viernes, 27 de febrero de 2026

ORWELL 2+2=5

 

Orwell 2+2=5 Raoul Peck

En la última Berlinale, Wim Wenders provocó un pequeño terremoto mediático (y político) cuando afirmó en la rueda de prensa del jurado: “(Los cineastas) No debemos meternos en política. Si hacemos películas comprometidas con la política entramos en el terreno de la política. Pero debemos ser el contrapeso de la política (...) y hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos". Si Raoul Peck hubiera estado en ese jurado, probablemente le habría contestado con su exquisita educación: “Cuando se vive todos los días en una sociedad donde es necesario preservar la democracia, un artista no se puede permitir decir “soy neutral.” No decir nada es ya tomar una decisión política. El silencio es una postura política.” El silencio al hablar o con las imágenes al contar una historia. La política, en el sentido que le da una de las definiciones de la RAE, es la “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo”. Y ese otro modo, en un cineasta es el cine. Raoul lo sabe y por eso hace Cine Político, no Cine de Argumento Político, no Cine de Denuncia Social. Cine Político en el que el equilibrio entre el lenguaje hablado y el lenguaje visual, sirve para relacionar el mundo. En este caso el mundo del siglo XX con el mundo del Siglo XXI. El que dibujó George Orwell en su profética 1984, y el de hoy mismo cuando El Gran Hermano está en nuestras cabezas en forma de redes sociales, y los tiranos de hoy siguen comportándose como los tiranos de siempre. Orwell 2+2=5 es cine político en el mejor sentido del término. Una lección de historia, una película, como dije al volver de San Sebastián, que deberían ver todos los gobiernos. Desgraciadamente para reconocerse en muchos de sus momentos.

Si  un político se empeña, 2+2 serán 5. Si un torturador se lo propone 2+2 serán 5. Pero la realidad seguirá siendo que 2+2 son 4. Orwell sabía de lo que eran capaces los políticos y los torturadores, por eso en 1984, una de los momentos más angustiosos es el de los cuatro dedos que han de ser cinco.

—¿Cuántos dedos, Winston? —Cuatro. La aguja subió a sesenta.

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡¡Cuatro!! ¡¡Cuatro!! ¿Qué voy a decirte? ¡Cuatro!

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡¡Cuatro!! ¡Para eso, para eso! ¡No sigas, es inútil!

—¿Cuántos dedos, Winston?

—¡Cinco! ¡Cinco! ¡Cinco!

—No, Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por favor, ¿cuántos dedos?

 —¡¡Cuatro!! ¡¡Cinco!! ¡¡Cuatro!! Lo que quieras, pero termina de una vez. Para este dolor.

Orwell 2+2=5 es un documental, pero también es un aviso, y sobre todo es un grito que no debería caer en el vacío. Tenemos que parar esta locura de que dos más dos sean cinco porque lo deciden Trump o Putin, o quién se nos ocurra (no faltan candidatos). “El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”, escribe Orwell. La historia la escriben los vencedores, podríamos añadir. Por suerte, la historia del pasado y su proyección en el futuro, que ya es presente, también la escriben, la filman gentes como Raoul Peck en trabajos como este indispensable documental.  Cuando la vi en San Sebastián quedé conmocionada. Orwell 2+2=5 cuenta la vida de George Orwell a partir de materiales de archivos y películas de ficción, vinculándola a la actualidad más reciente (Ucrania, Gaza, Estados Unidos, Birmania). El paralelismo de sus palabras en 1949 con lo que está sucediendo ahora mismo, es impresionante y lo más terrible no es ver lo que más o menos conocemos, lo que me impresiona más, es darme cuenta de la cantidad de regímenes totalitarios que hay en el mundo, no todos de derechas, y darme cuenta de cuántas de las cosas que se exponen en esta lección de historia, están sucediendo ahora mismo. En esta segunda visión, en la que ya no me quedaba clavada en el asiento por lo que veía y oía, me he fijado en el virtuosismo de Peck como documentalista. La manera como monta el film, partiendo de la columna vertebral de la vida de Orwell narrada a través de sus cartas y sus textos, ilumina las atrocidades de un siglo XX (y lo que llevamos del XXI) dominado por la violencia, el ansia de poder, la manipulación de las gentes, el control del pensamiento y la humillación de la inteligencia.

LA GUERRA ES LA PAZ.

LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD.

LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Estas tres frases que se repiten una y otra vez en la novela 1984, siguen resonando una y otra vez en nuestra realidad. Es verdad que todo está escrito. De nosotros depende que no se repita.

El regalo de esta semana es para Raoul Peck



 

 



 

sábado, 21 de febrero de 2026

POSTRES ESCOGIDOS


Hay semanas en las que se estrenan muchas pelis, pero solo me interesa una o dos; hay otras en las que se estrenan menos, y en cambio hay muchas que me interesan (por distintos motivos). Esta es una de esas semanas. Hay 10 estrenos y seis, tienen algo por lo que merecen ser destacados. Son como un carrito de postres de los restaurantes buenos: el postre no es el plato principal, pero salva o hunde una buena comida. Estos me han salvado comidas indigestas, pero hay que tomarlos cada uno según le apetezca.

 


Mochi de cerezas: Amélie et la Métaphisique des Tubes/Little Amélie, Maïlys Vallade, Liane-Cho Han

Amélie es Dios y Dios es un tubo que come y expulsa, observa y decide que no vale la pena comunicarse con nadie, y menos con su familia. Amélie es una bebe que a los dos años y medio descubre el placer con una tableta de chocolate blanco, y a través del placer, descubre que la vida puede ser muy divertida y muy dura. Amélie es belga, pero su verdadero nacimiento fue en Japón. Ella bi es belga, es japonesa, y su auténtico amor es por Japón. Y por su niñera. A Amélie le gusta el agua y odia a las carpas y a la rígida propietaria de la casa donde viven. Little Amélie es tan deliciosa como un mochi que poco a poco nos va descubriendo el sabor de su centro. Basado en una novela falsamente autobiográfica de Amélie Nothomb, en la que cuenta sus tres primeros años de vida, el libro termina diciendo “Luego ya no volvió a ocurrir nada más". Porque después de los tres años, ya no vale la pena contar nada. Little Amelie es un precioso film de animación que sublima el dibujo japonés de Miyazaki, el dibujo belga de línea clara y la delicadeza de las acuarelas. Un regalo para niños y adultos.

 


Torrijas manchegas: La boda, Pedro Cenjor

Las torrijas son un postre de pueblo. Sus ingredientes son sencillos, pan, azúcar, canela y leche. La boda, primer largometraje de Pedro Cenjor, tiene el aroma de unas buenas torrijas. Pero con un poco de amargor. El pan es Sebastián, un hombre pusilánime de más de cuarenta años con una necesidad enorme de sentirse querido. Vive en un pueblo manchego con Adelaida, una madre dominante y avara después que su padre se suicidara; la leche es Felisa, una mujer en la treintena, que quiere ser libre pero no sabe cómo conseguirlo y acaba malviviendo con su madre viuda. Los dos encuentran una posible salida a su situación en una boda. Según la tradición, los vecinos entregan dinero a los recién casados, y con ese dinero, la madre de Sebastián comparará mas viñas y Felisa saldará sus deudas. Al cabo de un tiempo, se divorciarán. Pero, ahí entra la canela y el azúcar, en un viaje a Motril donde las cosas cambian para los dos. Cenjor conoce muy bien su pueblo y sus gentes y las retrata sin dureza pero también sin compasión. En cuanto a la relación del triángulo Sebastián-Felisa-Adelaida, salvando todas las distancias, me recordó a la que tienen Ovidi Montllor-Alicia Sánchez-Lola Gaos en Furtivos. Pero aquellas eran torrijas envenenadas y estas son torrijas caseras.

 


Helado de vainilla: La torre de hielo Lucile Hadzihalilovic. Filmin

La reina de las nieves de H.C. Andersen,  encarnada en una Marion Cotillard fría por fuera, cálida por dentro; cuento de hadas en un plató de cine de los años sesenta; nieve falsa que cae de un cielo de forillos. Las imágenes maravillosas que consigue esta directora francesa evocan un mundo que no se parece a nada. El cine inclasificable de Lucile Hadzihalilovic se mueve siempre en el terreno de la fantasía y la imaginación con protagonistas adolescentes en vías de transformación. Como Jeanne, la joven que entra en el mundo del cine como una Alicia en el país de las maravillas heladas para encontrarse con una reina de las nieves hermosa y fría. Uno de los films más bonitos del año que inexplicablemente solo se estrena en Filmin. Una lástima porque en una sala sus decorados increíbles y la presencia de Marion Cotillard se disfrutarían mucho más. Aunque, por otro lado, estrenarse en Filmin permitirá que la vea y disfrute mucho más público.

