sábado, 21 de febrero de 2026

POSTRES ESCOGIDOS


Hay semanas en las que se estrenan muchas pelis, pero solo me interesa una o dos; hay otras en las que se estrenan menos, y en cambio hay muchas que me interesan (por distintos motivos). Esta es una de esas semanas. Hay 10 estrenos y seis, tienen algo por lo que merecen ser destacados. Son como un carrito de postres de los restaurantes buenos: el postre no es el plato principal, pero salva o hunde una buena comida. Estos me han salvado comidas indigestas, pero hay que tomarlos cada uno según le apetezca.

 


Mochi de cerezas: Amélie et la Métaphisique des Tubes/Little Amélie, Maïlys Vallade, Liane-Cho Han

Amélie es Dios y Dios es un tubo que come y expulsa, observa y decide que no vale la pena comunicarse con nadie, y menos con su familia. Amélie es una bebe que a los dos años y medio descubre el placer con una tableta de chocolate blanco, y a través del placer, descubre que la vida puede ser muy divertida y muy dura. Amélie es belga, pero su verdadero nacimiento fue en Japón. Ella bi es belga, es japonesa, y su auténtico amor es por Japón. Y por su niñera. A Amélie le gusta el agua y odia a las carpas y a la rígida propietaria de la casa donde viven. Little Amélie es tan deliciosa como un mochi que poco a poco nos va descubriendo el sabor de su centro. Basado en una novela falsamente autobiográfica de Amélie Nothomb, en la que cuenta sus tres primeros años de vida, el libro termina diciendo “Luego ya no volvió a ocurrir nada más". Porque después de los tres años, ya no vale la pena contar nada. Little Amelie es un precioso film de animación que sublima el dibujo japonés de Miyazaki, el dibujo belga de línea clara y la delicadeza de las acuarelas. Un regalo para niños y adultos.

 


Torrijas manchegas: La boda, Pedro Cenjor

Las torrijas son un postre de pueblo. Sus ingredientes son sencillos, pan, azúcar, canela y leche. La boda, primer largometraje de Pedro Cenjor, tiene el aroma de unas buenas torrijas. Pero con un poco de amargor. El pan es Sebastián, un hombre pusilánime de más de cuarenta años con una necesidad enorme de sentirse querido. Vive en un pueblo manchego con Adelaida, una madre dominante y avara después que su padre se suicidara; la leche es Felisa, una mujer en la treintena, que quiere ser libre pero no sabe cómo conseguirlo y acaba malviviendo con su madre viuda. Los dos encuentran una posible salida a su situación en una boda. Según la tradición, los vecinos entregan dinero a los recién casados, y con ese dinero, la madre de Sebastián comparará mas viñas y Felisa saldará sus deudas. Al cabo de un tiempo, se divorciarán. Pero, ahí entra la canela y el azúcar, en un viaje a Motril donde las cosas cambian para los dos. Cenjor conoce muy bien su pueblo y sus gentes y las retrata sin dureza pero también sin compasión. En cuanto a la relación del triángulo Sebastián-Felisa-Adelaida, salvando todas las distancias, me recordó a la que tienen Ovidi Montllor-Alicia Sánchez-Lola Gaos en Furtivos. Pero aquellas eran torrijas envenenadas y estas son torrijas caseras.

 


Helado de vainilla: La torre de hielo Lucile Hadzihalilovic. Filmin

La reina de las nieves de H.C. Andersen,  encarnada en una Marion Cotillard fría por fuera, cálida por dentro; cuento de hadas en un plató de cine de los años sesenta; nieve falsa que cae de un cielo de forillos. Las imágenes maravillosas que consigue esta directora francesa evocan un mundo que no se parece a nada. El cine inclasificable de Lucile Hadzihalilovic se mueve siempre en el terreno de la fantasía y la imaginación con protagonistas adolescentes en vías de transformación. Como Jeanne, la joven que entra en el mundo del cine como una Alicia en el país de las maravillas heladas para encontrarse con una reina de las nieves hermosa y fría. Uno de los films más bonitos del año que inexplicablemente solo se estrena en Filmin. Una lástima porque en una sala sus decorados increíbles y la presencia de Marion Cotillard se disfrutarían mucho más. Aunque, por otro lado, estrenarse en Filmin permitirá que la vea y disfrute mucho más público.

