sábado, 29 de marzo de 2025

FURIA(S)


Una película muy potente y un documental que nos descubre un escritor, son para mí los dos estrenos más singulares de esta semana. También una serie polaca que, tal como está el mundo, tiene una gran actualidad (y utilidad).

 

La película: La furia, de Gemma Blasco

La dirección de La furia es de Gemma Blasco, pero para ser justos, esta película debería presentarse como de Gemma Blasco y Ángela Cervantes, porque es ella la que carga con todo el peso, y es mucho, de esta historia que habla de violencia y de cómo esa violencia repercute en el interior de la protagonista. Todo pasa entre dos fiestas de fin de año, en la primera, una divertida Alexandra, sufre una violación. No sabe quién la ha violado, nosotros tampoco porque la pantalla se queda en negro y tan solo oímos lo que está pasando. Imaginar es mucho más doloroso que ver. A partir de ese momento, la protagonista vive un proceso de vergüenza, culpa, rabia y furia. Se lo cuenta a su hermano Adriá, pero él no sabe como apoyarla. Tan solo el teatro, y en el teatro la tragedia y el personaje de Medea, la ayudarán a sanar esa herida. Ángela está imponente, es una actriz capaz de cualquier cosa, desde las secuencias más locas, a las más violentas, de la intimidad consigo misma, a la soledad consigo misma. La furia es un film importante de los que marcan una filmografía. Hay muchas maneras de hablar de violencia y de violación, esta es una de las más impresionantes y al mismo tiempo más dignas. Hay un respeto y un acompañamiento total con el personaje de Alexandra. Todos estamos con ella. Pero no se asusten, La furia es también un film sobre el poder del teatro como válvula de escape, de la necesidad de proteger y el miedo a verse reflejado, de la presencia física del cuerpo y la naturaleza. Ángela llena la pantalla. 

  (Agustín Gómez Arcos cuando llegó a París)

El documental Un hombre libre, de Laura Hojman

¿Alguien conoce a un escritor almeriense que se llama Agustín Gómez Arcos? Yo, desde luego, no lo conocía. Lo he descubierto con este documental de Laura Hojman, una directora que casi sin darse cuenta está trazando una historia de la España del siglo XX con su cine: Rubén Darío, Antonio Machado, María Lejárraga y ahora, Agustín Gómez Arcos. Nacido en el año 1933 en un pueblo de Almería, vivió la guerra y la posguerra con sus siete hermanos hasta que en 1953, con veinte años, se va a Barcelona a estudiar. Tres años después, está en Madrid escribiendo teatro. Homosexual declarado, sufre el miedo y la represión de unos años oscuros para alguien como él. Su teatro es premiado, pero no representado. Harto de todo, se va de España y acaba en Paris, es el año 1968. Y allí, este hombre joven de pelo rizado y sonrisa de medio lado, empieza a escribir. En francés. Y le publican. Y le leen. Y le premian. Llega a ser finalista del Premio Goncourt. Su primera novela, El cordero carnívoro, aparece en 1975 y le convierte en una figura de las letras francesas. Le llaman de todos los programas, es famoso. En España, casi nadie sabe nada de él. Pero Franco ha muerto, quizás sea hora de volver. Y vuelve, pero para nada. No hay un solo editor que se interese por su obra, por sus novelas, por su figura. Silencio e indiferencia. Vuelve a marcharse, esta vez para siempre. Hay muchos tipos de exilios y él ha vivido dos muy distintos: el político y el cultural. Ana non, es otro gran éxito editorial. En España nadie se hace eco. Agustín publicó nueve novelas más antes de morir de sida en 1988. Aquí, no se dijo nada. Hace poco tiempo, una pequeña editorial se ha propuesto recuperar su obra, mejor dicho publicarla por primera vez en España. Todo esto es lo que he descubierto con el documental Un hombre libre. Y todo esto me ha dado mucho que pensar. Porque la censura no es solo la que nos pensamos, la política. Hay otra censura más sutil, más oculta, la que va conformando el pensamiento con lo que se publica, con lo que se estrena, dejando fuera lo que molesta, lo que no se ajusta a los modelos de comportamiento de cada época. Hay figuras disidentes, incómodas, que obligan a plantearse las cosas de otra manera, lejos de lo normativo. Y esas, se callan, se esconden, en cualquier tiempo, en cualquier país. Aunque sea tarde, es un regalo descubrir a un escritor como Agustín Gómez Arcos. Gracias Laura.

 


La serie. La frontera del Este. Jan P. Matuszynski, Wojciech Bockenheim, Max

Esta serie polaca que se puede ver en Max me ha dado mucho que pensar. Se llama La frontera del Este o Puerta del Este, está ambientada en mayo de 2021 en Varsovia, Minsk, capital de Bielorusia, Kaliningrado y la frontera entre los tres países. Lo que cuenta son las maniobras y manipulaciones de los rusos para hacer pasar por culpables a los polacos de varios atentados en Minsk para así justificar y provocar con ello la invasión de Polonia. Lo que se llama una maniobra de “falsa bandera”. De fondo, los refugiados que son usados como pelotas entre unos y otros en una frontera donde algunos polacos intentan ayudar como pueden. Pero el tema principal es la conspiración rusa de infiltrados entre las más altas esferas de la inteligencia y la diplomacia polaca, con un solo objetivo: provocar una guerra. Todo pasa antes de la invasión de Ucrania, y aunque no está basado en hechos reales, todo parece muy verosímil. La frontera del Este es un thriller de espías polacos y rusos, con tres protagonistas carismáticos, especialmente Lena Góra en el papel de Ewa. Para los polacos, como para los lituanos, fineses, letones y estonios, la amenaza rusa no es algo abstracto, está ahí, muy cerca, en la frontera del este. Y esa frontera no es solo suya, es la frontera de todos los europeos. Esta serie nos lo recuerda estos días en que se habla tanto de rearme o cualquier otro eufemismo que se use. Un artículo de Carlos Casajuana en La Vanguardia del 27 de marzo y una cita de Lillian Hellman en 1942, me parece que complementan muy bien esta serie y su mensaje de advertencia: “El rearme en sí no me provoca ningún entusiasmo. Para vivir en paz es necesario estar preparado para la guerra, cierto. Pero rearmarnos nos puede hacer más propicios a las aventuras bélicas. Cuando uno tiene un martillo en la mano, ve clavos en todas partes. Para vivir en paz es necesario trabajar sobre todo para la paz, y la diplomacia es la mejor herramienta. Entonces, ¿por qué soy tan favorable al refuerzo de las capacidades defensivas de la Unión Europea? Porque creo que una defensa común digna del nombre será un paso decisivo en la construcción europea… Quizás tendremos que hacer algún sacrificio. Necesitaremos gastar más en defensa y, sobre todo, gastar mejor. Pero valdrá la pena. El día que cuente con una verdadera defensa común, la Unión será mayor de edad. Es ahora o nunca.” (Carles Casajuana La Vanguardia 27 de marzo).