 


Tarta de Santiago: Las líneas discontinuas, Anxos Fazáns

El cine gallego está dando muy buenos productos. Y muchos de ellos, cocinados por mujeres. Aunque en el caso de estas líneas discontinuas, la joven directora Anxos Fazáns ha contado con la colaboración en el guión de Ian de la Rosa, reciente triunfador en la Berlinale con su film Iván & Hadoum. Me gustan las películas que empiezan de una manera y crees que sabes por dónde va a ir y al cabo de poco, dan un giro tan completo, que te dejan descolocado y atento. Esto pasa en este pequeño pero interesante film en el que se plantea una relación imposible entre una mujer de 50 años en trance de divorcio y un chico trans de 28 años que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. El punto de partida es muy sencillo. Denis acompaña a un grupo de amigos que allanan una casa para divertirse una noche de verano. Pero Denis se queda dormido y Bea, la dueña de la casa, lo encuentra a la mañana siguiente. A partir de ahí, el film se desarrolla en una dirección inesperada durante los tres días en los que el tiempo se queda suspendido para los dos. Las líneas discontinuas se saborea poco a poco como una buena tarta de Santiago.

 


Carquinyolis de Camprodon: Balandrau, vent salvatge, Fernando Trullols

De todos los postres de mi carrito de esta semana, este es el más duro de roer. Los carquinyolis son duros, muy duros, como este film rugoso y montañero. Hay poco cine de montaña en nuestro país, y ¡no será porque no hay montañas!. Por eso me ha gustado Balandrau, porque es un film clásico de montañeros, casi con un componente documental, pero con una historia real que es la almendra del carquinyoli. Una tranquila mañana de invierno, cinco amigos deciden subir al Balandrau, uno de los picos más hermosos de los Pirineos catalanes. Lo  que empieza como un divertida excursión, se convierte en una pesadilla cuando les alcanza el Torb, un viento traicionero que llega sin avisar provocando ventiscas mortales. El film recrea un accidente real ocurrido el 31 de diciembre del año 2000 en el que perdieron la vida cuatro de los cinco amigos más otros tres alpinistas. Alternando la mirada entre la odisea del único superviviente y los bomberos voluntarios responsables de su rescate, la película de Trullols mantiene la tensión sacando todo el partido posible a los ariscos paisajes de la alta montaña. La sequedad y dureza de los carquinyolis invita a tomarlos acompañados de un poco miel. Y la miel aquí la pone una banda sonora dulzona y un poco empalagosa. Si Herzog hubiera hecho esta historia, no habría habido ninguna miel, seguro.

 


Brigadeiro brasileño: El agente secreto,  Kleber Mendonça Filho

En realidad creo que este film brasileño no es un brigadeiro (especie de trufa) sino muchos. Hay muchos hilos de los que tirar en este apasionante trhiller político ambientado en el año 1977, durante los años de plomo de la dictadura brasileña. El protagonista es Armando, también conocido como Marcelo, un hombre que vuelve a Recife huyendo de un pasado lleno de conflictos con la intención de encontrar a su hijo y rehacer su vida. Ambas cosas bastante difíciles de conseguir en una aventura que recuerda el cine de los setenta, lleno de sorpresas berlanguianas y con muchas referencias cinéfilas indiscutibles (¡el tiburón!). Más cerca de Graham Green que de John Le Carré, fiel a una tradición de serie B, El agente secreto es un noir brasileño, tan negro como los brigadeiros, pero como ellos, con un gusto fresco y delicioso. Como dice Jordi Batlle en su crítica de La Vanguardia: “El agente secreto es un manantial inagotable de sorpresas y de placer cinematográfico.”

