, a través de películas caseras, ni siquiera amateurs, que conservan el aroma de lo íntimo y dejan ver el espacio de lo colectivo. Érem una gran familia, es un buen ejemplo, mejor dicho, es un gran ejemplo, una magnífica película. Partiendo del material privado de una  familia  de Vic, los Riera i Fité,  traza un retrato de la burguesía de provincias catalana, desde 1942 hasta el año 2000. Las películas las filmó en primera lugar la Miquelina, hija y heredera de la rica casa Fité. Sus filmaciones ocupan la primera parte del documental y en ellas descubrimos que en la negra España de posguerra había alguna gente, en este caso en la Catalunya profunda, que vivía muy bien y era abiertamente franquista. Son filmaciones deliciosamente ingenuas de la vida familiar, la playa, la nieve, y la boda. Con la segunda parte, Miquelina/Josep, entramos en la vida matrimonial y el nacimiento de los cinco hijos. La tercera parte, Josep, se centra más en la figura autoritaria y displicente del padre y la vida de los hijos adolescentes y adultos. El gran valor de este retrato familiar es el inteligente montaje de Cristina Rosselló enriquecido con una banda sonora  de canciones, voces del NODO, y sobre todo, el relato de tres de los hijos que se prestaron a hablar de su familia sin ninguna limitación. El resultado es uno de los films más interesantes, divertido, entretenido y muy revelador de lo que ha sido la burguesía catalana durante muchos años.


Femení singular, Xavi Puebla, España

Femení singular fue la primera película que se pudo ver de Un impulso colectivo. Fue un gran comienzo. Femení singular no es una película experimental narrativamente, es una historia sencilla y cercana, cotidiana. Lo que la hace especial es la construcción de su guion, (abro un paréntesis para decir que esta historia nace de dos guionistas masculinos, Xavi Puebla y Jesús Méndez, al que se sumó mi hermana Mireia Vidal para darle el giro que necesitaba el relato de la vida de una mujer joven). La protagonista absoluta es Nayeli, una chica mexicana que trabaja como sirvienta para todo en una casa burguesa de Barcelona. Nayeli, increíble composición de la actriz mexicana Vico Escorcia, se encarga de la casa y de cuidar al hijo pequeño de la familia que la adora. Pero Nayeli oculta algo, mejor dicho se oculta ella misma. La conocemos escondida detrás de una pared espiando una obra. ¿Qué espía Nayeli,  a quién busca? Poco a poco lo descubriremos en una primera parte en la que Nayeli sufre un proceso de pérdida, para en una segunda parte, casi simétrica, hacer un camino a la inversa en un proceso de confirmación.  Femení singular podría llamarse también Las tres decisiones de Nayeli.


Forastera, Lucía Aleñar Iglesias, España

Si hay algún referente en este film proyectado en la sección de Especials, es Vértigo de Alfred Hitchcock. ¿Perdón? Puedo sentir que piensan los que no la han visto. ¿Qué tiene que ver una película sobre una adolescente que pasa sus vacaciones con su hermana en casa de sus abuelos en Mallorca, con el film más legendario de Hitchcock? Pues mucho. Porque también aquí hay una mujer muerta, la abuela Catalina, y una mujer transformada, la nieta Cata. También hay un hombre transido de la pena de la pérdida, el abuelo, que ve en su nieta la encarnación (posesión) de su amada esposa. Todo pasa en una casa a la orilla del mar. Allí vive Cata con su hermana Eva y sus abuelos hasta la muerte repentina y absurda de la abuela. Entonces se une a ellos, Pepa, hija de Catalina y madre de Cata y Eva. Pepa es la única que ve lo que está pasando e intenta pararlo. Forastera no es una historia fantástica, ni de fantasmas, es la historia de dos personas, Cata y su abuelo, buscando la manera de transitar el duelo en un film que huye del naturalismo y lo  real para ajustarse a lo verosímil de ese dolor y esa pérdida.