“Era inútil decirse en este momento “sí, muchos de nosotros sabíamos que iba a suceder”, durante la guerra de España habría sido posible detener a Hitler y a Musolini, los indecisos y los ruines nos han metido en esto.” (Lillian Hellman en 1942, Una mujer inacabada)

El regalo de esta semana es una Europa dormida que tiene que despertar.



 

sábado, 22 de marzo de 2025

Un  año de FILMTOPIA

El pasado 8 de marzo Filmtopia cumplía un año de vida pública. Todas las que hacemos Filmtopia estamos muy contentas de que el proyecto que nació hace tres años se haya consolidado y llegue a su primer aniversario. La idea de hacer una web especializada en cine hecho por mujeres surgió de un doble deseo: queríamos reivindicar el trabajo de las mujeres en el cine, y queríamos especializarnos en algo, ya que webs y revistas generalistas de cine hay muchas y muy buenas. Desde el principio yo entendí este proyecto como inclusivo, no como exclusivo. Para mí, la razón de ser fundamental de Filmtopia es la de incluir a todas aquellas mujeres que a lo largo de los 125 años de vida del cine, han estado marginadas y olvidadas de la historia, reivindicar su trabajo y su aportación al cine y a la sociedad. Darlas a conocer. Pero no solo eso, que ya de por sí me parece importante y necesario. También me parecía inclusivo, porque queríamos hablar de todas aquellas mujeres que contribuyen con su trabajo a que el cine exista: productoras, montadoras, sonidistas, directoras de fotografía, guionistas, scripts, un montón de nombres que son completamente desconocidos. Hay más razones inclusivas para creer que este proyecto merece la pena. En la acumulación de estrenos semanales y de festivales, muchas veces hay un cine que nunca se nombra, del que nunca se habla, películas más pequeñas o de cinematografías marginales que no tiene espacio en un medio generalista, y a las que nosotras podemos dedicarles atención y destacarlas. Cine latinoamericano, cine indio, cine africano. Acercar esos cines, y a las mujeres, que muchas veces con dificultades mayores que las europeas o americanas, intentan sacar adelante sus proyectos, también es una manera de inclusión. La ventaja de la web, la nuestra y todas, es que el material se queda ahí para consultarlo siempre. Si una película se estrena y se te pasa, cuando llegue a la tele o a una plataforma, puedes buscar la entrevista o la crítica. En esta manera de vivir en la que todo es rápido y se consume sin disfrutarlo, proponemos textos que nos dejan un espacio de pausa, de tranquilidad. Los chinos decían que las mujeres son la mitad del cielo. En Filmtopia hemos decidido fijarnos en la mitad del cielo que ha hecho cine, hace cine y hará cine. Esta es la dirección de la web  https://filmtopia.net/es/ por si alguien quiere entrar a conocerla. Se pueden leer tres artículos a la semana en abierto, o se puede suscribir en distintas modalidades. Es una invitación a dar un paseo por esa mitad del cielo del cine.

 


Una serie : Adolescencia, Philip Barantini

No soy demasiado original hablando de esta serie que se ha convertido en un fenómeno mundial en los pocos días que lleva en el catálogo de Netflix. Netflix, si, ese Netflix del que se suele hablar con un cierto desprecio, acusándolo de aplanar y hacer iguales todas sus propuestas. Y que, sin embargo, está llena de sorpresas, incluso de atrevimientos formales y de contenido que en el cine no son tan fáciles de afrontar. La ventaja del gran imperio que es Netflix es que cabe todo. Depende de los creadores que lo que se hace tenga o no tenga interés. Aceptan todo y lo aceptan porque saben que tienen público para cualquier tipo de aventura. Incluidas las más arriesgadas. Y Adolescencia lo es.  Creada por Stephen Graham, actor maravilloso que asume el papel del padre en la serie, esta miniserie de cuatro capítulos está narrada en cuatro largos planos secuencia de una hora cada uno. Rodar en digital permite no tener que hacer falsos cortes ni fundidos a negro para las transiciones, solo necesita planificación, imaginación e ingenio para enlazar los caminos que se van abriendo en el relato. Este es su primer atractivo, un plano secuencia que no cansa nunca y del que casi no eres consciente. Pero esto solo no sería suficiente. La historia es la de un crimen y una investigación. Jamie Miller, un niño de trece años, es acusado de matar a puñaladas a una compañera de clase. La serie empieza con la irrupción de la policía en el domicilio de Jamie, su detención y su traslado a la comisaría para ser interrogado en presencia de su padre. Jamie sostiene que es inocente, pero todo apunta a que es el asesino. El segundo capítulo pasa casi íntegramente en la escuela donde la pareja de policías investiga la vida de Jamie y la chica muerta. Es un prodigio de seguimiento en un espacio muy complicado y con muchos personajes. El tercer capítulo es el más brutal. Una sala de visitas en un correccional donde está Jamie. Dos personajes, el chico y una psicóloga que debe evaluarlo. El diálogo entre los dos es de una intensidad emocional y de una tensión tan fuerte que parece mentira que un actor de catorce años, Owen Cooper, pueda sostenerlo sin estallar. Después de esta experiencia, Owen Cooper puede hacer lo que quiera. El cuarto capítulo es muy extraño. Se centra en la familia de Jamie, y sigue al padre, la madre y su hermana en un intento por avanzar sin dejarse arrastrar por lo que han vivido. Todo el conjunto es impresionante en la frialdad casi quirúrgica con la que muestra los personajes. Son cuatro horas, pero vale la pena verlas seguidas para sumergirse en el estado mental que provoca. Netflix,  a veces, es imprescindible.