 El regalo de esta semana es otro postre: granadas



 

sábado, 14 de febrero de 2026

HISTORIAS DEL BUEN GUERÍN

 


Historia 1. Los motivos de Guerín

En 1983 José Luis Guerín tenía 23 años y muchas ganas de hacer cine. Había pasado media vida en la Filmoteca donde descubrió a Jean Eustache y La mama et la putain. Ese cine es el que quería hacer él. Y lo hizo. Los motivos de Berta es la más eustachiana de sus películas, allí estaban ya muchas de sus intuiciones: actores no profesionales, una mirada limpia sobre la naturaleza, la infancia como territorio inexplorado. Los motivos de Berta despertó la curiosidad de mucha gente, de los festivales y de algunos críticos. Se estrenó en el Festival de San Sebastián de 1984, donde lo vieron muy pocos, y un año después llegó a los cines. En enero de 1985 le hice una entrevista al jovencísimo Guerín. Ya entonces tenía las cosas muy claras: “Trabajar en la industria no es ser más responsable que trabajar en la marginación. A mí no me preocupa tanto la crisis industrial del cine como la crisis de las ideas.” “Mi mirada sobre el medio  es bastante clara. No soy un nostálgico, ni un cinéfilo. Me gustan los clásicos y los pioneros porque eran creadores de lenguaje.”

 


Historia 2: Guerín, hombre tranquilo

Desde luego Guerín es un hombre tranquilo, pero esta segunda historia se refiere a El hombre tranquilo de John Ford. En 1990 se estrena Innisfree rodada como homenaje y continuación del clásico film irlandés de Ford. Su amor por los clásicos le lleva hasta este pequeño pueblo donde la memoria del rodaje del film con John Wayne y Maureen O’Hara sigue presente. Este es el primer documental que hace Guerín saltándose todas las reglas del género y sobre todo, dilatando la filmación en el tiempo y dejándose llevar por lo que la realidad le iba regalando.

 


Historia 3. Las sombras de Guerín

Estas sombras no son oscuras ni amenazantes, son las sombras del cine, las sombras de la memoria montadas en un Tren de sombras que en 1997, nos descubrió un nuevo Guerín, el creador de imágenes del pasado que no existen, el evocador de una manera de hacer y entender el cine desde la mirada inocente de los primeros años. Un falso rodaje en 1930, un misterio, sueños y fantasmas. Tren de sombras fue considerada una obra maestra. En todo caso fue un film que marcó el final de una época para él.

 


Historia 4: Guerín constructor

No solo de un film fundacional, En construcción, también de una manera de hacer documental, De la mano de Joaquín Jordá, Guerín reúne a su alrededor un grupo de estudiantes de la Pompeu y se plantea seguir la transformación del barrio de El Raval de un barrio marginal, abigarrado y sucio, en un barrio que quería ser la joya de la corona de la Barcelona moderna (y se quedó en refugio de la inmigración musulmana, conocido como Ravalistan). En construcción es un ejercicio de observación y de escucha, Guerín no interviene, coloca su cámara donde cree que hay posibilidades de una historia, y a veces, las crea sutilmente. En construcción es un ejemplo de cine urbano que ya había empezado a explorar en el fragmento con el que contribuyó al film colectivo City Life, de 1990. La ciudad se mueve, la ciudad está viva, la ciudad son las gentes que la habitan. Unas declaraciones suyas en el estreno del film dejan ver que ya estaba ahí la semilla que le ha llevado a Historias del buen valle: "Queríamos conocer la intimidad de una construcción, así que nos metimos ahí, cuando ese espacio era todavía un solar donde los chavales jugaban al fútbol. Sobre este terreno buscamos la forma de convivir, conocer y rodar -así, por este orden- En este proceso, pronto advertimos que la mutación del paisaje urbano implicaba también una mutación en el paisaje humano, y que en este movimiento se podrían reconocer ciertos ecos del mundo. Sobre estos cimientos construimos una película".

 


Historia 5: En la ciudad de Guerín

City Life. En construcción, En la ciudad de Sylvia… tres observaciones urbanas, tres formas de acercarse a las calles, de moverse en las calles. En el caso de En la ciudad de Sylvia siguiendo la estela de una musa que se mueve entre la gente, los parques, los cafés. Sylvia podría ser Berta  unos años más tarde, Sylvia podría ser una de las chicas protagonistas de City Life, Sylvia es la primera musa.