The Plant From the Canaries, Ruan Lan-Xi, Alemania

No tengo ni idea de las razones de este título enigmático de uno de los films más bonitos de Talents. Lo único que se me ocurre, y es una pura especulación, es que May, su protagonista, es como una planta de las Canarias, fuera de lugar, desarraigada en una ciudad que está descubriendo. May es coreana, vive en Berlín, y la historia la cuenta una joven directora china. Oriente y Occidente, dos culturas, dos pensamientos. Los referentes en el caso de este precioso film de graduación, son muchos: Hong Sang-soo, Tsai Ming-liang , WongKar-wai, desde el sol naciente, Alain Tanner, desde el sol poniente. Hay un poco de todos ellos en esta melancólica y dulce historia de amistad por encima de todo. Cuando oímos a May por primera vez, casi no la vemos. En un plano abierto sobre una calle berlinesa, hay un grupo de personas hablando. Una de ellas es May. Cuando la dejamos al final, en cambio, la vemos en un plano medio que anuncia su nueva vida. Entre un plano y otro, seguimos a May en su soledad y añoranza, en su complicidad y apoyo con su mejor amiga, en sus paseos en bicicleta, en su sanación de un abandono y su encuentro con un posible futuro. Ojala llegue a verse esta película en alguna plataforma, vale la pena disfrutarla como uno más de los paseos de May alrededor del lago.


Un arbre es un arbre, Aleix Plademunt y Carlos Marques-Marcet, España

Otra de las sorpresas inestrenables pero muy necesaria de la sección Un impulso colectivo. Carlos Marqués-Marcet une sus fuerzas con el fotógrafo Aleix Plademunt para hacer lo que el D’A define como “una reflexión sobre la naturaleza y el papel que desempeñamos en ella, pero también sobre el modo en que la vemos y entendemos.” Un árbol es un árbol en medio de un paisaje nevado, pero un árbol es también la idea de un árbol, o la imagen de un árbol, o un vestigio del pasado que aflora en el presente.  O mucho mejor, la manera de adentrarnos en algo  mucho más profundo y oculto. Ramon lo sabe cuando pinta sus famosos árboles, Marqués y Plademunt lo saben cuando filman ese árbol solitario que hunde sus raíces en un pasado remoto. Cuando se tala un árbol o cuando se quema un bosque, nos sorprende ver que al poco tiempo vuelve a crecer. Siempre me ha fascinado ese proceso de regeneración. Los directores de este experimento que hunde sus raíces en el cine de Stan Brackage o Jonas Mekas, lo explican muy bien. Un árbol puede morir, incluso debe morir, pero las raíces que lo alimentan nunca mueren. Son las mismas desde el principio de los tiempos. Son inmortales. Un árbol es un árbol y es la imagen de la inmortalidad. Precioso.


Vainilla, Mayra Hermosillo, México

Me encantan las películas mexicanas, me gusta oír sus voces, sus músicas, me gustan sus paisajes y olores. También me gustan las películas de familias y de hermanas. Y lo último, pero no menos importante, me gustan las historias que, a pesar de su drama, acaban bien; comiéndose un helado, de vainilla por supuesto. Estamos en Torreón una ciudad del estado de Coahuila, allí viven juntas, Conxa la matriarca (una especie de Bernarda Alba a lo mexicano), sus hijas Georgina, una azafata con sobrepeso y Lisbis, una mujer con graves problemas de alcohol, la joven Alicia hija de Georgina,  la adolescente Manuela, hija de Lisbis y la niña Roberta, hija de Alicia, nieta de Georgina y biznieta de Conxa.  A todas las ellas las cuida con amor Tachita, la vieja criada de la casa que es una más de la familia. En el momento de entrar en sus vidas, las amenaza un desahucio inminente. Roberta, la pequeña, refleja todas las contradicciones de esa extraña familia donde no hay hombres. Dicho así suena como un dramón. Pero ni mucho menos, Vainilla, una sorpresa de la sección Radar, es una comedia políticamente incorrecta, llena de humor, ironía, bromas, luz, sabores. Un film sobre el que volveré porque espero que se estrene pronto.

El regalo de esta semana es un cuadro de Ramon que Toni Marí compró en el año1988 y que le ha acompañado hasta sus últimos días. Un cuadro que era nuestra manera de estar cerca de él mientras se despedía de la vida dejándonos sus poemas, su risa contagiosa, su enriquecedora capacidad de discutirlo todo, su amor por Ibiza y su incondicional fidelidad a los amigos. Hace unos días le dijimos adiós todos juntos.




sábado, 21 de marzo de 2026

SEMILLAS

 