 


Un corto: Walking Fernando, Max Mir

El universo del cortometraje es tan infinito, que si no hay alguien que te diga “Éste”, es muy difícil llegar a conocerlos. Walking Fernando, literalmente Paseando a Fernando, me llegó por una buena amiga. Y lo vi. Y me gustó mucho. No sabía nada del director, Max Mir, ni del recorrido del corto en festivales y premios. Eso es lo mejor ante un film: no saber nada dejarte sorprender. Es lo que recomiendo hacer con este paseo con Fernando. Quizás su mensaje no sea original, pero es tan gracioso, tan sencillo en su narración, y tan inteligente en su conversación, que lo ves con una sonrisa permanente. Dura 13 minutos, Javier Bardem anda  (o nada) por ahí y se puede ver en la Plataforma Omeleto.

Plataforma de Omeleto Walking Fernando – Omeleto

https://www.youtube.com/watch?v=JGvxJ8Uowjo 

El regalo de esta semana es una chica de la mitad del cielo paseando a Fernando



 

 

 

 

 

 

 

sábado, 15 de marzo de 2025

TRES PROPUESTAS

 

Una película india, un documental fundamental de la historia del cine, una exposición interesante. Estas son las tres propuestas de esta semana lluviosa y rara.

 


Secretos de un crimen, Shandhya Suri

 “Uno no sabe el significado de la palabra different hasta que ha conocido India, país que parece habitar varios siglos a la vez”, escribía John Carlin en La Vanguardia del domingo pasado donde explicaba: “En India, los ricos son muy, muy ricos y los pobres son muy, muy pobres. Lo seguirán siendo. Se calcula que en el 2047 el país habrá dado el salto de nación en desarrollo a nación desarrollada, que la mitad de la población será considerada clase media. Bien. Pero aún quedarán –y para rato– más de 700 millones de personas viviendo en la más escuálida miseria… ¿Estallido social? La cultura india propaga las virtudes de la resignación y acepta como normal una jerarquía social brutalmente demarcada en la que un enorme porcentaje de la población se comporta ante los afortunados con la más abyecta sumisión… Los hombres valen más que las mujeres y punto. Solo hay que ver las motos que pululan por las calles para constatarlo. El conductor, siempre un hombre, lleva casco. La pasajera, no. Los niños pequeños, tampoco: uno de los varios motivos por los que nunca me atrevería a conducir en India.” Estas líneas son la mejor explicación de lo que pasa en esta interesante película india, dirigida por una mujer anglo-india que proviene del documental. En la entrada del 25 de mayo del 2019, hablaba de una serie india, Delhi crime, que se puede ver en Netflix. He pensado en ella viendo Secretos de un crimen o Santosh, su título original, nombre de la protagonista. Una de las anomalías de la India es que, gracias a un programa de integración laboral, las mujeres pueden heredar el empleo de sus maridos cuando mueren. Es lo que le pasa a Santosh. Cuando su esposo, inspector de policía, muere en unos altercados, hereda ese puesto sin tener ni idea de donde se mete. Sin imaginar que lo primero que tendrá que investigar es la muerte y violación de una joven de casta inferior que ha aparecido en un pozo. Una investigación que la llevará a descubrir la corrupción de la policía y de buena parte del gobierno, en un país que responde plenamente a lo que John Carlin explicaba en su artículo. “Hay dos clases de intocables en este país, los que la gente no quiere tocar y los que no se pueden tocar”, le dice su superiora a Santosh. Lo mejor de todo es que la faceta documentalista de Shandhya Suri hace que todo sea verosímil y funcione en este film absorbente como los mejores thrillers.

 


¡Lumière! La aventura continua, Thierry Frémaux

En octubre del 2017, mal mes y mal año para recordar, se estrenó un film maravilloso. Se llamaba ¡Lumière! Comienza la aventura. Era realmente una aventura sumergirse en las historias rescatadas y restauradas por el Instituto Lumière de Lyon en un documento (no un documental) fundamental para entender el cine. Ocho años después, Thierry Frèmaux, director del Instituto y del Festival de Cannes, nos regala una segunda parte ¡Lumière! La aventura continua. Frèmaux aparece como director, pero en realidad su trabajo fundamental ha sido el de montar un centenar de nuevos films de los Hermanos Lumière y narrar su historia como si fueran Las mil y una películas. Es apasionante descubrir que en los orígenes del cine, ya estaba todo ahí. Solo había que desarrollarlo. La ficción, el documental, la imaginación, la memoria y los elementos del lenguaje: planos cortos, planos largos, elipsis, todo en ¡un minuto! Ver estos pequeños relatos de la historia es sumergirte en un sueño de cine, es descubrir el origen, disfrutar con la ingenuidad y la pasión y darse cuenta de que hoy, 130 años más tarde, todavía estamos en deuda con estos cineastas y todos los camarógrafos que lanzaron al mundo para dejar constancia de que había nacido EL CINE. En la entrada del 25 de octubre del 2017 hablaba de la primera entrega de este precioso recorrido por el nacimiento del cine y decía: “Ver estas pequeñas joyas en un blanco y negro perfecto, nos permite disfrutar a muchos niveles. Para mí el primero ha sido el del placer de ver la vida discurrir ante los ojos. Pero hay más sorpresas. Como la de acabar con el tópico de que los Lumière filmaban la realidad y Méliès filmaba la fantasía. No es cierto. Estos film demuestras que los que filmaban estos cortos eran ya directores de cine. Sabían dónde poner la cámara, como iluminar para conseguir un efecto dramático, buscaban el encuadre justo y lo que es más importante, tenían una puesta en escena muy elaborada con una clara dirección de actores. Es decir, hacían CINE, con mayúsculas y hacían ficciones sobre la realidad. Poesía y belleza, risas y dramas, todo aparece en esta película-río-historia que Frémaux va narrando con humor y con inteligencia, mostrándonos como un detective los detalles que se escapan a un simple espectador.” No se las pierdan.

(aprovecho para recordar el film de Javier Rebollo En la alcoba del sultán protagonizado por uno de los operadores más famosos de los Hermanos Lumière. Y también recordar que ¡Lumière! Comienza la aventura, se puede ver en Filmin).