 


Historia 6 Guerín y las musas

Entre Sylvia y La academia de las musas, pasan siete años en los que Guerín explora todas las posibilidades de la imagen en cortos, experimentos visuales, documentales, viajes y reflexiones. También empieza a sentir que debe alejarse de Barcelona. Quizás por eso escribe y realiza La academia de las musas, como una despedida de la ciudad. De este film escribí un texto en el blog: “El día que vi La academia de las musas, salí impresionada. “¿Entusiasmada?” me preguntó una amiga. También, pero sobre todo impresionada. Impresionada de la sensibilidad y la belleza del film de Guerín, impresionada del poder que otorga a la palabra, ese elemento casi siempre mal utilizado en el cine. Banalmente utilizado. Aquí no, aquí, la palabra se erige en ritmo, en lenguaje, en guía. La palabra en sus múltiples lenguas: castellano, catalán, italiano, sardo. La palabra con referente de imagen: amor. El amor es el elemento común dominador de este poema que no deja de ser una comedia romántica…

 


Historia 7: El buen Guerín

Y ahora sí, ahora llegamos a Historias del buen valle, la última, por ahora, aventura cinematográfica de Guerín. Y digo aventura en el sentido amplio de la palabra, porque este es un film de aventuras. Las que relatan los habitantes de esta pequeña isla de paz (precaria) que es el barrio de Vallbona en los márgenes olvidados de Barcelona;  la que vive el propio Guerín en los tres años que pasa con ellos, volviendo al método que ya utilizó en En construcción de “convivir, conocer y rodar”, sin guión previo, pero si teniendo muy claro el objetivo: dejarse llevar por las aguas de ese remanso que es el Rec Comtal, reflejar en su cámara como si fueran las aguas del arrollo las vidas de una población multirracial, multicultural. Con músicas diferentes, con espacios de vida que son inimaginables para muchos barceloneses. Historias del buen narrador, del buen observador, del guía de la caravana. Mirar, escuchar, ponerse al nivel de los ojos, conjugar las distintas lenguas incluida la de las plantas, las diferentes músicas, incluida la del agua, reivindicar una isla de singularidad en medio del uniforme paisaje urbano. Porque la vida está llena de voces, de colores, de agua que corre. Vallbona, un pequeño barrio de la periferia, es una anomalía urbana, un SI lugar lleno de vida. Guerín la capta sin manipularla con una mirada limpia de ideas preconcebidas. “Historias del buen valle cuenta la vida de una isla urbana (podría ser la aldea de Astérix) que en el extrarradio barcelonés vive al margen de la vorágine contemporánea. Encerrado entre el río Besos, las vías del tren y la autopista, el barrio de Vallbona es un oasis de agua y de paz. Guerín no lo idealiza, ni lo romantiza. No. Guerín es muy consciente de los problemas y las amenazas que padece el barrio y no los esconde, pero los trata con un humanismo y una capacidad de señalar lo mejor que tiene, que hermana su film con Jean Renoir, con Roberto Rossellini, con Satyajit Ray, sin dejar en ningún momento de ser el mejor Guerín que hemos visto nunca.” Suscribo plenamente estas líneas de mi crítica en Cinemanía. Historias del buen valle es el mejor Guerín que hemos visto nunca.

(En Filmin se pueden ver tres películas de Guerín:

Tren de sombras, En la ciudad de Sylvia, La academia de las musas.

En Youtube hay muchas entrevistas con Guerín, también algunos de sus cortos menos conocidos, A Ryokan, De una isla, y dos películas suyas:

Los motivos de Berta  https://www.youtube.com/watch?v=AmlvZG2V6IA

En construcción https://www.youtube.com/watch?v=kTeyU2Yfi_g&t=4s

(Las fotos que acompañan este texto son de nuestros paseos por el Rec Comptal)

El regalo de esta semana es para Guerín, como no podía ser de otra manera



 

 

 

 

sábado, 7 de febrero de 2026

ISABEL Y LAMIA

 


Tres adioses, Isabel Coixet

69 producciones audiovisuales, 66 de ellas en treinta años, son un corpus cinematográfico que acreditan que Isabel Coixet es sin duda una de las grandes directoras del cine internacional. Digo producciones, y no películas, porque Isabel es de aquellas profesionales que no renuncia a ningún lenguaje: videoclips, publicidad, documentales, series de TV, películas de ficción, contribuciones en films colectivos, montajes de un año de vida en el mundo, campañas solidarias... Todos los géneros y formatos le sirven para proyectar su mirada sobre el mundo. Da igual que sea un documental sobre el Mar de Aral, o un regalo a su amigo John Berger, un guión original, o un encargo de adaptación de un libro. Se la reconoce en todos sus fotogramas, quizás porque ella misma ha llevado la cámara en muchos de sus trabajos. Isabel es fiel a sí misma, y sobre todo es fiel a dos cosas que me dijo en una de las muchas entrevistas que le he hecho a lo largo de los más de veinte años que nos conocemos: “Un director, lo que tiene que tener es un punto de vista construido sobre la realidad. Tienes que saber quién eres tú respecto a lo que quieres contar. Cuando veo una película, yo no quiero ver una obra maestra. Necesito sentir que la persona que me está contando eso, me lo está contando con el corazón y me lo está contando de una manera honesta.” Ella pone en práctica esta ley. Por eso es capaz de hacer comedias ligeras, comedias agridulces, melodramas, dramas personales. Por eso aunque adapta una novela, ella deja su sello sin dejar de ser fiel al autor del texto del que ha partido. Por eso, también, y a veces es lo más difícil, lo consigue en films que son encargos.

