La risa y la navaja, Pedro Pinho
Se estrena esta semana una
película que me habría pasado completamente desapercibida si no fuera por el
aviso de Alex Gorina. Fue él quien me dijo que valía la pena verla. Ni el
título, La risa y la navaja, ni el
director, Pedro Pinho, me decían nada. Y la duración de la película, 211
minutos, me echaba para atrás. Pero me rendí ante la recomendación y empecé a verla. En seguida me di cuenta de
una cosa: no debía verla como una película muy larga, sino como una serie de cuatro
horas sin interrupciones. No porque tenga nada de serie, La risa y la navaja es una película 100%, pero sí porque mi cabeza
se adaptaba mejor al ritmo y la cadencia del film. Y así fui descubriendo que
estaba ante una película portuguesa rodada y ambientada en Bissau, la capital de
Guinea Bissau, ex colonia africana de Portugal. La primera secuencia me intrigó:
un coche en el desierto, un policía al que le gusta leer y hablando en
castellano. ¿Dónde estamos y quiénes son estos dos personajes? Del policía nos
olvidamos enseguida, pero del conductor no. El conductor es un ingeniero
portugués destinado por una ONG para hacer un informe sobre la conveniencia de
construir una carretera que una el desierto con la selva. Tiene que medir su
impacto ambiental y humano. El ingeniero se llama Sergio, y parece un personaje
escapado de una novela de Camus. Su primera noche la pasa en un hotel, sus
vecinos de habitación hacen mucho ruido. Va a avisarles. Esa es la primera vez
que se encuentra con Diara y Gui, dos personas que van a ser sus guías en el
laberinto de una ciudad y un país que se va revelando poco a poco. Los dos son
fascinantes y los dos forman una especie de dualidad, mujer-hombre-mujer casi
digna de la cosmogonía africana. Los dos serán los vértices entorno a los que
se mueva Sergio mientras se adentra en una ciudad africana moderna, de gente
variopinta, económicamente corrupta, plurilingüe, con trabajadores extranjeros, los
portugueses son los extranjeros en esa tierra, y con muchos problemas no
resueltos con el colonialismo y sobre todo con el neocolonialismo. Todo ello
trenzado con una banda sonora impresionante de músicas de todo tipo, con
cambios de tono, incluso de género.. Me sorprendí
pensando en Claire Denis y lo distinto que puede ser el cine hecho por los
antiguos colonialistas según desde donde miren. Claire Denis no entiende
África, la interpreta y la recuerda, por eso sus películas africanas son
súper interesantes, pero profundamente francesas. El África de Pinho es mucho
más real, no tiene nada de metafísico ni de intelectual. Es sensorial y
económica, es presente sin deudas con el pasado, es queer y sexual. Es mucho más directa y cercana, sin dejar de ser
crítica y política. Pero por encima de todo, es un gran musical nada ortodoxo.
La fábrica de nada Pedro Pinho Filmin
Después de ver La risa y la navaja, busqué algo más de
este director, quién era y qué había hecho. Y así descubrí que Pedro Pinho es
un director portugués de 49 años que forma parte de una productora de gestión
colectiva fundada en el 2008 con seis socios llamada Terratreme, un colectivo
de cine que recuerda el argentino El Pampero con el que tienen varias
conexiones. Dentro de Terratreme, Pinho tenía otra película como director, La fábrica de nada del 2017, y la encontré en Filmin. No estaba
preparada para el impacto que me produjo este musical obrero que le habría
encantado a Joaquín Jordá. Su título ya es estupendo: La fábrica de nada, una fábrica de ascensores en la que los obreros
descubren una noche que les están robando las máquinas. Consiguen parar el
robo, solo para enterarse de que los propietarios han decidido cerrarla y deslocalizarla
en otro país. Así empieza esta aventura proletaria de autogestión. El mismo
tema de Numax presenta que trata el
mismo tema a través de la mirada de Jordá. En el film de Jordá de1980, los
obreros de Numax le pidieron al director que hiciera un documental sobre el
proceso de autogestión de su fábrica; en el caso portugués, lo que se plantea
es la posibilidad de hacer un musical para sensibilizar a la gente (los
franceses) de lo que está pasando. Durante casi tres horas (de nuevo hay que
verla como una serie sin cortes) acompañamos a este grupo de trabajadores en
sus dudas, sus encierros, sus discusiones políticas y económicas; pasamos por
todos los géneros: cine militante, melodrama social, ficción-documental. Pinho
reúne un grupo de actores estupendos, algunos de ellos los reencontramos en La risa y la navaja interpretando los
trabajadores portugueses que deben construir la carretera. Uno de ellos, Ze,
interpretado por José Smith Vargas, un polifacético artista, dibujante,
escritor y músico, es la columna donde se apoya el film, el único que vemos en
su vida privada y fuera del trabajo. Los demás están siempre en la fábrica:
hablando, jugando, aburriéndose, pero manteniéndola ocupada mientras deciden
cual será su futuro. Al final de la película un letrero nos dice: Dedicado a todos los trabajadores de
Fateleva que entre 1975 y 2016 protagonizaron una experiencia única de
autogestión con la antigua fábrica de ascensores Otis en Portugal. Otro
letrero nos informa que los textos teóricos de las discusiones del film están
extraídos del ensayo político A nuestros
amigos, publicado en 2015 por el anónimo Comité Invisible.
Del mail de Alex
recomendándome La risa y la navaja
hasta los textos del Comité Invisible, se ha ido desarrollando una espiral que
se abría a nuevas propuesta, a nuevas ideas, a nuevos caminos. Casi como hacen
las dos películas de Pinho, espirales en formación constante desde un punto de
partida: la llegada de un ingeniero portugués a Bissau; el desmantelamiento de una
fábrica en Póvoa de Santa Iria, cerca de Lisboa. Una espiral que nos lleva del
colonialismo y sus huellas visibles hasta el neocolonialismo de los nuevos
poderosos que actualmente dominan África; de una fábrica en lucha en los años
70 a la actual recesión y crisis mundial. Dos lecciones de historia y de cine.
Y además entretenidas, alegres, musicales y sin miedo a romper ningún tabú.
Acabo de darme cuenta que hoy, cuando escribo este blog, es 25 de abril, el día que se cumplen 52 años de la Revolución de los Claveles en Portugal, una curiosa coincidencia de fecha que tiene mucho que ver con estas dos películas.
Sigo con regalos de fotos, la de esta semana es una foto de Ramon del amanecer en Barcelona el día de Sant Jordi.






