 


Exposición Maya Deren. Museu Etnológic i de Cultures del món. Barcelona

Desde el 27 de febrero y hasta el 7 de septiembre, se puede ver Barcelona en la sala de la calle Montcada del Museu Etnológic i de Cultures del món, una exposición sobre la obra de Maya Deren, una de las figuras fundamentales para entender el cine experimental y underground norteamericano de los años cuarenta. Maya Deren era muchas cosas: cineasta, escritora, bailarina, poeta. La de antropóloga es quizás su faceta menos conocida y es la que justifica que esta exposición se presente en un Museo Etnológico y no en un centro de arte o la Filmoteca. Todo su cine es una indagación sobre el comportamiento humano, sobre el movimiento, era bailarina y modelo y sabía apreciar el lenguaje del cuerpo. La exposición permite ver algunos de sus trabajos completos pero sobre todo pone el acento en el proyecto que hizo en Haití, sobre el mundo del vudú. En este sentido es muy interesante la última parte de la exposición en la que se muestra la relación de su trabajo con la obra literaria de dos escritores Alejo Carpentier y Edwidge Danticat y un cineasta contemporáneo a Maya Deren, con el que sin duda tiene muchos elementos de contacto, Jacques Tourneur, autor de Yo anduve con un zombie, Cat People y Leopard Man. Maya Deren es una de aquellas figuras semi olvidadas de la historia que merece ser recuperada. Porque el presente se escribe conociendo el pasado.

En Filmin, el baúl de los tesoros escondidos, hay un documental de 31 minutos llamado Maya Deren, Toma Cero del que se dice en la presentación: “Este documental es un diálogo entre, por un lado, las películas y grabaciones de voz de la cineasta Maya Deren (1917-1961) y, por otro, personajes del mundo del celuloide y de la antropología que la conocieron directamente. Incluye entrevistas con Jean Rouch, Jonas Mekas, Alexander Hammid, Graeme Ferguson, Cecile Starr, Herbert Passin y Robert Gardner, así como imágenes del film inacabado Witch's Craddle (en colaboración con Marcel Duchamp).” Es un excelente complemento a la exposición.

El regalo de esta semana es un dibujo que no se si tiene que ver con nada, pero  creo que un poco con Maya Deren y otro poco con la India.



 

 

 

 

 

 

sábado, 8 de marzo de 2025

DE FOTOS, TOROS Y HUIDAS

 

El estreno de Lee Miller, junto con otras dos películas importantes, aunque de muy distinto signo, me sirve para plantear esta entrada como un Álbum de Fotos.

 


Foto Taurina, Impresionante: Tardes de soledad, Albert Serra

Pacifiction me reconcilió con Albert Serra; Tardes de soledad me ha convertido en serraniana. No sé si para siempre, pero en todo caso, tengo que reconocer que hacía mucho tiempo que no veía una película de tanta Potencia como este film que no es un documental, no es una ficción, no es una película de toros, no es un retrato de un torero. Es todo esto y algo más, algo mágico, algo ritual que entronca con el mito. Estos días estoy leyendo las Cartas Morales de Séneca y justo en la de hoy he encontrado una ayuda para explicar porque este film me ha conmovido. Séneca dice:

-Todas las cosas son de igual condición: constan de lo que están hechas y de lo que las hizo. En este caso, de lo que está hecha Tardes de soledad, es el cine como instrumento y el toreo como un rito ancestral y quien la hace es tanto Albert Serra, que lo observa, como el torero Andrés Roca Rey, que lo vive.

-Cinco son, al decir de Platón las causas de todo lo que sucede en la maturaleza: materia, agente, forma, modelo y fin.

Materia, el cine y sobre todo, el montaje; Agente, el director Serra y el director de fotografía Artur Tort, que son también los montadores; Forma, la que le da Serra al decidir filmarlo de determinada manera y montarlo dejando fuera todo lo que rodea la fiesta; Modelo, el torero y los toros: Fin, convertir en arte de cine un arte ritual, una danza con la muerte.

-Debería haber puesto entre las causas el tiempo, ya que sin tiempo nada puede hacerse; el espacio, pues si no lo hubiese donde poder realizar una cosa ésta no podría ser hecha; y el movimiento, pues sin ningún movimiento nada se hace ni se destruye.

Tiempo , el dilatado de una tarde de toros cuando el tiempo se transforma y quince minutos pueden durar una vida; Espacio, las plazas donde torero y toro se enfrentan, pero también las habitaciones de hotel donde el torero se viste y se prepara para el rito; o la camioneta de la cuadrilla que le lleva y le trae de la plaza, excitados a la ida; reflexivos a la vuelta; Movimiento: los que el torero y el toro componen en ese baile a dos voces, a dos respiraciones, a dos físicos, uno poderoso, otro frágil, el movimiento de la capa, del sol, de la abstracción.

Hay momentos en el film que parecen cuadros fijos que de pronto cobran vida, los primeros planos del toro y del torero subliman su relación. Todo junto hace de esta película una experiencia que deberían ver los que aman el toreo, pero también y quizás más, los que no lo conocen o no lo respetan. Tarde de soledad va más allá de gustar o no gustar.

 


Foto de Guerra, Convencional: Lee Miller, Ellen Kuras

Esta película solo merece ser remarcada por dos mujeres: Lee Miller y Kate Winslet. De la tercera mujer en la ecuación, la directora Ellen Kuras, tendremos que esperar a ver que hace en próximos títulos, porque este biopic no es exactamente una buena carta de presentación. Así que me detengo en la foto de estas dos mujeres: Lee Miller, sofisticada modelo, entre otros de Man Ray, convertida en fotógrafa con una mirada propia, que en la Segunda Guerra Mundial hizo del fotoperiodismo un arte. Sus fotos en el Londres bombardeado, en el frente junto a los soldados americanos, su mirada sobre la Francia liberada y la Alemania devastada, las imágenes terribles de los campos de concentración en los que fue una de las primeras en entrar con las tropas para dejar constancia del horror que se había vivido allí, hacen de Lee Miller una mujer y una artista con Mayúscula. Pero no una santa. En la entrada del 22 de agosto del 2022 hablé de un documental publicado por el Canal EDITRAMA que se puede ver en Youtube, Lee Miller, al otro lado del espejo, un film dirigido por Sylvaine Roumette en 1995 que es perfecto para conocer a esta mujer extraordinaria y puede servir de contrapunto al film de Kuras. Al final de este precioso documento un texto de Lee Miller dice “Ahora sé qué si pudiera comenzar de nuevo sería todavía más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis sentimientos.” Quizás fue esta frase la que llevó a los productores a proponer el papel de Lee Miller a una actriz tan alejada físicamente de ella como Kate Winslet, pero tan cercana en el pensamiento y en la actitud vital a esta frase. Kate Winslet llena el film, no como Lee Miller, sino como Kate Winslet. No importa que su físico no se ajustes al de la sofisticada Lee, no importa que su vida antes de la guerra carezca del glamour de las fotos de Man Ray, no importa que la veamos envejecida en esa entrevista improbable, más soñada que real, donde relata su  vida entre los años treinta, cuando conoce a Roland Penrose, y el final de la guerra mundial. Lo que importa es ver a Kate transformarse anímicamente en Lee, vivirla, insuflarle una energía que nace de su propia experiencia. Más que Lee Miller yo titularía esta película Lee y Kate.