 


Tarta de Santiago: Las líneas discontinuas, Anxos Fazáns

El cine gallego está dando muy buenos productos. Y muchos de ellos, cocinados por mujeres. Aunque en el caso de estas líneas discontinuas, la joven directora Anxos Fazáns ha contado con la colaboración en el guión de Ian de la Rosa, reciente triunfador en la Berlinale con su film Iván & Hadoum. Me gustan las películas que empiezan de una manera y crees que sabes por dónde va a ir y al cabo de poco, dan un giro tan completo, que te dejan descolocado y atento. Esto pasa en este pequeño pero interesante film en el que se plantea una relación imposible entre una mujer de 50 años en trance de divorcio y un chico trans de 28 años que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. El punto de partida es muy sencillo. Denis acompaña a un grupo de amigos que allanan una casa para divertirse una noche de verano. Pero Denis se queda dormido y Bea, la dueña de la casa, lo encuentra a la mañana siguiente. A partir de ahí, el film se desarrolla en una dirección inesperada durante los tres días en los que el tiempo se queda suspendido para los dos. Las líneas discontinuas se saborea poco a poco como una buena tarta de Santiago.

 


Carquinyolis de Camprodon: Balandrau, vent salvatge, Fernando Trullols

De todos los postres de mi carrito de esta semana, este es el más duro de roer. Los carquinyolis son duros, muy duros, como este film rugoso y montañero. Hay poco cine de montaña en nuestro país, y ¡no será porque no hay montañas!. Por eso me ha gustado Balandrau, porque es un film clásico de montañeros, casi con un componente documental, pero con una historia real que es la almendra del carquinyoli. Una tranquila mañana de invierno, cinco amigos deciden subir al Balandrau, uno de los picos más hermosos de los Pirineos catalanes. Lo  que empieza como un divertida excursión, se convierte en una pesadilla cuando les alcanza el Torb, un viento traicionero que llega sin avisar provocando ventiscas mortales. El film recrea un accidente real ocurrido el 31 de diciembre del año 2000 en el que perdieron la vida cuatro de los cinco amigos más otros tres alpinistas. Alternando la mirada entre la odisea del único superviviente y los bomberos voluntarios responsables de su rescate, la película de Trullols mantiene la tensión sacando todo el partido posible a los ariscos paisajes de la alta montaña. La sequedad y dureza de los carquinyolis invita a tomarlos acompañados de un poco miel. Y la miel aquí la pone una banda sonora dulzona y un poco empalagosa. Si Herzog hubiera hecho esta historia, no habría habido ninguna miel, seguro.

 


Brigadeiro brasileño: El agente secreto,  Kleber Mendonça Filho

En realidad creo que este film brasileño no es un brigadeiro (especie de trufa) sino muchos. Hay muchos hilos de los que tirar en este apasionante trhiller político ambientado en el año 1977, durante los años de plomo de la dictadura brasileña. El protagonista es Armando, también conocido como Marcelo, un hombre que vuelve a Recife huyendo de un pasado lleno de conflictos con la intención de encontrar a su hijo y rehacer su vida. Ambas cosas bastante difíciles de conseguir en una aventura que recuerda el cine de los setenta, lleno de sorpresas berlanguianas y con muchas referencias cinéfilas indiscutibles (¡el tiburón!). Más cerca de Graham Green que de John Le Carré, fiel a una tradición de serie B, El agente secreto es un noir brasileño, tan negro como los brigadeiros, pero como ellos, con un gusto fresco y delicioso. Como dice Jordi Batlle en su crítica de La Vanguardia: “El agente secreto es un manantial inagotable de sorpresas y de placer cinematográfico.”

 El regalo de esta semana es otro postre: granadas



 

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