Una cassola, una espasa láser i un casc viking, Mireia Vidal

Los libros de mi hermana Mireia son cristalinos. Son como un gran ventanal donde somos conscientes del cristal que nos permite ver lo que hay al otro lado, un precioso paisaje de ideas, pensamientos, emociones y personajes. Los libros de mi hermana Mireia son para niños, pero niños de 8 años, de 15, de 35 o de 70. Cada “niño” verá detrás del cristal/historia lo que quiera ver. Esto sirve para todos sus libros, pero en especial para El árbol del señor Shaun y para esta nueva novela que acaba de publicar: Una cassola, una espasa láser i un casc de viking. La primera vez que Mireia me habló de este cuento, se llamaba La petita llavor de vida/La pequeña semilla de vida, un título menos atractivo para los niños de 8 años, pero mucho más atractivo para los  niños de las otras edades. De eso va esta historia, de una pequeña semilla de vida. El protagonista es un niño, no sabemos su nombre, ni su edad, él es el narrador. Vive en un pueblo, con sus padres y un abuelo que está enfermo, un abuelo con el que el pequeño tiene una gran complicidad. Por eso se propone una cruzada: defender a su abuelo de la muerte con una cazuela, una espada láser y un casco de vikingo. Esto pasa en el primer capítulo. Lo que sucede en el resto del relato vale la pena descubrirlo poco a poco. El libro se abre con una dedicatoria: “Hace tiempo, una niña me dijo que la muerte era lo que nos daba ganas de vivir…” Estoy segura que esta semilla de vida, que a lo mejor se cayó del árbol del Señor Shaun, dará muchos más frutos.

 


Amarga Navidad, Pedro Almodóvar

Hace ahora casi cuarenta años, en 1987, Pedro Almodóvar sembró una semilla de cine. No era su primera película, era la sexta, pero La ley del deseo fue la primera semilla de su autobiografía. Aunque en realidad siempre ha estado contando su vida, Almodóvar se ha retratado en primera persona cuatro veces. En la Ley del deseo, Eusebio Poncela era un director de cine enamorado y en crisis; en La mala educación, Fele Martínez era un director explorando su infancia; en Dolor y gloria, Antonio Banderas, era un director que reflexionaba sobre su vida; en Amarga Navidad, Leonardo Sbaraglia es un director que, por fin, reconoce que se equivoca. Al margen de ser o no ser fan de Almodóvar, esta película tiene algo que la hace muy interesante. Se desarrolla en dos tiempos, el de la imaginación de una historia del 2004, y el del presente en el 2025. En ambas hay un director de cine, en el pasado, encarnado en una mujer, Bárbara Lennie, bloqueada creativamente e incapaz de poner orden en sus sentimientos; en el presente Leonardo Sbaraglia, escribiendo el guión sobre una directora en 2004. El año 2004 no está escogido al azar. Es el año de La mala educación, un film muy difícil para Almodóvar y uno de los menos comprendidos de su carrera. Que sea una mujer la que le encarna en el pasado, no deja de ser curioso. En Amarga Navidad, lo de menos es lo que le pasa a Elsa/Bárbara/Pedro, lo que llama la atención es que esa historia está mal escrita, los personajes se pierden o están desdibujados, le falta algo. Lo que le pasa a Raúl/Leonardo/Pedro en el presente, es mucho más interesante. Porque es este personaje el que asume la autoría de un guión que no funciona y que el espectador en la sala está viendo que no funciona. Hasta que, en el tercer acto de la película, se produce un milagro: una conversación entre Mónica/Aitana Sánchez-Gijón, su asistente desde hace más de veinte años y Raúl/Leonardo/Pedro, el director. Mónica ha leído el guión y le ha parecido muy malo. “Has perdido la gracia”, le dice. Pero sobre todo, Mónica no le perdona que haya utilizado su vida privada para darle un marco narrativo al conflicto de Elsa en la ficción. Es en esa conversación, en la que los dos actores brillan con luz propia, donde Almodóvar se confiesa ante su público, reconociendo todos los errores que ha cometido en sus guiones (uno de ellos, el de apoderarse de la vida de los demás para sus películas). No sé si en la vida real Pedro Almodóvar ha tenido alguna Mónica al lado que le haya dicho la verdad con la crudeza con lo que lo hace Aitana. Pienso que ese personaje tiene algo de Ester García, su productora y amiga desde hace cuarenta años (ya estaba en La ley del deseo) y de su hermano Agustín, su apoyo más valioso desde siempre. La historia de Aitana/Mónica no es la de Ester ni la de Agustín, pero solo ellos dos podrían atreverse a decirle a Pedro lo que Mónica le dice a Raúl. En todo caso, esa secuencia le da la vuelta a la película. Solo una cosa más, el título, Amarga Navidad, es un homenaje a Chavela Vargas, la gran intérprete mexicana que tan unida está al cine de Pedro Almodóvar. Las dos veces que suena la canción Amarga Navidad, son dos momentos realmente especiales.