El documental Lee Miller, al otro lado del espejo, de Sylvaine Roumette se puede ver en este enlace: https://youtu.be/IEWsO_uI8ZA

 


Foto en Sepia, Preciosa: Grand Tour Miguel Gomes

Como en casi todas las películas del portugués Miguel Gomes, viendo este Grand Tour tuve la sensación de estar sumergida en un sueño que me arrastraba a otros tiempos, a otros espacios, a otras realidades. Cuando volví a casa, intenté explicarle a Ramon el argumento y la verdad es que me costó mucho. Es una historia de amor; es una huida; es un… no sé muy bien cómo definirlo: solo sé que es Romanticismo en blanco y negro con Documentalismo Musical en color. En la web Filmaffinity han conseguido condensar la historia: “Birmania, 1917. Edward, funcionario del Imperio Británico, huye de su prometida Molly el día que ésta llega a Rangún para casarse. Durante su viaje, el pánico da paso a la melancolía. Contemplando el vacío de su existencia, el cobarde Edward se pregunta qué habrá sido de Molly... Decidida a casarse y divertida por la jugada de Edward, Molly le sigue la pista a través de Asia.” Vale, es verdad lo que cuenta, pero la película es mucho más que eso. El grand tour que emprende Edward huyendo del compromiso con Molly, le lleva a Singapur, Bangkok, Saigon, Manila, Osaka, y de Osaka a un escondida ciudad en China en las márgenes del río Yang Tse. El film es un cuento narrado por distintos cuentacuentos que lo van relatando en los idiomas propios de las ciudades por donde pasa Edward, mientras que todos los personajes, aun siendo ingleses, solo hablan portugués.  Divido en dos capítulos muy claros, como Tabu, con la que guarda una estrecha relación, la primera parte sigue a Edward en su huida mientras en  la segunda parte sigue a Molly en su búsqueda La primera es una colección de instantes, la segunda es una colección de sensaciones. Edward es pasivo, Molly es activa. Y entre medio de sus recorridos, marionetas, teatrillos, fiestas, vida en color, la actualidad de ahora mismo puntuando los viajes de este Grand Tour exquisito. 



¡FELIZ CUMPLEAÑOS FILMTOPIA!
Esta semana hemos cumplido un año desde que el 8 de marzo del 2024 publicamos la primera entrega de Filmtopia. Desde entonces hemos crecido mucho en todos los sentidos. En colaboradoras, en lectores, en secciones, en presencia en el panorama cinematográfico español. Estamos muy satisfechas de lo conseguido, pero sabemos que hay que llegar a más. Para celebrar este aniversario hemos incorporado dos nuevas secciones: una viñeta ilustrada sobre los distintos sectores del cine; una colaboración especial que llamamos Tesoros ocultos y que se inaugura con un artículo de Alicia Luna. ¡Filmtopia sigue adelante! 
Si queréis conocer todas las novedades y seguirnos, este es en el link a la web https://filmtopia.net/es/

El regalo de esta semana es una foto de nubes, tan hermosa como las imágenes de Grand Tour



viernes, 28 de febrero de 2025

INTENSOS

 


(el primer disco de Bob Dylan que me compré)

A Complete  Unknown, James Mangold

Siempre me ha gustado Bob Dylan, sus clásicos Mr Tambourine Man, Blowing in the Wind, acompañaron mi adolescencia como fieles amigos. Más tarde le perdí un poco la pista (culpa mía, no de él) y lo volví a recuperar en el magnífico film de Scorsese, El último vals. Desde entonces lo he seguido escuchando, el joven Dylan se ha hecho viejo al mismo tiempo que yo, pero sigue ahí, inspirando films, inspirando músicas. En el 2007, Todd Haynes hizo una curiosa y muy interesante aproximación a Dylan en el experimento I’n Not There, donde seis interpretes (entre ellos Cate Blanchet) asumían la representación de Dylan en distintos momentos de su vida. Pero los documentales definitivos sobre Dylan los ha realizado Scorsese, uno en el 2005 No Direction Home: Bob Dylan - A Martin Scorsese Picture, donde retrata los primeros años de Dylan en Nueva York; el otro en el 2019, centrado en la gira de 1975, Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese. Todo esto me sirve para explicar que iba a ver A Complete Unknown con una mezcla de ganas y temor. Ganas por escuchar y ver como miraban al joven Dylan, temor por si caían en todos los tópicos. Ambas cosas se cumplieron.  Los que conocen a James Mangold por sus últimos trabajos, Lobezno, Logan, la nueva Indiana Jones, pueden sentirse sorprendidos de ver su nombre en este biopic del exquisito Bon Dylan. Pero los que recuerden que hace veinte años hizo En la cuerda floja, un biopic de otro gran cantante, Johnny Cash, entenderán que le escogieran como realizador de este film que sigue a Dylan en sus cinco primeros años de cantante folk.  Aunque solo se limita a estos cinco años, el film de Mangold es un auténtico biopic con todo lo que esto significa de bueno y de malo. El protagonista absoluto es Dylan, los demás personajes están ahí para su servicio, desde Woody Guthrie, Pete Seeguer hasta Joan Baez y The Band. El guion es completamente convencional, casi rutinario, con muy pocos destellos de la genialidad del cantante de Minnesota. Los momentos escogidos son conocidos por todos aquellos que hayan seguido a Dylan alguna vez. En ese sentido es un film que se ve fácilmente. En cuanto al propio Dylan, no sé si la elección de Timothée Chalamet es la mejor que había. Yo no puedo dejar de ver al actor en el personaje, de manera que es a Timothé al que tengo delante y no a Dylan. Consciente de esto, quizás, Chalamet carga de una intensidad sesuda y un poco desagradable al personaje de Dylan. Que no era un dechado de alegría y que se caracterizaba por sus desplantes y prepotencia, es algo conocido, pero en una película que quiere contar sus inicios como un completo desconocido, esta intensidad está un poco fuera de lugar. Hace unos días hablando de María de Pablo Larrain, decía que era un buen retrato porque no se parecía, pero era. En este caso, a lo mejor se parece, pero no es, Dylan. De todos modos, bienvenida sea la película si permite que nuevas generaciones descubran quien fue este poeta de 83 años que sigue haciendo giras presenciales con su voz cascada y su inseparable armónica.  Si quieren conocer de verdad a Dylan (no a Timothée) en Filmin pueden ver No Direction Home: Bob Dylan - A Martin Scorsese Picture y en Netflix Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese.