En Tres adioses hay muchas Coixets. La que acepta un encargo; la que adapta una novela, en este caso Tres cuencos, de Michaela Murgia; la que rueda con elencos internacionales y en cualquier ciudad, aquí la excelente Alba Rohrwacher y una Roma lejos de la postal turística; la que cuenta una historia de amor; la que cuenta una historia de vida; la que cuenta una historia de muerte. La muerte y el amor son dos temas recurrentes en su cine, la muerte y la memoria, el amor y la pérdida del amor; el sexo que no es amor, el amor que no sexo. La amistad por encima de muchos otros sentimientos. Tres adioses se podría llamar Mapa de los sabores de Roma, o Mi Roma sin mí. En este film, el dolor de una pérdida amorosa se transforma en un estímulo cuando Marta, la protagonista descubre que esa Roma que atraviesa con su bicicleta, seguirá estando ahí cuando ella ya no la pueda disfrutar. Tres adioses es un canto de amor a la vida simbolizada en esos tres cuencos que acompañan a Marta desde el principio del film y en cierto modo, son el elemento que cohesiona sus adioses: al amor, a la vida, a la gente que quiere. Tres adioses confirma otra de las frases que Coixet me dijo hace años: “Cuando hice mi primera película yo quería ser directora de cine, cuando hice la segunda, yo quería hacer películas.” Eso es lo que hace, películas.

 


La tarta del presidente. Hasan Hadi

No llega mucho cine de Irak, supongo que tienen otras cosas en las que pensar, aunque la verdad, Irak es un país del que se habla poco en las noticias y en los diarios, lo que seguramente quiere decir que viven relativamente tranquilos. Pero no siempre fue así. De hecho no hace mucho, Irak vivía en una dictadura militar laica, pero dictadura, bajo el régimen de Sadam Huseín, uno de los tiranos de manual que mantuvo un férreo poder durante casi 25 años. En ese contexto de inestabilidad tranquila, hacer cine no parece lo más urgente. Por eso se agradece este film agridulce con niña dentro. Lamia es una niña de nueve años, una especie de Marisol iraquí que no canta, pero es tan dulce y capaz de solucionar todos los problemas como si fuera un rayo de luz. Pero no se asusten, porque Irak está muy cerca de Irán, y el aliento de Kiarostami y Panahi está muy presente en esta aventura de búsqueda de los ingredientes que Lamia. tiene que encontrar para hacer una tarta para el cumpleaños del presidente Sadam. Estamos en abril de 1990, los americanos amenazan con un ataque a Irak (creo que el ataque fue más tarde, pero da igual). Los aviones no dejan de pasar por encima de la zona lacustre donde vive Lamia con su abuela. Pero ella lo único que quiere es conseguir los ingredientes para su tarta y para eso, tienen que ir a la ciudad. Lamia coge a su gallo Hindi, del que no se separa nunca y se marcha a la ciudad con su abuela. Mientras ella vive varias aventuras tragicómicas, pícaras e incluso peligrosas, acompañada de su abuela, sola, o con su amigo Said, la sociedad y la vida iraquí con sus miedos, militarización, escasez de todo lo necesario y corrupción generalizada, va aflorando a su alrededor en un retrato más bien desolador en todos los aspectos. Pero la película no pierde el equilibrio entre la inocencia de Lamia y la miseria del mundo en el que se mueve, y tampoco cae en la denuncia facilona de todo el mundo es malo. ¿Conseguirá Lamia hacer su tarta para el presidente? A Kiarostami le habría gustado este pastel. 

El regalo de esta semana son tres vasijas (no cuencos) para que Isabel haga una tarta de la mano de Lamia.