 


Festival du Cinéma Espagnol de Nantes

Casi al mismo tiempo que en Barcelona se celebra el D’A Film Festival, en Nantes, la ciudad de Lola y de Jacques Demy, en la Bretaña francesa, se celebra un festival de cine español con una trayectoria de más de treinta años. La semilla que plantaron en el lejano 1990 un grupo de amantes del cine español, ha crecido hasta convertirse en una planta llena de vida que cuidan con cariño y dedicación sus dos directores, Pilar Martínez-Vasseur y Joxean Fernández. Estuve como jurado en la edición del 2016, y pude disfrutar de una ciudad y unas gentes estupendas. Entonces escribí en el blog: “Ver las películas rodeada de franceses que las miraban de otra manera y sobre todo asistir a los largos (¡una hora y media!) coloquios con el público, te reconcilia con el cine que hacemos en España, tan variado, tan distinto, tan inesperado”. Lo que el Festival du Cinéma Espagnol de Nantes ha hecho por la difusión en Francia del cine español, es espectacular. Por sus pantallas han desfilado actores, actrices, directores, el festival ha cuidado la programación ofreciendo muchas veces títulos no muy conocidos al lado de los nombres que han perfilado la historia del cine en España desde 1990. El invitado de honor del festival es Rodrigo Sorogoyen y por sus pantallas pasarán más de 50 títulos del cine español y una treintena de convidados. Este año en que Nantes cumple 35 ediciones, dedican una sección especial a recordar el cine de la Guerra Civil, 1936-2026. Regards pluriels et contemporains sur la Guerre d’Espagne al que acompaña una exposición sobre Los caminos del exilio con fotos de Philippe Gaussot. ¡Gracias Nantes!

El regalo de esta semana son semillas de vida.



 

sábado, 14 de marzo de 2026

CUATRO MUJERES

 

Ante la situación mundial cada vez mas errática, imprevisible y cada vez más terrorífica, las personas normales tenemos dos posibilidades. Obsesionarnos devorando noticias, siguiendo tertulias, leyendo comentaristas; o refugiarnos en una especie de exilio interior, que no significa aislamiento, porque es un exilio compartido con amigos, gente que quieres, libros, películas, series, canciones, exposiciones. No quiere decir que haya optado por pretender ignorar la locura que nos envuelve, lo que intento hacer es no dejar que me amargue la vida, ni me condicione. Ejercer mi solidaridad y mi protesta en los límites de lo controlable. Y mientras tanto disfrutar con lo que tengo cerca. Al menos en este blog. Por eso esta semana me voy a entretener en tres series y una película, las cuatro con mujeres como protagonistas que no son lo que parecen.

 


La analista: Zara en El robo, Prime Video, 6 episodios

Un día cualquiera en la oficina, pero no en cualquier oficina. Un día cualquiera, rutinario y aburrido en una oficina de fondos de inversión en la City de Londres, en la que se mueven millones de libras virtuales. Zara es analista y hace un trabajo que no le gusta. Pero ese día en que Zara tiene una resaca inaguantable, un grupo de ladrones irrumpe en la oficina dispuesto a realizar el mayor atraco del siglo: robar miles de millones de libras de las pensiones de la gente común. Para eso necesitan la ayuda obligada de Zara y de su compañero Luke. Una vez transferidos esos miles de millones a una cuenta (nadie ve ni toca nunca el dinero, todo se hace a través de la nube), los ladrones se marchan. A partir de aquí y durante seis capítulos que no paran de dar giros, seguimos a Zara, su amigo Luke, los ladrones y un policía ludópata. Parte del encanto de esta serie que recuerda La casa de papel, pero sin papel, solo algoritmos, es el personaje de Zara que interpreta Sophie Turner, la Sansa de Juego de tronos, con más años, más aplomo y una presencia que no se olvida. Un divertimento.