 



Mi única familia, Mike Leigh

Hace exactamente 30 años (o casi), vi una película de Mike Leigh que me impresionó, se llamaba Secretos y mentiras. Aunque el director llevaba mucho tiempo haciendo televisión, este era su segundo film. En Secretos y mentiras había un personaje muy potente, Hortense, una joven negra que al morir sus padres adoptivos intenta encontrar a su madre biológica. Esa fue la primera vez que vi a  Marianne Jean-Baptiste, entonces una joven actriz de color, guapa y con una gran presencia. Mi única familia se titula en versión original Hard Truths, es decir Verdades duras y en ella me he reencontrado con Marianne Jean-Baptiste, en lo que se puede ver como una especie de continuación de los secretos y mentiras devenidos en verdades insoportables. En realidad esto lo pienso, pero nada en el film da pie a creerlo. De hecho la Pansy de esta familia negra, de clase obrera baja que vive en los suburbios de Londres, no tiene nada que ver con la Hortense de  la otra. A no ser que pensemos que las cosas le han  ido francamente mal. Esta entrada la he colocado bajo la palabra Intenso y desde luego el film de Leigh lo es,  tan intenso como doloroso, porque no es fácil hacer el retrato de una patología, una depresión profunda y violenta, y no caer en ningún tópico del género, al contrario, mostrarla con una mirada que intenta comprenderla, incluso dando cabida al humor o las situaciones que hacen sonreír a pesar de su dureza. Pansy es una mujer de mediana edad, aburrida, deprimida, violenta, enfadada con todos y con todo. Es una mujer que está mal en el mundo y cree, está convencida, que todos se conjuran contra ella, todos la odian. Tiene un marido apocado que no sabe cómo afrontarla y comprenderla, un hijo gordo que solo pasea y come y a los 22 años es incapaz de hacer nada; y una hermana que es todo lo contrario de ella. Chantelle es su única familia y la única que intenta estar a su lado. Pero Pansy no lo pone fácil. La película es como una tetera que va subiendo el calor poco a poco mientras Pansy se pelea, grita, maltrata a todo el mundo, hasta que la tetera empieza a soltar vapor y en ese vapor, Pansy puede llorar y callar. El último tercio del film Pansy está callada. Y no sabes que produce más dolor si la Pansy gritona o la Pansy callada. Esta historia en manos de un director de melodramas sería un dramón, en manos de alguien como Ken Loach, sería una denuncia de la sociedad. En manos de Mike Leigh, es un film seco, cortante, duro, con rasgos de humor y de ironía, del que no puedes desprenderte porque de alguna manera, toca las fibras más sensibles del ser humano. Y porque, en definitiva, como dice el propio Mike Leigh: “Todos tenemos a alguien en la familia que siempre está de mala leche”.

 


De Donald a Donald

Esta mañana (escribo esto el miércoles 26 de febrero) mientras iba en el metro, me ha venido una imagen a la cabeza: El Pato Donald. Donald, Mickey, Daisy, Minnie, Goofie, pero también, Bugs Bunny y Elmer, o La pequeña Lulú, forman parte de mi educación infantil. Creo que aprendí a leer con los tebeos de Novaro que devoraba cada semana. Pero no era ese recuerdo el que me ha asaltado esta mañana. Ha sido otra cosa que solo he podido apreciar ahora, desde el presente. De repente he pensado que si el ratón Mickey era un personaje atento, educado, siempre pensando en los demás, y en cambio el pato Donald era un personaje irritable, maleducado y egoísta, era porque Disney de alguna manera había querido mostrar las dos Américas. Mickey era demócrata, Donald era republicano. Supongo que esta teoría puede hacer partirse de risa a mucha gente, pero la verdad es que hay algo de eso. El comportamiento de Donald y también de su rico Tio MacPato (o Tío Gilito en España) y de su presuntuoso primo, el ganso Narciso Bello, representan lo peor de la sociedad norteamericana. Donald siempre está sufriendo las trastadas de su tres traviesos sobrinos, pero su principal enemigo son las ardillas Chip y Dale, capaces de sacarle de sus casillas continuamente. Cuando Donald se enfada de verdad su blanca cara de pato de pone naranja y luego roja. Yo quería mucho a Donald, más que a Mickey, porque me parecía más divertido un personaje imperfecto y que siempre sale perdiendo. Además Donald era simpático y entrañable cuando quería. Lamentablemente no puedo decir lo mismo del Donald de nuestros días, tan rojo y naranja como el pato al que ha robado su nombre, pero que carece por completo de esa pizca de ternura que tenía el Donald de la chaqueta azul. Otra cosa que le ha robado el Donald de hoy al de ayer, su chaqueta azul. Y su mala leche, y su malhumor y su casi incomprensible manera de hablar Pero su necesidad de ser el único que manda en el mundo, de mandar sobre todos, eso es propiedad exclusiva del Donald naranja, no de mi pato Donald. Aun no he perdido la esperanza de que este Donald encuentre sus Chip y Dale que le hagan todas las trastadas posibles En cuanto a Tío Gilito y Narciso Bello, los ha condensado a los dos en uno solo, Elon Musk.

El regalo de esta semana es para bajar la intensidad



 

sábado, 22 de febrero de 2025

MUJERES QUE ARDEN

Esta semana se estrenan once películas. De esas once, algunas son importantes (pero no me interesan); otras son malas, y hay un tercer grupo que, simplemente, no conozco. Pero si hay dos que me llaman la atención. Mas una que otra, pero las dos están bastante por encima del resto de propuestas. Al menos bajo mi criterio.

 


Memorias de un cuerpo que arde, Antonella Sudasassi Furniss

Hace un par de años escribí de una película de Costa Rica que se llamaba El despertar de las hormigas. Me había gustado mucho, pero no había vuelto a saber nada de su directora hasta ahora. Hasta que me tropecé con un cartel que me llamó inmediatamente la atención. Una mujer mayor, desnuda, de espaldas, con el cabello gris flotando en llamas sobre un fondo azul. Supongo que lo que más me gustó fue la combinación de colores naranja y azul,  pero también el título: Memorias de un cuerpo que arde. Sin verla aún, pensé que se podría llamar Memorias de una mujer en llamas, como homenaje a Retrato de una mujer en llamas de Céline Sciamma. Luego, cuando la vi y descubrí que era de la misma directora que las hormigas, fui consciente que era mejor la idea de arder que la de la llama. Una llama se consume, se apaga, un cuerpo que arde es permanente, el ardor dura toda la vida. Y de eso va esta interesante película, de cómo el cuerpo arde a pesar del tiempo. Arde de deseo, arde de sexo. ¿Cómo contar esta historia  de un grupo de mujeres mayores, entre 60 y 80 años, que relatan con sinceridad su vida entera, desde que empezó a arder su cuerpo con los primeros amores infantiles hasta ahora mismo en que son adultas, o mejor dicho viejas, con deseos que no quieren reprimir? Antonella gravó sus voces respetando el anonimato visual: no había que verlas. Pero ¿entonces? Ahí entra la imaginación y el recurso a un mecanismo de juego entre lenguajes. El relato hablado de estas mujeres es la columna vertebral; el cuerpo lo pone una actriz que asume el rol de representarlas en un decorado; y hay un grupo de actores que se cruzan con ella en los distintos momentos de su vida. Con todos ellos se crea un Pentimento, un cuadro nuevo, una realidad nueva hecha de las voces, la imagen y la representación. El mecanismo funciona, y el juego se mantiene sin decaer en todo el metraje de  la película. Porque Memorias de un cuerpo que arde no es un documental, ni es una ficción, ni es un docudrama: es una película sobre la vida de Una y Muchas mujeres. Muchas porque en realidad, cualquier mujer puede reconocerse en ese relato vital. Ahora me doy cuenta, de que en el fondo, también es el retrato de una mujer en llamas. Una recomendación, fíjense en la última secuencia justo antes de los créditos. Vale la pena disfrutarla en toda su belleza.

 


La última reina Karim Aïnouz

En realidad esta no es la historia de una última reina, más bien el título debería ser La primera reina. Porque aunque Catalina Parr fue la sexta y última esposa del Enrique VIII, en realidad fue la primera en reinar con auténtico poder, la que abrió el camino para que Isabel I se convirtiera en la soberana más poderosa del mundo en el  siglo XVI y XVII. Catalina Parr es la protagonista de esta historia centrada en los tres meses que pasó Enrique VIII en Francia, y el tiempo que vivió en el castillo cuando volvió, enfermo de una ulcera en la pierna que le impedía caminar, pero no le impedía seguir mandando de una manera absoluta y sin control. Conocemos a Catalina en el momento en que flirtea con las nuevas ideas del protestantismo luterano, considerado una herejía en la Inglaterra de Enrique VIII, mientras educa a sus hijastros Isabel y Eduardo y se enfrenta al poder de la iglesia anglicana que ya ha roto con Roma y reconoce al Rey como su cabeza visible. La política, la religión, la traición, el amor, se entrecruzan en ese palacio lleno de sombras murmuradoras. Pero todo esto no es más que lo que se cuenta, cómo se cuenta es quizás lo más interesante. En todo caso porque su director, Karim Aïnouz, es un brasileño sin raigambre en Inglaterra lo que le permite acercase a los personajes como si fueran nuevos para él, sin el peso de la historia aprendida desde pequeño. Su reina Catalina en los rasgos de Alicia Vikander, es poderosa, moderna, inteligente, sí, pero también sabe ser furtiva y manipuladora. Enrique VIII encarnado por un Jude Law desconocido, es tan frágil como terrible, tan vulnerable en su podredumbre física (a veces sientes que lo hueles y arrugas la nariz) como malvado en su podredumbre moral. El oscuro castillo donde se ha refugiado la corte huyendo de la peste de Londres, es un laberinto de salas y estancias en los que todo el mundo susurra, conspira, miente. Karim Aïnouz consigue hacer un relato shakesperiano sin parecerse a Shakespeare. Quizás eso se deba al origen literario de la novela de Elizabeth Fremantle publicada en el 2013 con el título de Queen’s Gambit  y revisada con motivo de la adaptación al cine en el 2024. Sin ser una película que dejará un poso en la historia (del cine), esta última reina es un film que se disfruta, pasando del terror gótico (o pre isabelino), a la reivindicación feminista tamizada por la época que, como es habitual en el cine británico, cuenta con una ambientación y una fotografía espectaculares. 