 


La camarera: Alison Woods en Código de silencio, Filmin, 6 episodios

Alison es joven, bonita y lista. También es sorda. Su sordera no le impide trabajar de camarera en un lugar muy especial, la Comisaria Central de la Policía de Canterbury. Alison sabe leer los labios y se divierte descubriendo conversaciones. Cuando una detective conoce su habilidad, decide contratarla para leer los labios de los miembros de una banda de ladrones de joyas especialmente escurridizos, a los que tienen vigilados con cámaras de seguridad. Alison se involucra demasiado en la investigación y cuando es apartada, la adrenalina de seguir buscando la lleva a ponerse en una triple situación de peligro: físicamente con la banda de ladrones, emocionalmente al enamorarse de uno de ellos, legalmente al inmiscuirse sin permiso en una investigación. Pero Alison ha descubierto un mundo nuevo y no es fácil que lo abandone. También esta serie se basa sobre todo en su protagonista, interpretada por  Rose Ayling-Ellis, una joven actriz sorda de nacimiento que lleva trabajando en series británicas desde que tenía 15 años. Solo por ella ya valdría la pena ver Código de silencio, pero es que, además, está francamente bien escrita por la guionista Catherine Moulton que ya trabaja en la segunda temporada. Hay Alison para rato.

 


La espía: Meret en Unfamiliar, Netflix, 6 episodios

Meret es un personaje extraño, ambiguo, una esposa y madre aparentemente normal, con una vida normal. Vive con su marido Simon, tienen una hija adolescente y un restaurante que les encanta. Pero como Philipp y Elizabeth en The Americans, Meret y Simon tienen una doble vida. Abandonada su carrera de espías de la BND, el servicio de inteligencia alemán, mantienen una casa refugio de la que nadie sabe nada. O eso creen. Porque el pasado siempre vuelve, y por muy seguros que se sientan, una  vieja historia en Bielorusia dieciséis años atrás, una misión que acabó muy mal, revive para pasarles factura. Meret y Simon deberán enfrentarse a un enemigo feroz al mismo tiempo que confrontan sus propias contradicciones. Ambientada en Berlín, Unfamiliar es una serie de espías muy poco heroicos. Y precisamente por eso, es mucho más interesante en su sórdida falta de épica y de ética. Entre espías, ya se sabe, no hay mucho respeto. Si bien los protagonistas son dos, Meret y Simon, es el personaje de Meret, interpretado por la veterana actriz alemana Susanne Wolff, la que lleva todo el peso de la trama. Como le dice en un momento dado a su marido. “El elemento débil eres tú”.

 


La iluminada: AnnLee, El testamento de Ann Lee, Mona Fastvold

Ann Lee es un personaje histórico. Ann Lee nació en Manchester el 29 de febrero de 1736 y murió en Waterbliet, Estados Unidos, en septiembre de 1784. Conocida como Mother Ann, fue la líder de la Sociedad Unida de Creyentes en la segunda Aparición de Cristo, o Shakers (Sacudidos), una secta de fanáticos religiosos que defendían la llegada del Mesías encarnado en una mujer y rezaban con frenéticos movimientos espasmódicos y canciones. Tras sufrir cuatro partos de bebes muertos, y cansada de los abusos de su marido, Ann Lee y su fiel hermano William buscaron refugio en una pequeña comunidad de disidentes cuáqueros. La arrolladora personalidad y fuerza iluminada de Ann Lee la convirtió muy pronto en líder absoluto del grupo al que llevó a América en 1774 donde fundó una de las comunidades religiosas más poderosas de su tiempo. Ann Lee, una de las poquísimas mujeres misioneras, predicaba el celibato absoluto y la igualdad entre hombres y mujeres. Hasta aquí, la historia real. La película es otra cosa. Partiendo de la figura de la iluminada Ann Lee, encarnada, casi como una posesión en Amanda Seyfried, se presenta como un biopic hagiográfico de una mujer que no estoy segura mereciera ser recordada. Pero lo que distingue el film por encima de todo, es que es… un musical. Un musical clásico como los de antes, en la que los personajes se ponen a cantar y a bailar de pronto, sin avisar. Un musical que utiliza las sesiones de sacudidas para montar coreografías de una gran plasticidad en secuencias donde la inolvidable hija de Mamma Mia, canta, baila, y sobre todo mira con los grandes ojos que son una de sus características. La película produce una doble sensación: mal rollo por lo que cuenta, (Ann Lee está bastante perturbada, la verdad), pero te engancha por lo que María Adell en su crítica de Filmtopia define como “un espectáculo fascinante y agotador a partes iguales.” 

El regalo de esta semana es una quinta mujer, mucho más serena que todas las demás