El regalo de esta semana es el retrato de una mujer naranja y azul




 

 

 

 

 

sábado, 15 de febrero de 2025

DOS ESTRENOS Y UNA REFLEXIÓN

 


Vermiglio, Maura Delpero

He de confesar mi confusión antes que nada: estaba convencida que la película de Maura Delpero pasaba a finales de la Primera Guerra Mundial. Seguramente esta idea surgía de una acierta atemporalidad en el film, en lo que respecta a vestuario, ambientación, formas de vida en ese pequeño pueblo de montaña alejado del mundo donde se esconde un soldado desertor. Pero también se me sobreponían a sus imágenes las del impresionante y clásico film de Ermanno Olmi, El árbol de los zuecos, ambientado a finales del XIX en el campo lombardo, junto con la enorme modernidad del film de Robert Rossellini Paisà, rodado en 1946 en pequeños pueblos italianos recién liberados. Todo contribuyó a mi confusión hasta que una buena amiga me envió la información de la productora (que yo no había leído) en la que se dejaba muy claro que la película pasaba a finales de la Segunda Guerra Mundial, es decir, al mismo tiempo que Paisà y muy lejos de El árbol de los zuecos. Todo esto me ha hecho pensar mucho en el poder del cine y en el poder de la propia memoria. El cine tiene el poder de evocar tiempos pasados desde el presente, es decir, modelándolos a su propio tiempo. Es lo que ha hecho la joven directora italiana con Vermiglio, una historia que en realidad no tiene tiempo, porque lo que les pasa a esta familia en esa pequeña comunidad rural podría pasar en cualquier lugar de Europa después de cualquiera de las muchas guerras que ha sufrido. En realidad, que suceda en los estertores de la segunda guerra mundial da igual porque lo que hace interesante y hermosa esta película, es la historia de sus mujeres. De las tres hermanas, Lucía, Ada y Flavia, las tres con una potente carga metafórica. Lucía, la mayor, es, según Maura Delpero, “La primera en abrir las puertas a una nueva sociedad y tiene la responsabilidad de la mayor trama que subyace en la historia: la transición del conflicto a la reconstrucción, del mundo antiguo al moderno, del campo a la ciudad, de la colectividad al individualismo”. Ada, la mediana, es la más olvidada de las tres, Ada es todo aquello que no vemos pero necesitamos, Ada es el espíritu y al mismo tiempo es la raíz en la tierra. Flavia, la pequeña, es la inteligencia, la curiosidad, el futuro ya sin ataduras. Entre las tres crean una nueva sociedad, de la que su madre, Adela, está excluida y en la que la rebelde Virginia aun no tiene cabida. Delpero reconoce como influencia en su cine a Ermanno Olmi (eso me consuela un poco) en su realismo no realista de un mundo campesino que ya no existe. Pero sobre todo reivindica a su padre, nacido en ese Vermiglio del film donde se rodó la película desde el mes de agosto a diciembre del 2023, como la auténtica inspiración de la historia. Su padre, de la misma edad de Olmi,  podía ser ese Pietrin descarado y divertido que es el primero en acercarse al soldado desertor. Vermiglio es en palabras de su directora, “un paisaje del alma que vive dentro de mí, en el umbral del inconsciente, un acto de amor por mi padre, su familia y su pequeño pueblo. Al atravesar un período personal, quiero rendir homenaje a una memoria colectiva.”. Un paisaje de una gran belleza, silencioso, sutil; una luz tamizada; el ritmo de la naturaleza; tres rostros de mujeres compartiendo una misma cama y muchos secretos. Un film precioso.

(si alguien tiene curiosidad y ganas, en Filmin se pueden ver El árbol de los zuecos de Ermanno Olmi y Paisà de Roberto Rossellini)

 


La tutoría, Halfdan Ullmann Tondel

En realidad este film noruego se llama Armand, un título mucho más representativo de lo que nos cuenta. Pero antes de hablar de Armand, de la ausencia de Armand, dos apuntes sobre el director, porque no se lleva el apellido Ullmann siendo sueco sin despertar alguna curiosidad. Halfdan es hijo de Linn Ullman que a su vez es hija de Ingmar Bergman y Liv Ullmann. !Uf! Menudo peso sobre los hombros de este joven realizador que ha decidido arriesgarse en el mismo terreno donde sus ilustres abuelos son figuras intocables. ¿Cómo ser fiel a esa herencia y al mismo tiempo aportar algo nuevo, personal, propio? Difícil planteamiento al que se ha enfrentado en su primer largometraje recompensado con la Cámara de Oro del Festival de Cannes del 2024. Armand es una película muy controlada. Un único escenario, la escuela, pocos personajes, los padres y los maestros y una situación insostenible. Todo gira en torno a Armand, un niño de seis años al que un compañero, Jon, acusa de haberle hecho insinuaciones y haberle agredido verbalmente e incluso físicamente. Nunca veremos a los niños (como en Un Dios Salvaje), todo pasa a través de los padres. Mejor dicho las madres y el padre de uno de ellos. Porque Armand es hijo de una célebre actriz y su padre ha muerto, mientras que Jon es hijo de un joven y muy convencional matrimonio. La escuela convoca a los tres a un reunión en la que estarán presentes una joven y un tanto ingenia profesora, la enfermera del centro a la que no para de salirle sangre de la nariz y el pusilánime director del colegio. Más de la mitad de la película sucede entre la clase donde se reúnen los padres y los maestros y los pasillos y escaleras de la escuela que funcionan como una inmensa jaula de hámsteres en la que unos y otros suben, bajan, se esconden en salas vacías, se encuentran y se desencuentran. La sombra de Bergman es muy alargada en esta primera mitad sin que por ello se sienta pesada o impostada. Son personajes que a Bergman le habrían gustado. Pero en la segunda mitad, parece que el nieto sea consciente de que se está pareciendo demasiado a su abuelo y decide marcar territorio introduciendo unos números musicales de danza contemporánea que la verdad no acaban de funcionar. Yo creo que no hacían ninguna falta. A mí me encantan las películas en las que de repente se ponen a cantar o a bailar, pero tiene que responder a algo. Y aquí no responde a nada. Es algo arbitrario. A pesar de esta pega que yo le pongo, y que otros pueden considerar estupenda, el film del último de la saga Ullmann/Bergman me parece importante y muy interesante. Como en La calumnia de William Wyler, no somos conscientes del mal que un niño puede hacer diciendo una simple mentira.

Y hablando de males y mentiras

No voy a entrar en las polémicas sobre Karla Sofía Gascón. Pero si quiero dejar claro lo que pienso de las redes sociales. Es el mejor caldo de cultivo de la manipulación, cualquier manipulación. Es la herramienta de control que Goebbels hubiera deseado tener a mano y que, por desgracia, tienen a mano todos los poderosos encargados de construir relatos, ya sean de una ideología o de otra, creando estados de opinión entre una audiencia cautiva y muy poco formada. Creo que las redes sociales son la mayor desgracia que ha ocurrido este siglo (y mira que llevamos unas cuantas). Es un Gran Hermano orwelliamo a nivel planetario.

El regalo de esta semana no tiene nada que ver con las películas, pero es un dibujo que me gusta mucho y me tranquiliza.